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Ojos Ajenos

Este documento presenta el comienzo de una obra de teatro titulada "Ojos ajenos". En la primera escena, un hombre llamado Peter le dice a su esposa ciega Mary que alguien le robó sus ojos durante la noche y le puso otros. Peter cree que ahora ve a través de los ojos de otra persona. A lo largo de la obra, la situación se vuelve más extraña a medida que Peter comienza a dudar de su propia identidad.

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Ojos Ajenos

Este documento presenta el comienzo de una obra de teatro titulada "Ojos ajenos". En la primera escena, un hombre llamado Peter le dice a su esposa ciega Mary que alguien le robó sus ojos durante la noche y le puso otros. Peter cree que ahora ve a través de los ojos de otra persona. A lo largo de la obra, la situación se vuelve más extraña a medida que Peter comienza a dudar de su propia identidad.

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OJOS AJENOS

de Mariano Pensotti
 
 
“Por tus ojos tu alma agitada asoma...” (la Reina a Hamlet)
 
“Ya no aceptarás cosas de segunda mano,
     ni mirarás por los ojos de los muertos” (Whitman) 
 
NOTA: Si bien no es indispensable, se recomienda que el espacio escénico sea definido por algún
elemento básicamente visual, por ejemplo proyecciones de video en las que se muestre en cada escena el
ambiente donde transcurre la acción, esto es: un living, un restorán, la playa, etc... Insisto en que esta
nota puede ser pasada por alto.
                   ACTO 1:
 
 
 
Escena 1:
 
      Un hombre y una mujer jóvenes (MARY y PETER).
MARY: Me gusta vivir en Londres. Porque vivimos en Londres, ¿no?. Al menos eso me dicen frecuentemente. Me
encanta Londres. La imagen del parlamento al amanecer, como en aquel cuadro de Monet, envuelto en la bruma del
Támesis, custodiado por el Big Ben mientras los barcos de todas las banderas comienzan a deslizarse río abajo. ¡Qué
maravilla!. Claro que yo no puedo ver nada de todo esto porque soy ciega. Eso es lo malo de vivir en Londres, hay
tanto que me pierdo. Podría vivir en medio del Sahara, sería menos cruel. Y el horrible clima de Londres, cómo detesto
esta cloaca. Pero, ¿para qué deprimirme?, además es incurable. El día comienza. Me gusta tener una casa en Londres.
¿Desayunamos Peter?.
PETER: (Muy serio) Mis ojos no son mis ojos.
MARY: ¿Dijiste algo del té, querido?.
PETER: Son los ojos de otro.
MARY: Peter, si ya no me querés decilo directamente.
PETER: Lo digo en serio, estos no son mis ojos.
MARY: Vos con eso me querés decir algo. Es una metáfora, ¿no?.
PETER: Quiero decir que alguien entró a nuestra casa, a la tuya y a la mía, durante la noche, me sacó los ojos y me
puso unos que no son los míos. Mientras dormíamos, vos y yo dormíamos, Mary. (Pausa) Al menos yo dormía, ¿vos
dormías?.
MARY: ¿Por qué me mirás así?.
PETER: No podés saber cómo te miro, sos ciega. Te amo, mi amor y confío en vos. Es decir, quiero hacerlo. ¿Dónde
están mis ojos?, ¿qué es eso peludo que se mueve ahí?
MARY: Debe ser Baudelaire mi amor, nuestro gato.
PETER: Mis ojos no lo reconocen, veo a través de los ojos de otro.
MARY: Es un simple gato.
PETER: ¿Un simple gato?. Partículas de oro, como arenas profundas, estrellan vagamente sus místicas pupilas.
MARY: ¿Qué pasa Peter?.
PETER: Veo con asombro profundo la luz de sus opalescentes pupilas pálidas, fanales claros, que me contemplan
fijamente. Me contempla y lo contemplo con ojos ajenos.
MARY: Huye de vos. El gato huye de vos.
PETER: No me reconoce.
MARY: Peter, me gusta vivir en Londres. Pero es una ciudad extraña. Siempre sentí algo opresivo en la forma en que la
gente te mira por la calle. Porque los ciegos no vemos pero podemos sentir la mirada de los otros. Y me pregunto y te
pregunto: ¿no te habrá afectado el exceso de miradas que habitualmente recaen sobre vos?. Porque andás por la calle
del brazo con una ciega. La gente te mira. Piensa que sos alguien compasivo o alguien perverso. Así de simple es la
gente estúpida de esta ciudad. No sé, ¿sos compasivo o perverso?.
PETER: No, Mary, no querés ver la realidad, no cierres los ojos, no seas ciega a mi dolor, quitate la venda de los ojos y
mirá de frente la realidad. Mis ojos no son mis ojos.
MARY: El hombre que amo tiene manos grandes y generosas, y flores en lugar de ojos.
PETER: Como un ciego que busca su reflejo en un espejo, así es ver la vida a través de ojos ajenos.
MARY: El hombre que amo sos vos.
PETER: Como manejar siempre el mismo viejo auto, eso es mirar las cosas como los demás.
MARY: ¿Este es un día normal de nuestras vidas?.
 
