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Evolución y Rol del Notariado

El documento habla sobre la evolución de la institución del notariado a través del tiempo. Explica que originalmente el notariado no se consideraba una figura jurídica con fe pública, sino personas que ayudaban a redactar textos. Luego, surgieron las bases para que el notariado se organice y discipline la función notarial, dotándola de autenticidad. Hoy en día, el notariado es una institución necesaria reconocida constitucionalmente que otorga certeza y legalidad a los actos jurídicos.

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Evolución y Rol del Notariado

El documento habla sobre la evolución de la institución del notariado a través del tiempo. Explica que originalmente el notariado no se consideraba una figura jurídica con fe pública, sino personas que ayudaban a redactar textos. Luego, surgieron las bases para que el notariado se organice y discipline la función notarial, dotándola de autenticidad. Hoy en día, el notariado es una institución necesaria reconocida constitucionalmente que otorga certeza y legalidad a los actos jurídicos.

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DECRETO LEGISLATIVO DE NOTARIADO N° 1049

TÍTULO I DEL NOTARIADO Y DE LA FUNCIÓN NOTARIAL

CAPÍTULO I DISPOSICIONES GENERALES

Artículo 1.- Integración del Notariado

El notariado de la República se integra por los notarios con las funciones, atribuciones
y obligaciones que la presente ley y su reglamento señalan.

Las autoridades deberán prestar las facilidades y garantías para el cumplimiento de la


función notarial.

Comentario:

Dice el maestro Neri que en los albores de la humanidad no había organización estatal
que rigiese la defensa de los intereses individuales a la vez que colectivos -y por tanto-
no existía la función fedataria: el Derecho era una fantasía. Había una latente
incertidumbre jurídica. Mas tal estado de cosas, como es lógico, no podía subsistir. El
conglomerado humano -y con él la sensatez de las gentes que lo formaban, alentaba
una civilización, preconizaba un ordenamiento más justo. Luego, apremiadas por la
necesidad de fijar un imperativo social que preestableciese un justo equilibrio -
garantizador de los intereses individuales y colectivos derivados de las relaciones
sociales- esas gentes columbraron la necesidad de la ordenación jurídica. Y como
recurso científico salieron de su estado natural y sentaron las bases del contrato social
cuyo objetivo no era otro que el de reducir el pueblo a un estado civil regido por un
imperativo común: la ley. Fue de esa manera como nacieron las instituciones. Con
ellas se corporificó el Derecho, se arraigó la fe, se afianzó el progreso y se amplió la
civilización. Y con la fuerza del Derecho se vigorizó la notaría. Y con ella surgieron los
elementos que habrían de dar gobierno y disciplina al notariado, primero, y alma y vida
al Derecho notarial después. O para decirlo de otro modo: se procrearon los
fundamentos y principios que determinarían la existencia de un haz jurídico, orgánico y
disciplinado, capaz de elevar al notariado a un plano de consideración científica.
Sentencia Neri que, luego, no hay ninguna razón valedera para renegar de la
existencia del Derecho notarial. Éste existe y su reconocimiento es ya proverbial. Por
ende, resulta muy atinado, agrega, que los estudiosos del Derecho ponderen toda la
energía jurídica que trasunta la función fedataria, y declaren urbi et orbi que el
Derecho notarial es ya una organización disciplinada y singularmente autónoma 1. Y
es que la idea del Derecho notarial no es reciente, data desde hace varias centurias.
La idea madre de su existir la dio Rolandino en el siglo XIII: tomando como cepa a la
función notarial señaló que la notaría es ciencia y arte, y que su plano de sustantación
estaba en el notariado. En verdad, este aserto fue un acierto. Amén de constituir un
alzamiento contra la indiferencia de los juristas de la época, que no intuyeron el
carácter científico de la notaría, Rolandino sacó al notariado del estado de opacidad en
que se hallaba para convertirlo -virtualmente- en el ente legal que habría de organizar
y disciplinar la ciencia y el arte de la notaría, y definir y jerarquizar a su órgano
funcional, el notario. Y a su producción específica, el instrumento público. Señala Neri
que por algo Rolandino fue un genio esclarecido: su fina coherencia de ideas, su
espíritu selectivamente notarial, lo llevó a exaltar su profesión, haciendo del notariado
una ciencia y de la notaría un arte. Ciencia, de probada revisión, por su atrevida
postura. Y arte, de reconocida sensibilidad, por ser la instrumentación pública no sólo
cuestión de mecánica notarial sino también asunto de creación intelectual 2.
El notariado en sus inicios no se consideraba como figura jurídica, de tal modo que ni
siquiera contaba con fe pública; ésta la adquirió a través del tiempo y por meras
necesidades. Quienes ejercían esta función eran consideradas como personas que
eran capaces de leer y escribir y que auxiliaban al rey o a algún funcionario de un
pueblo para redactar textos3.

Dice el profesor Allende que el notariado debe evolucionar hacia la especialización.


Añade: “...nos declaramos partidarios de un ‘aggiornamiento notarial’, adecuando la
institución al imperativo de la misión social que la época le impone.”4

Igual que la figura del Estado, el Derecho Notarial ha evolucionado. Hoy, sus
principios, originados en el Derecho Público, han alcanzado jerarquía constitucional.
No necesariamente por su inclusión en el texto constitucional sino, más bien, por su
reconocimiento en la jurisprudencia del Tribunal Constitucional. En el caso peruano, la
corte constitucional ha declarado, a través de reiteradas sentencias, la importancia de
la función notarial como factor de seguridad jurídica. No solo eso. Se reconoce la
función que desarrolla el notario como valiosa y necesaria en el propósito de otorgar
legalidad y certeza a los actos en los que él interviene.

Ya se ha señalado que la certeza de los hechos jurídicamente relevantes de la vida de


los individuos estaba dada por la intervención del oficial público que actuaba en
nombre del rey. La participación de este funcionario imprimía visos de legalidad a los
actos que él refrendaba. Hoy, igual que ayer, el notario otorga legalidad a los actos
jurídicos que ante él se celebran. Sería inimaginable un mundo sin la actuación de
este profesional del Derecho.

El Derecho no es estático: las normas se adecúan al cambio continuo de los hechos.


Así, el notario enfrenta hoy el desafío de avenirse a los nuevos tiempos que han
reemplazado el formato papel por el del parte notarial electrónico. Lo que da lugar a la
novísima figura de la ‘fe pública informática’, que en esencia no es otra cosa que la
misma fe del scribae o del tabulari.

Por lo tanto, la función fedataria del notario debe responder al mundo cambiante de
hoy. Piénsese tan solo en las nuevas formas delictivas que el Estado debe combatir.
Por ejemplo, los cometidos en la red, los delitos informáticos. Aquello exige, de parte
de la administración, nuevas formas de colaboración del notario con el Estado.

No resulta exagerado afirmar, entonces, que la actividad notarial se constituye en


baluarte del ordenamiento jurídico. Veamos, si no, cómo podrían devenir en ineficaces
los documentos privados que carecen de la certificación notarial. O en los actos
públicos que el notario presencia, éstos podrían ser objeto de tacha o
cuestionamiento.

