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Sanidad Divina

Este documento presenta un resumen de los principales puntos del libro "Sanando al enfermo y echando fuera demonios" del evangelista T.L. Osborn. El libro contiene numerosos capítulos que exploran las promesas bíblicas de sanidad divina y cómo desarrollar una fe firme en la Palabra de Dios para recibir curación. El documento introductorio enfatiza que Dios quiere sanar a todas las personas y que la sanidad es para todos los que creen, según las Escrituras.

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Sanidad Divina

Este documento presenta un resumen de los principales puntos del libro "Sanando al enfermo y echando fuera demonios" del evangelista T.L. Osborn. El libro contiene numerosos capítulos que exploran las promesas bíblicas de sanidad divina y cómo desarrollar una fe firme en la Palabra de Dios para recibir curación. El documento introductorio enfatiza que Dios quiere sanar a todas las personas y que la sanidad es para todos los que creen, según las Escrituras.

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T.

L Osborn

Sanando al enfermo y echando fuera demonios


Los mejores sermones y hazañas de la fe
Del evangelista
T.L Osborn

Traducido al castellano de la 4ta Edición en


portugués
Sanad enfermos… echad fuera demonios
Mateo 10:8
TITULO ORIGINAL: HEALING THE SICK AND
CASTING OUT DEVILS
Published by
T. L. Osbom Evangelistic Association, Inc.
Box 10, Tulsa 2, Oklahoma, U.S.A.
Editado por
R. R. SOARES
Caixa Postal 1815- RJ
1980
Introducción
Entre los millares de sanados por el Señor a través de nuestro
ministerio, oramos individualmente por solamente una pequeña
parte. La mayoría fue curada por su propia fe. Ellos la
adquirieron meditando en las verdades de la Biblia que
conocieron a través de nuestra predicación, o por leer nuestras
publicaciones.
Cuando hicimos la primera publicación de este libro, nunca
soñamos que las verdades presentadas bendecirían a tantas
personas de distintas partes del mundo.
Hemos recibido un torrente constante de testimonios de todo el
mundo escritos por aquellos que fueron gloriosa y
milagrosamente sanados o convertidos al leer los sermones
publicados en este libro.
Hemos observado que las personas que leyeron y conocieron
los mensajes de este libro adquirieron una comprensión mucho
más plena que generó una fe más firme. Muchas veces aquellos
que asisten a nuestros cultos sin ser sanados milagrosamente, lo
son luego de meditar sobre las verdades bíblicas presentadas en
este libro. He comprobado repetidamente que muchas personas
reciben más beneficio a través de nuestros mensajes impresos
(porque tienen la posibilidad de estudiarlos nuevamente) que
las otras personas que los reciben asistiendo a nuestras
campañas de vez en cuando.

Dios ―Envió Su Palabra y [ella] los Sanó...‖ Sal. 107:20


―El Evangelio es Poder de Dios... a todo aquel que cree‖...
Rom. 1:16
Cualquier PROMESA de Dios presentada mediante un
predicador o mensaje impreso, cuando es creída y aplicada se
transforma en PODER de Dios.
El evangelio es el poder de Dios cuando es creído.

Todas las promesas de Dios son ―vida para los que las hallan
y medicina a todo su cuerpo‖ (Pr. 4:22)
Fue cuando los hechos mencionados arriba se tornaron una
realidad para mí, que fui constreñido por el Espíritu a editar
este libro de mensajes vitales ofreciéndolos a millones de
personas.
El autor envía esta edición ampliada, con la plena certeza de
que aquellos que lean y mediten las verdades bíblicas
presentadas en esta obra, recibirán fe vital, pondrán en acción
la Palabra de Dios y serán sanados milagrosamente.
No se pretende escribir en estilo literario. Nuestra única meta es
la de presentar los hechos de una forma simple, de modo que
sirvan como ancla de la fe verdadera y viva en los corazones
humildes y honestos, los ―pobres en espíritu‖ que constituyen
las masas de la humanidad.
Me siento deudor especialmente de los escritos de F.F.
Bosworth, E.W Kenyion, E. H. Ahrendt, S. Wigglesworth, C.
Price, J. Scruby y otros. Las palabras continuas de estímulo de
mi querida esposa y su fe incansable; y más que a todos al
querido Señor Jesucristo, al Espíritu Santo y las vidas de los
apóstoles.
El material abreviado, los escritos de F.F Bosworth y E.W.
Kenyon, es utilizado por la bondad de estos hombres de Dios.
Que este libro traiga bendiciones indecibles a todos los que
necesitan de estas verdades es mi oración.
El Autor

ÍNDICE
Nota introductoria
Capítulo 1- Cuántas personas Dios quiere sanar?
Capítulo 2 – La Sanidad es para todos
Capítulo 3 - Las razones

para la fe Capítulo 4 – Por

qué no se curan más

personas?

Capítulo 5 – Pidiendo al Padre en el Nombre de Jesús.


Capítulo 6 – Si dos de ustedes se ponen de acuerdo
Capítulo 7 – La unción con aceite de los presbíteros
Capítulo 8 – La imposición de las manos
Capítulo 9 – La sanidad en la expiación
Capítulo 10 – Una base de fe firme
Capítulo 11 – Examinando la Palabra
Capítulo 12 – La Naturaleza de la fe
Capítulo 13 – Algunas ideas antibíblicas
Capítulo 14 – La oración de fe
Capítulo 15 – ¿Es esencial la fe para la sanidad?
Capítulo 16 – La importancia de la confesión
Capítulo 17 – La proclamación de la emancipación
Capítulo 18 – La derrota de Satanás
Capítulo 19 – El poder de la Palabra de Dios
Capítulo 20 - La confesión eleva la posesión
Capítulo 21 – Tener fe en nuestros derechos
Capítulo 22 – Un lenguaje de fe
Capítulo 23 – ¿Por qué algunos pierden su sanidad?
Capítulo 24 – Los tres testigos
Capítulo 25 – De dónde vino la enfermedad
Capítulo 26 – Escritura para leer
Capítulo 27 – ¿Qué son espíritus demoníacos?
Capítulo 28 – La manifestaciones de los demonios
Capítulo 29 – Resumen
Capítulo 30 – Las enfermedades: ¿Bendición o maldición?
Capítulo 31 – La autoridad del que cree
Capítulo 32 – ¿Por qué creyentes están enfermos y por qué
nunca deberían estar enfermos?
Capítulo 33 – Algunos enemigos de la fe
Capítulo 34 – He aquí algunas cosas que no se deben hacer.
Capítulo 35 – El poder de la Palabra de Dios
Capítulo 36 – Tres preguntas sobre el aguijón en la carne de
Pablo.
Capítulo 37 – Hechos para meditar sobre el aguijón en la carne
de Pablo
Capítulo 38 – Siete nombres redentores
Capítulo 39 – Mi mensaje más importante sobre la sanidad
Capítulo 40 – 100 hechos sobre la sanidad divina
Capítulo 41 – Cuando Dios me habló
Capítulo 42 – Los resultados
Capítulo 43 – La convocatoria
Capítulo 44 – ¿Qué es un verdadero creyente?
Capítulo 45 – Cómo recibir la salvación
Capítulo 46 – Cómo convertirse en un creyente feliz
Capítulo 47 – El bautismo en aguas
Capítulo 48 – Recordar los 7 hechos
Capítulo 49 – Una oración pidiendo cura

Capítulo 1
¿A Cuántas personas Dios quiere sanar?
“Yo quitaré de en medio de ti las enfermedades... y
completaré el número de tus días‖ Éxodo 23:25,26
“Yo soy Jehová tu Sanador‖ Éxodo 15:26.
El propósito de este mensaje es el de llevarte a reconocer que la
Biblia enseña que si estuvieres enfermo

Dios te quiere sanar


Antes de estar plenamente convencido de que Dios quiere que
goces de buena salud, habrá siempre una duda en tu mente en
cuanto a si serás sanado o no. En la medida que haya duda en
tu mente respecto a si sanarás o nó, no podrá existir la fe
perfecta y antes de poner sin lugar a dudas o flaquear
difícilmente seas sano. ―Pero sin fe es imposible agradar a
Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que
le hay, y que es galardonador de los que le buscan‖ Hebreos
11:6 Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda
es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento
y echada de una parte a otra.
“No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna
del Señor.‖ Santiago 1: 6,7.
Cuando la gente está plenamente convencida de que Dios la
quiere sanar, que no es la voluntad de Dios que estén enfermos,
siempre sucede que las personas se curan cuando oramos por
ellas, incluso antes de orar. El conocimiento es la base sobre la
cual la fe perfecta puede actuar.

¿Dios es honesto o no?


Una vez, una señora, perpleja acerca del asunto de la fe, me
dijo: ―Me parece imposible tener fe para ser sanada‖.
Yo le dije: ―¿Tiene Ud. certeza de que Dios quiere cumplir su
promesa Señora?‖ Ella afirmó: ―Oh, por cierto.‖

―Eso es fe‖; le aseguré y agregué: ―¿No es sencillo?‖


Y fue sanada.
Números 23:19
Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre
para que se arrepienta.
El dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?
1 Reyes 8:56
Bendito sea Jehová, que ha dado paz a su pueblo Israel,
conforme a todo lo que él había dicho; ninguna palabra
de todas sus promesas que expresó por Moisés su siervo,
ha faltado. Salmo 119:89

Para siempre, oh Jehová,


Permanece tu palabra en los cielos.
Jeremías 1:12
Y me dijo Jehová: Bien has visto; porque yo apresuro mi
palabra para ponerla por obra.

La palabra traducida como ―Yo apresuro‖ quiere decir:


"ejercer vigilancia, la preocupación de sí mismo con gran
celo". Él se interesa con gran celo en cumplir su palabra. Crea
esto.
¡No encontramos base alguna para dudar de Dios! El
evangelista Bosworth dice: No dudes de Dios. Si no puedes
evitar dudar, DUDA DE TUS DUDAS, porque no merecen
confianza; pero nunca dudes de Dios. No de Su Palabra.
D.L Moody dice: ―¿Habrá razón para no tener fe en Dios?
¿Falló Dios alguna vez en cumplir una de Sus Promesas?
¿Cuál es el escéptico que puede siquiera mencionar una
promesa que Dios no haya cumplido? Satanás es mentiroso.
Jesús lo dice. Puedo abrir la Biblia y mostrarles como durante
seis mil años, Satanás ha mentido a los hombres diciéndoles
que la Palabra de Dios no merece confianza. El diablo niega la
Palabra de Dios y promete de todo a los hombres sin cumplir
jamás ninguna promesa de las que hace‖.

En tres millones, todos fueron sanados


En cuanto a la palabra de Éxodo 15:26, citada anteriormente,
quiero decirte que esas palabras ―Yo Soy Jehová Tu Sanador‖
fueron dirigidas a casi tres millones de personas (Éxodo 12:37).
Cada persona se afirmó en la Palabra de Dios y el resultado fue
que todo aquel que le hacía falta sanidad, quedó totalmente
sano. Salmos 105:37 dice “y no hubo en sus tribus enfermos”.
¿Puedes imaginar tres millones de personas, todas de buena
salud y fuertes? ¡Ninguna flaqueza, ninguna debilidad, ninguna
dolencia!
Amigos eso era verdad en Israel estando bajo la ley, es todavía
más verdad para nosotros, los redimidos por la sangre del
Cordero de Dios, bajo la gracia en misericordia y en verdad.
Que esto sea una verdad confirmada, tanto como dos más dos
es cuatro QUE LA SANIDAD ES PARA USTED, QUE
TODOS USTEDES PUEDEN SER CURADOS. Es la voluntad
de Dios que cada uno de ustedes esté de buena salud y fuerte, si
cumples la condición y crees en Su Palabra. Si hubiera una
excepción justificada en tu caso, entonces estamos obligados a
admitir que puede haber una excepción justificada en todos los
casos porque ―Dios no hace acepción de personas‖ Hechos
10:34. Si Dios quiere sanar a otra persona, entonces también a
ti TE QUIERE SANAR.
Hoy en día las dolencias y enfermedades cosechan una
monstruosa cantidad de vidas humanas a pesar de los grandes
logros de la ciencia médica que progresa como nunca en todo
el mundo.
La tragedia es que estas molestias y enfermedades atacan los
cuerpos de innumerables miles de creyentes mientras los
pastores y profesores no hacen otra cosa que mostrarse
apenados asegurando a la víctima que debe ser la voluntad de
Dios; que resultará para bien o tal vez que Dios quiere enseñar
una lección de humildad paciente o para obligar a acercarse
más a Aquel que opera Su Voluntad en su vida por medio de la
enfermedad.
Esa es la corriente dominante de enseñanza y predicación hoy
en día, la cual deseo negar y aconsejarte abiertamente a no
aceptar tales enseñanzas.
El único propósito de este mensaje es asegurarte que los
creyentes no precisan estar dolientes así como tampoco
precisan ser pecaminosos. Y Usted afirme, de hecho que ES
SIEMPRE LA VOLUNTAD DE Dios sanarlo perfectamente
(cuando son cumplidas sus justas condiciones)
Quiero preguntarle algo: ¿Por qué actualmente la enfermedad
se ha tornado en un enemigo tan persistente e impertinente en
la iglesia? ¿Cuál es la razón de que la dolencia y la enfermedad
logran una cosecha tan grande en nuestro pueblo creyente
cuando en el Antiguo Testamento tres millones de personas
tuvieron el coraje de confiar en la Palabra hablada por Dios y
TODOS FUERON SANADOS COMPLETAMENTE?

Digo muy enfáticamente que la única razón fue que ellos


creyeron lo que Dios dijo: ―Yo soy el Señor tu Sanador‖. Eso
fue dirigido a ellos y ellos lo creyeron. Hoy, la ÚNICA
RAZÓN por la cual la dolencia está diezmando tanto a nuestro
pueblo es que la Iglesia no HA FALLADO (o negado) en creer
lo que
Dios ha hablado. La iglesia sabe que Dios dice: ―Yo soy el
Señor tu Sanador‖ pero en cualquier caso ella no ha creído que
Dios quiso decir lo que dijo y por tanto ha cambiado su ―YO
SOY―, por ―YO ERA‖. BAJO LA ANTIGUA ALIANZA DE
LA LEY, tres millones de personas podían de una vez gozar de
buena salud, tanto más todos debemos tener buena salud bajo la
NUEVA ALIANZA de misericordia, gracia y verdad que ha
sido establecida con mejores promesas, un sacerdocio superior
y un ministerio más excelente (Hebreos 8:6).

Capítulo 2

La Sanidad es para Todos


¿Es voluntad de Dios sanar a TODOS los que precisan sanidad,
como lo hizo en los tiempos pasados?
El mayor obstáculo para la fe de muchas personas que procuran
ser sanadas en nuestros días es la falta de certeza en sus mentes
en cuanto a si es o no es la voluntad de Dios sanar a TODOS.
Casi todos saben que,
de hecho, Dios cura a algunas personas, pero hay mucha
teología moderna que evita que el pueblo sepa lo
que la Biblia claramente enseña: QUE LA SANIDAD HA
SIDO PROVISTA PARA TODOS. Es imposible reclamar
osadamente, por la fe, un beneficio cuando no tenemos la
certeza de que Dios lo haya prometido, porque se reclaman los
beneficios de Dios ÚNICAMENTE cuando se conoce la
Voluntad de Él, cuando se confía en Su Voluntad y se cumple
Su Voluntad.
Si queremos saber lo que hay en un testamento, tenemos que
leer el testamento. Si queremos saber la Voluntad de Dios,
leamos lo que fue revelado acerca de Su Voluntad. Si me dijese
una persona: ―Mi pariente era muy rico y murió. Ahora
quiero saber si me legó una casa‖ Yo le diría: ―¿Por qué no
lee el testamento para saberlo?‖
La palabra ―testamento‖ expresa la voluntad de una persona.
La Biblia contiene el TESTAMENTO de la Voluntad de Dios
en dónde Él nos lega todos los beneficios de la redención. Y
siendo la Biblia Su último testamento, cualquier otra cosa más
reciente que pretenda serlo es una falsificación. Nunca se
escribe otro testamento luego de la muerte del testador. Si la
sanidad está en el testamento de Dios para nosotros, ¿cómo
dicen que Dios no quiere curar a TODAS las PERSONAS
como consta claramente en Su Testamento? Sería modificar el
Testamento y hacerlo luego de la muerte del testador.
Jesús no es solamente el Testador que murió sino que Él
resucitó y es también el mediador del testamento. El es nuestro
Abogado. El no nos defrauda con el testamento como hacen
algunos abogados terrenales. El es nuestro Representante a la
diestra de Dios.
No hay manera mejor para saber cuál es la VOLUNTAD DE
DIOS que leer los Evangelios que registran las enseñanzas de
las obras de Cristo. El era una expresión de la Voluntad del
Padre. Su vida era tanto una manifestación como una
revelación de amor invariable de la Voluntad de Dios. Era,
literalmente, el representante para la raza adámica de la
Voluntad de Dios.

“Si es tu Voluntad”
Lucas 4:40
Todos los que tenían enfermos de diversas
enfermedades los traían a él; y él, poniendo las manos
sobre cada uno de ellos, los sanaba.
El revelaba representando la VOLUNTAD DE Dios para
TODO el pueblo.
Hebreos 10:7
Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer
tu voluntad,
Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad,
sino la voluntad del que me envió. Juan 6:38. Todo lo que
Jesús hacía por la humanidad necesitada durante Su ministerio
terrestre, era revelación directa de la VOLUNTAD
PERFECTA de Dios para con la raza humana.

Dice F.F. Bosworth en su libro ―Cristo el Sanador‖: ―Nadie


puede ser más conservador que la iglesia episcopal. Sin
embargo, la conclusión a la que llegó la comisión dedicada al
estudio de la Sanidad Divina, después de tres años de estudio e
investigación tanto en la Biblia como en la historia, fue el
siguiente resumen: Jesús hacía las sanidades como una
revelación de la voluntad de Dios para los hombres‖.
―Descubrí que Su Voluntad ha sido plenamente revelada”,
añadió: ―La iglesia no puede orar más con la frase
destructiva de la fe „Si es Tu Voluntad‟‖.
El evangelista Bosworth también dice: ―El mensaje enseñado
en todas partes del evangelio es la SANIDAD COMPLETA
DEL CUERPO Y ALMA PARA todos los que se acercan a Él‖.
Muchos hoy en día dicen: ―Creo en la sanidad, pero no creo
que sea para todos‖… si no fuese para todos ¿Sería entonces
posible hacer la oración de fe?
Entre todos los que buscaban ser sanados por Cristo en su
ministerio terrenal, leemos SOLAMENTE
UNO que oró con esas palabras: ―SI QUIERES‖. Y este fue
un pobre leproso rechazado que no conocía la Voluntad de
Cristo de sanar. La primera cosa que Cristo hizo fue corregir la
incredulidad del leproso diciendo: ―QUIERO‖. Nadie más
dijo: ―Si es tu Voluntad‖. ES LA VOLUNTAD DE DIOS. El
leproso de Marcos 1:40 dice: ―Si quieres, bien puedes‖ y
Jesús respondió ―QUIERO‖.
Que ese ―QUIERO‖ resuelva el caso para nosotros, para toda
ocasión y para siempre; ya que Dios
QUIERE CURAR A LOS ENFERMOS. Si Él quiere curar una
persona entonces ―quiere‖ curar a todas. El no quiere que
ALGUNOS solamente sean preservados. Santiago dice:
―¿Hay alguno enfermo entre vosotros?‖. Ese ―Alguno‖ te
incluye a ti, si estás enfermo.

Acerca de los que habían sido mordidos por serpientes


ardientes en el relato de Números 21, tenían que mirar la
serpiente de bronce que fue puesta sobre un asta y dice la
Palabra de Dios: ―y cualquiera que fuere mordido y mirare a
ella, vivirá.‖ Lo mismo es ahora; si ALGUIEN ASÍ LO
DESEA, mirara a Cristo como Redentor y será salvo. Todas las
personas están en las mismas condiciones en cuanto a los
beneficios de la expiación. Las palabras ―todo aquel‖ y
―quien quiera‖ siempre se utilizan para lanzar el llamamiento
a los pecadores, y las palabras ―todos‖ ―alguien‖ y ―cada
uno‖, para lanzar el llamamiento a los enfermos y dolientes.
Estas llamadas son siempre universales, y los resultados son
siempre los prometidos: ―Será salvo‖, ―Tendrá vida‖,
―Quedó sano‖, ―El Señor lo levantará‖, ―Sanó a todos‖ y
―todos los que lo tocaban eran sanados‖.
Muchas veces los padres muestran preferencias por un hijo
sobre los otros, pero Dios nunca lo hace. Cuando cumplimos
condiciones iguales, recibimos igualmente. Nosotros
cumplimos nuestra parte y Dios siempre es fiel para cumplir su
parte todas las veces. Los beneficios del Calvario son PARA
TI. Si Dios sanaba a todos El sigue sanando a todos los que se
acercan a Él para ser curados.
Hebreos 13:8
Jesús es el mismo hoy, ayer y

por los siglos ¸ Mateo 12:15.

y le siguió mucha gente, y sanaba a todos


Lucas 6:19 “Y toda la gente procuraba tocarle, porque
poder salía de él y sanaba a todos”.
Mateo 8:16,17
Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos
endemoniados; y con la palabra echó fuera a los
demonios, y sanó a todos los enfermos; para que se
cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El
mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras
dolencias
Cristo continúa sanando los enfermos para cumplir la palabra
del profeta Isaías que dice: ―El mismo tomó nuestras
enfermedades y llevó nuestras dolencias‖.
Siempre recuerda que TÚ estás incluido en ―NUESTRAS‖ de
Mateo 8:16,17 y que Dios está obligado por Su alianza a
continuar SANANDO A TODOS los enfermos y los que sufren
dolencias por lo que dijo a través de Isaías.
Salmos 89:34
No olvidaré mi pacto, Ni mudaré lo que ha salido de mis
labios.
Lucas 4:40
Al ponerse el sol, todos los que tenían enfermos de
diversas enfermedades los traían a él; y él, poniendo las
manos sobre cada uno de ellos, los sanaba.
Hechos 10:38
Cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a
Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y
sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios
estaba con él”

La Cura es para todos y debe ser predicada a todos


Felipe predicó a Cristo a los samaritanos.
Hechos 8:6-8
Y la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas
que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía.
Porque de muchos que tenían espíritus inmundos, salían
éstos dando grandes voces; y muchos paralíticos y cojos
eran sanados; así que había gran gozo en aquella
ciudad”
Jesús probó ser exactamente el mismo cuando Felipe lo
predicó. Pedro predicó a Cristo el cojo de Hechos
3 fue curado.. Jesús probó ser el mismo par a Pedro. En todo
tiempo y en todo lugar que se predica a Jesucristo en su
sacrificio pleno por el pecado y la enfermedad el resultado será
la sanidad de los cuerpos enfermos, tanto como la salvación de
las almas perdidas. Pablo predicó a Cristo:
Hechos 14:8-10.
Y cierto hombre de Listra estaba sentado, imposibilitado
de los pies, cojo de nacimiento, que jamás había
andado. Este oyó hablar a Pablo, el cual, fijando en él
sus ojos, y viendo que tenía fe para ser sanado, dijo a
gran voz: Levántate derecho sobre tus pies. Y él saltó, y
anduvo
Pablo predicó el evangelio de la sanidad porque el cojo recibió
fe para ser curado en cuanto escuchó el mensaje de Pablo. En
todo lugar donde se predica la sanidad, con todos sus
beneficios para TODOS; el pueblo responde a la Palabra
predicada teniendo fe para ser curado y el pueblo es siempre
sanado. Este método NUNCA FALLA. LA FE NO PUEDE
FALLAR.
Quiero repetir: Nadie puede poner su fe en acción si las
personas están indecisas en cuanto a si Dios cura o no cura a
TODOS. Si Él no quiere sanar a TODOS, entonces estamos
obligados a vacilar diciendo en TODOS LOS CASOS: ―¿Dios
querrá sanar a esta persona? ¿O es uno de esos casos infelices
que Dios quiere dejarlos sufrir? ¿Cómo podemos orar la
ORACIÓN DE FE pensando así?
Queda permanente y establecido que ES LA VOLUNTAD DE
DIOS CURARME. Tengo tanto derecho a la sanidad como al
perdón cuando creo. Dios dice: ―Yo soy el Señor tu Sanador‖
y si Dios lo dice, como Él no puede mentir, El quería decir lo
que dijo. Lo que Dios dice es verdad. Por tanto la cura es MÍA.
La sanidad es parte del Evangelio y es para predicar por ―todo
el mundo‖ y para ―toda criatura‖. Es el plan de Dios
fortalecer plenamente ―hasta el fin de los tiempos‖ (Mateo
28:20). Siendo Parte del evangelio, la bendición de la sanidad
divina es para TODOS.

Capítulo 3

Las razones para la Fe


Hay muchos que reconocen no tener un conocimiento personal
de Jesús como el Salvador del cuerpo. Pueden ver que otros se
curan pero dudan que la Voluntad de Dios sea la sanidad para
ellos. Esperan una revelación particular de la Voluntad de Dios
en cuanto a su caso, y mientras tanto hacen todo lo que tienen a
su alcance para sanar por medios naturales o usando el
conocimiento humano; sin pensar, desde su punto de vista, que
procurando sanarse están frustrando la Voluntad de Dios. La
Biblia revela la voluntad de Dios acerca de la sanidad. Dios no
necesita dar una particular revelación de su voluntad sobre un
tema que ha puesto de manifiesto claramente en su palabra. Un
estudio de las Escrituras muestran claramente que Dios ha
declarado Su deseo de sanar Sus hijos - incluso curar a su
pueblo-. Queremos considerar algunas escrituras que lo
demuestran: Cuando Dios llamó a los israelitas de Egipto les
dio un estatuto y una ordenanza acerca de la sanidad (Éxodo
15:26). Él repitió esto en el cierre de los cuarenta años de
peregrinación. A través de la historia de los israelitas, los
encontramos sufriendo de enfermedades y pestilencias
volviéndose a Dios con arrepentimiento y confesando y
recibiendo sanidad en respuesta a la oración. jSe cura en
respuesta a la oración!. Fue la manera de Dios bajo la antigua
dispensación. Cuánto más prevalecerá lo mismo bajo la Nueva.
Mateo 12:15
Sabiendo esto Jesús, se apartó de allí; y le siguió mucha
gente, y sanaba a todos”.

Las obras de sanidad de Cristo no fueron solamente para probar


su divinidad, como algunos afirman. Fue para cumplir Su
comisión, la Voluntad de Dios: ―Entonces dije: He aquí que
vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad,” Hebreos 10:7
Jesús mismo es una revelación de la Voluntad de Dios. Hacía la
Voluntad de Dios, sanando a TODOS los que se acercaban a
Él. Su sacerdocio es inalterable, Jesucristo es el mismo hoy,
ayer y por los siglos. Él es el mismo enamorado como cuando
movido por compasión sanaba de toda especie de dolencias.
Hebreos 2:17
Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos,
para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en
lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del
pueblo
Durante su ministerio terrenal, en todo lugar caminaba movido
por la compasión y sanaba a todos ―los que necesitaban
sanidad‖. Él es el fiel y misericordioso Sumo Sacerdote de
nuestro tiempo. En las escrituras ―compasión‖ y
―misericordia‖ tenían el mismo significado. El sustantivo
hebraico rachamim es traducido tanto ―misericordia‖ como
―compasión‖. El verbo griego eleeo es traducido ―tener
misericordia‖ y ―tener compasión‖. Igualmente el adjetivo
eleemon quiere decir ―misericordiosocompasivo‖.

Cristo comisionó a Sus doce discípulos para sanar y después,


de la misma forma comisionó a los setenta (Lucas 10). La
comisión fue dada a todos los que creen (Marcos 16:17,18) y
otra vez fue dada a la iglesia (Santiago 5:14,16). Estas
comisiones nunca fueron revocadas.
La sanidad es la respuesta a la oración de fe, la única manera de
recibir la sanidad conocida por la iglesia primitiva.
Una línea que va de la curación a través de todas las
temporadas hasta estos días, y actualmente esta preciosa
verdad, casi borrada eventualmente en la oscuridad espiritual
de la Edad Media, ha sido revivida en un gran derramamiento
del Espíritu Santo en estos últimos días. Millares de todos los
países están probando que Dios cura en Su pueblo.
Es más, Dios ha provisto la cura por al expiación de Cristo
(Isaías 53:4,5; Mateo 8:16,17)

Las palabras ―tomó sobre sí‖ en Mateo 8:17, significan


substitución (sufriendo por, no compasión) con sufrimiento. Si
Cristo tomó nuestras enfermedades ¿Por qué tenemos que
sufrirlas?
Se encuentran tipos de expiación en relación con la Sanidad en
el Antiguo Testamento: La purificación del leproso (Lev. 14),
la sanidad de la plaga (Num. 16:46-48), la serpiente de bronce
(Num. 21:7-9), la sanidad de Job (Job 33:24).

En Deuteronomio 28, encontramos la enfermedad como una


parte de ―la maldición‖. Mas declara en Gálatas 3:13 que
―Cristo nos libró de la maldición de la ley‖.
El pecado y la enfermedad están ligadas íntimamente a través
de las Escrituras; Salmo 103:3, Juan 5:14, Mateo 9:5,6, junto
con muchos otros pasajes que indican lo mismo. Tanto del
pecado como de la enfermedad tenemos redención por la
sangre preciosa que Jesús vertió y las heridas que soportó.
Todo lo que Dios nos ha dado fue dado por Cristo Jesús
nuestro Señor, para ―Cualquier persona que desee‖, para
quien desee cumplir las condiciones de creer en la Palabra.
Podemos excluirnos a nosotros mismos diciendo ―es Su
Voluntad‖ pero Dios no exceptúa a nadie. El no hace acepción
de personas sus promesas son para todos. Santiago 5:14
“¿Está alguno enfermo entre vosotros?” Mateo 7:7 ―Pedid
y se os dará”, Marcos 11:24 ―Todo lo que pidiereis orando
creed que lo recibiréis y os vendrá”.

Observen la sanidad prometida por el hecho de ser habitación


del Espíritu Santo:
Rom 8:11.
Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a
Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a
Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos
mortales por su Espíritu que mora en vosotros
Todas estas Escrituras junto con las promesas directas e
universales, descubren claramente la Voluntad de Dios de sanar
a cualquier persona que se acerca a Él con fe. Esa es Su
Voluntad, Su manera. No se recomienda en la Biblia otra
manera para Su pueblo.
Dios nos ha legado la sanidad, la salud y la fuerza en Cristo.
Este es nuestro derecho y privilegio en Él. Le agradamos y Lo
glorificamos sujetándonos a Él. El quiere que tengamos buena
salud. ¿Aceptaremos esta provisión de su amor?
¿Obedeceremos a Él aceptando Su provisión para que Su
Voluntad sea hecha en nosotros y glorifiquemos a Dios en
nuestros cuerpos?

Con la certeza de la Voluntad de Dios, no precisamos orar:


―Señor, sáname si es Tu Voluntad‖. Ese ―si‖ indica duda y la
duda anula la fe.
Alguien me dijo un dicho sin validez: ―Creo en la oración
para que Dios me sane, si es su Voluntad‖; para ilustrar agrego:
Un hijo puede pedir algo a su padre y el padre le dará lo que
pide si piensa que es bueno para el niño; así es como yo tengo
que orar pidiendo sanidad. Si el padre del niño le prometió
darle cierta cosa, el niño tiene derecho a esperar el
cumplimiento de la promesa. Así el Padre nos ha prometido
sanidad y tenemos el derecho a esperar el cumplimiento de Su
promesa.
Sin conocer la Voluntad de Dios acerca de una cierta cosa,
podemos orar con fe pidiendo que Dios hacer esto para
nosotros si fuera Su deseo y si Él quiere. Pero cuando Dios ha
revelado Su Voluntad prometiendo hacer esa cosa, no podeos
ignorar o dudar, pues es Su Voluntad hacerlo. Su Palabra revela
el hecho de que la Sanidad es Su Voluntad si cumplimos las
condiciones y creemos en Su promesa.
La fe que Dios ve, se basa en la certeza de Su Voluntad;
conocer Su Voluntad es la base de nuestra certeza. No podemos
adquirir definitivamente la sanidad por la fe, si hay cualquier
duda acerca de si es para nosotros o no. Debemos saber la
Voluntad de Dios, entonces podremos adquirir la sanidad
definitivamente por la fe, creyendo que cuando pedimos
recibiremos.
Nuestra voluntad, también tiene una parte en nuestra cura.
¿Reclamaremos aquello que Dios quiere que tengamos?
Juan 15:7
Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en
vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho”

Cuando nuestro ―yo quiero‖ se reúna con ―Su Quiero‖ la


obra será hecha.

Capítulo 4
¿Por qué no se sanan más personas?
Romanos 10:17
Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios
Nunca se desarrolla por nuestra ―compasión‖.
Nunca se desarrolla la fe por ―lástima‖.
Nunca se desarrolla la fe por conversar sobre los dolores y los
sufrimientos, flaquezas y enfermedades de la víctima. “La fe es
por el oír… la Palabra de Dios”. Nuestra fe SE
DESARROLLA CUANDO OÍMOS LA PALABRA DE
VERDAD.
Es nuestro DEBER decir la verdad al pueblo. Jesús dijo:
“Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” Juan 8:32.
Él es la verdad. Si queremos ver las masas humanas libertadas
de la esclavitud de la dolencia, DEBEMOS predicarles la parte
de la Palabra que las liberta de enfermedades. La verdad es
esto: CRISTO QUIERE CURARNOS A TODOS o si no, no
hubiera sufrido las llagas por las cuales “fuimos nosotros
curados” Isaías 53:5
Entonces surge la pregunta: ¿por qué no sanan más personas?
Es por falta de enseñar y predicar esta gran verdad. En
lugar de quedarnos al lado de los lechos de las multitudes de
enfermos apiadándonos de sus sufrimientos y dando a entender
que ―debe ser la voluntad de
Dios llevarlos‖; o que debe ser para ―enseñarles a tener
paciencia‖, o tal vez ―mantener un mayor acercamiento al
Señor mediante la enfermedad‖ debemos ―DECLARAR
GUERRA CONTRA TODA FORMA DE ENFERMEDAD
ejerciendo nuestra autoridad sobre toda forma de poder
demoníaco mediante el Nombre poderoso y triunfante de
JESUCRISTO, ministrando liberación a los que sufren.

Si la salvación es para todos, la cura divina es para


todos
Nunca dudamos que sea la voluntad de Dios salvar incluso al
más vil y al más indigno. ¿Cómo estamos seguros de que es
así? Porque se nos ha enseñado la VERDAD acerca de este
tema. Fuimos enseñado desde la infancia que la salvación es
para TODOS los que creen, porque ―Dios amó de tal manera
al mundo que ha dado a Su hijo unigénito para que todo
aquel que en él crea no se pierda, mas tenga vida eterna.”
Juan 3:16
Si hubiésemos sido enseñados acerca de la cura para el cuerpo
tan positivamente como fui9mos enseñados en cuanto a la
salvación del alma, el pueblo creería tan rápidamente para
recibir la sanidad, como lo hacen para recibir la salvación.
Si pensamos que Dios operaba milagros y sanaba en el pasado,
pero no quiere hacer lo mismo en el día de hoy, estamos
diciendo que es un Dios que ―era‖ más que el Dios que ―es‖.
Pero yo digo enfáticamente que Él es el Gran Yo Soy, YO SOY
EL SEÑOR TU SANADOR. Ahora mismo Dios está diciendo:
―Yo Soy el Señor que TE sana‖. Mañana Él será eso mismo.
Estará curando a los enfermos que lo buscarán mañana, porque
seguirá siendo el GRAN YO SOY. No puede haber duda; Él
continúa concediendo sanidad a TODOS los que se llegan a Él
creyendo en Su Promesa. Mateo 9:29 “Conforme a vuestra fe
os sea hecho”; Santiago 1:6. “Por tanto pida con fe, no
dudando nada”
La sanidad espiritual y física
La cura en la Biblia es tanto física como espiritual.
Los dos dardos que Satanás ha tirado contra la humanidad son
pecados y dolencias. Ambos entraron en el mundo por la
desobediencia de Adán y Eva. Sobre ambos dardos, se anuncia
la victoria que Cristo trajo al mundo: La SALVACIÓN y la
SANIDAD. La liberación del pecado y de la enfermedad. Creo
que se puede declarar de estas dos formas: ―La SALVACIÓN
del pecado y la enfermedad‖ o ―la SANIDAD del pecado y la
enfermedad‖. Ambos remedios están en una sola expiación
sufridos por un sacrificio o por un Sustituto. Tiene un mismo
significado decir SANADO o decir SALVO y es para ambos:
alma y cuerpo.
El hombre no salvo y enfermo, no sería completo siendo salvo
sin ser sanado de su enfermedad después de escuchar esta
verdad proclamada.
Un pecador curado sería incompleto si aún tuviera sus pecados.
La persona es perdonada de estos males espirituales cuando su
físico es ―salvo‖, esto es CURADO. ¿Por qué? Simplemente
porque ha aceptado la expiación.
¿Cómo puede esta persona aceptar apenas una mitad de los
beneficios, después de saber la verdad? Llegó a ver a Jesús, el
Sacrificio ensangrentado, llevando tanto sus
ENFERMEDADES como sus pecados. Esto es la ―verdad que
liberta a los hombres‖ tanto en sus cuerpos como en sus almas.
En nuestras campañas evangelísticas, siempre predicamos una
provisión plena, doble, invitando a los ―no salvos‖ a aceptar a
Jesucristo, que los ―sana‖ y los ―salva‖ del pecado. El
resultado es liberación del cuerpo y del alma por igual. El
cuerpo y el alma son siempre libertados juntos, si el pueblo
cree en esto.
Pablo dice:
1Corintios 6:20
Porque habéis sido comprados por precio; glorificad,
pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los
cuales son de Dios.

Nos mandó a usar tanto el cuerpo como el espíritu para


glorificar a Dios. Ambos fueron ―comprados por buen precio‖

El hombre Paralítico
No es de admirar que Jesús dijese al hombre paralítico: “Hijo,
tus pecados te son perdonados” Marcos 2:5. Cuando él se
levantó, tomó su cama y anduvo, dejó atrás sus pecados con sus
enfermedades. Fue por esta razón que Jesús preguntó:
Marcos 2:9.
¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son
perdonados, o decirle: Levántate, toma tu lecho y anda?
Si Jesús hubiese dicho a ese hombre qu sus pecados fueron
lavados; su enfermedad tendría también que salir, pues el
remedio para los dolores fue provisto en la misma expiación e
Isaías 53:5 ya había declarado: El fue herido por nuestras
rebeliones… y por sus llagas fuimos nosotros curados.
Si Jesús hubiese ordenado que este hombre se levantara y
anduviera, entonces sus pecados también tendrían que salir.
¡Oh! ¡Cómo el pueblo carece del conocimiento de la plena
libración doble!
La palabra griega traducida ―salvo‖ en Romanos 10:9 (serás
salvo) es la misma palabra usada por Marcos 6:56 cuando
escribe: Y todos los (enfermos) que lo tocaban SANABAN.
Ambas palabras ―salvo‖ y ―sanaban‖ fueron traducidas de la
palabra griega sozo.
Es conveniente que aquellos que están en contra de la sanidad
divina aprendan el sentido de estas palabras en el texto griego.
Observen que estas palabras que se encuentran en los
siguientes versículos fueron traducidas de la misma palabra
griega sozo.
Salva - Marcos 5:23
Salvo - Marcos 16:16
Salvo - Lucas 8:36
Salvo - Hechos 2:21
Sanado- Hechos 14:9
Salvos - Efesios 2:8
Salvo - Lucas 18:42
Salvará - Santiago 5:15
Salvo - Marcos 5:34
Sanarán - Marcos 5:28
Salvos - Lucas 17:19
Sanado - Hechos 4:9
Sanado - Hechos 4:12
Sanaban - Marcos 6:56
No hay necesidad de que los creyentes estén enfermos. No
toleramos el pecado en nuestras vidas porque Jesús llevó
nuestros pecados. No necesitamos tolerar las enfermedades en
nuestros cuerpos, porque Jesús llevo nuestras enfermedades. El
TOMÓ sobre Sí nuestras enfermedades (debilidades) y llevó
nuestras dolencias (molestias)
Mateo 8:17
Para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías,
cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y
llevó nuestras dolencias.
Isaías 53:4
Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió
nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por
herido de Dios y abatido
1 Pedro 2:24
Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo
sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a
los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida
fuisteis sanados.
SABEMOS que Jesús llevó nuestros pecados. Si Él los llevó,
no necesitamos llevarlos nosotros.. Si necesitamos llevarlos,
Jesús no necesitaba llevarlos. Si necesitamos llevarlos,
entonces fue en vano que Jesús los llevara.
El Evangelio muestra claramente que Él los LLEVÓ y por
tanto, SOMOS REDIMIDOS DE ELLOS y así JAMÁS
NECESITAREMOS LLEVARLOS.
Los creyentes en su conjunto, han sido llevados a creer que, a
pesar de ser redimidos de sus pecados, deben seguir sufriendo
sus enfermedades, porque ―puede ser que no sea la voluntad
de Dios curarlos‖. SABEN que Él lo podría hacer, pero sin
CERTEZA DE SU VOLULNTAD, continuarán padeciendo
con paciencia la enfermedad que consume sus cuerpos.
¡Imagine! ¡La dolencia consumiendo el propio cuerpo
―comprado por buen precio‖; sí, el precio del Hijo de Dios!
¿Eso le parece razonable?
¡No! y ¡Mil veces No!
Soy castigado por las masa de creyentes tan mal enseñadas.
¡Cómo difieren estas tradiciones de la Palabra de Dios!
Bosworth dice: ―Cuando pregunto a un creyente si cree que
sea voluntad de Dios sanarlo y él responde que no sabe si es o
no Su voluntad, entonces le pregunto si es LA VOLUNTAD DE
DIOS CUMPLIR SU PROMESA”
Ciertamente es una pregunta muy razonable de hacer a los que
dudan si es la voluntad de Dios SANAR A TODOS los que
están enfermos.
Quiero repetir: la razón por porque más personas no son
curadas es porque les falta la predicación y la enseñanza de
estas verdades. Dado que la fe viene por el oír, y el oír por la
Palabra de Dios, entonces, si queremos que el pueblo tenga fe
para recibir la sanidad divina, DEBEMOS proclamarles estas
verdades bíblicas que sirven para edificar la fe para recibir esta
bendición.
¿Cuántos pecadores serían salvos si el predicador nunca
predicase un sermón sobre la salvación?
¿Y si cuando decide predicar sobre la salvación, basara su
discurso en los siguientes puntos principales?:
1. Puede no ser la voluntad de Dios salvarte.
2. Tal vez tu pecado sea para la gloria de Dios.
3. Permanece resignado en tus pecados, hasta que Dios te
quiera salvar.
4. Ya pasó el tiempo de los MILAGROS (conversiones).
¿Cuántas almas se salvarían y cuántos pecadores recibirían fe
para convertirse a través de sus mensajes?
Lamentablemente estos son casi los únicos puntos enfatizados
que los enfermos oyen en cuanto a la sanidad; así es fácil
comprender por qué un mayor número de personas no se sana
hoy día.

Capítulo 5
Pidiendo al Padre en el Nombre de Jesús.
Juan 14.13 Y todo lo que pidiereis al Padre en mi
nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el
Hijo.
Juan16:23 En aquel día no me preguntaréis nada. De
cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al
Padre en mi nombre, os lo dará.
Según esta Escritura podemos tener la certeza de que Jesús no
nos engañó, tenemos derecho de pedir al Padre que nos sane en
el Nombre de Jesucristo y seremos sanados. Si creemos en la
Palabra de Dios, podemos pedir en el Nombre de Jesús y
siempre recibiremos lo que pedimos; esto es, como dice en
1Juan
5:14 Si pedimos alguna cosa conforme a Su voluntad, Él nos
oye; y ciertamente y definitivamente la sanidad es
CONFORME A SU VOLUNTAD para TODOS.
Tú que sufres enfermedad, tienes derecho de pedir que el Padre
te cure. Entonces Todo cuanto pidieres al Padre, creed que lo
recibiréis y os vendrá Marcos 11:14. Así todo, es
importantísimo notar que debemos pedir en el Nombre de
Jesús.
El poder del Nombre de Jesús
Hay poder en el Nombre del Señor Jesucristo. Está escrito en
Filipenses 2:9,10
Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le
dio un nombre que es sobre todo nombre,
Para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de
los que están en los cielos (ángeles), y en la tierra
(hombres), y debajo de la tierra (demonios);
Los seres de tres mundos deben doblar las rodillas en el
Nombre de Jesús. Ese nombre ejerce control absoluto sobre
Satanás y todo su reino.
El hermano Wigglesworth cuenta cómo ministró a cierto
hombre moribundo con tuberculosis. Dice que estaba en pie al
lado del lecho, no hacía cosa alguna que no fuera repetir el
Nombre de Jesús ininterrumpidamente. La habitación comenzó
a llenarse de la gloria de Dios y la sanidad vino al cuerpo del
moribundo, y él se levantó perfectamente curado.
Pedro dice al cojo: En el Nombre de Jesucristo de Nazareth,
levántate y anda y el hombre anduvo.
En hechos 3:6 Pablo le dice a un demonio: En en Nombre de
Jesús, te mando que salgas de ella. Y la demente fue
perfectamente restaurada (Hechos 16:18).
Jesús nos dejó su Nombre, ese Nombre habita con nosotros.
Tenemos derecho a usarlo.
A Satanás le es ordenado respetar ese Nombre que es sobre
todo Nombre y todo su reino tiene que obedecer nuestras
órdenes cuando son dadas en el Nombre de Jesucristo.
Lucas 10:17
Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los
demonios se nos sujetan en tu nombre.
Recuerde que fue Jesús el que venció al pecado, a Satanás, a la
enfermedad, a la muerte, al infierno y a la tumba; y tenemos
derecho legal de utilizar Su Nombre.
Cuando Jesús nos dio el derecho de usar ese Nombre, el Padre
sabía todo lo que implicaría. Cuando almas oprimidas lo
declararan en oración, Él siempre se agrada al escuchar ese
Nombre. Las posibilidades que participan en ese Nombre
escapan a nuestro entendimiento y cuando Jesús dice a la
Iglesia: ―Todo cuanto pidieres a Mi Padre en MI Nombre”
es como si Él nos entregase un cheque ya endosado para retirar
todos los recursos de los cielos, pidiendo que los tomemos y
los usemos. ¡Qué grande es nuestro privilegio! Vale la pena, a
cualquier creyente que carezca de sanidad, comenzar un
estudio esmerado de los recursos de Jesús, con el fin de
adquirir el conocimiento de la riqueza que ese Nombre tiene
para él hoy día. Te pertenece para usarlo hoy. Jesús lo dice.
Cree que él te dice la verdad y comienza a utilizar Su Nombre
en oración hoy.
Jesús te está diciendo: ―Pide a el Padre dará cualquier cosa en
Mi Nombre; yo abalaré la petición y el Padre dará cualquier
cosa que le pidas por MI abalada‖ Al reclamar nuestros
privilegios y derechos, la Nueva alianza, y orar en el Nombre
de Jesús parece que el pedido o súplica pasa de nuestras manos
a las manos de Jesús. Él entonces asume la responsabilidad de
esa necesidad y sabemos que Él dice: “Padre, gracias te doy
por escucharme, yo sé que siempre me escuchas” Sabemos
que el Padre siempre escucha a Jesús, entonces cuando oramos
en Su Nombre el Padre es como si Jesús mismo orase. Él ocupa
nuestro lugar. El Padre nos da la respuesta y nosotros nos
regocijamos.
Esta es una verdad indiscutible. Si precisas sanidad puedes
pedirla al Padre en el Nombre de Jesús creyendo que Él te oye
y ¡he aquí! Te deshace tu enfermedad. ¿Por qué? Observa la
respuesta:
1Juan 5:4,5
Esta es la confianza que tenemos en Él, que si pedimos
alguna cosa conforme a Su voluntad Él nos oye. Y si
sabemos que Él nos oye, sabemos que tenemos las
peticiones que le hayamos hecho.
¡Ora! ¿Es eso difícil? Es fácil. El derecho de hacerlo es tuyo.
Pídele y recibirás salud en el Precioso Nombre de Jesús. ¡Hazlo
ahora! ¡Eso opera ahora mismo donde estuvieres!
Jesús nos dio permiso de utilizar Su Nombre en oración.
Juan 14:13,24
Todo cuanto pidieres en Mi Nombre, Yo lo haré, para
que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si pidieres
alguna cosa en Mi Nombre Yo lo haré.
Leemos más:
Juan 16:24
Hasta ahora nada pedisteis en Mi Nombre; pedid y
recibiréis para que vuestro gozo sea cumplido
¡Cómo lo debemos alabar por el derecho de usar Su Nombre en
oración!
Si te hace falta sanidad, pídesela al Padre en el Nombre de Su
querido Hijo y la recibirás; y tu gozo SERÁ CUMPLIDO.
Pedro confiando en la Palabra de Jesús dijo al cojo: En el
Nombre de Jesucristo de Nazareth, levántate y anda. Ese
Nombre JAMÁS PIERDE SU PODER. Por esta escritura él nos
ha probado el hecho de que se puede recibir SANIDAD POR
ESE NOMBRE. Los hombres son salvos por ese NOMBRE,
pues Hechos 4:12

Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro


nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que
podamos ser salvos.
Los hombres oran y hacen sus peticione al Padre en ese
Nombre (Juan 14:13,14; 16:24). En ese Nombre los cojos, los
impotentes e inutilizados son libertados para andar
nuevamente. Jesús dice en Marcos 16.17: En mi Nombre
echarán fuera demonios. Pablo probó la veracidad de esta
profecía de Jesús muchos años después que Jesús la haya
enunciado. Pablo le dice al espíritu que estaba en la joven de
Filipos:
Hechos 16:18
Te mando en el nombre de Jesucristo, que salgas de
ella. Y salió en aquella misma hora.
No es difícil de entender que el poeta escribiera:
¡Saludad el Nombre de Jesús! ¡Arcángeles postraos! ¡Al Hijo
del glorioso Dios, con Gloria coronad!
Qué gran poder tiene ese Nombre para la Iglesia hoy! Y abarca
toda la fase de la Iglesia primitiva.
Según Colosenses 3:17, los hijos de Dios fueron enseñados de
la siguiente manera:
Todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo
todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios
Padre por medio de él.
En Efesios 5:20 fueron enseñados a dar siempre gracias por
todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.
En 1Corintios 6:11 les fue dicho que ya habéis sido lavados, ya
habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el
NOMBRE del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.
En Hebreos 13:15 fueron amonestados a ofrecer siempre
sacrificio de alabanza, frutos de labios que confiesan Su
NOMBRE.
En Santiago 5:14 Fueron instruidos a ungir los enfermos con
aceite en el NOMBRE del Señor. Y os informa en 1 Juan 3:23
que Su mandamiento es este: que creamos en el NOMBRE de
Su Hijo Jesucristo.
Vemos en estas Escrituras que el NOMBRE de Jesús daba
poder a toda área de la vida de la Iglesia primitiva y que
tomaba un lugar en los pensamientos, en la vida de oración, en
la enseñanza y en la predicación. Muchos hoy ignoran estas
verdades bíblicas porque no fueron instruidos.

Capítulo 6

Si dos de vosotros se pusieren de acuerdo


Mateo 18:19,20
Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de
acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que
pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los
cielos.
Porque donde están dos o tres congregados en mi
nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

El dicho de Eclesiastés: ―La unión hace la fuerza‖.


Eclesiastés 4:9-12
Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de
su trabajo.
Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero;
pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo
que lo levante.
También si dos durmieren juntos, se calentarán
mutuamente; mas ¿cómo se calentará uno solo?
Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y
cordón de tres dobleces no se rompe pronto”..
Dice en
Deuteronomio 32:30
“un solo hombre perseguirá a mil, y dos a diez mil”.
“Designó el Señor también a otros setenta, a quienes
envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar
adonde él había de ir.”
Lucas 10:1.
Después de estas cosas, designó el Señor también a
otros setenta, a quienes envió de dos en dos delante de
él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir.
Sin dudas, Dios tuvo el mismo propósito cuando dijo por el
Espíritu: Hechos 13:2 “Apartadme a Bernabé y a Saulo para
la obra a que los he llamado.‖. Observamos que Pedro y Juan
fueron vistos por el cojo en Hechos 3 y en virtud de su fe, los
dos juntos hicieron la obra en el cuerpo del cojo.
Llamamos la atención a estas cosas para enfatizar que ―si dos
de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de
cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre
que está en los cielos.” Hemos comprobado personalmente
que esto es verdad en varios casos donde las víctimas de las
enfermedades no conseguían alcanzar la fe para sí mismos. Y
en nuestra experiencia en este tipo de casos, cuando dos
concordamos no solo en palabras, sino también en Espíritu
acerca de lo que falta, el enfermo sana. Eso sin embargo, no es
necesario cuando al persona tiene las facultades mentales para
escuchar la Palabra de Dios para su propia edificación; de esta
forma ella puede poner en su propia fe en acción..
Millares de personas testifican haber recibido sanidad
solamente escuchando ―la Palabra de Dios‖ cuando les
predicamos estas verdades. Aquí citaré algunos ejemplos:
Cierto hombre quedó absorto con el mensaje que predicamos y
cuando se levantó descubrió que estaba sanado de una hernia
que sufría.
Una Señora, descubrió que estaba sana de artritis y las várices
le habían desaparecido.
Una mujer ciega recibió la vista donde estaba sentada en el
banco.
Y millares de otras personas han sido curadas de toda especie
de dolencia en cuando oyeron y creyeron la palabra de Dios.
Será tu experiencia que, en cualquier ocasión oigas la Palabra
de Dios y la aceptes, tendrás tu propia fe, la fe que te
LIBERTARÁ. Eso es siempre mejor que confiarse en la fe del
evangelista.
Hay que tener en cuenta, que hay casos en que la persona no
puede razonar, o que está tan enferma que no puede
comprender estas verdades, incluso no puede escucharlas. En
tales casos, que dos de ustedes puedan estar de acuerdo con
gran poder en oración, pues la promesa es muy POSITIVA:
―Eso les será hecho por mi padre que está en los cielos‖.
Nosotros debemos alabar a Dios por su gran promesa, y por su
cuidado de nuestra salud física, tanto como de nuestra salud
espiritual. El amado Juan escribió una de esas promesas a su
carta a su amigo Gayo diciendo: “Amado, yo deseo que tu seas
prosperado en todas las cosas y que tengas salud, así como
prospera tu alma” 3 Juan 2. Juan, que se reclinó sobre el pecho
de Jesús, sabía que era la voluntad de Dios QUERER salvar
regenerar a todo pecador incluso al más vil y más despreciado.
Igualmente, es definitivamente la VOLUNTAD DE Dios curar
TODOS los enfermos y dolientes, incluso a los más
desanimados, si el enfermo busca en Él y cree Su Palabra de
Verdad. ES LA VOLUNTAD DE DIOS SANAR A TODOS.
¿Cómo alguien puede dudar del amor y compasión de Dios
para con SUS HIJOS?. Yo no comprendo, siendo que El da
razón tras razón demostrando que podemos ser sanados. Tengo
en mente que vas a recibir tu sanidad. Tienes derecho bíblico
de tener buena salud y ser fuerte. Alguien puede preguntar:
―¿Entonces nadie podría morir nunca?‖ Según la Biblia, la
respuesta es fácil, de hecho esta es la buena parte. Escucha lo
que Dios prescribe acerca de la muerte de Sus hijos: LOS
HIJOS DE DIOS ESTÁN REDIMIDOS de la maldición de la
ley (Gálatas 3:13) parte de la cual es la enfermedad ―Si no
cuidares de poner por obra todas las palabras de esta ley que
están escritas en este libro, temiendo este nombre glorioso y
temible: JEHOVÁ TU DIOS,
Deut 28:59-61
Entonces Jehová aumentará maravillosamente tus
plagas y las plagas de tu descendencia, plagas
grandes y permanentes, y enfermedades malignas y
duraderas; y traerá sobre ti todos los males de
Egipto, delante de los cuales temiste, y no te
dejarán.

