¿DESAPARECE EL MATRIMONIO?
El matrimonio, a pesar de que en sus orígenes no estaba basado en el amor mutuo de las parejas
erigido en un pilar fundamental de la civilización, intentamos analizar las relaciones íntimas y pas
que caracterizan la época actual, así como otras formas de convivencia, lejos de los cánone
tradicionales
A través de las eras experimentó una transformación histórica que plantea una paradoja. El matrimo
ha hecho más alegre, satisfactorio y afectuoso para muchas parejas pero a la vez, se ha conver
algo opcional y frágil, y vemos que estas dos caras de la misma moneda no pueden separarse.
Durante muchos siglos el matrimonio cumplió funciones económicas, políticas y sociales, pasa
segundo plano las necesidades y deseos individuales de sus miembros. A veces el amarse era s
efecto colateral del matrimonio, siendo su objetivo principal adquirir parientes políticos convenie
obtener ventajas políticas o económicas.
Recién en los últimos doscientos años cuando hubo otras instituciones económicas y política
comenzaron a cumplir muchas de las funciones que cumplía anteriormente el matrimonio, los euro
norteamericanos comenzaron a pensar el matrimonio como una relación personal y privada que a
a los deseos emocionales y sexuales de sus miembros.
Vemos que cada uno de los cambios que se fueron operando tuvieron alcances negativos Así, tan
como se impuso el ideal de casarse, por amor, sus defensores más entusiastas comenzaron a dem
el derecho a divorciarse en caso de que el amor sucumbiera.
Cuando las familias se convencieron que los niños necesitaban cariño y protección en lu
explotarlos laboralmente, se planteó entonces la inquietud de lo inhumano de las consecuencias
que sufrían los hijos ilegítimos.
En el momento en que se llegó a la conclusión de que la calidad de la relación estaba por encima
funciones económicas de la institución, algunos hombres y mujeres arguyeron que el amor compro
de dos personas no casadas, incluyendo las del mismo sexo, merecían por lo menos el mismo r
social que el matrimonio formal celebrado por razones materiales
Durante un período de casi dos siglos hubo cuatro razones que frenaron los impulsos de la ge
llevar los nuevos valores relativos al amor y la autorrealización hasta sus últimas derivaciones, esto
a que las personas fueran capaces de construir vidas significativas fuera del matrimonio y a que n
lo que sucedía en la sociedad se fundara forzadamente en relación con las parejas casadas
1) El primer impedimento fue pensar que había grandes diferencias innatas entre hombres y mu
una de ellas era que las mujeres no tenían deseos sexuales, recién en 1920 ( en EE.UU.) se de
esta creencia cuando se puso énfasis en la importancia de la satisfacción sexual, tanto en los ho
como en las mujeres
2) La segunda razón que puso freno al potencial sedicioso de la revolución del amor fue el pod
educativos y capital financiero de las personas, que en su condición matrimonial o su vida sexual.
3) El tercer factor que quitó la prioridad dada a los sentimientos fue la poca confiabilidad del contro
natalidad y la dureza con que era castigada la ilegitimidad. Para los sesenta el control de la natali
hizo lo adecuadamente fiable de manera que el temor al embarazo no determinaba la conducta sex
las mujeres. A mediados de los 50 desapareció la categoría de hijos adulterinos e incestuosos, te
los mismos derechos que los naturales o extramatrimoniales es decir aquellos cuyos padres no qu
casarse., pero recién en 1985 aparece la plena igualdad entre los hijos, esta igualdad ya se había l
en EE.UU. en la década de los 70 Teniendo en cuenta el principio fundamental de "no dañar a o
ordenamiento persigue la armonía y la igualdad para la convivencia social
4) La subordinación legal y económica que tenían las mujeres respecto a los hombre
dependencia doméstica que tenían los hombres respecto a las mujeres fue el cuarto factor que
durante tanto tiempo que la gente decidiera casarse y permanecer unidad. Pero entre l970 y 19
mujeres ganan autonomía legal y van rumbo a la autosuficiencia económica. Asimismo la aparic
comidas envasadas, el uso de electrodomésticos como el microondas o el lavavajillas, las telas
necesitan planchado, permitieron que el hombre se independizara de la mujer para la realizac
tareas hogareñas.