La ampliación de la competencia del notario en materia de asuntos no contenciosos


revela cómo se ha comprendido el rol de la actividad notarial desde el poder público.
Es decir, el legislador es consciente que la administración de justicia no se da abasto
por sí sola para resolver los asuntos que tiene a su cargo. Se hacía imperativo
descongestionar esa carga. El divorcio en sede notarial es muestra de ello.

Todo lo expuesto hasta aquí nos lleva a una conclusión: la función notarial debe estar
presente en todas y cada una de las actividades del Estado.

Si no existiera la institución del notariado, los actos jurídicos que se pretendan oponer
ante terceros no podrían gozar de este beneficio porque es a través de ella que se da
forma y autenticidad a dichos actos, respaldados con la fe pública que ostenta el
notario. El notariado es una institución necesaria en las distintas sociedades desde
tiempos remotos, ya que su función cumple con las necesidades de las personas que
pretenden autenticar determinados actos jurídicos o hacer constar hechos jurídicos.
De esta manera el notario dotado con las atribuciones que le confiere el Estado puede
ejercer su función en beneficio de las personas, que como vimos anteriormente
tendrán que solicitar la actuación del notario para que pueda actuar conforme a la ley.
El maestro Luis Carral y de Teresa expone la siguiente idea para dejar en claro la
necesidad de la intervención de los notarios en una sociedad: “La labor del notario,
bien entendida y bien desempeñada, constituye un verdadero apostolado y puede
asegurarse que sin notarios competentes y honorables, muchísimas personas, pero
especialmente de humilde condición, serían víctimas diarias del abuso y del engaño”5.

Artículo 2.- El Notario

El notario es el profesional del Derecho que está autorizado para dar fe de los actos y
contratos que ante él se celebran. Para ello formaliza la voluntad de los otorgantes,
redactando los instrumentos a los que confiere autenticidad conserva los originales y
expide los traslados correspondientes.

Su función también comprende la comprobación de hechos y la tramitación de asuntos


no contenciosos previstos en las leyes de la materia.

Comentario:

Dice Giménez-Arnau que se destaca la condición de profesional de Derecho en cuanto


ello reporta una doble ventaja. La primera, señala, de afirmar el ejercicio libre de la
profesión descartando la estatización. Y la segunda, agrega, porque asegura una
idoneidad técnica que permitirá cumplir con todos los complejos aspectos que implica
el ejercicio integral de la función, satisfaciendo las crecientes necesidades de un
público cada vez más ansioso de información y asesoramiento frente a un Derecho
más y más complejo6.

El notariado, señala Bernardo Pérez Fernández Del Castillo, como todas las
instituciones de Derecho, es producto de una evolución.

Así, los escribas hebreos del Estado tenían funciones de secretarios del Consejo
Estatal y de colaboradores de los tribunales de justicia. Los escribas egipcios estaban
encargados de la redacción de los documentos del Estado y de los particulares. En
Grecia los síngrafos eran quienes formalizaban contratos por escrito; los apógrafos,
los copistas de los tribunales; y los mnemon, aquéllos que archivaban los textos
sagrados. En Roma los notarii estaban adscritos a la organización judicial. Los tabularii
eran archivadores de documentos públicos, y los tabellio conservaban en sus archivos
testamentos y contratos. Y en el siglo XII surge en Bolonia el publicus notarius.

Empero, para hallar el origen del notario autenticando los documentos del Estado hay
que remitirnos a Roma. La figura del notario, tal como la conocemos hoy, surge
cuando el magistrado debe autenticar los contratos. Es decir, ocuparse, a la par de la
jurisdicción contenciosa, de la llamada jurisdicción voluntaria. Es en el Imperio
Romano donde se instituyen los tabelliones: los actos que ellos autorizaban llevaban
sellos que les otorgaban a éstos valor de prueba.

El notario es representante del Estado. Su actuación imprime a los actos en los que
actúa visos de legalidad y autenticidad.

Artículo 3.- Ejercicio de la Función Notarial


El notario ejerce su función en forma personal, autónoma, exclusiva e imparcial.

El ejercicio personal de la función notarial no excluye la colaboración de dependientes


del despacho notarial para realizar actos complementarios o conexos que coadyuven a
su desarrollo, manteniéndose la responsabilidad exclusiva del notario (D.L 1232
publicación de fecha 26.09.15).

Comentario:

la modificación realizada por el DL 1232 amplía este artículo para establecer que es
legal que el notario tenga dependientes que realiza actos complementarios o conexos.

La responsabilidad administrativa y civil de los actos notariales es exclusiva del


notario.

Sostiene el profesor Neri que en un comienzo la función notarial tuvo lugar sin más
amparo y garantía que la propia buena fe de los contratantes y que, ya más tarde,
organizado el poder público, empezó a ejercerse bajo la protección de la autoridad del
Estado. Agrega Neri que, en sustancia, la función notarial ha sido siempre función
pública, pues no ha tenido otro objetivo que el de legitimar los actos jurídicos bajo el
signo de la fe pública. Por su parte, Martínez Segovia señala que la función notarial es
“la función profesional y documental autónoma, jurídica, privada y calificada, impuesta
y organizada por la ley, para procurar la seguridad, valor y permanencia, de hecho y
derecho, al interés jurídico de los individuos, patrimonial o extra patrimonial, entre
vivos o por causa de muerte, en relaciones jurídicas de voluntades concurrentes o
convergentes y en hechos jurídicos, humanos o naturales (objeto material), mediante
su interpretación y configuración, autenticación, autorización y resguardo confiada a un
notario.

Señala Paulo VI refiriéndose a la exigencia que implica el carácter de la función “La


función notarial, aunque diversa en sus modalidades prácticas, según los
ordenamientos civiles de los pueblos, tiene su intrínseca razón de ser en la
sociabilidad y solidaridad humana, las cuales exigen plena seguridad en la formación
de relaciones de Derecho, exacta constatación de los hechos y de los actos jurídicos,
y fiel conservación y pública disponibilidad de sus pruebas, como condiciones para la
actuación y preservación del orden civil y social en armonía de la justicia. Por eso, la
principal cualidad moral de vuestra profesión, la más consustancial a ella, la que
dignifica en grado sumo vuestra competencia técnica, la constituye el culto a la verdad,
presupuesto básico para el mantenimiento de la justicia en el delicadísimo sector de la
actividad humana confiado a vuestra fidelidad responsabilidad.

La función notarial implica una actividad de interés general. La función se extiende


más allá de la relación entre el notario y las personas que acuden a él en demanda de
su oficio. Porque la actividad ejercida por el notario traspasa los límites del ámbito
privado y adquiere arraigo público.

