ENTREGAS Y ORACIONES DE QUINTO AÑO
PROCESO CATECUMENAL (PRECATECUMENADO)
NOTA: Conviene que antes de cada celebración, el catequista responsable, ofrezca una breve
introducción explicativa del signo correspondiente a los niños que van a recibirlos.
BENDICIÓN DE TODOS LOS NIÑOS DEL CATECISMO
(SEPTIEMBRE)
Al finalizar la misa dominical de inicio de la catequesis parroquial
El sacerdote, antes de impartir la bendición a toda la comunidad, se acerca a los niños para bendecirlos.
SACERDOTE: Nuestro auxilio es el nombre del Señor.
Todos: Que hizo el cielo y tierra.
El sacerdote, dice lo siguiente:
Con alegría hemos iniciado el curso de catequesis y, por eso, agradecidos con el Señor y recordando que Él
nos ha dicho: “Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan porque el Reino de Dios es de los que
son como ellos”. (Marcos 10, 14), bendeciremos a nuestros pequeños y los encomendaremos a la misericordia
divina.
o bien:
Al inicio del curso de catequesis parroquial¸ agradecidos con el Señor que nos ha convocado y teniendo en el
corazón lo que Él nos ha dicho: “El que recibe a un niño como éste en mi nombre, me recibe a mí”. (Mateo
18, 5), imploremos la bendición sobre nuestros pequeños y pidamos por su salud física y espiritual.
Luego el sacerdote, imponiendo las manos sobre los niños, dice la oración de bendición:
Oremos:
Señor Jesucristo, tanto amaste a los niños que dijiste que quienes los reciben te reciben a ti mismo; escucha
nuestras súplicas a favor de estos niños y niñas y, ya que los enriqueciste con la gracia del bautismo, guárdalos
con tu continua protección, y derrama tu bendición abundante + sobre ellos, para que, cuando lleguen a
mayores, profesen libremente su fe, sean fervorosos en la caridad y perseveren con firmeza en la esperanza
de tu reino.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
R. Amén.
Y asperja con agua bendita a los niños. Luego el sacerdote, dirigiéndose a los papás, dice:
Y ustedes queridos papás de estos niños, cumplan fielmente la misión de educarlos en la fe, para que lleguen
a ser buenos servidores de Jesús, y todos ustedes sintiéndose parte de nuestra comunidad parroquial
contribuyan a edificarla y a hacerla un espacio de fraternidad, especialmente para los que se sienten solos.
Finaliza impartiendo la bendición a toda la comunidad, del modo acostumbrado.
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ORACIÓN PARA PEDIR DE LA FE
(OCTUBRE)
Este momento de oración, quiere ser una súplica a Dios nuestro Padre, fuente de todo consuelo y toda
esperanza, para que avive nuestra fe al iniciar este caminar específico de formación hacia el inicio de la vida
eucarística de nuestros pequeños interlocutores y sus familias. Recordemos lo que nos enseña el Catecismo de
la Iglesia Católica: “La fe es un don de Dios, una virtud sobrenatural infundida por él, ‘Para dar esta respuesta
de la fe es necesaria la gracia de Dios, que se adelanta y nos ayuda, junto con el auxilio interior del Espíritu
Santo, que mueve el corazón, lo dirige a Dios, abre los ojos del espíritu y concede a todos gusto en aceptar y
creer la verdad'" (DV 5).
Por ello, en comunidad pedimos que el Espíritu Santificador infunda y avive el don de la fe en estos niños y sus
seres queridos, a fin de que caminando junto con la comunidad puedan gozar de la alegría de Cristo que nos
llama a la felicidad plena, nos llama a vivir en el amor cristiano.
Sea al principio o al final de la catequesis parroquial, cuando todos los niños estén reunidos, el ministro o el
catequista delegado por el sacerdote (si este así lo indica), se dirige a la comunidad catequística con estas o
similares palabras.
CATEQUISTA/MINISTRO: Queridos niños, cuando el Apóstol San Pedro confiesa que Jesús es el Cristo, el Hijo
de Dios vivo, Jesús le enseña que esta revelación no le ha venido "de la carne y de la sangre, sino de mi Padre
que está en los cielos" (Mt 16,17; cf. Ga 1,15; Mt 11,25). Es decir, la fe de Pedro, como la nuestra, es un regalo
de Dios, y aunque es tarea nuestra cultivarla, hacerla fructificar, no deja de ser iniciativa de Dios el que
nosotros le conozcamos, él ha sembrado la buena semilla de su amor en nuestros corazones. Es por eso que
Jesús nos dice: “No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido.” Jn 15, 16.
Por eso mismo, levantemos nuestras súplicas al Señor, para que renueve e intensifique la virtud de la fe en
cada uno de ustedes, que van a emprender un camino que culminará en un encuentro sacramental con Jesús,
con el inicio de su vida de comunión eucarística, en compañía de toda la Iglesia.
Inmediatamente, invita a todos a orar en silencio por aquellos que iniciarán su formación para la primera
comunión, y luego los llama a decir juntos la siguiente oración, que de preferencia deberán tener en sus
manos:
ORACIÓN POR LA FE
Cada día quiero creer más en ti, querido Jesús.
Te quiero confiar mi vida y seguir tu camino.
