Cat Logo Color Mar
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En cubierta
Joaquín Sorolla
Pescadora con su hijo, Valencia
Firmado y fechado. 1908
Óleo/lienzo, 90,55 x 128,5
Museo Sorolla, Nº Inv. 814
(Detalle)
ISBN: 978-84-8003-699-3
DL: M-14160-2013
Ministro Presidente
José Ignacio Wert Ortega Jesús Prieto de Pedro
Director General de Bellas Artes y Bienes Culturales
Subsecretario y de Archivos y Bibliotecas
Fernando Benzo Sáinz
MIEMBROS natos
Secretario de Estado de Cultura Enrique Varela Agüí
José María Lassalle Ruiz Subdirector General de Museos Estatales
Elisa de Cabo de la Vega
Director General de Bellas Artes
y Bienes Culturales y de Archivos y Subdirectora General de Protección del Patrimonio Histórico
Bibliotecas Consuelo Luca de Tena
Jesús Prieto de Pedro Directora del Museo Sorolla
MIEMBROS FAMILIARES
José María Lorente Sorolla
Blanca Pons-Sorolla Ruiz de la Prada
Francisco Pons-Sorolla Ruiz de la Prada
Nacido en Valencia, junto al mar, pero instalado en Madrid la mayor parte de su vida, Sorolla conservó siem-
pre una añoranza intensa, punzante, por las playas de su niñez, y en su memoria la imagen de aquel lugar
vendría unida irremisiblemente al recuerdo de los juegos infantiles, la libertad y el doble placer del calor del
sol y el fresco de las aguas. Esa mezcla de la belleza visual con una sensación muy física y contagiosa de eufo-
ria es la impronta de los cuadros que han dado a Sorolla mayor fama, los que se asocian siempre a su nombre.
También son los cuadros en los que Sorolla se siente más libre y más dispuesto a jugar, ya no con el agua sino
con la propia pintura. El Museo Sorolla conserva algunos de los ejemplos más famosos de esta vertiente de
su producción y, gracias a la particular formación de sus colecciones, posee también numerosos y valiosos tes-
timonios de su forma de pintar, sus herramientas de pintor plenairista, y ejemplos suficientes de su obra para
seguir, paso a paso, sus procesos de creación. De esta manera el Museo quiere acercar a un amplio público a
una visión de la pintura desde otros ángulos, más próximos a los puntos de vista del propio artista.
La Fundación Museo Sorolla, fiel a sus objetivos, ha respaldado esta iniciativa del Museo contribuyendo
generosamente a su financiación.
ORGANIZACIÓN
MUSEO SOROLLA
DIRECCIÓN
Consuelo Luca de Tena
COLECCIONES
Covadonga Pitarch
David Ruiz
Belén Topete
COMUNICACIÓN Y DIFUSIÓN
Natalia Delgado
Almudena Hernández de la Torre
Sonsoles Vallina
ADMINISTRACIÓN Y SECRETARÍA
María Cameo
Araceli Muñoz
DISEÑO Y DIRECCIÓN DEL MONTAJE
Vélera
MONTAJE
Horche
ENMARCADO
Estampa
Índice
INTRODUCCIÓN
EL COLOR DEL MAR.............................................................................................................................. 11
Consuelo Luca de Tena
CATÁLOGO
José Manuel Pascual
Consuelo Luca de Tena
1 EL ESPECTÁCULO INCESANTE......................................................................................................... 29
1.1. Tradición......................................................................................................................................................... 30
1.2. Agua y movimiento.................................................................................................................................... 32
1.3. Reflejos, espejos, transparencias, refracción.. ............................................................. 40
1.4. Contraluz.. .................................................................................................................................................... 60
1.5. COLOR, PERCEPCION Y NATURALEZA.................................................................................................. 62
1.6. EL PINTOR AL AIRE LIBRE. LA PALETA DE SOROLLA...................................................................... 68
BIBLIOGRAFÍA.......................................................................................................................................... 137
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ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DE
JOAQUÍN SOROLLA
EXPOSICIÓN TEMPORAL
MUSEO SOROLLA
MAYO — OCTUBRE 2013
SOROLLA.
EL COLOR DEL MAR
Sorolla es un pintor muy conocido y apreciado. Fue ya Sorolla, trasterrado en Madrid, jamás olvidó esa fascina-
muy célebre en vida y lo sigue siendo, y aunque pintó ción y nunca dejó de huir hacia el mar cada vez que tuvo
todo género de cosas, su fama se ha cimentado especial- ocasión. Separado a veces de su familia en esas huidas, re-
mente en dos aspectos de su producción: su tratamiento gistró sus impresiones en cartas diarias que hoy nos devuel-
de la luz, que parece irradiar desde sus cuadros con el ven esos pensamientos con toda la sinceridad y la sencillez
mismo calor vital que la luz del sol real que representa; y de esa comunicación familiar, ajena a cualquier pretensión:
sus escenas de mar, donde el esfuerzo de los pescadores o
la alegría exultante de los niños en su gozo del baño su- “… los estudios no van mal, pero sí con lentitud por lo
ceden en el escenario donde la luz del sol tiene un campo difíciles que son, si estos estudios los hubiera hecho al final
más ilimitado, y donde el agua la multiplica con sus refle- de la temporada estarían mejor y hubiera sido más fácil,
jos y transparencias, y la hace vibrar, fulgir, resplandecer. pues estaría más acostumbrado a pintar al aire libre, pero
Nacido en Valencia, junto al mar, Sorolla debió de sentir ahora recién salido del estudio cuesta mucho acostumbrar
la misma atracción irresistible que la mayoría de los niños la retina…”
hacia el juego al aire libre y en el agua, la doble caricia “Vuelvo de trabajar, he tenido sol, pero el mar por el
del sol cálido y el agua fresca en el cuerpo, el placer de fuerte poniente no se mueve nada, es una balsa sosa, pero
moverse casi libre de la gravedad. Y seguramente muy como ayer, trabajé bastante en el agua…”
pronto debió de percibir también la fuerza del mar como
“El efecto de luz es bonito, pues la contraluz por la maña-
espectáculo, la fascinación visual del movimiento ince-
na es siempre simpática de gama.”
sante del agua y de las nubes y del continuo sucederse de
las luces distintas de las horas y las estaciones, el poder “La mañana fue muy desigual, luz velada, sol pálido y tornadi-
envolvente de sus atmósferas y la potencia emocional de zo, mar lánguida y sosa; he trabajado pues con desilusión y he
sus grandes masas de color. hecho como que hacía, por no estropear lo del domingo.”
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en que Sorolla trabajó, como pintor de su tiempo y como calor o el frío, lucharon con el viento, con la lluvia y con
pintor principalmente plenairista. La intención de la exposi- las nubes de arena que se pegaban al óleo del cuadro.
ción es, pues, principalmente divulgativa. Y antes que los impresionistas, muchos paisajistas lo hicie-
ron ya desde el siglo XVIII.2 Tampoco son muy distintos
La exposición se hace básicamente con las propias colec-
los intereses artísticos de Sorolla de los de otros pintores
ciones del museo, que junto a los cuadros posee otros tes-
de su época; no se trata de mostrar la excepcionalidad
timonios materiales de sus ideas y de las circunstancias en
de Sorolla, que la tuvo por sus dotes extraordinarias, sino
que aquellos fueron creados. En este caso son fundamenta-
justamente lo que tiene en común con la pintura de su
les los pequeños estudios al óleo, que él llamaba “notas de
tiempo, en los aspectos formales, y sobre todo en la mane-
color”, y que registran impresiones muy espontáneas que
ra de plantearse, desde una perspectiva que él consideraba
luego encontrarán su aplicación a los cuadros mayores; las
puramente naturalista, el ejercicio de la representación.
fotografías que lo muestran trabajando en la misma playa,
Y aún más atrás, ayudar al público a reflexionar sobre el
con sus útiles de pintor: el caballete de campaña, clavado
proceso mismo de la representación, un proceso que pocas
en el suelo y sujeto con piedras para que la “vela” del pro-
veces nos paramos a analizar pero que es en sí mismo un
pio cuadro no lo tumbe; la sombrilla blanca, los pocillos de
tema apasionante.
limpiar pinceles. Y los propios útiles: el caballete, los pince-
les largos que usaba para pintar desde cierta distancia, las
cajitas portátiles para llevar las tablillas donde pintaba y los
tubos de pintura, etc. Estos objetos no se muestran solo por
ser objetos personales de Sorolla sino porque son revelado- Ver, mirar, representar
res de su forma de pintar.
Ver nos es tan natural que apenas reflexionamos sobre
La forma en que Sorolla realizó sus cuadros de mar, y de ello. Pero la vista, el más informativo de nuestros sentidos,
paisaje en general, no es distinta de la de otros pintores el más completo, está sujeta a graves limitaciones. Antes
de su tiempo. Los impresionistas, antes que él, salieron al de que se inventara la luz artificial, qué pocas eran las
campo o a la playa con los mismos aparejos, sufrieron el horas de luz en invierno, qué cortas se harían, qué insufi-
1. Se han entresacado algunas frases de distintos momentos y distintos lugares. La correspondencia de Sorolla con su mujer, Clotilde
García del Castillo, está publicada en dos volúmenes: Epistolarios de Joaquín Sorolla, III. Correspondencia con Clotilde García
del Castillo, 1891-1911, a cargo de Blanca Pons Sorolla y Víctor Lorente Sorolla (Eds.), Barcelona, Anthropos, 2009; y Epistolarios
de Joaquín Sorolla, II. Correspondencia con Clotilde García del Castillo, 1011-1919, a cargo de Víctor Lorente Sorolla, Blanca Pons
Sorolla y Marina Moya (Eds.), Barcelona, Anthropos, 2008. La correspondencia con su amigo Pedro Gil Moreno de Mora está publicada
en Epistolarios de Joaquín Sorolla, I. Correspondencia con Pedro Gil Moreno de Mora, a cargo de Facundo Tomás, Felipe Garín, Isabel
Justo y Sofía Barrón (eds.), Barcelona, Anthropos, 2007.
2. Véase por ejemplo, Impressionists by the Sea (Catálogo de la exposición, a cargo de John House), Royal Academy of Arts, Londres,
2007; Anthea Callen, The art of Impressionism. Painting technique & the making of modernity, Yale University Press, New Haven y
Londres, 2000; Impresionismo y aire libre. De Corot a Van Gogh, Madrid, Museo Thyssen Bornemisza, 2013, exposición a cargo de
Juan Ángel López Manzanares.
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3. …”A la derecha, sin embargo, una niña mira hacia el exterior, a través de una puerta abierta, por la cual penetra, copiosa, la luz. […]
La niña no parece mirar a nada, volviendo sus ojos hacia el vacío del exterior, paralizada por una fascinación que la ha arrebatado y
arrancado del mundo real. Ella encierra confusamente un vida entera, un universo infinito: observa la luz.” Tzvetan Todorov, Éloge du
quotidien. Essai sur la peinture hollandaise du XVIIe, París, 1997. Versión italiana, Elogio del quotidiano. Saggio sulla pittura olandese
del Seicento, Roma, 2000, p. 109. Versión española, Elogio de lo cotidiano, Barcelona, 2013.