Asimismo toda enfermedad y toda plaga que no está


escrita en el libro de esta ley, Jehová la enviará sobre
ti, hasta que seas destruido”.

La norma bíblica para la muerte de un hijo de Dios es:


―Vendrás en la vejez a la sepultura, Como la gavilla de trigo
que se recoge a su tiempo” Job 5:26. Fue así que Abraham,
Isaac, Jacob, Moisés, David y muchos otros partieron.
Capítulo 7

La unción con aceite de los ancianos.


Santiago nos explico esto en el versículo 14 del Capítulo 5
―¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos
de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre
del Señor.‖
Esta es una promesa inconfundiblemente clara de sanidad para
los enfermos. Sabemos por Marcos 6:13 que los discípulos
hacían esto: ―Y echaban fuera muchos demonios, y ungían
con aceite a muchos enfermos, y los sanaban”. Quiero llamar
la atención a Uds. al hecho de que justo antes de que Santiago
escribiera la promesa a los enfermos, él menciona a los
AFLIGIDOS (alma), los que están SUFRIENDO ([Link].),
los que están TRISTES (Fig.) La palabra griega da la idea de
―sufrir cualquier dolor moral‖ y no cualquier enfermedad
física. Aquellos que sufren persecución o tribulación no deben
llamar a los presbíteros para que los haga libres; Santiago dice:
―¿Está alguno afligido? Ore”. Es él mismo el que debe orar.
Observe lo que Santiago dice acerca de los enfermos: ―¿Está
alguno entre vosotros enfermo?‖; esto no quiere decir que la
sanidad es sólo para algunos predilectos. El declara osadamente
que la promesa de sanar es para cualquiera (ALGUIEN
enfermo). TODA PERSONA enferma tiene derecho bíblico de
llamar a los ancianos de la iglesia y ser sanada; y si fuera
necesario ser salva al mismo tiempo. Tú debes regocijarte
especialmente si fuiste uno de desafortunados a quien le fue
enseñado que ―la sanidad es sólo para aquellos que tienen
buena suerte‖ o ―tan solo para aquellos que Dios quiera
curar‖. La sanidad es para Ti
Tienes derecho a gozar de salud en el cuerpo, tanto como salud
en el alma (3 Juan 2), después Santiago dice que la oración de
fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere
cometido pecados, le serán perdonados. ―Y en el versículo 16:
―Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por
otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo
puede mucho‖. Esta promesa es muy clara y fácil de
comprender. Haciendo según estas palabras, millones de
personas han sido sanadas a través de los siglos, y por la misma
razón, otro millones serán hoy y serán sanados en el futuro.
Observe que en el versículo 15, Santiago dice: ―LA
ORACIÓN DE FE salvará al enfermo‖ declarando que es LA
ORACIÓN DE FE la única oración que trae sanidad a los
enfermos.

La oración de fe
Quiero preguntar: ¿Cómo puede alguien orar ―la oración de
fe‖ cuando alimenta la idea de que, tal vez, sea la voluntad de
Dios llevar al enfermo pase a la eternidad por medio de la
enfermedad que sufre? O si piensa: ―Dios, tal vez, está
operando algo muy precioso en la vida de este hermano por
medio de esta enfermedad, y tal vez debo animarlo a
soportarla con paciencia y así logre aprender la lección que
Dios le quiere enseñar.‖ En tales circunstancias, ninguno jamás
puede orar la oración de fe y lamentablemente es justamente la
actitud de muchos que oran por los enfermos. ¿No es de
admirar que tantos enfermos no reciban la sanidad en respuesta
a la oración?
Pablo dice que Cristo es el Salvador del cuerpo:
Efesios 5:23.
“porque el marido es cabeza de la mujer, así como
Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él
es su Salvador.”
Dice más en 1 Cor [Link] Pero el cuerpo es para el Señor, y el
Señor para el cuerpo. Entonces él pregunta: Vs 15: ¿no sabéis
que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? y otra vez: Vs
19 ¿No sabéis que vuestros cuerpos son templos del Espíritu
Santo? y agrega: Vs 20. Glorificad pues a Dios en vuestro
cuerpo y en vuestro espíritu los que pertenecen a Dios.
―EL CUERPO… ES PARA EL SEÑOR‖ no es para nosotros
mismos ni para otra persona
(especialmente no es para Satanás). No fue creado para ser una
habitación de dolencias y enfermedades. Si Cristo se tornó el
SALVADOR DEL CUERPO, y el CUERPO ES PARA EL
SEÑOR, entonces no precisamos tolerar las enfermedades y las
dolencias en el cuerpo. No debemos tener enfermedades en el
cuerpo como tampoco pecado en el corazón. La enfermedad es
pecado para el cuerpo. El pecado es enfermedad para el alma.
Reconoce tu PLENA LIBERACIÓN. Reclama tu libertad.
Gálatas 5:1
“Estad firmes en la LIBERTAD con la que Cristo nos hizo
libres”.
Amigos acepten para siempre en lo más íntimo de Uds., QUÉ
ES LA VOLUNTAD DE DIOS QUE
TENGAN BUENA SALUD!. Reclamen la promesa, entonces
PONDRÁ EN ACTIVIDAD ESTA
PALABRA, quitando las dudas y recelos para gozar de vuestra
sanidad que apresuradamente brotará, Isaías 58:8 (NT. La
Versión Reina Valera traduce salvación, pero la King James y
otras versiones españolas traducen ―Y tus sanidades pronto
brotarán”)
Recuerde que Santiago dice: ¿Está alguien enfermo entre
vosotros?” Es verdad HOY que CULQUIER persona enferma
puede llamar a los ancianos para orar ―LA ORACIÓN DE FE‖
a su favor. NO se puede orar, ni hacer la oración de fe mientras
los ancianos están preguntándose SI es voluntad de Dios sanar
a este o aquel, pues Santiago sigue diciendo:
Santiago 1:6,7. “pida con fe, no dudando nada, porque
el que duda es semejante a la onda del mar, que es
llevada por el viento y arrastrada de una parte a otra.
No piense pues quien tal haga que recibirá cosa alguna
del Señor.”

Capítulo 8

La imposición de las manos


En el capítulo 16 de del Evangelio de Marcos, en el versículo
18, dice que Jesús comisionó Sus discípulos a ―ir por todo el
mundo‖ e hicieron lo que Él ordenó. Esta comisión está
TODAVÍA EN VIGOR. No es anticuada. Aquí está: Marcos
16:18. ―sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán”.
Fue poco antes de decir esto, que Jesús dijo: ―Y estas señales
seguirán A LOS QUE CREEN” y agregó: “En Mi Nombre
echarán fuera demonios, pondrán sus manos sobre los
enfermos y sanarán” (luego de que el creyente imponga sus
manos).
Cualquier creyente puede imponer las manos sobre los
enfermos, y la promesa es: “Y sanarán”. Un creyente, sin
embargo, es más que una persona que meramente concuerda
con que la Palabra de Dios es verdad. UN CREYENTE
SIEMPRE PONE LA PALABRA EN ACTIVIDAD. Dios
nunca manda a los
hombres a hacer cosas que no pueden hacer. Adquirir una
promesa es siempre una cuestión de obediencia más que de fe.
Hacer lo que Dios nos ordena hacer, y esperar lo que Él nos
dijo que hará; ESTO ES FE.
• Noé construyó el arca. Dios envió el diluvio sobre la
tierra.
• Moisés extendió la vara. Dios dividió las aguas del
Mar Rojo.
• Josué rodeó las murallas de Jericó. Dios los hizo huir.
• Eliseo lanzó un hacha en las aguas. Dios hizo flotar el
hierro.
• Naamán se sumergió 7 veces. Dios curó su lepra.
Así mismo Jesús ordena al creyente a imponer las manos sobre
los enfermos y Dios los hará sanar.
En Santiago dice: ―Ancianos, unjan a ALGUIEN
ENFERMO con aceite, y oren por él la ORACIÓN DE FE‖ ,
luego declara: “El Señor lo sanará.‖
Dios dice: ―Haz tú una cosa insignificante. Yo haré una
maravilla..
―Haz una cosa Insensata. Haré una cosa sabia.‖
―YO haré una cosa que solamente YO (Dios) puedo hacer.‖
Haz lo que Dios te manda a hacer y luego espera que Dios haga
Su parte. ESO ES FE.

Mi visión de Jesús
Hace algunos años que Dios, en Su gracia, me concedió una
visión maravillosa del SEÑOR JESUCRISTO, de Gabriel
tocando su trompeta y del arrebatamiento de la iglesia. Me fue
mostrado maravillosamente que mi partida de esta tierra con la
Iglesia es por mi aceptación de la sangre de Cristo para cubrir
mis pecados, y haber expresado mi fe en la plena expiación de
Cristo. No tengo palabras para explicar la importancia que esta
visión tiene para mí. Digo lo mismo que Hattie Hammond:
―Si algún día VES A JESÚS en Su esplendor divino, tu vida
JAMÁS SERÁ LA MISMA”.
Algunas semanas después de esta visión, en McMinnville,
Oregón, cuando yo oraba prometí a Dios, con Su ayuda, leería
el Nuevo Testamento como si nunca antes lo hubiese leído.
Que leería acerca de Jesús como si nunca hubiese oído hablar
de Él antes; y que aceptaría Sus palabras, mandamientos y
principios como si yo nunca los hubiera conocido antes, y que,
por Su Gracia LOS CONCIENTIZARÍA. Si Él dijese que yo
puedo expulsar demonios, entonces comenzaría a expulsar
demonios. Si Él dijese que yo podría curar los enfermos,
entonces esperaría ver los enfermos curados. Me faltan
palabras para decirles lo que significó este paso para mí. Desde
entonces, la Biblia comenzó a ser UN VIVO, PALIPITANTE,
VIBRANTE LIBRO DE VERDAD. Deseaba darle importancia
a todo lo que me fuera enseñado, para aceptar la Palabra y
ponerla en actividad de la misma manera en que ella dice que
lo podemos hacer. Fue por medio de esta decisión que descubrí
la AUTORIDAD que tenemos en el Nombre de Jesús y el
poder que tenemos sobre el reino de Satanás, tanto como la
virtud que mana por intermedio de todos los que realmente
CREEN. La Palabra de Dios se torna muy simple cuando
consideramos toda la Palabra como verdadera y actuamos de
acuerdo a esta convicción. Ella pierde todas las así llamadas
―complicaciones‖ y todas sus verdades impresionantes de
PODER Y AUTORIDAD concedidos a la Iglesia se tornan
REALIDADES VIVAS. Cuántas veces he dicho desde
entonces: “¡Cuán palpitante es predicar un evangelio que
FUNCIONA!”
Al presenciar constantemente la liberación de los sordos y
mudos, la restauración de la vista a los ciegos, la cura de los
cojos, de los afligidos, los enfermos, nos regocijamos con la
verdad de las palabras de Jesús:
“TODO ES POSIBLE AL QUE CREE”.

Poner las manos sobre los enfermos


En todo lugar donde los CREYENTES ponen las manos sobre
los enfermos, con fe, los enfermos sanan. No debemos esperar
menos de eso.
Se registra en Marcos 5:23-41 un acontecimiento de fe en la
imposición de manos: “Mi hija está moribunda, te ruego que
vengas y pongas sobre ella las manos para que sane y viva”
dice a Jesús Jairo, uno de los principales de la sinagoga; ―Y
tomando la mano de la niña, le dijo: LEVÁNTATE y la niña
se levantó” . En Lucas 13:11-13, Jesús vio una mujer que
andaba encorvada por un ESPÍRITU DE ENFERMEDAD y
―puso las manos sobre ella y luego se enderezó y glorificó a
Dios‖. En Hechos 28:8 dice: “Y aconteció que el padre de
Publio estaba en cama, enfermo de fiebre y de disentería; y
entró Pablo a verle, y después de haber orado, le impuso las
manos, y le sanó.”
El que cree tiene la naturaleza de Dios. Más aún, el Espíritu de
Dios habita en él como Su templo. Así el poder de Dios está en
Él y es el poder de Dios que sana a los enfermos cuando les
impones las manos en el Nombre de Jesús.
A veces eso está acompañado por manifestaciones. La persona
―siente‖ LA VIDA DE DIOS pasando por su cuerpo enfermo
tornándolo en salud. Mas otras veces, acontece que no
―siente‖ COSA ALGUNA. Así todo, tanto sea que sienta
como que no sienta cosa alguna, la Palabra de Dios es superior
a lo que ―sentimos‖, como está escrito ―PONDRÁN LAS
MANOS SOBRE LOS ENFERMOS Y SANARÁN‖. Esa
Palabra es siempre VERDADERA. Si el enfermo siente o no
siente, EL SIEMPRE QUEDARÁ SANO.
A cierta Señora, después de pasar por la fila de oración, le
preguntaron acerca de lo que había ―sentido‖ y ella respondió:
―Bueno, yo no fui bendecida, pero fui SANADA‖; así,
meditando sobre su maravillosa cura se alegró y fue
―bendecida grandemente‖. Muchos, como esta señora esperan
―sentir‖ una cosa cuando están orando por ellos en LUGAR
DE ESPERAR LA SANIDAD, Es posible ser curado por el
Poder de
Dios sin ―sentir‖ cosa alguna. O se pueden sentir grandes olas
del poder de Dios para curar, un fuego que quema, una
frescura, un choque como de electricidad. Más quiero
prevenirlos, no esperen ―sentir‖.
AGUARDEN Y ESPEREN LA SANIDAD. Cierto predicador
me dijo: ―Yo tenía la costumbre de orar pidiendo que Dios
postrase el pueblo sobre bajo Su poder, que postrase a tierra a
aquellos por los que yo oraba. Y Él hizo precisamente eso.
Casi todos sobre quienes impuse las manos, caían. Más
descubrí que muchos de ellos se levantaban para descubrir que
aún estaban enfermos. Entonces comencé a orar pidiendo que
los CURASE, en lugar de POSTRARLOS‖… este predicador
también me dijo que Dios era fiel en hacer lo que Le pedía que
hiciese. Sigue diciendo ―Ahora no todos se postran, PERO
DE HECHO
RECIBEN LA CURA.‖ Este predicador era uno de los que
quería que los enfermos ―sintieran‖ antes que FUESEN
CURADOS. Llegó a reconocer esto y ahora su ministerio está
aumentando grandemente. Reciben la sanidad y siempre es
mejor que ―SENSACIONES‖.
Cuando los enfermos aprenden a basar su fe en la Palabra de
Dios exclusivamente, ya ganaron, sin duda, la victoria. Por lo
tanto, es cierto que alguna cosa en la esfera de la sensación, nos
puede separar del ―ASI DICE LA PALABRA DE DIOS‖. En
cuanto la persona habla en términos de que ―siente‖, tal
persona está enteramente fuera de la fe en la Palabra.

La fe no tiene que ver con cosa


alguna, a no ser con la Palabra de
Dios.
Para ilustrar: Alguien pasa por la fila de la oración. Oran por él
y él sale diciendo: ―creo que fui curado, me SIENTO MUCHO
MEJOR, no SIENTO más dolor‖; es claro que está hablando en
términos de lo que él siente. Bueno, lo que sucede
invariablemente a tal persona es que, más tarde, comienza a
sentirse mal y continuará hablando acerca de que SIENTE.
―Caramba… pensaba que recibí una sanidad, pero ME
SIENTO TAN MAL!... tal vez debería volver para que me oren
más.‖
Debe ser evidente que aquellos que juzgan su cura por lo que
SIENTEN nunca consideraron la importancia de la Palabra de
Dios o lo que DIOS DICE. Si recibieren la sanidad, es porque
se sienten bien. Si se sienten mal es porque no fueron curados.
Nunca vinculan que deben creer lo que Dios dice.
Cierta vez fui llevado al cuarto de un enfermo y cuando lo
animé a buscar a Dios para la liberación de la enfermedad que
sufrió toda su vida, él replicó: ―Creo que llegaré aún a ser
sanado‖ Le pregunté por qué pensaba así; él respondió: ―Creo
que sí porque fue revelado a varios amigos que aún puedo
curarme. Incluso el pastor cree que voy a llegar bien de salud.
Y hace mucho tiempo que el Señor me bendijo grandemente y
me dio testimonio de que yo iba a ser curado‖
¡Cuidado! Esforzándose para creer, solamente basado en el
―testimonio‖ de alguien o en lo que ―sentía‖; no mencionó la
Palabra de Dios, ni promesa alguna de Dios. EL
TESTAMENTO Y LA PROMESA DE Dios no significaban
cosa alguna para él.
Adquiera la costumbre de creer en la Palabra de Dios. En este
tiempo en que vivimos debemos girar alrededor de lo que Dios
dice. La fe EN LA PALABRA vence.

La Fe nunca es un sentimiento y un sentimiento nunca


es Fe.
La fe no tiene cosa alguna con los sentimientos y los
sentimientos, no tienen cosa alguna con la fe. La fe le
constantemente le atribuye todo a lo que ―dice la Palabra de
Dios‖; sin tomar en cuenta los dolores, ni los síntomas ni a las
sensaciones. Ahora, observe la diferencia: Una persona con FE
EN LA Palabra (y no en lo que siente) pasa por la fila de
oración. Conforme enseñan las Escrituras, le imponen las
manos y, tal vez, un creyente carnal que se gobierna por lo que
siente preguntaría ansiosamente: ―¿Te sientes mejor?‖; el
creyente con fe responde: ―estoy sanado‖ La palabra dice:
―Pondrán las manos sobre los enfermos y sanarán”. El
dudoso persiste: ―Pero sientes alguna mejora?‖; el creyente
con fe responde calma y positivamente, sabiendo que el centro
es la Palabra de Dios dando apoyo a sus palabras: ―Sé que
estoy sanado, porque está escrito: “Por sus llagas fuimos
nosotros curados”. Puede, también agregar: ―Dios dice: Yo
soy el Señor tu Sanador y eso se refiere a mí.‖ LA OBRA, la
sanidad de esta persona YA ESTÁ HECHA porque atribuye su
sanidad interiormente al poder de la PALABRA DE DIOS.
Surge la pregunta: Sin embargo… en cuanto a lo que sentimos,
¿está queriendo decir que debemos llevar nuestro dolor hasta el
último día de nuestras vidas? ¡NO! No quiero decir que tendrás
que llevar tus dolores sin hacer cado de ellos como enseña la
―Ciencia Cristiana‖. No es que tendrás que MENTIR acerca
de tus dolores. Muchos después de oírnos predicar sobre esto,
entienden que cuando alguien les pregunte acerca de su
sanidad, tienen que responder ―No, no tengo más dolor‖ o
―Estoy curado, ya no sufro cosa alguna‖; pero en realidad aún
sienten mucho dolor. Esto no es hacer RECTAMENTE. Si aún
sientes dolor, no debes MENTIR acerca de él (ni confesarlo).
Siempre habla la VERDAD, ahí está el secreto: Responde al
amigo con LA PALABRA DE Dios. Tienes que decir
justamente: LO QUE LA PALABRA DE DIOS DICE: “por
sus llagas fuimos nosotros curados” Quiero repetir: LA FE NO
HACE CSO DE COSA ALGUNA A NO SER LA PALABRA
DE Dios.
Cuando te impongan las manos deberás sanarte, si tan solo lo
puedes creer.
Sustenta la Palabra de Dios y Dios te sustentará a ti.
1 Reyes 1:56
Bendito sea Jehová, que ha dado paz a su pueblo Israel,
conforme a todo lo que él había dicho; ninguna palabra
de todas sus promesas que expresó por Moisés su siervo,
ha faltado.
Ezequiel 12:25
Porque yo Jehová hablaré, y se cumplirá la palabra que
yo hable; no se tardará más, sino que en vuestros días,
oh casa rebelde, hablaré palabra y la cumpliré, dice
Jehová el Señor.
Ezequiel 12:28
Así ha dicho Jehová el Señor: No se tardará más ninguna
de mis palabras, sino que la palabra que yo hable se
cumplirá, dice Jehová el Señor.
2 Corintios 1:20
Porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él
Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios.
Amigo, cuando te impongan las manos, cree en la Palabra y
cree que Jesús nos hablaba la verdad cuando
´el dijo: ―Y SANARÁN‖. En 2 Corintios 1:24 está escrito:
―porque por la fe estáis firmes.” Fe en la Palabra de Dios,
siempre trae respuesta. Agradece la sanidad desde el
MOMENTO en que te impongan las manos con fe.

Capítulo 9

La Sanidad en la Expiación
Isaías 53:4,5
Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió
nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por
herido de Dios y abatido.
Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por
nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre
él, Y POR SUS LLAGAS FUIMOS NOSOTROS CURADOS.
Quiero unir esto con 1 Pedro:
1Pe 2:24
Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo
sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a
los pecados, vivamos a la justicia; Y POR CUYA HERIDA
FUISTEIS SANADOS.
Por estas Escrituras vemos la sanidad para el CUERPO en la
misma expiación que vemos la salvación para el ALMA. LA
SANIDAD ESTÁ EN LA EXPIACIÓN. TENEMOS
SANIDAD EN LA
REDENCIÓN.. Si somos salvos, debemos ser sanados. Si
somos sanados debemos ser salvos. Nuestro Señor no está
queda satisfecho con una media salvación.
Al reconocer que la sanidad, tanto como la salvación es
nuestra, no precisamos de ―llamar a los presbíteros‖. No
precisamos de la ―imposición de las manos‖. No precisamos
más pedir en el Nombre de Jesús lo que ya poseemos.; no
precisamos más de dos de nosotros que estén de acuerdo en
orar porque ya reconocemos que tenemos SALUD. Ya
sabemos que estamos LIBERTADOS DE LA ESCLAVITUD
DE LA ENFERMEDAD Y LA DOLENCIA. Vemos nuestro
Substituto, Jesucristo, HECHO ENFERMO YPECADO POR
NOSOTROS y sabemos que jamás debemos llevar el fardo del
pecado y enfermedades que Jesús llevo en la cruz por nosotros.
Reconocemos la verdad de Mateo 8:17 El mismo tomó
nuestras enfermedades (debilidades), y llevó nuestras
dolencias.
Reconocemos que Jesús, nuestro substituto, libertó tanto
nuestro CUERPO de las enfermedades, como nuestra alma del
pecado.
Vemos nuestras enfermedades, tanto como nuestros pecados
colocados sobre Jesús en el Calvario y reconocemos que si
Jesús llevó NUESTRAS enfermedades y NUESTRAS
dolencias, NO
NECESITAMOS LLEVARLAS MÁS. Quiero repetir: LOS
CREYENTES NO NECESITAMOS
LLEVAR ENFERMEDADES. Dios desea que estemos con
salud y fuertes. Vemos nuestros pecados perdonados y nuestras
enfermedades sanadas. Vemos liberación tanto para nuestro
CUERPO como para nuestra ALMA. Comenzamos a cantar el
salmo [Link] BENDICE ALMA MÍA A JEHOVÁ Y NO TE
OLVIDES DE NINGUNO DE SUS BENEFICIOS (a la
mayoría de nosotros se no olvida una mitad de los beneficios
de la expiación; David no se olvidó) Él es el que perdona
TODAS tus iniquidades, el que sana TODAS tus dolencias.
Clamemos de una vez: ―PERDONA TODAS‖ y ―SANA
TODAS‖.
Por fin los creyentes sabemos porque Jesús dice en Marcos [Link]
―¿Qué es más fácil decir?... ¿Estás perdonado de tus
pecados o decirle: Levántate, toma tu lecho y anda?”
Por fin, la alegría indecible y llena de gloria de una PLENA
SALVACIÓN se nos ha tornado real. Vemos una
LIBERACIÓN COMPLETA.
Nos unimos con Pedro en decir: “Llevando Él mismo en su
cuerpo nuestros pecados sobre el madero… Por Sus
HERIDAS FUISTEIS SANADOS”. Vemos todo esto hecho
en el Calvario. Somos libertados. No más pecado, no más
enfermedades. Ambos fueron LLEVADOS POR EL
SUBSTITUTO. Y cuando reconocemos estas verdades es que
se comienzan a disipar las enfermedades, nuestras piernas y
nuestros brazos deformados comienzan a enderezarse.
Creámonos libertados tanto del CUERPO como del ALMA. No
nos quedemos al lado de Job en el Viejo Testamento,
predicando que tenemos que sufrir enfermedades porque Job
sufrió. ¡NUNCA!. Reconocemos que vivimos después del
Calvario, bajo la GRACIA y la VERDAD que nos liberta de la
maldición de la ley (Dt 28:58-61)
Hace tiempo que cierto ministro me dijo: ―Todas las veces
que oramos por los enfermos, si no se enferma mi esposa, es mi
hijo que cae. Luego agregó que él creía que DEBÍAN pasar
por estas “pruebas” para probar su fe. Era su deber probar
que era fiel cuando estaba ENFERMO antes de que Dios lo
usara para curar a otros que estaban enfermos.‖ Respondí que
sería vergonzoso pensar que yo debía experimentar el
PECADO para habilitarme a predicar la salvación a los
pecadores. Dije más a este hombre: ―La diferencia entre su
predicación y la mía es que Usted predica que cree que TIENE
QUE SUFRIR y mostrarse fiel antes de decirle al prójimo que
puede tener sanidad. Yo enseño al pueblo que JESÚS YA
SUFRIÓ POR ELLOS Y POR MÍ, y que por tanto, podemos
gozar la redención que El suplió para nosotros; que JESÚS ES
EL SUBSTITUTO, NO YO.
Jesús llevó nuestras debilidades, nuestras dolencias y nuestras
enfermedades y como Él las llevó, no las
tenemos que sufrir. SATANÁS NO PUEDE COLOCAR
LEGALMENTE SOBRE NOSOTROS LO QUE DIOS
COLOCÓ SOBRE JESÚS. Él no tenía ninguna dolencia antes
de sufrir por nosotros. El objeto de Llevar el pecado, fue el de
volver justos a todos los que creyeran en Él, como SU
CARGADOR DEL PECADO. El objeto de llevar nuestras
dolencias, fue el de volver sanos a todos los que creyeran en Él
como SU CARGADOR DE ENFERMEDADES. Su obra de
llevar el pecado fue la JUSTICIA certera para la nueva
creación. Tomó nuestros pecados y así nos hizo justos. Su obra
de llevar la dolencia fue la CURA certera para la nueva
creación. Tomó nuestras dolencias y así nos hizo sanos. Tomó
nuestras enfermedades y así nos hizo fuertes. Y ahora El
transforma nuestros fracasos por buen éxito.
La enfermedad esclaviza a aquel que cuida los enfermos. Los
seres queridos que lidian día y noche con sus enfermos pierden
la alegría y el descanso. La enfermedad no proviene de amor y
Dios es amor. La enfermedad roba la salud, roba la felicidad,
roba el dinero que necesitamos para otras cosas. La enfermedad
es nuestra enemiga. Es ladrona. Ella roba a aquel enfermo de
tuberculosis. Le sobrevino en la juventud y se volvió pesado
para la familia; lo llenó de cuidados, lo llenó de dudas, de
miedo, de dolores y le robó la fe. No digas a ningún enfermo
así que ES LA VOLUNTAD DE DIOS. ES la
VOLUNTADDELODIO, es la VOLUNTAD DE SATANÁS.
Si la enfermedad se te ha vuelto ―la
voluntad del amor‖, entonces el amor se te ha vuelto odio. Si la
dolencia es la voluntad de Dios, entonces el cielo está lleno de
dolencia. Jesús erala expresión del a imagen del Padre (Heb
1:3) y ANDUVO POR TODAS PARTES CURANDO A TODOS
LOS ENFERMOS (Hechos 10:38)
Ni la dolencia ni la enfermedad han sido nunca la voluntad del
Padre. Creer que sí lo es, es estar siendo engañado por el
adversario. Si la sanidad no estuviese en el plano de la
redención, no hubiera estado jamás en el gran capítulo de la
substitución de Cristo en el capítulo 53 de Isaías.
ESTO ES LA LIBERACIÓN QUE DESEAMOS QUE
ENCUENTRES en la lectura de este mensaje.
Voltea inmediatamente a concientizar que tienes salud para tu
cuerpo.
LA FE EN LA PALABRA DE DIOS NUNCA ES
DESPRECIADA POR EL PADRE. En lugar de eso, ELLA
SIEMPRE TRAE SU RESPUESTA COMPLETA. Es la fe que
Él anhela ver puesta en actividad por ti. Se torna tan natural
para el ―hombre espiritual‖ como ver y oír lo es para el
―hombre natural‖.
Dijo Dios: YO SOY EL SEÑOR TU SANADOR. Si Tres
millones de personas lo pudieron creer y encontraron
PERFECTA SALUD Y FUERZA bajo la ley, ¿no podemos
nosotros también bajo la gracia, misericordia y verdad ser un
cuerpo sano en Cristo?

Capítulo 10

La base de la Fe Firme
Cierto hombre en la fila de sanidad pidió que orásemos por él.
Parecía muy dubitativo en cuanto a su sanidad porque, como él
lo expresó: ―Algunos de los mayores hombres de nuestro país,
durante los últimos veinte años, han orado por mí y nunca
recibí nada de mejora”. Entonces agregó: “¿por qué mi oído
no sana?”
Le respondí: ―Vas a sanar si tú lo crees‖
Él replicó: Pero todos me dijeron lo mismo, y no recibí mejora
alguna de ellos.
Retruqué hablando como si el hombre fuera muy indigno: ‖Mi
hermano… ¿cree que Dios QUIERE sanar una persona como
UD.?‖
Él respondió: ―No sé‖. Entonces agregó: ―Se que si fuera Su
voluntad EL PUEDE pero, caramba, eso debe ser una suma de
cosas que no es fácil para la gente saber”
Muy abruptamente, apuntando con mi dedo dije: ―Es por eso
que nunca fue curado. Nunca leyó la Palabra de Dios por sí
mismo; ni recibió con fe lo que fue predicado en su presencia.
No sabe si Dios dice o no dice que lo va a curar. Francamente
no tengo costumbre de hablar tanto a alguien delante de la
asistencia pero sabía que a este hombre jamás recibió la
sanidad debía llevarlo a conocer la causa.
Entonces pregunté: ¿Cree Ud. que sea la voluntad de Dios
cumplir Su promesa?
El respondió: ―Caramba, ciertamente creo‖
Yo dije: ―Entonces Él tiene prometido sanarlo, y le puedo
citar Sus promesas. Debes creer en Él y quedar sanado ahora y
aquí mismo.‖
Entonces comencé a citar algunas Escrituras acerca de la
sanidad de nuestros cuerpos, promesas generales, por ejemplo:
Yo soy el Señor tu Sanador” (Ex 15:26) dirigido a más de tres
millones de personas). “Por sus llagas fuisteis curados‖
(1Pedro 2:4); y ―¿Está ALGUNO entre vosotros enfermo?
Llame….” (Sgo 5:14). Entonces le pregunté: ―Ahora delante
de todas estas Escrituras, dirigidas a TODOS LOS QUE
QUIEREN CONFIAR EN ELLAS, ¿no crees que Dios te
incluye junto con los demás?‖
El respondió: ―Sí creo que me incluye‖
Le pregunté más: “¿Entonces, Dios quiere sanarlo incluso a
Ud? ¿EL mismo SEÑOR que proveyó la sanidad para toda
dolencia y de toda enfermedad entre todo el pueblo?‖
Respondió enfáticamente: ―Sí yo creo que la cura es para mí,
hoy, esta noche. Nunca había visto esto de esta manera antes.‖
Parecía que sus ojos brillaban con la luz de la fe cuando
percibió la promesa de la Palabra de Dios.
Después de que él profirió esas palabras, reconocí que las
circunstancias daban para orar en su favor; y apenas toqué su
oído sordo cuando el sonido como que estalló y entró y podía
oír tan perfectamente con ese oído como con el otro.
Cuando por fin supo lo que Dios dice acerca de TODA las
enfermedades, e incapacidades, y tuvo el coraje de confiar en
esa Palabra y declararse incluido en ―ALGUNO‖ de Sgo 5:14
en ―TE sana‖ de Exodo 15:26, y en ―NUESTRAS‖ de Mateo
8:17, entonces la obra fue hecha.
Esto ilustra bien el propósito de escribir este libro, que TU
conozcas TU promesa en la Palabra de Dios y que,
conociéndola, creas que Dios la cumplirá en ti.

¿Qué es la fe?
En mi opinión, fuera de la declaración bíblica que ―la fe es la
certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve‖;
La fe es el título de propiedad de aquello que sabemos que
poseemos a pesar de no verlo aún. LA DEFINICIÓN MÁS
ÚTIL Y QUE ESCLARECE MÁS es esta: ―La fe es creer que
Dios hará lo que sabemos que dijo en Su Palabra que haría‖.
La fe es creer que Dios no miente.
Un hecho muy poderoso y penetrante es este: Dios nunca pide
que manifestemos fe por algo que Él primero no haya
prometido hacer.
Cierto escritor dijo: ―Dios trata con Sus hijos de esta manera:
Él primero da una promesa y cuando esa promesa produce fe,
Él la cumple‖
Recordemos siempre que Dios nunca nos va a pedir algo que Él
no haya prometido hacer primeramente.
Por causa de este hecho tremendo, Pablo declaró con razón en
Romanos 10:17 que “la fe es por el oír…la palabra de Dios”.
¿Cómo puede venir la fe de otra manera? ¿Cómo puedo yo
saber que un millonario me quiere entregar cien mil dólares si
èl no me dice que desea hacerlo? SU CAPACIDAD de hacer
no sería prueba de su VOLUNTAD de hacerlo. Debo primero
tener su PROMESA de hacer antes de esperar tal presente.
Mi hija no tiene otra manera de saber que le voy a regalar un
nuevo vestido mañana, a no ser que se lo prometa. Ella cree
que no fallaré en cumplir mi palabra. Así todo hay
posibilidades de que yo muera antes de mañana o que mienta.
Más no hay tales posibilidades con las promesas del Señor.
Balaam, un profeta del Señor, dijo en
Números 23:19
Dios no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre
para que se arrepienta. El dijo; ¿y no hará? Habló; ¿y no
lo ejecutará?

Cristo el Sanador
El evangelista F.F Bosworth, que escribió uno de los más
notables libros en inglés publicados sobre el tema de la sanidad
divina, comienza su valiosa obra ―Cristo el Sanador‖ de 250
páginas de verdades bíblicas que producen fe, de la siguiente
manera:
―Antes de que alguien pueda tener una fe firme para recibir
sanidad en su cuerpo, tiene que deshacerse de toda duda
concerniente a la voluntad de Dios en este asunto.
Para apropiarse de la fe no se puede ir más allá de nuestro
propio conocimiento de la voluntad revelada de Dios.
Antes que intentemos ejercitar nuestra fe para recibir sanidad,
necesitamos saber lo que enseñan las Escrituras: Que tanto es
la voluntad de Dios sanar el cuerpo como lo es, sanar el
alma… Es sólo cuando aprendemos que lo que estamos
buscando es precisamente lo que Dios promete, que toda duda
puede ser quitada y uan fe constante se hace una realidad.
Cada una de sus promesas es una revelación de lo que Dios
está dispuesto a hacer por nosotros. Hasta que no conozcamos
cual es la voluntad de Dios no tendremos nada en qué basar
nuestra fe.
El evangelista Bosworth sigue diciendo:
Jesús dijo: “La Palabra es al Semilla”. Es la semilla de la
vida divina. Hasta que la persona que busca sanidad no esté
seguro por la Palabra de Dios, que es la voluntad de Dios
sanarla, la misma estará tratando de cosechar donde ninguna
semilla ha sido sembrada. Sería imposible para un agricultor
tener fe en la siega sin antes haberse asegurado que la semilla
ha sido sembrada.
Y sigue diciendo:
No es la voluntad de Dios el que se dé una cosecha sin que
antes la semilla haya sido sembrada o sea sin que se conozca o
se actúe de acuerdo a Su voluntad. Jesús dijo: “y conoceréis la
verdad y la verdad os hará libres” Ser libres de toda
enfermedad viene como consecuencia de conocer la verdad.
Dios no hace nada sin Su Palabra. “Envió su Palabra y los
sanó” son las palabras del Espíritu Santo (Salmos 107:20).
Toda su obra es fielmente hecha de acuerdo a sus promesas”
La semilla que debe ser sembrada en la mente y el corazón de
cada persona enferma, es conocer que la voluntad de Dios es
sanarla. Esta semilla no puede ser sembrada sin que antes se
conozca se reciba y se confíe en ella. Ningún pecador puede
convertirse en cristiano sin antes conocer que la voluntad de
Dios es salvarlo. Es la Palabra de Dios plantada, regada y en
la que firmemente se confía, la que puede sanar tanto el alma
como el cuerpo. La “semilla” tiene que ser plantada y regada,
antes que pueda producir su cosecha.
“Para que alguno pueda decir: “Yo creo que el Señor puede
sanarme” antes de aprender por medio de la Palabra de Dios,
que Él está dispuesto a sanarlo, es como si el agricultor dijera:
“Yo creo que Dios puede darme una cosecha son que haya
sembrado y regado la semilla”. Dios no puede salvar el alma
del hombre antes que el hombre mismo haya conocido la
voluntad de Dios en cuanto a esto, porque la salvación es por
la fe, esto es, confiando en la voluntad conocida de Dios. Ser
sanado es ser salvo en el sentido físico.
Orar por la sanidad usando palabras que destruyen la fe
como: “Si es tu voluntad”, no es plantar sino “destruir la
semilla.” “La oración de Fe” es la que sana al enfermo debe
suceder (no preceder) a la siembra de la “semilla” (la
Palabra), única base de la fe.
El Espíritu Santo dice que el evangelio “es poder de Dios para
salvación”, en todo aspecto, tanto físico como espiritual. Y
TODO el evangelio es para TODA criatura y para TODAS LAS
NACIONES. El evangelio no deja a ningún hombre orando en
la incertidumbre “si es tu voluntad”, sino que le dice cual
ES la voluntad de Dios. Las palabras del Espíritu Santo: “El
mismo llevó nuestras enfermedades” (Mateo 8:17) son
ciertamente tan parte del evangelio como sus palabras:
“Quien llevó Él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre
el madero” (1Pedro 2:24)
Ni el aspecto espiritual ni el aspecto físico del evangelio son
para ser aplicados solamente por medio de la oración. La
semilla es impotente hasta que no se haya sembrado. Muchos
en vez de decir “ore por mí” deben primero decir: “enséñame
la Palabra de Dios para que yo pueda cooperar
inteligentemente en mi recuperación”.
Tenemos que conocer cuáles son los beneficios del Calvario
antes que nos podamos apropiar de ellos por la fe. David
declara: “El es quien perdona todas tus iniquidades, el que
sana todas tus dolencias”
Después de haber sido suficientemente instruidos (iluminados),
nuestra actitud hacia la enfermedad debe ser la misma que
tenemos hacia el p ecado. Nuestra determinación de recibir
sanidad para nuestros cuerpos debe ser tan definida como la
de recibir sanidad para nuestras almas. No debemos ignorar
ninguna parte del evangelio.
Nuestro Substituto llevó tanto nuestros pecados como nuestras
enfermedades para que pudiéramos liberarnos de ellos. Este
hecho es seguramente una razón verdadera para confiarle a
Él, ahora nuestra doble liberación. Cuando en oración de una
manera definitiva le pedimos a Dios perdón por nuestros
pecados, creemos por la autoridad de Su Palabra, que nuestra
oración ha sido escuchada. Tenemos que hacer esto mismo
cuando oramos por sanidad.
En el capítulo cuatro del libro de Proverbios, versos 20 al 22,
tenemos instrucciones muy claras de cómo recibir sanidad:
“Hijo mío, está atento a mis palabras; inclina tu oído a mis
razones. No se aparten de tus ojos; guárdalas en medio de tu
corazón, porque son vida al os que las hallan y medicina a
todo su cuerpo”
La Palabra de Dios no puede impartir sanidad sin antes haber
sido oída, recibida y practicada. Nótese que las Palabras de
Dios son vida solamente para aquellos que las “hallan”. Si
usted quiere recibir vida y sanidad de parte de Dios, tiene que
tomarse su tiempo para buscar en las Escrituras las palabras
que prometan estos resultados.
Cuando la Palabra de Dios se haya convertido en medicina
para todo su cuerpo, entonces el cáncer, los tumores y toda
otra clase de enfermedad desaparecerán. Hemos visto los
mismos resultados miles de veces cuando se ha recibido y
actuado en la Palabra. Miles de personas hoy en día, no gozan
de buena salud porque no han hallado y practicado aquella
parte de la Palabra de Dios que produce sanidad. Este es el
método divino para recibir las bendiciones que Dios ha
provisto para nosotros. Muchos no han recibido sanidad
porque simplemente no han seguido este método. Dios dice que
cuando hacemos lo que dice la Escritura, Sus palabras se
convierten en medicina para nuestro cuerpo. No importa la
clase de enfermedad. Dios dice: Salud para todo el cuerpo. ¿el
cuerpo de quiénes? Aquellos que “hallan” y “practican” lo
que la Palabra de Dios enseña sobre el asunto.
Sin o permitimos que las Palabras de Dios se aparten de
nuestros ojos y las mantenemos en nuestros corazones, la
semilla ha caído en “buena tierra”.. La clase de tierra de la
cual Jesús dijo: “que produce fruto” y que Pablo añade: “obra
eficazmente. Cuando el agricultor siembra la semilla, no cava
y la saca todos los días para ver si está creciendo. Sino que se
alegra que ya ha sido sembrada y cree que la semilla ya ha
comenzado su obra. ¿Por qué no tenemos la misma fe en la
“semilla incorruptible”, las palabras de Cristo las cuales dice
que son “espíritu y son vida, y creemos sin ver que han
comenzado su obra? ¿Si el agricultor tiene fe en la naturaleza
sin obtener una promesa definitiva, por qué el cristiano no
puede tener fe en el Dios de la naturaleza?
Cuando nuestros ojos están fijos en los síntomas y nuestra
mente se encuentra más ocupada en ellos que en la Palabra de
Dios, hemos sembrado la semilla equivocada para la cosecha
que deseamos. Hemos sembrado semillas de duda. Estamos
tratando de cosechar una clase de fruto habiendo sembrado
una semilla diferente. Es imposible sembrar cizaña y recoger
trigo. Sus síntomas le pueden habar de muestre, pero la
Palabra de Dios le habla de vida y no podemos mirar en dos
direcciones tan opuestas, al mismo tiempo.
Después de sembrar la semilla creemos que está creciendo
antes de ver el crecimiento. Esta es la fe que es la “evidencia
de las cosas que no se ven. En Cristo tenemos la evidencia
perfecta para nuestra fe. Cualquier hombre o mujer puede
deshacerse de sus dudas mirando única y fijamente a la
evidencia que Dios nos ha dado para nuestra fe. Cuando
miramos solamente a lo que Dios dice, nuestra fe se aumenta y
produce frutos. Esto hará más fácil que creamos a que
dudemos, porque las evidencias de la fe son mucho más fuertes
que la duda. No dudes de tu fe, duda de tus dudas porque estas
no son dignas de confianza.”

El puede – si Él quiere
Cierta señora me dijo: ―hermano Osborn, daría todo lo que
tengo si usted pudiese ver a mi madre sana. Sé que Dios la
puede restaurar completamente y creo que tengo la fe para
creer que Dios la curará… Si yo apenas supiese que es Su
voluntad hacerlo‖.
Le pregunté: “¿Cree Ud. que es la voluntad de Dios salvar un
pecador?‖.
Ella respondió: “¡Yo creo! ¡Sí!”

“¿Y cómo lo sabe?”


Ella respondió: ―Caramba! Por lo que dice el “texto Aureo”
de la Biblia. Juan 3:16 lo prueba diciendo:
“TODO AQUEL que en Él cree no se pierda, más tenga vida
eterna”
Observe que ella estaba dispuesta a creer que Dios salvaría al
más vil pecador porque podía citar UN ÚNICO VERSÍCULO
que promete lo que ella cree.
Entonces le pregunté: ―¿No cree que es la voluntad de Dios
sanar a su madre?”
Ella respondió: “Caramba, no sé si podemos determinar eso”.
Además pregunté: ¿“Dios cumplirá Su promesa”?
Ella dijo: ―Cumplirá ciertamente”
Entonces dije: ―¡Vaya!, la misma Biblia que invita a quien
quisiera ser sanado de sus pecados, también invita a
ALGUIEN (Sgo 5:14) para ser curado de sus enfermedades.
Entonces agregué: El mismo Cristo que siempre perdona
pecados, también sana enfermedades. Fue el mismo
LIBERTADOR que dijo:
“Levántate, toma tu lecho y anda” y dijo también: “Tus
pecados te son perdonados” Marcos 2:9. La misma Escritura
que dice: El que PERDONA TODAS TUS INIQUIDADES
dice también EL QUE SANA TODAS TUS DOLENCIAS
Salmos 103:3. La misma escritura que dice: Llevando El
mismo en su cuerpo nuestros pecados, dice también “por sus
heridas fuisteis sanados” 1 Pedro 2:24. Cristo vino tanto para
limpiarnos de enfermedades como purificarnos de pecado.
Tomó tanto nuestras enfermedades como nuestros pecados y
nos redimió tanto del uno como del otro. Tanto enfermedad
como el pecado son aborrecidos delante de Sus ojos. Siempre
venció a los dos estando aquí en la tierra y todavía quiere
seguir haciéndolo. Si tiene tanta certeza de que es la voluntad
de Dios salvar al pecador, entonces puede tener la misma
certeza de que Él quiere sanar a su madre que se halla
enferma.‖
La Señora quedó profundamente impresionada y grandemente
emocionada con la simplicidad de la Palabra de Dios y se
alegró de comprender que Cristo sana a TODOS, tan
ciertamente como salva a TODOS.
Otra vez repito que la fe es solamente creer que Dios hará lo
que Él ha dicho en Su Palabra de Promesa que Él haría. Este
hecho coloca a aquella ―cosa‖ misteriosa que los predicadores
llaman FE al alcance de los niños más simples.
Cuando por fin concluimos que la Palabra es la voluntad de
Dios revelada a nosotros, de todo lo que Él anhela hacer para
NOSOTROS, entonces procuraremos NUESTRA promesa en
esa Palabra y nos afirmaremos en ella, seguiros de que Dios la
cumplirá, y no vacilaremos, ni dudaremos, ni nos
preocuparemos.
Qué delicia creer en Cristo.
En Su Nombre confiar.
Aceptar Sus

enseñanzas y Sus

promesas

disfrutar.

La Sanidad de los cielos


La Dra en medicina Lilian Yeomans comienza el capítulo dos
de su maravilloso libro ―La sanidad de los cielos‖ con las
siguientes palabras:
―Creo que uno de los mayores impedimentos para la sanidad
es la falta de conocimiento certero y definido de la voluntad de
Dios. No está oculto en casi todas las personas que no estudian
la Palabra de Dios con esmero, el sentimiento de que no es la
voluntad de Dios sanarnos, que tenemos que persuadirlo para
que nos sane.
El pueblo dice: ―Sé que Dios puede, Él tiene el poder de
sanarme… si Él quisiera hacerlo (tal como el leproso del
capítulo 8 de Mateo, que dijo a Jesús: “Si quieres puedes
limpiarme”)
Muchos de nosotros fuimos enseñados a orar: ―Si es tu
voluntad, sáname‖.
No fue así que David oró:
Salmos 6:2
Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy
enfermo;
SÁNAME, oh Jehová, porque mis huesos se estremecen

No hay ningún ―si‖ o ―pero‖ en la oración de David. El


profeta Jeremías tampoco tenía duda en cuanto a la voluntad de
Dios de sanarlo, pues clamó:
Jeremías 17:14
Sáname, oh Jehová, y seré sano; sálvame, y seré salvo;
porque tú eres mi alabanza.
Y nosotros, el pueblo de Dios hoy, debe estar libre de duda en
cuanto a la voluntad de Dios acerca de nuestros cuerpos como
ellos lo estaban, porque está claramente revelado en Su Palabra
como es Su Voluntad acerca de la salvación de nuestras almas.
En un sentido, la Biblia entera es una revelación, no solamente
de la disposición de Dios de sanar nuestras enfermedades
espirituales, sino también nuestras enfermedades físicas. Uno
de Sus nombres de alianza es ―Yo soy el Señor tu Sanador”.
Él también es el Señor que no cambia. El inalterable Señor que
sana, provee salud, dispensa vida en abundancia. El Soberano
indiscutible sobre todo el universo.
Jesús expresa la imagen del Padre, es la perfecta expresión de
Dios y de Su Santa VOLUNTAD, Aquel que podía decir: El
que me ha visto a mí, ha visto al Padre‖. Lo envió el Padre. Él
sanaba a todos los que se llegaban a Él, jamás rehusó sanar ni
siquiera a una persona. No encontraremos ningún ejemplo de
Él diciendo: ―No es mi voluntad sanarte‖, ni tampoco ―Te es
necesario sufrir para que seas disciplinado‖ Su respuesta
SIEMPRE fue: QUIERO. Y este hecho resuelve para siempre
que es la voluntad de Dios sanar a todos los enfermos.
La Salvación incluye la sanidad física
La palabra salvación, cuando la entendemos correctamente,
muestra sin lugar a dudas, que la cura del cuerpo es siempre la
VOLUNTAD DE Dios para CUALQUIER EPRSONA y para
TODAS LASPERSONAS que han aceptado a Jesucristo como
su Salvador. Webster nos informa que el significado de
―Salvación‖ y ―LIBERACIÓN‖ del pecado y del castigo del
pecado‖ en gran parte tiene que ver con la enfermedad (Deut
28:15-61)
La palabra ―Salvo‖ usada en Marcos 16:16, Hechos 2:21,
Romanos 10:9 y en muchos otros lugares, es una palabra griega
que bien traducida quiere decir ―SANIDAD física y
espiritual‖. Es la misma palabra que Jesús usó cuando dijo al
leproso: “Tu fe te ha SALVADO” Es la misma palabra que
Jesús usada en
Lucas 8:36
Y los que lo habían visto, les contaron cómo había sido
salvado el endemoniado.
La palabra ―salvación‖ es una palabra inclusiva que
comprende la liberación completa, la completa seguridad, la
preservación de la salud. ¡Qué gran MILAGRO es este: la
salvación del pecado y de la enfermedad!

La salvación es sanidad
El Dr John G. Lake, misionero en África, tenía un ministerio
que dio lugar a la sanidad de muchos millares de personas y
que frecuentemente calculaba el número de asistentes de sus
cultos no por los millares, sino por las hectáreas. Él escribió el
siguiente artículo titulado: ―El domino del cristiano”
“Uno de los obstáculos para la sanidad que Dios quiere retirar
de la mente del hombre, es la deplorable suposición que
muchas veces prevalece (aún en los mejores círculos de
creyentes donde la sanidad es enseñada y practicada) la idea
de que la sanidad divina es algo disociado o separado de la
salvación de Cristo. ELLA NO LO ES. La sanidad es
simplemente la salvación de Cristo haciendo su obre divina en
el cuerpo, lo mismo que ha hecho en el alma del hombre.
Cuando Cristo sanaba el cuerpo, sanaba también el alma.
Todo lo que el hombre precisa hacer es dejar a Dios operar.
Entonces sus ojos defectuosos reciben visión, su mente
adormilada se vuelve activa, y su cuerpo enfermo sana.
El Dr. Lacke prosigue diciendo:
Quiero grabar este pensamiento en su mente: La sanidad de un
individuo es la demostración de Dios a aquella alma, que sus
pecados están perdonados. Así es como Santiago declara,
después de afirmar que la oración de fe salvará al enfermo,
que “si hubiere cometido pecados, les serán perdonados”. Si
la víctima del pecado y la enfermedad que se llega a Jesús
para la liberación al menos tiene fe suficiente para creer en
esto, saldrá de la presencia de Dios libre en espíritu, sanada
interiormente y exteriormente.
La Palabra de Dios está diseñada para dar una idea
comprensible de lo que es la voluntad de Dios. De Génesis a
Apocalipsis, enfatiza una cosa: Es la VOLUNTAD DE Dios
librar cuerpo, alma y espíritu del pecado, del los efectos o
penalidades del pecado que son: DOLENCIAS Y
ENFERMEDADES.
Cuando la Voluntad de Dios se realice plenamente en la raza
humana, desaparecerán el pecado y la enfermedad y la muerte.
El inicio de la inmortalidad en nosotros es cuando Dios sopla
Su vida en nosotros y nuestros espíritus se tornan los
recipientes de vida eterna en Jesucristo.
Como sería de simple para un pueblo tener esta convicción de
fe en el Señor Jesucristo y Su salvación, para acrecentar la fe
para el cuerpo tanto como para el alma. Opera igualmente
para las enfermedades como para los pecados y aún más, si
hubiera sido predicada esta verdad, la cuestión de su
enfermedad habría desparecido una vez y para siempre cuando
su problema del pecado fue resuelto.
Una de las liberaciones que da mayor satisfacción en este
mundo es la libertad mental y espiritual que vemos al escapar
de la esclavitud del miedo. El hijo de Jehová-Rafa (EL SEÑOR
QUE SANA, QUE ES NUESTRO MÉDICO), redimido y
libertado, nunca debe tolerar el miedo a la enfermedad.”

Es imposible tener fe sin conocer la voluntad definida


de Dios
Algunos podemos creer que estamos dando demasiado énfasis
en esta verdad. Pero si el lector estuviera de nuestro lado
cuando proclamamos estas verdades para oír la revancha
continua de los modernistas, vociferando su vieja propaganda
de advertencia solemne, fría, temeraria e insensible: ―Cuidado
con esos falsos profetas, que los quieren ganar por medio de
milagros; puede no ser la voluntad de Dios curarlos, las
enfermedades muchas veces son una bendición divina; la cura
no es par hoy en día… etc. etc.‖ Entonces comprenderían por
qué deseamos hacer claro que, según la Palabra de Dios, ES
SIEMPRE LA VOLUNTAD DE Dios SANAR a los que le
obedecen y creen Su Promesa de Palabra.