Dame fuerzas para alimentar mi fe,
para hacerla crecer,
para que se mantenga fuerte cuando tengo dudas
o cuando quiero olvidarme lo que tú me enseñaste
porque me cuesta vivirlo.
Quiero tener una fe grande Señor,
que me ayude a llevar mucho amor
a todos los que me rodean,
y que me muestre el camino
de la alegría y la esperanza.
¡Que así sea, Señor!
Autor: Marcelo A. Murúa
Al concluir la oración, se puede hacer un canto alegre y se invita a los niños a regresar a su lugar y despedir
la breve reunión.
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INVOCACIÓN DE LOS SANTOS (LETANÍAS)
(NOVIEMBRE)
Desde tiempo inmemorial, el Pueblo de Dios a invocado a los miembros que se han adelantado en su camino
al Cielo, después de haber permanecido fieles, dando testimonio del amor misericordioso del Señor, a lo largo
de su peregrinar por este mundo. En este mismo sentido, la gente de nuestro pueblo maya, ha vivido una
íntima relación con los difuntos, quienes están vivos en el más allá, y con quienes cultivan un profundo sentido
de amor y cariño. Por eso, recordemos lo que enseña el Catecismo de la Iglesia Católica sobre la intercesión
de los santos: "Por el hecho de que los del cielo están más íntimamente unidos con Cristo, consolidan más
firmemente a toda la Iglesia en la santidad...no dejan de interceder por nosotros ante el Padre. Presentan por
medio del único Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, los méritos que adquirieron en la tierra...
su solicitud fraterna ayuda, pues, mucho a nuestra debilidad" (CEC 956)
De igual modo, respecto a la comunión con los santos, nos enseña: "No veneramos el recuerdo de los del
cielo tan sólo como modelos nuestros, sino, sobre todo, para que la unión de toda la Iglesia en el Espíritu se
vea reforzada por la práctica del amor fraterno. En efecto, así como la unión entre los cristianos todavía en
camino nos lleva más cerca de Cristo, así la comunión con los santos nos une a Cristo, del que mana, como de
Fuente y Cabeza, toda la gracia y la vida del Pueblo de Dios" (CEC 957)
De tal modo, ahora que estos niños están iniciando su camino de formación específica para la recepción del
Sacramento del Cuerpo y Sangre de Cristo, es necesario que roguemos a Dios acompañados por la intercesión
de los santos, para que los asista y bendiga en su caminar, que les fortalezca en su anhelo de ser más de
Cristo, y que se descubran acompañados de aquellos que han salido victoriosos en la carrera de los Discípulos
y Misioneros de Jesucristo.
Sea al principio o al final de la catequesis parroquial, cuando todos los niños estén reunidos, el ministro o el
catequista delegado por el sacerdote (si este así lo indica), se dirige a la comunidad catequística con estas o
similares palabras.
CATEQUISTA/MINISTRO: Queridos niños, nos hemos reunido en una ocasión muy especial para pedirle a Dios
que encienda nuestro deseo de prepararnos mejor para recibir, en el momento debido, el Cuerpo y Sangre
de Jesus en la Eucaristía; pero lo haremos acompañados de quienes han vencido en la carrera de la fe y han
obtenido la corona incorruptible (1 Cor 9, 25), es decir, los Santos, a quienes veneramos no sólo como
“modelos” nuestros, sino porque con ellos compartimos el amor a Cristo, con ellos vivimos en amor fraterno,
en la comunión de toda la Iglesia. Los Santos interceden ante Dios para fortalecer nuestra unión con Cristo,
de manera especial en este caminar de preparación y formación cristiana.
Animados por su intercesión y su testimonio fiel, hagamos oración pidiendo a cada uno de ellos, ruegue a
Dios nuestro Padre, en Cristo Jesús nuestro Redentor, para que permanezcamos fieles en este proceso de
educación en la fe a través de la catequesis.
El catequista o ministro se dirige a los presentes, y les hace esta o parecida monición:
CATEQUISTA/MINISTRO: Queridos niños, pidamos con insistencia la misericordia de Dios Padre omnipotente
en favor de estos siervos de Dios, que quieren acercarse a la mesa del altar y poder participar algún día del
Banquete Eucarístico. Y a quienes él llamó y ha conducido hasta este momento, les conceda con abundancia
luz y vigor para abrazarse a Cristo con fortaleza de corazón y para profesar la fe de la Iglesia. Y que les conceda
también la renovación del Espíritu Santo, que con insistencia hemos de invocar sobre estos niños.
Inmediatamente se cantan las letanías, en las que se pueden añadir algunos nombres de Santos,
especialmente el del Titular de la iglesia o de los Patronos del lugar, y de los Patronos de algunos d ellos
niños en preparación.
V/. Señor, ten piedad de nosotros. R/. Señor, ten piedad de nosotros.
V/. Cristo, ten piedad de nosotros. R/. Cristo, ten piedad de nosotros.
V/. Señor, ten piedad de nosotros. R/. Señor, ten piedad de nosotros.
Santa María, Madre de Dios, R/. Ruega por nosotros.
San Miguel, R/. Ruega por nosotros.
Santos ángeles de Dios, R/. Rueguen por nosotros.