El notario ejerce su función conforme a los denominados principios del Derecho


Notarial. Dice Guido Gatti que existen principios generales considerados integrantes
de cierta cultura, denominados “principios de justicia” que la ley aplica – con algún
margen de arbitrariedad – para decidir qué es justo y qué no lo es. Inclusive, agrega, al
profesional se le pide a menudo – en el ejercicio de su profesión – el difícil
discernimiento entre los intereses legítimos y los ilegítimos: es una tarea facilitada por
las leyes y los códigos de deontología, pero es una tarea que, finalmente, recae
siempre sobre la conciencia personal del profesional mismo.
Así como hay una naturaleza primera, inmutable y persistente en su existencia, señala
el profesor Cosola que también existen principios fundamentales que toman idénticos
fundamentos que mantienen incólume su fundamentación, e independientemente de
las causas y consecuencias de sus orígenes. Agrega el notario argentino que cada
ciencia tiene sus principios inmutables, cada especificidad del Derecho reconoce sus
vertientes principales y, así, el notariado guarda interés en ciertos principios esenciales
de la profesión. Al respecto, anota el sacerdote jesuita Luis Vela que los principios
generales del Derecho son principios no formulados pero no por ello menos eficaces
en el orden positivo. Estos principios son las supremas verdades del Derecho, es
decir, aquellos elementos lógicos y éticos del Derecho que por ser racionales y
humanos son virtualmente comunes a los diversos pueblos. Añade que de estos
principios proceden las reglas del Derecho, o sea, las determinaciones particulares del
ordenamiento jurídico. Pero tales reglas, anota Vela, no pueden deducirse
apriorísticamente de los mismos principios generales, ya que contienen elementos
empíricos y contingentes no comprendidos en ellos, así como, por la misma razón no
se puede por un proceso de generalización inductiva sacar de las reglas concretas
esos mismos principios generales. Por su parte, el profesor Bodenheimer señala que
algunos de los sabios griegos opinaban que no existían tales principios e inmutables.
Creían éstos que las normas de Derecho eran convenciones que cambiaban con el
tiempo, los hombres y circunstancias. Así pensaban los sofistas de Atenas del siglo V
a.C. El sofista Trasímaco, decía que las leyes eran creadas por los que detentaban el
poder para salvaguardar sus propios intereses. Protágoras, sofista también, sostenía
que las leyes hechas por los hombres eran obligatorias y válidas sin fijarse en su
contenido moral.

Fe pública

En sentido lato, se entiende por fe pública a la veracidad atribuida a los distintos


funcionarios respecto de hechos, actos y contratos en los que intervienen. La fe
pública está sujeta a los principios de coetaneidad, evidencia, inmediatez, objetividad,
formalización, solemnidad. Sin embargo, este no es un concepto unívoco.

Y es que cuando nos referimos a la ‘fe pública’ podemos aludir, entre otras, a:
- La fe pública administrativa,
- La fe pública registral,
- La fe pública judicial,
- La fe pública consular,
- La fe pública del Derecho eclesiástico,
- La fe pública militar,
- La fe pública marítima,
- La fe pública municipal,
- La fe pública concursal,
- La fe pública civil,
- La fe pública tributaria,
- La fe pública procesal

Para nuestro estudio, podríamos ensayar el concepto de fe pública notarial diciendo


que es la presunción de veracidad en los actos autorizados por el notario.

Gattari define a la fe pública como “aquella cualidad ínsita en los documentos emitidos
por el Estado o por quienes éste autoriza para resguardar su veracidad y
seguridad”15. Por su parte, el doctor Pérez Gallardo afirma que la fe pública notarial
es una necesidad sentida, pues los actos, hechos y circunstancias de relevancia
jurídica requieren de credibilidad, autenticidad, certeza. Añade que los contratos y
demás negocios jurídicos instrumentados por notario gozan del privilegio de la
legalidad, el de la autenticidad y el de la legitimidad16. Y Neri precisa que “respecto de
la institución notarial ella es un órgano jurídico que goza del privilegio especial de
otorgar autenticidad y fe pública a los actos y contratos de carácter extrajudicial…”17.
Para Giménez-Arnau, la fe pública es la presunción legal de veracidad respecto a
ciertos funcionarios a quienes la ley reconoce como probos y verdaderos,
facultándolos para darla a los hechos y convenciones que pasan entre los
ciudadanos18.

El notariado en sus inicios no se consideraba como figura jurídica, de tal modo que ni
siquiera contaba con fe pública; ésta la adquirió a través del tiempo y por meras
necesidades. Quienes ejercían esta función eran consideradas como personas que
eran capaces de leer y escribir y que auxiliaban al rey o a algún funcionario de un
pueblo para redactar textos19.

Afirma el profesor Arrache Murguía que los actos jurídicos que se pretendan oponer
ante terceros no podrían gozar de este beneficio si no existiera la institución del
notariado, porque a través de ella se da forma y autenticidad a dichos actos,
respaldados con la fe pública que ostenta el notario. Agrega que el notariado es una
institución necesaria en las distintas sociedades desde tiempos remotos, ya que su
función cumple con las necesidades de las personas que pretenden autenticar
determinados actos jurídicos o hacer constar hechos jurídicos. De esta manera el
notario dotado con las atribuciones que le confiere el Estado puede ejercer su función
en beneficio de las personas, que como vimos anteriormente tendrán que solicitar la
actuación del notario para que pueda actuar conforme a la ley20.

La sentencia del Tribunal Constitucional en la acción de inconstitucionalidad


interpuesta por el Colegio de Abogados de Lima contra la Ley 26741 constitucionaliza
el principio notarial de fe pública: “…el notario es un profesional de derecho que, en
forma imparcial a independiente, ejerce una función pública, consistente en autenticar,
redactar, conservar y reproducir los documentos, así como asesorar de manera
imparcial a quienes soliciten su intervención, incluyéndose la certificación de hechos.
Dicha intervención notarial implica, pues, una doble misión: dar fe pública y forma a los
actos para así garantizar seguridad jurídica no solo a las partes sino también a los
terceros”. (Sentencia TC Exp. 0004-97- I/TC).

Publicidad

Los actos de los órganos del Estado deben ser manifiestos y no secretos.

Los actos que autoriza el notario son públicos: la autorización notarial hace pública la
voluntad de las partes. Sin embargo, este principio tiene una excepción: los actos de
última voluntad, testamentos y donaciones por causa de muerte.

Todo notario en el Derecho peruano está obligado a permitir el acceso a la información


que aparece en su archivo notarial, lo cual se materializa a través de los traslados, que
son: testimonios, partes y boletas. Sin embargo, nada impide que éste expida
constancias de los instrumentos notariales. Para comprender este principio notarial se
debe tener en cuenta el artículo 87 de la Ley del Notariado, el cual constituye la norma
especial aplicable al principio notarial materia de estudio, poco conocido en el Derecho
notarial peruano y, además, similar al principio registral de publicidad. Empero, este
último tiene dos variedades como son el principio de publicidad formal y el principio de
publicidad material. Por ello, debemos precisar que la última de las variedades citadas
no existe en el Derecho notarial. Es decir, cierto es que el principio notarial de
publicidad es muy parecido al principio registral de publicidad, mas no son
exactamente iguales entre sí, lo cual es ampliamente conocido por los notarialistas
pero es ignorado por los demás estudiosos del Derecho, lo cual no causa demasiado
problema.

