Introducción
En el presente estudio veremos el propósito de Juan planificado por
Dios, la aclaración del apóstol Juan para los seguidores de Juan el
bautista del tiempo en que se escribió este evangelio, y cuál fue el
ministerio del bautista. También encontraremos links específicos que
nos mostrarán vida y obra de Juan el bautista según el relato del
apóstol Juan.
Pero antes de comenzar con el estudio, te invito a leer una muy corta
presentación del comentario de Juan de Gracia y Vida:
Unas palabras sobre este comentario
La presente es una porción del Comentario Bíblico sobre el Evangelio
de Juan, publicado por Gracia y Vida. El mismo pretende ayudar a los
lectores en la interpretación y en la aplicación de las escrituras a sus
vidas; teniendo además como objetivo que la lectura sea fluida y de
fácil interpretación.
Con dicho objetivo en mente, y a fin de entender los distintos
versículos de la manera más apropiada, nos ayudaremos con un
análisis del contexto y con las herramientas hermenéuticas necesarias
para llegar a una correcta interpretación; pero todo esto sin entrar en
largas discusiones, ni en detalles demasiado técnicos.
Sin más, y primero que cualquier otra cosa, te invitamos a leer
atentamente el texto y orar para que el Señor te llene de su sabiduría;
sin lugar a dudas Él es la gran fuente de toda verdad y de todo
entendimiento. Hecho esto, ahora sí comencemos con el estudio de
los versículos que nos convocan, leamos:
El texto
6 Vino al mundo un hombre enviado por Dios, cuyo nombre era Juan.
7 Este vino como testigo, para testificar de la luz, a fin de que todos
creyeran por medio de él. 8 No era él la luz, sino que vino para dar
testimonio de la luz.
Juan 1.6-8 – LBLA
Juan 1.6-8 – Juan el Bautista, testigo de la Luz de Cristo
Comentario
6 Vino al mundo un hombre enviado por Dios cuyo nombre era
Juan
Juan el Bautista era un simple hombre con una misión extraordinaria.
En las palabras de Jesús: «de los nacidos de mujer no hay nadie
mayor que Juan» (Lucas 7.28), vemos la gran importancia no sólo de
su ministerio, sino de su persona.
Juan dice: «vino al mundo«, dando a entender que su nacimiento, su
vida y su tarea habían sido bien planificadas, y que el tiempo de su
ministerio había llegado. No era una casualidad que alguien se
levantara de entre el pueblo para ejercer tal tarea, Juan había
sido enviado por Dios.
Y así como él, también nosotros somos llamados por Dios, nuestra
tarea también es esencial para otros, Dios ha puesto su confianza en ti
y en mí y espera que, así como Juan, también le sirvamos y hagamos
todo nuestro esfuerzo en cumplir con su voluntad. La pregunta
siempre vigente es si estamos dispuestos. ¿Qué responderás tú?
Volviendo a Juan, tanto en su caso como en el de otros muchos, su
nombre no fue elegido al azar, es más ni siquiera fue consensuado
entre sus progenitores. El mismo Ángel que anunció su nacimiento fue
el que le dijo a su padre cómo habrían de llamarlo. En Lucas
1.13 leemos: «su nombre será Juan«. Juan (del hebreo Yohanán)
significa «Jehová ha hecho gracia”.
¡Cuán hermosa verdad revelada en un nombre! Dios ha hecho gracia
no sólo en Juan, sino también en nuestras vidas. Nos dio la salvación,
la posibilidad de ser sus hijos, la de servirle cada día, y cuántas cosas
más. ¡Cuán bueno es nuestro Dios y cuán bendito su regalo! Su
gracia, es decir, su favor inmerecido, ha sido aplicada a nuestras
vidas. ¡Cómo no glorificar su nombre!
7 Este vino como testigo, para testificar de la luz, a fin de que
todos creyeran por medio de él
Juan fue un testigo de la Luz
Juan vino como testigo del cumplimiento del plan de Dios, del
ministerio del Mesías tan esperado y de las mismas palabras de
Dios, que habían sido profetizadas por tantos hombres y que por lo
tanto, figuran en muchos pasajes bíblicos. Pero más allá de todas
estas cosas, él dio testimonio de la luz.
Juan, el apóstol y escritor de este evangelio, identificó
a Jesús como la luz del mundo, lo llamó así en Juan 1.4 y 1.9.
Según él, esta luz era la manifestación visible de la vida, la
cual vino salvar a todo el mundo de la condenación por el pecado,
pero para que dicha salvación sea efectiva, las personas debían, y
todavía deben, poner en funcionamiento la fe (Ver Juan 3.16).
Juan 1.6-8 – Juan el Bautista, testigo de la Luz de Cristo
Propósito de su ministerio
El ministerio de Juan el bautista entonces, era preparar los
corazones de las personas, para que al recibir el mensaje de
Jesús y al estar frente a la oportunidad de comenzar una verdadera
relación filial con Dios, pudieran creer en el mensaje de salvación y
en el portador celestial del mismo, Jesucristo.
Ésto es lo que quiere decir el último párrafo del presente versículo: “a
fin de que todos creyeran por medio de él”. En cierto sentido Juan
estuvo entre ambos pactos, el de la ley y el de la gracia. Estuvo
entre ambos, como profeta del antiguo, pero como ya en las
puertas del presente.
A Dios le plació que hubiera alguien que entre pacto y pacto, entre
dispensación y dispensación, preparara el camino para el Mesías
anunciado, aquel que cambiaría para siempre la forma de toda la
humanidad de relacionarse con Dios. Esa persona que estuvo entre
ambos pactos, y cumpliendo con dicha labor, fue Juan el bautista.
Una aclaración pertinente es que lo que decimos aquí sobre Juan,
para nada tiene relación con la obra de Jesús en el sentido de lo que
dicen, por ejemplo, versículos como Hebreos 9.15 o 12.24. Jesús hizo
posible el nuevo pacto, Juan únicamente (como si fuera poco), preparó
el camino de la fe para todos los judíos que habrían de escuchar el
mensaje de Jesús.
El ejemplo de Juan
Hablando sobre Juan, podemos decir que, la comprensión de su
ministerio y de su realidad, sumadas a su humildad y entrega,
constituyen en este hombre un verdadero ejemplo para nosotros. Es
por eso que no sólo en este, sino también en varios de los
comentarios que le siguen, destacaremos tanto su persona como su
ejemplo.
En este caso, una verdad a asimilar es que, así como Juan preparó
el camino para aquellos hombres, también nosotros estamos
llamados a hacer lo mismo. Debemos, con nuestro testimonio y
nuestro mensaje, preparar el camino para que la semilla sea sembrada
y produzca frutos en quienes nos rodean. Eso es lo que Dios espera
de nosotros (Mateo 28.19-20; 1 Pedro 2.9) y es a lo que deberían
abocarse nuestros esfuerzos.
Juan 1.6-8 – Juan el Bautista, testigo de la Luz de Cristo
8 No era él la luz, sino que vino para dar testimonio de la luz
En esta parte del texto debemos volver a recordar uno de los
propósitos del apóstol Juan al escribir su evangelio: Poner a Juan el
Bautista en el lugar que le correspondía. Debemos recordar que para
el año en que se escribió en mismo, 100 d.C., todavía había quienes
sólo seguían a Juan (Ver la Introducción al evangelio de Juan).
Es por esta razón que el apóstol hace esta aclaración: La luz no era
Juan sino Jesús. Su ministerio era solamente anunciar, preparar el
camino y dar testimonio de la luz verdadera que alumbra a todo
hombre. Ya veremos en comentarios siguientes cómo su tarea fue
cumplida a la perfección.
Más allá de la aclaración necesaria por parte del apóstol: ¡Cuán digno
de destacar es Juan el Bautista! ¿Será que otros al vernos podrán
decir lo mismo de nosotros? Si lo vemos desde otro punto de vista
podemos pensar en que habían quienes pensaban que el bautista era
la luz, y por eso la aclaración del apóstol.
Nosotros ahora tenemos oportunidad de llevar la luz de Cristo a
todos los hombres. Por favor leer Mateo 5:14-16 donde se nos dice
que nosotros somos la luz, pero en el sentido de ser portadores de la
misma. Si Jesús vive en ti, tú eres portador de su luz. Ilumina a todos
quienes te rodean con su luz para iluminar su camino hacia la
salvación.
Aclaración sobre el presente comentario
Para finalizar con este comentario queremos hacer la siguiente
aclaración:
Al proyectar el mismo nos hemos propuesto ir analizando y
presentando diferentes detalles sobre la vida y ministerio de Juan
el bautista, según vayamos teniendo oportunidad y en función a lo
que el texto del discípulo amado (el apóstol Juan) exprese sobre él.
Claro está que al ir avanzando tomaremos más versículos de
referencia de otros evangelios, y del resto de la Palabra de Dios, para
ir logrando una visión mayor sobre quién fue este gran siervo de Dios.
Por ahora, y prosiguiendo con el plan del estudio, dejamos los
siguientes links para que puedas acceder a ellos según consideres
conveniente.
Juan 1.19-23 – Testimonio de Juan el Bautista sobre sí mismo.
Introducción
Para comprender mejor este texto haríamos bien en leer, además de él, no solo
los versículos anteriores, en especial Juan 1.15, sino también los que le siguen a
este pasaje, es decir: Juan 1.29-34. En dichos textos podremos ver qué entendía
Juan el bautista acerca de Jesucristo, y cuál era su mensaje al respecto de Él.
Con referencia a nuestro texto, veremos cómo cierta comitiva enviada por los
representantes del gobierno político y religioso judío, vino para conocer en
persona a uno a quien el pueblo tenía por profeta (Mateo 21.26). Para ellos era
importante entender qué pretendía, dado que, según su perspectiva, estaba
revolucionando a todo Jerusalén.
Analizaremos entonces qué le preguntaron, por qué lo hicieron, qué temores
tenían dado lo que estaba aconteciendo; y además, cuál fue la respuesta de Juan.
Mientras vayamos recorriendo el texto, intentaremos ver también la aplicación del
mismo, es decir, qué mensaje hay en él para nosotros; pero antes, permítenos
presentarte brevemente este comentario:
Unas palabras sobre el comentario de Gracia y Vida
La presente es una porción del Comentario Bíblico sobre el Evangelio de Juan,
publicado por Gracia y Vida. El mismo pretende ayudar a los lectores en la
interpretación y en la aplicación de las escrituras a sus vidas; teniendo además
como objetivo que la lectura sea fluida y de fácil interpretación.
Con dicho objetivo en mente, y a fin de entender los distintos versículos de la
manera más apropiada, nos ayudaremos con un análisis del contexto y con las
herramientas hermenéuticas necesarias para llegar a una correcta interpretación;
pero todo esto sin entrar en largas discusiones, ni en detalles demasiado técnicos.
Sin más, y primero que cualquier otra cosa, te invitamos a leer atentamente el
texto y orar para que el Señor te llene de su sabiduría; sin lugar a dudas Él es la
gran fuente de toda verdad y de todo entendimiento. Hecho ésto, ahora sí
comencemos con el estudio de los versículos que nos convocan, leamos:
El Texto Bíblico
19 Este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas
de Jerusalén a preguntarle: ¿Quién eres tú? 20 Y él confesó y no negó; confesó:
Yo no soy el Cristo. 21 Y le preguntaron: ¿Entonces, qué? ¿Eres Elías? Y él dijo:
No soy. ¿Eres el profeta? Y respondió: No.22 Entonces le dijeron: ¿Quién eres?,
para que podamos dar respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?
23 El dijo: Yo soy la voz del que clama en el desierto: “Enderezad el camino del
Señor”, como dijo el profeta Isaías.
Comentario sobre el texto bíblico
19 Este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y
levitas de Jerusalén a preguntarle: ¿Quién eres tú?
La comisión investigadora
Los sacerdotes y levitas querían saber quién era aquel que bautizaba a los
judíos en las aguas de arrepentimiento. Era normal que los prosélitos se
bautizaran antes de seguir la fe judía; cuando lo hacían, manifestaban
públicamente su arrepentimiento por sus pecados.
Ahora, lo que no resultaba para nada ”normal”, era que cualquier descendiente de
Abraham se bautizara, ya que “supuestamente” ellos no tenían de qué
arrepentirse… Entonces, lo que ellos no entendían era:
¿Por qué las multitudes asistían al Jordán para encontrarse, en el desierto, con
Juan? ¿Cómo convencía al pueblo judío de bautizarse? ¿Quién decía ser aquel
hijo del sacerdote Zacarías? Y por último, ¿Cuál era su objetivo?
Eran demasiadas incógnitas en una tierra que vivía alborotada; con pensamientos
nacionalistas, con la esperanza de un Mesías que se hacía esperar (viéndolo
desde el punto de vista de ellos); y con el riesgo, siempre presente, de una
sublevación armada que trajera algún desastre a la nación.
Esto último ya había sucedido antes y volvería a suceder en el futuro.
Lamentablemente, vemos en los libros de historia, que cuarenta años más
adelante, los judíos experimentaron un muy triste desenlace por parte del ejército
romano, que culminó con la trágica destrucción del Templo en el año 70 d.C.
Se entiende entonces, viendo el contexto, que el temor de ellos no era para nada
infundado. Ahora, ¿Qué sucedería si este hombre, Juan, fuera el cumplimiento de
alguna de las profecías relacionadas con el mesías?
De ser así, la bendición de Dios los habría alcanzado. Esa es otra de la razones
por las que, con tanta insistencia, estos hombres se preguntaban quién era Juan.
Ya que evidentemente no era como cualquier otro sacerdote, algo distinto había
en él, y ellos necesitaban saber qué era. Pero Juan hizo algo distinto…
20 Y él confesó y no negó; confesó: Yo no soy el Cristo
Juan el bautista no pretendía ser nada más que alguien que apuntara hacia
Jesús. Todo su ministerio estaba centrado en preparar los corazones de
las personas, para que cuando llegara el Mesías, pudieran comprender su
mensaje y lograran ingresar al Reino de Dios.
Y claro que habían profecías al respecto del Mesías, pero también de aquel que
vendría antes que Él, es por eso que los judíos estaban tan pendientes del
cumplimiento de ellas. Esto implica que no sólo las conocían, sino que anhelaban
que se hicieran realidad cuanto antes. Por eso, cuando Juan llegó, sus corazones
se llenaron de expectativas.
Pero esta atención, de parte de los judíos, se centraba en la venida de un mesías
nacionalista, lo cual era algo muy distinto de lo que estaba aconteciendo. Es
cuando nos ponemos “en sus zapatos”, cuando realmente entendemos su postura
y sus esperanzas, ya que estaban cansados de ser oprimidos, de ser un pueblo
subyugado por otras potencias.