Capítulo 11

Examinando la Palabra
Consideremos algunas de las promesas de Dios concedidas a
nosotros en Su Palabra, para que sepamos cuál es realmente Su
Voluntad acerca de nuestras debilidades y enfermedades.
A los hijos de Israel, rumbo a la Tierra Prometida, Dios les dijo
en Éxodo 15:26 ―Yo soy El Señor tu sanador”. Les declaró:
“Yo soy Jehová Rafa”; Esto es ―Yo soy el Señor, el GRAN
MÉDICO, el QUE CURA‖. Cómo es maravillosa esta promesa
universal acerca de toda la especie de aflicción mental o física.
Había cerca de tres millones de hijos de Dios a quiénes Él dio
la promesa. Y la promesa era para CADA UNO DE ELLOS, y
que CADA UNO DE ELLOS aceptó, está probado en Salmos
105:37 “… y no hubo en sus tribus enfermo”

Recordándonos nuestros beneficios


Mirando más la Palabra de la Promesa, que es una revelación
directa de Dios a cada uno de nosotros, llama la atención la
alabanza del salmista:
Salmos 103:1-3
Bendice, alma mía, a Jehová,
Y bendiga todo mi ser su santo nombre.
Bendice, alma mía, a Jehová,
Y no olvides ninguno de sus beneficios.
Él es quien perdona todas tus iniquidades,
El que sana todas tus dolencias;
Ya que Jesucristo perdona TODOS los pecados de los hombres,
Él igualmente cura TODAS las dolencias de los hombres. Es Él
que perdona nuestros pecados, también sanará nuestras
enfermedades. El aborrece tanto la enfermedad como al
pecado. Él estaba, está y estará tan dispuesto a curar TODOS
LOS
ENFERMOS como a salvar TODOS los pecadores. David dice
que los BENEFICIOS que Él iba a traer al mundo eran:
Salvación para los pecadores, y sanidad para los enfermos.
Repito: ―No olvides NINGUNO de sus beneficios‖. Muchos
se han olvidado los beneficios de Quien ―sana todas tus
enfermedades‖. Los beneficios de sanidades para todas las
enfermedades pronto serán olvidados y perdidos por la prédica
y la enseñanza tradicional de la mayoría. Tenemos ideas y
opiniones de los hombres que nos trajeron ideas y opiniones de
hombres, antes que la VERDAD que liberta a los hombres.
Digo con énfasis: Toda la promesa de Dios en Su Palabra es
una revelación directa para nosotros de lo que Él anhela hacer
para nosotros. Sus Promesas de sanar a TODOS revelan Su
voluntad de sanar a TODOS. Si Dios no tuviese Su voluntad de
curar TODAS las enfermedades, entonces podría haber casos
en que no sería Su voluntad curar. Pero ha prometido sanar
TODAS nuestras enfermedades, por tanto es SU voluntad
sanarlas TODAS. Cree en Su Palabra; acéptala como una
revelación de Él, directa para ti; actúa de acuerdo con eso, y
sanarás.

Curado por sus llagas


Mirando aún más la Palabra de Dios, nos conviene considerar
las palabras de Isaías, cuando él dice:
Isaías 53:4,5
Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió
nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por
herido de Dios y abatido.
Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por
nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre
él, y por su llaga fuimos nosotros curados.

No puede haber dudas en cuanto a la declaración de este


profeta porque…
Mateo 8:16,17
Cuando llegó la noche, trajeron a él muchos
endemoniados; y con la palabra echó fuera a los
demonios, y sanó a todos los enfermos;
Para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías,
cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y
llevó nuestras dolencias.
Si Cristo llevó NUESTRAS enfermedades, y dolores (Isaías
53:4)
Y Él tomó NUESTRAS enfermedades y dolencias (Mateo
8:17), entonces no precisamos llevarlas. Él es nuestro
SUBSTITUTO, las tomó sobre Sí, por tanto, somos libertados.
Véase como la Palabra de Dios descubre Su voluntad para
nuestro conocimiento. Si Jesús quisiese que algunos de
nosotros estuviéramos enfermos, entonces Él, ciertamente no
hubiera llevado enfermedades y dolencias (tuyas y mías) en
nuestro lugar; porque de ser así, nos hubiera libertado de
aquello mismo que
Dios quería que algunos de nosotros llevásemos. Pero desde
que Cristo dijo: ―He aquí vengo para hacer oh Dios, Tu
voluntad‖ entonces cuando llevó NUESTRAS
ENFERMEDADES y NUESTRAS
DOLENCIAS y sufrió sus heridas por las que NOSOTROS
somos sanados, tenemos la voluntad de Dios plenamente
revelada en cuanto a la cura de NUESTROS cuerpos.

Nos ordenó Sanar


Desde que estamos BUSCANDO EN LA PALABRA DE
DIOS PARA recibir fe para sanar, sería de gran ventaja
considerar el hecho de que Jesucristo siempre se mostraba tan
dispuesto a sanar a los enfermos, como a salvar a los
pecadores. Hay muchos que piensan que, al parecer, cuando
predicamos el Evangelio de ―sanidad de los enfermos‖
hablamos en vano tratando de una cuestión que sólo
suplementa de la Palabra. Pero cuando me critican así, recuerdo
que Jesús pasó más tiempo, durante Su ministerio de tres años
y medio, CURANDO ENFERMOS Y EXPULSANDO
DEMONIOS que en cualquier otra fase de su ministerio. Hay
más casos de Él sanando enfermos que perdonando pecadores.
Debe notarse también, que CADA PERSONA que Jesús envió
a predicar el Evangelio fue ordenado por Él a sanar enfermos,
expulsar demonios, limpiar leprosos y de dar gracia: Mateo
10:1,7,8; Marcos 3:14,15; 6:7,13; 16:15-18; Lucas 9:1,6,10,19;
Juan 14:12-14; 15:7; 16:18; Hechos 1,8.
La misma comisión en que Jesús comisionó a Sus discípulos
diciendo “Id por todo el mundo, predicad el Evangelio a toda
criatura” nos ordena también diciendo ―Y (los que creen)
pondrán las manos sobre los enfermos y sanarán‖ (Marcos
16:15-18).
Me parece que así como predicar el bautismo en aguas y la
creencia en el Señor Jesucristo para ser salvo, también es
bíblico imponer las manos sobre los enfermos para que sanen.
Es cosa extraña para mí, porqué tantos dicen qu los tiempos de
las sanidades milagrosas ya pasaron y con todo, andan
bautizando en aguas a aquellos que profesan creer en el Señor
Jesucristo.
Me pregunto ¿Quién les dijo que los días de imponer las manos
sobre los enfermos para curarlos ya pasaron y que por lo tanto
los enfermos ya no deben esperar en el poder de Dios?
Cuando miramos la Palabra de Dios y leemos: “pondrán las
manos sobre los enfermos y sanarán” se descubre que ES LA
VOLUNTAD DE Dios QUE LOS ENFERMOS SANEN. Si no
lo fuese, Él no hubiera dicho: “SANARÁN”
´Quiero repetir lo que ya dije una vez en este mensaje: La fe es
solamente creer que Dios hará lo que sabes que Él dice en Su
Palabra que hará. Si no sabes lo que Él dice acerca de sanar los
enfermos, entonces no es de admirar que nunca conseguiste la
fe para sanar. Pero cuando lees el TESTAMENTO, la
VOLUNTAD (la Biblia) de Dios, entonces es fácil creer que
Ella HARÁ lo que Él dijo que HARÍA.
Desde que Dios dijo que Él sanaría a los enfermos (Exodo
15:26; Salmo 103:3; 1Pedro 2:4), entonces Él quiere sanar a los
enfermos. Desde que Él Sana a los enfermos, los sana
AHORA. De hecho, lo que Él quiere hacer, Él prefiere hacerlo
AHORA no más tarde. Quiere hacerlo hoy, no mañana;
2Corintios 6:2 “He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí
ahora el día de salvación”

Falsificación Religiosa
Muchos predicadores o maestros osaron cambiar las palabras
del ―TESTAMENTO‖. Y eso no es nada menos que
falsificación, pues no se puede modificar un TESTAMENTO
después de la muerte del testador. Jesús, antes de partir de este
mundo nos dejó el TESTAMENTO, la voluntad de Su Padre en
cuanto a los perdidos, los enfermos declarando: “Quién
creyere y fuere bautizado, será salvo” y (los que creen)
―Pondrán las manos sobre los enfermos y sanarán‖.
Predicadores, maestros, presbíteros falsos pueden falsificar los
beneficios del Calvario, interpretando mal el
―TESTAMENTO‖.
Pero amigos LEAN EL TESTAMENTO para ustedes mismos.
Si estáis enfermos y necesitados, revean las interpretaciones
anti-bíblicas de aquellos que se sientan al lado de vuestro
lecho, aconsejándolos a continuar sufriendo. LEA EL
TESTAMENTO.
Aprovecha tú lo que dice. Reclama Sus beneficios. Utiliza tus
derechos declarados en el TESTAMENTO. Todo en el cielo
está en pie queriendo que ejecutes tus derechos de alianza, los
beneficios obtenidos en el calvario. Jesús dijo:
Juan 8:32
Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres
Crea en Sus promesas ahora mismo. No habrá tiempo más
propicio que AHORA para que Dios haga para ti lo que Él ha
prometido hacer.

Capítulo 12

La Naturaleza de la Fe
Grande es el número de personas que se engañan en cuanto a la
naturaleza de la fe mencionada en la Palabra de Dios. Imaginan
que es para casi todo el mundo, excepto para ellos mismos.
Piensan que para poner su fe en acción deben ejercitar la mente
maravillosa y rigurosamente y esforzarse con mucha ansiedad
para apoderarse de las promesas de la Palabra de Dios y
adquirir Su bendición.
Muchos dicen que a pesar de creer en la Palabra de Dios, aún
permanecen enfermos. Dicen: ―Tengo toda la fe del mundo,
pero si no veo algún resultado, no creo que esté sanado. Rehúso
a declarar que recibí una cosa que no recibí. Creo que cuando
alguien fue curado, él lo sabrá‖.
Los que tienen esta idea, se engañan en cuanto a la naturaleza
de la fe.
Hay apenas dos clases de personas y tenemos que
identificarnos con una u otra. Una clase es de aquellas que
CREEN; la otra, son los que NO CREEN. La Palabra de Dios
es la verdad o no es la verdad. Dios va a hacer lo que prometió
o no lo va a hacer. Sus promesas son ciertas o no son ciertas.
La pregunta entonces es: ¿Creemos que la Palabra de Dios es
verdad o creemos que es falsa? Si Dios dice la verdad ¿por qué
vacilamos en obedecer y confiarnos en las promesas?
La fe genuina en Dios y en Su PALABRA, es más que avanzar
en LA PALABRA sólo en la medida que percibimos con los
ojos naturales; es más que creer lo que vemos y más que lo que
la Providencia opera en nuestra visión. La fe genuina es un acto
decisivo de creencia, contra todos los elementos opuestos y
montañas de dificultades que parecen imposibilitar una
respuesta a nuestra oración. Aquel que ora la oración de fe
invoca a Dios para conseguir el apoyo deseado y deja el
resultado con Él, reconociendo que según su Palabra, se
realizará. SABEMOS lo que Él tiene prometido en Su Palabra;
no precisamos de buscar SEÑALES Y MARAVILLAS para
verificar SUS promesas o probar que Él no fallará en cumplir
Sus promesas. La Palabra de Dios antes de eso dice: Marcos
16:17 “y estas señales seguirán a los que creen” (no a los que
tienen que ver antes de creer)
David dijo en Salmo [Link] Hubiera yo desmayado, sino
creyese que veré la bondad de Jehová en la tierra de los
vivientes. Creía para ver; no dice que no creería si no viera.
Con todo, muchos exigen una señal de sanidad antes de creer
que recibirán la sanidad. Aquellos que creen que recibirán
sanidad, según la Palabra de la Promesa, siempre verán la cura
manifestada en sus cuerpos.
Cree en la Palabra de Dios
Supongamos que cierto hombre, encadenado con grilletes,
ruega al carcelero que lo perdone. El carcelero se acerca, y le
presenta al prisionero un documento probando que su pedido
de indulto fue aceptado… pero el prisionero no comienza a
sentir agradecimiento a aquellos que le gestionaron el indulto.
Aún así el carcelero que lo perdonó, le abre los grilletes,
desprende las cadenas, destranca y abre la puerta de la cárcel y
dice: “Está libre; ve en paz”
Mas el hombre dice: ―Sé que el documento dice que estoy
libre, y creo en todo lo que ha dicho, pero aún estoy en la
cárcel.”
El carcelero dice: “Las puertas están abiertas, puede salir”
El prisionero: “Sé que las puertas están abiertas, y sé que
estaría libre si estuviera afuera, pero estoy aquí dentro”
El carcelero dice: “¡Caramba!; ¿por qué no sales? ¿No crees
que lo que digo es verdad?”
El prisionero: “Sí creo en todas las palabras que está
hablando, pero parece que nunca saldré de aquí”
El perdón no tiene BENEFICIO alguno para el tal hombre,
porque prefiere permanecer en prisión, en vez de hacer efectivo
su perdón.
Igualmente, el Evangelio de sanidad para el cuerpo, no tiene
BENEFICIO alguno para los que no quieren aprovechar el
Evangelio. “Yo soy el Señor tu Sanador” no tiene valor alguno
para los que no aceptan y hacen efectiva la promesa hecha por
Dios.. ―Que sana todas TUS enfermedades‖ no es de
BENEFICIO alguno para los que no confían en esta
declaración. PONGA EN ACCIÓN SU FE. ―Por sus heridas
fuisteis vosotros curados” no tiene valor alguno para los que
rehúsan creer que sus enfermedades fueron curadas en el
Calvario. Ellos rehúsan creer que están curados porque aún
sienten dolor, y dicen así: ―Si Si esto no se refiere a mí, no
quiere decir que yo fui curado, porque ESTOY SUFRIENDO”
y así el que duda rehúsa creer la Palabra de Dios por causa de
lo que ve y siente, Olvidándose que la propia naturaleza de la
fe es:
Hebreos 11:1
“La certeza de lo que se espera, la convicción de lo que
no se ve”

Concretar la Palabra
Cierta señora en el estado de Nueva York, después de pasar
muchos meses en cama con tuberculosis, estaba meditando en
las Escrituras. Era creyente fervorosa, pero no conocía la
verdad acerca de la Sanidad Divina. Mientras ella yacía en su
lecho, leyendo casualmente 1 Pedro 2, llegó al versículo 24
donde leyó:
Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo
sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a
los pecados, vivamos a la justicia…
Al leer esto, lloró de gratitud porque Jesús sufrió por ella
proveyendo salvación. Se regocijó por el hecho de que Él
hubiera lavado sus pecados y por causa de esta experiencia
maravillosa de salvación que podía disfrutar. Ella sabía que la
tuberculosis avanzaría y ella estaba pronta para morir. Si bien
tomó las delicias de esta gran misericordia del perdón, decidió
seguir leyendo, y el texto que vio a continuación era el siguiente:
y por cuya herida fuisteis sanados.
Después de haber leído, volvió a releer la primera parte del
versículo y notó que Jesús había llevado sus pecados. Lo
―había hecho‖; fue en el pasado. Fue cumplido y ella era
salva. Fue una gran realidad para ella. Nadie podía dar lugar a
dudas. Pero, acerca de las últimas palabras del mismo versículo
“y por cuya herida fuisteis curados” ¿puede ser esto así?... y
ella se contestó a sí misma: “Sí, tiene que ser verdad. Es
Palabra de Dios”.
Llamó ella entonces a su madre y le dijo: ―Mamá, ¿sabes que
Dios dice en Su Palabra que estoy sanada?
Su madre le respondió: ¡Vamos hija! ¿Qué quieres decir?
Respondió la hija con lágrimas de gozo: ―Mira esto, la Biblia
dice: ―por cuya llaga fuisteis vosotros curados” Esto se debe
referir a mí. ¡Qué maravilloso, nunca lo había visto antes!
―por cuya llaga fuisteis vosotros curados”… Mami, ya se ha
hecho, ¡Estoy sanada! ¡Estoy sanada! ¡Dame mi ropa!
¡Tráeme mi ropa! Mas la hija continuó preguntando: ¿No fui
enseñada a creer en toda la Palabra de Dios? No fui criada en la
fe de toda la Palabra Bíblica?
Y la madre no podía controlar el gozo de la hija. Aquella que
había sido víctima de la tuberculosis, se levantó sin ninguna
ayuda, buscó su propia ropa y salió del cuarto, paseó por la
casa alabando a Dios en voz alta completamente curada. En
menos de veinte días, volvió a su peso normal, quedando
completamente libertada de esta terrible enfermedad de
Satanás. Llegó a estar de acuerdo con la Palabra de Dios como
una revelación directa de lo que Dios anhelaba hacer para ella..
Es cuando vio lo que Él había dicho en Su Palabra que la creyó.
La Palabra produjo fe “la fe viene por el oír… la Palabra de
Dios” y el PODER de sanar pasó para su cuerpo y ella fue
libertada.
El reverendo E. Byrum relata un incidente que sucedió en su
vida:
No mucho después de que el Señor me llamara para trabajar
para El, aprendí una lección muy preciosa. Había muchas
enfermedades en la comunidad donde vivía. Tres miembros de
cierta familia fueron afectados de fiebre a causa de una grave
enfermedad. Luego sentí que la terrible enfermedad se
apoderaba de mí. Resistí durante algunos días pero finalmente
caí postrado. Así fue que yaciendo en mi lecho algunas horas
ardiendo de fiebre y sufriendo un dolor insoportable, comencé
a conversar seriamente con el Señor. Le pedí que me llamara
para un ministerio, pero que en ese estado no lo podría cumplir.
No había presbítero para llamar y comencé a contar el caso al
Señor y citar muchas de Sus promesas maravillosas y entre
ellas la de:
Juan 15:7
Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en
vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.
Examiné mi consagración y enseguida le pedí que me
examinase. Yo estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para Él
y le dije: ―Señor, estoy permaneciendo en Ti y Tus Palabras
permanecen en mí, por tanto la promesa es mía. Entrego mi
caso enteramente en Tus manos y te ruego que me sanes‖.
Entonces esperé que la obra fuera hecha, pero no había
cambios. Por fin pregunté: ―Señor ¿por qué no estoy
curado?‖; la respuesta vino inmediatamente: ―Confía en Mi
Palabra y Levántate‖. Respondí: ―Amén Señor yo lo haré‖. Y
sin vacilar comencé a vestirme. Antes de estar completamente
vestido, sentí que había mejorado y cayendo de rodillas
agradecí al Señor. Después de vestirme y dar gracias repetidas
veces, estaba mucho mejor. Entré en la sala declarando que el
Señor me había sanado. Pasados veinte minutos la fiebre había
desaparecido completamente de mi cuerpo. Comencé
inmediatamente el servicio y desde aquella hora estuve sano.
Estoy seguro de que si hubiese permanecido en la cama,
negándome a confiar en fe, hubiera tenido que pasar una gran
prueba de enfermedad.
A Dios sea toda la gloria.
Aprendí así, la gran y valiosa lección de confiar en Dios y en
Su Palabra. Llegué a entender que cuando ponemos la fe en
acción, a pesar de que a los sentidos todo sea contrario, Dios
siempre cumple Su Palabra tornándola en realidad para
nosotros.
Quiero repetir: La fe real es confiar en la Palabra de Dios, y
actuar según su promesa sin dudar ni temor.
La Sanidad Divina para todos por la fe
La fe real no puede existir, ni podemos reclamar sanidad para
nuestro cuerpo, antes de saber que Dios realmente nos
QUIERE sanar. ¿Cómo podemos saber eso? Leyendo el
TESTAMENTO –la voluntad de Dios– tal como está revelado
en la Biblia. Podemos saber que Él quiere sanar a todos los
enfermos exactamente tal como podemos saber que Él quiere
salvar a todos los pecadores.
En el momento en que reconocemos que la promesa de Dios de
sanar a todos los que están enfermos es una promesa que nos
pertenece personalmente, la fe queda lista para ACTUAR y
somos sanados. Por causa de tanta enseñanza equivocada sobre
la misericordia de Dios para curar, muchas personas fracasan
en reclamar con osadía la promesa que les pertenece.

Capítulo 13

Algunas Ideas Antibíblicas


Acerca de las aflicciones
Salmo 34:19 Muchas son las aflicciones del justo, pero
de todas ellas le librará Jehová
La gran mayoría de los predicadores y maestros, MAL
INTERPRETA ESTA escritura aplicándola a la enfermedad y
dolencia. El resultado, tenemos centenas de creyentes
redimidos a través del Calvario que se ven privados de sus
derechos de liberación de todas las formas de enfermedad,
yaciendo en sus camas, víctimas de las enfermedades satánicas,
sujetándose a la perfecta VOLUNTAD DE SATANÁS antes
que a la voluntad de Dios.
Observe que este versículo NO DICE: ―muchas son las
enfermedades y debilidades físicas del justo‖ sino ―Muchas
son las AFLICCIONES del justo‖. Si buscamos el sentido de la
palabra ―aflicción‖ usada en este versículo en el original,
descubriremos que no tiene nada que ver con enfermedad ni
debilidad física. Quiere decir: PRUEBAS, TENTACIONES
etc. y NO ENFERMEDADES.
¿Sería razonable decir que Cristo sufrió heridas para que
mediante ellas fuésemos sanados, que llevó NUESTRAS
enfermedades y tomó nuestras debilidades; y al mismo tiempo
decir que son muchas las enfermedades que DIOS espera que
llevemos pero más tarde nos librará de ellas? Esto no tiene
sentido. El mensaje de la SUBSTITUCIÓN es que Cristo llevó
nuestros PECADOS y por eso no precisamos llevarlos porque
pasamos a ser SALVOS DE ELLOS. Lo mismo sucede con
nuestras enfermedades.
Cristo no llevó NUESTRAS tentaciones, pruebas,
persecuciones, tribulaciones; pero el sí llevó nuestras
enfermedades y dolencias (1Pedro 2:24). Las llevó para que
nosotros no las tengamos que llevar. Es por eso que Él es
nuestro SUBSTITUTO. Él tomó nuestro lugar. Estamos
libertados para siempre si solamente creemos que Él lo hizo por
nosotros. Hasta que no se tomemos esto en forma personal, no
obtendremos provecho; pero en el momento en que creemos
que Cristo llevó NUESTROS pecados, seremos salvos; y en el
momento en que creemos que Cristo llevó NUESTRAS
dolencias, seremos sanos.

Acerca de la “vara de corrección” de Dios para sus


adoradores obedientes
Hay quienes malinterpretan
Hebreos 12:6-8
Porque el Señor al que

ama, disciplina, Y azota

a todo el que recibe por

hijo.

Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos;


porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?
Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han
sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos.
Noten bien que esta Escritura NO DICE ―Porque el Señor
hace caer enfermo al que ama‖. El pasaje NO DICE: ―Porque
Dios transmite dolencias o hace enfermo a cualquiera que
recibe por hijo‖.
La palabra ―corregir‖ viene de una palabra griega que quiere
decir: ―instruir, preparar, disciplinar, enseñar o educar‖ como
un maestro ―instruye a su alumno o como un padre enseña y
prepara a su hijo. No es extraño que cuando el maestro
―educa‖ a su alumno, utilice varios métodos de disciplina pero
nunca lo hace por medio de una enfermedad o molestia física.
Supongamos que cuando Dios nos ―trata como hijos‖ nos
corrige por medio de ―cáncer, tuberculosis, ceguera, piernas
lisiadas u otra cosa terrible del diablo… en lugar de llevar al
creyente obediente y consagrado a levantarse en autoridad y
reclamar sus derechos de redención, esta idea de ―castigo por
enfermedades‖, deja al enfermo una falta de certeza, llevándolo
a preguntarse a sí mismo qué mal habrá hecho para merecer ese
castigo.
Aclaremos que un buen padre, nunca castiga a su hijo antes de
explicarle primeramente la razón por la cual debe ser castigado.
¿Cuánto más nuestro Padre Celestial?... ¿Y cuántos, los que
creen que su enfermedad es castigo de Dios, no tienen ni idea
de cuál sea el pecado que cometieron por el cual están siendo
castigados?
Quiero hacer claro el hecho que no me estoy refiriendo a los
que son rebeldes, obstinados y desobedientes a Dios. Me estoy
enfocando en los que REALMENTE CREEN y son
OBEDIENTES a la voluntad de Dios, para que ya no dejen más
al diablo, el archiembustero, que los condene y los engañe
conservándolos enfermos, débiles físicamente, incapaces de
―abundar en toda buena obra‖ (2Cor 9:8), diciéndoles que su
enfermedad es ―vara de castigo‖ de Dios para corregir un error
o para enderezar una cosa errada en sus vidas.
Satanás se deleita en condenarnos constantemente trayéndonos
a memoria todo error y toda falta que hayamos cometido y
siguiere: ―¡Ah sí! esa es la razón por la cual estás enfermo y
no recibes sanidad; tu Padre te está castigando con su vara de
enfermedad y no vale la pena que te esfuerces para sanar‖
Tu adversario el diablo, por tanto consigue llevarte a pensar
que Dios (que es en realidad el que te sana Éxodo 15:26) es el
culpable de haberte puesto esa enfermedad sobre ti.
Uno de los que proclaman esta tradición, tenía la dureza de
corazón para declarar que el noventa por ciento de los
creyentes están enfermos porque Dios los hace caer enfermos
usando la enfermedad como una ―vara de corrección‖ para
expresar Su amor hacia ellos, moldeando sus vidas para llegar a
conformar Su Perfecta Voluntad. Él, entonces, tuvo la osadía
de declarar que los creyentes que no sufren de vez en cuando la
vara de corrección de la mano de Dios, son ―bastardos‖ y no
―hijos‖.
Si tales ministradores (que antes que nada deberían servir,
mateo 20:26) compatibilizaran con sus palabras, debieran
alentar a sus oyentes a no recurrir a tratamientos médicos, ni
dejarían que alguien ore por ellos para pedir sanidad, porque
cualquiera de estas cosas, hacen difícil la labor de su
―amoroso Padre‖, qué según esta enseñanza, procura
educarlos por medio de la enfermedad o castigo. De más está
decir, que el predicador al que nos referimos, después de decir
a la audiencia que nueve de cada diez de los enfermos entre
ellos estaban bajo ―la vara de corrección de la mano de Dios‖
hizo el llamamiento a TODOS los enfermos para que se
acerquen para recibir oración. Él oró y ordenó que fuese sanada
CADA PERSONA ENFERMA, a pesar de su propia enseñanza
acerca de la ―vara de corrección de la mano de Dios‖)
Los que enseñan esta doctrina raramente son consistentes con
lo que predican. Dicen a los enfermos que se deben someter
humilde y pacientemente a la ―pena o castigo‖ por medio de
enfermedades y al mismo tiempo nos aconsejan luchar contra
la enfermedad entregándose en las manos del médico que creen
que es el mejor calificado para evitar el castigo de su Padre que
es por medio de la enfermedad. Esto es realmente ―rebelión‖ y
no ―sumisión‖.
Si persistimos en creer que la enfermedad o debilidad es un
castigo de Dios sobre nosotros por cierto mal que hicimos, no
debemos tentar a Dios ni por medio de la medicina, ni por
medio de la oración para pedir alivio de la enfermedad; antes
debemos esforzarnos para determinar cuál es el pecado que
hemos cometido; y en cuanto identificamos eso, debemos
concentrarnos totalmente en apartarnos del mal que hicimos…
y luego de enderezarnos, deberíamos dejar que el Padre (no los
médicos) quite el castigo de enfermedad o debilidad.
Si esta idea del castigo mediante la enfermedad fuera cierto
deberíamos ser coherentes y actuar con razón recurriendo a la
sanidad divina en vez del tratamiento médico, porque el
amoroso Padre Celestial, de quién dicen que usa la enfermedad
como vara de castigo, ciertamente lo retirará una vez cumplido
su propósito.

Acerca del sufrimiento


Otra escritura que muchas veces se malinterpreta es 1 Pedro
5:10
1 Pe 5:10
Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria
eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un
poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme,
fortalezca y establezca
Note cuidadosamente que NO DICE: ―Después de haber
estado enfermo y haber tenido dolencias por un poco de
tiempo‖. Pero sí dice: ―Después que hayáis padecido un poco‖.
¿Es posible PADECER de otra manera que no sea mediante
enfermedad y dolencia?
Pablo enumeró sus privaciones, tales como injurias,
necesidades, afrentas, persecuciones, angustias, azotes,
prisiones, tumultos, trabajos, vigilias, ayunos, deshonra, como
muriendo pero estando vivos, como derribados pero no
destruidos. Más en azotes, en prisiones mucho más, en peligro
de muerte muchas veces. De los judíos cinco veces he recibido
cuarenta azotes menos uno. Tres veces fui azotado con varas,
una vez fui apedreado, tres veces sufrí naufragio, una noche y
un día he estado como náufrago en altamar además de los
diferentes peligros. Estos eran los sufrimientos de Pablo por
amor a Cristo. Y son estos los sufrimientos a los que Pablo se
refiere en este versículo como se puede apreciar en el contexto.
Por lo tanto nadie tiene derecho a incluir enfermedad y
dolencia en esta Escritura. Habiendo Pablo soportado estos
sufrimientos por amor a Cristo, es que él puede decir:
2 Timoteo 4:8
Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la
cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no
sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.
Ninguno recibirá ―la corona de justicia por haber estado
enfermo. Y ningún enfermo cree que la recibirá por haber caído
enfermo… o no llamaría al médico para curar la enfermedad, ni
pediría a Dios que lo cure.
El libro de los Hechos cuenta que los apóstoles después de ser
azotados a causa de predicar el Evangelio y sanar a los
enfermos…
Hechos 5:41
Ellos salieron de la presencia del concilio, gozosos de
haber sido tenidos por dignos de PADECER afrenta por
causa del Nombre.
El ministerio del Sufrimiento
Quiero citar el siguiente pensamiento del Dr. Charles S. Price,
transcripto de su revista ―Golden Grain‖
Voy a enfatizar el hecho de que la sanidad de tu cuerpo, no
meramente los cuerpo del pueblo que sufría cuando Jesús
estaban la tierra sino el sufrimiento de tu cuerpo hoy, fue
incluido en la gran obra de redención, consumada por el
Salvador del Calvario.
Creo que, para resolver una dificultad que a veces surja en la
mente por causa de la doctrina moderna de la iglesia apóstata,
debo señalar un gran error sobre el que tropiezan muchas
personas sinceras, un error recibido de la tradición.
No has oído al pueblo hablar del MINISTERIO DEL
SUFRIMIENTO? Ciertamente lo has oído. Hay un ministerio
del sufrimiento, pero ciertamente no es el ministerio de la
ENFERMEDAD. Hay también un ministerio de la tribulación
pero eso no quiere decir que un ministerio de la
ENFERMEDAD. Se nos dijo que si sufrimos con Él (Cristo),
reinaremos con Él; pero esto no dice que si estamos enfermos o
dolientes con Cristo, entonces reinaremos con Él. Cuando los
predicadores niegan la sanidad divina, intentan probar su
argumento de que es la voluntad de Dios que algunas personas
permanezcan enfermas, casi siempre recorrerán las escrituras
que hablan del ministerio del sufrimiento y las aplicaran a la
enfermedad.
La Biblia no hace eso. Hay que recordar que siempre que Jesús
hablaba del pecado y de la enfermedad, se refería a estos males
como a aquellos de los cuales él venía a liberarnos.
Jesús no habló del sufrimiento de esta manera. ¿ya entendió en
su mente que Cristo llevó nuestros pecados y enfermedades
pero no llevó nuestros sufrimientos? Cuando le dijo a sus
discípulos que llevasen su cruz, no quiso decir que era una
CRUZ DE ENFERMEDADES. Enseñaba muy claramente que
nos debemos resignar a llevar nuestras cargas, también cuando
llegan a ser cruces y las veces que llegan a ser cruces de
sufrimientos; pero nunca dijo Él a los discípulos ni a nosotros
que debemos quedar resignados a las ENFERMEDADES Y
LAS DOLENCIAS. Al contrario, Él combatía a la enfermedad,
luchaba contra ella, la odiaba y expulsaba. En todos los lugares
por donde andaba los enfermos fueron sanados por Él.
John J. Scruby1[1] dice:
Pedro, en su primera epístola, habla mucho sobre el sufrimiento
queriendo confortar a los creyentes que pasaban ―la prueba de
fuego‖.

Si leemos tales pasajes como los siguientes: 1Pedro 1:3-7;


3:13,14; 4:1,12,19 y muchas otras semejantes en el Nuevo
Testamento, veremos luego si fuere abierto el corazón, que
―el sufrimiento‖ en el sentido bíblico no tiene nada que ver
con la enfermedad y la dolencia.
En cuanto a los ―sufrimientos de Cristo‖ darle un sentido de
―estar enfermos‖, como algunos enseñan, es totalmente
absurdo porque Cristo nunca se enfermó; a no ser por las
heridas de su expiación las cuales voluntariamente llevó PARA
QUE LA IGLESIA NO SUFRIESE ENFERMEDAD. Pues
Pedro, que
habla tanto de los sufrimientos de Cristo, dice 1Pedro [Link]
―Por Sus heridas fuimos curados‖. Basarse en Cristo, que
como nuestro substituto ―tomó sobre sí nuestras enfermedades
y llevó nuestros dolores‖ (Mt 8:17), para apoyar la enfermedad,
es volver nula e inútil la obra expiatoria de Cristo. Estas
palabras son duras, yo sé; pero son tan verdaderas como duras
y son indiscutibles.

¿Y acerca del aguijón en la carne de Pablo?


Las Escrituras que hablan del ―aguijón en la carme de Pablo‖
han sido muy mal interpretadas. Puede encontrar una respuesta
minuciosa sobre esta tradición casi universal, que pretende
decir que el agujón en la carne de Pablo fue una enfermedad en
el capítulo 36 del presente libro.

La tradición esclaviza – La verdad liberta


Esto es evidente, pues Jesús dijo:
Juan 8:32
“Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”
Todas estas doctrinas antibíblicas y muchas otras, tienden a
atrapar a las víctimas en la esclavitud de la enfermedad y la
dolencia. Cuando predicamos la VERDAD, e informamos al
pueblo de nuestra
LIBERACIÓN de todo PECADO y de toda ENFERMEDAD
adquirida en el Calvario, es entonces que la voluntad de Dios(
en cuanto a la sanidad de los enfermos) es revelada y el pueblo
tiene oportunidad de poner en acción su fe para ser sanado. El
pueblo es llevado a saber la VERDAD que Dios quiere sanar a
todos los enfermos tanto como quiere salvar a todos los
pecadores.
Los tradicionalistas dicen: ―Sed fieles cuando estéis enfermos;
sed pacientes. Permaneced esperando en Dios y Él os curará
cuando Él lo crea conveniente”
¿Por qué dicen eso? No estás esperando a Dios para que te
cure; Dios está esperando para curarte. Dios está esperando la
oportunidad. Él tiene que esperar hasta que se arrepientan y
crean en Su Hijo como su Salvador. Igualmente, ahora Él te
quiere sanar y estarías sanado hace mucho tiempo si le hubieses
dado la oportunidad. Pero Él tiene que esperar que aceptes a su
Hijo como Quien te cura, como Quien llevó tus enfermedades.
Hasta que hagas eso, la sanidad está impedida.
Amigo, cree ahora en la Palabra de Dios. SÉ curado ahora
mismo. Ora al Señor y di: ―Yo te agradezco Señor, porque
llevaste mi enfermedad y me libraste. Te agradezco las heridas
por las que FUI sanado. Te agradezco porque me redimiste del
pecado y de la enfermedad. Agradezco por mi liberación, tanto
del cuerpo como del alma. Creo en esto y oro por eso‖.
Entonces, no te olvides de ACTUAR COMO SI ESTUVIESES
CREYENDO EN ESO.

Capítulo 14
La oración de fe
Conviene que notemos que Santiago dice “La oración de fe
salvará al enfermo y el Señor lo levantará”. Esa promesa fue
hecha a ―ALGUIEN‖ que está enfermo. Me hace vibrar el
corazón todas las veces que recuerdo las palabras ―alguien‖ y
―cualquiera‖; palabras sublimes, gloriosas y que incluyen a
TODOS, palabras que andan siempre de la mano dadas a través
de las páginas de la verdad bíblica. Estas palabras son:
―CUALQUIERA‖ para salvación, y ALGUIEN para la
sanidad divina. Si esas dos palabras no se refieren a Ti o a
cualquier otra persona, confieso que no se hablar. Por el
contrario si la palabra ALGUIEN realmente te incluye a ti y a
todos los demás, entonces debemos regocijarnos porque ―LA
SANIDAD ES PARA TODOS‖.
Nunca podemos orar ―LA ORACIÓN DE FE‖ cuando
estamos preguntándonos a nosotros mismos si es o no la
voluntad de Dios hacer lo que le estamos pidiendo. La
verdadera fe, viene por el oír… la Palabra de Dios. Esto es por
oír lo que Dios dice en su Palabra acerca de lo que Él desea
hacer. Entonces la ―oración de fe‖ es simplemente pedir a
Dios que haga lo que Él prometió hacer. Si es la voluntad de
Dios que estés enfermo no podemos orar ―la oración de fe‖. Si
es la voluntad de Dios que estés enfermo, entonces sería un
gran error pedir tu sanidad porque nunca debes dejar que se
frustre la voluntad de tu Padre Celestial. No debes procurar
auxilio de los médicos ni enfermeros ni tomar medicinas,
porque sería como si dijeses: ―Es tu voluntad Señor que yo
esté enfermo, pero voy a llamar un médico (o buscar otra
solución) para evitar Tu Voluntad‖. Para actuar de una manera
perfectamente lógica, si crees que no es la voluntad de Dios
sanarte, no te conviene hacer ningún esfuerzo para sanar, te es
mejor resignarte a tu ―suerte‖ y decir a todos que estás
SUFRIENDO la enfermedad por amor al Señor Jesucristo.
¿Pero dónde está escrito que Él dijo que quería que sufrieras
enfermedades por amor de Él? Todo lo contrario, en lugar de
decir eso, Él sufrió por ti.
Si realmente piensas que la voluntad de Dios es que
permanezcas enfermo, y dudas de Su voluntad de curarte,
sugiero que quedes resignado y contento con tu suerte. Si crees
que es la voluntad de Dios que sufras, entonces te sugiero que
en lugar de pagar un médico y remedios dones el dinero para
beneficio del prójimo. Por ejemplo, sería bueno usarlo para
ayudar a la obra misionera. Si Dios no te quiere sanar y tú
quieres hacer la voluntad de Él no dejes tu caso en manos de un
médico que procuraría inmediatamente frustrar la voluntad de
Dios para contigo.
Que Dios te ayude a considerar estas cosas desde un punto de
vista bíblico.
La oración de fe
En cuanto a la oración de fe, muchas personas tienen la idea
que esto siempre significa una respuesta inmediata. Creen que
si no manifiestan los resultados en el mismo instante, no oraron
la oración de fe. Sin duda, muchas personas no reciben sanidad
del Señor para sus cuerpos porque quieren sujetar al Señor a
sus caprichos. Orar ―la oración de fe‖ no quiere decir
necesariamente que la respuesta sea vista o sentida
inmediatamente. Es la oración de quien sabe lo que dice la
Palabra de Dios y así queda absolutamente CERTERO el hecho
de que Dios ha oído su oración y sabe que Dios queda obligado
a responder por Su propia alianza y manifestar así los
resultados pedidos. Dios lo puede hacer instantáneamente o
gradualmente, pero una cosa es cierta: Dios RESPONDERÁ
―a la oración de fe‖.
Después de orar la oración de fe y reprender a la enfermedad, el
caso queda en las manos del Señor y Él restaura. Si Èl lo hace
instantáneamente o gradualmente, no tiene importancia. Su
Palabra permanece siendo verdadera y nosotros debemos creer
y NO DUDAR. Confiando en Él erradicamos completa y
perfectamente la enfermedad.
La fe en los síntomas
Pero recuerda una cosa, que cuando has cumplido enteramente
la Palabra de Dios, y orado la oración de fe, desde ese
momento puedes declararte curado por el Poder de Dios,
porque Su Palabra dice: “si sabemos que Él nos oye en todo lo
que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le
hayamos hecho”
A pesar de permanecer algunos síntomas de la enfermedad,
como acontece a veces, la FE declara que está hecho porque la
Palabra de Dios lo dice. La FE no teme afirmarse en la Palabra
de Dios. La FE no tiene absolutamente cosa alguna a no ser con
la Palabra de Dios. El tentador susurra: ―No tienes valor para
reclamarle a Dios. No estás curado. Mira los síntomas‖. Es en
estas ocasiones que el creyente verdadero descansa
seguramente en las promesas de la Palabra de Dios, creyendo,
confiando, dando gloria a Dios, reconociendo que Dios es fiel a
Su Palabra y que Satanás no sólo es mentiroso, sino el padre de
mentira.
Fe en la Palabra de Dios
Si tienes fe, dijo Jesús, ―Nada os será imposible‖ (Mat 17:20).
Y
Juan 15:7
Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en
vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho
Marcos 11:24
Por eso os digo que todo lo que pidiereis orando, creed
que lo recibiréis y os vendrá Es absolutamente seguro orar
―la oración de fe‖ y dejar los resultados con Dios a pesar de las
circunstancias. Puedo probar eso por centenas de
acontecimientos en nuestras campañas de avivamiento a través
de los Estados Unidos y en otros países. Pero no lo relataré aquí,
para que vuestra fe no se apoye en mis experiencias, sino en la
PALABRA DE Dios. Mi propósito es establecer vuestra fe en lo
que Dios dice. Es por eso que no relato mis sanidades y milagros
hechos por el Señor en nuestro ministerio. El relato de una
experiencia nunca producirá más fe; pero ―oír la Palabra de
Dios‖ esto sí lo hará y definitivamente la PRODUCIRÁ.
La fe en nuestros cinco sentidos
La Palabra de Dios alimenta la FE, mientras que los relatos de
nuestras experiencias alimentan nuestros sentidos. Nuestros
sentidos no tienen cosa alguna con la FE, la FE tiene que
ignorar nuestros sentidos. Si andas por la FE, no andas por
VISTA. Si deseas considerar la Palabra de Dios verdadera,
entonces no puedes estar considerando las evidencias de tus
sentidos. SI quieres creer en la Palabra de Dios, entonces
deberás ignorar muchas veces tus sentidos. El tacto, el olfato, el
gusto, la audición y la visión son todos sentidos usados por el
hombre natural. La Palabra de Dios y la FE son dos factores
usados por el hombre espiritual. El hombre natural anda por
sus sentidos, pero el hombre espiritual anda por su fe en la
Palabra de Dios 2Corintios 5:7.
La visión y el tacto pertenecen al hombre natural. La fe
pertenece al hombre sobrenatural. Todo creyente es un hombre
sobrenatural.
Para muchos no parece razonable descreer en los sentidos. Han
confiados en ellos como la evidencia concluyente y final por
tanto tiempo que es dificilísimo reconocer que existen otras
pruebas además de los cinco sentidos naturales. Se nos enseñó
que el tribunal supremo es el sentido de la vista: “ver es
creer”. Hemos planificado y vivido nuestras vidas basados en
esta teoría. Hemos ignorado la más alta fuente del saber. Esta
es la más alta fuente del saber que revela, la fe que nace por la
Palabra de Dios y por la oración. LA PALABRA DE Dios debe
ser el supremo tribunal para el creyente – el super-hombre.
Muchos creyentes, cuando son informados que tienen que vivir
por fe y no por vista, que deben poner a un lado la evidencia de
los sentidos, se rebelan contra esto.
“¿Quiere decir que no puedo tener ninguna certeza de lo que
veo?” Nuca podré aceptar una cosa tan absurda. Por ejemplo,
tengo la certeza de tener un libro en mi mano. Lo veo, lo palpo,
siento el olor de la tinta en sus páginas. Lo dejo caer y lo oigo
golpear contra el suelo. ¿Quiere decirme que el libro no es
realidad y que no está aquí cuando mis sentidos me llevan a
saber que es realidad que está aquí?”
Podemos aceptar las evidencias de nuestros sentidos, hasta el
punto donde ellas contradicen la Palabra de Dios; siendo así, no
hacemos caso de nuestros sentidos y creemos la Palabra de
Dios.
¿Cuál es la prueba de nuestra sanidad?: ¿una sensación
súbita de calor, un escalofrío o la Palabra de Dios?
Me he preguntado esto a mí mismo muchas veces, porque este
pueblo piensa que es absolutamente absurdo creer en la Palabra
de Dios. Sin embargo, cuando sus sentidos testifican lo
contrario de lo que la Palabra de Dios dice, están tan proclives
a tener fe en que si alguno de sus hijos ha sido expuesto a una
enfermedad contagiosa quedará afectado.
Creen absolutamente que su hijo comenzará a toser pasado
cierto número de días, porque jugó con Josecito ayer, y hoy
Josecito está enfermo de coqueluche.
Observe esto: ―No tienen prueba alguna que el niño
comenzará a toser, pero internamente por la fe lo está
esperando (fe en la coqueluche de Satanás).
No tienen prueba alguna de los sentidos. LO CREEN
SOLAMENTE. Tienen FE en esto. Cuando su hijo fue
expuesto a la enfermedad de Josecito, no sintieron un calor
súbito de poder que les diera la ―prueba‖ o ―señal‖ de la
contaminación. No recibieron un ―choque de poder‖ para
probarlo y tampoco había síntomas de enfermedad. El hijo está
tan bien de salud como antes, pero aún así, saben que van a
sufrir de coqueluche dentro de pocos días. ¿CÓMO ES QUE
SABEN? Tienen lo que llamamos FE (fe en la enfermedad).
Creen que la enfermedad ya inició su obra a pesar del hecho de
que no ven, ni sienten, ni oyen, ni gustan, ni huelen cosa
alguna. ESO ES FE. No hay cosa alguna errada en eso, a no ser
que se engañan a sí mismos en aquello que creen. Pero que es
FE, es cierto.
Así y todo, a pesar de confiar enteramente en el diablo y creer
plenamente en sus enfermedades, cuando imponemos las
manos sobre ellos y les decimos: ―Sé sano de tu enfermedad‖,
Es cierto que quedarán sanos, porque Dios lo dijo. Por tanto
nada lo puede evitar. Pero a veces creen que esto no es
razonable.
Muchos dicen: “Ver es creer” pero la Palabra de Dios dice:
―creer es ver‖.
Otros dicen: “Nunca creeré antes de verlo‖. Yo respondo:
“jamás lo verás antes de creer”. Luego, al tú creerlo, Dios se
apresura en dejarte verlo porque la fe es la prueba de las cosas
que no se ven (Heb 11:1). La fe trae a la vista las cosas no
vistas y torna tangibles, las cosas no sentidas.
Agradas a Dios cuando ―miras hacia Su Palabra‖, cuando
basas tu fe exclusivamente sobre Su PALABRA DE
PROMESA. Por esa especie de FE ―Los antiguos alcanzaron
buen testimonio‖ y tú también lo harás. LA FE EN SU
PALABRA siempre agrada a Dios.
Cuando Jesús estaba aquí en la carne, reconocía la prueba de
los sentidos, pero nunca se dejaba DOMINAR por ellas. Los
sentidos eran Sus siervos. Vivía en un grado más alto.
Declaraba a los ciegos sanados, y a los leprosos purificados
cuando todavía eran ciegos y leprosos. Llamó a las cosas que
no existían como si existiesen y tuvieron que existir. Cierto día
Jesús maldijo una higuera y sus raíces murieron; pero el árbol
no parecía muerto hasta el día siguiente, cuando se pudo ver
que se secó desde las raíces hacia la copa. Observe que no fue
de las ramas hacia abajo; Marcos 11:20.
Nuestros sentidos gobiernan al hombre natural en el mundo
natural, pero una vez adquirida la bendición del mundo
espiritual, la FE debe gobernar al hombre. Podemos aceptar la
evidencia de nuestros sentidos, hasta el punto donde ellas no
contradigan la Palabra de Dios. Pero cuando la Palabra de Dios
difiere de nuestros sentidos, debemos dejar de considerar
nuestros sentidos y actuar según la Palabra. Cuando hacemos
eso, el Padre honra la Palabra y la cumple en nuestras vidas.
Estaremos siempre seguros si creemos en Dios sean cuales
fueran las evidencias de nuestros sentidos. Lo que Dios dice es
siempre verdad. Como dice Romanos 3:4 ―antes bien sea
Dios veraz, y todo hombre mentiroso”;
El saber de los sentidos es MENTIRA cuando no concuerda
con la Palabra de Dios y cuando andamos por la fe, nos
deleitamos en dejar a un lado los sentidos y gozar las
bendiciones ya anunciadas por el Padre.
Abraham y su fe
Supongo que la mejor lección para estudiar este asunto es la FE
de Abraham.
Romanos 4:18-21
El creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a
ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le
había dicho: Así será tu descendencia.
Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que
estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la
esterilidad de la matriz de Sara.
Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios,
sino que se fortaleció en fe, (no murmuró ni se quejó
porque la respuesta no llegó inmediatamente, sino
que…) dando gloria a Dios, plenamente convencido de
que era también poderoso para hacer todo lo que había
prometido
Abraham de alguna forma, tomó conocimiento de las
evidencias de sus sentidos físicos los que le testificaban el
hecho de que era un anciano de casi cien años de edad;
demasiado viejo pro cierto para ser padre de hijos.
Y sara se sentía vieja, parecía vieja, y era vieja según la
evedancia de los sentidos naturales; pero Abraham NO HACÍA
CASO de esos hechos.
¿Por qué no tomaba conocimiento de esos hechos? Porque
contradicen lo que Dios dijo. Dios dijo que tendría un hijo. Los
sentidos decían: ―IMPOSIBLE‖. Abraham no consideraba los
sentidos y CREÍA la Palabra de Dios. ESO ES FE.
¿Qué dice la Escritura? ―Creyó Abraham a Dios‖ (Rom 4:3).
Como ―creer‖ es un verbo y un verbo generalmente implica
ACCIÓN, digo que ABRAHAM ACTUÓ SEGÚN LO QUE
DIOS LE DIJO QUE ACONTECERÍA.
Sara y su fe
Observe que Sara, no ―sentía‖ que tuviese fuerzas para
concebir y dar a luz un hijo, pero NO LE DABA
IMPORTANCIA A LO QUE SENTÍA, y ―Por la FE, la
misma Sara recibió la fuerzas para concebir y dar a luz ya
fuera del tiempo de la edad” ¿Cómo le sucedió esto a tan
avanzada edad? No por la evidencia de sus sentidos, no por lo
que ―sentía‖ “Porque creyó que era fiel quien lo había
prometido.
(Hebreos 11:11)
La fe del hombre natural
La fe no le da ninguna importancia a lo que el ojo natural pueda
percibir, a lo que el oído natural pueda oír, ni a lo que el cuerpo
físico siente. La fe sólo ve la Omnipotencia. Los ojos naturales
ven solamente las murallas de Jericó, los oídos naturales oyen
solamente el escarnio del enemigo, pero la fe ve las murallas
destruidas y el enemigo vencido.
El cuerpo natural siente los dolores del cáncer mordisquear,
pero la fe ve esa cosa vil, seca y consumida por el poder para
sanar de Jehová Rafa ―El Señor tu Sanador‖.
Los ojos naturales ven la oscuridad horrible de las nubes
pasando sobre la tierra y los oídos naturales oyen el rugido
pavoroso del trueno, pero la fe calmadamente MANDA:
―¡Cállate, aquiétate!‖ ¿Cómo puede ella hacer esto? Porque
percibe el cielo sin nubes y la brisa suave antes de que ellos le
obedezcan.
Los ojos naturales ven la carne consumida de los huesos por la
vil tuberculosis (una embaucadora del infierno). La mano física
siente la fiebre ardiente que está consumiendo los tejidos del
cuerpo; pero la fe ve esa ―consumición‖ (o tísica) como una
parte de la MALDICIÓN DE LA LEY (Deut 28:22), y
entonces la ve MALDECIDA en el Calvario donde su víctima
fue REDIMIDA de ella (Gal 3:13) y con algunas palabras
severas de reprensión en el Nombre de Jesús, ordena a la
enfermedad que se aparte de la víctima y que se retire del
cuarto con la segura calma de que se cumplirán las palabras de
la Biblia: ―ÉL LOS
SANARÁ‖ ―EL SEÑOR LO LEVANTARÁ‖
Fe Versus Razón
Da casi para pensar que la fe es completamente ciega a las
condiciones físicas. Cuando la razón quiere discutir con ella, la
fe solamente ríe sin vacilar.
La fe ve a Satanas vencido, aunque él sea visto gobernando con
poder. En la mente de fe las enfermedades están curadas
incluso antes de la oración. La fe avanza y actúa. LA RAZÓN
está turbada, agitada y nerviosa. La FE permanece tranquila. La
fe sabe que Dios no puede mentir, así la fe nunca presenta
argumentos, sólo se confía en la promesa cuando la petición
fue hecha conforme a la Palabra de Dios. La fe considera la
obra consumada incluso antes de ser completamente
manifestada. La fe es vencedora. La fe ve viene por el oír la
Palabra de Dios, así lee la Palabra y goza de una vida de fe
victoriosa.
La fe y la Palabra son vencedoras
Sí, lee la Palabra de Dios; aliméntate de su Palabra. Déjala
producir fe en el corazón.
Salmo 119:130 dice:
“La exposición de Tus Palabras alumbra; Hace entender
a los simples”.
Reconoce la veracidad de la Palabra de Dios y ten el coraje de
confiar en esa Palabra. Ella no te defraudará, porque Dios no te
defraudará.
El salmista dice también:
Salmo 119:11
En mi corazón he guardado tus dichos,
Para no pecar contra ti.
Carlos H. Spurgeon dice: “Eso es una buena cosa y un buen
lugar con un buen propósito”. Podemos cambiar esta escritura
y aplicarla a la enfermedad: ―En mi corazón he guardado Tus
dichos para evitar la enfermedad por intermedio Tuyo‖, y
todavía haría lo que Spurgeon dijo: “Una buena cosa, en un
buen lugar con un buen propósito.” Porque ―La fe es por el
oír (saber) la Palabra de Dios” (Rom 10:17) y la sanidad viene
por la fe en las promesas de Dios.
La verdadera fe en Dios y en Su Palabra nunca desanima. ES
como cierto hombre dijo: ―En las pruebas es donde la
verdadera FE en Dios florece.‖
La fe vive a la luz de los resultados anticipados. No vive en la
esclavitud de las circunstancias actuales, ni mira hacia ellas
sino que antes domina las circunstancias y determina el destino
andando a la luz de la realización de las promesas.
La FE persistente siempre vence. NO dejes que te desanime
cosa alguna. No dejes que te influencie cosa alguna. No dejes
que cualquier síntoma mude tu actitud para con la Palabra de
Dios. Estate firme. Resuelve en tu corazón para siempre que
Sus promesas SE CUMPLIRÁN. Puedes repetir los siete viajes
alrededor de los muros de Jericó (Josué :15,16) o siete
inmersiones en el río (2Reyes 5:14), pero habrá victoria para la
persistencia de la fe en lo que Dios ha hablado.