San Juan Bautista, R/. Ruega por nosotros.
San José, R/. Ruega por nosotros.
San Pedro y san Pablo, R/. Rueguen por nosotros.
San Andrés, R/. Ruega por nosotros.
San Juan, R/. Ruega por nosotros.
Santa María Magdalena, R/. Ruega por nosotros.
San Esteban, R/. Ruega por nosotros.
San Ignacio de Antioquía, R/. Ruega por nosotros.
San Lorenzo, R/. Ruega por nosotros.
Santas Perpetua y Felicitas, R/. Rueguen por nosotros.
Santa Inés, R/. Ruega por nosotros.
San Gregorio, R/. Ruega por nosotros.
San Agustín, R/. Ruega por nosotros.
San Atanasio, R/. Ruega por nosotros.
San Basilio, R/. Ruega por nosotros.
San Martín, R/. Ruega por nosotros.
San Benito, R/. Ruega por nosotros.
San Francisco y santo Domingo, R/. Rueguen por nosotros.
San Francisco Javier, R/. Ruega por nosotros.
San Juan María Vianney, R/. Ruega por nosotros.
Santa Catalina de Siena, R/. Ruega por nosotros.
Santa Teresa de Jesús, R/. Ruega por nosotros.
Todos los santos y santas de Dios, R/. Rueguen por nosotros.
Muéstrate propicio, R/. líbranos, Señor.
De todo mal, R/. líbranos, Señor.
De todo pecado, R/. líbranos, Señor.
De la muerte eterna, R/. líbranos, Señor.
Por tu encarnación, R/. líbranos, Señor.
Por tu muerte y resurrección, R/. líbranos, Señor.
Por el don del Espíritu Santo, R/. líbranos, Señor.
Nosotros, que somos pecadores, R/. te rogamos, óyenos.
Jesús, Hijo de Dios vivo, R/. te rogamos, óyenos.
Cristo, óyenos. R/. Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos. R/. Cristo, escúchanos.
Con las manos juntas quien dirige, dice esta oración:
Derrama, Señor, tu infinita bondad sobre estos hijos tuyos
para que perseverando en el camino de fe,
a través de su empeño por conocer tu voluntad,
por la meditación de tu Palabra Santa,
puedan algún día participar del Banquete Eucarístico.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Al concluir la oración, se puede hacer un canto alegre y se invita a los niños a regresar a su lugar y despedir
la breve reunión.
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ORACIÓN DE CONSAGRACIÓN A LA VIRGEN MARÍA DE GUADALUPE
(DICIEMBRE)
Como nos enseña el Magisterio de la Iglesia, la Virgen María "colaboró por su fe y obediencia libres a la
salvación de los hombres" (LG 56). Por ello, los cristianos veneramos de modo especial a la Madre de Dios, y
más especialmente, bajo su advocación de la Virgen de Guadalupe, ya que quiso dejarnos su rostro lleno de
ternura en la tilma de San Juan Diego. Hoy la Santísima Virgen María, continúa colaborando en nuestro
caminar como Discípulos de su Hijo, y a través de su intercesión alienta nuestra esperanza, inflama nuestra
caridad e ilumina nuestra fe. Por ello, le pedimos que acompañe a estos pequeños interlocutores, en su
esfuerzo por responder al llamado de Dios y para que bendiga a toda su familia.
Sea al principio o al final de la catequesis parroquial, cuando todos los niños estén reunidos, el ministro o el
catequista delegado por el sacerdote (si este así lo indica), se dirige a la comunidad catequística con estas o
similares palabras.
CATEQUISTA/MINISTRO: Queridos niños, hoy nos vamos a dirigir a la Virgen María de Guadalupe, ella desde
los Evangelios, nos da testimonio de su amor maternal y diligente, como cuando acudió con prontitud a cuidar
de su prima Isabel que estaba embarazada, o también, como cuando se dio cuenta de que en la boda se agotó
el vino e intercedió ante su Hijo para que les ayudará. María también hoy, continúa cuidando de los Discípulos
y Misioneros de Jesucristo, que somos nosotros; intercede por nosotros ante su Hijo Jesús para que con su
gracia perseveremos en el camino de fe, de la esperanza, de la caridad.
Por ello mismo, dirijamos confiadamente nuestra oración a la Santísima Virgen María, bajo la su imagen de
Guadalupe, para que renueve e intensifique la virtud de la fe en todos ustedes y en sus familias, y
consagrándose a ella, puedan experimentar su consuelo y cobijo en medio de las fatigas de este caminar
evangelizador.
Inmediatamente, invita a todos a orar en silencio por aquellos que iniciarán su formación para la primera
comunión, y luego los llama a decir juntos la siguiente oración, que de preferencia deberán tener en sus
manos:
ORACIÓN A MARÍA
Hoy me dirijo a ti, Virgen María de Guadalupe,
para pedirte que me ayudes
a escuchar con confianza
la palabra del Señor.
Contágiame tu fe,
tu amor y tu esperanza
para que yo pueda responder sí
a todo lo que Dios me pida.
Enséñame a disponer el corazón,
a saber escuchar,
a guardar dentro mío
lo que el Señor va diciendo.
A recibir con generosidad
todo lo que Él propone.
