Como
culminación de su trabajo en El misterio de Orión y Guardián del
Génesis, Robert Bauval nos lleva a la búsqueda de un tesoro cuyo inicio se
remonta en el tiempo más de 4.000 años y que está a punto de alcanzar su
momento culminante. ¿Existe una cámara secreta en la Gran Pirámide o una
Sala de los Archivos bajo la Esfinge de Gizeh? ¿Cuándo se abrirán? ¿Y,
quién lo hará? ¿Qué vínculos existen entre el vértice de la Gran Pirámide, la
estrella Sirio, la estrella de Belén y las ciudades de París, Washington y el
Nuevo Orden mundial propuesto por la Francmasonería? ¿Qué tiene que ver
la “segunda venida de Cristo” con la apertura de la mítica Sala de los
Archivos?
[Link] - Página 2
Robert Bauval
La cámara secreta
En busca de los orígenes del Antiguo Egipto
ePub r1.0
Titivillus 14.02.16
[Link] - Página 3
Título original: Secret Chamber. The Quest for the Hall of Records
Robert Bauval, 1999
Traducción: Nacho Ares
Diseño de cubierta: Carolina Cerezo
Editor digital: Titivillus
ePub base r1.2
[Link] - Página 4
A Michele: mi hermosa compañera,
mi amiga y mi esposa.
Gracias por salvar mi vida.
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ÍNDICE
INTRODUCCIÓN (a la edición española)
AGRADECIMIENTOS
ACTUALIZACIÓN: EL PIRAMIDIÓN PERDIDO
PRÓLOGO: EL SÍMBOLO DE LOS ARCHIVOS
PRIMERA PARTE - LA TRADICIÓN
SEGUNDA PARTE - LA EXPLORACIÓN
EPÍLOGO - UN COMPLOT DE PALABRAS
APÉNDICE 1:
ARTÍCULOS ORIGINALES DE ROBERT BAUVAL
DE LA REVISTA DISCUSSIONS IN EGYPTOLOGY, OXFORD 1989-1990
APÉNDICE 2:
LA TEORÍA DE LA CORRELACIÓN ESTELAR DE GIZEH Y EL 10500 A. C.
APÉNDICE 3:
UNA REVISIÓN DEL AMBIENTE CÓSMICO
APÉNDICE 4:
UNA SANTUARIO PARA SOKAR
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INTRODUCCIÓN A LA EDICIÓN ESPAÑOLA
TUVE LA SUERTE DE CONOCER PERSONALMENTE a Robert Bauval en la
Sociedad Teosófica de Londres en enero del año 1997. Recuerdo que a pesar de la
fiebre que tenía aquel día, amablemente nos atendió a Javier Sierra y a mí durante
casi una hora. Hasta ese momento solamente había podido saber de él gracias a sus
artículos en la revista Discussions in Egyptology, algunos vídeos para la BBC y sus
dos primeros libros, El Misterio de Orión y Guardián del Génesis. El primero de
ellos, escrito junto a Adrian Gilbert, desglosaba la ya famosa teoría de Orión en la
que se defiende que las grandes pirámides de la meseta de Gizeh y sus monumentos
aledaños fueron construidos siguiendo un gigantesco plan astronómico, cuyo mayor
exponente estaba, precisamente, en la constelación de Orión. El segundo de ellos,
Guardián del Génesis, escrito con Graham Hancock, presentaba las últimas
investigaciones sobre la teoría de Orión en conexión con uno de los monumentos más
carismáticos de la meseta de Gizeh, la mundialmente famosa Esfinge.
En el presente libro, La Cámara Secreta, Robert Bauval hace su primera
incursión literaria en solitario, culminando así lo que él considera una trilogía sobre la
meseta de Gizeh. El eje principal del texto gira en tomo al fascinante hallazgo de una
cámara secreta en la Gran Pirámide y su posible conexión con otra cámara secreta
que, según el profeta Edgar Cayce, debe de encontrarse bajo las patas de la Esfinge.
Sus conexiones con los grupos esotéricos y masónicos modernos, así como el extraño
giro de acontecimientos que tuvo la fiesta que un principio se iba a celebrar en la
meseta de Gizeh para dar la bienvenida al año 2000, con el renombrado concierto de
lean Michel Jarre y el piramidión de oro que se iba a colocar sobre el vértice de la
Gran Pirámide, son otros de los componentes que convierten a este libro en un trabajo
de investigación profundo y serio.
La traducción que tiene en las manos, amigo lector, la realicé sobre la edición
actualizada que el propio Bauval corrigió en septiembre de 2000. Además, gracias a
la tecnología moderna, por medio de correos electrónicos y llamadas de teléfono,
Robert Bauval y yo hemos mantenido un contacto muy estrecho para poder conseguir
que la edición española esté totalmente al día en lo que respecta a los últimos
acontecimientos acaecidos en la meseta de Gizeh. Este trabajo ha permitido que se
corrigieran sobre la marcha algunos errores de última hora que se habían insertado en
la edición británica. He preferido dejar para estas páginas introductorias la mención a
un detalle muy concreto del libro y que en el fondo no trastoca en absoluto el
contenido del mismo. Me refiero a que cuando Bauval habla del «primer» anuncio
público hecho por el Dr. Zahi Hawass en la sede del ARE en Estados Unidos en
agosto de 1999, sobre la apertura de la puerta de Gantenbrink, habría que decir que
ese mismo anuncio ya lo hizo un servidor en el número de abril de la revista Más Allá
de la Ciencia de ese mismo año (núm. 122).
Finalmente, con la intención de evitar añadir continuas y engorrosas notas a pie
[Link] - Página 7
de página, me gustaría ayudar a la comprensión del libro facilitando una lista de los
libros que con frecuencia menciona Robert Bauval y que tienen una traducción al
castellano. Por orden alfabético son los siguientes:
Baigent, M.; Lincoln, H., y Leigh, R.: El Enigma Sagrado, Martínez Roca,
Barcelona, 1985.
Bauval, Robert, y Gilbert, Adrian: El misterio de Orión, Emecé Editores,
Barcelona, 1995. Hancock, Graham, y
Bauval, Robert: Guardián del Génesis, Planeta/Seix Barral, Barce lona, 1997.
Hart, George: Mitos Egipcios, Akal, Madrid, 1994.
Heródoto: Los nueve libros de la Historia, trad. de C. Schrader en Biblioteca
Clásica Gredos, núm. 3, Madrid, 1977.
Jacq, Christian: El saber mágico en el Antiguo Egipto, Edaf, Madrid, 1998.
Lamy, Lucie: Misterios Egipcios, Debate, Madrid, 1993.
Lemesurier, Peter: La Gran Pirámide descifrada, Teorema, Barcelona, 1983.
Meeks, Dimitri, y Favard Meeks, Christine: La vida cotidiana de los dioses
egipcios, Ediciones Temas de Hoy, Madrid, 1996.
Picknett, Lynn, y Prince, CINc: La Revelación de los Templarios, Martínez Roca,
Barcelona, 1998.
Sitchin, Zecharia: Escalera al cielo, Heptada, Madrid, 1990.
Spencer, Lewis: Egipto, Ediciones Perla, Barcelona, 1998.
Temple, Robert: El misterio de Sirio, Timun Mas, Barceiona, 1998.
Tompkins, Peter: Secretos de la Gram Pirámide, Javier Vergara, Buenos Aires,
1987. Wallis Budge, E. A.: El Libro egipcio de los muertos, Kier, Buenos Aires,
1994.
West, John A.: La Serpiente Celeste, Grijalbo, Barcelona, 2000.
Además de estas obras existen numerosas traducciones al castellano de la obra de
Platón, Hermes Trismegisto y de otras textos clásicos muy fáciles de encontrar en
cualquier librería. También, en ocasiones, serán citadas algunas revistas
[Link] - Página 8
especializadas. He aquí sus siglas:
JEA: Journal of Egyptian Archaeology, Londres.
MDAIK: Mitteilungen des Deutsches Archaeologisches Institut Kairo, Berlín
Nacho Ares
Madrid, enero 2001
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AGRADECIMIENTOS
ELABORAR LA CÁMARA SECRETA con la complejidad y variedad de sus temas no
ha sido una tarea fácil. Y aunque he disfrutado totalmente de la experiencia de juntar
las piezas de este descomunal puzzle histórico, creo que no hubiera sido posible
hacerlo sin el apoyo, ayuda y cariño de numerosos amigos y compañeros.
Ante todo doy las gracias a mi esposa, Michele, quien por cuarta vez ha tenido
que soportar los traumas de una casa en la que un escritor madura su manuscrito.
Como siempre, lo ha hecho con auténtico valor y buen ánimo, sobre todo porque en
esta ocasión ha tenido que enfrentarse a otros problemas y dificultades. Ella es la
piedra sobre la que se asienta nuestro hogar y le estoy inmensamente agradecido,
También estoy enormemente agradecido a mi hija Candice y a mi hijo Jonathan, que
se han resignado a tener un padre que nunca está «junto a ellos». Puede que sea así
pero, Candice y Jon, siempre estáis en mi corazón.
Como uno más de mi familia se sitúa mi querido amigo, compañero de armas y
estimado colega Graham Hancock, con quien he compartido lo bueno y lo malo,
atravesando el Inframundo para regresar y escribir juntos, hasta ahora, dos best-
seller. Nos hemos mantenido firmes durante años ante una amarga oposición y ahora
estamos orgullosos de disfrutar de nuestro nuevo grito de guerra: «¡Aún seguimos
aquí!». A Graham le debo mucho, como mínimo su inflexible lealtad, su gran
generosidad y su constante apoyo.
Mi especial agradecimiento va con prioridad a la directora de filmación y
Productora Diana Lucas de Johannesburgo, Sudáfrica. El documental sobre el enigma
de Gizeh que Diana ha dirigido y producido es, en mi opinión, una referencia
obligada para los programas televisivos actuales. Mis agradecimientos y elogios
también son para los presentadores de M-Net Derek Watt y Ruda Landman, el
director Joy Wilson-Price y la manager Erika Alberts. Ade más en el mundo de la
televisión, la prensa y la publicación me gustaría expresar mi más cariñoso
agradecimiento a los siguientes amigos y colegas: Nancy Stern y Lee Miller de la Fox
TV; mi querido amigo y productor Roel Oostra, Karim Wissa y Samir Rafaat; Jean
Claude Bragard y Petra Collier, del equipo de Ancient Voices de la BBC; Julian
Hudson y Chris Hale, del equipo de Horizon de la BBC; Stephen Johnson, de la
Random House de Sudáfrica; Roy Bird, de la revista Quest for Knowledge; Graham
Birdstall, de la Quest Publications, y J. Douglas Kenyon de la revista Atlantis Rising.
Están, por supuesto, muchos de mis amigos, viejos y nuevos, hacia los que siento
una especial gratitud y afecto por sus consejos, por su ayuda y por estar simplemente
allí cuando les necesité: Dennis y Verena Seisun, Jean-Paul y Pauline Bauval,
Geoffrey y Therese Gauci, Linda y Max Bauval, Yuri Stoyanov, Michael Baigent,
Robert y Olivia Temple, Mohamed Nazmy, Methat Yehya, Ihab Rashad y todo el
equipo de Quest Travel en El Cairo; Mohamed El Kirsh, mi leal taxista y amigo en El
Cairo; Uri Geller, mi prima Fedora Campos en Alejandría, la intrépida arquitecta
[Link] - Página 10
Mimi Awad, John y Josette Orphanidis, Bob Lomas, mi abogado y amigo Nigel
Brain, Colin Wilson, John Anthony West, la versátil Paula Tsaconas, Bill y Carol
Cote, mi «compinche» neoyorquina Demetria Daniels, el indestructible Dr. Zahi
Hawass, las extravagantes Mary Lumando y Vanda Osmon, el «audaz» Peter
Whitehead, mi «querida» Ann Mokhtar Kortam del Mena House Oberoi, Chris
O’Kane, Viviane Vayssieres, William Horsman, Toby y (Santa) Theresa Weiss, la
«Lady Morgana» Sylvie Moulaert-Glanz, Ed Meltzer, Kele Baker, la Princesa
Madeleine y el Príncipe George de Bentheim, Mark y Sabrina Borda, Ruth y Gloria,
Andy Collins, James Holland, Jean Kerisel, el extraordinario filósofo John Lash, el
Dr. Archie Roy, la Dra. Mary Brück, Robert Speight, Greg Taylor, Mustapha Abdel-
Aziz, Blanca Gauci, «Frank» El Farag, «Zarzoor», David y Christiane Joury, Tony y
Florence Alexander, Gamal Mohamed, Charlotte Ames, y todo el personal de los
hoteles Mövempick, Victoria y Mena House.
También me gustaría agradecer a los muchos investigadores independientes y
organizaciones que me han permitido el uso de citas de sus libros y otras
publicaciones. Debido a la naturaleza de este libro y a causa de la minuciosidad y
calidad de su presentación, ha sido necesario incluir en el texto muchas opiniones en
forma de citas literales para evitar distorsiones engañosas. Esto no sólo ha añadido
fuerza y valor científico al debate, sino que también proporciona a los lectores una
buena fuente de conexión con esos trabajos. Los individuos y organizaciones a los
que deseo rendir homenaje a este respecto son; John Anthony West, Michael Baigent
y Richard Leigh, John Van Auken, Edgar Evans Cayce y Douglas Richards, la
Fundación Edgar Cayce, A. Robert Smith, el Dr. Zahi Hawass, Peter Tompkins,
Garth Fowden, George Hart, Murry Hope, la Dra. Miriam Lichtheim, el Dr. I. E. S.
Edwards y su legado, el Dr. Mark Lehner, Doña Frances Yates y su legado, Jeremy
Naydler, David Ovason, R. T. Rundle Clark y su legado, el Dr. R. O. Faulkner y su
legado, el Dr. Joseph Schor y Joe Jahoda, Graham Hancock, Simon Cox, Andrew
Collins, Colin Wilson, E. A. Wallis Budge y su legado, el Instituto Arqueológico
Alemán en El Cairo, Rudolf Gantenbrink, la BBC, el Consejo Superior de
Antigüedades de Egipto, The Times de Londres, el Daily Mail, el Daily Telegraph, el
Al Ahram y el Egyptian Gazette.
Muchas gracias a mi editor Mark Booth de la Century/Random House del Reino
Unido, cuya persistencia y auténtica profesionalidad ha hecho este libro más fácil de
leer. A Liz Rowlinson de la Century, cuyo buen humor y dedicación han hecho que
fuera un verdadero placer publicar juntos este libro; a Kelly Todd de la Random
House por sus infatigables esfuerzos; a mis agentes Bill Hamilton y Sara Fisher y a
«Betty» de la A. M. Heath & Co., cuya ayuda y amistad constante siempre será
gratamente apreciada. Y por último, pero sin ser menor, mi reconocimiento y gratitud
a Simon Cox por su excelente investigación sobre el material «Sokar» de la Primera
Parte de este libro y su ayuda en el trabajo editorial. El buen humor de Simon y su
arduo trabajo han sido de gran valor para este proyecto y estoy deseando ver su
[Link] - Página 11
primer libro, The Makers of Time, en mis estanterías muy pronto.
Asimismo, muchísimas gracias a mis lectores de todo el mundo que, durante mis
horas de oscuridad en 1997, me enviaron su cariño y energía positiva, que me
acompañaron en mis aflicciones y tribulaciones. Vuestro afectuoso apoyo hace que
todo este esfuerzo merezca la pena.
Robert G. Bauval
Buckinghamshire, 1999
[Link] - Página 12
ACTUALIZACIÓN
EL PIRAMIDIÓN PERDIDO
UNO DE LOS GRANDES MISTERIOS del antiguo Egipto, y que todavía esta por
ver, es que la Gran Pirámide de Gizeh permanece sin su piramidión. Por desgracia, no
hay grabados antiguos o modernos que nos cuenten qué pudo haber pasado con este
misterioso piramidión e, incluso, saber si realmente existió alguna vez. Por otro lado,
hay numerosas leyendas locales que insinúan la existencia de un fabuloso piramidión
dorado con forma de una pirámide pequeña con un relieve del mítico «Ojo de
Horus». Al parecer este objeto estaba tan pulido que brillaba como lo pudiera hacer
una joya y se veía desde kilómetros. Esta fascinante imagen y su simbolismo ha
viajado a través de los tiempos, y encontramos sus huellas en los lugares más
sorprendentes, como en portadas de Biblias medievales, en los altares de iglesias y
catedrales del Renacimiento, en el Gran Sello de los Estados Unidos, en miles de
logias masónicas y joyas y, sin ir más lejos, en los reversos de los billetes de un dólar.
Algunos incluso dicen que la «Estrella de David» no es otra cosa que el símbolo del
Benben oculto tras dos triángulos cruzados. En cualquier caso, por éstas u otras
razones, en la actualidad hay una creencia extendida de que cuando el mencionado
piramidión se vuelva a poner sobre la Gran Pirámide, el mundo entrará en una nueva
era espiritual o en un nuevo orden mundial. De hecho, algunos grupos como la
Asociación de la Investigación y la Iluminación de Estados Unidos han profetizado
este acontecimiento junto con la Segunda Venida de Cristo.
Por lo tanto no sorprendió a nadie que saltara la expectación cuando las
autoridades egipcias anunciaron el proyecto de colocar el piramidión dorado en el
vértice de la Gran Pirámide, por medio de un helicóptero, a media no che del día 31
de diciembre de 1999. Los medios de comunicación internacionales comenzaron a
preparar la cobertura del evento con decenas de canales de televisión dispuestos a
emitirlo «en directo» para todo el mundo. Sin embargo, el acontecimiento no llegó a
celebrarse. Entre el enorme jaleo que se levantó y la mala prensa que tuvo, el
gobierno egipcio decidió cancelarlo en el último instante. La razón de esta extraña
decisión se explicó de forma parcial en un artículo que apareció en el Cairo Times el
día 13 de enero de 2000:
El periódico quincenal islámico Al Shaab había predicho una desvergonzada
exhibición sin rubor de símbolos masones, sionistas y satánicos durante el
concierto del «músico judío» Jean Michel Jarre, titulado «Los Doce Sueños
del Sol». El periódico de la edición del 4 de enero dedicó cuatro páginas para
exponer con todo detalle los tejemanejes: juegos de luces que forman detrás
de Jarre una estrella de seis puntas, viles fuegos satánicos exhibidos durante el
concierto, y los repetidos y misteriosos guiños que se vio haciendo a Jarre
[Link] - Página 13
segundos antes de la proyección de cada símbolo nuevo… Al Shaab… pidió a
sus lectores que consideraran la extraña coincidencia de llevar las
conmemoraciones del milenio para que se celebraran al mismo tiempo que el
parlamento egipcio está considerando un borrador para revisar la ley de
estatus personal… el documento alude a la meta común tanto de la
conspiración masónica como de la ley de estatus personal: la sacralización
(sic) de la individualidad y la destrucción de la familia.
Pero el origen de esta historia es mucho más complicado. Desde comienzos de
1999, ya se había dicho que la idea de colocar un piramidión dorado sobre la Gran
Pirámide para celebrar el milenio tendría que ser respaldada por el Dr. Hawass,
secretario de Estado para los Monumentos de Gizeh. Hawass es el conservador
indiscutible de la Gran Pirámide y normalmente hace de portavoz con los medios de
comunicación sobre todos los asuntos relacionados con la necrópolis de Gizeh.
Hawass dijo que había desenterrado recientemente dos bloques de caliza antiguos
sobre los que se encontraron inscripciones y dibujos que mostraban a los trabajadores
elevando un piramidión dorado entre escenas de júbilo y alegría que, dice, le
inspiraron proponer que Egipto debería hacer lo mismo para las celebraciones del
milenio. Pero antes de todo esto, tuvo lugar un curiosa ceremonia que pudo haber
influido de forma indirecta en la idea de la fiesta del milenio en Gizeh. En mayo de
1998 el presidente de Egipto, Hosni Mubarak, junto con el ministro de Cultura, Dr.
Farouk Hosni, y el director de las Antigüedades Egipcias, Dr. Alí Gaballah, asistieron
a una ceremonia en París donde, por razones no del todo claras, se destapó un
piramidión dorado en el vértice del obelisco egipcio de la Plaza de la Concordia,
junto al Museo del Louvre. Este obelisco en particular, como ve remos después, tiene
una larga historia de extrañas conexiones masónicas. En cualquier caso, fue durante
esta ceremonia cuando el Dr. Hosni hizo el peculiar anuncio. Hosni dijo a la prensa
francesa:
… (ya que) no podemos reconstruir las pirámides piedra por piedra, hemos
elegido un acontecimiento simbólico que hacían los antiguos egipcios cuando
solían cubrir los obeliscos, como han hecho los franceses en la Plaza de la
Concordia.
El Dr. Hosni también confirmó que el compositor francés Jean Michel Jarre, una
figura muy conocida del pop de los años setenta y ochenta, realizaría un concierto
para el milenio en Gizeh, titulado «Los Doce Sueños del Sol». De acuerdo con el
servicio de información oficial egipcio:
A medianoche un helicóptero volará sobre el lugar y, flotando en un
[Link] - Página 14
espectacular juego de luces y rayos láser, colocará un gigantesco piramidión
dorado en el vértice de la Gran Pirámide, todo acompañado de lo que se
espera que sea un concierto de Jarre sin precedentes en la música electrónica.
El piramidión de oro, de aproximadamente 8 metros de alto (como una casa
de 2 pisos, más o menos) va a ser especialmente construido para que proteja la
estructura de la pirámide. Este lugar recogerá la primera luz del nuevo milenio
cuando el sol se levante sobre Egipto. El cubrir pirámides con oto o el medir
los acontecimientos importantes con el tiempo en la puesta o la salida del sol
son elementos muy importantes de la antigua tradición del Egipto faraónico,
lo que convierte al concierto de Jarre en algo realmente magnífico.
Menos de una década antes, en julio de 1990, Jean Michel Jarre organizó un
espectáculo muy similar en París por el bicentenario de la Revolución Francesa.
Entonces se colocó una gigantesca pirámide de metal bajo el Gran Arco de la
Defensa para que sirviera de escenario para la insólita representación de rayos láser y
música electrónica. Esta improvisada pirámide se situó alineada directamente con el
obelisco de la Concordia, así como con la nueva pirámide de cristal que se levanta
junto al Louvre.
Los problemas empezaron a surgir en 1999, cuando algunos miembros del
parlamento se quejaron del excesivo coste del concierto de Jarre y de que la
celebración del milenio coincidía con el mes sagrado de Ramadam, cuando los
musulmanes practicantes ayunan desde el amanecer hasta el anochecer. Para superar
estos inconvenientes, el ministro de Cultura, Farouk Hosni, aseguró al parlamento
que no se permitiría ninguna bebida alcohólica en las celebraciones del milenio y que
los costes se recuperarían con la venta de entradas para el espectáculo, además de que
Egipto se vería favorecido por toda la publicidad del mismo. Sin embargo, cuando la
prensa egipcia radical, especialmente Al Shaab, descubrieron que Jarre pretendía
proyectar imágenes de láser sobre la Gran Pirámide, entre ellas la del llamado «Ojo
de Horus» (este último es una reminiscencia del símbolo del ojo sobre la pirámide del
billete de un dólar), se acusó a los organizadores de fomentar una especie de truco
publicitario masón y sionista. Estas acusaciones fueron negadas de forma rotunda por
el Dr. Hosni y por el Dr. Hawass, quienes se quejaron de que,
¡… esa afirmación no tiene fundamento! La celebración no tiene nada que ver
con las creencias masónicas. El diseño que aparece sobre el billete de dólar
americano es una mala imitación de las pirámides del Reino Medio.
Pero a comienzos de diciembre de 1999 empezaron a mostrar señales de que
comenzaban a intimidarse bajo la mala prensa, por lo que se intentó lavar la imagen
sometiendo la decisión a un «comité especial científico». Hawass también comenzó a
[Link] - Página 15
expresar otra opinión sobre el piramidión porque,
… podría dañar la pirámide. Por lo tanto si encontramos que al colocar este
piramidión se va a dañar la pirámide, entonces, no lo haremos.
Curiosamente, el Dr. Hawass había manifestado pocas semanas antes una opinión
totalmente distinta:
¡Todo el mundo tiene que esperar este momento a las doce en punto, todo el
mundo tiene que abrir sus ojos y no beber, no emborracharse porque si te
emborrachas nunca verás este momento! Cinco minutos antes de las doce en
punto, un helicóptero aparecerá con el piramidión y lo colocará en el vértice
de la pirámide. Sabes, tienes que imaginártelo, ¡será el momento más
interesante de la historia! No es que coloquemos realmente un piramidión; ¡es
un mensaje de Egipto para todo el mundo!
De hecho numerosos expertos se opusieron al punto de vista del Dr. Hawass.
Alentados por el ataque de la prensa contra la ceremonia del piramidión, un grupo de
egiptólogos egipcios se unió al ataque de la prensa. El 7 de diciembre de 1999 tuvo
lugar una reunión en las oficinas centrales del Consejo Superior de Antigüedades de
Egipto para debatir este tema. El Dr. Abdel Hamid Zayed, profesor de arqueología en
la Universidad de El Cairo, se quejaba de que, al contrario de lo que creía Hawass, no
había ninguna evidencia histórica para defender la colocación de un piramidión en el
vértice de una pirámide. Entonces, el Dr. Alí Al Khouli advirtió que el piramidión
también era ¡un símbolo masónico! Señaló que se cree que los masones tienen
«conexiones sionistas» y que previamente la prensa egipcia había alimentado la idea
de que «Israel quiere imponer su soberanía sobre las pirámides». El Dr. Alí Radwan,
un profesor de universidad, leyó una declaración de la Universidad de El Cairo a la
prensa, en la que avisaba de los «extraños rituales religiosos o masónicos que se
pueden practicar en la celebración del milenio». Esta declaración iba firmada por
nueve arqueólogos, incluyendo el Dr. Abdel Halim Nureldin, el antiguo director de
Consejo Superior de Antigüedades. Bajo este fuego el ministro de Cultura se vio
forzado a abandonar su apoyo al piramidión y, el 17 de diciembre, declaró finalmente
que se anulaba el acontecimiento con el fin de detener «la creciente polémica», a
pesar de que el comité científico especial nombrado por el ministro (que incluía a una
autoridad en sensores remotos, el departamento de arquitectura del Ministerio de
Defensa e importantes geólogos, ingenieros y arquitectos) había confirmado que la
colocación del piramidión sobre la Gran Pirámide era factible y muy segura. No es
necesario decir que este comportamiento insólito no solamente privó al mundo de un
acontecimiento tan significativo, sino que dejó al público confundido y frustrado.
