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Avances Recientes: Comisión Internacional Sobre Los Futuros de La Educación

La Comisión Internacional sobre los Futuros de la Educación está desarrollando un informe para replantear la educación en un mundo cada vez más complejo e incierto. El documento resume los avances recientes de la Comisión, incluyendo el proceso de consulta pública y el esbozo provisional del informe, que abordará temas como la necesidad de una educación regenerativa, los desafíos futuros para la educación y formas de replantearla para 2050.
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Avances Recientes: Comisión Internacional Sobre Los Futuros de La Educación

La Comisión Internacional sobre los Futuros de la Educación está desarrollando un informe para replantear la educación en un mundo cada vez más complejo e incierto. El documento resume los avances recientes de la Comisión, incluyendo el proceso de consulta pública y el esbozo provisional del informe, que abordará temas como la necesidad de una educación regenerativa, los desafíos futuros para la educación y formas de replantearla para 2050.
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Comisión Internacional sobre los Futuros de la Educación

Avances recientes

Marzo de 2021

En el presente documento se refieren los avances recientes de la Comisión Internacional sobre los Futuros
de la Educación como información de referencia para los procesos globales de consulta y participación
pública que tienen lugar en marzo y abril de 2021, antes de la redacción final del informe de la Comisión.

En primer lugar, se ofrece información de referencia sobre la iniciativa y sus ambiciones. Se lleva a cabo una
introducción a las características de co-construcción y consulta de la iniciativa y se analiza brevemente el
modo en que la Comisión estructura el informe. En el segundo apartado del texto se presenta el esquema
provisional del informe, seguido de una explicación de los principales puntos y argumentos previstos
actualmente para cada apartado y subapartado.

A la Comisión Internacional le resultaría de gran utilidad recibir comentarios y sugerencias respecto a este
informe de los avances recientes realizados, particularmente en lo que atañe a a) la coherencia de los
argumentos presentados, b) los elementos que requieren una ulterior atención o desarrollo, o que faltan, y
c) lo que resulta más novedoso y prometedor del próximo informe según lo previsto actualmente.

Las respuestas, que deberán recibirse a la conclusión del mes de abril de 2021 a más tardar, pueden
presentarse en línea en https://es.unesco.org/futuresofeducation/2021-consulta o enviarse por correo
electrónico a [email protected].

ED-2021/FoE-OD/1
1
Antecedentes y ambición

Mandato: la Comisión Internacional sobre los Futuros de la Educación es una comisión independiente
convocada por la Directora General de la UNESCO y presidida por S.E. Sahle-Work Zewde, Presidenta de la
República Democrática Federal de Etiopía, para replantear la educación en un mundo de creciente
complejidad, incertidumbre, desigualdades, riesgos y posibilidades. El Informe de la Comisión que se
publicará en noviembre de 2021 pretende constituirse en un temario para el debate mundial, el diálogo
sobre políticas y la acción a múltiples escalas.

Urgencia de cambiar de rumbo: la Comisión pretende que su Informe genere esperanza, especialmente en
tiempos de crisis sanitarias, de gobernanza, económicas y medioambientales tan profundas, y muestre
cómo la educación puede ser regenerativa. En este momento de transición histórica, necesitamos
urgentemente una educación capaz de valorar las dimensiones públicas y comunes del mundo y de reforzar
los modos en que aprendemos juntos. Ciertos enfoques de la educación se han agotado. A pesar de los
considerables esfuerzos realizados, nuestras estrategias actuales no han logrado garantizar la igualdad de
oportunidades educativas para todos. Es aún menos probable que nos permitan abordar nuevos retos. La
educación debe regenerarse como bien público y como responsabilidad global colectiva, constituyendo su
condición de derecho humano un eje central. Solo esa reformulación radical puede fortalecer nuestra
humanidad común y garantizar unas relaciones sostenibles con los demás, con la naturaleza y con la
tecnología. No podemos seguir haciendo más de lo mismo si queremos abordar las disrupciones ecológicas
y tecnológicas y llegar a 2050 con un mundo en el que las personas convivan adecuadamente entre sí y con
el planeta.

Posibilidades y límites de las respuestas educativas: no debemos caer en la ilusión de pensar que la
educación puede resolver todos los problemas del mundo. Gran parte del discurso internacional alimenta
esta ilusión, lo que se traduce rápidamente en desilusión e incredulidad. La educación puede hacer mucho,
pero no todo. Centrarse únicamente en lo que puede hacer la educación supondrá ya una enorme
aportación.

Amplio compromiso público y de expertos: el Informe está respaldado por un amplio proceso global de
consulta pública y a expertos que comprende un gran número de artículos de reflexión de la red mundial
de cátedras de la UNESCO, los documentos de referencia encargados, y más de 400 grupos de debate hasta
la fecha, celebrados en todas las regiones del mundo con casi 6 000 participantes. Otros han aportado sus
ideas a través de plataformas en línea: se trata de más de 3 200 obras de arte y contribuciones por escrito,
y una encuesta que cuenta actualmente con 85 000 respuestas. Si se incluyen los seminarios web y otros
eventos, en torno a un millón de personas han participado hasta la fecha en la iniciativa y han contribuido a
la elaboración conjunta del Informe de la Comisión.

Debate público encendido: la Comisión incorpora las aportaciones de esta amplia gama de partes
interesadas a su labor, tanto para aprovechar la participación colectiva de todo el mundo como para crear
un movimiento de ideas cuyo impacto trascenderá con creces al propio Informe. La presentación del
Informe en la Conferencia General de la UNESCO en noviembre de 2021 constituirá un primer paso para
catalizar las comunidades educativas de todo el mundo para replantear los fines y el papel de la educación.
La Comisión no tiene intención de redactar un plan rector definitivo, sino más bien un documento
conceptual abierto. El Informe constituirá una plataforma que otros podrán seguir construyendo.

2
Educación regenerativa para 2050: es importante recordar que a la Comisión se le encargó utilizar el
horizonte de 2050. Como en anteriores informes mundiales de la UNESCO sobre educación (Aprender a ser,
1972; La Educación encierra un tesoro, 1996), el propósito es pensar a largo plazo. La intención no es
construir otro ejercicio «futurista», ni presentar «escenarios futuros», sino identificar vías prometedoras
para formular políticas y estrategias que configurarán futuros deseables y repararán injusticias pasadas.
Una educación regenerativa que cure, repare, reconvierta y renueve posee un enorme potencial para
encaminar al mundo hacia futuros más justos y sostenibles para todos.

Futuros plurales: Esta iniciativa trata sobre los «futuros» de la educación, en plural. Resultaría poco
razonable tratar de definir un único futuro, inadmisible imponer un solo futuro al mundo, y poco realista
pensar que podemos anticipar todos los aspectos del mundo en 2050. En cambio, la Comisión pretende
abrir la imaginación a una pluralidad de futuros posibles, futuros que sostienen diversas formas de saber y
de ser, al tiempo que propician la cooperación y la acción colectiva en torno a causas comunes. La ambición
consiste en complementar importantes esfuerzos en curso por desarrollar políticas coherentes y
consistentes en el corto plazo, como vemos en el caso de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y sus
objetivos educativos, con una reflexión a más largo plazo sobre qué más podría resultar necesario hacer, a
partir de ahora.

