EL DUELO
Los 8 tipos de duelo y sus características
La pérdida producida por el duelo depende según la clase de problema asociado a cada
caso.
El duelo es una de las experiencias más duras por las que puede pasar un ser humano a lo
largo de su vida. Aunque muchas personas lo asocien a la muerte, este fenómeno también
puede ocurrir cuando nos rompen el corazón o cuando perdemos un trabajo después de
muchos años en el mismo puesto; se produce, en general, en las situaciones en las que
ocurre algo que interpretamos como una pérdida.
Sin duda, superar el duelo es complicado, por lo que la persona debe ir pasando una serie
de etapas para volver a estar bien. Es una experiencia muy dolorosa y cada individuo tiene
una forma personal de vivirlo. Asimismo, existen varios tipos de duelo, por lo cual es
complicado hablar de una secuencia de acciones a realizar para asimilar esta experiencia
del mejor modo posible. En este artículo nos adentramos justamente en las diferentes
clases de duelo y sus características.
Las 5 fases del duelo
A lo largo de los años, han ido apareciendo algunas teorías sobre las fases por las que pasa
una persona que está en un periodo de duelo. Una de las más conocidas es la de psiquiatra
Elisabeth Kübler-Ross, publicada en el año 1969 en el libro On death and dying.
Su idea se basa en que existen 5 etapas del duelo. Ahora bien, estas cinco fases no
siempre se van sucediendo con la misma colocación y de forma secuencial, es decir, no
todas las personas en fase de duelo tienen por qué atravesar las 5 etapas. Además, cuando
las atraviesan no tienen porqué aparecer siempre en el mismo orden.
Según la teoría de Elisabeth Kübler-Ross, las etapas del duelo son:
1. Negación
La primera de las fases es la negación, que se caracteriza porque la persona no acepta la
realidad (de forma consciente o inconsciente). Esto ocurre como mecanismo de defensa y
es perfectamente normal. De esta manera, el individuo reduce la ansiedad del momento.
El verdadero problema se da cuando las personas quedan estancadas en esta etapa al no
poder afrontar el cambio traumático, así que lo ignoran como respuesta defensiva. La
muerte de algún ser querido, por supuesto, no es particularmente fácil de evitar y no se
puede eludir indefinidamente.
2. Cólera o ira
La tristeza puede llevar a una persona sufrir ira y rabia y a buscar culpables. Esta ira puede
manifestarse de diferentes maneras, culpándose a uno mismo o culpando a los demás, y
puede proyectarse contra animales y objetos.
3 - Negociación
En esta etapa, el dolor lleva a buscar una negociación ficticia. De hecho, muchas personas
que se enfrentan a la muerte tratan de negociar incluso con una fuerza divina.
Otras personas, aquellas que sufren un trauma menor, pueden llevar a cabo otras
negociaciones o compromisos. Por ejemplo "¿Podemos seguir siendo amigos?" o “Voy a
lograr esto por ti.” La negociación rara vez proporciona una solución sostenible, pero puede
reducir el dolor del momento..
4 - Depresión
El impacto de la pérdida de alguien cercano puede llevar a una persona a una situación muy
dolorosa, que viene acompañada de una enorme tristeza y una crisis existencial, al darse
cuenta de que esa persona desaparece de su vida. Aunque los síntomas se asemejan al
trastorno depresivo, una vez se produce la aceptación de la situación, la sintomatología
remite.
5 - Aceptación
Esta etapa sucede cuando se ha aceptado esta situación dolorosa y depende de los
recursos de cada uno el aceptarla antes o después. No es una etapa que represente
alegría, sino más bien desapego emocional y comprensión de lo que puede haber sucedido.
Si la persona pasa mucho tiempo en proceso de duelo y no acepta la situación, es
necesario que busque ayuda psicológica para superarlo.
