Las epistemologías emergentes como alternati vas epistémicas al
pensamiento crítico latinoamericano 1.
En las últimas décadas hemos observados el nacimiento de diversas
perspectivas teóricas y metodológicas donde han coincidido en situar como
cúspide de la dominación social, política, económica o cultural en los saberes
generados durante la Modernidad y las nuevas formas de (neo) colonización e
imperialismo, bajo la dupla inseparable de conocimiento y poder.
En este sentido, la epistemología moderna bajo su conocimiento representa
una facultad racional, donde prevalece como única autoridad epistémica y desde
allí se esbozan todos los criterios valorativos sobre la realidad. Es decir, el criterio
de verdad (sujeto-objeto) es un propiedad principal para dirimir la relación sujeto
cognoscente y realidad aprendida, como simple objeto que esta fuera del sujeto .
En consecuencia, dicha praxis la realidad es un atributo consustancial del
mundo material, inmerso en coordenadas de masa, espacio y tiempo
aparentemente estáticas. De allí que se vea al ser humano como un actor que se
desenvuelve en un escenario externo, contextual, ajeno, que es la realidad. Por
tanto, prevalecen las leyes naturales independiente de la voluntad humana. Y es
orden estático de lo real, no se cambia.
Finalmente, el conocimiento debe ser útil, práctico, orientado a la solución
de problemas vinculados a la actividad productiva, bajo la bandera eurocentrica,
Jonathan Vielma: Lic en Filosofía (UCSAR.Caracas-Venezuela). Magister en Filosofía (LUZ-
Zulia-Venezuela). Especialista en Educación para la Gestión Comunitaria (UPEL.Valencia-
Venezuela).Docente e investigador de la FACE .Departamento de Filosofía. Universidad de
Carabobo- Venezuela . Jefe de cátedra de Filosofía de la Educación. Cursante del Doctorado en
Ciencias Sociales mención Estudios Culturales. Carabobo- Venezuela. Correo:
[email protected]de allí que la ciencia es entendida como intangible mercantil. Frente a esta
realidad epistemológica como verdad hegemónica, visión unidimensional y
negación de otra realidad invisibilizando toda capacidad de acción y
transformación social como un medio de protesta por la reivindicación del otro
(cultura, sociedad, Latinoamericano, negro mujer, entre otros).
Lo anterior, es motivado por un pathos situado y lleno de tintas de sangre,
que evoca y hace presente un pasado marcado por la explotación, dolor y muerte.
Y desde este locus se desvela toda realidad que oprime e invisibiliza. En este
sentido, el argumento de Foucault ayudó a desvelar que no existen saberes o
verdades esenciales, sino que el saber y el poder están estrechamente ligados,
ya que el poder, como elemento relacional, se crea, se reproduce y se mantiene
mediante la generación de discursos, efectos de verdad y conocimientos
científicos.
Es por esto que es necesario partir desde una realidad situada como
imperante que emerge como necesidad o condición sine qua non para desvelar
toda lógica de dominación: nosotros y los otros, civilizados y bárbaros, primer
mundo y tercer mundo, desarrollados-industrializados y sub-desarrollados. Esta
jerarquización no es neutra, detrás de ella hay una clara valoración, Europa (más
tarde Estados Unidos), pasa a ser el centro, lo demás es el margen del mundo, los
excluidos, lo no hombres, en definitiva, negación de nuestro ser.
De esta manera, la superioridad de la cultura occidental y la inferioridad del
resto del mundo, fundamentan y justifican la universalización de la primera bajo
una epistemología única, visión del hombre como raza pura.
Dicha estructura establece relaciones de subordinación: porque se es
superior es necesario dominar sobre los otros. Todo esto justifica desde el pensar
europeo la conquista. Porque no comprenden la otra forma de razonar, se les
considera inferiores. De ahí, la imperiosa determinación de servir a sus
dominadores por naturaleza.
Por consiguiente, el mundo debe ser moldeado siguiendo los parámetros de
Europa (epistemología de la modernidad) basados en la convicción de la
superioridad europea. Asimismo, vemos como en la Primera Lección del Curso de
filosofía positiva, de Augusto Comte, plantea la Ley de los tres estadios como una
“ley del desarrollo del espíritu humano o como una ley sobre la evolución
intelectual entera de la Humanidad” (citado por Tinoco2004, p. 28). Desde estos
tres estadios, sustenta la superioridad de una raza frente a otra. En otras
palabras, cada uno de los estados refleja y conforman el progreso del espíritu
humano.
Por consiguiente, la categoría estado implica estabilidad y ello conlleva un
orden. Según lo cual todo estado viene de otro, hacia su máxima expresión que es
el progreso. De allí que, todo saber, toda institución social o política toda moral
entre otros, es esencialmente orden y progreso y por ende la academia justificaría
toda esta realidad.
