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Despertar A Durmiente

El documento habla sobre el estado de estar dormido como una metáfora para referirse a cuando las personas no están conscientes de la realidad y viven engañadas por procesos internos. Se menciona que despertar a alguien no se refiere solo a despertarlo físicamente, sino a ayudarlo a salir de su estado de ensoñación y neurosis para que pueda enfrentar la realidad de una manera objetiva. También se discute lo difícil que es despertar a otros y lo que se requiere para lograrlo, como contar con

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Despertar A Durmiente

El documento habla sobre el estado de estar dormido como una metáfora para referirse a cuando las personas no están conscientes de la realidad y viven engañadas por procesos internos. Se menciona que despertar a alguien no se refiere solo a despertarlo físicamente, sino a ayudarlo a salir de su estado de ensoñación y neurosis para que pueda enfrentar la realidad de una manera objetiva. También se discute lo difícil que es despertar a otros y lo que se requiere para lograrlo, como contar con

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Despertar al durmiente.

Es una recomendación, una invocación que encontramos una y otra vez en los textos
escritos. ", "¡Despertad, durmientes, que la aurora arrojó ya la piedra al piélago nocturno¡"
así comenzaba una edición castellana de los Rubaiat de Omar Khayam." Despertando al que
duerme" es el título de una obra reciente de Bloomberg, un psicoanalista de la última
hornada cuyos pensamientos me van a acompañar en esta reflexión.
Cuando se dice de esta manera "despertar al durmiente", no nos referimos al simple hecho
de sacudir a quien duerme para que abra se espabile. Eso no aparecería destacado en los
Evangelios, en la obra de los psicólogos y en la de los poetas. Es, claro, otra cosa, que
señala metafóricamente a cierto estado que es comparado con el soñar.

En el transcurso de un episodio de sueños no es raro que nos ineremos a lo que está


sucediendo a nuestro alrededor con total normalidad hasta que, llegado un momento, nos
percatamos de que eso es a su vez otro sueño, que seguimos dormidos, estamos soñando. Si,
cuando decimos que hay que despertar a quien sueña, pensásemos únicamente en sacudirle
y espabilarle, ¿qué tendría eso de especial? Pero si distinguimos entre un despertar en el que
uno sigue en medio de un sueño y un despertar en el que uno de una vez se arranca su
sueño, ahí sí que podría tener sentido la insistencia y la persistencia de esa imagen de
alguien que necesita despertar o ser despertado.

Entonces, podemos ponernos de acuerdo en que quienes han utilizado esa frase lo han hecho
pensando en que abrir los ojos incorporarse no es el último grado de despertar que puede
caber a un hombre, y que estar dormido no significa solo yacer en los brazos de Morfeo.
Tiene que haber otro estado al que se le llama igualmente "estar dormido".
Ese estado es uno en el que procesos internos desvelan la percepción directa de la realidad
en la que vivimos. Bien podemos identificar, para los fines de este libro, ese sueño con la
neurosis.

Lichtenberg: Los sueños nos conducen a menudo a situaciones


y acontecimientos en los que, en estado de vigilia, no nos hubiéramos podido involucrar con
facilidad, o bien nos hacen sentir inconvenientes que, tal vez, hubiéramos despreciado por
su pequeñez, al contemplarlos en la lejanía, aunque, precisamente por esto, nos hubiéramos
visto implicados en ellos con el tiempo. De ahí que un sueño cambie con frecuencia nuestra
decisión y afiance nuestro fundamento moral mejor que todas las doctrinas que llegan al
corazón dando un rodeo.
Los sueños pueden servir para representar el resultado natural de todo nuestro ser, sin la
compulsión de una reflexión con frecuencia artificial. Este pensamiento merece ser tomado
en consideración.

Lo que nos corresponde ahora es definir qué es neurosis. A este fin tenemos una ventaja:
la palabra neurosis está prácticamente descartada de la moderna psicología. Ha sido
sustituida por la descripción pormenorizada de síntomas preconizada desde los de DSM, así
que tenemos el campo prácticamente virgen para poder decir lo que se nos ocurra. Llamó
neurosis a lo que Karen Horney llamaban nerviosidad, un predominio de la inquietud
generada desde dentro por el propio individuo que no se corresponde con sus necesidades
reales.

Cita: “La neurosis es un estado psicológico de intensa conflictividad interior. La


persona neurótica tiene un deficiente control de su vida: la intelectiva, la afectiva y la de
sus pulsiones e instintos. La ansiedad domina su existencia. No llega a satisfacer sus
necesidades, a menudo reprimidas por su propia presión ante sí y el entorno que le rodea.
El neurótico no tiene una imagen objetiva de sí mismo, con lo que tanto se autoensalza
como se denigra. Es un sujeto ilusorio. Vive esclavizado por un ideal del Yo hipertrofiado,
agobiado por sentimientos de inferioridad y tendencia a vivir en la culpa y el autocastigo.
La persona con neurosis acostumbra a repetir las mismas pautas de conducta, sin apenas
variarlas. Evita perturbar su precario equilibrio empleando abusivamente maniobras
antiangustia, como represión, fantasía, sublimación, racionalización, proyección, regresión,
es decir, lo que se denominan "mecanismos para defenfderse"
Respecto a su vida social, los neuróticos son personas inseguras que se sitúan en posiciones
defensivas. Su conflictividad interna les impide tener relaciones interpersonales fluidas y
naturales.

Gurdjieff
“No hay nada nuevo en la idea del sueño.

Casi desde la creación del mundo, se ha dicho a los hombres que estaban dormidos y que
debían despertar. Cuántas veces leemos, por ejemplo, en el Evangelio “Despertaos”,
“velad”, “no os durmais”. Las vírgenes necias dormían, Incluso los discípulos de Cristo
dormían en el huerto de Getsemaní, mientras su Maestro oraba por úlima vez.

Con esto queda dicho todo. Pero, ¿lo comprenden los hombres? Lo toman por una figura
retórica, por una metáfora. No ven en absoluto que hay que tomarlo al pié de la letra.

Y aun en esto es fácil comprender la razón. Tendrían que despertar un poco, o al menos,
intentarlo.

Hablo en serio cuando digo que a menudo me han pregunado porqué los Evangelios no
hablan jamás del sueño... Y éste se cita en todas sus páginas. Lo cual demuestra
sencillamente que la gente lee el Evangelio durmiendo”:

«Para comprender la diferencia entre los estados de conciencia, es preciso que


volvamos al primero, que es el sueño. Es éste un estado de conciencia totalmente
subjetivo. El hombre queda sumido en sus sueños, y poco importa que conserve o no
su recuerdo. Aun en el caso de que algunas impresiones reales lleguen hasta el
durmiente, tales como sonidos, voces, calor, frío y sensaciones de su propio cuerpo,
sólo provocan en él imágenes fantásticas. Después el hombre se despierta. A primera
vista, es un estado de conciencia completamente distinto. Puede moverse, hablar con
otras personas, hacer proyectos, ver los peligros, evitarlos, y así sucesivamente.
Parece razonable pensar que se encuentra en una situación mejor que cuando estaba
dormido.
Pero, si calamos un poco más hondo, si arrojamos una mirada a su mundo interior, a
sus pensamientos, a las causas de sus acciones, comprenderemos que se halla casi en
el mismo estado de cuando dormía. Incluso peor, porque, durante el sueño,
permanece pasivo, lo que equivale a decir que no puede hacer nada. Por el contrario,
en el estado de vigilia puede actuar continuamente, y el resultado de sus acciones
repercutirá sobre él y sobre los que le rodean. Sin embargo, no se acuerda de sí
mismo. Es una máquina, todo le viene de fuera. No puede detener la corriente de sus
ideas, no puede dominar su imaginación, sus emociones, su atención. Vive en el
mundo subjetivo del "yo amo", "yo no amo", "esto me gusta", "esto me disgusta",
"deseo" "no deseo", es decir, en un mundo hecho de lo que cree amar o no amar,
desear o no desear. No ve el mundo real. Se lo oculta el muro de su imaginación.
Vive en el sueño. Duerme. Y lo que llama su "conciencia lúcida" no es más que
sueño... y un sueño mucho más peligroso que el de la noche, en su lecho.