Construir sobre la base de las semillas de esperanza existentes: existen motivos sobrados para la
esperanza. En todo el mundo, docentes, comunidades, organizaciones y gobiernos se encuentran
embarcados en numerosas iniciativas educativas prometedoras. Estas semillas de esperanza y las nuevas
posibilidades que generan deben alimentarse. La Comisión confía en que el Informe sea una herramienta
para conectar y apoyar a los millones de educadores y coaliciones que comparten los ideales expuestos en
el mismo.

Reformular el humanismo: el Informe de la Comisión se basa en una tradición humanística definida por
una visión emancipatoria de la educación a escala individual y colectiva y que afirma la condición de la
educación como bien público y derecho humano fundamental. Hoy necesitamos una nueva interpretación
del humanismo que reconozca que no podemos separar a la humanidad del planeta y de todos los demás
seres vivos. Para procurar futuros sostenibles necesitamos abordar la desigualdad y mejorar la calidad de la
vida humana sin poner en peligro a las generaciones futuras y los ecosistemas de los que formamos parte.
También debemos considerar lo que significa ser humano en una era de rápida transformación tecnológica.
La educación constituye una de las vías esenciales de las que nos servimos para reelaborar nuestras
relaciones con un mundo más que humano. La posibilidad de un futuro común, solidario e
interdependiente depende, en gran medida, de la educación. La educación habilita y fortalece los caminos
hacia una humanidad que valora la diversidad para construir juntos lo común.

3
Esbozo provisional del Informe

Introducción – Educación regenerativa para un futuro común

La supervivencia de la humanidad y del planeta está en peligro


Potenciar la educación como bien común mundial
Reformular el humanismo para unos futuros compartidos

1. Los mundos de la educación - presente y futuro

Un planeta transformado por la actividad humana


Evolución digital, de la biotecnología y de la neurociencia

Cambio demográfico y movilidad humana


El futuro incierto del mundo del trabajo

Incertidumbre radical respecto a la gobernanza y la participación democrática


Descolonización intelectual y diversidad epistémica

2. Replantear la educación hacia 2050

El lugar de la educación en la sociedad en general: reforzar una educación pública común

La organización y la gobernanza de la educación: construir ecosistemas educativos integradores

Los contenidos y métodos de la enseñanza y el aprendizaje: fomento de la co-construcción del


conocimiento y la pedagogía de lo común

Nuevos tiempos para los profesores


Funciones clave de la enseñanza superior
La urgencia de la solidaridad mundial y la cooperación internacional

3. Manifiesto a favor de la acción pública - Mensajes clave

4. Epílogo y continuación

4
Introducción – Educación regenerativa para un futuro común

Los años 2020 y 2021 han sido un recordatorio de lo crucial que es la educación pública de alta calidad en
las sociedades, las comunidades y la vida de cada persona. A todos se nos ha recordado que la educación es
a la vez un baluarte contra la desigualdad y un medio clave para promover nuestra capacidad colectiva.
Pero también se ha reforzado la sensación de que se necesita un cambio radical en el diseño de los
sistemas educativos, la organización de las escuelas y otras instituciones docentes, y los enfoques
curriculares y pedagógicos. Existe un consenso creciente respecto a la necesidad de actuar de manera
diferente. La Comisión pretende dar voz a este deseo de transformación, que debe preservar el legado
histórico de la educación pública, siendo plenamente consciente de que nos encontramos en un punto de
inflexión. La pandemia de la COVID reveló brutalmente lo que todos ya sabíamos: necesitamos una
educación y una escuela diferentes.

La supervivencia de la humanidad y del planeta está en peligro

La ampliación de la desigualdad social y económica, el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, el uso


de recursos que supera los límites planetarios, el retroceso democrático y la automatización tecnológica
disruptiva representan las señas de identidad de nuestra coyuntura histórica actual. Nos encontramos en
medio de una crisis global de desarrollo humano marcada por tendencias paradójicas. En las últimas tres
décadas en el mundo, los niveles de pobreza han disminuido, pero las desigualdades han aumentado. La
expansión educativa ha generado oportunidades para muchos, pero ha dejado a un gran número de
personas con un aprendizaje de baja calidad y marginadas. El crecimiento económico ha sacado a más
personas de la pobreza que nunca, pero el cambio climático y la degradación medioambiental se han
acelerado de un modo sin precedentes, amenazando la biodiversidad y, de hecho, la supervivencia de la
humanidad. La creatividad humana se ha desatado y cada vez más personas participan activamente en sus
comunidades y en la vida pública; sin embargo, la vida cívica y la democracia se deterioran en muchos
lugares en todo el mundo. Nos encontramos más estrechamente interconectados que nunca, pero las
tensiones sociales y la desconfianza no hacen más que aumentar.

Nos enfrentamos a una elección existencial: continuar por un camino insostenible o cambiar
radicalmente de rumbo. Continuar por el camino actual equivale a aceptar desigualdades inadmisibles y la
explotación entre los seres humanos. Seguir como estamos es permitir la destrucción medioambiental
continua y la pérdida de biodiversidad a gran escala. Mantener el rumbo actual es dejarse llevar por las
promesas de la tecnología y dejar de abordar los riesgos que acompañan a las transformaciones de las que
formamos parte. Múltiples crisis superpuestas caracterizan el mundo presente, limitan nuestros derechos
humanos individuales y colectivos, y tensionan el entorno natural. Las acciones humanas irresponsables y
los sistemas sociales, políticos y económicos de nuestra creación han provocado estas crisis.

Al considerar lo que se nos avecina, resulta muy sencillo presentar un panorama aún más sombrío. Por
ejemplo, podemos imaginar un planeta Tierra agotado, con menos hábitats para cualquier forma de vida.
Entre los escenarios de futuro extremos también figura un mundo con amplios grupos de población en la
miseria por carecer de acceso a bienes esenciales. Podrían darse en el futuro mundos en los que la mayoría
del trabajo humano se haya automatizado y, en lugar de cosechar los beneficios de esta abundancia, miles
de millones de «desempleados» se vean reducidos a una vida de supervivencia básica. También podrían
darse en el futuro mundos en los que los humanos se vean abrumados por una virtualidad distorsionadora

5
que socave nuestra libertad, autonomía y capacidad para la toma de decisiones colectivas prudentes.
¿Perderemos nuestra humanidad antes de que perdamos a los seres humanos?

