- Canto
- Invocación al Espíritu Santo
Del Evangelio de Lucas 2, 8-20
En esa misma región había unos pastores que pasaban la noche en el campo, turnándose para cuidar sus
rebaños. Sucedió que un ángel del Señor se les apareció. La gloria del Señor los envolvió en su luz, y se
llenaron de temor. Pero el ángel les dijo: «No tengan miedo. Miren que les traigo buenas noticias que
serán motivo de mucha alegría para todo el pueblo. Hoy les ha nacido en la Ciudad de David un
Salvador, que es Cristo el Señor. Esto les servirá de señal: Encontrarán a un niño envuelto en pañales y
acostado en un pesebre».
De repente apareció una multitud de ángeles del cielo, que alababan a Dios y decían:
«Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los que gozan de su buena voluntad».
Cuando los ángeles se fueron al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: «Vamos a Belén, a ver esto
que ha pasado y que el Señor nos ha dado a conocer». Así que fueron de prisa y encontraron a María y a
José, y al niño que estaba acostado en el pesebre. Cuando vieron al niño, contaron lo que les habían
dicho acerca de él, y cuantos lo oyeron se asombraron de lo que los pastores decían. María, por su
parte, guardaba todas estas cosas en su corazón y meditaba acerca de ellas. Los pastores regresaron
glorificando y alabando a Dios por lo que habían visto y oído, pues todo sucedió tal como se les había
dicho.
REFLEXIÓN
Contemplemos el hecho histórico, único, que aconteció hace dos mil veintidós años. El es verificado por
los pastores (v. 16). Así, al igual que los primeros pastores, nos convertimos también nosotros en
anunciadores de la Palabra: «Les ha nacido hoy un salvador, que es el Cristo Señor». El mismo anuncio,
de boca en boca, a través de los pastores que se han convertido en evangelistas, transmite a nosotros el
cumplimiento de la promesa de Dios. En la obediencia de la fe a este anuncio, también nosotros somos
conducidos a la salvación. El hoy del nacimiento del Salvador se realiza dondequiera es anunciado y
creído, al igual que entre los pastores que se ponen en camino para ir a verlo. Después de las palabras
del ángel. se abre el cielo y los hombres pueden asistir a la liturgia celestial que tiene lugar sobre este
niño. A esta liturgia celestial, que se abre con el anuncio que ofrece su interpretación, corresponde una
liturgia terrena, de gente pobre, obediente a la Palabra que corre a ver a un niño pobre, del cual cree
«<lo que el Señor nos ha manifestado» (v. 15). Ellos, después de haber experimentado lo que se les
había dicho (vv. 17-20), lo anuncian también (vv. 17-18). En estos pastores, primeros oyentes que se
convierten en anunciadores, se perfila la Iglesia. Ella nace del anuncio, verifica que hoy la salvación se
hace realidad y la vuelve a transmitir a los otros con el anuncio. Ella reconoce, anuncia, glorifica y alaba a
Dios que se reveló.
- Canto
«Les ha nacido hoy un salvador...>>
Es el centro del anuncio, que lleva todavía a ese <<hoy» a quien lo oye. Es el enigma de Lucas: ¿cómo
puede <<hoy» nacer un pasado; cómo puede nacer <<hoy» aquel que no tiene principio ni fin? El hoy
del que se habla es el hoy eterno de Dios, que se nos da como un don en la vida de Jesús. El anuncio nos
lo presenta, la fe nos hace entrar en Él. La Palabra nos actualiza para el evento. Siete veces se habla en el
evangelio de Lucas de este hoy. Estemos atentos a no endurecer el corazón, no caer en la desobediencia
y, mientras dura este hoy, apresurémonos a entrar en ese descanso (Hb 4, 11; cf. Hb 3, 7-4, 11). El
meollo, más que el nacimiento histórico de Jesús, descrito anteriormente, es el relato o anuncio de ese
nacimiento. Ese relato resuena todavía hoy. El que lo acoge con fe es conducido con los pastores a ver
que <<hoy» ha nacido para él el Salvador, como se ha dicho.
Lucas desarrolla más el anuncio que el hecho, no porque éste se pueda descuidar que nos salvan son los
hechos, no su interpretación sino porque lo importante es que nosotros lleguemos <hoy>> al hecho
mediante la obediencia de fe en el anuncio.
Había una vez en el desierto una caravana que marchaba hacia occidente. Una voz resonó desde lo alto:
«Si vais hacia occidente, esta misma tarde caeréis por la espada a manos de los salteadores. Si invertís la
marcha, encontraréis al oriente un gran oasis, donde se hará fiesta». Todos oyeron la voz. Una gran
parte se burló de ella: <<¡Son las alucinaciones absurdas del desierto!». Muchos quedaron perplejos,
entre el deseo y el temor. Pocos dijeron: <<¡ Veamos si es verdad!». Los primeros, los incrédulos,
siguieron caminando hacia occidente y cayeron asesinados por la espada de los salteadores. Los
segundos, los intelectuales, quedaron paralizados por la duda de si sería sensato o no escuchar una voz
del cielo. Llegó la noche, murieron y fueron presa de los buitres grandes del desierto. Los últimos
escucharon la voz e hicieron fiesta.
