¿ALCANZA LO HECHO PARA PREVENIR EL ABUSO SEXUAL
INFANTIL?
Analia Verónica Losada
A lo largo de casi un siglo de abordaje del abuso sexual infantil se han brindado
estrategias de atención, debates acerca de tratamientos eficaces e incluso se las ha dicho
a sus niños frases como tu cuerpo es tuyo y nadie puede tocartelo. Sin embargo en las
paginas venideras se presentan investigaciones que dan cuenta de una prevalencia
promedio de alrededor del 20 % en mujeres y casi un 10% en varones. Estos procentajes
no se han modificado con el correr de los años, es decir que lo realizado hasta el momento
no ha generado una disminución de la población afectada.
El abuso sexual infantil no es un problema reciente. A lo largo de la historia se ha
manifestado. Los malos tratos a la infancia son una constante histórica, que se producen
en todas las culturas y sociedades y en cualquier estrato social (Casado Flores et al.,
1997). No se trata de hechos aislados sino de un problema universal y complejo, resultante
de una interacción de factores individuales, familiares, sociales y culturales (Ingles, 1991;
Echebúrua et al., 2005; Losada, 2008; Losada, 2010).
El abuso sexual infantil es un problema frecuente en todas las sociedades y culturas. Sus
efectos negativos muestran la gravedad e ilustran las necesidades profesionales de un
mayor conocimiento al respecto. La incidencia y prevalencia del abuso sexual infantil
como conceptos estadísticos usados en epidemiología aportan la distribución y evolución
de la problemática en la población. Se entiende por incidencia el número de casos
denunciados o detectados por autoridades oficiales en un período determinado,
habitualmente en un año (Runyan, 1998; Wynkoop et al. 1995).
Goldman y Padayachi (2000) plantearon la existencia de problemas metodológicos en la
estimación de la incidencia y la prevalencia en la investigación del abuso sexual infantil.
Sostuvieron que la investigación del abuso sexual infantil está cargada de problemas
metodológicos, y ofrecieron un repaso de algunos de sus aspectos más comunes. Las
inconsistencias de las definiciones son frecuentes, incluso la del abuso sexual infantil
mismo y los límites de edad que definen a un niño. Otras de las dificultades metodológicas
que han hallado son la determinación del número de niños víctimas de abuso sexual
dentro de un período de tiempo determinado, la elección de la muestra, el tipo y número
de preguntas a incluir, los factores dentro de un período histórico tal como la publicidad,
y las estimaciones de la tasa de incremento del abuso sexual infantil con el paso del
tiempo. Sugirieron una mayor consistencia, particularmente en las definiciones, para
contribuir a que las conclusiones comparativas sean menos ambiguas y de mayor validez.
Finkelhor (1970) realizó un estudio en el que preguntaba por experiencias pasadas a 796
estudiantes universitarios. Encontró que: el 9% de los varones y el 19% de las mujeres
habían sido abusados sexualmente en su infancia. Según Finkelhor (citado por Cantón
Duarte y Cortés Arboleda, 2000), en otro estudio que abarcó 21 países, se encontró que
el 7 % de las mujeres y el 3 % de los varones sufrieron abusos durante su infancia.