Tipos de pérdidas
Puesto que la etapa de duelo no necesariamente tiene que ocurrir por la pérdida de un ser
querido, antes de pasar a los tipos de duelo vamos a pasar a las diferentes clases de
pérdidas que pueden ocurrir:
Pérdidas relacionales: Tienen que ver con las pérdidas de personas. Es decir, separaciones,
divorcio, muerte de seres queridos, etc.
Pérdidas de capacidades: Ocurre cuando un individuo pierde capacidades físicas y/o
mentales. Por ejemplo, por una amputación de un miembro.
Pérdidas materiales: Se da ante las pérdidas de objetos, posesiones y, en definitiva,
pérdidas materiales.
Pérdidas evolutivas: Son los cambios de las etapas de la vida: vejez, jubilación, etc. No todo
el mundo encaja igual esta situación.
No todas las pérdidas generan duelo, sin embargo, dependiendo de los recursos u otras
variables psicológicas (como la autoestima o falta de habilidades sociales) de de cada uno,
las pérdidas pueden provocar malestar y sufrimiento durante más o menos tiempo.
Tipos de duelo
¿Cuáles son los tipos de duelo que hay? A continuación puedes encontrar los diferentes
tipos de duelo.
1. Duelo anticipado
El duelo anticipado es aquel que se da antes de que la muerte haya ocurrido. Es habitual
cuando se diagnostica una enfermedad que no tiene cura. El proceso de duelo es el
habitual, lo que la persona experimenta diversos sentimientos y emociones que
anticipatorios que le prepararán emocional e intelectualmente para la inevitable pérdida.
El duelo anticipado es un proceso de duelo prolongado, no tan agudo como el resto, dado
que cuando llega la muerte se suele experimentar, en parte, como algo que da calma.
2. Duelo sin resolver
El duelo sin resolver, como su nombre indica, significa que la fase de duelo sigue presente.
Sin embargo, suele denominarse así al tipo de duelo que sucede cuando ha pasado cierto
tiempo (entre 18 y 24 meses) y todavía no se ha superado.
3. Duelo crónico
El duelo crónico también es una clase de duelo sin resolver, que no remite con el paso del
tiempo y que dura durante años. También se denomina duelo patológico o duelo
complicado.
El duelo patológico puede darse cuando la persona es incapaz de dejar de revivir de forma
detallada y vívida los sucesos relacionados con la muerte, y todo lo que le ocurre le
recuerda esa experiencia.
4. Duelo ausente
Este tipo de duelo hace referencia a cuando la persona niega que los hechos hayan
ocurrido. Por tanto, es la etapa de negación de la que hemos hablado con anterioridad, en
la que el individuo sigue evitando la realidad pese a haber pasado mucho tiempo. Es decir,
la persona ha quedado estancada en esta fase porque no quiere hacer frente a la situación.
5. Duelo retardado
Es similar al duelo normal, con la diferencia a que su inicio se da al cabo de un tiempo.
Suele ser parte del duelo ausente, y también recibe el nombre de duelo congelado. Suele
aparecer en personas que controlan sus emociones en exceso y se muestran
aparentemente fuertes. Por ejemplo, una persona que tiene hijos y debe mostrarse entera.
El duelo retardado suele darse cuando la persona que lo sufre, en un primer momento, debe
hacerse cargo de muchas cosas que requieren su atención inmediata, como por ejemplo el
cuidado de una familia.
6. Duelo inhibido
El duelo inhibido se produce cuando hay una dificultad en la expresión de los sentimientos,
por lo que la persona evita el dolor de la pérdida. Suele venir asociado a quejar somáticas.
Las limitaciones de la personalidad del individuo le impide llorar o expresar el duelo. A
diferencia del duelo ausente, no es un mecanismo de defensa.
7. Duelo desautorizado
Este tipo de duelo ocurre cuando el entorno que rodea a la persona no acepta el duelo de
ésta. Por ejemplo, cuando transcurrido un tiempo largo la familia le reprocha a la persona
que siga en duelo. Ésta reprime los sentimientos de cara a la familia, pero internamente no
lo ha superado.