Escena 2  
 
     En el mismo lugar de la escena anterior. Tal vez sólo ha pasado un instante. Mary y Peter, que mantiene los ojos
cerrados durante toda la escena.
PETER: En mi cerebro se pasea, tal como en un departamento, un gato hermoso, fuerte y dulce, cuyo maullido es tan
atento...
MARY: No quiero ser inoportuna, pero mañana llega tu padre, ¿pensás que es bueno que te vea en ese estado?.
PETER: ¡No le digas “tu padre” a ese obrero metalúrgico de Liverpool!. Hace años que no nos vemos y la palabra
“papá” le queda holgada como la camisa de un gigante a un enano.
MARY: Como sea, llega mañana.
PETER: Está bien, que me vea así, que acepte que a su hijo le robaron los ojos.
MARY: Peter...
PETER: Ya sé, vas a decirme que estoy loco. Que no es posible que a alguien le saquen los ojos y no se dé cuenta. Que
es una operación muy delicada. Que nadie podría haber entrado en casa sin hacer sonar la alarma. Sin embargo tengo
una respuesta convincente a cada una de esas objeciones y si no las doy es porque en este momento son más
importantes mis gestos que mis palabras.
MARY: Peter, yo te creo. Quiero ayudarte. Y estoy segura de que ese obrero metalúrgico de Liverpool también te va a
ayudar.
PETER: Te pedí que no le digas “Papá”.
MARY: Llega mañana.
PETER: Llamémoslo de otra manera. Llamémoslo “el pájaro”.
MARY: Si, “el pájaro” es adecuado.
PETER: Cuando era chico él me decía “pichón” o “pichoncito”.
MARY: ¿Cómo es un pájaro, Peter?.
PETER: Muy distinto de un gato.
MARY: Ven todo desde arriba.
PETER: Los gatos que miran a los pájaros tienen ojos que piensan, los pájaros que miran a los gatos tienen ojos que
dudan.
MARY: ¿Y los tuyos?.
PETER: Los mios, que no son los mios, se cierran para meditar.
 
Escena 3:
 
PETER: Son de mujer.
MARY: ¿Cómo?.
PETER: Me pusieron ojos de mujer.
MARY: ¿Querés decir que si hiciéramos el amor ahora mismo, salvajemente, en el piso, sobre los bonsái, sería como si
lo estuviera haciendo con una mujer?.
PETER: Tengo una mirada femenina. A propósito, ya que no me ves ¿en quién pensás cuando hacemos el amor?. No
importa.
MARY: Tal vez todo esto sea bueno. Tal vez hay algo que no debías ver con tus ojos.
PETER: Sí, siempre en positivo... (Repentinamente canta, en falsete)
“¡Mi criatura tiene ojos vastos,
hondos, oscuros, como tú,
Noche inmensa, como tú iluminados!”
(Angustiado) ¿Qué me pasa?.
MARY: También yo sentía deseos repentinos de cantar cuando estaba dejando de ser una niña para convertirme en
mujer.
PETER: Es que no dejo de pensar en quién. ¿Quién puede haberme hecho esto?. No lo merezco. Yo soy bueno,
inofensivo. En la escuela las maestras decían que tenía ojos de corderito. Y ahora cargo con los de una ramera.
MARY: Acercate.
PETER: ¿Por qué?, ¡no estoy a la venta!.
MARY: Quiero tocarte los ojos.
     (Lo hace)
PETER: ¿Qué pasa?.
MARY: Es verdad. Hay algo en la forma que no es la de siempre. ¡Por Dios, qué desagradable es tocar un ojo!.
PETER: Necesito serenarme y pensar en forma realista. Pensar que tal vez no soportaste más ser ciega y decidiste
ensayar un experimento casero poniéndote mis ojos. Tal vez estás fingiendo que seguís ciega pero en realidad me ves,
mientras yo me voy a ir sumiendo en las sombras.
MARY: Basta Peter, no lo merezco. Yo soy buena, inofensiva. En la escuela las maestras decían que tenía ojos de topo.
PETER: Perdoname mi amor. Sin embargo acordate que cuando empezamos a estar juntos no fuiste muy sincera
conmigo.
MARY: Estaba cegada de amor.
PETER: En cierta forma me engañaste.
MARY: Ya sé, pero si te hice creer que veía fue por temor a que me rechazaras. Eso prueba que te amaba.
PETER: Prueba que tenías una mentalidad perversa. Pero yo creo en tu amor. Estoy muy sensible. Y mañana llega “el
pájaro”. (Pausa) No sé, tal vez es que durante mucho tiempo no vi cosas desagradables de mí mismo y ahora gracias a
estos ojos, estas joyas, veo todo de manera diferente. Tal vez es lo mejor que me pasó en la vida. ¿Estoy contento?.
 
Escena 4:
 