Leventhal (1988) evaluó si se produjeron cambios en la epidemiología del abuso sexual
infantil durante el siglo XX realizando una comparación entre los resultados de la
encuesta llevada a cabo por Alfred Kinsey y sus colegas en los años 40 efectuada a
mujeres en los Estados Unidos, la mayoría de las cuales habían nacido entre el año 1900
y 1929, y los resultados de los estudios más recientes de la epidemiología del abuso
sexual. En el estudio de Kinsey, el 24% de las 4441 mujeres encuestadas reportaron al
menos un episodio de abuso sexual antes de la adolescencia, en el 49% de los casos, el
abusador era un desconocido. Estos hallazgos se compararon con los resultados de las
más recientes encuestas epidemiológicas, en especial con el estudio de Russell llevado a
cabo en la ciudad de San Francisco en el año 1978. Feldman et al. (1991) plantearon una
controversia acerca del abuso sexual infantil sobre si el incremento en las tasas de los
casos denunciados refleja un verdadero incremento en la prevalencia. En este informe, se
compararon los datos recopilados en los años 70 y en los 80 con respecto a los de los años
40. Los autores, haciendo uso de criterios predeterminados para la calidad de la
información, las definiciones más comunes del abuso sexual infantil y el diseño de
investigación, examinaron el informe de Kinsey publicado en el año 1953 y 19 estudios
de prevalencia informados durante los últimos 10 años. La variabilidad entre los
evaluadores fue de 97 para cada trabajo. A pesar de las diferencias en los diseños de
estudio y las poblaciones encuestadas, donde las definiciones de abuso sexual infantil
eran similares, los estudios más recientes con la metodología más convincente informó
cifras de prevalencia similares a las de Kinsey en los años 40, por ejemplo, del 10% al
12% de niñas menores de 14 años. De este modo, según los autores, pareció ser que el
incremento en la denuncia del abuso se debe más a los cambios que se produjeron en la
legislación y en el clima social que a un verdadero incremento en la prevalencia.
Glasgow et al. (1994) describieron un estudio realizado sobre todos los niños que fueron
presuntamente abusados sexualmente por niños en la ciudad de Liverpool durante un
período de 12 meses. Estudiaron la naturaleza de las evidencias en las acusaciones y se
designan como “el más fuerte” o “el más débil”. Las cifras de incidencia anual de niños
investigados como posibles o probables abusadores de otro niño se calculan sobre ésta
base: el agrupamiento sistemático por edades de niños perpetradores se extiende a un
agrupamiento de edad muy similar de los presuntos perpetradores adultos. Un adolescente
es más que doblemente probable sospechoso de haber perpetrado un abuso sexual infantil
y haber sido victima a la vez que ningún otro grupo comparable de edades. Esto enfatizó
la gravedad de una perspectiva de desarrollo en la agresión sexual a lo largo de la vida.
En España Arruabarrena y De Paúl (1999) destacaron la carencia de estudios
longitudinales y la mayor parte de las investigaciones sobre factores de riesgo emplean
muestras de sujetos previamente detectados como maltratadores o como víctimas, sujetos
que informan, con frecuencia retrospectivamente, de episodios de maltrato o de
circunstancias personales o contextuales y que las dificultades son en parte metodológicas
López, Carpintero et al. (1995) confeccionaron una revisión de la literatura internacional
acerca de los abusos sexuales y una investigación realizada por los mismos autores en
España. En dicha investigación entrevistaron a 2000 adultos españoles, una muestra
representativa estructurada por comunidades autónomas, edad y sexo a los que se pedía
información retrospectiva. Todas las investigaciones demostraron que los agresores
suelen ser varones, una alta prevalencia de los abusos sexuales, tanto en chicas (entre el
20% y el 25%) y en chicos (entre el 10 % y el 15%) y que éstos se repiten en casi la mitad
de los casos y que tienen efectos importantes a corto plazo (en aproximadamente el 70%
de los casos) y a largo plazo (en aproximadamente el 30% de los casos). Por ello
plantearon la necesaria y urgente prevención, llevando a cabo programas con padres,
profesionales y niños. A la vez los autores mostraron su preocupación, ya que sostuvieron
que gran parte de los casos no se denuncia.
El abuso ocurrió fuera de casa, involucraba penetración y sucedió más de una vez. Las
secuelas fundamentales fueron estrés psicológico, abuso de sustancias y problemas en la
esfera de la sexualidad. Y concluyeron, como resumen que el abuso sexual a chicos es
común, pero no informado, no conocido y no tratado. Sustentaron que el abuso sexual
infantil es una patología muy frecuente, puesto que tiene una incidencia anual de 0,5 casos
por 1.000 niños, y una prevalencia durante la etapa de 0 a 18 años de uno de cada seis
chicos y una de cada cuatro chicas. Además destacaron que el abuso muchas veces no
sale a la luz, debido al sometimiento del niño y a que no deja lesiones, o a que cuando
acude al médico éstas han curado, o a que son de difícil diagnóstico.