Muchas veces, este tipo de duelo se da cuando la persona que murió o se marchó para
siempre llevaba asociado un estigma y se encontraba excluida, al menos para el entorno
cercano de la persona que lo sufre (por ejemplo, su familia). Expresar duelo puede llegar a
ser un acto simbólico que subvierta ciertas ideas políticas y sociales. Por ejemplo, si la
persona ausente era la pareja homosexual de alguien y la familia no aprueba este tipo de
relaciones.
8. Duelo distorsionado
El duelo distorsionado se manifiesta como una fuerte reacción desproporcionada en cuanto
a la situación. Suele ocurrir cuando la persona ya ha experimentado un duelo previo y se
encuentra ante una nueva situación de duelo.
Por ejemplo, puede haber experimentado la muerte de un padre, y al morirse un tío, revive
también la muerte de su padre, lo que le lleva a una situación mucho más intensa, dolorosa
e incapacitante.
Referencias bibliográficas:
Equipo Vértice (2010). El duelo y la atención funeraria. Editorial Verticebook.
Payás Puigarnau, Alba. Las tareas del duelo. Psicoterapia de duelo desde un modelo
integrativo-relacional. Madrid: Paidós, 2010. ISBN 9788449324239.
Worden, William J. El tratamiento del duelo: asesoramiento psicológico y terapia. Barcelona:
Paidós, 2004.ISBN 9788449316562.
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El duelo es una de las experiencias más dolorosas que atravesamos en la vida. Perder a
una persona querida, ya sea porque ha fallecido o se ha roto definitivamente la relación,
puede llegar a provocar un dolor lacerante que es difícil de superar. Aceptar la nueva
realidad lleva tiempo y esfuerzo. A algunas personas les cuesta más que a otras, y hay
quienes se quedan atrapados en un duelo no elaborado.
¿Qué es el duelo no elaborado?
Como regla general, cuando afrontamos una pérdida atravesamos una serie de etapas que
nos ayudan a superar el duelo. Pasamos de una primera fase de negación que nos permite
amortiguar el dolor de la noticia a experimentar una gran ira por la pérdida y sumirnos en la
tristeza más profunda para finalmente llegar a la aceptación.
En los duelos no resueltos no llegamos a atravesar todas esas etapas, nos quedamos
atascados en una de ellas, de manera que no terminamos de aceptar la pérdida. Nuestro
mundo interior no se reestructura para aceptar la realidad porque no logramos despojarnos
de los pensamientos recurrentes sobre la persona que nos abandonó, lo cual nos impide
retomar nuestra vida.
Las señales de un duelo no resuelto
Una investigación realizada en la Universidad de Columbia comprobó que la mayoría de las
personas terminan aceptando la pérdida y elaborando el duelo de forma más o menos
saludable, de manera que pueden seguir avanzando en la vida. El tiempo medio que
necesitan para superar la pérdida suele oscilar entre uno y dos años. Sin embargo, un 7%
de las personas se quedan atascadas en la negación, la rabia o la tristeza, sin llegar a la
necesaria aceptación.
1. Negación de la pérdida
Uno de los síntomas del duelo no elaborado es la negación de lo ocurrido. La persona se
niega a aceptar emocionalmente la pérdida. Aunque es consciente de que el otro ya no
está, su mente ha puesto en marcha mecanismos de defensa para protegerse de un dolor
demasiado grande.
Estas personas generalmente rechazan hablar de lo ocurrido y no expresan sentimientos de
dolor, tristeza o rabia. Si les preguntamos cómo están, responderán con un parco «bien» y
cambiarán de tema. El estado afectivo que predomina es la anestesia emocional, casi todo
les resulta indiferente y viven en piloto automático.
2. Hipersensibilidad
Perder a una persona querida nos deja maltrechos y vulnerables. No cabe duda. Durante
los primeros tiempos, es normal que su recuerdo desate emociones muy intensas y difíciles
de gestionar. Sin embargo, a medida que va pasando el tiempo nos acostumbramos a la
nueva realidad y nuestra sensibilidad disminuye. La tristeza deja paso a la nostalgia y el
dolor al agradecimiento por lo que fue.