Ayúdame a ser fiel
y a mantener el rumbo
que pide el Señor.
Que no me olvide
de dedicar cada día
un ratito para platicar con Jesús
y escuchar su voz en la Biblia.
Madre, quiero seguir tus pasos,
acompáñame en el camino.
Autor: Marcelo A. Murúa
Inmediatamente los invita a consagrarse a la Virgen María:
CONSAGRACIÓN A LA VIRGEN MARÍA
¡Oh Señora mía! ¡Oh Madre mía!
Yo me ofrezco enteramente a tí,
en prueba de mi filial afecto
te consagro en este día:
mis ojos, mis oídos, mi lengua,
mi corazón, en una palabra,
todo mi ser.
Ya que soy todo(a) tuyo (a)
¡Oh Madre de bondad!
Guárdame y defiéndeme
y utilízame con instrumento
y posesión tuya. Amén.
Al concluir la oración, se puede hacer un canto alegre y se invita a los niños a regresar a su lugar y despedir
la breve reunión.
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BENDICIÓN DE NIÑOS / EXORCISMO MENOR
(ENERO Y ABRIL)
TERMINOLOGÍA BÁSICA
¿QUÉ ES UNA BENDICIÓN?
La bendición es un sacramental por el cual un ministro ordenado o cualquier bautizado santifica a personas o
cosas para el servicio divino o invoca el favor divino. La bendición ocurre con frecuencia en la Biblia y tiene
varios significados: Significa alabar a Dios; desear el bien a una persona; dedicar una persona o cosa al servicio
de Dios.
• Sinónimo de alabar. Cf. Salmo 33, 1
• Expresa el deseo de bienestar espiritual. Cf. Salmo 127, 2.
• La santificación o dedicación de persona o cosa. Cf. Mateo 26, 26.
El Catecismo de la Iglesia Católica dice:
Entre los sacramentales figuran en primer lugar las bendiciones (de personas, de la mesa, de objetos, de
lugares). Toda bendición es alabanza de Dios y oración para obtener sus dones. En Cristo, los cristianos son
bendecidos por Dios Padre "con toda clase de bendiciones espirituales" (Ef 1,3). Por eso la Iglesia da la
bendición invocando el nombre de Jesús y haciendo habitualmente la señal santa de la cruz de Cristo (CEC
1671)
Ciertas bendiciones tienen un alcance permanente: su efecto es consagrar personas a Dios y reservar para el
uso litúrgico objetos y lugares. Entre las que están destinadas a personas -que no se han de confundir con la
ordenación sacramental- figuran la bendición del abad o de la abadesa de un monasterio, la consagración de
vírgenes, el rito de la profesión religiosa y las bendiciones para ciertos ministerios de la Iglesia (lectores,
acólitos, catequistas, etc.). Como ejemplo de las que se refieren a objetos, se puede señalar la dedicación o
bendición de una iglesia o de un altar, la bendición de los santos óleos, de los vasos y ornamentos sagrados,
de las campanas, etc-. (CEC 1672)
¿QUÉ ES EL EXORCISMO?
El exorcismo es una antigua y particular forma de oración que habitualmente hace un ministro ordenado de
la Iglesia, en nombre de Jesucristo y por el poder que Jesucristo ha otorgado a su Iglesia para liberar del poder
de Satanás, del demonio. Por lo tanto, no es oración personal sino de la Iglesia.
El Catecismo de la Iglesia Católica 1673, dice: "Cuando la Iglesia pide públicamente y con autoridad, en nombre
de Jesucristo, que una persona o un objeto sea protegido contra las acechanzas del maligno y sustraída a su
dominio, se habla de exorcismo. Jesús lo practicó (Mc 1,25 ss), de Él tiene la Iglesia el poder y el oficio de
exorcizar".
Los exorcismos pueden ser menores o mayores.
El exorcismo menor se realiza en el rito del bautismo de niños. Lo hace el diácono o el presbítero bautizante.
También se realiza en la celebración del bautismo de adultos y para acompañar el proceso catecumenal tanto
de adultos, como de niños y jóvenes. En este caso es durante la celebración de la palabra y puede ser hecho
por un diácono, presbítero o incluso un catequista designado para ello (RICA 109)
El exorcismo mayor es un sacramental que sólo puede ser válidamente celebrado por un sacerdote con el
permiso del Ordinario del lugar. El obispo da permiso al sacerdote para cada caso o puede, con el permiso de
la Santa Sede, formalmente otorgar a un sacerdote el oficio de exorcista. En ese caso el sacerdote está
facultado para exorcizar y no necesita un permiso particular para cada caso. Solo el exorcista con la debida
licencia puede verificar la verdadera posesión diabólica. Es un proceso difícil en el que se deben descartar
causas naturales.
RESPECTOS A LOS NINOS DE LA INICIACIÓN EUCARÍSTICA (NEOCATECUMENOS)
Los exorcismos primeros o menores, ordenados de modo deprecatorio (a modo de ruego, súplica, petición) y
positivo, muestren ante los ojos de los niños, sus papás y sus padrinos, la verdadera condición de la vida
espiritual, la lucha entre la carne y el espíritu, la importancia de la renuncia para conseguir las
bienaventuranzas del reino de Dios, y la necesidad constante del divino auxilio.