     Peter está vestido de mujer, presumimos que con ropa de Mary, también tiene el rostro maquillado como una
mujer. Entra Mary, Peter se sobresalta.
MI: Estaba buscando al gato. Es extraño, está nervioso, pueden haberle hecho algo a él también. Tengo ganas de
acariciar a mi gato, a mi criatura. ¡Mi criatura tiene ojos vastos, oscuros, como tú, Noche inmensa, como tú iluminados!.
Es extraño, estaba buscando al gato.
PETER: ¿Quién es?.
MARY: Soy tu mujer.
PETER: Mi mujer. Mi mujer con ojos de pradera, mi mujer con ojos de agua para beber en prisión, mi mujer con ojos de
bosque eternamente bajo el hacha, con ojos de nivel de agua. (Pausa). Mi mujer, ¿quién es mi mujer?.
     (Larga pausa)
MARY: Peter, ¿tenés puesto mi perfume?.
PETER: Estoy en un momento de mutación. Soy como una oruga a punto de convertirse en mariposa.
MARY: ¿Y si nuestro gato se hubiera convertido en pájaro?.
PETER: Tengo que encontrar a la persona a la que le pusieron mis ojos. ¿Entendés?, es obvio que los intercambiaron.
En este momento debe haber una mujer en algún lugar de Londres viendo el mundo a través de mis ojos,
transformándose lentamente en mi.
MARY: Pedrito, ¿por qué no cambiamos de tema?, ¿por qué no cambiamos de vida?, empezar de nuevo en otro lugar,
California por ejemplo.
PETER: Mañana llega “el pájaro” y no puede verme así. Ni siquiera puedo llorar, porque las lágrimas que saldrían de
estos ojos no serían mías.
MARY: A menos que...
PETER: A menos que reciba oculto a mi padre, que no me vea la cara, que escuche sólo mi voz. Tengo una voz
hermosa.
MARY: Hermosa. ¿Sabés Peter?, cuando empezamos a estar juntos a veces pensaba que vos podías ser muchas
personas que tuvieran la voz idéntica, confabuladas para hacerle creer a esta pobre ciega, que soy yo, que eran una
sola, quién sabe con qué fin perverso... (Pausa) No sé, estaba buscando al gato.
PETER: Ya lo encontraste, yo soy el gato.
MARY: Sos el gato que se pasea por mi cabeza como en un departamento.
PETER: Soy el gato que busca al pájaro que le robó los ojos. (Pausa). Tengo que encontrar mis ojos. Soy un esclavo, un
esclavo de la mirada de los demás. Y los esclavos lo único que tienen para perder son sus cadenas.
MARY: Tener miedo es ser esclavo.
PETER: Mirar por los ojos de otro es ser esclavo.
MARY: Me hacés acordar a mi mamá, que decía...
PETER: Callate, mi amor, callate, estúpida.
 
Escena 5:
 
     Un departamento. Peter está junto a una chica (NATALIA), que le da la espalda.
NATALIA: ¿Por qué no te ponés cómodo?. (Pausa). Por Dios, Peter, venís a mi casa, a esta hora, después de años de
ignorarme... después de dejarme por esa ciega...
PETER: Le decimos “no vidente”.
NATALIA: ¡Por ese arrastrado y miserable ser con ojos del color de las nubes!.
PETER: ¿Podés responderme?.
NATALIA: Lo que hice anoche no te interesa.
PETER: Y sin embargo sí me interesa. Dejame que te mire a los ojos.
NATALIA: ¿De qué estás hablando?.
PETER: ¿Te acordás que cuando éramos novios me escribías cartas?.
NATALIA: ¿Cartas?. Me acuerdo de mis manos. Mis manos corriendo con la lapicera sobre el papel eran como pájaros
inquietos...
PETER: Natalia...
NATALIA: ...como esos buitres carroñeros que sobrevuelan los cadáveres.
PETER: Tengo una acá. (Saca una carta). Termina con una poesía que escribiste dedicada a mis ojos. Dice...
NATALIA: (Lo interrumpe; recita) “Mi locura y mi miedo tienen grandes ojos muertos, la fijeza de la fiebre. Mis ojos son
ciegos cielos en mi impenetrable noche. En cambio en los tuyos chispean vagamente tesoros ignorados”.
PETER: Entonces sabés de qué estoy hablando. ¿Sentiste la tentación de apoderarte de mi tesoro?.
NATALIA: Hablás de una forma curiosa.
PETER: ¿Qué hiciste ayer a la noche?.
NATALIA: Estuve con mi marido.
PETER: ¿Dónde?.
NATALIA: En Liverpool, él trabaja ahí; es obrero metalúrgico.
PETER: ¿Qué pensás del sexo?. Quiero decir, ¿yo era buen amante?.
NATALIA: No sé, supongo que regular.
PETER: ¿Tenés forma de probarme que estuviste en Liverpool?.
NATALIA: No.
PETER: ¿Por qué regular?.
NATALIA: Te faltaba pasión, esa chispa que brilla detrás de los ojos.
PETER: No estoy de acuerdo.
NATALIA: Estando con vos me sentía como un pájaro suicida. Como un pájaro que desea constantemente ser devorado
por un gato, de un mordisco certero, pero el gato nunca aparece.
PETER: ¿Pensaste alguna vez lo extraño que es tener dos bolas gelatinosas incrustadas en la cara?, que se mueven, se
mueven todo el tiempo, van de un lado a otro, infatigables, no se detienen nunca, como animales ansiosos por
escaparse de su jaula...
NATALIA: Va a ser mejor que te vayas.
PETER: ¡Mirame!, ¡quiero que me mires!.
     (Natalia lo hace. Peter parece desilusionado al verle los ojos)
NATALIA: Peter, de verdad me alegra que hayas venido. No me importa lo que te pase...
PETER: Disculpame...
NATALIA: ...estoy contenta de verte...
PETER: Me equivoqué.
NATALIA: Yo nunca te olvidé. Eramos algo especial.
PETER: Tengo que irme.
NATALIA: Peter...
PETER: ¿Qué?.
NATALIA: Antes tu mirada era más alegre.
 
Escena 6:
 
