CURSO TEÓRICO-PRÁCTICO DE ARTETERAPIA
CLASE 7
Las máscaras
Esta temática nos puede permitir trabajar una amplia variedad de temas en la
creación de personajes, ya que la máscara tiene una significación psicológica y
ancestral muy concreta. En todas las culturas observamos el uso de éstas,
relacionadas a actividades artísticas, culturales y de significación social.
En el teatro en Grecia los actores de las comedias y las tragedias
llevaban una máscara; ésta ocultaba la verdadera personalidad del actor y
venía a representar el rol que debían ejecutar según el guión de la obra en
cuestión. Los primeros ejemplos de máscaras utilizadas en Grecia provienen
de antiguas ceremonias religiosas en honor a dioses griegos, en particular a la
deidad Dionisio. Las máscaras que se usaban durante estas primeras
ceremonias adquirían el significado de «personas», y quienes las llevaban se
consideraban transformadas en seres o personas que trataban de imitar, ya
fuera el de un hombre, dioses femeninos u otros seres míticos.
Las máscaras indígenas o de los pueblos nativos americanos se
utilizaban para ceremonias, decoración, rituales de guerra, rituales chamánicos,
rituales de iniciación para los jóvenes de la tribu, rituales de curación,
entretenimiento, regalos y rituales espirituales. Se podían hacer máscaras para
una ceremonia durante la cual un jefe de una tribu ofrecía regalos a un jefe de
otra tribu. Los amerindios creían que la persona que llevaba una máscara era
poseída por el espíritu que representaba, y se asociaban a las características
de un animal pudiendo estar decoradas con pintura, plumas, piel, paja, cuero u
hojas. Los bailarines entrenados usan máscaras e interpretan historias
legendarias.
Las máscaras japonesas se usan tradicionalmente en el teatro, los
festivales o los rituales. Están relacionados con los mitos populares y
representan personas, criaturas, el diablo, fantasmas y animales. Al principio,
en las actuaciones clásicas, los actores masculinos interpretaban papeles
femeninos y masculinos.
Las máscaras venecianas (del carnaval) se remontan a la época en que,
para disfrutar de las libertades humanas básicas, había que llevar una
máscara. En esa época, Venecia tenía una jerarquía de clases muy estricta. La
gente trató de evitarlo usando máscaras elegantes y escondiéndose, no para
enmascarar su identidad, sino su lugar en la sociedad y la mezcla entre clases.
Hoy en día, las máscaras para disfrazarse, además de los carnavales y
las fiestas, son utilizadas por el ejército para camuflarse, por los delincuentes
que cometen delitos, por los manifestantes y otros.
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En este breve resumen vemos que las máscaras tienen un uso y
significación representativa y simbólica en todas las culturas del mundo, es
decir ocultar el rostro de quien la lleva, dándole la posibilidad de mirar. En la
actualidad se ha perdido esta costumbre de crear la propia máscara para los
carnavales por ejemplo, una celebración popular que aún se mantiene, más
asociada a las comparsas y desfiles grupales. Recuperar el uso de la máscara
con sus funciones dramáticas permite a los sujetos y grupos adentrarse en su
propio mundo interno, manifestando partes de su personalidad, posibilitando el
autoconocimiento y el valor simbólico que representa.
Según el diccionario de la Real Academia Española, la palabra máscara
tiene su origen Del it. maschera, y esta del ár. masẖarah 'objeto de risa', y
significa:
● Figura que representa un rostro humano, de animal o puramente
imaginario, con la que una persona puede cubrirse la cara para no ser
reconocida, tomar el aspecto de otra o practicar ciertas actividades
escénicas o rituales.
● Traje singular o extravagante con que alguien se disfraza.
● Pretexto, disfraz.
“El hombre de mundo está entero en su máscara. Como casi nunca está solo
consigo mismo, es un extraño para sí y no se halla a gusto cuando se ve
forzado a entrar en su interior. Para este hombre lo que él es no es nada, lo
que parece es todo.” J.J. Rousseau (1969)
Arquetipos
El concepto de los arquetipos es antiguo y se relaciona con lo que Platón llamó
formas ideales: los patrones que existen en la mente divina y que definen la
forma que adquiere el mundo material. Para Carl G. Jung (psicólogo
transpersonal que fue discípulo de Freud), los arquetipos representan todo el
potencial existente en la psique humana, una fuente de conocimiento
inagotable sobre temas como la relación entre el hombre, el cosmos y Dios.
Los arquetipos o imágenes primordiales son la base originaria de todas
nuestras experiencias y, al igual que los instintos, son una parte esencial que
requiere ser expresada.