La resolución 2050-2002-AA/TC del Tribunal Constitucional señala: “Detrás de la


exigencia constitucional de la publicación de las normas se encuentra el principio
constitucional de la publicidad, que es un principio nuclear de la configuración de
nuestro Estado como uno “Democrático de Derecho”, como se afirma en el artículo 3°
de la Norma Fundamental. Y es que lo que verdaderamente caracteriza a un sistema
democrático constitucional es su naturaleza de “gobierno del público en público” (N.
Bobbio), en el cual, por tanto, en materia de derecho público, la regla es la
transparencia, y no el secreto”.

Seguridad Jurídica

Se puede considerar el principio de seguridad jurídica como un valor inherente al


Estado de Derecho. Así, la Constitución española dispone en el artículo 9.3 que “La
Constitución garantiza el principio de legalidad, la jerarquía normativa normativa, la
publicidad de las normas, la irretroactividad de las disposiciones sancionadoras no
favorables o restrictivas de derechos no individuales, la seguridad jurídica y la
interdicción de la arbitrariedad de los poderes públicos”. De esta norma constitucional
deduce la doctrina española que la seguridad jurídica no es un compartimiento
estanco en relación con los restantes principios que cita el mismo precepto sino que
todos ellos están relacionados, de modo que el principio de seguridad jurídica se
enlaza directamente con el de legalidad.22

Este principio tiene su fundamento en la fe pública que posee el notario. Luego, los
actos que legaliza éste son ciertos; se produce certidumbre, certeza.

La intervención del notario, para otorgar seguridad jurídica, se da en dos planos:


seguridad jurídica sustancial, que atañe a la generación del negocio jurídico; y,
seguridad jurídica formal, que tiene que ver con la elaboración del documento que lo
contiene.

La Constitución española de 1978 recoge este principio en su artículo 9.3: “La


Constitución garantiza el principio de legalidad, la jerarquía normativa, la publicidad de
las normas, la irretroactividad de las disposiciones sancionadoras no favorables o
restrictivas de derechos individuales, la seguridad jurídica, la responsabilidad y la
interdicción de la arbitrariedad de los poderes públicos”.

La sentencia del Tribunal Constitucional en la acción de inconstitucionalidad


interpuesta por el Colegio de Notarios de Junín contra la Ley 27755, constitucionaliza
el principio notarial de seguridad jurídica:

“…es pertinente señalar que el Tribunal Constitucional comparte la posición del


demandante, en cuanto sostiene que la escritura pública es un documento público
notarial que, en principio, proporciona mayor seguridad jurídica que el formulario
registral. Sin duda, la escritura pública es el documento notarial más importante,
dotado de una especial solemnidad, no sólo en su contenido (introducción, cuerpo y
conclusión), sino en los actos previos y posteriores a su elevación, estipulados en los
artículos 50 y siguientes de la Ley Nº 26002, Ley del Notariado. Se trata, pues, de un
instrumento público, notarial, protocolar...” (Sentencia TC 00016-2002-AI/ TC).

Y la Sentencia 04-97-I/TC señala:


“Nuestro ordenamiento jurídico pertenece al sistema de Derecho Civil o latino, y, como
tal, a diferencia del Common Law, se basa en el derecho escrito y codificado. De
acuerdo al artículo 2° del Decreto Ley N° 26002 Ley del Notariado, nuestro país se
adscribe al sistema de organización notarial de tipo latino, en virtud del cual el notario
es un profesional de derecho que, en forma imparcial a independiente, ejerce una
función pública, consistente en autenticar, redactar, conservar y reproducir los
documentos, así como asesorar de manera imparcial a quienes soliciten su
intervención, incluyéndose la certificación de hechos. Dicha intervención notarial
implica, pues, una doble misión: dar fe pública y forma a los actos para así garantizar
seguridad jurídica no solo a las partes sino también a los terceros”.

Autenticación

La firma y el sello establecen que un hecho o acto ha sido comprobado y declarado


por un notario.

Respecto de la autenticación notarial, Navarro Azpeitia afirma: “Entre las funciones


encomendadas al notario, es la de más trascendencia pública, la que determina su
existencia y es causa u origen de todas las demás; aquélla que consiste en investir
todos los actos en que interviene, de una presunción de veracidad, que los hace aptos
para imponerse por sí mismos en las relaciones jurídicas y para ser impuestos, por su
propia virtualidad, por el poder coactivo del Estado”.

Para Sanahuja y Soler, autenticación, en sentido genérico, es la acción de garantizar,


mediante un acto oficial, la certeza de un hecho, convirtiendo en creíble públicamente
aquello que por sí mismo no merece tal credibilidad. Y para Neri, aplicada al proceso
notarial de formación del instrumento público, la idea de autenticar es el cumplimiento
del acto en cuya virtud la ley ordena aprobar como cierta la existencia de un hecho o
de un acto jurídico. Añade que tal aprobación se realiza merced a la figura orgánica
del notario, quien en función específica certifica con fuerza de autoridad la certeza del
hecho o acto tras una síntesis realizada por un instrumento solemne que desde el
punto de vista del Derecho es la pre-prueba de la relación jurídica documentada. Y
para Savransky la autenticación es conferir certeza a la producción del hecho del cual
dependen los derechos, la autenticación se puede referir, señala, a hechos que caen
bajo la percepción del notario como también a hechos pasados.

La función fedataria del notario al autenticar firmas, constituye labor propia de su


incumbencia como tal, con trascendencia en actos y relaciones jurídicas en que se
incorpora esta constancia. Por cuanto certificando que la firma ha sido realizada en su
presencia, da lugar a que la ley revista de plena fe a dicha actuación notarial, que se
tiene por cierta erga omnes y que para destruir tal fuerza probatoria debe demostrarse
la falsedad.

Legalidad

Este principio consiste en que todo ejercicio del poder público está sometido a la ley y
no a la voluntad de las personas. Toda decisión del Estado se basa en las leyes y no
en la voluntad arbitraria de sus funcionarios.

El principio de legalidad penal se encuentra consagrado en el artículo 2º, inciso 24,


literal “d” de la Constitución Política del Perú: “Nadie será procesado ni condenado por
acto u omisión que al tiempo de cometerse no esté previamente calificado en la ley, de
manera expresa e inequívoca, como infracción punible, ni sancionado con pena no
prevista en la ley”.
El notario debe actuar siempre con sujeción a las leyes. Éstas son, al mismo tiempo,
límite de su actuación y causa a la que debe adaptar la voluntad de las partes. El
notario está obligado a negar su intervención para todo aquello que sea en contra de
la ley, de la moral y de las buenas costumbres. Cuántas veces vemos que siendo
alguna norma contraria a las leyes, se insiste al notario que autorice el documento,
aunque sea salvando su responsabilidad. El notario jamás debe hacer esto, pues el
principio de legalidad es un imperativo que le obliga. Este principio tiene una doble
función: para el Estado es una garantía de que se cumplen los fines de interés general
; para los particulares implica la garantía de que se mueven dentro del ordenamiento
jurídico.

