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Temario de Literatura Universal 1º Bachillerato

El documento presenta el temario y los trabajos que los estudiantes de Literatura Universal 1o de Bachillerato deben realizar durante el curso. En el primer cuatrimestre se proponen temas sobre la Antigüedad, la literatura medieval y los periodos del Renacimiento, Barroco y Clasicismo. Como trabajos prácticos se piden resúmenes y preguntas sobre el Canto XXII de La Ilíada, que narra la muerte de Héctor a manos de Aquiles, y sobre la escena III del Acto III de Romeo y Julieta de Shakespeare
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Temario de Literatura Universal 1º Bachillerato

El documento presenta el temario y los trabajos que los estudiantes de Literatura Universal 1o de Bachillerato deben realizar durante el curso. En el primer cuatrimestre se proponen temas sobre la Antigüedad, la literatura medieval y los periodos del Renacimiento, Barroco y Clasicismo. Como trabajos prácticos se piden resúmenes y preguntas sobre el Canto XXII de La Ilíada, que narra la muerte de Héctor a manos de Aquiles, y sobre la escena III del Acto III de Romeo y Julieta de Shakespeare
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LITERATURA UNIVERSAL 1º Bachillerato

TRABAJOS

TEMARIO FUNDAMENTAL

Los exámenes de cada cuatrimestre contendrán preguntas relacionadas con los temas propuestos a
continuación. Estos trabajos se realizarán con los contenidos de cualquier libro de bachillerato de la
materia, con una extensión mínima de 30 hojas por cuatrimestre, escritos por una sola cara,
manuscritos y acompañados de una portada con el nombre, el curso y grupo, junto con un índice
paginado. Presentación cuidada y atención a las faltas ortográficas y a las reglas de acentuación.

PRIMER CUATRIMESTRE

TEORÍA:

1.La Antigüedad:

- El papel de las mitologías y de la religión en los orígenes de la Literatura.

-Breve panorama de las literaturas bíblica, griega y latina.

-El héroe clásico de la tragedia y de la épica. Los personajes femeninos y masculinos.

2.Literatura medieval:

-La épica medieval.

3. Renacimiento:

-Los cambios del mundo y la nueva visión del ser humano.

-La lírica del amor: el Petrarquismo.

-Orígenes: la poesía trovadoresca y el Dolce Stil Novo.

4.Barroco y Clasicismo:

-Teatro clásico europeo.

-El teatro isabelino en Inglaterra.

5.La literatura del siglo XVIII:

-La novela europea.

6.La primera mitad del siglo XIX: el Romanticismo:

-La revolución romántica.

-El relato fantástico.

7.La narrativa en la segunda mitad del siglo XIX: Realismo y Naturalismo:

-Las innovaciones científicas, filosóficas y técnicas y su influencia en la creación literaria.

-La novela realista y naturalista francesa.

-El nacimiento de la literatura norteamericana


PRÁCTICA:

TEXTO 1

ÉPICA GRIEGA: La Iliada. Canto XXII: Aquiles hiere de muerte a Héctor y ultraja su cadáver

Esto dicho, desenvainó la aguda espada, grande y fuerte, que llevaba al costado. Y
encogiéndose, se arrojó como el águila de alto vuelo se lanza a la llanura, atravesando las
pardas nubes, para arrebatar la tierna corderilla o la tímida liebre; de igual manera arremetió
Héctor blandiendo la aguda espada. Aquiles le embistió, a su vez, con el corazón rebosante de
feroz cólera: defendía su pecho con el magnífico escudo labrado, y movía el luciente casco de
cuatro abolladuras, haciendo ondear las bellas y abundantes crines de oro que Hefesto
colocara en la cimera. Como el Véspero, que es el lucero más hermoso de cuantos hay en el
cielo, se presenta rodeado de estrellas en la oscuridad de la noche; de tal modo brillaba la pica
de larga punta que en su diestra blandía Aquiles, mientras pensaba en causar daño al divino
Héctor y miraba cuál parte del hermoso cuerpo del héroe ofrecería menos resistencia. Este lo
tenía protegido por la excelente armadura que quitó a Patroclo después de matarle, y sólo
quedaba descubierto el lugar en que las clavículas separan el cuello de los hombros, la
garganta, que es el sitio por donde más pronto sale el alma: por allí el divino Aquiles le cruzó
con la pica a Héctor, que ya le atacaba, y la punta, atravesando el delicado cuello, asomó por la
nuca. Pero no le cortó el gaznate con la pica de fresno que el bronce hacía ponderosa, para
que pudiera hablar algo y responderle. Héctor cayó en el polvo, y el divino Aquiles se jactó del
triunfo, diciendo:

—¡Héctor! Cuando despojabas el cadáver de Patroclo, sin duda te creíste salvado y no me


temiste a mí porque me hallaba ausente. ¡Necio! Quedaba yo como vengador, mucho más
fuerte que él, en las cóncavas naves, y te he quebrado las rodillas. A ti los perros y las aves te
despedazarán ignominiosamente, y a Patroclo los aqueos le harán honras fúnebres. Con
lánguida voz le respondió Héctor, el de tremolante casco:

—Te lo ruego por tu alma, por tus rodillas y por tus padres: ¡No permitas que los perros me
despedacen y devoren junto a las naves aqueas! Acepta el bronce y el oro que en abundancia
te dará mi padre y mi veneranda madre, y entrega a los míos el cadáver para que lo lleven a mi
casa y los troyanos y sus esposas lo pongan en la pira.

Mirándole con torva faz, le contestó Aquiles, el de los pies ligeros:

—No me supliques, ¡perro!, por mis rodillas ni por mis padres. Ojalá el furor y el coraje me
incitaran a cortar tus carnes y a comérmelas crudas. ¡Tales agravios me has inferido! Nadie
podrá apartar de tu cabeza a los perros, aunque me den diez o veinte veces el debido rescate y
me prometan más, aunque Príamo ordene redimirte a peso de oro; ni aún así, la venerable
madre que te dio a luz te pondrá en un lecho para llorarte, sino que los perros y las aves de
rapiña destrozarán tu cuerpo.

Contestó, ya moribundo, Héctor, el de tremolante casco:

—¡Bien te conozco, y no era posible que te persuadiese, porque tienes en el pecho un corazón
de hierro. Guárdate de que atraiga sobre ti la cólera de los dioses, el día en que Paris y Febo
Apolo te harán perecer, no obstante tu valor, en las puertas Esceas.

Apenas acabó de hablar, la muerte le cubrió con su manto: el alma voló de los miembros y
descendió al Hades, llorando su suerte, porque dejaba un cuerpo vigoroso y joven. Y el divino
Aquiles le dijo, aunque muerto le viera: —¡Muere! Y yo perderé la vida cuando Zeus y los
demás dioses inmortales dispongan que se cumpla mi destino. Dijo; arrancó del cadáver la
broncínea lanza y, dejándola a un lado, le quitó de los hombros las ensangrentadas armas.
Acudieron presurosos los demás aqueos, todos admiraron el aspecto y la arrogante figura de
Héctor y ninguno dejó de herirle. Y hubo quien, contemplándole, habló así a su vecino:

—¡Oh dioses! Héctor es ahora mucho más blando en dejarse palpar que cuando incendió las
naves con el ardiente fuego. Así algunos hablaban, y acercándose le herían. El divino Aquiles,
ligero de pies, tan pronto como hubo despojado el cadáver, se puso en medio de los aqueos y
pronunció estas aladas palabras:

—¡Oh amigos, capitanes y príncipes de los argivos! Ya que los dioses nos concedieron vencer a
ese guerrero que causó mucho más daño que todos los otros juntos… ¡Vamos! Sin dejar las
armas cerquemos la ciudad para conocer cuál es el propósito de los troyanos: si abandonarán
la ciudadela por haber sucumbido Héctor, o se atreverán a quedarse todavía a pesar de que
éste ya no existe. Pero… ¿por qué en tales cosas me hace pensar el corazón? En las naves yace
Patroclo muerto, insepulto y no llorado; y no le olvidaré, en tanto me halle entre los vivos y
mis rodillas se muevan; y si en el Hades se olvida a los muertos, aun allí me acordaré del
compañero amado. Ahora, volvamos, entonando el grito de guerra, a las cóncavas naves, y
llevémonos este cadáver. Hemos ganado una gran victoria: matamos al divino Héctor, a quien
dentro de la ciudad los troyanos dirigían votos cual si fuese un dios.

Dijo; y para tratar ignominiosamente al divino Héctor, le agujereó los tendones de detrás de
ambos pies desde el tobillo hasta el talón; introdujo correas de piel de buey, y le ató al carro,
de modo que la cabeza fuese arrastrando; luego, recogiendo la magnífica armadura, subió y
picó a los caballos para que arrancaran, y éstos volaron gozosos. Gran polvareda levantaba el
cadáver mientras era arrastrado: la negra cabellera se esparcía por el suelo, y la cabeza, antes
tan graciosa, se hundía en el polvo; porque Zeus la entregó entonces a los enemigos, para que
allí, en su misma patria, la ultrajaran.

