MARCO TEORÍCO
Apego Parental
El apego puede entenderse como aquella aproximación que tiene la persona
hacia otra por la calidad de tiempo que pasa con esta, dicha vinculación surge
porque se satisfacen necesidades básicas, existe protección en momentos
angustiosos, otorga seguridad, disminuye los niveles de estrés y produce
sentimientos agradables, generalmente este vínculo se da con la madre, el
padre o el cuidador principal (Rocha et al., 2019).
Bowlby (1996, citado en Cruz y Horna, 2020) afirma que el apego en los seres
humanos es una de las maneras de explicar el vinculo que tienen las personas
a la hora de establecer relaciones interpersonales y que además permite
expresar de manera asertiva o no las sensaciones y emociones que se
experimenten. Este autor fue pionero en explicar la teoría del apego en donde
recalca la importancia que tiene el vinculo del bebé con sus progenitores
durante los primeros años de vida puesto que es en este periodo donde la
persona aprende y forma una base para establecer lazos con los demás.
Asimismo, Ainsworth et al. (2015, citado en Rocha et al., 2019) señala que no
existe una sola modalidad de apego, sino que la divide en tres; el apego
seguro, evitativo y resistente. La persona desarrolla un tipo de apego
dependiendo como logra aproximarse al otro sujeto durante los primeros años
de vida, generalmente se da en la relación madre e hijo.
Para ello realizo un experimento en donde la madre tenía que estar con el hijo
cuando el lo necesite para ver que tipo de apego desarrollaba y por otro lado,
hacia que la madre se ausente para observar como podría afectar en el
comportamiento del menor. Llego a la conclusión que cuando la madre estaba
cerca de él, los pequeños desarrollaban algo que el autor denomino un patrón
de conducta saludable, mientras que cuando la madre se ausentaba existía
una afectación en las capacidades de exploración (Ainsworth et al., 2015).
Por otro lado, Dávila (2015) considera que la familia tiene gran influencia en la
formación de los tipos de apego puesto que este círculo viene a ser el núcleo
principal de socialización, donde se aprenden valores, costumbres y se
reafirman comportamientos que serán replicados en la vida adulta, además
señala que para comprender los malestares que presenta una persona se debe
analizar a todo el conjunto que le rodea y en la mayoría de los casos la fuente
principal viene a ser el núcleo familiar. Dentro de este conjunto, las personas
aprenden diversos comportamientos, así como también a reconocer emociones
y expresar los sentimientos de manera asertiva, siendo un punto importante la
empatía, lo que permite comprender la opinión y perspectiva de los demás.
Dentro de la misma línea, Suárez y Vélez (2018) también afirman que la familia
cumple un rol fundamental en la formación de los apegos parentales en donde
además de la empatía, factores como los lazos afectivos, los estilos de
comunicación y educación influyen en la formación del apego del infante.
La importancia de los lazos afectivos se da porque es en la familia donde se
forman y organizan los pensamientos, sentimientos y emociones que van a
facilitar las relaciones con los demás en la vida diría, es decir se relaciona
asertivamente o no con los demás miembros de la familia. Una vez que se han
formado los lazos afectivos, los estilos de comunicación que se empleen en la
familia, serán replicados por el menor con sus iguales, que a su vez va a
depender de los estilos de educación que la familia le enseñe para interactuar
con los otros. Es decir, los factores antes mencionados están interconectados y
el resultado se reflejará en las escuelas y las relaciones con sus iguales
(López, 2015 citado en Suárez y Vélez, 2018).
Lo explicado anteriormente refleja que los hijos son el producto de los
comportamientos y educación que le enseñen los padres, por eso es
importante que ellos brinden modelos dignos de imitar para favorecer el
proceso de su formación personal.
Tipos de Apego
Apego seguro: En el crecimiento de los bebés, al no poder hablar y manifestar
sus deseos a través del lenguaje, se comunican mediante la interacción con su
figura progenitora, ya sea con la madre o con el padre, mediante el llanto, los
gritos o algún tipo de sonido. Si la persona que esta a cargo del bebé cumple y
satisface la mayoría de los llamados del bebé, este puede desarrollar el apego
seguro, es decir que, durante una situación nueva o extraña para el menor, que
es satisfecha y calmada por su figura cuidadora el bebé desarrolla calidez,
mejores niveles de confianza y tiene a tener mayores índices de seguridad
(Ainsworth et al., 1978 citado en Garrido, 2006). Posteriormente, estos bebés
que han desarrollo el apego seguro, en su etapa adolescente suelen manifestar
menores niveles de ansiedad si se compara con otros adolescentes que han
desarrollado otros tipos de apego, asimismo, son menos propensos a ser
inseguros, tienden a ser menos hostiles y desarrollan menores síntomas de
estrés (Kobak y Sceery, 1988 citado en Garrido, 2006).