En otras palabras, esta coraza epistemológica llamada modernidad-
occidente-eucrocentrismo niega todo realidad del mundo de vida latinoamericana
en términos de Schütz (1966). , pues no toma en cuenta el acervo cultura de este
nuevo mundo, ni sus matices y realidad sociocultural, ya que para ellos el mundo
era blanco o negro, una forma simplista enajenante de captar, describir y
comprender la realidad.
Por tanto, hacer frente a la razón académica como única autoridad
epistémica es necesario una epistemología emergente donde la verdad es un
proceso dialógico y dialectico, simbólica, interpretativa, situado desde el
pensamiento crítico. Ya que se plantea una relación dialéctica entre los fenómenos
sociales y los actores que son sus protagonistas o intérpretes. De allí, que el
sujeto se inspira por el compromiso y la transformación de la realidad, desde este
ser situado, la validación de su saber es entendida como una interacción dialógica,
de diferentes referencias. Por tanto, el criterio de demarcación es clave como
constructos generadores de transformación de la realidad.
Por consiguiente, partiendo de la categoría epistemología emergente,
podemos afirmar que es una búsqueda de la verdad o el desvelar la realidad
como realidad necesaria y como un proceso que nace de una realidad concreta,
situada para transformarla asumiendo que el todo es más que la suma de las
partes. En otras palabras, es la negación de la idea de universalidad absoluta
como enajenación de nuestro ethos, ya que ésta perspectiva excluye el mundo de
vida autóctono, y por ende, la intersubjetividad cultural, es decir, el otro entendido
como negro, indio, mujer entre otros.
Por consiguiente, en dicha interacción social, el abordaje Shutziano
establece como axioma ontológico, el vínculo relacional de rostros recíprocos,
donde es necesario afirmar, que la realidad de la vida cotidiana se nos presenta
como encuentros subjetivos significantes.
En este sentido nos dicen, Berger y Luckmann (1968) que el mundo de vida
es “… una realidad interpretada por los hombres y que para ellos tiene el
significado subjetivo de un mundo coherente” (p .36). Desde luego, la realidad de
la vida cotidiana se nos presenta como un mundo intersubjetivo, donde se
comparten y encuentran los hombres cara a cara. De allí que, sólo en la relación-
Nosotros dentro de una comunidad de tiempo y espacio (realidad histórica), el ser
del otro puede ser experimentado. Reconociendo al otro desde una visión
inclusiva, negando toda posibilidad enajenante. Es decir, el otro, en su presencia,
que es al mismo tiempo expresión, me adviene, me es dado, incluso impuesto,
como exterioridad absoluta, otro absoluto que yo. No es el ser lo que me adviene,
sino el otro hombre-mujer. Su presencia es la fuente de toda significación de su
ser y una nueva metodología o forma de pensar la realidad con criterios críticos
emancipadores.
En este sentido, Torres afirma que el desafío central se puede resumir
bajo una ecuación en que “mientras más necesitemos actualizar la explicación de
los procesos socio-históricos contemporáneos de América Latina, más
necesitamos priorizar la reconstrucción de un método y un programa teórico de
investigación social”(s/p). Con el fin de hacer frente una visión alienada del ethos
latinoamericano en términos geopolíticos y geoeconómicos, autorreferencial. Es
decir, crear dependencia académica-investigativa de las ciencias sociales
regionales respecto a las teorías sociológicas elaboradas principalmente en
Europa y EE.UU .
Por esta razón, el pensamiento crítico latinoamericano es el espéculo que
ha venido desarrollándose gracias al esfuerzo de algunos intelectuales que
reinterpretan nuestra historia a la luz de sus particularidades e idiosincrasias, en
otras palabras fueron reconstruyendo la historia de cada uno de nuestros países
con lecturas originales e innovadoras.
De allí que la otredad como manifestación dialógica es una nota
constitutiva en la relación social, ya que el rostro desnudo es la presencia
inmediata del otro que se presenta pos sí mismo y hace trizas cualquier sueño de
reducirlo a otra cosa, enajenando su ser.
En este sentido, Schütz (1966) afirma que: “Este entrelazamiento de
miradas, este reflejamiento reciproco multifacético, es uno de los rasgos
característico y únicos de la situación cara a cara” (p.199). Podemos decir, que
ésta caracterización recíproca y única de la manifestación cara a cara, constituye
el dominio de la experiencia social directa y los sujetos que se encuentran en ella
son los seres humanos que son sus semejantes.
En consecuencia, la lógica de dominación: nosotros y los otros, civilizados y
bárbaros se doblegan ante el desvelamiento argumentativo y existencial que
propone el pensamiento crítico ya que podemos afirmar que el mundo del nosotros
no es privado para cada uno de nosotros sino que es nuestro mundo , que es
común e intersubjetivo. Dicha realidad, compartida se manifiesta en un sector del
tiempo y el espacio, ambos en el mismo ambiente, el mundo que nos rodea es el
mismo y nuestros procesos conscientes son un elemento de este mundo para
nosotros.
