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Lecciones de fe: No más ranas

El documento describe la plaga de ranas que afectó a Egipto como castigo por negarse Faraón a dejar ir al pueblo de Israel. A pesar de estar harto de las ranas, Faraón le pidió a Moisés que rezará para quitar las ranas al día siguiente en lugar de hacerlo de inmediato. Del mismo modo, muchas personas posponen decisiones importantes y cambios en sus vidas que podrían traerles bendiciones. La duda es una excusa para seguir viviendo con las ranas en lugar de enfrentar los desafíos del present

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Lecciones de fe: No más ranas

El documento describe la plaga de ranas que afectó a Egipto como castigo por negarse Faraón a dejar ir al pueblo de Israel. A pesar de estar harto de las ranas, Faraón le pidió a Moisés que rezará para quitar las ranas al día siguiente en lugar de hacerlo de inmediato. Del mismo modo, muchas personas posponen decisiones importantes y cambios en sus vidas que podrían traerles bendiciones. La duda es una excusa para seguir viviendo con las ranas en lugar de enfrentar los desafíos del present

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Una Noche más con Las Ranas

(Éxodo 8:1-4)

INTRODUCCION: El pueblo de Dios vivía bajo la esclavitud de Egipto. Dios


decidió liberarlo y envió a Moisés a hablar con Faraón para que los dejara ir.
Faraón no permitió que el pueblo de Israel obtuviera su libertad, pero Moisés le
advirtió que si no lo hacía, Dios enviaría una serie de plagas que afectaría a todo
Egipto. Ante su negativa llegaron distintas plagas: moscas, sangre, langostas y en
el caso que estudiamos hoy: ranas.

Era tanta la cantidad de ranas que estaban en la cama de Faraón y en las cunas de
sus hijos. Estaban en el baño, en el clóset, en la sala. Salían ranas de la nevera y de
los estantes. Se subían por los vestidos de las damas. Eran tantas que la gente las
aplastaba con sus carros por las calles y el olor era insoportable.

Harto de convivir con las ranas Faraón ordenó llamar a quien creía era el autor de
esa plaga: Moisés. Lo llamó y le dijo: Estoy harto de ver tantas ranas. Me da
náuseas cuando las veo. Están en todo sitio. Pídele a tu Dios que aleje las ranas
de mí y de mi pueblo, y yo dejaré ir al pueblo.

Moisés respondió: Dime cuándo quieres que ruegue al SEÑOR por ti, por tus
funcionarios y por tu pueblo. Las ranas se quedarán sólo en el Nilo, y tú y tus
casas se librarán de ellas. Mañana mismo, contestó el faraón. Así se hará,
respondió Moisés, y sabrás que no hay dios como el SEÑOR, nuestro Dios. (Éxodo
8:9,10) Si Faraón estaba tan cansado de convivir con las ranas, ¿por qué quería
pasar una noche más con ellas? ¿Por qué dijo: Mañana, en lugar de: Hoy mismo?

Si un día descubres que hay termitas, cucarachas o ratas en tu casa y llamas al


exterminador de plagas y viene con su camión, sus equipos y te pregunta: ¿Cuándo
quiere que hagamos el trabajo?

Respondes: ¿Déjeme las ratas una noche más. Venga mañana a hacer el trabajo?
¡Me imagino que no! Le pides que inmediatamente saque esa plaga de tu casa y de
tu vida. Pero ese no fue el caso de Faraón.
PROMESAS DIFERIDAS

¿Por qué Faraón decidió pasar una noche más con las ranas? Tal vez para decir:
Aún tengo el control. Yo decido cuándo se irán las ranas. Tú las quitarás, pero yo
digo cuándo. Solemos cometer esta tontería a veces. Una torpeza.

Hay personas que podrían tomar hoy decisiones que generen cambios importantes
en su vida, pero no lo hacen, lo dejan para mañana. Quizás pienses: Ahora que lo
mencionas, en enero prometí ser más espiritual. Prometí también que todas las
mañanas leería un capítulo de la Biblia y no lo estoy haciendo. He fracasado en el
intento. Así se nos va la vida entre promesas diferidas.