"La persona es la máscara que el sujeto usa para responder a las
exigencias de las convenciones sociales, de la tradición de sus propias
necesidades arquetípicas internas" (Jung, 1945). Es decir que la persona es la
personalidad pública constituida por los aspectos que el individuo muestra ante
el mundo o bien por los que la opinión pública le atribuye, en contraste con la
personalidad privada que existe detrás de la fachada social. Ese núcleo a partir
del cual se desarrolla la persona es un arquetipo que, como todos los
arquetipos, surge de las experiencias colectivas, constituidas por la interacción
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social, en donde la asunción de un rol social ha servido a un propósito útil para
el humano a lo largo de toda su historia como animal social.
"El arquetipo sombra está constituido por los instintos animales que el
hombre hereda en el transcurso de su evolución desde las formas inferiores de
vida" (Jung, 1948). Es decir que la sombra representa el aspecto animal de la
naturaleza humana, ese aspecto salvaje, instintivo, rechazado, proyectado
hacia afuera que se convierte en un enemigo. También la sombra ocasiona la
visualización, tanto en la conciencia como en la conducta, de pensamientos,
sentimientos y acciones desagradables y socialmente reprobadas que luego
pueden ser ocultas a los demás por la persona o reprimidas en el inconsciente
personal. Esos instintos vitales y apasionados sumados a la personalidad que
mostramos al mundo constituyen a la persona completa.
Este enfoque psicológico nos permite trabajar con la técnica de las
máscaras desde un nivel más profundo, transpersonal, en lo que se refiere a
los adultos y las significaciones que pueden darle a expresar aspectos ocultos
de sí mismos.
Técnicas y materiales
La máscara de cartón
Esta técnica permite aprender a dar volumen paulatinamente a una hoja
de cartón fino o una cartulina gruesa. Se utilizan herramientas como un
cortante, un par de tijeras, una abrochadora, cola vinílica y cinta adhesiva. Es
necesario hacer ensayos para comprender lo específico de esta técnica;
posteriormente es necesario ir aprendiendo a anticipar el efecto de los gestos
en los cortes, plegados y abrochado de los materiales.
Al trabajar con niños es necesario explicarles las funciones de la
máscara, para evitar el error frecuente de agujerearla prematuramente en los
orificios de los ojos, la nariz y la boca. Se puede con una base mostrar el juego
de esconderse sin ser visto, que representa el proyecto de máscara, con los
cortes previamente hechos para los ojos, la nariz y la boca, y colocarla sobre el
rostro de alguno de los niños. Aquí el facilitador en arteterapia podrá evaluar
las habilidades o destrezas que cada niño, adolescente o adulto tenga al
manipular el material y ayudarlo en lo que necesita para resolver los problemas
que se presenten, dándole una mayor expresividad a la máscara. Además es
interesante mostrar la construcción de la máscara hecha por agregados de
elementos, más que por sustracción en la forma de base.
En los niños pequeños se puede ofrecer iniciar la creación de la
máscara sobre una base facilitada, a la que luego se le irá agregando distintos
volúmenes fabricados con cartulina o un cartón delgado. También es necesario
ayudarlos en la ubicación de los cortes que se harán para los orificios de los
ojos, la nariz y la boca, ya que tendrán que utilizar un cortante y puede resultar
peligroso.
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Otro aspecto importante una vez que se tiene la base, es definir qué
temática se desarrollará con la máscara; es decir si crearán un personaje
basado en algún atributo propio, un superhéroe o alguien a quien admiren. Es
interesante promover en los niños, adolescentes o adultos, esta actividad como
un juego, dándole rienda suelta a la imaginación. Una vez definida la estética
de la máscara se pasa a la decoración agregando elementos como pueden ser
telas, lanas, papeles de colores, lentejuelas, plumas, etc. También se la puede
pintar y es recomendable hacerlo con pintura acrílica, que requiere poca agua
para su uso, evitando que la base se ablande y pueda romperse.
A partir de los 10 años se puede complejizar la técnica aumentando los
volúmenes para resaltar la exageración de los rasgos (expresión grotesca) o su
estilización (el simbolismo). Para esta actividad se requiere hacer un boceto
previamente en una hoja con la máscara de frente y de perfil. El diseño previo
permite la anticipación de las acciones a realizar y las intervenciones del
facilitador en arteterapia para lograr una obra satisfactoria.
Se puede utilizar para la exageración de los rasgos, papel de diario
trozado en pedazos y cola vinílica, papel maché. Se mezclan estos dos
elementos formando una pasta que se aplicará sobre el cartón de base. Para lo
que es necesario utilizar un cartón más grueso, que no se doble al aplicar el
pegamento. También se puede ir intercalando tiras de papel de diario trozadas
con las manos y cola vinílica para darle volumen y firmeza a la máscara. Este
procedimiento debe diseñarse y realizarse en sucesivas reuniones, por lo que
es necesario explicar previamente el tiempo que requerirá para evitar generar
ansiedades.
