1
El retrato como doble
Graciela C. Sosa Córdoba
Introducción
El fenómeno del doble o autoscopía, considerado por numerosos autores como
una de las formas de la despersonalización consiste en la proyección corporizada
del yo, ahora visible como un otro.
Esta percepción, considerada un fenómeno de escasa presentación en la
clínica, ha sido objeto de inspiración de numerosos textos literarios, sobre todo
desde fines del siglo XVIII hasta las postrimerías del XIX. Lo efímero de la
experiencia, así como su rareza en las presentaciones clínicas, es lo que otorga
un valor especial al recurso a la ficción.
El psicoanálisis ha ligado este fenómeno al concepto freudiano de narcisismo
en un texto clásico dedicado a este tema (1), relacionándolo con un
desdoblamiento defensivo del yo frente al temor a la muerte y basándolo en un
deseo de supervivencia mediante un alma inmortal o de una juventud eterna;
ambas pueden ser consideradas como respuestas del yo frente a la idea de su
disolución.
Este trabajo se propone revisar la novela “El retrato de Dorian Gray”, de
Oscar Wilde (1890), situándolo, en primer lugar, en el contexto de la literatura de
la época, para analizar después la particular presentación del doble como retrato
en proceso de transformación, en una relación muy evidente con el narcisismo y el
objeto que condiciona su estructuración. Siguiendo el consejo freudiano de
avanzar por la vía que desbroza para los psicoanalistas la intuición de los literatos
(2) intentaremos descubrir cómo el autor construye su personaje instalándolo de
entrada en el terreno del narcisismo, y de la alienación que condiciona y apresa al
sujeto, empeñado a lo largo del relato, en ser “el mismo”.
Wilde en la Literatura de su época
En el año 1890, Oscar Wilde (1854-1900) publica ésta, su única novela. Cuatro
años antes, en 1896, Robert Louis Stevenson (1850-1894) publicaba: “El extraño
caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde”. En ambas obras hay una duplicidad de los
protagonistas, más evidente en Stevenson y más solapada en Wilde. El nombre
de Mr. Hyde tiene una inevitable resonancia con el verbo “to hide” (esconder) y
también con su sustantivación “a hide”, un lugar desde donde alguien puede mirar
sin ser visto. “Lo escondido” empieza a entrar en escena, bajo la forma de la
duplicidad del personaje.
2
Ambos autores nacen y mueren durante el prolongado reinado de Victoria de
Inglaterra (la llamada “era victoriana”) ubicándose la producción literaria de ambos
en la era victoriana tardía. Sin embargo, Wilde es considerado más como un
precursor de la modernidad.(3) En efecto, si tomamos en cuenta las
características del período victoriano tardío, encontramos que, en razón de la
reactivación comercial generada por la extensión colonial del Imperio Británico,
se produce una revolución tecnológico- industrial y un crecimiento económico que
agranda y fortalece a la clase media. La moral victoriana es la popularización de
los ideales y las costumbres de la clase media, elevados al rango de paradigma.
La obra de Wilde desafiaba los límites de la época, dedicándose a la
búsqueda de una belleza ultra refinada, exquisita (tachada de decadente) más
asociada por sus contemporáneos al pensamiento francés. Se le criticaba que,
debido a estos cánones esteticistas, sus personajes carecían de profundidad.
Sin embargo, tanto en Wilde como en Stevenson parece existir la percepción
de un doble registro, una doble moral, escondida detrás de personajes (ya
ingenuos, ya probos ciudadanos) de una época cuya duplicidad ostentaría la
marca de un desborde, de un exceso, ligado al retorno de lo reprimido.
Es sabido que, en el caso de Wilde, el desafío a los límites morales
establecidos, lo que lo ubica cerca del modernismo, es también lo que produce el
escándalo y su eclipse final.
Otra circunstancia de la época que facilitó la duplicidad de estos personajes,
fue la reactualización de la hipnosis (práctica pseudocientífica que Mesmer
introduce a fines del siglo XVIII) ahora llevada al terreno científico, en relación con
la pregunta acerca de la etiología de la histeria. Desde las escuelas de la
Salpêtrière y de Nancy se sustentaban posiciones divergentes que engendraban
polémica. Todo esto revitalizó a la hipnosis y preparó el terreno incluso para la
noción de inconsciente (4).
Vemos entonces que la percepción de un doblez en el alma humana, era un
concepto que los victorianos manejaban sin asombro.