4. E. Gombrich., Art and Illusion. A Study in the psychology of pictorial representation, Oxford, Phaidon, 1960. Versión española, Arte e
ilusión, Madrid, Debate, 2003.
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Cómo extraer de ese océano de impresiones, fluido y en deliberada, complejísima. Observar, analizar visualmente
constante movimiento, las líneas y colores que fijen, que lo que tenemos delante exige un esfuerzo considerable. To-
sujeten la imagen que nos interesa. dos sabemos lo difícil que resulta recordar con precisión o
describir con palabras el rostro de las personas que a diario
Ver, mirar, escoger unos determinados motivos de entre ese
tenemos a nuestro lado, las que más queremos y hemos
espectáculo que nos rodea por todas partes y que cambia y
mirado tantas veces con la intensidad del amor. Cuántos
se mueve sin cesar, escoger unos precisamente y no otros;
seríamos capaces, además, de dibujarlo.
entresacarlos de ese magma, analizarlos, y ser capaz de
trasladarlos a otra parte materializando la imagen percibida A lo largo de siglos, la pintura occidental eligió especia-
sobre un lienzo, una pared, una hoja de papel. Tener la des- lizarse en representar las cosas como aparecen a la vista,
treza, la capacidad, la vista, la inteligencia y las manos para y no como sabemos que son: los accidentes de la vista se
hacerlo. Y los medios materiales: las pinturas, los pinceles, consideraron de interés primordial. Sabemos que el hecho
los lienzos… Pero además el “cuadro”, finalmente, tiene su de que las cosas lejanas se vean más pequeñas es solo un
propia realidad como objeto, independiente de aquello que efecto visual, igual que el hecho de que en la distancia los
represente. En el cuadro la imagen está encerrada en límites objetos pierdan nitidez, y aceptamos con normalidad que
precisos, por lo general rectangulares, y esa forma rígida si vemos la parte delantera de un objeto no podamos ver
que bordea la imagen le impone una referencia a la que ha al mismo tiempo la trasera, y aceptamos también que los
de acomodarse. Qué proceso tan largo, qué artificio. Ya es objetos se tapen unos a otros, aunque sepamos que la parte
bastante difícil entender que ese espacio que nos rodea se que no se ve está ahí de todos modos. La pintura occiden-
resume en tres dimensiones (¿sólo tres?) para encima tenerlo tal ha dado prioridad a la mirada del pintor –que al fin y
que aplastar en dos y meterlo en un recuadro. al cabo es una mera circunstancia- sobre otros aspectos
que pudieran ser esenciales en el objeto representado. La
Pero, en algunas partes del mundo, en algunas épocas, los
visualidad en sí misma, el cómo se ve, ha ganado el terreno
hombres se han aplicado a esa tarea con gran tenacidad.
a la cosa vista y representada.
Cada época le ha dado un sentido diferente, y ha utilizado
la herramienta de la representación con un fin distinto, pero
el impulso de representar ha sido uno de los rasgos más
definitorios de algunas culturas. El deseo de comprender, de
La superficie del cuadro
poseer y de transmitir han sido seguramente los impulsos
más poderosos que han llevado al hombre a realizar ese
El “cuadro” –una creación también muy peculiar de
esfuerzo de atención, de análisis. Un esfuerzo que encontra-
nuestra cultura occidental-5 se concebía como una venta-
mos muchas veces emparejado con la curiosidad científica.
na a través de la cual el espectador podía asomarse a una
Sabemos que mirar no es simplemente abrir los ojos y reci- escena que el pintor le había preparado, un mundo alter-
bir en nuestro cerebro la imagen de lo que tenemos delan- nativo que aspiraba a parecer real. Durante el tiempo en
te. Mirar es más bien como leer, una operación voluntaria, que ha estado vigente esta forma de entenderlo, la propia
5. Víctor Stoichita, L’Instauration du tableau, París, Klincksieck, 1993. Versión española, La invención del cuadro, Barcelona, 2001
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superficie pictórica, el lienzo o el muro donde la escena temas edificantes, las mitologías, las escenas religiosas, los
está pintada, pretenden ser invisibles, transparentes, y las grandes episodios de la historia. El pintor moderno prefie-
pinceladas se funden unas con otras para ofrecer la ilusión re no pintar nada que distraiga de lo que ahora verdade-
de unas superficies sólidas, continuas. El artista desapare- ramente le interesa: el propio trabajo de pintar.
ce detrás de su obra. Y esta forma de concebir el cuadro
La revolución llevaba mucho tiempo gestándose: desde el
estuvo vigente unos cuatro siglos.
mismo momento en que la pintura occidental alcanza un
Pero a mediados del siglo XIX los insolentes impresio- punto máximo de mímesis, de fidelidad imitativa, en la
nistas empezaron a jugar a otra cosa. La superficie del obra de los llamados primitivos flamencos, en el siglo XV,
cuadro, la superficie pictórica, estaba dejando de ser una empieza a reflexionar sobre sí misma, sobre su condición
lámina transparente a través de la cual el espectador se de artificio y su relación con lo representado. Y al mismo
asomaba al espectáculo de ese otro mundo alternativo. tiempo que pule las superficies borrando las huellas del
Ahora la superficie del lienzo se interponía, se había vuel- pincel, intentando que la ilusión de realidad sea total, el
to opaca, exhibía su bidimensionalidad,6 y se presentaba pintor, como si se arrepintiera de ser tan discreto, em-
como el espectáculo mismo. Allí, en la superficie plana pieza a dejarnos claros recordatorios de que aquella cosa
del lienzo, el descarado pintor dejaba sus huellas ostensi- perfecta que estamos viendo y que parece tan real, es una
bles, unas pinceladas bien visibles, una pintura gruesa y obra de su mano: aparecen en los cuadros las firmas de
sin pulir, su propio gesto, el trabajo de su pincel. En gran los pintores. Pero éstas no están dibujadas sencillamente
medida este aspecto del cuadro se debía a la necesidad de en la superficie del lienzo, porque el pintor no reconoce la
pintar deprisa para aprehender los efectos de la luz, tan realidad material de esa superficie, o no quiere que la re-
cambiantes. Pero el resultado fue que el pintor se ponía conozcamos nosotros, no quiere destruir la ilusión. La fir-
ahora en medio, entre el espectador y el mundo, en lugar ma puede aparecer como escrita, o tallada, sobre alguno
de desaparecer discretamente detrás de su trabajo. Ya de los objetos representados en el cuadro. Incluso más tar-
no importaba tanto lo representado: por obra y gracia de, en la época barroca, cuando Frans Hals, Vermeer7 o
del pintor, importaba la pintura misma. Se acabaron los Rembrandt no hacen ya nada por esconder el trabajo del
6. Clement Greenberg, en su artículo de 1961, Modernist Painting, destaca la planitud del cuadro como uno de los elementos que los
pintores modernos han reivindicado como elemento propio y exclusivo de la pintura, y le atribuye un papel esencial en la creación
de la pintura que llamamos moderna. «Fue la insistencia en la ineluctable planitud de la superficie lo que resultó, sin embargo, más
fundamental que ninguna otra cosa en el proceso por el cual el arte pictórico se criticó y definió a sí mismo. Pues solamente la
planitud era única y exclusiva del arte pictórico. La forma del marco de la pintura era una condición o norma limitadora compartida
con el arte del teatro; el color era una norma y un medio compartido no solo con el teatro sino también con la escultura. A causa
de que la planitud era la única condición no compartida con ningún otro arte, la pintura moderna se orientó hacia ella como a ninguna
otra cosa.»
7. «Y, al final, el arte de Vermeer dejó paso a la realidad: las pinceladas romboidales que parchean sus últimas obras señalan esa brecha
entre la imagen y la realidad descrita que la pintura holandesa casi había logrado ocultar.» Svetlana Alpers, El arte de describir. El arte
holandés en el siglo XII (Madrid, Blume, 1987), p. 305.
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pincel, todavía se resisten a poner su firma sobre el lienzo explotan ahora los vacíos, las asimetrías, las composiciones
mismo, y la colocan “dentro” del cuadro: en la pared del cortadas, incompletas.
fondo, en el suelo, en un papel dejado en un rincón.8
Pero por otra, la inquietante capacidad de la fotografía
“Recordad que un cuadro, antes de ser un caballo de para imitar nuestra vista, capturando sin esfuerzo, en un
batalla, una mujer desnuda o una anécdota cualquiera, instante, y sin ser consciente de ello, el espectáculo de la
es una superficie plana cubierta de colores reunidos con realidad desplegada ante el objetivo, había dejado a la
cierto orden.” Esta afirmación (1890) de Maurice Denis pintura en una posición incómoda, como si la fotografía
(1870-1943), es una afirmación siempre citada en relación le disputara sus fines, o como si la pintura hubiera sido
con la pintura moderna porque expresa con toda sencillez desalojada de su posición habitual y tuviera que justificar
lo que había sucedido en ella. su existencia: además muy pronto la fotografía estuvo al
En la época de Sorolla el interés de los pintores por la pro- alcance casi de cualquiera.
pia operación subjetiva de ver, de mirar y de representar
La pintura tuvo que reflexionar intensamente sobre sí
desplazó definitivamente al interés por aquello que se veía.
misma. Y sobre todo, tuvo que reafirmar su existencia a
La fotografía tuvo alguna culpa. Por una parte la fotogra- través de los elementos que la fotografía no podía hacer
fía ayudó a los pintores a ver cosas antes difíciles de cap- suyos. La pintura, el pigmento mismo, su materialidad,
tar: movimientos normalmente demasiado rápidos para su sensualidad, cobran ahora protagonismo sobre la
que el ojo humano los comprenda, escorzos o puntos de superficie del lienzo: su presencia, junto con la huella
vista insólitos quedaban resueltos en dos dimensiones con visible del pincel o de la espátula, la grafía de la pince-
toda facilidad por la fotografía. Además, la realidad era lada, su dirección, impacto y recorrido, son la prueba
sorprendida por el objetivo no preparada, no compuesta, del trabajo del pintor, la prueba de que la imagen ha
fragmentaria, y ese aspecto espontáneo de la fotografía dio sido construida por el artista, a diferencia de la plasma-
un vuelco total al sentido de la composición pictórica: se ción mecánica y homogénea de la imagen fotográfica.