Ellos esperaban a un Mesías distinto, alguien que los libertara civil, económica,
cultural, política y militarmente. Eso es lo que debería hacer el Cristo (según ellos).
Es desde esta perspectiva, que también entendemos por qué, incluso los
discípulos de Jesús, esperaban esto mismo del Señor.
Por eso, al presentarse el bautista, el pueblo tenía la esperanza de hallar en él al
tal Mesías. Incluso las autoridades religiosas y políticas de entonces, enviaron
a esos representantes para saber si estaban o no en la presencia del Mesías,
o, en todo caso de Isaías o aunque sea del profeta esperado; o si por el
contrario, estaban frente a un embustero.
Te invitamos ahora a que veamos las profecías en las que se basaban los judíos:
Profecías sobre el Mesías, el regreso de Isaías y sobre el profeta
Sobre el Mesías
Sobre Jesús, hay tantas profecías que tal vez sea bueno ver el tema en una
publicación independiente, te invito a hacer clic aquí para ver las profecías
referentes a Jesús, en este caso, las que aparecen en la publicación del enlace,
fueron tomadas desde el evangelio de Mateo.
Las mismas son muy interesantes de ver dado que, el escritor de tal evangelio, ve
la vida de Jesús como el cumplimiento de aquellas profecías del Antiguo
Testamento, notar en ellas cuán hábil es Mateo para relacionarlas y cuán perfecta
armonía encontramos entre las profecías y los hechos de la vida del Maestro.
Si has leído dicho estudio, entonces, ahora te estarás dando cuenta de que había
una enormidad de profecías, y es por eso que los judíos, estaban totalmente
pendientes de su cumplimiento. Ahora, sobre quien o quienes vendrían antes que
el Mesías, también existían algunas otras profecías.
Sobre Elías
Podemos ver que en el Antiguo Testamento también se encontraba la profecía
sobre la venida de Elías. Es por eso que los judíos esperaban, que si Juan no
fuera el Mesías, que sea por lo menos el profeta Elías; lo cual era perfectamente
posible, ya Elías antecedería al Mecías, veamos el texto:
He aquí, yo os envío al profeta Elías antes que venga el día del Señor, día
grande y terrible.
Malaquías 4.5 – LBLA
Sobre el otro profeta
Veamos ahora la última de las opciones esperables. Había un profeta de la
magnitud de Moisés, quien también habría de presentarse. La referencia al profeta
esperado se halla en el libro de Deuteronomio y es la siguiente:
Un profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará el Señor tu
Dios; a él oiréis.
Deuteronomio 18.15 – LBLA
Habiendo visto las distintas profecías, podemos entonces entender qué es lo que
esperaban encontrar los judíos en Juan. Así que, cuando él respondió no ser el
Cristo, entonces solo habían dos posibilidades que encajaran con la tarea que
estaba desarrollando. Fue por eso que le preguntaron:
21 Y le preguntaron: ¿Entonces, qué? ¿Eres Elías? Y él dijo: No soy. ¿Eres el
profeta? Y respondió: No
Esto seguramente les resultó desconcertante en extremo, si no era ninguno de
ellos entonces: ¿Quién sería, o quién creía ser? Ya veremos más sobre esto en el
versículo 22. Pero antes, haremos bien en observar algunas cosas muy
importantes acerca de Juan el bautista:
El ejemplo de Juan
Juan tuvo la oportunidad de hacerse pasar por el Mesías, de hacerse grande ante
los ojos del pueblo. Bien pudo decir que era Elías (El mismo Jesús dio a
entender que Juan fue el cumplimiento de la profecía sobre la venida de
Elías, Ver Mateo 17.12); pero el profeta prefirió la humildad antes que la
gloria.
Si vemos lo que el ángel le dijo a su padre, podemos pensar que él tenía buenas
razones para vanagloriarse pero, sin embargo no lo hizo. Veamos dicho texto:
15 Porque él será grande delante del Señor; no beberá ni vino ni licor, y será lleno
del Espíritu Santo aun desde el vientre de su madre. 16 Y él hará volver a muchos
de los hijos de Israel al Señor su Dios. 17 E irá delante de Él en el espíritu y poder
de Elías para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y a los
desobedientes a la actitud de los justos, a fin de preparar para el Señor un pueblo
bien dispuesto.
Lucas 1.15-17 – LBLA
Teniendo el espíritu de Elías (Mateo 3.3) y el más grande propósito que hasta el
momento alguien hubiera tenido, su mensaje y su ejemplo de humildad fue
impactante y conmovedor:
Es necesario que el crezca, y que yo disminuya.
Juan 3:30 – LBLA
Él siempre tuvo muy claro cuál era su propósito.
Este hecho nos sirve para meditar en nuestras propias vidas, y preguntarnos si
también nosotros tenemos tanta claridad de propósitos y tanta humildad como la
tenía Juan. En tantos otros relatos en donde Juan participa, encontramos siempre
esta misma constante, una conducta y una humildad ejemplares, un amor a
toda prueba por la verdad de Dios y por el ministerio que Él le encomendó.
Nunca vemos, en ninguno de los relatos sobre Juan, que éste tuviera mayor
consideración de sí mismo que la que debía tener (Romanos 12.3). ¡Tomemos
este ejemplo y cumplamos también nosotros nuestros ministerios con esta
misma humildad que vemos en él!
Volviendo ahora a nuestro texto, veamos la insistencia de los comisionados para
determinar la peligrosidad del bautista. Juan, al igual que lo era su padre
Zacarías, por su ascendencia, era también considerado sacerdote de Israel;
esto no hacía más fácil la situación para ellos, sino todo lo contrario.
22 Entonces le dijeron: ¿Quién eres?, para que podamos dar respuesta a los
que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?
Es evidente que los enviados del Sanedrín debían llevar una respuesta al mismo.
No se irían sin que él les responda, fue así que entonces, forzado por la situación,
Juan se identificó de la siguiente manera:
23 El dijo: Yo soy la voz del que clama en el desierto: “Enderezad el camino
del Señor”, como dijo el profeta Isaías.
Juan, en vez de decir que él era cualquiera de aquellos nombrados anteriormente,
aún pudiendo hacerlo, solo dijo que estaban frente a una voz que clama en el
desierto. Por lo tanto, de igual modo se identificaba como el cumplimiento de una
profecía, veamos qué dice la misma:
Preparad en el desierto camino al Señor; allanad en la soledad calzada para
nuestro Dios.
Isaías 40.3 – LBLA
En una verdadera soledad ministerial, Juan era el único enviado de Dios para
preparar los corazones del pueblo, algo que era absolutamente necesario para
aquellos que irían a encontrarse con el Mesías. Pero el gran problema que
enfrentaba era que la nación no estaba preparada para entender su mensaje.
Demasiada ira acumulada en contra de la potencia que los oprimía (Roma); con
una auténtica carencia de una guía espiritual competente por parte de sus líderes
religiosos; y a todo esto se le sumaba que la religión no les servía para acercarse
a Dios, ya que era fría y apegada a las reglas más que al espíritu de las palabras
de la ley. Todo esto formaba un combo demasiado difícil de digerir.
El resultado era un pueblo alejado de Dios, con una sola cosa en mente: La
llegada de un salvador militar y político . Enderezar o allanar el camino del Rey era
por tanto una tarea demasiado complicada, pero aún así, el bautista no se
amedrentó, sino que esforzándose consiguió llevar multitudes al arrepentimiento.
He allí otro ejemplo de persistencia, de entrega y de fe verdaderas. Si él hubiese
considerado la soledad de su ministerio, lo difícil de su tarea; si no hubiese puesto
su esperanza en Dios, probablemente Dios hubiera debido tomar otro medio. Pero
esto no aconteció. Juan hizo lo que de él se esperaba.
Pensemos juntos
Este ejemplo nos permite reflexionar que sin importar cuán solos nos sintamos
haciendo la tarea, o cuán difícil nos parezca, con cuántas dificultades nos
encontremos en el camino, o cuánta gente se nos oponga (notemos que Juan
muere por cumplir con lo que venía a hacer – ver Marcos 6.17-28):
Si nos aferramos a Dios, si nos movemos en su presencia y si obramos con
sus fuerzas en lugar de con las nuestras, sin lugar a dudas, podremos llevar
adelante el ministerio que Él nos encomendó.
Esto último no implica ausencia de problemas, pero sí la asistencia
permanente del todopoderoso Dios, y el hecho de contar con su bendición,
con su ayuda y sustento para cada momento de nuestras vidas.
Entonces: ¿Avanzarás por el camino que Dios te está mostrando, o te volverás por
donde viniste, a vivir una vida triste y carente del poder y de la Gloria del Señor?
Solo Él puede ayudarte para que logres vivir en victoria (1 Corintios 15.57; 2
Corintios 2.14; Romanos 8.37; etc.), pero la decisión la tienes en tus manos. Por
ende:
¿Qué harás con su llamado a servirle?
Este estudio ha llegado a su fin. En el próximo veremos otras preguntas de esta
comisión investigadora y más respuestas, muy interesantes, de Juan. Con él
completaremos este primer día, en la cronología que nos está narrando el apóstol
Juan, sobre el comienzo del ministerio de Jesús.
¡Que Dios te bendiga mucho!
Juan 1.24-28 – Por qué bautizas, si no eres el Cristo, ni Elías, ni el profeta
Introducción
En los versículos previos (Juan 1.19-23) nos encontramos con una comisión
investigadora de parte de los líderes religiosos, la cual venía para ver quién era
Juan, qué hacía con el pueblo y por qué lo hacía. Los versículos que hoy veremos
corresponden a la continuación de dicho encuentro.
En el comentario que corresponde a aquellos versículos, hemos explicado el
contexto histórico, social y político del tiempo que atravesaba la nación judía, lo
que nos dio las herramientas necesarias para comprender el por qué de las
preguntas de los Fariseos.
Además también vimos las profecías que correspodían a la venida de algunos
hombres que antecederían a la llegada del Cristo. Asimismo vimos que Juan
negaba ser cada uno de ellos y su respuesta ante la insistencia de aquella
comisión, él dijo: » Yo soy la voz del que clama en el desierto» (Juan 1.23).
En el texto que analizaremos hoy, veremos qué es lo que Juan el bautista le
responde a dicha comisión sobre el por qué de su ministerio. Analizaremos la
incertidumbre de aquellos sobre lo que Juan estaba haciendo, y un brevísimo
resumen sobre el ministerio de Juan.
Más allá de estos temas y de algunos otros, observaremos cómo se considera
Juan en relación con Jesús, charlaremos sobre el ejemplo que éste nos deja, e
intentaremos hacer algunas aplicaciones para nuestras vidas. Pero antes,
quisiéramos presentarte muy brevemente este comentario:
Unas palabras sobre el comentario de Gracia y Vida
La presente es una porción del Comentario Bíblico sobre el Evangelio de Juan,
publicado por Gracia y Vida. El mismo pretende ayudar a los lectores en la
interpretación y en la aplicación de las escrituras a sus vidas; teniendo además
como objetivo que la lectura sea fluida y de fácil interpretación.
Con dicho objetivo en mente, y a fin de entender los distintos versículos de la
manera más apropiada, nos ayudaremos con un análisis del contexto y con las
herramientas hermenéuticas necesarias para llegar a una correcta interpretación;
pero todo esto sin entrar en largas discusiones, ni en detalles demasiado técnicos.
Sin más, y primero que cualquier otra cosa, te invitamos a leer atentamente el
texto y orar para que el Señor te llene de su sabiduría; sin lugar a dudas Él es la
gran fuente de toda verdad y de todo entendimiento. Hecho ésto, ahora sí
comencemos con el estudio de los versículos que nos convocan, leamos:
El Texto Bíblico
24 Los que habían sido enviados eran de los fariseos. 25 Y le preguntaron, y le
dijeron: Entonces, ¿por qué bautizas, si tú no eres el Cristo, ni Elías, ni el profeta?
26 Juan les respondió, diciendo: Yo bautizo en agua, pero entre vosotros está Uno
a quien no conocéis. 27 Él es el que viene después de mí, a quien yo no soy digno
de desatar la correa de su sandalia. 28 Estas cosas sucedieron en Betania, al otro
lado del Jordán, donde Juan estaba bautizando.
Juan 1.-24-28 – LBLA
Comentario sobre el texto bíblico
24 Los que habían sido enviados eran de los fariseos.
Los fariseos eran considerados una secta dentro del judaísmo, pero no en el
sentido en que hoy día se le da a la palabra secta. Eran simplemente un grupo de
personas, estudiosas de la Ley y los profetas, y celosos de las liturgias y de las
reglas religiosas que ellos mismos habían creado.
No estudiaremos sus ideas y pensamientos hoy, pero nos baste por ahora con
solamente decir que, eran personas consideradas por el pueblo como referentes
religiosos; y ellos mismos estaban orgullosos del papel que desempeñaban. Sin
embargo, Jesús muchas veces los confrontó y le pidió al pueblo que siguiera
sus consejos pero no su ejemplo (ver por ejemplo Mateo 23.1-32).
Las personas que habían venido para verificar quién era Juan, eran
representantes de esta secta, pero de seguro habían sido enviados por el
Sanedrín, que era la cúpula religiosa y política Judía. Estas personas, atónitas
por la negación de Juan sobre su persona, le preguntaron:
25 Y le preguntaron, y le dijeron: Entonces, ¿por qué bautizas, si tú no eres
el Cristo, ni Elías, ni el profeta?
Aquí otra vez vemos lo que ya analizamos en los versículos precedentes, una gran
insistencia en saber quién decía ser Juan, ya que quienes los habían enviado,
debían saber frente a quién estaban.
Como el bautismo era para arrepentimiento, y los judíos no se bautizaban
sino solo los prosélitos (no judíos convertidos al judaísmo), entonces ellos se
preguntaban: ¿Por qué bautizaba Juan?
Ésta era ya una gran pregunta, pero la acompañaba otra, la cual era tan
importante como la primera: ¿Cómo lograba Juan convencer a las multitudes? Ya
que las mismas estaban haciendo algo que no deberían hacer, a menos claro que
estuvieran en la presencia del Mesías.
Para entender más el pensamiento de los líderes religiosos, te invito a que
veamos lo siguiente:
La limpieza mesiánica
En Ezequiel 36.22-37 vemos que Dios había prometido una limpieza del pueblo,
la cual era por ende, un acontecimiento mesiánico. Para no alargar más el estudio
no transcribimos todo el texto, pero sí recomendamos leerlo completo para
entender las expectativas de toda la nación al respecto.
