Comprendiendo la Autoestima
Comprendiendo la Autoestima
1. Introducción
2. Qué es Autoestima
3. Cómo se forma la Autoestima
4. Por qué necesitamos Autoestima
5. La vida sin Autoestima
6. Comportamientos característicos del Desestimado
7. Algunos comportamientos de Baja Autoestima
8. Creencias Sanadoras
9. La vida con Autoestima
10. Comportamientos característicos del Autoestimado
11. Algunos Comportamientos de Alta Autoestima
12. Creencias Limitadoras
13. Autoestima y Relaciones
14. La relación familiar
15. Relación entre padres e hijos
16. La relación de pareja
17. Autoestima y Trabajo
18. Conclusiones
19. Referencias Bibliográficas
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INTRODUCCIÓN
Muchas personas afirman que tienen tantos problemas que no pueden salir adelante y lograr colocar
sus vidas al nivel en el que desearían tenerla. Es cierto que no todos cuentan con las mismas
oportunidades, el mismo nivel de Autoestima, la misma preparación intelectual ni la misma base
económica.
Sin embargo es factible persuadir que se tiende a engrandecer las dificultades, a convertirlas en
nuestros verdugos y a disminuir y subestimar nuestra capacidad para resolverlas y avanzar
creativamente.
QUÉ ES LA AUTOESTIMA.
No existe un concepto único sobre Autoestima, más bien hay diferentes formas de entender lo que
significa. Como todo, el significado de Autoestima puede entenderse a partir de varios niveles, el
energético y el psicológico.
Autoestima es la fuerza innata que impulsa al organismo hacia la vida, hacia la ejecución armónica
de todas sus funciones y hacia su desarrollo; que le dota de organización y direccionalidad en todas
sus funciones y procesos, ya sean estos cognitivos, emocionales o motores.
De aquí se desprende:
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De aquí se desprende lo siguiente:
Otros conceptos de Autoestima, relacionados de alguna forma con los que ya hemos expuesto
arriba, sugieren que:
Cuando nos referimos a personas o situaciones de poco amor o respeto hacia nosotros mismos,
utilizaremos los términos “DESVALORIZACIÓN” o “DESESTIMA”, como palabras que se refieren a
una manera inconsciente de vivir que niega, ignora o desconoce nuestros dones, recursos,
potencialidades y alternativas.
También es conveniente aclarar, que podemos tener comportamientos de baja Autoestima, en algún
momento, aunque nuestra tendencia sea vivir conscientes, siendo quienes somos, amándonos y
respetándonos. Puede también suceder lo contrario: vivir una vida sin rumbo, tendente al
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Autosabotaje y a la inconsciencia, pero podemos experimentar momentos de encuentro con nuestra
verdadera esencia. Fragmentos de tiempo de inconsciencia y desconfianza en uno, no son igual que
una vida inconsciente regida por el miedo como emoción fundamental. Lo uno es actitud pasajera, lo
otro es forma de vida. Hay que distinguir.
Desde el momento mismo en que somos concebidos, cuando el vínculo entre nuestros padres se
consuma y las células sexuales masculina y femenina se funden para originarnos, ya comienza la
carga de mensajes que recibimos, primero de manera energética y luego psicológica.
El hecho de que alguno de los progenitores, por ejemplo, asuma como un problema la llegada del
niño, es captado por éste emocionalmente, y su efecto formará parte del archivo inconsciente del
pequeño y tendrá repercusiones más adelante, cuando reaccione de diferentes formas y no logre
comprender las causas generadoras de sus conflictos. Igualmente, cuando ya se ha producido el
alumbramiento, todo estímulo externo influirá en el recién nacido y le irá creando una impresión
emocional que influirá sus comportamientos futuros. Los padres y otras figuras de autoridad, serán
piezas claves para el desarrollo de la Autoestima del niño, quien dependiendo de los mensajes
recibidos, reflejará como espejo lo que piensan de él y se asumirá como un ser apto, sano, atractivo,
inteligente, valioso, capaz, digno, respetado, amado y apoyado o, por el contrario, como alguien
enfermo, feo, ignorante, desvalorizado, incapaz, indigno, irrespetado, odiado y abandonado. La
forma como nos tratan define la forma como nos trataremos, porque esa es la que consideraremos
como la más normal.
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que hemos llegado a creer que somos. En este tiempo, formamos parte de una sociedad uniformada
en la que muchos han renunciado a expresar su originalidad y tienen ideas fijas de las cosas, que
casi siempre siguen aunque no les funcionen. La inconsciencia y falta de comprensión de lo que
ocurre, induce a culpar, a resentir, a atacar, a agredir a los demás, a quienes se ve “como malos que
no nos comprenden”.
Para entonces, ya hemos construido una imagen de nosotros (autoimagen), puesto que habremos
aprendido una forma de funcionar, y llevamos como marca en la piel de vaca, el sello de lo que
creemos que podemos o no ser, hacer y tener.