8. T.J. Clark, The painting of Modern Life. Paris in the Art of Monet and his followers, Princeton, 1984, p. 10, se refiere a esta
transformación de la forma de entender la “representación” en la pintura moderna: “Algo decisivo ocurrió en la historia del arte
alrededor de Manet y sus seguidores que dio a la pintura y a las otras artes un nuevo rumbo. Quizá el cambio pueda describirse como
una especie de escepticismo, o al menos inseguridad, sobre la naturaleza de la representación en el arte. Habían existido antes dudas,
en cierto grado, sobre este asunto, pero habían aparecido como marginales a la tarea principal de construir la semejanza, y en cierto
sentido habían garantizado esa tarea, haciéndola parecer más necesaria y grandiosa. Algunos pintores del siglo XVII, por ejemplo, no
habían logrado esconder los desajustes y perplejidades inherentes a sus propios procedimientos, pero esos indicios de las paradojas
de la percepción –esas señales en el cuadro de dónde casi terminaba la ilusión– no servían sino para hacer la semejanza, cuando se
conseguía, más convincente, pues hacía visible su existencia frente a su opuesto, el caos. No hay duda de que Manet y sus amigos
miraron atrás buscando instrucción en pintores justamente de esta clase –de Velázquez a Hals, por ejemplo– pero parece que lo que
más les impresionó fue la evidencia de la franca y palpable incoherencia, y no el hecho de que la imagen estuviera de algún modo
salvada, al final, de la extinción. Este desplazamiento de la atención condujo, por otra parte, a que pusieran el énfasis en los medios
materiales por los cuales se construían las ilusiones y las semejanzas…” (el subrayado es nuestro).
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El lienzo también se deja ver: la pintura no lo cubre movedizas del agua o el follaje, y registraron fenómenos
totalmente, y su trama aparece entre las pinceladas de visuales antes desatendidos, como el color de las som-
los cuadros impresionistas, recordándonos, una vez más, bras. La atención, la concentración que requiere el ejer-
la existencia de ese plano pictórico que hasta hace poco cicio de intentar ver sin prejuicios algo que continua-
había fingido no existir. mente se hace y deshace ante nuestros ojos da a veces
a los cuadros impresionistas una particular intensidad.
“Nunca antes se había hecho visible una urgencia tan
imperiosa de expresar una experiencia visual en térmi-
El color al aire libre nos pictóricos, traduciendo la realidad de esa experien-
cia a colores intensos, puros, prismáticos, inadulterados
El color, literalmente, hizo explosión. La industria del por imaginarias sombras conceptuales.”10 Para algunos,
color había experimentado avances extraordinarios, como Monet, el afán de representar con precisión las
movida por grandes necesidades materiales e intereses variaciones de la luz a lo largo del día derivó en una
económicos. La obtención de tintes baratos en grandes necesidad casi obsesiva.
cantidades para la industria textil era el principal motor La técnica de los impresionistas, que aplican el color en
de la investigación en este campo, pero la producción pinceladas cortas y sueltas, no fundidas con las pinceladas
de colores para artistas se vio beneficiada con la apa- vecinas, da al color una vibración inusitada, y al conjunto
rición de colores sintéticos, y puso a disposición de los del cuadro, en ocasiones, una potencia emocional que
pintores nuevos pigmentos de extraordinaria limpieza y deriva, no de su tema o su contenido, sino exclusiva-
brillantez. Pero además, en 1841 se había patentado el mente de sus elementos formales, y en particular de las
tubo blando de estaño para contener los colores al óleo, sensaciones físicas que transmite. La urgencia, la prisa
lo que facilitaba su transporte y permitía que la pintura por capturar el efecto, la impresión, antes de que esta se
al aire libre, un aspecto fundamental de la pintura de la desvanezca, es probablemente responsable de la vitalidad
época, fuera más cómoda y fácil.9 El ejercicio de pintar que irradian algunos cuadros impresionistas.
al aire libre no era nuevo, pero fueron los impresionis-
Ese afán por representar momentos de la percepción lle-
tas quienes lo generalizaron, ayudados también por la
vó a los impresionistas a desarrollar una técnica rápida,
facilidad que les prestaban las nuevas líneas férreas para
a cultivar los pequeños formatos, los apuntes, los estu-
salir de la ciudad y desplazarse a nuevos escenarios.
dios, a pintar sobre tablillas fácilmente transportables
Pintando bajo la luz cambiante del sol, los impresionis- para salir al campo11, y, en suma, a hacer cuadros de
tas intentaron capturar la reverberación, la fragmen- apariencia a veces desaliñada, inacabada, muy alejados
tación de la luz al descomponerse sobre las superficies de la imagen pulida que el público estaba acostumbrado
9. François Delamare y Bernard Guineau, Colour, Making and using Dyes and Pigments, Londres, Thames and Hudson, 2000.
10. Bernard Denvir, Impressionism, Nueva York, 1991, pág. 180 (se refiere a La casa del artista en Argenteuil, Claude Monet, 1873).
11. Anthea Callen, op.cit., pág. 156
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Auguste Renoir
La Grenouillère
1869
Óleo/lienzo
National Museum, Estocolmo
NM2425
Claude Monet
Le Bains at La Grenouillère
Óleo/lienzo
1869
National Gallery, Londres
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Joaquín Sorolla,
Velas en la playa de Valencia,
1884
Óleo/tabla, 17,4 x 27,5 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 385
Claude Monet
Impression, soleil levant
1873
Óleo/lienzo
Musée Marmottan, París
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Sorolla
antes de Sorolla
Cuando Sorolla empieza a pintar, todo esto ha ocurrido
ya. Joaquín Sorolla, nacido en Valencia 1863, empezó a
estudiar dibujo en 1876 e ingresó en la escuela de Bellas
Artes en 1878: Impression, soleil levant de Claude Monet es
de 1873, y la exposición en que el cuadro figuró y que dio
nombre a los impresionistas se hizo en 1874. Antes aún,
en 1869, Monet y Renoir habían pintado en los baños de
La Grenouillère unos cuadros donde la luz filtrada y los
reflejos en el agua convertían toda la superficie del cuadro
en un mosaico plano de pinceladas entrecortadas.
Cuando Sorolla va a París por primera vez en 1885 el
Impresionismo es un fenómeno maduro. Las exposiciones
de los impresionistas se habían sucedido casi anualmente
desde 1874 con distintos participantes, pero en 1886 fue la
última; los cuadros de los impresionistas se vendían para
entonces con cierta normalidad.
Sin embargo, aunque pasó allí seis meses en esa ocasión,
no nos consta que prestara atención a los impresionistas.
Por entonces Sorolla, que tenía 22 años, buscaba prudente-
mente su camino; de 1884 es una tablita, Velas en la playa de
Valencia, de un color fresco y limpio que parece un anticipo
de tanta obras posteriores; de 1885 o 1886 son dos cua-
Joaquín Sorolla
dros muy significativos de su búsqueda algo desconcertada
El monaguillo
entre los géneros entonces practicados en España: Moro con Óleo/lienzo, 44 x 88,5 cm
naranjas y El monaguillo. Museo Sorolla, Nº Inv. 1427
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12. Aureliano de Beruete, “Joaquín Sorolla y Bastida”, en Ocho ensayos sobre Joaquín Sorolla y Bastida, Fundación Mª Cristina Masaveu
Peterson, Asturias, 2009, pág. 35. La edición original, Eight essays on Joaquín Sorolla y Bastida, se publicó en Nueva York en 1909 con
motivo de la exposición de Sorolla en la Hispanic Society; el ensayo de Aureliano de Beruete se había publicado previamente en
La lectura, revista de ciencias y artes, Año I, Madrid, enero, 1901.
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Las “chifladuras
del impresionismo”
De este viaje tenemos una carta a su mujer en que Sorolla Peder Severin Krøyer
Día de verano en Skagen
menciona a los impresionistas: “Ayer tocó el día de Ex- Óleo/lienzo, 154,5 x 212,5 cm
posición de los Campos Elíseos, hay cosas colosales […]; 1884
el resto una serie de chifladuras de impresionismo casi Colección Hirschprung, Copenhague
13. Carta de Sorolla (París) a Clotilde (Valencia). 21 de junio de 1894. CFS/215. (Epistolarios… III). James Tissot, pintor francés conocido
sobre todo por sus minuciosas representaciones del ocio de los elegantes, experimentó una crisis religiosa a partir de 1885 y dedicó
desde entonces sus esfuerzos a representar historias de la Biblia, viajando varias veces a Palestina para documentarse; en 1894 expuso
en París una serie de más de 300 gouaches sobre la vida de Cristo.
14. Jean Joseph Benjamin Constant (1845-1902), pintor francés, discípulo de Alexandre Cabanel, que estuvo en España y en Marruecos;
fue amigo de Mariano Fortuny. Autor de escenas orientalistas.
15. Leon Bonnat (1833-1922), pintor francés que cultivo un estilo realista; gran admirador de la pintura española y de Velázquez en particular.
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El camino nuevo
Ya en esta fecha ha pintado algunos cuadros importantes
de composición de formato grande en la línea del realismo
social, como ¡¡Otra Margarita!! (1892), y del mismo año de
1894 serán ¡Aún dicen que el pescado es caro! (1894) y La vuelta
de la pesca (1894), que será adquirida por el estado francés
para el Musée du Luxembourg en 1895 y supondrá su
primer gran triunfo internacional. Esta representa ya un
gran salto cualitativo: en la apacible escena de trabajo, el
tratamiento del agua, del cielo y sobre todo de las dos lu-
ces que inciden en la vela se imponen a nuestros ojos con
una presencia poderosa; todo el placer del que Sorolla ha-
bla cuando describe en sus cartas sus emociones mientras
pinta se reflejan en la intensa visualidad del cuadro.
“He terminado un cuadro para el Salón de este año que
titulo La vela nueva; son unas muchachas que cosen una
vela de barco en un patio donde el sol juguetea entre
las hojas; no sé lo que te parecerá, yo lo creo de mucho
arriesgo, por las grandes dificultades que tiene el natural
y que son imposibles de vencer con los medios que cuenta
la pintura; ahora bien, si la cosa gustara, sólo ya sería un
gran triunfo pues me animaría a seguir por el camino
nuevo, para mí el único, la verdad sin arreglos tal como se
sienta, y aún con menos preocupación de la que se nota
en el cuadro que ahora he terminado.” 20
El cuadro es Cosiendo la vela, y es, en efecto, “de mucho
arriesgo”. Su amigo Beruete lo describe así:
“El protagonista de este cuadro es, según la expresión de
un ilustre crítico, una vela de barco; y tal es el interés que
ha sabido dar el pintor a los pliegues y accidentes del gran
Joaquín Sorolla
trozo de lona, a las figuras tan características de hombres
Cosiendo la vela
y mujeres que en coserlo se ocupan, al emparrado y a los Óleo/lienzo, 222 x 300 cm
tiestos que matizan la pintoresca escena, y más que todo 1896
a los brillantes rayos de sol que se filtran a través de las Venecia, Fundazione Musei Civici di Venezia, Galleria
hojas iluminando el cuadro con chispazos vivísimos, que Internazionale d’Arte Moderna di Ca’Pesaro
25
S O R O L L A , E L C O LO R D E L M A R
aquél que lo contempla se interesa por asunto tan trivial nunca- de la biblioteca de la Hispanic Society, poblados
de igual manera que si tuviera antes su vista algo muy de multitudes de figuras en tamaño natural. Pero para-
dramático o trascendental. Ejemplo vivo del mágico po- lelamente a estos grandes empeños, en su ejercicio coti-
der del arte, que eleva a las regiones de lo imperecedero diano de la pintura, Sorolla va dejando una producción
aquello que en la realidad pasa inadvertido por vulgar e abundantísima de obras donde experimenta con mayor
insignificante.”21 libertad: en ella, y siempre partiendo de la observación,
va acercando sus posiciones a las de los pintores impre-
Este cuadro es seguramente el hito decisivo hacia su “ca- sionistas o postimpresionistas que en un principio tanto
mino nuevo”, y Beruete acierta al señalar la evidente ven- le habían desconcertado. Las representaciones del agua y
taja que el propio tratamiento del cuadro como pintura del mar se prestaban espontáneamente a un tratamiento
ha tomado sobre el tema representado. La celebración del más moderno de la pintura.
