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Crónicas de Poniatowska: Voz y Verdad

Este documento resume la trayectoria y obras principales de la escritora mexicana Elena Poniatowska, conocida por sus crónicas que dan voz a los marginados de la sociedad. Comienza describiendo su primer libro de crónicas "Todo empezó el domingo" y cómo adoptó una impronta costumbrista. Luego, su libro más famoso "La noche de Tlatelolco" recopila testimonios sobre la matanza de estudiantes en 1968. Su libro posterior "Fuerte es el silencio" incluye crónicas más liter
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Crónicas de Poniatowska: Voz y Verdad

Este documento resume la trayectoria y obras principales de la escritora mexicana Elena Poniatowska, conocida por sus crónicas que dan voz a los marginados de la sociedad. Comienza describiendo su primer libro de crónicas "Todo empezó el domingo" y cómo adoptó una impronta costumbrista. Luego, su libro más famoso "La noche de Tlatelolco" recopila testimonios sobre la matanza de estudiantes en 1968. Su libro posterior "Fuerte es el silencio" incluye crónicas más liter
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Biografías comentadas

Françoise Léziart, Professeur des Universités, Rennes2

Elena Poniatowska y sus crónicas

Empezaremos citando a Elena Poniatowska: « La literatura testimonial hace visible a la


sociedad acerca de lo que no sabíamos o de aquello que nos negamos a saber ». Pone de
realce el rol de revelador de verdades que le es impartido a la crónica. La crónica, en México,
fue uno de los géneros fundadores de la Conquista con las cartas de Cortés o el testimonio del
simple soldado: Bernal Díaz del Castillo, cuya Verdadera historia de la Conquista de la
Nueva España (escrita “llanamente” como lo comentaba el propio autor)1 constituye, aún
ahora, una fuente imprescindible de documentación sobre el periodo. Y, la situación política
como social actual en América Latina hace que la crónica siga dando voz a los
marginalizados. A la censura de la Inquisición colonial se sustituyó el impacto de una
historiografía oficial y de una propaganda política servida por la omnipotencia de un partido
único el PRI. Lo que hace que los cronistas mexicanos desempeñaron el papel de portavoces
dotados de una conciencia crítica.

Su primer libro de crónicas, E. Poniatowska lo publicó en 1963 con el siguiente título: Todo
empezó el domingo2. Como lo indica el título son crónicas dominicales del México popular.
Es un retrato de la ciudad de México, de sus alrededores así como de algunos otros sitios
como el Puerto de Veracruz o las playas de Acapulco. La joven autora adopta, en este libro, la
impronta costumbrista y romántica reflejando la vívida estampa de una comunidad que
conserva, en la diversión y el trabajo, las costumbres heredadas. Son crónicas breves
ilustradas de los “croquis” de Alberto Beltrán. Si bien, estas crónicas resultan más anecdóticas
que comprometidas dejan transparentar la ternura de E. Poniatowska por las gentes humildes.
Su apego hacia unas clases sociales en todo punto alejadas de la suya.

Con la publicación de La noche de Tlatelolco en 19713, su carrera periodística va a tomar


otro rumbo. Como lo menciona en una entrevista: “Mi libro es el producto de la indignación

1
Díaz del Castillo, Bernal: Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España, Espasa Calpe, Madrid, 1985.

2
Poniatowska, Elena: Todo empezό el domingo, Fondo de Cultura Econόmica, México, 1963.

3
Poniatowska, Elena: La noche de Tlatelolco (testimonios de historia oral) ed. Era, México.
que he sentido cuando los periódicos silenciaron y cuando los poderes políticos ejercieron su
censura contra todo lo que no fuera oficial”. Este libro que gozó de una serie impresionante de
reimpresiones (en la época un libro que alcanzaba un tiraje de 3000 ejemplares era la
excepción): así en 1987 totalizaba unas 45 ediciones. La noche de Tlatelolco cuyo subtítulo
reza: Testimonios de historia oral consta de dos partes. La primera se titula: Ganar la calle
ysigue la progresión cronológica de las protestas estudiantiles hasta su punto culminante: la
matanza que ocurrió en la “Plaza de Tlatelolco” también denominada “Plaza de las tres
Culturas” el dos de octubre, cuando las fuerzas armadas abrieron fuego contra los
manifestantes reunidos en esta plaza. Pese a lo que anunciaron los titulares de la prensa, al
día siguiente, hubo más de 325 muertos y gran número de heridos y de presos. Esta cifra fue
confirmada por Octavio Paz en su ensayo Posdata4. La repercusión en las opiniones públicas
fue considerable puesto que México era el país organizador de los Juegos Olímpicos y que
numerosos periodistas o corresponsales extranjeros estaban presentes para cubrir el evento.