 
“Parábolas como la de las diez doncellas nos despiertan del sueño. Las diez doncellas
adormiladas son una buena imagen de nuestra propia vida. Se nos ha olvidado quizá que
esto es la noche, que esto es la espera, que esto es camino. Nos resulta extraño oír que ésta
no es nuestra patria, que ésta no es la vida, que las cosas no son buenas por ser agradables,
que nuestra tarea aquí no es disfrutar.

«En términos generales, ¿qué hace falta para despertar a un hombre dormido? Se precisa
una buena impresión. Pero, cuando el sueño es profundo, una sola impresión no es bastante.
Se requiere un largo período de impresiones incesantes. Por consiguiente, se necesita
alguien que las produzca. Ya he dicho que el hombre deseoso de despertar debe contratar a
un ayudante que se encargue de sacudirle durante largo tiempo. Pero, ¿a quién puede
contratar, si todo el mundo duerme? Toma a alguien para que le despierte, y éste a su vez se
queda dormido. ¿Cuál puede ser su utilidad? En cuanto al hombre capaz de mantenerse
realmente despierto, probablemente se negará a perder su tiempo despertando a los otros:
puede tener otros trabajos mucho más importantes para él.
«También existe la posibilidad de despertarse por medios mecánicos. Se puede
emplear un despertador.
Lo malo es que uno se acostumbra pronto a los despertadores, de varios sonidos. El
hombre debe rodearse materialmente de despertadores que le impidan dormir. Y
todavía en esto existen dificultades. El despertador debe ser montado; para ello es
indispensable acordarse de él; para acordarse de él, es preciso despertar. Pero he aquí
lo peor: el hombre se acostumbra a todos los despertadores, y, al cabo de algún
tiempo, aún duerme con ellos. Por consiguiente, hay que cambiar continuamente los
despertadores, inventar otros nuevos. Con el tiempo, esto puede ayudar al hombre a
despertar. Ahora bien, existen muy pocas probabilidades de que realice todo este
trabajo de inventar, de montar y de cambiar todos los despertadores por sí mismo, sin
ayuda exterior. Es mucho más probable que, comenzado su trabajo, no tarde en
dormirse, y que, en su sueño, sueñe que inventa despertadores, que los monta y que
los cambia... y, como ya he dicho, con ello dormirá aún mejor.
»Luego, para despertar, se requiere todo un conjunto de esfuerzos. Es indispensable
que haya alguien que despierte al durmiente; es indispensable que haya alguien que
vigile al encargado de despertarle; tiene que haber despertadores, y hay que inventar
constantemente otros nuevos.
»Pero, para llevar a buen término esta empresa y obtener resultados de ella, varias
personas deben trabajar juntas.
»Un hombre solo, nada puede hacer.
Vamos a trabajar desde la Gestalt con sueños.
Los sueños son un material estupendo para trabajar en estas. Son sugerentes, son
emocionantes, y mantenemos con ellos una relación apasionada. Forman parte de nosotros
tanto como nuestros movimientos y nuestras relaciones, pero tienen un plus de
espontaneidad que a menudo buscamos en vano en nuestro comportamiento vigil.

Si estamos trabajando en psicoterapia es porque detectamos en nuestro comportamiento


errores que nos llevan a resultados que nos son insatisfactorios. Percibimos con claridad
nuestro sufrimiento pero no tenemos claridad en entender qué es lo que nos lleva a sentir
insatisfacción cuando en principio estamos actuando con plena libertad. Entonces
recurrimos a alguien para que, desde fuera, pueda mirarnos y ayudarnos a comprender en
qué nos pasamos y en que nos quedamos cortos.
Sucede entonces que desde el observatorio de quien escucha, es relativamente fácil poder
desvelar los comportamientos neuróticos del consultante que este es incapaz de advertir en
sí mismo, pero es del todo imposible sentir lo que siente el otro.. La terea de establecer un
puente de comunicación real entre estos dos sujetos, uno que no se conoce y otro que habita
en otra realidad psicológica lo es todo en terapia, y es tan sencilla como hacer que se
entiendan un ciego y un sordo...

La finalidad del trabajo de los sueños no es tanto comprender qué son los sueños sino
comprendernos a nosotros mismos, y comprendernos de manera activa, de tal modo que lo
que vayamos comprendiendo nos permita intervenir en nuestros quehaceres. Si nos
quedamos únicamente en un intento de descifrar qué son los sueños, habremos dado vueltas
a lo mismo de siempre aunque sea desde un punto de vista nuevo.

¿Qué es dar vueltas a lo mismo? K Horney, Nuestros conflictos...(ciopiar aquí).

Los sueños se distinguen por una manera de decir cuya libertad no sorprende. En sueños
actuamos impulsivamente y emprendemos acciones que ordinariamente nos prohibimos.

Trabajar los sueños nos va a abocar a identificar el sueño en el que estamos inmersos día a
día, y a darnos la ocasión de hacer nuestras guiones vitales más flexibles, más acordes con
nuestras necesidades auténticas
En estos tiempos es muy común que la gente nos pregunte acerca de los sueños lúcidos.
Es, por supuesto, un tema interesante. Yo prefiero no obstante hace hincapié en las vigilias
lúcidas, en perseguir la lucidez en el instante de nuestro día a día. En ocasiones imaginamos
cosas: por ejemplo, que poder intervenir en la dirección que toman nuestros sueños mientras
estamos soñando debe de ser algo así como el colmo del control, del poder; y que si
logramos tal hazaña en el mundo del soñar, eso nos hará poderosos en nuestro vivir día a
día. Entonces, me digo que si pongo el mismo empeño que pienso poner en el intento de
lograr sueños lúcidos en actuar despierto la liberación de mi parte más suprimida, en poder
decidir en cada momento cuál es la dirección que voy a emprender, seguramente habré
hecho un buen trabajo, buena psicoterapia.
Trabajar con sueños nos introduce inmediatamente en una dimensión en la que lo compacto
de nuestras creencias, nuestros y proyectos, se ve ablandada por la irrupción de materiales
que aparentemente están fuera del alcance de nuestro consciente. Vamos a aprovechar esta
cualidad para darnos la ocasión de explorar nuestras capacidades allende nuestros límites
ordinarios.