     Es de noche. Peter luce desesperado. Mary anda por ahí.
PETER: Estoy acabado. No hay nada que hacer.
MARY: ¿Y el gato?.
PETER: El gato, claro. El gato tiene que haber visto lo que pasó. Él estuvo ahí. Si tan sólo pudiera mirar en sus pupilas y
ver reflejado al que me quitó los ojos... Pero por supuesto es una locura.
MARY: Sí, claro. ¿Y tu mamá?.
PETER: ¿Por qué decís eso?.
MARY: No sé.
PETER: No entiendo por qué mencionás a mi madre.
MARY: Disculpame, es como si un pajarito me lo hubiera susurrado al oído. ¿Por qué no mirás las fotos de tu mamá?,
en momentos de crisis eso te tranquiliza.
PETER: ¿Si?.
MARY: Siempre me describías las fotos con una cantidad enorme de detalles. Es como si las hubiera visto.
     Peter sale y vuelve con un álbum de fotos. Durante un rato las mira en silencio. Es una situación extraña, mira fotos
en silencio y por un rato no pasa nada.
PETER: (Aún mirando una foto) Son los de mamá.
MARY: Tus ojos.
PETER: Mis ojos son los ojos de mamá. No quiero decir que sean parecidos o que tenga que ver con la herencia, sino
que literalmente “son” los ojos de mamá.
MARY: ¿Tenés ojos de madre?.
PETER: Son dos hermosos ojos mamá, podría decirme a mí mismo. Mezcla de metal y de ágata, de mirada fría y
profunda. No son ojos para mirar si no para ser mirados. Mi madre tenía estos ojos, ojos claros y limpios, ojos
soñadores, ojos de bolchevique.
     (Larga pausa)
PETER: Si no tuviera estas fotos sería como un ciego. No podría saber cómo era el rostro de mi madre.
MARY: Es extraño, decís “madre” como si dijeras “esa mujer que me abandonó”.
PETER: Mamá nos dejó a ese obrero metalúrgico de Liverpool y a mí, poco después de que yo naciera. Nunca más la vi.
Solamente tengo sus fotos.
MARY: Y ahora sus ojos.
PETER: Tal vez mi madre estuvo espiándome a lo largo de los años, cuidando mi desarrollo como un ángel de la
guarda, y entró anoche a casa, saliendo de su misterioso anonimato para dejarme un regalo. Me dejó sus ojos de
regalo, como un ratoncito que viene por la noche para dejar un billete a cambio del diente que un niño puso bajo la
almohada.
MARY: El accionar de las madres a veces parece incomprensible.
PETER: Si, no entiendo por qué motivo pudo haberme hecho esto.
MARY: En realidad pensaba en mi madre que, cuando era chica, para que no me sintiera diferente, nunca me dijo que
era ciega. Me hizo creer muchos años que todo el mundo era así.
PETER: Es extraño.
MARY: Si, pero nosotros no somos quién para juzgar.
 
Escena 7:
 
     Un hombre de unos cincuenta años, corpulento (JOHN KOWALSKI), con un sobretodo encima de su traje de
metalúrgico, acaba de entrar. Peter y Mary están juntos a un costado. Durante toda la escena Peter tiene anteojos
oscuros que le ocultan los ojos.
JOHN: Es un gran lugar, hijo, un gran lugar. Sí señor, y toda una ciudad. “Mi hijo vive en Londres”, les digo a mis
compañeros de la fábrica. “Mi pichón vive en Londres”, insisto mientras hablamos a la hora del almuerzo. Si señor, mi
hijo tiene una mujer encantadora. ¿Cómo estás?, ¿más flaco?. Yo me veo viejo. Pero me siento joven. Soy viejo pero
puedo vencer en una lucha a muchos jóvenes, si señor. ¿Querés luchar conmigo, hijo?, ¿querés que probemos?. ¡No
me toques, hijito!. Siempre fui arisco como un gato y poco dado a las muestras de afecto. Es muy linda tu mujer, tenés
buen ojo, ¿puedo llamarla hija?.
PETER: ¿Seguís tomando el mismo whisky, papá?. Hice que Mary comprara varias botellas de tu whisky favorito. Espero
que lo sigas tomando. ¿Seguís tomándolo verdad?. (Ríe). Qué estúpido, estoy nervioso. Mary, traele un whisky a este
amable obrero metalúrgico que acaba de llegar en tren desde Liverpool. Es mi papá. Es una criatura encantadora mi
Mary. Me refiero a que las ciegas son sumamente complacientes en la cama. ¿Querés un whisky, papá?.
JOHN: Gracias a Dios ya no bebo.
PETER: Qué bien, qué bien.
(Pausa)
PETER: ¿Y qué estuviste haciendo últimamente?.
JOHN: Un poco de esto y aquello. Escribo una tesis sobre el primer acto de “Don Giovanni” de Mozart.
PETER: ¿Opera?.
JOHN: ¿Qué pasa?, ¿acaso los metalúrgicos de Liverpool no podemos interesarnos por la lírica?, espero que no seas un
asqueroso burgués, hijo.
PETER: No, papi, no lo soy.
JOHN: ¿Qué hay de tu mujer?.
PETER: Ella tampoco lo es.
JOHN: ¡Entonces qué espera para traerme un condenado whisky!. ¿No ve que me resulta incómodo no tener nada en la
mano?.
     (Mary sale)
PETER: Estoy muy contento de que hayas venido.
JOHN: Hijo, hay muchas cosas que vas a tener que perdonarme.
PETER: Me gusta perdonar, siento una verdadera pasión por el perdón.
JOHN: Quiero pedirte algo.
PETER: ¿Qué te mire a los ojos?.
JOHN: Que me des un abrazo.
     John y Peter se abrazan. Entra Mary con el whisky. Los tres permanecen inmóviles por un instante. Padre e hijo
siguen abrazados el resto de la escena.
JOHN: Tus brazos son fuertes.
PETER: Son como los tuyos, papi.
JOHN: Quizás no tanto. Es que tenía miedo de que te hubieras afeminado.
PETER: No tenés que preocuparte.
JOHN: Londres es una ciudad peligrosa pichoncito.
 