En un estudio danés Riis, Bodelsen y Knudsen (1998) encontraron una incidencia en 1993
de 300 casos de violencia infantil, de los que 55 eran abuso sexual, en una población de
111.000 niños de 0 a 17 años, lo que supone una incidencia anual de nuevos casos del
0,5%.
Rodríguez Cely (2000) expresó que algunas estadísticas referidas al porcentaje de
denuncias que fueron ofrecidas por el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias
Forenses, el cual reportó a nivel nacional colombiano 11.791 reconocimientos médicos
para delitos sexuales en 1998, observándose un incremento de 4.8% (572) con respecto
al año anterior. La tasa anual también se incrementó, pasando de 28 a 29 casos por cada
100 habitantes. Del total de reconocimientos, 9.966 (84.5%) correspondieron a menores
de edad, encontrándose las mayores tasas en los grupos de 10 a 14 años (83 x 100.000),
15 a 17 años (71 x 100.000) y 5 a 9 años (62 x 100.000). Rodríguez Cely comentó que
los menores de 4 años de edad estaban entre los más afectados, pues debido a su nivel de
desarrollo evolutivo presentan limitantes para la queja y la denuncia. Este grupo
probablemente fue el que acumulaba el mayor número de casos no reportados, debido a
sus condiciones de indefensión, a su nivel de dependencia del adulto, y a su limitación
para identificar y denunciar el hecho. Otros porcentajes importantes fueron los referidos
a las evaluaciones. De éstos hallaron que entre 1995 y 1998 más del 87% de los
dictámenes se realizaron al género femenino (1995: 87%, 1996: 88%, y 1997: 87%); sin
embargo, para 1999 este porcentaje bajó al 70%, observándose un incremento en los casos
evaluados en el género masculino. Del total de dictámenes realizados en Colombia, sin
incluir a Bogotá, a menores de 15 años (6.190), en el 100% de los casos identificaron el
tipo de agresor, correspondiendo el 33% a un familiar (padre, padrastro, tío, primo, etc.),
el 46% a otro conocido (para la víctima o para la familia) y el 21% a un desconocido. El
Instituto Colombiano de Bienestar Familiar es una entidad que recibe denuncias sobre
Abuso Sexual Infantil y reportó sobre la incidencia de esta problemática que a inicios del
año 2000 se ubicaron alrededor de 25.000 niños, niñas y jóvenes explotados sexualmente,
de los cuales 14.400 han sido atendidos por esta institución en sus distintas modalidades.
Según los datos mencionados, el investigador señaló que se pudo percibir que día a día
aumenta el número de víctimas de abuso sexual infantil, lo que conlleva implicaciones
individuales, familiares y sociales. El abuso sexual infantil representa uno de los más
importantes problemas que atenta contra la estabilidad social debido a su potencial de
destrucción, dado que promueve y genera nuevos círculos de violencia que obstaculizan,
distorsionan y alteran el desarrollo integral de los individuos.
Oaksford y Frude (2001) analizaron la prevalencia y la naturaleza del abuso sexual
infantil en una muestra tomada en una Universidad de Mujeres en el Reino Unido.
Sostuvieron que si bien el abuso sexual infantil es un problema internacional de
consideración, la evidencia respecto a su prevalencia en el Reino Unido es
extremadamente escasa. El objetivo de este estudio fue establecer una estimación de la
prevalencia y la naturaleza del abuso sexual infantil en el Reino Unido, utilizando una
muestra de estudiantes universitarias. De las 213 estudiantes que completaron los
cuestionarios, 28 habían sido víctimas de abuso sexual, arrojando una tasa de prevalencia
del 13,14%. También obtuvieron información acerca de la naturaleza del abuso. Estos
resultados muestran que una importante proporción de estudiantes mujeres en el Reino
Unido, que aparentemente no tienen dificultades con sus estudios terciarios, fueron
víctimas de abuso sexual durante su niñez. Se discuten las implicaciones respecto a los
beneficios de las tasas de prevalencia.