Este libro es una recopilación de testimonios correspondientes a las protestas estudiantiles


en el que se relata el pensamiento y el sentir de las personas a favor o en contra –aunque con
un predominio evidente de testimonios favorables- de este movimiento. Se expresan, en
efecto, en gran mayoría los estudiantes y en particular los líderes (los que formaban parte del
CNH). Pero también profesores, intelectuales (Rosario Castellanos escribió un poema
especialmente para el libro) madres y padres de estudiantes o también simples testigos de lo
ocurrido. Del otro lado, los testimonios provienen de las Fuerzas Militares pero no de las
autoridades nacionales. Son breves y numerosos (más de cien) transcritos de manera textual y
ordenados cronológicamente para mostrar los diferentes puntos de vista y también la unión de
toda la población en aquel momento tan dramático. En La noche de Tlatelolco, no hay
personaje principal, todos los testigos juegan el mismo papel en la narración. Son textos en los
cuales prevalece el discurso en primera persona lo que acentúa lirismo y emotividad pero el
rol de E. Poniatowska no es pasivo sino que organiza y selecciona las informaciones que
conforman sus crónicas. Es un libro polifónico, un mosaico de voces y lo más sorprendente es
que su carácter fragmentario favorece una lectura ininterrumpida. Este efecto de continuidad
resulta del fuerte estado emocional que se apodera del lector al verse confrontado a tanta
violencia e injusticia.

Fuerte es el silencio (1980)5 consta de una serie de 5 crónicas bastante extensas entre 20 y
setenta páginas para la última que es la más elaborada -literariamente hablando-. En este libro,
Elena Poniatowska procurό fomentar ficciones a partir de datos reales resultantes del estudio
del pasado, las tradiciones y las raíces del pueblo mexicano. Como se ve en la primera de las
crónicas titulada: Angeles de la cuidad 6que hila una doble metáfora temática asociando la
caída del “Angel de la Independencia” (una estatua que se ubica en el centro mismo de la
4
Paz, Octavio: Posdata, ed. Era, ed. Siglo XXI, México, 1970.
5
Poniatowska, Elena: Fuerte es el silencio, ed. Era, México, 1980.

6
Angeles de la ciudad, p. 13-34.
capital, en lo alto de una columna) a raíz de un terremoto ocurrido en 1957 a la de Los
ángeles de alas trasquiladas que representan a todos los mexicanos pobres que acuden a
diario desde las profundidades del campo. Como lo subraya Héctor Manjarrez, esta crónica es
de una “sensibilidad un poco antigua” ya que recuerda de cierta manera la escritura color
local de los románticos. Describe con ternura y sencillez el desconcierto de los “golondrinos”
y de las “Marías” o sea los campesinos que “cultivan su tierra un mes o dos al año y el resto
del tiempo no encuentran quehacer”7al llegar a la capital. Estos desocupados suelen ser
vendedores ambulantes, limpiabotas o lavadores de autos y llegan a formar una infra-
humanidad sin otro derecho que el de sobrevivir. Cabe ahora insistir en otra crónica del libro
que se titula: Diario de una huelga de hambre8 cuya heroína es una mujer llamada Rosario
Ibarra de Piedra. En agosto de1978, con ochenta madres empezó una huelga de hambre en la
Catedral de México que se prolongó más de dos meses. La hacían para obtener informaciones
sobre sus hijos desaparecidos por activismo. Elena Poniatowska, con justeza y pudor como
siempre, nos da a conocer el sufrimiento de Rosario presentándola como una mujer que “arde
como lámpara votiva”. Y añade: “Nuca he visto a un ser tan absolutamente trabajado por el
sufrimiento”9. Obviamente, la historia contada por la autora mexicana es tan emocionante que
no necesita recursos literarios. Los hechos y comportamientos hablan por ellos mismos.

El colofón del libro es la crónica titulada: La Colonia Rubén Jaramillo10 que cuenta la
ocupación de tierras en el estado de Morelos por unas familias indias encabezadas por un
líder carismático apodado: “el Güero Medrano”. Primeramente, siete familias toman posesión
de esas tierras y acaban siendo 15 mil colonos que van a llevar a cabo un insólito experimento
de solidaridad. Cómo es fácil imaginarlo, fueron desalojados por las autoridades tras un año
de tenaz resistencia. Oscilando entre “corrido”, cuento, crónica verdadera y legendaria, este
relato se lee como una buena novela. Elena Poniatowska supo, en efecto, “narrativizar” y
“novelizar” esta historia de lo cotidiano confiriéndole al Güero Medrano la dimensión de un
ser mítico. Además, introdujo en su historia a un personaje ficticio denominado “Elena” que
se sobrepone a la voz de la autora y que aparece como su doble. Para escribir este cuento, se
valió de las técnicas utilizadas por los escritores del “New Journalism” que aspiraban a elevar
el periodismo a nivel de la literatura. Y, el resultado es muy logrado. Para concluir en Fuerte
es el silencio, E. Poniatowska nos da a conocer voces que raramente solemos escuchar. Da
nombre, textura y realidad a la gente al margen del poder. Y, como lo dice H. Manjarrez: “E.
Poniatowska se ocupa de lo popular sin ironía, no es populista en absoluto” 11. Se inscribe más
bien en la tradición humanista de los filόsofos de la Ilustración.