Con esta técnica es necesario recubrir la máscara con cinco o seis
capas de tiras entrecruzadas para darle mayor solidez, intercalando pegamento
vinilico en cada capa. Además hay que ser cuidadosos al momento de pegar
los papeles trozados evitando que queden rebordes que puedan deformar el
diseño de la máscara, por lo que es ideal utilizar los dedos y alguna
herramienta como pincel, espátula o palitos para ir manipulando el material. La
viscosidad del material puede despertar ciertas fantasías inconscientes
repulsivas, por lo que es importante analizar previamente con qué sujetos y
grupos se va a utilizar esta técnica.
Apoyos teóricos
“Observaciones e intervención del facilitador en arteterapia”
La máscara, aún cuando no ha sido creada en el taller para ser utilizada en un
juego dramático, ha sido fabricada, sin embargo, para ser llevada por su autor
aunque más no sea por un instante. Por esta razón el facilitador debe
permanecer atento a su construcción; el sujeto que retranscribe en la
fabricación de su máscara sus problemas relativos al esquema corporal, se
beneficia en esta técnica con la ayuda que se le aporta, no en el sentido que
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transforma su esquema sino que transforma la imagen que los otros tendrán de
él una vez que se enmascare.
El profesional observa el interés por encontrar elementos que refuercen
la expresividad, la habilidad manual y la capacidad para interesarse en las
producciones de los demás. Pone cuidado en que el hecho de colocarse la
máscara siga siendo un juego y que no despierte angustias inútiles al fin de la
sesión, angustias que no habrá tiempo de elaborar.
La técnica con papel maché se descompone en diversas fases, así que
el facilitador debe vigilar que el ritmo de las sesiones sea respetado por todos,
en caso contrario podría surgir importantes problemas técnicos, con frecuencia
decepcionantes para los autores.
Observa en cada uno la resistencia a la consigna dada de hacer un
boceto, la impaciencia por trabajar directamente sobre el material, las
capacidades propias por anticipar; observa también la comprensión de los
sujetos de la exageración y la simplificación de los rasgos de la máscara-rostro,
no solamente para marcarle el carácter sino también para tener en cuenta que
entre la matriz y la máscara pintada, numerosas capas intermedias corren el
riesgo de disminuir la eficacia plástica expresiva. Sigue con interés las
intervenciones que simplifican los planos o que tienen, por el contrario,
tendencia a suavizar los contornos de las formas.
Durante la manipulación del papel de diario con cola vinílica el facilitador
en arteterapia se interesa en el descubrimiento que el sujeto hace de su obra,
su verbalizaciones referidas a las sensaciones de placer o de disgusto al
sentirse en contacto con el material.
Cuando recubren con las tiras, observa el cuidado puesto en el encolado
de cada una así como la disposición para seguir a la tira en su trayectoria o la
obstinación en hacerla recorrer un camino "más racional, más simétrico" pero
menos eficaz. Puede también observar hasta qué punto ciertos sujetos trabajan
en estado de dependencia con el profesional, como si no actuarán más que
para complacerlo, y en todo caso, engañándolo sobre su trabajo para seguir
siendo amados por él. Se oye decir con frecuencia: "Terminé de colocar todas
las capas de tiras", aunque resulta evidente que sólo dos capas irregulares
recubren la matriz.
En los detalles finales, antes de la pintura, las "trampas" hablan; es
interesante observar cómo el autor puede retomar todo lo que ha sido dicho por
el arte terapeuta en el transcurso del trabajo acerca de la técnica a partir de su
experiencia, así como las reacciones frente a los fracasos: algunos destruyen
furiosamente su obra mientras que otros tratan desesperadamente de
arreglarla.
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“Consideraciones psicológicas sobre la construcción de una máscara”
El fenómeno cultural de la máscara ha dado más de una ocasión de reflexión a
los antropólogos, etnólogos y psicoanalistas. Constituye, desde el punto de
vista psicoanalítico, un lugar de síntesis de los dos mecanismos que
constituyen la base del psiquismo: la proyección y la identificación. La
posibilidad de ser como un otro y de conservarse uno mismo es posible gracias
al engaño de la apariencia. La máscara permite provocar en el otro reacciones
que; por su propia presencia, el sujeto es incapaz de lograr, convirtiéndose de
esa manera en el símbolo de esta impotencia cuya causa está vinculada con
frecuencia a un sentimiento de vergüenza. En resumen, la máscara no oculta
nada, salvo lo que es bien conocido; su misterio reside en la creación de uno.