Made (2001) realizó una investigación sobre la prevalencia y los patrones de abuso sexual
infantil y la relación víctima-agresor dentro de una muestra de estudiantes universitarios.
Setecientos veintidós estudiantes de psicología de las Universidades de África del Norte
y del Sur, completaron un cuestionario retrospectivo de auto evaluación en el ámbito
áulico. El cuestionario indagaba acerca de las formas del abuso sexual infantil, las
relaciones víctima-agresor y una auto evaluación de la niñez. Los resultados mostraron
una tasa de prevalencia general de abuso sexual infantil del 25,6%; el 21,7% para hombres
(n = 244); el 23,7% para mujeres (n = 465). El 18,2% fueron besados sexualmente, el
13,6% fueron tocados sexualmente, el 8,7% informaron haber tenido sexo oral-genital y
coito vaginal y/o anal. La mayoría de los agresores eran conocidos por sus víctimas.
Muchas de las víctimas (el 83% de los hombres y el 68,2% de las mujeres) no se
consideraban sexualmente abusados durante su infancia y la mayoría calificó su niñez
como “normal” (el 41,3% de las mujeres y el 48,9% de los hombres) o como “muy feliz”
(el 41,3% de las mujeres y el 40,4. % de los hombres). El autor recomendó más
investigación, publicidad y campañas contra el abuso sexual infantil en África alertando
de la gravedad de la problemática por el gran número de casos detectados.
MacMillan et al. (1997) llevaron a cabo un trabajo en la provincia Ontario, Canadá en el
que encuestaron a 9.953 personas de más de 15 años a cerca de padecimientos de abuso
sexual infantil. Sostuvieron que hay documentación comprobada de que los informes
oficiales subestimaron seriamente toda la extensión del maltrato infantil. Describieron la
investigación realizada entre residentes de Ontario y establecieron que la exposición al
maltrato físico infantil en el pasado, era de 31% entre los varones y 21% entre las mujeres;
y las tasas de maltrato sexual eran de 4,3% entre los varones y 12,8% entre las mujeres.
Trocmé et al. (2001) analizaron el Estudio Canadiense de Incidencia, una investigación
realizada a nivel nacional, con informes oficiales sobre maltrato infantil y casos de
negligencia, estimó que en Canadá, en el año 1998, se reportaron 21,52 casos por cada
1.000 niños.
Pou et al. (2001) con el objetivo de describir los hallazgos clínicos en los niños atendidos
en una unidad de abusos sexuales infantiles llevaron a cabo una revisión retrospectiva de
las historias de los pacientes con sospecha de abuso sexual atendidos en el hospital San
Juan de Dios de Barcelona desde enero de 1992 hasta abril de 2000. Recogieron las
variables edad, sexo, necesidad de atención urgente, vía de llegada, mecanismo de
descubrimiento, separación conyugal en los padres, anamnesis, hallazgos físicos y
exploraciones complementarias. En los casos con alta probabilidad de abuso se
recogieron los datos de la identidad del agresor, lugar del abuso, duración y tipo de abuso
cometido. La principal vía de llegada fue la familia, fundamentalmente la madre, en un
34% de los casos. La sospecha de un profesional, principalmente el médico en un 27%,
los servicios sociales en un 19%, el juzgado en un 11%, la policía en un 7,3% y otras vías
en el resto de los casos. Estudiaron 704 casos. El 75 % eran niñas. El relato del niño fue
la forma más frecuente de descubrimiento del abuso (51%), por indicios físicos en el 17%,
por indicios de anomalías en el comportamiento en el 14%, por indicios sociales en el
11%, por la existencia de un ambiente de abuso en el 6% y el resto de los casos por
descubrimiento en el acto. El abusador fue en el 92% de casos un varón. Los tocamientos
fueron la forma más frecuente de agresión y en el 25% el abuso duró más de un año. Los
investigadores concluyeron sosteniendo que el diagnóstico de abuso sexual es difícil y se
basa casi siempre en el relato del niño. El rendimiento de la exploración y de las
exploraciones complementarias es muy bajo.