gozo de ver, de seguir con la mirada los juegos de la luz
sobre la tela blanca, el desafío, el juego implícito en cap- La exposición da un paso atrás en el tiempo para revi-
turar esas manchas movedizas se adueñan por completo sar algunas de las primeras experiencias de Sorolla en
de la imagen. Es sin duda, como La vuelta de la pesca, un estos temas. Desde 1880, fecha del primer cuadro que se
gran cuadro de composición, tradicional en sus elementos muestra, hasta 1919, fecha de los últimos, la exposición
espaciales, sólido en su dibujo y meditado y organizado a acompaña a Sorolla en ese recorrido artístico más perso-
partir de estudios y bocetos, pero “el natural”, ese “na- nal. Desde sus primeros cuadros de mar, todavía indeci-
tural” que hasta el fin de sus días Sorolla defiende como sos y aferrados a la tradición, pasando por su profunda
única razón de ser de su pintura, ese natural “tan hermo- inmersión en el estudio del natural, hasta el momento en
so”, irrumpe con una vida desbordante. que, sin abandonar jamás ese natural que tanto amaba,
Sorolla hace, ante todo, pintura: cuadros que parten de
Muy poco después, Sorolla tendrá el reconocimiento in- la realidad observada pero que la transfiguran en una
ternacional al ganar en 1900 el Grand Prix por las obras composición autónoma, donde domina la propia lógica
presentadas en la Exposición Universal de París: Cosiendo interna del cuadro y la belleza de una materia pictórica
la vela (1896), Comiendo en la barca (1898), El baño o viento del que a nuestros ojos se manifiesta como luz y color.
mar, El algarrobo (1898) y Triste herencia (1899), en com-
petencia con algunos de los pintores que él mismo más
admiraba. Todos estos cuadros llevan tras de sí años de
concienzudo ejercicio de observación.
Y aquí es donde la exposición empieza. Sorolla nunca
abandonó la pintura de figuras ni los cuadros de compo-
sición, y de hecho dedicó varios de sus años de madurez
a los grandes lienzos –los más grandes que había pintado
26
[1]
Joaquín Sorolla
Autorretrato con fondo de mar
1909
Óleo/lienzo, 80,5 x 105,5 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 817
27
1
EL ESPECTÁCULO INCESANTE
1
EL ESPECTÁCULO
INCESANTE
“Me sería imposible pintar despacio al aire libre, aunque 1.1. Tradición
quisiera… No hay nada inmóvil en lo que nos rodea. El mar
se riza a cada instante; la nube se deforma, al mudar de si- En 1881, Sorolla tiene 18 años. Deseoso de abrirse camino,
tio […] pero aunque todo estuviera petrificado y fijo, basta- envía esta Marina pintada el año anterior al Premio Nacio-
ría que se moviera el sol, que lo hace de continuo, para dar nal de Pintura de 1881 junto a otras tres. La obra no tuvo
diverso aspecto a las cosas… Hay que pintar deprisa, porque suerte, pero nos permite ver sus inicios en el tema: el mar
¡cuánto se pierde, fugaz, que no vuelve a encontrarse!”1 desde la lejanía, pintado según la tradición de los vedutisti, en
El mar fue el tema favorito de Joaquín Sorolla, el más una visión panorámica y paisajística, anclada en los valores
personal y posiblemente más representativo. No por casua- clásicos. Una pintura muy contenida en el color y la pincela-
lidad el mar y las costas habían sido paisajes preferidos de da, buscando el carácter puramente descriptivo del conjun-
los impresionistas, pues la luminosidad, la variedad de los to. La excitación plástica que veremos en su obra madura se
cielos y los efectos de la luz sobre el agua en movimiento se insinúa aquí en los pequeños empastes, en los reflejos y en
prestaban de forma natural a sus intereses artísticos. limitadas zonas del lienzo donde la tela aparece desnuda.
1. Citado por Bernardino de Pantorba en La vida y la obra de Joaquín Sorolla. Estudio biográfico y crítico. Madrid, Mayfe, 1953, p. 60.
30
[2]
Joaquín Sorolla
Marina
Firmado y fechado en 1880
Óleo/lienzo, 44,5 x 78 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 1342
S O R O L L A , E L C O LO R D E L M A R
32
[3]
Joaquín Sorolla
Mar de tormenta, Valencia
Firmado y fechado en 1899
Óleo/lienzo, 43 x 64 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 459
[4]
Joaquín Sorolla
Apunte de mar
Óleo/lienzo, 15,5 x 26,1 cm
Valencia, 1899
Museo Sorolla, Nº Inv. 340
[5]
Joaquín Sorolla
Mar de Valencia
Firmado. 1899
Óleo/lienzo, 16 x 30 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 509
[6]
Joaquín Sorolla
Mar
1902
Óleo/cartón, 16 x 41,7 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 515
[7]
Joaquín Sorolla
Estudio de oleaje
1902
Óleo/cartón, 29,7 x 39,7 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 516
[8]
Joaquín Sorolla
Estudio de mar
1902
Óleo/cartón, 22,4 x 46 cm
Fundación Museo Sorolla, Nº Inv. 518
[9]
Joaquín Sorolla
Mar
Firmado. 1902
Óleo/cartón, 13,1 x 21,6 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 512
[ 10 ]
Joaquín Sorolla
Mar
1902
Óleo/cartón, 13,5 x 21,8 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 373
[ 11 ]
Joaquín Sorolla
Dos estudios de mar
Ca. 1902
Óleo/cartón, 13,2 x 21,8 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 513
[ 12 ]
Joaquín Sorolla
Mar
Ca. 1902
Oleo/cartón, 13,2 x 21,7 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 510
[ 13 ]
Joaquín Sorolla
Estudio de mar, Valencia
Ca. 1902
Óleo/lienzo, 29,5 x 41,5
Museo Sorolla, Nº Inv. 517
[ 14 ]
Joaquín Sorolla
Estudio de mar, Valencia
Firmado. 1904
Óleo/lienzo, 28,5 x 53 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 710
S O R O L L A , E L C O LO R D E L M A R
abstractos; la observación de este medio translúcido le Acostumbrado al mar de Valencia, de costa muy llana
permite recrearse en toda esa riqueza visual, sin necesidad y fondo de arena, Sorolla se sorprende de este mar de
de renunciar al “natural”. Sorolla, buen conocedor de la Jávea, de costa escarpada, que le permite una visión del
fotografía en blanco y negro, parece reafirmarse en la cali- agua desde un punto de vista alto revelándole unas aguas
dez material de la pintura: allí la pincelada se fragmenta, el transparentes sobre fondo de roca oscura. En el año mismo
gesto se percibe en cada trazo, la mano del pintor se puede en que pinta este cuadro, escribe a su amigo Pedro Gil: “Ya
seguir y reconocer, recorriendo la superficie del lienzo. estamos en el terreno, ya pronto empezaré mi campaña de
La plástica crece, se impone a lo descriptivo y la pintura verano, estoy tan ilusionado como un niño. Estamos bien
reivindica su carácter corpóreo, vivo, cargado de emoción, instalados, gozando de un trozo de mar tan azul y violento
y allí donde los nuevos medios fotográficos no llegan, el que alegra el alma”3.
pintor vislumbra un universo de posibilidades densas, ma-
téricas, palpables.
De 1902 es la siguiente serie, otro conjunto de apuntes de
la playa de Valencia donde el color transmite un efecto
muy preciso de la calidad de la luz y la transparencia o tur-
1.3. Reflejos, espejos,
biedad del agua: sin horizonte ni lejanía en muchos casos, transparencias, refracción
estos ejercicios de detalle, hechos a gran velocidad y sin
otra ambición que la del estudio, permiten que el trabajo Pintando en la misma orilla del agua descubre un variado
del pincel sea muy evidente al intentar reproducir la super- universo de atractivos fenómenos ópticos: los reflejos, los
ficie fragmentada del agua con pinceladas entrecortadas y espejos que la ola deja sobre la arena cuando se retira, las
muy cargadas de pintura que dan a la superficie pictórica transparencias o la refracción de los cuerpos en las aguas
un aspecto igualmente encrespado. claras. Efectos fascinantes, desafíos para la vista que
intensifican en el espectador la sensación de asistir a un
Cierra esta serie un cuadro pintado algo después: Mar de
instante irrepetible.
Jávea, 1905. La masa del agua de intenso color llena la
superficie de la tela casi hasta el borde superior. No es un Algunos de estos motivos, como el de los reflejos en el agua,
estudio, sino un cuadro de mediano tamaño. Años atrás, tan querido de los impresionistas, persistirán en su obra re-
en su primer visita a Jávea (1896), Sorolla había escrito apareciendo una y otra vez. En los puertos, en las ensena-
emocionado su mujer: “Esto es todo una locura, un sueño, das, lugares donde no hay oleaje, el pintor busca los efectos
el mismo efecto que si viviera dentro del mar, y a bordo de de la imagen fracturada en su reflejo: niños, velas, barcos,
un gran buque […] Desde mi alcoba veré, Dios mediante, masas de tierra, cierran las composiciones por arriba y re-
mañana una masa azul.”2 aparecen por abajo invertidas y atomizadas sobre el agua.
40
[ 15 ]
Joaquín Sorolla
Mar de Jávea
Firmado y fechado en 1905
Óleo/lienzo, 62,5 x 93 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 725
[ 16 ]
Joaquín Sorolla
Góndolas en Venecia
Fiermado. 1885
Óleo/cartón 23,8 x 32,7 cm
Fundación Museo Sorolla, Nº Inv. 87
[ 17 ]
Joaquín Sorolla
La salute, Venecia
Firmado. 1897-1898
Óleo/cartón 24 x 33 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 84
[ 18 ]
Joaquín Sorolla
Barcas (¿Guipúzcoa?)