La fe es poseedora
Josué 1:3
“Yo os he entregado… todo lugar que pisare la planta de
vuestro pie.
Esta fue la promesa que motivó a los israelitas a alcanzar la
Tierra Prometida. Las pisadas significaban posesión, pero estas
pisadas tenían que ser de sus propios pies. También es así para
poseer las bendiciones del Nuevo Testamento adquiridas en el
Calvario. Toda promesa que pisare la planta de tu pie es tuya.
La planicie fértil es tuya en el momento en que la pises. El
valle rico de la liberación es tuyo si entrares en él para
poseerlo. La explanada de poder espiritual es tuya si quieres
imitar al noble anciano Caleb, expulsando a los gigantes de la
incredulidad que allí habitan (Josué 14:6-15). Todas estas
bendiciones son tuyas para poseerlas en el poderoso Nombre de
Jesús.
Todas las promesas benditas de la Palabra de Dios son tuyas;
por lo tanto ¡no seas negligente en subir para poseer tus tierras!.
Entre tu y tus posesiones hay enemigos poderosos, mas une tus
armas: la oración y la fe, en Aquel Nombre que es sobre todo
nombre y avanza contra ellos. No desistas hasta que el último
enemigo sea vencido. El tamaño de tus posesiones dependerá
de cuánto terreno tienes recorrido y realmente reclamado.
Vístete de ―toda la armadura de Dios‖ para ser invulnerable.
Toma la “espada del espíritu” para ser invencible (Efesios
6:10-17). 1Timoteo 6:12 Pelea la buena batalla de la fe,
2Timoteo 2:3 sufre penalidades como buen soldado de
Jesucristo. Santiago 4:7 “Resiste al diablo” y hallarás la
promesa que dice que él ―huirá de ti‖.
Para muchas personas ―fe‖ es meramente una palabra teórica.
Tu puedes volverla un hecho de poder.
Satanás sabe que los intereses de Dios y los tuyos son idénticos
en cuanto a la sanidad. Él sabe que Dios y tú son aliados. Él
sabe que Dios no te puede dejar fracasar en cuanto confías en
su Palabra, pues no lo podría hacer sin fracasar Él mismo
también. Dios no puede hacer eso.
Después de orar ―la oración de fe‖, haz firme la fe, pórtate
varonilmente y fortalécete (1Corintios 16:13). No desistas.
Piensa que eres del cuerpo. Cuenta con que eres
RESTAURADO. Reclama tus derechos de alianza. Entonces
Dios recibirá la gloria y tú recibirás la victoria. ―la fe ES la
victoria‖ 1Juan 5:4

Capítulo 15
¿La Fe es Esencial para la Sanidad?
Muchos preguntan: ―Hermano Osborn, ¿cree que es necesario
que yo tenga fe? No cree que puedo ser sanado por medio de su
fe?
La Biblia dice: “Sin fe es imposible agradar a Dios” y
―Andamos por la fe no por vista”. No hay duda de que la
sanidad por intermedio de la fe de otro es excepción bíblica, no
la norma. Mi consejo sería seguir la norma y no la excepción.
Estoy seguro que cuando alguien ha oído la Palabra de Dios, la
fe nace en su corazón (la Palabra si le prestamos atención,
siempre produce fe), será curado de inmediato por su propia fe.
Quiero asegurarte que Dios planeó que TODO CREYENTE
fuese un vencedor en lugar de que sólo unos pocos prediquen y
enseñen la sanidad divina. Dios quiere que tú descubras que
tienes dominio sobre el diablo. Desea que sepas que tienes
poder sobre la enfermedad, que eres vencedor, que eres
conquistador, que puedes responder a la dolencia y a la
enfermedad y ver disipar los síntomas. Esto nunca los puedes
hacer mientras dependas de la fe de otro.
Quiero recordarte que la fe de otro, nunca te libertará del
pecado. TÚ debes oír el Evangelio, la voz del Espíritu y tener
convicción de tus pecados. TÚ debes creer en el Señor
Jesucristo como Salvador y entonces TÚ serás salvo.
Igualmente TÚ debes oír al Palabra de Dios, TÚ debes creer en
el Señor Jesucristo como Quien te sana y que TÚ por su Sus
heridas fuiste sanado.
Observa que en la mayoría de los casos Jesús no curó a una
persona antes de confesar su fe, o bien si no veía alguna
demostración de fe para ser sanada; así pasó en caso del
centurión en Mateo 8:8.
Acerca del paralítico que descendió en un lecho por el tejado
está escrito:
Marcos 2:5,11
“Y Jesús viendo la fe de ellos, dijo al paralítico:
“Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa”
No pudo concebir que un enfermo en cama, dejara que cuatro
hombres lo llevaran con su cama y todo, lo subieran a un
tejado, luego lo descendieran por un agujero en el techo; sin
que al menos él creyera que algo le sucedería al alcanzar la
meta.
Es notable que la fe es VISTA generalmente, más que OÍDA.
JESÚS VIO SU FE EN SUS ACTOS. ―La fe, si ni tiene
obras (o actos que le correspondan) es muerta. En el caso de los
ciegos que Lo seguían clamando y diciendo: “Ten misericordia
de nosotros hijo de David”, Jesús les dijo: ¿Creen ustedes que
yo puedo hacer esto? Y ellos dijeron: Sí Señor. Tocó entonces
los ojos de ellos diciendo: Hágase con vosotros según vuestra
fe. Y fueron abiertos sus ojos (Mateo 9:27-30)
La mujer cananea que buscaba misericordia del Señor diciendo
que su hija estaba atormentada por un demonio, Jesús
respondió después de ver su fe persistente e inmutable: “¡Oh
mujer!, grande es tu fe, sea hecho contigo como deseas”
(Mateo 15:28), y su hija quedó sana desde aquella hora.
La mujer que sufrió de hemorragia durante 12 años, que se
metió entre la multitud que apretaba a Jesús diciendo a sí
misma: “Si tan solo tocare el borde de su manto quedaré
sana” El Señor dijo: “Hija, TU FE te ha hecho salva, ve en
paz, y queda sana de tu azote” (Marcos 5:34)
Al ciego de Marcos 10:52, Jesús dijo: ―Vete tu fe te ha
salvado”
Al único leproso que se volvió para adorar, Jesús le dijo:
“Levántate, vete, tu fe te ha salvado” (Lucas
17:19)
Cuando cierto hombre pidió a Jesús que fuese a su casa y
sanase a su hijo que ya estaba a punto de morir, Jesús dijo:
“Ve, tu hijo vive” y la escritura dice: “Y el hombre creyó la
Palabra que Jesús le dijo y se fue” y cuando iba camino hacia
su casa: “sus siervos salieron a recibirle y le dieron nuevas
diciendo “tu hijo vive” (Juan 4:47-53)
Hay muchos ejemplos mencionados en los Evangelios en que
no se dice que una persona sanada haya tenido fe o no; tal
como la mujer encorvada por un espíritu de enfermedad
(Lucas 13:11) o el hombre de la mano seca (Mat 12:13), o el
hombre del tanque de Betesda (Juan 5:5), las multitudes (Mat
12:15; 14:14; 14:35,36; Marcos6:56) y muchos otros. Pero es
cierto que esas personas realmente tuvieron fe, porque cuando
Marcos dice: Jesús ―no pudo hacer allí muchos milagros,
solamente sanó a unos pocos imponiéndoles las manos‖ Su
incapacidad de curarlos de debió a la INCREDULIDAD de
ellos (Marcos 6:1-6).
Cuando Pablo predicaba el Evangelio en Listra, uno de sus
oyentes era “Cierto hombre imposibilitado de los pies, cojo de
nacimiento” Pablo sin duda, deseaba que el hombre fuese
curado inmediatamente, pero Pablo esperó hasta que el cojo
oyera la Palabra y así pudiera adquirir fe y así pudiera adquirir
fe para recibir la sanidad (Rom 10:17). Entonces Pablo fijando
en él los ojos y viendo que tenía fe para ser sanado, dijo a
gran voz: Levántate derecho sobre tus pies. Y él saltó y
anduvo (Hechos [Link])
Durante nuestras campañas de avivamiento, entre los asistentes,
tengo conocimiento de millares de las víctimas de las dolencias
y enfermedades sanadas. La predicación de la Palabra siempre
produce fe cuando se presta anteinción en ella.
La Biblia dice que por la FE los antiguos ALCANZARON
BUEN TESTIMONIO (Heb 11:2).
Dios se agradó de los patriarcas de la antigüedad cuando
manifestaron gran fe. “Sin fe es imposible agradar a Dios”
(Heb 11:6). NO dependas de la fe de otro. Ten tu propia fe,
Siempre la tendrás contigo, porque Dios está siempre contigo y
también Su Palabra.
La fe individual
As promesas de Dios son para TI Personalmente. Tú tienes
derecho individual de orar pidiendo particulamrente y recibir
todas las bendiciones prometidas a los creyentes.
Jesús dijo: “AQUEL que pide, recibe” (Mat 7:8). El da énfasis
a ese hecho repetidamente para que tú comprendas bien que Él
desea que tú pidas todo lo que quisieres. El dice: “Pedid y se os
dará, buscad y (tú) hallaréis; llamad y se os abrirá (a ti) (Mat
7:7,8)
A través de la Biblia entera. Dios procura dejar impreso en el
corazón de cada uno de Sus hijos que todos tenemos derechos
iguales. Él no respeta un hijo más que otro. Él no tiene
predilectos. Quiere que cada uno de nosotros tenga fe.
Jesús dice:
Juan 6:37 y el que a

mí viene, no le echo

fuera.

Esto TE incluye. Cristo está diciendo: “El que viene a MI para


suplir cualquier necesidad, sea cual fuera, de ninguna manera
me rehusaré”
Jesús dijo:
Marcos 11:24
“Todo lo que (TÚ) pidiereis orando, creed que lo
recibiréis y os vendrá”
Pablo dijo:
Romanos 10:9
Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor y
creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los
muertos, serás salvo
Cada pecador DEBE arrepentirse personalmente, creer
personalmente, confesar personalmente, aceptar personalmente,
recibir personalmente y entonces será salvo personalmente.
Igualmente es el deseo de plano de Dios que cada enfermo pida
persoanlmetne, crea personalmente, reclame personalmente,
reciba personalmente y entonces será curado personalmente.
Hay millares de creyentes estimados que pasan sus vidas
pidiendo que otros ―oren por‖ ellos. Quieren las oraciones de
otros como si los otros viviesen más cerca de Dios que ellos,
como si los otros, supiesen orar mejor que ellos, como si Dios
oyese las oraciones de oros antes que las suyas propias.
Todos los creyentes tienen derechos iguales y la voluntad y el
deseo de Dios es que cada uno de Sus Hijos aprenda a
aprovechar todas sus bendiciones.
Cada persona puede orar y recibir la respuesta. Jesús dijo:
―Todo lo que pides recibes‖.
Todo pecador salvo tomó forzosamente la declaración de
Cristo… o nunca fue salvo.
Si el privilegio: ―Todo el que pide recibe‖ es para todos los
enemigos de Dios, cuánto más para Sus hijos. Esto es: Si es
privilegio era disponible antes, ¿cuánto más después de ser
salvos?
Todo hijo puede pedir para sí mismo las bendiciones de su
padre.
Todo bebé pide para sí mismo, incluso antes de saber hablar
una palabra. Cuando llora, ya puede pedir. Ciertamente los
otros hijos de la familia no tienen que rogar el favor de la
madre para que de de mamar al bebé; sino que el bebé pide
para sí mismo.
Así y todo, hay millares de creyentes adultos que nunca
aprenderán el privilegio de pedir por sí mismos. Pasarán años
escribiendo y llamando a otros para que oren pro ellos, para
hacer oraciones que ellos mismos debían hacer, para rogar a
Dios por ellos.
Otros pueden orar contigo, pero no te conviene substituir las
tuyas por las oraciones de otros porque Jesús dijo: ―TODO EL
QUE pide, recibe‖.
Todo hombre que tiene cuenta en el banco puede escribir su
propio cheque para sacar dinero. ¿No sería absurdo pedir que
alguien que mora en el otro lado de la ciudad fuera al banco e
intentara sacar una parte de mi dinero para mí? Es mi cuenta.
Puedo escribir mi propio cheque sin dificultades para sacar
dinero. Tengo derecho de exigir el dinero porque es mío.
Toda la bendición que proveyó Cristo al morir, es propiedad
particular de cada persona por la que Cristo murió.
La Biblia nos dice que TODO israelita, mordido por serpientes
ardientes, cuando mirara la serpiente de metal, quedaba vivo.
Cada uno tenía que mirar por sí mismo.
En el Salmo 107:18 y 19 die que los hijos de Dios llegaron
hasta las puertas de la muerte pero ELLOS
“clamaron al Señor”… “y Él… envió Su PALABRA, y LOS
libró”
Millares de veces, en nuestras campañas, personas han sido
sanadas de todas las formas de enfermedades, dolencias y
debilidades estando sentadas en los bancos, sanadas por su
propia fe que recibieron oyendo la Palabra de Dios.
Quiero repetir: La fe es solamente creer que Dios hará lo que Él
dice en Su Palabra que hará. Dios nunca forzó a alguien a creer
que El haría una cosa que no prometió hacer.
Dios dijo: “Yo soy el Señor TU sanador” El profeta Isaías
dijo: “Él (Jesús) fue herido por NUESTRAS
TRANSGRESIONES… y por Sus llagas FUIMOS nosotros
curados”.
Jesús dijo al leproso: “QUIERO”, sé limpio”. Dijo al
centurión: “YO IRÉ Y LE SANARÉ”. Al ciego dije: “VE”.
Pedro dijo: “Llevando Él mismo en Su cuerpo nuestros
pecados… por Sus heridas FUISTEIS CURADOS”. Jesús
dijo: “Pongan sus manos sobe los enfermos y SANARÁN.” Y:
“En MI nombre echarán fuera demonios”. Santiago dice
“¿Está ALGUNO entre vosotros enfermo? … la oración de fe
salvará al enfermo y el Señor lo levantará.”
La Fe es solamente en creer que Dios hará todo eso más otras
cosas que ya dice en Su Palabra que haría si tan solo creemos.
Marcos 9:23
Si puedes creer, al que cree todo le es posible.
Tened fe en Dios
Encontramos la suma de todo en la orden de Jesús: “TENED
FE EN DIOS” Marcos 11:22.
Amigos, contamos que como nunca antes, la fe siempre hace
mover la mano de Dios. La fe siempre puede. La fe es una
fuerza persistente. La fe depende de la capacidad de Dios. La fe
no conoce fracaso. La fe crece en la prueba. La fe nunca
discute. La fe nunca se muestra agitada. La fe nunca se
enorgullece de sí misma, la fe nunca se pone nerviosa. La fe
nunca teme y nunca es subyugada.
La fe mira directamente la Palabra de Dios. La fe sabe que la
Palabra de Dios. La fe sabe lo que Dios ha dicho, porque ella
misma fue generada por la Palabra de Dios. La fe sabe que lo
que Dios dice es una revelación de lo que es Su Voluntad
hacer. La fe acepta la Palabra de Dios como decisiva. La fe
reclama la Palabra y confía en ella. La fe se apodera de las
promesas. La fe exige resultados. La fe reclama sus derechos
de alianza. Así es como mientras la razón discute, la esperanza
teme y se aflige, la fe permanece inmóvil porque sabe lo que
Dios ha dicho. Eso determina la fe. La fe es invencible. La fe es
irresistible.
Ah, amigos, establézcanse en la Palabra de Dios. Conozcan Su
Palabra y así conocerán SU VOLUNTAD. Pídanle a Dios y
dejen los resultados con Él. Así Le darán la oportunidad para
hacer en ustedes, lo que Él ha esperado tanto tiempo hacer y no
podía porque Uds. no querían ACTUAR SEGÚN SU
PALABRA, CON FE.
Hagan lo que Abraham hizo. Crean en Dios.
Romanos 4:19,20
Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que
estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la
esterilidad de la matriz de Sara.
Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios,
sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios
Amigo, vaya ahora mismo a Dios, cite cualquiera de Sus
promesas que quieras cumplir en tu vida. Pídele con fe para
hacerlo. Haz la oración de fe reclamando esa promesa. Esto es,
deposita tu pedido en el correo de la fe – suéltalo- . Confía en
las autoridades celestiales para llevar y traer de vuelta lo que
pediste. No desistas. No cedas por cosa alguna de tu firmeza en
la promesa de Dios y tu oración tendrá plena respuesta; pues
Dios dirá “Ve, y como te sea hecho” Mat 8:13

Capítulo 16

La Importancia de la Confesión
Dijiste que no lo podías hacer, y al momento que lo dijiste
fuiste derrotado.
Dijiste que no tenías fe, y en ese momento que lo dijiste fuiste
derrotado.
Dijiste que no tenías fe, y en ese momento, la duda se levantó
como un gigante y te subyugó.
Tal vez nunca has reconocido que, hasta eres gobernado por tus
palabras.
Hablaste de fracaso y el fracaso te puso bajo servidumbre.
Hablaste de temor, y el temor aumentó su dominio en ti.
Salomón dijo: ―Te has enlazado con las palabras de tu boca, y
has quedado preso en los dichos de tus labios‖.
Proclamando – Testificando – Confesando
Pocos cristianos han reconocido la importancia de la confesión
y el lugar que esta ocupa en nuestras vidas. Siempre que la
palabra ―confesión‖ es usada, piensan automáticamente en la
confesión de pecado, de debilidad y de fracaso. Pero este es
sólo el lado negativo del tema.
La confesión negativa de nuestros pecados era solamente para
abrir el camino a la confesión positiva de toda la Palabra de
Dios.
Nada en nuestro andar como un creyente es más importante que
nuestra confesión a pesar de ser mencionada muy poco en la
iglesia.
A la vida cristiana se le llama confesión de acuerdo a Hebreos
capítulo 3
Hebreos 3:1
Por tanto, hermanos santos, participantes del
llamamiento celestial, considerad al apóstol y sumo
sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús;
La palabra griega que ha sido traducida ―profesión‖ en la
versión Reina Valera se traduce ―confesión en otros casos y la
Palabra ―profesión‖ en Hebreos 3:1 es ―confesión‖ o
―reconocimiento‖.
Estas dos palabras están relacionadas estrechamente, sin
embargo hay una diferencia importante.
La palabra griega de la cual se traduce la palabra ―confesión‖
significa: ―diciendo la misma cosa‖; esto sería: “Diciendo lo
que Dios dice”; o “estando de acuerdo con Dios en nuestro
testimonio”. Diciendo lo que Dios dice en Su Palabra acerca de
nuestros pecados, nuestras enfermedades, nuestros fracasos
aparentes, nuestra salud, nuestra salvación, nuestras victorias, o
de cualquier otra cosa en nuestras vidas.
En otras palabras, la confesión es testificar de, o ―reconocer‖
lo que Dios dice.
Confesión en la Prueba
Por ejemplo: La enfermedad está luchando por echar fuera tu
salud. Los ´síntomas de laguna enfermedad dañina comienzan a
aparecer. Satanás está deseando destruir tu salud y así hacer tu
vida ineficaz en el servicio Cristiano.
Pero Dios ha hecho provisión para tu salud.
Dios ha hecho un acto de sanidad contigo.
El ha prometido: Éxodo 23:25 “Más Jehová vuestro Dios
serviréis, y El quitará toda enfermedad de en medio de ti”,
porque Él ha prometido: “Yo soy el Señor tu Sanador” (Éxodo
15:25).
La Palabra de Dios dice: ―El sana todas tus dolencias‖ (Salmo
103:3).
Jesucristo te ha redimido de la caída del hombre, te ha redimido
de tus dolencias porque “El mismo tomó nuestras
enfermedades y llevó nuestras dolencias” (Mateo 8:17) en el
lugar cruel de los azotes (Marcos 15:16-20, Mateo 27:26, Juan
19:1) y por tanto “por sus heridas fuisteis sanados‖ (1Pedro
2:24)
El conocimiento de todo esto provee una base para tu fe.
Tu sabes que Satanás no puede poner una enfermedad en tu
cuerpo porque Cristo ya llevó tus dolencias. Por lo tanto resiste
a Satanás y a los síntomas mentirosos de enfermedad que él
trae.
No les tengas temor. Sabes que tu redención es un hecho real.
Sabes que tus enfermedades fueron depositadas en el cuerpo de
Cristo y que Él las ha llevado por ti. No tengas temor.
Reprende a Satanás tu adversario, con valor y firmeza, con
Palabra de Dios, en el Nombre de Jesucristo quien murió para
hacerte libro. Mantente firme en tu fe.
Haz exactamente como Cristo, tu ejemplo, lo hizo cuando era
tentado por Satanás en el desierto. Dile:
―Escrito está, Satanás‖. Entonces cítale la Palabra: ―Por Sus
heridas yo soy sanado. El sana todas mis dolencias. Cristo
mismo tomó mis enfermedades, y llevó mis dolencias‖ ¡esto es
confesión!
La confesión es decir lo que Dios dice.
El testimonio de la fe. Hablar el idioma de la Biblia
constantemente. Resistiendo a Satanás con: ―Así dice el
Señor‖. Reclamando tus derechos ante el Trono de la Gracia,
confesando la Palabra de Dios, las promesas de Dios.
Repetimos: La Palabra Griega de la cual se traduce
―confesión‖ correctamente traducida significa: “Diciendo la
misma cosa‖, esto es, “diciendo lo que Dios dice”, o “estando
de acuerdo con Dios en nuestra conversación”; “reconociendo
la Palabra”.
Un amigo viene a ti durante la prueba de tu fe y sugiere: ―Oh,
debes tener cuidado, conozco a una persona que murió de esa
enfermedad. Debes irte pronto la al cama y mandar a pedir
ayuda‖. Pero tú habla el lenguaje de Dios, porque tú crees lo
que Dios dice.
Usa Sus palabras en tus labios (en tu conversación). Confiésale
con toda confianza: “Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de
quién he de atemorizarme?” Cristo ha llevado mis
enfermedades, y por sus heridas soy sanado”.
Bajo todas las circunstancias, y en todo tiempo, habla el
lenguaje de Dios. Enséñate a ti mismo la manera de vida de
Dios y a Su manera de hablar.
Su actitud como es presentada en La Palabra, debe
desarrollarse en tu vida hasta que Satanás no pueda ya
prevalecer contra ti, porque la Palabra de Dios ha moldeado tu
propia vida y naturaleza (2Pedro 1:4).
Vienes a ser tan irresistible como Dios, porque la Palabra de
Dios viene a controlar tus oraciones, tus palabras, tus
pensamientos y tus acciones.
La confesión es la afirmación de algo que creemos.
Confesar es testificar de algo que sabemos. Es atestiguar de una
verdad que abrazamos.
La Palabra de Dios es el tema exclusivo de nuestra confesión
(de nuestro testimonio).
Testificadores y confesores han sido los grandes líderes y
agencias de la vida nueva y revolucionaria de Jesucristo
(cristiandad) en el mundo.
Qué confesar
El mayor problema que enfrentamos entonces, es saber lo que
vamos a confesar. Sencillamente confesaremos la Palabra de
Dios, en todo tiempo, frente a todas las adversidades, bajo
todas las circunstancias. Confesar es ―afirmar las verdades
bíblicas‖.
La confesión es ―repetir con nuestros labios (proviniendo de
nuestros corazones), las cosas que Dios ha dicho en Su
Palabra‖.
No podemos confesar o testificar de cosas que no sabemos.
Debes confesar lo que conoces personalmente acerca de
Jesucristo y acerca de lo que tú eres para Él. Estas verdades las
conoces por medio de la Palabra.
El secreto de la confesión y de la fe dominante descansa en la
obtención de un entendimiento verdadero de lo que Jesús
realmente hizo por nosotros, del o que somos en Él como un
resultado de ello y de lo que la Palabra promete que podemos
hacer como resultado de Su obra consumada en nosotros.
Este conocimiento, acompañado de una confesión firme de
estos hechos, y con acciones que correspondan, desarrolla la
más alta clase de fe. Este conocimiento viene por medio de la
Palabra.
El simplemente admirar estos hechos en la Biblia y decir que
los crees, pero rechazar (o descuidar) el confesarlos
confiadamente y actuar sobre ellos, te roban la fe en la hora de
necesidad.
Cuando sé quién es Jesús, y qué es lo que hizo por mí; lo que
realmente me pertenece ahora, y lo que realmente puedo gozar
en mi vida diaria, me hace un triunfador.
El conocer que Satanás fue derrotado por nuestro Substituto, y
que su derrota es eterna, hacen de nuestra redención un hecho y
una realidad benditas.
Saber que la derrota de Satanás fue administrada por nuestro
propio Substituto, y que esta derrota fue acreditada a nuestra
cuenta, de manera que en los archivos d la corte suprema del
universo nosotros somos ahora señores sobre Satanás, y que
Satanás reconoce que en el Nombre de Jesucristo lo
mandamos; cuando el corazón conoce esto tan bien como sabe
que dos y dos son cuatro, entonces la fe dominante,
acompañada con una confesión de autoridad nueva, viene a ser
natural.
Automáticamente hablamos como Jesús habló.
Entendemos los hechos de nuestra redención.
La fe es tan natural como lo era el temor antes de nosotros ser
iluminados.
Sabemos que Dios mismos pone a Satanás a todo su reinado
debajo de nuestros pies, y que somos considerados por el Padre
y por Satanás como vencedores.
Hemos sido libertados.
Nuestro lenguaje viene a ser como el del superhombres.
Hablamos el lenguaje de Dios tan comúnmente como el
incrédulo habla de sus temores
¡Qué cambio tan milagroso se produciría en la Iglesia hoy día si
sus miembros se levantaran al lugar que Dios les ha dado y
hablaran el lenguaje que Dios desea que Sus escogidos hablen!
No hace mucho desde los tiempos cuando, si un Cristiano
declaraba valientemente que era salvo era un sacrílego.
Que alguien creyera que su salvación era una obra consumada
y un hecho definido era considerado prácticamente absurdo.
Pero la luz ha ido resplandeciendo gradualmente, y hemos
llegado al conocimiento bendito de una conversión completa,
de una vez y para siempre, una obra instantánea definida de la
gracia infinita de Dios
Pero pocos de nosotros nos atrevemos a confesar valientemente
al mundo lo que la Palara declara: que estamos en Cristo.
Toma estas Escrituras como ejemplo:
2 Corintios 5:17
De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es,
las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas
nuevas”
Confiésalo, créelo.
Significa exactamente lo que dice.
Somos nuevos. Todas las cosas son nuevas. Las cosas viejas
pasaron.
Estas marcas antiguas del pecado, la enfermedad, la dolencia,
el fracaso y el temor ya han pasado todas.
Ahora tenemos la naturaleza de Dios, Su vida, Su fortaleza, Su
salud, Su Gloria, Su poder. Lo tenemos ahora.
Qué revolución traería a la Iglesia moderna si sus miembros
creyeran estas cosas y comenzaran a hablar de esta manera,
vivir de esta manera y actuar de esta manera. Esto es
exactamente lo que anhela el corazón de Dios el Padre. Mira a
esa persona en el cuarto de la enfermedad donde un mal casi ha
tomado la vida de un ser amado
Él es valiente. Es Señor, y lo sabe.
Confiadamente confiesa: “Mayor es el que está en mí” que la
enfermedad que está robándome a mi ser amado.
Ordena a la enfermedad que lo deje; habla en el Nombre de
Jesús y ordena a Satanás que suelte lo que ha asido.
Calmadamente ordena a la persona amada que se levante y que
sea sanada completamente.
El enfermo es sanado.
¿Qué causó la diferencia? Un creyente que conoció su posición,
su autoridad sus derechos.
Satanás tuvo que sujetarse a su mandamiento; y Dios confirmó
Su Palabra.
Tome esta Palabra como otro ejemplo:
Colosenses 1:13-14
“El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y
trasladado al reino de Su amado Hijo, en quien tenemos
redención por Su sangre, el perdón de pecados”.
Esto significa que el dominio de Satanás terminó y que
predominó el domino de Jesús.
El dominio de Satanás sobre tu vida ha sido roto en el momento
mismo en que naciste de nuevo.
Recibes a un Señor nuevo para reinar sobre tu vida: a
Jesucristo.
La dolencia y la enfermedad, la debilidad y el fracaso no
pueden ya más dominarte.
Los hábitos antiguos no pueden ya más controlar tu vida. Eres
redimido. Eres salvo.
Qué conmoción habría si esta Escritura viniera a ser una
realidad:
Isaías 41:10
“No temas, porque Yo estoy contigo; no desmayes
porque Yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te
ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de Mi
justicia
Romanos 8:31
“Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?
Esto es lo más revolucionario que se haya enseñado jamás.
Tales Escrituras como estas deben ser tu confesión al
mantenerte firme ante el mundo.
Cree y di: “Dios está conmigo esta mañana”.
1Juan 4:4
Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido;
porque mayor es el que está en vosotros, que el que
está en el mundo”
Di sin temor: “Dios está en mí ahora; el Señor de la creación
está conmigo”. ¡Qué confesión para declarar!
Resultados Revolucionarios
Enfrentas la vida sin temor. Ahora sabes que mayor es el que
está en ti, mayor que todas las fuerzas que pueden batallar en tu
contra. Te enfrentas a las deudas que no puedes pagar.
Te enfrentas a enemigos contra los cuales no tienes habilidad
para vencer, sin embargo te enfrentas a ellos sin temor.
Gritas con triunfo: “Adereza mesa delante de mí en presencia
de mis angustiadores”
Estás lleno de gozo y de victoria porque Dios ha tomado tus
problemas.
Él está peleando tus batallas.
No temes a las circunstancias, porque “Todo lo puedes en
Cristo que te fortalece”.
Él no es tan sólo tu fortaleza, sino que también está a tu lado.
Él es tu salvación. ¿A quién temerás?
Él lanza luz sobre los problemas de la vida de manera que
puedas actuar inteligentemente.
Él es tu salvación y liberación de todas las trampas que el
enemigo pone; de todos los lazos con los que te quisiera
esclavizar.
―Dios es la fortaleza de tu vida. ¿De quién has de
atemorizarte?‖
No le temes a nada. No tienes temor porque Dios está a tu lado.
Esta es tu confesión.
La confesión continuada y valiente de Jesús fue nuestro
ejemplo.
Él continuadamente confesó lo que era.
Nosotros debemos confesar lo que somos en Cristo.
Debemos confesar que somos redimidos, que nuestra redención
es un hecho actual; que hemos sido libertados del dominio y de
la autoridad de Satanás.
Debemos confesar estas verdades confiadamente, con certeza
absoluta porque SABEMOS que son la verdad.
Confesamos que realmente somos nuevas criaturas
RECREADOS en Cristo Jesús; que somos participantes de Su
naturaleza divina; que la enfermedad, la dolencia, el temor, la
debilidad y el fracaso son cosas del pasado.
Nuestro lenguaje sorprende a nuestros amigos, y les parece
presuntuoso, mas para nosotros, es simplemente declarar los
hechos como están escritos en la Palabra; es el idioma de la
familia de Dios.
Nos atrevemos a estar firmes en la presencia de las evidencias
humanas que contradicen la Palabra de Dios y calmadamente
declarar que la Palabra de Dios es verdad.
Por ejemplo, la evidencia física declara que estoy enfermo con
una enfermedad incurable. Confiadamente confieso que Dios
depositó esta enfermedad en Jesús, que Él la tomó por mí y que
Satanás no tiene derecho a ponerla en mí; que “por Sus heridas
yo fui sanado”.
Creo esto firmemente, por tanto, me asiré con firmeza a esta
confesión ante la evidencia contradictoria que dice que no es
verdad, pero mi confesión de la Palabra de Dios gana, y yo soy
sanado.
El intercesor de nuestro testimonio
Fíjate en Hebreos 3:1, Jesucristo es llamado: ―Sumo
Sacerdote de nuestra confesión‖
El versículo siguiente declara que ―Él es fiel al que lo
consitutuyó (como Sumo Sacerdote de nuestra confesión) como
también lo fue Moisés‖.
En la hora d ela enfermedad, confiadamente confesamos Su
promesa de sanarnos.
Cuando CONFESAMOS SUS PALABRAS, entonces nuestro
Sumo Sacerdote, Jesucristo, actúa en nuestro beneficio, de
acuerdo con NUESTRA CONFESIÓN DE SU PALABRA, e
intercede ante nuestro Padre para el beneficio de las promesas
que estamos confesando.
Él es Sumo Sacerdote de nuestra confesión.
Entre el tiempo cuando pedimos a Dios algún beneficio
provisto para nosotros, y el tiempo en que nuestro
Padre permite que la bendición sea manifestada,
―mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra fe,
porque fiel es el que prometió‖ (Hebreos 10:23)
Sabemos que el Sumo Sacerdote de nuestra confesión es fiel
como Moisés lo fue, para interceder por nosotros hasta que la
contestación venga de acuerdo a la promesa que estamos
fielmente confesando en nuestra oración, nuestra conversación,
nuestro testimonio, nuestros pensamientos, nuestras acciones.
Una confesión incorrecta
Una confesión incorrecta es la confesión de derrota, de fracaso
y de la supremacía de Satanás.
El hablar de tus combates con el diablo, cómo él te ha puesto
impedimentos, cómo él te mantiene esclavizado y te tiene en
enfermedad, es una confesión de derrota.
Esta es una confesión incorrecta. Ella glorifica a tu adversario.
Es una declaración inconsciente de que tu Padre Dios no ha
cumplido lo que prometió.
La mayoría de las confesiones que iímos hoy día glorifican al
diablo.
Tal confesión continuamente absorbe quitando la vida misma
que hay en ti. Destruye la fe y te mantiene en esclavitud.
La confesión de tus labios, que ha crecido de la fe de tu
corazón, derrotará completamente al adversario en cada batalla.
La confesión de la habilidad de Satanás en estorbarte y de
evitar que triunfes, da a Satanás ventaja sobre ti. Él te llena
con temor y debilidad.
Pero si confiesas confiadamente del cuidado y de la protección
de tu Padre declaras que el que está en ti es mayor que
cualquiera de otra fuerza a tu alrededor, te levantarás por
encima de la influencia satánica.
Cada vez que confiesas tus dudas y temores confiesas tu fe en
Satanás y niegas la habilidad y gracia de Dios.
Cuando confiesas tu debilidad y tu enfermedad, estás
confesando abiertamente que la Palabra de Dios no es verdad y
que Dios ha faltado en hacerla cumplir.
Dios declara que: ―Por sus heridas fuiste sanado‖; y
―Ciertamente tomó Él nuestras enfermedades y llevó nuestras
dolencias‖.
En lugar de confesar que Él tomó tu enfermedad y la quitó,
confiesas que todavía la tienes.
Tomas el testimonio de la evidencia natural en lugar del
testimonio de la Palabra de Dios. De esta manera fracasas.
Mientras te mantengas firme a la confesión de debilidad,
enfermedad y dolor, seguirás con ellos.
Puede que busques por años para que algún hombre de Dios
haga la oración de fe a tu favor, pero no te aventajaría nada,
porque tu incredulidad destruiría el efecto de su fe.
La persona que siempre está confesando sus pecados y su
debilidad está edificando debilidad, fracaso y derrota en su
sistema.
Lee la Palabra. Habla la Palabra, Confiesa la Palabra. Actúa la
Palabra y la Palabra vendrá a ser una parte de ti mismo.

Capítulo 17

Proclamación de Emancipación
Gálatas 3:13
Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por
nosotros maldición
Cómo aparece en Deuteronomio, capítulo veintiocho, donde
habla de las enfermedades que vinieron sobre el pueblo por
causa de la desobediencia a la ley de Dios: pestilencia, tisis o
tuberculosis, fiebre, inflamación, quemaduras extremas,
ronchas, tumores, sarna, comezón, ceguera, pústulas malignas
en las rodillas y en las piernas y debilidad en los ojos.
Si tu caso no ha sido claramente declarado en esta lista,
entonces fíjate en el resto del pasaje
Deuteronomio 28:61
Asimismo toda enfermedad y toda plaga que no está
escrita en el libro de esta ley…
Así que cualquiera que sea tu caso, está incluido.
Pablo dice que Cristo vino a redimirnos de la maldición de la
ley, porque Él fue hecho maldición por nosotros (Gal 3:13).
La maldición de la ley incluye ―todos los males, toda
enfermedad y toda plaga conocidos a través de la historia del
mundo (Dt 28:60,61).
Para que Cristo pudiera redimirnos de la maldición terrible de
la ley, tuvo que hacerse MALDICIÓN por nosotros; esto es, Él
llevó el castigo prescrito por la ley EN NUESTRO LUGAR.
Fue por eso que Él tuvo que tomar NUESTRAS enfermedades,
y llevar NUESTRAS dolencias (Mt 8:17)
Adán y Eva nos vendieron a esclavitud al diablo, y nos
pusieron bajo la opresión de su poder, bajo su jurisdicción, pero
Cristo nos ha redimido.
Nos ha vuelto a comprar. Nos compró pagando el precio con
Su propio cuerpo y con Su sangre, y nos dio la libertad.
1Cor 6:20
“Porque habéis sido comprados por precio; glorificad,
pues, a Dios en vuestro cuerpo, y en vuestro espíritu, los
cuales son de Dios”
¡Cómo emociona el saber que Dios nos amó de tal manera que
pagó un precio tan grande por nuestra redención, eso es para
―comprarnos a Satanás‖! La pagó con su único Hijo.
Juan 3:16
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado
a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él
cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
Esta es una clase de amor que no podemos entender. Es el amor
de Dios.
El Calvario fue tu PROCLAMACIÓN DE EMANCIPACIÓN
de todo lo que está fuera de la voluntad de Dios para el hombre.
Debes actuar de acurdo da ella. Debes hablar de acuerdo a ella.
¡Confiesa tu libertad en lugar de tu servidumbre!
¡Confiesa que ―Por sus heridas eres sanado‖, en lugar de
confesar tu enfermedad!
¡Confiesa tu redención de toda enfermedad! (Sal 103:3)
¡Confiesa que tu redención del pecado y de la enfermedad fue
completa!
¡Confiesa que el domingo de Satanás sobre ti terminó en el
Calvario porque fue allí donde DIOS TE LIBERTÓ!
La Palabra de Dios declara todo esto, así que confiésalo.
Cuando los esclavos de la raza de color del Sur de los Estados
Unidos recibieron aol Proclamación de Emancipación, ellos
estaban viiendo todavía en condiciones de esclavos. Todavía
tenían la apariencia de esclavos. Todavía se sentían como
esclavos; pero cuando les fue leída la Proclama de
Emancipación y ellos la oyeron, tuvieron el derecho legal de
decir ―Soy libre‖ y de actuar sobre esa libertad.
¿Estás listo para creer tu proclamación de libertad?
Gálatas 5:1
Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos
hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de
esclavitud.
¡Eres libre!, ¡Confiésalo!
Dile al diablo que has descubierto la verdad. Él siempre la ha
conocido, pero te ha mentido y ha mantenido tus ojos cerrados
a ella. Te ha evitado conocer tus derechos legales en Cristo tu
redentor.
2Corintios 4:4 dice que ―el dios de este siglo (Satanás) cegó el
entendimiento de los incrédulos‖.
Dile a Satanás que has descubierto la verdad; la verdad que t
liberta de él.
Déjale saber, por tu confesión de la Palabra, que eres libre de
su dominio, y que ya lo sabes.
La declaración: ―Él (Jesús) tomó nuestras enfermedades y
llevó nuestras dolencias‖, es el cheque de Dios para tu sanidad
perfecta. Endosa ese cheque con tu confesión, y te traerá salud
perfecta desde el trono divino.
Las enfermedades de tu cuerpo fueron puestas sobre Jesús.
Nunca necesitas llevarlas porque Él ya las llevó.
Todo lo que necesitas es creer esto y comenzar a confesarlo.
No negamos a permitir que la enfermedad more en nuestros
cuerpos, porque fuimos sanados por Sus heridas (de Jesús).
Si los Cristianos creyeran esto, sería el fin de los llamados
―males crónicos‖ en sus cuerpos.
Recuerda siempre que Satanás es un engañador; es un
mentiroso.
La dolencia, la enfermedad, el pecado y el mal fueron todos
puesto sobre Cristo. Él las tomó. Él se las llevó, y nos ha
dejado libres y bien. Debemos regocijarnos en esta libertad que
es nuestra.
Para muchos la redención no ha llegado a ser una realidad. Ha
sido sólo una teoría, una doctrina o un credo. Satanás ha
tomado ventaja de la ignorancia de la iglesia.

Somos Redimidos
Somos redimidos de todo poder de Satanás. Esto significa que
somos ―vueltos a comprar‖ de las manos del enemigo. Somos
―nacidos de nuevo‖. Somos una ―creación nueva‖. Somos
libertados del Reino de las Tinieblas‖. Ya no somos más
esclavos de Satanás, y el pecado y la enfermedad no nos
dominan ya más.
1 Corintios 6:20
Porque habéis sido comprados por precio; glorificad,
pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los
cuales son de Dios”
¿Cómo puedes glorificar a Dios en tu cuerpo cuando este está
comido por la enfermedad?
Es tan imposible glorificar a Dios, propiamente, en tu cuerpo
cuando estás lleno de enfermedad, como lo es glorificar a Dios
en tu espíritu cuando estás lleno de pecado.
Eres libertado. Eres libre. ¡Oh amigos, confiesen eso!
Dile al diablo: ―Satanás, tú eres un mentiroso, sabes que soy
PROPIEDAD REDIMIDA, porque he aceptado a Jesús como
mi REDENTOR. Ya no vivo en tu territorio, y no tienes
derecho legal a traspasar en mi propiedad. Ya no es tuya, ni
está bajo tu jurisdicción. Yo he sido redimido de tu autoridad,
por Jesucristo. La enfermedad que has puesto en mí fue maldita
sobre la cruz del calvario por mí (Gal 3:12), y tu sabes que no
tengo que cargarla. Yo te ordeno, en el Nombre de Jesucristo
que dejes mi cuerpo, yo soy libre de tu maldición porque está
escrito: ‗Por sus heridas soy sanado‘ así que estoy sanado.
Dios lo dijo. Los dolores que causas son mentiras, los síntomas
que das son mentiras, y tus palabras son mentiras. Tu eres el
padre de la mentira. Jesús dijo que tú lo eres‖.
Luego da gracias al Señor por tu liberación. Ves, Satanás sabe
todo eso. Sólo cuando sabe que lo has descubierto, viene a
respetar tus palabras. Tan pocas personas conocen que están
libres del domino de Satanás.
Él lo sabe, pero mientras lo descubres, continuará lanzando
ataques contra tu vida.
Muchos han muerto prematuramente porque no han sabido
cuáles eran sus derechos en Cristo.
Crucificados, sepultados, y resucitados con Cristo
Cuando Cristo fue crucificado, nosotros fuimos
crucificados con Él.
Gálatas. 2:20
"Con Cristo estoy juntamente crucificado".
"Pues si habéis MUERTO con CRISTO...” (Col. 2:20).
Cuando Jesús fue sepultado, nosotros fuimos
"sepultados juntamente CON Él" (Romanos 6:4; Col.
2:12).
Cuando Jesús se levantó como conquistador de la tumba,
nosotros nos levantamos CON Él (Col.
3:1; Ro. 6:4, 5). ―(Él) nos dio vida juntamente CON Cristo; y
juntamente CON Él nos resucitó... en Cristo" (Ef.2:5,6)
Cuando Jesús regresó al trono, "y se sentó a la diestra de
Dios‖ (Marcos 16:19), "nos hizo sentar JUNTAMENTE (con
El) en lugares celestiales" (Ef. 2:6).
Fíjate, "Porque somos hechura suya (de Dios), creados
en Cristo Jesús" (Ef. 2:10). Por medio de Jesucristo, Dios nos
ha hecho lo que somos — una creación nueva.
2 Corintios 5 :17
"De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura
37

es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas


nuevas".
Ahora somos una nueva criatura, hechos a la imagen
de Dios, por medio del poder de Jesucristo. Dios nos da
Su naturaleza, Su amor, Su Espíritu, Su poder. Somos
recreados.
Todo lo que Jesús hizo fue por NOSOTROS. Todo lo que
El conquistó fue por nosotros.
Él no tenía necesidad de conquistar a Satanás para sí
mismo. Lo hizo por NOSOTROS.
Él no tenía pecados propios que quitarse, porque El
no tuvo pecado hasta que "tomó nuestros pecados". El
hizo esto por NOSOTROS.
Él no tenía necesidad de quitar la enfermedad para sí
mismo, porque Él no tenía enfermedad hasta ser hecho
enfermo POR NOSOTROS. Lo hizo POR NOSOTROS.
El conquistó por NOSOTROS, y ahora que somos
recreados en Cristo Jesús, y somos hechos participantes
juntamente con Él, venimos a ser conquistadores por
medio de Él. "En todas estas cosas", dice Pablo,
"Somos más que vencedores por medio de aquel que
nos amó" (Romanos 8:37).

Todo lo Que Jesús Hizo Fue Por Nosotros


Todo lo que Jesús hizo fue Por NOSOTROS, y ahora
somos partícipes de Su victoria.
Éramos cautivos, pero Cristo nos ha libertado de la
cautividad.
Éramos malditos por el pecado y la enfermedad, pero
Cristo, nuestro Redentor, nos ha libertado de esa maldición y
nos ha desatado de su dominio.
Éramos débiles, pero el Señor ha venido a ser nuestra
fortaleza, así que ahora somos fuertes.
Estábamos oprimidos y aprisionados, pero Cristo nos
ha libertado de la servidumbre.
Estábamos enfermos, pero Cristo ha tomado
nuestras enfermedades llevándolas consigo, de manera
que ahora "por Sus heridas somos curados".
d

Recuerda, tú eras un esclavo de Satanás. Estabas atado por


el pecado y por su condenación, la
enfermedad. Estabas sujeto a la autoridad de Satanás,mas
ahora estás libre.
t
Se te ha mostrado la Proclamación de Liberación
hecha por Cristo (la Biblia). No sigas siendo un esclavo
ya más.
Haz como hicieron los esclavos del Sur de los
Estados Unidos cuando oyeron leer su Proclamación de
Emancipación — reclamaron su libertad; actúa en tu
liberación. Eres libre.
Proclama tu libertad. Confiesa tu libertad. Cree en tu
libertad.
La redención es un hecho. Actúa en tu libertad.
Tu esclavitud ha pasado. Tu prisión está abierta. Tu
libertad ha sido concedida.
Isaís.61:1
"El Espíritu del Señor está sobre mí. Me ha ungido Para
predicar buenas nuevas; para decir a los prisioneros que
están libres, para decir a los cautivos que están sueltos"
(Moffatt).
Capítulo 18 La derrota
de Satanás
Has notado alguna vez en
1 Juan [Link]
"Para esto apareció el Hijo de Dios, para DESHACER
LAS OBRAS DEL DIABLO‖
Colosenses. 2:15
"Despojando a los principados y a las potestades, los
exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz"
De acuerdo a esta Escritura, Jesús DESHIZO — destruyó
— las obras del diablo, lo DESPOJÓ de su poder, y TRIUNFÓ
sobre él.
Ya que las obras de Satanás han sido destruidas, su
poder despojado, y que han triunfado sobre él, debe ser
un adversario derrotado.
El triunfo de Jesús fue nuestro triunfo. Su victoria
nuestra victoria. El no hizo nada para sí mismo. Todo lo
hizo para nosotros.
El derrotó a Satanás por nosotros. Le despojó de su
poder por nosotros. Destruyó sus obras por nosotros. Lo
conquistó por nosotros.
Pero Satanás (que fue derrotado) tiene a su señor (la
Iglesia, que es el cuerpo de Cristo) en servidumbre. ¡Qué cosa
tan terrible!
El derrotado dominando a su propio señor, la Iglesia,
cuando, de acuerdo al Nuevo Testamento, a la Iglesia se
le ha dado el poder y la autoridad sobre un Satanás ya
conquistado.
¿Vas a mantenerte sujeto al dominio de Satanás?
¡No! ¡Levántate de su servidumbre!
¡Confiesa que eres el conquistador! Entonces
asegúrate de "mantener firme, sin fluctuar, la
profesión de nuestra fe, porque fiel es el que
prometió" (He.10:23). Mantén tu confesión de la Palabra
de Dios.
"Cada creyente puede venir a ser un señor del diablo
en el transcurso de un corto tiempo" dice F. F. Bosworth.
Cuando Jesús se levantó de entre los muertos, dejó
tras sí a un Satanás derrotado eternamente.
Siempre piensa de Satanás como de un enemigo
derrotado eternamente.
Piensa de un Satanás sobre el que Jesús, y tú en el
Nombre de Jesús, tienen dominio y autoridad completa.
La Biblia declara que "somos hechura suya, (re)
creados en Cristo Jesús (Ef. 2:10). "Si alguno está en
Cristo, nueva criatura es" (2 Corintios 5:17).
Somos hechos positivamente "nuevos" EN CRISTO.
Venirnos a. ser "miembros de Su Cuerpo, de Su carne y
de Sus huesos" (Ef. 5:30).
Sobre el terreno de estas Escrituras, debe ser que, lo que
Cristo es, nosotros hemos venido a ser. Somos lo que Él es.
Estamos en Él.
Él confirmó esto en lo que respecta a la habilidad y el
poder cuando dijo: "El que en mí cree, las obras que
Yo hago, él las hará también" (Jn. 14:12).
Ahora tenemos la autoridad de hacer las mismas
obras que Jesús hizo, al hacerlo en Su Nombre.
Si esto es verdad de nuestras obras, entonces es
verdad con respecto a nuestra posición delante de Dios.
Dios nos ha colocado en Cristo, "en quien tenemos
redención" (Ef. 1:7).
Dios nos ve en Cristo, "porque de Su plenitud
tomamos todos" (Jn. 1:16).
Estos hechos constituyen nuestra confesión, y
pensamos, hablamos, oramos y actuamos en su
armonía.
El decir lo que Satanás está haciendo en nuestras
vidas, es negar lo que somos en Cristo.
Cuando sabes que eres lo que Cristo dice que eres,
entonces actúas de acuerdo a ello, confesando lo que El
te ha hecho. Esto glorifica a Dios y a Su Palabra.
Cuando Jesús dijo: "Al que cree todo es posible",
quiso decir que todas las cosas le son posibles a los
creyentes.
¡Qué clase de señores Él nos ha hecho!
Creemos en Él. ¿Quién es Él? ¿Qué es Él? Si somos
creados en Él, entonces ¿qué significa eso?
Si es en Él en quien vivimos, nos movernos y tenemos
nuestro ser, entonces es necesario saber lo que Él es, y todo lo
concerniente a Él.

El Cristo que Vive en Nosotros


El Hombre a la diestra de Dios, quien me amó y
murió por mí, y que ahora vive para siempre para mí.
Él fue la contestación de Dios al clamor universal de
la humanidad.
Él era Dios manifestado en la carne.
Jesús no era un filósofo en busca de la verdad. El
era Verdad.
El no era un místico. Era una realidad.
No era un reformador. El era un re-creador. El no era un
visionario. Era la Luz del mundo. El nunca razonó. El sabía.
Nunca estaba apurado. Nunca tuvo miedo. Nunca mostró
debilidad. Nunca dudó.
Siempre estaba listo. Estaba seguro. Había certeza
en todo lo que El dijo o hizo.
No tenía sentido de pecado ni necesidad de perdón.
Nunca buscó ni necesitó consejo. El sabía por qué
vino. Sabía de dónde había venido. Sabía quién era.
Conocía al Padre. Sabía del cielo. Sabía a dónde iba.
Conocía al hombre. Conocía a Satanás.
No tenía sentido de escasez. El no tenía sentido de
limitación.
Y nosotros somos (re) creados en Cristo Jesús.
Estamos en Cristo. Somos miembros Suyos.
Jesús no tenía sentido de temor. No tenía sentido de
ser derrotado. No se encogió ante el dolor ni el
tratamiento brutal.
Él era el Maestro, el Señor, cuando lo arrestaron. Era
el Maestro en Su juicio.
Él era el Todopoderoso, sin embargo, solo un
hombre. Y Él está en nosotros. "Cristo vive en mí”
(Gálatas. 2:20). "Que habite Cristo por la fe en
vuestros corazones" (Ef. 3:17).
"Cristo en vosotros, la esperanza de gloria" (Col. 1:27).
"Cristo es vuestra vida" (Col. 3:4). "Mas por El estáis
en Cristo Jesús‖ (1 Corintios. 1:30). "Jesucristo está en
vosotros" (2 Co. 13: 5).
¿No son éstas verdades casi sorprendentes?
Cuando la Iglesia comience a ver el lugar que ocupa
en Cristo, y lo que Dios nos ha hecho ser en Su Hijo, y
luego se decida a hacer este tipo de confesión, en lugar
de hablar de su debilidad, de su escasez, su
incapacidad, y su enfermedad, vendrá a ser nuevamente
el cuerpo de Cristo irresistible.
Ella otra vez tomaría, su lugar como la Iglesia del
Nuevo Testamento, mientras marcha hacia adelante en
este triunfo de la fe gloriosa.
Entendiendo tu relación a Dios, y tu posición como
un creyente, re-creado en Cristo, debes recordar que
estás autorizado a usar Su Nombre.
Ese Nombre controla a Satanás y a sus obras, y ese
Nombre ha sido dado legalmente para el uso de todo
creyente. "En Mi Nombre echarán fuera demonios"
(Mr. 16:17).
Si podemos echar fuera demonios, entonces
podemos echar fuera las enfermedades traídas por los
demonios. RECUERDA: SATANÁS ESTÁ DERROTADO
ETERNAMENTE.
Capítulo 19

El Poder de La Palabra de Dios


Muchas veces los teólogos han sido nuestros enemigos.
Ellos han hecho de la verdad una filosofía; han convertido la
Palabra de Dios en dogma y en credo cuando debería haber
sido como si el Maestro estuviera aquí hablándonos.
La Palabra nos habla a nosotros como Jesús hablaría si
estuviera aquí. Ella tomó Su lugar. Ella tiene la misma
autoridad, como Él la tendría si estuviera aquí.
Cuando tomamos la Biblia, sería bueno recordar que es el
Libro que contiene Dios en él, con vida en él, un libro en el que
Dios habita.
La Palabra es siempre Ahora. Ha sido, es y será la voz de
Dios. Nunca envejece. Siempre está fresca y nueva.
Para el corazón que está en comunión con Dios, la Palabra
es una voz en tiempo presente, viva,
que proviene del cielo.