Avery et al. (2002), realizaron la revisión de los casos de un refugio para mujeres
golpeadas y sus hijos. Este estudio exploratorio investigó la asociación entre el maltrato
físico, la exposición a la violencia doméstica y la ocurrencia de abuso sexual infantil
intergeneracional. Examinaron los cuadros de 570 niños con el objeto de explorar la
relación existente entre las experiencias de los niños que padecieron abuso sexual y la
propia historia del padre que no abusó de ellos pero que también fue víctima de abuso
sexual. Por otra parte, encontraron que la mayoría (93%) de los niños estudiados habían
estado expuestos a hechos de violencia doméstica y, mientras que la tasa de abuso sexual
era relativamente baja (11%), la tasa de maltrato físico infantil era considerable (41%).
Los resultados de regresión logística indicaron que los hijos de padres no agresores
víctimas de abuso sexual se pueden encontrar en mayor riesgo de abuso sexual. Las
implicaciones para el tratamiento y la intervención están en discusión.
Dong et al. (2003) presentaron un informe sobre el resultado de una encuesta de salud
respecto al abuso sexual infantil que llevó a cabo el Centro Nacional para la Prevención
de Enfermedades Crónicas y Promoción de la Salud y Kaiser Permanente en los Estados
Unidos. Revelaron que entre los 17337 miembros adultos de los planes de salud, el 25%
de las mujeres y el 16% de los hombres habían sido víctimas de abuso sexual en su niñez.
Destacaron que tanto las niñas como los niños eran vulnerables al abuso sexual.
En Corea del Sur, Hyun-Sil Kim y Hun-Soo Kim (2005), con objeto de identificar la
prevalencia del incesto entre adolescentes coreanos y determinar los problemas
familiares, las dinámicas familiares percibidas y las consecuencias psicológicas asociadas
con el incesto en su país, realizaron un estudio transversal con la utilización de un
cuestionario auto informado anónimo. Seleccionaron un total de 1672 adolescentes, entre
los cuales 1053 eran estudiantes y 619 eran delincuentes, utilizando un método de
muestreo aleatorio proporcionalmente estratificado. Los resultados arrojaron un 3,7% de
prevalencia de incesto en la población coreana evaluada. Las familias dentro de las cuales
se producía el incesto se caracterizaban por el alto grado de problemáticas, tales como
desórdenes psicóticos, depresión, actos delictivos y alcoholismo entre los miembros de la
familia. Los adolescentes victimas de incesto demostraban ser más significativamente
disfuncionales y no saludables en términos de la dinámica familiar y manifestaban
patrones de problemática psicológica significativamente mayores a los de los
adolescentes no victimizados.
Theodore et al. (2005) expusieron que el maltrato infantil constituye una grave
problemática social y de salud pública en los Estados Unidos. Llevaron a cabo un estudio
con el objetivo de describir las características epidemiológicas del maltrato físico y el
abuso sexual en niños, basados en los auto-informes realizados por las madres. Se
realizaron 1435 encuestas telefónicas anónimas a madres con hijos de entre 0 y 17 años
en Carolina del Norte y del Sur. Se les preguntó a las madres sobre comportamientos
potencialmente abusivos por parte de ellas, de sus esposos o compañeros en el contexto
de otras prácticas disciplinarias. También se las interrogó acerca de si tenían
conocimiento de que sus hijos podrían haber sido víctimas de abuso sexual. La incidencia
del maltrato físico que se determinó por medio de los auto-informes realizados por las
madres, fueron 40 veces mayor que los informes oficiales de maltrato físico infantil; y la
incidencia de abuso sexual fue 15 veces mayor.