Desaparece entonces esta presión social para el casamiento como así también para manten
relación duradera.
Hoy en día estamos viviendo una revolución histórica que ha liberado a algunas personas de los p
que debían cumplir en la sociedad según lo marcaba la tradición, se han desarmado sistemas de
tradicionales y se han abolido algunos patrones de conducta sin establecer otros que los reemplace
Vemos una vez más que los beneficios que origina el cambio social en algunos aspectos de
suelen ser intrínsecos de las pérdidas que provocan en otros.
Vemos así que mucha gente puede construir matrimonios satisfactorios y estables sobre esta
base, pero muchos otros llevan sus vidas y construyen sus compromisos personales fuera de matri
Lo que podemos observar hoy en día es que cuando un matrimonio moderno es estable, lo
un modo mucho más atrayente que en el pasado. Los matrimonios modernos ya no fijan dos
de bienestar uno para el hombre y otro más bajo para la mujer y los hijos. Desaparece la doble m
la que se hacía la vista gorda ante el adulterio del hombre y se condenaba a la mujer que había
una relación extramatrimonial.
Las personas casadas de los países occidentales en general tienen vidas más satisfactorias y
están más protegidas contra los reveses económicos y contra la depresión psicológica que aquell
han optado por cualquier otra manera de vivir.
El matrimonio continúa siendo la más elevada expresión del compromiso que existe en nuestra cu
no se puede disociar de las expectativas de responsabilidad, fidelidad e intimidad que se aso
este compromiso.
Si bien hoy en día no hay un conjunto de reglas claras sobre lo que le corresponde hacer a ca
dentro del matrimonio, lo que sí está claro es el conjunto de reglas de lo que no se debe hacer
Así también la sociedad tiene un claro conjunto de reglas sobre cómo deben relacionarse las pe
ajenas a la pareja con cada miembro de un matrimonio. Estos códigos y expectativas originan un n
pronóstico y de seguridad que nos facilitan la vida cotidiana.
En general los otros acuerdos de convivencia son tratados como situaciones temporales por m
sean de larga duración.
Las familias divorciadas reciben el mote de “desarticuladas” cuando en realidad pueden haber logr
buen equilibrio.
Hasta hace poco se llamaba ilegítimos a los hijos nacidos de padres no casados y así se los tratab
y socialmente.
Las relaciones entre una pareja que cohabita sin casarse puede ser pasada por alto tanto por am
familiares como por la ley.
Por el contrario el matrimonio ofrece una imagen pública de reconocimiento y respeto.
Las mismas libertades personales que le permiten a alguien esperar más de la vida de casado, s
que también le permiten sacar mayor beneficio de permanecer soltero, aumentando así las posibi
de elección de continuar viviendo en pareja o separarse.
El matrimonio cuando funciona bien tiene notables beneficios sobre la soltería, pero cuando no fu
desaparecen los beneficios y estas personas son más desdichadas y están más pertu
psicológicamente que los que permanecen solteros o eligen la separación.
Las mujeres que padecen un mal matrimonio enfrentan más riesgos que los hombres En e
del hombre aunque su matrimonio sea infeliz obtienen siempre algún beneficio relativo a su
en comparación con el hombre soltero. Pero la mujer casada infelizmente no tiene
compensaciones. Las esposas desdichadas tienen promedios más elevados de depresión
abuso de alcohol que las solteras. , asimismo bajan sus defensas inmunológicas y se el
nivel de colesterol
Hoy que ya no existen las compulsiones económicas y sociales que en el pasado obliga
matrimonio, es importante que se comience la relación como amigos y que se la co
construyendo sobre la base del respeto mutuo “Amor , respeto y negociación tiene
reemplazar las viejas reglas rígidas”, dice las psicólogas Betty Carter y Joan Peters.
Hoy las parejas eligen casarse más tardíamente acarreando una mayor experiencia de vida y m
intereses y aptitudes previamente adquiridos lo que hace muy difícil la fusión de sus intere
creencias, por lo que deberán aprender a vivir con sus diferencias.
