LAS CIENCIAS SOCIALES EN
DISCUSION
Con rigor científico
Nada mejor que leer a Mario Bunge para aprender que el pensamiento es una actividad
agonística, para conocer los alcances de lo que -a riesgo de acercar inadmisiblemente estos
dos nombres- Arlt llamó "prepotencia de trabajo". Nada mejor, en suma, que leer a este
filósofo argentino para comprender los límites del cientificismo extremo. En este sentido, el
libro Las ciencias sociales en discusión es "un Bunge" en estado puro.
Declarando un punto de vista "materialista, emergentista y sistémico", con un estilo de
razonamiento poco matizado y contundente, con alevosa y esquemática claridad, Bunge
discute a lo largo de más de quinientas páginas los límites, posibilidades y controversias que
hacen de las ciencias sociales un punto de fuga del discurso teórico y de la aplicación de sus
tecnologías materia de manipulación ideológica."Escatimemos azotes y mimaremos al que
carece de rigor", preconiza Bunge ya en las primeras páginas. Las críticas arrecian tanto para
marxistas como para weberianos, tanto para holistas como para individualistas. En cuanto a la
escuela histórico-cultural, desde Dilthey hasta la versión hermenéutica de Geertz -sostiene
Bunge-, su categoría central, la interpretación, "no resulta otra cosa que una corazonada, una
conjetura o una hipótesis no comprobada".
Bunge acepta que las ciencias sociales tienen un objeto de estudio específico, pero sostiene
que hay unidad lógica y metodológica en todas las ciencias. Incluso, la existencia de
disciplinas como la psicología social, la antropología, la lingüística, la geografía, la
demografía y la epidemiología, a las que puede darse el nombre de ciencias socionaturales,
"refuta la tesis idealista de que las ciencias sociales están separadas de las naturales".
Finalmente, el filósofo argentino se presenta como partidario de ampliar los horizontes de la
cuantificación tanto como sea posible y cree que "la escasez de experimentos es un grave
revés de las ciencias sociales actuales".
El libro dedica el primer capítulo a trazar un mapa general de las ciencias, a poner en claro
qué es el método científico y a justificar por qué las ciencias sociales caen dentro de su
jurisdicción. Los capítulos 2 a 6 tratan sobre las ciencias sociales básicas -incluyendo la
"culturología"-, mientras que los capítulos 7 al 10 se dedican a la sociotecnología. En el
capítulo final de conclusiones, Bunge dice que "los estudios sociales progresaron a grandes
pasos pero en líneas generales se encuentran todavía en una etapa protocientífica; por otra
parte, contienen bolsones de pseudociencia que rara vez se diagnostican y ponen al
descubierto como tales". Por último, hay en el libro algunos apéndices técnicos y una extensa
bibliografía donde se incluyen más de cincuenta trabajos (entre libros, artículos y reseñas)
del propio Bunge.
A lo largo de todo el libro el filósofo insiste en que la alternativa a posturas extremas como el
holismo y el individualismo es el sistemismo. "Si reunimos los rasgos positivos del biologismo,
el psicologismo y el sociologismo y descartamos sus componentes negativos, llegamos al
modelo sistémico, que ve al ser humano como un animal extremadamente evolucionado que
es integrante de sistemas biológicos, económicos, políticos y culturales parcialmente
superpuestos."
Así, la aplicación de una visión sistémica consiste, para el autor, en el rescate de la "pizca de
verdad" de cada postura. Sin embargo, es un problema clásico de la epistemología la
posibilidad de integrar (no de yuxtaponer), en un único marco conceptual consistente,
parcelas de conocimiento tomadas de diferentes teorías, cada una con sus propias entidades,
con sus propios lenguajes y redes conceptuales. Conocedor en profundidad de este problema,
Bunge, sin embargo, lo pasa por alto.
Las ciencias sociales en discusión resume una perspectiva analítica exhaustiva y ardua de la
heterogénea topografía disciplinaria de las ciencias sociales. La estructura del libro y el orden
que impone -junto con la caracterización de las numerosas teorías, posturas y escuelas, así
como la de sus debilidades- es tal vez su mayor virtud. Sin embargo, las soluciones o
alternativas que se esbozan aparecen sospechosamente simplistas a la luz de décadas de
discusión y polémica que el autor quiere hacer desaparecer bajo la acusación de
irracionalismo o mera falta de rigor.