1900
Óleo en papel sobre cartón
13,1 x 15,6 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 576
[ 19 ]
Joaquín Sorolla
Puerto de San Sebastián
Firmado. 1900
Óleo en papel sobre cartón
19,5 x 30,6 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 653
S O R O L L A , E L C O LO R D E L M A R
44
[ 20 ]
Joaquín Sorolla
Jávea
1900-1901
Óleo/cartón, 16 x 23,5 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 466
S O R O L L A , E L C O LO R D E L M A R
46
[ 21 ]
Joaquín Sorolla
Traineras de Pasajes
1904
Óleo/lienzo, 37,5 x 50 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 658
[ 22 ]
Joaquín Sorolla
Pasajes
1904
Óleo/cartón, 16 x 22 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 656
[ 23 ]
Joaquín Sorolla
Pasajes
1904
Óleo/cartón, 16 x 22 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 652
[ 24 ]
Joaquín Sorolla
Barcas en Pasajes
Firmado. 1904
Óleo /cartón, 22,8 x 33,9 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 659
[ 25 ]
Joaquín Sorolla
Puerto de Valencia
Firmado y fechado, 1908
Óleo/lienzo, 52 x 66 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 815
[ 26 ]
Joaquín Sorolla
El balandrito
Firmado y fechado, 1909
Óleo/lienzo, 100 x 110 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 838
S O R O L L A , E L C O LO R D E L M A R
52
[ 27 ]
Joaquín Sorolla
En la playa, San Sebastián
Firmado. 1900
Óleo/tabla, 9,9 x 15,9 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 334
[ 28 ]
Joaquín Sorolla
Playa de San Sebastián
1900
Óleo/papel sobre cartón,
19,2 x 30,8 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 332
S O R O L L A , E L C O LO R D E L M A R
54
[ 29 ]
Joaquín Sorolla
Estudio para “Verano”
Valencia, 1904
Óleo/cartón, 22,5 x 26,5
Museo Sorolla, Nº Inv. 686
[ 30 ]
Joaquín Sorolla
Muchacho a la orilla del mar,
Valencia
1904
Óleo/lienzo, 34,5 x 50 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 665
[ 31 ]
Joaquín Sorolla
Mar (Jávea)
1905
Óleo/cartón, 19 x 24 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 726
[ 32 ]
Joaquín Sorolla
Nadadores, Jávea
Firmado. 1905
Óleo/lienzo, 90 x 125 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 719
[ 33 ]
Joaquín Sorolla
María en la Playa de Biarritz
Firmado y fechado, 1906
Óleo/lienzo, 63 x 92 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 775
[ 34 ]
Joaquín Sorolla
En la playa, Biarritz
1906
Óleo/lienzo, 61 x 93 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 771
S O R O L L A , E L C O LO R D E L M A R
1.4. Contraluz
Esos cuadros sirven como bisagra entre la primera sec- ingrávidas, meros planos de color. Los planos ligeramente
ción de la exposición, donde predomina una visión de indeterminados nos sugieren una forma captada al modo
detalle, y la segunda, donde predominan las visiones ge- impresionista, pero manteniendo la unidad cromática en
nerales, ambientales, donde el cielo tiene mayor presencia el color local. Sorolla maneja una forma abierta donde
y en las que el color identifica los momentos precisos fondo y figura reciben idéntico tratamiento: él entiende
de la luz a lo largo del día o en las distintas condiciones la pintura como un todo, tan importante es la mancha de
meteorológicas. un rostro como el esbozado de una nube o el aire que lo
rodea, todo es color, forma, composición, elementos que
Una de las claves fundamentales en el trabajo de Sorolla juegan reunidos sobre la tela, todos son pintura y deben
está en la asociación de luz y color; el pintor calibra de ma- encajar.
nera magistral la sensación térmica del cuadro, las relacio-
nes entre colores, conoce muy bien las posibilidades que le El atardecer en la playa de Biarritz, orientada a ponien-
ofrecen los pigmentos y la lógica propia de la pintura. te, con el sol ocultándose sobre el agua y dejando en ella
reflejos dorados, es radicalmente distinto del atardecer
En los dos contraluces pintados en 1906 en Biarritz, poco en Valencia, orientada a Levante, y donde el sol se pone
después de haber visitado París, se advierte la acomoda- sobre tierra. El reflejo, que debió de deslumbrar a Sorolla
ción de los tonos a la luz amortiguada del norte, acaso la primera vez que lo viera, tiene en ambos cuadros un
influenciado por la pintura del danés Peder Severin protagonismo decisivo: particularmente en el que repre-
Krøyer (1851-1909), acaso simplemente por su extrema senta a María paseando sola por la playa, pues allí llena
sensibilidad a la luz. El pintor mediterráneo, habituado prácticamente la mitad del cuadro, cayendo vertical y
al sol fuerte de Levante, aprecia esta otra luz, que parece marcadamente empastado compitiendo con la figura. El
filtrada por densas capas de atmósfera. La hora del día gusto por la composición “picada” (vista de arriba hacia
y el efecto de contraluz eliminan las sombras y con ellas abajo, donde desaparece la lejanía y el horizonte), favore-
los volúmenes, y las figuras pierden peso y resultan casi ce esas relaciones.
60
1
VITRINAS
61
S O R O L L A , E L C O LO R D E L M A R
La principal herramienta del pintor es el sentido de la Un buen ejemplo de la dificultad de entender lo que
vista, “yo pinto siempre con los ojos”,9 decía Sorolla, y no vemos es el arco iris. Todos hemos podido observar este
es esta una afirmación menor; él concibe la representación fenómeno que ocurre de manera natural cuando tenemos
como un desvelamiento del mundo a través de la mirada; lluvia ante nuestros ojos y el sol a nuestra espalda. Venera-
desde ella se extrae la “verdad” de la naturaleza: “….pues do como un milagro divino desde la más remota antigüe-
el esfuerzo general es hacer la verdad con sinceridad y dad y analizado incesantemente a lo largo de la historia,11
gran vigor […].”10 es todavía hoy objeto de discusión. Los textos griegos y
romanos sobre el arco iris enumeran tres, cuatro y cinco
Pero el camino que esas imágenes recolectadas en la
colores, y solo Amiano Marcelino identifica seis, pero nin-
naturaleza recorren hasta el lienzo entrelaza muchas
guno lo describe con el espectro que nosotros utilizamos
habilidades, que el artista debe perfeccionar durante años
en la actualidad. Para el mundo clásico en realidad lo im-
de esfuerzo y dedicación. La percepción es un mecanismo
portante del color era su luminosidad relativa, y los colores
de una gran complejidad. Los órganos y las operaciones
se clasificaban por su distancia entre el blanco y el negro;
fisiológicas que lo hacen funcionar son individuales, pero la
de hecho sus términos para nombrar los colores eran muy
percepción es un proceso fluido y constante de captación
limitados, y algunos colores, como el azul, carecían de una
e interpretación, que a lo puramente físico, añade con-
clara identificación.
dicionantes íntimamente ligados a los conocimientos, la
formación y las experiencias del individuo. Estas a su vez Aproximadamente dos siglos antes del nacimiento de
se arraigan en lo colectivo, penetrando en los dominios de Sorolla, Isaac Newton (1642-1727), en la década que va
toda una época, alcanzando todo el ámbito de la cultura y de 1656 a 1666, investigó sobre la composición de la luz
del arte en los que el pintor vivió. De un lado tenemos las blanca. Haciendo pasar la luz por el orificio practicado en
capacidades de captación, y del otro, la destreza manual, la pared de una habitación oscura, y luego el haz conse-
la versatilidad, coordinación y sensibilidad de los movi- guido por un prisma de caras no paralelas, logró descom-
mientos del cuerpo, de la mano, para sugerir con gestos poner la luz blanca en los diferentes colores que forman el
de pincel lo que el ojo percibe. Y luego están los medios arco iris. Newton definió los colores resultantes como rojo,
técnicos y materiales de que dispone el pintor en su época naranja, amarillo, verde, azul, añil y violeta, y esta descrip-
y que han sido muy diferentes según el momento histórico ción ha tenido larga vigencia y es la que hemos estudiado
al que perteneciera. de niños en nuestros libros de texto. Sin embargo, algunos
62
[ 35 ]
Joaquín Sorolla
Arco iris
Valencia, ca. 1902
Óleo/lienzo, sobre cartón, 11,20 x 20,20 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 223
S O R O L L A , E L C O LO R D E L M A R
12. Philip Ball, La invención del color, Madrid, Turner 2003 (Bright Earth. The invention of color, Penguin Books, 1972); François Delamare y
Bernard Guineau, Colour. Making and Using Dyes and Pigments, Londres, Thames and Hudson, 2000. Victoria Finlay, Color. A Natural
History of the Palette, Random House, Nueva York, 2002.
64
[ 36 ]
Caja entomológica
Colección entomológica de 19 mariposas disecadas de diferentes colores y tamaños.
En una carta de Joseph A. Weissberger a Sorolla, fechada el 21 de mayo de 1912
(Museo Sorolla, Nº Invº CS6467), aquél le comenta que le entregará las mariposas
que le prometió, cazadas por él mismo en las selvas vírgenes del alto Paraná. Es
posible que se trate de éstas.
Museo Sorolla, Nº Inv. 90.071
S O R O L L A , E L C O LO R D E L M A R
ostentan: las alas de las mariposas o las plumas del pavo representar, a librarse de los filtros, de las recetas, de los
real, por ejemplo, deben su esplendoroso colorido y sus prejuicios de las enseñanzas recibidas y a intentar mirar el
irisaciones a la forma en que sus estructuras microscópicas mundo con ojos nuevos para comprender el funcionamien-
dispersan la luz; este tipo de coloración aparece también to de lo que constituye su principal herramienta: el color.
en minerales y excepcionalmente en vegetales como la Porque lo que el pintor ve (como cualquiera de nosotros) es
baya africana llamada Pollia condensata, de un intenso el color de la percepción, la imagen formada en la retina
azul iridiscente. Todas estas son formas físicas del color. merced a la luz que ilumina los objetos.
Estos colores no se deben a pigmentos, y no son transmisi-
El pintor entrena y educa su percepción para lograr una
bles a otros objetos.
mayor “sensibilidad” al detalle, utilizando estrategias y
Otros colores, en cambio, se deben a la composición quí- referencias, que forman en parte un sistema personal de
mica de los materiales. Cuando la luz ilumina un objeto identificación y registro. Pero el pintor no pinta con luz,
cualquiera, éste absorbe una parte de los rayos y rechaza pinta con pintura, y ésta está formada, como hemos dicho,
otros: éstos son los que vemos, y éstos son los que dan al por pigmentos, polvos opacos desde los cuales el pintor
objeto, paradójicamente, “su” color. La razón de que los debe intentar recuperar ese resplandor, esa vibración con
distintos materiales absorban algunos de los rayos de la que la naturaleza le deslumbra. Sorolla se quejará de “…la
luz y rechacen otros es su diferente composición química, pobre miseria de los colores”13, refiriéndose lógicamente a
que “sintoniza” mejor con unas zonas del espectro que con los “colores” de los tubos de pintura. Toda la pintura de su
otras. Algunos materiales, tanto minerales como animales época está marcada por esa lucha por darle a la superficie
o vegetales, tienen especial capacidad para transmitir su del lienzo la luminosidad, la brillantez, la vida que el color
color a otros materiales, y han sido buscados y codiciados tiene en el mundo natural. Esa búsqueda recorre toda la
desde la antigüedad para teñir o para pintar. Por regla ge- producción de Sorolla, como la de los impresionistas antes
neral llamamos tintes a las sustancias solubles, que pueden que él.
impregnar, y pigmentos a las substancias insolubles, que
El químico francés Chevreul (Michel Eugène Chevreul,
deben utilizarse en forma de polvo, suspendido en un me-
1786-1889) fue una figura fundamental en la comprensión
dio líquido que permita extenderlo sobre el objeto a cubrir
que la época de Sorolla tuvo del funcionamiento de los
y fijarlo a él.
colores. Chevreul fue director de la fábrica de tapices de
La época en la que Sorolla desarrolla su carrera está ya Gobelinos, y su trabajo le llevó a investigar a fondo sobre
plenamente inmersa en la filosofía del positivismo, que pre- las propiedades de los tintes. Suya es la clasificación de las
dica la observación y la experiencia como únicas fuentes propiedades del color que sigue hoy vigente: tono, valor,
fiables del conocimiento. El mismo impulso que lleva a los saturación. Pero también investigó sobre la percepción del
científicos a enfrentarse a la realidad desde su observación color, buscando la explicación al hecho de que, aunque se
directa y la experimentación, lleva a los pintores a buscar utilizaran hilos de colores brillantes, el efecto final en los
una relación lo más directa posible con aquello que desean tapices resultaba apagado.