LOS MAPAS.
Es pertinente definir un término al que ya nos hemos referido sin darle nombre: LOS MAPAS. La
Autoestima, como lo hemos visto, obedece a un conjunto de programaciones que define la forma
como el individuo funcionará y procesará sus experiencias, los mapas son informaciones
codificadas, obtenidas de nuestros padres, maestros, personas importantes más cercanas, que
hemos ido guardando desde que nacemos. Experiencias del ayer que quedaron codificadas,
ancladas en el sistema nervioso central o periférico.
Si nos preguntamos cuándo nuestro mapa mental es adecuado o positivo, podemos encontrar la
respuesta en las palabras del famoso terapeuta Fritz Perls: “Un mapa adecuado es aquel que
representa la realidad tan fielmente como sea posible en un momento determinado”. En líneas
generales, cada quien percibe la realidad (su realidad) de acuerdo con sus mapas personales.
La vida humana es el transcurrir de experiencias y eventos con los que entramos en contacto; un
transcurrir en ritmos y fluctuaciones; un ir y venir de flujos y reflujos. En este devenir, podemos
llegar a vivir momentos altos y momentos bajos.
La relación social, generalmente signada por cambios rápidos y frecuentes, y por una elevada
competitividad, nos obligan a permanentes readaptaciones. En ciertas circunstancias, nuestro
sentido de valor personal y de confianza en las propias capacidades pueden verse afectados y
hacernos creer que vivimos a merced de las contingencias. En esos momentos la confusión, la
impotencia y la frustración producidas por el no logro, nos lleva a dudar de nuestro poder creador, de
la capacidad natural de restablecernos, y es entonces cuando optamos por crear y a veces sostener
conductas autodestructivas, lejanas al bienestar generado por la Autoestima, es decir, por la
consciencia, el amor incondicional y la confianza en uno mismo. Los seres humanos, somos “la
única especie capaz de traicionar y actuar contra nuestros medios de supervivencia”. En estado de
desequilibrio, el hombre opta por manejarse de formas diversas aunque nocivas y elige,
generalmente, los siguientes caminos:
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PARÁLISIS.
La frustración es interpretada de forma tal que incapacita para la acción creativa. La apatía es una
forma de manifestación de esta reacción.
NEGACIÓN.
EVASIÓN.
Aquí la estrategia es hacer todo lo que nos impida ver la situación a la cara. Se conoce su presencia
pero se teme enfrentarla y se pospone. La diversión compulsiva es una forma de evasión bastante
común.
ENFERMEDAD.
Es factible para el observador atento o entrenado, detectar los niveles de Autoestima o Desestima en
las personas, ya que su manifestación se extiende a pensamientos, palabras, estados emocionales,
hábitos y otras maneras de experiencias. La manera como vive un ser autoestimado es bastante
diferente de la forma como funciona un desestimado.
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INCONSCIENCIA.
DESCONFIANZA.
El desestimado no confía en sí mismo, teme enfrentar las situaciones de la vida y se siente incapaz
de abordar exitosamente los retos cotidianos; se percibe incompleto y vacío; carece de control sobre
su vida y opta por inhibirse y esperar un mejor momento que casi nunca llega. Tiende a ocultar sus
limitaciones tras una “careta”, pues al no aceptarse, teme no ser aceptado. Eso lo lleva a desconfiar
de todos y a usar su energía para defenderse de los demás, a quienes percibe como seres malos y
peligrosos; siempre necesita estar seguro y le es fácil encontrar excusas para no moverse. La vida,
desde aquí, parece una lucha llena de injusticia.
IRRESPONSABILIDAD.
Niega o evade sus dificultades, problemas o conflictos. Culpa a los demás por lo que sucede y opta
por no ver, oír o entender todo aquello que le conduzca hacia su responsabilidad. Sus expresiones
favoritas son: “Si yo tuviera”, “Si me hubieran dado”, “Ojalá algún día”, y otras similares que utiliza
como recurso para no aclarar su panorama y tomar decisiones de cambio.
INCOHERENCIA.
El desestimado dice una cosa y hace otra. Asegura querer cambiar pero se aferra a sus tradiciones
y creencias antiguas aunque no le estén funcionando. Vive en el sueño de un futuro mejor pero
hace poco o nada para ayudar a su cristalización. Critica pero no se autocrítica, habla de amor pero
no ama, quiere aprender pero no estudia, se queja pero no actúa en concordancia con lo que dice
anhelar. Su espejo no lo refleja.
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INEXPRESIVIDAD.
IRRACIONALIDAD.