El principio de legalidad, señala Núñez Lagos, comprende dos grados: 1) El notario ha


de atenerse a la ley en las normas sobre ‘forma del instrumento’ y ‘forma del negocio’;

2) En aquellos países en que al notario compete la redacción del negocio jurídico


ha de adaptar la voluntad de las partes a la ley sustantiva.

Dice Bidart Campos: “Cuando se echa mano del aforismo ‘gobierno de la ley en vez de
gobierno de los hombres’ se está apelando al principio de legalidad: lo que se manda y
lo que se prohíbe necesita ley que prescriba lo que tenemos que omitir. O sea, no se
descarta a los gobernantes pero se los somete a la ley. La finalidad del principio de
legalidad es afianzar la seguridad individual y darnos previsibilidad anticipada de lo
que han de ser nuestras conductas. Se pretende, así, evitar las conductas
sorpresivas29”.

El notario debe actuar siempre conforme a las leyes. Se debe fundamentar la


actuación en la ley de la materia y con la ley en vigor. Este principio limita la actuación
del notario toda vez que debe adaptar la voluntad de las partes a la legislación que se
necesite, haciendo de conocimiento a las partes, a través de la asesoría, que su
voluntad tendrá un carácter de licitud. En la ley del notariado el principio de legalidad
se establece como sigue: “Artículo 19º.- Son derechos del notario: d) Negarse a
extender instrumentos públicos contrarios a la ley, a la moral o a las buenas
costumbres; cuando se le cause agravio personal o profesional y abstenerse de emitir
traslados de instrumentos autorizados cuando no se le sufrague los honorarios
profesionales y gastos en la oportunidad y forma convenidos.” El notario debe actuar
siempre con sujeción a la Constitución, a esta Ley y a todas las normas de de carácter
civil, mercantil, fiscal, y demás leyes que tengan aplicación en el acto notarial de que
se trate, como profesional que es en derecho, y cuando trasgreda la moral y las
buenas costumbres. En igual sentido el Artículo 23º de la referida ley define que “son
instrumentos públicos notariales los que el notario, por mandato de la ley o a solicitud
de parte, extienda o autorice en ejercicio de su función, dentro de los límites de su
competencia y con las formalidades de ley”.

El notario es, ante todo, abogado. Mas, en razón de su función, se distingue


como un profesional singular del Derecho.

Señala el notario Gutiérrez-Álvarez que, indagando en el argumento de la palabra


éthos –entendida ésta como carácter- vemos que en la figura del notario se trasciende
la del profesional del Derecho. Empero -más allá de lo estrictamente profesional, el
notario se yergue como el éthos de un ser que realiza los fines del Derecho: la justicia,
el bien común y la seguridad.

Entonces, estamos en presencia de un profesional del Derecho recto, apto, capaz,


ilustrado. Dice el profesor Fernández Casado: “La profesión notarial es quizá, entre
todas las sociales, aquélla cuyo ejercicio mayor moralidad demanda, si ha de
responder al objeto de su establecimiento. Es, en lo civil, lo que la cura de almas en lo
espiritual: una fuerza directiva de voluntades y de las conciencias cuyo campo de
acción no reconoce límites”.

Por su parte el profesor Agustín Fernández del Valle define el Derecho notarial: “La
sistemática de la autenticidad teleológicamente dirigida a realizar la seguridad, la
justicia y el bien común del acto jurídico y del registro público”.

Hay, acerca de la función notarial, una categoría superior en la tabla de valores que
ordena la actividad del hombre. Supone ésta un deber total. Castán Tobeñas lo
enuncia así: “Someter la economía a la ética”. Por tanto, nos hallamos ante una
cuestión de filosofía jurídica: frente a cualquier actividad humana opera la vigencia de
este principio. El sometimiento de la economía a la ética. No hay manera de eludir este
deber, ya que el imperativo moral es válido -sin excepción- para cualquier conducta
humana. Son abundantes las teorías a través de los tiempos acerca de las actividades
económicas, teorías absolutistas, mercantilistas, intentando despojar de cualquier
rasgo moral a la actividad lucrativa. El principio de sujeción de cualquier actividad de la
economía a la ética es inobjetable filosóficamente. Este es uno de los ámbitos en que
la presencia de la función notarial es de primer orden.

Dice Ihering en El espíritu del Derecho Romano que el notario moderno es el heredero
más directo del jurista romano. Su labor no es la del abogado, que interviene
principalmente en el momento en que va a plantearse un litigio, sino la del consejero
de las familias y el moderador de los negocios jurídicos.

Una sentencia de la Sala Primera del Tribunal Supremo de España del 29 de


diciembre de 1927 dice: “El notario no es sólo el fedatario, sino el profesor de
jurisprudencia para las clases humildes y el consejero prudente de los individuos y de
las familias”.

Acerca de este punto dice Fernández del Valle que este deber se apoya en cuatro
elementos:

1. Aconsejar: El notario asesora a su requirente acerca de las conveniencias de


su propósito y guía su voluntad dentro de la ley y la justicia.

2. Redactar: El notario ha de expresar la voluntad de las partes en el marco de la


ciencia jurídica.

3. Constatar: El acto debe fijarse para siempre de un modo constante de manera


que el contrato pueda ser utilizado en cualquier momento y no sea posible transformar.

4. Autorizar: Como delegado del poder público, el notario declara el acto como
verdadero y fehaciente; válido y eficaz erga omnes.

Para entender la figura del notario, es preciso ahondar en la dimensión óntica del
hombre. Éste es un ser que se interrelaciona con los demás y, por tanto, está
sometido a la esfera de lo ético, de lo moral. El sociologismo de Durkheim desdeña la
moral como estructura; el psicologismo de los empiristas reduce ésta a cuestiones de
simpatía o antipatía. La conducta del hombre debe tener siempre una justificación
moral. La moral va más allá de ser la estructura formal del hombre: ésta posee un
contenido, lo moral, lo ético. La cuestión del hombre –de su ser y su obrar- está regido
por los conceptos ‘lo bueno’ y ‘lo malo’, ejes básicos de su vida. Entre el sujeto y el
valor moral existe tensión permanente. Toda conducta del hombre proyecta el instante
en que el ser moral llega a su límite de existencia. Entonces, debe colegirse que la
moral profesional es una aplicación de la ética a la vida profesional y, en el presente
caso, a la vida notarial. Ahrens incorpora a la función notarial dentro de la justicia
reguladora.

Hay, pues, en el ser del notario, en su carácter –en su éthos- la existencia de una
dimensión que define la dignidad de su oficio. No es el mero funcionario, el hombre
que cumple un encargo y que recibe una remuneración por su labor. Es algo más. La
función notarial surge de una vocación, de un llamamiento. Este llamamiento involucra
su comportamiento en la sociedad.