Escena 8:
 
     Es de madrugada. John está solo, bebiendo un whisky. Entra Peter, sin los anteojos.
PETER: ¿No podés dormir?.
JOHN: (Sobresaltado) Sos vos. (Pausa). Es extraño, me pareció oír la voz de tu madre. Estoy viejo.
PETER: Papá...
JOHN: ¿Qué?.
PETER: ¿Podemos tomar del mismo vaso?.
JOHN: Claro, hijo.
PETER: ¿Pensás seguido en mamá?.
JOHN: No, solamente por las noches.
PETER: ¿Todas?.
JOHN: Si.
PETER: Ojalá la hubiera conocido.
JOHN: Era extraordinaria.
PETER: Pero nos abandonó.
(Pausa)
PETER: Fue mezquina.
(Pausa)
PETER: ¿No es cierto?.
JOHN: Hay algunas cosas de las que nunca hablamos.
PETER: Esa no es razón para que se fuera.
JOHN: Me refiero a que vos y yo no hablamos ciertas cosas.
PETER: ¿Por qué?.
JOHN: Porque yo no te las conté.
PETER: Me gustan los cuentos, papi.
(Pausa)
JOHN: Tu madre y yo éramos las personas más felices del mundo. Cuando vos naciste alcanzamos la perfección.
PETER: ¿Entonces?.
JOHN: Entonces fue cuando tu madre murió. No me interrumpas. Ya sé que no fue eso lo que siempre te dije. Murió
pocos días después de tenerte. Yo no me resignaba a perderla por completo, y decidí quedarme con algo de ella.
(Pausa). Sus ojos.
PETER: Los ojos.
JOHN: Sus hermosos ojos azules. Sus hermosos y puros ojos de bolchevique. Antes de que fuera sepultada separé con
cuidado sus bellísimos ojos azules del resto de la cara, para preservarlos eternamente.
PETER: Los ojos.
JOHN: Guardé los ojos en un lugar seguro. Cada vez que creía sucumbir al dolor sacaba los ojos y... los miraba, podía
pasarme horas mirándolos. Juro que era como si ella también me mirara. Una vez, vos eras chico y dormías en tu
cuarto, yo entré y pasé los ojos de mamá por tu cuerpito, para que pudiera ver cuánto habías crecido. (Pausa). Podés
creer que estaba loco. Pero el romántico no ve, tiene visiones.
(Larga pausa)
JOHN: A veces imagino cosas.
PETER: ¿A veces?.
JOHN: Ahora imagino cosas. Imagino que llueve y que las gotas de lluvia son ojos diminutos, cientos, millones, que se
estrellan fatalmente contra el suelo antes de poder ver lo hermoso del paisaje.
PETER: (Muy alterado) ¡Pero el paisaje no es hermoso!.
JOHN: Mi imaginación no es hermosa, porque construye un paisaje hermoso ahí donde efectivamente no hay ninguno.
Por eso sufro. Pero en eso también creo. Y por eso lucho. Políticamente, digo. (Pausa). A veces imagino cosas...
PETER: ¿Ahora?.
JOHN: A veces. Imagino que arrojo desde una azotea a curas, policías y banqueros para que se estrellen contra el suelo
antes de poder ver lo hermoso del paisaje.
PETER: Pero el paisaje no es hermoso.
JOHN: Lo sería sin curas, policías y banqueros.
(Pausa)
PETER: ¿Qué tal otro whisky?.
 
Escena 9:
 
     Peter, John y Mary tocan guitarras. Cantan una canción.
 
Escena 10:
 
    Mary está de frente. Al fondo Peter y John meten algo en una pajarera. Es un gato al que le han pegado alas.
JOHN: Muy bien, muy bien. Lo que esta casa necesitaba era un pájaro.
PETER: Yo podría ser un pájaro.
JOHN: Ahora tenemos un pájaro, no nos falta nada.
PETER: ¿Ves Mary?, esto es un pájaro.
(Pausa)
PETER: Yo podría serlo, pero no entro en la jaula. ¿Estás bien papá?.
JOHN: (Repentinamente ensimismado) Mis ojos a mi alma diriges; ¡allí veo tan horrendas y negras manchas que borrar
no puedo!. (Pausa) ¿Qué decías?.
PETER: Es fantástico que Mary pueda ver, ¿no es cierto papi?.
(Pausa)
JOHN: Tu madre hubiera estado feliz. Sus ojos ahora sirven para algo nuevamente.
PETER: Contanos qué ves Mary.
(Pausa)
JOHN: ¿Ves en colores, no es cierto?. (Pausa). Mi amor, te estoy hablando. Si, dije “mi amor”, porque ahora llevás los
ojos de la mujer que amé. Es como si fueras ella un poco.
(Pausa)
MARY: Veo...
PETER: No confundas ver con mirar.
MARY: Veo la lluvia...
JOHN: Pero hay un sol radiante.
PETER: Tenés que aprender a mirar.
MARY: Veo la lluvia que cae al otro lado del mundo...
PETER: Yo te voy a enseñar lo que tenés que ver.
MARY: Veo la lluvia que cae al otro lado del mundo porque miro a través de ojos ajenos. Y en estos ojos no hay sol.
JOHN: Mi mujer lloraba mucho, sus ojos estaban siempre lluviosos por mucho que me esforzara en hacerla reír.
PETER: Uno nunca construye su propia mirada, ¿no es cierto papi?. MARY: Puede ser, mi amor, puede ser. Pero estos
ojos...
PETER: Son hermosos. Vos sos hermosa.
MARY: Estos ojos no son mis ojos.
(Pausa)
MARY: Eso no es un pájaro, es un gato con plumas.
(Larga pausa. Repentinamente, Mary se ríe).
 