En cuanto a la limpieza del pueblo, debemos destacar el versículo 25, el cual
transcribimos a continuación, junto con los dos versículos siguientes:
25 ‘Entonces os rociaré con agua limpia y quedaréis limpios; de todas vuestras
inmundicias y de todos vuestros ídolos os limpiaré. 26 ‘Además, os daré un
corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros; quitaré de vuestra
carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. 27 ‘Pondré dentro de
vosotros mi espíritu y haré que andéis en mis estatutos, y que cumpláis
cuidadosamente mis ordenanzas.
Ezequiel 36.22-37 – LBLA
Véase ademas Ezequiel 37:23 y contexto. Es en relación con estos textos que
ellos asociaban la pureza ritual con el bautismo. Pero veamos un poquito más:
El por qué la incertidumbre de los fariseos
Ésto es lo que esperaban los judíos: que cuando hubiera una limpieza y un
arrepentimiento en toda la nación, ese hecho sería un augurio de la venida del
Mesías. Por lo tanto, no era ilógico que le preguntaran a Juan si él era el Salvador
profetizado. El tema es que él los confundía dando respuestas negativas a todas
sus preguntas, por lo cual quedaban muy perplejos.
De ahí entonces que comprendamos el tono de la pregunta. Ellos nunca hubieran
esperado que tales profecías tuvieran un doble cumplimiento; es decir que el
Mesías hubiera de venir dos veces, la primera para establecer un reino espiritual,
y la segunda a establecer un reino físico (lo cual obviamente ellos habían
entendido y estaban esperando).
Esta tan grave confusión, hacía que no pudieran comprender la importancia ni el
alcance del ministerio de Juan, quien sí había venido con el espíritu de Elías
(Mateo 17.12), y que sí estaba preparando el camino para el Mesías, pero era un
cumplimiento profético muy distinto al que esperaban.
Ahora, más allá de lo que ellos pudieran o no comprender, el ministerio
del profeta Juan era más que impresionante. Para poder entender nosotros cuál
era su tarea, te invito a hacer un pequeño paréntesis y leer lo que nos
cuenta Lucas en su evangelio, leamos:
Resumen del ministerio de Juan
Cuándo y dónde llevó adelante su ministerio
3 En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato
gobernador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca
de la región de Iturea y Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia, 2 durante el sumo
sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en
el desierto.
3 Y él fue por toda la región contigua al Jordán, predicando un bautismo de
arrepentimiento para el perdón de los pecados; como está escrito en el libro de las
palabras del profeta Isaías:
4 Voz del que clama en el desierto: “Preparad el camino del Señor, haced
derechas sus sendas. 5 “Todo valle será rellenado, y todo monte y collado
rebajado; lo torcido se hará recto, y las sendas ásperas se volverán caminos
llanos; 6 y toda carne vera la salvacion de Dios.”
(Lucas 3.3-6 – LBLA)
El mensaje de Juan
7 Por eso, decía a las multitudes que acudían para que él las bautizara: ¡Camada
de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira que vendrá? 8 Por tanto, dad frutos
dignos de arrepentimiento; y no comencéis a deciros a vosotros mismos:
“Tenemos a Abraham por padre”, porque os digo que Dios puede levantar hijos a
Abraham de estas piedras.
9 Y también el hacha ya está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol
que no da buen fruto es cortado y echado al fuego.
10 Y las multitudes le preguntaban, diciendo: ¿Qué, pues, haremos?
11 Respondiendo él, les decía: El que tiene dos túnicas, comparta con el que no
tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo.
12 Vinieron también unos recaudadores de impuestos para ser bautizados, y le
dijeron: Maestro, ¿qué haremos? 13 Entonces él les respondió: No exijáis más de
lo que se os ha ordenado.
14 También algunos soldados le preguntaban, diciendo: Y nosotros, ¿qué
haremos? Y él les dijo: A nadie extorsionéis, ni a nadie acuséis falsamente, y
contentaos con vuestro salario.
(Lucas 3.7-14 – LBLA)
Su testimonio sobre él mismo y sobre Jesús
15 Como el pueblo estaba a la expectativa, y todos se preguntaban en sus
corazones acerca de Juan, si no sería él el Cristo,
16 Juan respondió, diciendo a todos: Yo os bautizo con agua; pero viene el que es
más poderoso que yo; a quien no soy digno de desatar la correa de sus sandalias;
Él os bautizará con el Espíritu Santo y fuego. 17 El bieldo está en su mano para
limpiar completamente su era y recoger el trigo en su granero; pero quemará la
paja en fuego inextinguible.
18 Y también con muchas otras exhortaciones Juan anunciaba las buenas nuevas
al pueblo. 19 Pero Herodes el tetrarca, siendo reprendido por él por causa de
Herodías, mujer de su hermano, y por todas las maldades que Herodes había
hecho, 20 añadió además a todas ellas, ésta: que encerró a Juan en la cárcel.
(Lucas 3.15-18 – LBLA)
Ahora, volviendo a nuestro texto, vemos que dado que los comisionados para esta
investigación le pedían explicaciones sobre su ministerio, Juan terminó
contestando dos cosas, la primera, que él sólo bautizaba en agua, diferenciando
su bautismo con el que daría Jesús (Leer Juan 1.33); y la segunda, que el Mesías
ya estaba entre ellos, leamos:
26 Juan les respondió, diciendo: Yo bautizo en agua, pero entre vosotros
está Uno a quien no conocéis.
Jesús todavía no había comenzado su ministerio público, por tanto el pueblo
todavía no sabía quién era el Mesías anunciado. Pero Juan estaba anticipando
que, a quien ellos esperaban, ya estaba allí entre ellos, y que el tiempo tan
anhelado ya había llegado.
Es por eso que en versículo 23 los exhortaba a preparar el camino para el rey y, a
estar listos para su venida. ¡Cuán importante mensaje y cuán vigente hasta hoy en
día! ¿Cierto? ¿Qué mensaje damos nosotros a aquellos que nos rodean?
Tengamos a Juan por nuestro ejemplo ene este sentido.
Juan decía de sí mismo que, hasta tanto Jesús comenzara con su tarea, él solo
bautizaba en agua; lo decía como si fuera algo menor, como si no importara tanto.
Pero aún siendo que, el ministerio más importante de todos estuviera por
comenzar, el de Juan era imprescindible.
Como resultado del mismo los corazones eran ablandados y las multitudes se
arrepentían. Fue así que, al llegar Jesús, muchos ya estaban listos para escuchar
su mensaje y para seguirlo. Por otro lado, notar en este texto como Juan se
humilla a sí mismo y apunta siempre hacia el Mesías (Algo que todos
nosotros también deberíamos hacer).
Quiera Dios ayudarnos a tener tanta humildad como la de Juan; quien hizo una
enorme tarea sin creer que él mismo fuera algo muy especial. Cuánto sentido de
ubicación, no siempre se ve esto en nuestras iglesias. ¿Cierto?
Miremos hacia adentro y veamos nuestros propios corazones, meditemos en lo
que Dios espera encontrar en nosotros: una entrega total, valentía,
tenacidad y una gran humildad que nos acompañe en cada momento. ¿Qué
tienes tú para darle? ¿De qué manera te verá Él? ¿Qué hacemos y cómo obramos
ante el resto?
Veamos ahora qué más se desprende del estudio de este texto, y también del
contexto de las escrituras:
ANÁLISIS CONTEXTUAL
Juan, el escritor de este evangelio, nos está revelando todos los detalles, en forma
ordenada, sobre el inicio del ministerio de Jesús. Éste es el único evangelio que
contiene estos detalles que estamos viendo. Vimos ya, en la introducción al
mismo, que Juan complementa al resto de los evangelios, dándole a sus relatos
una impronta más espiritual.
Es gracias a estos detalles, y al análisis en conjunto de los demás evangelios, que
podemos armar la historia tal cual como sucedió, lo cual era uno de sus propósitos
de Juan al escribir el mismo. Véanse más detalles en la Introducción al
evangelio de Juan.
Entonces, al unir todos los datos disponibles, podemos concluir que para este
momento, Juan ya había bautizado a Jesús. Notar además, que al siguiente día
(Juan 1.29), el bautista relataría cómo le fue revelado quién era el “Cordero de
Dios”. Y esto, según el texto, sucedió después de que Juan lo hubiera bautizado.
Por otro lado, sabemos que luego de su bautismo, Jesús fue llevado al desierto y
que permaneció allí 40 días y cuarenta noches antes de ser tentado por el diablo
(Mateo 4.1-11; Marcos 1.12-13; Lucas 4.1-20). Por lo tanto, el acontecimiento
que estamos viendo en nuestro versículo presente (v26), debió haber sucedido,
por lo menos, 40 días después del bautismo de Jesús.
CONCLUSIÓN
Por lo tanto, al siguiente día (v29), Juan vería a Jesús venir a él, ya habiendo sido
bautizado y tentado, y estando a punto de comenzar con su ministerio; el cual
iniciaría dos días más tarde de los hechos narrados en el v26, (momento en que
los dos discípulos de Juan se transformarían en discípulos de Jesús (v37)).
Volviendo a nuestro texto, Juan da otra muestra de humildad en el versículo que
viene, veamos:
27 El es el que viene después de mí, a quien yo no soy digno de desatar la
correa de su sandalia.
Jesús estaba a punto de iniciar su ministerio. Es en ese sentido que el Mesías
venía después de él, aunque en verdad, era antes que él; ver el comentario sobre
el versículo 30.
En la cultura judía, un discípulo debía servir a su maestro pero no tenía por qué
desatar sus sandalias; los esclavos sin embargo, sí estaban obligados a hacerlo.
Aquí Juan dice de sí mismo, no solamente que no es digno de ser discípulo de
Jesús, sino más que eso, que ni siquiera es digno de ser su esclavo.
¿No te resulta llamativo que una persona con un ministerio tan grande se rebaje
tanto a sí mismo? Depende, si lo miramos desde nuestra vieja naturaleza, de
seguro lo consideraríamos anormal, pero si pensamos en lo que Dios nos enseña
en su palabra, entonces sabemos que Él espera que seamos verdaderamente
humildes.
Otro tema a charlar entre nosotros es que, aunque Juan no se consideraba para
nada importante, Dios tenía otra mirada al respecto. Si puedes, lee lo que Jesús
dice sobre él en Mateo 11.7-15. Dios no deja sin honra a sus hijos, sino que los
valora, ama y reconoce.
Es por considerarlo digno y capaz, es que le permitió llevar adelante su ministerio.
Esto también sucede hoy día con nosotros, Él nos da dones y ministerios para que
lo sirvamos, y aunque espera humildad, Él mismo pone en nosotros
reconocimiento y honra de parte de otros (Si tenemos el objetivo correcto y
hacemos lo que corresponde).
Pero lo que no debemos buscar es la gloria y el reconocimiento personal, ya que a
Dios le desagrada tal tipo de actitud (Proverbios 3.34; Santiago 4.6). Para concluir
con este tema, nos gustaría decirte que para los cristianos, servirle es un honor y
una bendición de la cual todos podemos disfrutar.
Por tanto, si todavía no sabes cómo se siente, te invito a buscar la manera de
servirle. Hacerlo traerá mucho crecimiento a tu vida espiritual, mucha madurez y
también, la posibilidad de conocer mas a Dios y confiar plenamente a la hora de
afrontar distintas situaciones que se puedan presentar en tu vida.
Considera seriamente la posibilidad de ser su siervo.
28 Estas cosas sucedieron en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan
estaba bautizando.
Mucho se ha hablado de la localización de Betania, sin lugar a dudas estaría no
muy lejos de Galilea, al otro lado del Jordán. Parecería ser que entonces existen
por lo menos dos lugares llamados Betania (Ver Juan 12.1). Pero su ubicación
exacta se desconoce.
Aclaración final sobre el estudio
Este estudio ha llegado a su fin, pero queremos presentarte una aclaración sobre
el mismo: Tanto el presente como el estudio sobre Juan 1.19-23 conforman una
unidad, pero dado que el estudio completo era bastante largo de leer, lo hemos
dividido en dos estudios.
¡Que Dios te bendiga mucho!
Juan 1.29 – El Cordero de Dios que quita el pecado del mundo
Comentario Bíblico Devocional sobre el Evangelio del apóstol Juan
Introducción
En este texto veremos cómo Juan el bautista cumple con su propósito al apuntar
siempre hacia Jesús y cómo lo identifica como «el cordero de Dios»; además,
analizaremos el significado de ese título aplicado a Jesucristo, y cuál es Su
ejemplo para nosotros.
Entre otras cosas, también identificaremos uno de los propósitos del apóstol Juan
para escribir este evangelio. Y asimismo el alcance, valor e implicancia del
sacrificio de Cristo Jesús en la cruz.
Además de todo lo anterior, intentaremos aplicar las enseñanzas del texto a
nuestras vidas. Te dejamos a continuación un índice para que puedas navegar por
el estudio como mejor consideres:
Unas palabras sobre el comentario de Gracia y Vida
La presente es una porción del Comentario Bíblico sobre el Evangelio de Juan,
publicado por Gracia y Vida. El mismo pretende ayudar a los lectores en la
interpretación y en la aplicación de las escrituras a sus vidas; teniendo además
como objetivo que la lectura sea fluida y de fácil interpretación.
Con dicho objetivo en mente, y a fin de entender los distintos versículos de la
manera más apropiada, nos ayudaremos con un análisis del contexto y con las
herramientas hermenéuticas necesarias para llegar a una correcta interpretación;
pero todo esto sin entrar en largas discusiones, ni en detalles demasiado técnicos.
Sin más, y primero que cualquier otra cosa, te invitamos a leer atentamente el
texto y orar para que el Señor te llene de su sabiduría; sin lugar a dudas Él es la
gran fuente de toda verdad y de todo entendimiento. Hecho ésto, ahora sí
comencemos con el estudio de los versículos que nos convocan, leamos:
El Texto
Al día siguiente vio a Jesús que venía hacia él, y dijo: He ahí el Cordero de Dios
que quita el pecado del mundo.
Juan 1:29 – LBLA
Comentario del texto bíblico
Al día siguiente vio a Jesús que venía hacia él
El principio de este versículo indica que Juan nos está brindando un relato
ordenado, día tras día, sobre el inicio y desarrollo del ministerio de nuestro Señor.
Ésta forma de relato, ordenada por fecha, solo se dará en esta primer parte del
evangelio de Juan; más adelante los relatos y enseñanzas serán acomodados
prescindiendo de la cronología.