Qué debemos entender por ´deontología del notario’. El profesor Gattari nos da la
respuesta: “Entiendo asimismo que la deontología supera la obligación de los deberes
legales y éticos, constituyendo una expansión de la bondad típica de aquel vir bonus,
dicendi peritus, que nosotros podríamos cambiar por vir bonus, notandi peritus. Así,
debe tener presente que la mejor y efectiva recomendación para lograr asuntos es la
conducta, honradez, competencia, idoneidad y señorío que imprima a su profesión;
declinar siempre el interés privado frente al interés público y colegial...32”. Sanahuja y
Soler opina en el mismo sentido: “Por otro lado, prescindiendo de toda exigencia legal
y penetrando en la esencia misma de la Institución, el notario ha de ajustarse a las
reglas de moralidad más estricta para inspirar la confianza que su cargo requiere y no
infundir recelos ni sospechas en beneficio de él mismo y del servicio público. La
profesión notarial es quizá entre todas las sociales aquélla cuyo ejercicio mayor
moralidad demanda, si se ha de responder al objeto de su creación. El juez o tribunal
que entiende un negocio civil falla secundum allegata et probata; pero el notario, como
profesional del Derecho, no tiene más normas que la moral. Le ha conferido la ley una
potestad en virtud de la cual le es lícito penetrar directamente en las intenciones de
sus clientes y dirigir hacia el bien esas mismas intenciones33”. Sentencia con
sabiduría el profesor Paz: “La norma moral que rige la función notarial es de
fundamental importancia por su repercusión en el medio ambiente social. Por ella se
cumple la ley y se llega al bien final, combinando la libertad con el deber; desechando
lo útil, lo productivo, para seguir lo honesto y lo honrado: ‘Honestum id intelligimus,
quod tale est ut, detracta omni utilitate, per se ipsum possit jure laudari’ (Cicerón, De
Finib, II 14); respetando el derecho en la Justicia; procediendo con equidad,
practicando la virtud o el buen hábito del alma con esa fortitudo moralis que
mencionaba Kant34”.

El Bureau de la Comisión de Cooperación Notarial Internacional aprobó en 1986 las


Bases o principios fundamentales del sistema del notariado latino:

TÍTULO PRIMERO: DEL NOTARIO Y DE LA FUNCIÓN NOTARIAL

1.- El Notario es un profesional del derecho especialmente habilitado para dar fe de los
actos y contratos que otorguen o celebren las personas, de redactar los documentos
que los formalicen y de asesorar a quienes requieran la prestación de su ministerio

2.- La función notarial es una función pública que el notario ejerce de forma
independiente sin estar encuadrado jerárquicamente entre los funcionarios al servicio
de la administración del Estado u otras corporaciones públicas.

3.- No se podrá acceder al notariado si no se han seguido con éxito los estudios que
se exigen en cada país para el ejercicio de profesiones jurídicas. Se recomienda exigir
a los candidatos que para llegar a ser notarios, superen previamente ciertas pruebas
teóricas y prácticas.
4.- El notario debe cumplir su función de forma escrupulosamente imparcial. Se
establecerán al efecto las incompatibilidades que se estimen pertinentes.

TÍTULO SEGUNDO: DE LOS DOCUMENTOS NOTARIALES

5.- Los documentos notariales son los redactados y autorizados por notario y que éste
conserva en su poder, clasificándolos por orden cronológico.

6.- Los documentos a que se refiere el artículo anterior podrán tener po robjeto actos y
negocios jurídicos de toda clase, sean unilaterales, bilaterales o plurilaterales, así
como la comprobación de hechos que le consten al notario por percepción sensorial
directa o por notoriedad. También podrán formalizarse en documento notarial
requerimientos o notificaciones.

7.- Los otorgantes de un documento notarial tendrán derecho a obtener copias


autorizadas de aquél. El notario podrá también, sin perjuicio de cumplir en general su
obligación de guardar secreto profesional, librar copias autorizadas en favor de
personas que, a su juicio, tengan interés legítimo en conocer el contenido del
documento.

8.- Las copias autorizadas de los documentos notariales surten los mismos efectos
que el original.

9.- Los documentos notariales gozan de una doble presunción de legalidad y de


exactitud. La presunción de legalidad comporta que el acto o negocio jurídico que
formaliza el documento reúne los requisitos legales requeridos para su validez: y,
particularmente, que el consentimiento de los otorgantes se ha manifestado en
presencia del notario libre y conscientemente. La presunción de exactitud significa que
los hechos que el documento relata y que han sido presenciados por el notario o que a
éste le consten por notoriedad, se reputan ciertos.

10.- Las presunciones de legalidad y exactitud a que se refiere el artículo anterior sólo
podrán ser contradichas por vía judicial.

11.- Si el notario en el ejercicio de su función notarial ocasiona, por negligencia o mala


fe, daño a la persona que ha requerido la prestación de su ministerio, está obligado a
indemnizar a la parte perjudicada.

12.- Los notarios redactarán los documentos notariales conforme a su leal saber y
entender y reflejarán en él claramente la voluntad de los otorgantes, que previamente
habrán de interpretar, adaptándola a las exigencias legales o de técnica jurídica
necesarias para su plena eficacia.

13.- No se podrá imponer al notario la obligación de que los documentos que autorice
deban redactarse conforme a minuta que les presente un letrado o los propios
interesados. El notario es libre de aceptar o no la minuta introducir en ella, con la
conformidad de los otorgantes, las modificaciones que estime pertinentes.

14.- La actuación notarial se extiende también a la legitimación de firmas de


particulares puestas en documentos privados (salvo que se trate de documentos que
formalicen actos que deban constar en documento notarial), a la expedición de
testimonios de toda clase de documentos y al cotejo de éstos con sus originales,
dando fe de la conformidad entre el original y la copia.
TÍTULO TERCERO: ORGANIZACIÓN DE LA PROFESIÓN NOTARIAL

15.- La Ley determinará el área territorial que delimita la competencia d e cada notario,
así como el número de notarios, cuidando de que en todo caso dicho número sea el
necesario a fin de que el servicio notarial esté debidamente atendido y se eviten
situaciones monopolísticas.

Se desaconseja que el número de notarios no esté sujeto a limitaciones y, asimismo,


que la competencia territorial de cada notario se extienda a todo el país. 16.- La ley
determinará igualmente la población donde debe instalarse cada despacho notarial.

17.- Los notarios deberán pertenecer obligatoriamente a un Colegio que los agrupe y
organice corporativamente.

18.- Existirá un organismo central compuesto exclusivamente por notarios que asumirá
la representación del Notariado de su país. Actuará en relación con los Colegios
Notariales.

19.- Corresponderá tanto a los Colegios Notariales como al organismo central velar
por que la función notarial se ejercite dentro del marco de la más exigente deontología
profesional

ARTÍCULO 4.- ÁMBITO TERRITORIAL

El ámbito territorial del ejercicio de la función notariales provincial no obstante la


localización distrital que la presente ley determina.

Comentario:

La competencia del notario es de carácter provincial. Por ejemplo, un notario que tiene
su oficio notarial en La Perla, en el Callao, está facultado a ejercer la fe pública dentro
del territorio de la provincia constitucional del Callao.