Se niega a pensar. Vive de las creencias aprendidas y nunca las cuestiona. Generaliza y todo lo
encierra en estereotipos, repetidos cíclica y sordamente. Pasa la mayor parte de su tiempo haciendo
predicciones y pocas veces usa la razón. Asume las cosas sin buscar otras versiones ni ver otros
ángulos. Todo lo usa para tener razón aunque se destruya y destruya a otros.
INARMONÍA.
DISPERSIÓN.
No planifica, vive al día esperando lo que venga, desde una fe inactiva o una actitud desalentada y
apática. Se recuesta en excusas y clichés para respaldar su permanente improvisación.
DEPENDENCIA.
El desestimado necesita consultar sus decisiones con otros porque no escucha ni confía en sus
mensajes interiores, en su intuición, en lo que el cuerpo o su verdad profunda le gritan.
Asume como propios los deseos de los demás, y hace cosas que no quiere para luego quejarse y
resentirlas. Actúa para complacer y ganar amor a través de esa nefasta fórmula de negación de sí
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mismo, de autosacrificio inconsciente de sus propias motivaciones. Su falta de autonomía, la
renuncia a sus propios juicios hace que al final termine culpándose, autoincriminándose, resintiendo
a los demás y enfermándose como forma de ejecutar el autocastigo de quien sabe que no está
viviendo satisfactoriamente. La dependencia es el signo más característico de la inmadurez
psicológica, que lleva a una persona, tal como dice Fritz Perls, a no pararse sobre sus propios pies y
vivir plenamente su vida.
INCONSTANCIA.
Desde el miedo, una de las emociones típicas del desestimado, las situaciones se perciben
deformadas y el futuro puede parecer peligroso o incierto. La falta de confianza en las propias
capacidades hace que aquello que se inicia no se concrete. Ya sea aferrándose a excusas o
asumiendo su falta de vigor, el desestimado tiene dificultad para iniciar, para continuar y para
terminar cualquier cosa. Puede que inicie y avance en ocasiones, pero frente a situaciones que retan
su confianza, abandonará el camino y buscará otra senda menos atemorizante. La inconstancia, la
falta de continuidad, señala poca tolerancia a la frustración.
RIGIDEZ.
La persona desvalorizada lucha porque el mundo se comporte como ella quiere. Desea que donde
hay calor haya frío, que la vejez no exista y que todo sea lindo. Le cuesta comprender que vivimos
interactuando en varios contextos con gente diferente a nosotros en muchos aspectos, y que la
verdad no está en mí o en ti, sino en un “nosotros” intermedio que requiere a veces “estirarse”. Sufrir
porque está lloviendo, negarnos a entender que una relación ha finalizado, empeñarnos en tener
razón aunque destruyamos vínculos importantes, demuestra incapacidad para abandonar posturas
rígidas que nos guían por la senda del conflicto permanente. Eso es no quererse, eso es Desestima.
En general, el desvalorizado es un ser que no se conoce, que no se acepta y que no se valora; que
se engaña y se autosabotea porque ha perdido el contacto consigo mismo, con su interioridad, y se
ha desbocado hacia el mundo con el afán de ganar placer, prestigio y poder, es decir, de obtener a
cualquier precio la aprobación de los demás, como un niño que requiere el abrazo materno para
sobrevivir. El desestimado no se percata fácilmente de que ha roto el equilibrio que necesita para
vivir paz y disfrutar de la vida, que como un don especial le ha sido.
Además de los mencionados anteriormente, existen otros comportamientos que reflejan desamor e
irrespeto por nosotros, y como consecuencia de eso, por los demás. Sin que deban ser tomados
como algo inmutable y absoluto, algunos de los más frecuentes son:
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Preocuparse por el futuro Incapacidad para manejar los
Actuar con indiferencia momentos de soledad
Creerse superior Quejarse
Descuidar el cuerpo Perder el tiempo en acciones que
Negarse a ver otros puntos de no nos benefician
vista Manipular a los demás
Negarse a la intimidad emocional Culparse por el pasado
Vivir aburrido, resentido o Actuar agresivamente
asustado Autodescalificarse
Desconocer, negar o inhibir los Discriminar y burlarse de los
talentos demás
Vivir de manera ansiosa y Sentirse atrapado y sin
desenfrenada alternativas
Descuidar la imagen u Preocuparse porque otro
obsesionarse con ella destaque(Envidia)
Desarrollar enfermedades Actuar tímidamente
psicosomáticas Dar compulsivamente para ganar
Seguir la moda y sufrir si no aprobación
estamos “al día” Invadir el espacio de otros sin
La maternidad y paternidad autorización
irresponsables Depender de otros pudiendo ser
Improvisar la vida, pudiendo independientes
planificarla Celar de manera desmedida a
Descuidar la salud como si no amigos o a la pareja
fuera importante Compulsión por obtener títulos