 
                          ENTREACTO:
 
     Entre un acto y el otro debería pasar al menos un minuto
 
                      ACTO 2:
 
 
Escena 1:
 
     Un hotel en una ciudad balnearia. Mary Ingalls junto a Natalia.
NATALIA: Sí, es un día hermoso. Y me preguntaba, sin ánimo de entrometerme, ¿por qué una mujer joven y bella llega
a este hotel y durante dos días no sale de la habitación, aún cuando hace un tiempo espléndido?. Yo soy así, me
pregunto cosas que después no sé responderme. ¿Cómo me veré el día de mi muerte?, por ejemplo, ¿lloverá?. Así que,
¿por qué no salió en dos días de la habitación?.
MARY: ¿Qué es eso de ahí abajo?
NATALIA: Un gato.
MARY: ¿Un gato?, yo tenía un gato pero no podía verse, podía tocarse. Y tenía un marido, que tampoco podía verse,
sólo tocarse. Él también solía tocarme a mi, y echarme aliento en la cara y agitarse encima mío. En fin, supongo que
todos lo hacen. Pero cuando por fin pude ver la expresión de su rostro mientras lo hacía sentí asco. Sí, asco. Entonces
decidí dejarlo y vine acá. (Pausa). Quería conocer el mar, sin embargo ahora siento miedo.
NATALIA: Yo en cambio siento miedo del hombre que amo.
MARY: ¿A qué hora se sirve el desayuno?
NATALIA: Es un hombre único, camina con una gracia incomparable y su boca recuerda los pétalos de una amapola
agitados por el viento. Es vanidoso y magnífico. Yo lo amo y él me desprecia.
MARY: Igual yo nunca desayuno. Prefiero mirarme. ¡Por dios, qué hermosa soy!, mi piel parece hecha para ser cubierta
de caricias. En la mesa de luz de la habitación encontré un cuaderno de poemas, memoricé uno que decía “una
amapola agitada por el viento, mi locura y mi miedo tienen grandes ojos muertos...”
NATALIA: (La interrumpe) “...la fijeza de la fiebre. Mis ojos son ciegos cielos en mi impenetrable noche”. Sí, lo escribí
yo. Dejo poemas por todo el hotel con la esperanza de que los lea el hombre que amo.
MARY: ¿Y los lee?
NATALIA: No más que las gaviotas que vuelan sobre el mar.
(Pausa)
MARY: Quiero acariciar al gato.
NATALIA: Acariciame, mi lomo y mis orejas son suaves.
MARY: ¿Tiene el mar el sabor salado de tu piel?
 
Escena 2:
 
     El mismo lugar. Tal vez sólo pasó un instante de la escena anterior. Han entrado Peter y su padre John.
PETER: Me gusta vivir cerca del mar. Porque vivimos cerca del mar, ¿no?. Al menos eso me dicen frecuentemente. Me
encanta el mar. La imagen de los veleros alejándose hacia el horizonte mientras el sol, un disco de rojo fuego, es
tragado por las aguas, como en aquel cuadro de Monet. ¡Qué maravilla!. Claro que yo no puedo ver nada de esto
porque soy ciego. Eso es lo malo de vivir cerca del mar, hay tanto que me pierdo. Así que, ¿por qué no deprimirme?.
Detesto ser dueño de un hotel junto al mar. Nunca sabré cómo es. ¿Y yo?, ¿y yo, papá?, ¿cómo soy?.
JOHN: Bueno hijo, ya lo hablamos, sos una brillante lamparita en este mundo oscuro. Tocame la cabeza, vamos hacelo,
¿te das cuenta?, tiene la forma del planeta, el mundo está en tu cabeza. Y sos hermoso, hijo.
PETER: ¿Qué significa hermoso?
NATALIA: Significa que a tu paso las flores se vuelven avergonzadas y los pájaros cantan más fuerte su alegría.
PETER: ¡Imbécil, no soporto que se me trate con compasión!. Dicen que el mar es profundo, y sé que mi alma no es
menos amarga que sus aguas. ¿Dónde está mi gato?, ¿por qué siento un aroma desagradable?.
JOHN: Tenemos un nuevo huésped, hijo.
PETER: ¿Y por qué no habla?, ¿acaso se divierte haciendo gestos obscenos frente a mí, amparándose en mi ceguera?
MARY: Su voz me recuerda la de otra persona.
PETER: ¿Qué clase de pervertidos alojamos?
MARY: Pero su rostro es distinto. Es verdad que es hermoso. Muy hermoso.
JOHN: No podía ser de otra manera, ya que es hijo mío. Además es muy inteligente y de una sensibilidad única. Aún
siendo ciego de nacimiento es capaz de percibir ciertos objetos. Fíjese en esto. Hijo, ¿cuántos dedos ves? (muestra dos
dedos)
PETER: Ahora no quiero, estoy cansado.
JOHN: Vamos, es sólo un segundo. ¿Cuántos dedos ves?
PETER: Cuatro.
JOHN: ¡Muy bien!. ¿Se da cuenta?, es una persona fuera de lo común. No necesita ver el mundo porque yo le cuento
cómo es.
NATALIA: Peter, te conseguí los tucanes que querías. Los cacé yo misma.
PETER: Gracias.
JOHN: Mi hijo colecciona pájaros.
MARY: ¿Ah, sí?, entonces le va a interesar saber que traje conmigo a mi pájaro maullador, una criatura de vastos ojos
negros.
PETER: Pensé que no sobrevivían a este clima.
MARY: El mío sí, ¿quiere verlo? (Pausa incómoda) quiero decir...
PETER: No importa, me gusta que me recuerden constantemente mis limitaciones.
JOHN: ¿Y qué le parece nuestro mar?
MARY: Todavía no lo vi.
JOHN: El mar es fantástico. El mar es un espejo en el que los espíritus libres nos contemplamos. Nos gusta meternos
en él porque así nos hundimos en nuestro reflejo. Además, en el mar hay pulpos.
PETER: Me voy a mi habitación. No tardes anciano, quiero que vengas a leerme Baudelaire.
JOHN: Voy enseguida gatito.
(Pausa. Peter sale)
MARY: ¿Estoy cayendo de un puente?
NATALIA: Creo que no.
MARY: ¿Entonces por qué siento este vértigo en mi cuerpo?
JOHN: El mar es fantástico. Y mi hijo también.
 