ARTÍCULO 5.- CREACIÓN DE PLAZAS NOTARIALES

5.1. El número de notarios en el territorio de la República se establece de la siguiente


manera:

a. Una provincia que cuente con al menos cincuenta mil habitantes deberá contar con
no menos de dos Notarios.

b. Por cada cincuenta mil habitantes adicionales, se debe contar con un notario
adicional.

c. En función a la magnitud de la actividad económica o tráfico comercial de la


provincia. (D.L 1232 publicación de fecha 26.09.15).

EL AUTO DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL DEL 06.01.2016 ESTABLECE QUE


NO BASTA EL CRITERIO POBLACIONAL SINO QUE PARA LA CREACION Y
CONVOCATORIA DE PLAZAS SE DEBE TOMAR EN CUENTA EL MOVIMIENTO
COMERCIAL O ECONÓMICO DE LA PROVINCIA.

5.2. La localización de las plazas son determinados por el Consejo del Notariado. En
todo caso, no se puede reducir el número de las plazas existentes.

Comentario:
Es importante tomar en cuenta que este artículo modificado establece no solamente el
criterio poblacional para la creación o convocatoria de plazas, sino que se establece
en el acápite 5.1 c) debe tomar en cuenta la magnitud de la actividad económica o
tráfico comercial de la provincia. Además, el auto del Tribunal Constitucional el
06.01.16 ratifica estas condiciones económico – comerciales.

La derogada Ley del Notariado disponía que para la creación de nuevas plazas debía
contarse con un informe técnico del INEI que debía determinar el requerimiento del
servicio notarial en las diversas provincias del Perú. Esta norma iba incluso más allá y
señalaba que para fijar el número de plazas debía considerarse las condiciones
demográficas, el volumen contractual y las necesidades de la población. Nunca esta
labor ha estado librada a la administración; muy por el contrario, la ley ha definido
siempre las formas y los modos de asignar nuevas plazas notariales.

En la Argentina, por ejemplo, la modalidad de acceso a la función notarial es el de


sistema de numerus clausus (en 1991 el decreto 2.284 desrreguló la economía
nacional; luego la ley 404 que rige el notariado de Buenos Aires volvió al sistema
cerrado de registros).

CAPÍTULO II

DEL INGRESO A LA FUNCIÓN NOTARIAL

ARTÍCULO 6.- INGRESO A LA FUNCIÓN NOTARIAL

El ingreso a la función notarial se efectúa mediante concurso público de méritos ante


jurado calificador constituido según lo dispuesto en el artículo 11 de la presente ley.

Comentario:

Señala el doctor Gunther Gonzales Barrón:

“La Unión Internacional del Notariado Latino (UINL) propugna que el acceso sea por
concurso público de méritos y oposición, y que el número de plazas sea cerrado. El
primer punto busca garantizar la actuación del notario como jurista experto y perito en
el ámbito de la contratación; lo segundo pretende asegurar que la función se cumpla
cabalmente pues se encuentra en juego la seguridad jurídica del tráfico, y un exceso
de notarios, además

de la imposibilidad de fiscalización, haría que sus ingresos económicos descendieran


a niveles que podrían alentar conductas oportunistas.

En el caso del Perú, el ingreso al notariado se efectúa mediante concurso público ante
jurado. Actualmente, los concursos son exclusivamente abiertos, es decir, pueden
presentarse en ellos cualquier abogado, o incluso notarios en ejercicio que deseen
cambiar su localización distrital. La Ley 28580, publicada el 12 de julio de 2005,
eliminó los concursos cerrados en los cuales sólo participaban notarios, y la nueva ley
ha mantenido esa postura. Sin embargo, no puede negarse que el ejercicio correcto de
la función notarial constituye un valioso antecedente para aquel notario que pretende
acceder a otra plaza. Por tal razón, el art. 7 otorga una bonificación reducida, apenas
5%, para quien acredite antigüedad en el ejercicio de tres años, y siempre que en los
últimos cinco años no registre sanciones. Vale acotar que esta disparidad temporal,
entre los tres y cinco años, resulta inentendible”.

Ahora bien, existe en la ley un vacío legal en cuanto a los traslados de los notarios de
un distrito a otro.

La sentencia recaída sobre el Expediente N° 10310-05 de la Segunda Sala


Especializada en lo Contencioso-Administrativo ordenó reubicar a una notaría para
evitar resquebrajamiento de unidad familiar. Existe un excelente análisis sobre esta
sentencia que considera que se resolvió de manera discutible este caso36. La notaria
en mención había solicitado su reubicación desde un distrito notarial a otro debido que
se había repuesto a su esposo en su cargo de juez en la ciudad de Lima. Se señala en
este análisis que el fundamento para acceder a la demanda consistía en evitar el
resquebrajamiento de la unidad familiar que ocurriría si los cónyuges desempeñaran
sus labores en lugares alejados como Puno y Lima. Empero, la reubicación no se
encuentra prevista en la ley del notariado, por lo que surge la duda de si ésta es
posible. Aún más. Para acceder a una plaza vacante es preciso postular y someterse a
un concurso público de méritos a fin de pasar a ejercer la función notarial.

ARTÍCULO 7.- FORMA DE LOS CONCURSOS

Los concursos públicos de méritos para el ingreso a la función notarial serán abiertos y
participarán los postulantes que reúnan los requisitos exigidos en el artículo 10 de la
presente ley.

En caso que el postulante sea un notario en ejercicio, con una antigüedad no menor
de tres (3) años y siempre que en los últimos cinco (5) años no tengan sanciones,
tendrá una bonificación máxima del 5% de su nota promedio final.

Comentario:

Qué significa que los concursos de méritos sean hoy abiertos. Pues, simplemente, que
en éstos pueden participar todos los abogados en ejercicio sin el requerimiento de ser
notario.

En otras legislaciones, como la argentina por ejemplo, la mayoría de legislaciones


locales establecen un número ilimitado de registros pero con regulación del acceso a
la función notarial mediante un examen de idoneidad a los aspirantes a un registro. En
la Argentina la carrera notarial se basa en una categorización vinculada al registro.
Así, tenemos: escribanos titulares, que son los notarios a cargo de un registro notarial
designados por resolución del Poder Ejecutivo. El escribano titular es el responsable
directo de la conservación y guarda el protocolo. Luego, escribanos adscriptos, que
son nombrados por un representante del poder público. Se hallan facultados para
actuar en el registro de su titular, bajo responsabilidad. Suplentes, designados por el
titular en caso de ausencia. Subrogantes y, finalmente, interinos.

ARTÍCULO 8.- FACULTAD DEL ESTADO

El Estado reconoce, supervisa y garantiza la función notarial en la forma que señala


esta ley.

Comentario:

El I Congreso Internacional Del Notariado Latino (Buenos Aires 1948) declaró, al


referirse al carácter y alcance de la función notarial, “que el Notario latino es el
profesional de derecho encargado de una función pública consistente en recibir,
interpretar y dar forma legal a la voluntad de las partes, redactando los instrumentos
adecuados a ese fin y confiriéndoles autenticidad; conservar los originales de estos y
expedir copias que den fe de su contenido”.