[Link] - Página 16
Pocos llegaron a comprender los vínculos políticos existentes y la paranoia colectiva
que se generó. Parecía que las autoridades egipcias habían sido víctimas de fuerzas
extrañas y de influencias ocultas. Pero ¿quién o qué pudo ejercer sobre elfos esas
fuerzas e influencias?
Uno de los propósitos principales de La Cámara Secreta es intentar contestar
estas cuestiones tan estimulantes. Mis muchos años de investigación en Gizeh no me
dejan la menor duda de que detrás de este decorado hay en juego numerosos resortes,
y que bien pudieron ser planeados por grupos o personas. Pero aquí también estaba en
juego «algo más», «algo» más poderoso, algo sutil y fugaz, algo que por no tener una
mejor definición, parecía subliminal. Era como si las propias pirámides, su extraña
alineación con las estrellas y la oculta ideología que contienen, tuvieran el poder de
ejercer un efecto en el colectivo inconsciente que de alguna manera pudo motivar a
ciertos individuos selectos, haciéndoles actuar de una forma predeterminada. Es
decir, que las pirámides actuaban como una especie de máquina profética que fue
fabricada e ideada para trabajar precisamente en este propósito.
Pero aunque me resultara difícil reconocer tal posibilidad, no se me iba de la
cabeza la idea de que los antiguos constructores de las pirámides de Egipto pudieran
haber sido los guardianes de una «ciencia» poderosa, una «ciencia» que escapa de
nuestro conocimiento, posiblemente porque ya hemos olvidado, o incluso perdido, la
habilidad de usar al completo y con propiedad la parte intuitiva de la mente. Mis
estudios previos basados en las alineaciones astronómicas y la colocación de las
pirámides sugerían con firmeza que la llave principal para abrir los secretos de esta
misteriosa «ciencia» era la conexión visual entre las pirámides y las estrellas de
Orión. Pero además de estas estrellas de Orión, la única estrella que recibió mayor
veneración e interés, fue Sirio. Como veremos, esta estrella tan especial tuvo una
única y curiosa conexión con el piramidión dorado de la Gran Pirámide.
LA ESTRELLA DEL NILO
Sirio es la estrella fija más brillante de todas. Conocida por los astrónomos como
Alpha Canis Maior, es la estrella principal de la constelación del Can Mayor. Los
antiguos egipcios la llamaban Sepdit, los hebreos la conocían como Sihor, y los
griegos como Sothis. Sirio tiene una magnitud de -1,42, que la hace nueve veces más
brillante que una estrella de magnitud estándar. Durante el día puede verse incluso
con un telescopio que tenga una apertura de 12 milímetros. Su color es blanco
brillante con matices de azul y púrpura. En ocasiones, cuando se la ve baja en el
horizonte, si las condiciones atmosféricas son propicias, centellea con todos los
colores del arco iris. Clasificada como una estrella del tipo «A1», Sirio es 23 veces
más brillante que nuestro Sol y casi tiene el doble de su diámetro. Al estar solamente
a 8,7 años luz de nosotros, Sirio es la quinta estrella más cercana a nuestro sistema
[Link] - Página 17
solar y la más cercana después de Alfa Centauro, entre las estrellas que se ven a
simple vista. Por ello, Sirio posee un movimiento aparente muy alto, de -1,21
segundos de arco por año. Hace unos 100.000 años estaba cerca de Cáncer en la cara
«oriental» de la Vía Láctea. Desde entonces ha cruzado la Vía Láctea y ahora se
encuentra en su lado «occidental». En los últimos 2.000 años, por ejemplo, la
posición de Sirio ha cambiado unos 45 minutos de arco (casi medio grado), que es
más o menos una vez y media el tamaño aparente de la Luna.
A través de la historia escrita, y probablemente también en la prehistoria, Sirio fue
el centro de numerosas veneraciones y mitos en todo el mundo. Incluso hasta finales
de los años setenta fue el núcleo de una controvertida teoría que vinculaba esta
estrella con los extraterrestres y la tribu de los dogon de Malí, y que fue publicada por
Robert Temple. Se ha especulado mucho sobre el origen de su nombre moderno; se
cree que procede de la palabra griega Sirio, que significa «abrasador» o
«centelleante», ya que, al parecer, se alza en el firmamento en el calor del verano. Sin
embargo otros etimólogos han sugerido una conexión con el dios de los antiguos
egipcios, Osiris. Pero ninguno de los diferentes nombres y epítetos que ha recibido
esta estrella, iguala la notoriedad de su papel en la historia como la «Estrella de Isis».
Desde tiempos primitivos los antiguos egipcios dieron una importancia especial a
Sirio, que identificaron como el «alma» de la diosa Isis.
Hubo un momento, hace mucho tiempo, en que Sirio no se podía ver en el cielo
de Egipto. Esto se debía a un fenómeno conocido como la precesión de los
equinoccios. La precesión es un vaivén de nuestro planeta muy lento, que hace que el
eje polar de la Tierra oscile 47 grados en círculo cada 26.000 años. El efecto que
genera es que el paisaje estelar parece oscilar hacia arriba y hacia abajo como un
péndulo. Antes del 12000 a. C., Sirio estaba bajo la línea del horizonte, según se ve
desde la región de El Cairo/Gizeh. Hizo su primera aparición en los cielos de este
lugar hacia el 10500 a. C. Entonces tenía una declinación de unos 58 grados y 43
minutos, lo que significa que en el sur solamente sería posible verla sobre la línea del
horizonte unos 1,5 grados. Para el hombre primitivo, ser testigo del «nacimiento» de
una estrella de tal brillo debió de suponer una visión impresionante que cabía
interpretar como un mensaje de los dioses.
También se daba el levantamiento de Sirio cuando la constelación de Virgo
ascendía por el este, lo que explica de forma parcial por qué la estrella se convirtió en
un símbolo de la diosa virgen. No sabemos exactamente cuándo Sirio fue identificada
con la diosa Isis, pero posiblemente la idea se asocie al origen de la cultura egipcia.
El niño divino Horus nació del «útero» de Isis-Sirio. La concepción y el nacimiento
de Horus se dio de una forma mágica, tal y como se cuenta en el mito de Isis y Osiris.
Éstos estaban entre los cuatro hijos nacidos del útero de la diosa celeste, Nut, y su
padre era Ra, el dios sol. Los otros dos hijos eran Set y Neftis. Osiris se casó con Isis,
convirtiéndose en los primeros gobernantes de Egipto. Cuando contaba con
veintiocho años, Osiris fue brutalmente asesinado por su envidioso hermano Set,
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quien cortó su cuerpo en catorce pedazos. Isis recuperó todos ellos menos el falo, el
cual no pudo encontrar. Por ello Isis modeló un falo artificial para Osiris, se colocó
encima de él con la forma de un milano, quedándose embarazada con su simiente.
Después de esconderse en los marjales del Nilo dio a luz a Horus. De los Textos de
las Pirámides y de otros documentos religiosos, queda claro que este mito tiene su
contrapartida en las estrellas, identificando a Isis con Sirio y a Osiris con la
constelación de Orión. En los Textos de las Pirámides, se dice de Osiris-Orión:
Tu esposa Isis va hacia ti entusiasmada por tu amor, Tú la has colocado sobre
tu falo y tu semilla brotó en ella, al ser ella Sirio, y Horus Sopd (una estrella)
se han presentado ante ti como Horus que está en Sirio… [TP línea 632]
Reconstruyendo los cielos de la Época Dinástica (hacia 3300 a. C.) que tuvo lugar
antes de la época de la Gran Pirámide (hacia 2750-2100 a. C.), descubrimos que la
estrella Sirio realizaba en los cielos un ciclo muy sugerente, que si se lee explica por
qué estaba asociada con el nacimiento mágico. Como la Tierra se mueve alrededor
del Sol, el fondo fijo de las estrellas parece oscilar en relación con el Sol durante el
año. Por ejemplo, la observación anual de Sirio mostraría que hay un momento en el
que la estrella aparece en el oeste inmediatamente después del anochecer. Más tarde,
la estrella sólo es visible durante unos 70 días. Sin embargo, vuelve a aparecer otra
vez justo antes de la salida del Sol por el este. Esta reaparición se conoce como orto
helíaco. Hacia el 3300 a. C. la aparición matutina de la estrella Sirio ocurría
exactamente el día del solsticio de verano (el 21 de junio del calendario gregoriano).
Desde entonces, debido a la precesión, la fecha ha cambiado unos 45 días, y ahora el
orto helíaco de Sirio se da el 5 de agosto. La curiosa conjunción del orto helíaco de
Sirio y el solsticio de verano en el 3300 a. C. supuso un poderoso presagio; pero al
mismo tiempo ocurrió algo más que, literalmente, fue la causa del renacimiento de
Egipto. Se trata de la inundación anual del Nilo. Desde la construcción de la presa de
Aswan en los años sesenta, la inundación anual del Nilo está totalmente controlada y
regulada. Pero en la Antigüedad (y hasta finales del siglo XIX) la subida del Nilo
comenzaba a principios de junio, causada por el enorme volumen de agua traída río
abajo por las nieves fundidas en las tierras altas de África Central. A finales de junio
las aguas comenzarían a derramarse sobre las riveras para finalmente inundar todo el
Valle del Nilo hacia fina les de julio. Tenemos constancia de que los antiguos
egipcios consideraban el orto helíaco de Sirio como la causa mágica de la inundación
del Nilo. Este hecho se convirtió en la señal celeste que marcó el comienzo de un año
nuevo. Hay numerosos textos antiguos que se refieren a la relación existente entre el
«Año Nuevo», el solsticio de verano, el comienzo de la Inundación y la aparición de
Sirio, que demuestran que este suceso tuvo una gran importancia para los egipcios.
Entre ellos el texto más antiguo está grabado sobre una pequeña tabla de marfil
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datada en la dinastía I (hacia 3100 a. C.) donde se dice que «Sirio es el Abridor de la
Inundación Anual». Se da exactamente la misma noción en los Textos de las
Pirámides (hacia 2200 a. C.), donde se afirma: «Es Sirio la hija amada (de Ra, el dios
sol), quien prepara todos los años el sustento (la inundación) para ti, en su nombre de
«Año». En su libro Echoes of Ancient Skies («Ecos de los cielos de la Antigüedad»),
el Dr. De Krupp, arqueoastrónomo, escribe:
Después de desaparecer del cielo nocturno (durante 70 días) finalmente Sirio
reaparece en el amanecer, antes de que se alce el sol. La primera vez que
sucede este hecho cada año se llama el orto helíaco de la estrella, y en este día
Sirio permanece visible sólo por un pequeño período de tiempo antes de que
el cielo se haga demasiado brillante para poder verlo. En el antiguo Egipto la
reaparición de Sirio caía cerca del solsticio de verano, coincidiendo con el
momento de la inundación del Nilo. Isis, como Sirio, era la «Señora del
Comienzo del Año» ya que para los antiguos egipcios el comienzo del año se
fijaba con este acontecimiento. Los textos de las ceremonias de Año Nuevo de
Dendera dicen que Isis engatusaba al Nilo, provocando su desbordamiento. La
metáfora es astronómica, hidráulica y sexual, y marcha paralela a la función
de Isis en el mito. Sirio revive el Nilo tal y como Isis lo hace con Osiris. Ella
se esconde de Set cuando la estrella Sirio se ha ido (70 días) del cielo
nocturno. Ella (Isis) da a luz a su hijo Horus, como Sirio da a luz al año
nuevo, siendo lo mismo en los textos Horus y el año nuevo. Ella es el
vehículo para renovar la vida y el orden. Brillando un instante, una mañana de
verano, estimula al Nilo y comienza el año.
SIRIO Y LA GRAN PIRÁMIDE
Se sabe que al este de la Gran Pirámide existió un edificio llamado Templo de Isis.
En la estela del Inventario, fechada en la dinastía 26, se denomina a Isis la «Señora de
la Pirámide». También es posible que el piramidión, que debió de haber estado alguna
vez sobre el vértice de este monumento, pueda estar asociado de alguna forma con
Isis y Sirio. De igual manera, se ha sugerido que la Quinta División del Duat (el Más
Allá), que aparece descrito en el Libro de los Muertos mostrando una doble esfinge
gigante que guarda una pirámide enorme, pueda tratarse en realidad de una
representación estilizada de la necrópolis de Gizeh. Si así fuera, entonces se puede
establecer una asociación interesante, ya que la pirámide de la Quinta División
muestra sobre la cima el «Rostro de Isis», en el lugar donde debería estar el
piramidión. Quizás es más significativo el nombre del propio Sirio, o mejor la forma
en que se escribe con tres signos jeroglíficos: una estrella de cinco puntas, medio
círculo y un triángulo isósceles. De acuerdo con E. C. Krupp:
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Una última peculiaridad del tratamiento egipcio de Sirio parece vincularlo, a
través del culto de Osiris, a las pirámides. La inscripción jeroglífica de Sitio
incluye un símbolo obvio de una estrella y otros dos símbolos que pueden
estar relacionados con el Benben. El medio círculo fue usado para dar a
entender el Benben. El triángulo alto y delgado es más una reminiscencia de
la pirámide, o quizás de un obelisco… Al simbolizar el Benben el emerger de
la existencia desde la no existencia, del nacimiento del mundo, Sirio, como el
Bennu (el Fénix) conmemoraba de nuevo la creación al hacer arder el Benben,
como un obelisco, una plataforma de observación o una pirámide…
El Benben al que se refiere Krupp era una piedra sagrada que estuvo guardada en
cierta ocasión en el Templo del Fénix en Heliópolis y que servía como modelo para
los piramidiones de las pirámides monumentales y los obeliscos, también llamados
Benben. El Benben (piramidión) de la Gran Pirámide ha estado perdido desde los
comienzos de la historia escrita, por lo que no podemos decir qué aspecto tenía en la
realidad. Es probable que estuviera hecho de granito negro y cubierto de oro,
posiblemente para simbolizar la estrella. Pero quizás la conexión más convincente
entre la Gran Pirámide y la estrella Sirio venga del diseño del sistema interior de la
pirámide. Desde las dos cámaras principales de la Gran Pirámide, la del Rey y la de
la Reina, parten dos canales largos y estrechos; uno va directo al norte y el otro lo
hace al sur. Se sabe desde 1964 que cuando la pirámide se acabó hacia el 2500 a. C.
estos canales tenían alineaciones astronómicas hacia las estrellas. Los de la Cámara
del Rey estaban orientados hacia la estrella Polar, Alfa Draconis (Thuban) en el norte,
y hacia las tres estrellas del cinturón de Orión en el sur. Unos veinte años después, en
1987, descubrí que el canal sur de la Cámara de la Reina estaba orientado hacia Sirio.
Ciertamente la pirámide era casi el agente del renacimiento astral del culto faraónico,
modelado sobre el mito de Osiris e Isis.
EL CIELO VARIABLE
Durante toda la civilización del antiguo Egipto, cuando se daba el orto helíaco de la
estrella Sirio al amanecer, se conmemoraba en la apertura del Año Nuevo la
celebración del nacimiento del niño divino, Horus, desde el útero de la diosa Isis.
Pero por el efecto de la precesión, aproximadamente el acontecimiento oscilaba en el
calendario a razón de 8,5 días cada 1.000 años. Como hemos visto, en el 3300 a. C. el
orto helíaco de Sirio ocurría el 21 de junio (en el calendario gregoriano) tal y como se
veía desde Gizeh. Cuando nació Jesús el orto se daba el 19 de julio y en la actualidad
ocurre el 5 de agosto. Unos 300 años antes del nacimiento de Jesús, Egipto había
caído bajo el gobierno de los ptolomeos, faraones griegos que gobernaron Egipto
desde el 305 a. C. hasta el 30 a. C. cuya última soberana fue la reina Cleopatra VII.
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Durante este período, la capital de Egipto pasó a Alejandría, donde se instalaron los
cultos pseudoegipcios al dios Serapis. Serapis era un dios artificial construido a partir
del dios egipcio Asar-Hapis (Osiris-Apis), un nombre que significa «Osiris del Nilo».
Isis, como es natural, se convirtió en esposa de Serapis y su culto floreció en
Alejandría y en todo el Mediterráneo. Fue adoptado por numerosos legionarios
romanos, a través de los cuales se expandió por la Europa occidental. Se han
encontrado templos de Isis en Italia, Francia, Alemania y hasta en Oxford, en
Inglaterra. Junto con el culto de Isis también se expandió la celebración del
nacimiento de Horus, llamado Harpócrates por los griegos e identificado con Apolo y
el Sol Invictus por los romanos.
Curiosamente, cuando Julio César introdujo el llamado calendario juliano, fue el
astrónomo alejandrino Sosígenes quien convirtió para César el antiguo calendario
lunar en uno solar. No hay duda de que Sosígenes tomó la idea de los egipcios,
quienes habían conocido un calendario solar desde al menos el 3300 a. C. Este
calendario, como hemos visto, fijaba el Año Nuevo con el orto helíaco de Sirio que,
en la época de Sosígenes, comenzaba en el mes de «julio» y esta, me imagino, sea
probablemente la razón de por qué este mes en particular fue llamado después Julio
César. Su famosa esposa, la reina egipcia Cleopatra, también fue una alta sacerdotisa
de Isis, por lo que César dedicó en su honor un templo en el foro de Roma. Después
de la muerte de Cleopatra en el 30 a. C., Egipto se convirtió en una provincia romana,
con una gran comunidad griega y romana en Alejandría, así como un gran número de
judíos escapados de Judea. Con el surgimiento en Egipto de un cristianismo
novedoso, el antiguo culto mistérico de los faraones que se había mezclado con los de
los griegos y romanos, ahora también se mezcló con las ideas judeocristianas. Los
principios básicos de estos antiguos cultos mistéricos descansaban en la creencia de
que la «inmortalidad» se conseguía a través de las enseñanzas de iniciación de un
«Hijo de Dios muerto y resucitado» y de la representación simbólica de su «muerte»
y «renacimiento». El Adonis fenicio, el Attis frigio, el Osiris egipcio y el Serapis
alejandrino, todos fueron hijos de dios. Además los romanos habían importado a
Egipto el culto mistérico de Mitra, también llamado «Hijo de Dios muerto y
resucitado», cuyo «cumpleaños», y aquí está el medio del asunto, se celebraba a la
puesta de sol del 25 de diciembre. Por lo tanto, no debe extrañarnos que las primeras
comunidades cristianas también celebraran el «nacimiento» de su propio «Hijo de
Dios» muerto y resucitado, Jesús, el 25 de diciembre y con la idea de una «estrella de
oriente» relacionada con la natividad para señalar este acontecimiento sobrenatural.
Pero ¿qué estrella?
LA MADONA Y EL NIÑO
No deja de ser curioso que de los cuatro evangelios canónicos, solamente uno, el de
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San Mateo, hable del nacimiento de Jesús en relación con la aparición de una estrella
en Oriente y los Reyes Magos. El evangelio de San Mateo también es único en su
narración del «vuelo a Egipto» de la Sagrada Familia. Pero si estos acontecimientos
son históricamente ciertos, entonces ¿por qué los otros evangelios silencian este
suceso tan crucial del nacimiento del Mesías? ¿Pudo ser que el acontecimiento no
fuese «histórico», sino mítico? Los expertos han creído siempre que el evangelio de
San Mateo fue escrito probablemente en la ciudad de Alejandría entre los años 40 y
80 d. C. En la época en la que se escribió el evangelio de «San Mateo», en Alejandría
la celebración del día nuevo y del año nuevo no eran al amanecer sino al anochecer,
para conformar tanto a la tradición judeocristiana como a la romana. Teniendo en
cuenta esto, vamos a examinar el cielo en la puesta de sol mirando a Oriente según se
ve desde la latitud de Alejandría del día 25 de diciembre del año 50 a. C. (la fecha
más aproximada del evangelio de San Mateo). Curiosamente, las estrellas dibujan un
paisaje idéntico al que se veía en Egipto en el 3300 a. C. en el amanecer, cuando se
celebraba por el orto helíaco de Sirio el «nacimiento» de Horus procedente del útero
de Isis. Esto es lo que habría visto un observador de Egipto:
Hacia las 4 horas 28 GMT, el SOl comienza a ponerse por el oeste a 28
grados norte del oeste.
Unos 35 minutos después, sobre las 5 horas 03 GMT, el sol se ha puesto
por completo por el oeste. En el este, exactamente a la misma hora, el
cinturón de Orión se coloca sobre el horizonte, a unos 2 grados sur del este.
Después de 51 minutos, a las 5 horas 54 GMT el sol ha descendido unos
-10 grados bajo el horizonte occidental y ahora el cielo es suficientemente
oscuro para ver las estrellas a simple vista. Mirando al este, exactamente a la
misma hora, se ve la estrella Sirio ascendiendo por el este (el cinturón de
Orión ahora está unos 25 grados más arriba sobre el horizonte oriental, dando
la impresión de que «preside» la ascensión de Sirio).
Por lo tanto, la imagen celestial es que el 25 de diciembre, justo después de la
puesta de sol, las tres estrellas del cinturón de Orión fueron vistas ascendiendo por el
este como si «presidieran» la llegada del nacimiento estelar de Sirio, que se produjo
como una hora después. Sería muy improbable que el autor del evangelio de San
Mateo no advirtiera una señal celestial de tal poder que era conocida en Egipto desde
tiempo inmemorial para marcar el «nacimiento del niño divino». Parece evidente qué
la introducción en Egipto y el mundo grecorromano de un nuevo niño divino (Jesús)
nacido de la Madona (María), se beneficiaría enormemente al absorber la vieja y
poderosa mitología de Isis y su estrella Sirio. De esta manera Isis y su hijo Horus
fueron transformados en la Madona y el niño Jesús, y la estrella Sirio se convirtió en
la «Estrella de Oriente», que fue vista por hombres sabios y que presidió el
nacimiento de Jesús. Mucho después, los tres hombres sabios se convirtieron en los
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«tres reyes» en la tradición occidental y, guardando el simbolismo estelar, también
llegaron a identificarse con las tres estrellas del cinturón de Orión. En su libro Star
Names: their Lore and Meaning («Nombres de estrellas: sus tradiciones y
significado»), el astrónomo Richard H. Allen afirma que en el folclore europeo las
tres estrellas del cinturón de Orión reciben el nombre de los Reyes Magos o de los
Tres Reyes. Y el mitologista cristiano Alvin Boyd Khun escribió:
Hay una antigua leyenda relativa a los «Tres Reyes de Oriente» que vienen en
Navidad para adorar al Dios recién nacido… que dice que los Tres Reyes
fueron las tres estrellas visibles del cinturón de Orión… que fácilmente
distinguen a esta constelación tan conocida… y su título fue durante mucho
tiempo el de los Tres Reyes de Orión… Apuntan casi en línea recta a… Sirio
(la cual) se convirtió en una especie de alma de Cristo para la humanidad.
(Sirio) está precedida por los Tres Reyes que anuncian su llegada…
Entonces, Khun proporciona una variante del famoso villancico de Navidad:
Nosotros tres somos los reyes de Orión,
trayendo regalos atravesamos de lejos,
campos y fuentes, estepas y montañas
siguiendo una estrella lejana…
En la actualidad, en nuestro calendario moderno, celebramos el cambio del año
Nuevo en la medianoche del 31 de diciembre. Es un extraño sincronismo que
exactamente en la medianoche del 31 de diciembre del paso de 1999 al 2000 la
estrella Sirio alcance su culminación en el meridiano. En mis primeros trabajos he
mostrado de qué forma Sirio está alineada al eje del meridiano de la Gran Pirámide
gracias a la dirección del canal sur en la Cámara de la Reina (véase Capítulo once y
figura 23). Si se hubiera colocado el piramidión tal y como estaba planeado, habría
marcado la «reunión» de Sirio, la Gran Pirámide y el símbolo del piramidión dorado
después de al menos cuatro mil años. Un observador que permaneciera fuera de la
pirámide en la medianoche del 31 de diciembre, se pusiera delante de su entrada
principal y mirara hacia arriba hasta el vértice, habría visto no sólo cómo un
helicóptero colocaba el piramidión dorado en su lugar, sino que también vería a la
estrella Sirio flotando sobre el piramidión. Muchos han argumentado correctamente
que el verdadero comienzo del tercer milenio no es el 31 de diciembre de 1999 sino
el 31 de diciembre de 2000. ¿Qué mejor visión que la antigua estrella del «nacimiento
divino» flotando sobre el piramidión dorado de la Gran Pirámide de Gizeh, para
marcar el comienzo de una nueva época espiritual para la humanidad? Mucho más
evocador es el hecho de que dentro de la Gran Pirámide, al final de un largo y
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estrecho túnel que estaba orientado hacia la estrella Sirio cuando la pirámide fue
construida, se encuentra cerrada una pequeña «puerta» que las autoridades egipcias
también habían planeado abrir en la noche del nuevo milenio. ¿Qué secretos esperan
a ser liberados…?
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PRÓLOGO
EL SÍMBOLO DE LOS ARCHIVOS
«Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del Hombre…»
—San Mateo 24, 30.
«Solamente puede entender un iniciado…»
—EDGAR CAYCE sobre la Gran Pirámide de Gizeh,
«Interpretación» 5748-5.