El anuncio es eficaz sólo para el que lo escucha y cambia de dirección. Es una guía para la realidad
anunciada. Para el que no escucha, es eficaz al contrario.
Dios obra siempre lo que dice su Palabra: también y sobre todo lo imposible, su contenido específico.
Pero es nuestra obediencia de fe la que nos pone en movimiento para ver la verdad de lo que dice. El
que desobedece puede decir siempre: <<¿Ves que no es verdadera la palabra?».
El anuncio no concierne la salvación, una idea abstracta del hombre, sino a un salvador, una persona
concreta. Este salvador no será sólo el Mesías, el enviado de Dios, sino el mismo Dios, el Señor. Es
imposible: <<¡Hoy ha nacido Dios!»>.
- Canto
Acción de gracias.
Gracias te damos, Señor, Padre Santo, omnipotente y eterno Dios, porque te has dignado saciarme a mí,
pecador e indigno siervo tuyo, ya que con el nacimiento de tu Hijo, nos das la salvación aún cuando
somos personas sin mérito alguno, por tu sola misericordia, nos bendices con tan bello acontecimiento,
el mismo que dividió la historia en dos. Gracias Señor, gracias.
Te damos gracias, clementísimo Dueño y Redentor de nuestras almas, porque también en el presente
día nos has hecho dignos de los misterios celestes e inmortales, haciendo presente y vivo el nacimiento
de tu Hijo, el verbo que se encarnó para nuestra salvación y la del mundo entero. Gracias Señor, gracias.
Gracias oh Señor Jesucristo, Hijo del Dios vivo, quien de acuerdo a la voluntad del Padre, en cooperación
con el Espíritu Santo, has traído vida a este mundo, con tu nacimiento se enciende y reaviva la llama de
al esperanza, ya que Tú eres la luz, esa que nos guía en nuestras noches oscuras y nos llevas al puerto
seguro. Gracias Señor, gracias.
Dios de todas bendiciones, fuente de toda vida, dador de toda gracia; Te damos gracias por el don de la
vida: por el aliento que sostiene la vida, por el alimento de esta tierra que nutre la vida, por el amor
vivificante de la familia y amistades. Gracias Señor, gracias.
Te damos gracias por el misterio de la creación: por la belleza de la Tierra que el ojo puede ver, por el
universo en desarrollo que nos llama más allá de nuestras imaginaciones. Gracias Señor, gracias.
Te damos gracias por nuestras comunidades a las que pertenecemos: por familias, por amistades, por
vecinos y por compañeros de trabajo. Gracias Señor, gracias.
Intenciones
1- Por la santa Iglesia, que contempla con María al Verbo de Dios hecho carne, para que anuncie con
gran alegría que el Señor Jesús, a través de su encarnación, está cerca de todo hombre. Roguemos al
Señor.
2- Por los que buscan la verdad, para que reciban de cada uno de nosotros, con palabras y obras, la
alegre noticia de que hoy ha nacido el Salvador. Roguemos al Señor.
3- Por los hombres que vacilan en su fe, para que la gran luz manifestada en Cristo inunde su conciencia
y su vida. Roguemos al Señor.
4- Por la familia humana, para que el Señor Jesús re- úna a los dispersos, rompa las cadenas de los
oprimidos, dé esperanza a los que no la tienen y sostenga los esfuerzos de todos los que trabajan por la
justicia y por la paz. Roguemos al Señor.
5- Por todos nosotros, aquí reunidos, para que, acogiendo la gracia de este día, vivamos en la confianza
de que Cristo está siempre en medio de su pueblo y transita con nosotros por los caminos del mundo.
Roguemos al Señor. oupang
Oración.
Pequeño Niño Jesús: Aunque es de noche y hay tanta pobreza en este lugar, puedo reconocer que eres
Dios y quiero tomarte en mis brazos, abrazarte y acogerte en mi corazón.
He intentado preparártelo y te lo ofrezco como cálido refugio, desearía que te sintieras a gusto en él y te
quedaras para siempre.
Cuánto agradecimiento siento por tu madre, María,y por todos los que de alguna manera prepararon tu
venida.
Intentaré amarte cada día, servirte en lo que necesites como frágil ser humano, con ternura y
abnegación.
Hasta que seas Tú quien me bendigas, me guíes y me rescates. En ti pongo toda mi fe y de rodillas te
adoro con todo mi ser.
Tú, pequeño Jesús, mi Dios, eres la luz que ilumina el mundo, la esperanza que alegra mi alma, el
Camino, la Verdad y la Vida.