47
La Palabra es como el Autor — eterna, invariable y
viviente.
La Palabra es emanación de Dios, la mente de Dios, la
voluntad de Dios.
La Palabra es Dios hablando. Es parte de Dios mismo.
Permanece para siempre.
Dios y Su Palabra son uno.
Jesús era el Verbo — la Palabra — y El vive en mí; yo leo
la Palabra; me alimento en la Palabra, y la Palabra vive en mí.
Cuando quiero más de Él, me alimento en la Palabra.
Si deseo saber más de Él, aprendo más de Su Palabra.
Sostengo su Palabra en mi mano. La tengo en mi corazón.
La tengo en mis labios. La vivo. Ella vive en mí.
La Palabra es mi sanidad y mi fortaleza. Es para mí el Pan
de la vida. Es la habilidad misma de Dios en mí.
La Palabra vive con la Vida de Cristo. Todo lo que Él es,
lo es Su Palabra.
La Palabra es mi confesión. Es mi luz y mi salvación. Es
mi descanso y mi cabezal.
La Palabra me da tranquilidad en la hora de la confusión y
me da victoria en la hora de la derrota. Me da gozo cuando la
desolación reina.
No trate a la Palabra como si fuera un libro
cualquiera
Una de las costumbres peligrosas que la mayoría de los
cristianos tienen es el tratar a la Palabra de Dios como si
fuera un libro común.
En un momento declaran que creen que es la revelación de
Dios, sin embargo, acuden por auxilio al brazo de la carne
cuando la Palabra ha prometido liberación completa
Tratan a la verdad de la redención como si fuera una
ficción hermosa.
Leen artículos acerca de la Palabra. Cantan alabándola, sin
embargo viven bajo el dominio del adversario, confesando
continuamente a la enfermedad, la escasez, el temor, la
debilidad, y las dudas ante esta revelación de parte de Dios que
presenta nuestra redención, el sacrificio substitutivo de Cristo,
y la verdad de que Él está sentado ahora a la diestra de Dios,
habiendo consumado la obra que satisface perfectamente las
demandas de la justicia divina y llena toda necesidad de la raza
humana.
Leemos de nuestra redención; cantamos acerca de ella, y
luego hablamos de ella como si fuera solo una fábula.
Esta es la razón de la gran cantidad de enfermedad,
debilidad, temor y dolencia en la Iglesia (el cuerpo de Cristo)
hoy día. Es por esto que el Cristiano promedio no manifiesta
confianza, sino temor a cualquier amenaza de Satanás.
Todo esto Podría ser cambiado inmediatamente si el
mundo Cristiano diera a la Palabra el mismo lugar que daría a
Cristo si El estuviera físicamente en nuestra Presencia.Él me
está hablando
Un minero yacía moribundo en las montañas .del
estado de California, Estados Unidos. Una señora
Cristiana le leyó Juan 3:16. El abrió sus ojos y la miró,
preguntándole: "¿Está eso en la Biblia?"
"Sí", dijo la señora.
"¿Se refiere eso a mí?"
"Seguramente", ella le aseguró, "se refiere a usted".
El permaneció así por un rato, luego preguntó: "¿Ha
dicho El algo más?"
Y ella le leyó Juan [Link] "Mas a todos los que le
recibieron, les dio potestad de ser hechos hijos de
Dios". Luego añadió suavemente: "El le habla a usted".
El hombre abrió los ojos y susurró nuevamente: "Yo
le acepto. Estoy satisfecho". Luego falleció.
Un Cristiano dijo: "Quisiera saber si El se refería a mí
cuando nos dio Isaías [Link] 'No temas, porque yo
estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios
que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te
sustentaré con la diestra de mi justicia'. ¿Se estaba
refiriendo a mí?"
Jeremías [Link] "Clama a Mí, y yo te responderé, y
te enseñaré cosas grandes y dificultosas que tú no
conoces". ¿Está hablándome a mí? ¿Puedo yo reclamar
esto?
Isaías [Link] "Mandadme acerca de Mis hijos, y
acerca de la obra de Mis manos". ¿Puedo reclamar
esto como mío? ¿Es para mí?
Juan [Link] "Si permanecéis en Mí, y Mis Palabras
permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y
os será hecho". ¿Fue esto escrito para mí? ¿Quiere
decir que yo puedo clamar a Él y que me oirá?
Sí, todas estas promesas son tuyas. Es como si tú
fueras la única persona en todo el mundo y que Él lo
estuviera escribiendo todo para tu propio beneficio.
Juan 16:24

"Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y


recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido".
Eso es tuyo. No hay dudas de que te pertenezcan.
Es tan tuyo como lo es ese cheque hecho para ti y
firmado por ese hombre de negocios. Ese es tu cheque.
Puedes cambiarlo en la tienda o en el banco.
Pero ese cheque no es más tuyo de lo que lo son
estas promesas escritas en este Libro maravilloso.
Cuando en la necesidad, puedes confesar
confiadamente: "Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os
falta conforme a Sus riquezas en gloria en Cristo
Jesús" (Fil. 4:19).
Cuando estás enfermo, puedes confesar
confiadamente: "Por cuya herida fuisteis sanado" (I
Pedro. 2:24).
Fe en la Palabra de Dios es fe en Dios. Si quieres
edificar la fe en Dios, aliméntate en Su Palabra.
Incredulidad en la Palabra de Dios es incredulidad en
Dios mismo.
Cuando creas en la Palabra de Dios, entonces la confesarás
con gozo.
Nuestra actitud hacia la Palabra de Dios lo deja todo
asentado.
Enfréntate a Satanás con: "Escrito está", y toda su
enfermedad, dolencia, dolor y síntomas tendrán que dejarte.
Di lo que Dios dice. Satanás nunca puede soportar eso.
El es un enemigo derrotado, y lo sabe. Lo ha sabido desde
que Jesús se levantó victorioso de la muerte y del infierno.
Siempre ha buscado evitar que la Iglesia haga este
descubrimiento.
Siempre ha obedecido el mandamiento de los hombres que
han usado la Palabra de Dios en contra suya, y todavía hace lo
mismo.
Cuando encuentra que hemos descubierto el secreto de
usar: "Escrito está", su rendimiento es seguro, y él lo sabe.
Confiesa lo que Dios Dice
"Envió Su Palabra, y los sanó" (Sal. 107:20) es para tu
caso en particular. La Palabra te sanará.
Confiesa la Escritura de esta forma: "Dios envía Su
Palabra y me sana". Luego alábale por tu sanidad.
Lo que Dios hará por uno, lo hará por todo aquel que cree
en Su Palabra.
Cuando confiesas la Palabra de Dios, tu confesión te trae
sanidad.
Cuando confiesas tu enfermedad, tu confesión te
mantiene enfermo.
Siempre confiesa la Palabra de Dios. Aun cuando tus
"sentimientos" sean contradictorios, confiesa la Palabra.
La confesión de la Palabra de Dios siempre gana. Su
Palabra sana hoy.
La mantención firme de tu confesión 'de sanidad cuando el
testimonio de tus cinco sentidos te contradice, muestra que has
venido a estar establecido en la Palabra.
La Palabra es siempre la victoriosa.
Cuando declaras: "Por Sus heridas soy sanado", esto
ata las manos de Satanás. El está derrotado, y lo sabe.
La Palabra de Dios es el arma mayor sobre la tierra
para usar en contra de Satanás.
Durante la gran tentación en el desierto, Jesús no trató, de
derrotar a Satanás con otra cosa que: "Escrito está".
Esa fue el arma que Jesús usó cada vez que
Satanás buscó derrotarlo.
"Escrito está", dijo Jesús, luego citando de las
Escrituras lo que Dios había dicho. ¿Cuál fue el resultado?
"El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le
servían" (Mt. 4:11). Esa fue la victoria última. Satán fue
totalmente derrotado.
La única arma que Jesús usó fue la Palabra. Ella siempre
conquista.

Capítulo 20
La confesión trae posesión
Mira por un momento a Romanos [Link] "Si confesares con
tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que
Dios le levantó de los muertos, serás salvo".
La palabra "salvo" es traducida de la palabra griega "sozo",
que quiere decir: "SANADO ESPIRITUAL Y
FÍSICAMENTE". Sanado en el cuerpo y sanado en el alma, o
salvo del pecado y salvo de la enfermedad. La misma palabra
es traducida: "sanar, preservar, salvar, y ser hecho completo".

Confiesa, Luego Posee


Nota además lo que Pablo dice: "Porque con el corazón se
cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación‖.
¡Fíjate! "se confiesa para salvación".
La salvación no viene hasta después que la confesión es
hecha. Eso es: uno debe creer y confesar antes de experimentar
los resultados. Esto es fe, y "por gracia sois salvos por medio
de la fe" (Ef. 2:8 ).
Siempre recuerda: la confesión viene primero, y
luego Jesús, que es "el Sumo
Sacerdote de nuestra confesión" responde al
concedernos las cosas que hemos confesado.
No hay tal cosa como una salvación sin confesión.
Siempre es "confesión para salvación"; nunca la
posesión antes de la confesión.
Nuestra confesión hace al "Sumo Sacerdote de
nuestra confesión" conceder lo que "creemos en nuestro
corazón", y esto trae posesión. Eso es fe.
Dios es un Dios de fe. Es decir, Él es un Dios que
demanda fe.
Recibimos de Dios solo las cosas que creemos recibir.
"Todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis,
y os vendrá" (Mr. 11:24).

¿Qué es Confesión?
Confesión es el testimonio de fe de nuestra boca.
Confesión es sencillamente estar de acuerdo con Dios;
diciendo lo que Dios dice; hablando la Palabra de Dios; usando
las expresiones y las declaraciones de Dios; reconociendo la
Palabra de Dios. La confesión es la única forma por la cual la
fe se expresa en nuestro testimonio.
Pablo declaró que él predicaba "la Palabra de fe",
luego nos dijo que la "Palabra de fe" debe estar "en
nuestros corazones" y "en nuestras bocas".
La única manera de tener la Palabra de fe en
nuestras bocas es hablando de la Palabra de Dios. Esto
es confesión — haciendo a nuestros labios estar de acuerdo con
Dios; hablando la Palabra de Dios con nuestras bocas.
Lea Romanos 10:8.
Apocalipsis 12:11 nos dice que los que vencieron al
diablo lo hicieron "por medio de la sangre del Cordero, y
de la palabra del testimonio de ellos"; eso es, por medio
de las Escrituras que ellos citaron al dar sus testimonios.
"Él Sumo Sacerdote de Nuestra Confesión"
Se nos pidió que oráramos por una persona que
estaba muy enferma y débil. No "sintió" resultados
inmediatos.
Entonces le pedimos que repita lo que Dios dice:
"Por Sus heridas soy sanado", y que alabe al Señor por
sanarle de acuerdo a Su Palabra.
Esta petición le disgustó, por considerarla ser una
hipocresía, y pronto nos dejó saber que no era su creencia
testificar de algo que no tenía.
Dijo que era sincero y que nunca jugaría el papel de un
hipócrita. Este hombre estaba midiendo su sanidad con sus
"sentimientos". Eso no es fe.
Seguramente que no es ser un "hipócrita" cuando se dice lo
que Dios dice.
La confesión de una promesa dada a nosotros en la
Palabra de Dios, cuando es confesada del corazón,
siempre trae posesión.
Yo no pedí a este hombre que dijera: "Yo no estoy
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enfermo". Solamente le pedí que dijera lo que Dios dijo que


reconociera que "Con sus heridas soy
sanado".
Sería calumniar decir que un hombre es mentiroso
solo porque declara lo que Dios ha hablado, sin embargo
este hombre pareció considerarlo así.
Finalmente, Dios fue misericordioso y añadió algunos
"sentimientos" a su "sanidad". Cuando sintió, creyó. Otro
caso como el de Tomás. "Si no viere en Sus manos la
señal de los clavos... no creeré" (Juan 20:25).
Oramos por un hombre que estaba sufriendo con
artritis en sus hombros y brazos. Cuando la oración fue
hecha, "sintió" una bendición maravillosa. Fue
emocionado tremendamente por lo que "sintió", mas ¡ay!
después de lo que "sintió" o aquella "bendición" que
recibió, todo se disipó, y "sintió" otro dolor. Esto lo
desalentó.
Vino a mí diciendo: "Solo oye como mis coyunturas
crujen y suenan".
En lugar de decir: "La Palabra dice que estoy
sanado, y sé que sanaré", él estaba cuidando las
evidencias físicas, haciendo caso omiso a la Palabra de
Dios.
Le narré de un caso similar cuando oré por una
señora, y ella creyó con fe perfecta. En dos días regresó
para demostrar la libertad perfecta que tenía en sus
coyunturas. Su fe le hizo libre.
A esto, el hombre respondió: "Me alegro que me lo
hayas dicho. Eso me alienta. Tenía miedo que no iba a
ser sanado. Pero si ella quedó bien, entonces yo sanaré".
Ahora ves lo que estoy tratando de mostrarte con
este mensaje. La Palabra de Dios no significó
absolutamente nada para ese hombre.
La promesa dada por Jesús: "Sobre los enfermos
pondrán las manos, y sanarán", estaba vacía y sin
sentido para él.
Había ―sentido" un dolor, así que la Palabra de Dios
debió haber fallado. Mientras estaba "sintiéndose bien" estaba
seguro que la Palabra de Dios era verdad; pero el dolor había
anulado todo aquello, en lo que a él concernía.
Aprenda a confesar lo que el Señor dice, y Él
cumplirá Su promesa para contigo, porque Él es el
"Sumo Sacerdote de nuestra confesión".
La confesión de "Yo soy Jehová tu Sanador", y
"Por Sus heridas soy sanado", siempre van por delante
de la sanidad, así como la confesión que hacemos al
Señor Jesús va siempre por delante de la salvación.
(Rom. 10:9, 10).
Jesús es el Sumo Sacerdote de nuestra confesión—
nuestras palabras, lo que decimos con nuestros labios,
cuando ellas corresponden con Su Palabra. Él hará de
acuerdo a lo que decimos.
No debemos confesar nada más que la victoria,
porque Pablo dice: "En todas estas cosas somos más
que vencedores" (Rom. 8:37).

Capítulo 21

La fe en Nuestros Derechos
La gente a menudo comete el error de "orar para

recibir fe". Esto no lo necesitas hacer. "Así que la fe

es por el oír, por la Palabra de Dios" es la receta para

recibir la fe.

Nunca ores por fe para ser sanado. Así como vas


conociendo la Palabra de Dios, IRÁS TENIENDO FE. La
Palabra desarrolla fe.
El que duda a menudo ora por cosas que ya tiene.
Pedro dice: "Como todas las cosas que pertenecen a la
vida y a la piedad nos han sido dadas (ya) por Su divino
poder…" (2 Pe. 1:3). La enfermedad resulta en la muerte. La
sanidad tiene su relación con la vida.
Las cosas relacionadas con la vida ya se nos han sido
dadas. Cree que son tuyas. ¡Confiésalas!
"Todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por
medio de nosotros, para la gloria de Dios.”(2Corintios 1:20).
Encuentra tu promesa. Créela y comienza a confesarla. Es tuya.
"Por Sus heridas fuimos nosotros sanados". Tu
sanidad ya ha sido provista. No necesitas orar por ella.
Sin embargo, el orar por sanidad no es en contra de
la Escritura, porque Jesús dijo: "Todo lo que pidiereis
al Padre en mi Nombre, lo haré, para que el Padre sea
glorificado en el Hijo", y de nuevo: "Si algo pidiereis
en Mi Nombre, Yo lo haré" (Jn. 14:13,14). Lea también
Santiago 5:13-15.
OYENDO LA PALABRA, OYES A DIOS HABLAR. Le
oyes decir: "Yo soy Jehová tu Sanador". Le oyes decir:
"Por Sus heridas fuisteis sanados". No necesitas orar
por fe para creer que Dios dijo la verdad.
Le has oído hablar, y has creído Su Palabra. Actuar
de acuerdo a ella es fe.
Tú puedes orar por sanidad, pero la fe engendra la
sanidad.
Conoce tus derechos, entonces tendrás fe; y puedes
conocer tus derechos solo por el leer y el oír la Palabra.
No encuentro difícil ejercitar la fe por cinco dólares si
sé que tengo esa cantidad en el bolsillo.
Inconscientemente actúo sobre mi fe al comprar
mercadería de la tienda por esa cantidad.
Escribo un cheque por esa cantidad, y nunca estoy
consciente de estar teniendo fe en el libro de cheques,
en el banquero, en el pagador, en el banco. Sé que el
cheque es bueno porque he leído mi estado de cuenta
diciéndome que tengo esa cantidad en el banco.
Creo que podemos llegar a estar tan bien relacionados con
la Palabra de Dios que no ejercitaremos la fe conscientemente
cuando necesitamos la sanidad.
Sabemos que la sanidad es nuestra. Ha sido provista para
nosotros.
La enfermedad ha sido quitada, por medio de Cristo.
Somos redimidos de ella.
Dios dice: "Yo Soy el Señor tu Sanador". Esta
viene a ser una verdad vital que viene a vivir con
nosotros. La tratamos con la misma confianza que
tenemos en la fuerza del puente que se extiende en el
desfiladero.
No dudamos de la habilidad del puente para sostener
el peso de nuestro vehículo. Solo lo conducimos por
encima de él. Hemos ejercitado la fe, sin embargo lo
hicimos inconscientemente.
La Palabra viene a ser tan real y vital para nosotros
que cuando nos enfrentamos a una necesidad que ya ha
sido provista en la Palabra, pasamos por encima de lo
"imposible", considerando nada más que el saber que
Dios respalda Su Palabra. Ella no puede fallar.
Confesamos su verdad, su habilidad, y proseguimos
hacia adelante.
Ya "no trataremos de ser sanados". Dios dice que

somos sanados". Eso es nuestro. Lo confesamos, y le
damos gracias por ello, sabiendo que es para
NOSOTROS.
Ya no "trataremos de creer". Somos creyentes si somos
salvos, y "todas las cosas son nuestras".
La fe verdadera posee.
Las posesiones de la fe son tan reales como las posesiones
físicas.
Las cosas espirituales son tan reales como las cosas
materiales.
Hable con fe, y viva continuadamente en victoria.
Acostúmbrese a hablar el lenguaje de Dios. Familiarícese
con la Palabra de Dios, y enséñese a hablarlas por la
abundancia que tiene el corazón.

Capítulo 22

El lenguaje de la Fe
Se ha dicho a menudo: "Hablar no cuesta nada". Muchos
dedican su tiempo a conversaciones ociosas. Cuando era un
niño, mi padre me decía: "Hablas cuando deberías estar
escuchando".
Un gran porcentaje de lo que se habla es hecho por
personas que deberían estar escuchando.
Los hombres sabios siempre observan más que lo
que ellos expresan. Sus palabras son pocas, pero llevan
peso.
Victorias maravillosas han sido ganadas, y luego han
sido perdidas por "hablar sueltamente" palabras
habladas que no eran necesarias.
Jesús las llama "palabras ociosas‖, de las cuales dice:
"De toda palabra ociosa que hablen los hombres, de
ella darán cuenta en el día del juicio" (Mt. 12:3 6).
Salomón dijo: "Él que guarda su boca guarda su
alma" (Pr. 13:3)
Muchos no logran recibir lo que piden en sus
oraciones porque no alcanzan a entender cuán
importante es su confesión en relación a ello.
Muchos que han sido sanados por el poder de Dios
de sus dolores y de sus males, y en ocasiones de la
enfermedad misma, descubren que éstos están
regresando a sus cuerpos. La mayoría de estas personas
se preguntan del por qué de ello. Creemos que
entenderás el por qué de eso, y que nunca te pasará a ti,
cuando termines de leer este mensaje.

Inconscientemente Confesamos lo que Creemos


La fe habla de las cosas por las cuales hemos orado
corno si ya las poseyera, aun antes de verlas, oírlas o
sentirlas.
¿Ves?, cuando confiesas a la enfermedad, es que
crees en ella más de lo que crees en tu sanidad.
Confesamos con nuestros labios lo que creemos en
nuestro corazón. "De la abundancia del corazón habla
la boca" (Mt. 12:34).
Permíteme ilustrar eso: oramos por un hombre
enfermo en su hogar. Dios tocó su cuerpo
maravillosamente. De acuerdo a la Palabra de Dios, este
hombre sanaría. Le di seguridad de esta verdad.
Al salir de la casa, la madre dijo: "Sigan orando por
él". Con aquella petición ella indicaba que dudaba de la
Palabra de Dios: "Y sanarán", ya que ella implicaba que
a menos que clamemos continua y largamente a Dios, no
nos oirá.
La Palabra no significaba nada para ella.
Ella fue todavía un paso más adelante: Comenzó a "alabar"
al diablo, y encomió su fidelidad, en lugar de hacerlo de la
fidelidad de Dios. "Tan pronto se vayan", dijo ella, "el diablo
de seguro que le va a dar una prueba severa. Sé que ese
enemigo viejo hará todo lo mejor posible para robar a mi hijo
su sanidad. Estén seguros de orar mucho por él".
Le regañé severamente. Exclamar tales necedades.
¡Qué confesión para ser dada dándole crédito al diablo
por uno de los hijos de Dios!
Ella nunca confesó confianza alguna en Dios ni en
Su Palabra eterna. Toda su confesión fue en alabanza a
la fidelidad de Satanás. Estoy seguro que hizo sonreír al
diablo.
Le respondí: "Me parece que usted tiene más
confianza en Satanás que la que tiene en Dios. Usted
parece tener certeza de que Satanás vendrá y probará a
su hijo, pero no parece estar segura de la presencia y de
la ayuda divina de Dios".
Luego pregunté: "Si Satanás es fiel, ¿no es Dios más fiel?
"Sí", ella respondió.
Entonces pregunté: "Si Dios envía a Sus ángeles,
como Su Palabra dice que los enviará, ¿tendrá usted
temor del poder de Satanás en la presencia de los
ángeles de Dios?"
Esto, por supuesto, le ayudó, y regresó a su casa
alentada.
¡Cuán a menudo hay Cristianos que oran y obedecen las
Escrituras sobre la sanidad exactamente, y luego, cuando
algún síntoma aparece, echan a un lado la Palabra de Dios
entera, y comienzan a hacer confesión de su enfermedad,
anulando así su oración y sus efectos!
Las bendiciones de Dios son estorbadas cuando
dejamos que nuestros labios contradigan Su Palabra.
Cuando la enfermedad amenaza a tu cuerpo, ¡no la
confieses! Confiesa la Palabra: "¡Por Sus heridas yo soy
sanado!"
¡Di lo que Dios dice! ¡Confiesa su Palabra!
La enfermedad gana el predominio cuando
concuerdas con el testimonio de tus sentidos. Tus cinco
sentidos no tienen lugar en el mundo de la fe.
Confesar los dolores, los males y las enfermedades
es como firmar por un paquete entregado por la
Compañía de Correos. Satanás entonces tiene el
recibo— tu confesión— mostrando que has aceptado su
paquete.
No aceptes nada enviado por el diablo. Aunque tus
cinco sentidos puedan testificar que ha venido para ti,
niégate a confesarlo. Mira inmediatamente al Calvario.
Recuerda, tú eres libre.

Duda Produce Duda


La gente tiene el hábito de confesar sus debilidades
y sus fracasos. Y su confesión añade a su debilidad.
Confiesan su "falta de fe" y eso aumenta sus dudas.
Oran por fe, olvidando que al hacerlo solo confiesan
duda. Esto aumenta sus dudas, porque Dios no puede
contestar sus oraciones, viendo que Él ha dicho "que la
fe es por el oír (no por el orar), y el oír, por la Palabra de
Dios".

Capítulo 23

¿Por qué algunos pierden su Sanidad?


Durante muchos años, esto fue piedra de tropiezo para mí,
porque no comprendía la razón por la cual las dolencias
pudieran volver a las personas sanadas con toda la evidencia de
perfecta liberación. Creo que ya descubrí la razón. Tienen fe,
no en la PALABRA DE DIOS, sino en la evidencia de SUS
SENTIDOS. ¿Qué quiero decir con la evidencia de sus
sentidos? Quiero decir por la evidencia de su vista, de su oído y
de su tacto.
A estas personas dominadas nuevamente por las mismas
enfermedades, les sucedió lo mismo que a los enfermos que
fueron al Maestro. Oyeron decir que Él sanó algunos de los
amigos de ellos. Decían: ―Si consigo aproximarme a Él, seré
sanado”. Al aproximarse presenciaron la cura de otros. La
vista fue restaurada a los ciegos; la audición a los sordos.
Clamaban reclamando su parte de bendición y fueron curados;
así hay muchos que vienen para ser sanados porque el Padre ha
sido misericordioso a muchos por intermedio de nuestro
ministerio pero NO TIENEN TIEMPO PARA RECIBIR
INSTRUCCIÓN DE LA PALABRA. No se interesan en la
Palabra. No desean la Palabra. Quieren apenas la sanidad, la
liberación para sí mismos. Nosotros oramos por ellos y son
sanados pero luego vuelven diciendo: ―No comprendo. La
cura no fue permanente. Volvieron nuevamente todos los
síntomas‖.
¿Cuál es la dificultad?... es la siguiente: Ellos no tenían fe en la
Palabra de Dios. NO sabían cosa alguna de la Palabra, al menos
en cuanto a la sanidad. Tenían fe en mí o en otra persona, pero
NO EN LA PALABRA. La Palara afirma: ―Por sus heridas
fui sanado‖.
He aquí la siguiente ilustración: Vino cierto hombre sufriendo
gravemente de una de sus rodillas. Los médicos decían que era
necesario amputar la pierna. Fue curado instantáneamente
cuando oramos. Cinco o seis días después, cuando andaba por
la calle, el dolor antiguo volvió pero él dijo: ―Esto no puede
ser. Estoy curado por Sus heridas. Dolor, en el Nombre de
Jesús, sal de mi rodilla!‖. Este hombre se afirmó en la Palabra
de Dios y su dolor cesó para nunca más volver.
Otros aceptan la evidencia de sus sentidos (lo que ven sienten u
oyen). Pierden su cura porque no había ―profundidad de
tierra‖ como Jesús expresó en la parábola del sembrador.
La verdadera fe
Tu combate es un combate de fe.
Efesios 6:12
Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino
contra principados, contra potestades, contra los
gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra
huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.
Romanos 8:27
Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores
por medio de aquel que nos amó.
Así como Pedro dijo en la puerta del templo, nosotros decimos:
―En Nombre de Jesucristo levántate‖; y
como Pablo cuando expulsó al demonio de la mujer loca,
decimos: ―En el Nombre de Jesucristo, te mando que salgas
de ella‖ DEBEMOS ALABAR AL SEÑOR USANDO ESTA
AUTORIDAD DELEGADA.
―Verdaderamente Él tomó sobre Sí nuestras enfermedades, y
nuestros dolores sobre Sí‖. Ten esto siempre en tus labios:
―Por Sus heridas fui sanado‖ ¡Confiesa esto en lugar de
confesar un dolor! Él llevó ese dolor.
¡Confiesa tu cura, no tu dolencia! Él llevó esa dolencia.
La fe verdadera siempre se afirma en la confesión de la
Palabra; así como nuestros sentidos físicos se afirman en
nuestros dolores y síntomas. Si yo acepto la evidencia física en
lugar de la Palabra de Dios, volveré nula a la Palabra de Dios
para mí; pero yo me afirmo en lo que Dios dice: ―Por Sus
heridas fui sanado‖ y mantengo esa confesión en la cara de los
sentidos contradictorios.
Todas las veces que confiesas tu debilidad y fracaso,
magnificas al adversario más que al Padre.
Destruyes tu propia confianza en la Palabra de Dios. Estudia la
Palabra de Dios hasta saber cuáles son tus derechos, hasta que
tu corazón ―retenga firme tu confesión‖. Los que intentan
confesar sin basarse en la Palabra, siempre sufren la derrota del
adversario. Jesús dijo: ―Escrito está‖ Satanás fue derrotado. Di
tú: ―Escrito está‖ y añade: ―Por Sus heridas fui sanado‖ y
―Él tomó sobre sí mis enfermedades y mis dolores llevó sobre
Sí‖.
Apocalipsis 12:11
Y ellos le han vencido por medio de la sangre del
Cordero y de la palabra del testimonio de ellos…
El cristianismo es una confesión; confiesa la obra consumada
de cristo. Confiesa que Él está sentado a la diestra del Padre.
Confiesa que él te redimió completamente. Confiesa que eres
uno de Sus hijos. Confiesa la autoridad de Él sobre Satanás.
Lucas 10:19
He aquí os doy potestad de hollar serpientes y
escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada
os dañará.
¡Confiesa esto! Confiesa tu supremacía sobre el diablo. Cree
que eres más que vencedor sobre él. Eres maestro de él. Él sabe
esto. No te puede dominar más. Cree en la Palabra de Dios. Se
osado en la verdad.
Confiesa solamente lo que Dios dice. Mantén esa confesión. No
la cambies, un día sí y un día no. Deja a la Palabra permanecer
en ti y tú, permanece en ella.

La Palabra o el dolor
Dijo una persona: ―Me sentí totalmente curado durante
algunos días después de que una persona oró por mí. Entonces
volvieron repentinamente los síntomas y después volví a sufrir
dolores y estoy muy enfermo. No sé la razón‖
He aquí la respuesta: Sin duda fue sanado por la fe de otro. El
adversario aprovechó su falta de fe e hizo volver los síntomas.
Disfrazó todo y la persona se llenó de dudas y recelo en lugar
de permanecer lleno de fe. En lugar de encarar al adversario
con la Palabra y en el Nombre de Jesús ordenar que dejara de
ejercer su poder. Él cedió, confesó el dolor, pagó la cuenta y
aceptó la enfermedad de vuelta.
Por qué cedió? Porque nunca estudió la Palabra de Dios y no se
afirmó sobre Su Palabra. Fue semejante al hombre que edificó
su casa sobre la arena. Vino la tormenta y la destruyó.
Lo que debes hacer es procurar reconocer personalmente a
Aquel que cura por medio de Su Palabra. Ahora sabes bien que
―por Sus heridas fuiste sanado‖ como sabes que dos más dos
son cuatro. El enemigo no tendrá más dominio sobre ti. Puedes
simplemente reírte de él y decir: ¡Satanás, sabes que fuiste
derrotado! En el Nombre de Jesús, ordeno que salgas de mi
cuerpo‖. Él te obedecerá.
Muchos que fueron sanados por la fe de otros, pierden su cura
simplemente porque ignoran sus derechos revelados en la
Palabra de Dios. Dijo David: ―No te olvides de NINGUNO de
sus beneficios. Y Él que perdona TODAS tus iniquidades, el
que sana TODAS tus dolencias‖ (Salmos 103:2,3). La sanidad
física es uno de los beneficios que provienen de Cristo. Tu
confesión de eso es tu fe hablando.

¿Compasión o cura?
Tú no puedes hablar de dolencias y enfermedades y andar en
salud.
No puedes ir diciendo a la gente de tu enfermedad y tus
dolores, lamentándote de tus problemas, para obtener la
simpatía de ellos y ser sanado.
Hablando de tus problemas, tristezas, dolores y males, invitas a
la enfermedad y nulificas tus derechos a la sanidad divina.
Decimos a la gente nuestros problemas para de esa manera
obtener la simpatía de ellos.
Pedro dijo: ―Echando toda vuestra ansiedad sobre Él, porque
Él tiene cuidado de vosotros‖ (1Pedro 5:7)
Si los hombres de la tierra te extienden su simpatía al oír tus
dificultades, cuánto más tu Padre celestial te mostrará
compasión cuando estás en necesidad.

Aprende a hablar en términos de fe


Entonces serás un conquistador en cada batalla. 1Juan 5:4 debe
ser cooncido de cada creyente, y tú debes confesarlo
confiadamente. “porque todo lo que es nacido de Dios vence
al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo,
nuestra fe”. Habla con la fe en tus labios.
Abandona la confesión de Satanás. Detente de hablar derrota.
Déjate de hablar de enfermedad.
La enfermedad es del diablo. La debilidad es del diablo. La
dolencia es del diablo. Los problemas son hechos por el diablo.
Mientas estés alabando las obras de Satanás, no puedes esperar
mantener la victoria.
Nuestros labios deben estar llenos con palabras de fe.
“Cerca de ti está la palabra de fe, en tu boca y en tu corazón‖
(Rom 10:8). Cuando tenemos fe, ya no nos lamentamos más, ni
gemimos; alabamos y nos regocijamos.
La fe habla jubilosamente.
La fe canta vigorosamente.
La fe ora creyentemente.

Capítulo 24

Los Tres Testigos


En todos los casos encontramos tres testigos
1-La Palabra: La Palabra declara: “Por cuya herida fuisteis
sanados”
2- El dolor: El dolor declara que ―la dolencia y la
enfermedad no han sido sanadas”. El dolor es severo, y el
enfermo no siente nada más que el dolor;
3- La persona enferma: El enfermo declara: “Por su herida
soy sanado”, colocando su testimonio lado a lado con la
Palabra de Dios. Se niega a retractarse de su testimonio.
Declara en presencia del dolor, ante la evidencia del sentido
que ESTÁ SANADO.
El ―mantiene firme esa confesión de su fe”, y Dios la hace
buena. Dios siempre permanece listo a ayudar a aquellos que
permanecen firmes a Su Palabra. Él dice: “Mi Palabra no
volverá a mí vacía‖.
Pero a menudo, cuando abrimos la Palabra y probamos que
“Por su herida somos sanados”, la gente dice: ―Sí, eso lo
puedo ver, mas el dolor está ahí todavía. No ha dejado mi
cuerpo”. Ellos han aceptado el testimonio de sus sentidos en
lugar del testimonio de la Palabra.
Aquí está una mujer que está débil. No puede andar. Le traigo
la Palabra que dice: “Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de
quién he de atemorizarme?” Ella dice: “Sí, veo la Escritura,
pero yo no puedo andar” Repudia la Palabra de Dios.
El testimonio de sus labios, unido al testimonio de sus sentidos
anulan la Palabra de Dios, y permanece enferma.
Por el otro lado, si ella se hubiera mantenido firme a su
testimonio, ante la evidencia contradictoria de sus sentidos, de
que la Palabra era la verdad, la sanidad hubiera sido suya.
Un joven con un tumor duro debajo de su talón se puso en la
línea de la oración. Se veía obligado a andar sobre las puntas de
sus pies. Esto era doloroso.
Le dije después de la oración, que caminara sobre aquel talón
en el Nombre de Jesús y que el tumor duro desaparecería.
Él obedeció pronto y el tumor desapareció.
Unos días más tarde, cuando estaba para quitarse el zapato para
probárselo a un incrédulo, el dolor le dio un golpe terrible, y
sintió como si el tumor le hubiera regresado. En lugar de
aceptar el testimonio de sus sentidos, aceptó la Palabra de Dios.
Inmediatamente dijo: ―Dolor, yo te reprendo en el Nombre de
Jesús. Deja mi pie. Yo fui sanado por medio de las heridas de
Jesús”.
El dolor se fue, para nunca más volver. Probó al escéptico que
estaba sanado.
Confesó la verdad y la verdad lo hizo libre.
Una mujer a quien ayudamos, tenía úlceras estomacales, había
estado vomitando hasta cinco y seis veces en un día.
Después de ser liberada, le vino una prueba; pero después de
vomitar decía: “Gracias Jesús, por sanarme. Tu Palabra dice
que estoy sanada‖. El enemigo fue derrotado y ella fue
completamente sana. La fe siempre gana.
La Palabra de Dios declara que estás sanado.
Lo que la Palabra dice es la verdad.
Declara que estás sanado, porque Dios lo dice.
Mantén tu confesión de la sanidad frente a toda evidencia
contraria a la Palabra y Dios cumplirá siempre.
Nuestros sentidos y la Palabra
Nunca confieses lo que ―sientes‖. Ello debilita siempre la fe.
Siempre habrá un conflicto entre lo que sentimos y la Palabra
de fe.
La Palabra demanda que andemos por fe.
Nuestros sentidos demandan que andemos por vista.
La Palabra demanda obediencia a la Palabra, mientras que
nuestros sentidos conducen a una rebelión abierta en contra de
la Palabra.
Caminar por la fe es caminar por la Palabra.
Caminar en la carne es caminar de acuerdo a los sentidos.
“No mirando nosotros las cosas que no se ven, sino las que
no se ven” (2Cor 4:18)
Renovación del a mente
La mente natural no puede comprender tales batallas, por tanto
Pablo nos ordena hacer lo siguiente: 2Cor 10:5 “derribando
argumentos y toda altivez que se levanta contra el
conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo
pensamiento a la obediencia a Cristo,
La mente vieja es mala para negociar con ella.
Romanos 8:7 Por cuanto los designios de la carne son
enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de
Dios, ni tampoco pueden;
NO puede entender este mensaje, así que se niega a escucharlo.
Lo que necesitamos es una ―renovación de la mente para
poder captar estas verdades vitales. Recibimos esta renovación
por medio del estudio de la Palabra.
No solo debemos hablar bien, sino que debemos también
pensar bien.
Filipenses 4:8 Todo lo que es verdadero (la Palabra es
verdadera), todo lo henesto, todo lo justo, todo lo puro,
todo lo amable, todo lo que es de buen nombre (y así
sucesivamente), en esto pensad.

“Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él”


(Proverbios 23:17)
Así en 2Corintios 10:5, traemos todo pensamiento a
cautividad. Echamos fuera el razonamiento, y le damos a la
Palabra de Dios su lugar en nuestros corazones y en nuestras
mentes. Tenemos la ―mente de Cristo‖.
Las transformaciones que Dios da espiritual y físicamente
vienen a nosotros por medio de la renovación de la mente.
“Presentad vuestros cuerpos en sacrificio vivo” Rom 12:1.
El cuerpo es el laboratorio de los cinco sentidos; no es de
maravillarnos que necesite ser presentado como un sacrificio.
Pablo entonces sigue diciendo: ―Transformaos por medio de
la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis
cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta‖.
Cuando la mente está renovada, puede ver el valor

espiritual de la confesión correcta. Confiesa tu

Sanidad hoy Pablo dice:

2Corintios 6:2“He aquí ahora el tiempo aceptable; he


aquí ahora el día d salvación (o liberación)”
El diccionario de Webster dice que la salvación significa:
“Liberación del pecado y de su castigo”
Si esta Escritura es la verdad en relación al pecado del hombre,
igualmente debe ser verdad en relación a la enfermedad, la cual
es parte del castigo del pecado.
Amigos, levántense de sus dudas, debilidades y temores. Dejen
de hablar acerca de ellos.
Toma tu liberación de la importancia. Ten un cuerpo fuerte con
el cual glorificar a Dios. Arrodíllate y ora.
Dile al Padre que tú eres Su hijo propio. Dile que tú le das
cosas buenas a Sus hijos.
Háblale a tu dolencia o enfermedad, llamándola por su nombre.
Ordénale en el Nombre de Jesús que deje tu cuerpo.
Ordena a la debilidad que abandone tu cuerpo confesando al
Señor como la fortaleza de tu vida (Salmos 21:7).
Goza de tus derechos y ayuda a otros a gozar de los mismos
derechos.
Satanás no puede poner en ti lo que Dios ha puesto en
Jesucristo. El pecado y la enfermedad fueron clavados en la
cruz, así que estás libre de su maldición para siempre. ¡Estás
sanado!
El Señor ―nos ha redimido de la maldición de la ley‖.
“Porque Jehová (te) redimió, (te) rescató de la mano de aquel
(Satanás), que era más fuerte que (tú)”
(N.T. paráfrasis Jeremías 31:11)
…“Porque el derecho de redención es Tuyo para comprar”
(Jeremías 32:7)
Jeremías 32:17¡Oh Señor Jehová! He aquí que Tú hiciste
el cielo y la tierra con tu gran poder, y con Tu brazo
extendido, ni hay nada que sea difícil para ti

Capítulo 25

¿De donde vinieron las Enfermedades?


Introducción de la Sra. Osborn para los capítulos 26-29
El primer sermón que oí predicado sobre la sanidad divina fue:
―¿De dónde vino la enfermedad?‖ Nunca realmente, se me
había ocurrido esta pregunta. Fue un evangelista en Portland,
Oregon, quien predicó este sermón en noviembre de 1947. Fui
a casa y relaté todo a mi esposo.
Nunca podré decirles lo que este mensaje nos demostró con
claridad por la Palabra de Dios que Satanás fue el autor de las
enfermedades, dolencias y aflicciones, y que Dios fue el autor
de la vida y salud. Hasta aquel entonces, nunca había oído decir
que Satanás fue la causa de mis enfermedades sino que siempre
supuse de acuerdo con lo que me habían enseñado, que Dios las
había puesto sobre mí con algún propósito misterioso. Pero
cuando oí que las enfermedades provienen del diablo,
inmediatamente me determiné a resistir las enfermedades y
dolencias como resistiendo al mismo diablo. Aborrecí a
Satanás y su poder, y de seguro no quería sufrir más sus obras
nefandas en mi cuerpo.
El predicador prosiguió demostrándonos que nuestra autoridad
sobre el diablo, y sobre sus obras, la ejercemos en el Nombre
de Jesucristo. Cuando se terminó el sermón, me sentí como una
conquistadora.
Cambió mi vida y desde entonces ha sido diferente.
Un notable líder espiritual dijo una vez: ―Ningún gran
avivamiento ha venido jamás a ninguna nación hasta que
primeramente la iglesia ha aprendido cómo discernir a los
demonios y echarlos fuera‖.
Con este propósito he persuadido a mi esposo a escribir este
mensaje, con el fin de que Ud. Querido Lector, tenga una
comprensión clara de las obras de los espíritus malos hoy día, y
así pueda resistirlos, discernirlos y echarlos fuera en el Nombre
maravilloso de Jesús.
Ahora, al leer esto, hágalo con el corazón abierto; compare
cuidadosamente lo que dice este sermón con lo que la Biblia
dice y cuando descubra que los hechos son verdaderos,
atesórelos y comience a vivir conforme a estas verdades.
El Reverendo F.F Bosworth, quien ha dirigido algunas de las
campañas más grandes de sanidad divina en la historia de los
EEUU y Canadá dice: ―Todo cristiano puede llegar a ser un
domador de demonios de la noche a la mañana comprendiendo
bien claro las obras de los demonios y su derrota legal en el
Calvario.‖
Que Dios bendiga el mensaje que sigue, para beneficio de su
corazón y su vida; es mi oración sincera y humilde.
Sra. Osborn

Capítulo 26

Escrituras para leer


Luc 10:1-2
Después de estas cosas, designó el Señor también a
otros setenta, a quienes envió de dos en dos delante de
él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir.
Y les decía: La mies a la verdad es mucha, mas los
obreros pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que
envíe obreros a su mies.
Luc 10:7-9
Y posad en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo
que os den; porque el obrero es digno de su salario. No
os paséis de casa en casa.
En cualquier ciudad donde entréis, y os reciban, comed
lo que os pongan delante;
y sanad a los enfermos que en ella haya, y decidles: Se
ha acercado a vosotros el reino de Dios.
Luc 10:19-20
He aquí os doy potestad de hollar serpientes y
escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada
os dañará.
Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan,
sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos
en los cielos.
Es decir que lo más importante no consiste en que se puede
echar fuera a los demonios en el Nombre de Jesús, sino en que
los perdidos pueden ser salvados. Aunque el objetivo principal
de este ministerio no consiste en echar fuera a los demonios
sino en predicar el Evangelio a los perdidos; sin embargo, para
tener éxito en predicar el Evangelio con potestad y
demostración del Espíritu Santo, es de importancia esencial que
manifieste autoridad sobre la maldad satánica, y que sea hábil
en ejercitar esta autoridad.
Dos grandes poderes luchan para sujetar al hombre. Jesús los
identificó cuando dijo en Juan [Link]
“El ladrón (hablando de Satanás) no viene sino
1.

para hurtar, y matar, y destruir:”

2. “Yo he venido para que tengan vida, y para que la

tengan en abundancia” Pedro dijo:


1. “Vuestro adversario, el diablo, como león rugiente,
anda alrededor buscando a quién devorar” (I Pedro
5:8).
Pero Juan dijo:
2. ―Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer
las obras del diablo‖ (I Juan 3:8).

Capítulo 27

¿Qué son los Espíritus Demoníacos?


Los demonios son personalidades verdaderas, que son
malvados, malignos y destructivos. Los espíritus demoníacos
son personalidades lo mismo que los espíritus humanos son
personalidades. Los demonios son espíritus que no tienen
cuerpos en donde morar. Nosotros somos espíritus con cuerpos.
Nuestros espíritus son de Dios; los espíritus demoníacos son de
Satanás.
Una comprensión clara de la diferencia entre el espíritu y el
cuerpo le ayudará a comprender mejor la obra de los demonios.

Diferencia Entre El Cuerpo Y El Espíritu


Yo tengo un cuerpo, pero soy un espíritu. Yo (mi espíritu)
mora en mi cuerpo. Yo me expreso (o mi espíritu) por las
facultades de mi cuerpo. Otro puede ver mi cuerpo, pero no
puede verme a mí, porque el verdadero ―YO‖ es un espíritu
morando dentro de este cuerpo mío. Mi cuerpo es simplemente
la casa donde YO (mi espíritu) vivo. Algún día, mi cuerpo
morirá y se tornará polvo, pero YO (mi espíritu) nunca morirá.
Yo volveré a Dios de donde vine a esta casa de barro, llamado
mi cuerpo.
Yo (mi espíritu) soy una personalidad. Yo me expreso con mi
cuerpo. Si me quitaran el cuerpo, yo (mi espíritu) no podría
expresarse. Si me cortaran la lengua, mi espíritu no podría
hablar. Si se me destruyeran los oídos, yo no podría oír. Si me
sacaran los ojos yo no podría ver. Aunque mis ojos fueron
ciegos, mis oídos, sordos, y mi lengua cortada y quitada,
todavía mi espíritu estaría en el cuerpo, pero no podría ver, oír
ni hablar. Y así sería muy dificultoso expresarme.
Luego, aunque prosiguieran a cortarme las piernas y los brazos,
y me destruyeran el olfato y las cuerdas vocales, todavía no
habrían destruido mi espíritu, pero mi espíritu ya no podría
expresarse. Mi espíritu todavía tiene un cuerpo, pero sus
facultades de expresión han sido destruidas. Ahora, puede
comprender lo que quiero decir cuando hablo de la diferencia
entre el espíritu y el cuerpo, ó sea la diferencia entre yo y mi
cuerpo.
Los Demonios Desean Expresarse
Los demonios son espíritus malos sin cuerpo con que
expresarse. Anhelan expresarse en este mundo, pero no lo
pueden hacer hasta que estén en posesión de algún cuerpo.
Ahora usted puede comprender por qué el espíritu malo que fue
echado del cuerpo del hombre en la Biblia, no tuvo descanso y
no pudo estar satisfecho, porque era un espíritu de Satanás,
enviado para destruir y matar, y cuando no pudo expresarse en
un cuerpo, fue atormentado hasta que él, con la ayuda de otros
siete espíritus más malos que él mismo, pudo entrar otra vez al
hombre y otra vez hallar expresión del odio y la destrucción
(Mateo 12:43).
Recuerde que dije que un demonio es una personalidad; un
espíritu igual que usted y yo. Y así como usted anhela hacer
bien, hablar palabras bondadosas, oír música, ver las flores,
expresarse en las conversaciones y responder a cada impulso
con alguna expresión, asimismo los espíritus malos anhelan
expresarse. Pero como no tienen cuerpos propios, tienen que
andar por el mundo buscando algún cuerpo en el cual puedan
entrar y hallar expresión para desempeñar su misión de maldad.
Los demonios se deleitan en usar los labios ó la pluma de los
hombres para lograr sus malvadas obras.
NO TIENEN PODER PARA CORROMPER, DESTRUIR O
PERDER AL HOMBRE, SINO POR EL USO DEL MISMO
HOMBRE COMO SU INSTRUMENTO.
Dios tiene que usar instrumentos humanos, ungidos del Espíritu
Santo, para bendecir, inspirar, animar, y levantar a los que
necesitan Su ayuda Divina. Las Sagradas Escrituras fueron
escritas por HOMBRES Santos de Dios que fueron inspirados
por el Espíritu de Dios. El mensaje de ―Buenas Nuevas‖ tiene
que ser divulgado por labios humanos. Dios usa los
instrumentos humanos para ministrar a la familia humana, y
Satanás usa instrumentos humanos para destruir a la familia
humana.
Es una lástima que los hombres se rindan al diablo para
servir como medio por el cual su propia hermandad es
destruida.
¡Cuántas veces utiliza Satanás a algún vil hombre ó mujer para
viciar a un niño ó niña inocente, y luego envía a aquel niño o
niña como su misionero a las escuelas públicas y universidades
para corromper las mentes de otros que son todavía inocentes!
¡Cuántas veces se corrompe a niñitos y niñitas y se les quita su
pureza de corazón antes de llegar a la escuela secundaria; no se
deja nada limpio y santo para ellos!
Los santos secretos de la vida son arrastrados todos por la
inmundicia y fango de las conversaciones y sugerencias viles y
aquellos inocentes niñitos vuelven cicatrizados para siempre
por la contaminación satánica.

Quién es Satanás
Satanás es el ser que gobierna la tierra, que ocupa el puesto de
príncipe de las naciones. Es el autor de todas nuestras miserias
y angustias; de nuestras enfermedades y dolencias; sí, y de la
misma muerte. El es rey y gobernador a las multitudes
tenebrosas del infierno.
Su mayor deseo y propósito es de destruir las vidas humanas y
por lo consiguiente traer la tristeza al corazón de Nuestro Padre
Dios.
Podemos comprender mejor quién es Satanás por sus nombres
escritos en la Biblia. En Mateo 13:19, 38 se le llama ―el
malo‖.
En el versículo 39, se le llama ―el enemigo‖ y el ―diablo‖. El
nombre diablo quiere decir ―el Acusador‖ ―calumniador‖ ó
―infamador‖. En Apoc. 12:10 se le llama ―el acusador de los
hermanos‖. En 1 Pedro 5:8 se le llama el ―Adversario‖
comparado a un ―león rugiente, buscando a quien devore‖. En
Apoc. 20:2 se le describe por un grupo de nombres casi
demasiado horribles para contemplar: ―el dragón, la antigua
serpiente, que es el diablo y Satanás‖. En Juan 8:44 es llamado
por Jesús un ―homicida‖, un ―mentiroso‖ y ―el padre de
mentira‖. En Mateo 4:3 se le llama el ―tentador‖. En Mateo
12:44, el ―príncipe de los demonios‖. En Efesios 2:2 el
―príncipe de la potestad del aire‖. En Juan 14:30, 21
―príncipe de este siglo‖. En 2 Cor. 11:3, el ―corruptor‖ de las
mentes.
Cada uno de estos nombres, y muchos más, nos muestran la
terrible naturaleza de Satanás y de su ejército de malos
espíritus. Satanás gobierna a estos espíritus mientras trabajan
día y noche en sus complots malvados de destruir y malograr
las maravillas y la hermosura de la creación de Dios.

El Hombre... La Adquisición Favorita De Los Demonios


Como el cuerpo humano tiene las más amplias posibilidades de
expresión, siendo el único hecho en la semejanza de Dios, los
demonios buscan como su premio supremo, una entrada en los
cuerpos humanos. En el cuerpo de un hombre ó mujer, los
demonios tienen la más amplia esfera de manifestación ó
expresión. Pero cuando no pueden hallar esta estimada
posesión en donde morar, entonces un cuerpo de menor esfera
de expresión será utilizado. Pero una cosa es cierta, no pueden
descansar sin estar en posesión de algún cuerpo por el cual
pueden expresarse.
Tal vez puede comprender mejor ahora por qué, cuando Jesús
fue a echar fuera la legión de demonios del maniático, los
demonios le rogaron, diciendo: ―permítenos ir a aquel hato
de puercos. Y al ser echados fuera del hombre, entraron en
todo el hato de puercos y todo el hato de puercos se precipitó
de un despeñadero en la mar y murieron en las aguas”.
Diferentes Clases De Malos Espíritus
Ya que los malos espíritus son verdaderas personalidades,
manifiestan su propia personalidad en las personas a quienes
poseen.
Hay varias clases o tipos de malos espíritus, así como hay
distintas naturalezas en los seres humanos. En la Biblia se hace
mención de muchas distintas clases de demonios (ó malos
espíritus) que están trabajando, algunas de las cuales vamos a
discutir más tarde.

La Tragedia De La Ignorancia
Es una tragedia que no se les haya enseñado a los cristianos lo
que la Biblia claramente explica acerca de la obra de los
demonios. Casi lo único que se oye tocante a los demonios es
que son ―sombras‖, ―fantasmas‖ y ―apariciones‖, algo que
se teme secretamente pero nunca se menciona. La mayoría de
la gente ha sido persuadida que debe temer a los demonios (si
hay tales cosas) todo por causa de falta de comprensión acerca
de los demonios de su derrota legal.
Hasta que llegué a comprender lo que son los demonios y cuál
es su obra; lo que es Satanás y sobre de su derrota, yo temía
hablar ó predicar contra ellos. Pero ahora que comprendo su
obra, he perdido todo temor de ellos y al contrario, ahora ellos
me temen a mí.
Algunos han dicho, equivocadamente, que no hay tales cosas
como demonios hoy día; que el título es solamente una
metáfora. Pero esto no es cierto. La Biblia es tan clara y
definitiva en sus enseñanzas acerca de los demonios, como lo
es acerca de los ángeles. Los dos son existentes y verdaderos
hoy día. No se ha de temer ni a los unos ni a los otros, sino que
se ha de comprender a los dos.
Quisiera yo darles unos cuantos ejemplos de cómo los
demonios nos han desafiado aun recientemente en nuestro
propio ministerio, exactamente como lo hicieron en los días
bíblicos, lo cual es prueba de su existencia y de sus obras hoy
día.

Capítulo 28

Las Manifestaciones de los demonios


Los Demonios Hablan
Muchas veces se hace mención en la Biblia de demonios que
hablan. Hablan por las facultades de una persona que han
poseído, precisamente como el espíritu de Ud. (ó sea USTED)
habla por su propia lengua y sus cuerdas vocales. Los espíritus
no pueden hablar sin lengua, así como usted no podría hablar si
no tuviera lengua.
Marcos 3:10-11
Porque había sanado a muchos; de manera que por
tocarle, cuantos tenían plagas caían sobre él.
Y los espíritus inmundos, al verle, se postraban delante
de él, y daban voces, diciendo: Tú eres el Hijo de Dios.
Lucas 4:40-41
Al ponerse el sol, todos los que tenían enfermos de
diversas enfermedades los traían a él; y él, poniendo
las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba.
También salían demonios de muchos, dando voces y
diciendo: Tú eres el Hijo de Dios. Pero él los reprendía y
no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Cristo.
Marcos 1:22-25
Y se admiraban de su doctrina; porque les enseñaba
como quien tiene autoridad, y no como los escribas.
Pero había en la sinagoga de ellos un hombre con
espíritu inmundo, que dio voces,
diciendo: ¡Ah! ¿qué tienes con nosotros, Jesús
nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Sé quién eres,
el Santo de Dios.
Pero Jesús le reprendió, diciendo: ¡Cállate, y sal de él!
Estas y muchas más Escrituras, nos demuestran cómo los
espíritus malos que habían poseído a ciertas personas de veras,
hablaron y conversaron con aquellos que habían venido a
echarlos fuera.
En cierta ciudad, un hombre trajo a su esposa para ser sanada y
librada del poder del diablo que la tenía atada. Me dijeron que
no se podría traerla al servicio y por lo tanto la tenían en un
cuarto a un lado del edificio donde se efectuaban los servicios.
Al pasar por la puerta de ese cuartillo, allí vi a una mujer muy
grande y alta sentada en una silla con la espalda a la puerta.
Pesaba por lo menos 100 kilos y era muy fuerte.
―Al entrar en el cuarto, ella se volvió rápidamente y fijó la
vista en mis ojos con una mirada hosca y temible, y dijo al
levantarse de su silla: ―Yo le conozco a Ud... Me dijeron esta
mañana que me encontraría con el siervo verdadero del Dios
Omnipotente.‖ La familia de ella quedó asombrada porque no le
habían mencionado ni una palabra acerca de llevarla a la iglesia
ó a un hombre que oraría por ella, porque odiaba a todas las
reuniones religiosas.
Los demonios tenían miedo y por eso, procuraron mostrarse
religiosos. Lea Ud. la historia de la mujer endemoniada que
seguía a Pablo y a Silas gritando: ―Estos hombres son siervos
del Dios Altísmo‖ (Hechos 16.17).
Cuando los demonios hablaron así, el Espíritu del Señor se
movió dentro de mí con indignación ante el reconocimiento
hosco que los demonios me hicieron, y yo dije: Si, esos
demonios dijeron la verdad. Usted se ha encontrado con un
siervo del Dios Altísimo, les ordeno en el Nombre de
Jesucristo que salgan de la mujer ahora y la dejen para que
pueda volver a ser sana y normal. Salgan de ella ahora, les
mando.
Los demonios me obedecieron y la mujer fue liberada, y
pronto estaba con sus brazos alrededor de su feliz
esposo llorando con lágrimas de gratitud por lo que Dios
había hecho por ella.