Escena 3:
 
     Una habitación. Mary y Peter están solos. Ruidos de pájaros. Mary tiene una jaula donde hay un gato con alas
pegadas.
MARY: Es extraño, apenas nos conocemos y sin embargo siento que podríamos compartir muchas cosas. Una vida, por
ejemplo.
PETER: No me toques, por favor.
MARY: Yo sé que vulgarmente el amor a primera vista es algo poco elegante, pero no puedo evitar el deseo de tocarte.
PETER: ¿Te gustan mis pájaros?. Quiero que sepas que no puedo amar a nadie. Jamás podría enamorarme de alguien
sin verlo. Además, el sexo de los ciegos me parece repugnante. ¿Te gustan mis pájaros?.
MARY: No creas que si me vieras te volverías loco conmigo. Soy hermosa, es cierto. Pero acumulo ciertos defectos, mi
cuerpo parece ser un catálogo de imperfecciones cuando se lo mira con minuciosidad.
PETER: Mi madre, y digo mi madre pero podría decir “esa mujer que me abandonó”, me dijo una vez mientras
intentaba enseñarme a caminar: “las imperfecciones son lo que diferencian a una persona de otra”.
MARY: ¿Acaso no te gustaría echarme aliento en la cara y agitarte encima mío?, tu rostro debe ser hermoso en ese
momento.
PETER: Una vez toqué la cabeza de dos pájaros mientras se apareaban. A mi no me gustó, pero creo que a ellos sí.
MARY: Mis manos son suaves.
PETER: Mi pene es un pájaro de plumas multicolores y extraño humor.
MARY: ¿Le gusta exhibirse?
PETER: Es tímido, como todos los ejemplares exóticos.
MARY: El mundo tiene un hogar para cada ejemplar.
PETER: Nunca vi el mundo, pero sé muy bien cómo es: un árido paisaje de formas duras y blandas mezcladas al azar
sin ninguna belleza.
(Pausa)
MARY: Es extraño, apenas nos conocemos.
PETER: No me toques, por favor.
 
Escena 4:
 
     Los cuatro están cenando. Peter permanece ensimismado toda la escena.
NATALIA: En la televisión estaban hablando de eso.
JOHN: ¿Se sabe quién es el culpable?
NATALIA: Suponen que es un grupo.
JOHN: Venecia es un lugar que se presta para las locuras. A todos esos asquerosos burgueses que se la pasan
hablando de la estupidez humana me gustaría refregarles Venecia por la cara y decirles “¿y esto?, ¿esto es obra de
estúpidos?”...
NATALIA: Bueno, Venecia fue construida por burgueses.
JOHN: Por obreros de espíritu libre. ¿Usted conoce Venecia?
MARY: No.
JOHN: Lástima.
NATALIA: Con todo esto se están yendo los turistas.
MARY: ¿Me alcanzaría esa servilleta?
JOHN: Venecia sin turistas es como un océano sin agua.
MARY: ¿Se dieron cuenta de que la servilleta, por cómo está doblada, tiene forma de gato?
JOHN: A mí me parece un pájaro.
MARY: Esa de ahí, pero ésta parece un gatito. Fíjense, si tomo cada una en mis manos parecen un pájaro y un gato
conversando.
JOHN: Sí, podría ser.
MARY: Lo es. El pájaro y el gato se encuentran en medio del bosque. El pájaro debería tener miedo a ser devorado,
pero es más fuerte la atracción que siente por la elegancia del felino... (Mary está cada vez más poseída por la historia,
manipula las servilletas como si fueran títeres) ...vuela en círculos sobre él, mientras el gato lo mira con curiosa
atención.
NATALIA: ¿Un poco más de vino?
MARY: _ “Hola pájaro, ¿cómo estás?”
             _ “Muy bien, ¿y vos?”
             _”Yo bien, gracias”
JOHN: (Incómodo) Así que se están yendo los turistas...
NATALIA: Es lógico, cada noche hay una nueva víctima.
MARY: _ “Me gusta el color de tu pelo”
             _”¿En serio pichoncito?”
             _”Desde arriba se ve muy lindo”
NATALIA: La situación es siempre la misma: agarran de noche a un turista, preferentemente extranjero, le roban todo
lo que tiene encima...
MARY: _”Somos diferentes pero podríamos ser amigos”
             _”Opino lo mismo”
NATALIA: ...después lo desnudan, le arrancan los ojos y lo dejan sólo en medio de Venecia.
JOHN: Qué horror.
MARY: _”Te gustaría que te llevara a volar”
             _”No gracias, prefiero caminar”
NATALIA: Desnudos, ciegos, desvalijados, las víctimas vagan por el laberinto de calles de Venecia hasta que alguien los
encuentra o caen a un canal.
MARY: ¡¿Podrían prestarme atención?!. ¿Es que no se dan cuenta que estoy tratando de demostrar que lo esencial es
invisible a los ojos?
(Pausa)
NATALIA: ¿Me habías ofrecido vino?
JOHN: Sí, ¿querés?
NATALIA: No, gracias.
(Pausa)
MARY: Al final ellos se enamoraban.
 