7
Ibid, p.17.
8
Diario de una huelga de hambre, p. 78-138.
9
Ibid, p.101.
10
La colonia Rubén Jaramillo, p.181-278.
11
Manjarrez, Héctor: Días de cόlera y días de fiesta, Siempre, 1971, México, p.7-8.
Nada, nadie (Las voces del temblor) (1988)12 es un libro escrito a raíz de los pavorosos
terremotos del 19 y 20 de septiembre de 1985 ocurridos en la ciudad de México. Como en la
Noche de Tlatelolco, Elena Poniatowska ha recogido cientos de voces que hablan de aquellos
aciagos días para elaborar un texto polifónico en el cual verbaliza la ausencia, las expresiones
de la pérdida, la desolación, el fracaso. Los términos clave del libro son: terremoto, olor a
muerte, dolor, lágrimas, catástrofe o sea un léxico negativamente connotado para dar cuenta
de las vicisitudes de los damnificados y para denunciar también la ineficacia del Presidente y
de las autoridades. Pero, el negativismo del libro viene mitigado por palabras de solidaridad
ante el dolor. E. Poniatowska recalca, en efecto, la manera con la que la población se organizó
independiente y solidariamente para resolver sus problemas. Pero a diferencia de Carlos
Monsiváis cuyo discurso está impregnado de ideología, la autora mexicana nunca politiza el
contenido de sus crónicas y como lo reconoce ella misma ha sabido: “Guardar las manos
limpias” pese a las presiones y a las dificultades.

Terminaremos el análisis con un breve comentario sobre la única novela-testimonio


publicada por la autora mexicana que se titula: Hasta no verte Jesús mío (1969) 13en la cual
recoge la historia de la vida de “Jesusa Palancares”. Fue “soldadera” (mujer-soldado) de los
ejércitos revolucionarios, más tarde se empleó como obrera en una empresa tabacalera y fue
también sirvienta. El libro traza el retrato de una mujer del pueblo y de una mujer libre dotada
de una fuerte personalidad. Sin embargo y a diferencia de Miguel Barnet, E. Poniatowska
reconoce que tuvo que proceder a la reescritura completa de la vida de Jesusa. Esta mujer, de
edad avanzada, se repetía mucho y era obsesionada por el espiritismo lo que no facilitaba el
diálogo con ella.

Para concluir, se podría decir que en paralelo a sus crónicas -sobre todo a partir de los años
80- E. Poniatowska se puso a publicar ficciones como cuentos y novelas, desarrollando aún
más su talento peculiar de observadora de la realidad cotidiana y de creadora de lectura
solidaria, sencilla y equitativa. Hasta obtuvo el Premio Alfaguara de Literatura en 2001 por
su novela: La piel del cielo14.

12
Poniatowska, Elena: Nada, nadie (Las voces del temblor), ed. Era, México, 1988.
13
Poniatowska, Elena: Hasta no verte Jesús mío, ed. Era, México, 1969.
14
Poniatowska, Elena: La piel del cielo, ed. Alfaguara, Madrid, 2001.
Carlos Monsiváis y sus crόnicas-ensayos

El escritor y periodista mexicano fallecido en el 2010 había nacido en 1938 en el barrio de la


Merced ubicado al centro de la capital mexicana. Su infancia va a determinar muchos
elementos de su vida adulta que influirán sus ideologías futuras. Su familia era metodista y,
por lo tanto, su madre le inculcό el protestantismo cuyas figuras principales -Jean Huss o
Martín Lutero- van a marcarlo profundamente. Esta cultura religiosa, lejos de los iconos
tradicionales del mexicano, va a forjar en él una cierta distancia crítica con lo religioso.
Además, la postura minoritaria de los protestantes, en un país como México tan impregnado
por el catolicismo, lo va a posicionar en una situaciόn de marginalidad que trasparecerá en
toda su obra. Esta relaciόn con las minorías va a ser reforzada por su proximidad, siendo
adolescente, con las ideas marxistas. Se afiliό al Partido comunista en 1953 y, de ahora en
adelante, afirmará opiniones muy marcadas en cuanto a la política mexicana y más
precisamente al partido único a la cabeza del país durante décadas (de 1929 hasta los años
2000). Otro elemento determinante en la vida de Carlos Monsiváis ha sido el descubrimiento
de la lectura. Verdadero “ratόn de bibliotecas”, el joven Carlos va a nutrirse de sus lecturas
ricas y variadas. A partir de ellas, va a adquirir una base de referencias culturales y desarrollar
sus capacidades literarias.

Su amor por la lectura completado por un gran interés por el cine va a cambiar su vida como
lo dice aquí: “Un libro o una película me van cambiando la vida en este sentido: al terminar
una novela importante, un buen libro de poemas o una gran libro de ensayos, me siento
modificado, no por ser ya otro, sino porque me siento modificable”15. Se dirige así, más tarde,
hacia estudios de Filosofía y Letras en la UNAM. Inicia su carrera de periodista a los 16 años
publicando un artículo en El preparatoriano y el periodismo será una de sus actividades
favoritas. Va a colaborar en casi todos los diarios y revistas mexicanas de fuste: Nexos,
Proceso, Unomásuno siendo incluso cofundador de la columna semanal: Por mi madre
Bohemios de La Jornada donde critica la iglesia, el estado y la sociedad mexicana. Fue
también locutor de radio del programa El cine y la crítica en Radio Unam, el cine que era otro
centro de interés para él. Su compromiso en la vida cultural mexicana se traduce también por
su presencia en manifestaciones culturales de todo tipo tales como mesas redondas, coloquios,
cursos o conferencias. Entre su impresionante bibliografía cabe destacar sus libros de crόnicas
publicadas entre 1970 y 1995. Unas cuantas antologías entre las cuales: A ustedes les consta…
que reúne una serie de crόnicas mexicanas que abarcan el siglo XIX y el XX16. A estas obras
cabe añadir un número impresionante de escritos de toda índole como, por ejemplo, sobre los
gatos a los cuales profesaba mucho cariño. En su casa vivían con él hasta 13 de estos
animales. Recibiό, entre otras recompensas, el Premio Nacional de Periodismo en 1977 y el
Premio Fil (Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe) en 2006. Acusado por sus

15
Ponce, Armando: Monsiváis y la cultura en México, junio 2008, México.
16
Monsiváis, Carlos: A ustedes les consta (Antología de la crόnica en México), ed. Era, México, 1985.
detractores de ser un “todόlogo”, Carlos Monsiváis fue una de las inteligencias más lúcidas de
la cultura de su país al combinar en sus escritos un humor ácido a un espíritu muy crítico.