CUESTIONES:

- Averigua cómo muere Aquiles, a manos de quién y en qué circunstancias

- Explica quién es Príamo y qué le dice a Aquiles en el canto XXIV de La Iliada (último de la
obra).

-Localiza en el texto dos epítetos épicos referidos a los personajes.

TEXTO 2

CLASICISMO INGLÉS: SHAKESPEARE. Romeo y Julieta (1597) Acto III, escena II.

JULIETA (hablando a solas).-¡Romeo! ¡Romeo! ¿Por qué eres tú, Romeo?... Reniega de tu
padre, adjura de tu nombre, y si no quieres hacer eso, jura que me amarás, y yo cesaré de ser
Julieta Capuleto.

ROMEO.-¿Debo continuar escuchándola, o debo hablarle?

JULIETA.-Tú no eres mi enemigo; lo es tu nombre, tu nombre solo. Tú eres tú y no eres un


Montesco. ¿Qué es un Montesco? Esos brazos, esa cabeza, esos cabellos, no componen un
Montesco...Todo eso te compone a ti... ¡Cambia de nombre! ¡Un nombre no es nada! Demos a
una rosa otro nombre, y no por ello dejará de agradarnos; su perfume no será por eso menos
suave. Si Romeo tuviese otro nombre, toda su gracia y su perfección quedarían en él, que es a
quien yo amo. ¡Borra tu nombre, oh Romeo, ese nombre que no es nada, ese nombre que no
constituye tu ser! ¡Bórralo y tómame a mí en cambio, a mí toda entera!

ROMEO (alto a Julieta).-Te cojo la palabra, Julieta. Dime tan solo: "¡Amado mío!", dame ese
nuevo bautismo, y nunca, ¡oh!, nunca volveré a ser Romeo.

JULIETA (mirando debajo del balcón).-¿Quién eres tú, que me escuchas? ¿Tú, a quien la noche
envuelve y que sorprende mis pensamientos más secretos?

ROMEO.-No me atrevo a decirte mi nombre; es un nombre que aborrezco, ¡oh mi adorada


santa!... Le detesto por ser enemigo de la que amo. ¡Si lo tuviese escrito Aquí, ante mis ojos,
haría pedazos las letras que lo componen!

JULIETA.-Has pronunciado pocas palabras, pero ninguna se ha escapado a mi oído, y he


conocido también el acento de tu voz.... ¿No eres tú Romeo...? ¿No eres un hijo de Montesco?

ROMEO.-Ni lo uno ni lo otro, ¡oh mi bella santa!, si lo uno y lo otro te desagrada.

JULIETA.- ¿Cómo has llegado hasta aquí? ¿Para qué estás ahí? Dímelo. Los muros de este jardín
son muy altos y difíciles de escalar. Este sitio representa la muerte para ti, que eres un
Montesco, si es que te encuentra alguno de mis parientes.

ROMEO.-El amor me prestó sus alas, y desaparecieron todos los obstáculos. ¿Qué es para el
amor una muralla de piedra? A todo lo que quiere se atreve, y yo no temo la cólera de tus
parientes.

JULIETA.-¡Si te viesen, te matarían!

ROMEO.-Hay para mí más peligro en tus ojos que en afrontar veinte espadas desnudas.
Concédeme tan sólo una dulce mirada, y eso me basta para desafiar el furor de todos.

JULIETA.- Yo daría un mundo porque no te descubrieran.

ROMEO.- De ellos me defiende el velo tenebroso de la noche. Más quiero morir a sus manos,
amándome tú, que esquivarlos y salvarme de ellos, cuando me falte tu amor.

JULIETA.- ¿Y quién te guió aquí?

ROMEO.- El amor que me dijo dónde vivías. De él me aconsejé, él guió mis ojos que yo le había
entregado. Sin ser navegante, te juro que navegaría hasta la playa más remota de los mares
por conquistar joya tan preciada.