Redondo Figuero y Ortiz Otero (2005) expusieron que el abuso sexual siempre ha
existido, tanto en las culturas más primitivas, como en las más desarrolladas y en
cualquier nivel económico y sociocultural. En los países desarrollados, aproximadamente
a partir de 1960, se comenzaron a promulgar leyes que exigían la denuncia de sospecha
de maltrato infantil y negligencia y posteriormente se ampliaron a la sospecha de abuso
sexual. En el estudio López, Carpintero, Hernández, Martín y Fuertes (1995) llevado a
cabo en España con personas mayores encuestadas sobre sus experiencias en la infancia,
donde se reveló que las mujeres entre el 20% y el 25% y en chicos entre el 10 % y el 15%
sufrió abusos sexuales durante la infancia.
Martínez Linares et al. (2005) realizaron en Cuba una investigación para determinar la
frecuencia con la que niños y adolescentes resultaban víctimas de abuso sexualLas
adolescentes de 11 a 15 años de edad y procedencia urbana fueron las más afectadas.
Sostuvieron que las estadísticas mundiales indican que el abuso sexual infantil representa
un importante problema social y de salud en numerosas regiones, pese a que se ha
demostrado la existencia de un subregistro del fenómeno. España y EEUU reportaron que
alrededor del 20 al 25% de las niñas y del 10 al 15% de los niños sufren algún tipo de
abuso sexual antes de los 17 años. Exploraron sobre la existencia en las víctimas o en el
medio donde éstas se desarrollan de un grupo de factores que varios autores consideran
como situaciones condicionantes para la ocurrencia del delito: sexo, edad, antecedentes
de otros tipos de maltrato infantil, alteraciones de la estructura familiar, nivel
socioeconómico y cultural bajos, violencia intrafamiliar, convivencia con padrastros u
hombres de la tercera edad; y toxicomanías con alteración de conciencia. Realizando el
desglose por sexos, se nota el marcado predominio de víctimas femeninas (91%). En la
distribución por edades resultó el grupo de 11 a 15 años el más afectado, con 58 casos,
55 mujeres y 3 varones (2,5%). De las condiciones que los autores notificaron como de
riesgo para la ocurrencia del abuso sexual, las más significantes en este estudio resultaron
ser: ser del sexo femenino (91%), tener entre 11 y 15 años de edad (48,3%), insuficiencias
económicas y culturales (44,2%), haber sufrido previamente otros tipos de maltrato
infantil (40%). El niño y el adolescente, con sus propias características de inmadurez
biológicas y psicológicas, son convertidos, en muchas ocasiones, en blanco de víctima de
abuso sexual. Quezada et al. (2006) exhibieron que en Chile se ha estimado que alrededor
de 1 de cada 10 niños sufre de abuso sexual y que la edad de mayor riesgo son los niños
y niñas entre 7 y 11años. Frente a ello, plantearon que es necesario prevenir la ocurrencia
del abuso sexual infantil, educando a los niños y niñas acerca de los peligros circundantes,
incentivándolos a buscar personas idóneas que puedan protegerlos y lo más importante,
acoger al niño y realizar acciones que tiendan a su protección en caso de que los abusos
ya hayan ocurrido.
Pereda Beltran (2006) halló una prevalencia del abuso sexual infantil del 15, 5 % de
varones y un 19% en mujeres en su estudio sobre una muestra de 1033 estudiantes de la
Universidad de Barcelona.
Mejía Montenegro (2010) en Nicaragua llevó a cabo un estudio realizado en niñas y
adolescentes que consultantes de los servicios de pediatría y ginecología, en busca de
atención médica a quienes en su anamnesis se encontró que eran víctimas de abuso sexual.