UN MISTERIO AL QUE LE LLEGA LA HORA
La historia que voy a contar es tan extraña como controvertida. Es la historia de un
misterio muy antiguo. Un misterio que ha cautivado la imaginación de exploradores
de todas las generaciones. Un misterio que en los últimos años ha dividido a los
arqueólogos generando la polémica en todo el mundo. Para unos es producto de la
imaginación, un mito sin ninguna base histórica. Para otros es una posibilidad obvia,
una realidad histórica muy cercana, un hecho que está a punto de confirmarse. En las
profundidades del monumento más antiguo, más grande, más alto y más sagrado de
este planeta, hay un secreto muy bien guardado. Dentro de la Gran Pirámide, cubierta
por una oscuridad absoluta y en una inmovilidad sagrada, puede haber una cámara
secreta, esperando la hora en que sea abierta. Puede ser el premio arqueológico más
grande. Desde marzo de 1993 se conoce una entrada que puede llevar a esta cámara.
Pero aún hay más.
Parece que la necrópolis de Gizeh ha decidido finalmente liberar de una vez todo
sus secretos. No muy lejos de la Gran Pirámide, en un enclave bajo del este, se
encuentra la Gran Esfinge. También ella puede ser la guardiana de un tesoro que yace
bajo su vientre: la «Sala de los Archivos» de una civilización perdida en la bruma del
tiempo. Con sorprendente sincronía también allí se conoce desde 1993 la entrada a
este subterráneo.
¿Por qué no se han abierto todavía estas «cámaras»?
¿Qué puede haber dentro de ellas?
¿Pueden saber las autoridades egipcias más de lo que cuentan?
¿Existe alguna «conspiración» que pueda involucrar no solamente a la egiptología
sino a otras instituciones más siniestras? ¿O es que hay «algo más»?
Cuando comencé a fraguar este libro, mi primera premisa fue escribir un relato
histórico de los hechos que se dieron en las expediciones y en la gente implicada en
este drama. Los últimos siete años habían visto la enorme confusión que se generó en
los medios de comunicación internacionales y en Internet debido a lo que estaba
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pasando en Gizeh, y ahora ha llegado el momento de que aclare esta historia. He
estudiado durante veinte años los misterios de este lugar. Desde 1992, he estado
investigando el trasfondo de los sucesos que aquí se daban, recopilando gran cantidad
de evidencias irrefutables. Sentía la responsabilidad de exponer la historia al público
con objetividad y sin prejuicios. Pero cuanto más meditaba sobre cómo estructurar
este libro, más me convencía de que había algo más, algo con mayor importancia de
lo que se estaba desvelando en Gizeh. Algo sutil, casi subliminal. Algo de lo que
estoy convencido que posee una inmensa relevancia para nosotros como especie de
este planeta. Un acontecimiento cuyo momento ya ha llegado. Para entenderlo, para
«verlo», para desentrañar su significado, se requiere un tipo de arqueología
intelectual. Tenemos que completar un gigantesco puzzle histórico y me presento
voluntario para realizar esta desalentadora tarea.
REALIDAD Y FICCIÓN
El señuelo de una «cámara secreta» o de una Sala de los Archivos en Gizeh ha
disparado la imaginación del público, introduciendo en esta historia hordas de
insólitos exploradores. Desde científicos tranquilos a especuladores de sillón, desde
las instituciones académicas más prestigiosas a las sociedades psíquicas más dudosas,
desde reputados arqueólogos a personajes inocuos y de escépticos incondicionales a
gurús de la Nueva Era, un variado guirigay de seguidores han arrimado el hombro a
Gizeh. Si se intenta hacer una valoración inteligente de todos estos tejemanejes los
espectadores inocentes tendrán que cribar un desconcertante cúmulo de rumores
conflictivos y de información «oficial» lanzados a los medios de comunicación en
general y a Internet. Los períodos de sospechoso silencio de las autoridades egipcias,
así como el de los propios egiptólogos, si además se juntan con un comportamiento
ambiguo de los principales protagonistas, todo ello inevitablemente genera un
torbellino de rumores en Internet que acaban difundiendo una serie de teorías de
conspiración global que involucran a gobiernos extranjeros, la CIA, poderosos
magnates de los negocios y funcionarios del gobierno egipcio, además de a mí[1]. El
resultado es que la verdad termina por mezclarse con la ficción, enturbiando y
distorsionando la realidad del drama que parece revelarse en vísperas del nuevo
milenio. Se está jugando en la polvorienta meseta de Gizeh el juego más excitante y
significativo de la historia: nada menos que la búsqueda de los orígenes culturales y
espirituales de la civilización, y su verdadero destino.
EL LISTÓN ESTÁ ALTO
Por lo tanto, uno de los objetivos principales de La Cámara Secreta es ofrecer una
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perspectiva concisa y clara de los sucesos que han ocurrido detrás de esta búsqueda.
Con tal finalidad, cada paso que he dado ha estado respaldado con evidencias
documentadas e informaciones ciertas. Ha sido casi una década de recopilación
cuidadosa de información, como resultado de mi propia participación en este
increíble enigma histórico. Sin embargo, la extraordinaria historia que aquí presento
es en realidad muy antigua. Se extiende desde los albores de la humanidad hasta el
presente y, como ya veremos, al comienzo de este tercer milenio nos espera un gran
final (o, según se entienda, un nuevo comienzo). Pero el contar esta historia no es el
único objetivo de este libro. Hay una meta mucho más profunda en La Cámara
Secreta. Durante los años en los que me he visto inmerso en este caso, gradualmente
me he convencido de que hay algo más en juego, algo extremadamente poderoso que
está relacionado con la «profecía» y que tiene que ver con misteriosas
sincronicidades. Aunque me he obligado a permanecer dentro de las fronteras de la '
investigación científica, a veces no puedo dejar de sentir en el trabajo una influencia
invisible, una energía sutil e indefinible que otorga a esta búsqueda su propia
identidad.
La búsqueda de la Sala de los Archivos es distinta a cualquier otra. Por su propia
naturaleza, se trata de un camino cargado de poderosos arquetipos y de fuerzas
míticas. Constantemente uno tiene la sensación de que se ha reactivado un antiguo
plan y que se está acelerando para que alcance su apoteosis en Gizeh. Hay una
sensación de prisa, así como de encantamiento y magia que sumerge a los
protagonistas en una sensación de que en cualquier momento puede revelarse algo
transcendente. Con el fin de dar sentido a todo esto, y, lo más importante, con el fin
de comprender qué se puede estar preparando para el nuevo milenio, uno debe
realizar necesariamente un tipo de iniciación intelectual. Solamente entonces surgirá
el verdadero concepto. Precisamente, La Cámara Secreta se ha diseñado para este
propósito. La Primera Parte proporciona al lector toda la información de fondo
necesaria. Se investigarán leyendas, mitos y textos antiguos; se rastrearán a través de
los siglos tradiciones milenarias. Entonces comenzará a surgir una imagen de lo que
puede ser realmente la escurridiza Sala de los Archivos y, lo más interesante, lo que
puede contener. La Segunda Parte llevará al lector hasta Gizeh. Luego el éste,
totalmente «equipado», estará listo para seguir las expediciones modernas, entender
sus motivos y planes y comprender la gran importancia de los acontecimientos que se
van a desarrollar allí.
UNA PIRÁMIDE PARA LA SEGUNDA VENIDA
En una manifestación de apertura cultural al mundo que no tenía precedentes, el
Consejo Superior de Antigüedades de Egipto, a través de su portavoz principal, el Dr.
Zahi Hawass, anunció a bombo y platillo que el 31 de diciembre de 1999, justo a la
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medianoche, un helicóptero militar iba a transportar una figura con forma de pirámide
dorada, fabricada en una aleación resistente, para que fuera colocada sobre el vértice
de la Gran Pirámide[2]. Aproximadamente, a la misma hora, en la propia Gran
Pirámide, un pequeño robot de tracción mecánica equipado con una cámara de vídeo
conectada a una cadena de televisión internacional iba a proceder al levantamiento de
la pequeña puerta-trampa que hay al final del canal sur de la Cámara de la Reina[3].
Estos dos acontecimientos, como veremos, estaban cargados de un significado
religioso y esotérico de una magnitud extraordinaria. En el centro del acontecimiento
estaba la incongruencia que supone un país fundamentalmente musulmán
representando lo que en esencia es un ritual cristiano. El papel del esoterismo
cristiano copto permanece en el misterio. Además, en los últimos 40 años varios
grupos esotéricos que mezclan elementos cristianos con paganos y los Rosacruces de
AMORC se habían instalado en Gizeh para representar la parte que les correspondía
en las «celebraciones» del milenio programadas para 1999. Todas estas
organizaciones parecen tener un mismo motivo: la reforma del orden mundial.
Además, algunas de estas organizaciones, como ya veremos, entendían que estos
acontecimientos iban a tener lugar en Gizeh, como si fueran el preludio de la
«Segunda Venida de Cristo».
Uno de los más activos de estos grupos, y ciertamente el que más éxito ha tenido
estableciéndose en Gizeh, es la Asociación de la Investigación y la Iluminación
(ARE). Con base en Norfolk, Virginia (Estados Unidos), esta sociedad también es
conocida por sus varios miles de socios en todo el mundo como la Fundación Edgar
Cayce (ECF). En nuestro anterior libro, Guardián del Génesis, Graham Hancock y yo
demostramos de qué forma el ARE, desde 1973, había puesto en práctica un extraño
y atrevido plan para encontrar en Gizeh la legendaria Sala de los Archivos. Fue su
fundador, el llamado «profeta durmiente», Edgar Cayce (1877-1945), quien predijo
en 1932 que se redescubriría esta Sala de los Archivos hacia el año 2000. El ARE,
bien directamente o apoyándose en otro grupo, ha podido conseguir varias licencias
para realizar exploraciones oficiales con el fin de rastrear la meseta de Gizeh con
radares y otros equipos de sónar. La presencia del ARE en Gizeh es, como poco,
polémica. Además de sus motivos obvios para reivindicar las «profecías» de Edgar
Cayce en la Sala de los Archivos y su origen «atlante», los últimos motivos pueden
ser más insólitos. Como señala el investigador y escritor John Anthony West:
De aquellos que predicen una nueva era iluminada que surge de una más
antigua y ya acabada, el más conocido y el más explícito es el psíquico
americano Edgar Cayce. Cayce predijo que en 1998 se abriría una cámara
secreta que se encuentra entre las patas de la Gran Esfinge de Gizeh y que
revelaría la historia perdida de la Atlántida. Este acontecimiento sería el
anuncio de la Segunda Venida, decía, y la señal de que pronto iba a comenzar
una nueva era. Dos investigaciones científicas independientes han verificado
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la existencia de lo que parece ser una cámara entre las patas de la Esfinge,
pero en la actualidad, las autoridades egipcias no tienen previsto hacer nuevas
investigaciones.[4]
Las dos investigaciones científicas «independientes» a las que se refiere John
West, tuvieron lugar en 1991 y 1996. En los dos casos el ARE estuvo involucrado,
tanto en el lado financiero como en el práctico. Uno de los principales patrocinadores
del ARE para estas expediciones era el Dr. Joseph Schor, un hombre de negocios
judío de Nueva York. Schor es el vicepresidente de los Laboratorios Forest, una
fábrica multimillonaria de fármacos. Schor también está afiliado al ARE y es un
firme creyente de las profecías de Cayce. La expedición de 1996, por ejemplo, fue
patrocinada al completo por el Dr. Schor. Y aunque la expedición contó con el apoyo
de la Universidad del Estado de Florida, Schor mantuvo toda la dirección y el control
financiero. Como veremos más adelante, otras dos expediciones, también
patrocinadas por el Dr. Schor, tuvieron lugar en 1997 y 1998.
Otras «profecías» de Edgar Cayce están relacionadas con la búsqueda de la Sala
de los Archivos. La más importante de las que hacen alusión a los acontecimientos
del milenio es, con diferencia, la colocación de un piramidión dorado sobre el vértice
de la Gran Pirámide de Gizeh:
La cúspide (piramidión), la corona y la cúspide, era de metal; lo era para que
fuera indestructible, siendo de cobre, latón y oro con otras aleaciones… se
convierte en lo más apropiado para que allí se celebre la coronación o la
colocación de este «símbolo de los archivos»… por uno que representa tanto
lo viejo como lo nuevo.
¿Suponía el piramidión dorado que se iba a colocar en la cúspide de la Gran
Pirámide el cumplimiento de la profecía de Cayce?
Zahi Hawass es doctor en Egiptología, especializado en el período del Reino
Antiguo o Época de las Pirámides. Él mismo, en esencia, representa al antiguo Egipto
y más en concreto la Época de las Pirámides. También es secretario de Estado para
los Monumentos de Gizeh, y como tal representa al nuevo régimen del país
responsable de las pirámides y de la Esfinge. Como encargado oficial de los
monumentos de Gizeh, el Dr. Hawass resultó elegido para supervisar la ceremonia
del milenio y la colocación de su piramidión dorado. Pero ¿pudo haberse realizado
esta «elección» mucho tiempo antes? En 1978 el ARE colaboró con el Instituto de
Investigación de Stanford (SRI) y el Dr. Hawass para tener en Gizeh «un contacto
directo para encontrar la Sala de los Archivos». La operación fue dirigida muy de
cerca por Hugh Lynn Cayce, hijo mayor de Edgar Cayce y en aquella época también
presidente del ARE. Su biógrafo oficial, A. Robert Smith, relataba esta extraña
[Link] - Página 30
conexión heterodoxa con Hawass:
Cuando se acabaron los fondos, el SRI recogió sus cosas y se volvió para los
Estados Unidos ya que la Compañía de Petróleo de Cayce, el SRI y la
Fundación (Cayce) no tenían más que pozos secos cuando se quedaron sin
dinero. A pesar de que los resultados fueron desalentadores, Hugh Lynn no se
sentía derrotado. Seguiría con la búsqueda hasta donde pudiera llegar,
haciendo alianzas con otros grupos o personas. Uno de estos últimos fue el
inspector de Gizeh (Zahi) Hawass, a quien había conocido a través de Lehner
(el egiptólogo del ARE) en 1975. En 1980 Hawass complació al ARE al
llevar a cabo una excavación en frente del templo de la Esfinge. En una
perforación que atravesó unos 15 metros de escombros se toparon con granito
rojo, en lugar del lecho rocoso natural de caliza con el cual se había
construido la Esfinge. A sabiendas de que el granito tuvo que haber sido
importado, el descubrimiento aireó preguntas tales como por qué se colocó
allí y qué más podría encontrarse si se permitiera una excavación. Tal
operación requeriría el permiso de altas estancias del gobierno. Si Zahi
Hawass pretendía ascender dentro del gobierno, para avanzar en su propia
carreta, y abría las puertas al proyecto de Hugh Lynn, de esta manera podría
facilitar su propia educación en una de las universidades americanas más
prestigiosas. Su jete (Hugh Lynn) dejó muy claro este punto: «Le daré una
beca en Egiptología en la Universidad de Pennsylvania para conseguir su
doctorado. Conseguiré la beca a través de una persona del ARE, que da la
casualidad de que está en el plantel de las becas del Fulbright. Ayudó a Mark
(Lehner) a trabajar en la Esfinge y le estoy muy agradecido»[5].
Justo antes de su muerte en 1984, Hugh Lynn anunció un pían extenso para
buscar la Sala de los Archivos en Gizeh. Lo hizo en un tono bastante críptico; el
mismo con el que continuaron sus sucesores:
Nunca me he dado por vencido. Es muy importante. Si alcanzamos el Reino
Antiguo, va a ser como si hubiéramos hecho historia… Estamos buscando los
archivos. Esto es lo que dice la interpretación de las propias pirámides y de la
Esfinge. Estamos buscando los archivos de la Atlántida que están allí
enterrados. Estamos buscando los archivos de Hermes y su profecía de la
próxima reencarnación de Jesús. Creo que están allí, frente a la Esfinge. La
Esfinge los está guardando. Estamos tratando de conseguir todas estas
maravillas.[6]
Sin embargo, el Dr. Hawass ha negado con rotundidad su vínculo con la
[Link] - Página 31
Fundación Edgar Cayce y Hugh Lynn, apuntando que no fue más que una amistad
casual y que de ninguna manera este último ayudó a que Hawass pudiera estudiar en
una universidad prestigiosa de los Estados Unidos[7]. Incluso cuando John Anthony
West realizó alguna declaración sobre este asunto en una circular dirigida a los
inversores que iban a participar en una expedición en Gizeh[8], inmediatamente el Dr.
Hawass amenazó con dar parte a sus abogados si West no se retractaba
inmediatamente de estas declaraciones:
Con respecto a las declaraciones contenidas en la carta del señor West a sus
inversores, déjenme puntualizar de forma clara que nunca he tenido ninguna
conexión con la Fundación Edgar Cayce. No me ha sufragado gasto alguno, y
no ha financiado mis estudios de postgrado en la Universidad de
Pennsylvania. El documento deja muy claro que se me permitió estudiar en la
Universidad de Pennsylvania como becario del Fulbright, y no a través de
alguna ayuda, oferta, o a través de alguna conexión con la Fundación Edgar
Cayce que me pudiera apoyar.[9]
En los últimos años he conocido personalmente al doctor Hawass, y después de
discutir este asunto con la mayor parte de la gente involucrada, he llegado a la
conclusión de que no hay evidencia alguna que defienda la afirmación hecha por A.
Robert Smith. No obstante, lo cuento aquí porque supone un aspecto importante de la
intrusión del ARE en Egipto y resulta de interés para el público.
En la actualidad el puesto de presidente ejecutivo del ARE lo desempeña John
van Auken, un antiguo miembro de la Fundación Edgar Cayce, que conoce desde
hace muchos años al doctor Hawass. No extraña a nadie que Van Auken sea un gran
entusiasta de Cayce. Durante años ha estado abogando por una «Segunda Venida»
basada en la predicción de Cayce y en la interpretación de los pasajes bíblicos que
profetizan lo mismo. Por ejemplo, en el San Diego Union Tribune del 13 de enero de
1995 se publicó que Van Auken había dicho:
Creo que los cambios profetizados por la Biblia están al llegar… En los
próximos tres años, hacia 1998, creo que veremos el comienzo de los cambios
más grandes de la Tierra. Una purga y una limpieza de la Tierra que durará
siete años, que estará completa para el 2002, marcando así el final de las
penas y dando lugar al reinado de 1.000 años de Jesús.
Van Auken es el autor de varias publicaciones del ARE, que incluyen seis libros
sobre las profecías de Cayce y sus enseñanzas. Su libro más reciente es The End of
Times: Prophecies of Coming Changes («El final de los tiempos: profecías sobre los
cambios que están por venir») en el que se promueve la Segunda Venida en conexión
[Link] - Página 32
con el hallazgo de la Sala de los Archivos[10]. Curiosamente, hay otra «profecía» de
Cayce que también parece estar relacionada con la ceremonia de colocación del
«símbolo de los archivos», es decir, el piramidión de la Gran Pirámide. Cayce
describe en una de sus llamadas «interpretaciones» las celebraciones que tendrían
lugar durante esta ceremonia:
… por lo tanto en esta ceremonia aparecieron muchas de las cosas que pueden
verse en el presente: como la llamada a la oración (¿musulmana?), las
modernas campanas de las iglesias (¿cristianas?)… el sonido de las trompetas
¿judías?)… los ecos de la llamada en el Año Nuevo ¿del milenio?)… el
antiguo manuscrito de Gizeh es para… 1998 desde la muerte del Hijo del
Hombre (Jesús)…» [interpretación 378-14] (las palabras que están entre
paréntesis son mías).
En entrevistas recientes el Dr. Hawass ha comentado su propia versión de las
celebraciones programadas en Gizeh con motivo del milenio. Por ejemplo, en febrero
de 1999, ante un grupo de la televisión germanoaustríaca, afirmó que cuando «el
piramidión dorado sea colocado por un helicóptero, la gente de todo el mundo
aplaudirá y bailará, igual que como lo hacían en la Antigüedad»[11]. Según otra
entrevista publicada en The Irish Times del 18 de abril de 1999:
La idea de la celebración (del milenio) viene de unos relieves de época
faraónica hallados en Abu Sir, lugar en el que hay todavía más pirámides
(aunque algunas están derruidas) a unos 15 kilómetros al sur de Gizeh. Allí el
Dr. Hawass, el entusiasta arqueólogo responsable de la meseta de Gizeh,
descubrió una escena que representaba a unos trabajadores arrastrando un
piramidión en el que se había escrito la palabra jeroglífica para «oro blanco».
También encontró un relieve de unas mujeres bailando… explicó el Dr.
Hawass: «Mi interpretación es que cuando el Faraón acababa de construir la
pirámide colocaban un piramidión sobre el vértice y después la gente cantaba
y bailaba ya que el proyecto de toda la nación había finalizado. Esto es lo que
vamos a hacer en el milenio».
En la tradición de Cayce, el hallazgo de los «archivos» está directamente asociado
con Cristo y una supuesta conexión entre Cristo y la Gran Pirámide. En una
«interpretación» dada en 1932, a colación de una propuesta, cuando se le preguntó
sobre los «archivos de Cristo», Edgar Cayce contestó que:
aquellos archivos que todavía están por descubrir… de Cristo, de la tumba, en
aquellos de la tumba, o aquellos que todavía esperan ser descubiertos en la
[Link] - Página 33
pirámide. [Interpretación 5749-2.]
Además, se pensaba que estos «archivos» iban a ser descubiertos en 1998[12],
Como veremos más adelante, la figura de Cristo normalmente es asociada con la de
Osiris, la antigua divinidad egipcia. En 1998 el Dr. Hawass anunció el
descubrimiento en Gizeh de la «Tumba de Osiris». En el mismo año hizo el anuncio
de que la «cámara» que había dentro de la Gran Pirámide se ría abierta[13].
¿Coincidencia?
¿O estamos viendo profecías que se van a cumplir?
O, más probablemente, ¿es que se van a cumplir las profecías?
Pero si es así, ¿con qué fin?
¿De qué manera podría servir al Egipto moderno el «cumplimiento» de estas
extrañas «profecías»?
EL OJO VIGILANTE
El 3 de octubre de 1998, el ministro de Cultura Farouk Hosni y el músico francés
Jean Michel Jarre, organizaron una rueda de prensa en El Cairo. Desde los años
setenta Jarre es un nombre muy popular debido al enorme éxito de su música
electrónica con discos como Oxygène y Equinoxe. Jean Michel Jarre también fue
embajador de la Unesco y desde los años ochenta organiza grandes espectáculos de
láser y música para acontecimientos históricos. Uno de estos últimos fue el
bicentenario de la Revolución Francesa en 1990; en donde más de dos millones de
personas llenaban los Campos Elíseos de París, desde la Place de la Concorde hasta el
nuevo «París 2000» en la Place de la Défense. El espectáculo, que se retransmitió
para todo el mundo, se caracterizó por tener una estructura piramidal colocada frente
al Gran Arche de la Fraternité. Desde esta pirámide se proyectaron imágenes de láser
a los rascacielos colindantes, incluyendo el llamado «ojo vigilante», un símbolo
empleado normalmente por los Francmasones[14]. Durante la conferencia de prensa el
ministro de Cultura de Egipto afirmó que se representaría una ópera compuesta por
Jarre, titulada Los Doce Sueños del Sol para coincidir con la colocación del
piramidión de oro en la Gran Pirámide al final del milenio. Además el propio Jarre
declaró: «Desde que las pirámides están unidas al sol» decidió representar «una ópera
moderna y multimedia que duraría doce horas y acompañaría al sol desde el segundo
milenio hasta el tercero en la tradición de Ra, el antiguo dios sol de los faraones».
Farouk Hosni explicó que este acontecimiento estaría también conectado con otro
evento similar que había tenido lugar recientemente en París en mayo de 1998,
cuando se colocó un piramidión dorado en el obelisco egipcio de la Place de la
Concorde[15]. Este obelisco tiene tras de sí una extraña historia. Originalmente se
encontraba junto a su par frente al templo de Luxor, en el Alto Egipto, En 1827
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Carlos X pidió que fuera transportado hasta Francia, pero llegó a París en 1836,
siendo erigido en la Place de la Concorde por Luis Felipe. Curiosamente, estos dos
monarcas era miembros destacados del Gran Oriente, el cuerpo que regula la
francmasonería en Francia[16]. En la década de 1870 se erigieron otros obeliscos
egipcios en el Central Park de Nueva York y en el Victoria Embankment de Londres.
Estos eventos se llevaron a cabo con el patrocinio de las logias masónicas[17] y
permanecen como símbolos de las supuestas raíces de la francmasonería en el antiguo
Egipto. De hecho, el símbolo principal no es todo el obelisco en sí; en la tradición
masónica el piramidión dorado que corona su cúspide es un símbolo con numerosas
interpretaciones. Según una de ellas, representa al llamado Ser Supremo bajo el cual
todos los sistemas religiosos pueden unirse.
SKULL & BONES
En 1998 circularon rumores en Internet y en revistas esotéricas[18] de que el ex-
presidente de los Estados Unidos George Bush estaba involucrado de alguna forma
en las actividades del milenio que se celebraron en Gizeh. Al parecer hacia 1989, la
Miliennium Society of America, un grupo que promovía actividades y proyectos para
el 2000, anunció que George Bush había sido «comisionado para ser el líder en el
próximo milenio en la Gran Pirámide de Keops en Gizeh»[19]. Los teóricos de la
conspiración comenzaron a ver vínculos entre este curioso anuncio y una fraternidad
ultraelitista a la que pertenecía Bush. Esta fraternidad, que funciona bajo el nombre
de Skull & Bones («Calavera y huesos»), tiene su base en la Universidad de Yale. La
relación de George Bush con los «Skull & Bones» se remonta a su padre, Prescott
Bush, iniciado en 1917. El propio George Bush fue iniciado en 1948. El nombre de
Skull & Bones, para los que estén familiarizados con el simbolismo esotérico, evoca
la Orden de los francmasones (así como los Caballeros Templarios), quienes emplean
la misma insignia en sus rituales de iniciación del Grado de Maestro Masón[20].