La Comisión cree firmemente que podemos transformar de manera colectiva el futuro en un espacio de
cambio positivo, paz y sostenibilidad para las personas, las sociedades y el planeta. La conversación
intergeneracional que es la educación representa un recurso vital para ello. Durante las consultas realizadas
por la Comisión, el concepto de «educación regenerativa» apareció varias veces como una forma de
replantear y reimaginar la educación. Conlleva la idea de renovación y eleva el potencial regenerativo de la
educación. Sin embargo, también subraya la necesidad de sanación y de justicia reparadora, en concreto,
mediante la valorización de culturas y epistemologías que tan a menudo se marginan. Por último, refleja el
deseo de construir el futuro de la educación a partir de lo que ya existe en tantos lugares e iniciativas en
todo el mundo. Después de todo, la educación en sí tiene que ver con el modo en que se materializan las
nuevas generaciones, de una manera intergeneracional y generativa.

La educación posee un enorme potencial regenerativo y puede ayudar a encaminar al mundo hacia
futuros más justos y sostenibles para todos. El concepto de educación regenerativa tiene consecuencias
evidentes para la organización de las instituciones docentes, los planes de estudio y las prácticas
pedagógicas. Sin embargo, en la actualidad, las formas en que organizamos la educación y estructuramos
las oportunidades en todo el mundo no hacen lo suficiente para garantizar sociedades pacíficas, un
planeta habitable y un progreso compartido que beneficie a todos.

Potenciar la educación como bien común mundial

La manera más coherente de dotar de forma a esta visión de la educación regenerativa consiste en adoptar
el principio de la educación como un bien común mundial, como comenzó a esbozarse en el informe
Replantear la educación de la UNESCO de 2015. En este sentido, la Comisión se inspira en los cientos de
miles de alumnos, profesores, educadores, padres, activistas y responsables de la formulación de políticas
que han expresado su apoyo a una visión sólida de la educación como un bien común que beneficia a
todos. La educación y el conocimiento figuran entre los bienes comunes mundiales más importantes, en
una categoría de la que también forman parte el agua, la atmósfera y la biodiversidad, en cuanto a su
relevancia para lograr unos futuros prósperos.

Al utilizar el concepto de «bien común mundial», la Comisión pretende subrayar el carácter público de la
educación, así como la responsabilidad colectiva mundial respecto a la educación. En apoyo de tal
pretensión, la Comisión desea destacar lo que construimos en común y el modo en que lo gestionamos
(«lo común», como sustantivo), así como las formas en las que construimos y colaboramos en la
construcción (la apuesta por lo común o «commoning» como acción).

La idea de «lo común» como sustantivo apunta al acceso y la administración colectivos, a un objetivo
común definido a través de una diversidad de tradiciones culturales y que sostiene esta. La Comisión
considera que uno de los aspectos más importantes de los futuros de la educación consiste en romper con
las tradiciones uniformes, homogeneizadoras y colonialistas, y abrir la educación al avance de diversas
culturas y epistemologías, y al buen uso de conceptos como los del cuidado, ubuntu, teraanga, sumak
kawsay, ayni y minka, entre muchos otros.

6
Un mundo donde la educación es un bien común es un lugar donde las iniciativas locales de base
comunitaria florecen y la gobernanza autoorganizada también puede tener éxito a gran escala. Cuando se
estructuran de este modo, las instituciones y los proyectos educativos deben gestionarse colectivamente
de manera pública y contar con el apoyo de los gobiernos para garantizar que no les capten intereses
poderosos, ni les desvíen para beneficio de unos pocos.

A pesar de la promesa de una educación centrada en lo común, se levantan con suma facilidad barreras y
«cerramientos» que limitan las oportunidades educativas. Los cerramientos educativos pueden adoptar
muchas formas, como la de la discriminación y la exclusión estructurales, la privatización de la información,
del conocimiento y de la educación, la dependencia forzada respecto a tecnologías digitales patentadas, el
uso abusivo de los derechos de propiedad intelectual, y la comercialización de datos educativos.

La acción del «commoning» o la apuesta por lo común alude a la construcción conjunta: los actos de
negociación, comunicación, apoyo mutuo y cooperación que promueven intereses comunes y proyectos
comunes. En la educación, se puede pensar en el commoning en alusión a la co-construcción del
conocimiento y los modos pedagógicos que fomentan los aspectos relacionales y colectivos de la
enseñanza y el aprendizaje. Lo que se consigue mediante esta apuesta por lo común es provisional, frágil y
contiene desacuerdo y diferencia. Sin embargo, logramos más cosas juntos que por separado.

Conformar y velar por la educación como bien común mundial es la manera de garantizar una educación
regenerativa que responda a lo imprevisto, lleve a la humanidad y al planeta a avanzar en nuevas
direcciones, y propicie una renovación continua del mundo.

Reformular el humanismo para unos futuros compartidos

La Comisión reitera la necesidad de cumplir la promesa del derecho a una «educación de calidad para
todos», la promesa de que la educación puede reparar las injusticias del pasado y puede ser un camino
hacia futuros colectivos tolerables. Sobre la base de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, la
Comisión establece una visión para lograr lo que es más necesario que ocurra al considerar el horizonte de
2050, y aboga por un compromiso renovado con los derechos humanos. Tal compromiso con la humanidad
y con un mundo humanístico, sostenible, justo y pacífico requiere replantear el modo en que abordamos
nuestras interdependencias con los demás, pero también con el planeta y con la tecnología.

1. Los mundos de la educación - presente y futuro

La comunidad internacional considera desde hace tiempo la educación como un factor clave del desarrollo
social y económico. Las familias, las comunidades y los gobiernos de todo el mundo saben bien que, a pesar
de sus deficiencias, los sistemas educativos contemporáneos generan oportunidades y ofrecen vías para el
avance individual y colectivo. Los gobiernos y la sociedad civil reconocen ampliamente que la educación
formal es importante para avanzar hacia la igualdad de género, la consecución de resultados en materia de
salud y bienestar, la preparación para el mundo del trabajo, y el apoyo a una ciudadanía comprometida y
democrática, si bien la educación no es el único factor en juego en ninguno de estos ámbitos.

No obstante, los esfuerzos por ampliar el acceso a la educación y mejorar la calidad del aprendizaje distan
en gran medida de los objetivos establecidos. Incluso antes de la pandemia de la COVID, más de 250

7
millones de niños y jóvenes no estaban escolarizados, y más del 50 % de los que se encuentran
escolarizados no alcanzan ni siquiera unos niveles mínimos de alfabetización y competencia matemática, lo
que afecta a los alumnos más desfavorecidos y a sus comunidades en función de su renta, género,
residencia, condición de minoría y discapacidad. Todos los datos disponibles indican que la pandemia
empeora drásticamente lo que se ha denominado la «crisis mundial del aprendizaje».