En un duelo no resuelto la persona puede permanecer en ese estado de hipersensibilidad
durante años. Se quedan con los nervios a flor de piel. Esa sensibilidad extrema no se
manifiesta únicamente cuando se habla de la pérdida, sino en diferentes ámbitos de la vida.
Como sus recursos de afrontamiento emocional han mermado considerablemente, cualquier
pequeño contratiempo le parece un desafío insuperable. Todo le supera, de manera que se
irrita, frustra o desmorona ante el más mínimo problema.
3. Culpabilización
Una de las señales más habituales de un duelo no resuelto es la sensación de culpa.
Cuando sufrimos una pérdida, es normal que cuestionemos nuestro papel en lo sucedido
porque sentimos una necesidad imperiosa de dar sentido a las cosas. Sin embargo,
podemos correr el riesgo de quedarnos atrapados en lo que se conoce como la “etapa de
negociación”.
Alimentamos la fantasía de que hubiésemos podido hacer algo para cambiar los hechos.
Nos quedamos atrapados en preguntas como: ¿Qué hubiese pasado si…? ¿Podría haber
hecho algo para que cambiar lo ocurrido? De esta manera, no es difícil que terminemos
culpándonos – por lo que hicimos o dejamos de hacer – cayendo en un bucle tóxico de
reproches en el que la razón nos abandona y se instaura la culpa y el remordimiento.
4. Somatizaciones
Las emociones y el estrés se reflejan en el cuerpo. Cuando se atraviesa un duelo no
elaborado, es normal que esas tensiones y angustias terminen haciendo diana en el
organismo, expresándose a través de diferentes síntomas, que varían de una persona a
otra.
De hecho, se ha apreciado que durante el duelo el umbral del dolor disminuye, lo que
provoca que experimentemos más molestias de las habituales. Un estudio realizado en la
Universidad Semmelweis comprobó que las personas que pasan por un duelo no elaborado
experimentan más síntomas somáticos, la mayoría relacionados con la ansiedad y la
depresión. Podemos experimentar desde dolores musculares hasta alteraciones digestivas,
insomnio, cefaleas y problemas en la piel. En esos casos, las emociones hablan a través del
cuerpo.
5. Pérdida de sentido
“El duelo resulta ser un lugar que ninguno de nosotros conoce hasta que lo alcanzamos…
La ausencia interminable que sigue, el vacío, todo lo contrario del significado, la incesante
sucesión de momentos durante los cuales confrontar la experiencia del sinsentido en sí
mismo”, escribió la periodista Joan Didion.
Un síntoma habitual del duelo no resuelto es la pérdida de sentido, sobre todo si la vida
orbitaba alrededor de esa persona o se trataba de alguien significativo que nos brindaba
felicidad y confort. Cuando no elaboramos el duelo, no logramos seguir adelante. Todo nos
parece gris y anodino, nada nos entusiasma, ilusiona o motiva porque somos incapaces de
mirar al futuro y trazar planes. Simplemente nos limitamos a a sobrevivir en un día a día
rutinario.
La difícil misión de superar el duelo
Desde hace tiempo muchos psicólogos han defendido la idea de que para superar el duelo
es necesario pasar por varias fases o etapas. No obstante, el psicólogo estadounidense
J. William Worden piensa que ese planteamiento nos coloca en una posición pasiva
respecto al dolor y el sufrimiento, como si no pudiésemos hacer nada más que sentarnos a
esperar a que el tiempo cure la herida.
En su lugar, propone el concepto de “tareas del duelo”, lo cual nos permite asumir una
postura más activa en la elaboración de la pérdida. Una de esas tareas consiste
precisamente en reelaborar el lugar emocional que ocupa la persona que nos ha
abandonado. No se trata de olvidarla, sino de conferirle un nuevo espacio en nuestra vida
emocional.
