DESARROLLO
Respuesta a preguntas n° 1 y n°2.
Muchas personas mayores se encuentran plenamente capacitadas para desarrollar sus actividades
cotidianas y resolver sus necesidades vitales sin la presencia de un residente o de terceros externos a su
vivienda. A su vez, la participación social activa incide en la calidad de vida de las personas mayores, ya
que les permite acceder a formas de capital social que generan y movilizan una serie de recursos. De este
modo, cuando los entornos de participación y de vinculación social se establecen como espacios de
integración y como facilitadores de un envejecimiento activo, adicionan recursos funcionales a la calidad
de vida de las personas. Por el contrario, cuando no existen instancias de participación, estos potenciales
recursos se transforman en barreras y limitaciones para la actividad y el bienestar.
Las medidas ya conocidas de distanciamiento social, confinamiento y cuarentena implementadas de
manera particular en cada región están impactando no solo en las actividades económicas (trabajo,
producción y consumo), sino también en las formas de apoyo institucional y comunitarias que solían ser
gestionadas presencialmente, lo que ha implicado un aumento de la vulnerabilidad social, amplificando el
riesgo social y económico de los grupos sociales más frágiles. En efecto, las personas que trabajan en
condiciones de mayor precariedad laboral, las mujeres, niños y niñas, las personas mayores y grupos
históricamente excluidos han visto profundizadas sus desventajas y vulnerabilidades como consecuencia
de la pandemia.
Las personas mayores representan uno de los grupos de mayor riesgo al sufrir no tan solo las
consecuencias adversas de contraer la COVID-19, sino también del impacto social y económico que trae
aparejado. Desde el punto de vista social, las personas mayores pueden requerir mayor apoyo tanto por
problemas físicos como mentales, o por el bajo acceso a tecnologías y herramientas de comunicación que
rápidamente se están instalando como medios de gestión de protección social. Algunas personas mayores
que viven solas o en aislamiento pueden enfrentar dificultades para conseguir alimentos, atención médica,
medicamentos, ingresos, pensión o, inclusive, información respecto de la emergencia sanitaria. Por estos
motivos, parte de las estrategias que se han implementado para agilizar y reforzar la protección social en
este grupo se enfocan en asegurar la conectividad y la gestión expedita de requerimientos sociales y
materiales
Es difícil precisar el impacto de las medidas de prevención en la calidad de vida de las personas mayores.
En general, los datos y estadísticas disponibles son epidemiológicos y clínicos, ya que su objetivo es
orientar a la población y monitorear indicadores clave de la pandemia, para así tomar las medidas
sanitarias correspondientes. Sin embargo, es claro que el distanciamiento social, la cuarentena voluntaria,
la cuarentena total obligatoria y la cuarentena sanitaria están teniendo efectos psicológicos y sociales en
las personas, sobre todo en las poblaciones más vulnerables y de mayor riesgo.
De esta manera, en un contexto en el que muchas personas mayores están sometidas a un aislamiento
social indefinido —sobre todo aquellas que viven solas—, exento de participación social y sin acceso a
medios tecnológicos, es posible anticipar que su calidad de vida puede verse deteriorada
significativamente. A estos elementos se deben sumar el temor y la angustia frente a la posibilidad de
contagiarse, a la enfermedad de personas cercanas y seres queridos, además de los efectos adversos del
aislamiento social, posibles mermas físicas, como también factores de vulnerabilidad como dependencia
funcional, enfermedades crónicas y bajos ingresos.
Para aproximarse a la experiencia del año 2020 frente a la pandemia de COVID-19 y al contexto
sanitario, es necesario cambios de hábitos, la experiencia emocional y nuevas necesidades relevantes
surgidas entre las personas mayores, a partir de dos fuentes de información: la base de datos de llamadas
ingresadas a Fono Mayor Covid-19 de SENAMA desde el 25 de marzo hasta el 30 de septiembre de 2020,
y los resultados para Chile de la encuesta elaborada por la Red Interdisciplinaria de Psicogerontología
(Redip), aplicada en junio de 2020. Si bien ninguna de las dos fuentes posee bases representativas de la
población mayor en Chile, entregan antecedentes interesantes para reflexionar en torno al impacto de la
pandemia sobre ciertas vulnerabilidades que las personas mayores presentaban con anterioridad, como
también la manera en que esta población y sus redes gestionan y se adaptan a estas nuevas circunstancias
para lograr una mejor calidad de vida para los miles de adultos mayores que necesitan que todos estemos
un poco más en armonía y no tan ensimismados en nuestras propias cosas.
Respuesta a pregunta n°3.
Cuadro comparativo según caso” Juan tiene 10 años y estaría en grave daño psicosocial producto de
abuso permanente por parte de sus padres”.
ENFOQUE DE NECESIDAD ENFOQUE DE DERECHOS
El estado no está obligado a satisfacer las El estado tiene la obligación de hacerse cargo del
necesidades de la población infantil. cumplimiento de los derechos de los niños.
Existe una jerarquía de necesidades, en las cuales, Los derechos son indivisibles e interdependientes,
unas son más importantes que otras. pero en algunas situaciones se requiere su
priorización, como es el caso de Juan.
No todos los niños son beneficiarios de las Todos los niños, niñas y adolescentes forman parte
prestaciones de servicios, (salud, educación, del logro de metas globales en los mismos ámbitos
hogar). mencionados en los de necesidad.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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Gerontologia_Ultima_version_mzo_2021.pdf