En el presente apartado se esbozan tendencias educativas históricas y retos continuos en relación con la
expansión del acceso a las oportunidades educativas, la inclusión de poblaciones históricamente
marginadas, la alfabetización, la competencia matemática, la calidad de la educación, la pertinencia del
aprendizaje, la creación de sistemas de aprendizaje permanente y entornos propicios. El estudio de la
situación de la educación en el mundo y de los avances hacia la consecución de los compromisos y
objetivos globales de la Agenda 2030 facilita la formulación del llamamiento de la Comisión a la adopción
de respuestas nuevas y urgentes.

Sobre la base de este diagnóstico, la Comisión analiza las dos grandes transiciones que cambiarán
profundamente la educación: un planeta transformado por la actividad humana; y los avances digitales,
biotecnológicos y neurocientíficos.

Un planeta transformado por la actividad humana

Las formas en que el planeta ha sido transformado por la actividad humana tienen profundas implicaciones
para los fines de la educación y la organización del aprendizaje en el futuro. Durante demasiado tiempo, la
educación se ha basado en un paradigma de desarrollo modernista centrado en el crecimiento. Avanzar
hacia una nueva interpretación orientada ecológicamente de la humanidad que integre nuestras formas de
relacionarnos con la Tierra requiere un replanteamiento urgente de la educación en el horizonte de 2050.
Ciertos tipos de adaptación al cambio climático, por ejemplo, a fenómenos meteorológicos extremos, se
han convertido ya en necesarios. Además, aunque los esfuerzos por colocar al mundo en una senda
sostenible resultaran plenamente eficaces, es probable que los cambios en los ecosistemas de la Tierra
sigan teniendo numerosas ramificaciones para la provisión de oportunidades educativas hasta 2050 y con
posterioridad a esta fecha. La necesidad de responder al cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la
destrucción medioambiental y las formas de vida que exceden por mucho la capacidad de absorción del
planeta constituye una inspiración clave para las formas regenerativas de educación.

Evolución digital, de la biotecnología y de la neurociencia

Las cualidades específicas que adquiere el conocimiento digital pueden plantear importantes amenazas
para la diversidad del conocimiento, la inclusión cultural, la transparencia y la libertad intelectual. Las
recomendaciones algorítmicas, el imperialismo de las plataformas y los patrones actuales de gobernanza de
las infraestructuras digitales plantean grandes desafíos para sostener a la educación como un bien común
global. Los avances en biotecnología y neurociencia pueden desencadenar una ingeniería de los seres
humanos hasta ahora inconcebible. Una gobernanza ética adecuada y una nueva interpretación del
humanismo son necesarios para orientar estos avances tecnológicos hacia el apoyo a futuros sostenibles,
justos y pacíficos. Estos futuros dependerán de los datos y la ciencia abiertos, y de una interpretación
ampliada del derecho a la educación para incluir el derecho a los datos, a la información y a la protección
de la privacidad.

8
Estas dos transiciones modificarán profundamente los escenarios educativos que se desarrollarán a lo largo
de los próximos 30 años. Invitan a la adopción de cambios radicales en la forma en que planteamos y
practicamos la educación. Las cuestiones que suscitan se sitúan en el centro de todos los debates actuales
sobre educación, en particular, sobre la digitalización de la educación y la aparición de la escuela «híbrida»,
un tema que la Comisión debatirá con detenimiento. A estas transiciones se suman otras dos trayectorias
emergentes que son decisivas para la forma en que definimos los fines y los espacio-tiempos de la
educación: el cambio demográfico y la movilidad humana; y el futuro incierto del trabajo.

Cambio demográfico y movilidad humana

Los cambios demográficos en curso y las proyecciones para 2050 también tienen consecuencias
considerables para la organización de la educación. Una longevidad humana prolongada podría significar
que, en algunas áreas, cuatro generaciones convivirán en el mismo espacio-tiempo de una manera sin
precedentes en la historia. El envejecimiento de las poblaciones será común en algunas regiones; un
enorme crecimiento de la población de jóvenes será la característica definitoria de otras, concretamente en
África. La creciente movilidad humana, junto con la migración forzada (especialmente la migración por
motivos climáticos), pueden traer numerosas consecuencias respecto al modo en que se organiza la
educación, quién aprende, cuándo, dónde, qué y en qué idiomas. La educación de adultos, por ejemplo,
puede requerir un replanteamiento completo; el aprendizaje permanente se remodelará cuando las etapas
tradicionales de la vida humana adopten contornos nuevos y variados en las distintas culturas.

El futuro incierto del mundo del trabajo

En el mundo del trabajo surgen disrupciones transformadoras que ejercerán efectos masivos aún
desconocidos. Los avances tecnológicos, sobre todo en torno a la inteligencia artificial y la automatización,
generarán nuevos puestos de trabajo y complementarán y aumentarán las capacidades de los trabajadores
en los empleos existentes. Algunos puestos de trabajo se perderán, con un impacto desigual en los distintos
sectores y regiones del mundo. La creciente presión para ecologizar las economías, el cierre de las brechas
de género y el abordaje de las desigualdades mundiales son cuestiones críticas emergentes en el mercado
laboral. El auge de las economías «de pequeños encargos» está cambiando ya las relaciones entre
educación y empleo al alterar las estructuras tradicionales de acreditación. Cómo será el mundo económico
de 2050 es una cuestión muy abierta en cuanto a lo que sucederá con el subempleo y el empleo precario y
a si la economía informal asumirá una relevancia aún mayor para miles de millones de personas en todo el
mundo. Un revisión de la importancia de la labor asistencial y los debates sobre el refuerzo de las
prestaciones sociales o la renta básica universal podrían constituir disrupciones transformadoras. Es posible
que tengan que reinventarse las vías tradicionales que conectan la educación con el trabajo. Puede que
resulte necesaria una reconsideración más amplia de lo que se entiende por bienestar económico y de la
manera en que la educación puede apoyarlo.

Los cambios demográficos merecen una atención muy especial, ya que reconfigurarán inevitablemente el
panorama de la educación y las comunidades y las poblaciones que deberán tenerse en cuenta. Las
cuestiones relacionadas con el futuro del trabajo ocupan un lugar central en la transición de la escuela al
trabajo y deberán replantearse profundamente a la luz de realidades de la actividad laboral que
probablemente sean radicalmente diferentes en 2050. Por último, para cerrar la Parte 1, la Comisión centra
su atención en dos cuestiones de la mayor importancia y que afectan directamente a la educación: la

9
incertidumbre radical respecto a la gobernanza y la participación democrática; y la necesidad de una
descolonización intelectual y una diversidad epistémica.

Incertidumbre radical respecto a la gobernanza y la participación democrática

Las crisis de la gobernanza y el retroceso democrático que se observan actualmente en muchas regiones
del mundo generan una incertidumbre radical en el ámbito político. La aceleración de los prejuicios y la
discriminación, el autoritarismo y las vulneraciones de la libertad de expresión tienen enormes
consecuencias para una educación basada en los derechos humanos, la ciudadanía y la participación cívica
a escala local, nacional y mundial. Al mismo tiempo, existe, en muchos ámbitos, una movilización ciudadana
y un activismo cada vez más dinámicos. Las trayectorias desconocidas de estas transformaciones políticas
nos acompañarán al menos durante varias décadas, con numerosas implicaciones para la educación, tanto
porque estas disrupciones conformarán las agendas educativas como porque lo que ocurra tanto en lo que
respecta al acceso a la educación como en los planes de estudios y la pedagogía conformarán, a su vez, las
transformaciones políticas en todo el mundo.