La inspiraciόn de Carlos Monsiváis le proviene de la observaciόn de la realidad mexicana,


se nutre de los eventos y las evoluciones de la sociedad y transcribe sus reacciones en cuanto
a ellos. Es un testigo atento a las penas y las injusticias que sufre el pueblo mexicano. Así, el
cronista denunciό las matanzas de Acteal durante la cual el gobierno matό a indios tzotziles,
como la masacre del 68 en la Plaza de Tlatelolco. Sostuvo las figuras y los movimientos
contestatarios de izquierda que iban en contra de la política conservadora del partido oficial,
tomό la defensa de los movimientos feministas tanto como de las organizaciones
homosexuales. Y, como lo decía en su libro de crόnicas (ya citado) y titulado: A ustedes les
consta (1980): “Hay un nuevo país que se empieza a cronicar y documentar: El México de
masa y desempleo, de frustraciόn y esperanza bajo la tierra. Todo está por escribirse, por
grabarse, registrarse. Entender, desplegar, reportear ese nuevo país es primordial para el
periodismo, lo exige e irá exigiendo el crecimiento de una prensa marginal y el
aprovechamiento inteligente y crítico de los recursos de la prensa establecida”17. Esta cita
muestra la voluntad que tiene de abordar los problemas actuales y de comprometerse con las
luchas populares de México.

Su primer libro de crόnicas: Días de guardar 18 publicado en 1970 que le dio a conocer en
su país consta de una serie de una treintena de textos breves o más extensos, que siguen el
orden temporal del año 1969 (desde el 1 de enero hasta el 31 de diciembre). Pero se trata más
bien de una cronología -de alcance simbόlico- que mezcla temas políticos y culturales. La más
acerba crítica de los gobernantes mexicanos, como en el texto titulado: Saluda al sol araña,
no seas rencorosa (es el verso de un poema de Rubén Darío)19 analiza con gran ironía y
sarcasmo el proceso del “destape” del candidato a la Presidencia de la República, haciendo
eco al frívolo estreno de “Hair” en Acapulco y a la apología de las protestas estudiantiles. En
la página 274 del libro escribe: “Ėl prendiό un periόdico y lo sumό a los miles de llamas que
ardían como otro símbolo evidente que ya nadie explicaba. Y todo era posible en esa
sensaciόn de victoria popular y triunfo moral”. Con este libro, Carlos Monsiváis logra
convertirse en el padre de la crόnica moderna en México inaugurando una textual híbrida que
se ubica entre reseña, reportaje y ensayo. Lo original de su escritura reside también en la
capacidad que manifiesta para jugar con la instancia narrativa produciendo un discurso a la
vez personal y distanciado.

En cuanto a A ustedes les consta (1980) subtitulada: Antología de la crόnica en México


reúne crόnicas escritas y publicadas entre 1843 y la actualidad. Son textos breves de un
promedio de 5 páginas que aparecieron generalmente en revistas o periόdicos mexicanos.
Pueden ser frívolas como lo demuestra el título de un texto de Amado Nervo: El descanso de

17
Prόlogo, p.76.
18
Monsiváis, Carlos: Días de guardar, ed. Era, México, 1970.
19
Saluda al sol araña, no seas rencorosa, p.307-321.
la marquesa 20 o arcaizantes como las crόnicas de Luis González Obregόn. Fue nombrado -
Cronista oficial de la Ciudad de México- en las primeras décadas del siglo XX y como tal fue
precursor de la moda colonialista y re-creador de la vida virreinal con una técnica que
entrevera erudiciόn y fábula, costumbrismo y crόnica histόrica. Repertoriό Las calles del
México viejo y anecdόtico21. Y como todos los cronistas de la Ciudad de México, (un cargo
honorífico existente desde la Conquista) L. González Obregόn se abstiene de criticar a los
gobernantes que lo nombraron. De la misma manera, el poeta Salvador Novo - también
Cronista de la Ciudad en 1968 - omitiό hablar de la matanza ocurrida en La Plaza de
Tlatelolco. Y, para volver a nuestro asunto, la antología de Carlos Monsiváis saca a relucir la
variedad y flexibilidad de la crόnica en México cuya permanencia, a través del tiempo, la
erige en auténtico género literario.