Escena 5:
 
     Mary y Natalia solas.
MARY: Me voy mañana. Quiero que esta noche saquen el espejo de mi habitación. Soy horrible. No tolero volver a
mirarme. Esta masa de carne en la que navego es un insulto para mis ojos. No existe en ella ninguna armonía. ¡Y mis
gestos, por dios!, si tengo la gracia de un diario viejo. ¿Por qué nadie me lo dijo?. Saquen ese espejo.
NATALIA: ¿Vuelve a su casa?
MARY: No sé. Posiblemente saque un pasaje para algún lugar frío, oscuro y feo.
NATALIA: No le gusta el mar.
MARY: Alguien dijo que el mar es un gran espejo.
NATALIA: A Peter le gustó su historia.
MARY: ¿Cómo?
NATALIA: La del gato y el pájaro, le gustó.
MARY: ¿En serio?
NATALIA: Me lo dijo él. Pero a veces miente.
 
Escena 6:
 
     Una habitación. Peter y Mary. Ruido de pájaros. Mary tiene los ojos vendados durante toda la escena. Peter le da a
Mary una jaula con un pájaro dentro.
PETER: Quiero regalarte este pájaro, es uno de mis favoritos. Vino solo una mañana, tal vez atraído por el canto de los
otros; lo encontré volando dentro de la habitación. Come de mi mano con tanta pasión que a veces me la hace sangrar.
MARY: ¿Cómo se llama?
PETER: Nunca le puse nombre, podés llamarlo como quieras.
MARY: Entonces lo voy a llamar Amapola, para recordar tus labios cada vez que lo nombre.
(Pausa)
PETER: Hay algo en tu tono de voz, algo como de praderas entibiadas por el sol de Marzo...
MARY: Mi voz persigue lo que mis ojos no pueden alcanzar.
PETER: ¿Tu voz es un conejo?
MARY: (Ríe).
PETER: Me gusta oírte reír, tus dientes deben ser hermosos.
MARY: ¿Te gustaría tocarlos?
(Peter se acerca a Mary y le toca la boca, acaricia sus dientes)
MARY: Tocá mi cuello ahora. Tus dedos me recorren. Suben y bajan saboreando mi piel joven.
PETER: Mis dedos te recorren.
MARY: Sí.
(Pausa)
PETER: ¿Escuchás ese ruido?
MARY: Deben ser las hojas arrastradas por el viento.
PETER: No, es mi sangre que corre como ríos ecuatoriales pero se detiene en el dique de mi ceguera.
(Peter se aleja de Mary)
MARY: Yo también tengo un regalo para vos.
PETER: ¿Qué es?
MARY: Es una sorpresa.
PETER: Cuando era chico me gustaban las sorpresas.
MARY: ¿Y ahora?
PETER: Ahora también.
 
Escena 7:
 
     Peter, Mary, John y Natalia tocan una canción con guitarras.
 
Escena 8:
 
     Peter está al frente, hay algo nuevo en su mirada. Los otros un poco más atrás. Mary ha vuelto a ser ciega. Tiene
en la mano una de esas bolas de cristal con una casita nevada dentro.
MARY: Gracias, es muy linda.
JOHN: Tiene una casita adentro.
NATALIA: Un hogar.
JOHN: Y se ve la nieve cayendo sobre la casa.
MARY: Me gustan las casitas. Yo no tengo casa.
JOHN: Tu casa es tu cuerpo. Los ojos son las ventanas. Sirven para mirar hacia afuera pero también para ver hacia
adentro.
MARY: Es muy linda.
JOHN: Siempre tuve miedo de que mi hijo me viera. En su cabeza debe haberse formado una imagen imponente de mi
persona a lo largo de los años de ceguera. Y sin embargo hoy, al verme por primera vez, me dijo: “Hola papá, sos
menos feo de lo que esperaba”. Y todo gracias a vos Mary.
MARY: No es nada.
(Pausa)
JOHN: Contanos qué ves, hijo.
NATALIA: ¿Podés ver lo hermoso del paisaje?
(Pausa)
PETER: Veo una ventana.
JOHN: Eso es una puerta, hijo.
PETER: Veo una ventana abrirse en mi cabeza.
MARY: ¿Estás contento?
PETER: Es extraño, lo primero que vi al llegar acá y sacarme las vendas fue mi colección de pájaros. Estaban todos
muertos. Supongo que entró un gato y les comió las cabezas, los gatos suelen hacer esas cosas. La imagen de docenas
de pájaros decapitados...en fin...
MARY: Hay otras cosas para ver.
PETER: Sí, claro. Ahora tengo unos ojos hermosos. Ojos claros y limpios, ojos soñadores, ojos de bolchevique.
MARY: Mi voz te acaricia.
PETER: Tu voz es hermosa. Vos sos hermosa.
(Pausa)
MARY: ¿Qué ves ahora?
PETER: Miro por la ventana. Se ve la pared del edificio de enfrente. Alguien joven escribe algo sobre la pared.
MARY: ¿Qué escribe?
PETER: Algo con aerosol, algo así nomás...
MARY: ¿Qué dice?
PETER: “Ha surgido una nueva generación que, fogosa y llena de empuje, avanza hacia la nueva libertad. La fanfarria
de la revolución ha despertado a esos jóvenes; en sus espíritus hay una divina primavera y una fe nueva envuelve sus
almas. Lo imposible parece de pronto realizable”
(Pausa)
JOHN: ¿Ahí termina?
PETER: Después unos puntos suspensivos. Es bárbaro que pueda leerlo, ¿no?.
(Larga pausa)
PETER: Ahora me doy vuelta.
MARY: ¿Me ves?
PETER: No, no los veo.
(Larga pausa. Repentinamente Peter se ríe)
 
 
FIN

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