Las bendiciones, con las que se muestra la caridad de Dios y la solicitud de la Iglesia, ofrézcanse también a los
niños y sus papás y padrinos, para que, mientras siguen creciendo de la gracia del sacramento del Bautismo,
reciban de la Iglesia ánimo, gozo y paz en la prosecución de su esfuerzo y de su camino. Los exorcismos
menores se hacen dentro de una celebración de la Palabra de Dios, las bendiciones por los niños concluyen las
celebraciones de la Palabra.
ESQUEMA DE LA CELEBRACIÓN DE LA PALABRA CON EXORCISMO Y BENDICIÓN
Los exorcismos menores se celebran por el sacerdote o por el diácono, o también por un catequista digno y
apto, designado por el Obispo, a través del párroco, para este ministerio. Este esquema está elaborado para
ser celebrado fuera de la misa y puede hacerse periódicamente. Si se hace el exorcismo y la bendición dentro
de la misa entonces la realiza el sacerdote inmediatamente después de la homilía y hace directamente las
oraciones: primero la de exorcismo y luego la de bendición, la comunidad responderá cantando.
RITOS INICIALES
V. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
R. Amén.
SALUDO
Si es diácono o presbítero del modo propio.
Si es catequista laico:
V. Les saludo en nombre de nuestro párroco y pedimos al Señor que nos acompañe en este momento
celebrativo.
R. Bendito seas por siempre Señor.
LITURGIA DE LA PALABRA
OPCIÓN 1:
Primera lectura: Oseas 11, 1.3-4.8-9 (RICA 19)
Salmo: 88: Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor (RICA 33)
Antífona antes del evangelio: Juan 3,16 (RICA 66)
Evangelio: Marcos 10,13-16 (RICA 89)
OPCIÓN 2:
Primera lectura: 1ª Tesalonicenses 5,16-24 (RICA 58)
Salmo: 65 Que aclame al Señor toda la tierra (RICA 32)
Antífona antes del evangelio: Juan 14,6 (RICA 70)
Evangelio: Mateo 5,13-16 (RICA 78)
Terminadas las lecturas, se tiene una breve homilía si preside un diácono o presbítero, o la reflexión que dirige
el catequista.
EXORCISMOS MENORES
Al término de la homilía o reflexión, escoge una de las siguientes oraciones, luego con las manos juntas (si el
sacerdote extiende las manos sobre los niños) dirigiéndose a los niños, que estarán arrodillados, y pronuncia
la oración.
Oración 1
Oremos.
Oh Dios todopoderoso y eterno, que por tu Hijo Unigénito
nos prometiste el Espíritu Santo,
te pedimos por estos pequeños “neocatecúmenos”, que se entregan a ti:
aparta de ellos el espíritu del mal y líbralos del error y del pecado,
para que continúen siendo templos del Espíritu Santo;
con el poder con que tu Unigénito Jesucristo
libró al mundo del mal,
Da eficacia a nuestra palabra, que anuncia la fe.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Oración 2
Oremos.
Dios y Padre nuestro, creador y salvador de todos los hombres
que por amor creaste a estos pequeños “neocatecúmenos”
los acogiste con misericordia; y te has dignado llamarlos;
mira hoy sus corazones, y ve cómo están esperando a tu Hijo;
cuídalos con tu providencia y realiza en ellos
tu amoroso designio de salvación;
para que, unidos firmemente a Cristo,
sean contados entre sus discípulos aquí en la tierra
y puedan alegrarse de ser reconocidos por Él en el cielo.
Por Jesucristo nuestro Señor.
TODOS (cantando): Cristo, rompe las cadenas, las cadenas del pecado, Cristo rompe las cadenas y nos da la
salvación.
LAS BENDICIONES DE LOS “NEOCATECÚMENOS”
Las bendiciones de ordinario se confieren principalmente al fin de la celebración de la palabra de Dios, también
si parece, al final de la reunión catequética; Acabada la oración, los catecúmenos, si cómodamente puede
hacerse, se acercan al celebrante, que impone la mano a cada uno. Si no es posible por el número de niños, el
sacerdote impone las manos a todos en general.
Oración 1
Oremos.
Señor, Dios todopoderoso, mira a estos pequeños hijos tuyos,
que se forman en el conocimiento del Evangelio de tu Hijo Jesucristo:
concédeles conocerte y amarte, y cumplir siempre tu voluntad,
con decidido y alegre corazón; dígnate guiarnos en su marcha hacia ti;
y hazlo siempre parte de tu Iglesia, para que,
participando en los sacramentos, reciban la herencia prometida.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Oración 2
Oremos.
Dios y Padre nuestro, que, en tu providencia libraste al mundo del error,
por la venida de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo,
da a estos pequeños “neo catecúmenos”, sabiduría, firmeza en la fe
y sólido conocimiento de la verdad,
para que progresen día tras día en la virtud, y puedan recibir
en el momento oportuno el sacramento de tu Cuerpo y de tu Sangre,
para que se integren con mayor alegría en la comunidad
y glorifiquen con nosotros tu nombre.
Por Jesucristo nuestro Señor.
TODOS (cantando): Demos gracias al Señor, demos gracias, demos gracias al Señor (2)
Si se realizaron dentro de la misa dominical, sigue la Oración Universal y la misa como de costumbre.