¿En qué podemos decir que estamos dormidos en nuestro día a día? Pues en que no
atinamos a ver las motivaciones concretas que nos guían en nuestras respuestas. La mayoría
de nuestras respuestas son de orden mecánico. Quienes tememos a los perros, nos armamos
en cuanto vemos un perro delante de nosotros; quienes tomamos a los otros como
potenciales clientes de nuestras capacidades de seducción, salivamos en cuanto vemos que
alguien nuevo se dirige a nosotros, y disponemos nuestra sonrisa, nuestro tono de voz,
nuestro lenguaje corporal para platicar con ellos de la misma manera que venimos
practicando con cada desconocido desde el principio de los tiempos.

No advertimos ya otra reacción emocional de nosotros que aquella que ha quedado


vencedora en la competencia entre todas las emociones. Unos vemos a la gente como
rivales; otros como amenazas, o como candidatas a ser madres nuestras, o como bloques
inertes ante quienes anulamos cualquier respuesta emocional. Así es la neurosis, entendida
al modo del Gestalt.

A los diferentes mecanismos que utilizamos para insensibilizarnos con respecto a nuestras
respuestas reales, la psicología los ha ido nombrando como mecanismos de defensa, como
evitaciones, como compulsiones… Al conjunto de todos ellos podemos llamarlos
autosugestión. Son procedimientos que hemos ido adaptando a lo largo de nuestra vida con
una finalidad común: evitar el displacer.

Las vivencias que, en uno u otro momento, nos produjeron angustia, quedan marcadas en
nosotros -como veremos más tarde, esa marca llega a ser neurológicamente detectable-
como zonas peligrosas, y en lo sucesivo evitaremos atravesarlas. El qué es potencialmente
angustiante para cada persona varía mucho, aunque en sus primeros estadios coincidan en
ser mecanismos muy simples. Vemos entre nosotros a personas que huyen del éxito tanto
como a personas que huyen del fracaso, y a personas que huyen de la soledad tanto como
otras huyen de cualquier forma de relación. Los unos escapamos como alma que lleva el
diablo de la debilidad y los otros de la sensación de ser fuertes y capaces. Lo que nos une a
todos es que esas respuestas se estabilizan en nosotros, se fosilizan y se utilizan como
primera opción sea lo que sea lo que pase fuera.

A esta situación se llega a través de un despojamiento, de una restricción. Renunciamos


activamente a capacidades nuestras para a costa de ellas poder agrandar otras que sentimos
más exitosas, mejores defensoras de nuestra posición vital. Procuramos ignorar nuestra
agresividad, nuestra sexualidad, nuestra sensibilidad, nuestro juicio crítico, nuestros
impulsos instintivos, nuestro coraje. Y desde luego, cuando lo hemos conseguido, nos
encontramos con que echamos en falta algo, y que ya ni lo sabemos reconocer. Nos
movemos por la vida por ejemplo impidiéndonos decir que no a las peticiones de otros.

Alcanzamos verdadera maestría en leer qué características nuestras pueden conducirnos a


los lugares que más tenemos. Pero a veces nos resulta de vital importancia poner en
marcha algunos de esos recursos que hemos amputado en nosotros. Necesitamos decir "no",
necesitamos seguir impulsos del momento pero ignoramos la llamada desesperada que
desde nosotros mismos nos hacemos y procuramos resolver la situación aplicando los
procedimientos que siempre hemos utilizado. El resultado es, desde luego, penoso.

El material que proporcionan nuestros sueños es tan aparentemente caótico que recoge en
sus relatos tanto los impulsos mecánicos que aplicamos incesantemente como aquellos que
nos tenemos prohibidos. Es por esto que los sueños son potencialmente tan útiles. Los
sueños nos muestran diciendo que no, comportándonos indebidamente, emprendiendo
aventuras, y lo hacen además investidos de una intensidad emocional sin frenos. A menudo
nos despertamos asombrados -y a veces espantados- porque en el sueño se nos ha visto
acometer conflictos de formas agresivas, negándonos a lo que se nos pide, bombardeando
poblaciones, escapando sin vergüenza más allá de esa culpa que nos lastra en la vida.

Fritz Perls investigó una línea de abordaje que consistía en pedir al soñador que se
hiciesepresente en el episodio que estaba recordando, y acto seguido que se hiciese
responsable de lo que estaba pasaba en su sueño. Con ello no buscaba una identificación
incondicional entre el uno y lo otro, entre el soñador y el guión concreto que este recuerda.
No pretendía que uno se sintiese un asesino por el hecho de haber soñado que con su
ametralladora acababa con 100.000 campesinos. Si que buscaba que la experiencia de
enfrentarse a esos enemigos diese al soñador el sabor de lo que es realmente en si mismo su
capacidad de defensa y de agresión.
Para desarraigar de nosotros mismos estas capacidades de defensa y agresión hemos tenido
que insertar en nosotros determinados mecanismos de censura, como normas morales y
prohibiciones rituales. Y para que esas normas tengan un valor real, para que se conviertan
en censuras efectivas capaces de impedir a muchos impulsos orgánicos que se manifiesten,
esas normas han de ir revestidas de una cubierta tóxica, de una capa de amenazas lo
suficientemente fuerte. Muchos de nosotros crecimos por ejemplo con un implante que se
llamaba "ir al infierno eternamente". Éste implante, quehoy a otros puediera parecerles
algo pueril, hecho en debidas condiciones, a la edad de vida, por personas con la autoridad
debida, truncó, en aras de una obediencia y una docilidad ciegas, la capacidad de rebeldía e
incluso la capacidad de iniciativa de muchas millones de personas durante millones de
vidas. Tan lejos llegan estos implantes que lel sentir culpa por el solo hecho de permitirse
considerar la posibilidad de poner en práctica alguna de estas capacidades se extiende
incluso a la producción de los sueños. A menudo, nos llegan a la consulta personas
abrumadas por la sensación de vergüenza y por la sospecha de que su salud mental y moral
ha de estar enferma por haberse visto, por ejemplo, manteniendo relaciones sexuales con
alguien marcado como "indebido".
Karen Horney señaló pacientemente este hecho en sus escritos y contó que muchas horas de
terapia las había pasado ayudando a gente a desculpabilizarse de sus sueños antes de poder
pasar a cualquier otro tipo de elaboración provechosa. "Los pacientes temen ser culpables de
sus sueños. No hay responsabilidad moral, por supuesto, y no deberían suscitar ningún
reproche por nuestra parte. Tenemos que decir al paciente lo necesario para que pueda
asumir que "Solo yo soy responsable de mi sueño. Es mi sueño. He de reconocer lo que está
en mi y lo que no está en mi.. De este modo además de evitar culpas inadecuadas se
mostrará a sí mismo interesado por sus sueño”

Por eso repito que Perls nunca pretendió que el soñador se identificase unívocamente,
incondicionalmente, con el relato de sus sueños. Aprovecho la tramoya teatral que supo ver
en los relatos de los pacientes para ayudarles inicialmente a contactar con zonas de si que
éstos mantenían cerradas con siete llaves.