Descolonización intelectual y diversidad epistémica

Cómo se encontrarán la diversidad cultural y las epistemologías del conocimiento en el futuro sigue
constituyendo una cuestión dinámica y abierta. La Comisión puede identificar un conjunto de principios
clave destinados a proporcionar orientación (por ejemplo, un imperativo para sostener la diversidad, y no
limitarse a incluirla). Sin embargo, la Comisión también reconoce que no es posible saber con precisión
cómo se desarrollará todo esto. ¿La justicia social y los movimientos contra el racismo obligarán a las
sociedades a replantearse profundamente el modo en que se organizan? ¿Cambiarán las lenguas
dominantes de la enseñanza y se favorecerán en la educación las lenguas utilizadas en los hogares de los
alumnos? Estas cuestiones influyen enormemente en la posible reinvención de los planes de estudio y la
enseñanza basada en puntos de vista no mayoritarios, tradiciones alternativas y formas indígenas de ser y
conocer. Que el enfoque humanístico de la UNESCO se haya fundamentado durante mucho tiempo en los
compromisos con el pluralismo, el patrimonio cultural y las lenguas indígenas es un recordatorio de que
estas no son inquietudes totalmente nuevas. Con todo, la Comisión percibe las conversaciones en curso
sobre la descolonización, los futuros reparadores y el modo de abordar las disyuntivas entre la verdad y las
«noticias falsas» como una categoría crítica, abierta y transformadora de disrupción con numerosas
consecuencias para el desarrollo humano que influirá fundamentalmente en —y se verá influida por— lo
que ocurra en el ámbito de la educación en los próximos decenios.

Estos dos aspectos serán esenciales para la redacción del informe y sus recomendaciones. Los mundos de la
educación en el futuro deben ser capaces de responder a todas estas transformaciones emergentes, y
deben procurar conformarlas. Estas tendencias y disrupciones subrayan la urgencia de replantear las
formas en que entendemos y organizamos la educación. La educación no puede lograrlo por sí sola. Sin
embargo, comprender los límites de la educación es, al mismo tiempo, reconocer todo su potencial. Cada
una de estas cuestiones requiere una respuesta educativa adecuada, tarea que la Comisión abordará
explícitamente en la parte 2 del Informe. Es en este apartado en el que la Comisión define sus visiones
respecto a los futuros de la educación y avanza propuestas concretas para traducirlas en políticas y
prácticas.

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2. Replantear la educación hacia 2050

En la actualidad, la educación en todo el mundo se sitúa muy por debajo de nuestras aspiraciones respecto
a la manera en que las escuelas y el aprendizaje en general pueden respaldar el bienestar y la equidad para
todos, y una relación saludable con el planeta. Por lo tanto, debemos preguntarnos: ¿han alcanzado
nuestros sistemas educativos actuales el límite de sus posibilidades? ¿Radican nuestras dificultades en
las propias formas en que se organiza la educación? ¿Derivan de hecho algunos de nuestros desafíos de
qué y cómo educamos?

La Comisión presenta propuestas concretas en respuesta a estas preguntas en esta parte central y más
extensa del Informe. Aunque la Comisión otorga la máxima prioridad a mantener y cumplir los
compromisos internacionales en materia de educación formulados en la Agenda 2030, también considera
que necesitamos valentía, audacia y creatividad para imaginar nuevas vías para la educación regenerativa
como un bien público y común mundial.

El punto de partida de las propuestas de la Comisión es la constatación de que hemos llegado al final de un
ciclo histórico y han comenzado a formarse nuevos patrones educativos.

A lo largo de los dos últimos siglos, prevaleció una visión relativamente homogénea de la escolarización,
basada en una especie de «contrato social para la educación», mediante el cual la sociedad y las familias
delegaban una gran parte de sus responsabilidades educativas en las escuelas, que, en todo el mundo, se
organizaban de formas notablemente similares. Este «contrato» ha estado sometido a estrés durante algún
tiempo. Comenzó a cuestionarse seriamente hace varias décadas, debido a numerosos factores, como la
ampliación de las posibilidades abiertas por las tecnologías de la información y la comunicación; el fin del
monopolio de los profesores y las escuelas como fuentes de conocimiento; el crecimiento del interés por la
educación a lo largo de la vida; y una crisis continua de pertinencia y deficiencias sistémicas para garantizar
que los niños y los jóvenes adquieran competencias básicas. Durante la pandemia de la COVID de 2020 y
2021, este contrato se puso radicalmente en tela de juicio.

Las propuestas contenidas en la Parte 2 del Informe constituyen un esfuerzo por abordar la necesidad de
un nuevo “contrato” con una visión y un propósito diferentes para la educación, que inspire esperanza e
imaginación.

En las últimas décadas, un conjunto de tendencias e intereses han respaldado la idea de que la “muerte de
la escuela” es inminente. Algunos han argumentado que la escuela será reemplazada por una infinidad de
dispositivos y enfoques —sólidamente respaldados por la tecnología digital y la inteligencia artificial— que
apuntan en todos los casos en la dirección de una «hiperpersonalización» del aprendizaje. En tales
escenarios, las escuelas se perciben como instituciones obsoletas. Los profesores se convierten en
profesionales prescindibles, que podrían sustituirse fácilmente por otras formas de seguimiento y
supervisión. Aunque no se basan en la experiencia ni en datos acreditados, las premisas que subyacen a
esta visión, alimentadas por la expansión sin precedentes del mercado mundial de la educación en el que la
industria de la tecnología educativa marca la pauta, nos han llevado por un sendero peligroso. Destruye
instituciones sociales sin ofrecer alternativas comprobadas. Y ha de confrontarse en nombre de una
educación regenerativa.

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La Comisión considera que un nuevo «contrato social para la educación» debe basarse en la defensa de la
educación como bien público y común. La Comisión propone una educación centrada en lo común para
garantizar la coherencia global de los esfuerzos de mejora y cambio. La transformación de la educación
debe basarse en la defensa y la ampliación del legado heredado de la educación pública y la profesión
docente. Innovar no consiste únicamente en descubrir «cosas nuevas». Lo nuevo puede consistir en una
renovación del patrimonio comprobado y verdadero. En muchos ámbitos es urgente oponerse a los
cambios que ponen en peligro la dignidad y los derechos humanos, la democracia, la igualdad de
oportunidades y la equidad. En otros casos, la regeneración nos exige reanudar viejas batallas, por una
educación pública y democrática, y una escuela de la cooperación y la creación capaz de acoger y
desarrollar a todos los seres humanos, en su diversidad, independientemente de quiénes sean y de dónde
procedan.

