ACCIÓN ABSTRACTA DE
INCONSTITUCIONALIDAD
DERECHO PROCESAL CONSTITUCIONAL
11 DE OCTUBRE DE 2022
GERARDO ALVAREZ PEREZ
CATEDRATICO: LIC JOSE LUIS PÉREZ RAMIREZ GRUPO:
A2 7MO SEMESTRE
INDICE
INTRODUCCIÓN…………………………………………… PÁG.
02
ACCIÓN ABSTRACTA DE INCONSTITUCIONALIDAD…
PÁG.03
CONCLUSIÓN……………………………………………….PÁG.
08
INTRODUCCIÓN. El tema a continuación es el referente a la acción
abstracta de constitucionalidad, en razón a la dedicación especial que
se le ha dado a la protección orgánica de la Constitución. Ante todo,
hay que señalar que la acción abstracta de constitucionalidad, es un
instrumento de control de carácter procesal-constitucional, que forma
parte fundamental de la llamada defensa directa de la Constitución y
es sin lugar a dudas una garantía constitucional, que tiene como
finalidad primordial la defensa directa de la parte orgánica del orden
constitucional. Por tal motivo, es necesario hacer referencia a varios
temas íntimamente relacionados y, de ser posible, establecer de
manera muy concreta pero procurando a la vez ser claros, qué
entendemos por cada uno de estos conceptos que tienen de alguna
forma relación necesaria con el tema que hoy debatimos en este
congreso y que a saber son: Constitución, defensa constitucional,
sistemas de justicia constitucional, derecho constitucional procesal y
procesal constitucional, así como los contenidos de ambas disciplinas.
Dicho panorama nos ayudará a establecer la ubicación exacta de la
jurisdicción constitucional orgánica y el conjunto de instrumentos
procesales que la integran, así como entender de manera precisa el
instituto procesal que nos ocupa, es decir, la acción abstracta de
constitucionalidad. Por lo que se refiere a la defensa de la Constitución
está integrada por diversos sectores: la defensa indirecta o autocontrol
constitucional y la defensa directa de la Constitución, sin olvidar que
hay más sectores de dicha defensa. En efecto, la defensa de la
Constitución es uno de los temas centrales en el presente trabajo, y de
manera provisional, podemos afirmar que está integrada por todos
aquellos principios de carácter constitucional, es decir, aquellos que
comprenden la defensa subsidiaria o el llamado "autocontrol”
constitucional; y por todos aquellos medios y formas de control de
carácter procesal-constitucional, que tienen por objeto específico la
defensa directa de la Constitución.
LA ACCIÓN ABSTRACTA DE INCONSTITUCIONALIDAD. A pesar
de que la mayoría de los tratadistas ubican el origen de este instituto
procesal en la Constitución austríaca de 1920, debido al pensamiento
del ilustre jurista austríaco Hans Kelsen, quien teorizó, creó e hizo
realidad, pero sobre todo le dio continuidad. No debemos restar
importancia por ese solo hecho que dicho instituto tiene sus
antecedentes en: Venezuela (1858), Colombia (1850), Constitución
suiza 1848); el Caso Checoslovaco, que casi es sincrónico con el
austriaco, pero en realidad unos meses anteriores a éste (1920).