La mirada de Perls supo percibir que debajo de cada sueño se desarrollaba un drama; una
trama entre antagonistas. Los sueños son relatos que,a pesar de su incongruencia aparente,
tienen lo que tienen todos los relatos: su argumento discurre por caminos dibujados por
fuerzas que se ponen en juego. Así, en un sueño puede haber destrucción y aparentemente
sólo destrucción, pero a su través pueden verse facciones opuestas, la una oficiando de
víctima, la otra de vergdugo, y ver de donde brota el desacuerdo que les enfrenta. Pero si el
sueño mostrase, digamos, un terremoto, ¿donde estarían las furzas? Pues la una sería
humana, la de las víctimas, y la otra estaría vestida de fuerza ciega universal, y podríamos
acceder a cómo se enfrentan ambas en el corazón del soñante. Y aunque no viésemos dos
antagonistas, siempre estará cuando menos la figura del observador, a quien esa destrucción
impacta de una manera muy específica: hay destrucciones ante las que el observador
permanente impávido, y otras antes las que se horroriza, o con las que se hace cómplice.

Es esta dinámica entre ambas partes la que importa poner de relieve a la hora de trabajar los
sueños. Los símbolos, los objetos, los personajes de sueño están ahí sirviendo a este
conflicto central. Y, poco importa que la batalla sea entre un barquero y el río o entre dos
familias enfrentadas o entre un elefante y el triciclo de un niño si el caso fuese que el
soñador está proyectando ante los ojos internos de su soñar su vivencia de empujar contra
corriente.

Ese contacto entre dos fuerzas antagónicas es en sí mismo el sentido de cada sueño en la
manera gestáltica de trabajarlos. El simbolismo de cada objeto, tratado como una clave que
permite acceder a otra cosa, tal y como si una paloma siempre significase la paz o una
serpiente siempre significase un falo, es una herramienta que la Gestalt no utiliza. No es que
la niegue, no es que discuta con ella a fin de demostrar su falsedad. Es perfectamente
legítimo echar mano del valor simbólico contenido en el relato del sueño, máxime cuando
muchos de los simbolismos los compartimos actualmente todos los miembros de un estrato
cultural. Pero no se procura una aclaración del sueño a través del agregado de los diversos
significados de cada una de las cosas que allí aparecen. Se presta atención al fondo
dinámico del relato, y para hacerlo presente, para hacerlo perceptible, sea anima al soñador
a convertirse en elementos del sueño y ponerlos en relación entre sí a través de diálogos
teatralizados. "De pronto estaba escuchando cómo alguien, identificado con una gasolinera,
hablaba consigo mismo, ahora identificado con una heladería" cuenta alguno de los
asistentes a aquellos talleres en Esalen.
Lo esencial, lo irrenunciable en esta forma de trabajo reside en que la persona vuelva a vivir
el sueño desde el momento presente. Acerca de un sueño se puede hablar indefinidamente,
como acerca de cualquier otra cosa, sin que haya el más mínimo movimiento significativo
en la percepción del soñador de su propia realidad. Todo el trabajo se orienta a ayudarle a
sumergirse en aquella evidencia, y aquí no caben excepciones. Lo mismo da que el sueño se
tuviese en la infancia, que se recuerden apenas unos fragmentos o que la historia que cuenta
parezca una acumulación de sinsentidos. Hay trabajo Gestalt si la persona está dispuesta a
zambullirse en su experiencia. En caso contrario, lo mejor es dejar a un lado la ocasión e
intentar llevar el foco de atención a las resistencias del momento.
ALLAN WATTS: intuicion y razón.

" Existe en los humanos una brecha en forma de ansiedad producida por el hecho de tener
que elegir entre la intuición y la razón. Nnca hemos logrado desprendernos de la incómoda
sospecha de que nuestras razones tal vez no son lo suficientemente racionales, que quizá
hayamos cometido un error de cálculos que nos ha llevado a dejar de lado factores muy
importantes. A esto hay que añadir que existen ciertas situaciones especialmente complejas
en las que la intuición resulta más útil que la razón. ¿Donde conviene depositar nuestra
confianza? ¿En la inteligencia? ¿Cómo verificar en tal caso la veracidad de sus asertos?
¿Mediante la información? ¿Cómo saber, entonces, que disponemos de la información
adecuada?
¿Recurriendo acaso a la inspiración? ¿De qué manera podremos determinar si ésta
procede de Dios o del demonio? Y, lo que es todavía peor, una vez que se inicia el ciclo de
la duda ya no es posible volver atrás porque hemos perdido definitivamente la inocencia y
aparece un ángel blandiendo una espada flamigera que nos cierra el camino de regreso. A
partir de este momento lo único que podemos hacer es tratar de controlar y soportar la
ansiedad". Allan Watts.
[Link] fué alguien valioso, por lo que sé, en la cultura anglosajona de los ´30 a los
´50. Fué además estudiante de Gurdjieff. Este artículo lo conozco únicamente por Internet.
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¿Estamos despiertos? ¿Cómo nos podríamos probar a nosotros mismos, en un momento
cualquiera, que no estamos dormidos y soñando? Las circunstancias de la vida son a veces
tan fantásticas como las de los sueños, y cambian con la misma rapidez. ¿Qué pasaría si nos
despertáramos y encontrásemos que nuestra vida despiertos es un sueño, y que nuestro
dormir y soñar son sólo sueños dentro de ese sueño?

Hay una doctrina tradicional, generalmente asociada a la religión, pero que antes y ahora ha
sido tema recurrente en la literatura, que dice que nuestro estar despierto habitual no es
realmente estar despierto. No es el sueño nocturno, ciertamente, y tampoco es
sonambulismo o caminar dormido, pero es, según la tradición, una manera especial de
dormir comparable a un trance hipnótico en el cual, sin embargo, no hay hipnotismo sino
solamente sugestión o autosugestión. Primero nos dice que, desde el momento del
nacimiento y antes, estamos bajo la sugestión de que no estamos totalmente despiertos, y a
nivel universal es sugerido a nuestra consciencia que debemos soñar el sueño de este
mundo, tal como lo sueñan nuestros padres y amigos.

Los niños pequeños, es notorio, encuentran difícil distinguir a primera vista entre esta
fantasía, o sea sus sueños de día, y el sueño en el que viven sus padres y que ellos llaman
realidad. Más tarde, en la niñez, cuando la sugestión original ha sido incorporada, la
autosugestión nos mantiene en este estado más o menos continuamente. Nuestros amigos y
vecinos, y todos los objetos que percibimos, actúan como soporíficos y sugestiones de
sueño. Nunca más, como ocurrió en nuestra niñez, ponemos en duda lo que nuestros ojos
nos muestran como la realidad de este mundo. Estamos totalmente convencidos de que es no
sólo real, sino que no hay otra realidad. Soñamos sin poner en duda que estamos despiertos.

Es naturalmente difícil, por supuesto, convencernos de que estamos dormidos. Una persona
dormida, en la mitad de un sueño, no puede despertarse por sí misma. El sueño puede ser
tan desagradable que lo despierta naturalmente o se le debe remecer para que despierte. Muy
rara vez nos podemos despertar voluntariamente. Es aún más difícil hacerlo desde un sueño
hipnótico. Y si es difícil despertar a voluntad de estos estados de sueño leve, podemos
imaginar la dificultad de despertar voluntariamente del profundo dormir y soñar de nuestra
vigilia normal.