Según vemos por el contexto, Jesús comenzaría su ministerio al día siguiente.
Algunos comentaristas sugieren que Jesús volvía en ese momento del desierto,
tras haber sido tentado. Aunque no podemos afirmar la veracidad de tal
afirmación, admitimos que no es para nada descabellada. De ser el caso Jesús se
habría puesto a “trabajar” al día siguiente de volver de su tiempo de prueba, es
decir, apenas estuvo listo.
De ser así, éste sería un gran ejemplo para nosotros. Al igual que Él deberíamos
trabajar en la obra del Señor sin perder tiempo, sin demorar, apenas tengamos el
llamado y mientras tengamos fuerzas para hacerlo. A veces sucede que
esperamos demasiado tiempo, y si no se da todo según nuestro ideal, preferimos
esperar a hacer lo que se nos ha encomendado. Jesús hizo lo que debió apenas
llegó el tiempo señalado por Dios, aprendamos nosotros de su ejemplo.
Volviendo al contexto: Notar que Juan, el discípulo amado, no cuenta ni la historia
de la tentación ni la del bautismo; sin embargo en estos versículos hablará de
ambos acontecimientos como si los lectores de su evangelio ya los conocieran. (Si
lo necesitas, puedes leer la razón de esto en la Introducción al evangelio de
Juan, en donde se explica además, el modo, propósito y meta del apóstol para
escribir este evangelio).
Volver al índice
Sigamos ahora viendo lo que hacen ambos Juanes, el bautista y el escritor de este
evangelio:
He ahí el Cordero de Dios
Juan el Bautista
El texto dice que Jesús iba hacia Juan, pero no qué pasó después, tal vez solo
siguió de largo. Lo que sí es importante dentro del relato, es que Juan el bautista
hizo lo que se suponía debía hacer. Señalar hacia Jesús, hablar de Él en el
momento adecuado y dirigir a sus discípulos hacia el Salvador. Es como si lo
estuviera apuntando con su dedo y diciendo: “He ahí el cordero de Dios”, a partir
de ahora, lo deberían seguir a Él.
Esto mismo es lo que nosotros debemos hacer:
Tenemos que mostrar a otros hacia dónde caminar para encontrar a Jesús;
hacia dónde mirar para ver al Salvador. Esa es nuestra mayor
responsabilidad como siervos de Dios. Para que otros lo conozcan, nosotros
debemos hacer nuestro trabajo (Mateo 28.19-20; 1 Pedro 2.9). ¡Nunca
olvidemos esto! Esa es la tarea que todos debemos hacer.
Juan el apóstol
Por otro lado y desde otra perspectiva, el apóstol está diciendo claramente que
Juan el Bautista no era el Mesías, pero que apuntaba hacia Él. Esto tiene que ver
con que uno de los propósitos de este evangelio, el cual era demostrar qué
posición ocupaba Juan en contraste con la de Jesús. (Existía una secta, para el
año cien d.C., que todavía seguía a Juan y creía en él, más no en Jesús… Ver
la introducción al evangelio).
Cuántas personas siguen al predicador y no a quien es
predicado. Asegurémonos bien de que nuestro mensaje sea claro, que quien
tenga todos los méritos sea el Señor, que no haya ego en nuestros
corazones y que las personas tengan las herramientas necesarias para
acercarse a Él. Nosotros debemos ser transparentes, quién debe verse es
solamente Él.
Por otro lado, debemos estar conscientes de que no podremos evitar que las
personas tomen decisiones equivocadas, pero sí podemos asegurarnos de
dar el mensaje correcto. Para esto debemos estudiar la Biblia (2 Timoteo 2.15),
tener comunión íntima y cotidiana con nuestro Señor (Juan 15.4-5), buscar la
sabiduría que solo viene de Dios (Santiago 1.5) y servirle con total entrega
(Josué 22.5).
Veamos ahora qué significa que Jesús es el Cordero de Dios:
El cordero de Dios
Muchas veces hemos de leer este título aplicado a nuestro Señor Jesús. Esto es
porque Él es el cordero que Dios dispuso para quitar los pecados del mundo.
Ahora, si bien es mucho se podría hablar sobre la necesidad de un sacrificio
sustitutorio y cómo se aplica dicho sacrificio en nuestras vidas, la verdad es que
no pretendemos presentar aquí un tratado de teología.
Gracia y Vida ha tratado, en diversos estudios, distintos temas relacionados con
éste y que hacen a una mejor comprensión del mismo, a saber: el pecado, la
imposibilidad del ser humano en saldar su deuda con Dios, el arrepentimiento, el
perdón de Dios, la condenación eterna, la salvación dispuesta por Dios y otros
muchos.
Todos esos temas, y varios otros, deberían ser tratados aquí para entender bien
qué es y cómo se aplica a nuestras vidas la verdad de que Jesús es el “cordero de
Dios que quita el pecado”; pero lo que haremos es dejar algunos links para que los
leas si lo crees pertinente; los encontrarás al final de esta publicación.
A manera de un breve resumen, lo que sí diremos es que:
El cordero de Dios era Jesús y quien lo dispuso para morir por nosotros fue
el mismo Padre; el propósito fue quitar los pecados de todos aquellos que
aceptaran a Jesús por fe; y por lo tanto, la oportunidad de lavar nuestros
pecados está hoy vigente para todo el mundo; y cualquiera que lo decida,
puede beneficiarse del sacrificio de Jesús, pasando a ser un/a hijo/a de Dios
y salvándose así de la condenación eterna por el pecado.
Veamos ahora el por qué de la figura de un cordero:
El Cordero
En este punto veremos que el cordero era uno de los animales que se usaban
para los sacrificios por el pecado en el A.T., pero por qué Juan identifica a Jesús
con el cordero de Dios. Muchos comentaristas intentan explicar la razón, y para
esto hacen las siguientes suposiciones:
El cordero pascual
Algunos dicen que cuando hablaba sobre Jesús, Juan estaba pensando en el
cordereo pascual con cuya sangre se pintaron los dinteles de las puertas de las
casas judías en Egipto (ver Éxodo 11 y 12). En ese caso la sangre del cordero
salvó de la muerte a los primogénitos de los hijos de Israel.
De ser así, Juan estaría pensando en Jesús como en el cordero que salva
nuestras vidas de la muerte eterna. En el mismo sentido también podemos
observar que Pablo relaciona a Jesucristo con el cordero pascual (ver 1 Corintios
5.7).
El cordero del sacrificio diario
Por otro lado el padre de Juan el bautista era sacerdote de Israel al igual que él,
así que Juan conocía tanto las escrituras cómo el oficio sacerdotal. Por ende, es
posible que estuviera pensando en los corderos sacrificados cada día en el
Templo (ver Éxodo 29.39-42).
El cordero provisto por Dios
Otra posibilidad es la provisión de Dios de un sacrificio para el holocausto,
como el suministrado a Abraham, el cual también es un tipo de Jesús. (Cuando
Isaac le preguntó a su padre dónde se hallaba el cordero a sacrificar, su padre
solo confío y esperó en la provisión de Dios (Génesis 22.1-14).
Esa misma provisión nos alcanza hoy a cada uno de nosotros. Jesús es la
provisión divina para nuestras vidas. ¿Lo crees?
El cordero sufriente
Aunque existan más posibilidades, la última que mencionaremos como posible es
la siguiente: Dios hablaba a través de la boca de Juan, confirmando que
Jesús es el cumplimiento de Isaías 53.7.
En aquel pasaje se profetiza sobre la venida de aquel que sería llevado como un
cordero al matadero (sería muy recomendable leer todo el capítulo 53 para
observar cómo esta profecía es cumplida en su totalidad por Jesús).
Tal vez alguna de todas las nombradas, o una mezcla de varias de ellas hicieron
que Juan lo llamara de esta manera. La verdad es que no lo sabemos, pero sí
diremos que a partir de ese momento, nuestro salvador es nombrado así
muchísimas veces; especialmente por Juan en el Apocalipsis.
La función de Jesús como el cordero
Sin pretender brindar una profunda explicación teológica, lo que diremos es que
los sacrificios en el Antiguo Testamento fueron instituidos por Dios como una
figura o muestra (en teología: “Tipo”) de lo que sucedería después en el sacrificio
de Jesús.
Estos sacrificios cubrían los pecados de los israelitas y la práctica del sacrificio se
sucedió por muchísimos años. En comparación con éstos:
Jesucristo fue sacrificado una vez y para siempre (Hebreos 7.27; 1 Pedro 3.18) y
su sacrificio quita y limpia el pecado de cada persona que se acerca a Él con fe y
arrepentimiento (Hechos 2.38; 3.19; Romanos 1.17; Efesios 3.17; Hebreos
10.10-18; 1 Juan 1.9; etc.). Después de su muerte en la cruz no se necesitan más
sacrificios por los pecados ya que su sacrificio es suficiente para que todo el
mundo sea salvo (Hebreos 7.27).
Aclaremos ahora muy brevemente qué implica la siguiente frase:
Que quita los pecados del mundo
Jesús cumplió con lo que la santidad de Dios demandaba; ésto era algo
absolutamente necesario para poder relacionarnos con Dios como sus hijos. Pero
hay algo importante que nos será fundamental decir: Solo quita los pecados de
aquellos que se acerquen con fe y con arrepentimiento a Dios.
Comprendamos bien este punto, la sangre de Cristo tiene un valor tan alto,
que alcanzaría para la salvación de cada persona en el mundo a lo largo de
toda la historia; pero la misma no se aplica automáticamente a toda la creación.
La fe en Cristo está de por medio. Una cosa es que tenga el valor necesario y
suficiente, pero otra es que se aplique a nuestra vida.
Por lo tanto, de la única manera en que accederemos al lavamiento de
nuestros pecados y a la salvación eterna es a partir de la fe en
Jesucristo. Aprovecho aquí para preguntarte: ¿Tienes fe en Jesús? Le has
entregado tu vida a Dios? ¿Tienes certeza en cuanto a tu salvación? (Si nos
escribes intentaremos ayudarte con estos temas).
Veamos muy brevemente ahora cuales son los
Beneficios del sacrificio de Jesucristo
Cuando creemos en Jesús como nuestro Salvador, nos arrepentimos de nuestros
pecados y determinamos cambiar nuestra forma de vida, para obedecer a Jesús
como nuestro Señor, sucede lo siguiente:
El Espíritu Santo viene a vivir en nosotros.
La sangre de Jesús se aplica a nuestra vida.
Nuestros pecados son lavados.
Nuestras deudas para con Dios se nos perdonan.
Dios nos adopta como sus hijos.
El Espíritu comienza a enseñarnos, dirigirnos, fortalecernos, y a
conducirnos hacia toda verdad.
Comenzamos a vivir una nueva vida, una que tiene perspectivas diferentes,
con una esperanza viva en la resurrección de los muertos y un futuro de
gloria.
Somos parte de la familia y del pueblo de Dios y nos unimos al Reino de
Dios.
Seguramente habrán muchas otras cosas que cada uno de los creyentes quisieran
agregar a este listado, el cual no pretende ser exhaustivo, sino solo nombrar
algunas de las cosas más importantes de las que podemos disfrutar a partir del
sacrificio de Cristo. (Si deseas agregar más ítems que te resulten importantes,
obviamente lo puedes hacer; utiliza el espacio de los comentarios más abajo).
Este estudio llega ahora a su fin, esperamos que Dios bendiga grandemente tu
vida y que puedas conocer a este Cordero de Dios y entergarle a Él tu vida, para
que todos tus pecados te sean limpiados y perdonados. Solo así serás un/a
verdadero/a hijo/a de Dios.
Juan 1.30-31 – Después de mí viene un hombre que es antes de mí
Introducción
Desde los versículos previos, 1.19 en adelante, el apóstol Juan nos estuvo
narrando distintos acontecimientos en el ministerio de Juan el Bautista, y sobre la
relación que éste tiene con Jesús. Hemos visto su predicación, lo que le responde
a quienes le preguntan por su ministerio, y como él se refiere a Jesús.
En estos versículos continuaremos viendo el testimonio de Juan sobre Jesús, y
cómo se relaciona, su ministerio, con el del “Cordero de Dios que quita los
pecados del mundo”. (Ese es el título que Juan le dio a Jesús en el versículo
anterior).
Comenzaremos en breve con el análisis de los textos que nos convocan, pero
antes, si te es posible, por favor lee todo el contexto (Juan 1.19-34), esto te
ayudará a entender mejor lo que estamos viendo aquí.
Unas palabras sobre el comentario de Gracia y Vida
La presente es una porción del Comentario Bíblico sobre el Evangelio de Juan,
publicado por Gracia y Vida. El mismo pretende ayudar a los lectores en la
interpretación y en la aplicación de las escrituras a sus vidas; teniendo además
como objetivo que la lectura sea fluida y de fácil interpretación.
Con dicho objetivo en mente, y a fin de entender los distintos versículos de la
manera más apropiada, nos ayudaremos con un análisis del contexto y con las
herramientas hermenéuticas necesarias para llegar a una correcta interpretación;
pero todo esto sin entrar en largas discusiones, ni en detalles demasiado técnicos.
Sin más, y primero que cualquier otra cosa, te invitamos a leer atentamente el
texto y orar para que el Señor te llene de su sabiduría; sin lugar a dudas Él es la
gran fuente de toda verdad y de todo entendimiento. Hecho ésto, ahora sí
comencemos con el estudio de los versículos que nos convocan, leamos:
El Texto
30 Este es aquel de quien yo dije: “Después de mí viene un hombre que es antes
de mí porque era primero que yo.”31 Y yo no le conocía, pero para que Él fuera
manifestado a Israel, por esto yo vine bautizando en agua.
Juan 1:30-31 – LBLA
Comentario del texto bíblico
30 Éste es aquel de quien yo dije: “Después de mí viene un hombre que es
antes de mí porque era primero que yo.”
Éste es aquel de quien yo dije
Ya Juan había hablado muchas veces sobre el Mesías, aunque sin mencionar
quien era, pero ahora llegó el momento en el que sí lo puede señalar. Recordemos
que un día antes les había dicho a quienes lo escuchaban, y a la comisión
investigadora de los fariseos: “entre vosotros está Uno a quien no conocéis” (Juan
1.26).
Posiblemente Juan no supiera, el día anterior, cuándo se iba a presentar Jesús,
pero ahora ha llegado el momento para el cual tanto había trabajado. Había
estado preparando el camino para cuando Jesucristo llegue, y ahora estaba frente
a Él. ¡Cuánta alegría y expectativa habría habido en su corazón! ¿No lo crees?
