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EL ESPIRITU DE AMARGURA
La mujer encorvada
Lucas 13:10-17
La mayoría de nosotros hemos visto esas personas cuya columna se ha
encorvando (cifosis). Este es el resultado de aplastamientos de las vértebras o
deformaciones de las mismos.
Actividades sencillas como mirar hacia adelante son difíciles. El resultado es que
cuando esas personas caminan lo hacen mirando hacia abajo en vez de hacia
delante, debido precisamente a esa dificultad para mirar hacia delante.
El Evangelio nos dice: "de ninguna manera se podía enderezar". No es que ella no
hubiera tratado, sino que le era imposible. Las deformaciones óseas de la columna
le impedían enderezarse. Indudablemente, al caminar ella no lo podía hacer con la
gracia y elegancia que lo hacía antes de enfermarse.
La biblia no lo dice, pero yo quiero especular (pensar con profundidad en términos
teóricos o hacer suposiciones sin conocer con certeza) sobre la vida familiar, el
entorno y las circunstancias que vivía esta mujer.
Con su esposo
Con sus hijos
Con ella misma
La amargura con frecuencia solo es la forma que adquiere el enfado, la decepción
o la tristeza.
La rabia contenida e ignorada también puede ser un factor importante en la
aparición de la amargura.
Haber vivido situaciones de injusticia que quedaron sin resolución puede ayudar a
que la amargura se presente.
Las personas amargadas siguen ancladas en eventos de su pasado en los que
experimentaron emociones que hicieron que se sintieran mal. Al no ser hábiles en
la gestión de este malestar, y tomar acciones, se han quedado atrapadas en un
estado del que no son capaces de salir.
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Definición de amargura
En el Nuevo Testamento, “amargura” proviene de una palabra que significa
punzar. Su raíz hebrea agrega la idea de algo pesado. La amargura, entonces,
es algo fuerte y pesado que punza hasta lo más profundo del corazón.
La amargura es una mezcla bastante compleja de emociones, entre las que
se destacan la tristeza y la ira. Esto no quiere decir que todos al sentir rabia o
tristeza nos volvamos personas amargadas. Esto sucede cuando no podemos
gestionarlas de manera asertiva y en lugar de drenar estas emociones y
liberarlas, las guardamos, y comenzamos a andar por el camino en
resentimiento.
La amargura es una angustia del alma; es estar triste, desanimado y en
desesperación; es sufrir una decepción y sentirse sin esperanza. Es cómo se
siente el alma por circunstancias que nos sobrecogen y que no podemos cambiar;
es tener una profunda tristeza y resentimiento, acompañada de hostilidad e ira
reprimida.
Causas de la amargura
1. Cuando tenemos circunstancias que no podemos cambiar.
Cuando una persona se encuentra bajo una circunstancia que le sobrecoge y que
no puede cambiar, le viene el desánimo, se angustia, se desespera y se siente sin
esperanza. Ésos son los momentos en que se debe meditar en las promesas de
Dios y en la esperanza que tenemos en Cristo. Cuando una persona está
sometida por mucho tiempo a un problema difícil durante el cual no ve cambio
alguno, está en peligro de abrir las puertas a un espíritu de amargura si lo permite.
La expresión típica de una persona amargada es: "me doy por vencido porque no
hay esperanza ni posibilidades de cambio".
2. Cuando alguien nos ha herido emocionalmente.
Una de las razones por las cuales viene la amargura es por las heridas del
pasado. Por tal razón, cuando viene una ofensa a nuestra vida, se debe perdonar
inmediatamente y no permitir que el sol se ponga sobre el enojo. Las heridas
deben ser sanadas lo más pronto posible. Recuerde el ciclo de las heridas
emocionales:
Ofensa • Falta de perdón • Resentimiento • Raíz de amargura • Odio •
Cauterización de la conciencia
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3. Cuando se nos ha sido quitado algo o hemos perdido algo.
Un buen ejemplo de esto fue Noemí cuando perdió a su esposo y a sus hijos.
Siempre que algo grande o importante es quitado de nuestra vida, el enemigo
enviará un espíritu de amargura. Una de las razones por las cuales muchos
creyentes tienen raíces de amargura es porque están inconformes con Dios. Es de
hacer notar que, Dios es el autor de toda buena dádiva,
Él no es el autor de lo malo. La persona con raíz de amargura tiene la capacidad
de vivir amargada toda la vida y siempre estar recordando y repitiendo lo que le
hicieron y lo que le fue quitado.
Esaú perdió su progenitura, y cuando se dio cuenta de esto, le vino una gran
amargura. Refiérase a Génesis 27.34-40
Consecuencias de la amargura
1) El espíritu amargo impide que la persona entienda los verdaderos
propósitos de Dios en determinada situación
2) El espíritu amargo contamina a otros.
3) El espíritu amargo da lugar al diablo (Efesios 4:26). Nos puede llevar a
apartarnos de Cristo.