Particularmente en el “El retrato de Dorian Gray”, Oscar Wilde, sin perder el
cuidado por las formas, entra en una descripción del personaje, duplicado en su
propio retrato, que parece comprender muy bien. Dijo el autor en una entrevista de
la época que él se identificaba con el pintor, la gente lo creía lord Watton, pero le
hubiera gustado ser como Dorian Gray.
El retrato de Dorian Gray: la obra y la escena inaugural
Haremos un breve resumen de la obra para focalizarnos luego en una escena, que
es la clave argumental.
3
La novela trata acerca de la historia de un bello adolescente, Dorian Gray
(producto de la desgraciada unión entre una joven aristócrata y un “Don Nadie”)
que es retratado por un pintor de moda de la época, Basilio Hallward.
Un caballero de vida disipada que visita el estudio, lord Henry Wotton, queda
prendado del joven a través de este retrato. El pintor comenta que, no obstante
esta belleza, su pintura trasunta algo de él, que no sabe qué es, pero que le
impide pensar en exponerla.
Lord Watton manifiesta su deseo de conocer al joven, cosa que el pintor trata
de impedir. Sin embargo, en ese preciso momento, Dorian se hace presente para
seguir posando y brinda la ocasión para ser abordado por lord Henry. Este,
mediante encendidos halagos, le hace tomar conciencia de su juventud y belleza.
Hondamente conmovido por la influencia de este hombre, Dorian Gray se hace
jubilosamente consciente, en ese instante, de su privilegiada imagen, manifiesta
su deseo de no perder nunca estos atributos y expresa el deseo de que, en todo
caso, sea su retrato el que envejezca. Este encuentro produce un profundo
cambio en el muchacho quien, otrora ingenuo, comenzará a actuar con mucha
desconsideración hacia los demás, entrando en un camino de degradación y
perversión que culminará en un asesinato. El retrato va adquiriendo gestos de
crueldad, va envejeciendo y envileciéndose a medida que su carácter se altera. La
visión de estos cambios se le hace a Dorian tan insoportable que debe esconder la
obra de los ojos de otros. Lo hace en el cuarto donde pasó su triste infancia,
cerrado desde entonces. Huérfano desde muy pequeño, fue criado allí por el
personal contratado por un abuelo indiferente, sospechado de haber hecho
asesinar a su padre. Urgido por el pintor, que finalmente quiere exponer su obra
maestra, termina matándolo en ese mismo cuarto.
En un intento por destruir también el cuadro que, como su conciencia moral,
consideraba como el testimonio de su culpa, apuñala el retrato. Es entonces que
él mismo cae muerto. Ahora, las características de la pintura cambian: es en el
retrato que Dorian se luce en todo el esplendor de su inocencia y belleza, mientras
que su cadáver es el de un anciano de rasgos malignos, “sólo reconocible por sus
anillos”.
El retrato y los avatares del resto
El mito de Narciso es evocado por Freud para poner un nombre al investimiento
libidinal del propio cuerpo, que se transforma luego en fundamental, estructural y
necesario para la vida, al condicionar también la relación con los objetos
exteriores. Solidarios del narcisismo Freud introduce los conceptos de yo ideal y
de ideal del yo, sirviéndole así mismo para describir estados patológicos a la
exacerbación o falta de esta dimensión. (5)
4
Lacan tempranamente en su enseñanza se ocupa del problema del
narcisismo, haciendo uso de una experiencia, descripta inicialmente por Darwin,
más tarde desarrollada en Psicología por Henrie Wallon. Se trata del momento
privilegiado en que el niño, ante el espectáculo al que asiste al ver su imagen en el
espejo, se identifica con esa imagen como Gestalt unificadora de su cuerpo, que le
permite reconocerse como “yo”. Encuentro jubiloso que busca confirmar,
volviéndose hacia su madre, en un intercambio de miradas, que alcanza el valor
de garantía de su identidad imaginaria. (6)
Esta escena jubilosa encuentra su resorte estructural en el Seminario sobre
la angustia (7) cuando Lacan incorpora el lugar de la mirada, aquello que es
elidido del campo de la percepción y no se refleja en el espejo. Su aparición, en
donde debía permanecer oculta, está en el principio de la angustia. Lo
“unheimlich” surge en el lugar donde debería mantenerse un vacío y entonces lo
que ocurre con esta ausencia es que “ella manda en el juego, se apodera de la
imagen que la soporta y la imagen especular se convierte en la imagen del doble,
con lo que esta aporta de extrañeza radical (…) hace que aparezcamos como
objetos al revelarnos la no autonomía del sujeto.” con esta ausencia es que “ella
manda en el juego, se apodera de la imagen que la soporta y la imagen especular
se convierte en la imagen del doble, con lo que ésta aporta de extrañeza radical
(...) hace que aparezcamos como objetos al revelarnos la no autonomía del
sujeto.”