Si un diácono o presbítero realizan la celebración, imparten la bendición como de costumbre.
Si un catequista presidió la celebración invoca la bendición del siguiente modo: haciendo la señal de la cruz
sobre su propia persona mientras dice
V. El Señor, nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
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ENTREGA DE LAS BIENAVENTURANZAS
(FEBRERO)
Las bienaventuranzas están en el centro de la predicación de Jesús. Con ellas, Jesús recoge las promesas
hechas al pueblo elegido desde Abraham, pero las perfecciona ordenándolas no sólo a la posesión de una
tierra, sino al Reino de los cielos.
Las bienaventuranzas, así, son promesas paradójicas que sostienen la esperanza en las tribulaciones y
anuncian las bendiciones y las recompensas ya iniciadas por el amor y la misericordia insondable de Dios
Padre manifestadas en su Hijo. Aunque el sufrimiento y la desesperanza parezcan llenar el mundo, Dios hace
todo lo que hace para la vida y el gozo del hombre: Para la vida y el gozo del hombre, Dios ha creado el mundo,
y nos ha dado el ser. Y para nuestra vida y nuestro gozo, destruidos por el pecado, ha venido el Hijo de Dios a
nuestra carne, y la ha unido a sí, con un amor esponsal, y la vivifica con su Espíritu Santo y pueda recorrer la
bella, dichosa y buena aventura que El mismo recorrió en el camino hacia el Padre. (Cfr. CEC 1716 – 1719)
Jesús no canoniza sencillamente a todos los pobres, los que padecen hambre, los que lloran y son perseguidos,
como no demoniza simplemente a todos los ricos, los saciados, los que ríen y son aplaudidos. La distinción es
más profunda; se trata de saber sobre qué cosa uno fundamenta su propia seguridad, sobre qué terreno está
construyendo el edificio de su vida: si sobre aquél que pasa o sobre aquél que no pasa. La suya no es una
invitación a hacernos pobres, ¡sino a hacernos ricos! «Bienaventurados vosotros, los pobres, porque vuestro
es el reino de Dios». Pensemos: pobres que poseen un reino, ¡y lo poseen ya desde ahora! Aquellos que
deciden entrar en este reino son, en efecto, desde ahora hijos de Dios, son libres, son hermanos, están llenos
de esperanza de inmortalidad. ¿Quién no desearía ser pobre de esta forma? (P. Fr. Raniero Cantalamessa)
Sea al principio o al final de la catequesis parroquial, cuando todos los niños estén reunidos, el ministro o el
catequista delegado por el sacerdote (si este así lo indica), se dirige a la comunidad catequística con estas o
similares palabras.
CATEQUISTA/MINISTRO: Queridos niños: Los Evangelios nos enseñan el secreto de la verdadera riqueza y
felicidad, ciertamente no nos invitación a hacernos pobres, ¡sino a hacernos ricos! «Bienaventurados ustedes,
los pobres, porque suyo es el reino de Dios». Es decir: pobres que poseen un reino, ¡y lo poseen ya desde
ahora! Aquellos que deciden a aceptar a Jesus en su vida y corazón, como cada uno de ustedes, son en efecto,
desde ahora hijos de Dios, son libres, son hermanos, están llenos de esperanza de inmortalidad, herederos
del Cielo. Que estas bienaventuranzas, los animen a perseverar en este camino de preparación, despojándose
de los bienes pasajeros del mundo, para enriquecerse con el amor de Jesús, a poner su esperanza en cada
una de sus promesas.
Se entrega las bienaventuranzas en forma de poster
CATEQUISTA/MINISTRO: Ahora niños, digan con voz fuerte, las bienaventuranzas que el Señor Jesús enseñó
a sus discípulos, para testimoniar la alegría de la salvación que nos ha venido a traer.
Niños:
Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Bienaventurados los mansos porque ellos poseerán en herencia la tierra.
Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que buscan la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Bienaventurados serán cuando los injurien, los persigan y digan con mentira toda clase de mal contra
ustedes por mi causa.
Alégrense y regocíjense porque su recompensa será grande en los cielos.
(Mt 5,3-12).
Rocía a los niños con agua bendita.
Invita a pegar este poster en algún lugar visible de su casa, para concluir la oración se puede hacer un
canto alegre y se invita a los niños a regresar a su lugar y despedir la breve reunión.
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BENDICIÓN DE LOS HIJOS
(MARZO)
Con motivo de la semana de la familia, recomendamos que los padres de familia o tutores se hagan presentes
en esta celebración, de modo que puedan bendecir a sus hijos y animarlos en su caminar de preparación hacia
la iniciación eucarística, también puede pedírseles que la hagan en familia en presencia de sus demás seres
queridos.
RITOS INICIALES
V. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
R. Amén.
SALUDO
Si es diácono o presbítero del modo propio.
Si es catequista laico:
V. Les saludo en nombre de nuestro párroco y pedimos al Señor que nos acompañe en este momento
celebrativo.