Negarse a aprender académicos y dinero
Idolatrar a otras personas Irrespetar a las personas
Asumir como estados habituales Incapacidad para expresar los
la tristeza, el miedo, la rabia y la sentimientos y emociones
culpa Maltratar a los hijos en vez de
Tener y conservar cualquier optar por comunicarnos
adicción(Cigarrillo, licor, comida, Denigrar de uno mismo y de los
sexo, etc.) demás de manera frecuente
Anclarse en lo tradicional como Sostener relaciones con personas
excusa para evitar arriesgarse a conflictivas que te humillen y
cosas nuevas maltraten
Negarse a la sexualidad(salvo
casos especiales vinculados al
celibato espiritual)
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Trabajar es algo agradable Cada quien tiene derecho a su propia
Soy inteligente Soy un ser espiritual, y transciendo
mis limitaciones físicas
Tengo el poder de sentirme bien
Puedo hacer que mi cuerpo me
La comida me cae bien obedezca
Esta noche voy a dormir muy bien Mi fe es firme y crece cada día más
Todo lo que pasa tiene una razón de La gente es buena aunque a veces
ser y siempre deja algo positivo actúe desde la rabia o el miedo
No hay mal que por bien no venga Puedo encontrar una pareja
La vida es maravillosa adecuada para mí
No existen problemas sino
oportunidades de aprender
El pasado no dirige ni mi presente ni Perdonar es importante y liberador
mi futuro Mi tiempo es valioso y sé
Preocuparme no me ayuda. Lo administrarlo
adecuado es actuar creativamente Tengo atractivo
Sé que puedo desarrollar cualquier Voy a ganar dinero suficiente
cualidad si lo decido Le agrado a la gente
Detrás de cada aparente pérdida
viene una ganancia
Cuando la vida se vive desde la Autoestima todo es diferente. Las cosas cambian de color, sabor y
signo, ya que nos conectamos con nosotros y con el mundo, desde un perspectiva mas amplia,
integral, equilibrada, consciente y productiva.
La caracterología que ofrece una persona con una Autoestima desarrollada, es mas o menos la
siguiente:
CONSCIENCIA.
El autoestimado es la persona que todos podemos ser. Alguien que se ocupa de conocerse y saber
cuál es su papel en el mundo. Su característica esencial es la consciencia que tiene de sí, de sus
capacidades y potencialidades así como de sus limitaciones, las cuales tiende a aceptar sin
negarlas, aunque o se concentra en ellas, salvo para buscar salidas más favorables. Como se
conoce y se valora, trabaja en el cuidado de su cuerpo y vigila sus hábitos para evitar que aquellos
que le perjudican puedan perpetuarse. Filtra sus pensamientos enfatizando los positivos, procura
estar emocionalmente arriba, en la alegría y el entusiasmo, y cuando las situaciones le llevan a
sentirse rabioso o triste expresa esos estados de la mejor manera posible sin esconderlos
neuróticamente.
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En el autoestimado el énfasis está puesto en darse cuenta de lo que piensa, siente, dice o hace,
para adecuar sus manifestaciones a una forma de vivir que le beneficie y le beneficie a quienes le
rodean, en vez de repetir como robot lo que aprendió en su ayer cuando era niño o adolescente. Esa
consciencia de la autoestima, hace que el individuo se cuide, se preserve y no actúe hacía la
autodestrucción física, mental, moral o de cualquier tipo. La gratitud es norma en la vida de quien se
aprecia y se sabe bendito por los dones naturales que posee.
CONFIANZA.
Autoestima es también confianza en uno mismo en las fuerzas positivas con las que se cuenta para
abordar el día a día. Esta confianza es la guía para el riesgo, para probar nuevos caminos y
posibilidades; para ver alternativas en las circunstancias en que la mayoría no ve salida alguna; para
usar la inteligencia y seguir adelante aunque no se tengan todas las respuestas. Estas es la
características que hace que el ser se exprese en terrenos desconocidos con fe y disposición de
éxito. Cuando se confía en lo que se es, no se necesitan justificaciones ni explicaciones para poder
ser aceptado. Cuando surgen las diferencias de opinión, confiar en uno hace que las críticas se
acepten y se les utilice para el crecimiento.
RESPONSABILIDAD.
El que vive desde una Autoestima fortalecida asume responsabilidad por su vida, sus actos y las
consecuencias que éstos pueden generar. No busca culpables sino soluciones. Los problemas los
convierte en un “cómo”, y en vez de compadecerse por no lograr lo que quiere, el autoestimado se
planteará las posibles formas de obtenerlos. Responsabilidad es responder ante alguien, y ese
alguien es, él mismo o Dios en caso de que su visión de la vida sea espiritual. Toma como regalo el
poder influir en su destino y trabaja en ello. Quien vive en este estado no deja las cosas al azar , sino
que promueve los resultados deseados y acepta de la mejor forma posible lo que suceda.
COHERENCIA.