En el prόlogo del libro, Carlos Monsiváis escribe lo siguiente: “La crόnica oscila entre el
turismo interno y una suerte de filosofía nacional”22 lo que quiere dar a entender las
implicaciones de esta forma de expresiόn accesible a todos los públicos y, por lo tanto,
modelable a los contornos de un nacionalismo patriotero. Sin embargo, el rol impartido a la
crόnica evolucionό a partir de la década de los 60 cuando esta forma breve se convirtiό en
tribuna de las ideas de progreso. Como lo subraya Héctor Aguilar Camín en su ensayo: Saldos
de la revoluciόn (1985): “La crόnica fue la catarsis del espejo de los setentas en el doble
sentido de la reseña y clímax de la realidad”23. Quiere decir que, por primera vez, los
periodistas y ensayistas mexicanos desempeñaron el papel que les suele tocar: enterar al
pueblo de toda la realidad de las cosas. Y, en su antología, son pocos los autores que se
atreven a criticar la política y el sistema institucional mexicano, salvo contadas excepciones,
como la de Ignacio Manuel Altamirano (1834-1893) el cual, al ser director de la revista “El
Renacimiento”24, denuncia injusticia social e incuria política. Moralista de tiempo completo,
Altamirano creía que los males sociales se combatían con la sátira lo que le costό nutridos
ataques de parte de los conservadores de la época.

Amor perdido (1977)25 viene centrado en algunas figuras míticas del cine, canciόn popular,
sindicalismo, militancia, donde pinta un panorama desolador en medio de la debacle de la
clase media y la crisis de la democracia. Y, de facto, Escenas de pudor y liviandad (1981)26
retoma en buena parte la misma temática (más centrada en lo cultural) de la vida en una
sociedad que no acaba nunca de ser plenamente moderna. Los diferentes textos que

20
Nervo, Amado: El descanso de la marquesa, p.128-130.
21
González Obregόn, Luis: Las calles de México, I-II, ed. Botas, México, 1947.
22
Prόlogo, p.27.
23
Aguilar Camín, Héctor: Saldos de la Revoluciόn, ed. Océano, México, 1985.
24
Altamirano, Ignacio Manuel: Una visita a la Candelaria de los Patos, p.104-109.
25
Monsiváis, Carlos: Amor perdido, ed. Era, México, 1977.
26
Monsiváis, Carlos: Escenas de pudor y liviandad, ed. Era, México, 1981.
constituyen el libro abarcan la cultura popular urbana y como lo pondera el mismo autor:
“…Eso que es a la vez realidad viva para millones de personas, nostalgia inducida, efecto de
las personalidades únicas sobre los modos de vida, industria cultural y respuestas colectivas al
proceso de modernizaciόn”27. Partiendo de situaciones tan diversas como la cultura punk o la
cultura más tradicional del teatro de “carpa” (que mezclaba el circo con el teatro frívolo) y
celebrando figuras como la del humorista Cantinflas o la de María Félix “la diosa de la
pantalla mexicana”, Carlos Monsiváis analiza prácticas y hábitos culturales poniendo énfasis
en la dualidad de una sociedad atrapada en las redes de una cultura de masa poco creativa al
final.

Y, la paradoja de la escritura de Carlos Monsiváis se hace más patente en este libro. En


efecto, él como Elena Poniatowska, José Emilio Pacheco o Fernando Benítez se inscriben en
el movimiento de una nueva generaciόn de intelectuales mexicanos deseosos de ofrecer unas
visiones más realistas de la sociedad mexicana. Y, así, Carlos Monsiváis, como los demás
autores citados, revela las múltiples facetas de una cultura popular plural muy alejada del
canon de la cultura oficial. Sin embargo, lo que tiende a hacer es a intelectualizar la cultura
popular y a aparecer “como elitista y “torremorfileño” (como lo dice Fernando Aínsa). Eso
hace que la gran masa del pueblo resulta, en contrapartida, casi despreciada por su carácter
ignaro. Y, cuando Adolfo Castañon dice del cronista mexicano que es un autor a la vez “culto
y oculto”28 traduce bien las contradicciones existentes entre sus metas y la realidad de su
discurso.

Los dos libros de crόnicas siguientes del año 1987 en el caso de Entrada libre,
explícitamente subtitulado: Crόnicas de la sociedad que se organiza29 y Los rituales del caos
de 199530 continúan en la misma vena combinando sociología e ideología. El primero se
presenta como una incitativa defensa de los derechos civiles y de los combates iniciados por
la sociedad civil en México. Como en sus libros anteriores, Carlos Monsiváis enfatiza a las
marginalidades lo que le permite denunciar las élites y criticar los valores fundamentales de la
sociedad mexicana, valores religiosos sobre todo. En el texto titulado: Viñetas del movimiento
urbano popular31 presenta a una “Pareja legendaria” que se resume a una familia india
víctima del éxodo rural cuya mujer se convierte en “Pasionaria” de los derechos civiles al
participar en las “juntas de vecinos” de la colonia donde vive. El último volumen de crόnicas
publicado por el escritor mexicano radica en la cita de John Kenneth Galbraith que dice así:
“Lo único que puede decirse del caos es que es bueno para la libre empresa” 32. Valiéndose,
27
Ibid, p.19.
28
Castañon, Adolfo: Un hombre llamado ciudad, Revista Vuelta, junio 1990, México, p.30.
29
Monsiváis, Carlos: Entrada libre, crόnicas de la sociedad que se organiza, ed. Era, México, 1987.