R. Bendito seas por siempre Señor.
El que preside dispone a los hijos y a los presentes a recibir la bendición, con estas palabras u otras
semejantes:
CATEQUISTA/MINISTRO: Con razón el salmo compara a los hijos con los renuevos de olivo alrededor de la
mesa familiar; ellos, en efecto, no sólo son signo y anuncio de la bendición divina, sino que atestiguan la
presencia eficaz del mismo Dios, el cual, como dador de la fecundidad en los hijos, multiplica el júbilo en la
familia y aumenta su alegría.
No sólo se debe a los hijos el mayor respeto, sino que conviene que se les enseñe oportunamente el amor y
el temor de Dios, para que, conscientes de sus obligaciones, vayan creciendo en sabiduría y en gracia, y,
teniendo ya en cuenta y poniendo por obra todo lo que es verdadero, justo y santo, sean testigos de Cristo
en el mundo y mensajeros de su Evangelio.
Prov 4, 1-7: Escuchad, hijos, la corrección paterna
Escuchad ahora, hermanos, las palabras del libro de los Proverbios.
Escuchen, hijos, la corrección paterna; escuchen, para aprender prudencia: les enseño una buena doctrina,
no abandonen mis instrucciones. Yo también fui hijo de mi padre, amado tiernamente por mi madre; él me
instruía así: «Conserva mis palabras en tu corazón, guarda mis preceptos y vivirás; adquiere sensatez,
adquiere inteligencia, no la olvides, de las familias: los hijos no te apartes de mis consejos; no la abandones,
y te guardará; ámala, y te protegerá; que tu primera adquisición sea la sensatez, con todos sus haberes
compra prudencia.»
Palabra de Dios.
ORACIÓN DE BENDICIÓN (Padres de Familia)
Los padres, según las circunstancias, haciendo la señal de la cruz en la frente de sus hijos, dicen la oración de
bendición:
Padre santo,
fuente inagotable de vida y autor de todo bien,
te bendecimos y te damos gracias,
porque has querido alegrar nuestra comunión de amor
con el don de los hijos;
te pedimos que estos jóvenes miembros de la familia
encuentren en la sociedad doméstica el camino
por el que tiendan siempre hacia lo mejor
y puedan llegar un día, con tu ayuda,
a la meta que tienen señalada.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Los ministros, si no son los padres, dicen esta oración de bendición:
Señor Jesucristo, tanto amaste a los niños
que dijiste que quienes los reciben te reciben a ti mismo;
escucha nuestras súplicas en favor de estos niños
y, ya que los enriqueciste con la gracia del bautismo,
guárdalos con tu continua protección,
para que, cuando lleguen a mayores,
profesen libremente su fe,
sean fervorosos en la caridad
y perseveren con firmeza
en la esperanza de tu reino.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
R. Amén.
Si un diácono o presbítero realizan la celebración, imparten la bendición como de costumbre.
Si un catequista presidió la celebración invoca la bendición del siguiente modo: haciendo la señal de la cruz
sobre su propia persona mientras dice
V. El Señor, nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
ENTREGA DEL SANTO ROSARIO
(MAYO)
Esta entrega, aunque no está propuesta en el RICA, creemos que nuestra idiosincrasia religiosa, amerita este
signo, pues juntamente con el amor al Padre Eterno y a su Hijo Jesucristo, debemos fomentar en los pequeños
interlocutores y en sus familias el amor maternal de María la Madre de Jesús, a quien consideramos como
madre nuestra. El signo del rosario y el modo de rezarlo sin duda es un elemento de la piedad popular que no
conviene descuidar.
Sea al principio o al final de la catequesis parroquial, cuando todos los niños estén reunidos, el ministro o el
catequista delegado por el sacerdote (si este así lo indica), se dirige a la comunidad catequística con estas o
similares palabras.
CATEQUISTA/MINISTRO: Queridos niños: Hoy queremos recordar juntamente con la comunidad que
tenemos un Padre amoroso que nos ama y nos cuida siempre. Queremos también encomendarnos a nuestra
madre espiritual, María que intercede por nosotros y nos lleva a Jesús.
Luego bendice los rosarios:
CATEQUISTA/MINISTRO: Bendito sea Dios, Padre nuestro que nos concede recordar y celebrar con fe los
misterios de su Hijo. Él nos de su gracia, para que, sostenidos por la piadosa súplica del rosario, nos
esforcemos por meditar y conservar continuamente en nuestro corazón, los gozos, los dolores, la luz y la
gloria de Jesús, junto con María su Madre.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Rocía los rosarios con agua bendita.
Al concluir la bendición, mientras se entrega a cada niño, se entona un canto mariano.
ENTREGA DE LAS OBRAS DE MISERICORDIA
(JUNIO)
Como nos enseña el Papa Francisco, las obras de misericordia despiertan en nosotros la exigencia y la
capacidad de hacer viva y laboriosa la fe con la caridad. A través de estos simples gestos cotidianos podemos
cumplir una verdadera revolución cultural.