El 44% de las pacientes estudiadas fueron atendidas durante el año2008 y en el año 2009
el 56. La edad de presentación en el 73% fueron adolescentes, con un 41% en el grupo de
adolescentes tempranas y 32.4% adolescentes medias, procedentes en la gran mayoría del
área urbana. De las 34 pacientes, 11 fueron llevadas a la atención en el momento que se
produjo el abuso y de estas, 7 debieron ser llevadas a sala de operaciones para realizar
revisión ginecológica bajo anestesia y además reparación de lesiones, las restantes se
describieron lesiones crónicas y el motivo de consulta no fue el abuso sexual, siendo que
éste fue un hallazgo durante la anamnesis. El abusador fue alguien del entorno familiar
en el 80% y el hecho ocurrió en un lugar familiar tanto para la víctima como el abusador.
Manrique (2010) sostuvo que estas prácticas vienen desde los inicios de la humanidad y
han estado presentes durante toda la historia, siendo que en Perú es igualmente alta la tasa
de frecuencia de adultos que al ser entrevistados manifiestan recordar el haber sido
besuqueados o acariciados alrededor de la pubertad por amistades de su edad o por adultos
cercanos.
En España Cantón Cortés et al. (2011) llevaron adelante un estudio con una muestra
compuesta por 1.529 estudiantes de la Universidad de Granada de entre 18 y 24 años (M
= 19,43, DT = 1,63). Del total de participantes en el estudio, 163 mujeres (10,7%)
informaron haber sufrido algún tipo de abuso sexual antes de los 14 años. Por lo tanto, la
muestra final estuvo formada por 163 víctimas de abuso sexual infantil, con una edad
media de 19,69 .
Vasallo (2002) analizó el impacto del abuso sexual infantil en el ejercicio del rol materno.
En una población entrevistada compuesta por 50 mujeres que solicitaron ayuda
psicológica al servicio de salud mental de un hospital público de La Plata. La mitad había
sufrido abuso sexual infantil en la infancia y, de estas, la mayoría sufría violencia
conyugal en el momento de la consulta. Las edades oscilaban entre 24 y 61 años. En la
investigación se destacó que el 64 % de las mujeres abusadas tenían estudios secundarios
completos, y universitarios incompletos y completos. Al respecto de las consecuencias
del abuso, el 40 % relató desconfianza hacia los hombres; el 30 %, dolor psíquico; y el
10 %, que afectó su vida sexual. Dos de ellas ejercieron la prostitución. El 36 % dice
haber tenido trastornos en la alimentación; el 40 %, somatizaciones y el 20 %, depresión.
Las mujeres abusadas han tenido hijos, en el 35 % de los casos antes de los 20 años,
mientras que el 20 % de las no abusadas fueron madres después de los 20 años. En el total
de 50 mujeres, con 138 hijos, la investigación registró 6 hijas abusadas.
En el marco de la Capacitación Docente De Sostenimiento de Proyectos Escolares del
Ministerio de Salud del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires en el mes de octubre
de 2004 en el partido de Presidente Perón de la zona Sur del Gran Buenos Aires, la
Asociación Civil Bienestar realizó una encuesta anónima a los 1950 concurrentes, en su
mayoría mujeres (97%) y docentes (95%). Se les fue consultado si durante su infancia
habían padecido algún tipo de abuso sexual y en el caso de respuesta afirmativa si se
trataba de abuso intrafamiliar, extrafamiliar o ambos. Al respecto el 19% de las mujeres
y el 8% de los hombres refirieron episodios de abuso sexual durante su infancia. Dentro
de aquellos que habían sido víctimas de abuso sexual infantil el 58 % ha sido de carácter
intrafamiliar, el 38% extrafamiliar y el resto ambos (Losada, 2012).