¿Pero, cómo convencernos a nosotros mismos de que realmente estamos en un sueño


cuando nos parece que estamos en verdad despiertos? Comparando los dos estados de
consciencia principales que conocemos y observando sus similitudes El sueño ocurre, es
decir, nunca lo iniciamos deliberadamente ni creamos sus figuras y eventos. En esto se
parece a la vida en vigilia, por cuanto no predeterminamos nuestras experiencias, ni creamos
o inventamos las personas ni los eventos con que nos encontramos día a día. Otro elemento
común de nuestro dormir y nuestra vigilia es la variabilidad de nuestra conducta: a veces
nos horrorizamos o nos sentimos complacidos recordando cómo nos comportamos en
determinado sueño. Es verdad que cualquiera que haya sido nuestra conducta, humillando o
halagando nuestro orgullo, no lo habríamos podido hacer de otra manera. Y nuestro disgusto
o satisfacción es solamente un resultado de la presunta revelación de nuestro ser
inconsciente. Exactamente como en un sueño nocturno, nuestra vida en vigilia siempre nos
toma por sorpresa, y nos comportamos constantemente como ni siquiera imaginamos que
podríamos hacerlo. Tampoco, mirando en retrospectiva, podemos realmente decir que lo
habríamos hecho mejor o peor en una situación pasada. Si se repitiera, no tendríamos duda
alguna de poder hacerlo mejor. Pero tomándola tal como fue, con nosotros tal como éramos
en ese momento, no habría sido diferente de lo experimentado en un sueño nocturno.
El examen serio de los paralelismos existentes entre los estados de sueño y vigilia revela
muchas más similitudes. Sólo se necesita mencionar una más: la manera en que nuestra
memoria recuerda los dos estados es muy semejante. Es cierto que de nuestro estado de
vigilia conservamos los recuerdos de manera más o menos continua, mientras que nuestra
vida de sueños es una serie de recuerdos discontinuos. Aparte de esta diferencia específica,
nuestra facultad de memoria parece comportarse de la misma manera en ambos tipos de
experiencia. Todos sabemos lo difícil que es evocar a voluntad un sueño de la noche
anterior, por vívido que haya sido y aunque todos sus detalles hayan estado en nuestra mente
al despertar. En un instante desaparece por completo, sin dejar rastros. La memoria de lo
vivido en nuestro estado de vigilia no es tan engañosa ni caprichosa en cuanto a sus
características principales, pero ¿es tan vivido hoy día un recuerdo de ayer? Vimos
claramente miles de objetos, probablemente incluso les prestamos atención. Escuchamos
conversaciones, hablamos, vimos hombres y cosas en las calles, leímos libros o periódicos,
escribimos cartas, comimos y bebimos, e hicimos o percibimos una cantidad, que nadie
puede enumerar, de objetos y actos. Esto ocurrió apenas ayer, fue el vívido sueño despierto
de ayer. ¿Cuántos de estos detalles permanecen en nuestra memoria hoy día? ¿Cuántos
podríamos recordar si nos esforzáramos? Tan completamente como los sueños nocturnos, la
masa de sueños despiertos cae en el olvido de nuestro inconsciente.

La verdad es que así como en los sueños nocturnos el primer síntoma del despertar es la
sospecha de que estamos soñando, el primer síntoma del despertar del estado de vigilia -el
segundo despertar de la religión- es la sospecha de que nuestro estado de vigilia presente es
como estar soñando. Darnos cuenta de que estamos dormidos es estar a punto de despertar,
y estar enterados de que estamos sólo parcialmente despiertos es la primera condición para
que logremos estar más plenamente despiertos.

A. R. [Link] y extractado por Italo Godoy de"Psychological Exercises &


Essays"Samuel Weiser Inc.
Fromm: Pag 178 "Despertar" como metáfora del "sueño consuetudinario"

"conocernos a nosotros mismos es algo que significa ser libres, despertar. Los hombres, en
lo que se refiere a los problemas de su existencia humana, son unos ignorantes. La mayoría
estamos semidormidos, cuando creemos estar despiertos. De hecho, solo estamos despiertos
cuando cumplimos las tareas necesarias para mantenernos con vida. Pero para la tarea de ser
nosotros mismos, la de sentirnos nosotros mismos, necesitamos una comprensión bien
distinta a la que tenemos en estado de semidormidos.

Para darse uno cuenta de este estado de no despiertos hace falta tiempo. Paradójicamente,
estamos más despiertos a nosotros mismos cuando dormimos que cuando estamos
despiertos. De noche, cuando el organismo se libra de la función de habérselas con las
cosas, somos enormemente conscientes de nosotros como sujetos. Pero tan pronto como
despertamos, empezamos a dormirnos. Entonces perdemos todo entendimiento real, toda
alerta a nuestras sensaciones, sentimientos y conocimientos; quedamos dormidos frente a
todo ello y así es como vivimos.

Horney Pag 311: Mensaje existencial.

Es posible trabajar con muchos sueños como si fuese que el Yo real le estuviese diciendo al
soñador: "mira como te desprecias, Mira qué te estás haciendo. Mira hasta que punto estás
dividido, cuales son los fantasmas que te persiguen, el camino tan equivocado que estás
siguiendo o el compromiso tan absurdo que estás tratando de asumir.

F. Perls 9.- Tomemos al sueño como un reflejo de nuestra existencia, no como el reflejo de
un incidente aislado, y comprobaremos que todo cambia. Siempre pensamos en los sueños
como algo nocturno; de los que no nos percatamos lo suficiente es que dedicamos la vida
entera a soñar –con la gloria, con ser útiles o bondadosos, o con cualquier otra cosa-. A
causa de la frustración, es un sueño que se convierte para muchos en una pesadilla.

La misión de todas las religiones profundas o de una buena terapia es el Gran


Despertar, el recobrar los sentidos propios, el despertar del sueño en que uno está;
sobre todo, el despertar de la pesadilla en que uno está. El hombre se trasciende a sí
mismo únicamente por la vía de su verdadera naturaleza, jamás por medio de la
ambición ni otras metas artificiales. La verdadera naturaleza del hombre (como la
verdadera naturaleza de cualquier animal), aquella a la que accede despertando, es la
integridad. Ünicamente en la espontaneidad y en la capacidad de deliberar integrada,
toma una decisión saludable; porque tanto la espontaneidad como la deliberación
están en la naturaleza del hombre.

En el estado despierto comenzamos a ver, a experimentar nuestras propias


necesidades, a encontrar satisfacción en lugar de representar roles que necesitan de
tantos objetos accesorios –casas, teléfonos móviles, camisetas por docenas- .

Esta idea del despertar y llegar a ser real, con nuestra plena y real potencialidad, con
una vida rica, llena de experiencias profundas, alegría, rabia –de ser reales, y no
fantasmas soñados- he aquí el significado de la verdadera terapia... de la verdadera
maduración, del verdadero despertar... en vez de ese autoengaño y fantaseo
permanentes, persiguiendo metas imposibles –enfadarme sin ponerme nervioso,
tolerar todo sin sentir debilidad, salir airoso de cada ocasión...- compadeciéndonos de
nosotros mismos por no poder desempeñar el papel que queremos, “et ansi de suite”

Y ahora, trabajemos con un sueño.