Las propuestas formuladas por la Comisión se centran en tres áreas: a) el lugar de la educación en la
sociedad en general, b) la organización y la gobernanza de la educación y c) los contenidos y métodos de la
enseñanza y el aprendizaje.

El lugar de la educación en la sociedad en general: reforzar una educación pública común

Esta primera área de enfoque se dedica a los nuevos paisajes de la educación. Durante dos siglos, las
políticas y los enfoques educativos se centraron en la organización y la gestión de los sistemas educativos
integrados por instituciones. Ahora debemos pensar en la educación desde una perspectiva mucho más
general, en el marco de una amplia gama de conexiones, espacios y tiempos. Esta idea de una educación
que trasciende a las dimensiones institucionales define esta primera área. En este contexto, al aludir a la
educación pública, la Comisión no se refiere únicamente a la escolarización patrocinada por el Estado. La
educación pública debe percibirse, sobre todo, como una forma de reforzar nuestra pertenencia común a
una misma humanidad, sin dejar de valorar las diferencias y la diversidad. Aprender y estudiar junto a los
demás es la mejor manera de promover una vida en común, una sociedad convivencial. Para lograrlo,
necesitamos una educación pública que nos conduzca al diálogo con lo desconocido.

Construir una educación pública común es reclamar una amplia esfera pública de debate, compromiso y
acción en torno a la educación. Una motivación coherente en la educación solo surge cuando se plantea
algo común en un espacio público. Esta educación pública común solo existirá con una fuerte participación
social y una sólida capacidad de deliberación. No se trata solo de consultar a las «partes interesadas», sino
de organizar públicamente procesos colectivos de toma de decisiones en materia de educación. Esto
requiere la presencia y la participación de todos los interesados en la educación.

La Comisión advierte contra una opinión cada vez más popular, especialmente en el contexto de las
respuestas a la COVID: que la educación se da «naturalmente» en todo momento y en todos los espacios. A
este respecto es útil considerar que la suspensión de la escolarización por la pandemia también nos ha
mostrado la intensa dificultad de trasladar la educación al hogar. Aunque el aprendizaje puede darse de
forma generalizada, no hay nada espontáneo en lo que atañe a la educación. Especialmente al explorar las
enormes posibilidades de lo digital, es importante recordar que existen arquitecturas y arquitectos detrás
de todos los materiales educativos. Reconociendo la pertinencia de la rica diversidad de procesos y
prácticas educativas que tienen lugar en diversos entornos, es necesario subrayar que, tan abierta e
incierta como necesariamente es, la educación requiere sin embargo de intencionalidad, planificación y
sistematización porque no ocurre de forma natural o espontánea.

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La educación es demasiado importante como para dejarla al azar. La compartimentación de la educación en
esferas privadas no es una solución. La diversificación de los agentes del sector de la educación debe
acogerse con satisfacción siempre que refuerce las capacidades de las autoridades públicas y las
comunidades para aprovechar el poder regenerativo de la educación y abordar los graves retos a los que se
enfrenta la humanidad. La educación es una práctica individual y un esfuerzo colectivo. La educación
pública no consiste simplemente en la enseñanza para niños y jóvenes. La educación pública educa al
público.

Como muchos saben, en una interpretación amplia de la educación pública se considera a los alumnos de
todas las edades y el aprendizaje en todos los ámbitos de la vida y, por ejemplo, se tienen en cuenta los
museos, bibliotecas e instalaciones comunitarias, los deportes, el teatro, los centros científicos y las
producciones culturales. La educación que reúne a diversos seres humanos en un espacio público
constituye una de las mejores herramientas disponibles para formular y realizar fines comunes. Por
ejemplo, al pensar en el lugar de la educación en la sociedad en general con un horizonte situado en 2050,
es necesario prestar atención a las nuevas políticas y prácticas relativas a la «educación de adultos», ya que
consideramos previsiones de que la vida humana superará regularmente los 100 años. ¿Qué retos
educativos radicales se plantearán cuando las personas experimenten relaciones con el trabajo y
panoramas políticos drásticamente diferentes de lo que se conocía y preveía durante la escolarización de
niños y adolescentes que prevalece hoy en día?

El «contrato social para la educación» del siglo XIX tenía por objeto ampliar el tiempo a disposición de los
adultos y permitir una nueva organización del trabajo en el contexto de la revolución industrial. La COVID-
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nuevo contrato social entre la educación y la sociedad nos exigirá construir nuevas relaciones entre los
tiempos y los espacios familiares, sociales y laborales.

La Comisión aboga por un cambio fundamental en el planteamiento respecto a la práctica de la educación y


las políticas educativas. En lugar de partir de la perspectiva de los sistemas educativos, debemos pensar en
construir espacios públicos comunes para la educación. Esta labor la debe liderar el profesorado,
colaborando con las familias, las comunidades, las autoridades locales y nacionales, las universidades y las
entidades públicas y privadas. Si bien contamos con un gran patrimonio cultural y conocimiento acumulado
sobre los que construir, no existen soluciones «listas para consumir». Las soluciones deben construirse de
manera colaborativa y teniendo en cuenta la diversidad de contextos y culturas presentes en el mundo.

La organización y la gobernanza de la educación: construir ecosistemas educativos integradores

A continuación, la Comisión se centra en los cambios organizativos en las escuelas y otras instituciones
educativas, incluidos los derivados de la digitalización. La Comisión basa su perspectiva en la necesidad de
renovar y reconstruir nuevos ecosistemas educativos en los que resulte posible estudiar, trabajar y
aprender juntos. La educación es el lugar en el que nos reunimos para compartir conocimientos, pensar
juntos, aprender juntos, y encontrarnos con lo diferente.

La Comisión percibe una necesidad vital para muchos tipos de instituciones educativas, incluidas escuelas y
universidades, pero también bibliotecas, museos, radios comunitarias, televisión de acceso público,
espacios de lo común digital, así como instituciones con las que no soñamos aún. En esta diversidad

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institucional, que se extiende a la educación informal y no formal, debemos encontrar respuestas a
problemas antiguos y nuevos. Teniendo en cuenta todo lo que se sabe sobre el aprendizaje en los primeros
años de vida, debe prestarse especial atención a la educación de la primera infancia. También resulta
esencial comprender los nuevos terrenos de la educación de adultos, que difieren en buena medida de los
que marcaron el siglo XX: al igual que en el caso de la educación a todos los niveles, la atención no debe
centrarse en la generación de capital humano, sino en la formación de seres humanos.