66
Cinabrio Azurita Hematites
[ 37 ]
Minerales tradicionalmente utilizados como pigmentos
Madrid, Museo Geominero
S O R O L L A , E L C O LO R D E L M A R
68
S O RO L L A , E L C O LO R D E L M A R
En cada época de la historia, los artistas han encontrado Por otra parte, a mediados del siglo XIX se generalizó
a su disposición unos determinados medios para su oficio, además el uso del tubo blando de metal para envasar los
y sus distintas aspiraciones artísticas los han hecho evolu- colores, lo que supuso una gran ayuda para la pintura al
cionar, en busca de nuevos recursos que les permitieran aire libre, pues permitió a los pintores desplazarse hasta
alcanzar los efectos que perseguían. Tradicionalmente los cualquier lugar escogido con mayor facilidad, transportan-
pintores han dispuesto de un número limitado de pig- do sus materiales cómodamente. Algunos pintores atri-
mentos; su preparación para usarlos en pintura era un buyeron una importancia decisiva al tubo de metal en la
arte en sí mismo lleno de secretos. Estos conocimientos se creación del Impresionismo: “Los colores en tubos, fáciles
guardaban celosamente en los talleres y gremios; el pintor de transportar, nos permitieron trabajar plenamente del
debía hacerse sus colores, molerlos y mezclarlos, tareas natural. Sin la pintura en tubo no habría habido Cézanne,
que solían realizar los aprendices. El panorama cambia ni Monet, ni Sisley o Pissarro, nada de lo que los periodis-
a mediados del siglo XVIII, cuando la industria química tas llamarían luego Impresionismo”19.
empieza a producir colores sintéticos, proporcionando a los
artistas un nuevo repertorio de colores, muchos de ellos de La pintura al aire libre no era nueva, pero los impresionis-
una brillantez y limpieza imposibles de conseguir con los tas habían hecho de ella el pilar fundamental de su prác-
pigmentos naturales. tica: “Para los impresionistas era absolutamente esencial
llevar al lienzo las impresiones de luz y sombra que encon-
Los pintores de la generación de Joaquín Sorolla ya no están traban, de primera mano, en exteriores. A veces tenían que
obligados a preparar sus colores, pues la industria se los da hacer esfuerzos extraordinarios para buscarlas. Monet solía
ya listos y envasados. Bien es verdad que algunos pintores irse de excursión durante semanas enteras, desafiando la
fueron muy cautelosos con el uso de los nuevos colores, toda- lluvia, el viento, la nieve y la mareas, para intentar atrapar
vía no bastante experimentados, y prefirieron la seguridad de los instantes preciosos cuando, en cada caso, regresaba la
los materiales tradicionales, pero al menos doce de los nuevos iluminación natural deseada.”20
pigmentos sintéticos pueden encontrarse en los cuadros
de los impresionistas: amarillo limón, amarillo de cromo, Sorolla hizo de la pintura al aire libre su religión. Toda su
amarillo de cadmio, naranja de cromo, verde de Scheele, correspondencia personal está llena de referencias al placer
verde esmeralda, verde viridian, verde de cromo, azul cerú- de pintar al aire libre o, más exactamente, “al sol” y de
leo, azul cobalto, ultramar artificial y blanco de zinc.18 observar “el natural”. Y siempre con la prisa, la urgencia
14. De la loi du contraste simultané des couleurs et de l’assortiment des objets colorés, 1ª ed. París, 1839.
15. Renoir, citado por Albert André, Renoir, París, 1919; citado por Anthea Callen, op. cit., p. 157.
16. Henry Tyrell: “Las 300 obras soleadas de Sorolla”, The New York World, 13 de febrero de 1909. Recogido en Ocho ensayos… p. 195.
17. De Sorolla (Alicante) a Clotilde (Madrid). 16 de diciembre de 1918. CFS/1926. Epistolarios… II.
18. Philip Ball: La invención del color, Madrid, Turner, 2003, p. 232.
19. Renoir, citado por su hijo Jean Renoir, en Renoir, París 1962; la cita está recogida en Anthea Callen, op. cit., p. 106, y en Philip Ball, op.
cit., p. 230.
20. Philip Ball, op. cit., p. 224.
69
Cubilete para aguarrás fabricado en hojalata, que consta Pinceles utilizados por Joaquín Sorolla y Detalle de uno de los pinceles, donde
de depósito con base de plomo, colador con varilla conservados en el Museo. Algunos de ellos son se aprecia la marca Reeves and Sons
separadora y tapa de sección semicircular. largos, para pintar a cierta distancia del cuadro.
Museo Sorolla, Nº Inv. 75039
[ 38 ]
Utensilios de pintura que pertenecieron a Joaquín Sorolla
Caja de pintura de Joaquín Sorolla. En su base exterior lleva una lengüeta de cuero Paleta de Joaquín Sorolla. De formato cuadrado, adaptable
de 11 cm de longitud y 1,8 cm de anchura, sujeta mediante dos pequeños tornillos a una caja de pinturas de las que se utilizaban para pintar al
en uno de sus extremos y un pasador de 3,2 x 0,8 cm, también de cuero con aire libre. Conserva restos de pintura al óleo de diferentes
remaches metálicos. Su función sería la de permitir pasar el pulgar para sujetarla colores, preparados para ser utilizados.
sobre la mano. Su tapa se podía utilizar como paleta. Museo Sorolla, Nº Inv.90083
Museo Sorolla, Nº Inv. 90082
[ 39 ]
Utensilios de pintura que pertenecieron a Joaquín Sorolla
S O R O L L A , E L C O LO R D E L M A R
21. William E. B. Starkweather, “Joaquín Sorolla, el hombre y su obra”, en Ocho ensayos… pp. 149 y ss.
22. Anthea Callen, op. cit., cap. 10, pp. 136 y ss.: “The Palette, from Tonal to Spectral”.
72
S O RO L L A , E L C O LO R D E L M A R
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74
[ 40 ]
Carta de Pedro Gil a Sorolla
Museo Sorolla, CS 2123R
S O R O L L A , E L C O LO R D E L M A R
76
[ 41 ]
Carta de la empresa Moirinat a Sorolla
Museo Sorolla, CS 3569 R
[ 43 ]
Carta dirigida a James Newman encargando
colores para Sorolla.
Museo Sorolla, CS 4400 R
[ 42 ]
Tubos modernos de pintura, con los colores que ya utilizaba Joaquín Sorolla
[ 42 ]
Tubos modernos de pintura, con los colores que ya utilizaba Joaquín Sorolla
[ 42 ]
Tubos modernos de pintura, con los colores que ya utilizaba Joaquín Sorolla
S O R O L L A , E L C O LO R D E L M A R
Azul: Ultramar (ultramar artificial), Azul Cobalto, Azul limpios, variados y frescos que los conseguidos por la acu-
de Prusia, Azul de Montaña (azurita), Azul Cerúleo. mulación de mezclas. El color lleva más fuerza cuando
Rojo: Alizarin Crimson (004 W&N), Laca Roja, está saturado, sí, pero sobre todo cuando sus relaciones
en el conjunto de la obra se encuentran bien ponderadas,
Bermellón, Rojo de Cadmio Claro, Rojo Inglés
(Tierra), Rosa Madder Genuine (587 W&N), reforzándose unos colores con otros o apoyándose mutua-
mente para saltar hacia el espectador, allí donde el pintor
Carmín, Rojo Veneciano.
desea poner el acento. El color necesita orden, transicio-
Amarillo: Amarillo de Cadmio Claro, Amarillo de Cadmio nes, armonías y contrastes, momentos grises o de satura-
Limón, Amarillo Cromo, Amarillo de Nápoles; ción: el color también es peso y medida, si no queremos
Amarillo de Plomo, Laca Amarilla. que el ojo se pierda aturdido por la tela.
Verdes: Verde Esmeralda, Verde de Cromo, Verde Viri- También los aglutinantes eran importantes, no sólo por
dian, Verde de Montaña, Verde Cobalto, Verde su relativa velocidad en el secado sino por sus efectos en
París. el aspecto final de la pintura; Sorolla usaba los aceites que
Naranja: Naranja de Cromo, Naranja de Cadmio; Naran- eran comunes en su época: aceite de linaza, de nueces y
ja de Plomo, Minio. de adormideras; se ha señalado la preferencia de algu-
nos pintores impresionistas por este último, el aceite de
Violeta: Violeta de Manganeso, Violeta de Cobalto; Vio-
adormideras o amapolas, que al secar no se alisa sino que
leta Ultramar.
mantiene la huella de las cerdas del pincel, y que además
Ocres: Sombra Natural, Sombra Tostada, Siena Natural. seca despacio, permitiendo al pintor trabajar durante
varios días con la pintura fresca.35
Como podemos observar, el catalogo de pigmentos del En cuanto a los pinceles, Sorolla usaba con frecuencia
que disponía el pintor era variado, con diferentes mati- pinceles muy largos que le permitían pintar desde una
ces y posibilidades para cada línea de color: primarios y distancia desde donde podía mantener en todo momento
secundarios surtidos, que le permiten obtener colores más la visión del conjunto.