JULIETA.- Si el manto de la noche no me cubriera, el rubor de virgen subiría a mis mejillas,


recordando las palabras que esta noche me has oído. En vano quisiera corregirlas o
desmentirlas... ¡Resistencias vanas! ¿Me amas? Sé que me dirás que sí, y que yo lo creeré. Y
sin embargo, podrías faltar a tu juramento, porque dicen que Jove se ríe de los perjuros de los
amantes. Si me amas de veras, Romeo, dilo con sinceridad, y si me tienes por fácil y rendida al
primer ruego, dímelo también, para que me ponga esquiva y ceñuda, y así tengas que
rogarme. Mucho te quiero, Montesco, mucho, y no me tengas por liviana, antes he de ser más
firme y constante que aquellas que parecen desdeñosas porque son astutas. Te confesaré que
más disimulo hubiera guardado contigo, si no me hubieses oído aquellas palabras que, sin
pensarlo yo, te revelaron todo el ardor de mi corazón. Perdóname, y no juzgues ligereza este
rendirme tan pronto. La soledad de la noche lo ha hecho.

ROMEO.- Te juro, amada mía, por los rayos de la luna que platean la copa de estos árboles...
JULIETA.- No jures por la luna, que en su rápido movimiento cambia de aspecto cada mes. No
vayas a imitar su inconstancia.

CUESTIONES

1. ¿Dónde ocurre este fragmento?

2. ¿A qué peligros se enfrenta Romeo al ver a Julieta?

3. Averigua en qué ciudad está el balcón de los Capuleto y si es real o no.

4. ¿En qué se basó Shakespeare para escribir esta obra? Averigua las fuentes.

5. ¿Por qué crees que esta obra es tan conocida e influyente en la literatura universal?

TEXTO 3

REALISMO: EE.UU. Moby Dick. MELVILLE, HERMAN (1851) Inicio de la novela / «Espejismos»

Llamadme Ismael. Hace unos años -no importa cuánto hace exactamente-, teniendo poco o
ningún dinero en el bolsillo, y nada en particular que me interesara en tierra, pensé que me iría
a navegar un poco por ahí, para ver la parte acuática del mundo. Es un modo que tengo de
echar fuera la melancolía y arreglar la circulación. Cada vez que me sorprendo poniendo una
boca triste; cada vez que en mi alma hay un nuevo noviembre húmedo y lloviznoso; cada vez
que me encuentro parándome sin querer ante las tiendas de ataúdes; y, especialmente, cada
vez que la hipocondría me domina de tal modo que hace falta un recio principio moral para
impedirme salir a la calle con toda deliberación a derribar metódicamente el sombrero a los
transeúntes, entonces, entiendo que es más que hora de hacerme a la mar tan pronto como
pueda. […]

Aquí está, pues, la ciudad insular de los manhattoes, rodeada de muelles como las islas
indígenas por los arrecifes de coral. El comercio la ciñe con su oleaje. A la derecha e izquierda,
las calles llevan hacia el mar. En la punta extrema de la ciudad está el fuerte, augusta mole
refrescada por brisas y bañada por aguas que, pocas horas antes, eran invisibles desde la
tierra. Miren ustedes la multitud que contempla las olas.

Recorran ustedes la ciudad en la tarde soñolienta de un sábado. Vayan desde Corlears Jock
hasta Coenties Slip y desde allí, pasando por Whitehall, hacia el norte. ¿Qué ven ustedes?

Apostados como centinelas silenciosos en torno a la ciudad toda, hay millares y millares de
mortales perdidos en divagaciones oceánicas. Algunos apoyados contra los pilotes; otros
sentados en las escolleras; otros mirando más allá de las amuradas de naves llegadas desde
China; otros en lo alto de los aparejos, como empeñados en obtener una vista aun más amplia
del mar. Pero todos son hombres de tierra firme: durante la semana, están encerrados
entre cuatro paredes, atados a mostradores, clavados en bancos, pegados a escritorios. ¿Qué
ha ocurrido? ¿Han desaparecido las verdes praderas? ¿Qué hacen aquí estos hombres?

Pero ¡miren ustedes! Llega aun más gente. Todos avanzan hacia el agua y parecen resueltos a
zambullirse. ¡Qué extraño! Nada los contentaría tanto como el límite extremo de la tierra; no
les basta vagabundear a la sombra de los depósitos que rodean el puerto. No. Tienen que
acercarse todo lo posible al agua, sin caer en ella. Y ahí se quedan, inmóviles, en una extensión
de millas, de leguas. Todos hombres de tierra adentro: afluyen por sendas y callejas, por calles
y avenidas... Desde el norte, el este, el sur, el oeste. Y sin embargo, aquí se reúnen todos.
Díganme ustedes: ¿acaso los atrae el poder magnético de la aguja de las brújulas de todas esas
naves?