La escuela, con todos sus defectos y limitaciones, sigue siendo una de las pocas instituciones que pueden
proteger a los más pobres y vulnerables. De hecho, la pandemia mundial nos ha recordado la importancia
de las escuelas para el aprendizaje, pero también como centros de servicios sociales. Como centros
comunitarios, pueden apoyar eficazmente la autosuficiencia y el cultivo de relaciones ecológicamente
sostenibles con la naturaleza. Lo más importante es que los entornos escolares fomenten las relaciones
sociales. La educación y el aprendizaje tienen que ver con las interacciones humanas, el diálogo y el
intercambio. Las escuelas representan formas de vida colectiva que no pueden sustituirse totalmente por el
aprendizaje a distancia. También proporcionan a niños y jóvenes condiciones seguras en las que asumir
riesgos, enfrentarse a desafíos y experimentar con distintas posibilidades.

Pero para cumplir sus promesas, la escuela necesita cambios profundos. Es necesario construir nuevos
ecosistemas educativos cooperativos e integradores. Lo más importante es que propicien estudiar y
trabajar juntos. El aprendizaje no es un acto individual, necesita a los demás. La autoformación es
importante, pero no es suficiente. Lo que sabemos depende, en gran medida, de lo que saben los demás. Es
en estas relaciones e interdependencias donde se produce la educación. Los seres humanos aprenden,
pero también son capaces de que se les enseñe: esta hermosa dinámica, que nos conecta con los demás y
también intergeneracionalmente, no debe olvidarse en ningún caso.

Imaginar nuevos ecosistemas educativos conlleva reinventar su arquitectura, el plan de estudios y la


pedagogía. Los edificios escolares deben diseñarse o remodelarse con la misma audacia y creatividad con la
que se concibieron por primera vez en el siglo XIX. Los nuevos ecosistemas educativos deben propiciar que
los alumnos tengan experiencias a las que, de otro modo, no se expondrían. Para eso existen las escuelas.
Es esto lo que las distingue del aprendizaje en el hogar o en espacios digitales. Al plantear esta defensa de
las escuelas, y la especificidad de la labor que se lleva a cabo en ellas, la Comisión no ignora la importancia
de los vínculos entre estos centros y otros espacios sociales e instituciones educativas. La labor educativa
deberá realizarse cada vez más a través de estas conexiones y articulaciones.

Los nuevos ecosistemas educativos inclusivos no aparecerán espontáneamente. Los profesores, con sus
conocimientos y experiencia profesionales, desempeñan un papel esencial en su creación. Con la misma
determinación que llevó a la construcción del modelo escolar en el siglo XIX, tenemos que inventar ahora
nuevas instituciones y entornos educativos. Y tenemos que examinar además los sistemas de gobernanza y
las estructuras de la educación, respetando la importancia de la participación democrática.
Afortunadamente, en todo el mundo, decenas, si no cientos, de miles de profesores han avanzado en estas
direcciones. Su labor debe ser más conocida y mejor respaldada. La inclusión se alcanzará a través de esta
diversidad, y debe constituir un principio rector de diseño.

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Los contenidos y métodos de la enseñanza y el aprendizaje: fomento de la co-construcción del
conocimiento y la pedagogía de lo común

Debemos acoger favorablemente las diferentes formas de pensar y de estar en el mundo, en particular,
aquéllas que se han marginado históricamente. En este sentido, pensar en el futuro debe conllevar una
cierta reparación del pasado, una descolonización del plan de estudios y el desaprendizaje de todo aquello
que haya contribuido a generar nuestras dificultades actuales. A este respecto también, la Comisión
plantea una visión regenerativa de la educación.

Además de las disciplinas tradicionales, el plan de estudios debe abarcar los principales temas y problemas
del mundo, y desarrollarse a través de la investigación y los proyectos impulsados por los alumnos. Además
de las competencias tradicionales, el plan de estudios debe integrar también el pensamiento crítico y todo
lo necesario para respaldar la ciudadanía y la participación democrática a escala local y mundial. El principio
de reciprocidad es fundamental. La empatía, como capacidad para ponernos en el lugar del otro con plena
franqueza afectiva, constituye un elemento fundamental de la educación.

Un plan de estudios nunca se organiza en torno a «conocimientos completados», sino a conocimientos


sujetos a una permanente revisión y actualización. Esta toma de conciencia debería llevarnos a enseñar
todas las materias como si fueran heredadas y parte de una conversación intergeneracional, sabiendo que
los alumnos contextualizarán y darán un nuevo significado a su aprendizaje, y de esta manera, promover la
renovación continua del mundo que la educación propicia.

La Comisión contempla un futuro curricular y pedagógico que moldeará y será moldeado por la tecnología
digital. Estas transformaciones radicales deben considerarse en relación con todo su potencial, sus
amenazas y sus riesgos. Trabajar para la consecución de lo común digital y evitar los cerramientos que
observamos actualmente resulta fundamental para los futuros de la educación. La idea de lo común no
puede perderse ni se pueden pasar por alto las necesidades humanas, aun cuando lo que significa ser
humano se encuentre en constante evolución. La apuesta por lo común o commoning, como proceso, debe
valorarse en todos nuestros enfoques y decisiones, estén o no relacionados con lo digital.

Entre los ejemplos del fomento de la pedagogía de lo común, o commoning pedagógico, figura transformar
la “lección” en una indagación común; adaptar la educación al aprendizaje impulsado por los alumnos por
encima del contenido impartido por los profesores; y promover actividades basadas en problemas y
proyectos que requieren colaboración. La colaboración del profesorado tanto ejemplifica como promueve
el fomento de la pedagogía de lo común. La Comisión considera que la colaboración para la acción colectiva
constituye una de las necesidades de aprendizaje fundamentales del presente para capacitar a las personas
para crear los futuros que deseen crear. A abordar esta tarea contribuye una amplia gama de
competencias, como la cooperación interpersonal, comunicativa y basada en el trabajo en equipo, la
coordinación, la empatía, la consideración de perspectivas, la confianza, la orientación al servicio, la
resolución de conflictos y la negociación. También en este caso, no necesitamos inventar partiendo
completamente de cero. Contamos con excelentes ejemplos de todo el trabajo educativo realizado en estas
direcciones que debemos fomentar. Los cambios fundamentales en los planes de estudio y la pedagogía
son necesarios si pretendemos construir una educación regenerativa para una humanidad común.

La Comisión considera que estas tres dimensiones propuestas anteriormente requieren una amplia
atención, y que todas ellas fomentan una educación regenerativa y promueven el principio de la educación

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como bien público y común. Cada una de ellas se desarrollará con más detalle y se ilustrará con ejemplos
de prácticas prometedoras en el Informe final. Las cuestiones relacionadas con los profesores y la
educación superior se examinarán necesariamente en cada caso; sin embargo, como notables facilitadores
de las propuestas formuladas, la Comisión cree que los profesores y las instituciones de enseñanza superior
también merecen un debate específico. La Parte 2 se cierra a continuación con una reflexión sobre la
solidaridad mundial y la cooperación internacional de cara al futuro.