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2
LAS HORAS DEL AZUL
83
2
LAS HORAS DEL
AZUL
Los ejercicios en que Sorolla ha mantenido la mirada día: amanecer, atardecer, mediodía, incluso la noche. A lo
baja, apegada al suelo, concentrando su mirada en des- largo de toda su producción alternará esas dos visiones: la
cifrar las formas y los colores que el agua en movimiento mirada sobre la tierra o el agua, suprimiendo el horizonte,
crea incesantemente ante sus ojos, le han hecho valorar o la mirada alta, incluyendo el cielo y dando al cuadro
la importancia de la pintura misma, de la propia materia una determinada atmósfera de luz y una dominante de
del cuadro. La obligada rapidez de la ejecución va dejan- color.
do sobre el lienzo pinceladas visibles, cortas y vibrantes o Cuando Sorolla pasa del detalle a abarcar en su mirada
largas y dinámicas, pero en todo caso huellas del pincel, todo el horizonte, las grandes masas del cielo y la tierra
trozos de pintura. Y omitir deliberadamente el horizonte son las dos referencias principales en la composición y
le ha ayudado a resolver la pintura en ese plano bidimen- sobre ellas se alojan las velas, las nubes, los cuerpos. El
sional que se ha convertido en su tiempo en una de las pintor no ve el cielo como un espacio etéreo en contraste
señales de la modernidad.1 con una tierra sólida: lo ve como un plano de color, y la
Después de esas “inmersiones” en los primeros planos capacidad de ese plano para organizarse junto a otros; ve
del agua, Sorolla levanta la mirada para abarcar el mar las oportunidades que le ofrecen esas masas para repre-
como paisaje, y respira su color en las diferentes horas del sentar armonías, acordes, entidades de color, en las que
1. Greenberg, op. cit., Callen, op. cit., p. 182; Clark, op. cit., p. 12 y ss.
2. De Sorolla (Valencia) a Clotilde (Madrid), 1907, varias fechas. Epistolarios…, III. El subrayado es nuestro.
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S O RO L L A , E L C O LO R D E L M A R
85
S O R O L L A , E L C O LO R D E L M A R
2.1. Transiciones
Transiciones reúne varios cuadros realizados en esos Ernest Hareux, en su Manuel pratique de la peinture a l’huile,4
momentos fugaces de paso entre el día y la noche, parti- recomendaba que para las puestas de sol se utilizaran lien-
cularmente atractivos por la belleza de los colores que el zos pequeños, que permitieran al menos realizar un esbo-
cielo ostenta solamente en esos momentos, y la rapidez zo muy completo en una sola sesión, pues por rápida que
con que la luz transfigura el paisaje: desde los momentos fuera la ejecución, “las nubes siempre se habrán desplaza-
dramáticos en que el último sol, rojizo y rasante, arroja do por el viento, y al haberse movido el sol e iluminarlas
sobre las cosas una luz intensa que los dibuja con fuerza y de modo diferente, ya no es posible comparar lo que uno
resalta su volumen, proyectando largas sombras, hasta ese vio antes con lo que uno ve un cuarto de hora después.”
otro momento poético en que, puesto ya el sol, desapare-
El pintor necesita estrategias. La primera relativizar la
cen los contrastes y todo el escenario se vuelve ingrávido y
objetividad, ser flexible y cambiante como lo es la natu-
se envuelve en una luz suave y homogénea.
raleza. Sorolla se va haciendo consciente de sus virtudes
Para el pintor al aire libre cualquier hora del día es com- y evoluciona también hacia la aceptación de los límites
plicada, pero el trabajo al amanecer o atardecer es un au- propios, comprendiendo la incapacidad de los materiales
tentico desafío; su mirada enfoca necesariamente solo una pictóricos para representar plenamente la “verdad” que
pequeña zona del campo de visión, y mientras él analiza sus ojos ven en el natural. Esta apertura le hace acercar-
el detalle enfocado, todo cambia alrededor de ese punto: se a posibilidades y recursos de otros pintores, que antes
nada se queda quieto para esperarle. Baja la mirada a la negaba, y ahora le enriquecen.
paleta, escoge el color o los colores, los mezcla, calibra
“… miro al puerto (entra un gran vapor), todo el conjunto
su matiz, la pastosidad que desea, el valor en claroscuro
tiene el color de una gran perla –no hace viento, veremos que
de lo obtenido; trata de intuir como quedará esa mezcla
luz tenemos a las 8 de la mañana; ahora son las 7 en punto.” 5
sobre el lienzo y en relación a los colores que la rodearán,
decide la dirección y el gesto de pincelada, quizás haga Cap Martí (Jávea, 1905) es uno de esos momentos en que la
más fluida la pintura con ayuda de un diluyente, y cuan- transición entre la brisa de la noche, de la tierra al mar, y
do finalmente aplique el color a la tela, descubrirá que el la brisa del día, de mar a tierra, deja por algún tiempo el
original, el modelo natural del que partía, ya ha cambia- aire en calma y el mar queda liso como un raso. El sol ha
do. “Si tuviera que pintar despacio, no podría pintar en salido ya y empieza a ascender sobre el cielo, perdiendo
absoluto […] Los efectos son tan fugaces que han de ser la tonalidad rosada del amanecer. Todavía está cerca, sin
pintados con celeridad.”3 embargo, del horizonte del mar e ilumina muy rasante
3. Sorolla, entrevista con William E. B. Starkweather, “Joaquín Sorolla, el hombre y su obra”, en Ocho ensayos… pp. 149 y ss.
4. Ernest Hareux, Manuel pratique de la peinture a l’huile, París, 1888-89. Vol. II, Paysages, marines. Citado por Anthea Callen, op. cit., p.
186. Hareux (París 1847-Grenoble 1909) fue pintor paisajista, autor de libros sobre técnicas de pintura.
5. Sorolla (Valencia) a Clotilde (Madrid), 1907. CFS/441. Epistolarios…, III.
86
[ 44 ]
Joaquín Sorolla
Cap Martí, Jávea
1905
Óleo/lienzo, 63 x 95 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 729
[ 45 ]
Joaquín Sorolla
Isla del Cap Martí, Jávea
Firmado y fechado. 1905
Óleo/lienzo, 43 x 92,5 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 728
S O R O L L A , E L C O LO R D E L M A R
6. William E. B. Starkweather, “Joaquín Sorolla, el hombre y su obra” (1908), en Ocho ensayos… cit., p. 159.
88
[ 46 ]
Joaquín Sorolla
La llegada de las barcas, Jávea
Firmado y fechado. 1905
Óleo/lienzo, 54 x 99,5 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 739
[ 47 ]
Joaquín Sorolla
Puerto de Valencia
Firmado y fechado. 1907
Óleo/lienzo, 60 x 100 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 802
S O R O L L A , E L C O LO R D E L M A R
7. Sorolla (Valencia) a Clotilde, Madrid, 23 y 24 de noviembre de 1907. CFS/430 bis. Epistolarios, III.
8. Sorolla (Valencia) a Clotilde, (Madrid), 29 de noviembre de 1907. CFS/436. Epistolarios, III.
9. Camille Mauclair, “Sr. Sorolla y Bastida”, publicado originalmente en Art et Décoration, revista mensual de arte moderno, octubre de
1906. Recogido en Ocho ensayos…, p. 57.
90
[ 48 ]
Joaquín Sorolla
Pescadora con su hijo, Valencia
Firmado y fechado. 1908
Óleo/lienzo, 90,55 x 128,5 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 814
S O R O L L A , E L C O LO R D E L M A R
92
S O RO L L A , E L C O LO R D E L M A R
10. De Sorolla (Alicante) a Clotilde (Madrid). 7 de diciembre de 1918. CFS/1917. Sorolla desesperado tras varias jornadas de lluvia.
Epistolarios, II.
11. De Sorolla (Buñol) a Clotilde (Valencia). 7 de octubre de 1892. CFS/146. Epistolarios, III.
12. V. Blasco Ibáñez, “El gran Sorolla”, El Pueblo, 9 de junio de 1900. Recogido por F.J. Pérez Rojas en el catálogo de la exposición Tipos y
paisajes, Museo de Bellas Artes de Valencia, 1998-1999, p. 380.
13. De Sorolla (Valencia) a Clotilde (Madrid). 4-5 de diciembre de 1907. CFS/44. Epistolarios…, III.
93
S O R O L L A , E L C O LO R D E L M A R
94
[ 49 ]
Joaquín Sorolla
Saliendo del baño
Firmado y fechado. 1915
Óleo/lienzo, 130 x 150 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 1115
S O R O L L A , E L C O LO R D E L M A R
14. Camille Mauclair, “Sr. Sorolla y Bastida”, publicado originalmente en Art et Décoration, revista mensual de arte moderno, octubre de
1906. Recogido en Ocho ensayos…, p. 68. El testimonio de Mauclair es particularmente valioso porque en el entorno de Sorolla su
artículo se consideró el más acertado. El 14 de octubre de 1906, Pedro Gil escribe a Sorolla: “[…] Acabo de leer el artículo de Mauclair;
es el mejor que han escrito sobre ti, diré más, es el único, pues los otros te hacen elogios pero no saben comprenderte. Debes estar
contento pues no sabes cuánto me alegro de haber sido el que ha ido a buscar [a] Lévy para presentártelo y pedirle de hacer escribir
un artículo a Mauclair”. (Epistolarios… I ). Mauclair era el seudónimo de Séverin Faust (1872-1945), escritor y crítico de arte francés.
15. De Sorolla (Barcelona) a Clotilde (Madrid). 30 de septiembre de 1915. CFS/1495. Epistolarios… II.
96
[ 50 ]
Joaquín Sorolla
Costa de Santa Cristina, Lloret de Mar
1915
Óleo/lienzo, 70 x 100 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 1122
S O R O L L A , E L C O LO R D E L M A R
16. Vicente Blasco Ibáñez, Mare Nostrum, 1918. En Vicente Blasco Ibáñez, Obras Completas, tomo II, Aguilar, 1946. Octava edición-
tercera reimpresión, 1975, p. 1014.
17. De Sorolla y Joaquín (Alicante) a Clotilde (Madrid). 29 de septiembre de 1918. CFS/1876. Epistolarios…, II
98
[ 51 ]
Joaquín Sorolla
Las velas
1916
Óleo/lienzo, 75 x 90 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 1136
S O R O L L A , E L C O LO R D E L M A R
18. Blanca Pons Sorolla, en el catálogo de la exposición Joaquín Sorolla, Museo del Prado, 2009, pág. 456.
19. Francisco Javier Pérez Rojas y José Luis Alcaide, “Casetas, balnearios y casinos. Ámbitos para el itinerario del veraneante”, en Lily Litvak:
A la playa. El mar como tema de la modernidad en la pintura española, 1870-1936, catálogo de la exp., Madrid, Fundación Cultural
Mapfre Vida, 2000, p. 65.