Necesitamos encontrar un lugar para la persona que se ha ido, de manera que sigamos
vinculada a ella, pero ese vínculo no nos impida seguir adelante. Para ello, necesitamos
encontrar nuevas maneras de recordarle que no nos causen un profundo dolor sino que
generen ese sentimiento de nostalgia y gratitud por lo que fue.
Fuentes:
Vedia, V. (2016) Duelo patológico: Factores de riesgo y protección. Revista Digital de
Medicina Psicosomática y Psicoterapia; 6(2): 12-34.
Shear, M. K. et. Al. (2014) Bereavement and Complicated Grief. Curr Psychiatry Rep;
15(11).
Konkolÿ, B. et. Al. (2012) Mediators between bereavement and somatic symptoms. BMC
Fam Pract; 13: 59.
Shear, M. K. & Mulhare, E. (2008) Complicated Grief. Psychiatric Annals; 38(10).
Worden, J. W. et. Al. (2006) Considerations in Conceptualizing Complicated Grief. Omega;
52(1): 81-85.
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Las tareas del duelo de William Worden forman parte de las propuestas que hoy día se
usan para afrontar una pérdida.
Cuando existe un duelo es muy difícil poner un punto final, pues, los recuerdos muy vívidos
son continuos, sobre todo cuando la pérdida ha sido reciente.
El duelo
Todos los seres humanos, bien sea en mayor o menor medida, sufren una pérdida en algún
momento de sus vidas. Podría decirse que esto ocurre en cualquier parte del mundo y en
cualquier sociedad, aunque no todas tratan el tema de la muerte de manera igual. En este
artículo, nos centraremos en el duelo a partir de la muerte y no de otras circunstancias.
En muchas sociedades prevalece la creencia de que existe una vida después de la muerte,
quizá como un mecanismo que impide a la persona resignarse y aceptar lo ocurrido. No
obstante, aunque ha ocurrido en muchas culturas, el tema de la muerte y la creencia de un
más allá, en las sociedades más civilizadas es donde el duelo puede producir una patología.
De acuerdo con lo planteado por George Engel, la pérdida de un ser amado es tan
traumática como quemarse o herirse en el plano fisiológico. Es por ello que el duelo puede
implicar una desviación del estado de salud y bienestar de la persona que lo sufre, quien
necesita tiempo para volver a su estado anterior.
Engel observa el proceso de duelo similar a los procesos de curación en lo que se puede
restaurar el funcionamiento de forma total o casi total, pero donde también hay casos de
funcionamiento de curación que no son los más adecuados.
Así como los términos de sano y patológico son aplicados en los procesos de curación
fisiológica, estos también se pueden aplicar en el curso que toma el proceso de duelo.
Luego que una persona ha fallecido, hay ciertas tareas que se deben realizar para poder
restablecer el equilibrio y completar ese proceso de duelo. Cabe resaltar que las tareas del
duelo de William Worden no siguen un orden específico, dado que el duelo es un proceso y
no un estado y las tareas requieren de esfuerzo.
Los apegos y el duelo
La teoría del apego de Bowlby nos ha enseñado cómo los seres humanos pueden tender
lazos fuertes emocionales y cómo hay reacciones emocionales tan fuertes que sacuden
cuando estos lazos se rompen o se ven amenazados.
De acuerdo con Bowlby, estos apegos surgen de la necesidad que todos tenemos de
protección y de seguridad; se desarrollan en una edad temprana y se dirigen a personas
específicas, las cuales son pocas, y, además, tienen una tendencia a tener una duración
larga en el ciclo vital.
El establecer apegos con otros seres que se convierten en personas significativas no es
normal solamente en los niños, sino también en los adultos, ya que esto tiene un valor de
supervivencia.
Es decir, la meta de la conducta de apego es conservar un lazo afectivo, por lo que las
situaciones que ponen en peligro dicho lazo, causan reacciones específicas y cuánto mayor
es el potencial de la pérdida, más intensas pueden ser las reacciones.
Siguiendo a Bowlby, en esas circunstancias se activan conductas de apego que son más
fuertes, tales como llorar, aferrarse, sentir enfado, entre otras.