1.Aceptar las diferencia no implica conformarse con lo que imponga el cónyuge .Ya no es
proponían los psicólogos de la década del 50 cuando dirigían sus consejos únicamente a las es
hoy la aceptación debe ser un camino de doble mano, debe basarse en un auténtico resp
compañerismo y no en el interés fingido que propiciaban los manuales de los cincuent
recomendaban a la esposa simular interés en el trabajo de su marido y al esposo simular interés
que la esposa había hecho durante el día.
Hoy en día las presiones externas que antes mantenían la cohesión en la pareja deben ser reempla
por la permanente inversión emocional.
2.Los esposos deben responder positivamente a los requerimientos de cambio de sus esp
debido a que durante años el matrimonio se organizó de maneras que reforzaban la sumisión fem
todos hemos heredado hábitos inconscientes y expectativas emocionales que eternizan las desve
que implica el matrimonio para la mujer., aún sigue siendo cierto que cuando una mujer se c
encarga de más tareas domésticas que las que cumplía antes de casarse y el hombre que se cas
menos tareas que cuando era soltero., el tiempo libre de la mujer disminuye y el del hombre aumen
De acuerdo al investigador psicológico John Gottman si un hombre responde positivamente a la de
de cambio de su esposa, éste es uno de los mejores indicadores de que la pareja permanecerá u
tendrá un matrimonio feliz. No resulta provechoso que la mujer permanezca en silencio por te
provocar un conflicto., negarse a contestar cuando el cónyuge solicita cambiar algún aspecto
relación pone en serio riesgo al matrimonio.
Permanecer juntos y resolver los problemas es una elección consciente que nada tiene que v
resignarse a lo inevitable.
Hoy las decisiones referidas al matrimonio y la vida familiar se toman en la esfera de los ind
implicados y no en la de la sociedad en su conjunto.
Sthphanie Coontz viene a proponer una secuencia histórica de tres modelos de matrimonio
1). Desde los primeros homínidos hasta 1750, el modelo premoderno estuvo basado e
estrategia de ampliación del capital social, (o redes de parentesco político), siempre decidida
familias de los contrayentes sin contar apenas con la voluntad de éstos.
2) Desde 1750 hasta 1968, el modelo moderno estuvo basado en el emparejamiento libre
elegido por los contrayentes, pero con una radical especialización asimétrica de sus
complementarios: el marido proveedor y la esposa dependiente.
3) Y por fin, el modelo actual también está basado en la libre elección, pero ahora con r
simetría igualitaria entre sus miembros gracias a la reciente y progresiva independencia económ
las mujeres
El síndrome del príncipe azul., esto es el amor romántico, produjo en el siglo XVIII la transición de
matrimonio por interés familiar al matrimonio por libre elección Asistimos hoy a la transició
emparejamiento simétrico entre libres e iguales en nombre del amor, siendo la pareja homosexual s
extremada expresión. Lo que ocurre es que si en aquella primera fase el amor servía de co
para la estabilidad de un matrimonio fundado en la dependencia femenina del marido prov
vemos hoy que la fugacidad de ese mismo amor actúa de disolvente de un matrimonio que
tornado muy inestable porque ya no depende de la dominación masculina, sino de algo má
como es la identificación entre ambos consortes. Y el resultado es la privatización del amor, qu
de estar sometido al escrutinio público y pasa a quedar sometido, para bien y para mal, a la nego
emocional en la intimidad de la pareja, como el mejor camino para construir la felicidad interperson
corriendo el grave riesgo de abuso de poder, disolución traumática o maltrato familiar.
El matrimonio ha cambiado más en los últimos 35 años que en los anteriores 3.500., el matrimonio
convertido en una relación personal mucho más fuerte que en el pasado, pero también e
institución más débil como consecuencia del mismo proceso. Las mismas cosas que lo han con
en una relación más justa, plena e íntima que en cualquier otro momento de la historia
hecho más frágil, haciendo que sea una opción más, lo que hace muy difícil que la gente lo a
cuando no cubre todas sus expectativas.
En el pasado muchos matrimonios estaban basados en el interés y la mayoría de las sociedades
hostiles a la idea del matrimonio por amor y compañerismo.