ESTADOS DE IDENTIDAD Tart
ESTADOS DE IDENTIDAD:
.................
No somos uno, sino muchos. El “Yo” puede ser una persona distinta de un
momento a otro. Un estado de identidad es un proceso dinámico. Las
particularidades de sus rasgos están cambiando constantemente aun cuando el patrón global
permanece reconocible. El patrón de un estado de identidad es relativamente estable hasta
que tenga lugar algún evento o eventos, ya sean externos o internos, que constituyan un
estímulo importante para otro estado de identidad.

La gama habitual de estados de identidad dentro de la cual funcionamos, lo que de ordinario


llamamos personalidad, fue llamada “falsa personalidad” por Gurdjieff, dado que los
estados de identidad eran objeto de una imposición del proceso de socialización antes que el
fruto de la elección de nuestra esencia o de nuestro estado de conciencia más elevado. El
grupo de estados de identidad habituales existe en principio dentro del patrón global que
llamamos conciencia ordinaria (trance consensual).

Los estados de identidad dan lugar a la existencia de varios “yo”. Cuando estamos
atrapados en un estado de identidad desconocemos que nos encontramos en un estado
particular que no representa todo nuestro self. Si uno supiese de inmediato, mientras
empieza a suceder, que cierto estado de identidad de características conocidas se está
activando, uno estaría en situación más ventajosa. Esto nos daría la capacidad de elegir un
estado de identidad y esto es uno de los aspectos de la iluminación que es la “capacidad de
para elegir un estado de conciencia (ya sea alterado u ordinario) más adecuado para la
situación en que uno se encuentra”.
El poseer selfs múltiples ocasiona dificultades y complicaciones, siendo esto
más obvio en los casos de personalidad múltiple.
El recuerdo del self es un sistema para el control de los estados de identidad basado en la
creación de un aspecto de la conciencia que no se identifique con los contenidos particulares
de nuestra conciencia en un momento determinado y que puede atender a la totalidad de
uno. Es un paso hacia el pleno despertar del trance consensual.
El funcionamiento combinado de tres rasgos principales determinan qué
identidad está activada en un momento determinado:
1. Factores situacionales. El primer factor es la situación física / social en
la que uno se encuentra. Nos “acomodamos a ella”, nos sentimos
“naturales” en la situación cuando estamos en el estado de identidad
apropiado.
2. Expectativas percibidas. El segundo factor es un conjunto de
expectativas comunitarias percibidas por las demás personas en la
situación particular.
3. Estructura de la personalidad. El tercer factor que controla la
inducción de los estados de identidad es la estructura interna de la
personalidad, incluyendo la naturaleza de los estados de identidad de
que uno dispone. No siempre el aprendizaje nos permite encontrar el
estado de identidad apropiado para cada situación que se pueda
encontrar en la vida y por lo tanto no siempre la respuesta será fácil y
automática. Desde el punto de vista de la libertad personal, la
imperfección del proceso de socialización es una bendición si
empleamos nuestro sufrimiento para examinar verdaderamente nuestra
situación.
Hay una razón por la cual la mayoría de nosotros no se ha socializado
plenamente: no hemos aprendido todos los estados de identidad que
podríamos llegar a necesitar. (Hemos enajenado estados de identidad AWAKENING) La
falta de un estado de identidad apropiado o la incapacidad de salir de un estado de identidad
inapropiado, puede suponer algo bastante más serio que el mero hecho de no ser capaz de
disfrutar de la vida. Los estados de identidad pueden matar.
Otra dificultad surge del hecho de que el proceso de socialización de la infancia

Para estar verdaderamente despierto en el sentido en que lo expresa


Gurdjieff (y Fromm) , para ser capaz de utilizar todas las capacidades y la inteligencia,
para evaluar con realidad la situación en que uno se encuentra y actuar de la manera más
acorde posible a la luz de los propios valores genuinos y únicos, es necesario no caer
atrapado en un estado de identidad y en particular en aquel que interfiera con la percepción
de la realidad. La vida no es apacible mientras la cultura no nos dé los estados de identidad
para adecuarnos a todas las situaciones.

La torpeza que entonces podemos sentir y el sufrimiento que la puede acompañar, (base del
ENACTMENT, Awakening) pueden ser, por otro lado, un estímulo clave y una
oportunidad para desarrollar un crecimiento personal que supere los estados de identidad.

Charles Tart
EL DESPERTAR DEL “SELF”
La multiplicidad

Ante todo, el hombre debe saber que él no es uno; él es muchos. No tiene un Yo permanente
e inmutable. Él
es siempre diferente. En un momento es uno, en el siguiente momento es otro, en el tercer
momento es un
tercero, y así sucesivamente, casi sin término.
La ilusión de unidad o unicidad se crea en el hombre, ante todo, por la sensación de un
cuerpo físico, luego
por su nombre
, que en casos normales siempre sigue siendo el mismo, y tercero, por cierto número de
hábitos
mecánicos que le son implantados por la educación o los adquiere por imitación. Al tener
siempre las mismas
sensaciones físicas, al oír siempre el mismo nombre, y al notar en sí mismo los mismos
hábitos e inclinaciones
que tenía antes, se cree ser siempre el mismo.
En realidad no hay unidad en el hombre y no hay un centro de control, ni un Yo permanente.
Este es el esquema general del hombre:

Cada pensamiento, cada sentimiento, cada sensación, cada deseo, cada gusto y cada
aversión es un “yo”.
Estos “yoes” no están conectados entre sí, ni coordinados en forma alguna. Cada uno
depende de los cambios
de las circunstancias exteriores, y de los cambios de las impresiones.
Algunos siguen mecánicamente a otro, y algunos aparecen siempre acompañados de otros.
Pero en esto no
hay ni orden ni sistema.
Hay ciertos grupos de “yoes” que están ligados naturalmente. Hablaremos de estos grupos
posteriormente.
Por ahora debemos tratar de comprender que hay grupos de “yoes” ligados tan solo por
asociaciones
accidentales, recuerdos accidentales, o semejanzas totalmente imaginarias.
En todo momento, cada uno de estos “yoes” sólo representa a una muy pequeña parte de
nuestro “cerebro”,
“mente”, o “inteligencia”; pero cada uno de ellos pretende representar
a la totalidad. Cuando el hombre dice
“yo”, cree que está expresando la totalidad de sí mismo, pero en realidad, aun cuando lo
pretenda, es sólo un
pensamiento pasajero, un deseo pasajero. Una hora después lo puede haber olvidado
completamente, y
expresar con la misma convicción una opinión, un punto de vista, o un interés opuesto. Lo
peor de todo es que
el hombre no lo recuerda. En la mayoría de los casos cree en el último yo que se expresó,
mientras éste dure:
esto es, hasta que otro “yo”, a veces totalmente desconectado del precedente, no exprese su
opinión o deseo
en un tono más fuerte que el primero.
.
   Cada idea, cada sentimiento, cada sensación, cada deseo, cada “yo amo” o “yo no amo” es
un “yo”. Esos yo no están ligados entre sí, no coordinados de modo alguno.
   Cada uno de ellos depende de los cambios de circunstancias exteriores y de los cambio de
impresiones.
   Tal yo sigue automáticamente a tal otro y algunos aparecen siempre acompañados de
otros. Pero no hay en ello ni orden ni sistema.
   Algunos grupos de yoes tienen entre sí lazos naturales. Hablaremos de esos grupos más
adelante. Por ahora debemos comprender que los lazos de cierto grupo de “yo” están
constituidos únicamente por asociaciones accidentales. recuerdos fortuitos o semejanzas
perfectamente imaginarias.
   Cada unos de esos yo representa, en un momento dado, más que una ínfima parte de
nuestra funciones ,  pero cada uno de ellos cree representar el todo. Cuando el hombre dice
yo, se tiene la impresión que habla de él en su totalidad, pero en realidad, hasta cuando cree
que es así, no es sinó un pensamiento pasajero, un humor o un deseo pasajero. Una hora
después puede haberlo olvidado completnamente, y expresar con la misma convicciòn
exactamente una opinión, un punto de vista o intereses opuestos.
Lo peor es que el hombre no recuerda tal cosa. En la mayoria de los casos da crédito al
último yo  que se ha expresado, mientras éste dure, mientras un yo sin precedente opine con
más fuerza.