De allí que, la interacción cara a cara, lleve la impronta y el clamor, de
modificar las tipificaciones que enajenen al otro, y esto se logra gracias a las
vivencias conscientes que se dan en la reciprocidad de los sujetos. Es decir, el
volverse consciente de la corrección de la comprensión que se tenga del otro, se
pone de manifiesto el nivel más elevado de la experiencia del nosotros. Por tal
motivo, tan pronto se entre en la situación cara a cara cada uno comienza a
atender sus propias vivencias de manera diferente, es decir dialogante y
recíproca. Además, el mundo de nuestros predecesores, es el mundo de otros de
quienes puedo tener conocimiento y cuyas acciones pueden influir en mi vida,
pero sobre los que no puedo actuar de ninguna manera (Schütz,1966).
Como puede verse, el mundo de la vida cotidiana es intersubjetivo desde el
principio; no es mi mundo privado sino que el individuo está conectado con sus
congéneres humanos en el marco de estas diferentes relaciones sociales. Por
tanto, sólo dentro de la relación cara-a-cara el otro puede ser experimentado como
una totalidad y una unidad indivisa, lo cual es sumamente relevante en vista de
que todas las múltiples relaciones sociales restantes derivan de la experiencia
originaria de la totalidad del sí-mismo del otro en la comunidad de tiempo y
espacio. (Schütz ,1966).
Por otra parte, desde esta perspectiva el encuentro con el otro está basado
en el axioma fundamental de la reciprocidad de perspectivas, el cual constituye
una idealización relevante en cada situación de interacción. Este axioma abre la
posibilidad de comprensión mutua en la vida cotidiana pues esa idealización es un
supuesto básico que hace posible la comprensión y el entendimiento mutuo:
“Mediante estas construcciones del pensamiento de sentido común, se supone
que el sector del mundo presupuesto por mí también es presupuesto por usted, mi
semejante individual; más aún, que lo presuponemos Nosotros” (Schütz 1966, p.
197).
Lo anterior nos lleva afirmar que el nosotros tiene que ser dialógica, dado
que su acción e interacción con los otros contribuyen al esclarecimiento y a la
crítica de la acción del hombre en las sociedades modernas. Sabiendo que la
lógica de la epistemología de la modernidad tiene como premisa una verdad única
y excluyente, hegemónica y homogeneidad universal, (monismo epistemológico),
como modelo que ha sido predominante durante la modernidad. Frente a esto las
críticas que se dan en el manifiesto son iluminadoras ya que “Necesitamos
multiplicar las articulaciones sin ninguna fantasmagoría unificante. Nuestra
apuesta, por tanto, es por un pluralismo contextual situado como una alternativa a
los relativismos absolutistas y los totalitarismos hegemónicos”.
Esto trae como consecuencia, que se valore el mundo de cada persona
manifestada de manera individual y común, en la que participamos con otras
personas: es individual porque, como ser humano, cuento con un acervo de
valores propios que me permiten funcionar en el mundo al que pertenezco; pero, a
la vez, ese mundo individual es común, porque esos valores personales han sido
apropiados de una cultura tradicional y comunitaria, que ha venido constituyendo
un mundo al que esa persona también pertenece.
En consecuencia, en todo diálogo verdadero, participan no sólo una
multiplicidad de personas distintas, sino que con ellas participan también una
multiplicidad de mundos distintos. El diálogo intercultural está constituido por el
encuentro de varias personas y de varios mundos con la finalidad de comunicarse
mutuamente y de conversar. De conversar, sí, de volverse al otro, para que juntos
construyamos un mundo nuevo común, que nos comprenda y nos abarque a
ambos, y en el que nos podamos comprender el uno al otro.
Por consiguiente la solución al problema de un pensamiento y una cultura
propiamente latinoamericana desde la emancipación no es sólo política, sino
también una episteme de nuestros pueblos, donde es clave la memoria histórica
como conciencia de sí (Candau,2006).
Por tal motivo, vemos como Zeas (1972) dirime la situación en la que se
ven envueltos los pueblos de América Latina, la de dominación, dependencia y
negación de su humanidad impuesta por los colonizadores europeos. Por tanto,
conduce a los hombres de estas tierras a pensar el problema desde su propia
realidad, tomando conciencia e interpretando su pasado, con el fin de darle
sentido a la circunstancia del presente , sin dejarse arropar por el olvido de su
memoria histórica, como lo argumenta Ricoeur (2004) en su obra La memoria ,La
historia, El olvido.