La Autoestima nos hace vivir de manera coherente y nos impulsa a realizar e esfuerzo necesario
para que nuestras palabras y actos tengan un mismo sentido. Aunque el autoestimado guste de
hablar, sus actos hablarán por él tanto o más que sus palabras. No quiere traicionarse y se esmera
en combatir y vencer sus contradicciones internas.
EXPRESIVIDAD.
Los que viven confiado en su poder, aman la vida y lo demuestran en cada acto. No temen liberar su
poder aunque puedan valorar la prudencia y respetar las reglas de cada contexto. Mostrar afecto,
decir “te quiero”, halagar y tocar físicamente, son comportamientos naturales en quienes se estiman,
ya que disfrutan de sí mismos y de su relación con las personas. La forma de vincularse es bastante
libre y sin l típica cadena de prejuicios que atan culturalmente al desvalorizad. En esa expresividad,
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es seguro observar límites, ya que para expresarse no hay que invadir ni anular a nadie. La
expresividad del autoestimado es consciente y natural, no inconsciente ni prefabricada.
RACIONALIDAD.
ARMONÍA.
Autoestima es sí misma armonía, equilibrio, balance, ritmo y fluidez. Cuando existe valoración
personal, también se valora a los demás, lo que favorece relaciones sanas y plenas medidas por las
honestidad, la ausencia de conflicto y la aceptación de las diferencias individuales. Por ser las paz
interna la máxima conquista de la Autoestima, quienes están por ese camino hacen lo posible por
armonizar y aminorar cualquier indicador de conflicto. Esta armonía interior ahuyenta la ansiedad y
hace tolerable la soledad, vista a partir de un estado armónico de vida como un espacio de
crecimiento interior, encuentro con uno mismo y regocijo.
RUMBO.
El respeto hacia nosotros y hacia la oportunidad de vivir engendra una intención de expresar el ser,
de trascender , de lograr y de ser útil. Eso se hace más factible al definir un rumbo, un propósito, una
línea de objetivos y metas, un plan para ofrendarlo a la existencia y decir “esto es lo que soy y esto
es lo que ofrezco”. La vida es un don que se expresa a través de una misión y una vocación;
descubrirlo es tarea de cada quien, y es únicamente en ese camino donde hallaremos la plenitud y la
alegría de vivir. No hacerlo, equivale a nadar en tierra o arar en mar. E rumbo es indispensable
aunque podamos modificarlo, si se llegara a considerar necesario.
AUTONOMÍA.
La autonomía tiene que ver con la independencia para pensar, decidir y actuar; con moverse en la
existencia de acuerdo con las propias creencias, criterios convicciones, en vez de cómo seguimiento
del ritmo de quienes nos rodean. No se puede vivir para complacer expectativas de amigos,
parientes o ideologías prestadas, mientras algo dentro de nosotros grita su desacuerdo y pide un
cambio de dirección. El autoestimado busca y logra escucharse, conocerse, dirigirse y pelear sus
propias batallas confiado en que tarde o temprano las ganará. No se recuesta en la aprobación, sino
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que mira hacia el interior donde laten sus autenticas necesidades, sin desdeñar lo que el mundo
puede ofrecerle.
VERDAD.
El autoestimado siente respeto reverencial por la verdad, no la niega sino que la enfrenta y asume
con sus consecuencias. Los hechos son los hechos, negarlos es un acto irresponsable que nos quita
control sobre nuestra vida. Cuando se evade la verdad, comienza uno a creerse sus propias
mentiras. No recuerdo quien fue la persona que dijo “no le temas tanto la verdad como para negarte
a conocerla”.
PRODUCTIVIDAD.
PERSEVERANCIA.
Cuando alguien tiene confianza en sí mismo, es capaz de definir objetivos trazar un rumbo, iniciar
acciones para lograr esos objetivos y, además desarrollar la capacidad para el esfuerzo sostenido, la
convicción de que tarde o temprano verá el sueño realizado. La perseverancia es por eso
característica clara de la persona autoestimada, para quien los eventos frustrantes son pruebas
superables desde sus conciencia creativa.
FLEXIBILIDAD.
Es característica de la persona autoestimada aceptar las cosas como son y no como se le hubiese
gustado que fueran. Ante la novedad, para no sufrir, es necesario flexibilizar nuestras creencias y
adecuar nuestros deseos sin caer, claro está, en la resignación o la inacción. Flexibilidad implica
abrirse a lo nuevo, aceptar las diferencias y lograr convivir con ellas; tomarse algunas cosas menos
en serio, darse otras oportunidades y aprender a adaptarse. Todas estas son manifestaciones de
inteligencia, consciencia y respeto por el bienestar.
De forma sencilla y resumida, Lair Ribeiro al referirse a los atributos de la persona autoestimada nos
dice que ésta es “ambiciosa sin ser codiciosa, poderosa sin ser opresora, autoafirmativa sin ser
agresiva, e inteligente sin ser pedante”.
