SANTO JUBILEO EUCARÍSTICO DE LAS 40 HORAS
DEL 29 AL 31 DE DICIEMBRE DE 2022
PARROQUIA NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES DE
TITIRIBÍ
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Introducción
Ceremoniero: Posterior a la bendición final de la Eucaristía de apertura.
Ponemos en tus manos este folleto litúrgico que ayudará para, la celebración del
Santo Jubileo Eucarístico de las 40 horas que es una tradición tan importante y
arraigada en la Parroquia Nuestra Señora de los Dolores de Titiribí, desde hace
muchos años para culminar el año civil en el mes de diciembre del 2022.
Invitamos a los fieles a unirse en oración, meditación y contemplación. Al fin
de la Misa de apertura, se expondrá solemnemente a Jesús Eucaristía, que
permanecerá en el Altar Mayor, para la veneración hasta antes de la Eucaristía
de la Tarde.
Especialmente en este año 2022, en que nos encontramos ante la realidad de las
muchas diferencias sociales, recordamos las palabras del Papa San Juan Pablo
II, que, en su gran herencia eucarística a la Iglesia, dejó una carta escrita en
1996 con motivo de la Solemnidad del Corpus Christi:
“Cuando lo contemplamos presente en el Santísimo Sacramento del altar, Cristo
se acerca a nosotros y se hace íntimo a nosotros más de lo que somos nosotros
mismos; nos hace partícipes de su vida divina en una unión que transforma y,
mediante el Espíritu, nos abre la puerta que conduce al Padre, como Él mismo
dijo a Felipe: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Jn. 14, 9) ( San Juan
Pablo II, Carta al obispo de Lieja con motivo del 750º aniversario de la
solemnidad del Santísimo Sacramento del Cuerpo y Sangre de Cristo, AAS
1996).
El origen del “Jubileo de las 40 horas” nace como una forma de celebrar la
Pascua del Señor. Una de las costumbres de los cristianos de los primeros siglos
consistía en juntarse para ayunar, hacer penitencia, orar y cantar salmos durante
cuarenta horas, en memoria del tiempo que el Salvador del mundo permaneció
en el sepulcro.
De esta manera, durante este tiempo sagrado, estos cristianos, asociándose con
profundidad a la muerte redentora del Señor, hacían más perfecta su
participación en la celebración de su resurrección en la liturgia pascual. Este
tiempo lo computaban, desde el viernes, a la hora de nona (tres de la tarde), en
que murió Cristo (Lc 23,44), hasta el amanecer del domingo, en el que resucitó
(Mt 28,1).
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La idea del Jubileo es pues tener expuesto cuarenta horas seguidas al Santísimo.
En Roma lo comenzó el papa Clemente VIII institucionalizando en 1592 su
práctica para todas las diócesis. Esa devoción había comenzado en Milán en
1527. En 1592, el Papa Clemente VIII, mediante la Encíclica Graves et
diuturnae, ordenó establecer públicamente en Roma "la piadosa y saludable
oración de las cuarenta horas" en las basílicas y en todas las iglesias para que
"día y noche, en todos los lugares y a lo largo de todo el año se alce al Señor,
sin interrupción alguna, el incienso de la oración".
Esta manera de interpretar el tiempo de permanencia de Jesús en el sepulcro
tiene una significación propia en la Sagrada Escritura. El número cuarenta
puede significar sin más un largo período de tiempo, como cuando se dice que
Saúl reinó cuarenta años (Hch 13,21), David cuarenta (1Cro 29,27) y Salomón
cuarenta (2 Cro 9,30). Pero en otras ocasiones "cuarenta" señala un tiempo largo
de purificación o de abatimiento, previo a una gracia muy alta o una especial
exaltación. Son cuarenta, por ejemplo, los días que dura la purificación enorme
del Diluvio (Gén 7,12; 7,17), cuarenta años duró para el pueblo de Israel la
travesía del desierto, antes de entrar en la Tierra prometida (Dt 8, 2; Núm 14,
33-34; Hch 13, 18) y cuarenta pasó Moisés en el Sinaí, en oración y ayuno,
antes de recibir las Tablas de la Ley (Ex 24,18; 34,28). También Elías camina
cuarenta días y noches con la fuerza del alimento misterioso que le da un ángel.
Jesús permanece asimismo cuarenta días y noches a solas en el desierto, antes
de iniciar su misión pública en medio de Israel (Mc 1,13). Cuarenta horas
permanece muerto. Y una vez resucitado, antes de ascender al cielo, se aparece
a sus discípulos durante cuarenta días (Hch 1,3).
En consonancia con este deseo de la Iglesia, la piedad eucarística del Jubileo de
las 40 Horas, por su carácter expiatorio, suplicante y eucarístico, ayuda a
muchos fieles a configurarse con Cristo y de estar en sintonía con su obra
redentora, a través de la oración, que es el medio privilegiado para relacionarnos
con Cristo, para contemplar su rostro y aprender a servir a los hermanos.
