BUSQUEMOS LA SABIDURÍA QUE VIENE DE DIOS
Por Alberto Valdivia Cier
La sabiduría es una cualidad muy importante en la vida, es la capacidad de actuar con
sensatez y prudencia. El hombre sabio no es alguien que tiene gran conocimiento
intelectual, sino más bien es alguien que posee un conocimiento práctico, y la capacidad
de saber decidir y comportarse adecuadamente en diferentes situaciones de la vida.
La Biblia enfatiza esta cualidad sobremanera:
“Mejor es la sabiduría que las piedras preciosas, y todo cuanto se puede desear no es de
compararse con ella” (Proverbios 8:11)
La sabiduría es el más grande tesoro y la mejor posesión que podemos tener; debemos de
anhelarla, buscarla y encontrarla. La fuente de la sabiduría es Dios, sólo en Él podemos
encontrar este valor:
“Con Dios está la sabiduría y el poder. Suyo es el consejo y la inteligencia” (Job 12:13)
La sabiduría de Dios llegará a nosotros si es que tenemos temor de Dios, pues el temor de
Dios es el “principio”, es decir, lo que da origen a la sabiduría en nosotros.
“El principio de la sabiduría es el temor de Dios” (Proverbios 1:7)
El término “temor” en la Biblia, cuando se aplica a Dios, no se refiere a la emoción de
miedo o terror que tenemos ante alguien que puede hacernos daño. Temor es el respeto y
reverencia que debemos de expresar a un ser superior que deseamos amar y agradar; es
decir, para que podamos recibir la sabiduría divina en nosotros, es necesario desarrollar
una relación de respeto hacia Dios, entregando nuestra vida a Él, y buscando agradarle en
todo. Esa actitud nos genera cercanía con Dios, y en esa cercanía e intimidad la sabiduría
de Dios llega a nuestras vidas. Por eso el primer paso para adquirir la sabiduría divina es
tener ese respeto a Dios.
Es importante aclarar que la sabiduría de la que estamos hablando, es la sabiduría
espiritual que viene de Dios, no la terrenal o humana, que se relaciona con la adquisición
de conocimiento y que no guarda relación con la conducta y manera de vivir de las
personas; esta sabiduría humana se adquiere con estudio y la razón, es principalmente
intelectual. En cambio la sabiduría divina, llega a nosotros a través del Espíritu Santo.
Pablo explicó claramente esta verdad:
“También hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que
enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. Pero el hombre natural no
percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede
entender, porque se han de discernir espiritualmente” (1 Corintios 2:13-14)
La sabiduría de Dios es espiritual, por eso es el Espíritu Santo el que nos lo enseña. El
hombre natural, es decir el que no es creyente y no tiene a Dios, no puede recibir esta
sabiduría divina, pues para ellos es una locura, no la valoran y no tienen la capacidad
espiritual para entenderla. Para adquirir esta sabiduría es necesario discernimiento
espiritual y la acción del Espíritu Santo en nosotros. ESTA ES LA SABIDURÍA QUE
NECESITAMOS Y BUSCAMOS.
Veamos ahora los pasos que debemos de dar para adquirir esta sabiduría:
1. HAY QUE PEDIR LA SABIDURÍA DIVINA. “Si alguno de ustedes tiene falta de sabiduría,
pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (Santiago
1:5)
Lo primero que hay que hacer es pedir sabiduría. Salomón la pidió, y Dios con mucho
agrado se la dio, y se convirtió en el hombre más sabio de su generación. Se afirma en este
texto que Dios tiene reservada una abundante porción de sabiduría para regalarnos, y que
si se lo pedimos una y otra vez, el jamás nos lo va a negar, ni nos va a reprochar que le
pidamos dicho bien, pues Él desea dárnoslo, pues sabe que lo necesitamos, y que al
adquirirla seremos capaces de tener una vida conforme a la verdad. Pero noten que para
pedir sabiduría tenemos que reconocer que nos hace falta y que en verdad la
necesitamos. Hay muchos creyentes que piden otras cosas y nunca sabiduría; no son
conscientes de su importancia; piden salud, provisión, trabajo, etc., ignorando que
teniendo sabiduría, podría luego adquirir todas las demás cosas. PIDE SABIDURÍA
HERMANO, con ella podrás tener la capacidad de tomar mejores decisiones y eso te abrirá
las puertas para todo tipo de bendición.
2. LA SABIDURÍA DIVINA LLEGA A NOSOTROS POR LA PALABRA DE DIOS. “Pero persiste tú
en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y que desde
la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la
salvación por la fe que es en Cristo Jesús” (2 Timoteo 3:14-15)
La Palabra de Dios es el medio que Dios usa para revelarnos su sabiduría; si aprendemos
de ella y persistimos en vivir de acuerdo a esas verdades, entonces ese conocimiento
espiritual nos hará sabios para Dios. Noten que Pablo no solo le dice a Timoteo que él ha
aprendido y que sabe la Palabra de Dios, sino que se ha persuadido de ella y que debe de
persistir en vivir esas verdades. La Palabra nos transforma y genera sabiduría en nosotros,
no solo por leerla, escucharla o conocerla, sino porque la recibimos y nos persuadimos de
su valor, es decir nos convencemos de que es la verdad y que debemos de vivirla y ponerla
en práctica; solo cuando damos esos pasos, la Palabra penetra y verdaderamente nos
hace sabios.