Y esto no es todo. Supongamos que se encuentren ustedes en algún paraje elevado, donde
abunden los lagos. Tomen cualquier sendero que se les antoje: casi siempre irán a dar, a
través de un valle, a un estanque formado por la corriente. Hay en ello algo mágico. Elijamos al
más distraído de los hombres sumergido en su más honda ensoñación; pongámoslo en pie y
nos llevará, infaliblemente, hacia el agua, si hay agua en esa región. Y si alguna vez están
ustedes sedientos en el gran desierto norteamericano, hagan este experimento, si es que por
casualidad hay un profesor de metafísica en la caravana. En efecto: como todos sabemos,
agua y meditación siempre han estado unidas.

Pero tomemos a un pintor. Quiere pintar el paisaje romántico, más soñador, más umbroso,
más apacible, más hechicero de todo el valle del Saco. ¿Cuál es el principal elemento que
emplea? Allí están sus árboles, cada uno con el tronco hueco, como si guardara en su interior a
un ermitaño y un crucifijo; y aquí duerme su pradera, allí duerme su rebaño. Más allá, desde
esa cabaña, serpea un humo soñoliento. Un sendero se hunde sinuoso entre los
bosques distantes y llega hasta las estribaciones superpuestas de las montañas bañadas por el
azul de sus laderas. Pero aunque la escena esté sumida en semejante éxtasis y el pino deje
caer suspiros, como hojas, sobre la cabeza del pastor, todo sería inútil si el pastor no tuviera
fijos los ojos en la corriente mágica que pasa frente a él. Visiten ustedes las praderas en junio,
caminen millas y millas hundidos hasta las rodillas entre lirios atigrados... ¿cuál es el encanto
que falta? El agua: ¡allí no hay una sola gota de agua! Si el Niágara fuera una cascada de arena,
¿viajarían ustedes tantas millas para verlo? ¿Por qué será que el pobre poeta de Tennessee, al
recibir de improvisto dos puñados de plata, dudó entre comprarse el abrigo que le hacía tanta
falta o invertir su dinero en un viaje a pie a la playa de Rockaway? ¿Por qué será que cualquier
muchacho robusto y saludable, que tenga dentro de sí un espíritu robusto y saludable, en un
momento dado se enloquece por darse a la mar? ¿Por qué será que durante el primer viaje
que hicieron ustedes como pasajeros, sintieron un estremecimiento místico al enterarse de
que ni el buque ni ustedes ya no podían ser vistos desde tierra? ¿Por qué será que los antiguos
persas consideraban sagrado al mar? ¿Por qué será que los griegos le destinaron una deidad
especial, un hermano de Jove? Sin duda, todo eso no carece de sentido. Y es aun más
profundo el significado del mito de Narciso que, al no poder ceñir la imagen exquisita y
atormentadora que veía en la fuente, se arrojó a ella y se ahogó. Pero todos nosotros vemos
esa misma imagen en nuestros ríos y en nuestros océanos. Es la imagen del inasible fantasma
de la vida. Y ésta es la clave de todo.

CUESTIONES

1º) Las ocho primeras líneas son el inicio de la novela. ¿Qué narrador tiene? ¿Es protagonista?

2º) ¿Qué tipología textual (narración, diálogo, descripción, argumentación…) predomina desde
la línea 9? Justifícalo con ejemplos tomados del texto

3º) ¿Cuál es la idea principal que transmite el autor en el último párrafo del fragmento?
SEGUNDO CUATRIMESTRE

TEORÍA

1.La poesía a finales del siglo XIX. El simbolismo:


-Tendencias poéticas.
-Grandes poetas simbolistas.
2.El teatro a finales del siglo XIX:
-La renovación del teatro europeo: nuevo teatro y nuevas formas.
-El teatro ruso y el método Stanislavski.
3.La poesía del siglo XX:
-La poesía del cambio de siglo.
-Las vanguardias europeas.
-El surrealismo.
4.La novela del siglo XX.
-La renovación de la novela. Nuevas técnicas narrativas.
-La generación perdida.
-La literatura escrita por mujeres.
-La novela francesa. El existencialismo.
5.El teatro del siglo XX:
-La renovación de la escena a principios de siglo.
-El teatro del absurdo.
-El teatro crítico norteamericano.

PRÁCTICA:
TEXTO 1

POSROMANTICISMO EN EE.UU.