Se dice de Jesús que venía hacia Él. Muchos teólogos creen que vendría del
desierto en donde acababa de ser tentado (Mateo 4.1-11; Marcos 1.12-13; Lucas
4.1-13). Sabemos que al siguiente día comenzaría su ministerio; pero no qué
sucedió después de ésto, en ese mismo día; si estos teólogos están en lo cierto,
Jesús tal vez se tomaría el día para descansar.
En el contexto completo vemos que la tarea de Juan estaba ya culminando. Una
vez preparado el camino, y habiéndose presentado el Mesías, su tarea habría
concluido. Cuánta alegría hay en los corazones de aquellos que se dan cuenta de
que han concluido con su tarea, y más si han tenido éxito en la misma como en
este caso.
APLICACIÓN
¿Te ha sucedido el ver que una persona a quién le has hablado, al fin conoció a
Jesús? ¿O que aquel a quien le has enseñado la palabra, ahora ya la entiende y la
comparte con otros? ¿Y qué tal de la persona que ahora puede caminar firme en
la fe después de haber orado mucho por él (o ella)?
Sin importar qué tarea estés desarrollando, lograr verla terminada te llenará de
gozo y contentamiento. Y mucho más si lo que has hecho ha salido del corazón
del Padre. Él pone gozo, paz y alegría en los corazones de sus hijos y los sustenta
en los momentos de dificultades.
En este punto tal vez debamos hacer una aclaración, ya que no siempre veremos
los frutos de nuestro trabajo. Recordemos que la ley espiritual enseñada por Jesús
dice que uno siembra y otro cosecha (Juan 4.37 y contexto); siendo esto así, no te
preocupes por no ver los frutos sino mejor por hacer lo que te corresponde, lo que
Jesucristo te ha pedido.
Por otro lado, y más allá de lo dura que te resulte la tarea, debes saber que Él
siempre estará a tu lado y que será tu fortaleza para que puedas terminar con ella.
Por tanto, si estabas a punto de abandonar: ¡No lo hagas! ¿Te sientes ya sin
fuerzas? Solo pídele Su ayuda. Dios jamás nos dejará solos haciendo la tarea que
nos haya encomendado. ¡Ténlo por seguro!
Volviendo al texto, veamos ahora qué nos dice Juan sobre Jesús:
Después de mí viene un hombre que es antes de mí porque era primero que
yo.
Juan habla de tres temas muy importantes en este punto, a saber:
Orden cronológico de su ministerio en contraste con el de Jesús
Juan vino antes que Jesús porque debía preparar los corazones de quienes
habrían de oír el mensaje de salvación. Pero luego de finalizar con su misión,
vendría otro de quien él no era digno de desatar las correas de su calzado (Juan
1.27). Él solo estaba cumpliendo con una tarea temporal, sumamente importante
pero que ya estaba finalizando.
Preexistencia de Cristo
El segundo tema del que habla Juan es de la eternidad del Mesías. Esto ya lo
hemos analizado cuando estudiamos el primer versículo del evangelio de Juan
(Juan 1.1 – En el principio era el verbo), puedes hacer clic en el enlace para leer
sobre dicho tema.
Una aclaración pertinente es que Juan no estaba pensando en la edad de ambos,
ya que él había nacido seis meses antes que Jesús, vemos esto en Lucas 1.26 y
contexto. Aquí el hecho que Juan tenía en cuenta es la eternidad de Jesús, pero
aún así, hablando de lo ministerial, el Mesías vino después que él.
La Humanidad de Jesús
El último tema importante es que Juan el bautista aclara que Jesús era un hombre.
A la hora de pensar en la persona de Jesucristo, éste tipo de aclaraciones nos
ayudan para comprender que Jesús era tanto humano como divino. El apóstol
Juan ya había hablado un poco al respecto en Juan 1.14 y lo seguirá haciendo a
lo largo de todo su evangelio.
No es llamativo que el apóstol haga esta mención, dado que su
evangelio pretende demostrar no sólo la deidad de Jesús, sino que Dios se
había acercado a la humanidad en la persona de su Hijo. Ésto representaba un
claro contraste entre la filosofía griega, que decía que lo divino no puede
acercarse a lo material, y lo que el evangelio nos presenta:
Un Dios que por amor hace hasta lo impensado para acercarse a su creación
caída.
Veamos ahora un tema un poco complicado:
31 Y yo no le conocía, pero para que Él fuera manifestado a Israel, por esto
yo vine bautizando en agua.
Vayamos por partes,
Yo no le conocía
María y Elisabet eran parientes; Lucas relata que María, una vez que concibió,
fue a visitar a la madre de Juan el Bautista y se quedó con ella por tres meses
(Lucas 1.36-40, 56). Es interesante notar por un lado, que el bebé de Elisabet
salto en su vientre al oír la voz de María (Lucas 1.41; y por otro, que fue un
acontecimiento en el que el Espíritu Santo se manifestó a ambas mujeres.
Ésto es todo lo que la Biblia nos dice sobre la relación entre ambas parientes. Así
es que, dado el silencio imperante, nos quedamos con una gran incertidumbre
cuando leemos que Juan no conocía a Jesús. ¿Cómo era eso posible? ¿Por qué
dijo eso el bautista? ¿Podemos deducir algo al respecto?
Muchos comentaristas han querido responder este interrogante, pero
lamentablemente, en la opinión de Gracia y Vida, no hay una respuesta definitiva.
Aún así te invitamos a ver algunas de las que se presentan como posibles
razones:
Una posible explicación, sin ningún dato que lo certifique, es que es tal vez Juan
haya sido criado sabiendo sobre su primo, pero que luego, al apartarse para vivir
en el desierto (Lucas 1.80), haya perdido todo rastro de Él. Sería por eso que el
Espíritu Santo debía señalar a Jesús para que Juan pudiera “reconocerle” (Leer
nuevamente Juan 1.33).
Muchos comentaristas prestigiosos nos dicen que Juan sí sabía que Jesús era su
primo, pero que no sabía que Jesús fuera el Hijo de Dios. (Si tienes manera de
acceder a ellos, puedes ver los comentarios
de Barclay, Hendriksen, Wikenhauser y Wayne Partain, entre otros, para ver
que todos ellos sostienen esta misma posición).
(Te hemos dejado links a sus comentarios en Amazon, por si no los tienes o no
puedes conseguirlos prestados. El de Wayne no lo hemos encontrado disponible).
Los últimos mencionados son eruditos bíblicos y su gran conocimiento nos lleva a
tener sumo respeto por todos ellos , sin embargo, antes de concluir que su
explicación es la correcta, quisiera invitarte a leer:
El relato sobre el bautismo de Jesús según Mateo
Mateo nos permite ver tres cosas muy claras al respecto del tema que estamos
viendo, a saber, que al presentarse Jesús delante de Juan, ambos se conocían,
que Juan sabiendo quien era Él, no lo quería bautizar, y que Jesús le pidió
que lo haga de todas maneras y por lo tanto Juan accedió, y al final lo bautizó.
Veamos el texto:
13
Entonces Jesús llegó de Galilea al Jordán, a donde estaba Juan, para ser
bautizado por él. 14 Pero Juan trató de impedírselo, diciendo: Yo necesito ser
bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? 15 Y respondiendo Jesús, le dijo: Permítelo
ahora; porque es conveniente que cumplamos así toda justicia. Entonces Juan se
lo permitió
Mateo 3.13-15 – LBLA
Lamentablemente los otros dos sinópticos (Marcos y Lucas) no nos iluminan más
al respecto. Es por eso que debemos aferrarnos a lo que sí tenemos. Quisiera
mostrarte ahora algo más al respecto, en el comentario de Ralph Earle sobre el
libro de Mateo, este comentarista nos dice que:
“Juan se le oponía (14). El término griego que hallamos en este pasaje significa
“impedir, evitar”. Como se encuentra en el imperfecto, su significado más exacto
sería “trataba de evitar” (Moffatt). Juan sentía que él necesitaba ser bautizado y
no lo contrario”.
Comentario Bíblico Beacon, tomo VI, Ralph Earle, Casa Nazarena de
Publicaciones, 1991, USA.
Juan 1.30-31 – Después de mí viene un hombre que es antes de mí
Algunas conclusiones
Habiendo visto el texto de Mateo, y siendo ayudados por Earle para lograr
entenderlo mejor, claramente debemos reconocer que no sabemos qué quiso
decir Juan el bautista en este punto. Si no lo conocía como el Mesías, entonces:
¿Por qué se negaba a bautizarlo? Ahora, lo que sí se afirma es que Juan tuvo la
confirmación de quién era Jesús al descender la paloma.
Suponiendo que los comentaristas mencionados tengan razón, nosotros solo
lograremos armonizar ambos relatos (el de Mateo y el de Juan), si suponemos que
Juan, por un lado sabía lo que su madre le había enseñado sobre Jesús pero, por
otro lado, no había entendido exactamente cuál sería el ministerio ni la verdadera
identidad del Mesías hasta el descenso de la paloma.
Lamentablemente, nada de eso está explicado en la Biblia… Por lo tanto, lo que
nos queda es seguir invirtiendo nuestro tiempo en suponer distintas razones o,
tomar el mensaje completo y ver qué es lo que sí podemos sacar en claro.
Creemos que sería un buen consejo en este punto sugerir que no debemos
desesperemos por conocer, entender e interpretar cada detalle que encontremos
en la palabra de Dios, ya que algunas cosas no nos han sido reveladas por
completo. Por lo tanto, nos disculpamos aquí por no poder llevar más luz al
respecto, pero al mismo tiempo quisiéramos dejarte la siguiente
APLICACIÓN 2
Dios nos revela todo lo que necesitamos conocer en forma clara, pero lo que no,
no debe preocuparnos tanto. Investigarlas solo nos sirve para satisfacer nuestra
propia curiosidad; y aunque nos resulte placentero encontrar explicaciones a todo,
a veces invertimos demasiado tiempo y energías en ello.
En vez de eso deberíamos utilizar tanto nuestro tiempo como nuestras
energías en lograr hacer carne en nuestras vidas lo que sí está
verdaderamente claro en la palabra de Dios, a saber, por ejemplo:
Que debemos vivir en santidad; servir al Señor en lo que nos haya llamado
(evangelismo, visitación, enseñanza, servicio, etc., tú bien sabes qué te pide el
Señor, pero si no, solo buscale en oración y observa qué necesidades te muestra,
trabaja en ellas); amar a quienes te rodean, perdonar a los que te ofenden; etc.,
etc. Todo esto sí que está claro en la palabra. ¿Cierto?
¡Adelante entonces!
La última parte de nuestro texto dice:
Para que Él fuera manifestado a Israel, por esto yo vine bautizando en agua
En esta parte del texto Juan el bautista explica su propio ministerio. Él era el
precursor del Mesías, por lo que debía debía preparar los corazones de quienes
habrían de escuchar el mensaje de Jesús. Pero esto es algo que ya hablamos en
estudios previos, y por eso no lo trataremos aquí.
Si quieres ver de qué se trata el bautismo en agua realizado por Juan, te invitamos
a leer la explicación del bautismo de Juan.
Por ahora dejamos aquí el estudio del texto bíblico, pero esperamos que su
contenido te haya resultado de provecho. Si tienes dudas o quieres charlar con
nosotros, no dudes en escribirnos; intentaremos ser de bendición en todo cuanto
esté a nuestro alcance.
¡Dios te bendiga mucho! Nos encontramos en el próximo estudio.
Juan 1.32 – El Espíritu descendía del cielo como paloma
Introducción
En el estudio de este texto hablaremos sobre la señal del Espíritu Santo
descendiendo sobre Jesús. Veremos qué implicó para Juan y qué anticipaba en
relación a los hijos de Dios.
Además, mientras avancemos con el estudio encontraremos varias enseñanzas
que aplicar a nuestras vidas.
A continuación de tejamos un índice para que puedas navegar a voluntad por el
estudio:
Unas palabras sobre el comentario de Gracia y Vida
La presente es una porción del Comentario Bíblico sobre el Evangelio de Juan,
publicado por Gracia y Vida. El mismo pretende ayudar a los lectores en la
interpretación y en la aplicación de las escrituras a sus vidas; teniendo además
como objetivo que la lectura sea fluida y de fácil interpretación.
Con dicho objetivo en mente, y a fin de entender los distintos versículos de la
manera más apropiada, nos ayudaremos con un análisis del contexto y con las
herramientas hermenéuticas necesarias para llegar a una correcta interpretación;
pero todo esto sin entrar en largas discusiones, ni en detalles demasiado técnicos.
Sin más, y primero que cualquier otra cosa, te invitamos a leer atentamente el
texto y orar para que el Señor te llene de su sabiduría; sin lugar a dudas Él es la
gran fuente de toda verdad y de todo entendimiento. Hecho ésto, ahora sí
comencemos con el estudio de los versículos que nos convocan, leamos:
El texto
Juan dio también testimonio, diciendo: He visto al Espíritu que descendía del cielo
como paloma, y se posó sobre Él.
Juan 1.32 – LBLA
Comentario del texto bíblico
Juan dio también testimonio, diciendo
El texto que nos convoca es la continuación del relato del apóstol Juan sobre el
ministerio y sobre el mensaje de Juan el Bautista. La palabra “también” nos indica
que estás no son las primeras palabras del bautista respecto de Jesús. Por ende,
para entender mejor el texto, no estaría por demás leer el contexto.
Recomendamos pues leer: Juan 1.19-36
Vi al Espíritu
Al leer que Juan vio al Espíritu obviamente todos entendemos que hubo una
manifestación visible del Espíritu, lo cual es una visión sobrenatural de algo que de
otra manera sería imposible de ver. Este es un caso de Teofanía, es decir, una
manifestación visible de Dios. Podemos ver muchas otras especialmente en el
Antiguo Testamento.
Mencionemos solo algunos ejemplos de Teofanías: Los tres hombres que
visitaron a Abraham (ver Génesis 18.2 y contexto), la zarza y Moisés (ver Éxodo
3.2 y contexto), el ángel que visitó a Manoa, el padre de Sansón (ver Jueces
13.3 y contexto), la luz que dejó ciego a Saulo de Tarso (ver Hechos 9.3 y
contexto), etc., etc.; (de buscarlos podríamos hallar muchos más).
En apóstol sólo nos cuenta que Juan vio a la paloma, pero en los otros
evangelios se nos dice que además de la manifestación del Espíritu, también se
oyó la voz del Padre, ver Mateo 3.13-17; Marcos 1.9-11 y Lucas 3.21-22. Todo
esto nos lleva a darnos cuenta de la presencia de la Trinidad en dicho
acontecimiento (El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo).