30
Monsiváis, Carlos: Los rituales del caos, Ed. Era, México, 1995.
31
Viñetas del movimiento popular urbano, p.237-245.
32
Ibid, p.14.
como siempre, de las figuras de la ironía desmonta las rampas de la actual sociedad de
consumo que se olvida cada vez más de elevar al ser humano. Este “Quevedo posmoderno”,
como se lo denominaba, procuraba influir en las opiniones públicas al pitorrearse de las
declaraciones de la llamada vida nacional. ¿Ha sido realmente importante el impacto y el
alcance de sus diatribas? No se sabe de verdad, lo que sí es cierto es que Carlos Monsiváis
supo de maravilla hablar de las minorías a las otras minorías….
Miguel Barnet y la novela testimonio cubana

Nació en 1940 en La Habana en el seno de una familia acomodada nutrida de valores


norteamericanos. Cursó sus estudios secundarios en una “high school” de la capital cubana
como lo solían hacer los hijos de las familias burguesas de la época. La revolución
encabezada por Fidel Castro, a fines de la década de los 50, fue para él una auténtica
revelación y la mejor manera de salir de su “exilio interno”. Su fidelidad a la causa castrista
fue sin falla y, por lo tanto, obtuvo cargos de primera importancia en la jerarquía cultural de
su país. Es, actualmente, presidente de la UNEAC desde el año 2007 y miembro del Comité
Central del Partido Comunista. Por los años 60 participó a la fundación de la Academia de
Ciencias y del Instituto de Etnología y Folklore. Cursó estudios universitarios en esta nueva
ente trabajando sobre los procesos de transculturación en las religiones de origen africano. Se
interesó así a la cultura del “vodú” en Cuba y a la “santería” publicando fábulas cubanas:
Akeké y la jutía u otro libro titulado: Cultos africanos: la regla de Ocha, la regla de Palo
Monte (1978). Desde 1999 es director de una revista de antropología titulada: Catauro.

Miguel Barnet empezó escribiendo poemas pero se dio a conocer al publicar su primera
novela testimonio en 1966: Biografía de un cimarrón que ha sido traducido a muchos
idiomas. En Francia fue publicada por la prestigiosa editorial Gallimard33. Es la historia de un
esclavo fugitivo de los últimos tiempos de la esclavitud, nombrado Esteban Montejo. Un
personaje carismático dotado de un gran sentido de la irrisión cuya vida descomunal despertó
la curiosidad general. El escritor cubano propondrá tres otras obras de la misma índole entre
1969 y 1986 cuyos títulos son los siguientes: Canción de Rachel, Gallego (1981) y La vida
real (1986)34. Ha escrito, también, guiones de documentales y de largometrajes inspirados de
sus novelas testimonio. Como la Bella del Alhambra que retoma el nombre del famoso teatro
capitalino de la “Belle Epoque”. En 1989 dio a luz una nueva publicación tan inclasificable
como las anteriores: Oficio de angel. Un libro que oscila entre autobiografía y testimonio, una
suerte de auto-ficción a vocación colectiva35. Últimamente, ha publicado un cuento que relata
la vida de un travesti en La Habana (2006): Fátima o el parque de la Fraternidad36.

Ha sido galardonado con muchos premios y recompensas como el Premio Nacional de


Literatura en 1994. Se ha ido convirtiendo en una suerte de embajador de las Letras Cubanas
y defensor de las potencialidades creadoras del subcontinente americano. Como lo confirma

33
Barnet, Miguel: Biografía de un cimarrόn, ed. Ariel, Barcelona, 1968. Ediciόn francesa: Esclave à Cuba,
Gallimard, 1967.
34
Barnet, Miguel : Canciόn de Rachel, ed. Instituto del Libro, La Habana, 1969 ; Gallego, ed. Alfaguara, Madrid,
1981; La vida real, ed. Letras Cubanas, La Habana, 1989.
35
Barnet, Miguel: Oficio de ángel, ed. Alfaguara, Madrid, 1989.
36
Branet, Miguel: Fátima o el Parque de la Fraternidad, Revista Atenea, n°495, Universidad de Concepciόn,
Chile.
lo que sigue: “Yo he aprendido de mis viajes y sobre todo he aprendido en Europa y en
Estados Unidos a estimar y a valorar a Latinoamérica como un continente de constante
ebullición y creatividad”37.

Sinopsis de sus cuatro novelas-testimonio

Biografía de un cimarrón: (1966) Nació el libro de un encuentro en 1963 entre el etnólogo


que buscaba documentos sobre la vida en los “barracones” en los tiempos de la esclavitud y
un anciano de casi 100 años. Esteban Montejo había nacido, en efecto, en 1860 así que su
testimonio se inscribe en la etapa final del sistema esclavista. La prohibición de la trata de
negros fue instaurada en 1886, por lo cual la generación de Montejo gozó de un tratamiento
mejor que el de los esclavos que le precedieron. Como solía pasar, Esteban no conoció a sus
padres puesto que este sistema rompía las estructuras familiares. Más tarde, se volvió
“cimarrón” lo que era, finalmente, poco frecuente entre los negros por la peligrosidad que
representaba el querer huir de su condiciόn. Sin embargo, el “cimarronaje” se inició en Cuba a
partir del siglo XVI y se mantuvo hasta la abolición de la esclavitud. Tras la abolición, la
situación de los trabajadores del azúcar, poco se va mejorar. En efecto, se mantuvo la misma
política autoritaria para con los negros. A fines del siglo XIX, Esteban se convirtió en soldado
mambí de las tropas independentistas. Como lo pondera un historiador cubano: “Los
revolucionarios fueron alentados y sostenidos por las clases bajas de la sociedad cubana”.
Tras la guerra de Independencia a principios del siglo XX, Estaban fue obrero en las mismas
plantaciones azucareras negándose a participar en la fundación del proyecto republicano que
le parecía falso y engañoso. Terminó su vida en un hogar para ancianos edificado gracias a la
Revolución del 59. Biografía de un cimarrón corresponde al esquema de la “novela
testimonio” mediatizada, en la que interviene un “gestor” exterior, cuyo papel es codificar,
ordenar y parafrasear la vida del testigo relatador. En este caso de figura, Montejo tiene la
autoría de lo relatado y Barnet la de escrito. O sea que hay como una doble autoría
anticipadora de las novelas digitales actuales que suponen una construcción literaria colectiva.