En las Jornadas de Ginecología Infanto Juvenil, organizadas por la Sociedad Argentina
de Ginecología Infanto Juvenil y la Asociación de Obstetricia y Ginecología de Santa Fe,
realizadas en mayo de 2006, se concluyó que una de cada 5 mujeres y uno de cada 11
varones de la población total de la Argentina presentaron en su historia personal algún
tipo de abuso sexual (Asociación de Obstetricia y Ginecología de Santa Fe, 2006).
Shalom Bait y AMIA realizaron una encuesta anónima a los 78 asistentes en el marco de
su 5ta. Jornada de Estudio y Reflexión Violencia Familiar (2008). El 3% de los
concurrentes eran hombres y el 97% mujeres. Obteniendo como resultados que el 27 %
de las mujeres fueron víctimas de abuso sexual en su infancia. Dentro de las víctimas de
abuso, el 57% correspondió a abuso intrafamiliar, el 33% a abuso extrafamiliar y 5% a
ambos tipos. La población asistente se constituía por profesionales de la salud y del
campo legal que se desempeñaban en la temática de violencia familiar.
Discusión
Los diferentes estudios que evalúan la presencia del abuso sexual infantil arrojan
resultados diversos. Se estima que las discrepancias no presentan relación con la cantidad
de casos en sí misma, sino con las formas de detectarlos. Es decir los corolarios difieren
si se toman en cuenta la prevalencia o la incidencia. También varían si los métodos de
recolección son encuestas telefónicas, entrevistas de profesionales o instrumentos
aplicados a estudiantes universitarios. Del mismo modo las poblaciones analizadas
también pueden incidir en los resultados, ya que la magnitud del problema en la población
general, es distinta a los datos que se obtienen en el marco de alumnos de una universidad.
Se estima que los investigadores utilizan muestran universitarias puesto que son
poblaciones a las que tienen mayor acceso, y en general acceden a colaborar. Los estudios
que utilizan muestras de estudiantes universitarios presentan resultados levemente
menores, en tanto a prevalencia del abuso sexual infantil, que en la población en general.
Según los datos de los estudios citados señalan que prácticamente una de cada cinco
mujeres ha sido víctima de abuso sexual infantil y uno de cada diez hombres. Los
resultados descriptos dan cuenta de que el abuso sexual infantil se presenta como una
problemática frecuente en la Argentina y en el mundo. Los datos de nuestro país se
encuentran en línea con los obtenidos en el resto del mundo. La magnitud del problema
posiciona al abuso sexual como un tema de salud pública, que requiere de una adecuada
capacitación profesional y de la implementación de programas preventivos y
asistenciales.
Lo expuesto explicita de las necesidades de brindar otras modalidades de abordaje como
intentar acercarse a aquel que presenta el deseo de ofender al niño, antes de que lleve
adelante el abuso sexual. El programa Don´t offend (2020) sostiene que el sujeto no es
responsable de lo que siente pero si es responsable de que hace con eso que siente. Estas
modalidades de asistencia antes del evento abusivo pueden abrir una nueva puerta para
que lo hecho realmente prevenga el abuso sexual infantil.
Referencias
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Analía Verónica Losada
Email:
[email protected] Psicopedagoga; Lic. en Psicología; Esp. en Metodología de la Investigación; Esp. en
Psicología Clínica con orientación en docencia e investigación, Mag. en Metodología de
la Investigación; Dra. en Psicología; Posdoctora en Psicología Doctoranda en Sociología;
Vicedecana de la Facultad de Psicología y Ciencias Sociales de la UFLO; Docente
universitaria en UCA; UFLO; UBA y U. Austral; Coordinadora terapéutica del Instituto
Argentino de Trastornos de la Alimentación; Secretaria de Investigación del Colegio de
Psicólogos de la Pcia. de Buenos Aires, Distrito XIII; Miembro titular de la comisión de
especialidades del Colegio de Psicólogos de la Pcia. de Buenos Aires; autora de libros y
artículos. Jurado y directora de tesis de grado y pos grado.
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