Algunos altos funcionarios de la CIA, George Bush incluido, han estado asociados
con los Skull & Bones. Además, es conocido que muchos presidentes de los Estados
Unidos fueron francmasones, y que la mayoría de los firmantes de la Declaración de
la Independencia de 1776 también pertenecían a la Orden Masónica[21]. Está
reconocido que el ideal de la masonería es establecer un «Nuevo Orden Mundial»,
cuya representación es un piramidión brillante en la cúspide de una pirámide, tal y
como puede verse en el billete de un dólar[22]. El propio Bush ha sido un gran
defensor del «Nuevo Orden Mundial» durante su carrera presidencial[23]. También se
ha señalado que, bien por coincidencia o premeditadamente, George Bush Jr. anunció
su candidatura a la presidencia el 2 de marzo de 1999, el mismo día en que el Dr.
Hawass presentaba para el público americano, en un espectacular especial de la Fox
TV, la «Tumba de Osiris» descubierta poco antes[24]. Otro posible vínculo entre la
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familia Bush y el asunto de Gizeh es la supuesta afiliación de George Bush Jr. a la
Universidad Estatal de Florida[25]. Como veremos, ésta fue la institución que
colaboró con el Dr. Schor y el ARE en la búsqueda de la Sala de los Archivos en
Gizeh entre 1996 y 1998. Aunque no comparto esta clase de «teorías
conspiranoicas», todo ello viene a demostrar la energía potencial que puede causar la
celebración del milenio. Examinaremos este tema en particular más de cerca en los
próximos capítulos.
Aunque varían las opiniones sobre la pirámide brillante y el ojo en la
francmasonería, lo que pueden tener en mente algunos de los seguidores del ARE
sale a la luz en un libro recientemente publicado por la editorial del ARE que lleva
por título The Second Coming 1998 («La Segunda Venida de 1998»):
En el reverso de todos los billetes americanos de dólar hay una pirámide y en
el centro un ojo. El «Ojo en la pirámide» simboliza el ojo pineal o tercer ojo
del cuerpo en su aspecto místico. El ojo también representa las siete piedras
sobre el sarcófago vacío (de la Gran Pirámide) convirtiendo en algo esotérico
uno de los símbolos americanos más comunes.[26]
Este símbolo «esotérico» también figura sobre el «Gran Sello de los Estados
Unidos», cuyo origen normalmente se dice que es masónico[27]. En el reverso del
Gran Sello, sin embargo, también se encuentra otro poderoso símbolo esotérico. Peter
Tompkins, autor de Secrets of the Great Pyramid («Los secretos de la Gran
Pirámide»), explica:
Con el reverso del Sello de los Estados Unidos de América… según M. P.
Hall, se observa que no solamente fueron masones muchos de los fundadores
del gobierno de los Estados Unidos sino que también recibieron ayuda de un
grupo secreto y respetado de Europa, que los ayudó a establecer los Estados
Unidos para «un propósito peculiar y particular conocido solamente por unos
pocos iniciados». El Gran Sello, defiende Hall, era la firma del cuerpo
exaltado y la pirámide inacabada del reverso «es una representación simbólica
de la tarea a la que estaba dedicado el gobierno de los Estados Unidos desde
el día de su nacimiento». Al parecer, el águila era interpretada como el fénix,
o símbolo de la inmortalidad del alma humana. Se ha dado a los símbolos de
la pirámide y del fénix gran difusión al colocarlos sobre el billete de un
dólar…[28]
El símbolo del Fénix, como veremos más tarde, también estuvo asociado con el
dios sol de los egipcios, Ra, así como con Osiris, y en la Cristiandad, el fénix se usa
normalmente para representar a Jesús y su retorno en la «Segunda Venida». Para los
[Link] - Página 36
masones el fénix es la insignia del llamado grado 18, uno de los títulos masones más
importantes[29]. Volviendo al Gran Sello de los Estados Unidos, en el vértice del
piramidión brillante pueden verse las palabras «Annuit Coeptis», que al parecer
significan «él es el comienzo». También es muy clara la similitud entre la palabra
«Coeptis» y «copto», que significa «antiguos egipcios» y que también representa a
los nueve millones de cristianos que hay hoy en Egipto[30].
Joseph Jochmans, autor del libro Time-Capsule: The Search for the Lost Hall of
Records in Ancient Egypt («La cápsula del tiempo: la búsqueda de la perdida Sala de
los Archivos en el Antiguo Egipto»), sugiere que en la tradición de los masones «los
francmasones predicen que algún día un hombre localizará este enterramiento y que
será un iniciado de “la orden de Enoc”»[31]. El profeta Enoc y su asociación con la
Gran Pirámide de Gizeh fue el tema principal de un libro extremadamente polémico
escrito en 1977 por el Dr. James Hurtak[32]. El Dr. Hurtak cuyas polémicas teorías
son puestas en tela de juicio, ha participado en varias expediciones a Gizeh en los
años setenta y ochenta y más recientemente, en la expedición de 1996-1997 con el
Dr. Schor y la Universidad Estatal de Florida. Hurtak también es el fundador de la
Academia para la Ciencia del futuro en Los Gatos, California, que, entre otras cosas,
propugna la existencia de los OVNIs y el inminente cumplimiento de las profecías
bíblicas de las Revelaciones. Además, su nombre ha estado unido al del Dr. Mark
Lehner, el representante del ARE en El Cairo a comienzos de los años setenta[33].
No está claro si hay alguna conexión significativa entre los francmasones y el
ARE. Sin embargo, se observan algunos vínculos importantes. Por ejemplo, parece
que las primeras oficinas centrales del ARE en Virginia Beach fueron compradas
originalmente por los Capilleros, una élite masónica que opera en los Estados Unidos
y que afirma tener vínculos con Egipto[34]. También, como sucede con las
interpretaciones de Cayce, en la tradición masónica la Gran Pirámide de Gizeh
normalmente es relacionada con un templo en el que hombres especialmente elegidos
eran iniciados en los misterios. Por ejemplo, en una charla del masón inglés Bertram
A. Tomes, en el Templo Masónico de Swansea en 1922, el autor habla de «la
Pirámide de Gizeh: el templo masónico del antiguo Egipto» e identifica la Cámara
del Rey como «la cámara de Osiris, el maestro ensalzado» quien derrota a la muerte
gracias al sistema de iniciación de los antiguos egipcios[35]. Edgar Cayce también se
refiere a Jesús como el «Maestro ensalzado» de la Cristiandad. Como señaló el
escritor Richard H. Drummond en su monografía sobre Edgar Cayce, A Life of Jesus
the Christ from Cosmic Origins to the Second Coming («Una vida de Jesucristo desde
sus orígenes cósmicos hasta su Segunda Venida»):
Se dice que la iniciación de Jesús en Egipto literalmente pasó por una estancia
en la cámara de la Pirámide —evidentemente la Gran Pirámide de la meseta
de Gizeh… Un número de las interpretaciones de Cayce se refieren a Jesús
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como el Gran iniciado, que alcanzó «los últimos grados de la Hermandad con
Juan, Su precursor, en aquel lugar», que es la Gran Pirámide de Gizeh.[36]
Incluso, la terminología empleada por Edgar Cayce es tan cercana a la de los
rituales masones que Drummond creyó oportuno añadir:
Estas referencias a la iniciación y a los grados de la hermandad pueden
resultar desagradables para algunos lectores, dadas las tensiones existentes
durante siglos entre algunas de las iglesias cristianas y varias órdenes
religiosas no eclesiásticas, como los masones y los rosacruces…
Una de las interpretaciones que dio Edgar Cayce en los años treinta se ciñe más al
punto de vista del mundo de los masones para la venida de una nueva era:
Un gran número de personas que se presentan en grupos que han declarado
políticas específicas o definitivas serán cuestionadas tanto por su propósito
como por sus ideales. Algunos de estos grupos formarán coaliciones con
grupos cuestionables. Consecuentemente todavía no ha llegado el momento
de la fusión definitiva con cualquier otra actividad de grupo individual que no
sea la basada en los principios de Cristo. Ya que, con aquellos cambios que se
forjen, el americanismo con el pensamiento universal que se expresa y
manifiesta cd la Hermandad del hombre en el pensamiento de grupo, tal y
como se expresa en la Orden Masónica, será la regía definitiva en el acuerdo
de los asuntos del mundo. No que el mundo se vaya a convertir a la Orden
Masónica, sino que los principios que aquí se dan van a ser las bases sobre las
que se establecerá el nuevo orden de paz… [Interpretación 1152-11.]
Aunque los rosacruces, con los que nos encontraremos más adelante, son
tolerados en la actualidad en Egipto e incluso las autoridades les dan privilegios para
acceder a la Gran Pirámide, los francmasones, por otro lado, están oficialmente
prohibidos en Egipto desde 1964. Por supuesto, la variedad «egipcia» en el
simbolismo y en los rituales masónicos es muy bien conocida. Sin embargo, es menos
conocida la profunda implicación con los francmasones que tuvo en su tiempo la
monarquía egipcia moderna. Veremos más tarde cómo «el fundador del Egipto
moderno», Mohamed Alí, formó parte de una fraternidad masónica secreta y de qué
forma algunos de sus descendientes, incluyendo los jedives Tewfik Pasha e Ismail
Pasha, fueron iniciados en las órdenes masónicas. También veremos cómo bajo el
control de Gran Bretaña (1882-1956), Egipto fue gobernado por altos comisionados y
monarcas egipcios que estaban iniciados dentro de las hermandades de la Gran Logia
Unida de Inglaterra, el Gran Oriente de Francia y la orden masónica creada ex
[Link] - Página 38
profeso, llamada la Gran Logia Unida de Egipto y Sudán.
UNA NUEVA FORMA DE PENSAMIENTO.
Los eventos programados para el nuevo milenio en Gizeh estaban cargados con
ideologías poderosas. También estas ideologías, como explicaremos de forma breve
más adelante, evocan la Segunda Venida de una figura mesiánica, así como el
«Nuevo Orden Mundial de los masones». Por lo tanto, debería ser evidente que la
colocación de un piramidión dorado sobre la Gran Pirámide justo en la medianoche,
en el despertar de una nueva era, no iba a suponer para Egipto simplemente una
«celebración del milenio», sino que podría ser el resultado de una estrategia planeada
con cuidado, y manipulada en todos sus detalles.
Pero si es así, ¿por quién?
Y ¿por qué motivos y con qué fines?
En una de sus numerosas sesiones en las que Edgar Cayce caía en trance, se le
pidió que explicara el significado y el propósito de la Gran Pirámide y la ceremonia
de colocación de un piramidión dorado. Su contestación, un tanto críptica, fue que
«solamente un iniciado puede entenderlo». La Cámara Secreta, por lo tanto, de
alguna forma «iniciará» al lector para que pueda «entender». En consecuencia, uno
de sus principales objetivos es proveer al lector de todo el conocimiento «científico»
y «esotérico» que se requiere en esta tarea. En la tradición iniciática del antiguo
Egipto se decía que el neófito que pasaba con éxito el proceso de adquirir tal
conocimiento, estaba «equipado». De esta manera, nos daremos cuenta de que la
Gran Pirámide y toda la necrópolis de Gizeh no son «tumbas» o «templos» en el
sentido convencional, sino una especie de instrumentos que fueron diseñados para
servir de poderosos rituales de iniciación. Aunque hoy estos edificios y estructuras
están muy deteriorados y algunos incompletos, todavía pueden producir el potente
efecto subliminal sobre la psique humana para el que fueron creados en un principio.
En la tradición hermética y alquímica tales instrumentos se conocen como
«mecanismos» y la Gran Pirámide de Gizeh es quizás el más poderoso de estos
mecanismos herméticos. Se dice que la Gran Pirámide y toda la necrópolis de Gizeh
tienen la energía de iniciación necesaria como para causar a una escala masiva un
poderoso y transcendental cambio en el pensamiento. Sólo hay que apretar los
botones correctos en el momento justo. No hay duda de que avanzamos hacia una
reforma radical en el sentido con que nosotros nos percibimos a nosotros mismos en
el planeta. El excesivo y casi abusivo pensamiento racionalista y «científico» de los
últimos siglos ha dado lugar a la necesidad de una forma de pensamiento mucho más
espiritual e intuitiva, que se corresponde mejor con nuestra condición humana. Como
señala Joseph Ritman, fundador de la Biblioteca Filosófica Hermética, «es la
aplicación de una meta en la vida que en el antiguo Egipto recibía el nombre de
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“pensamiento con el corazón y sentimiento con la mente”». El problema no es si se
va a dar tal cambio en la conciencia, sino que si nosotros, como individuos o grupos,
vamos a elegir aceptar u oponernos a este cambio o, como es el caso de muchos,
explotarlo para conseguir beneficios personales.
Estoy convencido de que la necrópolis de Gizeh ha sido diseñada precisamente
para tal propósito. También estoy convencido de que ha llegado el momento de este
propósito para que él mismo se reactive. También tengo claro que una especie de plan
misterioso se está llevando a cabo en Gizeh para «secuestrar» este poderoso
mecanismo con el fin de promover algo más; algo para lo que nunca se crearon los
monumentos de Gizeh.
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PRIMERA PARTE
La tradición
1. ROBOT, RADAR Y TALADROS
2. LA PROFECÍA DEL MONTE LÍBICO
3. EL LENGUAJE DE LOS DIOSES
4. LA TUMBA DE OSIRIS
5. EL CONOCIMIENTO
6. EL REGRESO DE LOS MAGOS
7. EL PAÍS DE LOS ANCESTROS
8. LA SALA DE LOS ARCHIVOS
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1
ROBOT, RADAR Y TALADROS
«¡Es un sarcófago!… ¡Hemos encontrado un sarcófago!».
—De la película de vídeo que se rodó supuestamente durante el
descubrimiento en directo de la «Tumba de Osiris» en Gizeh, Expedición
Schor, noviembre de 1997.
«En diciembre de 1999 un robot trepará por los canales de la Pirámide… y
éste será el regalo de Egipto para el milenio».
—DR. ZAHI HAWASS. Entrevista en la televisión M-Net, noviembre de
1998.
EL CENTINELA DE LOS MISTERIOS
No hay nada más impresionante o más provocativo que la vista de la necrópolis de
Gizeh. La cuna de las tres Pirámides y La Gran Esfinge, Gizeh, personifica los
misterios de nuestro pasado remoto. Para muchos, Gizeh también simboliza esas
ansias universales y esa expectación de tiempos inmemoriales de que un día se hará
un gran descubrimiento que cambiará totalmente nuestra percepción de quiénes
somos realmente y de dónde venimos.
La necrópolis de Gizeh es una meseta rocosa elevada que se encuentra a casi
diecisiete kilómetros al oeste de El Cairo moderno. Llegar hoy hasta allí puede llevar
una media hora en autobús desde el centro cairota. A la necrópolis se accede mejor
desde el este, cruzando el pueblo de Nazlat El Samman. Flanqueada por cafeterías,
tiendas de recuerdos y restaurantes abarrotados, la calle mayor de Nazlat es una
bulliciosa colección de burros, camellos, caballos y vendedores ambulantes. Al
alcanzar el final de esta calle, la monotonía del Egipto moderno de pronto se esfuma
cuando uno se enfrenta a un paisaje tan distinto y a la vista del venerable centinela de
los misterios antiguos, la estatua de cabeza humana y cuerpo de león universalmente
conocida como la Esfinge.
La Esfinge se construyó ex profeso mirando exactamente al este, el lugar por
donde sale el sol en los equinoccios. Deteriorada por el paso de los siglos, erosionada
por los elementos y maltratada por vándalos y ladrones, la Esfinge es testigo del paso
de tres grandes civilizaciones: la faraónica, la griega y la romana. Y puede que
todavía vea la nuestra. Tallada en la roca viva como un monolito, la Esfinge mide 20
metros de altura y 14 de ancho. Desde su parte de atrás hasta sus patas delanteras se
podrían juntar fácilmente cuatro campos de tenis de tamaño normal. Se sienta, con
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sus patas delanteras extendidas, en una cubeta en forma de U. En la actualidad, en las
paredes de la cubeta pueden verse las profundas fisuras verticales provocadas por la
erosión, lo que atestigua la existencia de una época prehistórica en la que las lluvias
torrenciales bien podrían haber deteriorado la caliza que quedaba al descubierto. En
1991, el geólogo de Boston Robert Schoch y el egiptólogo John Anthony West
levantaron una gran polémica sobre la edad de la Esfinge. Afirmaron que la erosión
vertical sugería que la edad de la estatua era superior a los 8.000 años[1]. Además, en
1996, Graham Hancock y yo mostramos, utilizando la astronomía precesional, que la
Esfinge está ligada a la fecha del 10500 a. C.[2]
A la izquierda, o al sur, de la Esfinge se encuentra el llamado Templo del Valle,
una enorme estructura rectangular construida con numerosas columnas y dinteles
cuadrados. Los muros de descarga del exterior del templo están formados por
inmensos bloques, algunos de los cuales pesan más que cien coches de tamaño
familiar juntos. El techo desapareció hace tiempo, siendo sus piedras empleadas
probablemente para construcciones modernas en El Cairo. El Templo del Valle no
tiene ninguna inscripción, lo que hace muy difícil saber su función o su datación. En
las paredes superiores aún se pueden ver unos anchos canalones, lo que da a entender
otra vez que este templo se construyó en un momento caracterizado por fuertes
lluvias.
Justo enfrente de la Esfinge todavía se levanta otro templo, que parece incluso
más antiguo que el Templo del Valle y al que los egiptólogos han apodado el Templo
de la Esfinge. Nadie está seguro del propósito para el que se utilizó y mucho menos
de cuándo fue construido. Veinticuatro columnas dentro del patio central y el hecho
de que el eje este-oeste esté alineado con la Esfinge, indican una función astronómica
relacionada con la salida y la puesta del sol en los equinoccios. Al sur de la Esfinge, y
siguiendo la dirección oeste a través de la pendiente natural, está la llamada calzada
que conduce hasta la pirámide principal. En la actualidad sólo se conserva una parte
del pavimento.
MANSIONES DE ETERNIDAD
En el extremo occidental de la calzada está la Segunda Pirámide de Gizeh.
Construida supuestamente por el faraón Kefrén hacia el 2500 a. C., esta pirámide
tiene 137 metros de alto y es la única en Gizeh que todavía conserva parte del
revestimiento original en su vértice. A su izquierda, a unos 410 metros, se halla la
Tercera Pirámide (la más pequeña) de este famoso trío. Se levanta 65 metros del
suelo y su construcción se atribuye al faraón Micerinos, un hijo de Kefrén. A la
izquierda de la Segunda Pirámide, a casi 460 metros hacia el noreste, se sitúa la Gran
Pirámide, la más grande del mundo entero. Con un peso de seis millones de toneladas
y una altura de 147 metros, las estadísticas de la Gran Pirámide resultan increíbles: se
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necesitaron más de dos millones y medio de bloques, cada uno con un peso de dos
toneladas como media; la construcción está perfectamente colocada y alineada con
los cuatro puntos cardinales, y todo esto, según los egiptólogos, sin la utilización de
herramientas de hierro, la rueda o incluso la simple polea. Por si esto fuera poco, los
constructores hicieron alarde de sus habilidades en ingeniería incorporando dentro de
la Pirámide un complejo sistema de pasillos, túneles y galerías inclinados y cámaras.
Hay tres cámaras en la Gran Pirámide, una subterránea y dos inmersas en la
superestructura. A estas dos últimas se las conoce como la Cámara de la Reina y la
Cámara del Rey. Algunos de los bloques y vigas que hacen que el peso de la Cámara
del Rey se cifre en unas setenta toneladas, están tan bien unidos que incluso no se
podría pasar una hoja de afeitar entre ellos.
Cuando los árabes abrieron por primera vez la Gran Pirámide en el 820 d. C., sólo
encontraron un sarcófago vacío dentro de la Cámara del Rey. Éste tiene la
peculiaridad de ser ligeramente más grande que la entrada a la cámara, lo que
demuestra que fue colocado dentro de la misma antes de que se cerrara el techo. Este
hecho, junto con la austeridad y simplicidad de su diseño, hacen difícil imaginar que
fuera usado para un enterramiento real, y muchos investigadores hoy están de
acuerdo en que la pirámide fue utilizada probablemente con un propósito ritual. De
las paredes sur y norte de la Cámara del Rey y de la Cámara de la Reina, salen dos
canales estrechos, con un corte transversal de 20 por 20 centímetros. Los que salen de
la Cámara del Rey van directos al exterior de la pirámide, mientras que los de la
Cámara de la Reina terminan en su interior (el canal sur, tras unos sesenta y cinco
metros). Considerados al principio como canales de ventilación, ahora se reconoce
que estos extraños mecanismos fueron alineados con sistemas estelares importantes y
que por tanto se utilizaron seguramente con fines rituales.
Desde que en el siglo IX los árabes demostraran un intenso interés por la
necrópolis de Gizeh, todos los intentos realizados por encontrar una cámara secreta se
han visto frustrados. A pesar de los cazadores de tesoros con sus arietes en ja Edad
Media, del coronel Howard Vyse y su dinamita en 1837 y, más recientemente, los
radares y sismógrafos, no se ha encontrado ninguna cámara secreta. Los egiptólogos
se convencieron de que dicha cámara nunca había existido y todo aquel que no estuvo
de acuerdo fue puesto en evidencia por sus compañeros y por las instituciones
egiptológicas.
Pero de pronto, en 1993, en concreto el 21 de marzo, todo cambió. Un equipo que
trabajaba para el Instituto Arqueológico Alemán en El Cairo envió un pequeño robot
dentro del, todavía inexplorado, canal sur de la Cámara de la Reina. Equipado con
luces y una cámara de vídeo, el robot consiguió alcanzar el final del corredor, a unos
sesenta y cinco metros de la Cámara de la Reina, y enviar imágenes de una misteriosa
«puerta» pequeña con dos pomos de cobre. A pesar de que todo apunta a la existencia
de una cámara oculta detrás, los egiptólogos se opusieron a esta idea, y la enorme
polémica que se suscitó hizo que las autoridades egipcias prohibieran una exploración
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más a fondo. En ese mismo año, una expedición americana, bajo la tutela de un
geólogo de la Universidad de Boston, llevó a cabo una medición sismográfica
alrededor de la Gran Esfinge y descubrió una cavidad grande y rectangular bajo las
patas de la estatua. De nuevo, las autoridades, opuestas a la posibilidad de una cámara
secreta, no tardaron en prohibir una exploración más profunda. Tres años después, en
mayo de 1996, un equipo dirigido por el Dr. Joseph Schor investigó la zona que rodea
a la Gran Esfinge con equipos de radar que se introducían en el suelo y descubrió otra
gran cavidad rectangular, en esta ocasión bajo la parte trasera de la estatua. Otra vez
más, las autoridades egipcias detuvieron la exploración. Sin embargo, en noviembre
de 1997, el Dr. Schor de alguna manera se las apañó para tener otra oportunidad de
encontrar una cámara secreta. En esta ocasión su radar detectó un túnel que salía
hacia el exterior en dirección oeste desde la cavidad rectangular que había bajo la
Esfinge. Siguiendo la dirección de este túnel, el equipo de Schor creyó que conducía
a un pozo antiguo ubicado a unos 180 metros bajo la Esfinge. De nuevo el trabajo se
vio interrumpido por las autoridades.
ESTORBOS COMUNES
Como veremos, en este asunto hay algunos denominadores comunes que estorban. En
primer lugar, por supuesto, se encuentran las interrupciones sistemáticas de las
exploraciones cada vez que éstas parecían estar a punto de encontrar un camino hacia
una posible cámara secreta. Además, todas las investigaciones fueron llevadas a cabo
en secreto o se les asignaron explicaciones oficiales de su finalidad que nada o poco
tenían que ver con el propósito principal de las mismas. Por ejemplo, la exploración
por parte de los alemanes en los canales de la Gran Pirámide se registró como un
«trabajo de limpieza», y en el caso de la Cámara del Rey, para perfeccionar la
ventilación interna del monumento. Aunque es cierto que éste era uno de los
objetivos, no se dijo nada en el momento de la exploración con un robot de los
incomprensibles canales de la Cámara de la Reina. Ya era del dominio público que
estos canales no trascendían el exterior de la Pirámide y, como es obvio, no pudieron
usarse como conductos de «ventilación», como ocurría con los de la Cámara del Rey.
¿Qué estaban tramando los alemanes en realidad? ¿A qué se debía el que ocultaran la
información?
También, en 1996, cuando la exploración de Schor ya estaba en marcha, la razón
oficial que se dio fue la de reparar «desperfectos y fisuras» en la roca de la meseta de
Gizeh para la «seguridad de los turistas». Mientras, el equipo enfocó secretamente su
radar alrededor de la Esfinge, para buscar allí evidencias de una cámara secreta.
Un cúmulo de circunstancias hicieron que, indirectamente, me viera envuelto en
todas estas expediciones. En abril de 1993 puse al descubierto la historia oculta de la
exploración alemana en los canales. Después, en abril de 1996, junto con Graham
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Hancock, destapé las verdaderas intenciones de la expedición Schor, al descubrir su
búsqueda clandestina de la Sala de los Archivos cerca de la Esfinge[3]. Todo resultó
en una campaña de la prensa internacional para que las autoridades egipcias tuvieran
una política más abierta en Gizeh. Finalmente, a principios de 1998, los egipcios se
desplomaron bajo la presión y prometieron mantener informado al público. Todavía
en dos ocasiones más, como podremos comprobar, Schor y su equipo lograron llevar
a cabo más investigaciones a hurtadillas, e incluso se les permitió perforar cerca de la
Gran Pirámide en su búsqueda de la Sala de los Archivos.