Los Demonios Son Inteligentes


En una ocasión cuando Jesús se encontró con dos hombres
endemoniados saliendo de entre las tumbas, cuando los iba a
echar fuera, ellos gritaron: ―¿Qué tenemos contigo Jesús,
Hijo de Dios? ¿Has venido acá a molestarnos antes de
tiempo?” (Mateo 8:29).¿Qué querían decir los demonios con
―has venido acá a (ATORMENTARNOS) molestarnos antes de
tiempo?‖ ¿De qué TIEMPO hablaron?
Los demonios saben que el lago de fuego (el infierno) fue
preparado para el diablo y sus ángeles y el día vendrá cuando
“el diablo... será lanzado en el lago de fuego y azufre, donde
está la bestia y el falso profeta; y serán ATORMENTADOS
día y noche para siempre jamás” (Apoc. 20:10), juntamente
con “los temerosos é incrédulos, y los abominables y
homicidas, los fornicarios y hechiceros, y los idólatras, y
todos los mentirosos” (Apoc. 21:8) y con “el que no fue
hallado escrito en el Libro de la Vida (Apoc. 20:15).
Por eso, sabiendo todo esto, temblaron delante de Jesús, y
gritaron: ―¿has venido acá a ATORMENTARNOS ANTES
DEL TIEMPO?”
Los demonios tienen miedo. Tiemblan delante de los siervos
ungidos de Dios hoy día. Porque saben que a nosotros ha sido
dada potestad sobre ellos en el Nombre de Jesús, y que tienen
que obedecernos. Por eso, las personas endemoniadas a
menudo se muestran violentas y extrañas cuando están en
camino a los servicios de las campañas religiosas. Aunque
puede ser que la persona no sepa nada acerca del lugar a donde
están llevándole, los demonios son inteligentes, y saben que
están llevándole a la Presencia de la Palabra de Dios y del
siervo de Dios quien tiene poder y autoridad sobre ellos.
Ahora, probablemente puede usted comprender mejor por qué
hay tantos totalmente sordos que han sido completamente
curados mientras estaban nada más que sentados ó parados en
el auditorio, mientras La Palabra de Dios fue predicada.
Aunque la persona sorda no pudo oír el sermón, sin embargo,
el espíritu sordo se dio cuenta de que su derrota fue cierta, y
temiendo parar en la presencia de la Palabra de Dios y del
siervo ungido de Dios, huyó y dejó al cuerpo que había
poseído, y entonces la persona sorda pudo oír. La misma cosa
es verídica en otras clases de enfermedades.
Unas personas trajeron a una mujer endemoniada a uno
de nuestros servicios para que oráramos por ella, y al
entrar en el salón de entrada del auditorio, La Sra.
Osborn por casualidad estaba parada hablando a alguien
en la entrada, apretada de gente. La mujer endemoniada,
comenzó a comportarse muy extraño con los que la
trajeron. Los demonios, por supuesto, supieron que
alguien con el conocimiento de la derrota de Satanás
estaba cerca. Esta mujer echó una mirada rápida
alrededor de sí, y luego fijó la vista en la Sra. Osborn.
Ella miró a la Sra. Osborn con una mirada fija y sus ojos
se pusieron bravos y salvajes, y alzando la mano señaló
a mi esposa con estas palabras: “Yo la conozco, y no
quiero tener nada que ver con usted.” Entonces echó
maldiciones con las palabras más viles mientras la
llevaban dentro del auditorio. Más tarde, aquella noche,
La Sra. Osborn y yo llevamos a la mujer a un cuarto y
oramos por ella, donde fue librada maravillosamente de
los demonios.

Los Demonios Se Resisten A Rendirse


El capítulo 8 de San Mateo, el capítulo 5 de San Marcos, y el
capítulo 8 de San Lucas describen la escena de Jesús echando
fuera la legión de demonios de dos lunáticos.
El contenido de estas Escrituras revelan lo siguiente:
1. Los demonios hasta fingían adorar a Cristo (Mar. 5:6),
evidentemente buscando un modo de evitar que el
Señor fuera demasiado severo con ellos.
2. Jesús les mandó que saliesen del hombre. (Lucas 8:29,
Marcos 5:8).
3. Los demonios le rogaron que no les atormentara
(Marcos 5:7, Lucas 8:28), pero cuando el mandato no
fue retractado, los demonios se pusieron más
temerosos.
4. Cristo les preguntó: ―¿Cómo se llaman?‖ (Marcos
5:9, Lucas 8:30).
5. Los demonios respondieron: ―Legión, me llamo;
porque somos muchos‖ (Marcos 5:9).
6. Cuando Jesús insistió que se saliesen, los demonios
horrorizados por ser echados fuera de su habitación en
el cuerpo del hombre, ―le rogaban mucho que no les
enviase fuera de aquella provincia‖ (Marcos 5:10). Es
tormento a los demonios ser echados fuera, estar sin
tener posesión de un cuerpo por el cual pueden hallar
expresión. Un día Jesús dijo:
Mateo 12:43
“Cuando el espíritu inmundo ha salido del hombre, anda
por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla”
Pueden estar satisfechos solamente expresando sus
horribles poderes destructivos en la posesión de algún
cuerpo y vida humana.
Entonces, la legión de demonios que había poseído a
los maniáticos, procuraron regatear aun más. Si fueron
obligados a salir de su posesión humana, la habitación
de segunda importancia sería el hato de puercos que
estaba paciendo cerca. “Y le rogaron todos los
demonios, diciendo: Envíanos a los puercos para que
entremos en ellos” (Marcos 5:12).
7. “Y luego Jesús se lo permitió. Y saliendo aquellos
espíritus inmundos, entraron en los puercos, y la
manada cayó por un despeñadero en la mar; los
cuales eran como dos mil; y en la mar se ahogaron‖
(Marcos 5:13).
Así es que se puede ver que si bien los demonios se
RESIENTEN DE RENDIR su lugar de posesión, tienen sin
embargo que rendirse a la autoridad de los siervos de Dios; y a
nosotros. Cristo ha dicho: “os doy potestad sobre toda fuerza
del enemigo”, “en Mi Nombre echarán fuera demonios.”
El Caso De La Locura
Trajeron a una mujer a la línea para la oración. Estaba loca,
poseída de demonios, Yo le hablé con ternura, diciendo:
“Incline su cabeza, por favor”.
La mujer respondió duramente, con los ojos airados: “Nosotros
no inclinamos nuestras cabezas.”
Esto me sorprendió, y supe que estaba cara a cara con unos
demonios que se atrevían a desafiar a la autoridad que Cristo
me había dado. Dije como mandato: “Sí, inclinarán sus
cabezas, y enmudecerán mientras oro.”
Los demonios, otra vez, me hablaban desafiándome: “No
oramos y no inclinamos nuestras cabezas.”
Esto me alarmó, y el Espíritu Santo, que nos ha dado potestad
para tales ocasiones (Hechos 1:8) se movía dentro de mí con
toda osadía y les dije: “Enmudezcan, y obedézcanme, porque
les hablo en el Nombre de Jesús según la Palabra de Dios.”
Los demonios entonces, temiendo, porque supieron que
se habían encontrado con una potestad mayor que la
suya, se propusieron regatear con estas palabras: “Nos
enmudeceremos hoy, pero mañana hablaremos.”

Entonces les mandé: ―En el Nombre de Jesús, SALGAN DE


ELLA AHORA.” Los demonios me obedecieron. El semblante
de la mujer se cambió, y fue librada gloriosamente.
Los Demonios Pueden Pedir Auxilio
Jesús enseñó una lección sumamente instructiva acerca de los
demonios, en el capítulo 12 de San Mateo. Sus verdades han
sido descartadas casi por completo en nuestros púlpitos hoy
día, así también como otras enseñanzas bíblicas acerca de los
demonios.
Mateo 12:43-45
“Cuando el espíritu inmundo ha salido del hombre, anda
por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla.
Entonces dice: “Me volveré a mi casa de donde salí: y
cuando viene, la halla desocupada, barrida y adornada.
Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores
que él, y entrados, moran allí; y son peores las cosas
últimas del tal hombre que las primeras”.
Aquí tenemos evidencia clara de que es posible que los
demonios que han sido echados fuera, entren otra vez en la
misma persona de quien fueron echados.
En el caso mencionado arriba, los demonios fueron
echados, pero la persona no había consagrado su vida a
Cristo. Por eso, el demonio fue a llamar a otros espíritus,
más malvados que él, y ellos entraron y moraron allí, y la
última condición de aquel hombre era peor que el
principio.

Verdaderamente, Jesús habló en tonos de advertencia al


paralítico que había sido curado, diciendo: “No peques más,
porque no te venga alguna cosa peor” (Juan 5:14).
Los Demonios Pueden Entrar A Solas o Juntos
Ya hemos demostrado claramente que donde un demonio no
puede ganar posesión de una persona, puede llamar a otros para
que le ayuden, y aunque uno puede fallar, juntos es posible que
logren su propósito.
Pero que cada cristiano esté plenamente asegurado de que,
aunque Satanás envíe a legiones de demonios para atacarnos,
todos se retirarán en completa derrota y consternación porque a
nosotros se nos ha dado potestad y autoridad sobre TODOS los
diablos, y porque está escrito: “Vendrá el enemigo como río,
mas el espíritu de Jehová levantará bandera contra él‖ (Isaías
59:19).
La hija de la mujer sirofenicia fue poseída por ―un diablo‖. El
diablo dejó a la muchacha cuando se empleó la fe.
María Magdalena fue poseída por siete demonios, mas todos
salieron cuando Jesús les mandó que salieran.
El loco de las tumbas fue poseído por una ―legión‖ de
demonios, y ellos también, cada uno de ellos, obedecieron el
mandato del Señor y salieron.
Que sea establecido por eso, que, aunque sea un demonio ó mil
demonios, TODOS TIENEN QUE obedecer al mandato del
siervo de Dios, dado en el Nombre de Jesús.

El Caso De Un Anciano
A un anciano le trajeron a la línea para la oración. Su familia
dijo que tenía artritis, y que estaba mentalmente debilitado.
Cuando se acercó a mí, nunca olvidaré cómo me sentí.
Inmediatamente supe que el hombre era endemoniado, ¡Qué
personalidad más extraña tenía! Antes de saber lo que estaba
diciendo, puse mi mano sobre su frente y mandé: ―Espíritus
extraños, salgan de este hombre y déjenle.‖
Al principio, los parientes se sorprendieron de que yo
hubiese dicho que los diablos tenían posesión del
anciano. Tan pronto como les mandé a los espíritus
extraños que salieran del hombre, una voz contestó: “No
saldremos, no saldremos.”

Con esto, me indigné con los demonios que se atrevían a


desobedecerme cuando sabían que tenían que hacer lo que dije.
Les mandé otra vez: “Obedézcanme y salgan ahora, les ordeno
en el Nombre de Jesús.”
Inmediatamente, la voz respondió en tonos temerosos: “Muy
bien, saldremos sí, saldremos.” Entonces el anciano se sonrió,
sus ojos se aclararon, y alzó una mano, mirándome
directamente, y dijo en voz baja: ¡Oh! - Gloria al Señor, soy
sanado! Sé que soy sanado.‖ Fue completamente transformado
en un segundo. La artritis había desaparecido, y la familia lloró
de gozo.

Los Demonios Saben Y Reconocen A Los Que Tienen


Potestad Sobre Ellos
A menudo, cuando Jesús se encontraba con los endemoniados,
los demonios gritaron: “Ya sabemos quién eres. Tu eres el
Hijo de Dios”, ó algo semejante. Y no han cambiado los
demonios. La mujer dijo a la Sra. Osborn: “Sé quién es, y no
quiero tener nada que ver con usted”, y la anciana me dijo:
“Le conozco. Esta mañana me dijeron que me encontraría con
un verdadero siervo del Dios Altísimo.” Casos como éstos
acontecen de vez en cuando. Fue así en el ministerio de Pablo.
Hechos 19:14-16
Había siete hijos de un tal Esceva, judío, jefe de los
sacerdotes, que hacían esto.
Pero respondiendo el espíritu malo, dijo: A Jesús
conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes
sois?
Y el hombre en quien estaba el espíritu malo, saltando
sobre ellos y dominándolos, pudo más que ellos, de tal
manera que huyeron de aquella casa desnudos y
heridos.
Esto es prueba de que los demonios saben quién son los que
tienen poder sobre ellos, conocían a Jesús y sabían quién era
Pablo, pero a estos siete hijos de Esceva que tentaron a echarles
fuera por la fama que recibirían, los demonios se burlaron de
ellos y se enseñorearon de ellos por completo.
―Cuanto a Jesús de Nazaret; cómo le ungió Dios de Espíritu
Santo y de potencia‖ (Hechos 13:38), y fue el Espíritu Santo
que dijo: ―Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra para
la cual los he llamado‖ (Hechos 13:2). Las dos personas a
quiénes los diablos reconocieron fueron ungidos ambos del
Espíritu Santo, el poder de Dios. El diablo reconoce a tales
personas y les obedece.
Pero el relato en esta ocasión es una advertencia clara que
nunca debemos jugar con el diablo. A todo creyente verdadero
se le ha dado potestad y autoridad sobre TODOS los diablos, y
nunca deben temer ni vacilar en ejercitar esta autoridad, porque
Jesús dijo claramente que ―estas señales seguirán a los que
creyeren.... En Mi Nombre echarán fuera demonios.‖
Puedo mencionar para el mayor gozo de todo creyente que:
María Magdalena fue poseída de siete demonios. Sin embargo,
un hombre ungido de Dios, echó fuera a todos los siete
demonios. En cambio, en el caso mencionado arriba, había
siete hombres, ninguno de ellos siervos ungidos de Dios, y
todos los siete hombres no pudieron echar fuera siquiera un
demonio; pero un demonio se enseñoreó de todos los siete
hombres de tal manera que huyeron desnudos y heridos. ¡Qué
contraste! Prueba que toda la fuerza y sabiduría humanas son
inútiles en la lucha contra nuestro adversario, el diablo: sin
embargo, todos los diablos del infierno son inútiles contra un
creyente verdadero ungido de Dios.

Los Demonios Son Las Causas De Las Enfermedades


Esta verdad claramente demostrada por las Escrituras, cuando
se comprende bien, servirá como una gran ayuda para su fe en
Dios para la curación divina.
Un ministro, quién estaba presente cierta noche cuando
prediqué sobre la relación entre los demonios y las
enfermedades, dijo: ―Reverendo Osborn, el mensaje esta
noche me ha ayudado más que cualquier otro que jamás he
oído, para tener fe en Dios para la curación de todas nuestras
enfermedades. Al saber que las enfermedades son ataques de
Satanás sobre nuestros cuerpos, en lugar de bendiciones de
Dios, estoy listo para resistir la obra de Satanás, para
reprenderle, para ejercer mi autoridad sobre él, y echarle fuera
de mí.‖
La vida de este ministro fue cambiada desde aquella hora así
como mi vida y mi ministerio fueron transformados la noche
que mi querida esposa regresó a casa de la campaña sanadora
del Rvdo. Branham y me contó todo su mensaje sobre la obra
de los demonios en las enfermedades.

La Fuente De Las Enfermedades


El evangelista explicó claramente. ―Cada enfermedad tiene
vida gracias a un microbio que la hace funcionar. Aquella mala
vida en el microbio no vino de Dios, porque el microbio mata y
destruye la vida humana. Viene de satanás. Es aquella mala
vida, ó ‗espíritu de enfermedad‘ que da vida a las
enfermedades, o las dolencias, así como nuestro espíritu de
vida a nuestro cuerpo.
―Todos nosotros nos formamos de un pequeño germen. La
vida de aquel germen vino de Dios. Fue el espíritu del hombre,
que Dios envió a vivir dentro del cuerpo, que había de
desarrollarse alrededor de ese germen. El cuerpo, viviendo por
el germen ó espíritu de vida que Dios creó, creció y se
desarrolló hasta que llegó a ser un cuerpo humano completo‖.
―Mientras esa vida ó espíritu se queda en el cuerpo, el cuerpo
vive. Pero tan pronto como el espíritu deja el cuerpo, el cuerpo
está muerto; se pudre y vuelve a la tierra‖.
Continuó el predicador diciendo: ―Así es una enfermedad o
dolencia; comienza como microbio, una vida mala, vida
satánica enviada para vivir y poseer el cuerpo humano y
destruirlo, mediante alguna terrible enfermedad. Mientras hay
vida mala ó el espíritu de enfermedad morando en un cuerpo
humano, la dolencia o enfermedad sigue viviendo llevando a
cabo su obra destructiva. Pero tan pronto como el espíritu malo,
o vida mala, o sea ‗el espíritu de enfermedad‘ ha sido echado
fuera del cuerpo en el Nombre de Jesús, aquella enfermedad ó
dolencia se ha muerto. Se pudrirá y saldrá del cuerpo. Este es el
proceso de la curación divina. La vida de las enfermedades o
dolencias, es reprendida y echada fuera, entonces los efectos de
las enfermedades o dolencias pasan en poco tiempo. Cuando
alguien es curado por un milagro, por supuesto, la obra
completa se cumple instantáneamente por el poder de Dios.‖
Cuando la Sra. Osborn me contó esto que el predicador había
predicado, y me dijo cómo ella había visto a la gente sanada,
entonces, todo el asunto principió a aclararse para mí. Empecé
a comprender bien muchas Escrituras y el ministerio de la
liberación fue una realidad desde aquel momento.
Decidimos: ―Entonces las enfermedades provienen del diablo.
Y nosotros tenemos potestad sobre el diablo en el Nombre de
Jesús. Entonces llamaremos a los enfermos. Reprenderemos al
diablo que los tiene amarrados Y que posee sus cuerpos con
enfermedades, echaremos fuera al ‗espíritu de enfermedad‘, las
enfermedades tendrán que morir, y los enfermos se sanarán.‖
―¡Oh, Aleluya!‖ le dije a mi valiente esposa. ―Vamos a
anunciar una gran campaña de curación divina el domingo por
la noche en la iglesia.‖ Esto hicimos, y los enfermos fueron
traídos de lejos y de cerca. Les pusimos las manos sobre ellos
como Jesús nos mandó hacerlo en San Marcos 16.
Reprendimos y echamos fuera a los espíritus de las
enfermedades en el Nombre de Jesús. Sabíamos que la obra fue
cumplida. Los enfermos se sanaron, enteramente como Jesús
dijo que acontecería. La gente empezó a divulgarlo por todas
partes: “¡Oraron por mí, y ahora; soy sano!” ―¡Tuve un
tumor y ahora ha desaparecido!‖ ―¡Mi cáncer cayó al suelo
pocas horas después de la oración!‖ ―¡Las úlceras en mi
estómago están curadas. Se han ido!.‖

Sanando A Los Enfermos Y Echando Fuera A Los


Demonios
Ahora puede usted comprender esta Escritura: ―Trajeron a él
muchos endemoniados (nótense: que ésta fue la única clase de
gente especificada que fueron traídas al Señor); y echó los
demonios con la palabra, y sanó a todos los enfermos‖ (Mateo
8:16). Esto infiere que las enfermedades que Jesús sanó fueron
causadas por demonios. Echó fuera a los demonios, y sanó a la
gente. Eso es lo que dijo Pedro cuando escribió:
Hechos 10:38
“A Jesús de Nazaret... le ungió Dios con el Espíritu
Santo y con poder; el cual anduvo... sanando a todos los
oprimidos del diablo”

La Mujer Del Cuerpo Doblado


En San Lucas 13, Jesús aparece en la sinagoga donde había una
mujer que tenía el cuerpo doblado hasta tal punto que no podía
enderezarse. La Biblia dice que ella tuvo “un espíritu de
enfermedad” (Lucas 13:11). ¿Qué clase de espíritu? ¿Era una
bendición enviada de Dios? ¡NO! Jesús dijo: “Satanás la había
ligado.‖
Si hubieran pedido a los doctores que la examinaran, ningún
especialista de la espina dorsal en todo el mundo hubiera dicho:
“es un espíritu de enfermedad que la tiene ligada.” Los
doctores lo llamaría artritis de la espina dorsal, ó que las
vértebras están dislocadas, ó darían algún otro nombre
científico, y tendrían razón en cuanto a los nombres médicos.
Si usted quiere llegar al fondo del malestar, tendrá que darse
cuenta de que un espíritu de enfermedad de Satanás la había
ligado. Que se eche fuera el espíritu malo, que se reprenda la
opresión satánica, y ella será sana. Así lo hizo Jesús.

El Hombre Ciego Y Mudo


“Fue traído a él un endemoniado, ciego y mudo” (Mateo
12:22). Cuando el diablo fue echado fuera, el ciego podía ver y
el mudo podía hablar. Así vemos que un demonio ciego había
causado la ceguera.

El Mudo
“Le trajeron un hombre mudo, endemoniado. Y echado fuera
el demonio, el mudo habló” (Mateo 9:3233). Aquí, la mudez
fue causada por un demonio mudo.

El Niño Sordo-Mudo
―Reprendió al espíritu inmundo diciéndole: Espíritu mudo y
sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él‖ (Marcos
9:25).
Aquí la sordera fue causada por un espíritu sordo que había
sido enviado a poseer al niño y matarle porque ―muchas veces
le echa en el fuego y en aguas, para matarle‖ (Marcos 9:22).

El Hombre Inmundo
―Estaba en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu de
un demonio inmundo: el cual (la personalidad demoníaca)
exclamó a gran voz... y Jesús le increpó al espíritu inmundo
diciéndole (a la personalidad demoníaca) enmudece y sal de
él” (Marcos 1:25 y Lucas 4:35).
Aquí había un hombre incorregible en la sinagoga y su
condición fue causada por un espíritu ó demonio inmundo.
La Fiebre
La suegra de Pedro estaba con una fiebre. “E inclinándose
hacia ella, reprendió a la fiebre; y la fiebre la dejó” (Lucas
4:39). No se Puede reñir a algo que no comprende las palabras.
Se puede reprender Solamente a las personalidades. Jesús
reconoció a Satanás trabajando en este cuerpo como la causa
de la fiebre. El reprendió a la fiebre Y la dejó la fiebre.

Términos Médicos Y Términos Bíblicos


Los doctores pueden llamarla artritis, pero un espíritu tiránico
del diablo es la causa verdadera. El término médico puede ser
―cuerdas vocales sin desarrollo‖ y ―nervios muertos del
oído‖, pero la causa verdadera es un espíritu sordo y mudo del
diablo que debe ser echado fuera en el Nombre de Jesús. El
especialista puede decir que es glaucoma ó cataratas, pero Jesús
dijo que era un demonio ciego.

El Caso En Nueva York


Una mujer endemoniada fue traída a una de nuestras campañas.
Estaba agarrada en las mismas uñas de Satanás. El se había
propuesto quitarle la vida. Su garganta se cerraba de modo que
no podía tragar. Voces extrañas salían de su garganta diciendo
cosas terribles. Ella estaba enojona, siempre de mal humor y
atormentada a causa de las voces que le decían que alguien la
perseguía ó la vigilaba.
Cuando oramos por ella y los demonios fueron echados fuera,
se mareaba por unos momentos como una borracha, entonces,
de repente, se puso normal, sus ojos que antes echaban odio,
eran bondadosos y suaves; sus labios que antes estaban
estirados sobre los dientes apretados, va se relajaron en una
sonrisa benigna. Las, lágrimas resbalaban por sus mejillas y
dijo con calma: ¡Oh, Estoy libre! ¡Estoy tan contenta! ¡Estoy
curada! ¡Soy sana! ¡Oh! ¡Me siento como que tengo una
garganta nueva. Me siento como libre de cadenas! ¡Oh, gracias
a Dios!‖ Ella fue curada cuando el diablo la dejó.

La Ciega
Una mujer totalmente ciega fue traída para la oración. Los
doctores habían dicho que tenía los nervios ópticos muertos.
Por casi 15 años había andado a tientas en la obscuridad total
con un perro hermoso que la guiaba.
Reprendí al demonio ciego que la tenía ligada; la dejó cuando
se lo mandé en el Nombre de Jesús, y la mujer gritó con gozo
―¡Oh, ahora veo…! ¡Estoy curada!‖

La Niña Loca
Una muchacha hermosa fue traída para la oración. Los doctores
dijeron que había perdido la razón por haber estudiado
demasiado y por haberse esforzado mucho. Cuando el demonio
de la locura fue echado fuera en el Nombre de Jesús, creímos
que la había dejado, aunque nada aconteció en seguida para
demostrarlo, sin embargo, pasados unos días, fue normal y al
poco tiempo estaba trabajando diariamente en una fábrica..
Un Milagro En Kingston, Jamaica
Veda McKensie fue traída en una carretilla vieja por tres
mujeres a nuestro servicio en Kingston, Jamaica. Ella había
sufrido, según dijeron los doctores, un ataque completo y fatal
de parálisis debido a una hemorragia cerebral. Había quedada
tendida sin vida por 4 días y noches sin tragar ni una gota de
agua ni un bocado de comida. Tenía los ojos vidriados y, su
cuerpo parecía muerto, aunque seguía el pulso de su corazón.
Reprendí al demonio que la había paralizado y le mandé que la
soltara y que saliera de ella. Entonces llamé en alta voz: “Veda,
abra los ojos y sea curada.‖ Ella fue curada instantáneamente.
A los pocos minutos, ella estaba de pié, y fue a su casa fuerte y
sana.
Cientos de personas en Kingston, Jamaica, tienen conocimiento
de esta curación milagrosa de Veda McKenzie. La causa de su
enfermedad era simplemente un demonio enviado de Satanás
para matar y destruirla, pero Dios la libró; gloria a Su Nombre!
Podría contarles cientos de casos semejantes que han
acontecido en nuestro propio ministerio, pero creo que he
contado suficientes para considerarlos a la luz de las
Escrituras, dejando demostrado que la enfermedad es de
Satanás, causada por espíritus de enfermedad y cuando estos
espíritus son expulsados en el Nombre de Jesús, los enfermos
son curados.

Para nuestra meditación


Sin duda la enfermedad es de Satanás. No sólo las escrituras lo
enseñan, sino que también el sentido común y lógico nos lo
enseña.
Piense: Si la enfermedad fuese de Dios, entonces todos los
hospitales serían ―casas rebeldes‖ y no ―casas de
misericordia‖ porque combatiendo contra las enfermedades, se
estarían revelando contra Dios.
Si la enfermedad fuese de Dios, toda enfermera estaría
desafiando a Dios cada vez que alivia a alguien de su
sufrimiento.
Sin embargo, como la enfermedad es de Satanás, entonces los
médicos, las medicinas, los hospitales, la ciencia de la
medicina, deben ser ciertamente de Dios.
Entendiendo que la enfermedad es de Satanás, toda manera de
aliviar a los que sufren debe ser ordenada por Dios.
Los predicadores que creen que Dios permite que sus hijos
sufran, nunca deben llamar un médico, ni recomendar
tratamiento médico para los miembros de sus iglesias, porque si
hace así, sería procurar evitar la voluntad de Dios en sus vidas.
Pero he notado que los que predican esto, están prontos a
recomendar un médico que consideren ―el mejor calificado‖
para aliviar el sufrimiento a través de la medicina y esto, ya sea
que Dios quiera o no quiera que Sus hijos sufran.
Los predicadores que creen que la enfermedad es una
bendición, nunca deben aceptar un buen tratamiento médico
para recibir alivio, antes deberían orar pidiendo que todos los
miembros de su familia y de su iglesia reciban ―esa‖
bendición. Pero noto que los que predican y enseñan que la
enfermedad es una bendición de Dios, están siempre ansiosos
porque el médico opere y retire la ―bendición‖, quiera o no
quiera Dios.
Aquellos que creen y enseñan que la enfermedad es de Dios,
deben estar contra todos los medios existentes que alivian el
sufrimiento. No es lógico enseñar que la dolencia es dada por
Dios y estar recomendando tratamiento médico para ser libres
de la dolencia.
Cómo la enfermedad es de Satanás, todos los medios para
destruirla deben ser de Dios. Si Dios dejara que suframos para
Su gloria, entonces nos conviene sufrir antes que gozar de
buena salud.
Si es la voluntad de Dios que estemos enfermos no deberíamos
hacer cosa alguna para oponernos a la voluntad de Dios y con
paciencia, habría que permanecer enfermo.
Pero como la enfermedad es de Satanás, entonces todos los
medios de adquirir alivio, deben ser una bendición, ya sea ―la
oración de fe‖ o ya sean los ―dones de sanidad‖ pueden ser
recibidos por los que sirven a Dios fielmente, por los que creen
y confían en Sus promesas divinas. Pero para los que no sirven
a Dios, y no tienen fe en las promesas de Dios para sanar, la
ciencia de la medicina es indispensable.

Capítulo 29

Resumen
Cuando se inició la Turbación
El hombre y la mujer fueron creados con buena salud y fuertes,
felices y en comunión con Dios. Pero Satanás el
archiembustero, llevó a Adán y Eva a desobedecer las órdenes
de Dios, a dudar de la Palabra de Dios. Así es que pecaron
contra Dios y se entregaron a la autoridad de Satanás para ser
esclavos por siempre. A causa de esto, fueron expulsados del
Jardín del Edén, quedando separados de la presencia de Dios
debido a su deliberada desobediencia a la Palabra de Dios. Fue
entonces que la dolencia, el dolor y la enfermedad comenzaron
su obra funesta de destruir la salud de la propia creación de
Dios, y ha continuado así desde entonces, hasta la llegada de
Cristo, el Hijo de Dios, quien tomó sobre Sí los pecados y
enfermedades y se los llevó. Pagó el castigo de la
desobediencia del hombre siendo crucificados y azotado;
soportó la sentencia de muerte en nuestro lugar. Ahora, que Él
ya pagó NUESTRA deuda y ya sufrió NUESTRAS penalidades
en NUESTRO lugar, Dios NOS declara libertados. Por Su
sangre derramada recibimos NUSTRA remisión de pecados y
por Sus heridas fuimos NOSOTROS curados. Mateo 26:28;
1Pedro 2:24.

Nuestra Liberación
Como se ve claramente en los capítulos anteriores de este libro,
nuestra salvación, nuestra liberación y nuestra redención de
todas las obras de Satanás fueron consumadas por Cristo en el
Calvario. Cuando enunció las palabras: ―Consumado es‖ fue
como si se hubiese levantado la bandera del Vencedor sobre la
tierra libertada, donde se libró batalla y el enemigo vencido, fue
obligado a rendirse.
Cristo, o ―Príncipe de Salvación‖ (Heb 2:10), el ―Autor y
Consumador de la fe‖ (Heb 12:2) venció a este mundo, derrotó
nuestro enemigo (Satanás), lo despojó de su autoridad, llevó
nuestros dolores y nuestros fracasos, y resucitó de la tumba,
triunfando sobre el diablo declarando triunfalmente:
―CONSUMADO ES‖. Nuestra salvación, nuestra sanidad, y
nuestra liberación están consumadas. La bandera de la victoria
fue desplegada, el mástil de amor y de paz manchado de sangre
fue enarbolado y la bandera está flameando como un símbolo
de triunfo y victoria completos sobre todas las obras del
diablo, que Jesús vino a destruir.
Ahora somos libres del mal del opresor Satanás en cuerpo,
alma y mente. Nuestra tierra es libertada.
Corintios 6:20
Porque habéis sido comprados por precio; glorificad,
pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu,
los cuales son de Dios.
Cristo, el Príncipe de nuestra salvación, guerreó en nuestro
lugar y nos libertó del poder y dominio del enemigo. Ahora
podemos decir: “Estoy salvo por su sangre y curado por Sus
heridas‖ pues la redención es nuestra para siempre.
Oposición de guerrilleros – Guerra ilegal
Pero ¿por qué hay tantas personas todavía enfermas y dolentes
siendo que muchas son creyentes? Porque a pesar de que
nuestra propiedad fue libertada legalmente del enemigo, a pesar
de que el régimen de Satanás quedó destruido por Cristo, a
pesar de que Satanás fue privado del poder sobre nosotros,
todavía queda una hueste de demonios que continúan
resistiendo nuestro avance y nuestra victoria. No tienen
derecho legal para continuar afligiendo con dolencias y
enfermedades a aquellos que son salvos. Pero ellos saben que
muchos millares de personas no saben que Satanás se entregó y
fue derrotado. Millones de personas no saben que las fuerzas de
Satanás no tienen derecho legal alguno sobre nosotros, pero
continúan la oposición ilegal contra la raza humana y operan
sus asaltos de enfermedad y fracaso contra muchas personas
por causa de la ignorancia del pueblo. Mientras el pueblo no
sepa de la derrota legal de Satanás, él puede hacer sin
impedimento. Pero nosotros debemos leer y conocer la Palabra
de Dios y descubrir el registro de derrota completa de Satanás.
Entonces podemos “resistir al diablo firmes en la fe y él huirá
de nosotros”.

Reconociendo nuestro enemigo


Satanás es nuestro adversario. Los demonios son nuestros
enemigos, que continuamente sufren cuando les decimos
nuestros derechos legales y son envidiosos de nuestra herencia.
Siempre procuran impedir nuestro progreso y tratan de
robarnos cada centímetro cuadrado de nuestra tierra de
prometida. Pero como Josué y los hijos de Israel, debemos
entrar y poseer nuestra tierra prometida in miedo.
Nos conviene reconocer a nuestro enemigo, identificarlo bien,
saber de sus métodos de guerra y prepararnos para expulsarlo
con fe y pericia. Eso podemos hacer solamente leyendo y
conociendo la Palabra de Dios.
2Corintios 10:4
Las armas de nuestra milicia no son carnales, sino
poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas
Efesios 6:12
Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino
contra principados, contra potestades, contra los
gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra
huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.
Todo lo que es destructivo, maligno, detestable y esclavizador
es de Satanás. Todo lo que es bueno, bendito, benigno, amable
y puro es de Dios. “Toda buena dádiva y todo don perfecto
desciende de lo alto, del Padre de las luces” (Sgo 1:17)
“Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad
nos han sido dadas por su divino poder” (2Pedro 1:3).

“Porque el Hijo del Hombre no ha venido para perder las


almas de los hombres, sino para salvarlas”.
(Lucas 9:56)
Todo indica que Satanás es un mal diablo y que Dios es un
buen Dios. Las cosas buenas vienen de Dios y las cosas malas
vienen de Satanás.
Satanás, nuestro adversario, está siempre presente para disputar
nuestra fe, nuestra sinceridad, nuestros derechos de alianza.
Satanás permanece en rebelión constante contra Dios y Su
familia. Pero Jesucristo ―Se manifestó para deshacer las
obras del diablo (1Juan 3:8). Las obras del diablo son y
siempre fueron las de ―matar y destruir” (Juan 10:10) las
almas, mentes y cuerpos de la creación de Dios, ya sea
enteramente o parcialmente, pero Cristo vino para destruir
todas estas obras de Satanás y lo venció, dándonos autoridad
sobre todos los demonios.

Cómo sufre Satanás


¡Qué celoso es él! El se nos opone. Él nos detesta. Pero somos
prevenidos a estar siempre alertas. Nos fue dada una armadura
completa con al cual resistirlo. Jesús, antes de regresar al
Padre, otorgó a todo creyente el derecho de usar ―Su Nombre‖
contra el diablo, ―La espada del Espíritu‖ que es la Palabra de
Dios está en nuestra mano, nuestros pies están calzados con el
Evangelio, el yelmo de nuestra salvación está sobre nuestra
cabeza y el escudo de la fe es nuestra defensa con que
apagamos todos los dardos de fuego del maligno. (Efesios
6:13-18) Oigan a nuestro Capitán diciendo: ―Les doy poder
para pisar TODA fuerza del enemigo” (Lucas 10:19). “Les
doy autoridad y poder sobre todos los demonios‖ (Lucas 91).
“En Mi Nombre expulsarán demonios” (Marcos 16:17).
“Pondrán las manos sobre los enfermos y sanarán” (Marcos
16:18). Nunca tenemos que temer, solamente tener buen ánimo,
ser fuertes en la fe y con toda la armadura de Dios resistir a
Satanás; en el Nombre de Jesús; expulsar demonios y con la
Espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios, VENCER
TODA FUERZA QUE SE OPONGA… ¡Amén!

Capítulo 30

La Enfermedad ¿Es Bendición o Maldición?


Muchas personas dicen: Tal vez Dios produzca un bien a través
de esta enfermedad sobre mí. Puede ser Su voluntad que esté
sufriendo enfermedad. ¡Tal vez sea Su bendición disfrazada!
Puede ser una de las maneras misteriosas con que Él hace las
cosas para cooperar para mi bien‖
Los siguientes hechos son suficientes para demostrar que estas
declaraciones no son verdad:
1- Dios llama a la enfermedad CAUTIVERIO
Job 42:10
Y quitó Jehová la aflicción* de Job, cuando él hubo
orado por sus amigos; y aumentó al doble todas las
cosas que habían sido de Job.
*(La versión de la Biblia portuguesa

dice ―cambió Dios el cautiverio

de Job‖) Está escrito:

Job 2:7 Entonces salió Satanás de la presencia de


Jehová, e hirió a Job con una sarna maligna desde la
planta del pie hasta la coronilla de la cabeza.
Cuando Dios sana a Job, las Escrituras relatan la cura de este
hombre de Dios como liberación del CAUTIVERIO.
Tal CAUTIVERIO nunca puede ser la voluntad de Dios para
los hombres ahora porque dice acerca del ministerio de Jesús:
Lucas 4:18
Espíritu del Señor está sobre mí,
Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los
pobres;
Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;
A pregonar libertad a los cautivos,
Y vista a los ciegos;
A poner en libertad a los oprimidos;
Vemos, entonces que Dios llamó a la enfermedad cautiverio y a
todo cautivo de enfermedad ha sido ahora concedida la
LIBERACIÓN entera y completa.
2- Jesús llama a la enfermedad ATADURA,
LIGADURA.
Luc 13:16
Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado
dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura
en el día de reposo?
Recuerda que cuando Jesús vio a esta mujer encorvada le
dijo: ― mujer estás libre de tu enfermedad‖ (vs.12) Dijo que
Satanás la tenía ATADA. No dio a entender de forma alguna,
que Su Padre amoroso, intentando perfeccionar algún defecto
en ella la tenía atada. Dios o ATA a los hombres. Él los suelta.
Jesús no dijo que la mujer sufría así para que se haga humilde,
no es que era una manera misterios a de Dios para perfeccionar
Su voluntad en ella. Jesús dijo que SATANÁS LA TENÍA
ATADA. Ser atada así no podía ser voluntad de Dios para los
hombres hoy en día. El ministerio de Jesús era ―PONER EN
LIBERTAD A LOS OPRIMIDOS‖ (Lucas 4:18). Fue
profetizado también, acerca de Su Gran Ministerio del Nuevo
Testamento que soltaría “las cargas de opresión” dejaría ir
libres “a los oprimidos” y rompería “todo el yugo” (Isaías
58:6)
3- El ESPÍRITU SANTO llama a la enfermedad
OPRESIÓN
Hechos 10:38
Cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a
Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y
sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque
Dios estaba con él.

No dice ―a todos los bendecidos del Padre‖. Entendemos que


estas son palabras del Espíritu Santo porque cuando Pedro
hablaba estas palabras, todos los que oían fueron llenos del
Espíritu Santo. Entonces, el Espíritu Santo, hablando por
intermedio de Pedro, en la casa de Cornelio, dijo que la
enfermedad es
OPRESIÓN.
Sabemos con certeza que Dios no planeó que sufriésemos
cualquier forma de opresión de enfermedad, o cualquier otra
forma de opresión, porque el ministerio de Jesús, en el Nuevo
Testamento, fue planeado como lo expresó el profeta: ―Para
dejar IR LIBRES ALOS OPRIMIDOS‖ (Isa 58:6)
La libertad, la independencia, la liberación, los yugos rotos, las
cargas sueltas, son las marcas de grandes misericordias del
ministerio del Nuevo Testamento.
Observamos que tenemos así palabras de cada Persona de la
Divinidad, cada una se ha expresado acerca del mal satánico
llamado enfermedad. Dios llama CAUTIVERIO. Jesús las
llama ATADURAS, El Espíritu Santo las llama
OPRESIONES.
Si nuestra actitud difiere de la Divinidad, debe ser porque está
ERRADA.
“Conoceréis la VERDAD y la VERDAD os hará libres” (Juan
8:36)
“Estad pues firmes en la LIBERTAD con la que CRISTO
NOS HIZO LIBRES” (Gal 5:1)

Capítulo 31

La Autoridad del Creyente


Lucas 9:1-2 Habiendo reunido a sus doce discípulos, les
dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y para
sanar enfermedades.
Y los envió a predicar el reino de Dios, y a sanar a los
enfermos.
Habiendo reunido a sus doce discípulos, les dio poder y
autoridad sobre todos los demonios, y para sanar
enfermedades.
Lucas 9:2 Y los envió a predicar el reino de Dios, y a
sanar a los enfermos.
Marcos 3:14-15 Y estableció a doce, para que
estuviesen con él, y para enviarlos a predicar, y que
tuviesen autoridad para sanar enfermedades y para
echar fuera demonios

El Ministerio de Autoridad
Lo que creemos hoy en día es casi una tontería si nos
atrevemos a considerar la REALIDAD de las Palabras de
Jesús. ¡Cuán simple era lo que hablaba y cuán poderosas Sus
palabras!
Lucas 4:32
Y se admiraban de su doctrina, porque su palabra era
con autoridad.
¡Qué gran desafío aceptar Sus palabras exactamente como Él
las habló y comenzar a desempeñar el ministerio como Él dio
mandamiento!

¿Poder dado al que cree?


Pedimos constantemente a todos que no nos miren. Sólo
podemos prometerles un gran desaliento si esperan recibir algo
de nosotros.
Pero Pedro hablaba diferente a nosotros “No nos miren a
nosotros porque no tenemos cosa alguna”. Pero Pedro dijo:
“Míranos, lo que tengo te doy” (Hechos3:4-6). Observe la
diferencia, ¿es posible que eso sea la explicación de la
diferencia en los resultados? Creo que sí.
Pedro explicó que era el poder de Cristo resucitado el que
operaba los milagros (vs 12 y 13), pero ese poder estaba EN
Pedro. Y se prometió el mismo poder a cada persona que cree
(Hechos 2:39)

“Míranos”
El Pueblo hoy piensa que Pedro hizo bien en decir: ―Míranos‖,
pero cuando se trata de nosotros, decimos que lo mismo sería
una blasfemia. Declaro que todos tenemos el mismo poder y
autoridad que Pedro tenía. Todos los que creen pueden hacer
las mismas cosas que los que creían, podían hacer entonces
LLEVANDO A CABO LAS PALABRAS DE COMISIÓN DE
JESÚS, igual que ellos las llevaban a cabo. Si estuviésemos
llenos de ese PODER nosotros también podríamos decir: ―Lo
que tengo, eso te doy‖ y ver los enfermos y cojos restaurados.
¿Elías resucitó de los muertos?
Herodes oía hablar de Jesús y las obras de los doce discípulos,
y reo de sus pecados, habiendo decapitado a Juan el Bautista,
―estaba perplejo porque algunos decían que Juan había
resucitado de los muertos, otros, que Elías había aparecido,
otros que algún profeta de los antiguos había resucitado‖.
(Lucas 9:7,8)

No un profeta resucitado, solamente simples


pescadores
―¡No Herodes, no era Moisés el que hacía estas cosas!, ¡No
era Elías reaparecido! ¡No es el Juan que degollaste, él no
resucitó de la muerte! Era solamente el simple y viejo pescador
Pedro, junto con los otros discípulos de Nuestro Señor
Jesucristo.‖
El pueblo hoy piensa igual a como pensaba en el tiempo de
Herodes. Al recordar a Wigglesworth o algún otro hombre que
se dejaba usar por Dios, piensa: Si uno de esos resucitara de la
muerte, veríamos esas maravillas. ¡Ah hermano! Dios usaba a
Wigglesworth en el tiempo de él; PERO AHORA ES TU
TIEMPO.
Ahora Él quiere hacer de ti un Wigglesworth, un Price, un
Pearlman, un Dowie. Sí, Dios quiere hacer eso de ti mismo.
Eres ―creyente‖ ―Estas señales seguirán a los que CREEN‖.
Quiero que esto penetre en lo más profundo de tu corazón. Esos
milagros no eran efectuados a mano de un profeta resucitado.
Eran obras como las de los pescadores comunes del tiempo de
Herodes revestidos del mismo poder que Elías tuvo, pero no
era Elías.
Si Pablo viviera hoy
La iglesia dice: ―Si solamente Elías estuviera aquí‖ o ―Si
Pablo viviese hoy‖ o ―Si tan sólo tuviésemos a Moisés u otro
profeta entre nosotros hoy; ellos tenían gran poder con Dios, sí,
Dios operaba por intermedio de ellos‖ ¡Ah hermano!
Sobrepóngase a sus deseos desalentadores. Eche a un lado sus
súplicas inútiles. Mire a su alrededor y vera la posición que
USTED tiene hoy. El creyente hoy posee el mismo poder y
autoridad que el creyente tenía antes – Si hace uso de él.
Debilidad es fortaleza
Pero dice Ud.: ―Soy tan pequeño y débil‖ Esa es la clase de
gente que Dios quiere usar. Moisés dijo eso (Éxodo 3:11; 4:1,
10).
Isaías dijo eso (Isaías 6:5). Jeremías dijo eso (Jer 1:6). Jesús
dijo: ―Sin mí, nada podéis hacer‖ (Juan 15:5). Cuando eres
débil entonces eres poderoso (2Cor 12:10). ―Diga el débil,
fuerte soy‖ (Joel 3:10). La potencia de Dios ―se perfecciona en
la debilidad‖ (2Cor 12:9); ―sacaron fuerzas de debilidad‖ los
antiguos profetas (Heb 11::34)

Cuanto más débil usted se sienta, más fuerte ES en


Dios
Este hecho, comprobado por tantas Escrituras, no concuerda
con el testimonio de nuestros cinco sentidos naturales. Pero
―Por FE andamos, no por VISTA (2Cor 5:7) y “La fe es la
certeza de lo que se espera” (Heb 11:1). Por tanto la fe trata de
las cosas INVISIBLES Y NO DE LOS SENTIDOS. Así es que
nos conviene declararnos FUERTES en Él mismo cuando nos
SENTIMOS débiles en nosotros mismos.
El Hombre Natural y la Palabra de Dios
La mente natural nunca comprenderá esta realidad. Ni el
hombre natural podrá entenderla, porque la
“…Los designios de la carne son enemistad contra Dios
porque no se sujetan a Dios, ni tampoco pueden” (Romanos
8:7)

“El nombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu
de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender
porque se han de discernir espiritualmente” (2Corintios 2:14)
…‖Nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios”
(1Co 2:11)

La fe no es sensación
Nunca sentiremos que podemos hacer las cosas que Jesús dijo
que podemos hacer, tales como sanar enfermos, echar fuera
demonios, limpiar los leprosos y resucitar a los muertos,
porque NOS
SENTIREMOS MUY DÉBILES; pero ninguna persona que
esté dispuesta a actuar de acuerdo con sus SENSACIONES, o
que juzgue las cosas de acuerdo con la APARIENCIA
EXTERNA, jamás conocerá la bendición de la potencia de
Dios perfeccionándose en la debilidad humana (la debilidad
que SENTIMOS).
Cuando nos SENTIMOS débiles en la carne, testificamos sobre
nuestra debilidad y así glorificamos a nuestro adversario que
se deleita socavando nuestra fuerza y haciendo fracasar el gran
plan de Dios para esta época de milagros por la fe.
En cambio, si cuando nos SENTIMOS débiles, nuestro
testimonio fuera de acuerdo a lo que Dios ha dicho, dispuestos
a declarar lo que “Cuando somos débiles, entonces somos
fuertes”; este testimonio de la Palabra daría la victoria sobre la
sensación de debilidad y así nos fortaleceríamos para hacer
proezas; todavía más, glorificaríamos a dios, el único que
puede transformar nuestra flaqueza en fuerza y transformar
nuestro fracaso en victoria.

El secreto que traerá Otro Gran Avivamiento


Si la Iglesia puede ser convencida de que ella puede hacer lo
que Dios dice que puede hacer, y que ella es lo que Dios dice
que es; otro gran día de victoria triunfal, como aquellos vistos
en la iglesia primitiva (y creo que aún mayores) será el
resultado inevitable.
Recordemos la gran oración de Jesús por nosotros en
Juan16:18 “Así como Tu Me enviaste al mundo, también Yo
Os he enviado al mundo”. Ahora somos ordenados a
representar a Cristo EN ESTA vida. Tenemos que hacer las
obras de Jesús, tenemos que manifestar Su fe, tenemos que
manifestar Su amor, y tenemos que hablar las PALABRAS del
Padre que Él Cristo nos dio para hablar; Juan 17:7,14. Somos
ordenados a REPRESENTAR a Cristo en toda la faz de este
mundo justamente como Él, nuestro hermano mayor,
representó al Padre en el mundo.
Se puede ver en Jesús, el sueño del Padre hecho un Hijo. Jesús
fue el ―Hijo Modelo‖ pero ahora Pablo dice:
Gálatas 4:6,7
Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones
el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!
Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también
heredero de Dios por medio de Cristo.
Claro que si declarásemos eso, ciertamente seríamos acusados,
como acusaban a Jesús, de hacernos iguales a Dios.
Cierto hermano que entendió su privilegio en el Evangelio, y
que tuvo el coraje de declararlo, fue acusado de la siguiente
forma: “Este señor, se hace igual a Cristo” A esto él respondió
sabiamente: “No, no me hago igual a Cristo. Él me hace igual
a Sí Mismo – y Él lo permite.”

La Autoridad en el Nombre de Jesús


Filipenses 2:9,10
Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le
dio un nombre que es sobre todo nombre,
para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de
los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de
la tierra;
Todos los seres, en todos los tres mundos tienen que
arrodillarse delante del NOMBRE todo victorioso y todo
poderoso; y Jesús dijo que en Su Nombre podríamos hacer las
obras que Él hacía.
Juan 14:12
De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las
obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores
hará, porque yo voy al Padre.
¡Cuán grande es el poder disponible cuando creemos esto y
actuamos con esa autoridad!
Pablo dijo: ―Somos embajadores de Cristo‖ (2Cor 5:20). Un
embajador no duda de la fidelidad del país que él representa,
sabe que será respaldado en lo que diga. Él sabe que lo hará. Él
propio título de su oficio da a entender eso. Se espera así que
Lo representemos. ―… os rogamos en Nombre de Cristo”
(2Cor 5:20). Así, Dios, el Padre, nunca falla en cumplir las
palabras de Jesucristo.

Hijos – no siervos
Si tengo que desempeñar el papel de Cristo, entonces espero
que el Padre me trate como Su Hijo primogénito. Según
Gálatas, capítulo 4, él me tomó por hijo y me constituyó hijo –
me hizo incluso coheredero con Jesús.

Coherederos
Sin dos personas fuesen coherederas de cien mil dólares, no
recibirían cada una cincuenta mil dólares; las dos juntas serían
herederas de cien mil dólares. Los mismos cien mil dólares.
Eso es coherencia.
Pablo dice:
Gálatas 4:7
Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también
heredero de Dios por medio de Cristo.
En Romanos, él esclarece esto todavía más y de manera aún
más penetrante:
Romanos 8:17
Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y
coherederos con Cristo, si es que padecemos
juntamente con él, para que juntamente con él seamos
glorificados.
Nos hace coherederos del mismo poder que Jesús poseía.
Recibimos la adopción de Hijos. Somos herederos de Dios,
como Jesús era heredero de Dios. Es por intermedio de Él que
tenemos este privilegio maravilloso. Es por medio de la fe que
reclamamos esta herencia maravillosa. Es NUESTRA PARA
QUE LA RECLAMEMOS. Es nuestra por derecho legal. Cada
uno de nosotros debe tomar para sí su lugar como un HIJO de
Dios, como un HEREDERO de Dios, y con ese PODER
IGUAL QUE CRISTO, según Juan 14:12. Debemos avanzar
hacia nuestro lugar, actuando representativamente en el lugar
de Jesús, trayendo al mundo las bendiciones prometidas por el
padre Celestial y Eterno.

Enfatizando el fracaso
Se habla y predica mucho acerca de aquellas cosas de las cuales
la Iglesia CARECE, de lo que la Iglesia debería tener; sobre lo
que la Iglesia POSEÍA ANTES y sobre lo que ella NO PUEDE
HACER para solucionar sus FRACASOS, DERROTAS Y
FALTAS; pero se ha dicho muy poco acerca de QUÉ SÍ
PUEDE HACER el creyente, del poder que él REALMENTE
TIENE, y de los secretos de la fe que VENCE.
Hay mucho énfasis dado en el ministerio del predicador en
exponer todos los fracasos, flaquezas, incapacidades y faltas de
los creyentes; pero entendamos que es inútil hacer un
diagnóstico sin prescribir el remedio.
Hablando del punto de vista del ―sentido común‖ me parece
que debemos dar mayor importancia al mensaje que anima al
creyente a intentar hacer lo imposible antes de llevarlo a sentir
fracaso.
Reconozco así también, el hecho de que Pedro comenzó a
hundirse cuando retiró los ojos del Señor. Pero antes de resaltar
su fracaso (porque no quiero que se haga eso contra él), antes
quiero enfatizar la proeza de andar sobre las aguas aunque haya
sido por poca distancia e intentar convencerlo a Ud. de que él
podía repetirlo. Tal vez en la segunda vez, el hubiera podido
enmendar su fracaso.

El poder del coraje bíblico


Tengo leído mucho sobre la sanidad divina, milagros y
ministerios sobrenaturales mediante el poder de Dios, pero
muchas veces terminé la lectura con la impresión que, en
cuanto era posible, solamente algunos especialmente escogidos
serían usados por Dios para desempeñar estas cosas. Mas
cuando un cierto librito, recomendado por un amigo, cayó en
mis manos, noté que el autor del libro se enfocaba
continuamente para convencer al lector que PODÍA hacer
cualquier cosa, y toda cosa que Dios le dijo que podía hacer.
Ese mensaje tenía el espíritu de un vencedor. Me hizo sentir
que YO ERA UN VENCEDOR. Acepté el desafío del autor
LLEVANDO A CABO LA PALABRA DE DIOS, como el
autor persistía en sugerir. Y con este estímulo que YO PODÍA
HACER PROEZAS, y que YO PODÍA VENCER, todo lo que
es espiritual adquirió un nuevo aspecto. El ministerio de
predicador se volvió una cosa diferente visto desde este punto
de vista.
Tu puedes ser vencedor
Creyente, tú PUEDES HACER todo lo que Dios, dice que
puedes hacer. Él dijo: ―Sobre los enfermos pondrán sus
manos y sanarán‖ entonces eso mismo sucederá cuando
impusieres tus manos sobre los enfermos, confiando en que
Dios cumple Su Palabra.
Si Jesús dijo: ―En Mi Nombre echarán fuera demonios‖ y se
NOS dio poder y autoridad sobre TODOS los demonios, como
el texto dice que Él hizo, entonces debe significar que cuando
mandamos a un demonio salir de un endemoniado, el demonio
TIENE QUE OBEDECERNOS, si creemos que Dios cumple
Su Palabra.
Si Jesús quiso decir una cosa, quiso decir lo que dijo. Si la
Palabra de Diso significa una cosa, significa lo que dice: Dios
HARÁ lo que Él dice que hará y nosotros podemos hacer lo
que Dios dice que
PODEMOS HACER.

Di: “Yo puedo” – no digas: “Yo no puedo”


Llegué a notar que no crezco espiritualmente quejándome que
―no puedo hacer‖. Después de prestar atención en hacer de mi
testimonio la afirmación: ―PUEDO HACER‖, según lo que
Dios ha dicho en Su Palabra eterna me noto creciendo
espiritualmente.
Pablo clama: ―TODO LO PUEDO EN Cristo que me
fortalece‖ (Filip 4:13). Pablo nunca habló de que NO PODÍA
HACER, él hablaba de que PODÍA. Acostúmbrate a creer que
PUEDES todo lo que Dios dice que puedes. Cree que es todo lo
que Dios dice que es, ES.
―Somos siempre CREYENTES TRIUNFADORES cuando
creemos en la Palabra de Dios (2Cor 2:14)

Solamente personas simples – como tú y como yo


Moisés, Daniel, David, Elías, Pedro y Pablo eran del mismo
material que nosotros – así es. Eran personas simples, iguales
que tu y yo. ―Elías era hombre sujeto a las mismas pasiones
que nosotros‖ (Santiago 5:17).
Moody, Finney Price, Wigglesworth, Dowie, y muchos otros,
eran gente común, igual a nosotros. La única diferencia es que
se rendían por entero a Dios, creían en Sus palabras y LAS
LLEVABAN A CABO. Eso tú descuidaste hacer, tal vez – en
esto consiste la diferencia entre ellos y tú.

Vacío de ti mismo – Lleno de Dios


Al Rev. Shea de Rochster, Nueva York, el Espíritu Santo le
dijo: ―Sí, puedes tener más de Dios, cuando
Dios pueda tener más de ti” Eso es el principio de Dios que
habla de la consagración de nuestras vidas a Él. Dios ha usado
siempre los hombres que se sometieran en TODO a Él – sí, y Él
TE
USARÁ hasta la altura de tu consagración a Él.