Que descendía del cielo como paloma
Más allá de la elección en la manera de presentarse ante Juan, y ante el resto de
quienes se encontraban en el Jordán para bautizarse, lo importante en estos
textos es observar el apoyo y el respaldo de todas las personas de la Trinidad a
Jesucristo. Es importante notar que las tres personas de la deidad tienen un
solo propósito: La salvación de su creación.
Cristo es quien habría de morir, pero los tres tenían una parte activa en la
planificación y ejecución de la obra salvadora. El apóstol Pedro menciona este
mismo hecho como al pasar en su primera epístola, pero gracias a él podemos
comprender un poco más sobre qué papel le corresponde a cada uno. (Gracia y
Vida tiene un comentario sobre 1 Pedro en donde podemos ver: El papel de cada
Persona de la Trinidad en la salvación – 1 Pedro 1.1-2. Si gustas, te invitamos a
leerlo).
¿Por qué una paloma?
En su comentario sobre este versículo, el erudito William Barclay escribe:
“En Palestina, la paloma era un ave sagrada. No se cazaba ni comía. Filón se
sorprendió del número de palomas que había en Ascalón, porque no se permitía
cogerlas ni matarlas, y eran domésticas. En Génesis 1:2 leemos que el Espíritu
creador de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Los rabinos solían explicarlo
diciendo que el Espíritu se movía y revoloteaba como una paloma sobre el antiguo
caos, alentando en el orden y belleza. La figura de la paloma era una de las que
los judíos usaban y amaban más”.
William Barclay, Comentario al Nuevo Testamento, Tomo 5, Evangelio según
San Juan, primera parte.
¿Pero por qué el Santo Espíritu eligió esta figura? Algunos comentaristas nos
hablan de la gracia y de la mansedumbre de dichos animales. Posiblemente, junto
con ellos podremos afirmar que estas características corresponden en un grado
muy alto al Espíritu Santo. Pero aún así la razón para esta elección no nos ha sido
revelada.
Es así que nuevamente nos encontramos en la situación de confesar que no
tenemos las herramientas suficientes como para asegurar una respuesta
definitiva.
Lamentablemente nuestras deducciones o interpretaciones no siempre logran
alcanzar la verdad absoluta o definitiva; así que tal vez, ya en el cielo, alguno de
nosotros se anime a preguntar. (Aunque también es muy probable que la pregunta
no tenga mucho sentido en aquel momento. ¿Tú qué crees?).
Se posó sobre Él
Dios, a través de su profeta Isaías, había profetizado sobre el Mesías, quien
habría de tener una relación más que especial con el Espíritu de Dios, veamos
qué dice:
Y reposará sobre El el Espíritu del Señor,
espíritu de sabiduría y de inteligencia,
de consejo y de poder,
espíritu de conocimiento y de temor del Señor.
Isaías 11.2 – LBLA
Evidentemente el Señor fue acompañado por el Espíritu en todo su ministerio,
siendo ayudado y sostenido por Él. Por ende, se entiende que, más allá del
cumplimiento de una profecía, y de una evidencia para Juan, la razón para este
acontecimiento era la llegada de una ayuda fundamental que el Señor Jesucristo
necesitaba tener para realizar su ministerio.
Entre paréntesis decimos que tal necesidad en nuestro Maestro, y su dependencia
del Espíritu Santo, representa para nosotros un ejemplo de cómo vivir nuestras
vidas y de cómo desarrollar nuestros ministerios. Nunca debemos perder tal
dependencia dado que nuestra guía, sostén y fortaleza nos vienen solo de Él.
¿Estás de acuerdo? ¿Cómo describirías tu relación con Él?
Volviendo ahora al texto, hablemos un poco más sobre lo siguiente: Por un lado, el
hecho de posarse sobre Él en forma visible era una indicación segura para Juan,
quien al parecer necesitaba tal confirmación; y por el otro, esta manifestación
visible también indicaba el principio de un nuevo tipo de relación con el Espíritu
Santo. Veamos entonces, en primer lugar:
La indicación para Juan
La misma era doble, la paloma descendiendo del cielo y posándose sobre Jesús, y
además la voz que decía:
“Este es mi Hijo amado en quien me he complacido”
Mateo 3.17 – LBLA
Ambos eran claros indicadores para Juan el Bautista sobre la identidad de Jesús.
Al parecer, él necesitaba de tales señales; esto se puede observar tanto en el
versículo 31 como en el 33. (Pero aún así nos resulta llamativo no solo que él
dijera que no conocía a Jesús, sino también que el bautista repita esta frase dos
veces. Pero dado que hemos abordado este tema en el estudio anterior, no lo
volveremos a tocar aquí. Te dejamos el link al finalizar este estudio).
De igual manera y más allá de que Juan los pudiera ver y oír, había una multitud
con él en el Jordán. Todos ellos pudieron observar estas señales. Estás eran muy
especiales, en un momento especial, para una persona especial. El Hijo de Dios
estaba recibiendo todo el apoyo y el respaldo de Dios el Padre y del Espíritu
Santo.
Aplicación, las señales de Dios y nuestra decisiones
A la hora de darnos cuenta de cuál es la voluntad de Dios para poder serguirla, o
para tomar tal o cuál dirección en nuestras vidas, Sus señales siempre nos serán
bienvenidas. Pero lamentablemente ellas no siempre se presentan. Cuando lo
hacen nos sentimos espléndidos, agradecidos y llenos de fe y esperanzas. Pero…
¿Qué hacer cuándo no nos llegan?
Para cualquier decisión que debamos tomar, lo más importante que debemos
hacer es orar mucho, buscar la sabiduría que viene de Dios e intentar encontrar
paz en lo que hacemos. Cuando encontramos la paz de Dios, y sentimos
tranquilidad en nuestra relación con Dios en nuestras decisiones, entonces, muy
posiblemente estaremos haciendo lo que esté dentro de su voluntad.
Pero si aún buscando la guía de Dios con esmero, todavía nos sentimos
confundidos e indecisos, tal vez sea bueno buscar algún buen consejero en la
Iglesia con quien poder conversar. No olvidemos que Dios pone sabiduría en sus
hijos y siempre hallaremos palabra de Dios en aquellas personas que son
maduras en la fe, eso sí, debemos escoger a tal persona sabiamente. (El pastor o
tu líder te sabrán direccionar apropiadamente).
Si te interesa leer más al respecto, Gracia y Vida ha publicado dos estudios mucho
más completos sobre este tema, el cual te invitamos a leer haciendo clic en los
enlaces: ¿Qué hacer cuándo no tenemos señales claras de parte de
Dios? y, ¿Cómo lidiar con los silencios de Dios?
Retomando ahora el análisis sobre el descenso del Espíritu en forma de paloma,
decíamos que la primera indicación de aquel hecho le daba confirmación a Juan el
bautista, y la segunda indicación es la que veremos a continuación:
La manifestación del Espíritu descendiendo sobre Jesús propiciaba una nueva
manera de relación entre el Espíritu Santo y los seres humanos, veamos qué
anticipaba:
Relación del Espíritu Santo con sus hijos
Con la llegada del Espíritu Santo a cada uno de sus hijos comenzó una nueva
dispensación. Un nuevo tiempo en el que Dios se relaciona con los hombres de
una manera muy distinta a la del Antiguo Testamento.
En aquel tiempo el Espíritu venía sobre las personas por un tiempo determinado
hasta cumplir con algún cierto propósito. Pero en la nueva dispensación aquel tipo
de relación iría a cambiar sustancialmente.
Ya en este momento previo a Pentecostés vemos la antesala de lo que habría de
pasar: El Santo Espíritu descendiendo y posándose sobre cada hijo de Dios, ya no
solo por algún tiempo como lo había hecho en la anterior dispensación, sino que
habitando en y permaneciendo con ellos para siempre.
Todo comenzó con Jesús, algo que Lucas nos cuenta diciéndonos que:
1
Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y fue llevado por el Espíritu en
el desierto 2 por cuarenta días, siendo tentado por el diablo…
Lucas 4.1-2a – LBLA
Esto nos indica cláramente que en Jesús, el Espíritu no solo se posó, sino
que lo llenó y permaneció en Él.
Pasaría solo un corto tiempo hasta que dicho «cambio» se sucediera para cada
uno de los hijos de Dios, así que, desde ese momento, todo comenzó a tomar
nueva forma: La Iglesia pronto tomaría su lugar y el Reino se establecería en los
corazones de los hijos de Dios.
El puntapié inicial ya había sido dado en la persona de Jesús. Y es el apóstol Juan
quien nos lo está mostrando:
El camino se había preparado (por Juan el bautista), el Mesías ya había llegado
en la persona de Jesús, el Espíritu ya estaba revelando cómo sería su relación
para con la Iglesia y Dios el Padre había dado su aprobación.
Solo tres años faltarían, luego de los cuales, la declaración de victoria sería
clavada en una cruz; y los hijos de Dios, redimidos por la sangre del cordero, lo
servirían amorosamente de mientras que esperarían su regreso triunfal cuando Él
los viniera a buscar.
Todo eso es lo que estaba comenzando en aquel tiempo. Cuán maravilloso todo lo
que Dios tenía preparado, parece increíble ¿Verdad? Pero es real. Real en cada
uno de sus hijos, verdadero para todos aquellos que creemos y experimentamos
cada día el poder de Dios y la presencia del Espíritu en nuestras vidas.
¡Cuán bienaventurados somos! ¿No lo crees?
Permítenos preguntarte lo siguiente: ¿Cuán estrecha es tu relación con el
Espíritu Santo?
En la oración, la lectura de la Biblia, el servicio y la participación activa en el seno
de la Iglesia, encontraremos las herramientas apropiadas para hacer que esa
relación crezca y se fortalezca cada día.
Por tanto, no tengas en menos a ninguna de ellas. Búscale cada día y disfruta de
su compañía, de su guía, consuelo, fortaleza y amor. Él está siempre disponible
para ti. Tal relación solo depende de tu decisión. (Solo que no te olvides de quién
estamos hablando, un ser divino y todopoderoso, quien tiene el control de todo lo
creado).
Aquí acabamos con el estudio de este maravilloso texto. Te invitamos a continuar
leyendo estos comentarios y esperamos que te resulten de bendición. ¡Dios te
bendiga mucho!
Juan 1.33 – Jesús es quien bautiza en el Espíritu Santo
Introducción
En los últimos estudios estuvimos viendo la relación entre Juan el bautista y los
judíos, y también el mensaje de Juan y su ministerio. Hoy seguiremos viendo parte
de su mensaje. Nos centraremos en el hecho de que él era un profeta, por lo que
veremos su relación con quien lo había llamado para serlo.
Por otro lado, veremos la relación de Dios para con los hombres tanto en el
Antiguo Testamento como en el Nuevo; qué significaba el bautismo para los judíos
y después terminaremos viendo qué implica para nosotros el bautismo del Espíritu
Santo y cómo podemos relacionarnos con Él a partir de dicho bautismo.
Además de todo esto intentaremos aplicar las enseñanzas del texto a nuestras
vidas. Pero antes de comenzar con el estudio, nos gustaría presentarte
brevemente el comentario de Gracia y Vida:
Unas palabras sobre el comentario de Gracia y Vida
La presente es una porción del Comentario Bíblico sobre el Evangelio de Juan,
publicado por Gracia y Vida. El mismo pretende ayudar a los lectores en la
interpretación y en la aplicación de las escrituras a sus vidas; teniendo además
como objetivo que la lectura sea fluida y de fácil interpretación.
Con dicho objetivo en mente, y a fin de entender los distintos versículos de la
manera más apropiada, nos ayudaremos con un análisis del contexto y con las
herramientas hermenéuticas necesarias para llegar a una correcta interpretación;
pero todo esto sin entrar en largas discusiones, ni en detalles demasiado técnicos.
Sin más, y primero que cualquier otra cosa, te invitamos a leer atentamente el
texto y orar para que el Señor te llene de su sabiduría; sin lugar a dudas Él es la
gran fuente de toda verdad y de todo entendimiento. Hecho ésto, ahora sí
comencemos con el estudio de los versículos que nos convocan, leamos:
El texto
Y yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar en agua me dijo: “Aquel sobre
quien veas al Espíritu descender y posarse sobre Él, éste es el que bautiza en el
Espíritu Santo.”
Juan 1.33 – LBLA
Comentario del Texto
Yo no lo conocía
Para el comentario de esta frase por favor ver el análisis del versículo 31.
Pero el que me envió a bautizar
Juan habla naturalmente de algo que no era común en aquellos tiempos.
Cuatrocientos años habían pasado desde la última vez que Dios le había hablado
al pueblo a través de algún profeta. Juan sería el último de los profetas de la
antigua dispensación, aunque tuvo también el privilegio de vislumbrar el
inicio de la nueva.
La directiva dada a Juan era simple de decir: «Preparar el camino para Mesías y
bautizar en agua«; pero al mismo tiempo, muy difícil de realizar. En otros estudios
vimos que los judíos no consideraban ni necesario ni posible el hecho de ser
bautizados. Así que muchos que se negaban a bautizarse, veían con asombro a
quienes sí lo hacían.
(Hemos visto la situación y posición de los líderes judíos en un estudio anterior,
puedes leer más al respecto desde el siguiente vínculo: Juan 1.19 – La comisión
investigadora de parte de los fariseos).
Pero lo que verdaderamente nos interesa dejar en claro en este punto, es que
Juan siguió adelante a pesar de la oposición y de la incredulidad de tantos. Su
respuesta fue la demostración de una entrega verdadera hacia quien lo había
enviado a bautizar.
Al llegar el momento oportuno, el Dios que había mantenido silencio durante tanto
tiempo, continuó con su bien premeditado plan de salvación (Gálatas 4.4-6; 1
Pedro 1.1-2), a través de la más grande manifestación de su amor: Su Hijo
Jesucristo.
Hay dos temas muy interesantes que se desprenden de esta porción del texto, los
cuales trataremos aunque de manera muy escueta. El primero de ellos será la
tarea y la persona de los profetas, y segundo, el modo en el cual Dios le habló a
Juan. Veamos:
Los profetas de Dios
Éstos eran hombres comunes que tenían tareas muy difíciles. Dios los llamaba a
fin de que compartieran la revelación de Su palabra y/o voluntad para el pueblo
judío. Pero normalmente eran desoídos, burlados, perseguidos, e incluso, muchos
fueron asesinados en el cumplimiento de su ministerio (Juan mismo terminó de
esa manera, ver Marcos 6.14-29).