H) OH, CAPITÁN, MI CAPITÁN. WHITMAN, W. I

¡Oh Capitán! ¡Mi capitán! Nuestro espantoso viaje ha concluido;


El barco ha enfrentado cada tormento, el premio que buscamos fue ganado;
El puerto está cerca, las campanas oigo, toda la gente regocijada,
Mientras los ojos siguen la firme quilla de la severa y osada nave:
Pero ¡oh corazón! ¡Corazón! ¡Corazón!
Oh las sangrantes gotas rojas,
Cuando en la cubierta yace mi Capitán
Caído, frío y muerto.

II
¡Oh Capitán! ¡Mi capitán! Levántate y escucha las campanas;
Levántate —por ti se ha arriado la bandera— por ti trinan los clarines;
Por ti ramos y coronas con cintas— por ti una multitud en las riberas;
Por ti ellos claman, el oscilante gentío, sus ansiosos rostros a ti se vuelven;
¡Arriba Capitán! ¡Querido padre!
Este brazo bajo tu cabeza;
Es tan sólo un sueño aquél en la cubierta,
Tú has caído frío y muerto.

III
Mi Capitán no responde, sus labios están pálidos y quietos;
Mi padre no siente mi brazo, no tiene pulso ni voluntad; El barco se encuentra anclado sano y
salvo, su viaje concluido y terminado;
De una horrorosa travesía, el barco vencedor, viene con un objeto conquistado;
¡Regocíjense, oh riberas y repiquen, oh campanas! Pero yo, con lúgubre andar
Camino la cubierta donde yace mi Capitán,
Caído, frío y muerto.

I) [XXXII, Life]. DICKINSON, E.


La esperanza es el ser con plumas
que anida en el alma,
y canta una melodía sin palabras,
y nunca concluye del todo,
y la canción más dulce en ráfagas se oye; pues debe estar molesta la tormenta
que logra abatir al pájaro
que nos mantenía cálidos.
La escuché en la gélida tierra,
y en el más extraño mar;
aunque, jamás, en los confines
pidió una astilla de mí.

J) PORQUE NO PUDE… DICKINSON, E.


Porque no pude detenerme ante la muerte, amablemente ella se detuvo ante
mí;
el carruaje solo nos encerraba a nosotros y a la inmortalidad.

Condujimos lentamente, ella no sabe de apuros; y por su cortesía debí abandonar mis
labores e incluso mis ratos de ocio.

Pasamos por la escuela donde jugaban los niños. Sus lecciones apenas concluidas;
pasamos frente a los campos de pastoreo y ante el sol que se ponía,

Nos detuvimos ante una casa que parecía una hinchazón de la tierra;
su techo, solo visible,
su cornisa, apenas un montículo.

Desde entonces han pasado siglos;


pero cada uno parece más corto
que el día en que anuncié por vez primera que las cabezas de los caballos
apuntaban hacia la eternidad.

CUESTIONES
1. En el poema H… Averigua a quién dedicó este poema Whitman. ¿Qué
contraste de sensaciones se da en la estrofa III? Explica el valor de los símbolos
“viaje o travesía” y “capitán”.
2. En el poema I… ¿Qué relación tiene la voz poética con la esperanza? ¿Cómo
aparece simbolizada esta última?
3. En el poema J… ¿Qué simbolizan los lugares que visita la voz poética junto a la
Muerte? Señala una paradoja que aparece en la primera estrofa.

TEXTO 2

NARRATIVA POSTERIOR A LA IIGM. El talento de Mr. Ripley. HIGHSMITH, P. (1955)