El desarrollo del apego seguro se da porque el cuidador proporciona al niño un
vínculo cálido, brinda confianza, seguridad y amor al menor. Al ser la madre la
persona con la que el pequeño pasa más tiempo, es fundamental que el
vínculo entre madre-hijo se dé de una manera sana y saludable puesto que
esto servirá de base para desarrollar el apego seguro. Por el contrario, cuando
la madre se ausenta, se ve afectada la conducta del niño (Molina, 2015).
Este tipo de apego es el más asertivo para el desarrollo del ser humano, puesto
que existen bajos niveles de ansiedad, la persona es segura al vincularse con
sus iguales, desarrolla cercanía y tiene alta tendencia a ser independientes,
presentan mayores expresiones faciales asociadas a la alegría, no son
vergonzosos además buscan vínculos saludables que sirvan como apoyo,
otorguen confianza y les ayuden a afrontar el estrés de la vida cotidiana.
Garrido (2006) afirma que, durante la niñez, las personas que han desarrollado
el apego seguro tienen a ser resilientes, con menor prevalencia a desarrollar
trastornos afectivos como la ansiedad y depresión. En las relaciones adultas,
las personas presentan mayores emociones positivas, sienten más placer en el
desarrollo de sus actividades y tienen altos niveles de concentración y energía.
Finalmente, en la vejez, estas personas tienen mayor interés y alegría, sin
embargo, también presentan tristeza y rabia, lo cual se explica por la propia
etapa de vida por la que están atravesando.
Apego ansioso ambivalente: Los niños que desarrollan este tipo de apego
suelen tener índices muy altos de inseguridad, suelen estar preocupados por la
presencia o ausencia de sus progenitores además de reflejar respuestas
ambivalentes cuando por fin los encuentren y en su ausencia suelen pasarla
muy mal (Molina, 2015).
Este apego surge por la crianza que se da con la madre, ella se muestra
sensible y preocupada en determinadas situaciones sin embargo también
puede ser fría e insensible en otras situaciones lo cual genera confusión y una
sensación de desconfianza en su hijo. Cuando el niño empieza a explorar, la
actitud que la madre tiene es intervenir ante lo que hace, cumpliendo un rol
sobreprotector haciendo que el niño sea dependiente a ella y no desarrolle
asertivamente su autonomía, además de confundirlo y volverlo hostil (Sixto,
2011, citado en Molina, 2015).
Ainsworth et al. (1978, citado en Garrido, 2006) señala que durante los 9 a 33
meses de desarrollo de los bebés, hubo una deficiente interacción de la madre
para cubrir ciertas necesidades del bebé, por lo que este experimento una
disminución de las emociones positivas ocasionando que la emoción más
desarrollada en el menor sea el miedo, esto marcará el crecimiento del
pequeño quien se mostrará temeroso a situaciones donde el miedo es la
emoción principal, pero también reaccionará con miedo ante situaciones donde
la emoción principal es la alegría. En las personas con apego ansioso
ambivalente predomina la ansiedad, son inseguros, tienen fuertes deseos de
estar cerca de una persona que desde su perspectiva les ofrece seguridad aun
cuando no siempre sea así y por lo general están preocupados por las
relaciones que tienen predominando el miedo a ser rechazados (Garrido,
2006).
Apego ansioso evitativo: En este tipo de apego, los niños suelen mostrarse
independientes ante nuevas situaciones, aventurándose a explorar sin la
necesidad de tener a la madre a su lado, por el contrario, parecen sentirse bien
si su figura maternal, sin sentirse afectados porque ella no está, es más no la
buscan y rechazan el acercamiento de ella con comportamientos fríos (Molina
2015). Estos niños suelen experimentar pocos niveles de angustia y altos
índices de enojo cuando el cuidador se separa de él, sin embargo cuando
regresa suelen tratar a la madre con indiferencia, a partir de ello predomina el
tomar distancia y evitarla porque eso no les da seguridad lo que hace que ellos
desarrollar un sentimiento de autosuficiencia compulsiva y con preferencia de
mantenerse emocionalmente distanciado de los otros (Garrido, 2006).
Aun así, se ha comprobado que, aunque las personas que desarrollen este tipo
de apego muestren despreocupación por separarse de los otros, tienen altos
niveles de ansiedad manteniéndose por periodos largos de tiempo lo que hace
que deje de ser ansiedad estado y a pase a ser ansiedad rasgo. Kochanska
(2001, citado en Garrido, 2006) afirma que, a los 33 meses, los niños suelen
ser miedosos y con mayor prevalencia de experimentar emociones negativas
durante su niñez. Por otro lado, su ira estilo evitativo se relaciona con la rabia,
puesto que presentan grados muy altos de inconformidad y enojo pero lo
esconden y niegan su emoción mostrando a los demás una emoción positiva.