Aunque en realidad no es posible referirse a los orígenes de la acción
de inconstitucionalidad, sin hacer alusión a las aportaciones del jurista
Hans Kelsen y es también evidente que dicho sistema austriaco-
kelseniano, se ha preferido y tomado como paradigma para la creación
de los tribunales constitucionales que existen actualmente en el resto
del mundo. Resulta necesario definir a las llamadas acciones de
inconstitucionalidad, y para tal fin analizaremos algunas de las
definiciones de los más distinguidos especialistas en esta disciplina y
por supuesto trataremos de no ser tan extensos y de alguna forma
establecer o construir a partir de esto una definición propia. El tribunal
constitucional es, para Kelsen, un legislador negativo, pues, aunque se
organiza en forma de tribunal, “no ejercita en realidad una verdadera
función jurisdiccional”, y ello porque la anulación de una ley significa
establecer “una norma general, puesto que tal anulación tiene el
mismo carácter de generalidad de la formación de la ley, siendo por
así decirlo una creación de signo negativo, y por consiguiente una
función legislativa. La acción de inconstitucionalidad es el instituto
procesal previsto en la Constitución como medio abstracto de control
de la regularidad constitucional de las leyes, seguido ante la Suprema
Corte 4 de Justicia de la Nación, ya sea por órganos legislativos
minoritarios, siempre y cuando éstos representen un porcentaje
mínimo del 33% de sus integrantes, por los partidos políticos con
registro o por el Procurador General de la República, en los cuales se
denuncia la posible contradicción entre una norma de carácter general
o un tratado 4 internacional y la Constitución, erigiéndose en el juicio la
invalidación de la norma o el tratado impugnados. La acción de
inconstitucionalidad puede definirse, en una primera aproximación,
como aquel mecanismo instrumento procesal constitucional por medio
del cual determinadas personas, órganos o fracciones de órganos,
cumpliendo los requisitos procesales legalmente establecidos (siempre
que sean conformes con la Constitución), pueden plantear, de forma
directa y principal, ante el órgano judicial de la constitucionalidad de
que se trate, si una determinada norma jurídica (y especialmente las
leyes parlamentarias) es o no conforme con la Constitución, dando
lugar normalmente, tras la oportuna tramitación procedimental con las
debidas garantías, a una sentencia en la que dicho órgano de la
constitucionalidad se pronuncia en abstracto y con efectos generales
sobre si la norma impugnada es o no compatible con la norma
fundamental y, en hipótesis de que no lo fuere, declara la
inconstitucionalidad y consiguiente nulidad de dicha norma, si bien
existe la posibilidad de que el órgano de la constitucionalidad dicte
alguna de las “sentencias intermedias” o modalidades atípicas de
sentencias. En caso de que el control de constitucionalidad sea
preventivo, lo que se somete a enjuiciamiento del órgano de la
constitucionalidad es un proyecto de norma o el tratado internacional
antes de firmado por el Estado, y el efecto de su declaración de
inconstitucionalidad es la imposibilidad jurídica de aprobar esa norma
o ser parte en el tratado internacional, al menos sin hacer las
oportunas reservas que eviten aplicar las disposiciones 5
inconstitucionales (cuando ello fuere posible). Por otra parte, respecto
al procedimiento de la acción de inconstitucionalidad, en términos
generales por cuestiones de tiempo y espacio lo resumimos con base
en la Ley Reglamentaria de las Fracciones 1 y II del artículo 105
constitucional, que establece las siguientes etapas procesales:
presentación de la demanda (designación de un ministro instructor), en
caso de que la demanda sea obscura o irregular, el ministro prevendrá
al demandante para que haga las aclaraciones que correspondan;
posteriormente, se rinden los informes previos y transcurrido el plazo
para presentarlos, se abre una fase de alegatos y pruebas; se puede
dar la acumulación o conexidad, 5 incidentes; agotado el
procedimiento, el ministro instructor propondrá al Pleno de la Suprema
Corte de Justicia de la Nación el proyecto de sentencia para la
resolución definitiva. Si termina de forma anormal el proceso en caso
de improcedencia o sobreseimiento, podrá proceder el recurso de
reclamación. Finalmente, si la sentencia reúne la votación de ocho
ministros tendrá efectos
generales. En caso contrario, el tribunal pleno desestimará la acción
ejercitada y ordenará el archivo del asunto. La Acción de
Inconstitucionalidad es un mecanismo de control que sirve para
expulsar del orden jurídico las normas generales que sean contrarias a
la Constitución, o a los Tratados Internacionales de los cuales nuestro
país es parte. Su objeto primordial es el control abstracto y su efecto
es la consiguiente anulación de las normas cuestionadas. Cada una de
ellas abona a la causa de los Derechos Humanos, toda vez que, o bien
se previene la aplicación de una norma que sería contraria a los
mismos, o se establecen los criterios para su debida interpretación y
aplicación, con respeto a los mismos. Derivado de lo anterior, el 14 de
septiembre de 2006, se publicó en el Diario Oficial de la Federación el
Decreto por el que se adiciona un inciso g) a la fracción II del artículo
105 de la 6 Constitución Federal. Derivado de dicha reforma
constitucional, el inciso g) expresamente dispuso que esta Comisión