Si el peligro no desaparece, entonces sobreviene la apatía, el rechazo y el desespero. Por
ello, Bowlby sugiere que, en el curso evolutivo, se desarrollaron aptitudes instintivas sobre
el hecho de las pérdidas, las cuales son irreversibles, así que las respuestas conductuales
que conforman el proceso de duelo están dirigidas a restablecer la relación con el objeto
perdido. A esto se le conoce como “Teoría biológica del duelo”.
Adáptate al dolor, no te aferres a él
El duelo desde la perspectiva de Worden
Para Worden, el duelo no se trata solo de un estado en el que se sumerge la persona, sino
que más bien supone un proceso activo, en el que la persona debe realizar una serie de
tareas para elaborar progresivamente la pérdida.
Las tareas del duelo de William Worden son cuatro y la persona las debe realizar luego de
la pérdida.
Estas reglas o tareas tampoco siguen un orden específico, aunque sí se sugiere seguir un
orden, pues, algunas tareas pueden ser difíciles de realizar si no se han efectuado otras
previas.
Las tareas del duelo de William Worden
Las tareas del duelo de William Worden propone en sus trabajos para el tratamiento del
duelo, son las siguientes:
1. Aceptar la realidad de la pérdida
Esta primera tarea es fundamental para poder continuar realizando el proceso de duelo.
Aun si la muerte era esperada, como en casos de una enfermedad terminal, en el primer
instante surge la sensación de que no se cierto, pero se resuelve al tiempo.
Por ello, la primera tarea del duelo es afrontar esa realidad de que la persona está muerta,
se ha ido y no volverá. Además, se debe asumir que no habrá un reencuentro, al menos no
en esta vida. Sin embargo, en esta fase, prevalece una conducta de búsqueda.
Algunas personas pueden quedarse bloqueadas en esta primera tarea por un tiempo y la
negación puede tomar varias formas y niveles, pero fundamentalmente se basa en negar la
realidad o el significado irreversible de la pérdida.
Algunas personas pueden sufrir una distorsión o un engaño; según Worden, algunas
personas que sufren llegan a la “momificación”, es decir, a guardar las posesiones del
fallecido en un estado momificado, preparadas como para cuando retorne.
Es frecuente que muchos padres que han perdido a un hijo conserven la habitación tal
como estaba antes de la muerte. Aunque no es algo extraño a corto plazo, sí puede
continuar por muchos años.
Otro ejemplo de distorsión en cuando la persona ve al fallecido personificado en uno de sus
hijos, lo cual le ayuda a amortiguar la intensidad de la pérdida, pero esto solo dificulta la
aceptación de la realidad.
En otros casos, la persona doliente puede negar el significado de la pérdida, con
afirmaciones tales como “no era un buen padre”, “no estábamos tan unidos” o “no lo
extraño”.
En estas situaciones, las personas se deshacen de las ropas y artículos de la persona
fallecida. Acabar con todos los recuerdos es lo opuesto a la “momificación” y tiende a
minimizar la pérdida.
Es por ello que este primer paso de aceptar la pérdida es tan importante para poder
avanzar. Aceptar la pérdida puede llevar tiempo, ya que no solo implica una aceptación a
nivel intelectual, sino también emocional. Pues, la persona puede ser consciente
intelectualmente de la finalidad de la pérdida, pero las emociones pueden tomar más tiempo
para aceptar la información como verdadera.
2. Trabajar desde las emociones y el dolor de la pérdida
El autor hace referencia al dolor físico y emocional que muchas personas experimentan tras
una pérdida significativa, por lo que resulta importante reconocer los sentimientos y no
evitarlos. Lo más recomendable es sentir el dolor plenamente y saber que un día pasará.
Para explicar mejor las tareas del duelo de William Worden, el autor recurre a una palabra
alemana “Schmerz”, con la que hace referencia a un dolor que se define de forma más
amplia y que incluye el dolor físico y literal que muchas personas experimentan,
acompañado del dolor emocional y conductual. Para Worden, es necesario reconocer y
trabajar ese dolor, puesto que, de lo contrario, este se manifestará mediante síntomas o
conductas disfuncionales.