En la vejez, estas personas experimentan menores niveles de alegría, interés,
vergüenza y miedo (Garrido, 2006).
Teoría del Apego Parental según Bowlby
Esta postura teórica hace énfasis en la importancia que los seres humanos le
dan a sus relaciones con los demás y que su grado de vinculación va a
depender de la significancia que tenga dicha relación en la persona. Pero estas
vinculaciones no se dan de la noche a la mañana, sino que responden a
experiencias internalizadas por la persona generalmente vividas durante los
primeros años de su vida, comúnmente con la madre (Persano, 2018).
Bowlby (1975 citado en Persano, 2018) en su teoría del apego intenta explicar
la secuencia que existe en el desarrollo de los apegos. Todo comienza en el
nacimiento, las personas vienen al mundo como una hoja en blanco, pero
desde el primer momento de su vida se encuentran rodeados de personas
adultas que tienen establecidas normas y conductas que le enseñaran al menor
durante su crecimiento, el primer y principal vinculo de los bebés es con la
madre, si se da una ruptura en ese vinculo pueden existir dificultades en su
desarrollo. Es a partir de estas rupturas que surge la curiosidad por estudiar los
apegos en los infantes y como repercute en la vida adulta, para ello se
utilizaron tres líneas de investigación basadas en la observación las cuales
fueron de tipo natural, sistemáticas y experimentales.
Las observaciones naturalistas se dieron en hospitales donde los niños por
causas naturales, tales como hospitalizaciones por enfermedades, habían sido
separados de sus padres, donde se observo que estos infantes al separarse de
la madre iban desarrollando sintomatología como lloriqueo, hipersomnia,
respuestas nulas a los estímulos y que el bebé aprendía que ante un llamado
de auxilio la madre no iría a socorrerlo, desarrollando así una desilusión
significativa, esto traía como consecuencia que el bebé se ponga triste y no
absorba los nutrientes suficientes a pesar de ser alimentado correctamente,
esto también se debía a que el personal que los atendía no era permanente
sino que cambiaba cada seis horas por lo que los bebés no reconocían a una
persona que cubre sus vínculos afectivos, el principal síntoma es la caída en el
tono emocional de la persona. Estas conductas son aprendidas a tal punto que
si luego llega una figura de afecto, el niño la rechaza pues su esquema de
creencias ya adopto la idea del abandono (Spitz, 1952 citado en Persano,
2018).
Estas observaciones fueron acogidas posteriormente en la teoría de Bowlby
quien afirma que la perdida afectiva en los bebés tiene consecuencias en el
sistema de creencias que desarrollan, evidenciándose primero en un bajo tomo
emocional seguido de trastornos afectivos como la depresión y terminan en una
carencia de calorías y proteínas.
Por su parte, las investigaciones sistemáticas se realizaron en pequeños que,
por circunstancias de la vida, como la hospitalización de la madre por
enfermedad, habían sido separados de sus madres. Para conocer las
consecuencias se realizaron grabaciones para ver los comportamientos de los
infantes, donde se evidenció que protestaban a través del llanto ante la
separación, presentaban desesperanza asociada al duelo y la perdida de la
figura maternal, además de desarrollar un desapego como respuesta al
malestar causado por separación. Finalmente, las observaciones
experimentales comenzaron con los primates y la privatización de sus
progenitores, donde se reflejo que las consecuencias son nefastas y estos
resultados fueron replicados en los humanos por la similitud que existe entre
mamíferos. (Persano, 2018).
Dependencia Emocional
Para Sangrador (1998, citado en Alalú, 2016) la dependencia es el sentido de
necesitar patológicamente a otra persona, debido a una inmadurez emocional
que satisface egocéntricamente mediante un vínculo que no siempre es
saludable. Las actitudes de una persona dependiente son obsesivas y
compulsivas, intentan tener el control total de la otra persona o la relación,
pudiendo desencadenar en un trastorno o enfermedad.
Mayoritariamente las dependencias emocionales se dan en las relaciones
amorosas, tal como lo afirma De la Villa et al. (2018) puesto que el amor es un
cumulo de emociones intensas que conllevan a deseos de ser incondicionales
y de manera permanente. Asimismo, para la dependencia emocional se
involucran factores cognitivos, comportamentales y emocionales, donde la
persona distorsiona su concepto del amor y proyecta en su pareja sus miedos y
deseos ocasionando insatisfacción al ver que no todo lo que anhela puede ser
cumplido.