3. LA SABIDURÍA DIVINA LLEGA A NOSOTROS A TRAVÉS DE OTRAS PERSONAS. “Inclina tu
oído y oye las palabras de los sabios” (Proverbios 22:17)
Hay que aprender de las personas que evidencian tener más sabiduría. Hay que tener un
corazón dócil, enseñable, dispuesto a ser guiado. La expresión “inclina tu oído”, tiene la
idea de disponer muestro corazón para escuchar los consejos e instrucciones de las
personas maduras. Muchas veces esa instrucción puede venir también en forma de crítica,
y debemos de estar dispuestos a recibirla; la crítica constructiva nos ayuda a detectar
nuestros errores y a generar cambios y mejorar; puede doler escucharlas, pero a la larga
es bueno y saludable recibirlas. Por otro lado, debemos evitar escuchar ideas o criterios
que perturban la sabiduría espiritual que recibimos de Dios, pues hay muchos que
enseñan conceptos distorsionados, alejados de la verdad de Dios, por eso debemos de
tener cuidado. La escritura nos advierte sobre eso:
“Cesa, hijo mío, de oír las enseñanzas que te hacen divagar de las razones de sabiduría”
(Proverbios 19:27)
No es que nos neguemos a escuchar otras enseñanzas distintas a la Palabra de Dios, no,
hay que saber, estar muy bien informado de las creencias y posturas de los demás, lo que
en este texto se nos pide es a que no aceptemos o hagamos nuestro, ideas y conceptos
contrarios a la sabiduría divina revelada en las Escrituras.
4. ESFUÉRZATE EN PRODUCIR LOS FRUTOS DE LA SABIDURÍA. “Pero la sabiduría que es de
lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y
de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía” (Santiago 3:17)
La sabiduría espiritual, como hemos dicho, no es conocimiento solamente, sino una forma
de vivir y de comportarnos. No es teoria sino práctica; se evidencia en nuestra forma de
conducirnos. En el mundo, una persona “sabia” o “con sabiduría” es aquel que tiene
mucho conocimiento para compartir, alguien que enseña principios valiosos, pero su
propia vida no refleja necesariamente esos valores. En cambio, la sabiduría divina se mide
no por el conocimiento teórico que tengas, sino por la vida que muestres, por eso tener
una conducta conforme a la moral y espiritualidad de las Escrituras, será la evidencia que
demuestre que tienes la sabiduría de lo alto.
Este texto hace un excelente resumen de cuáles son los frutos que una persona con
sabiduría espiritual debe de mostrar. Primeramente debemos de tener PUREZA, es el
primer fruto, del cual se deriva todas las demás cualidades. Ser puro es tener buenas
intenciones, es cultivar la verdad y la santidad; es tratar de estar alejado de los malos
pensamientos y deseos. Luego debemos de ser PACIFICOS, es decir, experimentar la paz
en el corazón y transmitir esa paz a los demás. Debemos de ser AMABLES, nuestro trato
con los demás debe de estar basado en el respeto y consideración. Tenemos que ser
BENIGNOS, es decir, buscar siempre el bien del otro, pensar en los demás antes que en
nosotros mismos, buscar el bien para todo el mundo. Debemos de ser MISERICORDIOSOS,
no juzgar ni condenar a nuestro prójimo por sus errores, sentir dolor por su condición y su
sufrimiento. Pero no solo hay que quedarnos en lo emocional, debemos de mostrar
BUENOS FRUTOS, es decir, tener acciones concretas de bien hacia los demás; ser
solidarios, compartir, dar más de nosotros a nuestros semejantes. Vivir SIN
INCERTIDUMBRE, eso tiene que ver con no mantener dudas e indefiniciones morales,
debemos tener muy en claro nuestro comportamiento en diferentes esferas de la vida,
debemos de transmitir confianza y seguridad a los que nos rodean. Finalmente, NO
DEBEMOS SER HIPÓCRITA, es decir, doble cara, mostrarnos de una manera y luego actuar
de otra. Todas estas cualidades evidenciarán claramente que estamos desarrollando la
sabiduría espiritual que viene de Dios.
BUSCA LA SABIDURÍA DE DIOS. LLENA TU MENTE, TU CORAZÓN Y TU ALMA DE LA
SABIDURÍA DE LO ALTO, Y TU VIDA SERA BENDECIDA Y PODRÁS BENDECIR A LOS DEMÁS