Hoy somos nosotros


Dios quiere despertarnos para el hecho de que TENEMOS
QUE ENFRENTAR AL MUNDO y servir según a una
necesidad HOY, como Pedro lo hizo en su tiempo. HOY es
nuestro día de servir.
Arremángate, oh creyente, tus mangas, sal tu mismo y liberta a
los cautivos. Abre TÚ los ojos de los ciegos, destapa TÚ los
oídos delo sordos, rompe TÚ mismo los puños de la dolencia.
El mundo cuenta con TU socorro. TÚ tienes ese poder en TU
vaso. TE ES dado. Desempéñalo hoy. Inicia hoy, ponlo en
actividad representativamente en el Nombre de Jesús – en lugar
de Él.

Otros partieron – nosotros permanecemos


En la primavera de 1947, mientras pastoreábamos la Iglesia del
Evangelio Completo en McMinnville, Oregón, oí hablar de la
muerte del Dr. Charles Price. Nunca lo había encontrado en mis
idas y venidas, pero al saber de su fallecimiento lloré
amargamente. Dios comenzó a hablarme. El Espíritu trajo a mi
mente a Wigglesworth, McPherson, Pearlman, Smith, Kenyion,
Price y otros ninguno de los cuales oí predicar ni conocí
personalmente – y ellos HABÍAN PARTIDO- PARTIDO
PARA NUNCA MÁS VOLVER A SERVIR EN ESTE
MUNDO. Nunca los encontraré aquí. El mundo nunca más
volvería a sentir la influencia maravillosa de su ministerio, sólo
queda oír lo que hablan de sus proezas de fe. ¡Oh, como fui
quebrantado!
Dije: ―Señor, ELLOS YA FURON. Hay todavía millones de
personas muriendo. Hay multitudes de personas enfermas y
sufriendo. ¿QUIÉN irá a socorrerlas? ¿Quién despertará
nuestras grandes ciudades y llenará nuestros grandes auditorios
con poder magnético de Dios, sanando a los enfermos y
expulsando demonios? ¿Qué va a hacer eso en este mundo
ahora?
Mi comisión
Dios respondió mis preguntas así: “Mi hijo, como YO era con
Moisés, así seré contigo. Ve TÚ y expulsa los demonios. Sana
Tú a los enfermos. Purifica Tú los leprosos. Resucita TÚ los
muertos. He aquí yo TE doy poder sobre todo el poder del
enemigo. No te atemorices. Esfuérzate. Ten buen ánimo.
ESTOY CONTIGO COMO ESTABA CON ÉL. Nadie TE podrá
resistir todos los días de TU vida. (Sabía que por
“nadie” Él quería decir ninguna fuerza maligna). Usaba esos
hombres entonces, pero AHORA TE QUIERO USAR A TI”

Milagros y Sanidades
Acepté lo que Dios dijo, aunque empecé a temblar muchísimo.
Nunca entrará en mi mente que Dios quisiese utilizar un vaso
despreciable como yo. Desde entonces, acontecieron millares
de milagros y sanidades a través de muchos países e islas del
mar en cuanto tomábamos nuestro puesto, haciendo lo mismo
que Jesús nos guiaba hacer. Descubrí que Jesús realmente
quería decir lo que decía al presenciar ver a los ciegos, oír a los
sordos, los mudos hablando y los cojos andando, nuestros
corazones palpitan al saber que Él realmente está CON
NOSOTROS todos los días hasta la consumación de los siglos
(Mateo
28:20)
Sí amigo, Dios TE quiere usar. Si TÚ realmente obedeces a Su
Palabra PONIENDOLA EN
ACTIVIDAD, todo TE será posible. Fíjate en Lucas 1:37
―Porque para Dios no hay nada imposible‖; también fíjate
Mateo 17:20 “nada TE será imposible”. Cuando Dios llamó a
Moisés, Él carecía de un hombre obediente a quien pudiese
usar. Cuando llamó a Josué, precisaba de un hombre. Cuando
llamó a David, precisaba de un hombre (el mundo juzgaba a
David como apenas un niño, pero Dios lo consideraba un
HOMBRE. Cuando Pedro fue ungido en pentecostés, Dios
precisaba de un HOMBRE. Los hombres siempre se valen de
métodos, pero Dios se vale de HOMBRES.

Dios va a usarte
Dios carece de HOMBRES para hoy. Quiere escogerlos de
entre gente tan simple como TÚ y YO. ¿POR
QUÉ NO TE OFRECES A TI MISMO PARA SER EL
HOMBRE DEL QUE DIOS SE PUEDA VALER
HOY? ―¿Quién sabe si para tal tiempo como ESTE (hoy en
día) TÚ llegaste a este reino?‖ Ester 4:14
Si esto te conmueve, hará vibrar mi corazón al saberlo. Este
mismo mensaje ¿no sería gran bendición para muchas otras
personas si lo leyesen?
Pide un stock de libros y ayúdanos a ayudar a otros. “No te
niegues a hacer lo bueno a quién es preciso, estando en tu
mano el poder para hacerlo‖. (Prov 3:27)

Capítulo 32

POR QUÉ LOS CREYENTES ESTÁN ENFERMOS


Y NUNCA DEBEN ESTARLO
¿Eres Tú una de los millones de personas que por mucho
tiempo han permanecido enfermos y débiles?
Si es así, ¿estás buscando sinceramente liberación de esa
enfermedad? ¿Quieres estar bien de salud?; ¿Quieres una razón
para ser sanado? La actitud mental que tengas al leer este
mensaje, determinará el beneficio que recibirás de ella.

La actitud de Dios para con la enfermedad


Primeramente quiero decirte lo siguiente: Dios no estima la
enfermedad, ni precisa que sufras para Su gloria. La
enfermedad no glorifica a Dios más que el pecado o cualquier
otra cosa más. Es la LIBERACIÓN que glorifica a Dios.
Paulo dijo a los Corintios que había ―muchos débiles y
enfermos‖ entre ellos porque no discernían el CUERPO del
Señor. 1Cor 11:29,39. En eso se encuentra la respuesta a las
preguntas acerca de tantas enfermedades en la iglesia hoy en
día. No es que Dios esté purificando o glorificando Su Iglesia
por medio del así llamado ―horno de aflicción‖. No es que
Dios esté probando la fe de sus hijos. La enfermedad es debida
a la falta de instrucción acerca del CUERPO de Cristo como
instruimos acerca de la Sangre de Cristo.
Muchas veces, dirigiendo los cultos en iglesias, hemos pedido a
la asistencia que levanten las manos para determinar cuáles son
las personas enfermas. En casi todos los casos más del setenta y
cinco por ciento, levanta las manos a causa de alguna
enfermedad, dolencia o debilidad. ESO NO DEBE SER ASÍ.
¿Cuál es la razón? ¿Por qué hay un setenta y cinco por ciento
de miembros de nuestras iglesias sufriendo de enfermedades y
dolencias que Jesucristo, nuestro Sustituto, ya se llevó por
nosotros? (Mt 8:17)
Declaro que la respuesta es simple cuando tenemos la actitud
correcta. Tenemos que discernir correctamente el CUERPO del
Señor.

Contraste entre cierta iglesia del Viejo Testamento, y


cierta iglesia del Nuevo Testamento.
Como contraste entre la iglesia de Corinto donde a pesar de ser
pequeña en número, muchos eran débiles y enfermos, quiero
mencionar una iglesia mucho mayor, con cerca de tres millones
de miembros que existía bajo condiciones mucho peores, con
todo, esa iglesia ―no tuvo un sólo enfermo” Salmo105:37. Era
el pueblo de Israel rumbo a Canaán.
He aquí dos iglesias: Una del Viejo Testamento, la otra del
Nuevo Testamento.
Una era controlada por la ley; la otra bendecida por la gracia.
Una fue establecida por la sangre de animales; la otra por la
sangre del Hijo de Dios. Con todo esa iglesia gobernada por la
ley, con sangre de animales, con tres millones de miembros, no
tenía un solo miembro enfermo o débil. Al contrario, esta otra
iglesia del Nuevo Testamento, bajo la gracia y la sangre de
Jesús, con solamente unos pocos miembros, tenía MUCHOS
miembros débiles y enfermos. Había, ciertamente, algo errado
ahí.

La Salud provista en la liberación de Israel


Vamos a visitar a Egipto, donde habitaron los hijos de Israel
durante cuatrocientos años. Los malos gobernantes hicieron
esclavos a los hijos de Dios. Pasaron largos años los hijos de
Israel lidiando como esclavos en una nación pagana. En la
esclavitud, pasaban largas horas clamando al Señor por
liberación.
Pero está escrito, que cierto día
Éxo 2:24,25 Y oyó Dios el gemido de ellos, y se acordó
de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob.
Y miró Dios a los hijos de Israel, y los reconoció Dios.
Y Dios escogió a cierto hombre llamado Moisés, a quién dijo:
Éxodo 3:7-10
Dijo luego Jehová: Bien he visto la aflicción de mi
pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa
de sus exactores; pues he conocido sus angustias,
y he descendido para librarlos de mano de los egipcios,
y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha,
a tierra que fluye leche y miel, a los lugares del
cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del
heveo y del jebuseo.
El clamor, pues, de los hijos de Israel ha venido
delante de mí, y también he visto la opresión con que
los egipcios los oprimen.
Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para
que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel.
Dios aún oye las oraciones de Su pueblo e esclavitud y habla
las mismas palabras a los que necesitan liberación.
Moisés atendió este llamado para libertar al pueblo de Dios.
Luego de mostrar muchas señales y maravillas en Egipto, vino
el tiempo de dar el último paso. Y Dios le dijo:
Éxo 12:3 Hablad a toda la congregación de Israel,
diciendo: En el diez de este mes tómese cada uno un
cordero según las familias de los padres, un cordero
por familia.
Éxo 12:6 Y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes,
y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel
entre las dos tardes.
Éxo 12:7 Y tomarán de la sangre, y la pondrán en los
dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de
comer.
Éxo 12:8 Y aquella noche comerán la carne asada al
fuego, y panes sin levadura; con hierbas amargas lo
comerán.
Éxo 12:11 Y lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos,
vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en
vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente; es la
Pascua de Jehová.
Quiero que noten bien que había dos cosas que debían hacer:
APLICR LA SANGRE del cordero y COMER LA CARNE del
cordero. Muchas personas hacen a un lado este acto de
COMER EL CUERPO DEL CORDERO que es tan
significativo como beber Su sangre.
Note los dos pasos:
Primero: El ángel de la muerte, que iba a pasar sobre Egipto,
matando los primogénitos de cada familia, era tipo de la muerte
eterna del alma del hombre causada por la naturaleza perversa
y pecaminosa por la cual la sangre de Jesucristo, nuestro
cordero, hizo la expiación así como la sangre del cordero
pascual hizo expiación por Israel. Todo esto trataba el
problema del pecado, trataba la necesidad del alma- no el
problema de enfermedad, no la necesidad del cuerpo.
Segundo: El comer la carne del cordero, trataba las necesidades
físicas del hombre. Nos conviene recordar siempre que
COMER EL CUERPO DEL CORDERO no tenía relación
alguna con el pasaje del ángel de la muerte, porque la sangre de
Cristo, nuestro Cordero, es la única expiación por nuestros
pecados, redimiéndonos y libertándonos de penalidad del
pecado, que es la muerte.
Israel iniciaba un viaje, que era tipo de nuestro viaje como
creyente por la vida, rumbo al Canaán
Celestial. Dios planeó que Su pueblo fuese de buena salud y
fuerte para esta salida y ese es aún Su plan.
¿Qué sucedió cuando Israel comió el cordero? Nada importante
que los hombres pudieran percibir; pero el comer la carne del
cordero era tan significativo como la aplicación de la sangre en
los umbrales de las puertas.
Las dos acciones se hacían por fe, vislumbrando en el porvenir
el mismo sacrificio de Jesucristo en el Calvario que nosotros
veneramos como un acto del pasado cuando en fe tomamos de
los DOS EMBLEMAS, el pan y vino, en memoria de la muerte
de Nuestro Cordero.
Dios ha instalado en el cuerpo humano una fábrica pequeña que
se llama el estómago. Los alimentos que comemos se digieren
ahí y salen a entrar en el sistema circulatorio. Y llega a ser
carne de nuestra carne, hueso de nuestro hueso, piel de nuestra
piel, cuerpo de nuestro cuerpo. Llega a ser parte de nosotros.
La carne, ó sea el CUERPO del cordero inmolado en Egipto, al
ser comido, llegó a ser parte de los Israelitas. Llegó a ser carne
de su carne, hueso de su hueso, piel de su piel, cuerpo de su
cuerpo, y era símbolo del CUERPO de Jesucristo, el Hijo de
Dios, quién más tarde iba a ser inmolado por todo el mundo.
(Véase Juan 6:35). Cuya vida, dijo Pablo, sería ―manifestada
en nuestra carne mortal” (II Cor. 4:11), declarando que
nosotros por fe, habíamos llegado a ser “miembros de su
cuerpo, de su carne y de sus huesos” (Efes. 5:30).
Participamos simbólicamente del mismo CUERPO de Cristo
cada vez que participamos del pan en la Santa Cena (Véase I
Corintios 10:16). La fe reconoce esta verdad y reclama los
beneficios prometidos por el CUERPO que fue herido por
nosotros, el cuerpo que recibió los azotes tan crueles por los
cuales somos sanados (I Pedro 2:24).
Los Israelitas comieron el CUERPO del cordero y empezaron
su viaje al día siguiente. En el camino encontraron que todas
sus enfermedades habían desvanecido y todas sus aflicciones
habían desaparecido. Y; ¡he aquí! “no hubo en sus tribus
enfermo” (Salmo 105:37). Nadie estaba enfermo; nadie
debilitado, nadie delicado de salud; al contrario, cada uno de
ellos era fuerte, sano y robusto. Ellos habían comido del cuerpo
del cordero que había llegado a ser parte de su propio cuerpo.;
¡Maravilloso! ¡Admirable! ¡Casi increíble! Piense Ud., en casi
3 millones de personas, ¡ni una persona débil entre ellos!
Cuando obedecieron los mandatos de Moisés, aceptando su
mensaje acerca del cordero Dios hizo un pacto un CONTRATO
con ellos, diciendo. “Yo soy Jehová tu Sanador” (Ex. 15:26).
ESA ES SU PROMESA TODAVÍA, a pesar de que muchos en la
Iglesia de Corinto murieron antes de su tiempo. TODAS las
promesas de Dios esperan nuestro reclamo por fe, entonces
llegan a ser nuestras.
Acuérdese Ud. de que Israel no tan sólo puso la sangre en los
postes, que era un símbolo de la salvación del pecado, sino que
ellos también comieron del CUERPO del cordero, que era
símbolo de la curación de las enfermedades. ¿Por qué digo
esto? Fíjese un poquito más y va a comprender por qué hago
esta declaración.
El PECADO y las ENFERMEDADES son los gemelos de
maldad de Satanás, designados para derrumbar, matar y
destruir la raza humana que es la creación de Dios.
La SALVACIÓN del pecado y la SANIDAD para las
enfermedades son las gemelas de misericordia que Dios ha
provisto para suplir cada necesidad física y espiritual del
hombre.
Cuando Jesucristo se hizo el Substituto del hombre, llevando en
sí el pecado, y las enfermedades del hombre, lo hizo para que el
hombre fuera librado de ellos y de su poder. Así El expió los
pecados del hombre, llevándolos por él (I Pedro 2:24); El
proveyó la manera de quitar las enfermedades del hombre,
llevándolas por el hombre (Mateo 8:17). El hombre que cree
estas verdades y que acepta los sacrificios del Calvario como la
substitución para sí mismo, está libre de sus pecados y de sus
enfermedades, no importa si ―siente‖ ó no un cambio
inmediatamente. Si lo cree y si se porta como si lo creyera en
verdad, siempre se producen los resultados prometidos.

La Liberación del pecado y de la enfermedad


Dios no tan sólo fue el Libertador del ángel de la muerte para
los Israelitas, sino también, el sanador de sus enfermedades y
El dijo, ―Yo Jehová, no me mudo‖ (Malaquías 3:6).
CADA Israelita que puso la sangre en los postes de su casa fue
protegido del golpe del ángel de la muerte, y cada Israelita que
comió carne del cuerpo del cordero fue librado de las
enfermedades y se hizo fuerte, sano y robusto. Ese ha sido el
plan de Dios para sus hijos obedientes en todas Las Sagradas
Escrituras.
En su alabanza a Dios, David dijo, ―Bendice, alma mía, a
Jehová, Y no olvides NINGUNO de sus beneficios. El es quién
perdona todas tus iniquidades (allí tenemos el asunto del
pecado), El que SANA todas tus dolencias (allí tenernos el
asunto de las enfermedades)” (Sal. 103:9, 3); así demostró que
tanto la liberación del pecado como la de las enfermedades ha
sido provista.
Isaías dijo de este glorioso Cristo que había de venir: ―él
herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros
pecados (allí está el asunto del pecado): y por su llaga fuimos
nosotros curados (allí está el asunto de las enfermedades)”
(Isaías 53:5); así demostró otra vez que se ha hecho una
provisión para nuestra liberación tanto del pecado como de las
enfermedades.
Entonces, cuando vino Jesús y empezó a predicar el evangelio
del reino de Dios, fue probado que El es no sólo el Sanador de
enfermedades sino también el que perdona pecados. Era el
mismo Cristo quien dijo, ―Levántate, y toma tu lecho, y vete a
tu casa‖ (allí tenemos el asunto de la enfermedad), quién dijo
también, ―Hijo, tus pecados te son perdonados‖ (allí tenemos
el asunto del pecado) (Marcos 2:5, 11). Jesús así proveyó el
perdón para los pecados y la curación para la enfermedad del
hombre paralítico.

Jesús El Sanador Y Salvador


Tres años de la vida de Jesús fueron utilizados en sanar a los
enfermos y en predicar a los pecadores. Entonces llegó la época
crítica durante la cual iba a hacerse el substituto del hombre.
Iba a hacerse pecador con nuestros pecados (II Cor. 5:21) é iba
a hacerse enfermo con nuestras enfermedades (Isaías 53:10).
Tanto el pecado como las enfermedades había que quitarlos,
pero antes de que pudieran ser quitados justamente, la pena
para ambos tenía que ser pagada. Jesucristo, el sin-pecado y
sin-enfermedad, era el único que podía hacer esto; El lo hizo
por causa de Su gran AMOR hacia nosotros y lo hizo por
nosotros (Isaías 53).
Pero antes de que Jesús fuera a la cruz del Calvario, El trató de
mostrarles a Sus discípulos lo que debían esperar y lo que
serían los efectos del sufrimiento que El iba a padecer. Así
Pablo lo relata todo:
―Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó PAN;
Y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo:
Tomad, comed: esto es MI CUERPO que por vosotros es
partido: haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó también
la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el
nuevo pacto en Mi sangre: haced esto todas las veces que
bebiereis, en memoria de mí‖ (I Cor. 11:23-25).
Es posible que los discípulos que se sentaron a la mesa y le
oyeron hablar estas palabras no comprendieran mucho de lo
que les decía. No tenían idea de lo que iba a pasar... pero pasó.
Cruel, impío, brutal y malo como fue, sin embargo, todo fue
por la liberación mía y la suya.
Por las manos de hombres crueles, Jesús, Nuestro CORDERO,
fue azotado. Le escupieron, Fue herido. Fue atormentado. En
Su cuerpo los terribles azotes de los romanos dejaron hondas
huellas al arrancar materialmente pedazos de carne de Su
espalda. ESTOS FUERON LAS LLAGAS por las cuales según
Isaías y Pedro, FUIMOS SANADOS. Y estas llagas fueron
puestas en Su CUERPO. Su cuerpo fue azotado brutalmente
por nosotros. Esto no fue la expiación hecha por nuestros
pecados. Sino que Jesús estaba cargando en sí nuestras
enfermedades y así proveyó la curación de nuestros cuerpos. Y
quiero decirlo otra vez: aquellos azotes, llagas y heridas por
los cuales fuimos sanados fueron puestos sobre Su CUERPO.
Mateo dice: ―El mismo tomó NUESTRAS enfermedades, y
llevó NUESTRAS dolencias‖ (Mateo 8:17).
Después de que habían azotado y herido Su CUERPO, por
cuyas llagas fuimos nosotros curados, entonces le clavaron en
la cruz y le traspasaron el costado. Su sangre se derramó al
suelo, pero la sangre fue ―derramada por muchos para
remisión de los pecados” (Mateo 26:28), y no para la curación
de las enfermedades.
Jesús, Nuestro Cordero, sufrió de dos maneras. Derramó Su
sangre en la cruz para nuestra salvación del pecado, y llevó en
Su CUERPO las llagas para nuestra curación de las
enfermedades. En la intensa agonía espiritual y la agonía física
del Calvario, que Jesús sufrió mayormente en Su espíritu, dado
que durante aquel tiempo, aún Su Padre Celestial le desamparó,
Jesús llevó nuestros pecados, siendo hecho pecado por nosotros
(II Cor. 5:21). Pero en la agudísima agonía física del Pretorio,
donde Jesús sufrió en Su CUERPO los terribles azotes de los
romanos, llevó nuestras enfermedades; pues allí por Sus llagas
recibió la enfermedad como expiación por nosotros (Isaías
5.3:10), y por Sus llagas somos sanados.
Cuando todo había terminado y Jesús había vuelto a la diestra
del Padre Celestial, y había sentado, ya que todo era
―consumado‖, ya que había librado completamente al hombre,
espiritual y físicamente de toda esclavitud satánica, el Espíritu
Santo reveló a Pablo el significado de todo esto. Se puede
hallar interpretado en las cartas de Pablo.
Así es que Pablo nos habla en la Primera Epístola a los
Corintios, capítulo once, del sacramento de la Santa Cena, que
cada iglesia cristiana observa. Nos habla acerca de los DOS
EMBLEMAS que tomamos en memoria de los sufrimientos de
Jesucristo, Nuestro Cordero: el pan y el vino; símbolos vivos
del CUERPO herido y lastimado por nuestra curación física, y
la sangre derramada por nuestra curación espiritual. Después
nos dice: ―Porque todas las veces que comiereis este pan, y
bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que
venga‖ I Cor. 11:26).
En capítulo 10 de Primera Corintios, versículo dieciséis, Pablo
interpreta estos DOS EMBLEMAS: ―La copa de bendición
que bendijimos, ¿ no es la comunión de la sangre de Cristo? El
PAN que partimos, ¿no es la comunión del CUERPO de
Cristo?”
La SANGRE de Jesús fue derramada cuando El llevó nuestros
pecados para que nosotros no tuviéramos que llevarlos, y para
que pudiéramos escapar de ellos y librarnos del poder del
pecado en nuestras vidas. El CUERPO de Jesús fue azotado
cuando El llevó nuestras enfermedades para que nosotros no
tuviéramos que llevarlas y para que fuéramos sanados y
librados del poder de las enfermedades en nuestras vidas.
Cuando se les enseñe a los cristianos cómo discernir su
liberación de todas las enfermedades y del poder de estas
enfermedades en sus vidas por las llagas en el CUERPO de
Cristo, así como se les ha enseñado discernir su liberación de
todo pecado y del poder de ese pecado en sus vidas por la
SANGRE de Cristo, entonces estarán tan libres de las
enfermedades corno del pecado. Entonces, las enfermedades
tendrán tan poco poder sobre ellos como los pecados. Entonces
no vivirán sufriendo enfermedades así como no cometerán
pecados. Considerarán que las enfermedades son tan
perjudiciales para sus cuerpos corno el pecado para sus almas.
No tolerarán ni las enfermedades ni los pecados. Ni las
enfermedades ni el pecado encontrarán lugar en sus vidas.
Creerán que Dios tendría tan poca razón en hacerles enfermarse
corno tendría en hacerles pecar. Verán que las enfermedades
son de tan poco valor para la gloria de Dios como el pecado.
No admitirán en sus vidas ni las enfermedades ni los pecados.
Verán que los pecados y las enfermedades han sido quitados,
ya que han sido llevados por Nuestro Maravilloso Substituto:
Jesús, el Cordero de Dios, traspasado y herido por nosotros.
Participando De La Comunión (La Santa Cena)
Cuando se nos sirven los emblemas de la Santa Cena en
memoria de la muerte de Nuestro Señor, tomamos la copa del
jugo de la vid, y muy reverentemente, lo tomamos. Después de
beberlo, generalmente, expresamos nuestra gratitud a Nuestro
Padre Celestial por Su Cristo tan precioso, y por el poder
milagroso que hay en la sangre de Cristo para lavar y quitar
todos nuestros pecados. Nos regocijamos porque el poderío del
pecado que había en nuestras vidas ya ha sido vencido; que el
pecado ya no tiene dominio sobre nosotros. Pero, ¿Cómo
sabemos estas cosas? ¿Por qué somos tan confiados? ¿Quién
nos dijo estas cosas? ¿Quién nos dijo que hemos sido redimidos
de nuestros pecados; que hemos sido librados por completo del
poderío del pecado? ¿No han exagerado al decirnos que la
sangre de Jesucristo, el Hijo de Dios, nos limpia de todo
pecado? Contestamos que ¡NO!
Esta es la verdad. La verdad siempre libra. Estamos libres del
PECADO. Una sola vez para todas, Cristo fue sacrificado.
Hemos sido salvados de una vida de pecado, y creemos que el
pecado no tendrá más dominio sobre nosotros, porque somos
SALVOS. Se nos ha enseñado la verdad acerca de esta parte de
los beneficios de la expiación de Cristo. Si nos hubieran
enseñado lo mismo acerca del CUERPO de Cristo, hubiéramos
sido librados de las enfermedades de la misma manera que
hemos sido librados del pecado.
Pero al servirnos el PAN, lo tomarnos con ternura, y
COMEMOS EL PAN (es decir, un recuerdo del cuerpo de
Jesús, Nuestro Cordero), así como los Israelitas comieron del
cuerpo del cordero inmolado en Egipto. Entonces, otra vez
damos gracias por el maravilloso sacrificio de Jesús. Le damos
gracias que el CUERPO de Cristo fue herido por nosotros; y no
nos han enseñado más. No nos han dicho de los beneficios que
podríamos recibir porque Su CUERPO fue AZOTADO Y
HERIDO por nosotros.
Generalmente, durante la Santa Cena los ministros han pasado
Por alto ―El que sana todas tus dolencias‖ (Salmo 103:3). Y
porque la iglesia no ha discernido correctamente el CUERPO
del Señor, muchos están enfermos y debilitados hoy en día.

La Copa Y El Pan
En la Santa Cena, la copa (jugo de uva) representa la sangre de
Cristo derramada en beneficio de muchos para la remisión de
los pecados. Y cuando yo lo tomo, me regocijo porque mi
naturaleza pecaminosa ha sido cambiada; porque he vuelto a
nacer y soy hecho una nueva criatura; porque SOY SALVO.
Con esta actitud, he discernido debidamente la sangre del
Señor. Esto lo han hecho debidamente los Corintios y, miles de
los cristianos de hoy día.
En la misma Santa Cena, el pedazo del pan partido representa
el cuerpo de Cristo, herido con azotes crueles, por cuyas llagas
se me curó y se me quitó mi enfermedad. Cuando lo tomo, me
regocijo porque mi cuerpo debilitado y enfermo ha sido
cambiado; Porque ha llegado a ser hueso de Su hueso, carne de
Su carne, y cuerpo de Su cuerpo (Efesios 5:30). y que ―la vida
de Jesús es manifestada en mi carne mortal (que era débil y
enfermo)‖ (II Cor. 4:11); que las enfermedades ya no tienen
más poder sobre mí; que
SOY SANADO. Con esta actitud, he discernido debidamente el
CUERPO del Señor. Esto, multitudes hoy día NO LO HAN
HECHO.
Sirviendo Los Emblemas, Rehusando Los Beneficios
Muchas veces me he preguntado por qué aquellos pastores que
no predican la curación divina para el cuerpo, sirven el PAN a
su congregación, aquel pan que representa el CUERPO de
Cristo, sobre el cual fueron puestas las llagas y heridas, por las
cuales nosotros ( todos los creyentes) fuimos curados ( Isaías
53:5; 1 Pedro 2:24. Sería consecuente que sigan sirviendo la
―copa‖, que representa la sangre derramada por la remisión del
pecado, a sus congregaciones porque la han discernido
debidamente y son bendecidos por la SANGRE de Cristo; pero,
parece inútil y una pérdida de tiempo que sirvan a sus
congregaciones el
―pan‖ que representa el CUERPO del Señor, azotado y herido
en beneficio de nuestra salud física, NI luego sigan diciéndoles
que la curación divina va no es para la iglesia de hoy día. Si no
lo es, entonces, yo sugeriría que sean consecuentes y que dejen
de servir el EMBLEMA del sacrificio de Jesús, Nuestro
Cordero, que provee tal curación a la iglesia. Muchos de sus
miembros están enfermos ó debilitados porque. aunque
participan del Cuerpo del Señor no comprenden (disciernen) el
CUERPO del Señor como deben.
Cuando Jesús dijo: ―Este pan que por vosotros es partido
representa mi cuerpo‖. El esperaba que comprendiésemos que
fue su cuerpo que recibió las llagas crueles por las cuales
somos curados. El discernir debidamente a Su cuerpo traerá la
liberación de nuestras enfermedades, lo mismo que el discernir
Su sangre derramada quitará nuestros pecados. Algunos toman
La Santa Cena indignamente y por lo tanto no son capaces de
discernir ni aprovechar con fe el cuerpo del Señor para su
salud, aun después de haber recibido instrucciones. Si un
hombre que necesita salud, primero ―se examina‖, se pone en
armonía con Dios, para que pueda ―comer el pan y beber la
copa dignamente‖, como Pablo les enseñaba. Entonces será
capaz de discernir el cuerpo del Señor con fe para su salud.
Los beneficios de la curación en el CUERPO herido de Nuestro
Cordero, son enseñados tan claramente por todas Las Escrituras
como los beneficios de la salvación en la SANGRE derramada
de Nuestro Cordero.
Discierna Ud. el CUERPO como haber sido azotado y herido,
por cuyas heridas sus enfermedades fueron sufridas y Ud. fue
curado y la salud será suya tan seguramente como cuando
discierne la SANGRE como haber sido derramada por usted; y
en ese sacrificio sus pecados fueron llevados por otro y ahora
Ud. es salvo.
La enfermedad perderá su poderío sobre su cuerpo así como el
pecado perdió su poderío sobre su alma.
Usted estará tan libre de las enfermedades como del pecado.
Cristo, su Substituto, llevó ambas cosas POR USTED, por lo
tanto, no es necesario que usted los lleve. Creyendo esta
porción de la Palabra de Dios y portándose conforme a tal
creencia, usted está libre... sí, libre de las enfermedades así
como del pecado.
Es necesario que el pecado y las enfermedades sean llevados
una sola vez. Y dado que está escrito que Jesucristo ya los ha
llevado, entonces el hecho de que Cristo ya los llevó resulta
completamente EN VANO en vista de que usted no ha sido
beneficiado.
Pero yo le declaro que como Cristo ya los llevó, usted y yo
NUNCA NECESITAREMOS LLEVARLOS y así ―por Sus
llagas somos sanados” y por Su sangre tenemos la ―remisión
del pecado‖. Ahora ya no creemos en el derecho de las
enfermedades para reinar en nuestro cuerpo así como negamos
el derecho del pecado para reinar en nuestro espíritu.
Reclame por la FE a ambas de estas provisiones maravillosas.
Acéptelas como las suyas. Acepte Ud. a Jesús como su
Salvador y estará libre de las enfermedades lo mismo como
está libre del pecado.
Nadie jamás clamó socorro en vano a Cristo en el sufrimiento,
pero cuando multitud tras multitud Lo apretaba queriendo
sanidad lo que está escrito siempre es lo mismo “Curó a todos”
Mat 4:24; 8:16;
12:15,35; 14:14; Lucas 4:40; 6:19 etc. ―Y poniendo sobre
ellos las manos, los sanaba‖ Lucas 4:40. Crsot vino a hacer la
voluntad de Su Padre, por lo tanto, predicaba el evangelio y
―curó a todos los que estaban enfermos‖. ―Anduvo…
sanando a todos los oprimidos por el diablo” (Hechos 10:38).
Su razón para curar a TODOS se encuentra en la expiación. Él
tomó sobre sí (substitutivamente) NUESTRAS enfermedades y
llevó NUESTRAS dolencias (Mat 8:17). Se fueron
NUESTRAS dolencias que el Señor llevó, Él las llevó todas.
Cuando Jesús curó a la mujer con hemorragia, no lo hizo sólo
por esa mujer, lo que hizo en su muerte fue por todo el mundo.
Desde que la expiación fue la razón por la cual Cristo curaba a
TODOS; Él quiere continuar curando a TODOS los que
cumplieren las condiciones, porque lo que la expiación hacía
por los que vivían en aquel tiempo, fue también por nosotros en
nuestro tiempo. “Él probó la muerte por todos”. Su propósito
en ordenar predicar esto a toda criatura (Mar 16:15-18) es que
toda criatura reciba los beneficios.
Capítulo 33

Algunos Enemigos de la Fe
1- El deseo de leer acerca de la Palabra en lugar de
leer la propia Palabra
―La fe es por el oír y el oír por la Palabra de Dios‖ (Rom
10:17)
Leer acerca de la fe, acerca de los hombres de fe, produce
apenas un anhelo profundo por la fe. Es solamente leyendo u
oyendo la lectura de la PALABRA de Dios que produce fe.

2- Ignorar lo que es creer


Hay gran diferencia entre un sustantivo y un verbo. Un
sustantivo es el nombre de una persona, lugar u objeto. Un
sustantivo puede indicar una cosa absolutamente muerta, por
ejemplo: ―cadáver‖ es un sustantivo. ―Cajón‖ es un
sustantivo. Pero un verbo, generalmente, significa ACCIÓN.
Un maniquí o un cadáver no pueden ACTUAR. ACTUAR es
VIDA que produce acción. FE es un sustantivo, CREER es un
verbo. Conozco personas que dicen tener gran fe. Algunas
decían que tenían ―toda la fe del mundo‖. Eso puede ser, pero
―toda la fe del mundo‖, si no fuera acompañada por la acción
correspondiente, es FE MUERTA. “La fe sin las obras es
muerta” (Santiago 2:20). Es posible tener fe y con todo no
adquirir cosa alguna de Dios. Pero CREER es diferente, porque
la palabra ―creer‖ es un verbo y un verbo generalmente indica
acción. Cuando crees estás concretando la promesa. Es cuando
juntas la acción con tu fe, eso es CREER. Es el acto de
desempeñar la promesa, siempre lleva a Dios a actuar para
cumplir la promesa. Creer en la Palabra es concretar, llevar a
cabo la Palabra. Creer y actuar. La fe es la causa de la acción.
3- La confesión errada
No debes hacer una cosa y confesar otra. Pablo dice: ―Con
la boca se confiesa para salvación‖ (Rom 10:10). No es
correcto confesar a Jesús como tu Señor y luego comportarse
como pecador. Si lo hicieses, tu confesión no significaría
cosa alguna. Serían solamente palabras vanas. Si confesaras
―Por sus heridas fui curado‖ no estarías en cama por causa
de la fiebre. Ésta no tendría importancia y todo se haría
según tu confesión. Ningún síntoma podría interferir si
retienes firme la confesión de tu fe, porque ―fiel es Aquel
que prometió‖ (Heb. 10:23).
Jesús es el Sumo Sacerdote de NUESTRA CONFESIÓN
(Heb. 3:1). Él cumplirá Sus responsabilidades como
Sacerdote, teniendo cuidado de que recibamos el
cumplimiento de todas las promesas de Dios, aquellas que
confesamos con nuestra boca y creemos en el corazón.
La Palabra de Dios en nuestra boca y en nuestro corazón es
equivalente a SU VOZ, y excluye toda razón para la duda. Es
entonces que la ―simiente‖ (que es la Palabra de Dios) está
en ―buena Tierra‖, donde SIEMPRE produce fruto. No hay
posibilidad de fracaso cuando actuamos así, según la Palaba
de Dios. Es de esta manera que probamos que las Palabras de
Cristo son ―espíritu y vida‖, como Él dice que son. ―Yo
soy el Señor que te sana‖… ―en tu boca y en tu corazón‖
(Rom. 10:9) hará desaparecer ―toda enfermedad‖.
Cuando María dijo al ángel Gabriel: ―Hágase conmigo
conforme a tu palabra‖, eso fue ―una palabra de fe‖ en su
boca y en su corazón, y convirtió las palabras del ángel en
poder creativo y dio así el Salvador al mundo. Todas
nuestras bendiciones han sido el resultado de la ―palabra de
fe‖ en el corazón de ella.
La Palabra de Dios en nuestro corazón y en nuestros labios
es tan eficaz como cuando Dios dijo:
―Hágase la luz‖, ya que ―el universo fue constituido por la
Palabra de Dios‖. María dice: ―Hágase en mi según Tu
PALABRA‖ con fe lo que era imposible según los hombres.
Eso es llamar “las cosas que no son como si fuesen” como
lo hizo Abraham (Rom 4:17)
Todas las promesas son Dios hablándonos. Así entonces, en
lugar de dejarlas pasar desapercibidas, digamos como María
―Hágase en mí, según Tu PALABRA‖ a cada promesa. De
esta forma comprobaremos que no hay Palabra de Dios que
esté vacía de poder.
4- La Esperanza

La Esperanza nunca es fe
La esperanza es expectación. La fe transforma la esperanza en
realidad.
Mucha gente confunde ESPERANZA con FE. Pero la
esperanza es siempre futura así como la fe siempre es ahora.
La esperanza es vigorosa; está siempre llena de entusiasmo
pero nunca posee cosa alguna. El propio hecho de ESPERAR
una cosa es prueba de que no la tenemos; pero la fe es
poseedora. ¡Cuán grande es la diferencia!
Tanto la esperanza como la fe, son bíblicas, a pesar de no ser la
misma cosa. Hay tiempo de espera, y hay tiempo de poner la fe
en actividad. Esperamos las bendiciones que Dios preparó para
nuestro futuro (o sea una corona de justicia, una mansión,
felicidad eterna etc.) pero debemos concretizar nuestra fe por
las bendiciones que Dios suplió para nosotros AHORA. La
sanidad, como el perdón es una provisión para todos, y es
ofrecida gratuitamente a todos AHORA, y por la cual nunca
debemos ESPERAR, pero sí reclamar por la FE, ahora.
Hay promesas en la Biblia, y hay también, declaraciones de
hechos en ella. Una promesa es para el futuro, pero una
declaración de un hecho es para el PRESENTE. La vida de
Cristo es una esperanza. Las mansiones que vamos a ver, son
una esperanza. Es futura. ―La esperanza no avergüenza‖, dice
la Palabra. La esperanza pertenece a cosas futuras. No
esperamos lo que ya tenemos. Romanos 8:24. La fe recnoce las
cosas que las Escrituras declaran sr nuestras y las reclama a
pesar de los síntomas mentirosos. Por ejemplo: “Por Sus llagas
fuimos sanados”. Eso no es una promesa. Eso es una
declaración de un hecho. Eso no ESPERAMOS. La fe reclama
eso ahora y si creemos en eso, PONEMOS ESA
DECLARACIÓN DE HECHO EN ACTIVIDAD. Nos
levantamos de la cama. Lanzamos a un lado todos los auxilios.
Concretizamos toda nuestra liberación como haríamos si un
abogado nos informase que mil dólares nos fueron dejados
como herencia en el banco. NO ESPERARÍAMOS cobrarlo en
algún tiempo futuro sino que iríamos a cobrar el dinero. Nunca
digamos: ―Espero ser curado algún día‖. Ya FUIMOS
CURADOS. Creamos en eso y comportémonos según nuestra
fe; la salud será nuestra.
5- Orar pidiendo fe
Algunos oran de esta forma: ―Señor, ayúdame a tener
fe”. ―Ayúdame a creer en Tu Palabra‖. Se olvidan que la
Biblia dice que ―la fe es por el oír… la Palabra de Dios‖
(Rom 10:17), no por la oración que pide fe. Pedir fe sería
como si dijese: ―Padre, ayúdame a estar convencido de
que querías decir lo que dijiste cuando diste esta
promesa‖. Aquellos que pidan fe a Dios no reconocen que
Jesús dijo que somos CREYENTES (los que creen). Aquel
que es creyente no puede dudar. Jesús dijo: ―Aquel que
cree será SALVO‖. Si eres salvo, eres creyente. Nunca
pidas al Padre que te ayude a creer. Eres creyente. Ahora
ACTÚA EN SU PALABRA.
6- Concordar con la Palabra
Muchos que dicen que tienen toda la fe del mundo prueban
luego, muchas veces lo contrario, de lo que dicen. Por
ejemplo dicen: ―¡Sí, realmente tengo toda la fe del
mundo! ¡Siempre creí en el precioso libro de Dios, la
Biblia! Pero por alguna razón no consigo curarme. Nunca
tuve salud. Me esfuerzo constantemente par creer, pero
parece que no alcanzo cosa alguna. ―Tal persona no
reconoce el hecho que Dios dice que FUE CURADO en el
Calvario por las heridas de Jesús. Rehúsa creer que le fue
dada buena salud cuando Cristo sufrió las heridas por las
cuales fue sanado. Concuerda con su cabeza que la Palabra
es verdadera, pero no lo cree de corazón y nunca TRAJO
A MANIFESTACIÓN LAS PALABRAS DE DIOS. Toda
la fe que algunas personas tienen es solamente ACERCA
DE LO QUE HABLAN. Aunque parezca extraño, el hecho
es que siempre se muestra la fe más por las acciones que
por las palabras. Cuando los cuatro hombres de la historia
relatada en Marcos 2 llegaran con el paralítico y lo bajaran
por el techo Jesús “viendo la fe de ellos”- no los oyó
hablar de la gran fe que tenían, más VIENDO su fe, sanó
al hombre. Vio su fe en sus ACCIONES. Nunca hables ni
alardees de tu fe. Si tienes fe, ¡muy bien! “Sin fe es
imposible agradar a Dios” (Heb 11:6), pero no hables
constantemente de tu fe. CONCRETA TU FE. Eso es
creer.
Si Dios dijo: ―Yo soy el Señor tu Sanador‖ y ―que cura
TODAS tus enfermedades‖, entonces PON ESO EN
ACTIVIDAD. Y así va Dios a actuar para cumplir Su
promesa. No te quedes en tu cama hablando de tu fe,
mientras te quejas del dolor que sufres; levántate
confiando en la Palabra de Dios, CONCRETANDO TU
FE, y Dios cumplirá Su Palabra.
7- Confiar en la fe de otro
Ten tu propia fe. Toda persona debe edificar su propia fe.
Noto que la mayor parte de las personas vive en la mayor
indiferencia hasta que enfrenta un gran peligro.
Caen enfermos, o un ser querido sufre o surge un problema
financiero u otro problema que amenaza toda su vida
futura. Entonces procura desesperadamente encontrar
alguien para poder llorar y suspirar, citar Escrituras y hacer
lo que llaman ―oración‖ – pero todo es inútil porque no
está basado en la fe. Si hubiese fe, no habría lloros y
suspiros. Habría regocijo porque sabrían que cualquier
cosa que pidiesen al Padre en el Nombre de Jesús, Él lo
haría.
NO se aumenta la fe compadeciéndose. Se aumenta
CONCRETANDO LA PALABRA y dejando a la Palabra
habitar en nosotros como habitaba en Jesús.

Capítulo 34

Estas son Algunas cosas que No Debes Hacer


1- No te esfuerces para creer. PON EN MARCHA LA
PALABRA. Eso es creer.
2- No confieses algo que contradiga la Palabra de Dios.
Cuida de tener un testimonio y una confesión que
concuerden con la Palabra de Dios a pesar de cualquier
síntoma mentiroso. Reconoce Su Palabra.
3- No te fíes en la fe de otro. Ten tu propia fe. Tu ERES un
creyente. TIENES fe. Mira Romanos 12:3. 4- No hables
con duda e incredulidad. Cita las Escrituras firmemente y
ellas serán tuyas. ―Ellas vencerán (al adversario) por la
sangre del Cordero y por la Palabra de Su testimonio‖
(Apoc 12:11)
5- No sea tu hablar de enfermedad y dolor. Habla acerca de
tu sanidad. Cuando hablas sobre enfermedad glorificas al
diablo y por tus palabras eres capaz de enfermarte. Haz
que tu adversario tenga que oírte alabar a Dios y contar
las cosas de la Palabra viva y de Sus promesas, y así no
permanecerá mucho tiempo contigo. Jesús, tentado por
Satanás, venció diciendo: ―Escrito está‖ – y entonces
repitió las Palabras de Su Padre. Puedes vencer a Satanás
de la misma manera.
6- No digas: “Soy un Tomás incrédulo”. No hagas
entristecer el corazón de Jesús más que cuando Tomás
dudó de Su resurrección o cuando Pedro lo negó. Dudar
de la muerte sacrificial
expiatoria de Jesús es el pecado más condenador de los
pecados. Esta actitud para con las heridas de Jesús no
puede ser menos pecaminosa.
7- NO hables de fracaso, incapacidad, de lo que no puedes
hacer. Di ―Todo lo puedo en Cristo que me fortalece‖ ,
―Mas en todas estas cosas, somos más que vencedores‖.
Estas son palabras de una persona que es vencedora en
todo, que tomó a su cargo el ministerio de este Evangelio
bendito: ―YO PUEDO‖, nunca que no puedes. No
puedes acrecentar fe sino pones en práctica la Palabra.
No puedes conformar una vida sólo de oración. Pon la
Palabra en acción y déjala habitar, permanecer y ocupar
su lugar justo en ti. ―Sed HACEDORES de la Palabra
y no solamente oidores engañándoos a vosotros mismos‖
(Santiago 1:22-25)

Capítulo 35

El Poder de la Palabra de Dios


“En el principio CREÓ Dios los cielos y la tierra” Gen 1:1.
Observe COMO Dios creó los cielos y la tierra.
“El DIJO: Hágase la luz (Observe que Dios solamente habló
LA PALABRA: Hágase la luz – y vemos el resultado) y LA
LUZ SE HIZO”
“Y DIJO Dios: Haya expansión…Y FUE ASÍ” Gen 1:6,7
“Y DIJO también Dios: Júntense las aguas que están debajo
de los cielos en un lugar,y descúbrase los seco. Y FUE ASÍ.
Gen 1:9
“Y DIJO Dios: produzca la tierra… y ASÍ FUE” (Gen 1:11)
“Y DIJO Dios: Haya luminares… y ASÍ FUE” (Gen 1:14,15)

Como Dios creó lo que es


Acabamos de ver por la Palabra de Dios, como comenzaron a
existir todas las cosas.
Heb 11:3 Por la fe entendemos haber sido constituido el
universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se
ve fue hecho de lo que no se veía.
Cuando nosotros como hijos del Dios vivo, comenzamos a
reconocer que hay PODER, sí, PODER CREADOR, en lo que
Dios DICE, entonces comprenderemos una verdad que torna
posible todas las imposibilidades, que vuelve fácil lo que antes
parecía difícil.
Antes de que conociéramos el PODER DE LA PALABRA DE
Dios, ESA PALABRA, todavía no era algo vivo para nosotros.
Ella todavía no adquirió vitalidad, es apenas una bella doctrina,
un credo, un dogma.
Ella permanece muerta e inútil; un producto de imprenta, una
combinación de papel y tinta. Pero oigamos lo que Jesús dice:
“Las PALABRAS que os HE HABLADO son ESPÍRITU Y
SON VIDA” (Juan 6:63)

Cuando Dios habla


Cuando Dios HABLA (noten bien) el mismo PODER
CREADOR opera como opera cuando Él HABLÓ Y EL
MUNDO PASÓ A EXISTIR. Su PALABRA ACTUAL es tan
eficiente, tan poderosa, sí, generadora como cuando ―el
universo fue constituido por su PALABRA‖.
Eze 12:25 Porque yo Jehová hablaré, y se cumplirá la
palabra que yo hable…
Dan 9:12 Y él ha cumplido la palabra que habló…
Mat 24:35 El cielo y la tierra pasarán, pero mis
palabras no pasarán…
1Pe 1:25 Mas la palabra del Señor permanece para
siempre…
Rom 4:16 Por tanto, es por fe, para que sea por
gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su
descendencia…
Rom 4:21 plenamente convencido de que era también
poderoso para hacer todo lo que había prometido;
Luc 1:37 porque nada hay imposible para Dios. (la
versión brasilera dice “Porque ninguna
Palabra venida de Dios, será imposible”)
Aplicar la Palabra
Cree en la Palabra de Dios. Confía en Su Palabra. Conoce el
poder, el PODER CREADOR de Su Palabra, entonces podréis
ejecutar Su Palabra.
Si Dios dice: ―Yo soy el Señor que TE SANA‖ (Ex 15:26) y si
creyeras en el PODER de esas maravillosas palabras
EJECÚTALAS. Entonces el enfermo que está en cama se
levantará por la fe y quedará sano; el cojo saltará como un
siervo, la lengua del mudo comenzará a cantar, los oídos de los
sordos se abrirán, los dolores huirán, las tinieblas serán
disipadas y comenzarás a hacer aquellas cosas que NO
PODÍAS HACER antes de que confiaras EN LA PALABRA
DE DIOS, antes de concretar esa Palabra y quedaras sano.
EL PODER CREATIVO DE LA PALABRA DE DIOS creará
en tu cuerpo aquello mismo que necesitas para tener salud y
hacerte fuerte. La flaqueza se cambiará en fortaleza; la muerte
se cambiara en vida; la enfermedad se cambiará en salud y las
imposibilidades se cambiarán en posibilidades.
Créanme amigos, ustedes que necesitan socorro pueden
levantarse AHORA por la fe, CREYENDO OSADAMENTE
EN LA PALABRA DE Dios y recibirán fuerza nueva para sus
cuerpos tomados de dolores. Pueden probar personalmente el
PODER MARAVILLOSO Y CREATIVO DE LA PALABRA
DE DIOS simplemente creyendo en ella hasta el punto de
PONERLA EN ACCIÓN.

La fe probada por las acciones


―Pon la Palabra de Dios en acción‖ porque ―la fe sin OBRAS
es muerta‖ Sgo 2:20. Esta Escritura quiere decir que tenemos
solamente tanta fe como la hacemos concreta. Este hecho
pequeño es grande: la fe nunca se vanagloria; ella siempre
actúa.
Sería un disparate decir que creemos en cierta cosa y rehusar
actuar según el caso lo exija. Sería vano declarar que tenemos
gran fe en el puente sobre cierto abismo y al mismo tiempo
rehusarnos a atravesarlo con nuestro auto. Santiago dice
Santiago 2:22. ¿No ves que la fe actuó juntamente con
sus obras, (las de Abraham) y que la fe se perfeccionó
por las obras?
Nuestras ACCIONES justificarán nuestra fe.

La fe en acción siempre vence


Durante una de nuestras campañas de Sanidad en Kingston,
Jamaica, la multitud cercó los contornos del auditorio
esperando desde las 3:30hs de la tarde hasta las 6:30hs, horario
en que se abrían las puertas. Una pobre mujer que venía de las
afueras de la ciudad, cargaba a su marido que sufría un ataque
de apoplejía, en su espalda. Al hallar la puerta ya cerrada y
viendo centenas de personas saltando el muro, puso a su
marido por encima del muro y en seguida pasó también por
encima. Entonces levantando su marido del suelo, lo llevo
dentro del predio y se paró en la fila de oración. Ella hizo
manifiesta su fe. No es necesario decir que él hombre volvió
caminando, sanado pro el poder de Dios. La fe en acción
siempre vence.
Una mujer, víctima de cáncer y paralítica fue llevada a uno de
nuestros cultos y dejada en un cuarto. Esperaban que ella
muriera antes de finalizar el culto. Hacía seis meses que no
podía estar sentada. Sus pies y piernas estaban enteramente
paralizados. Después de ministrar la Palabra, entramos y le
pusimos las manos reprendiendo el cáncer. Pregunté: ―Irma
¿Cuándo quiere estar bien de salud?” Ella dijo: ―Ahora‖. Yo
dije: “Entonces levántese en el Nombre de Jesús y séalo ya”.
Ella arrastró despacio sus pies de la cama y se sentó; se puso de
pie levantó sus brazos y salió caminando en frente de la
asistencia alabando a Dios en alta voz. Ella manifestó su fe.
En el minuto preciso en que la Fe comienza a manifestarse en
acción, dependiendo enteramente de lo que Dios HA DICHO
EN SU PALABRA, o poder creativo comienza su obra, y la
enfermedad tiene que desaparecer. Nunca te resistas a creer en
Dios y HACER SEGÚN SU PALABRA. Recuerda lo que
Jesús dijo al padre de la niña de quien los escépticos dijeron
que había muerto: “No temas, CREE SOLAMENTE” Marcos
5:36
MI corazón palpitó al notar que la palabra ―creer‖ es un
VERBO. Porque un verbo generalmente indica ACCIÓN.
Santiago sabía eso cuando escribió también:
Stg 2:14 Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno
dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe
salvarle?
Él agregó:
Santiago 2:18… Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te
mostraré mi fe por mis obras.
Si Dios podía crear un mundo con Sus palabras ―HÁGASE
LA LUZ‖ entonces Él puede curar ciertamente tu cuerpo
enfermo con Sus Palabras. ―envió SU PALABRA y los sanó‖
Salmo 107:20
Juan 1:1-3 En el principio era el Verbo, y el Verbo era
con Dios, y el Verbo era Dios.
Este era en el principio con Dios.
Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo
que ha sido hecho, fue hecho.
Dios se une a sí mismo con Su Palabra. Él no solamente está en
Su Palabra, sino que apoya Su Palabra.
No se puede separar Dios de Su Palabra. No solamente llamó a
existir cosas que no existían, haciéndolas existir en un
momento, sino que conforme a Jeremías 1:12, Él vela sobre Su
Palabra para que ninguna de Sus Palabras falle – antes que se
terminen de cumplir.
Dios dice: “Yo soy el Señor tu Sanador” (Ex 15:26). Esta
palabra de promesa ―permanecerá para siempre” (1Pedro
1:25). La Palabra es como Su Autor, eterna, invariable y viva.
La Palabra de un hombre es lo que el hombre es. La Palabra de
Dios es lo que Dios es. Descreer en esa Palabra es descreer de
Dios que es el Autor. Nuestra actitud para con la Palabra de
Dios determina todo.
Cuando fue dicho a María que iba a concebir por la virtud del
Espíritu Santo y daría a luz a Aquel que iba a salvar al pueblo
de sus pecados, ella no comprendía cómo podría suceder tal
cosa. Al ojo natural era imposible. La razón ocupa el lugar de
la Palabra si lo permitimos. Actuar según la Palabra
sobrenatural de
Dios o concuerda con nuestros sentidos. Parece ser
―fanatismo‖. Pero maría nos dio el secreto del favor con Dios
cuando dijo: ―HÁGASE EN MÍ SEGÚN TU PALABRA‖
(Lucas 1:38). Eso agradó al Padre y FU HECHO.
Cuando la Iglesia aprenda a dejar a un lado sus argumentos y
abandone sus conocimientos teóricos, reconociendo que “los
designios de la carne son enemistad contra Dios” (Rom 8:7),
será cuando nuevamente diga: ―Hágase en mí TU
PALABRA‖, y actúe según esta declaración; entonces ella
barrerá al mundo nuevamente con victoria y poder triunfal. La
iglesia se identificará a sí misma correctamente y será
identificada por los demás como ―los trastornan al mundo
entero‖ (Hechos 17:6)

Admirados con la Palabra de Jesús


Después de haber sido bautizado por Juan en el Río Jordán,
Jesús fue llevado por el Espíritu Santo al desierto donde fue
tentado durante cuarenta días. ―Y Jesús volvió en el poder del
Espíritu a Galilea‖ (Luc 4:14) para iniciar Su Ministerio
terrenal.
La primera cosa que hizo admirar al pueblo y que cautivó la
atención de ellos fue que JESÚS HABLABA CON PODER Y
AUTORIDAD. ―Se admiraban de Su doctrina‖- ¿Por qué?
Porque Su PALABRA ERA VERDADERA CON
AUTORIDAD‖ (poder) (Lucas 4:32). Exclamaban: ―Qué
PALABRA ES ESTA! Que hasta a los espíritus inmundos
manda con AUTORIDAD Y PODER y ellos salen (vs 36).
Este hombre JESÚS en pie sobre un barco de pescador, DIJO a
la tempestad que sobre un cielo ennegrecido rugía y sacudía al
barco de un lado a otro: ―Calla, enmudece‖ (Mar 4:39) ¡y así
fue! Hubo grande bonanza. Entonces los discípulos
exclamaron: ¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le
obedecen?
Cuando Jesús apareció en la sinagoga, leyó el libro de Isaías:
Lucas 4:18 Espíritu del Señor está sobre mí, Por
cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los
pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de
corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a
los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos;
En el versículo 22 del mismo capítulo, Lucas declara que
―todos se maravillaban de las PALABRAS de gracia que
salían de Su boca.‖
Muchas fueron las veces en que el pueblo se admiraba y
maravillaba al oír HABLAR a Jesús con AUTORIDAD y
PODER. A donde fuese o cuando fuese, creían en Sus Palabras.
Lo imposible se tornó posible; lo difícil, fácil, cosas nunca
habladas comenzaron a acontecer y milagros gloriosos se
vovlieroncomunes.
La llave para la victoria
Al padre del joven lunático, Je´sus dijo: “SI TU PUEDES
CREER, al que cree todo le es posible” (Marcos 9:23). Oh
amigos lectores, ¡CREE EN LAS PALABRAS DE CRISTO!
¡Cree que
ACONTECERÁ lo que Él dice! No dudes nada, antes CREE
SOLAMENTE. “Todo es posible al que cree”. Si CREYERAS
SOLAMENTE, PODRÁS ser libre y sanado ahora mismo,
donde estés.
Materializa la Palabra de Dios ahora mismo y supera todas las
dudas y recelos. Deja fluir tu fe que te hace libre poniéndola en
ACTIVIDAD.
Desata fe EN TI AHORA MISMO, nunca dejes de actuar en
ella para traer liberación. La conservaste presa. La conservaste
amarrada. Ella fue obligada a permanecer durmiendo dentro
tuyo – Porque rehusaste actuar según la Palabra de Dios.
Sabes que la Palabra de Dios es verdadera pero no dejaste a tu
fe ACTUAR, y así, no alcanzaste sanidad para ti.
MATERIALIZA TU FE en y la Palabra de Dios te transmitirá
PODER CREATIVO y VIDA DIVINA a tu cuerpo. ―¿Crees
tú esto?‖ Juan 11:26 ―Todo es posible al que cree‖. Actúa
según las palabras de Dios. Materializa: ―El llevó sobre Sí
nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores‖.
Si crees solamente, SERÁ HECHO AHORA MISMO- mismo
donde estuvieres, y seréis libertados.
Vuestros dolores e inflamaciones comenzaron a desaparecer.
Esos oídos sordos comenzaron a oír sonido.
Vida comenzará a entrar en esa pierna paralizado. Ah hermano,
créelo, y ESTÁ HECHO – AHORA
MISMO! LEVÁNTANTE Y ADNA EN EL NOMBRE DE
Jesús. Hazlo ahora. Haz aquello que creías que no era posible
hacer y serás sanado. Hazlo en el Nombre de Jesús mandando
que esa enfermedad, esa dolencia, ese cojear se aparte de ti.
Verás la gloria de Dios. Aleluya! SU PALBRA SIGE
TENIENDO PODER HOY EN DÍA.