ENTRE BAMBALINAS
Al investigar entre las bambalinas de estas extrañas exploraciones y acontecimientos,
caí sobre una red de intrigas e intoxicación informativa. Estos asuntos serán
expuestos ampliamente en la Segunda Parte de este libro. Sin embargo, es necesario
hacer ahora una breve reseña. En Guardián del Génesis, Graham y yo contamos que,
ya en 1976, se instaló en Gizeh una expedición para encontrar la Saja de los
Archivos. Esta expedición estaba encabezada por el Standford Researh Institute
(SRI), el segundo centro de investigación de América que realiza su trabajo por
encargo de muchas agencias gubernamentales americanas encubiertas, Pero no era
más que una fachada. En realidad, detrás del SRI estaba otra organización, aquella
cuya entrada en Gizeh entre bastidores marcaría el comienzo de rumores de extrañas
conexiones, tramas y maquinaciones arqueológicas. Esta organización era la
Asociación de la Investigación y la Iluminación (Association of Research and
Enlightenment, ARE), una institución psíquica con sede en Virginia Beach, en
Norfolk, Estados Unidos.
El ARE fue instituido en 1931 para promulgar las enseñanzas de su fundador, el
«profeta durmiente» Edgar Cayce (1877-1945). Está representado en Egipto desde
1974 por Mark Lehner, que actualmente es uno de los expertos más destacados de la
egiptología. Con la colaboración del Dr. Zahi Hawass (que por entonces era inspector
jefe en Gizeh), el ARE financió al SRI en 1976-1977 para que usara un equipo
sismográfico en un intento de encontrar la Sala de los Archivos. Según dijo Edgar
Cayce, esta última, como ya vimos, fue escondida bajo el lecho rocoso cercano a la
Gran Esfinge por los «atlantes» en el 10500 a. C., y él predijo que sería redescubierta
entre los años 1998 y 2000. El director ejecutivo de este proyecto del ARE era Joseph
Jahoda, un hombre de negocios nacido en Virginia. Fue Jahoda quien financió la
mayoría de los gastos de Mark Lehner en Egipto. También fue Jahoda quien
representó al ARE durante la expedición de 1991. En esa ocasión, Jahoda estaba
acompañado por el Dr. Joseph Schor.
En 1996 Joseph Jahoda regresó de nuevo a Gizeh, esta vez como director
ejecutivo de la expedición de Schor. Al igual que Joseph Jahoda, el Dr. Schor tiene un
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vínculo muy antiguo con el ARE. Es un miembro activo de esta organización y uno
de sus principales fundadores. Durante la expedición de 1996, el Dr. Schor encargó a
un productor de documentales de Los Ángeles, llamado Boris Said, que filmara los
trabajos en el lugar y, lo más importante, que tuviera sus cámaras de televisión a
mano cuando, y por si acaso, se localizara la Sala de los Archivos. Se hizo un vídeo
promocional de la expedición con la intención de vender un documental en dos partes
a la Fox TV. En abril de 1996 conseguí hacerme con una copia de dicho vídeo y
averigüé que planeaban abrir una cámara secreta «en directo» para las cámaras antes
de 1998, tal y como predijo Edgar Cayce. Se envió una copia de este vídeo a las
autoridades egipcias para que lo supieran, saltando el asunto a la prensa internacional.
El resultado era predecible pero también sorprendente. El Dr. Hawass negó
conocer las conexiones de Schor con el ARE, y simplemente anunció que había
detenido la expedición porque «no habían respetado las reglas»[4]. Entonces se
produjo una extraña paradoja. Por un lado era evidente que Jahoda y Schor eran
sumamente populares en Egipto y que eran viejos conocidos de Hawass. Además
estaba claro que se vieron favorecidos al recibir permisos para explorar la necrópolis
de Gizeh en su intento de localizar la Sala de los Archivos. Y por otro lado el Dr.
Hawass, que era su aliado y amigo, desmintió abiertamente cualquier implicación con
el ARE y con lo que representaba. También declaró públicamente que él fue el único
miembro del Comité de Antigüedades que estuvo en contra de conceder una licencia
al Dr. Schor, y ahora parecía dar a entender que no se le concederían más licencias.
Algo no encajaba bien. Todas estas declaraciones dejaban claro que no se
permitiría ni a la Fundación Schor ni a la Fundación Cayce realizar nuevas
investigaciones en Gizeh o hacer más documentales. Sin embargo, contra todo
pronóstico, el equipo de Schor volvió a Gizeh un año más tarde, en noviembre de
1997, esta vez con más peso que nunca. Se presentaron con más equipo y más
personal y se les permitió un acceso especial a los monumentos para realizar
investigaciones con radares subterráneos.
En agosto de 1998 conseguí hacerme con las películas grabadas durante esta
expedición. Parecía que se habían estado llevando a cabo extraños experimentos en la
Gran Pirámide, y el equipo fue filmado mientras investigaba un antiguo pozo situado
a 165 metros bajo la Gran Esfinge. La película mostraba al Dr. Schor y a Joseph
Jahoda controlando la operación desde arriba con walkie-talkies y un monitor de
televisión. Varios hombres, con una cámara, descendieron con equipos de escalada
por un canal vertical hasta alcanzar una enorme gruta o cámara parcialmente cubierta
por el agua. Al tratar de encontrar un lugar adecuado donde colocar el trípode de la
cámara, el equipo descubrió la tapa de un sarcófago imponente fijado a la roca. Se les
envió un radar y un equipo sismográfico. Una lectura detenida reveló la existencia de
un túnel que se dirigía hacia el este, desde debajo del sarcófago, es decir, hacia la
parte trasera de la Esfinge. Justo en ese momento las autoridades egipcias
intervinieron y se detuvo la exploración. Ésta fue la última vez que se le permitió a
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alguien buscar cámaras ocultas en Gizeh.
Con la excepción del Dr. Hawass.
A principios de 1998, el Dr. Hawass dirigió una investigación arqueológica
preliminar del pozo. La entrada a este complejo subterráneo se encuentra bajo la
plataforma de caliza de la calzada que corre entre el Templo del Valle, junto a la
Esfinge, y la Segunda Pirámide. El complejo entero consiste en tres cámaras situadas
en niveles distintos. La primera cámara, que está tan sólo a seis metros bajo la
calzada, parece no tener especial relevancia. La segunda cámara, unos 14 metros más
abajo, tiene siete nichos labrados en las paredes laterales. En dos de estos nichos
había unos sarcófagos vacíos, aparentemente fechados en el Período Saíta, hacia el
600 a. C., una fecha tardía muy extraña a la que volveremos muy pronto. La tercera
cámara está nueve metros más baja. En el medio de la misma se encuentra el
sarcófago de granito negro descubierto por Schor y su equipo. El Dr. Hawass bombeó
el agua de la cámara dejando al descubierto una pared que bordeaba a poca distancia
al sarcófago, que en apariencia sostenía cuatro pilares en cada esquina. Irónicamente,
estos descubrimientos los presentó el Dr. Hawass por primera vez en agosto de 1998,
en una convención del ARE en Virginia Beach. Hawass, en su comparecencia, se
adjudicó la autoría del descubrimiento, aunque muchos de los asistentes sabían de
sobra que quienes descubrieron la estancia con el sarcófago fueron Schor y su equipo
meses antes. Asombrosamente, el Dr. Hawass informó a la audiencia de que esta
cámara representaba la simbólica «Tumba de Osiris». Más tarde, en noviembre de
1998, Hawass además anunció que planeaba abrir la «puerta» que se encontraba al
final del canal sur en la Gran Pirámide, y sugirió que esto se haría el primer día del
nuevo milenio. Cosa que nunca se cumplió.
En diciembre de 1998 el Dr. Hawass invitó a la Fox TV a que se preparase para
una emisión de dos horas «en directo», cuya transmisión se fijó para el 2 de marzo de
1999 (Graham Hancock, John West y yo también fuimos invitados a colaborar).
Durante la transmisión en directo el Dr. Hawass arrojó una «bomba». De pie en la
«Tumba de Osiris», cerca de una de las paredes, el Dr. Hawass mostró la entrada a un
túnel: «… para ser sincero —dijo— todavía no he excavado este túnel, por lo que en
realidad no sé a dónde nos conducirá. Pero siempre he dicho que no sabemos qué
secretos esconden las arenas y los túneles de Egipto…»[5].
Mientras tanto, el Dr. Hawass y yo concertamos una entente cordiale. Por una
parte esto me permitió adentrarme con más intensidad en el tema, y por otra tener una
visión más amplia de estas extrañas actividades en Gizeh. Poco a poco se empezó a
levantar un velo. De forma lenta y sutil, pero aun así perceptible, comenzó a emerger
una imagen de conjunto.
Y qué imagen más extraña.
Volveremos a examinar con gran detalle en la Segunda Parte del libro lo que
realmente sucedió durante todas estas expediciones recientes en Gizeh, lo que en
realidad se encontró en ellas y por qué se dejó al público al margen. Pero antes
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debemos realizar un viaje al pasado. Debemos ubicar el origen de la Sala de los
Archivos y seguir la pista a través de los años a la misteriosa tradición que conserva
su memoria viva, la misma que nos hace echar la vista atrás.
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LA PROFECÍA DEL MONTE LÍBICO
«La ley del Señor es perfectísima… restaura el alma, los cielos pregonan
la gloria de Dios; y el firmamento anuncia la obra de sus manos…».
—Salmo 19.
«Aquel día habrá en medio de la tierra de Egipto un monumento para el
Señor, y en sus fronteras estelas del Señor. Esto será para el Señor de los
ejércitos señal y testimonio en la tierra de Egipto…».
—Isaías 19; 19-20.
LA PROFECÍA HERMÉTICA
De acuerdo con el libro del Kore Kosmou[1], un tratado del siglo I que pertenece a los
escritos herméticos, la gran diosa Isis cuenta a su hijo Horus cómo el dios egipcio de
la sabiduría y de las letras mágicas, Thot, conocido por los griegos como Hermes,
reveló «los grandes misterios de los cielos» inscribiéndolos en libros sagrados que
luego ocultó en algún lugar de Egipto, con la esperanza de que un día fueran
descubiertos por «los que realmente lo merecieran»:
No es apropiado, hijo mío, que deba dejar este relato inacabado; debo decirte
lo que Hermes (Thot) dijo cuando depositó los libros. Esto es lo que dijo:
«Los libros sagrados, que han sido escritos por mis perecederas manos, han
sido empapados por Él en la droga de la inmortalidad, que es el señor de todo,
permanece lo incorruptible a través de los tiempos, y no sea visto ni
descubierto por todos los hombres que irán de un lado para otro por las
llanuras de esta tierra (Egipto), hasta que los cielos, ya viejos, creen hombres
(de cuerpo y alma) dignos de ti». Habiendo dicho esta plegaria sobre las obras
de sus manos, Hermes (Thot) fue recibido en el santuario de los lugares
eternos (es decir, «murió y fue al Cielo»).[2]
En otra parte del Kore Kosmou los «libros de Hermes» aparecen como el
«conocimiento exacto de la verdad… las cosas secretas de Osiris… estos símbolos
sagrados de los elementos cósmicos» (es decir, libros escritos en jeroglíficos
egipcios)[3]. Esta profecía de Hermes-Thot es clara en su significado: nacerán
hombres que serán dignos de leer los libros que él ocultó en la tierra de Egipto.
Relacionada con este extraño mensaje se encuentra otra importante proclamación de
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Hermes-Thot, aquella que nos da no sólo las pistas sobre dónde puede estar el
escondrijo, sino que también nos proporciona una razón asombrosa: la gran
expectación de una «Segunda Venida» que supuestamente tendría lugar en Egipto, en
un tiempo predeterminado en el futuro, cuando la tierra haya sido «purificada por la
inundación, el fuego y las plagas»[4]:
Aquellos dioses que gobernaron la tierra serán repuestos, y se instalarán en
una ciudad en la entrada más alejada de Egipto (in summo initio Ægypti) que
será fundada en la puesta de sol y a la que toda la humanidad llegará por tierra
y por mar…[5]
Esta proclamación aparece en otro tratado, los llamados libros de Asclepio. Aquí,
Hermes-Thot es interrogado por uno de sus discípulos acerca de la localización
exacta de esta ciudad mágica de los dioses, a lo que Hermes-Thot responde: «En una
enorme ciudad, en el Monte Líbico». En su detallado análisis de este misterioso texto,
el historiador Garth Fowden, miembro del Centro de Antigüedades Grecorromanas de
la Fundación Helénica Nacional en Atenas, señala otro pasaje de Asclepio que alude a
la «tumba de Asclepio» en ese lugar extraño y especial conocido como el Monte
Líbico. Dicho pasaje dice:
… Asclepio que fue el primer inventor del arte de curar, y a quien se le ha
dedicado un templo en el Monte Líbico… Allí yace el hombre material, es
decir, el cuerpo… [Asclepio III, 37].
Es bien sabido por la egiptología que los griegos identificaban a Asclepio, el dios
de la curación y la medicina, con el gran «sabio» por excelencia del antiguo Egipto,
el sumo sacerdote, astrónomo y jefe de arquitectos Imhotep[6]. Se cree que Imhotep
vivió durante el Reino Antiguo (hacia 2600 a. C.), conocido por los egiptólogos como
la Época de las Pirámides. Su reputación como sumo sacerdote de Heliópolis (la
«On» de la Biblia y la «Ciudad del Sol» de los griegos), y también como gran mago
sanador, era tan inmensa que con el tiempo se expandió por los rincones más alejados
del mundo conocido, extendiéndose entre los imperios helénico y romano bajo el
nombre clásico de Asclepio. Su emblema, la serpiente enroscada en el pie de la copa
de un médico, todavía lo utilizan hoy los farmacéuticos de todo el mundo. Fue, sin
embargo, el gran genio de Imhotep en el arte real de la arquitectura lo que hizo que
ganara la inmortalidad entre los egipcios, ya que fue él el responsable de la
planificación y el diseño de la mayor estructura arquitectónica conocida más antigua
del mundo: el impresionante complejo de la pirámide escalonada de Menfis, que
todavía hoy permanece casi intacto a unos 14 kilómetros al sur de El Cairo, cerca de
la ciudad de Sakkara[7]. El nombre de Sakkara viene del antiguo dios de la muerte,
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Sokar, con quien Osiris fue relacionado estrechamente, el dios supremo de la
resurrección y del más allá. Por lo tanto, Imhotep no sólo introdujo el arte de la
edificación y la construcción en el mundo, sino que además se le atribuye la
invención del complejo «piramidal» y, por extensión, las grandes pirámides de Gizeh.
En un estudio de la legendaria fi gura de Imhotep, el egiptólogo George Hart del
Museo Británico recoge to dos los títulos dados a Imhotep tal y como se encuentran
en una inscripción grabada sobre la base de una estatua de caliza del faraón Zoser,
precisamente el faraón para quien Imhotep diseñó el complejo de la pirámide
escalona da de Sakkara:
Portador del sello del rey del Bajo Egipto; aquél que está cerca de la cabeza
del rey; director de la Gran Casa; representante real; sumo sacerdote de
Heliópolis; Imhotep.[8]
Sobre algunos vasos de piedra descubiertos en un laberinto de túneles bajo la
pirámide escalonada de Zoser, se menciona a Imhotep como «jefe sacerdote
lector»[9], y en otra parte el Dr. I. E. S. Edwards, en su clásico The Pyramids of Egypt
(«Las pirámides de Egipto»), proporciona todavía otro título para Imhotep, el de «jefe
de los observadores», a lo que Edwards añade que «puede sugerir una ocupación
vinculada con la observación astral»[10]. Por lo tanto podemos deducir de esos títulos
que Imhotep no sólo ocupaba el puesto religioso más alto después del rey, a saber,
sumo sacerdote de Heliópolis, sino que también la iniciación y erudición de Imhotep
estaban relacionadas específicamente con la observación de las estrellas, es decir, la
astronomía. Esta correlación entre el proceso de iniciación y la astronomía resulta
particularmente interesante y, creo, es la llave para entender el sistema de iniciación
del antiguo Egipto. También es interesante, como apuntó George Hart, que en un
papiro del Museo Británico se puede leer que Imhotep perteneció a «aquellos sabios
que predecían el futuro…»[11]) y que compiló «escritos» y «libros» que son
considerados «de más valor que la casa de los maestros constructores o una tumba en
el desierto occidental».
La conexión simbólica directa entre el complejo piramidal (que se cree diseñado
por Imhotep) y el esquema y movimiento de las estrellas (del que Imhotep era el
observador jefe) ya ha sido ampliamente expuesto en mis libros anteriores, El
misterio de Orión y Guardián del Génesis. Revisaremos otra vez des de un nuevo
punto de vista estas conexiones estelares en la Segunda Parte, ya que ahora tienen una
relevancia especial con la profecía hermética que aquí investigamos. Mientras tanto
lo que se evidencia de forma clara en relación a Imhotep es que nos encontramos ante
un maestro arquitecto y superiniciado al que no sólo se le atribuía el don de predecir
el futuro a través de las estrellas, sino que además dejó tras de sí valiosos «Libros» y
«escritos», como un legado o memoria intelectual de sus habilidades y
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conocimientos. En el corpus de los escritos herméticos, tres de los tratados más
importantes están completamente dedicados a Asclepio. A sabiendas de que, como ya
hemos visto, Asclepio fue identificado con Imhotep por los antiguos griegos y
egipcios del período grecorromano, está justificado preguntarse si hay alguna
conexión entre los escritos herméticos y aquellos «escritos» y «libros» desconocidos
de Imhotep.
EL MONTE LÍBICO
La región donde se levantan todos los grandes complejos o «campos» piramidales
que datan del Reino Antiguo, se extiende a lo largo de una franja ancha de desierto
adyacente a la orilla occidental del río Nilo. Ocupa unos 80 kilómetros desde el
campo de pirámides de Abu Ruwash en el norte, hasta el complejo piramidal de
Meidum en el sur. Para los egiptólogos esta región se conoce como la necrópolis
menfita, ya que estuvo al servicio de la ciudad de Menfis (la «Muralla Blanca»), la
antigua capital en la Época de las Pirámides. Menfis todavía era una bulliciosa ciudad
real cuando Julio César fue a Egipto en el año 50 a. C. Hay diez «campos» de
pirámides en la necrópolis de Menfis que poseen en total unas veinticinco «grandes»
pirámides, datadas por los egiptólogos en el Reino Antiguo (hacia 2600-2200 a. C.) y
que van desde la III hasta la VII dinastía. Son, contando desde el norte, Abu Ruwash,
Gizeh, Zawyat Al Aryan, Abusir, Sakkara norte, Sakkara sur, Dashur, El Lisht,
Meidum y Hawara. La parte central o núcleo de la necrópolis medita es, sin ninguna
duda, la necrópolis de Gizeh, construida supuestamente por los grandes faraones de la
IV dinastía, Khufu, Khafra y Menkaura, también conocidos en la actualidad como
Keops, Kefrén y Micerinos. Aunque la ubicación de la tumba de Imhotep nunca ha
sido descubierta, muchos egiptólogos están de acuerdo en que podría estar enterrado,
casi con seguridad, en algún lugar de la necrópolis menfita, en Sakkara o quizás en
Gizeh.
En su gigantesca obra de varios tomos y que modestamente tituló Excavations at
Giza, el egiptólogo nacido en El Cairo, Selim Hassan, elucubra extensamente sobre la
localización del «Monte Líbico», conocido como la Montaña o Monte de Libia. En su
investigación Hassan, en primer lugar, presta atención al hecho de que los escribas
del antiguo Egipto en su descripción gráfica de la región central del Duat —Más Allá
o «Inframundo» de la muerte, conocido como la Quinta División—, «imaginaron un
largo túnel negro que corría a través del grueso de la tierra, cuyos extremos
terminaban en una esfinge o león», conocido este último bajo el nombre de Aker.
Ésta era una idea, explicaba Hassan, que se «originó en el Reino Antiguo» o Época
de las Pirámides (hacia el 2500 a. C.). Así pues, en la línea 1014 de los Textos de las
Pirámides, que se encontraron escritos dentro de las pirámides de las V y VI dinastías
de Sakkara, podemos leer que:
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La Tierra habla, la puerta de Aker está abierta… puedes marcharte hasta el
cielo en tu trono de hierro…
Hassan también da a entender que en el capítulo XCIV del Libro de los Muertos, la
persona iniciada proclama orgullosa: «Yo poseo los Libros de Thot (Hermes) con el
fin de que pueda purificarme cuando entre en Aker (esfinge-león)». Por lo tanto,
podemos deducir, escribió Hassan, que:
Era necesario para el muerto (o iniciado) ser equipado con los Libros de Thot
(Djehuti) que contienen fórmulas mágicas poderosas para atravesar a Aker. En
parte esto es necesario para superar los peligros del camino…[12]
Hassan, entonces, llevó más allá su investigación para determinar la localización
actual de Aker. De acuerdo con Hassan, la necrópolis de Gizeh fue con toda
probabilidad entendida por todos los antiguos como la representación física de la
Quinta División del Duat. El Duat, como afirman muchos de los textos antiguos,
contenía doce divisiones u «horas» y Hassan apuntó el curioso hecho de que a la
Quinta División se le diera el nombre de Rostau, que también era el nombre de la
necrópolis de Gizeh en la Antigüedad[13]. En las numerosas descripciones de la
Quinta División, como se ve en tumbas y papiros del Reino Nuevo, se muestra
siempre a dos enormes leones o esfinges tumbados, los llamados Aker, parcialmente
enterrados en la arena. Entre las dos esfinges Aker, emergiendo desde lo alto, se
muestra habitualmente un gran «monte» o pirámide. Todo este conjunto, señala Selim
Hassan, no sólo recuerda claramente la necrópolis de Gizeh vista desde el norte, sino
que también, la manera en que dicho conjunto se desliza de oeste a este, nos
proporciona una imagen estilizada de la forma en la que la meseta de Gizeh actual se
desliza suavemente desde el oeste al este con una inclinación de unos 10 grados. En
los Textos de las Pirámides la esfinge-león Aker está muy identificada con los
«Akeru», la «gente leonina», que se dice que están entre los primigenios o habitantes
originales de Egipto[14], Volveremos a los misteriosos «Akeru» más tarde. Mientras
tanto, y sin olvidamos de todo ello, aquí está la interpretación realista de la Quinta
División del Duat y su correlación con el monte o meseta de Gizeh:
Así, parecería que Aker no es el Inframundo en sí mismo, sino parte de él,
como se ve claramente en el libro del Imji Duat grabado en la tumba de Seti I,
donde la doble esfinge tiene su lugar en el centro de la Quinta División,
llamada Rostau. En esta escena, encima de Aker, hay una gran pirámide que,
en conexión con Aker en su forma de esfinge y el nombre Rostau, que
también fue aplicado a la necrópolis de Gizeh, sugiere que esta división fue
originalmente una versión completa del Inframundo según las creencias
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menfitas. En el Libro de los Dos Caminos tenemos una mención de la «tierra
alta de Aker» que es el lugar de la morada de Osiris: «Osiris que está en la
tierra alta de Aker». Ésta puede ser una referencia a la arenosa meseta libia (el
Monte Líbico), donde está el Rostau terrenal…[15]
Volveremos a Osiris y a su «morada» en Gizeh en un capítulo posterior de este
libro. En lo que respecta a la correlación del Monte Líbico con la necrópolis menfita
(cuyo epicentro es Gizeh), el experto Garth Fowden llega a la misma conclusión. En
su libro The Egyptian Hermes, Fowden comenta que:
la referencia posterior (en Asclepio III, 37) al templo y la tumba de Asclepio-
Imhotep en el Monte Líbico, establece que la alusión en Ascl. 27 («en una
enorme ciudad, en el Monte Líbico») se refiere a la antigua y sagrada
necrópolis de Menfis, que se encuentra en el desierto jabal (montaña), al oeste
de la misma Menfis…[16]
Por lo tanto, está claro que la meseta de Gizeh o «el monte libio» no es otro que el
Monte Líbico mencionado en unos escritos herméticos y a donde, de acuerdo con la
profecía de Hermes-Thot, los dioses regresarán un día. En esa fecha tan especial, la
gente de todo el mundo vendrá y se reunirá para ver ese acontecimiento. Pero ¿qué
validez tiene esta profecía hermética? ¿Ha bebido de fuentes egipcias antiguas?
EL CORPUS HERMETICUM
Aunque hemos reservado un capítulo entero a los escritos herméticos y a su
influencia sobre el pensamiento esotérico moderno, creo que en este momento es
necesario un breve tratamiento de los problemas que han suscitado. Existe un enorme
debate entre los académicos sobre los orígenes y antigüedad de los escritos
herméticos y consiguientemente, por extensión, sobre la profecía hermética
relacionada con Gizeh o el Monte Líbico. La mayoría de los expertos coinciden en
que tos textos herméticos (también conocidos como Corpus Hermeticum o
Hermética, si lo abreviamos) fueron finalmente puestos por escrito en su forma actual
por egipcios «helenizados» anónimos o, puede que en este caso, helenos (griegos)
«egipciados» de la antigua ciudad de Alejandría, en algún momento entre el último
siglo antes de Cristo y el segundo de nuestra era. Hay dos grupos de textos, uno
conocido como los textos «filosóficos» y el otro como los textos «técnicos» o
«alquímicos»[17]. Son los textos «filosóficos» los que más nos interesan en nuestra
investigación. La mayoría fueron escritos en griego pero algunos, probablemente los
textos más antiguos, lo están en la lengua de los antiguos coptos egipcios. Estos
[Link] - Página 55
textos fueron descubiertos en 1945 en Nag Hammadi, en el Alto Egipto[18].
La Hermética contiene unos 21 libros; hay 18 llamados propiamente «Libros»
que forman parte del cuerpo principal, y los otros reciben el nombre del Asclepio
Latino. También hay una colección de «extractos» y «fragmentos» breves que se
consideran en general parte de la Hermética[19]. No está claro cuántos autores
participaron en esta obra, ya que todos los libros están atribuidos a Hermes
Trismegisto (Hermes el Tres Veces Grande). Hermes, como hemos visto, fue
identificado por los griegos con el dios egipcio de la sabiduría mágica Thot (Tehuti
en egipcio). Sin embargo, es importante darse cuenta de que en el mundo helenístico
(y más tarde en la Europa renacentista), Hermes Trismegisto no fue la misma figura
que su homónimo egipcio, sobre quien discutiremos en profundidad en breve.
