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Resumen Caida Imperio Inca 1

La guerra civil incaica llevó a Atahualpa al trono en 1532, pero semanas después fue capturado por Francisco Pizarro en Cajamarca, donde miles de sus guerreros fueron masacrados. A pesar de pagar un gran rescate, Atahualpa fue ejecutado en 1533 debido a la tensión que causaba su cautiverio entre los españoles. Su muerte marcó el fin del Imperio Incaico y el comienzo del dominio español en América del Sur.
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Resumen Caida Imperio Inca 1

La guerra civil incaica llevó a Atahualpa al trono en 1532, pero semanas después fue capturado por Francisco Pizarro en Cajamarca, donde miles de sus guerreros fueron masacrados. A pesar de pagar un gran rescate, Atahualpa fue ejecutado en 1533 debido a la tensión que causaba su cautiverio entre los españoles. Su muerte marcó el fin del Imperio Incaico y el comienzo del dominio español en América del Sur.
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TECNOLOGIA SUPEIOR EN LOGISTICA Y TRANSPORTE

CULTURA Y DIVERSIDAD
Alumno: Antoni Logroño.
Curso: Segundo ‘B’ Nocturno.
Revisar los videos proporcionados acerca de la caída del Imperio Incaico, una vez revisada
la información realice el resumen.
La guerra civil incaica, o guerra de sucesión incaica, fue un conflicto armado entre los
partidarios de Huáscar y su medio hermano Atahualpa por el trono inca. Probablemente se
inició en 1529, pero se sabe que la victoria se dio para el segundo pretendiente en 1532,
semanas antes de ser tomado capturado y ejecutado por Francisco Pizarro en Cajamarca

El tronar de las modernas armas españolas hizo correr despavoridos a las tropas quiteñas,
protectoras de Atahualpa, de la plaza de Cajamarca. Atahualpa había aceptado la invitación
de Francisco Pizarro para parlamentar y esperaba capturar al “jefe de los barbudos”, pero
todo estaba sucediendo al revés. Las calles que daban a la salida de la ciudad habían sido
bloqueadas con troncos por las huestes de Pizarro, por lo que las tropas de Atahualpa –que
habían acudido sin armas, confiando en su número– no podían escapar.
Cientos de indios arremolinados morían aplastados. Como en toda batalla, el factor sorpresa
fue decisivo. Atahualpa, confundido por el ruido de las explosiones y el griterío de los
naturales, vio desde su tarima como aniquilaban a espada a cerca de 3,000 de sus guerreros.
A pesar de que se había dado la orden de dejar con vida al inca, el mismo Pizarro tuvo que
defenderlo de la furia de sus soldados, por lo que recibió una herida en el brazo derecho.
Tras la masacre, y tomado prisionero, Atahualpa tenía la seguridad de que no lo matarían.

Esa misma noche, a la luz de las antorchas, Pizarro y el monarca prisionero cenaron juntos.
Con la ayuda de un intérprete tallán, a quien llamaban Marinillo, Pizarro le dijo al inca que
no estuviera triste, que en los lugares a donde habían llegado habían hecho amigos y
vasallos del emperador don Carlos de Habsburgo, “por la paz o por la guerra”.
Atahualpa, altivo, sin perder su majestad, respondió que no necesitaba de los consuelos del
jefe de los cristianos, que “usos son de la guerra el vencer o ser vencido”.
Pizarro, al ver tal majestad en el inca vencido, lo trató con respeto. No le puso grillos ni
cadenas en la celda donde lo confinó. Era la noche del 16 de noviembre de 1532.
Después de meses de prisión y de entregar un enorme pago por su liberación, la vida de
Atahualpa pendía de un hilo. Algunos lugartenientes de Pizarro temían una incursión de un
ejército de rescate: otros preferían mantenerlo con vida para, así, obtener mayores riquezas
en oro, plata y finos vestidos, a cambio de la libertad del inca cautivo.
Sin embargo, ante la gran tensión que ocasionaba el cautiverio del inca entre los oficiales
españoles, Pizarro ordenó su muerte. Atahualpa fue asesinado en el centro de la plaza de
Cajamarca, con la pena del garrote, el 26 de julio de 1533. Su cuerpo quedó en la plaza toda
la noche. Ningún natural se atrevió a retirarlo. Unos por miedo a los españoles, otros como
muestra de desprecio al inca fratricida. Dice el cronista que cuando llegó la aurora, un gallo
cantó. Los indígenas creyeron que lloraba por el inca muerto y llamaron al gallo “hualpa”,
por “haber sido el último de acordarse de Atahualpa”.

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