El que abrió mis ojos


Cuando vi el PODER de Dios demostrado en ese tan simple
método, y observé a un creyente mandar que espíritus sordos y
mudos saliesen de muchas personas, vi que oían y hablaban,
quedé plenamente convencido de que era la manera bíblica. El
poder del Nombre de Jesús me fue revelado, pues comprobé
con mis propio ojos que es posible hacer las mismas cosas
ahora que fueron hechas por los apóstoles y mismo Jesús. Vi
que PODEMOS hacer TODO lo que Jesús dijo que podemos,
haciéndolo en Su Nombre.
Volví al East Side Tebernacle de Portland, Oregon, donde
pastoreaba en ese tiempo y anuncié un culto de sanidad divina
pidiendo a todo el mundo que llevase sus enfermos,
asegurándoles que serían curados. Hubo muchas sanidades
maravillosas en esa misma noche, y las noticias se esparcieron
muy lejos. Desde entonces hemos visto muchos millares de
milagros y sanidades en campañas a través de todo nuestro
continente, en otros países en islas, probando millones de veces
que “Jesucristo es el mismo hoy, ayer y por los siglos”
(Hebreos 13:8). Es Él mismo, SU PALABRA, es la misma.
Todavía transmite poder cuando es enunciada.

Intérnate en alta mar y echa tu red


Recuerda cómo los discípulos pasaron la noche entera tirando
las redes para pescar algunos peces, para ganar honestamente el
pan de cada día, pero NADA pescaron. Jesús pareció y DIJO:
Lucas 5:4,5 Cuando terminó de hablar, dijo a Simón:
Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.
Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche
hemos estado trabajando, y NADA hemos pescado; mas
EN TU PALABRA echaré la red.
Pedro no vaciló, discutiendo la insensatez de las palabras de Su
Maestro: No vaciló explicando cuan sin esperanza era la
situación; no explicó que él conocía bien esas aguas y que sabía
que no habría peces en ese lugar (pues era hábil para pescarlos
si los había).
Cuántas veces, cuando ministramos las multitudes, el pueblo
quiere vacilar contando cuánto tiempo hace que están
enfermos; contando cuántos médicos y especialistas los
declararon incurables; o cuántas veces oraron por ellos y nada
mejoró. ¡Hermano anímate! Aprende el secreto como Pedro el
pescador: La obediencia siempre trae victoria cuando
obedecemos las PALABRAS DEL MAESTRO.
Ah amigos, nunca te resistas a ir al límite en obedecer las
PALABRAS de Dios. Entrégate en plena obediencia a TODAS
SUS PALABRAS ―porque ninguna de PALABRA venida de
Dios será imposible‖ (sin PODER) (Lucas 1:37). Él puede
llenar TODAS LAS REDES, entonces lánzalas TODAS.
Tal vez pasaste muchos años enfermo. Muchas personas, tal
vez oraron por ti. Muchos médicos ya se habrán agarrado la
cabeza de desesperación por no saber qué más hacer contigo.
Dijeron que solamente un poder sobrenatural te puede sanar.
Intentaste varias veces alcanzar la sanidad sin resultados.
Amigos, la Palabra continúa declarando: ―Por Sus llagas
fuimos sanados” (Isa 53:5).
Anímate nuevamente. Esta vez di: ―Más EN TU PALABRA‖
vuelvo nuevamente a Ti; ―SOBRE TU PALABRA quedaré
completamente sanado.‖. LA PALABRA de Dios no puede
fallar. Cree eso de todo corazón y SOBRE TU PALABRA,
materializa tu fe. ―Lanza tus redes‖ y espera que se complete
la sanidad. Fíate en la Palabra eterna e invariable de Dios. La fe
siempre trae la respuesta completa; propiamente “más
abundantemente de lo que pedimos o entendemos” (Ef 3:20),
como fue la experiencia de Pedro, cuando lanzó sus redes sobre
la palabra de Cristo.

Capítulo 36

Tres preguntas sobre el aguijón en la carne


de Pablo
2Co 12:7-9 Y para que la grandeza de las revelaciones
no me exaltase desmedidamente, me fue dado un
aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me
abofetee, para que no me enaltezca sobremanera;
respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo
quite de mí.
Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se
perfecciona en la
Una de las oposiciones más comunes contra el ministerio de la
sanidad es ―el aguijón en la carne de
Pablo‖. Una idea tradicional, a llevado a otra idea tradicional.
Sin duda la doctrina promulgada en todas apartes de que Dios
es el Autor de la dolencia y que Él desea que algunos de sus
hijos más devotos permanezcan enfermos para glorificarlo
exhibiendo coraje y paciencia, ha sido fortalecido por la idea de
que Pablo padecía de una enfermedad que Dios rehusó curar.
NO creemos que alguien tome el tiempo para leer todo lo que
Dios dice sobre la sanidad, pueda llegar a tal conclusión.
Admito, luego, que hombres igualmente devotos, pueden tener
opiniones contrarias, no solamente en este punto, sino sobre
todo el tema de la sanidad divina; pero es meramente cuestión
de investigación. Muchos buenos hombres que enseñan que la
época del los milagros ya pasó etc. al leer la Biblia pasan por
alto las enseñanzas sobre la sanidad no creyendo que tiene
aplicación para hoy. Es con el deseo de ayudar a todo corazón
honesto que presentamos el siguiente estudio acerca de ―el
aguijón‖ en la carne de Pablo. Muchos millares de Personas
amadas han padecida innecesariamente años de agonía por la
enfermedad, creyendo que agradaban a Dios quien llevó a
Pablo (según ellos), a sufrir alguna forma de enfermedad. Para
comprender bien este caso, conseideremos lo que la Biblia dice
acerca del ―aguijón en la carne‖.
1) ¿Qué fue esa espina?
2) ¿Qué le hacía?
3) ¿Por qué le fue dado a Pablo?
PRIMERO: La expresión ―espina en la carne‖ no se encuentra
en el Viejo Testamento ni en el Nuevo, a no ser como
ilustración. La figura de ―Espina en la carne‖ no se impregna
n i siquiera una vez en la Biblia como una figura de
enfermedad. Todas las veces que es usada esa expresión, la
Biblia declara exactamente de qué se trataba el ―aguijón en la
carne‖. En Números 33:55 llama “aguijones en vuestros
ojos y por espinas en vuestros costados,” a los
habitantes de Canaán. En Josué23:13, se refiere a
naciones paganas de Canaá, a los cananeos. En estos
dos casos la
Biblia afirma clara y exactamente lo que eran ―aguijones
en la carne‖, eran personas. Pablo declara con la misma
certeza es el ―aguijón‖, era ―un mensajero de
Satanás‖. Esa palabra ―mensajero‖ es traducida de la
palabra griega ―angelos‖ que se encuentra 188 veces
en la Biblia y es traducida ―ángel‖ 181 veces, 7 veces
―mensajero‖. En todas las 188 veces en la Biblia entera,
se refiere a una persona y no a una cosa, sin haber
siquiera una excepción. El infierno fue preparado para el
diablo y sus ángeles (Mat 25:41) (o mensajeros); y ―la
espina en la carne‖ de Pablo era uno de esos
―mensajeros‖ del diablo; Pablo mismo lo dice.
Predicadores y maestros han imaginado en ―la espina
en la carne de Pablo‖, desde una dolencia oriental –
oftalmia- hasta una esposa no convertida!
Parece tan improbable que tales ideas, tan generales y
diversas pasasen de una persona a otra, cuando Pablo
declara tan clara y definitivamente que su ―espina en la
carne‖ era “un mensajero de Satanás”.
SEGUNDO: Pablo no sólo dijo lo que era su ―aguijón‖
(―un mensajero de Satanás‖), sino que también nos dijo
lo que ese ―mensajero‖ o ―ángel de satanás‖ vino a
hacerle: “para que me abofetee” La Palabra ―abofetear‖
significa ―dar bofetada tras bofetada‖, como cuando las
olas abofetean un barco, y como cuando abofetearon a
Cristo. Vean como se usa la misma palabra en Mateo
26:67; Mar 14:65; 1Cor 4:11; 1Ped 2:20. La mimsa
palabra usada en 2Cor, describiendo el suplicio de Pablo;
por esta causa, este ―mensajero de Satanás‖, debe
concordar con el mismo sentido de la palabra en todas
las otras escrituras. No se refiere a enfermedad i a
dolencia en ninguno de esos casos.
Este ―mensajero‖ o ―ángel‖ de Satanás fue enviado
para ―ABOFETEAR‖ a Pablo
continuamente, para dar ―bofetada tras bofetada‖ a este
fiel hombre de Dios. La enfermedad no abofetea a una
persona; pero la obra de un ―ángel del diablo‖
fustigando, ciertamente cabe en esta descripción. El
siguiente catálogo de sufrimientos de Pablo (bofetadas
del mensajero de Satanás, siempre presente) durante su
ministerio, será suficiente para dar cuenta de las
bofetadas dadas a Pablo durante su vida… sin
mencionar enfermedad en la lista. Una cosa que ni pablo
y ni las Escrituras mencionan.
Inmediatamente después de la conversación de Pablo,
Dios le envió a Ananías, para informarle cuánto debía
padecer por Su Nombre (Hechos 9:16). Eso se cumplió
en los siguientes acontecimientos:
1) Los judíos, después de su conversión, tomaron
consejo entre sí para matarlo (Hechos 9:23)
2) Impedido de juntarse con los discípulos. (Hechos
9:26-29)
3) Resistido por Satanás (Hechos 13:6-13)
4) Resistido por los judíos amotinados (Hechos
13:44-49)
5) Expulsado de Antioquía de Prisidia (Hechos 13:14,50-
52).
6) Atacado por la multitud de Iconio (Hechos14:1-5)
7) Fue Listra y Derbe, apedreado y dejado como muerto
(Hechos [Link])
8) Disputaba continuamente con hermanos falsos (Hechos
19:8)
9) Azotado y lanzado en prisión en Filipos (Hechos 16:12-
40)
10) Atacado por las multitudes y expulsado de Tesalónica
(Hechos 17:1-10)
11) Atacado por las multitudes y expulsado de Berea
(Hechos 17:10-14)
12) Atacado por la multitud en Corinto (Hechos 18:1-3)
13) Atacado por la multitud en Éfeso (Hechos 19:23-41)
14) Conspiración de los judíos, para matarlo (Hechos 20:3)
15) Preso por los judíos, atacado por las multitudes, juzgado
cinco veces y muchos otros padecimientos.
Además del oprobio, necesidades, persecuciones,
aflicciones mencionadas en 2 Corintios 12, en el capítulo 6
de la misma epístola él menciona azotes, prisiones
tumultos, deshonra, infamia, ―como muriendo, y estamos
vivos‖, ―derribados, pero no destruidos‖. En el capítulo
11, él menciona ―azotes, más que ellos; en prisiones
mucho más; en peligro de muerte muchas veces. De los
judíos he recibido cuarenta azotes menos uno, tres veces
he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces
padecido naufragio; una noche y un día he estado como
náufrago en alta mar; en caminos muchas veces; en
peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi
nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad,
peligros en el desierto, peligros ene l mar, peligros entre
falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos,
en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en
desnudez‖ ―injuriado… perseguido… blasfemado…
llegando a ser como basura de este mundo… como la
escoria de todos‖ etc. etc.
¿Quién, a no ser el ángel de Satanás puede ser
responsable por todos esos sufrimientos? Véase que Pablo
los enumera; menciona todo lo que se puede pensar, menos
una ―enfermedad de los ojos‖ o ―enfermedad‖. Ninguna
de estas dos cosas Pablo menciona entre las bofetadas.
Ciertamente el ―aguijón‖ de Pablo no podía ser una vista
deficiente, porque sus ojos fueron
CURADOS DE CEGUERA (Hechos9:18)
Notamos ahora, dos puntos claros, sin desviarnos en cosa
alguna de que Pablo realmente dijo acerca de esa
―espina‖; esto es:
1)¿QUÉ ERA EL AGUIJÓN EN LA CARNE DE
PABLO? RESPUESTA: “Un mensajero
(ángel) de Satanás”
2) ¿QUÉ LE HACÍA ESE MENSAJERO? Respuesta:
―para que me abofetee (dar bofetada tras bofetada)‖
He oído predicador tras predicador y maestro tras maestro
dar su idea o dar su opinión de lo que le parece, o lo que el
dr. Fulano dijo acerca del ―aguijón en la carne‖ de Pablo.
Invariablemente confortan los enfermos con el mensaje
que pablo estaba enfermo y oró tres veces para ser sanado,
pero Dios no consideraba bueno curarlo sino que antes le
dijo a Pablo que su gracia le bastaba; por tanto, como
Pablo, debemos soportar nuestra ―espina de enfermedad‖,
fiel y pacientemente para la gloria de Dios. La Biblia no
dice cosa alguna acerca de que Pablo estuviera enfermo, ni
de que él orara para ser sanado; ni que Dios lo obligó a
permanecer enfermo.
En lugar de estas cosas que la Biblia NO dice, veamos lo
que SÍ dice: ―Y para que no me exaltase por las
excelencias de las revelaciones, me fue dado un aguijón en
la carne (no una enfermedad más), a saber, un mensajero
de Satanás para que me abofetee, a fin de que no me
exalte. Acerca de lo cual (el mensajero de Satanás) tres
veces oré al Señor para que se quite de mí (Pablo no dice
que oró tres veces para ser curado). Y (Dios) me dijo:
Bástate mi gracia porque mi poder se perfecciona en la
debilidad‖ (Dios no dijo a Pablo quiero que sigas enfermo‖)
TERCERO: Ahora queremos considerar la tercera pregunta
cuya respuesta es tan clara como las dos
primeras: ¿POR QUÉ EL MENSAJERO DE SATANÁS FUE
ENVIADO PARA ABOFETERAR A
PABLO? Respuesta: ―Para que se exaltase por la excelencia
(abundancia) de las revelaciones” ¿Es por causa de la
excelencia (o abundancia) de las revelaciones que los enfermos
hoy en día deben a ser enseñados a considerar su enfermedad
como un aguijón que debe permanecer para que no se
engrandezcan más de la cuenta? Creo que la razón del
―aguijón‖ de Pablo ciertamente excluye casi todas las demás
personas. Al menos no tenemos el derecho bíblico para declarar
que nuestra enfermedad sea un ―aguijón‖ como el de Pablo, si
no recibimos también, como él, tan grande abundancia de
revelación que necesitamos algo para no ensoberbecernos. Si
decimos que tenemos ―un aguijón‖, entonces tenemos que
concordar con el resto de las Escrituras acerca de la ―espina‖
de Pablo; Pablo se gloriaba en todas las bofetadas que sufrió
de manos del mensajero de Satanás. Pero si las bofetadas eran
―enfermedades‖ y si sufrimos enfermedades como dicen que
sufrió ¿por qué no nos gloriamos mejor en la enfermedad, en
lugar de intentar librarnos de ella?
Si nos gloriamos en nuestra ―espina‖, no debemos ir al mejor
cirujano para remover la ―espina‖.
Consideremos las Escrituras que se citan para probar que la
espina de Pablo era una especie de enfermedad, usando Dr.
James Strong‟s Exhaustive Concordance como guía.
De buena gana pues, me gloriaré en mis debilidades (2Cor
12:9)
Me gozo en las debilidades (2Cor 12:10)
Pues vosotros sabéis que primero os anuncié el evangelio
estando en debilidad de la carne. (Gal 4:13) (Vers. Portuguesa)
―Y estuve entre vosotros con debilidad‖ (1Cor 2:3)
―La presencia del cuerpo es débil” (2Cor 10:10)
―Bástate me gracia, porque mi poder se perfecciona en la
debilidad‖ (2Cor 12:9)
Esa Palabra ―debilidad‖ es traducida de la misma palabra
griega ―ASDENEIA‖ que Pablo usa en Romanos 8:26 cuando
dice:
“Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra
debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no
lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por
nosotros con gemidos indecibles.”
Y también la misma palabra usada en Hebreos 11:34 cuando
habla de los profetas que “sacaron fuerzas de debilidad”
Se encuentra también en 2Cor 13:4 para explicar la manera en
que fue crucificado Cristo: ―Porque aunque fue crucificado
en debilidad, vive por el poder de Dios”.
La Palabra débil, o debilidad, usada en esas escrituras es la
misma palabra usada en 2Cor 12:10 cuando
Pablo dijo: “Porque cuando estoy débil entonces soy fuerte”.
Si la palabra ―débil‖ quisiera decir enfermo, entonces la
palabra ―fuerte‖ quería decir lógicamente, ―con buena salud‖.
Estas palabras traducidas ―debilidad‖ o ―débil‖ acerca de la
vida de Pablo nunca fueron usadas para dar idea de enfermedad
o de alguna dolencia de los ojos. Observemos el uso de la
Palabra enfermedad o dolencia, y veremos que no es cierto:
Rom 4:19; 8:3; 14:2,21; 1Cor 8:9; 9:22; 15:43; 2Cor 13:4; Heb
5:2; 7:8. En varias de esas Escrituras, la palabra ―debilidad‖ se
contrasta con ―poder‖ o ―fuerza‖ sin cualquier idea de
debilidad resultante de dolencia.
Cuando Pablo habla de su debilidad delante de la Iglesia,
explica su significado: habla de su propio poder, pero él
confiaba enteramente en el Espíritu y en el Poder de Dios para
que la fe de los corintos no se apoyase en sabiduría de los
hombres sino en el poder de Dios. (2Cor 2:5) d)
Gál 4:15 ¿Dónde, pues, está esa satisfacción que
experimentabais? Porque os doy testimonio de que si
hubieseis podido, os hubierais sacado vuestros propios
ojos para dármelos.
Muchos creyentes creen que esta Escritura es una prueba más
que los ojos de Pablo eran tan enfermos, tal vez, como la
dolencia de oriente ―oftalmia‖, tanto es así que el pueblo
estaba dispuesto a darle sus propios ojos para substituir sus
ojos enfermos. Me parece solamente presunción basar la
SUPOSICION de que Pablo tenía una dolencia en los ojos,
sobre tal Escritura. No hay duda alguna que la expresión de los
gálatas era simplemente una expresión de cariño y amor para
con el ministerio fiel de Pablo.
Una reunión de despedida, cuando encerramos las trece
semanas gloriosas de campaña en Kingston, Jamaica, durante la
cual mas de cien sordos-mudos y más de noventa personas
enteramente ciegas fueron sanadas, uno de los dos pastores
jamaicanos, en sus palabras de despedida nos dijo: “Hermano
Osborn, nuestro pueblo lo ama. Están alabando a Dios por su
venida aquí y quieren que sepa que cortarían su brazo derecho
y se lo darían a Ud. si fuese posible.” Esa expresión de
devoción, ciertamente no era prueba de que yo tuviese un
cáncer en mi brazo derecho.
Después de examinar las Escrituras principales, que muchas
personas consideran como prueba de que Pablo era enfermo o
que sufría de una enfermedad de los ojos, vemos que
precisamos solamente algunos minutos de estudio para
descubrir que esas Escrituras no prueban lo que se enseña
tradicionalmente acerca de ellas.
La enfermedad achacada a Pablo es una contradice gran parte
de la verdad bíblica.
Consideremos el capítulo siguiente: Hechos para meditar sobre
la espina en la carne de Pablo

Capítulo 37

Hechos para Meditar Sobre la Espina en


la Carne de Pablo
1- Desde que la sanidad es una parte integrante del
EVANGELIO, ¿cómo podía Pablo gozar de la
―plenitud de la bendición del Evangelio‖ (Rom 15:29),
permaneciendo enfermo? ¿No es acaso una parte de la
bendición del evangelio?
2- Si Pablo era enfermo, ¿cómo podía el pueblo al quién
predicó en Éfeso recibir fe para tales ―maravillas
extraordinarias‖ de sanidad? (Hehos 19:11,12)
3- Si pablo era enfermo, ¿cómo podía él predicar el
primer sermón con tal fe al corazón de un pagano?
¿creería en el primer sermón que Pablo predicó y
recibiría suficiente fe para ser sanado cuando hoy
muchos de los educados rehúsan creer a pesar de los
muchos sermones que predicamos con cuerpos sanos y
fuertes? Los críticos me preguntan repetidamente: ―Si
el Señor estuviese enfermo, ¿entonces que sucedería a
su mensaje?‖ Con todo, creen que Pablo, enfermo, débil
y casi ciego, podría crear fe suficiente en un pagano
por medio de un sermón para producir un ilagro de
sanidad.
4- Si Pablo era enfermo ¿cómo fue que consiguió ver la
―obediencia de los gentiles, a través de la palabra y de
las obras, por el poder de las señales y prodigios, en la
virtud del Espíritu de
Dios‖ (Rom 15:18,19), si cuando el predicador actual
enfermo que declara que ―tiene un aguijón en la carne‖
como Pablo, generalmente está incapacitado, en cama, y
raramente (o nunca) opera señales, prodigios y
milagros?
5- Si Pablo era ―enfermo‖ ¿cómo fue que cuando
predicaba en la Isla de Malta, el padre de Púbilo y
―los demás en la Isla que tenían enfermedades venían
y eran sanados‖(Hechos 28:8,9)
6- Si el ―aguijón‖ de Pablo no impedía la fe del pueblo
para ser sanado de dolencias físicas, en Éfeso, Malta,
Listra, y en casi todos los demás lugares donde Pablo
predicaba, por qué actualmente ese ejemplo impide la
fe para que se reciba la sanidad del cuerpo físico?
7- En el tiempo de la Bilbia ―la fe vino por oír la
PALABRA DE Dios‖ pero actualmente, ―la fe
desaparece por el oír la palabra del predicador, pues el
predicador declara que Pablo era enfermo y Dios no lo
quería oír a pesar de que él oró tres veces, por tanto es
posible que no sea voluntad de Dios sanarnos. Tales
argumentos nos llevan a abandonar todas las promesas
definidas de Dios para curara TODOS los que piden;
promesas que son basadas en PALABRA DE Dios y
nos fueron dadas para producir fe. Tales argumentos
nos obligan cada vez, a procurar más revelaciones
especiales del Espíritu de Dios para determinar si es, o
no la voluntad de Dios curarnos. Si fuese así, esa fe no
crecería tan sólo por OIR la Palabra de Dios como
Pablo enseñó, sino que viviría por la oración, rogando
hasta que recibamos una revelación especial de que es
la voluntad de Dios. ¡Qué ilógico que es eso! ¿No es
extraño que aquellos que predican que Pablo era
enfermo, en lugar de orar y pedir a Dios que los curen
(como afirman que Pablo hizo) recurren al médico (que
ellos creen que son los más indicados para libertarlos
del ―aguijón‖ de enfermedad, más allá de que Dios
quiera o no que sea
retirado)? ¿No es extraño que predicadores que predican
que el aguijón de Pablo era una enfermedad
recomienden que su pueblo se someta a operaciones y
tratamientos médicos para ser restaurados, en vez de
orar a Dios pidiendo que ―revele‖ si es Su voluntad o
no , como ellos enseñan que Dios le reveló a Pablo?;
Para ser consistentes, deben recomendar que su pueblo
―se gloríe‖ en sus enfermedades, como enseñan que
Pablo hizo, en lugar de esforzarse para librarse del
―aguijón‖.
8- Es claro quePablo no estuvo incapacitado por su
―aguijón en la carne‖ de desempeñar su ministerio,
porque podía testificar: ―Trabajé mucho más que
todos ellos‖ (1Cor 15:10): No es razonable decir que un
hombre enfermo podía trabajar ―mucho más que
todos‖ los demás predicadores de buena salud. Esto no
es ciertamente la verdad hoy. El predicador que dice
que su enfermedad es un aguijón en la carne de Pablo,
generalmente está incapacitado, su asistente desempeña
una gran parte de su ministerio, en tanto que el mismo
pasa una gran parte de tiempo en reposo para recuperar
la salud. Pablo, que por cierto cumplía lo que
predicaba, nos enseñó a estar preparados para toda
buena obra (2Timoteo 2:21) ―plenamente preparados
para toda buena obra‖ 3:17) ―celosos de buenas obras‖
(Tito 2:14); ―dispuestos para toda buena obra‖ (Tito
3:1); ―Aptos para toda buena obra para que hagáis Su
voluntad‖ (Heb 13:21); que abundéis para toda buena
obra‖ (2 Corintios 9:8). Es claro que una persona
enferma no puede hacer todas esas cosas.
9- Se ha declarado – ―Bástate mi gracia‖- queriendo
decir que Dios estaba informando a Pablo que debía
permanecer enfermo, como muchos enseñan
actualmente, sería el único caso en toda la Biblia donde
Dios quisiera una persona enferma, para darle ―gracia‖
por la enfermedad. En ninguna parte de las Escrituras
se enseña que Dios da ―gracia‖ al cuerpo físico. La
propia palabra ―gracia‖ muestra que es el ―hombre
interior‖ el que precisa de auxilio, pues la gracia de
Dios es transmitida solamente al ―hombre interior‖ el
cual, Pablo dice en este caso, ―se renueva de día en
día‖. La GRACIA de Dios es para el ―hombre
espiritual‖, pero la ―la VIDA de Jesús se manifiesta en
nuestra carne mortal‖ (2Cor 4:11)
10- El ―aguijón‖ de Pablo no impidió que él acabase su
cerrera, pero muchos, enseñando que esa ―espina‖ era
una enfermedad y creyendo que sus enfermedades son
como ese ―aguijón‖ de Pablo, permanecen
―retirados‖ del medio de su vida y de su ministerio.
11- El ministerio de Pablo abundaba constantemente en
milagros, sanidades, señales y maravillas en todo lugar
donde ministraba. Qué extraño que tantos predicadores
nos enseñen
que el ―aguijón‖ de Pablo era luego, lo que Pablo no
dice que era, y entonces impregnan es argumento, o
suposición, CONTRA EL PROPIO MINISTERIO EN
QUE PABLO ABUNDABA.
12- La predicación de Pablo siempre produjo FE entre los
oyentes PARA SER CURADOS y milagros de
sanidades era comunes en todo su ministerio. Pero los
predicadores que predican que Pablo sufría de una
enfermedad que Dios no quería sanar, casi nunca
producen fe para la cura de los enfermos, como se ve
por elhecho que LOS MILAGROS ESTÁN CASI,
SINO ENTERAMENTE, AUSENTES DE SUS
IGLESIAS. Y hay muchos nos dicen, que ya pasaron
los tiempos de los milagros.
13- Pablo dijo: ―y cómo nada que fuese útil he rehuido de
anunciaros y enseñaros‖ (Hechos 20:20). Aquellos que
dejan de predicar los beneficios y las provisiones de la
sanidad, ciertamente retienen una bendición que es
muy útil al os enfermos.
14- Pablo dijo:
Rom 1:18,19 Porque no osaría hablar sino de lo que
Cristo ha hecho por medio de mí para la obediencia de
los gentiles, con la palabra y con las obras, con
potencia de señales y
prodigios, en el poder del Espíritu de Dios;
Desde que la sanidad es definitivamente una parte del
Evangelio, aquellos que no lo predican, no predican todo el
Evangelio como Pablo lo hizo. Y aquellos que no predican la
parte del Evangelio, que trata de la sanidad, no predican para
obediencia por el poder de las señales y prodigios. Asimismo
los que predican también la parte que trata de la sanidad, llevan
a muchos millares para la obediencia, por medio de señales y
prodigios, TAL COMO PABLO HIZO.
15- ¿No es extraño que muchos predicadores, cuando
quieren predicar sobre la sanidad, escogen el texto
sobre ―el aguijón de Pablo‖; en vez de enseñar que
―el aguijón‖ era un ―mensajero de Satanás‖, enseñan
que era una ―enfermedad, ojos enfermos‖ etc.? ¿Y a
pesar de que Pablo dice que ―fue para abofetearlo‖,
dicen que fue para mantenerlo enfermo?
A pesar de Pablo orar hasta que Dios le informó acerca del
―aguijón‖ y le esclareció la razón, ellos recurren al
hospital para retirar ―su aguijón‖. A pesar de que Pablo
dijo que le fue dado a causa de la excelencia de las
revelaciones, estos predicadores, sin una revelación, no
muestran ningún deseo de saber por qué tienen ―su
aguijón‖ si el médico lo puede retirar con éxito. A pesar de
Pablo predicar con señales, milagros y maravillas, ganando
multitudes para Cristo, ellos no tienen señales, maravillas
ni milagros y ganan pocos para Cristo.
No obstante Pablo predicar todo el Evangelio de Cristo,
probando que la fe viene por el oír LA PALABRA DE
Dios, estos predicadores predican solamente una parte del
Evangelio, evitando la parte de la PALABRA DE DIOS,
escrita para producir fe para la sanidad. Desde que la fe es
creer que Dios va hacer lo que prometió hacer, o desde que
la fe es esperar que Dios va a cumplir Su promesa ¿cómo
podemos los enfermos recibir fe para ser sanados, si el
predicador evita la parte de la Palabra de Dios que trata de
las promesas de Dios para sanar? Si el pueblo nunca oye
hablar de las promesas de Dios para sanar, nunca puede
recibir fe para cumplir Su promesa y ser sanado.
Qué extraño, repito, como un predicador puede poner de
lado toda la Biblia, cuando se trata del asunto de la sanidad
depreciando: a) El nombre redentor de la alianza de Dios:
―Jehová-Rafá‖ (El Señor que te sana).
b) La alianza de Dios sobre la sanidad.
c) La enseñanza de las promesas de la sanidad del Viejo
Testamento
d) El ejemplo de la sanidad a través de toda la historia del
Viejo Testamento
e) Las palabras, o enseñanzas, mandamientos, promesas y
sanidad del ministerio de Cristo por los cuales Él reveló
la voluntad de Dios acerca de nuestros cuerpos.
f) Los dones de sanidad, fe, milagros colocados en la
Iglesia por el Espíritu.
g) La ordenanza de la Iglesia de ungir con óleo a ―alguien‖
que esté enfermo.
h) El hecho de Cristo llevar por nosotros, tanto
NUESTRAS enfermedades como nuestros pecados.
i) El hecho de que Cristo, cuando estuvo aquí en la tierra,
―curó a todos los que lo tocaban‖ junto con el hecho de
que ―Jesucristo es el mismo hoy, ayer y por los siglos‖
j) El hecho de que muchos millares de personas han sido
curadas por el Poder de Dios desde los días de los
apóstoles y que muchos millares más están siendo
sanados de toda suerte de dolencias incurables en casi
todos los países del mundo, aún en esta época que
vivimos.
Repito, ¿no es extraño que algunos predicadores pongan de
lado todo esto y cuando predican sobre la sanidad, escojan
como texto la escritura acerca del ―aguijón‖ de Pablo que
los eruditos confiesan no poder probar cualquier referencia
ni a enfermedad ni a cura?

Capítulo 38

Siete Nombres Redentores


El Dr. Scofield dice, en Scofield Bible, en una nota al pie de las
páginas 6 y 7, que el nombr ―Jehová es claramente el nombre
redentor de la DIVINIDAD‖ y que dice ―Aquel que existe por
Sí y se revela a Sí mismo‖. Él dice: ―Estos siete nombres
redentores indican la revelación conintua y creciente de Sí
mismo‖. Entonces agrega: ―En Su relación redentora para con
los hombres, Jehová tiene siete nombres compuestos que Lo
revelan, cubriendo todas las necesidades del os hombres desde
su estado pardido hasta el fin.‖
Esos nombres revelan la relación redentora de Dios para con
nosotros. Ellos apuntan al Calvario donde fuimos redimidos; y
la bendición que cada nombre revela debe ser suplida por la
expiación. Eso enseñan las Escrituras claramente.
Los Nombres redentores son los siguientes:
Jehová-Sama: ―El Señor está allá‖, esto es, Él está presente
(Ez 48:35), nos revela el privilegio redentor de gozar la
presencia de Aquel que dice ―Yo estoy con vosotros todos los
días‖. Esta bendición suplida por la expiación, por el hecho que
―por la sangre de Cristo, te acercaste‖ Jehová-Shaloom: ―El
Señor nuestra Paz‖, nos revela el privilegio redentor de tener Su
paz. Así Jesús dice: ―Mi paz os doy‖. Esta bendición está en la
expiación porque “el castigo de nuestra paz fue sobre Él”
cuando Él ―hizo la paz por la sangre de Su cruz‖.

Jehová-Ra-ah: ―El Señor es mi pastor‖ Sal 23:1. Jesús se


volvió nuestro pastor dando ―Su vida por las ovejas‖ por tanto
este privilegio es un privilegio redentor, suplido en la
expiación.
Jehová-Jireh:‖El Señor proveerá‖ una oferta (Gen 22:14), y
Cristo era la Oferta provista por nuestra redención completa.
Jehová-Nissi: ―El Señor es nuestro Estandarte‖ o ―Vencedor‖
o ―Capitán‖ (Ex 17:15). Fue cuando Cristo, por la cruz, triunfó
sobre los principados y poderes que nos proveen por la
expiación o privilegio redentor que diremos: ―Más gracias a
Dios que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo‖
Jehová-Tsidkenu: ―El Señor nuestra Justicia‖ (Jer 23:6). Jesús
se volvió nuestra justicia llevando nuestros pecados en la cruz;
portando nuestro privilegio redentor de recibir ―el don de
justicia‖ es una bendición de la expiación.
Jehová-Rafa: ―Yo soy el Señor tu médico‖ o ―Yo soy el
Señor que te sana‖ (Ex 15:26). Este nombre es dado para
revelar nuestro privilegio redentor de ser sanado. Ese privilegio
es suplido por la expiación, pues Isaías, en el capítulo de la
redención declara: ―Verdaderamente el tomó sobre Sí nuestras
enfermedades, y llevó nuestros dolores‖.
Reservé este nombre, Jehová-Rafa para lo último.
La primera alianza que Dios hizo, después de cruzar el Mar
Rojo, distintivamente típica de nuestra redención, fue la alianza
de sanidad; y fue en esa ocasión que se reveló a Sí mismo
como nuestro Médico, pero el primer nombre redentor de la
alianza, Jehová-Rafa, “Yo soy el Señor que te sana”. Eso no es
solamente una promesa, es un ―estatuto‖, es una ordenanza‖. Y
así como en esa ordenanza antigua, tenemos, en el
mandamiento de Santiago 5:14, una ordenanza de sanidad en el
Nombre de Cristo, tan sagrada y obligatoria para toda la iglesia
de hoy, como la ordenanza de la Cena del Señor y del bautismo
de los creyentes. Desde que Jehová-Rafa es uno de los nombres
redentores de Dios, sellando la alianza de sanidad, Cristo, en
Su exaltación no pudo abandonar tampoco Su privilegio de
SANAR como así tampoco Sus otros privilegios revelados en
Sus otros seis nombres redentores.
¿Cuál es la bendición revelada en Sus nombres redentores que
fue retirada de esta ―mejor‖ dispensación?
Isaías inicia el capítulo de la REDENCIÓN con una pregunta:
Isa 53:1 ¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre
quién se ha manifestado el brazo de Jehová? La respuesta
a la pregunta es: Solamente los que oyen la predicación pueden
creer, porque ―la fe es por el oír‖… Es la continua predicación
acerca de que Él llevó nuestros pecados y nuestras
enfermedades.
Desde que Jesús murió para libertar a los hombres, vale la pena
declararlo. En los versículos 4 y 5 del capítulo de la
REDENCIÓN, se ve a Jesús sufriendo por ―NUESTRAS
iniquidades‖, ―NUESTRA paz‖ y ―NUESTRA sanidad‖ pues
―por Sus llagas fuimos nosotros curados‖.
Tendríamos que hacer citas erradas para EXCLUIRNOS a
nosotros msmos de cualquiera de esos beneficios.
Entonces, al leer la interpretación que Mateo da de Isaías 53 y
oírlo decir que Jesús ―curó TODOS los que estaban enfermos‖
para cumplir la profecía de Isaías: Isa 53:4 Ciertamente llevó
él nuestras
enfermedades, y sufrió nuestros dolores (Mateo 8;17)
tendríamos que haber sitado errada la Escritura una y otra vez
para EXCLUIRNOS de la bendición redentora de la
SANIDAD para nuestros cuerpos.
Si Cristo, como algunas personas piensan, no quiere curar tan
universalmente durante Su exaltación como en su humillación,
entonces Él tendría que ser infiel a Su promesa en Juan
14:12,13 y no sería ―Jesucristo el mismo ayer y hoy y por los
siglos‖(Heb 13:8)
Así como la promesa de sanidad fue hecha a ―ALGUIEN‖
enfermo (Santiago 5:14) es tan abarcativa en esfera de acción,
como ―TODO AQUEL‖ en Juan 3:16; y desde que Jesucristo,
en Su muerte sacrificial, llevó nuestros pecados (1Pedro 2:24),
entonces, está decidido por las Escrituras que los enfermos
tienen el mismo derecho a la sanidad del cuerpo como a la
sanidad del alma.
Si el cuerpo no estuviera incluido en la redención, ¿cómo
podría haber resurrección? ¿Cómo puede lo ―corruptible
vestirse de incorruptibilidad‖ o ―lo mortal vestirse de
inmortalidad?‖ si no estuviéramos redimidos de la enfermedad,
¿No estaríamos sujetos a enfermedad en cielo si fuese posible
resurgir sin redención? Si el destino futuro de los hombres ha
de ser físico y espiritual, podemos esperar también una
redención de cuerpo y espíritu.
Como dijo el Dr R.A. Torrey en su libro sobre la ―Sanidad
Divina‖: ―Justamente como adquirimos las primicias de
nuestra salvación espiritual en la vida actual, así adquirimos las
primicias de nuestra salvación física en la vida actual. El
Evangelio de Cristo tiene salvación tanto para el cuerpo como
para el alma… La muerte expiatoria de Jesucristo adquirió para
nosotros no solamente la cura del físico, sino también la
resurrección, perfeccionamiento y la glorificación de nuestros
cuerpos‖
Capítulo 39

Mi Mensaje más Importante sobre la Sanidad


El error más prevaleciente, tal vez, entre el pueblo que
procura sanidad (incluso de aquellos que están
plenamente seguros de esta verdad) es confundir la
esperanza con la fe. Los enfermos, cuando oramos por
ellos, naturalmente tienen la esperanza de mejorar, pero
la esperanza no es de forma alguna la fe. La esperanza
es solamente pasiva, muy diferente a la fe que es activa,
creativa. La esperanza lleva en sí algo de incertidumbre;
analiza hacia adelante las posibilidades, pero la fe
examina hacia atrás, hacia una obra consumada. La fe se
basa con firmeza y confiada seguridad en la Palabra de
Dios y no recibe apoyo alguno de lo que el ojo percibe.
El hombre natural es una creación de los sentidos; él
todavía ve y siente los síntomas de la aflicción, isnsite
en creer en lo que los sentidos le dicen en lugar de creer
en lo que la Palabra de Dios dice. La fe, por el contrario,
no se deja influenciar por lo que el ojo ve, y de hecho,
no lo toma en cuenta. La fe no honra los sentidos, pero
recibe su fuerza de la Palabra invariable del Libro de
Dios. Si esa no fuese la naturaleza de la fe, no habría
necesidad de una cosa como la fe. ¿Por qué habría
necesidad de la fe para adquirir lo que el ojo ya percibe
o para aquello que la mano palpa?

El paralelo entre la salvación y la sanidad


Es esta interpetación errónea de la fe que la torna tan difícil de
comprender para reclamar la sanidad de lo físico. Con todo, no
hay razón para esta falta de comprensión. La enseñanza de la
Biblia acerca de la cura es tan simple como la de la salvación.
La verdad es que la sanidad del cuerpo y la salvación del alma
envuelven una obra semejante del Espíritu y son gobernadas
por leyes casi idénticas, por no decir idénticas. La llave para el
entendimiento del asunto entero de la sanidad divina está en
reconocer el paralelo casi idéntico entre reclamar la fe para la
sanidad y reclamarla para la salvación. Si, por tanto, tenemos
conocimiento de la fe por la cual vemos la salvación, entonces
por medio de una comparación simple, podemos comprender el
mismo principio de la fe por medio del cual viene la sanidad.
Notemos la semejanza entre adquirir la liberación del alma de
su pecaminosidad, y de adquirir la liberación del cuerpo de la
enfermedad. La mayoría de los pecadores, salvo los tontos más
apresurados, alimentan vaga esperanza de salvarse por fin. Pero
el pecador, a pesar de reconocer el valor del cielo y que pueda
comprender que la probabilidad de perderse eternamente es
infinitamente más trágica que meramente estar enfermo, con
todo, ese incentivo intenso para el arrepentimiento no es
suficiente en muchos casos para resultar en la conversión del
pecador. Con todo, aún cuando el pecador tiene una idea de
horror acerca de la dolencia del pecado y expresa la voluntad
de abanandonarlo, todavía no se salvará sin antes creer que
Cristo murió por él.

La obra consumada de la salvación


Es solamente cuando el pecador acepta la obra consumada del
Calvario, que se puede salvar. Si el pecador no cree hasta
sentirse salvo – nunca se salvará. ¿No conocemos personas que
se engañan en este punto? Es solamente un acto de creer en la
obra consumada del Calvario que se realiza la conversión del
pecador.

Una nueva reforma de la fe


Esa creencia en la obra consumada de Cristo, no se volvió la
herencia de la Iglesia de Cristo sin un conflicto, que de hecho,
hizo temblar a la Iglesia desde sus cimientos. Esta verdad vino
como fruto de la gran reforma: Lutero y otros descubrieron que
las oraciones, las penitencias, los ayunos, las lágrimas y las
grandes luchas del alma no los llevaban al punto de gozar paz
con Dios. Fue solamente cuando ellos aceptaron abiertamente
al promesa de obra consumada de Cristo que vino la paz del
cielo. No era fácil en ese tiempo confiar en eso. Todas las
tradiciones de los hombres, los dogmas, todos los instintos del
hombre natural, se chocaron y se revolucionaron contra tal
verdad. No obstante, hombres intrépidos, llenos de coraje
lucharon hasta vencer. La verdad que ―el justo viviera por la
fe‖, tiempo atrás no era aceptada por nadie; finalmente se tornó
la piedra fundamental de innumerables millones de personas.
Esta verdad bien exitosa que la gran reforma dio a luz, es
conocida por todos los ganadores de almas, y ellos la usaron
sabiamente para instruir al pecador en cuanto a lo que se debe
hacer para ser salvo. Ellos saben que es un error intentar llevar
al pecador a decidirse antes de el Espíritu profundizar sus
convicciones y antes de él tener conocimiento de la promesa de
Dios acerca de la salvación. El ganador de almas reconoce que
si la mente del hombre está confusa, o si no acepta plenamente
la promesa, él caerá con la primera tentación que tendrá que
enfrentar. Por esta razón un predicador sabio no exige que el
pecador actúe al momento que se comienza a hablar con él.
Hay una obra preliminar del Espíritu que debe ser hecha en su
corazón. Hay instrucciones que él debe recibir. El Espíritu debe
hacer Su obra de convicción antes de hacer Su obra del nuevo
nacimiento.

La obra preliminar del Espíritu necesaria para la


sanidad
La tragedia de que muchos creyentes que conocen bien estas
cosas desprecian esa sabiduría en la obra de la sanidad divina.
Muchas veces están preocupados por ver al enfermo, tienen
mucho interés en atenderlo inmediatamente; pero, si todo no se
realiza de la manera que esperaban, quedan irritados.
Enfermos viajan miles de kilómetros a las clínicas; gastan
fortunas para obtener la mayor ciencia médica y aceptan sin
cuestionar, los fracasos de los médicos, filosóficamente. Pero
cuando procuran la sanidad divina, ellos quieren establecer los
reglamentos. Para ellos, tales Escrituras como ―la fe es por el
oír la Palabra de Dios‖ tienen poca importancia. Algunos, no
conociendo la Palabra de Dios, hacen que alguien con los
dones de sanidad, debe andar de hospital en hospital sanando
a todos los enfermos. Ignoran parece, el relato bíblico de Jesús
en el tanque de Betesda donde sanó apenas uno y dejó otros
cojos y enfermos sentados allá. Jesús, en Nazaret, no pudo (no
que no quería) hacer obras maravillosas por causa de la
incredulidad del pueblo. Pasan por alto de hecho, que la
enseñanza de Cristo acerca de la sanidad se anticipa al deseo,
por parte del individuo, de someter su vida enteramente a Dios;
o que cuando el Señor respondió al ruego de la mujer gentil
para sanar a su hija, Él declaró que la sanidad era ―el pan de
los hijos‖.
Si comprendemos la sanidad divina, debemos reconocer que el
mismo poder que sana al alma, también sana al cuerpo
(Santiago 5:14-16)

La obra consumada de la sanidad


No es necesario mucho tiempo para que el pecador se salve una
vez que tiene su corazón preparado para recibir a Cristo.
Aunque algunas veces, pueden ser necesarios muchos años
para que el pecador resuelva someterse a Dios. Pero cuando
llega aquel momento, la salvación viene casi instantáneamente.
Eso es posible por causa de la obra consumada- la salvación
completada una vez y para siempre en el Calvario. Mientras el
pecador no crea, o mientras deje para otro día la salvación, no
se salvará. Al llegar la fe que Dios salva ahora, la obra está
hecha.
Los creyentes siempre animan al penitente a creer
inmediatamente. No hay forma de que el pecador se salve antes
de creer que la obra de perdón ya fue hecha.
Ninguno acusa un obrero de ejercer falsedad si insiste en que
el alma penitente debe confiar en la Palabra de Dios y debe
creer que la salvación es un hecho ya consumado. Así y todo,
en la obra de sanidad divina, es esa misma acusación la que
hacen creyentes, sinceros por cierto, pero no instruidos en esta
verdad.

Dos engaños funestos


A esta altura, queremos tratar dos errores deplorables que la
Iglesia cometa acerca de la sanidad divina.
Primero: A pesar de ser generalmente aceptado que la
enseñanza de la Palabra ungida por Dios es necesaria para una
obra verdadera de conversión, muchas veces las mismas
personas se muestran incoherentes hablando contra aquellas
que actúan de la misma manera en la obra de la sanidad.
Muchas veces animan a los enfermos a pedir oración sin
primero la instrucción, y se resienten si el predicador aconseja
a los enfermos a preparar el corazón.
Segundo: Algunos creyentes, a pesar de animar al pecador
penitente a creer en la OBRA CONSUMADA de salvación, se
muestran inconscientes, hablando contra los que tratan de la
misma manera de obtener la sanidad de los enfermos. Algunos
hacen mal en llamar la atención sobre los enfermos que dijeron
estar curados pero están enfermos. Eso es pecado grave. Es
igual a desanimar a un pecador que desea salvarse, llamando
su atención sobre un desviado que una vez se proclamó salvo.
¡Antes bien, sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso!
Según la Palabra de Dios, está salvo si realmente creyó.
Igualmente el enfermo está curado si realmente cree. Tanto la
sanidad como la salvación son obras consumadas, completadas
en el Calvario. Reclamemos las dos por la fe, que la obra ahora
está concluida

La apropiación de la fe
La sanidad es la obra acabada de parte de Dios, pero tenemos
que hacerla nuestra por la fe, sabiendo que la obra ya está
terminada, a pesar de cualquier síntoma que sintamos o
veamos. FE es creer, confesar y actuar creyendo en la obra de
Cristo ya hecha, según lo que está escrito en la Palabra de Dios.
Pedro declara: ―Por Sus llagas fuisteis sanados‖. Lee también,
Isaías 53 y Mateo 8:14-17. No recibimos la sanidad del cielo,
orando, ni persuadimos a Dios a hacer lo que ya fue efectuado
en el Calvario. Oramos para que el enfermo se apropie de la
sanidad, de la misma manera en que el pecador se apropia de la
salvación.

Los que reciben con alegría y se desvían


Jesús habló de algunos que oyen el Evangelio y lo ―reciben
con alegría, pero sólo creen por algún tiempo, porque en el
tiempo de tentación se desvían‖; otros, dijo Él, ―están
afanados por las riquezas y deleites de la vida y no dan fruto‖
(Lucas 8:13,14)
No había defecto alguno en la Palabra sembrada en sus
corazones. No había falta alguna en el estímulo que ella daba al
pueblo para creer, ni en la alegría que sentirían como resultado
de creer. La dificultad fue que dejaron que algo que les impida
creer, dejaron que algo los distraiga de la obra del Espíritu. Lo
mismo sucede en el creer para la sanidad. En el momento en
que el hombre cree para la liberación de su físico, él recibe
aquello que corresponde a Dios conceder. “Todo lo que
pidieres orando, creed que lo recibiréis y os vendrá” Marcos
11:24. O como dice una Edición Revisada y Actualizada:
“Todo cuanto en oración pidiereis, creed que lo recibisteis y
será así con vosotros‖. Por tanto, si estamos tentados a
someternos a los síntomas y cedemos a ellos, hacemos
justamente lo que el diablo quiere. Hacemos como un recién
convertido, que bajo tentación, se somete a la sugestión del
enemigo y declara que nunca fue salvo. Y eso es lo que hace el
hombre que cree en la sanidad, luego duda y después declara
que nunca recibió sanidad.
La verdad es que la mayoría de las personas que vienen para
ser sanadas, quedan sanas por cuanto es la parte que pertenece
a Dios. El problema realmente es evitar que esas personas se
sometan a la influencia de la incredulidad, del escepticismo –
El problema es que permanecen esclavos del conocimiento
adquirido por medio de sus sentidos. En esas ocasiones, más
que en cualquier otra, es importante conservar a esas personas
bajo la Palabra de Dios y apartada de los incrédulos. Es el
mismo problema al que u pastor se tiene que enfrentar cuando
un buen número de convertidos acepta a Cristo. ¡Cómo él tiene
que esforzarse cuidando de esas personas con todo amor y
alimentándolas con la genuina dirección espiritual de la
Palabra! Si él no lo hace, ¿cuántos de esos recién convertidos
no caerán? Satanás tentó a Cristo diciendo: “Si Tu eres Hijo de
Dios…” Él tienta a todas las personas verdaderamente salvas.
Él tienta a todas las personas verdaderamente sanadas.
Pero distinto es cuando el recién convertido resiste la tentación
del diablo, y pone sus ojos en Cristo. El recién sanado, muchas
veces es influenciado por los amigos y enemigos, por los
débiles y por los fuertes, por los predicadores y por los laicos, a
no estar demasiado convencido de su sanidad y quedar así
listos para la vuelta de la enfermedad.
Aquellos que han aceptado la sanidad de Cristo por la fe, y los
que alcanzaron la salvación de Cristo por la fe, deben ser
alimentados, enseñados y edificados con las promesas de que
ellos se están apropiando de estas cosas por la fe. Solamente
aquellos que ―permanecen en Su Palabra‖ y que continúan en
una actitud correcta de fe hacia las bendiciones adquiridas de
Dios, pueden retener todos los beneficios.

El pecado de la incredulidad
Es mejor enfrentar la verdad. La incredulidad es pecado. Es
condenada por el Señor y es peor que la bajeza o el libertinaje.
La incredulidad es guerra contra la propia ley de la existencia.
Es una lealtad tiránica al conocimiento adquirido por medio de
los sentidos y una deslealtad a la Palabra de Dios.
El verdadero pastor anima a los recién convertidos a confiar en
la fe, aún teniendo que pasar por el fuego de las pruebas y
tentaciones. Nos amonesta a permanecer firmes y no ceder a las
astutas emboscadas del enemigo. De esa manera debemos
enseñar al recién sanado que el plan de Dios es quitar las
enfermedades de en medio de Su pueblo (Ex 23:25), y la
voluntad de Dios para con él es que “sea prosperado en todas
las cosas, y que tenga salud así como prospera su alma‖
(3Juan2). Esta es la promesa y será cumplida en las vidas de
todos los que se muestren osados en creer.

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