La escena en la que Lord Henry lo hace consciente de que el retrato lo
refleja, reproduce notablemente la primera escena que Lacan describe entre el
niño, el espejo y su madre. En el relato se trata de un cuadro que ocupa el lugar
del espejo, por lo tanto el lado que el modelo puede ver es opaco y su “reflejo”
está del lado del pintor. Lord Henry, identificando el retrato a la persona del joven,
lo instala en el dispositivo y se instala él, a su vez, como garante, lugar privilegiado
que conservará durante toda la vida de Dorian Gray. Siguiendo el modelo de lord
Henry, Dorian se transformará en un hombre inescrupuloso y de conducta
disipada. Pero resulta de fundamental importancia destacar que la belleza del
joven plasmada en el retrato, había dejado un resto. Esto es de lo que nos
enteramos cuando Wilde nos informa sobre las razones por las que el pintor no
había exhibido el retrato, al que mantuvo fuera de la vista de cualquier espectador.
Había ya algo en él, que Basilio Hallward captó en su pintura, turbándolo al punto
de no querer mostrarla, pero que no alcanzaba a definir ni poder corregir. Es
justamente este resto, que se manifiesta en su carácter siniestro, unheimlich (8) lo
que comanda la novela, vertebrándola hasta su inevitable desenlace final. Surgen
aquí las distancias con el mito de Narciso: él muere al querer unirse a su reflejo,
en un último acto de amor por su imagen, que busca superar el desgarro de una
permanente división. Por el contrario, Dorian muere intentando separarse de ese
5
retrato que ha sufrido los avatares del resto, en una progresiva transformación de
la belleza en una fealdad extrañamente familiar. Inversión de los términos en el
recurso literario, que no hace más que poner el acento en el valor de las
pinceladas que continúan retocando el retrato, intentando captar el horror de lo
que no tiene nombre y condiciona el mantenimiento de la belleza eterna como velo
de la castración.
Notas
1 Rank, O. (1914/2004). El Doble. Buenos Aires: JCE Ediciones.
2 Freud, S. (1912/1948). El delirio y los Sueños en la Gradiva de Jensen. En S.
Freud, Obras Completas, Tomo I. Madrid: Biblioteca Nueva.
3 Albert, E. (1979). History of English Literature. London: .Harrap.
4 Bergerie, P. (1988). Génesis de los Conceptos Freudianos. Buenos Aires:
Paidós.
5 Freud, S. (1914/1948). Introducción al Narcisismo. En S. Freud, Obras
Completas, Tomo I. Madrid: Biblioteca Nueva.
6 Lacan, J. (1988). El estadío del espejo como formador de la función del yo (je).
En J. Lacan, Escritos I. Buenos Aires: Paidós.
7 Lacan, J. (1962-1963/2006). El Seminario, libro 10 La angustia. Buenos Aires:
Paidós.
8 Freud, S. (19191992). Lo ominoso. En S. Freud, Obras Completas,. Burnos
Aires: Amorrortu editores
Referencias
Albert, E. (1979). History of English Literature. London: .Harrap.
Bercherie, P. (1988). Génesis de los Conceptos Freudianos. Buenos Aires:
Paidós.
Freud, S. (1912/1948). El delirio y los Sueños en la Gradiva de Jensen. En S.
Freud, Obras Completas, Tomo I. Madrid: Biblioteca Nueva.
Freud, S. (1914/1948). Introducción al Narcisismo. En S. Freud, Obras Completas,
Tomo I. Madrid: Biblioteca Nueva.
Freud, S. (19191992). Lo ominoso. En S. Freud, Obras Completas,. Burnos Aires:
Amorrortu editores
Lacan, J. (1988). El estadío del espejo como formador de la función del yo (je). En
J. Lacan, Escritos I. Buenos Aires: Paidós.
6
Lacan, J. (1962-1963/2006). El Seminario, libro 10 La angustia. Buenos Aires:
Paidós.
Rank, O. (1914/2004). El Doble. Buenos Aires: JCE Ediciones.
Wilde, O..(1989/2004). El Retrato de Dorian Gray, Buenos Aires: Bureau Editor.