100
S O RO L L A , E L C O LO R D E L M A R
101
[ 52 ]
Joaquín Sorolla
Playa de Zarauz
1910
Óleo/lienzo, 68 x 78,5 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 884
[ 53 ]
Joaquín Sorolla
El ratón. Guetaria
Firmado y fechado. 1908
Óleo/lienzo, 63,5 x 92 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 811
[ 54 ]
Joaquín Sorolla
Playa de Gros, San Sebastián
1917-18
Óleo/lienzo, 52 x 72,5 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 1004
[ 55 ]
Joaquín Sorolla
Monte Ulía, San Sebastián
1917-18
Óleo/lienzo, 52 x 72,5 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 1181
[ 56 ]
Joaquín Sorolla
Rompeolas, San Sebastián
1917-18
Óleo/lienzo, 81 x 105 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 1180
[ 56 ]
Joaquín Sorolla
Rompeolas, San Sebastián
1917-18
Óleo/lienzo, 81 x 104,5 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 1178
[ 57 ]
Joaquín Sorolla
Monte Ulía, San Sebastián
1917-18
Óleo/lienzo, 52 x 72,5 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 1248
[ 58 ]
Joaquín Sorolla
Rompeolas, San Sebastián
1917-18
Óleo/lienzo, 52 x 72 cm
Museo Sorolla, Inv. 1246
S O R O L L A , E L C O LO R D E L M A R
Joaquín Sorolla
Mamelena, San Sebastián
1917-1918
Óleo/lienzo, 81,5 x 104 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 1097
108
2
VITRINAS
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S O R O L L A , E L C O LO R D E L M A R
¡Cuántas horas habré pasado en la hamaca contemplando A las dos de la tarde: Un movible y luciente brocado
verde plata.
el mar, claro o tempestuoso, verde o azul, rojo en el crepús-
culo, plateado a la luz de la luna y lleno de misterio bajo el A las seis y media: Los valles de espumas blancas se
cielo cuajado de estrellas! llenan de rosas.
A las siete y cuarto: Agua alta y verde.
Pío Baroja. Las inquietudes de Santhi Andía, 1911
Antecielo de nubarrones azul cobalto. Cielo gris.
Trascielo de oro.
110
S O RO L L A , E L C O LO R D E L M A R
También serán determinantes en su color las condicio- “Hoy parece que el tiempo quiere mejorar y asomó algu-
nes de su superficie: lisa, ondulada, rizada o encrespada nos momentos el sol, pero el mar está sucio y terroso…”
por el viento; la altura y composición de la columna de
“Te escribo contemplando al mismo tiempo el puerto,
agua; y los materiales del fondo sobre los que se apoya
dicha columna. En el agua marina aparece disperso el iluminado por los primeros rayos del sol; veo salir las
fitoplancton en diferente densidad, las algas o el llama- parejas de barcas del bou, el mar tiene su color verde
do mar de fondo con partículas en suspensión los días gris carminoso, el cielo violeta rojizo, y luego amarillo
revueltos, que aportan variaciones en su color. En mar limpio en lo más alto.”
abierto, la concentración de elementos disminuye al ser
mayor el volumen de agua, y cerca de la costa, donde “Hoy he tenido hasta ahora un buen sol; son las12 pero
pintaba Joaquín Sorolla, las coloraciones verdosas o desgraciadamente el mar está muy rojo…”
cálidas son más habituales, al aumentar generalmente la
concentración de materias que flotan en el mar. Cerca “¡el agua era de un azul tan fino! y la vibración de luz
de la costa, donde el agua es poco profunda, es decisivo era una locura. He presenciado el regreso de la pesca: las
el color del fondo: en las playas de Valencia, muy llanas, hermosas velas, los grupos de pescadores, las luces de mil
colores reflejándose en el mar…”
la arena colorea el agua, y la falta de perspectiva impide
percibir la transparencia; cuando pinta desde los acantila- “Hoy escribo como ayer, en la playa, he tenido menos
dos de Jávea, Sorolla encuentra una agua cristalina sobre fortuna que ayer, pues la mañana fue desigual de luz, y he
un fondo de roca oscura y su paleta se transforma por sufrido bastante, sólo hubo la fortuna [de] que el mar se
completo. limpió un poco, y lo aproveché. Ahora ha vuelto al rojo
Sorolla habla en sus cartas de las diferentes luces y menos intenso.”
colores, de los matices que cada día según el tiempo le
“… la escena cosas de pescadores entre pinos, por fondo el
ofrece la playa del Cabañal, o de la nitidez y belleza
mar azul, azul.”
de las aguas en los fondos de Jávea. Diferencia entre la
luz de levante, la de Andalucía o del norte de España, “… por tener el mar delante de los ojos, hoy está tan azul
en cada lugar vibrando con una intensidad peculiar y que parece mentira, no hace viento, no se mueven ni las
mostrándole los colores con mayor o menor saturación. ligeras palmas y los racimos de dátiles sobre el cielo parece
Su preferencia es clara: le gustan los colores luminosos, una explosión de fuego.”
los días en que el agua se presenta en su gama más fría, y
el mediodía apacible del Mediterráneo donde los azules “El mar hoy sublime de intensidad azul, y los dátiles vibran
de cobalto, ultramar, el azul de Prusia y el verde esmeral- como pepitas de oro.”
da se pueden reconocer sobre las aguas, y en sus cartas
a Clotilde se queja cuando el tiempo no ayuda o el mar “El mar estaba calmo y todos los amarillos y naranjas se refle-
aparece revuelto: jaban, parecía que viajábamos sobre un mar de oro al rojo.”20
20. Frases tomadas de diversas cartas de Joaquín Sorolla a Clotilde. Epistolarios… II y III.
111
S O R O L L A , E L C O LO R D E L M A R
21. Michel Pastoureau, Bleu, histoire d’une coleur, París, Editions du Seuil, 2006; primera edición, 2000. Victoria Finlay, Color. A Natural
History of the Palette (2002), Random House, Nueva York-Toronto, 2004. Philip Ball, La invención del color (edición original, Bright
Earth. The invention of color, 1972), primera edición en castellano, Madrid, Turner, 2003).
112
COLOR
PINCELADAS
COLOR
PINCELADAS
114
S O RO L L A , E L C O LO R D E L M A R
COLOR
PINCELADAS
115
S O R O L L A , E L C O LO R D E L M A R
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Pastillas de acuarelas de color azul: azul de montaña,
azul de cobalto, ultramar y azul de Prusia
S O R O L L A , E L C O LO R D E L M A R
118
3
DE LA NATURALEZA A LA PINTURA
3
DE LA NATURALEZA
A LA PINTURA
3.1. Sorolla esencial
“Hoy he seguido dibujando con mayor tranquilidad que Sorolla describe sus horas de trabajo como un rapto
ayer, pero no libre de la excitación que el ver el natural tan amoroso. La luz, el natural, sí, todo ello le emociona, pero
hermoso me proporciona…”1 “… es hermoso la felicidad no es su contemplación lo que le arrebata, es el hecho de
del arte al sol […] la excitación de esta luz me conmueve convertirlo en pintura.4 “… es que la obra la voy compren-
cada día más.”2 “Yo lo que quisiera es no emocionarme diendo más a medida que avanza, o que me hago ahora
tanto, porque después de unas horas como hoy me siento más cargo de las bellezas del natural y pinto, mejor o peor,
deshecho, agotado, no puedo con tanto placer, no lo resisto pero haciéndome gozar más la contemplación del bendito
como antes, es que la pintura cuando se siente es superior sol, que amo más cada vez, aun comprendiendo la pobre
a todo; he dicho mal, es el natural lo que es hermoso.”3 miseria de los colores…”5
120
[ 59 ]
Joaquín Sorolla
Playa de Valencia
Ca. 1908
Óleo/lienzo, 47,5 x 56 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 922
[ 60 ]
Joaquín Sorolla
En la playa, Biarritz
1906
Óleo/ienzo, 69 x 79,5 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 772
[ 61 ]
Joaquín Sorolla
Playa de Biarritz
1906
Óleo/lienzo, 62 x 94 cm
Fundación Museo Sorolla, Nº Inv. 768
[ 62 ]
Joaquín Sorolla
Mar de Zarauz
1910
Óleo/lienzo, 52 x 72,5 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 1247
S O R O L L A , E L C O LO R D E L M A R
124
[ 63 ]
Joaquín Sorolla
San Sebastián
Firmado. 1900
Óleo/papel, pegado a cartón, 18 x 30,6 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 691
[ 64 ]
Joaquín Sorolla
Playa de Jávea
1905
Óleo/tabla, 13,7 x 25,3 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 333
[ 65 ]
Joaquín Sorolla
¿San Sebastián?
¿1905?
Óleo/cartón, 14 x 18 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 912
[ 66 ]
Joaquín Sorolla
Valencia
Firmado. Ca. 1898
Óleo/papel, pegado a cartón,
13 x 18,2 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 339
[ 67 ]
Joaquín Sorolla
Playa de San Sebastián
1902
Óleo/papel, pegado a cartón,
14 x 17,4 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 436
[ 68 ]
Joaquín Sorolla
Estudio de mar, Valencia
1903-1904
Óleo/cartón, 16 x 22 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 927
[ 69 ]
Joaquín Sorolla
San Sebastián
1917-1918
Óleo/cartón, 14,3 x 17,8 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 909
S O R O L L A , E L C O LO R D E L M A R
128
[ 70 ]
Joaquín Sorolla
Una barca en la cala de San Vicente
1919
Óleo/lienzo, 51 x 72,5 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 1261
Guillem Bestard i Cànaves
El matrimonio Sorolla y su hija Elena, junto con el intelectual y mecenas Joan Sureda Bimet y Celerina Sureda Montaner
(hija de Joan Sureda y la pintora, Pilar Montaner, que fue alumna de Sorolla). Junto a ellos una mujer aún sin identificar.
Posan en la Cala de San Vicente ante el cuadro “Una barca en la cala de San Vicente”.
1919
Positivo antiguo
Gelatina DOP
Museo Sorolla, Nº Inv. 80.337
[ 71 ]
Joaquín Sorolla
Cala de San Vicente
1919
Óleo/lienzo, 81 x 105 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 1256
[ 72 ]
Joaquín Sorolla
El cavall Bernat
1919
Óleo/lienzo, 51 x 72,5 cm
Museo Sorolla, Inv. 1260
[ 73 ]
Joaquín Sorolla
Helena en la cala de San Vicente, Mallorca
1919
Óleo/lienzo, 81 x 105 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 1263
S O R O L L A , E L C O LO R D E L M A R
134
[ 74 ]
Joaquín Sorolla
Cala de San Vicente, Mallorca
1919
Óleo/lienzo, 72,5 x 51,5 cm
Museo Sorolla, Nº Inv. 1257
S O R O L L A , E L C O LO R D E L M A R
de la atención, interponiéndose entre el espectador y lo “Miro el cuadro tan enorme y me parece mentira esté
representado. El camino que siguió la pintura lo sabemos. terminado, y créeme, dejaré este Ayamonte, a pesar de
No sabemos, en cambio, dónde habría llegado Sorolla si lo mal comido, con su deje ligero de tristeza, pues en este
su muerte a la edad, que nos parece prematura, de sesenta cuadro que empecé angustiado por los mareos, he teni-
años no hubiera interrumpido una carrera que no había do horas largas de un vigor grande, de pintar como no
conocido la rutina. En una de las últimas cartas que dirige recordaba…”10.
a su mujer, después de terminar La pesca el atún, escribe:
10. De Sorolla (Ayamonte) a Clotilde (Madrid). 1 de julio de 1919. CFS/2096. Epistolarios, II.
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