Hermes Trismegisto es, en realidad, un Hermes egipcio, un sincretismo o fusión,
como si estuviera entre Thot y el Hermes griego, pero con una genealogía parecida a
la del Enoc bíblico o la del Idris árabe; una figura legendaria que recuerda la
sabiduría y el conocimiento de la época antediluviana, que la preserva para el
beneficio y futuro de la Humanidad. Por lo que respecta a su epíteto «el Tres Veces
Grande», probablemente venga, sin embargo, de los antiguos egipcios quienes, ya en
el siglo III a. C., con frecuencia se referían a Thot como el «Grande-Grande», el
«Muy Grande» o el «Tres Veces Grande»[20]. El motivo para atribuir sus obras a este
personaje semidivino y mítico, de acuerdo con el experto Walter Scott, «debe de
haber sido similar a aquél que hizo a un judío escribir un libro de Daniel o de Enoc en
vez de hacer uno de sí mismo»[21]. En aquellos tiempos había una tendencia, dice
Scott, «a apoyarse en el soporte de la autoridad y la tradición»; al dios Thot de los
egipcios, durante cientos de años antes, se le había atribuido el conocimiento divino y
la sabiduría de los dioses que luego impartió a los humanos en sus famosos «Libros».
Según una antigua tradición egipcia, había unos cuarenta y dos libros que pertenecían
a Thot. En su estudio de los dioses egipcios, el egiptólogo George Han proporciona
una serie de títulos de Thot que definen el papel fundamental de este dios como el
protector de la «Verdad» y como el emisario de la sabiduría sagrada de los dioses[22].
Estos títulos o epítetos son «el más poderoso de los dioses», «señor de las palabras
sagradas», «Thot el Grande, el Grande, el Grande», es decir, Hermes-Thot el Tres
Veces Grande. Thot, escribe Hart, como el «señor de las palabras sagradas»,
… dio a los egipcios el conocimiento de cómo escribir mediante símbolos
pictóricos; así, los jeroglíficos pudieron poseer siempre una fuerza mágica.
Los escribas se consideraban a sí mismos como «seguidores de Thot». Thot
representaba para los egipcios la esencia de todos los saberes científicos y
literarios, teniendo el dominio de todos «los libros sagrados en la Casa de la
Vida». La «Casa de la Vida» (Per Ankh) era un centro de recursos venerado,
accesible sólo para los escribas, que contenía abundancia de conocimientos…
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todo bajo la protección de Thot…[23]
Figura 1. El silencio hermético. Grabado de G. Bonasone, 1555, Bolonia.
Estos «conocimientos» y «sabiduría», dice Han, fueron considerados muy
secretos a los ojos profanos, y sólo accesibles para unos pocos iniciados.
Efectivamente, un conocimiento tan poderoso se guardó en el santuario-biblioteca de
la Casa de la Vida de Thot y, de acuerdo con un antiguo papiro datado en la Época de
las Pirámides, «ni siquiera lo poseía el propio faraón»[24]. Lucie Lamy, la hija del
famoso egiptólogo y simbolista R. A. Schwaller de Lubicz, proporcionó una
descripción realista de esta misteriosa «Casa de la Vida» dedicada a Thot y a sus
libros sapienciales:
¿Es la «Casa de la Sede de la Vida», mencionada en uno de los vasos del Rey
Serpiente de la I dinastía, el prototipo de la «Casa de la Vida», la
«Universidad» de la Época Tardía? En la «Casa de la Vida» y era donde los
jóvenes escribas aprendían el significado de los jeroglíficos, las matemáticas,
la geometría, la astronomía, la medicina y todo lo que concernía al ritual y al
mantenimiento de los templos —en resumen— todo lo necesario para la vida
en la tierra y en el otro mundo. Los vasos de piedra de las primeras dos
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dinastías, amontonados en las galerías bajo la pirámide escalonada de Zoser,
junto con tablillas de marfil y sellos de arcilla, revelan un elaborado sistema
de administración. La escritura estaba en ese momento completamente
constituida. Esto implica un largo desarrollo previo; todavía este desarrollo,
como los orígenes del lenguaje escrito, permanece en el misterio.[25]
El autor y escritor Peter Tompkins en un prólogo que escribió para el libro La
Serpiente Celeste de John Anthony West, ofrece algunos destellos sugerentes de lo
que puede ser este «misterio» de los jeroglíficos:
(Schwaller) De Lubicz era un experto en sabiduría hermética… [y] pronto
encontró la misma sabiduría desarrollada en los ideogramas, estatuas y
templos de Egipto. Interpretando los antiguos jeroglíficos egipcios como
símbolos portadores de un mensaje hermético, De Lubicz descubrió en Egipto
la fuente más antigua conocida de la Ciencia Sagrada que forma la base de lo
que ha sido conocido como la Filosofía Sempiterna, fragmentos de la cual han
permanecido vivos entre los gnósticos, sufíes, cabalistas, rosacruces y
masones, pero que primero usaron una serie de maestros ilustrados y
clarividentes.[26]
Figura 2. Hermes Trismegisto dando las tablas de la «Ley» a los egipcios
(catedral de Siena).
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Está muy claro, por lo tanto, que al atribuir los escritos herméticos a Hermes el
Tres Veces Grande, es decir Thot, los antiguos escritores de estos textos —o más
probablemente los compiladores— insertaron en ellos la estirpe más elevada posible:
la de estar directamente ligados a la sabiduría divina y suprema y a las «Palabras» de
los dioses. Durante largo tiempo los escritos herméticos se perdieron para la historia.
Desde aproximadamente el siglo IV d. C. hasta finales del siglo XV poco se había oído
hablar de ellos en la Europa Occidental, y se creyó que se habían perdido para
siempre[27]. Sin embargo, en 1460, por una de esas sincronicidades propicias y
extrañas de la historia, se encontró una copia completa de la Hermética casi intacta,
qué fue enviada a Cosme de Médicis (el viejo), el duque de Florencia y «Padre del
Renacimiento Italiano»[28]. El primero de los libros, conocido bajo el misterioso
título de Poimandrés, pronto fue traducido por el protegido de Cosme, el sabio y
lingüista Marsilio Ficino. Fue tan poderoso el efecto de la Hermética en los sabios de
aquella época que muchos estudiosos actuales del Renacimiento, especialmente la
fallecida Frances Yates del Instituto Warburg, se convencieron de que estos textos,
con la filosofía y «magia» que ensalzaban, dieron un nuevo ímpetu al Renacimiento,
cuyos ecos se sintieron fuertemente en la Ilustración del siglo XVIII[29].
A finales del siglo XV, la popularidad de Hermes Trismegisto como profesor de
sabiduría divina[30] entre los intelectuales, los mercaderes, los banqueros e incluso los
clérigos, comenzó a rivalizar con la de Jesús. En realidad, el miedo a la persecución
de la Inquisición papal, hizo que algunos sabios no conjeturaran que la fama de la
Hermética pudiera haber sobrepasado a la del Nuevo Testamento[31]. El respaldo y la
fuerza impulsora que apoyó la Hermética se basaba en que Hermes Trismegisto había
recibido revelaciones divinas, similares a las que tuvo Moisés en el Monte Sinaí. Para
ilustrar esta semejanza, Cirilo de Alejandría proporciona un claro ejemplo de un texto
hermético que según él fue escrito en Atenas. En él, el autor describe a «nuestro
Hermes visto a través de los ojos de un sacerdote egipcio». En este tratado, el
hermetista anónimo ateniense muestra a Hermes en los mismos términos egipcios
inequívocos en los que Artapanus había descrito a Moisés (Cirilo de Alejandría,
Contra Julianum i548 ac). Tan convencidos estaban los sabios renacentistas de esto
que algunos llegaron a pedir al Papa que la Hermética fuera canonizada y que
formara parte de las enseñanzas cristianas de la Iglesia. Uno de estos sabios eruditos
fue François Foix de Candalk, más conocido como Flussas. En 1574 publicó una
versión latina del Poimandrés y la dedicó al sacro emperador romano Maximiliano II.
En su dedicatoria, Flussas escribió que «Hermes Trismegisto logró un conocimiento
de cosas divinas que sobrepasaba a aquél que fue revelado a los profetas hebreos, e
igualaba al de los apóstoles y evangelistas»[32]:
¿Qué más se nos dará a conocer por aquéllos que fueron instruidos por
nuestro propio Salvador? Y sin embargo, este hombre (Hermes) fue anterior
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en tiempo, no sólo a los discípulos de nuestro Señor, sino también a todos los
profetas y profesores de nuestra Ley y, como dicen los antiguos, al mismo
Moisés.[33]
Otro que se expuso a los calabozos papales por su apoyo abierto a la Hermética
fue el sabio italiano Francesco Patrizi, que publicó los Libros del Cuerpo de la
Hermética con un prefacio dirigido al papa Gregorio XVI. Tras elogiar las virtudes de
la Hermética y la suprema sabiduría y «filosofía» de Hermes Trismegisto, Patrizi
hace esta extraordinaria petición al Papa:
A vosotros, Padre Sagrado y a todos los futuros Papas, os hubiera ordenado
que algunos de los libros que he nombrado (entre ellos fundamentalmente se
encontraba la Hermética) se enseñaran continuamente en cualquier lugar,
como yo los he enseñado durante los últimos catorce años en Ferrara…[34]
De forma asombrosa, Patrizi insistió en hacer una sugerencia adicional, todavía
más osada al Papa para una aplicación de la Hermética más amplia y «práctica»,
llamada a traer de vuelta al redil católico a todos los protestantes de Alemania:
Así haréis hombres capaces en Italia, España y Francia que sean favorables a
la Iglesia; y quizás incluso los protestantes alemanes seguirán su ejemplo y
volverán a la fe católica. Es mucho más fácil reconquistarlos de esta forma
que obligarles mediante censuras eclesiásticas o con armas seculares.
Deberíais hacer que esta doctrina (de Hermes) sea enseñada en las escuelas de
los Jesuitas, que tan buen trabajo están haciendo. Si lográis esto, os espera una
gran gloria entre los hombres de las épocas venideras.[35]
Los expertos modernos en tradición hermética, como Frances Yates, han
sospechado incluso que al menos uno de los Papas prácticamente adoptó el
hermetismo. En 1492, un importante miembro de la familia de los Borgia llegó a ser
Papa. Bajo el nombre de Alejandro VI, el Papa «Borgia» fue «uno de los personajes
más conocidos y pintorescos del Renacimiento»[36]. Alejandro VI estaba
profundamente interesado en la astrología y en la magia, y demostró esta inusual
cualidad papal dando su apoyo al famoso hermético cristiano cabalística Pico Della
Mirandola. El Papa estaba tan empapado en el hermetismo y en su magia «egipcia»
que encargó al pintor Pinturicchio que decorase el techo de los aposentos de los
Borgia en el Vaticano con escenas «egipciadas» que mostrasen a Hermes Trismegisto
con Isis y Osiris. Los frescos fueron estudiados con gran detalle por el experto en
Renacimiento F. Saxel del Instituto Warburg de Londres. Frances Yates, también del
Warburg, explica cómo en las dos primeras habitaciones de las estancias hay escenas
[Link] - Página 60
de las doce sibilas proclamando la venida de Cristo, junto con doce profetas hebreos,
con Hermes Trismegisto como figura central bajo los signos del Zodiaco. También
aparecen escenas de los doce apóstoles con la Virgen anunciando la llegada de Jesús,
seguidos de representaciones de las «siete artes liberales», uno de los principios
fundamentales de la francmasonería[37], con la astrología como la más importante.
Hasta aquí, dice Yates, es un proyecto perfectamente ortodoxo:
Pero las escenas egipcias en la Habitación de los Santos son bastante
desconocidas. El emblema de la familia Borgia era el toro, y el toro de los
Borgia llegó a identificarse en estas series con Apis, el toro venerado por los
egipcios como la imagen de Osiris… Las series egipcias comienzan con la
historia de Io, convertida en vaca por Juno, el cual impuso a Argus su
vigilancia. Argus fue asesinado por Mercurio (Hermes)… Siendo rescatada de
Argus por Mercurio, Io escapa hacia Egipto donde se convierte en la diosa
Isis… En los frescos, hay una escena donde Io-Isis está sentada en un trono
con una figura a la izquierda identificada por Saxel como Moisés. La figura
de su derecha es obviamente la misma persona que estaba con el Zodiaco en
la Habitación de las Sibilas… Hermes Trismegisto… ¿Por qué el Papa había
pintado tal proyecto prematuramente en su reinado, un plan que glorifica la
religión egipcia, muestra al toro egipcio Apis adorando la cruz y asocia a
Hermes Trismegisto con Moisés?[38]
[Link] - Página 61
Figura 3. Pinturicchio, Isis con Hermes Trismegisto y Moisés. Habitación
de los Santos, Apartamento Borgia, Vaticano.
La respuesta a esta pregunta, concluye Yates, consistía en que el Papa Borgia
deseaba proclamar un cambio de rumbo en la política de sus predecesores y, bajo la
influencia de Pico Della Mirándola y sus discípulos herméticos, quería poner en
funcionamiento un proyecto usando la magia Hermética y la Cábala como
herramientas de una reforma y conversión religiosa. La situación, entonces, había
alcanzado una posición extraña y peligrosa para la Iglesia católica y, claramente,
había que hacer algo al respecto.
En el Campo dei Fiori en Roma, el 17 de febrero del año 1600, Giordano Bruno
—probablemente el erudito y mago «hermético» más notorio del Renacimiento—,
fue arrastrado por monjes de la Inquisición papal, amordazado, atado a una estaca de
madera y quemado vivo. Bruno había cometido herejía, a los ojos de la Inquisición
papal, por ser partidario de defender que el signo de la cruz no era originario del
cristianismo, sino que fue venerado mucho antes por los egipcios. Bruno estaba
aludiendo al conocido símbolo Ankh, también denominado la «cruz» o la llave del
Nilo o de la «vida». La muerte de Bruno marcó, efectivamente, el abrupto final de la
ya de por sí precaria tolerancia de la Iglesia hacia la «religión» herméticoegipcia y
esto provocó que el movimiento pasara a la clandestinidad. No salió abiertamente a la
superficie hasta muchas décadas después. Volveremos a Bruno y a este dramático
episodio de la historia más tarde. Mientras tanto, necesitamos considerar brevemente
los argumentos escolásticos de aquellos que ven, por un lado, a Hermes Trismegisto
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como un mago egipcio, y aquellos que lo ven como un fraude histórico y el producto
de la enrevesada imaginación de escritores anónimos del primer siglo de nuestra era
en Alejandría.
HERMES TRISMEGISTO A JUICIO
En 1610, diez años después de quemar vivo a Giordano Bruno, Jaime I de Inglaterra
invitó a Londres al sabio Isaac Casaubon, a quien Frances Yates describió como «uno
de los sabios más brillantes de su época, profundo erudito en todas las ramas de las
enseñanzas clásicas y también en la Iglesia»[39], la misión de Casaubon era inventar
un «ataque a la leyenda de la gastada antigüedad de la Hermética» y quitar crédito a
sus autores por haber «plagiado» de la Biblia y de obras de Platón.
Casaubon nació en Ginebra en 1559 en el seno de una familia protestante. En el
momento en que alcanzó la mayoría de edad, la gran persecución de los «herejes»,
tanto por parte de protestantes como de católicos, estaba en pleno apogeo. Por un
lado, el ejército secular papal, dirigido por el sacro emperador romano de Habsburgo,
había causado estragos en Alemania y en los Países Bajos. Y por el otro, los príncipes
protestantes, como Jaime I de Inglaterra y Federico IV del Palatinado y otros
príncipes de Alemania, habían generado un sentimiento de resistencia entre el
populacho continental. Una de las «armas» más efectivas usadas, aparte de la habitual
fuerza bruta de la espada y las quemas de la muchedumbre en la hoguera, fue una
colección de símbolos y lemas subliminales. Una especie de equivalente a una guerra
propagandística en los siglos XVI y XVII fue liderada por una especie de super-magos:
John Dee, Giordano Bruno, Andrea Valentinus, Tomasso Campanella, Michaei Maier
y otros. Suya era la organización sutil de las técnicas manipuladoras de poder que
incluían una mezcla de Hermética, y «magia» alquímica y cabalística para inventar lo
que el experto Joseph Ritman denominaría más tarde «el lenguaje del silencio».
Examinaremos concienzudamente estas curiosas manifestaciones de guerra
psicológica religiosa, pero en este momento basta con decir que una de las
consecuencias de la extraña batalla que siguió durante un siglo más o menos, fue la
formación de una francmasonería especulativa que se extendió a lo largo de toda
Europa y al final encontró su camino en el Nuevo Mundo.
Isaac Casaubon, aunque fue indudablemente un verdadero sabio de su época, no
estaba trabajando aislado, sino dentro de una atmósfera muy cargada de intolerancia
religiosa. Debe recordarse, por ejemplo, que en el momento en el que estaba llevando
a cabo su investigación de la Hermética, Casaubon estaba bajo el mecenazgo de
Jaime I de Inglaterra, cuya conocida y algo enfermiza paranoia por «la magia» y «los
demonios» fue a degenerar en una horren da caza de brujas a lo largo y ancho de toda
la nación, con quemas masivas en la hoguera. En este dima cargado de antipatía por
las «filosofías» y «artes» ocultas, hubiera sido imprudente, por no decir peligroso,
[Link] - Página 63
elogiar las virtudes y la validez de los escritos herméticos. Por lo tanto, las
conclusiones de Casaubon deben ser evaluadas a la luz de tal contexto. La falta de
espacio no nos permite revisar aquí todos y cada uno de los argumentos del ataque de
Casaubon sobre la Hermética. Resumiendo, diremos que el grueso de su ataque se
debía esencialmente a las técnicas lingüísticas, el estilo, la sintaxis, así como a las
anomalías históricas. Todo esto llevó a Casaubon a concluir, con todo el peso de su
reputación de sabio, que la Hermética, lejos de ser una antigüedad egipcia y la fuente
de revelaciones divinas precedente o contemporánea a Moisés, tenía que ser fechada
en la era post-cristiana y que era la invención de «autores semi-cristianos»; por ello,
debía ser considerada nada más que «falsificaciones hechas con un propósito bueno,
pero detestable por ser falso»[40]. Aunque Casaubon reconoce que el personaje del
Hermes Trismegisto egipcio pudo incluso haber existido en la Antigüedad, concluye
que éste no pudo ser el autor de la Hermética. El efecto de esta racionalización fue
tremendo. En palabras de Frances Yates:
Algunos descubrimientos de importancia básica para la historia del
pensamiento parecen pasar relativamente inadvertidos. Nadie habla de la «era
pre-Casaubon» o de la «era post-Casaubon». Así, la información dada por
Isaac Casaubon en 1614 sobre que los escritos herméticos no eran la obra de
un antiguo sacerdote egipcio sino que fueron escritos en épocas post-
cristianas, define un momento clave que separa el mundo renacentista del
mundo moderno. Hace añicos de un solo golpe la propaganda del
Neoplatonismo renacentista basada en la prisci theologi (la teología suprema)
de la que Hermes Trismegisto era el líder. Destruye toda la posición de la
magia renacentista con su organización hermético-cabalística, basada en la
antigua filosofía «egipcia» y en la Cábala. Se carga, incluso, el movimiento
hermético cristiano no mágico del siglo XVI. Hace pedazos la posición de un
hermetista profundo, como había sido Giordano Bruno, cuyo proyecto de
vuelta a una filosofía egipcia prejudaica y precristiana y a una religión mágica
mejores, fue reventado por el descubrimiento de que los escritos del antiguo
egipcio sagrado (Hermes Trismegisto) debían ser fechados, no sólo después
de Moisés, sino también mucho después de Cristo. Hace trizas, también, la
base de todos los intentos de construir una teología natural del hermetismo…
[41]
No es nuestro objetivo discutir sobre la autenticidad o el origen de la Hermética.
Sin embargo, debe apuntarse que muchos investigadores y autores actuales han
reconocido, a pesar de las opiniones de Casaubon, que los escritos herméticos no sólo
contienen una tendencia genuina de influencia del antiguo Egipto, sino que incluso
pueden ser la verdadera religión egipcia de los iniciados y la religión «filosófica»,
transformadas y modificadas para adaptarla durante el siglo I a. C. al II de nuestra era,
[Link] - Página 64
a los habitantes «gentiles» de Alejandría, la gran mayoría griegos. Como mínimo está
claro que una traducción detallada de los libros del templo al griego, escrita al
antiguo estilo de los jeroglíficos egipcios, requeriría mucho más que un escaso
compromiso de los sacerdotes egipcios del templo[42]. El filósofo platónico del siglo
IV Jámblico de Apamea no deja lugar a dudas, por ejemplo, sobre cómo un sacerdote
egipcio llamado Bitys tradujo al griego algunos de los textos en jeroglífico de
Thot[43]. Al parecer, estos textos en particular eran de los templos de Sais —el lugar
donde el filósofo griego Solón encontró «sacerdotes egipcios que habían aprendido
más de la historia de Grecia que ningún griego»[44] y cuya historia de la Atlántida fue
más tarde divulgada por Platón en su Timeo[45]. De hecho Jámblico nos cuenta que
Pitágoras y Platón, durante su larga estancia en Egipto, fueron ayudados por
sacerdotes egipcios para poder «leer la estela de Hermes», escrita en el lenguaje
jeroglífico del egipcio antiguo[46]. Manetón, un sumo sacerdote egipcio, escribió una
Historia de Egipto en griego para Ptolomeo I Sóter en el siglo IV a. C., de la que se
conservan fragmentos en las obras de Flavio Josefo (38-100 d. C.) y de Africano
(180-250 d. C.). Los egiptólogos modernos consideran que se basó en fuentes nativas
originales. En el manuscrito conocido como Pseudo Manetón[47], se cuenta que este
famoso escriba y alto sacerdote egipcio, después de hacer referencia a los libros
originales de Thot, seguía afirmando: «Después de la Inundación fueron traducidos
de la lengua sagrada (jeroglíficos egipcios) al griego, y depositados en Libros en el
santuario de los templos egipcios…»[48]
Más interesante todavía: existe un texto egipcio antiguo escrito sobre papiro y
fechado en la era ptolemaica que cuenta la extraña historia del Príncipe Setne «que
había estudiado, obteniendo buenos resultados, los manuscritos en la… Biblioteca de
los Libros Mágicos»[49] Parece que el Príncipe Setne se había enterado de la
existencia de un libro fabuloso escrito por Thot que poseía enormes «poderes
mágicos» y podía permitir a «un hombre ver a Ra saliendo por el cielo acompañado
de su grupo de dioses»[50]. Este libro maravilloso estaba guardado según parece en la
tumba de un noble llamado Nefer-Ka-Ptah, en la necrópolis de Menfis en Sakkara.
Tras una búsqueda épica, el Príncipe Setne encontró la tumba y descendió a su
panteón. Allí, dentro del sarcófago, Setne vio el libro, que «iluminó el lugar tan
brillantemente» que no necesitó ninguna antorcha para alumbrar su camino. En la
tumba, el Príncipe Setne encuentra el espíritu (el ka) de la esposa del fallecido, que
relata a Setne cómo el libro mágico fue encontrado por su marido Nefer-Ka-Ptah:
El libro estaba dentro de un cofre de hierro hundido en mitad del río en
Coptos; en el cofre de hierro había un cofre de bronce; en el cofre de bronce
un cofre de madera de palma, que contenía un cofre de oro, el verdadero
receptáculo del libro».[51]
[Link] - Página 65
El libro, según nos cuentan, estaba custodiado por «una multitud de serpientes y
reptiles nocivos de toda clase». Tras abrir los diversos cofres, Nefer-Ka-Ptah sacó el
misterioso libro y empezó a leer el primer hechizo mágico que «le informó de todos
los secretos del Cielo y la Tierra» y le permitió ver el esplendor del dios-sol saliendo
con todo su séquito de dioses[52]. La historia del Príncipe Setne es, sin ninguna duda,
un relato ficticio. Pero demuestra, aun así, que durante la época de los griegos en
Egipto, existió una creencia popular de que algunos libros fabulosos y mágicos de
«Hermes» (el «Thot» griego) estaban ocultos en la región de Menfis donde hoy se
levantan los numerosos campos de pirámides del Reino Antiguo. Tal tradición debió
de ser conocida por los sabios griegos que frecuentaban los antiguos templos de
Menfis y recibían su aprendizaje e iniciación de sacerdotes egipcios. Parece posible,
si es que no es cierto, que las traducciones al griego de tales libros de «Hermes» del
templo formaron la base, si no el cuerpo actual, de la Hermética filosófica.