amamos conciencia ordinaria (trance consensual). Los estados de identidad dan lugar a la
existencia de varios “yo”. Cuando estamos atrapados en un estado de identidad
desconocemos que nos encontramos en un estado particular que no representa todo nuestro
self. Si uno supiese de inmediato, mientras empieza a suceder, que cierto estado de
identidad de características conocidas se está activando, uno estaría en situación más
ventajosa. Esto nos daría la capacidad de elegir un estado de identidad y esto es uno de los
aspectos de la iluminación que es la “capacidad de para elegir un estado de conciencia (ya
sea alterado u ordinario) más adecuado para la situación en que uno se encuentra”. El poseer
selfs múltiples ocasiona dificultades y complicaciones, siendo esto
más obvio en los casos de personalidad múltiple. El recuerdo del self es un
sistema para el control de los estados de identidad basado en la creación de un aspecto de la
conciencia que no se identifique con los contenidos particulares de nuestra conciencia en un
momento determinado y que puede atender a la totalidad de uno. Es un paso hacia el pleno
despertar del trance consensual.
El funcionamiento combinado de tres rasgos principales determinan qué
identidad está activada en un momento determinado:
1. Factores situacionales. El primer factor es la situación física / social en
la que uno se encuentra. Nos “acomodamos a ella”, nos sentimos
“naturales” en la situación cuando estamos en el estado de identidad
apropiado.
2. Expectativas percibidas. El segundo factor es un conjunto de
expectativas comunitarias percibidas por las demás personas en la
situación particular.
3. Estructura de la personalidad. El tercer factor que controla la
inducción de los estados de identidad es la estructura interna de la
personalidad, incluyendo la naturaleza de los estados de identidad de
que uno dispone. No siempre el aprendizaje nos permite encontrar el
estado de identidad apropiado para cada situación que se pueda
encontrar en la vida y por lo tanto no siempre la respuesta será fácil y
automática. Desde el punto de vista de la libertad personal, la
imperfección del proceso de socialización es una bendición si
empleamos nuestro sufrimiento para examinar verdaderamente nuestra
situación.
Hay una razón por la cual la mayoría de nosotros no se ha socializado
plenamente: no hemos aprendido todos los estados de identidad que
podríamos llegar a necesitar. La falta de un estado de identidad apropiado o la incapacidad
de salir de un estado de identidad inapropiado, puede suponer algo bastante más serio que el
mero hecho de no ser capaz de disfrutar de la vida. Los estados de identidad pueden matar.
Otra dificultad surge del hecho de que el proceso de socialización de la infancia tiende a
quedarse rezagadoen relación con las realidades corrientes de un mundo cambiante.
Para estar verdaderamente despierto en el sentido en que lo expresa
Gurdjieff, para ser capaz de utilizar todas las capacidades y la inteligencia, para evaluar con
realidad la situación en que uno se encuentra y actuar de la manera más acorde posible a la
luz de los propios valores genuinos y únicos, es necesario no caer atrapado en un estado de
identidad y en particular en aquel que interfiera con la percepción de la realidad. La vida no
es apacible mientras la cultura no nos dé los estados de identidad para adecuarnos a todas
las situaciones. La torpeza que entonces podemos sentir y el sufrimiento que la puede
acompañar, pueden ser, por otro lado, un estímulo clave y una oportunidad para desarrollar
un crecimiento personal que supere los estados de identidad.
Existen dos vías para disminuir el sentido del “¡yo!”: el recuerdo del self y
las distintas clases de meditación. Cuando uno recuerda su self o lo que Gurdjieff llama
Recuerdo de Sí, dirige
voluntariamente la atención de modo que simultáneamente se presta atención a aquello que
está sucediendo tanto fuera como dentro de uno, así como se mantiene algún objeto de
referencia (como los brazos y las piernas) en la mente. El simple acto de dirigir
voluntariamente la atención hacia donde uno quiere, significa que queda menos atención o
energía a merced de la falsa personalidad, de los procesos de identificación y de los
mecanismos de defensa. Los ejercicios deliberados de meditación que tienen lugar en
momentos especialmente escogidos también pueden conducir a una disminución temporal
del proceso de identificación. Sogyal Rimpoché afirmaba que uno de los mejores momentos
para la práctica de la compasión es justo después de meditar.
EL YO IMAGINARIO
Gurdjieff en acción
 