El matrimonio era entonces una forma de organizar el trabajo y el derecho a la propiedad, así com
forma de confirmar el poder del hombre sobre la mujer.
Los más conservadores pensaban que la idea de elegir una pareja por amor traería consigo la anar
Cómo podrían los padres y la comunidad impedir que la gente joven se equivocara al casarse? ¿
podrían impedir que las parejas infelices se divorciaran? Y lo que es peor, si el matrimonio se bas
el amor, ¿cómo se sostendría el dominio de los maridos sobre sus esposas? Temían que e
supusiera la muerte del matrimonio, y en parte tenían algo de razón. Pero durante 150 a
peligro que veían en el amor se controló con la escasa consideración que se tenía a los hijos ilegítim
ausencia de un control de la natalidad fiable y la dependencia económica y legal de las mujeres
Según explica Coontz, todas las formas de matrimonio, incluso las que han despertado más polém
existieron a lo largo de la historia. ¿Nos queda algo por «inventar» respecto a esta institución? ¿
evolucionará la relación de pareja?
Si observamos bien lo que ha ocurrido vemos que lo único realmente nuevo es el hecho d
muchas mujeres tienen hoy la independencia económica y el derecho legal para rechazar c
si no encuentran un compañero adecuado o para dejar a su pareja cuando se sienten infelic
que hombres y mujeres llegan al matrimonio con los mismos derechos.
Los viejos hábitos y expectativas han de cambiar para que el matrimonio funcione. Hom
mujeres necesitan ser mejores amigos que en el pasado y también han de tener habilidad
negociación que hasta ahora no eran necesarias porque el hombre tenía todo el control
matrimonio.
A medida que la mujer va ganando protagonismo en la sociedad, el modelo de matrimonio va cam
y en consecuencia cambia el estilo de familia tradicional
Hoy las mujeres pueden retrasar el matrimonio y controlar su fertilidad de una manera que
posible en el pasado. Muchas mujeres están incluso mucho más comprometidas en su propia edu
y en su trabajo. En todo el mundo la tasa de natalidad está cayendo y la edad a la que se c
matrimonio está aumentando. Irónicamente, en los países donde el hombre sigue siend
tradicional, las mujeres son mucho más reacias a casarse. Las mujeres pueden optar por tene
sin marido o incluso por no tener descendencia.
Antiguamente la Iglesia sostenía que si una pareja se hacía promesa de matrimonio, independiente
del lugar donde lo hicieran y si había o no testigos, estaban casados., lo que permitió que a
jóvenes rechazaran los matrimonios concertados por sus padres alegando que ya estaban casados
La Iglesia católica fue más tolerante con el matrimonio por amor que los antiguos protestant
embargo en ambos ritos se enfatizaba el deber de las esposas de obedecer a sus maridos y el
jóvenes a respetar los deseos de sus padres.
A partir de las décadas comprendidas entre 1950 y 1970, un cúmulo de circunstancias produ
cambio radical cuyas consecuencias están hoy a la vista de todos
En 1959 en Estados Unidos casi la mitad de las mujeres de diecinueve años estaban casadas, y en
de veinticuatro el setenta por ciento ya no eran solteras. Chicos y chicas se casaban más jóvene
Norteamérica el índice de divorcios no llegaba a la mitad de los registrados en los años cuarenta
Como escribe Coontz, “el matrimonio era sencillamente el primer y último propósito de la
En estos años el modelo conyugal a seguir estaba compuesto por el “marido proveedor
“esposa ama de casa”. Todo parecía perfecto pero, este modelo no se sostenía, las m
acumulaban demasiada presión. El índice de divorcios aumentó más del cien por cien entre
1979. Al desinstitucionalizarse en gran medida el matrimonio se producen los cambios qu
son bien conocidos.
Como lo revelara The New York Times a fines de enero de 2007 tras analizar los resultados del
Nacional, por primera vez en la historia el porcentaje de mujeres no casadas supera al d
contrapartes en una relación de 51 a 49 por ciento. En 1950, la relación era 35-65 y en el 2000,
Este fenómeno coincide con otro de registro reciente, según el cual, por primera vez, los h
tradicionales (parejas viviendo en matrimonio) se han convertido en minoría. La investigación est
que solo el 49,7% de los hogares norteamericanos -52,2 millones sobre 111,1 millones- e
formados por parejas casadas.