Finalmente, esperó hasta que dieron las ocho, ya que sobre las siete las entradas y salidas de la
casa eran más numerosas que durante el resto del día. A las ocho menos diez bajó a la planta
baja para asegurarse de que la signora Buffi no estuviese trajinando por allí y tuviese cerrada la
puerta; además, quería estar completamente seguro de que no hubiese nadie en el coche de
Freddie, aunque, horas antes, ya había bajado a comprobar que efectivamente el coche fuera el
de Freddie. Arrojó el abrigo del muerto sobre el asiento de atrás. Volvió a subir al apartamento
y, arrodillándose, colocó uno de los brazos del cadáver alrededor de su cuello, apretó los
dientes, y tiró hacia arriba. Dio varios traspiés al intentar apoyarse mejor en la espalda el cuerpo
inerte de Freddie. También horas antes había ensayado la operación del traslado, sin apenas
lograr dar un paso debido al peso del cadáver, y en aquellos momentos el cadáver pesaba
exactamente lo mismo que antes, pero había una diferencia: ahora tenía que sacarlo. Dejó que
los pies de Freddie se arrastrasen, y de este modo consiguió aligerar un poco el peso, y se las
arregló para cerrar la puerta con el codo. Luego empezó a bajar las escaleras. A mitad
del primer tramo, se detuvo al oír que alguien salía de un apartamento del segundo piso. Se
quedó esperando a que quien fuese hubiera salido a la calle, y entonces reanudó su lento y
vacilante descenso. Había encasquetado uno de los sombreros de Dickie en la cabeza del
muerto, para ocultar el pelo sucio de sangre. Durante la última hora, había estado bebiendo una
mezcla de ginebra y Pernod con el fin de alcanzar un estado de ebriedad perfectamente
calculada y que le permitiera convencerse a sí mismo de que era capaz de moverse con cierto
aire de indiferencia y, al mismo tiempo, conservar el valor, incluso la temeridad, suficiente para
arriesgarse sin pestañear. El primer riesgo, lo peor que podía pasarle, era que el peso de Freddie
le hiciese caer antes de llegar al coche y meter el cadáver dentro. Tom cumplió lo que se había
jurado a sí mismo: no detenerse a descansar mientras bajaba las escaleras. Tampoco salió nadie
más de alguno de los pisos, ni entró ningún vecino procedente de la calle. Durante las horas
pasadas en el piso, Tom se había estado imaginando los posibles contratiempos que
se encontraría al salir: la signora Buffi o su esposo saliendo de su vivienda en el preciso instante
en que él llegaba al final de las escaleras; un desmayo que haría que le encontrasen tumbado en
el suelo junto al cadáver; la posibilidad de que, habiendo dejado el cuerpo en el suelo para
descansar, luego no pudiera volver a alzarlo. Se lo había imaginado todo con tal intensidad, que
ahora el simple hecho de haber llegado abajo sin que se confirmara uno solo de sus temores le
daba la sensación de estar protegido por alguna fuerza mágica que le hacía olvidarse del enorme
peso que transportaba en el hombro. Echó una ojeada a través de las cristaleras de la puerta. La
calle parecía normal. Un hombre pasaba por la acera de enfrente, aunque siempre pasaba
alguien por una de las aceras. Abrió la primera puerta con el pie y la cruzó arrastrando a
Freddie. Antes de cruzar la otra puerta, cambió el peso de hombro, agachando la cabeza bajo el
cadáver, y sintiéndose orgulloso de su propia fuerza, hasta que el dolor del brazo que había
quedado libre le hizo volver a la realidad. Tenía el brazo demasiado cansado siquiera para
rodear la cintura de Freddie. Apretó más los dientes y dando tumbos bajó los cuatro peldaños
que daban a la acera, no sin golpearse una cadera contra la columna de piedra del final de la
balaustrada. Un hombre que venía por la acera aflojó el paso como si fuera a detenerse, pero
prosiguió su camino sin hacerlo. Tom decidió que si alguien se le acercaba, le arrojaría tal
vaharada de Pernod al rostro que no necesitarían preguntarle qué le pasaba. Mentalmente, Tom
iba soltando maldiciones contra los transeúntes que cruzaban por su lado. Pasaron cuatro
personas pero sólo dos le miraron. Se detuvo un momento para que pasara un coche, luego,
dando unos pasos rápidos y empujando, metió la cabeza de Freddie por la ventanilla del coche y
empujó lo bastante para que le bastara apoyar el cuerpo en el cadáver a fin de que no cayera
mientras tomaba un respiro. Miró alrededor, bajo la luz del farol al otro lado de la calle, hacia
las sombras que había frente a su casa.
CUESTIONES
1- ¿Qué se describe en este fragmento? ¿Cómo acaba la acción del protagonista?
2- Explica la actitud y condiciones del protagonista en la acción que lleva a cabo.