EL YO IMAGINARIO
La humanidad sufre de una perniciosa enfermedad llamada «consideración interna», una
enfermedad que es tanto más debilitante cuanto que es insospechada; y es llevada a cabo por
las actividades de una persona menos reconocida aún llamada «Yo Imaginario».
Laboramos bajo la ilusión de que nuestro comportamiento está controlado por un ser
inteligente que lleva nuestro nombre, y al que llamamos yo; pero en realidad este ser sólo
está presente muy raramente, pues nuestras reacciones diarias dependen de patrones de
asociación, establecidos por la experiencia, a los que el cerebro se refiere automáticamente.
Todo suceso pone en juego un pequeño grupo de asociaciones apropiadas que determinan la
respuesta, de modo que nuestro comportamiento es realmente controlado por una sucesión
de automatismos. Este es un modo efectivo de enfrentarse a la vida. Permite al cerebro
tomar decisiones instantáneas sin un calculo laborioso, y sin tener que recurrir a nosotros.
En verdad, nos damos tan poca cuenta de la situación que nos identificamos con estos
automatismos, llamándole a cada uno Yo, por turno, aunque a menudo no sean ni
inteligentes ni consistentes.
Algunas de las asociaciones adquiridas son objetivas y tienen que ver con la adquisición de
conocimientos y habilidades de la vida. Forman la base de la Personalidad. Pero hay muchas
más que son puramente subjetivas, y que tienen que ver tan sólo con un ser enteramente
imaginario, al que desde una tempranísima edad se le ha llegado a considerar como de
importancia suprema: y éstas no sólo son inútiles sino un gran obstáculo.
La ilusión de este precioso ser imaginario, de este yo imaginario, crea toda una hueste de
asociaciones espúreas, a partir de las cuales se construye una Personalidad Falsa
enteramente ficticia. Si pudiéramos verlo resultaría divertido, pero como estamos tan ciegos
esto causa un devastador efecto en nuestro comportamiento. Nos obsesionamos con toda
una hueste de exigencias innecesarias e inútiles. Nos preocupa lo que otra gente pueda
pensar de nosotros.
Hablando estrictamente es solo este falso ser el preocupado, pero no somos lo bastante
inteligentes para verlo en dichos términos. Sería mucho mejor que lo hiciéramos. Pero
continuamente me pregunto qué pensará la gente de mí, si me he comportado correctamente,
si me he comportado honorablemente. ¿Me aprecia realmente la gente? ¿Me tratan con el
respeto que se me debe? Pues, después de todo tengo algunos conocimientos y alguna
experiencia, y
espero ser tratado de acuerdo con ello. Así que me resiento si no recibo esta consideración.
Puedo no expresarlo exteriormente, pero aun me resentiré interiormente. Cuando un inculto
vendedor me llama «patoso, me resiento.
Esta es la Falsa Personalidad en funcionamiento, y le lleva a uno a juzgar constantemente a
otra gente y a los sucesos. Los juzgamos enteramente en relación con si son lo que yo quiero
(esta cosa imaginaria a la que llamamos «yo», claro está). Colocamos todo sentimiento
sobre nosotros en este ser imaginario, y nos identificamos completamente con su
comportamiento. Empezamos a
echar cuentas en contra de la gente. Si alguien no se comporta del modo que yo quiero, lo
tengo en cuenta contra él, y si continuamente deja de hacer lo que yo quiero la cuenta se
hace muy grande, tanto que evitare a esa persona en particular. No quiero conocerla, ni a
gente como ella.
(No se me ocurre que quizá ellas me encuentren a mí igualmente objetable.)
Echamos cuentas en contra de situaciones, a veces de hace largo tiempo, como por ejemplo
la de haber sido castigados en nuestra juventud por algo que uno no hizo. Echamos cuentas
contra el tiempo, por llover, cuando las plantas se hallan muy necesitadas de agua. Echamos
cuentas contra el Destino (aunque no le demos las gracias cuando las cosas van bien).
Vivimos, de hecho, en un estado constante de consideración interior. Considerar significa
sopesar o calibrar información; pero nuestras calibraciones son casi siempre en relación con
las
demandas de este ser imaginario -este ser tan importante que ha de ser gratificado. Así que
nunca estamos en paz.
Podemos quizá observar algunas de las demandas más obvias de la Falsa Personalidad, pero
casi siempre justificándolas. Después de todo, decimos, debemos cuidar de nosotros
mismos. O nos excusamos diciendo que es simplemente la máquina, como si esto nos
absolviera de responsabilidades.
La consideración interior es una sutil enfermedad que constantemente esta
chupando nuestra fuerza en modos insospechados uno de los cuales es lo que Nicoll llama
«cantar nuestras canciones». Hay un continuo trasfondo de demandas hechas por la Falsa
Personalidad que reunimos en pequeñas canciones y lamentos de desagrado. Si tan sólo
hubiera tenido mejores oportunidades cuando era joven. Si tan solo hubiese podido ir a una
Universidad.
Si tan sólo mis padres me hubieran entendido mejor. Si tan solo, en cuanto a eso, otra gente
me pudiera entender mejor-pues nadie realmente me entiende, no se dan cuenta de que soy
una persona muy tímida y apocada pese a lo fiera que parezca mi fachada.
Esta es una canción. Qué cantéis o no esta canción en particular depende de vuestra
decisión, pero todos tenemos nuestras pequeñas canciones favoritas, y solemos cantarlas
cuando las cosas de la vida empiezan a ir mal. Cuando tenemos que enfrentarnos a
problemas de uno y otro tipo, surge una canción adecuada para que rumiemos nuestro
desagrado. Hay otras canciones
que no son tan desesperadas, incluso al contrario. Está la canción que dice que somos
siempre dignos de confianza. Si alguien me pide que haga algo, se puede confiar en mí para
que lo haga.
Hay canciones que dicen: soy una persona honorable y que no acostumbra a decir mentiras.
Podéis hallar vuestros propios ejemplos de alabanzas. Tenemos que empezar a ver
gradualmente que son bien falsas, y a menudo descaradamente mentirosas; de modo que tal
vez lleguemos a cantarlas con menos vociferación, incluso posiblemente sólo de modo
ocasional. Este cantar las canciones es el responsable de gran parte de nuestra relación con
la otra gente, pues captamos amigos que responden a nuestra canción particular. De lo que
no siempre nos
damos cuenta es de que la otra persona comienza a cansarse un poco de esta canción, y que
puede mandarnos a paseo algo violentamente y entonces por supuesto se empiezan a hacer
nuevas cuentas, y buscamos alrededor nuestro a alguien más sobre quien proyectar nuestras
canciones.
Estas canciones, y la charla interna que las acompaña, tienen que ver principalmente con
ciertos aspectos predominantes de la Falsa Personalidad a los que Gurdjieff llamaba el
Rasgo Principal.
Esta es claramente una característica individual. Para algunos puede ser el engaño, para
otros la ansiedad o el temor. Puede ser la codicia o la envidia, y muchas otras cosas que
hemos de descubrir por nosotros mismos, aunque esto no sea fácil pues no somos honestos
en nuestras observaciones, y echamos a un lado todo aquello cuyo aspecto nos desagrada.
Otra gente puede verlo más fácilmente, ya veces podemos aprender de ella.
El Rasgo Principal, no obstante, no debería ser considerado con asco. Si podemos empezar a
verlo, sin criticas o sentimientos de culpabilidad, puede convertirse en el punto de la mayor
oportunidad, el lugar en el que nuestros esfuerzos por despertar pueden resultar más
efectivos. Hace muchos años escribí al Dr. Nicoll quejándome de un problema. Replico:
«¿Por qué recibes todo con un lamento? Yo me alegraría; me alegraría de saber que si
aprendes a pagar, trabajando sobre el Rasgo Principal, se te darán cosas durante toda tu
vida».

el Hombre. revela la falta de unidad del Hombre, las multiples facetas de la


personalidad , la historicidad social y su estado actual de falta de consciencia así como el
hilo conductor hacia aquello que puede alcanzar, su Yo Real através del sujeto alquimico.
Para demostrar en que consiste ésta falta de unidad debemos explicar que falta de unidad
significa, división e
Por otro lado, Stephen LaBerge, eminente investigador de la Universidad de Stanford, de
[Link]., presentará la teoría del Sueño Lúcido. Según LaBerge, hay personas que mientras
duermen son conscientes de estar soñando, completamente envueltas en el mundo de los
sueños, que puede parecer tan real como la propia realidad en estado de vigilia. En los
sueños lúcidos es posible razonar y recordar la condición de alguien que está despierto y
actuar deliberadamente en el sueño.

LaBerge tiene una metodología sobre cómo tener sueños lúcidos similares a las experiencias
de la vida real, con influencias sobre las experiencias físicas y fisiológicas. Sus estudios
revolucionan las investigaciones en este área, ya que estar “despierto dentro de los sueños”
permite explorar el modo por el cual el cerebro crea la realidad vivida trayendo una nueva
perspectiva sobre el significado de estar despierto.n muchas partes, cada yo es una forma de
pensar, sentir y actuar que no siempre concuerdan, como cuando pensamos una cosa y
decimos otra ó decimos y actuamos y sentimos de otra manera. A su vez los yoes se
polarizan, existe una canal positivo y un canal negativo, en cuestión de un instante, podemos
pasar de ver todo bien, a ver todo mal según un rumor o estado de ánimo.

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