Canción de Rachel (1969) corresponde a un modelo un tanto diferente y que Elzbieta


Slodowska define como siendo una “novela testimonial”. Su contenido no es la resultante de
la confesión directa de un “interrogante” a un “interrogador” sino que radica en la consulta de
documentos de archivos y de encuentros puntuales de M. Barnet con las ex “vedettes” del
Teatro Habanero de la Alhambra. El personaje de Rachel es un compendio de “múltiples
vedettes retiradas, viejas “cocottes” de La Habana de los años veinte, Petite Bertha, la
memoria de Luz Gil, la inigualable Amelia”38. El Teatro de la Alhambra era parecido al
“teatro frívolo” mexicano de las primeras décadas del siglo XX y era un teatro satírico
dirigido contra el estado, la iglesia o el ejército y reservado a una élite masculina. Sólo los

37
Forgues, Roland: Entrevista a Miguel Barnet, Revista Socialismo y Participaciόn, Lima, 1969, p.70.
38
Forgues, Roland: Entrevista a Miguel Barnet, Revue Caravelle, n°17, Université de Toulouse, 1971, p.123-132.
hombres eran, en efecto, aceptados en este espacio machista excepto sobre el escenario, donde
la belleza y la gracia de las “vedettes” que bailaban y danzaban, les permitía olvidar las
preocupaciones diarias. El estatuto social de “Rachel” que es corista en la “novela” de M.
Barnet la aproximaba (en realidad) a una forma disfrazada de prostitución. Era una mujer
marginada por su sexo y por su profesión. El testimonio de Rachel abarca el periodo más
reciente del neo-colonialismo estadounidense del periodo de la “República” o sea la primera
mitad del siglo XX.

Contrariamente a Esteban Montejo, Rachel da la prioridad al relato de su vida y sólo, de vez


en cuando, refiere hechos de la historia colectiva. Y, como lo subraya el propio M. Barnet:
“Rachel fue una metáfora de lo que fue este país hasta el triunfo de la revolución cubana. Una
metáfora de sumisión a Estados Unidos”39. En ambos testimonios, la “intrahistoria”
(recordando la expresión de Miguel de Unamuno) está en el candelero para reflejar el
ambiente de una época. No se trata, en realidad, de insistir en los grandes eventos históricos
sino de dar a conocer “la pequeña historia”. No obstante, M. Barnet se vale de la ironía para
orientar al lector e incitarle a condenar el punto de vista racista de su heroína. Su falta de
conciencia crítica sobre la condición de la mujer y su situación en la sociedad, la incapacitan
para ser portavoz de las mujeres cubanas de su época. De la misma manera, toda posible
identificación entre el testigo y el lector resulta ser imposible en este texto. Y aquello incita el
autor cubano a actuar más como novelista que como investigador o etnólogo. Como lo
subraya Abdeslam Azougarh: “Con Canción de Rachel asistimos a la desmitificación del
pacto testimonial de la narrativa testimonial sociográfica40”. En esta segunda publicación lo
literario está al servicio de lo testimonial a la inversa de Cimarrón.

Gallego (1981) Tras un plazo de más de diez años, M. Barnet vuelve a publicar su tercera
“biografía autobiografiada” como se la podría definir y como se podría calificar este tipo de
publicación que combina la modalidad de la confesión a la reescritura de una vida ajena. Este
libro versa, una vez más, sobre la temática de la identidad cubana enfocando, esta vez, otro
componente de la sociedad cubana: los inmigrantes gallegos. El protagonista se llama Manuel
Ruiz y como lo menciona el autor en la nota introductoria: “Manuel es Antonio, José, Fabián
es el inmigrante gallego que llegó a la isla”. Lo que demuestra, una vez más, la dimensión
colectiva y “socializante” de esta narrativa. Manuel nació en 1900, embarcó para Cuba en
1916 y el relato de su vida cubre más de la mitad del siglo XX. En el último capítulo, Manuel
es un anciano un tanto desilusionado que confiesa: “Voy a vivir hasta que llegue mi hora” 41.
Algunos críticos le reprocharon a M. Barnet la poca implicación ideológica de sus dos
testimonios anteriores y, es bien probable que con Gallego procuró corregir el tiro.