Jesús, en sus palabras y en sus gestos, es la encarnación de la Misericordia. Jesús ante la multitud de personas
que lo seguían, viendo que estaban cansadas y extenuadas, pérdidas y sin guía, sintió desde lo profundo del
corazón una intensa compasión por ellas (cfr Mt 9,36). A causa de este amor compasivo curó los enfermos que
le presentaban (cfr Mt 14,14) y con pocos panes y peces calmó el hambre de grandes muchedumbres (cfr Mt
15,37). Lo que movía a Jesús en todas las circunstancias no era sino la misericordia, con la cual leía el corazón
de los interlocutores y respondía a sus necesidades más reales. Cuando encontró la viuda de Naim, que llevaba
su único hijo al sepulcro, sintió gran compasión por el inmenso dolor de la madre en lágrimas, y le devolvió a
su hijo resucitándolo de la muerte (cfr Lc 7,15). Después de haber liberado el endemoniado de Gerasa, le confía
esta misión: «Anuncia todo lo que el Señor te ha hecho y la misericordia que ha obrado contigo» (Mc 5,19).
(MV 8)
Él, a su vez, ha enseñado a sus discípulos: «sed compasivos como el Padre» (Lc 6, 36). Es un compromiso que
requiere el conocimiento y la acción de cada cristiano. Efectivamente, no basta con adquirir experiencia de
misericordia de Dios en la propia vida; es necesario que cualquiera que la recibe se convierta también en signo
e instrumento para los demás. La misericordia, además, no está reservada sólo para momentos particulares,
sino que abraza toda nuestra experiencia cotidiana. (Papa Francisco, Audiencia 12 octubre 2016)
La misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia. Todo en su acción pastoral debería estar
revestido por la ternura con la que se dirige a los creyentes; nada en su anuncio y en su testimonio hacia el
mundo puede carecer de misericordia. La credibilidad de la Iglesia pasa a través del camino del amor
misericordioso y compasivo. La Iglesia «vive un deseo inagotable de brindar misericordia». (MV 10)
Por ellos el Papa Francisco nos recuerda: Entonces ¿Cómo podemos ser testigos de misericordia? No pensemos
que se trata de cumplir grandes esfuerzos o gestos sobrehumanos. No, no es así. El Señor nos indica una vía
mucho más simple, hecha de pequeños gestos que sin embargo ante sus ojos tienen un gran valor, hasta tal
punto que nos ha dicho que sobre estos seremos juzgados. Efectivamente, una página entre las más bonitas
del Evangelio de Mateo nos muestra a la enseñanza que podremos considerar de alguna manera como el
«testamento de Jesús» por parte del evangelista, que experimentó directamente sobre él mismo la acción de
la Misericordia. Jesús dice que cada vez que damos de comer a quien tiene hambre y de beber a quien tiene
sed, que vestimos a una persona desnuda y acogemos a un forastero, que visitamos a un enfermo o un
encarcelado, se lo hacemos a Él (cf. Mt 25,31-46). La Iglesia ha llamado estos gestos «obras de misericordia
corporales», porque socorren a las personas en sus necesidades materiales. No obstante, hay otras siete obras
de misericordia llamadas «espirituales», que afectan a otras exigencias igualmente importantes, sobre todo
hoy, porque tocan la esfera íntima de las personas y a menudo son las que más hacen sufrir… Aprendamos de
nuevo de memoria las obras de misericordia corporal y espiritual y pidamos al Señor que nos ayude a ponerlas
en práctica cada día y en el momento en el cual veamos a Jesús en una persona necesitada. (Papa Francisco,
Audiencia 12 octubre 2016)
Sea al principio o al final de la catequesis parroquial, cuando todos los niños estén reunidos, el ministro o el
catequista delegado por el sacerdote (si este así lo indica), se dirige a la comunidad catequística con estas o
similares palabras.
CATEQUISTA/MINISTRO: Queridos niños, recordemos en este día las palabras del Papa Francisco: ¿Cómo
podemos ser testigos de misericordia? No pensemos que se trata de cumplir grandes esfuerzos o gestos
sobrehumanos. No, no es así. El Señor nos indica una vía mucho más simple, hecha de pequeños gestos que
sin embargo ante sus ojos tienen un gran valor,… Por ello, aprendamos de nuevo de memoria las obras de
misericordia corporal y espiritual y pidamos al Señor que nos ayude a ponerlas en práctica cada día y en el
momento en el cual veamos a Jesús en una persona necesitada.
Se entrega las obras de misericordia en forma de poster
CATEQUISTA/MINISTRO: Ahora niños, digan con voz fuerte, las Obras de Misericordia que el Señor Jesús
enseñó a sus discípulos con sus palabras, obras y actitudes, y comprometiéndose a vivirlas en su casa. En la
escuela, con los amigos, en todos lo ambientes y lugares en los que se hagan presentes.
OBRAS CORPORALES DE MISERICORDIA
1. Dar de comer al hambriento
2. Dar de beber al sediento
3. Dar posada al migrante
4. Vestir al desnudo
5. Visitar al enfermo
6. Visitar a los presos
7. Sepultar a los muertos
OBRAS ESPIRITUALES DE MISERICORDIA
1. Enseñar al que no sabe
2. Dar buen consejo al que lo necesita
3. Corregir al que está en error
4. Perdonar las ofensas
5. Consolar al triste
6. Sufrir con paciencia los defectos de los demás
7. Orar a Dios por vivos y difuntos
Rocía a los niños con agua bendita.
Invita a pegar este poster en algún lugar visible de su casa, para concluir la oración se puede hacer un
canto alegre y se invita a los niños a regresar a su lugar y despedir la breve reunión.