TEXTO 3

TEATRO EN EL S. XX. Esperando a Godot. BECKETT, SAMUEL. (1953). Acto II


El sol se pone; sale la luna. VLADIMIR permanece inmóvil. ESTRAGÓN se despierta, se
descalza, se levanta con los zapatos en la mano y, los pone ante la batería; va hacia VLADIMIR
y lo mira.
ESTRAGÓN.- ¿Qué te pasa?
VLADIMIR.- No me pasa nada.
ESTRAGÓN.- Me voy.
VLADIMIR.- Yo también. (Silencio.)
ESTRAGÓN.- ¿He dormido mucho?
VLADIMIR.- No sé. (Silencio.)
ESTRAGÓN.- ¿Adónde iremos?
VLADIMIR.- No muy lejos.
ESTRAGÓN.- ¡No, no, vámonos lejos de aquí!
VLADIMIR.- No podemos.
ESTRAGÓN.- ¿Por qué?
VLADIMIR.- Tenemos que volver mañana.
ESTRAGÓN.- ¿Para qué?
VLADIMIR.- Para esperar a Godot.
ESTRAGÓN.- Es cierto. (Pausa.) ¿No ha venido? VLADIMIR.- No.
ESTRAGÓN.- Y ahora ya es tarde.
Cuando Pozzo y Lucky se marchan, un muchacho anuncia a Vladimir y Estragón que Godot
no vendrá esa noche, sino al día siguiente. Oscurece bruscamente y termina el primer acto. El
segundo se desarrolla en el mismo escenario, solo que el árbol ha florecido. Pozzo y
Lucky vuelven desgastados por el tiempo, que ha pasado sin que se sepa cómo. El amo se
ha quedado ciego y el criado mudo. Cuando se marchan, el muchacho del primer acto
anuncia un nuevo aplazamiento de la cita.

4
VLADIMIR.- Sí, es de noche.
ESTRAGÓN.- ¿Y si lo dejamos correr? (Pausa.) ¿Si lo dejamos correr?
VLADIMIR.- Nos castigaría. (Silencio. Mira el árbol.) Solo el árbol vive.
ESTRAGÓN.- (Mirando el árbol.) ¿Qué es?
VLADIMIR.- El árbol.
ESTRAGÓN.- Sí, pero ¿de qué clase?
VLADIMIR.- No sé. Un sauce.
ESTRAGÓN.- Ven a ver. (Lleva a VLADIMIR hacia el árbol y quedan parados ante él.
Silencio.) ¿Y si nos ahorcáramos?
VLADIMIR.- ¿Con qué?
ESTRAGÓN.- ¿No tienes un trozo de cuerda?
VLADIMIR.- No.
ESTRAGÓN.- Entonces no podemos.
VLADIMIR.- Vayámonos.
ESTRAGÓN.- Espera, tenemos mi cinturón.
VLADIMIR.- Es demasiado corto.
E5TRAGÓN.- Tú me tiras de las piernas.
VLADIMIR.- ¿Y quién tira de las mías?
ESTRAGÓN.- Es verdad.
VLADIMIR.- De todas formas, déjame ver. (ESTRAGÓN se desata la cuerda que sujeta su
pantalón. Este, demasiado ancho, se le cae hasta los tobillos. Miran la cuerda.) Creo que puede
servir. Pero ¿resistirá?
ESTRAGÓN.- Vamos a ver. Toma. (Cada uno agarra un extremo de la cuerda, y tiran. La
cuerda se rompe. Están a punto de caer.)
VLADIMIR.- No vale. (Silencio.)
ESTRAGÓN.- ¿Dices que tenemos que volver mañana?
VLADIMIR.- Sí.
ESTRAGÓN.- Entonces nos traeremos una buena cuerda.
VLADIMIR.- Eso es. (Silencio.)
ESTRAGÓN.- Didi.
VLADIMIR.- ¿Qué?
ESTRAGÓN.- No puedo seguir así.
VLADIMIR.- Eso es un decir.
ESTRAGÓN. ¿Y si nos separásemos? Quizá sería lo mejor.
VLADIMIR.- Mañana nos ahorcaremos. (Pausa.) A no ser que venga Godot.
ESTRAGÓN.- ¿Y si viene?
VLADIMIR.- Estaremos salvados. (VLADIMIR se quita su sombrero -el de LUCKY- , mira en
el interior, pasa la mano, lo sacude y se lo vuelve a poner.)
ESTRAGÓN.- Entonces, ¿nos vamos?
VLADIMIR.- Súbete los pantalones.
ESTRAGÓN.- ¿Qué?
VLADIMIR.- Súbete los pantalones.
ESTRAGÓN.- ¿Que me quite los pantalones?
VLADIMIR.- ¡Que te los subas!
ESTRAGÓN.- Es verdad. (Se sube los pantalones. Silencio.)
VLADIMIR.- ¿Qué? ¿Nos vamos?
ESTRAGÓN.- Vamos. (No se mueven.)
TELÓN
CUESTIONES
1. Indica las soluciones que proponen los personajes para salir de su situación y por cuál de
ellas optan. ¿Qué piensas que harán al día siguiente? ¿Qué significado tiene para ti Godot?
2. Indica algunos rasgos de humor que hayas encontrado en los tres fragmentos.
3. Entre las conversaciones banales se deslizan algunos pensamientos profundos. Extrae unas
muestras de los fragmentos leídos.

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