En este sentido, el Jubileo de la 40 Horas, desde sus orígenes, ha enseñado a los
fieles a unirse a Cristo resucitado, presente en el Santísimo Sacramento del
Altar. Esto es posible porque la institución del Sacrificio Eucarístico tiene
inscrito de forma indeleble el acontecimiento de la pasión, muerte y
resurrección del Señor, que la hace presente sacramentalmente y en este año de
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manera especial para la humanidad sumergida en la acción destructiva de las
guerras globales.
EXPOSICION DEL SANTISIMO SACRAMENTO
-Se oficia la liturgia correspondiente al día.
-La Hostia que se expondrá en la custodia debe ser consagrada dentro de la
primera misa de apertura de las 40 horas.
-Usar capa pluvial o blanca o dorada.
Hemos iniciado con la celebración de la Santa Misa, el SANTO JUBILEO
EUCARISTICO de las 40 Horas en esta Iglesia parroquial, ahora nos
disponemos a exponer solemnemente para la veneración del Pueblo de Dios, a
Jesús Sacramentado, que permanecerá todo el día sobre el Altar Mayor hasta la
Eucaristía de la tarde, posterior a ella la solemne procesión por algunas calles
del Municipio. Invitamos a unirse desde nos siguen, a través de los medios
digitales de comunicación, a la emisora Nuestra Radio, para que, por medio de
ellos, se unan a la adoración del Señor Jesús Sacramentado que viene a
Salvarnos.
En estos momentos tan difíciles para la humanidad a causa de las guerras,
pedimos especialmente por todos los enfermos, por los más vulnerables, por los
médicos, enfermeras y el personal de salud que los cuidan. Que Jesús Eucaristía
y Nuestra Señora de los Dolores, Mujer Eucarística los conforte en su
enfermedad, en sus dolores y acompañe su soledad.
Nos ponemos de rodillas
Al terminar la oración después de la comunión el celebrante, recita desde la
sede:
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Celebrante:
Te saludamos Santa María, Nuestra Señora de los Dolores, Madre nuestra y
modelo de la Iglesia, guíanos hacia el Santísimo Sacramento la Eucaristía de tu
Hijo muy amado. Porque eres la “mujer eucarística” con toda tu vida sé nuestro
modelo en la celebración, adoración y contemplación de este Santísimo
Misterio, asístenos con solicitud materna, como hiciste en las bodas de Caná y
creamos en las Palabras de tu Hijo, por ello queremos que nos participes de tu
fe eucarística.
Tú ofreciste tu vientre virginal para que se realizara la encarnación del Verbo
divino, que el Misterio eucarístico nos pide creer que Jesús, el Hijo de Dios y
tu Hijo, se hace presente en las especies del pan y del vino.
A continuación, el celebrante, va al Altar Mayor y expone el Santísimo
Sacramento sobre el altar mayor en la custodia, mientras todo el pueblo se pone
de rodillas entonando el canto inicial. Es conveniente, además, que inciense el
Santísimo Sacramento de la forma acostumbrada.
CANTO:
Tantum ergo sacramentum
Veneremur cernui:
Et antiquum documentum
Novo cedat ritui:
Praestet fides supplementum
Sensuum defectui.
Genitori, genitoque
Laus et jubilatio,
Salus, honor, virtus quoque
Sit et benedictio:
Procedenti ab utroque
Compar sit laudatio. Amen.
Celebrante:
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Hoy Señor, estamos presentes ante Ti, para adorarte y alabarte en esta Hostia
Santa que te hace presente entre nosotros y nos llena de tu amor infinito.
Cantos gregorianos. Silencio para meditar.
Celebrante:
Señor, aquí estamos en tu presencia, adorándote y alabándote, ayúdanos para
que podamos siempre estar junto a Ti, aumenta en nosotros la fe y danos la
perseverancia para no perdernos por el camino del mal, sino que, crezca en cada
uno de nosotros la fe.
Padre nuestro… Ave María… Gloria al Padre…
V./ En los cielos y en la tierra, sea para siempre alabado.
R./ El corazón amoroso de Jesús Sacramentado.
CANTO: Hostia pura.
Celebrante:
Señor, te pedimos que nunca perdamos la esperanza, que día a día se acreciente
y podamos estar dándote gracias por todas las bendiciones que nos das y en
especial por haberte quedado en el Santísimo Sacramento.
Padre nuestro… Ave María… Gloria al Padre…
V./ En los cielos y en la tierra, sea para siempre alabado.
R./ El corazón amoroso de Jesús Sacramentado.
CANTO: Cautivo por mi amor.
Celebrante:
Señor, te amamos, te bendecimos y por eso estamos hoy aquí. Danos tu gracia
para que nunca perdamos el valor de amar, que seamos capaces de ayudarnos
unos a otros y de vivir siempre en el amor.
Padre nuestro… Ave María… Gloria al Padre…
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V./ En los cielos y en la tierra, sea para siempre alabado.
R./ El corazón amoroso de Jesús Sacramentado.
El celebrante y los concelebrantes haciendo reverencia se retiran a la sacristía.
CANTO: Veánte mis ojos.
Ceremoniero: Ahora permanezcamos en silencio contemplando la Divina
Majestad. Participemos activamente de las 40 horas con cada una de las liturgias
de las horas que se celebrarán.