Frente a lo anterior, nos encontramos ante un pensamiento crítico que
surge de la realidad histórica dependiente y que se presenta a sí misma como una
forma de conciencia, derivada del proceso de comprensión de la realidad, que se
expresa en América Latina. Por tanto, la revalorización de nuestro pasado, de
nuestra historia, de una cultura auténtica, será el aporte que se vislumbra desde
dicha actitud y comprensión crítica.
Desde esta epistemología situada, emerge como pensamiento crítico un
mundo de vida latinoamericana que reclama ser reconocido y brota como
exigencia la necesidad de plantear una antropología que de cuentas de la
episteme desde nuestras raíces, para lograr tener una comprensión de nuestro
ser, que tome en cuenta la propia cultura y la promueva, mediante la toma de
conciencia de nuestra memoria y proyectarla como un instrumento de
comunicación entre nosotros mismos y de nosotros hacia el resto de la
humanidad.
De allí, la singularidad de nuestros hombres que pertenece a este mismo
mundo de vida, donde pueda identificarse y re-encontrarse con sus raíces,
sintiéndose motivado a seguir las huellas que se proponen y a ayudar en la
construcción de un nuevo camino de identidad cultural consciente.
Por tanto, se trata de buscar nuestros propios caminos, desde y en la propia
tierra. Frente a la copia, trazar una búsqueda original. Reconociendo que en el
carácter colonizador de la cultura dominante puede existir la tentación de negar al
otro y rechazar todo producto occidental.
En efecto, se trata de relatar el camino de sujetos históricos, concretos, en
su tiempo y en su lugar. Hacer epistemología emergente no se trata de indicar el
camino que ha de seguirse, sino dar cuenta del trayecto que se recorre en
comunidad en estas tierras, junto a otros; plantearse las preguntas que surgen
como genuinas y originales dentro del contexto específico de las Américas. De allí
que ,se trata de asumir una postura crítica en su nivel formal desde la propia
realidad histórica, buscando introducir en esa reflexión los graves problemas que
afectan a la mayoría de los seres humanos con el fin de contribuir a una praxis
histórica de liberación.
Por consiguiente, el reto para la conciencia reside en la posibilidad de
escudriñar ampliaciones de mayor riqueza en los espacios de vida. Reto que
entendemos como la historización de lo inmediatamente dado al sujeto, que obliga
a distinguir entre lo ya moldeado por el curso de la historia y lo que es posible de
concebirse utópicamente, o de construirse como nuevos ámbitos para diferentes
experiencias y otros modos de razonar la realidad que nos circunda.
En este sentido ,estaríamos hablando de un Movimiento dialéctico de la
conciencia latinoamericana , como todos los pueblos, irá tomando conciencia de
su realidad, mediante un movimiento dialéctico en el que se enfrentan las
opiniones de Europa sobre el ser y las que ella misma deduce al confrontarlas con
lo que es en sí misma. Por un lado está lo que Europa quiere que sea y por el otro
lo que en realidad es. Por tanto, observamos una serie de justificaciones que se
da a sí mismo un europeo al imponer su dominio político, cultural y social sobre
América, y por el otro las reacciones del americano de las justificaciones que le
menoscaban.
De lo anterior, se deprende que en este diálogo cultural están en juego l la
identidad y la alteridad, la mismidad y la diferencia. Y para que esto pueda darse,
para que el otro entre verdaderamente en el diálogo, es preciso que el otro
participe en su construcción juntamente con el yo y en igualdad de condiciones.
Por tanto, es necesario asumir como propio las epistemologías emergentes
como alternativas epistémicas al pensamiento crítico latinoamericano como una
forma de comprender e interpretar nuestra realidad de ser y estar latinoamericano,
ya que desde esta postura epistémica alzamos nuestra voz de protesta de
invisibilizados y es desde "el otro", (nuestro otro) el silenciado, el marginado, que
puede identificarse con pueblos enteros. Pero el otro, el excluido del diálogo es el
que irrumpe desde la exterioridad, el que quiebra, cuestiona el acuerdo y pone de
nuevo en marcha el diálogo a una luz diferente. No basta, pues, con pasar del Yo
al Nosotros, como han intentado hacer Hegel y la ética discursiva porque, aunque
es verdad en que esta ética el nosotros es la comunidad de todos los afectados, el
uso de este lenguaje suele identificar el nosotros con los participantes en el
diálogo, no con los afectados, y creer que todo queda resuelto cuando tales
participantes han llegado a un acuerdo. Por eso, es urgente indagar los
mecanismos por los que en cada diálogo existen excluidos, y por ende, tienen
que pasar a ser actores en el proceso del diálogo, cambiarlos es el reto y la
función de esta epistemología emergente que motiva desde la praxis un
pensamiento critico y transformador del status quo que enajena, explota, oprime y
excluye .
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