Nacional de los Derechos Humanos tiene atribuciones para demandar
ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) la invalidez de
aquellas normas generales que considere vulneran los Derechos
Humanos reconocidos en la Constitución y en los Tratados
Internacionales en la materia suscritos por el Estado mexicano, dentro
de los 30 días naturales siguientes al que se hayan publicado en el
respectivo medio oficial de divulgación. Siendo un instrumento de
control normativo, la acción abstracta no se limitará a la realización de
un test de validación tomando en cuenta únicamente los aspectos
formales, sino también los aspectos sustanciales de adecuación a los
contenidos normativos; por ello podrá advertir elementos de invalidez
en caso de vulnerar principios y derechos fundamentales, así como
alteraciones estructurales u orgánicas, tal y como se asentó en la tesis
jurisprudencial 73/2000. La parte orgánica o estructural, cuando se
encuentra asegurada, garantiza un verdadero equilibrio en la relación
Inter poderes y entre los distintos órdenes de competencia. Con ello no
sólo se reduce la posibilidad de cualquier afectación al principio de
división de poderes, sino que se permite un adecuado ejercicio de los
órganos de poder, en aras de mantener la pluralidad democrática. En
la medida en que los órganos se limiten a actuar conforme a las
atribuciones y competencias establecidas, la vigencia del principio de
eficacia y fuerza normativa constitucional permitirán, de forma
indirecta,
mantener intacta la esencia de los derechos fundamentales y el
equilibrio de poderes. Pero la restricción en la actuación de los
poderes conlleva otros aspectos, que sólo el simple sometimiento
formal de éstos a las 7 facultades otorgadas constitucionalmente,
como el cumplimiento a sus fines y la generación de una sana
deliberación democrática, que pudiera verse en riesgo si no se limita a
través del control abstracto de constitucionalidad. La supremacía
constitucional en un sistema competencial como el nuestro implica la
preservación de los ámbitos superiores, en este caso del texto
constitucional federal, el cual, al contener las reglas de organización
estatal, evidencia su superioridad como orden; por lo tanto, es
necesario mantener intangible las disposiciones competenciales
contenidas en la parte orgánica de la Constitución federal, a través de
controles constitucionales eficaces, como la acción de
inconstitucionalidad. La acción de inconstitucionalidad, al ser el medio
controlador de la supremacía constitucional, validará toda norma que
respete los alcances y contenidos de la estructura competencial de
nuestro sistema. Esto no implica desvirtuar la razón de ser la de la
acción abstracta como medio de control, invadiendo aspectos que
corresponden a la controversia como instrumento conservador de la
división de poderes y el modelo federal, sino que al revisar los
contenidos normativos de toda ley, en este caso de leyes estatales, su
control no se limita —como se señaló párrafos atrás— a cuidar
transgresiones sustanciales, sino a mantener la primacía de la ley
fundamental, y con ello asegurar el funcionamiento de los diferentes
ámbitos de competencia, conforme a los lineamientos previstos por
ésta. En la medida en que una ley orgánica se apegue en su contenido
al principio de razonabilidad, la posibilidad de que ésta transgrede al
orden constitucional será sumamente difícil, puesto que el legislador
proveyó de los elementos racionales necesarios para su validez en el
sentido formal y material.
CONCLUSIÓN. Como conclusión, podemos determinar que la acción
abstracta de inconstitucionalidad desde su inclusión en nuestro marco
constitucional, en 1994, se ha convertido en un mecanismo de control
constitucional indispensable para el fortalecimiento de la jurisdicción
constitucional del país. La acción de inconstitucionalidad es ante todo
un instrumento de control, mediante el cual se valida el contenido de
las normas generales a la luz de la Constitución; esto implica que a
través de la acción abstracta se garantiza la supremacía de la
Constitución como norma primaria, evitando una posible inadecuación
normativa que afecte su estructura orgánica y sustantiva. Siendo un
instrumento de control normativo, la acción abstracta no se limitará a la
realización de un test de validación tomando en cuenta únicamente los
aspectos formales, sino también los aspectos sustanciales de
adecuación a los contenidos normativos; por ello podrá advertir
elementos de invalidez en caso de vulnerar principios y derechos
fundamentales, así como alteraciones estructurales u orgánicas, tal y
como se asentó en la tesis jurisprudencial 73/2000. La acción de
inconstitucionalidad, al ser el medio controlador de la supremacía
constitucional, validará toda norma que respete los alcances y
contenidos de la estructura competencial de nuestro sistema. Esto no
implica desvirtuar la razón de ser la de la acción abstracta como medio
de control, invadiendo aspectos que corresponden a la controversia
como instrumento conservador de la división de poderes y el modelo
federal, sino que al revisar los contenidos normativos de toda ley, en
este caso de leyes estatales, su control no limita como se señaló
párrafos atrás a cuidar transgresiones sustanciales, sino a mantener la
primacía de la ley fundamental, y con ello asegurar el funcionamiento
de los diferentes ámbitos de competencia, conforme a los lineamientos
previstos por ésta