Entre los factores que pueden mencionarse como causantes de esta declinación, figura el
de que las mujeres eligen casarse más tarde o viven con su pareja sin formalizar la unión; q
mujeres viven hoy vidas más prolongadas y que tras un divorcio tienen, por lo visto, menos
que los hombres por volver a casarse.
Pero lo que esta tendencia muestra, sobre todo, es que las transformaciones sociales, las dem
económicas, la moral predominante y la influencia de los valores religiosos que antes forta
el matrimonio, se están debilitando y que otras formas de organización familiar
reemplazando las estructuras tradicionales.
Si bien las principales religiones insisten en considerar al matrimonio como una unión o un c
forjado ante los ojos de Dios, la sanción de leyes que otorgan un valor similar a la cohabitac
una mayor tolerancia social arrojan como resultado una pérdida de centralidad de
institución
Hoy en día, la figura del hombre, primero como conquistador y luego como proveedor del s
financiero de la pareja, está desapareciendo a medida que la mujer ha ido asum
cómodamente ambos roles
Las mujeres están descubriendo que la libertad que da la soltería es, por lo visto, un bien m
más preciado que el pequeño anillo matrimonial.
Y qué pasa en nuestro país?
En la Ciudad de Buenos Aires, cada dos parejas que se casan, una se divorcia. Es una tendencia
acentuó en los últimos años y, si se mantiene la tasa de crecimiento, los expertos pronostican que
estados civiles empatarán uno a uno en la próxima década.
Según informan las estadísticas del Registro Civil porteño, entre los años 2000 y 2003 se an
divorcio cada tres casamientos. Durante 2004 y 2005 la brecha se achicó porque la cantid
separaciones llegó a representar la mitad de los casamientos.
Y en la provincia de Buenos Aires, entre enero y mayo del 2005 la cantidad de divorcio
igualó a la de los casamientos
La familia "legal" arrastra también su crisis. De acuerdo con los datos del Censo 2001, el 21%
parejas porteñas convive sin casarse y más del 80% de los "reincidentes" tampoco "firmó los pa
con su nueva pareja
Las tendencias registradas en juzgados porteños y en las ONG''s dedicadas al tema indican q
parejas que se divorcian ahora son más jóvenes —tienen entre 35 y 45 años—, el promed
duración de sus matrimonios se redujo a la mitad —antes lo hacían tras convivir 20 años y ah
superan los 10— y tienen hijos chicos. Incluso, explican, muchas parejas esperan hasta cumplir l
años obligatorios que fija la ley para obtener el divorcio vincular
Cada vez más parejas quieren testear si funcionan bien viviendo juntos antes de pasar
Registro Civil. Se trata de una suerte de prueba piloto muy común en la clase media que,
transcurrir del tiempo, se fue transformando casi en un hábito
La Iglesia sostiene, además, que las leyes de divorcio terminan fomentándolo. "La perspectiv
de un posible divorcio es, quiérase o no, un factor que pesa psicológica y moralmente sob
cónyuges, introduciendo en sus relaciones un elemento de incertidumbre (...); las dificultades na
tienden a ser consideradas demasiado fácilmente como insuperables", escribieron obispos chilenos
Sin embargo cada vez son menos los clérigos que rechazan a ultranza una separación. Esta
comprensiva queda plasmada en el creciente acompañamiento espiritual a los separados., Aún cua
comunión sigue vedada para los divorciados, hay muchos grupos parroquiales que se ocupan de el
Es bueno reflexionar sobre si evitar el matrimonio no sea más que el desafío a una cost
ancestral o, peor aún, la mal entendida rebelión contra un mandato.
También resultaría conveniente escuchar a quienes, casados con papeles o concubinos conve
cuentan su dolor tras separarse. Advertiremos que la pena es la misma, y que no hay modernism
valga cuando la cosa no funcionó y hubo que hacer las valijas. Si bien es cierto que la bendita
roja no garantiza la felicidad, también sabemos que la ausencia del "sí, acepto" no prote
fracaso, que resulta ser la separación más allá de los papeles
Dra. Marta S.