ARTÍCULO 9.- CONVOCATORIA A PLAZAS VACANTES

Las plazas notariales vacantes o que sean creadas serán convocadas a concurso bajo
responsabilidad por los colegios de notarios de la República, por iniciativa propia, en
un plazo no mayor de sesenta (60) días calendario de conocer la vacancia o la
creación de la plaza.

En el caso de plaza vacante producida por cese de notario, el concurso será


convocado en un plazo no mayor de sesenta (60) días calendario de haber quedado
firme la resolución de cese.

Asimismo, a requerimiento del Consejo del Notariado, en un plazo no mayor de treinta


(30) días calendario del mismo, los colegios de notarios, bajo responsabilidad de los
miembros de la Junta Directiva, deberán convocar a concurso para cubrir plazas
notariales vacantes o que sean creadas. Transcurrido dicho plazo, sin que se
convoque a concurso, el Consejo del Notariado, bajo responsabilidad, queda facultado
a convocarlo. Si no lo hiciere en el plazo de quince (15) días calendario, lo hace el
Ministerio de Justicia y Derechos Humanos.”

El postulante aprobado solo puede acceder a una plaza en el distrito notarial al que
postuló, en el marco del mismo concurso (D.L 1232 publicación de fecha 26.09.15).

Comentario:

Lo que se ha agregado a este artículo en el último párrafo en el D.L 1232 es que el


postulante aprobado solo puede acceder a una plaza en el distrito notarial al que
postuló en el marco del mismo concurso.

Se observa en el artículo bajo comentario, un poder excesivo del Consejo del


Notariado, pues la ley faculta a éste a convocar a concurso cuando los colegios de
notarios no lo hayan hecho a su requerimiento.

ARTÍCULO 10.- REQUISITOS DE LOS POSTULANTES PARA POSTULAR AL


CARGO DE NOTARIO SE REQUIERE:

a) Ser peruano de nacimiento

b) Ser abogado, con una antigüedad no menor de cinco años

c) Tener capacidad de ejercicio de sus derechos civiles

d) Conducirse y orientar su conducta personal y profesional hacia los principios y


deberes éticos de respeto, probidad, veracidad, transparencia, honestidad,
responsabilidad, autenticidad, respeto a las personas y al ordenamiento jurídico.

e) No haber sido destituido de la función pública por resolución administrativa


firme.

f) No haber sido condenado por delito doloso.

g) Estar física y mentalmente apto para el cargo.


h) Acreditar haber aprobado examen psicológico ante institución designada por el
Consejo del Notariado. Dicho examen evaluará los rasgos de personalidad, valores del
postulante y funciones intelectuales requeridos para la función notarial.

Si durante el proceso del concurso se advierte la perdida de alguno de los requisitos


mencionados, el postulante quedará eliminado del proceso. El acuerdo del Jurado
Calificador en este aspecto es irrecurrible. (D.L 1232 publicación de fecha 26.09.15).

Comentario:

Este artículo acierta y ya no se refiere a la obligación de tener una conducta moral


intachable porque ésta en realidad no existe. En su lugar el inciso d) del artículo 10
establece un requisito conductual personal y profesional en relación a los principios y
deberes éticos establecidos en el Código de Ética.

A diferencia de la ley anterior que solo exigía el título de abogado como requisito
obligatorio para poder postular el cargo de notario, la presente añade el factor de la
antigüedad. En este caso, no menor de cinco años, No se entiende el porqué de
establecer en cinco el número de años en ejercicio de la profesión cuando bien pudo
haber sido cuatro o seis.

El inciso g) no es claro cuando establece que el examen psicológico evaluará los


“valores del postulante”. Este concepto es muy amplio y debería ser precisado en el
reglamento.

ARTÍCULO 11.- EL JURADO CALIFICADOR

El jurado calificador de cada concurso público de méritos para el ingreso a la función


notarial, se integra de la siguiente forma:

a) La persona que designe el Consejo del Notariado, quien lo preside.

b) El decano del Colegio de Notarios o quien haga sus veces.

c) El decano del Colegio de Abogados o quien haga sus veces

d) Un miembro del colegio de notarios designado por su junta directiva

e) Un miembro del Colegio de Abogados designado por su junta directiva.

En los colegios de notarios dentro de cuya jurisdicción exista más de un colegio de


abogados, sus representantes ante el jurado calificador serán nombrados por el
colegio de abogados más antiguo.

Los miembros a que se refieren los incisos d) y e) no necesariamente serán


integrantes de la junta directiva. El quórum para la instalación y funcionamiento del
jurado es de tres miembros.

ARTÍCULO 12.- EXPEDICIÓN DE TÍTULO

Concluido el concurso público de méritos de ingreso a la función notarial, el jurado


comunicará el resultado al Consejo del Notariado, para la expedición simultánea de las
resoluciones ministeriales a todos los postulantes aprobados y la expedición de títulos
por el Ministerio de Justicia.

En caso de renuncia del concursante ganador antes de la expedición del título, el


Consejo del Notariado podrá asignar la plaza vacante al siguiente postulante
aprobado, respetando el orden de mérito del correspondiente concurso.

En caso de declararse desierto el concurso público de mérito para el ingreso a la


función notarial, el Colegio de Notarios procederá a una nueva convocatoria.

Comentario:

De igual manera que el artículo anterior, la manera cómo funciona hoy la expedición
del título no es del todo transparente. Un supervisor externo que fiscalice los
resultados y la comunicación que realiza el jurado al Consejo del Notariado,
garantizaría la limpieza de éstos.

CAPÍTULO III

DE LOS DEBERES DEL NOTARIO

ARTÍCULO 13.- INCORPORACIÓN AL COLEGIO DE NOTARIOS

El notario deberá incorporarse al colegio de notarios dentro de los treinta días de


expedido el título, previo juramento o promesa de honor, ante la junta directiva. A
solicitud del notario dicho plazo podrá ser prorrogado por igual término.

La idea que subyace a esta obligación de colegiación es someter al notario a la


potestad de un órgano superior a él que pueda decidir sobre la correcta marcha del
notariado y, asimismo, gozar de los beneficios de la corporación gremial.

ARTÍCULO 14.- MEDIDAS DE SEGURIDAD

El notario registrará en el colegio de notarios su firma, rúbrica, signo, sellos y otras


medidas de seguridad que juzgue conveniente o el colegio determine, y que el notario
utilizará en el ejercicio de la función. La firma, para ser registrada deberá ofrecer un
cierto grado de dificultad.

Asimismo, el notario está obligado a comunicar cualquier cambio y actualizar dicha


información en la oportunidad y forma que establezca el respectivo colegio de notarios.
Los colegios de notarios deberán velar por la máxima estandarización de los formatos
y medios para la remisión de información a que se refiere el presente párrafo.

Comentario:

Frente a la falsificación de documentos y la suplantación, la tolerancia, por parte del


notariado peruano, debe ser cero. Hoy se cuenta con marcas de impresión en el
sistema Intaglio, una especie de grabado que permite que el papel presente un relieve
sensible al tacto como los billetes moneda.

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