Asimismo, recalca que cualquier cosa que suprima o evita ese dolor solo hace que se
prolongue más el curso del duelo.
Aunque no todos lo experimenten del mismo modo, es imposible perder a alguien con quien
se estaba vinculado profundamente y no experimentar cierto nivel de dolor.
Muchas veces la interacción con la sociedad hace más difícil este paso, pues la sociedad se
incomoda con los sentimientos de quien sufre un duelo. Abandonarse al dolor es
considerado como algo insano, mórbido o desmoralizador.
De hecho, lo que socialmente se espera de un buen amigo es que distraiga a la persona
que sufre del dolor. Por ello, la persona puede llegar a hacer un cortocircuito en esta fase y
negar el dolor que está presente, entorpeciendo el proceso de duelo.
Algunas personas, idealizan a la persona fallecida, evitan cualquier cosa que les recuerde a
esa persona, usan alcohol u otras drogas para abstenerse de cumplir con esta tarea del
duelo.
3. Adaptarse a un medio en el que el fallecido está ausente
Llevar a cabo esta tarea implica hacer diferentes cosas, en función del doliente y la relación
que tenía con la persona fallecida. Pues, no es lo mismo cuando fallece un amigo, un padre,
un hijo o una pareja.
En efecto, puede darse que el superviviente nunca haya sido consciente de los roles que
desempeñaba la persona que ahora ha fallecido, sino que lo descubra tiempo después de la
pérdida.
Esto lleva a muchos supervivientes a resentirse por tener que desarrollar nuevas
habilidades o asumir roles que antes desempeñaba la persona fallecida.
En estas situaciones, la estrategia de afrontamiento es la de redefinir la pérdida de una
forma que pueda ir en beneficio del superviviente para que se complete la tercera tarea,
destacando que la muerte muchas veces también confronta al superviviente con lo que
supone adaptarse al sentido de sí mismo.
4. Recolocar emocionalmente al fallecido y continuar viviendo
Se trata de continuar la vida, de un modo satisfactorio, sin que el dolor impida la vivencia de
sentimientos positivos con respecto a los otros.
Al cumplir las tareas del duelo de William Worden, el duelo terminaría, pero esto no es
sencillo y lleva tiempo, sobre todo en la tarea número cuatro, pues, el doliente nunca podrá
eliminar a quien ha estado cerca de él, así como tampoco se puede borrar de la historia.
Hacerlo implicaría actos psíquicos que herirían la propia identidad.
Con base en ello, la disponibilidad de un superviviente para empezar otras relaciones no va
a depender de “renunciar” a la persona que ya no está, sino de encontrar un lugar
apropiado para él en su vida psicológica, un lugar que es importante, pero que aun así deja
espacio para otros.
El asesor no debe ayudar a la persona en duelo a “renunciar”, sino a que encuentre un lugar
adecuado en su vida emocional y que le permita continuar viviendo en el mundo.
Esta cuarta tarea muchas veces se entorpece porque se mantiene el apego del pasado, en
lugar de continuar formando otros nuevos.
De hecho, muchas personas encuentran que su pérdida es tan dolorosa que hacen un
pacto consigo mismas para no volver a querer nunca más.
Es por ello que la tarea cuatro de las tareas del duelo de William Worden es una de las más
difíciles de completar, dado que hay personas que se quedan bloqueadas en este punto,
para más tarde darse cuenta de que su vida, en cierto modo, se ha detenido cuando se
produjo la pérdida.
Sin embargo, esta tarea se puede cumplir y se da cuando, por ejemplo, una chica dice:
“existen otras personas a las cuales puedo amar, y esto no significa que quiera menos a mi
papá”.
Estos son los desafíos que la persona debe superar y es posible que cada quien lo haga de
un modo diferente, dependiendo de los recursos de los cuales disponga, así como de la
naturaleza de la pérdida.