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ALGUNOS COMPORTAMIENTOS DE ALTA AUTOESTIMA.
Algunos comportamientos que revelan Autoestima, sin que deban ser tomados como algo absoluto,
son los siguientes:
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Me odio, no me soporto Mi familia no me gusta
Me las van a pagar Seguro que voy a enfermarme
No merezco que nadie me ame No quiero vivir
AUTOESTIMA Y RELACIONES.
En la vida social, todo lo que logramos tiene que ver con personas. Vivimos en un permanente
estado de interdependencia en el cual todos nos necesitamos mutuamente, y lo que uno hace afecta
a los demás de distintas maneras.
En virtud de que no es posible vivir y realizarse sino a través de la relación social, es fácil intuir que
necesitamos aprender a relacionarnos para obtener y brindar más y mejores beneficios para todos.
Ese es el destino del “animal político”, del que habla Platón al referirse al hombre.
Sin embargo, no todo es tan sencillo, ya que cada quien se relaciona con los demás desde su nivel
de conciencia, desde su equilibrio o su desorden interior, desde su manera particular de
experimentar la vida e interpretarla; desde lo que aprendió y reforzó con el tiempo; es decir desde su
Desvalorización o desde su Autoestima.
Cuando estamos centrados, satisfechos con lo que somos y confiados de nuestra capacidad para
lograr objetivos, la manera como nos relacionamos con las personas suele ser transparente y
honesta; nos acercamos a ellos para compartir y los valoramos por el simple hecho de ser humanos,
de haber nacido. Esto es lo que se conoce como “relación primaria”, vínculos que se basan en
compartir lo que somos.
Por el contrario, cuando nuestros Mapas, los aprendizajes que traemos archivados en la memoria,
nos dicen que no somos capaces, cuando nuestra Autoestima está debilitada, tendemos a
establecer vínculos desde el interés material, desde utilitarismo. Es entonces cuando deja de
importarnos la persona y pasamos a prestar atención al beneficio que nos pueda deparar. Pasamos
a preguntarnos lo que nos aporta, lo que podemos obtener de ellas. Este es el tipo de relación que
se conoce como “relación secundaria”.
TIMIDEZ.
Es una estrategia de vinculación basada en el miedo, asumida por las personas cuando intentan
evitar ser desaprobadas y proteger la imagen que tienen de si mismas (autoimagen). La Timidez
puede ser muy nociva cuando:
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Genera ansiedad, depresión, adicciones.
Impide la defensa de nuestros derechos legítimos.
La persona que actúa con timidez, desarrolla una serie de mecanismos de defensa que lo protejan
de los encuentros e interacciones que cree que serán tensos. Esos mecanismos los podemos
englobar bajo la denominación de “Zona de Seguridad”: un espacio de protección física y psicológica
que nos sirve para evitar que se nos conozca a fondo. Todo esto es una respuesta a un miedo
irracional y aprendido. No somos tímidos, aprendemos a actuar tímidamente.
AGRESIVIDAD.
Es una forma inadecuada de canalizar la frustración, que facilita el desbordamiento emocional con
consecuentes daños en las relaciones. Generalmente surge como una reacción defensiva al miedo
y/o culpa que la persona siente pero se niega a reconocer. Se relaciona con la imposición, la
intolerancia, el autoritarismo y el abuso.
ASERTIVIDAD.
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Me sentiría mejor contigo, si...
Algo que sucede y que me está afectando, es...
No me siento bien, cuando...
Cuando haces... yo me siento... por favor no lo hagas de nuevo....
Vale decir que las razones por las que no somos asertivos, y optamos por relacionarnos a través de
formas autosaboteadoras, son:
LA RELACIÓN FAMILIAR.
La primera relación trascendente en la vida del individuo es la relación familiar, ya que la familia es el
inicial y más importante contexto que permite al ser humano desarrollar su Autoestima. La familia es
el espejo en el que nos miramos para saber quienes somos, mientras vamos construyendo nuestro
propio espejo; el eco que nos dice cómo actuar con los demás para evitar que nos lastimen.
Dependiendo de cómo sea la familia, así será la persona, la cual resultará modelada por las reglas,
los roles, forma de comunicación, valores, costumbres, objetivos y estrategias de vinculación con el
resto del mundo que impere a su alrededor.
LA FAMILIA AUTOESTIMADA.
En las familias que se forman y desarrollan con una Autoestima sana, la forma de funcionamiento de
sus miembros tiene características particulares. En este contexto grupal, las reglas están claras, sus
miembros las adoptan como faro de mar para transitar con certeza por las aguas de la vida, aunque
se muestran dispuestos a revisarlas e incluso a modificarlas si acaso éstas llegan a quedar
desactualizadas y dejan de guiarlos a puerto seguro. No se siguen parámetros automáticamente,
sólo por el hecho de que los abuelos o los tíos así lo hayan hecho. Hay disposición a buscar lo que
conviene a las necesidades de todos los integrantes.