La visión del personaje corresponde a unos criterios de clase, como consecuencia de la


evolución socioeconómica y política de la sociedad cubana. Como lo dice Manuel Ruiz,

39
Azougarh, Abdselam : Miguel Barnet, rescate e invenciόn de la memoria, ed. Slatkine, Genève, 1996, p.219.
40
Ibib, p.74.
41
Gallego, p.224.
gracias a “Fidel” pudo obtener “solicitar retiro”. En este libro, las referencias a la historia con
“H” mayúscula no faltan y así el personaje denuncia la explotación tanto interna como externa
de los cubanos antes del triunfo de la Revoluciόn. Menciona la complicidad entre Menocal y
los dirigentes norteamericanos tanto como la corrupción durante el “Machadato” (el gobierno
del general Antonio Machado -1925-1933-). Y, va mezclando la pequeña historia con el
acontecer histórico, lo anecdótico con lo grave. Manuel Ruiz insiste también en su baja
condiciόn social en el seno de la sociedad cubana. Y, se vale de la oposición “cronotópica”
entre el “aquí” y el “allá” para mejor mostrar su desgarramiento entre dos culturas: la
hispánica y la cubana. En cuanto al pacto testimonial existente en este libro, es de notar que el
discurso de Manuel Ruiz es persuasivo lo que le otorga más verosimilitud. Sin embargo, el
punto de vista personal del narrador-personaje, tampoco en este caso, resulta de un testimonio
directo. Manuel es un personaje ficticio compuesto a base de varios informantes. Eran dos, en
realidad: un gallego que emigró a Cuba y nunca pudo volver a su tierra natal y otro que nunca
fue a Cuba pero que soñaba con emigrar. Vemos nuevamente que M. Barnet falsifica la
instancia narrativa brindándonos una suerte de “novela realista” que presenta semejanzas con
Gáldos.

La vida real (1986) Entre 1983y 1984, Miguel Barnet pasό un año en Estados Unidos
realizando una labor de investigación sobre los flujos migratorios provenientes de Cuba y de
Puerto Rico. Como lo confirma en la introducción de su libro no aspira a presentar un cuadro
exhaustivo de la emigración cubana en las décadas del cuarenta y del cincuenta. Además, los
cubanos que abandonaron su isla, en aquel entonces, no por motivos políticos sino para buscar
mejores condiciones de vida. El portavoz y narrador de La vida real es un “guajiro”
denominado Julián Mesa que fue uno de los actores de esa oleada de migrantes. El libro sigue,
una vez más, un orden cronológico mostrando, primeramente, la vida miserable del
protagonista en el campo cubano hasta su llegada a la gran ciudad de Nueva York. Lo que
llama la atenciόn en este libro - más que antes- es el uso repetitivo de un lenguaje axiomático,
como cuando Julián Mesa cita el lema del liberador José Martí: “No hay casa en tierra ajena”
destinado a desmitificar “el sueño del Norte”.

Una frase que nos recuerda a Carlos Fuentes en su ensayo: Tiempo mexicano publicado en
1970 cuando hablaba del “espejismo nailon” del tan soñado -American Way of Live-42. La
narración se da en forma retrospectiva: Julián Mesa cuenta su vida poco antes de regresar a su
isla natal como “turista” tras una larga ausencia. Como en Gallego, el tema de la identidad a
construir está muy presente y M. Barnet muestra que el mismo determinismo social les toca a
todos los trabajadores pobres. Julián Mesa se ha casado con una puertorriqueña porque
cubanos y puertorriqueños comparten las mismas vicisitudes económicas. En el barrio de
Chelsea donde vive da a entender, sin embargo, que la solidaridad puede vencer las
diferencias culturales y étnicas. Pero la nostalgia de la isla perdida permea todo el relato del
personaje como si, en filigrana, M. Barnet quisiera sugerir al lector que la vida en la Cuba
revolucionaria era preferible al exilio norteño capitalista…

42
Fuentes, Carlos: Tiempo mexicano, ed. Joaquín Mortiz, México, 1971, p.32-34.
De la misma manera, la crítica del poder del dinero en los Estados Unidos cuadra con el
discurso propagandístico de un fiel militante… Al inicio de La vida real, M. Barnet procura
convencer al lector de su total sinceridad: “No he adulterado los contextos, ni traicionado el
discurso oral, confesional de mis informantes…Nos hemos confabulado, eso sí, en un toma y
daca íntimo y creador”43. Todo contribuye a legitimar el discurso verídico del testigo que
parece contradecir el término “creador” o sea la capacidad inventiva del propio autor. Al final,
se puede decir que la cuarta novela-testimonio de M. Barnet es la que viene transcrita con una
“mínima intervención autorial”. Hace pensar en los guiones mal elaborados de un “sitcom”
televisual. Y, Con La vida real, el ciclo barnetiano de la novela-testimonio está a punto de
cerrarse.

Para concluir, M. Barnet que ha hecho de la memoria la clave de su literatura, dio a luz en
1989 una nueva obra titulada: Oficio de ángel44. Narra la vida de un adolescente en La
Habana de los años 50 que da a conocer una historia interior de los años anteriores a la
Revolución del 59. Y, de hecho, el lector no acierta a definir claramente a qué género puede
pertenecer esta obra como tampoco logra descifrar quién el personaje de esta “auto-ficciόn sin
declarar”. Oscila el libro entre testimonio personal y documento sobre la época pre-
revolucionaria. Uno tiene la sensación de que su autor quiere disfrazar su propio pasado para
conferirle una proyección colectiva. Miguel Barnet fue “gestor” de novelas-testimonio,
acostumbrado a delegar la palabra a unos testigos y se tiene la sensaciόn de que no se atreve a
salir del anonimato a la hora de ahondar en su pasado. Como si narcisismo y egotismo fueran
posturas condenables para él…

43
Prόlogo, p. 6.
44
Barnet, Miguel: Oficio de ángel, ed. Alfaguara, Madrid, 1989.

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