Aliagas Marín, Cristina.
“Las prácticas lectoras adolescentes: cómo se construye el
desinterés por la lectura”
RESUMEN
El artículo se basa en el análisis sociocultural sobre la lectura en la vida de un
adolescente catalán, Arnau, que se considera a sí mismo “poco lector” ya que no lee lo que su
comunidad social considera “lecturas legítimas”. La pregunta que guía la investigación es:
¿cómo se construye el desinterés por la lectura durante la adolescencia?
Marco teórico:
Dentro de los nuevos estudios de literacidad, desde una perspectiva sociocultural,
líneas de investigación como los NEL se han interesado por cómo los individuos aprenden a
leer y a escribir y cómo en este proceso en el que se construye las prácticas letradas se
producen y reproducen las ideologías sociales y se forman identidades socioletradas. Los NEL
exploran la literacidad en términos de práctica social, indagando experiencias letradas de los
individuos en entornos institucionales y sociales. Postulan que cada cultura, sociedad o grupo
social, según el escenario social, desarrolla maneras específicas de concebir lo letrado y de
usar el texto escrito con objetivos sociales concretos. También exploran los sentimientos y las
actitudes que acercan o alejan a los individuos de la cultura letrada y como esta dimensión
afectiva actúa en la construcción de las identidades letradas que, a su vez, estigmatizan la
imagen social de las personas.
Un concepto importante para los NEL es el de “prácticas letradas”: procesos internos
de los individuos a través de los cuales los significados convencionales sobre la lectura y la
escritura influyen en las maneras particulares de usar y apropiarse de lo letrado. Los NEL
diferencian las “prácticas sociales dominantes” (actividades la lectura y escritura legitimadas
por una institución social) y las “prácticas letradas vernáculas” (formas de lectura y escritura
privadas y no públicas escritas en una lengua no estándar, no impuestas por una comunidad
discursiva)
Los NEL argumentan que leer es una forma de interacción social a través de la que se
construyen identidades lectoras. Según esta concepción, la literacidad no se “aprende” o
“adquiere” en un proceso lineal y cerrado, sino que se construyen al usar los textos en cada
situación concreta, en un proceso de reapropiación creativa. Cada persona, a través de sus
experiencias letradas, va configurando un punto de vista sobre la lectura, qué es y qué puede
reportarle en su vida. Cada persona estructura sus identidades sociales alrededor de textos. En
cada acto lector se adoptan roles sociales específicos y entran en juego intereses y
sentimientos personales. Cuando esas expectativas que nos planteamos no se cumplen, ese
evento se convierte en una experiencia lectora negativa. Cuando estas vivencias se repiten o
pesan más que las positivas, se puede producir una desidentificación con la cultura lectora de
una comunidad letrada. Cuando, además, hay una penalización, como ocurre en la vida
académica, se puede llegar a creer que leer no beneficia personalmente. Esta óptica
sociocultural considera entonces que un lector con dificultad puede ser resultado de
cuestiones socioculturales como la época, la personalidad o las influencias sociales.
El caso Arnau:
Para Arnau, de 16 años, había un abismo entre leer por placer y por obligación para el
colegio. Sentía que leer requería, en ambos casos, un esfuerzo de tiempo y concentración que
no se traducía en ningún tipo de compensación personal o académica. Por esta certeza de que
la lectura era una inversión inocua de tiempo, Arnau se autoprotegía y establecía una barrera
mental entre él, su personalidad y el texto. Esta conducta era consecuencia (y no causa) de su
desinterés lector.
Para lidiar con las tareas que suponen la lectura de libros literarios, Arnau había
desarrollado estrategias de substitución: selección de resúmenes en internet, búsqueda de
adaptaciones cinematográficas, compilación de explicaciones del profesor y de sus amigos.
Desde su punto de vista, leer significaba acceder a la información general contenida en un
libro, sin importar la acción de procesar el lenguaje. Lo primordial para Arnau no era leer el
texto sino conocer las historias de los libros para poder hablar de ellos. Es importante subrayar
que aunque Arnau alcanzaba el producto final, no se producía en su caso el aprendizaje
lingüístico y cognitivo propio de la lectura. En términos de los NEL, la lectura académica sería
una práctica lectora dominante legitimada por la institución educativa, al establecer criterios
de lectura y de análisis de los textos. En cambio, las estrategias de no lectura constituirían
prácticas letradas vernáculas, no legitimadas en el ámbito escolar.
Fuera del colegio, Arnau, un joven de carácter comunicativo, leía y escribía textos no
reconocidos por el sistema académico: correos electrónicos, chats y blogs. Estos espacios no
solo eran usados para cuestiones sociales sino para realizar deberes y preparar los exámenes
con sus compañeros, eran un espacio de aprendizaje académico. Además, escribía poesías y un
diario junto a su novia. Por otra parte, Arnau aspiraba convertirse en un periodista deportivo.
En esta aspiración, se entrelazaba su identificación con el fútbol y su reconocimiento de su
carácter comunicativo. Cada día Arnau leía el periodismo deportivo y consultaba páginas web
relacionadas con el deporte.
Todo esto permite ver cómo leer y escribir son actividades que cobran sentido en la
vida de Arnau, al permitirle desarrollar sus identidades sociales. A pesar de estas prácticas
letradas vernáculas, Arnau se ve a sí mismo como “poco lector”, no de lecturas académicas,
sino en general.
Como vimos, Arnau no se apropió de las prácticas de lectura tal como se concebían en
el contexto académico. Al no tener estas destrezas, como estudiante quedaba en una situación
de desventaja en relación con el grupo escolar. La experiencia repetida de ese desajuste era la
comprobación, para él, de sus carencias con la lectura en general. Al sustituir la lectura por
otros procesos cognitivos (resúmenes, explicaciones, versiones cinematográficas) la brecha se
hacía cada vez mayor. Parar Arnau, la lectura cobra sentido cuando se convierte en un espacio
de crecimiento personal o de interacción social. Pero Arnau no encuentra esta dimensión en la
lectura académica, que ve como una actividad individual y pautada.
Conclusiones:
Para Arnau, la práctica lectora académica:
- Leer es una actividad individual, pautada, centrada en la lectura de libros y manuales
escolares.
- Leer es acceder a la información contenida en un libro y este acceso es más rápido por
otros medios que no son la lectura del libro.
- Leer es imprescindible para aprobar exámenes.
- Leer los textos obligatorios es una inversión estéril de tiempo porque su lectura no es
imprescindible para aprobar exámenes.
La práctica de la lectura fuera del ámbito escolar:
- Leer es una actividad social y flexible, que abarca una amplia variedad de textos y
medios.
- Leer es relacionarse socialmente con otros y cultivar el perfil profesional.
- Leer es un acto voluntario y un instrumento de comunicación social.
- Leer es desarrollar rasgos de la personalidad y facetas sociales, también un medio de
expresión personal e íntimo.
Para Arnau, para construir su autoconcepto como “mal lector” ha sido contundente su
experiencia en la práctica lectora escolar.
Es tarea del profesor hacer ver a sus estudiantes los beneficios que la formación
lingüística académica tiene para su desarrollo profesional. Además, introducir en la práctica
lectora académica espacios en los que los jóvenes puedan desarrollar potencialidades no
académicas.