La persona que tiene de dependencia emocional presenta una autoestima baja,
teme quedarse sola, desarrolla comportamientos donde se aferra a su pareja,
la idealiza y es proclive a ceder y ser sumisa con tal de sostener la relación,
aun así, se puede desempeñar de manera eficaz en otros aspectos de la vida
sin la necesidad de sentirse protegida. Del mismo modo, la persona en el
sentido de alcanzar un equilibrio altera su homeostasis pues esta tranquila
cuando esta con su pareja y aumenta su ansiedad cuando esta lejos de ella, en
otras palabras, encuentra el equilibrio en una situación de desequilibrio
(Fresneda, 2018).
Otros autores como Moral y Ruiz (2008, como se citó en Alalú, 2016) afirman
que la persona dependiente desarrolla patrones crónicos con demandas
emocionales fallidas las cuales anhela satisfacer en sus interacciones con los
demás, desarrollando apegos patológicos donde se evidencia la posesión, la
incapacidad para terminar vínculos tóxicos, amor y otros sentimientos que por
lo general son negativos.
Finalmente, Castello (2012) afirma que la dependencia puede ser explicada de
diversas formas pues en la actualidad el duelo por una relación amorosa, un
amor no correspondido o el trastorno de personalidad dependiente pueden
explicar la dependencia emocional, sin embargo él explica que la persona
siente la necesidad de recibir y expresar afecto por otra persona o por su
pareja y define tres tipos de dependencia: la dependencia emocional estándar,
con oscilación vinculatoria y dominante (Alalú, 2016).
Teorías de la Dependencia Emocional
Teoría de Castelló: El autor promueva su postura teórica en 2005, definiendo a
la dependencia como la necesidad de recibir y expresar afecto por otra persona
o por su pareja. El problema surge con la necesidad que siente la persona
puesto que muchas veces es irracional pues existen sentimientos ambivalentes
dentro de la relación donde por un lado se encuentra el amor y por otro la
necesidad extrema, es decir que dichos sentimientos son exagerados y de
carácter emocional (Alalú, 2016).
Asimismo, Castelló (2005) encontró características notorias en las personas
que mantienen una relación dependiente a comparación de las personas que
tienen una relación saludable. Dichas características se subdividen en tres
áreas:
Relaciones amorosas: Dentro de un vínculo afectivo amoroso, existen muchas
necesidades entre las parejas, entre ellas se encuentra la necesidad del otro,
de recibir afecto, cariño, amor y protección, lo cual puede satisfacerse mediante
constante comunicación personal o telefónica, buscar a la pareja en su trabajo,
etc. Sin embargo, esto puede llevarse al limite cuando un miembro de la pareja
se siente absorbido por el otro, ocasionando discusiones, rupturas, etc. Para
ello, es necesario que la pareja establezca límites. Del mismo modo presentan
ser exclusivos para su pareja, que pasen la mayor parte del tiempo con él/ella y
cuando esto no sucede pueden surgir problemas para el dependiente. Además,
intentan ser el centro de atención y la prioridad para su pareja porque el
dependiente considera que debe ser lo más importante para el otro.
Castelló (2012) agrega el termino objeto, puesto que un miembro de la relación
ve al otro como una cosa más que como una persona. A partir de ello, define la
idealización del objeto, es decir sobrevalora las virtudes y cualidades ya sea de
manera física o intelectual y minimiza los defectos. El dependiente ve en su
pareja todo lo que no tiene: seguridad, autoestima y otras cualidades. Esto
ocasiona que el dependiente se vuelva sumiso, obedeciendo a la pareja en casi
todo y repite el mismo patrón con todas sus parejas habidas y por haber. Al
idealizar y creer amar profunda y locamente a su pareja, el dependiente le
causa pavor una posible ruptura, considerando que sería lo peor para su vida,
lo que ocasiona que haga de todo para mantener viva la relación (Alalú, 2016).
Relaciones interpersonales: Los dependientes, además de aferrarse a la
pareja, también tienen relaciones intensas con personas que son significativas
en su vida, repitiendo algunas conductas con amigos y familiares como el
deseo de exclusividad, la necesidad de ser agradable para ellos bajo toda
circunstancia, carecen de habilidades sociales, lo cual repercute en un mal
vínculo con los demás (Alalú, 2016).
Autoestima y estado de ánimo: Por otro lado, al desarrollar todos los
comportamientos antes mencionados, la persona tiende a fomentar una
tendencia a la autoestima baja, minimizando aspectos positivos de su vida,
predominando sentimientos de desprecio, rechazo, odio y asco hacia su
persona. Estos pensamientos rodean constamente su cabeza, por lo que son
conscientes del carente amor propio que se tienen y buscan a otra persona,
generalmente a su pareja, para sentirse mejor (Castelló, 2012).
Teoría de Aiquipa:
[Link] emocional en mujeres víctimas de violencia de pareja
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