La comunicación es abierta, por lo que esta permitido expresar los sentimientos directamente, sin el
temor de parecer ridículos, cursis o de recibir una cruda represalia. La interacción se basa en el
amor más que en el poder, por lo que emociones como la rabia, la tristeza o el miedo, tienen cabida
y son respetadas siempre que se expresen adecuadamente con la intención de encontrar
soluciones, y no de manera irresponsable y anárquica, como simple catarsis. En la familia
Autoestimada quienes dirigen se afanan en comprender en vez de escapar por las puertas oscuras
de la critica, la queja estéril y la acusación ciega.
Desde esta óptica, los padres comprenden que sus hijos no se “portan mal” por ser malos, sino
porque algo los desequilibra y afecta temporalmente.
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Existen objetivos familiares que permiten que todos sus miembros crezcan sin que tengan que
renunciar a su vocación fundamental para complacer a padres u otros familiares. Cada quien debe
elegir, en algún momento, el sabor del agua que desea beber, lo cual es síntoma inicial de verdadera
madurez. Cuando los objetivos son comunicados adecuadamente, satisfacen las necesidades reales
del grupo y logran ser comprendidos, todos se sienten motivados para involucrarse sin traumas; se
benefician, aprenden y crecen a través del apoyo mutuo. La forma de proceder de la familia
Autoestimada es nutritiva porque se orienta a partir del deseo de ganar y no del miedo a perder.
LA FAMILIA DESVALORIZADA:
Las familias que carecen de Autoestima se caracterizan por la ausencia de reglas, las cuales cuando
existen son difusas, contradictorias o basadas en la tradición y en estereotipos que nada tienen que
ver con las verdaderas necesidades del grupo. Hacen lo que se ha hecho siempre, lo aceptado, lo
tradicional, sin considerar su verdadera utilidad y adecuación. Hay obligaciones para todos y por
todas partes, aunque nadie sepa en qué se basan, quién las establece y con qué criterio. Creer en
Dios, ser Comunista, ponerse la pijama antes de dormir, no caminar descalzo o ser vegetarianos,
pueden ser mandatos arbitrarios, caprichosos u hormonales, cuando nadie explica las razones, el
porqué debemos hacerlo.
Impera la anarquía porque no existen roles definidos y cada quien actúa dependiendo de cómo se
siente. Lo que uno arma el otro lo desarma; uno hace, el otro interfiere. Los hermanos mayores
juegan a ser papas de los menores: les pegan, los castigan y resienten la responsabilidad que
padres insensatos les han endilgado; las madres actúan como niñas y obligan a sus hijos a velar por
ellas; los padres son duros hoy y blandos mañana. Nadie sabe que calle tomar.
La comunicación es caótica y las relaciones de sus miembros se establecen desde el poder, lo cual
origina vínculos perversos en los que cada uno presiona como puede para asegurarse atención y
estímulos. Crean entre todos una red confusa e intrincada , en la que a pesar de la buena intención
terminan atrapados, dolidos y desanimados.
Los hijos trataran de evitar de hacer todo aquello que puede desagradar a sus padres o lo harán a
escondidas abrazando la mentira, a la que terminaran viendo como algo normal. Para cuando los
miembros de la familia desestimada puedan percatarse de lo que han estado haciendo, deberán
conformarse con sentirse culpables, quejarse, rumiar su pena e infligirse enfermedades
psicosomáticas.
Si aceptamos que los padres tienen una influencia dramática en los hijos, expresada durante la
crianza, debemos admitir que la Autoestima de los primeros, será el modelo a seguir de los
segundos. Podemos destacar algunos vicios de trato que los padres suelen tener con los hijos en la
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relación comunicacional cotidiana, así como las estrategias más afectivas para optimizar los
vínculos, he aquí algunas de las más nefastas, y unas cuantas alternativas favorables y efectivas.
Estrategias Inefectivas:
Dar ordenes
Amenazar
Moralizar
Negar percepciones
Distraer
Criticar y ofender
Ridiculizar
Comparar
Elogiar
Confundir
Estrategias Efectivas:
Aunque no existen recetas mágicas para la crianza, la actitud amorosa y consciente es la que
parece brindar los mejores resultados. Algunas alternativas que pueden funcionar mejor que las
fórmulas antes expuestas, son:
Sintonía
Honestidad
Responsabilizar
Delimitar
Negociar
Anticipar
Reforzar
En la adolescencia, las fricciones entre padres e hijos suelen acentuarse durante esta etapa, ya
que los jóvenes necesitan ser ellos mismos, sin perder el cariño y el apoyo de sus padres, quienes a
su vez temen que sus hijos sufran daños a causa de la inexperiencia. Además el miedo de muchos
adultos a perder el control que durante tantos años han mantenido, genere no pocos inconvenientes.