Algunas veces el Señor los enviaba con buenas noticias, pero normalmente Dios
comunicaba verdades muy duras, y aún advertencias de juicio o de castigo a
través de sus profetas. Al presentarse a dar tan malas noticias obviamente tenían
graves inconvenientes; y aún así, y a pesar de todo, ellos debieron ser valientes y
afrontar las consecuencias de servir a Dios.
El mismo Juan se presentaba delante del pueblo con palabras duras, y cuándo
tenía en frente a las autoridades, les expresaba verdades realmente crudas. Tanto
es así que los acusaba y exponía ante todo el pueblo; por lo tanto, y como
consecuencia de todo esto, se veía acusado y presionado por los mismos. Pero
aún así, y más allá de todo, él siguió adelante y cumplió con su ministerio.
Aplicación
Te invito a ver en este ejemplo, la firmeza, la disposición y la determinación de
Juan, algo que nosotros también deberíamos tener. No que vayamos a tener el
mismo ministerio que él, pero sea cual fuere el nuestro, al momento de servir a
Dios deberemos contar con estas cualidades para hacerlo a pesar del qué dirán y
de la situación que debamos enfrentar.
Él lo dejó todo para servir a Dios y no miró a los hombres en busca de simpatía y/o
aprobación. Juan, en todo tiempo supo que alguien más debía aprobarlo; que si
bien, lo que dijeran los demás sí importaba, quien verdaderamente importaba era
aquel que lo había llamado y comisionado para esta tan gran tarea.
Vemos que tanto Juan, como también Pablo, lo dejaron todo por amor del Señor
(Filipenses 3.7-10). Por tanto, no estaría de más preguntarnos: ¿Qué deberíamos
dejar nosotros? ¿A dónde estamos llamados a ir? ¿Qué ministerio Dios nos
encomendó para hacer? Y por último: ¿Lo hacemos como Él pretende?
Algo verdaderamente importante de entender, es que Dios no nos obliga a nada,
seremos nosotros los que decidamos llenar de bendición nuestras vidas, o vivir
mediocremente una fe sin frutos ni sentido (ver Santiago 2.17, 26). ¿Cuál será
nuestra elección?
Juan, no sólo abandonó su posición sacerdotal (la cual le daba cierto
prestigio), sino su familia y su forma de vida. Todo lo tuvo en poco por amor
del Señor y por la entrega de su corazón a su servicio. Copiemos su entrega
y disposición; y transitemos por el camino que Dios nos muestre,
cumpliendo también nosotros con su voluntad y con su llamado.
Tal vez en este punto podamos preguntarnos: ¿Quién ocupa el primer lugar
en nuestra vida? Esto no es algo que se demuestre solo con palabras.
La comunicación y el mensaje de Dios para Juan el Bautista
Ahora, volviendo a nuestro texto, nos encontramos con el relato de Juan el
bautista quien nos cuenta que: “el que me envió a bautizar en agua me dijo…”.
De aquí entendemos que Juan ya había tenido por lo menos una comunicación
con Dios antes del bautismo; y que en ella, Él le había revelado qué hacer y qué
debía esperar: Una maravillosa señal.
Dicha señal fue tan especial que muy difícilmente logremos encontrar en la Biblia
otro momento en el que dos de las tres Personas de la Trinidad, realizaran cada
uno su propia manifestación delante de muchas personas. En dicha oportunidad,
no sólo apareció la paloma, sino que además se oyó la voz del Padre (Marcos
1.9-11).
Juan oyó en forma directa la palabra de Dios y comprendió la tarea
encomendada por Él; eso marcó su camino y el resto de su vida. Hoy
nosotros tenemos la oportunidad de hablar cada día con Dios. Cuán triste es
que muchas veces la desperdiciemos invirtiendo nuestros tiempo y energías
en otra cosa…
¡No dejemos nunca de hablar con Él en oración!
Veamos ahora la primer parte del mensaje de Dios:
Aquel sobre quien veas al Espíritu descender y posarse sobre Él
Evidentemente, mientras Juan cumplía con su ministerio, estaba esperando el
cumplimiento de la palabra de Dios. Sólo así podría él saber, quién era aquel que
bautizaría con el Espíritu Santo. Es así que, al bautizar a Jesús, ocurrió tal
esperada manifestación. Una que nunca se había dado de la misma forma, pero
que sí se repetiría en el momento de la transfiguración de Jesús (de una manera
similar y con palabras parecidas Mateo 17.1-8).
Veamos ahora cómo se relacionó Dios y cómo les habló a los hombres tanto en el
Antiguo Testamento cómo cambia esta relación a partir del Nuevo Testamento.
Hacer esto nos será importante para lograr ver las diferencias entre ambas
dispensaciones y conocer los beneficios que hoy tenemos en cuanto a nuestra
comunicación y relación con Él. Ésto era algo que estaba transformándose, que
estaba cambiando en aquel mismo momento. (Es por esto es que nos resulta tan
importante analizar de esta manera el texto).
En el Antiguo Testamento
Cuando miramos hacia el mundo antiguo, y antes de la llegada de Pentecostés
(Hechos 2.1-13), no hallamos muchas personas que hayan podido hablar con
Dios en forma personal; lo mismo es cierto a la hora de encontrar a quiénes hayan
podido lograr una relación cotidiana (y permanente) con Él.
La verdad es que la forma de trato de Dios y cómo se presentaba a los hombres
en la dispensación pasada, era realmente muy distinta a la presente. Nadie en
aquel tiempo tenía la posibilidad de iniciar una conversación o una relación con
Dios, a menos que, Él lo dispusiera de tal manera.
Sí habían quienes oficiaban como intercesores entre las personas y Dios, éstos
eran los sacerdotes; También hubieron otros quienes fueron excepciones a la
regla general, éstos eran los profetas, quienes no eligieron ser llamados por Dios,
sino que Él los escogió para llevar adelante un determinado propósito. Isaías,
Jeremías, Ezequiel y Daniel, son solo algunos ejemplos de profetas.
En el Nuevo Testamento
Para esta dispensación Dios cambió radicalmente su forma de presentarse,
relacionarse y comunicarse con las personas. A partir de la obra de Jesús y de la
venida del Espíritu Santo, todos los que creemos en el Hijo de Dios, tenemos otro
tipo de relación con Él. Esta nueva relación es personal, libre y no depende de
terceros sino solamente de Él y de cada uno de nosotros.
Esta comunicación tan especial, que comenzó luego de pentecostés para cada
uno de sus hijos, tuvo un puntapié inicial en el trato entre Jesús (como parte de la
especie humana) y su Padre.
Es una bendición enorme la poder llegar libremente a Dios (sin ningún
intermediario), hablarle libremente y encontrar en su palabra la dirección y guía
para nuestra vida, aunque sabemos que Él no nos habla solamente de esa
manera.
Fue en aquel tiempo intermedio entre una y otra dispensación, que Juan recibió de
Dios el mensaje de que Jesús sería quien bautice en el Espíritu Santo. Éste sería
uno de los fines últimos del ministerio de quién vendría después de él, Jesucristo.
Veamos ahora qué significa:
El que bautiza en el Espíritu Santo
Sobre el significado del bautismo podemos decir que la palabra griega
“baptizein” quiere decir hundir o sumergir. El bautismo conocido y practicado
por ese entonces, era el que se utilizaba con los prosélitos al momento de
convertirse a la fe judía. El mismo era un bautismo de arrepentimiento que le
concedía un estado de pureza ritual a quien se bautizaba.
Juan practicaba este acto pero no para con personas de otras nacionalidades,
sino para con los judíos; quienes se veían así mismos como pecadores delante de
Dios y se arrepentían por sus pecados. Ésto obviamente era propiciado por el
mensaje predicado por Juan.
Ahora, cuando Juan nos habla del bautismo del Espíritu, se está refiriendo a un
tipo de bautismo muy diferente al de agua. Este otro era uno que Jesús
concedería a los hijos de Dios en el momento en el que nacieran a una nueva vida
espiritual.
¿Entendería Juan tal significado? Y… por otro lado, ¿Qué entendemos nosotros
por el bautismo del Espíritu y qué implica el ser bautizados por Él?
Primero que nada, y antes de hablar del mismo, sería bueno ver qué entendían los
judíos y qué tipo de relación tenían con Él, para después poder comprender qué
cambiaría a partir del bautismo anunciado por Dios, y qué relación podemos tener
nosotros con el Espíritu a partir del mismo.
En el Antiguo Testamento no había una idea muy clara sobre quién era el Espíritu
Santo, por tanto al hablar de un bautismo del Espíritu, nadie terminaría de
entender su significado y propósito. Esto era así incluso para el momento en que
Juan les habló a quienes venían a bautizarse en agua.
Si bien es cierto que hay muchos pasajes que hablaban sobre el Espíritu Santo, el
verdadero conocimiento sobre su persona llegó después de Pentecostés. Para
una idea de qué es lo que los oyentes de Juan podían conocer o interpretar sobre
el Espíritu, les invito a buscar y leer algunos:
Pasajes del Antiguo Testamento que nos hablan sobre el Santo Espíritu
Génesis 1.2 – El Espíritu (Riaj, Espíritu o viento) se movía (literalmente:
volaba o incubaba) sobre las aguas, antes de emerger de ellas el mundo
que hoy conocemos.
Génesis 6.3 – Es quien contendía con el hombre al ver su pecado.
Números 11.25 – Es el agente que genera que los hombres puedan
profetizar (contrastar con Números 24.2).
Números 27.18 – Capacitaba a los líderes, y su presencia era evidencia del
respaldo de Dios a los mismos (ver también Jueces 3.10, 6.34, 11.29 y
14.6).
2 Samuel 23.2-3 – Le hablaba a sus siervos y, a través de ellos al pueblo.
(Inspiración divina).
Miqueas 3:8 – Es quien concedía poder.
Isaías 59:21 – Era concedido por el Padre, y por lo tanto provenía de Él.
Is 61:1 – El Espíritu estaba sobre las personas, descendía y se posaba,
pero no habitaba en ellas.
Isaías 11.1-2 – Fue profetizado en relación con Jesús. Leer también Isaías
61.1-2.
Obviamente solo hemos seleccionado algunos de los muchísimos que pudimos
hallar. Lo importante es notar aquí que si bien había una cierta revelación, que no
era poca, el conocimiento sobre su Persona y sobre la manera de relacionarse con
quienes serían hijos de Dios, a partir del sacrificio de Jesús, no estaba para nada
claro en aquel momento.
El mismo se clarificaría de forma progresiva con el correr de los años, y gracias a
Su revelación de Sí mismo, y a la relación que los creyentes irían a tener con Él.
Veamos ahora por qué era tan importante lo que Dios estaba anunciando a través
de Juan:
Qué implica el bautismo del Espíritu para nosotros
En primer lugar, implica que el Espíritu Santo viene a vivir en cada uno de sus
hijos. Esto es lo que sucedió con Jesús, y lo que también sucede con
nosotros. El Espíritu viene a nuestras vidas desde el momento de nuestra
conversión (que es cuando nos arrepentimos de nuestros pecados, le
pedimos perdón a Dios, y tomamos la decisión firme de cambiar nuestra
vida, aceptando a Jesús como nuestro Señor y Salvador).
En su bautismo, el Espíritu vino a posarse y a permanecer en Jesucristo,
capacitándolo para la obra que debía hacer. Esto mismo sucede también en
nuestro caso. Veamos lo siguiente:
Cuándo Él llega nos adopta como hijos (Romanos 8.15), comienza a vivir en
nosotros (Romanos 8.11; 1 Corintios 3.16) y ordena nuestras vidas (2 Corintios
3.18).
Además también nos fortalece (Hechos 1.8) y sustenta (Efesios 3.16-17, 2
Timoteo 1.7); nos guía (Juan 16.13-15; Gálatas 5.25; Romanos 8.14) y nos
consuela (Juan 16.7); nos llena de esperanzas (Romanos 15.13) y nos brinda la
convicción de que somos sus hijos (Romanos 8.16; 1 Juan 4.13).
Él incluso nos ayuda en muchas otras cosas como por ejemplo, a conocer más al
Padre (Efesios 1.17) y a vivir mejor (Gálatas 5.22-23); también nos da dones para
que podamos servir al Padre (1 Corintios 12.7-13); intercede por nosotros
(Romanos 8.26) y nos muestra lo que está bien y lo que no (Juan 16.8).
¡Cuántas cosas hace el Espíritu, y cuán grandes e importantes son para nosotros!
Si seguimos buscando en la Biblia, veremos muchas otras cosas más; pero igual o
más importante que saber teóricamente lo que Él hace, es que busquemos la
comunión con Él, para que de ese modo, no solo lo conozcamos sino que también
experimentemos una relación con Él.
Para terminar
Todo esto que hemos visto es posible gracias a la obra de aquel que nos
bautizaría con el Espíritu Santo. Ésto es lo que estaba anunciando Juan el
Bautista. Su mensaje es verdaderamente importante, actual y aplicable a
nuestras vidas. ¡Cuán grande obra la del Señor Jesucristo, y cuánta gratitud
deberíamos tener! ¿No lo crees?
Lo mismo obviamente debemos decir de la obra del Santo Espíritu, con quien
debemos relacionarnos cada día. (Nuestros hermanos pentecostales también
hablan del bautismo del Espíritu en otro sentido, pero dado que no era el
expresado por Juan en aquel momento, no hemos considerado oportuno tratarlo
aquí).
El comentario de este texto ha llegado a su fin. Nos despedimos por ahora, pero
aguardamos tus comentarios, consultas y aportes. ¡Que Dios te bendiga mucho!
Juan 1.35-39 – Los dos primeros discípulos de Jesús
La presente es una porción del Comentario Bíblico sobre el Evangelio de Juan,
publicado por Gracia y Vida. El mismo pretende ayudar a los lectores en la
interpretación y en la aplicación de las escrituras a sus vidas; teniendo además
como objetivo que la lectura sea fluida y de fácil interpretación.
Con dicho objetivo en mente, y a fin de entender los distintos versículos de la
manera más apropiada, nos ayudaremos con un análisis del contexto histórico y
también con las herramientas hermenéuticas necesarias para llegar a una correcta
interpretación; pero todo esto sin entrar en largas discusiones, ni en detalles
demasiado técnicos.