Nuevos tiempos para los profesores

La labor de los profesores resultará esencial para materializar lo que propone la Comisión. La educación no
ocurre por casualidad y se requieren personas, asociaciones y coaliciones para construir una educación
pública común, nuevos ecosistemas educativos compartidos y el fomento de la pedagogía de lo común. La
pandemia de la COVID ha acentuado la ilusión de que todo se puede hacer a través de medios digitales y,
aún peor, que los «tutores» o «asesores» bastarán para garantizar la educación. La Comisión considera este
enfoque erróneo y perjudicial, y subraya su convicción de que la labor de la enseñanza requiere
profesionales cualificados con un alto nivel de formación y apoyo.

Los profesores, desde la primera infancia hasta la educación de adultos, se enfrentarán a nuevas funciones
y retos, y tendrán que realizar una gran apuesta por la colaboración, tanto en el seno de la profesión como
en relación con otros grupos e instituciones. La enseñanza eficaz debe entenderse como el resultado de la
colaboración, y no como la producción específica del educador individual. Huelga decir que esto implica un
refuerzo de la importancia de la profesión docente y que se preste una mayor atención a la formación y al
desarrollo profesional del profesorado.

Funciones clave de la enseñanza superior

La enseñanza superior desempeña un papel clave en el refuerzo de los conocimientos y la educación como
común. Las universidades albergan gran parte del potencial mundial para la generación de conocimiento e
investigación. Las instituciones de enseñanza superior prestan servicio actualmente a unos 200 millones de
alumnos, una parte no desdeñable de la población mundial. Todas las proyecciones apuntan a un
crecimiento continuo en las próximas décadas.
Las universidades poseen una noble tradición de apoyar lo común. En el ámbito académico se han tratado
sus obras como bienes compartibles durante siglos. La ciencia abierta y el acceso libre encuentran un aliado
dispuesto en las instituciones de enseñanza superior. La cooperación entre universidades y las iniciativas de
internacionalización son ejemplos de apertura muy prometedores para la contribución a lo común mundial.
Sin embargo, las universidades también son lugares donde se dan numerosos cerramientos, especialmente
en las últimas décadas a causa de las barreras asociadas a los costes y las reivindicaciones de derechos de
propiedad intelectual. A pesar de muchos esfuerzos realizados en sentido contrario, los sistemas de
enseñanza superior siguen siendo lugares que excluyen y marginan.

Se ha llevado a cabo una gran labor en otros ámbitos para analizar posibles avances en el ámbito de la
enseñanza superior, y la Comisión no presentará recomendaciones específicas sobre la manera en que
podría resultar necesario transformar esta escala educativa, aunque gran parte de lo que se debate aquí
tiene implicaciones para el sector. Por el contrario, la Comisión se contenta con abogar por una sólida
participación de la universidad en la «ciudad» y la «civitas», es decir, en un espacio social más amplio que
los propios recintos académicos.

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La enseñanza superior desempeña un papel clave en la construcción de la educación como bien común
mundial. Un ámbito de esta labor consiste en todo lo que llevan a cabo las universidades —y podrían hacer
más— para apoyar a otras instituciones educativas, desde centros preescolares hasta los de enseñanza
secundaria, pero también la educación para adultos, los museos, las bibliotecas y las organizaciones
artísticas. En este sentido, no se puede obviar el papel de las universidades en la formación del
profesorado, tanto en la formación inicial como en el desarrollo profesional continuo. Un último aspecto de
esta cuestión es la importancia decisiva de las universidades en las tareas de elaborar estudios y propiciar la
circulación de conocimientos, que tanto apoya la formulación de políticas educativas como refuerza la
innovación escolar y pedagógica.

La urgencia de la solidaridad mundial y la cooperación internacional

Teniendo en cuenta los objetivos de la Iniciativa de Los futuros de la educación de la UNESCO, es lógico que
las reflexiones de la Comisión finalicen haciendo hincapié en la solidaridad mundial y la cooperación
internacional. El principio de la educación como bien común mundial llama inmediatamente la atención
respecto a la responsabilidad mundial. En 2020 y 2021, en respuesta a la COVID, se ha producido una
movilización sin precedentes de las comunidades científicas en todo el mundo, apoyada por gobiernos y
entidades públicas y privadas. Este ha sido un ejemplo extraordinario de lo que puede lograr la solidaridad
mundial cuando están en juego cuestiones fundamentales para el futuro de la humanidad. El hecho de que
este movimiento científico abierto y colaborativo sufriera cerramientos tras el descubrimiento de vacunas
no menoscaba la dinámica inicial y solo nos alerta respecto a las apropiaciones indebidas que se producen
cuando nos alejamos de la prioridad otorgada al bien común mundial.

Tanto en la educación como en la salud, el bienestar de una persona está vinculado al de todos los demás.
La educación puede aprender mucho de la cooperación internacional en el ámbito de la salud. Al igual que
el coronavirus, la ignorancia, la desinformación y la falta de educación son «contagiosas». No es posible
construir un mundo justo, sostenible y pacífico si los seres humanos, con independencia de sus orígenes,
culturas y condiciones, carecen de acceso a una educación de calidad. Dependemos de todos nosotros.
Tomar conciencia de este hecho debe fundamentar el refuerzo de la cooperación internacional en materia
de educación y la consolidación de la financiación pública de la educación, tanto nacional como
internacional.

3. Manifiesto a favor de la acción pública

Esta parte del Informe consolidará los mensajes principales y contendrá un resumen de las
recomendaciones fundamentales. El apartado se ha diseñado para poder ser consultado por separado,
consignando varios elementos de la introducción para proporcionar el punto de partida, la justificación y la
estructura del Informe, de manera que pueda publicarse y distribuirse como un resumen del mismo. En
esencia, constituye un manifiesto a favor de la acción pública y la educación regenerativa, redactado
desde el punto de vista de un humanismo ampliado que recoge un replanteamiento necesario de las
relaciones de los seres humanos entre sí, con el planeta, y con la tecnología, y presenta una argumentación
y una estrategia para construir la educación como un bien público y común.

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4. Epílogo y continuación

Por último, la última parte, en lugar de concebirse como una «conclusión», se formulará como una
«invitación a continuar». Abogará por un debate intergeneracional y una acción continuos respecto a los
futuros de la educación, formulando recomendaciones sobre el diálogo social, la alfabetización en futuros y
la labor colectiva de «pensar juntos para actuar juntos». Incluirá una reflexión sobre lo que se ha logrado
en el proceso de elaboración de este Informe (junto con las deficiencias reconocidas) y las múltiples
actividades que podrían abordarse a continuación. Esta invitación es coherente con la iniciativa de la
UNESCO respecto a los futuros de la educación en su conjunto, cuyo objetivo es catalizar el debate y la
acción en curso sobre tales futuros que nos ayudarán a todos colectivamente, en las generaciones
presentes y en las futuras, y en el diálogo con nuestro pasado, a conformar el futuro de la humanidad y del
planeta.

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