4) El espíritu amargo puede causar problemas físicos. La amargura está
ligada al resentimiento, término que proviene de dos palabras que significan
“decir de nuevo". Muchas de las enfermedades que las personas padecen
en su cuerpo no son por razones realmente físicas, sino que están
originadas en un alma enferma de amargura que exterioriza esto en un
desbalance físico. Algunos ejemplos son: La artritis, las úlceras, el cáncer,
el insomnio, la migraña y los dolores de espalda.
5) La amargura nos encierra en una prisión. «...porque en hiel de amargura y
en prisión de maldad veo que está». Hechos 8.23
6) El espíritu amargo hace que algunos dejen de alcanzar la gracia de Dios
(Hebreos 12:15). En el contexto de Hebreos, los lectores estaban a punto
de volver al legalismo y a no valerse de la gracia de Dios para su salvación.
La persona amargada sigue la misma ruta porque la amargura implica vivir
con recursos propios y no con la gracia de Dios. Tan fuerte es el deseo de
vengarse que no permite que Dios, por su maravillosa gracia, obre en la
situación.
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Soluciones para la amargura
1) Ver la amargura como pecado contra Dios.
Volvamos al Antiguo Testamento para entender el contexto de la raíz de
amargura en Deuteronomio 29:18, donde el pecado principal es la idolatría.
Eso es precisamente lo que pasa en el caso de la amargura. En vez de
postrarse ante el Dios de la Biblia, buscando la solución divina, uno se
postra ante sus propios recursos y su propia venganza. El ídolo es el propio
“yo".
2) Perdonar al ofensor. En el mismo contexto donde Pablo nos exhorta a
librarnos de toda amargura, nos explica cómo hacerlo: “…perdonándoos
unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”
Efesios 4:31-32
Nueva Traducción Viviente
31 Líbrense de toda amargura, furia, enojo, palabras ásperas, calumnias y
toda clase de mala conducta. 32 Por el contrario, sean amables unos con
otros, sean de buen corazón, y perdónense unos a otros, tal como Dios los
ha perdonado a ustedes por medio de Cristo.
a) El perdón trae beneficios porque quita el resentimiento. Uno de los
muchos beneficios de no guardar rencor es poder tomar decisiones con
cordura.
b) El perdón no es tolerar a la persona ni al pecado; no es fingir que la
maldad no existe ni es intentar pasarla por alto. Tolerar es “consentir,
aguantar, no prohibir” y lejos está de ser el perdón bíblico. Permitir es
pasivo mientras perdonar es activo. Cuando la Biblia habla de perdón, en el
griego original hallamos que esta palabra literalmente significa “mandarlo
afuera". Activamente estoy enviando el rencor “afuera", es decir estoy
poniendo toda mi ansiedad sobre Dios (1ª Pedro 5:7).
c) El perdón no es simplemente olvidar, ya que eso es prácticamente
imposible. El resentimiento tiene una memoria como una grabadora, y aún
mejor porque la grabadora repite lo que fue dicho, mientras que el
resentimiento hace que con cada vuelta la pista se vuelva más profunda. La
única manera de apagar la grabadora es perdonar.
3) El perdón tampoco es un recibo que se da después que el ofensor haya
pagado. Si no perdonamos hasta tanto la otra persona lo merezca, estamos
guardando rencor.
4) El perdón no necesariamente tiene que ser un hecho conocido al ofensor.
5) El perdón debe ser inmediato. Una vez me picó una araña durante la
noche. Tuve una reacción alérgica que duró casi medio año. Ahora bien, si
hubiera podido sacar el veneno antes de que se extendiera por el cuerpo,
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hubiera quedado una pequeña cicatriz, pero no habría habido una reacción
tan aguda. Algo semejante sucede con el perdón. Hay que perdonar
inmediatamente antes de que “la picadura empiece a hincharse.”
6) El perdón debe ser continuo
7) El perdón debe marcar un punto final. Perdonar significa olvidar. No hablo
de amnesia espiritual sino de sanar la herida. Es probable que la persona
recuerde el asunto, que alguien le haga recordar o que Satanás venga con
sus mañas trayéndolo a la memoria. Pero una vez que se ha perdonado sí
es posible olvidar.
Perdonar es la única manera de arreglar el pasado. No podemos alterar los
hechos ni cambiar lo ya ocurrido, pero podemos olvidar porque el verdadero
perdón ofrece esa posibilidad. Una vez que hay perdón, olvidar significa:
1) Rehusarse a sacar a relucir el incidente ante las otras partes
involucradas.
2) Rehusarse a sacar a relucirlo ante cualquier otra persona.
3) Rehusarse a sacar a relucirlo ante uno mismo.
4) Rehusarse a usar el incidente en contra de la otra persona.
5) Recordar que el olvido es un acto de la voluntad humana movida
por el Espíritu Santo.
6) Sustituir con otra cosa el recuerdo del pasado, pues de lo contrario
no será posible olvidar. Pablo nos explica una manera de hacerlo: “Así
que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de
beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza.
No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal” (Romanos
12:20, 21). Jesús amplía el concepto: “Pero yo os digo: Amad a vuestros
enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os
aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mateo 5:44).
8) El perdón también significa velar por los demás.