Desde luego que es tentador ver en la moda que hay por la Sala de los Archivos
como una especie de curiosidad moderna de la Nueva Era, siendo anacrónico
atribuirla a los antiguos egipcios. Pero de hecho el antiguo Egipto es taba saturado de
nociones de archivos mágicos y libros perdidos y encontrados de nuevo en
circunstancias propicias. Por ejemplo, W. Marsham Adams en The Book of the
Master («El libro del Maestro») publicado en 1898, refiriéndose a inscripciones en
las paredes de Dendera, escribe:
«Los mismos archivos nos cuentan cómo ese edificio original fue erigido por
Pepi, un monarca de la Sexta Dinastía, y que el plan por el que Pepi llevó a
cabo religiosamente el antiguo diseño no se originó en su propia mente, sino
que fue sacado a la luz por él de una cripta o cámara secreta estando escrito en
“caracteres arcaicos”, dicen los archivos, por el mismísimo Keops y enterrado
por él en el lugar ochocientos años antes de la época de Pepi». La mayor parte
de esas referencias a los archivos están relacionadas con Thot, del que se creía
que había dejado una cantidad considerable de textos escondidos en la tierra
en lugares secretos. Nadie sabe cómo, llegó al conocimiento de los mortales
un libro situado junto al dios Khnum. Los propios dioses no vacilaron en
revelar algunos de sus secretos a la gente, dejando caer un providencial
manuscrito de los cielos.[53]
Todo esto por sí solo debería ser evidencia suficiente de que las «versiones»
griegas de los «Libros de Thot» —a pesar de las grandes dosis de ideologías
neoplatónicas griegas— no son otra cosa que prototipos de la Hermética. Pero hay, de
hecho, más razones específicas para ver en la Hermética una mar cada influencia
egipcia. Por ejemplo, en su extenso estudio de la Hermética, el experto Garth Fowden
apunta que el Kore Kosmou, que está agrupado en los textos herméticos
[Link] - Página 66
«filosóficos»…
… trata a Hermes sencillamente como a un dios, y le rodea con un relato
descaradamente mitológico. La figura de Thot, el autor divino de la literatura
de los templos egipcios, se esconde precisamente debajo de la superficie del
Hermes del Kore, por todos conocido como el revelador de la sabiduría a la
humanidad y en general las ideas egipcias son especialmente prominentes en
este texto.[54]
La Hermética se muestra como revelaciones de verdad divina, no como el
producto de la razón humana; y, tanto en los textos filosóficos como en los
técnicos, aquéllos que hacen la revelación son deidades típicas del sincretismo
grecoegipcio —en otras palabras, incluso permitiendo la presencia de algunos
elementos característicamente griegos… la atmósfera general es egipcia. Al
lado del propio Hermes Trismegisto y de Isis, que fue asociada mucho tiempo
a la tradición egipcia como a la griega, encontramos a Asclepio, identificado
con el Imhotep/Imutes egipcio, a Ammon, el dios egipcio Amón [y]… a
Horus el hijo de Isis… Y su presencia indica una familiaridad más que
superficial con el ambiente nativo (egipcio).[55]
Curiosamente, Fowden también alude en los textos filosóficos a la divinidad
principal y suprema, Poimandrés, como si fuera «único en la Hermética», pero
continúa diciendo que «el origen y significado de Poimandrés está poco claro, por lo
que bien podría ser egipcio»[56]. La figura de Poimandrés, con quien nos
encontraremos de nuevo en el Capítulo Seis, es de particular interés. En la Hermética,
justo desde el comienzo de su primer tratado, se dice que Poimandrés es el «intelecto
divino», es decir, la «mente» de Dios, que no imparte la sabiduría divina y el
conocimiento a otro que no sea el mismo Hermes-Thot. Él es, como muestra Fowden,
lo mismo que el concepto griego de Nous, que se traduce libremente como la
«inteligencia divina» o la «inteligencia de la autoridad suprema»[57]. El alquimista del
siglo IV Zósimo de Panópolis, de quien casi podemos asegurar que había leído y
estudiado la Hermética[58], después de la iniciación completa de uno de sus pupilos,
exhorta a este último a «apresurarse hacia Poimenandres (sic)», implicando aquí el
mismo concepto de Nous[59]. Pero ¿quién fue en realidad «Poimandrés»? Y ¿qué
significa su misterioso nombre?
En 1993 se logró profundizar en la etimología del nombre «Poimandrés» y en los
auténticos orígenes de la Hermética gracias al Instituto Warburg de la Universidad de
Londres, el eje de los estudios herméticos actuales. El experto Peter Kingsley, en un
artículo de referencia publicado en el Journal of the Warburg Institute, lanza una dura
afirmación al atrincherado punto de vista académico que considera que la Hermética
fue un mero producto de las ideologías griegas y neoplatónicas y «que hay muy poco
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de lo que pueda afirmarse sin ninguna duda que sea de origen nativo egipcio»[60].
Después de recordar a sus iguales que «durante los últimos treinta años ha habido una
creciente conciencia de la necesidad de aproximarse al Corpus Hermeticum…
viéndolo a través de su fondo egipcio», Kingsley presenta una detallada disertación
de veinticinco páginas. En ellas prueba, sin ninguna duda, que el nombre
«Poimandrés» no es sólo egipcio en origen sino que, a través de una completa
apreciación de la etimología griega y egipcia, sería la abreviatura de «P-eime-neter-
Re», es decir «el conocimiento de Ra», el antiguo dios solar egipcio y la suprema
manifestación de las fuerzas creativas[61]. El argumento completo de Kingsley resulta
demasiado técnico y extenso para repetirlo aquí, pero su cuidada e ingeniosa
formulación es irreprochable. Teniendo presente que, en la religión del antiguo
Egipto, Thot había recibido la sabiduría y el conocimiento divinos del dios supremo
Ra, la escena de apertura del primer libro de la Hermética (Libellus I «Poimandrés»),
en la cual se ve una aparición divina de Hermes que proclama: «Yo soy Poimandrés,
la inteligencia de la Autoridad Suprema», procede de un original del antiguo Egipto
que bien podría traducirse como «yo soy la sabiduría y el conocimiento supremos y
divinos de Ra»[62].
De todas formas, la cuestión es ahora propiamente académica, ya que el
hermetismo ha sobrevivido, de hecho, de una forma u otra a través de varias
sociedades esotéricas tales como los francmasones o los rosacruces, e incluso en las
tradiciones ocultas de la alquimia y la Cábala y, como veremos más tarde, como un
movimiento creciente por derecho propio. Nuestro objetivo es determinar si existe
base y validez en el mensaje esencial de la profecía hermética, a saber, el
redescubrimiento de un escondrijo repleto de escritos «sagrados» que de algún modo
apuntarán un día el «retorno de los dioses» en el Monte Líbico (Gizeh), donde hoy se
levantan las grandes pirámides y la Esfinge.
Así, el punto de partida para comenzar esta investigación consiste en estudiar más
detenidamente las fuentes: los misteriosos textos antiguos originales de la Época de
las Pirámides y el «mensaje» codificado en los propios monumentos.
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3
EL LENGUAJE DE LOS DIOSES
«La práctica de la magia era algo fundamental en el estado de Egipto. Los
libros de magia no son los garabatos de locos, sino la obra de instituciones
oficiales tales como la Casa de la Vida, y formaban parte de los archivos
reales…».
—CHRISTIAN JACQ, Magic and Mystery in Ancient Egypt, pág. 18.
«Para la gente del antiguo Egipto aparece como la mismísima madre de la
magia…».
—SPENCER LEWIS, Egypt, pág. 252.
EL MAGO Y LA PIRÁMIDE
El documento auténtico más antiguo que menciona una cámara secreta en la
necrópolis de Gizeh que contiene los archivos o «libros» de Thot es el llamado Papiro
Westcar, etiquetado con el núm. 3033, que se conserva hoy en los sótanos del Museo
de Antigüedades de Berlín Oriental.
El Papiro Westcar, que lleva el nombre de un viajero inglés, fue descubierto en
1824. El propio papiro está fechado sobre el 1650 a. C., pero el estilo y lenguaje
usados son típicos del Reino Medio, hacia el 2000 a. C. Incluso su contexto y
contenido está referido a la Época de las Pirámides y, más en concreto, al reinado de
Keops, el supuesto constructor de la Gran Pirámide de Gizeh. En el invierno de 1995,
obtuve el permiso para examinar el original del Papiro Westcar en el Museo de
Berlín. Quería comprobar por mí mismo este importante documento y,
particularmente la sección que habla del rey Keops. Después de pasar los trámites
que tales diligencias habitualmente requieren, un joven egiptólogo mandado por el
conservador del Departamento Egipcio, el Dr. Helmut Wildung, me llevó a los
sótanos. Atravesando los pasillos débilmente iluminados de los extensos almacenes
del museo, me quedé pasmado al ver tantísimos artefactos egipcios aún envueltos en
los paquetes que se usaron para su transporte desde Egipto. Me pregunté cuántos de
estos objetos puede que todavía arrojen pistas sobre esta misteriosa civilización y sus
secretos.
Las páginas del Papiro Westcar miden aproximadamente cincuenta por setenta y
un centímetros, y se conservan en un mueble de madera con cajones, con cada hoja
cuidadosamente cubierta con un cristal protector. La Dra. Miriam Lichtheim, la
renombrada filóloga americana que publicó en 1975 una traducción al inglés del
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Papiro Westcar, comenta el aspecto narrativo de este documento crucial:
Este importante papiro, cuyo comienzo se ha perdido, contiene una serie de
relatos entretejidos en una estructura del género narrativo. El ciclo completo
consiste en al menos cinco relatos. Del primero, sólo se conservan las últimas
palabras. El segundo tiene grandes lagunas, mientras que el tercero, el cuarto
y el quinto están completos, si no fuera por el abrupto final del quinto relato…
El escenario de los cuentos es el Reino Antiguo, concretamente la época de la
IV dinastía. El rey Keops es entretenido por sus hijos. Primero cada hijo, por
turnos, narra un suceso maravilloso que ocurrió en el pasado. Después,
cuando le llega el turno al príncipe Hardedef, en lugar de contar una historia
de prodigios pasados, pide permiso para presentar a un mago de carne y
hueso, todavía vivo…[1]
Desconocemos quién fue el escriba que recopiló el texto del papiro original, pero
está claro que el narrador de estos extraordinarios relatos estaba muy familiarizado
con la genealogía del rey Keops. Como sucede con la mayoría de los cuentos
«mágicos», los egiptólogos aseguran que la historia narrada es una especie de relato
faraónico de ficción, escrito simplemente para entretener e impresionar. Pero aunque
los relatos son de naturaleza mágica, bien puede que reflejen en prosa sucesos
históricos adornados. De todas formas, el relato que nos interesa es el cuarto, ya que
ofrece una tentadora serie de pistas sobre la existencia de una posible «cámara
secreta» escondida en la propia Gran Pirámide o en algún lugar de la necrópolis de
Gizeh. En vista de la importancia de este manuscrito, lo ofrecemos aquí traducido al
completo, aunque con alguna nota añadida entre paréntesis para facilitar su
comprensión:
Ahora el príncipe Hardedef se levantó para hablar: «Hasta ahora tú (rey
Keops) has escuchado ejemplos de la destreza de aquellos que han fallecido, y
nadie puede distinguir lo verdadero de lo falso. Pero hay un súbdito de tu
majestad en tu propia época, desconocido para ti, que es un gran mago». Dijo
su majestad: «¿A qué te refieres, Hardedef, mi hijo?», a lo que respondió el
príncipe Hardedef: «Hay un hombre llamado Djedi que vive en Djed-Snefru
[probablemente sea Dashur, a unas doce millas al sur de Gizeh]. Es un
hombre de ciento diez años, que come al día quinientos panes, medio buey y
bebe cien jarras de cerveza. Puede unir una cabeza cortada. Puede hacer que
un león camine detrás de él, con la correa suelta arrastrando por el suelo. Y
sabe el número de las cámaras secretas del santuario de Thot» (la cursiva es
mía). En ese momento su majestad el rey Keops estaba invirtiendo mucho
tiempo buscando las cámaras secretas del santuario de Thot para copiarlas en
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su «Horizonte» (es decir, en su Pirámide). Así, su majestad le dijo: «Tú,
Hardedef, mi hijo, tú mismo me traerás a Djedi» (Entonces el príncipe
Hardedef va a recoger al mago Djedi por barco, río arriba. Djedi toma consigo
sus «libros» y dos barcos les llevan a él y a su séquito al palacio). Nada más
alcanzar la residencia, el príncipe Hardedef se dirigió a informar a su majestad
el rey Keops. Dijo Hardedef: «Oh Rey, mi Señor, te he traído a Djedi». Y dijo
su majestad: «Ve y tráelo ante mí». Cuando Djedi estuvo acomodado ante él,
su majestad dijo: «¿Cómo es que nunca te he visto, Djedi?». A lo que
respondió Djedi: «Aquél que es llamado viene, oh Rey, mi Señor, yo fui
llamado y he venido». Entonces su majestad el rey Keops dijo: «Se dice
incluso que sabes el número de cámaras secretas del santuario de Thot». Dijo
Djedi: «Por favor, desconozco el número, oh Rey, mi Señor, pero sé el lugar
en el que está». Su majestad dijo: «¿Dónde está?», a lo que Djedi respondió:
«Hay un cofre de piedra en el edificio llamado “Inventarios” en On
(Heliópolis). Es en ese cofre…».
Después Djedi pronuncia una profecía un tanto extraña. Cuando el rey Keops le
ordena traerle el «cofre de piedra», Djedi declara que a él no se le ha mandado esa
tarea, sino que será encomendada a alguien que aún no ha nacido:
«Es el mayor de los tres chicos que están en el útero de Ruddedet quien te lo
traerá… Ella (Ruddedet) es la esposa de un sacerdote de Ra, Señor de Sakhbu,
que está embarazada de los tres hijos de Ra, Señor de Sakhbu. Él ha dicho que
en lo que se refiere a ellos asumirán este beneficioso cargo en toda esta tierra,
y el mayor de ellos será alto sacerdote en On». El corazón de su majestad se
puso triste al oírlo. Djedi dijo: «¿Por qué ese cambio de humor? ¿Se debe a
estos tres chicos? Yo digo: primero tu hijo (como Rey), luego su hijo y
después uno de los tres chicos». A lo que dijo su majestad: «¿Cuándo dará a
luz Ruddedet?» Dijo Djedi: «Dará a luz el día quince del primer mes del
invierno». Dijo su majestad: «¡justo cuando los bancos de arena de los Dos
Canales de Peces (el comienzo del Delta del Nilo) estén secos! Podría cruzar
por mí mismo, hasta ver el templo de Ra, Señor de Sakhbu». Dijo Djedi:
«Entonces prepararé cuatro codos de agua sobre los bancos de arena de los
dos Canales de Peces (para que el Rey pueda pasar)».
En recompensa por esto, el rey Keops ordenó que el mago Djedi fuera vinculado
al palacio y estuviera bajo la protección de su hijo, Hardedef. Aun que la mayoría de
los egiptólogos atribuyen tal historia al campo de la ficción (George Hart, el filólogo
británico, describe tales narraciones como «relatos de fantasía»)[2], hay elementos
que tienen el matiz de autenticidad. Uno de ellos es la curiosa profecía de Djedi sobre
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que el mayor de los trillizos de Ruddedet, esposa del sacerdote de On, sería el elegido
para llevar al rey Keops el misterioso cofre de piedra que está en el edificio de los
«Inventarios», el cual, según Djedi, contiene el «número» de las cámaras secretas del
santuario de Thot. Si la historia era completamente una ficción, entonces seguramente
el escritor podría haber convertido en el héroe de la historia a Djedi o a Hardedef, es
decir que uno de ellos fuera quien revelara los secretos de Thot al rey Keops, En esta
línea de razonamiento cabe establecer una analogía con la vida de Jesús según los
Evangelios. Aunque muchos historiadores de los mismos cuestionan el relato de los
milagros y otros sucesos inverosímiles en estos textos, pocos dudan que Jesús fue
procesado por rebeldía y sufrió el castigo de la crucifixión. Ello se debe a que si tal
historia no hubiera sido un hecho histórico conocido en el momento en el que se
escribieron los Evangelios, sin duda los autores no hubieran admitido tal humillante
final para su Mesías. La misma explicación es válida para el autor o autores del
Papiro Westcar. También a ellos se les obligó a informar sobre la autenticidad del
hallazgo del «número» de cámaras secretas de Thot, realizado por el «hijo mayor» de
la esposa del sacerdote de On, simplemente porque era un hecho conocido en ese
momento. Aunque tal argumento no puede tomarse como una prueba de autenticidad,
muestra que hay elementos de la narración con visos de realidad. Lo que sí parece
cierto, en cambio, es que en el Reino Medio, que se sitúa dos o tres siglos después de
la construcción de la Gran Pirámide, todavía se recordaba una «cámara secreta» o
«cámaras» planeadas para Gizeh por Keops tomando como modelo las de Thot.
¿Dónde se encontraban las «cámaras secretas» de Thot? Y ¿qué podían contener?
PALABRAS DE PODER
Todo alquimista o mago sabe que uno de los grandes secretos de su arte radica en el
poder de las palabras o, precisando más, en la forma en que ciertas palabras pueden
cargarse de poder y efectividad. En las primeras jornadas de la Segunda Guerra
Mundial, los británicos habían sufrido derrota tras derrota y la moral estaba por los
suelos. Francia, Italia, Bélgica y Holanda se habían rendido y luego se produjo la
humillante retirada en Dunkerque. Churchill necesitaba una «victoria» decisiva para
cambiar el rumbo de la guerra. La obtuvo en la batalla de El Alamein, en Egipto, con
el golpe aplastante que el Octavo Batallón, bajo el mando de Montgomery, asestó a
Rommel y al Afrika Korps. Ello le proporcionó la tan esperada oportunidad de
pronunciar sus famosas palabras: «Éste no es el fin. Pero es el principio del fin…». El
poder alquímico absoluto de estas palabras transformó el humor de Gran Bretaña.
Empezaban a creer que el ejército alemán era invencible, cuando su disposición
cambió de la noche a la mañana. Podían ganar esta guerra y a la larga lo
consiguieron.
En el 320 a. C., Alejandro Magno se enfrentó en Issus, Siria, al «invencible»
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ejército persa de Dario III, Rey de Reyes, cuyas tropas le sobrepasaban en diez a uno.
Cuando Alejandro fue informado de que se había visto el carro de Dario III casi en
primera línea, decidió encabezar personalmente un ataque montando su famoso
semental negro, Bucéfalo. Ptolomeo, un aguerrido general con muchas victorias a sus
espaldas, le aconsejó que no cometiera tal disparate. «Si yo fuera Alejandro», dijo
Ptolomeo, «¡no llevaría a cabo este acto de locura!» «Si yo fuera Ptolomeo»,
respondió Alejandro, «tampoco lo haría, pero soy Alejandro». El impacto de estas
palabras, cargadas de una seguridad y bravura tan inmensas, impresionó a los otros
generales que presenciaban la escena y en pocos minutos la batalla se inclinó a favor
de Alejandro. Así, este joven y osado rey pudo liderar una carga frontal contra los
persas en un intento de hacer «jaque mate» a su rey. Alejandro embistió llevando una
coraza y un casco dorados, con Bucéfalo resoplando como un demonio del infierno.
Se las apañó para abrirse paso a través de la línea defensiva persa y se fue directo
hacia Darlo. El Rey de Reyes se aterrorizó, giró su carro y abandonó el campo de
batalla. El resto es la historia de nuestra civilización moderna.
Cuando María Magdalena se arrojó a los pies de Cristo tras ser perseguida por
una muchedumbre de judíos preparados para apedrearía, Jesús cogió una piedra y la
levantó hacia la multitud; después dijo las palabras mágicas: «Aquel que esté libre de
pecado que arroje la primera piedra». El efecto fue electrizante. Se había pronunciado
una gran verdad provocando un efecto pasmoso, y la deseada reacción alquímica tuvo
lugar dentro de los corazones de la multitud, que se dispersó avergonzada. El poder
de las palabras, unido a un acto dramático de valentía, desafío o «sabiduría», puede
generar una forma de magia que causará una reacción masiva e irreversible en la
mente del destinatario. Como apuntó Christian Jacq, uno de los pocos que pertenecen
a esa estirpe de egiptólogos que aprecian el aspecto de la sabiduría egipcia, «… la
magia puede definirse quizás como la energía esencial que fluye a través de las
esferas divinas y humanas… Aprender jeroglíficos, “las palabras de los dioses”, es el
modo de adquirir conocimiento de aquellos nombres (de los dioses) y la energía que
poseen…»[3] En otras palabras, Jacq reconoció que el «lenguaje" de los dioses es el
jeroglífico. La capacidad intelectual e intuitiva para aprender y aplicar este
«lenguaje» es lo que lleva a convertirse en mago[4] y Wallis Budge apuntó que
Thot…
tenía el conocimiento de «las palabras divinas»… que era el «señor de los
libros» y el «escriba de los dioses» y «poderoso en su discurso», es decir, sus
palabras ejercían efecto, y se le atribuyó el ser autor de muchas de las obras
funerarias por las que el fallecido alcanzaba la vida eterna…[5]
Existen muchos malentendidos sobre la magia en el mundo moderno. Los grupos
religiosos establecidos, aparentemente para nuestra propia salvación, han adoptado
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como misión el perseguirla. Y ahora, después de dos milenios de batalla, casi han
erradicado esta práctica supuestamente «demoníaca», o eso nos quieren hacer pensar.
No obstante, la realidad es que la magia todavía está a nuestro alrededor, perseguida
excepto si se usa como un medio de explotación bajo la apariencia del «marketing»,
la «publicidad», los «anuncios» y con su más peligroso disfraz, la «política». En otras
palabras, la magia se ha convertido en una herramienta comercial y política más que
en un instrumento espiritual. Por muy extraño que parezca, los mismos grupos que
más la practican, las instituciones religiosas, son aquellos que la condenan con la
mayor virulencia y severidad. Christian Jacq apuntó:
No es posible separar la magia y la religión. ¿Podemos imaginar un ritual sin
la influencia de la magia? ¿No emplean o ejercen la magia sobre el alma
humana las religiones del libro —el cristianismo, el judaísmo, el islamismo—,
permitiéndote alcanzar las realidades que nuestros sentidos no pueden atrapar,
aunque muchas de ellas lo niegan?[6]
La fórmula mágica más fuerte requiere un ambiente en el que los rituales
poderosos, los símbolos y la liturgia evocadora se combinan con el uso de palabras
para causar impresión en la mente humana. El ejemplo más claro de esto lo
encontramos en el cristianismo católico, aplicado dentro del ambiente mágico y
«sagrado» de una iglesia o de una catedral. Aquí, abundan los símbolos arquetípicos.
Y la liturgia eucarística, junto con palabras mágicas cuidadosamente escogidas y
ceremonias que evocan rituales de sangre, muerte, resurrección y redención, está muy
relacionada con la «muerte y resurrección» pagana de los hijos de dioses como
Adonis, Dioniso, Mitra y Osiris y sus religiones practicadas en las épocas antiguas.
En realidad, como muchos investigadores han demostrado, los rituales y mitos
cristianos están inspirados prácticamente en estos sistemas religiosos más antiguos[7].
Irónicamente, todavía, durante los últimos quince siglos o más, la Iglesia ha
mantenido una política global de represión, condena y erradicación de la magia. En
un reciente estudio sobre el origen y significado de la magia, el autor e investigador
Jeremy Naydler escribió:
Existen unos obstáculos impresionantes a la hora de considerar que la magia
se practicaba en el antiguo Egipto. Más evidente es el legado del pensamiento
religioso europeo que, condicionado por la teología de la Iglesia cristiana, ha
creado una atmósfera espiritual en la que se ve a la magia con miedo y
desconfianza. La actitud de la Iglesia hacia la magia ha sido, y sigue siendo,
hostil y condenatoria. A comienzos de siglo, la Enciclopedia Católica
condena la magia y la define como «el arte de llevar a cabo actos más allá del
poder del hombre, con la ayuda de otros poderes distintos del poder Divino»,
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y cualquier intento de practicarla se considera «un pecado grave contra la
virtud de la religión, porque toda práctica de magia, si se realiza en serio, está
basada en la expectativa de que interfieran demonios o almas perdidas».
Durante siglos el cristianismo occidental se oponía a cualquier relación con el
mundo espiritual que no estuviera permitida por la religión formal. Y por ello
comúnmente se consideraba a la magia —junto con el «ocultismo» en general
— como una desviación peligrosa de las normas o creencias y del culto
establecido y promulgado por la Iglesia…[8]
Naydler también apunta que la separación entre la magia y la religión es un
producto de la era cristiana y que antes de la constitución de la Iglesia católica en
Roma en el siglo IV, tal división no existía. En resumen, Naydler dice que «religión y
magia no estaban separadas: la religión era mágica»[9]. Veremos más adelante cómo
los «magos» del Renacimiento no sólo eran partidarios de la vuelta a la religión
«egipcia» mágica, sino que corrieron un gran riesgo al intentar persuadir al Papa de
que reemplazara la ortodoxia de la Iglesia por la religión «mágica» hermética de
Hermes Trismegisto, el Thot egipcio.
El término moderno «magia» viene del griego «magos», empleado para los
sacerdotes y visionarios de Oriente, sobre todo persas, indios, babilonios y egipcios.
Así, en el evangelio de San Mateo, por ejemplo, los Reyes Magos de Oriente que
siguen a la estrella de Belén se les considera precisamente como «magos», quienes,
de acuerdo con sus artes, estaban en contacto con un poder sobrenatural superior.
Aunque generalmente hablamos de la religión egipcia antigua, los propios egipcios
no tenían el concepto de la religión como tal, incluso no existe ninguna palabra en el
lenguaje jeroglífico que pueda traducirse como «religión». «Desde el punto de vista
egipcio —escribió el eminente filólogo Alan H. Gardiner—, hay que decir que no
existe la “religión” como tal; tan sólo había Heka, cuyo equivalente actual más
próximo seria “poder mágico”»[10] Naydler escribió:
En ciertas situaciones, para entender Heka, para armonizar con él y después
para activarlo, se emplea la ciencia sagrada y la práctica de la magia. El
siguiente paso, por lo tanto, es desarrollar un camino interior como requisito
previo para adquirir la habilidad de ejercer el poder mágico… Así el mago o
maga es el que hace de sí mismo un medio idóneo para transmitir Heka…[11]
En el antiguo Egipto, para conseguir una posición de alto rango —y en último
caso la de oficial supremo del faraón— el requisito previo era que el individuo
estuviera en posesión de Heka, es decir, de poder mágico. Todos los asuntos de
Estado, como la dispensa de decretos reales, censos, inventarios, leyes e incluso la
guerra, estaban administrados contando con la intervención de la magia. Como ya
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hemos señalado, la capacidad para activar la magia requería de un ambiente y de
palabras y términos sagrados, acompañados de signos y rituales. Al mago le tocaba
combinar todos los elementos; era sin duda una entidad indispensable en la casa
faraónica, aquel que tenía que alcanzar, utilizando la sabiduría, los más altos grados
de la magia. Puede que esto explique en parte por qué en las sociedades esotéricas
modernas como la francmasonería los individuos, que probablemente ocupen un alto
rango de Estado —como por ejemplo muchos de los presidentes norteamericanos—,
se sometan a una iniciación ritual en los grados superiores, tal y como se ha escrito
sobre los treinta y tres grados de la francmasonería[12].