La máscara hace surgir una mirada como lo hace observar H. Michaux (1972):
Es suficiente que uno coloque a una manzana ubicada sobre la mesa,
una máscara o mejor un antifaz, para que ella mire.
Sin embargo, no son los problemas generales de las máscaras los que
interesan al arteterapeuta. En el taller no se propone jugar con las máscaras
sino fabricarlas, es decir, imaginar y producir una apariencia que pueda llevarse
puesta. Esto basta para la tentativa expresiva de los participantes, a los cuales
no se intenta -al introducir la voz y los gestos- hacerlas correr un doble peligro:
anular por irrisión el valor dramático de la máscara y hacer surgir una angustia
de aniquilamiento demasiado violenta para poder contenerla.
La fabricación de la máscara incluye todos los aspectos de la
creatividad: la capacidad de organización perceptivo-motriz, la integridad de la
imagen corporal, la comprensión de las relaciones propias a la lógica del
espacio, la representación simbólica de aquello que, en una máscara, se refiere
a la doble determinación de la subjetividad: la historia de la cultura y la historia
personal. Según la técnica utilizada se ponen a prueba capacidades diferentes.
Para el cartón la habilidad en los gestos de plegado, el sentido de la
topología de la figura, la comprensión de la lógica de los volúmenes. Para el
papel maché, la capacidad de comprender la correspondencia invertida entre el
derecho y el revés de superficies irregulares y continuas. Estas nociones, tan
geométricas como parecen, no son jamás neutras desde el punto de vista
subjetivo: el cartón representa el eje de los significados que van de la rigidez a
la ambigüedad, y el modelado el eje de las correspondencias morfológicas de
cóncavo y convexo, aptas para contener los afectos que corresponden a la
diferencia de sexos, el travestismo y la homosexualidad.
Uno de los caracteres fundamentales de la máscara es su capacidad de
distanciamiento. Forma parte de un sujeto por un momento, en un juego social
preciso y luego cae como una cáscara. En este sentido la máscara es un
emblema de la muerte, ya que representa lo que ella tiene de efímero y lo que
tiene de eterno en la vida del hombre; porque la máscara, siendo apariencia,
permanece más inmutable que la figura que oculta. La ley de la simbolización
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quiere que la muerte sea representada por aquello que la niega: algo del orden
en lo inmutable.
S. Pain y G. Jarreau “Una Psicoterapia por el arte, Teoría y técnica”.
Metodología de una sesión
Se leerá un breve texto, como apertura al tema, explicando el significado de las
máscaras, su uso en las culturas del mundo, etc. Las máscaras han sido una
técnica muy popular en arteterapia porque permiten trabajar con la persona y la
sombra. Las máscaras pueden volver consciente cómo nos vemos a nosotros
mismos, pero también como quisiéramos ser. Además, tienen un lado exterior
que representa cómo nos ven y un interior en el que aparece como realmente
nos sentimos y nos vemos a nosotros mismos.
Primera actividad: Consigna
Técnica disparadora: Frases motivadoras y música relajante.
“Dale una máscara, y te dirá la verdad” – Oscar Wilde.
“Tu visión se hará más clara solamente cuando mires dentro de tu corazón…
Aquel que mira afuera, sueña. Quién mira en su interior, despierta”.
“Hasta que no hagas consciente a tu inconsciente, va a dirigir tu vida y lo
llamarás destino”. C. G. Jung
Segunda actividad:
Actividad propiamente dicha: Se propondrá a los participantes hacer una
máscara tomando uno o dos atributos que resalten de su personalidad, de la
máscara que como personas utilizan para presentarse ante el mundo.
Luego realizarán el reverso de la máscara utilizando el concepto de sombra,
esos aspectos propios instintivos, salvajes, reprimidos por la búsqueda de
aceptación social.
Se estimulará a que trabajen con diversos materiales como por ejemplo: cartón,
papel tipo canson, papel maché, telgopor, plastilina, crealina, etc. Para dar
color y forma se pueden utilizar distintos materiales: témperas, acrílicos o
similares, papeles de colores, materiales reciclables, plumas, lápices de colores
o crayones, marcadores, plasticolas de colores o con brillo, telas, etc.
En este momento de la actividad se estimula a los participantes a que diseñen
una máscara de rostro completo o antifaz. Pueden tomar elementos de la
realidad como inspiración: animales, elementos de la naturaleza, del carnaval,
superhéroes o lo que deseen.
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Tercera actividad: Cierre
Para finalizar se sugiere escribir un breve texto de las resonancias emocionales
experimentadas, en base al recorrido creativo y los posibles insights que hayan
surgido.
Florencia Moro
Psicóloga Social, Facilitadora en Arteterapia,
Aux. en Estimulación Temprana,
Acompañante Terapéutico.
Cursada 2022
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