Sin más, y primero que cualquier otra cosa, te invitamos a leer atentamente el
texto y orar para que el Señor te llene de su sabiduría; sin lugar a dudas Él será la
gran fuente de toda de toda verdad y de todo entendimiento. Hecho esto, ahora sí
comencemos con el estudio de los versículos que nos convocan, leamos:
El texto
35 Al día siguiente Juan estaba otra vez allí con dos de sus discípulos, 36 y vio a
Jesús que pasaba, y dijo: He ahí el Cordero de Dios. 37 Y los dos discípulos le
oyeron hablar, y siguieron a Jesús. 38 Jesús se volvió, y viendo que le seguían,
les dijo: ¿Qué buscáis? Y ellos le dijeron: Rabí (que traducido quiere decir,
Maestro), ¿dónde te hospedas? 39 El les dijo: Venid y veréis. Entonces fueron y
vieron dónde se hospedaba; y se quedaron con Él aquel día, porque era como la
hora décima.
Juan 1.35-39 – LBLA
Análisis del Texto
35 Al día siguiente Juan estaba otra vez allí con dos de sus discípulos
En otros estudios ya hemos visto que para el tiempo del bautismo de Jesús, Juan
se encontraba ejerciendo su ministerio en el Jordán. Sabemos también que él no
sólo bautizaba sino que enseñaba al pueblo a acercarse a Dios. En esta
oportunidad lo acompañaban dos de sus discípulos, Andrés y Juan.
Es importante ver en este punto que Juan, el discípulo amado y escritor de este
evangelio, estaba relatando el principio del ministerio de Jesús, día por día. Esta
forma de relato comenzó en el versículo 19, continuó en el 29, y ahora en el 35 se
cumple el tercer día. Juan nos seguirá dando referencias de tiempo en el versículo
43 y también en 2.1; 2.12 y 2.13.
Estas referencias y otros muchos detalles nos hablan de la cercanía de Juan a
Jesús y ponen de manifiesto que Juan fue un testigo presencial de primera mano
del ministerio de Jesucristo. Nadie tuvo que contarle nada (como sucediera con
Marcos y Lucas), sino que él estuvo allí, lo vio y ahora nos lo cuenta para que
nosotros también creamos (Juan 20.31).
En los textos que ahora estamos por analizar, Juan el Apóstol nos va a contar
cómo Jesús comienza su ministerio al obtener dos discípulos, gracias al trabajo
previo de Juan el Bautista. Notemos a priori que Jesús no llamó a estos dos
hombres, sino que ellos se acercaron por sí mismos a Él, dirigidos por Juan.
Una primera reflexión
Tal vez sea bueno reparar en el siguiente detalle: antes de predicarle a las
multitudes, Jesús les predicó a unos pocos.
El entrenamiento es vital para nuestro ministerio, para ello debemos comenzar de
a poco, paso a paso. Si Dios nos llama a realizar una tarea no debemos
apresurarnos, ni menos soñar con grandes cosas antes de trabajar en ellas (la
gloria siempre habrá de corresponderle a Él).
Primero trabajamos, buscamos la comunión con Él, nos aseguramos de que
hacemos lo que Él quiere y no lo que a nosotros se nos ocurre; y luego la
bendición llega y es Dios mismo quien amplía los horizontes. Tiempo al tiempo.
Todo está en sus manos. Él es el Señor de las mies, y no nosotros ( Lucas 10.2).
Sigamos su ejemplo, Él es el Maestro.
Veamos ahora qué hizo Juan el bautista:
36 Y vio a Jesús que pasaba, y dijo: He ahí el Cordero de Dios
Cuándo Juan vio a Jesús, automáticamente dirigió las miradas de sus
discípulos a Jesús. Éste era su trabajo y los resultados demuestran que cumplió
plenamente con lo que de él se esperaba. Juan había venido a preparar los
corazones de los hombres, para que pudieran seguir a Jesús. (En el link puedes
ver un poco más sobre su ministerio).
El Cordero de Dios
Respecto del significado de Cordero de Dios, te dejo un link hacia un estudio
anterior en donde se ha tratado el tema en profundidad. (No tratamos los temas
que ya analizamos para que el comentario no resulte tan extenso). Pero
evidentemente es un título aplicado a Jesús que tiene que ver con su ministerio en
su primer venida.
Veamos ahora el siguiente versículo:
37 Y los dos discípulos le oyeron hablar, y siguieron a Jesús.
Juan tenía muchos seguidores y algunos cuantos discípulos, pero no le tembló el
pulso para señalar a Jesús, aún cuando al hacerlo corriera el riesgo de perderlos.
Evidentemente eso iría a suceder, pero Juan no se detuvo sino que hizo lo que de
él se esperaba. Señaló a Jesús sin miedos, con gran seguridad y con total
desprendimiento.
Aquí vemos algo de lo que ya habíamos hablado, Juan realizó su ministerio como
debía, por lo tanto, al apuntar a Jesús, sus discípulos supieron bien qué debían
hacer. Cuando nosotros hacemos bien nuestro trabajo, las personas dejan
de seguir a los hombres para comenzar a seguir a Dios.
Aplicación
Este tan grande ejemplo de Juan se contrapone con lo que hacen muchos, que
piensan que las personas les pertenecen, y entonces se enojan cuando los
miembros de sus iglesias se van y despotrican en contra de aquellas iglesias que
los reciben, como si los creyentes fueran bienes acumulables…
Tales personas no comprenden que los hijos de Dios no le pertenecen a nadie
más, sino solo a Él; y que Él en su voluntad permisiva o volitiva, permite que las
personas cambien de Iglesia local ya sea por inmadurez, por ministerio o por
cualquier otra razón, sea la que fuere.
Es cierto que los pastores y líderes invierten innumerable cantidad de tiempo y de
energías en las personas, en especial en los que son nuevos en el camino de
Dios. Y también que, después de tanto trabajo, si aquellos toman la decisión de
alejarse, eso genera gran tristeza.
Pero el ejemplo de Juan debe darnos el aliciente necesario como para dejar todas
las cosas en las manos del Señor. Nunca nuestro trabajo será en vano, nunca
debemos considerar que hemos perdido el tiempo y menos cuando lo invertimos
en las personas que buscan a Dios. El Señor sabrá dirigir a cada uno de sus hijos
(si le quieren escuchar, claro está).
Por lo tanto, nosotros debemos hacer lo que podamos y entregar todo en sus
manos. Por su gracia, el trabajo nunca habrá de faltarnos, y siempre será un
volver a comenzar con cada persona que aparezca en nuestras vidas.
Asegurémonos de saber apuntar bien hacia Jesús, de dirigirlos para que lo miren
solo a Él. Él sabrá qué hacer con ellos.
Por tanto, sigue adelante, no te desanimes. Si has trabajado mucho, sigue
haciéndolo. Si la persona decide irse, intenta aconsejarla de la mejor manera, pero
no te obsesiones. Invierte tiempo en quien desee acercarse a Dios y no en quien
esté buscando solo sus propios beneficios.
Dios te llene de sabiduría, amor y paciencia para servirlo con gozo y gran
alegría. Amén.
38 Jesús se volvió, y viendo que le seguían, les dijo: ¿Qué buscáis? Y ellos
le dijeron: Rabí (que traducido quiere decir, Maestro), ¿Dónde te hospedas?
Jesús pasó de largo, no se detuvo para charlar con Juan, no se presentó delante
de sus discípulos (hasta el momento, los de Juan); no hizo nada para que estos
dos hombres le siguieran. Hasta ese momento Jesús todavía no había comenzado
su ministerio. Así que solo caminaba cerca de donde estaba Juan, pero luego de
un breve tiempo, se dio vuelta y vio a dos personas que le seguían.
Meditación
Es cierto que Jesús no llamó a estos hombres, pero en cuanto vio su voluntad de
seguirle tomó la iniciativa del diálogo. Tal vez ellos no sabían cómo acercarse a
Jesús o cómo abordarlo, pero Él les ahorró el trabajo. ¡Cuando nos decidimos a
seguir a Jesús Él toma la iniciativa y nos hace más fácil el camino hacia
Dios!
Si decides acercarte a Él debes saber que Jesús está más que interesado en ser
encontrado. Es más, todo su ministerio aquí en la Tierra tuvo ese propósito: Hacer
lo necesario como para que pudiéramos relacionarnos con el Padre. (Si no
sabes cómo acercarte a Dios, tal vez pueda ayudarte seguir el link). Veamos
ahora lo siguiente:
En toda la Biblia encontramos referencias que nos animan a buscarle. Algunas de
ellas son: 2 Crónicas 15.2; Isaías 65.1; Jeremías 29.13; Mateo 7.7. En las
anteriores y en muchas otras más, vemos que quien lo busca, lo encuentra. El
mismo Juan nos dice que Él nos amó primero (1 Juan 4.19), y fue ese amor el que
lo motivó a buscarnos. ¡Acércate a Él con confianza!
Veamos ahora la pregunta de Jesús:
¿Qué buscáis?
La pregunta: ¿Qué buscan? Era retórica, Jesús tenía conocimiento de lo que
había en sus corazones (véanse por ejemplo Juan 1.47-49 y Juan 2.24-25 en
donde se resalta la omnisciencia [conocimiento de todas las cosas] de Jesús).
En este punto les estaba dando la oportunidad de que le expresaran lo que había
en sus corazones. (Lo mismo pasa cuando oramos, Él ya lo sabe, pero espera que
se lo digamos).
Estos dos discípulos estaban buscando el reino de Dios y al Mesías
anunciado, algo que Juan había predicado y que Jesús también anunciaría. (Tal
vez podamos preguntarnos qué buscamos nosotros al seguir a Jesús, al predicarle
y/o al servirle. Dios nos ayude a tener las motivaciones adecuadas).
El reino de los cielos se acercaba en la persona de su Rey Jesucristo,
aunque ellos y el pueblo todo, estaban esperando un rey terrenal, político y militar;
algo muy distinto a lo que Jesús instauraría: Un reino espiritual en el corazón de
los hijos de Dios. Recordemos por un momento el mensaje de Jesús:
“(…) Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”.
Mateo 4.17 – LBLA
Un texto complementario sobre este mensaje se encuentra en Marcos 1.14-15,
allí veremos el mismo mensaje pero expresado de manera diferente; contrasta
ahora ese mensaje con el de Juan en Mateo 3.2. Si has podido hacerlo, verás que
el mensaje es idéntico. Esto nos debería llevar a preguntarnos lo siguiente:
Mirando nuestro mensaje y nuestra vida
¿Coincide mi mensaje con el de Jesús? ¿Qué es lo que estoy enseñando?
¿Coincide mi vida con el mensaje de Jesús? No podemos enseñar nada si nuestro
testimonio no nos acompaña. Y además: No podremos enseñar nada que no
sepamos, ni menos saber algo que nunca estudiamos, por ende: ¿Estudias la
Biblia?
Como ves, todos son eslabones de la misma cadena de bendición. Si no estudias,
no conoces qué mensaje debes dar, si no lo conoces, no puedes acercar a nadie a
los pies de Cristo, pero si hablas una cosa y haces otra, tu testimonio no tendrá
ningún tipo de autoridad o poder. Ahora si haces todo lo que debes, el Señor te
usará grandemente.
Disponte a hacerlo y verás cómo Dios obra en tu vida y a través de ella.
Respuesta y/o petición de Andrés y Juan
La respuesta de ellos: “Rabí, ¿Dónde te hospedas?” indica que ellos querían no
solo una breve charla, sino que pretendían un conocimiento completo y concreto
sobre el reino y también todos los detalles sobre la manifestación de Jesús como
Mesías.
En la cultura Helena (griega), las personas se mudaban con sus maestros para
poder absorber de ellos todo lo posible. En este caso estos hombres no solo lo
hicieron de este modo, sino que además lo acompañaron en su ministerio hasta
momentos antes de su muerte.
Evidentemente estos discípulos querían permanecer a su lado aunque Él no los
haya llamado todavía. Aún así, pronto serían sus discípulos. Algo que
normalmente pasamos de largo es que la pregunta de los discípulos indica que
estos dos hombres sabían, o se daban cuenta de, que Jesús no estaba viviendo
en su hogar en ese tiempo.
En cuanto la aclaración de Juan: “Que traducido es el Maestro”, la misma
indica que los destinatarios de su evangelio no conocían el idioma hablado por los
israelitas (arameo), por lo que debe traducirles el término. Juan hará esto muchas
veces. En la introducción al evangelio de Juan hemos hablado sobre sus
destinatarios y sobre otros detalles.
39 Él les dijo: Venid y veréis. Entonces fueron y vieron dónde se hospedaba;
y se quedaron con Él aquel día, porque era como la hora décima.
Vengan y miren era la invitación que ellos esperaban. La misma respuesta
también es para nosotros. Podemos ir y ver a Jesús porque Él allanó el camino
para nosotros. La pregunta es si verdaderamente queremos ir a Él, conocerle y
servirle. Si la respuesta es afirmativa, entonces nada ni nadie nos lo impide.
Los dos hombres fueron, le conocieron y comenzaron a ser sus discípulos a partir
de aquel mismo día. Nadie que conoce a Jesús puede seguir siendo el mismo.
Muchos hay que solo lo siguen y otros tantos que lo siguen y lo sirven. ¿En cuál
grupo estás tú? A partir de aquí solo le seguirían por tres años, pero le servirían
para todas sus vidas.
Se quedaron con Él todo el día. ¡Cómo no quedarse a su lado y escucharle con
atención! Ésta misma fue la elección de María, una que Marta no comprendió
(Ver Lucas 10.38-42). Nosotros por nuestra parte no tenemos la posibilidad de
escucharlo en la misma forma que aquellos afortunados. Pero en la oración y
meditación de la palabra tendremos también nuestro propio deleite.
Para terminar
La última parte ha sido discutida, en los comentarios de muchos autores
encontraremos que algunos dicen que el horario utilizado por Juan sería el judío,
pero otros que sería el del uso popular del imperio (que sería igual al nuestro). En
el primer caso, serían como las cuatro de la tarde, en tanto que en el segundo
serían las diez de la mañana.
Pero más allá de la discusión de horarios está la riqueza de detalles del relato.
Juan seguramente atesoró tanto aquel momento que no pudo olvidarse ni siquiera
de la hora en la cual comenzó su relación con el Hijo de Dios. ¿Es igual de
importante esta relación para nosotros? ¡Qué bueno si es así!
El comentario sobre estos versículos ha llegado a su fin. Gracias por haber
compartido con nosotros este tiempo. Anhelamos que el mismo te haya sido de
ayuda, pero si tienes dudas, comentarios o aportes, esperamos nos contactes.
Que Dios te bendiga mucho, te enseñe sus más ricas verdades y dirija cada uno
de tus pasos.