Hay gente que hoy podría ser más bendecida de lo que es, pero sus promesas
diferidas nunca se cumplieron por falta de determinación. Lo que te detiene es
decir: Mañana lo he de hacer. Déjenme una noche más de pornografía. Una noche
más de pensamientos impuros. Déjenme una noche más de mediocridad. El mes
que viene lo haré. En tres semanas lo voy a hacer. Y dejamos para mañana lo que
debiéramos hacer hoy.

A Jesús se le acercaba mucha gente para seguirlo y, en una oportunidad, alguien le


dijo: Te seguiré a dondequiera que vayas. Las zorras tienen madrigueras y las
aves tienen nidos, le respondió Jesús, pero el Hijo del hombre no tiene dónde
recostar la cabeza. (Lucas 9.57,58)

El joven que un minuto antes estaba dispuesto a morir por el Señor, le dijo:
Primero déjame ir a enterrar a mi padre. Postergó su llamado de seguir a Jesús.
Quizás te preguntes: Pero, ¿qué tiene de malo darle cristiana sepultura al padre?
Nada, pero lo más probable es que el padre no estuviera muerto.

Lo que él estaba diciendo era: Deja que mi padre envejezca, se muera, yo cobre la
herencia y luego te voy a seguir. Seguramente su padre no estaba en un ataúd
cuando ese muchacho se acercó a Jesús. Estaba postergando una decisión para el
día de mañana.

Mañana es una excusa. Mañana es la excusa de los incompetentes. Hoy podrías ser
bendecido, pero ¿prefieres que sea mañana?

Escuchen todas estas excusas, seguramente con alguna de ellas te identificas:


a.- Después de las vacaciones seré más espiritual.
b.- El próximo domingo voy a pasar al altar.
c.- En tres meses, cuando me aumenten el salario, daré mi diezmo.
d.- Serviré al Señor cuando Dios me saque de esta crisis financiera.
e.- Seré libre de la pornografía cuando me case.
f.- Cuando me dedique tiempo completo al Señor, oraré más.

La Biblia menciona varias razones por las cuales mucha gente prefiere pasar una
noche más con las ranas, como la pereza, el temor, el resentimiento. Pero hay una
en particular que afecta nuestra relación con Dios y es la duda. Tenemos dudas,
pero estas no nos deben amarrar. Las dudas no te deben detener.

La Biblia dice que cuando Israel cruzaba el mar como por tierra seca, entonaron
alabanzas a Dios. María dirigió a las mujeres cantando: Canten al Señor, que se ha
coronado de triunfo arrojando al mar caballos y jinetes. (Éxodo 15.21)

La canción era correcta, pero la cantaron del lado equivocado. Debieron haberla
cantado aun cuando el mar no estuviese abierto. Tenían que haber tenido la fe
suficiente para decir: El Señor nos ha librado, nos ha bendecido y nos bendecirá.

La duda te condena a vivir con las ranas ¿Te has sentido en algún momento de tu
vida bendecido por Dios? ¿Por qué crees que Dios fallará ahora? ¿Por qué permites
que la duda crezca en ti y aceptas vivir una noche más con las ranas?

La duda es algo que nos amarra de tal manera que no nos permite ver lo que Dios
tiene para nosotros. Hebreos 11.6 dice: Sin fe es imposible agradar a Dios. Si no
tenemos fe, no le podremos agradar. El que duda no agrada a Dios. El Señor repite
365 veces en la Biblia, una por cada día del año: No temas. No temas. No tengas
temor. Tienes que tener fe. La duda nos paraliza. No quiero una noche más con las
ranas. Hoy es el momento.

No más ranas en tu vida. Que esta misma noche se vayan. Hoy, ahora, es el
momento de quitarlas de tu recámara, de tu casa, de tu automóvil, pero sobre todo,
de tu vida.

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