Es un país nórdico; allí tienen un clima frío, allí tienen el
corazón frío.
Frío; tormentas; bestias salvajes en los bosques. Es una
vida dura. Sus casas están hechas de troncos, oscuras y
llenas de humo. Habrá una tosca imagen de la virgen tras
una vela goteante, un jamón colgado, una ristra de setas
secándose. Una cama, una silla, una mesa. Duras, cortas,
tristes vidas.
Para estos habitantes de los bosques el diablo es tan real
como lo somos tú y yo. Más incluso; a nosotros no nos han
visto, ni siquiera saben que existimos, pero al diablo se lo
han encontrado a menudo en los cementerios, esas
sombrías ciudades de los muertos en las que las tumbas se
marcan con retratos de los difuntos, y donde no hay flores
que colocar frente a esos rostros, porque ninguna flor crece
allí, así que en las tumbas depositan pequeñas ofrendas
como hogazas de pan, o incluso tartas que los osos se
aventuran fuera de los bosques para robar. En la
medianoche, especialmente durante Walpurgisnacht, el
demonio monta picnics en los cementerios, e invita a las
brujas; juntos rebuscan entre las tumbas cadáveres
recientes, y los devoran. Todo el mundo lo sabe. Debes
colocar una corona de ajos en tu puerta para alejar a los
vampiros. Cuando se descubre una bruja -esta anciana
1
cuyos quesos cuajan pronto mientras que los de las
vecinas no; o aquella cuyo siniestro gato negro la sigue a
todas partes-, se desnuda a la vieja para hallar indicios, en
búsqueda del pezón extra con el que amamanta a sus
familiares. Se suele encontrar rápidamente. Entonces los
vecinos la apedrean hasta matarla.
Invierno y clima frío.
Ve y visita a tu abuela, que ha estado enferma. Llévale
estas pastas que he horneado para ella, y también un poco
de mantequilla.
La pobre niña hace lo que la madre le pide- una caminata
de ocho kilómetros a través del bosque; no abandona el
sendero para evitar los osos, los jabalíes salvajes, los lobos
hambrientos. Toma, llévate el cuchillo de caza de tu padre.
Sabes cómo usarlo.
La niña viste una miserable capa de lana para protegerse
del frío, ella conoce el bosque demasiado bien como para
sentir miedo, pero debe mantenerse siempre alerta.
Cuando escucha el escalofriante aullido de un lobo, suelta
su cesta, agarra el cuchillo y encara a la bestia.
Era una enorme, con ojos rojos, y un canoso, largo hocico;
cualquiera habría muerto de miedo en esta situación,
2
excepto la hija de un montañero. Se lanzó a morder la
garganta de la niña, tal y como hacen los lobos, pero ella lo
esquivó, y de un tajo rebanó su pezuña derecha.
El lobo emitió un quejido, casi un llanto, cuando procesó
qué había ocurrido; los lobos son menos valientes de lo
que parecen. Con sus tres patas, huyó cojeando
desconsoladamente entre los árboles, dejando tras de sí un
rastro de sangre. La niña limpió el filo de su cuchillo en su
delantal, envolvió la pezuña del lobo en el trapo que
contenía las pastas, y continuó a casa de su abuela. Pronto
empezó a nevar con tal intensidad que el sendero, y
cualquier huella o rastro en el camino, acabaron cubiertos
de blanco.
Resultó que su abuela estaba tan enferma que se había
quedado en la cama, afectada por un sueño agitado,
gimiendo y temblando de tal modo, que la niña pensó que
tenía fiebre. Tocó su frente, ardía. Cogió el trapo de su
cesta para prepararle a la abuela un paño frío, y la pezuña
del lobo cayó al suelo.
Pero ya no era una pezuña. Era una mano, cercenada por
la muñeca, una mano encallecida por el duro trabajo de
toda una vida y manchada por la vejez. Había un anillo de
matrimonio en el tercer dedo, y una verruga en el índice.
3
Por dicha verruga, la niña reconoció que esa mano era la
de su abuela.
Apartó la sábana, pero la abuela se enderezó al instante y
empezó a forcejear con la nieta, gritando y gimiendo como
si estuviera poseída. Pero la niña era fuerte, y armada con
el cuchillo de su padre; pronto logró inmovilizarla el tiempo
suficiente para descubrir la causa de su fiebre. Donde
debería estar su mano derecha, había un palpitante muñón
sangriento.
La niña se santiguó y emitió tal grito que los vecinos
aparecieron al instante. Ellos rápidamente identificaron la
verruga en el índice como un pezón de bruja; armados con
ramas, arrastraron a la anciana por la nieve, en camisón
como estaba, apaleando el viejo cuerpo hasta que llegaron
al bosque, y la apedrearon hasta matarla.
A partir de ese día, la niña vivió en casa de su abuela, y
prosperó.
4
PREGUNTAS DE COMPRENSIÓN
1. ¿Dónde ocurre está versión? ¿Qué sensación te transmiten el lugar,
el clima y las condiciones de vida en los que se ambienta la historia?
2. ¿Qué personajes aparecen en esta versión del cuento? Enuméralos
y describe a cada uno en una línea.
3. Resume el texto en cuatro o cinco líneas.
4. Este es un texto de tipo literario ¿Por qué?
5. Define todos las características del género literario “cuento” que
presenta este texto. Utiliza las páginas que hemos trabajado en
clase 64-65, para hacerlo. ESTA PREGUNTA ES MUY IMPORTANTE.
6. Identifica la estructura del cuento (Introducción, nudo y desenlace.)
7. ¿Este cuento comienza “ab initio”, o “in medias res”? (Términos
pág. 65)
8. Escribe un párrafo en el que cambies el tipo de inicio del cuento. Si
piensas que empieza “in medias res,” haz que arranque desde el
principio. Si consideras que la narración parte “ab initio”-desde el
principio., haz que empiece en mitad de la acción.
9. Escribe un párrafo en el que conviertas el final cerrado del cuento,
en uno abierto.