Aunque la influencia del medio ambiente, especialmente la de otros jóvenes, es poderosa y ejerce
peso sobre los adolescentes, podría decirse que la responsabilidad fundamental en la relación
recae sobre los padres, por ser ellos quienes tomaron la decisión de tener hijos, porque cuentan con
la mayor experiencia y porque tienen la posibilidad de predicar con el ejemplo. Cuando los hijos
llegan a la adolescencia, la Autoestima de los padres es puesta a prueba, ya que es entonces
cuando parecen perder el control y el sentido común. Entonces:
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Les invaden el espacio personal
Administran el tiempo y dinero de los hijos ignorando sus propias prioridades
Exageran y dramatizan situaciones sencillas y normales
Les condicionan el apoyo como chantaje
Deciden por ellos, imponiendo sus criterios
Los asustan haciéndoles creer que el mundo es peligroso y que nadie como ellos (sus
padres) podrán cuidarlos debidamente
Los espían descaradamente.
Comportamientos de este tipo revelan una gran carga de inconsciencia, desconfianza e inmadurez,
que pocos padres serían capaces de aceptar, por la absurda creencia de que eso les haría perder
respeto y autoridad frente a sus hijos.
LA RELACIÓN DE PAREJA.
Al igual que en cualquier contexto formado por personas, el funcionamiento de la pareja depende de
la Autoestima de sus miembros. La formación de pareja es una necesidad del ser humano en la
búsqueda de ensanchar su horizonte personal y de compartir lo que es, a través de distintas
maneras de expresión. En la relación de dos, se abre un mar de posibilidades de proximidad que
reduce la sensación de soledad y vacío a través de la búsqueda y encuentro de intimidad física y
psicológica.
La pareja Autoestimada:
La pareja Desvalorizada:
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Por su parte, la pareja desestimada funciona de manera diferente, con un nivel reducido de
consciencia de sus capacidades y necesidades, poca confianza de sus miembros, indignidad y
mínima valoración de si misma. Sus características resaltantes suelen ser:
AUTOESTIMA Y TRABAJO.
La Autoestima tiene una poderosa influencia en el logro de objetivos relacionados con la ocupación,
el oficio, la profesión. La relación que existe entre las variables Autoestima – trabajo es, desde todo
punto de vista, indisoluble.
Aceptando esto como cierto, podemos decir que la persona que trabaje desde su Autoestima, se
desempeña de una manera diferente a aquella que lo hace desde su Desvalorización. En el plano de
las creencias, el Desvalorizado suele estar anclado, envuelto en una serie de creencias negativas
con relación al trabajo.
El trabajador Desvalorizado:
Algunas de sus características más resaltantes, en relación con el marco laboral, son:
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Depende de otros, de sus decisiones y aprobación, lo cual le resta autonomía y le hace
sentirse indigno, culpable y manejable
No asume responsabilidades, evade el esfuerzo y responde con un típico: “eso no me toca
a mí” o un “yo no se nada de eso”
Establece relaciones conflictivas basadas en el interés y el utilitarismo
Carece de control sobre su trabajo; su estado más frecuente es la confusión y tiene mal
relación consigo mismo, con las máquinas, los procesos y las personas.
El trabajador Autoestimado:
CONCLUSIONES.
La Autoestima se forma desde la gestación, durante el período prenatal y en los años que
siguen el nacimiento del niño, quien aprenderá, de acuerdo con lo que perciba en su entorno, si
es apto para lograr objetivos y ser feliz, o si debe resignarse a ser común; uno más en una
sociedad en la que vivirá posiblemente resentido, ansioso y funcionando muy por debajo de su
verdadera capacidad. Los niveles de salud, éxito económico y calidad de relaciones, están
frecuentemente relacionadas con una Autoestima fuerte. El desequilibrio, el caos en estas áreas,
se puede vincular a una baja, débil o escasamente desarrollada autoestima.
La Autoestima es un recurso psicológico que permite que las personas se orienten hacia el
bienestar y no hacia la autodestrucción. Sin embargo de manera automática y poco consciente,
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acostumbramos desarrollar comportamientos que afectan y reducen de manera significativa
nuestra calidad de vida.
Envidiar, criticar, maltratar, celar, quejarse, negarse a aceptar las cosas como son, evitar los
cambios necesarios, trabajar compulsivamente, fumar o beber en exceso y actuar tímidamente o
con apatía, entre otras conductas frecuentes, revelan desamor por uno mismo, pérdida del
equilibrio de la mente y del cuerpo y, por consiguiente, la urgente necesidad de restablecer la
Autoestima, que es la pieza clave para todo tipo de relación en nuestras vidas: paternal,
amorosa, de trabajo o simplemente social.
REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS.
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