En la teocracia faraónica, el proceso de entrenamiento e iniciación de un mago
neófito se llevaba a cabo en una «escuela» especial agregada al complejo del templo.
Estas «escuelas», como vimos al principio, eran conocidas como la «Casa de la
Vida», y en ellas se seguía un estricto proceso de aprendizaje. Solamente un puñado
de ellos llegaban a maestros y eran estos hombres o mujeres especiales quienes
resultaban premiados por su talento y habilidad para practicar la magia. Estos
expertos fueron conocidos como «escribas de la Casa de la Vida», un título que les
confería el más alto grado del poder mágico. Thot, según la tradición del antiguo
Egipto, fue el verdadero «inventor» o «padre» de dicha magia. De esta manera a Thot
se le conocía como el «Maestro de las Palabras de Poder», «Thot el Grande en
recitaciones», «Thot Señor de la Palabra Divina», «Thot el Mago». Todos estos
títulos están por lo tanto encapsulados en el conocido epíteto «Thot el Tres Veces
Grande». Tan considerables eran su sabiduría y su talento para pronunciar palabras de
poder mágico que ocupaba el cargo más elevado del panteón egipcio, el de «juez de
los Dioses». También era el «Mensajero de los dioses» y se le asignó el cargo
supremo de «Escriba de Osiris», es decir el mago de Osiris[13]. Ya hemos establecido
la distinción entre Thot y Hermes Trismegisto, es decir el sincrético «Hermes
egipcio» del período helenístico, la quintaesencia del sabio o el sabio de las
tradiciones esotéricas occidentales. Ahora ya está claro por qué Thot era su modelo y
prototipo. De hecho, en cierto sentido, se puede considerar a Thot como el prototipo
de rey mago y mago, el equivalente arcaico supremo de un Merlín, un John Dee, un
Francis Bacon y un Albert Pike[14], todos en uno. A diferencia de algunos de estos
personajes históricos, se pensaba que Thot colocaba la «verdad» sobre cualquier otro
concepto, y que en la aplicación de la magia consideraba obligatorio que las palabras
que se dijeran estuvieran llenas de «verdad». Así, la integridad de Thot estaba fuera
de toda duda o reproche. Fue Thot a quien se llamó para juzgar la gran batalla de
sucesión entre Horus, el hijo de Osiris, y Set, el hermano y asesino de Osiris.
También fue Thot quien se encargaba de la navegación y de la ruta del «barco
celestial de un millón de años» en el que el séquito del dios supremo, Atón-Ra,
viajaba por el tiempo y el espacio. Y era Thot el guardián del tiempo divino
caracterizado por el movimiento de las estrellas[15]. Todo esto requería un
compromiso total con la «verdad». De esta forma, el mago era el practicante último
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de la verdad y de Heka, es decir, de la magia verdadera o, mejor aún, de la verdad
mágica. La palabra Heka, en su connotación de «verdad», ha sobrevivido en Egipto.
En el dialecto árabe puro, los egipcios todavía dicen hake para expresar lo que está
«bien» o «mal». Ser de hake significa ser a la vez sabio y veraz. Lo uno no puede
existir sin lo otro.
CIENCIA SAGRADA
A Thot se le ha representado algunas veces como un ibis, otras como un babuino y su
equivalente celestial era la luna. Su forma más habitual es la de un hombre con la
cabeza de un ibis. Para comprender su extraño y curioso simbolismo, es importante
alejarnos de los estrechos principios del velo ortodoxo de la egiptología
contemporánea y sumergirnos profundamente dentro del enfoque simbolista
promovido por pioneros como R. A. Schwaller de Lubicz y John Anthony West[16] en
su libro, La Serpiente Celeste, West expone un problema inherente con la egiptología
moderna:
Al llegar al simbolismo nos encontramos ante una discusión general y frente a
la falta de unanimidad de opinión por todas partes. En el mejor de los casos,
un símbolo es reconocido como una representación subconsciente de
conceptos arquetípicos, quizás experimentados en sueños. En el peor, y más
habitual, de los casos, los símbolos se consideran como una estratagema
arbitraria inventada por el poderoso clero para mantener sus actividades en
secreto e intimidar a las masas. El símbolo en el antiguo Egipto no es nada de
eso. Es un recurso pictórico, cuidadosamente elegido, diseñado para evocar
una idea o concepto en su totalidad. Es un medio de traspasar el intelecto y
dirigirse directamente a la inteligencia del corazón, el entendimiento. El
corazón sintetiza, la mente analiza. Un símbolo verdadero no es ni primitivo
ni subconsciente. Es un medio deliberado de evocar el entendimiento, como
oposición a la comunicación de información, las palabras comunican
información, los símbolos evocan el entendimiento…[17]
En noviembre de 1998, John West y yo organizamos un viaje guiado especial por
Egipto al que llamamos «Estrellas y Señales». Se invitó a participar en él a varios
autores iniciados en el estudio del antiguo Egipto y su «ciencia sagrada» de símbolos,
incluyendo a Colin Wilson, Graham Hancock, Robert Temple y Yuri Stoyanov. Entre
los asistentes estaba mi hermano Jean-Paul, arquitecto y profundo experto del estilo
arquitectónico y su función simbólica en el antiguo Egipto. Durante una de las
sesiones en las que se habló del simbolismo, pedí a Jean-Paul que contara cómo, de
niños, solíamos atrapar un determinado pájaro en el desierto occidental de Alejandría.
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Aquí se encuentra, resumida, la historia que contó:
Existe un pequeño pájaro, una clase de lavandera, conocido por los egipcios
como Abu Deil, «Padre de las Colas», que viene del África central. Cada año,
a finales de septiembre, este pájaro emigra desde el norte a la costa
mediterránea egipcia. En su largo viaje, el Abu Deil descansa en el desierto de
Alejandría para alimentarse y reponer fuerzas para el largo y peligroso paso
del mar —una especie de parada para repostar. Apreciado por su exquisita
carne, los beduinos de los desiertos occidentales han aprendido, desde
tiempos inmemoriales, las complejas técnicas de atrapar este pájaro
escurridizo y extremadamente inteligente. Y de los beduinos nosotros, siendo
adolescentes, aprendimos el arte de coger la lavandera. Últimos de septiembre
es, por supuesto, la época del equinoccio de otoño, cuando el cielo está claro y
el aire muy tranquilo. Las aguas del Nilo descienden después del período de
inundaciones de agosto y hay una sensación de renovación de la vegetación y
de la tierra aluvial, ancha y rica, del Valle del Nilo. El Abu Deil aparece,
como por arte de magia, al amanecer, con el sol equinoccial saliendo por el
este. Le gusta el llano desierto, posarse siempre sobre rocas pequeñas, vigilar
y comunicarse con el medio ambiente a través del constante agitar de su cola.
El arte de atraparlo consiste en saber que se alimenta exclusivamente de una
cucaracha llamada Abu Defess, una especie de criatura redonda y blanda que
vive en la arena caliente. El cebo se engancha en una trampa metálica
cuidadosamente colocada en la arena cerca de una roca. Ahora el juego
consiste en convencer a la lavandera para que se acerque a la roca. Esto se
consigue con una inmensa paciencia y con habilidad. Haciendo un gorjeo —
que se consigue frotando la mano sobre la garganta— «hablas» al pájaro
pidiéndole que vaya a la roca…
Si a alguien no se le «inicia» en todo esto, no puede entender adecuadamente la
imagen de una lavandera como un signo jeroglífico. En el mejor de los casos será
interpretado como un «pájaro» que indica el movimiento de «agitar»; en el peor se
leerá como si fuera un mero jeroglífico fonético, es decir, alfabético. En realidad
como hemos visto, el conocimiento absoluto de la apariencia de la lavandera en
Egipto evocaría la idea y la atmósfera predominante del equinoccio de otoño, las
aguas del Nilo retrocediendo, el rico suelo del valle, la pureza de los desiertos
occidentales y la tranquilidad y calma del tiempo en esta época del año. Posiblemente
más, como la idea de la «migración» desde el sur, el arriesgado cruce del mar, el
conocimiento de la navegación de los pájaros, etcétera. Un jeroglífico, por tanto,
engloba el conocimiento de la imagen en todo su sentido. Sin dicho conocimiento o
«iniciación» el lector posiblemente no pueda descifrar los verdaderos mensajes y la
total variedad de ideas encerrada en la imagen. Este sistema de conocimiento es la
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clave del misterioso lenguaje jeroglífico de las imágenes. Imagine el despliegue del
icono de una «lavandera» en la pantalla del Windows 98 de su ordenador que, cuando
haces «click» sobre él, abre, o descomprime, para usar la jerga correcta, un enorme
fichero lleno de información, rico en fotografías e ilustraciones. Después imagine este
icono en su mente, de forma que cuando piense en él, comience a desplegarse la
misma información. El icono no tiene que ser necesariamente el de una «lavandera»;
puede ser cualquier imagen que simbolice una lavandera. Esta apreciación de que una
imagen puede representarse por, o añadirse a, otra imagen, signo o palabra, y el
conocimiento de cómo llevarlo a cabo, es el arte del verdadero alquimista o mago. En
el simbolismo cristiano Jesús es el «cordero», el «fénix», el «salvador», el
«redentor», el «crucificado», etcétera. Un «cordero», un «fénix» o una «cruz» son así
iconos para expresar la visión y muchos aspectos sutiles de su naturaleza. Por lo tanto
para enterarse de los secretos de los jeroglíficos y de la lengua de signos simbólica de
los egipcios debes, por necesidad, estar en posesión de este conocimiento. Por
definición, deberían tenerlo todos los filólogos egipcios y egiptólogos actuales.
Tristemente, nada más lejos de la realidad. Como escribió Lewis Spence:
La mayoría de lo que los egiptólogos han escrito en cuanto a la magia egipcia
no va más allá de la afirmación de que la magia es una forma degradada de
religión o algo básico. Esto es lo que sucede con algunos arqueólogos cuando
entran en un dominio en el que normalmente se pierden…[18]
Tal y como han señalado Henri Frankfort y, recientemente, Jane B. Sellers, la
egiptología moderna, desde la década de los cuarenta del siglo XX más o menos, se ha
apartado de la tradición mágica y mística del antiguo Egipto[19]. Considerándose a sí
mismos como «científicos», se sienten molestos y un tanto contaminados cuando se
enfrentan a los intensos aspectos esotéricos de esa misma «ciencia» de la que ellos se
han proclamado sus guardianes. Como «científicos» deben ajustarse a sus rigurosas
reglas, que exigen una objetividad estricta en el proceso analítico de investigación.
Un ejemplo reciente de esto es el acalorado debate que se ha generado sobre el
descubrimiento de una pequeña «puerta» al final del largo y estrecho canal de la
Cámara de la Reina, dentro de la Gran Pirámide de Gizeh. Su descubridor, el
ingeniero alemán en robótica Rudolf Gantenbrink, es la representación del
«científico» moderno. Pragmático hasta la médula, escéptico y riguroso en su
enfoque analítico, Gantenbrink rechaza sistemáticamente la continua propuesta de
que el canal en cuestión, así como la «puerta» que él descubrió, sean, con toda
probabilidad, «recursos mágicos»[20] destinados a asistir al alma del rey difunto para
que alcanzase el reino astral de los dioses. En su nueva página oficial de Internet[21],
presenta de forma meticulosa un tratado analítico sobre el diseño y significado de la
Gran Pirámide y los canales que contiene. Por increíble que parezca, no hay ni una
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palabra o referencia al aspecto esotérico del monumento, el sistema de creencias de
sus constructores, los Textos de las Pirámides que tienen que ver con él o ni siquiera
el marcado carácter astronómico y la alineación de su diseño. Gantenbrink
prácticamente ignora la alineación de sus canales[22], pese a la abrumadora evidencia
que existe para defenderla. Para él, el diseño y la construcción de las Pirámides y los
canales debe rebajarse a las tuercas y los tomillos y las reglas de medida y las
unidades dimensionales de la arquitectura moderna, que él ve como la llave para
resolver el «problema» de la Gran Pirámide. Introduciendo en el software de Autocad
la información y las medidas procedentes de Petrie (1881), Maragiolio y Rinaldi
(1960), así como medidas que él mismo hizo en 1992-1993, Gantenbrink lleva a cabo
un análisis matemático del diseño de la Pirámide a través de la comparación de los
principios de su arquitectura con la de una casa actual de una ciudad[23]. Aquí se
encuentra un extracto del análisis de Gantenbrink:
Es interesante que la elevación del desnivel de los canales desde el eje de la
pirámide equivale exactamente a 22 codos, es decir 2 x 11 codos. Esta
elevación provocó numerosos problemas durante la ejecución de los trabajos,
ya que los puntos de salida claramente tenían que encontrarse a la misma
altura. A causa de esto, no sólo tenían que determinarse dos ángulos sino
además hallarse el rallo entre los dos ángulos y el eje de la pirámide, para
poder ejecutar su estructura de forma precisa. Se colocó sobre la pirámide una
cuadrícula de 11 x 11 codos. Por lo tanto la cuadrícula corresponde a una
escala de 1:40 referida a la base de la pirámide. Esta cuadrícula es irrelevante
para la altura de la pirámide. En realidad, la cuadrícula de Keops, como
averigüé durante el desarrollo de mi trabajo, no es cuadrada sino rectangular,
en una razón de 7 a 11 codos, es decir, 40 de altura por 40 de base. Usamos
aquí la cuadrícula cuadrada sólo para explicar con más claridad el proceso de
diseño. El canal norte derecho está claramente diseñado con un ratio de 11:7
puntos de la cuadrícula y el sur de la izquierda en un ratio cuadrado de 7:7
puntos de la cuadrícula. Invirtiendo el ratio 11:7 a 7:11, obtenemos el
contraángulo en la diagonal, que se encuentra a 90° del canal norte. El ángulo,
el contraángulo y el contrarratio cuadrado pueden determinarse por tanto
geométricamente…
Y así sucesivamente. Es como si un cirujano tratara de encontrar el alma de una
persona diseccionando su cuerpo. Desgraciadamente, esto es lo mismo que ha venido
sucediendo en los estudios del antiguo Egipto —e incluso de otras culturas antiguas
— cuando se deja exclusivamente en manos de «científicos». La egiptología no es
una «ciencia», es una ciencia sagrada. La Gran Pirámide no es sólo una construcción
de ingeniería que se ajusta a unas claras reglas geométricas, sino un templo sagrado
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de iniciación a los misterios de la existencia cósmica. Para estar seguros, los antiguos
arquitectos-sacerdotes usaban un canon geométrico para diseñar sus monumentos,
pero este canon era una parte intrínseca de la ciencia sagrada de la iniciación. La
Geometría era sagrada. El Arte era sagrado. La Arquitectura era sagrada. Los
Jeroglíficos eran sagrados. La Astronomía era sagrada. Cada una de las ciencias era
una parte, una parcela de la ciencia sagrada que se enseñaba en el templo a los altos
iniciados. La mente del hombre, que consideraban lo más sagrado de toda la
creación[24], debía convertirse en experta de esta ciencia o conocimiento para poder
encontrar a Dios. Aquellos que planearon y diseñaron la Gran Pirámide no eran
arquitectos en nuestra definición actual de la palabra. Estos hombres, en cambio, eran
magos, supremamente iniciados en la ciencia sagrada de los símbolos y los ambientes
cósmicos. La Gran Pirámide no es simplemente una obra maestra de la arquitectura,
es una obra maestra de la ciencia sagrada.
LA NATURALEZA DE THOT
La identidad y naturaleza de las deidades egipcias es un tema de gran desacuerdo
entre los egiptólogos. Como recientemente apuntó un investigador:
En las conversaciones sobre el antiguo Egipto es bastante habitual escuchar a
la gente hablar del «panteón egipcio». Todavía muchos egiptólogos te dirán
de forma bastante categórica que no existe sólo un panteón, sino varios más
—todos ellos confusamente interrelacionados de tal manera que se oponen a
una coherencia universal, a una clasificación jerárquica. El hecho de que
varios de los dioses tengan media docena o más alter ego con diferentes
cabezas de animales, coronas u otros tocados y adornos haciendo juego es, en
sí mismo, una fuente inagotable de confusión para el no iniciado. También es
una fascinación continua para los egiptólogos especializados en desenmarañar
dichos misterios y clasificar todo de la manera más ordenada y estricta
posible. Hasta la fecha, esto se ha realizado bien agrupando juntas las figuras
de dioses relacionadas entre sí, o bien relacionándolas de forma específica con
la ciudad o «nomo» en donde recibían culto. Por desgracia, ninguna de estas
dos propuestas proporciona una respuesta válida de por qué los egipcios
adoptaron un enfoque tan complejo de su religión. De hecho, incluso algunos
prestigiosos egiptólogos han renunciado hasta ahora a tratar de resolver el
problema. En la mayoría de los casos han optado por la teoría animista o por
la idea de que tras la existencia de una divinidad específica se encontraba una
figura histórica real cuya personalidad y hazañas sólo más carde se
«mitologizaron». El caos histórico se deriva de esta visión y entendimiento
limitados…[25]
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Un buen ejemplo de este tópico lo proporciona el egiptólogo George Hart, un
experto en deidades egipcias. En su Dictionary of Gods and Goddesses, Hart define a
Thot de la siguiente manera:
Thot —«Djehuti» en egipcio antiguo— puede representarse de dos
formas:
a) Un ibis sagrado…
b) Un babuino (Papio Cynocephalus)…
Thot puede representarse tal y como aparecen en la naturaleza el ibis o el
babuino o, en el caso del ibis, antropomórficamente con la cabeza del pájaro
sobrepuesta encima de sus hombros. En cada caso el dios lleva una corona
que representa la luna creciente sosteniendo el disco de la luna llena. Ambas
criaturas sagradas pueden interpretarse en términos de simbolismo lunar. Thot
como dios lunar podía manifestarse como el ibis sagrado cuyo largo pico
curvado se refiere indirectamente a la luna nueva creciente y cuyo plumaje
negro y blanco podía verse como un indicador de que la luna crece y mengua.
Al amanecer, los babuinos hacen sonidos que parecen parloteos inquietos y
consecuentemente esto podría entenderse como un saludo que hacen las
criaturas del dios lunar al sol saliente…[26]
A primera vista, dicha interpretación parece razonable. Pero un examen más
detallado revela los defectos de este análisis tan simplista. Y no nos sorprende. Según
George Hart, «los escribas egipcios no se preocupaban por la evolución histórica o
lógica que pudo haber conducido a la adopción de estas criaturas como animales
sagrados que representaran a Thot»[27]. Este tipo de lógica indirecta que considera en
estos momentos la egiptología científica es como mucho desconcertante y, lo que es
peor aún, engañosa. Hoy, prácticamente, no se encuentran ibises reales en Egipto. Lo
mismo sucede con los babuinos, que hace tiempo que han desaparecido. Por lo que
uno se pregunta de qué observaciones en concreto proceden las interpretaciones de
egiptólogos como el Dr. Hart. Con el fin de observar a estas criaturas en un hábitat
natural similar al de Egipto, debemos viajar río arriba hacia Sudán. En 1979 tuve la
oportunidad de trabajar en la región de Jabal El Fau, a unos 350 kilómetros de
Khartum. Nuestro campamento base estaba situado al pie de una montaña rocosa en
la que vivían babuinos. La primera cosa que me llamó la atención de estas criaturas
fue su aspecto humano. Esto obliga a la mente a reflexionar sobre la condición
primitiva de los humanos. En pocas palabras, el ver a un babuino actúa como un
recurso subliminal para provocar la idea de «origen» y de «antepasados» lejanos. La
otra cosa que es llamativa acerca de los babuinos es su poder de observación. Se
sientan sobre lo alto de las pedregosas Lomas durante horas, especialmente al
amanecer y al anochecer, y vigilan absortos qué sucede a su alrededor. Con sus ojos
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audaces y penetrantes que reflejan una sabiduría que ha evolucionado durante
millones de años, los babuinos observan, graban y analizan cada movimiento, cada
cambio con una intuición y un instinto afinados con precisión.
Uno de los técnicos que trabajaba en el proyecto desarrolló una curiosa relación
de confianza con una de las criaturas. Un enorme babuino macho se aficionó a venir
al amanecer para sentarse tranquilamente sobre una roca, observando al hombre
ocuparse de su trabajo. Finalmente, después de realizar durante semanas dicho ritual,
el babuino se acercó al hombre. No había miedo en los gestos o en los ojos del
babuino. Lo que el hombre sintió fue una extraña sensación de comunión y
familiaridad. Fue como si la criatura y él se hubieran convertido en uno, unidos por
algo invisible, una especie de vínculo ancestral que fluía entre ellos. Durante semanas
el babuino vino al amanecer y en cada ocasión se creaba el mismo ambiente mágico.
Aquí estaban dos criaturas, una todavía en su estado «primordial», la otra
«evolucionada». Incluso, aunque suene raro, era el hombre quien parecía ser el
alumno y la criatura el profesor. Pero ¿profesor de qué? El hombre se enteraba de su
propia gran ascendencia y de su legado antiguo que parecía encerrado en el fondo de
su ser instintivo e intuitivo. Se dio cuenta de que la criatura le estaba mostrando cómo
comunicarse de nuevo en el «lenguaje del silencio» que poseen la naturaleza y el
cosmos. Recordó que él era, después de todo, un hombre natural, un hombre cósmico,
hecho de la misma materia que el babuino, moldeado y forjado en su forma por
millones de años de mutación y evolución. Un babuino es, por lo tanto, un símbolo
perfecto para representar dicha conciencia cósmica.
En cuanto al ibis, este pájaro es la criatura del Nilo por excelencia. Parece
conocer cada ciclo, cada variación, cada corriente del río sagrado. Los ciclos y ritmos
del Nilo prácticamente siguen las cuatro épocas (las principales estaciones) del año.
En el solsticio de verano el río crece y se desborda por las crecidas aguas que vienen
del lejano sur. En el equinoccio de otoño las aguas se encuentran en un nivel medio.
En el solsticio de invierno están en su mínimo. En el equinoccio de primavera
vuelven de nuevo a un nivel intermedio. En el cielo el sol muestra el mismo ciclo,
precisado por la luna y las estrellas[28]. Ser como el ibis real, por consiguiente, es
conocer los secretos del Nilo y del cielo; y por extensión, las mismas fuerzas que
regulan al propio Egipto. Los símbolos del babuino y del ibis combinados, por lo
tanto, denotan conocimiento divino del «lenguaje del silencio» de los dioses, además
de ser un intermediario entre el hombre-animal y su divinidad. Thot, más tarde el
Hermes Trismegisto del Renacimiento, era esa entidad mágica, dotada del
conocimiento y de la sabiduría de lo divino e inventor de la ciencia sagrada del
antiguo Egipto. El egiptólogo Christian Jacq, en su libro Magia y misterio del
Antiguo Egipto, llama a Thot el «patrón de los magos egipcios»[29] y dice de él que
sirvió como «modelo para todos sus discípulos», es decir los escribas-magos[30]; Thot
fue el «maestro de los jeroglíficos y de la magia… el guardián de la sabiduría, el
inventor del lenguaje sagrado, astrónomo, matemático… el medidor de todas las
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cosas… “dotado” de poder mágico»[31]. Para aprender los secretos de la magia de
Thot, el candidato debe pasar por el proceso de iniciación superior que se practica en
la «Casa de la Vida». En su libro Freemasonry of the Ancient Egyptians, Manly P.
Hall proporciona un resumen de las habilidades cerebrales inmensamente poderosas
que los altos iniciados, incluso en las épocas más tardías, adquirían mediante esta
iniciación. Hall habla de la iniciación de Platón y Pitágoras que, según muchos
escritos, tuvo lugar en Egipto[32]. Se decía de Pitágoras que cuando se cruzaba en el
camino con individuos totalmente desconocidos, estos «caían de rodillas delante de
él, dominados por una especie de fuerza misteriosa que emanaba de su persona». Se
cuenta una historia similar de Apolonio de Tyana quien, al escuchar un motín entre la
gente, se puso silenciosamente delante de ellos y, por la fuerte presencia de su
carismática personalidad y por las palabras de poder que cuidadosamente escogió,
calmó a la agitada multitud. El patriarca Moisés, que también realizó su iniciación a
los misterios egipcios en Heliópolis, fue un hombre parecido[33]. Lo que hay que
resaltar aquí es que existió una ciencia sagrada en Egipto que tal vez se impartió
exclusivamente a individuos dotados de una gran predisposición al aprendizaje
intuitivo —el tipo de aprendizaje que se hace con el aparato humano de la
percepción, con el afinamiento de los cinco sentidos tal que funcionaban
conjuntamente como extraordinarios recibidores y transmisores de mensajes. Así la
iniciación o entrenamiento de magos naturales consistía en afinar la percepción
sensorial. Cualquiera puede afinar su sentido para «leer» los mensajes de la
naturaleza. Sin embargo, para ser un mago hay que tener la capacidad de invertir el
proceso, es decir transmitir los mensajes a otros usando el «lenguaje de los dioses».
Éste es el arcana arcanorum, el secreto último del mago. Thot, el inventor de esta
magia, era el mejor preparado para su aplicación. Dotados de tal comprensión de
Thot, podemos ahora examinar la finalidad de su misión divina como «mensajero» de
los dioses.
LOS RECURSOS DE LA MEMORIA
Hay un pasaje sumamente revelador en el Fedro de Platón en el que un «rey de
Tebas» llamado Tamo expresa su más profunda inquietud a Hermes-Thot. Tamo tiene
miedo de que al introducir la «escritura», es decir un medio de recordar las cosas y
los hechos, los hombres pronto dejarán de usar su gran capacidad natural de memoria
y esto alentará «el olvido y la pereza», alejando a los hombres del mundo interior que
les une a dios y a la naturaleza:
La historia dice que en la región de Naucratis en Egipto vivía uno de los
viejos dioses sagrados del país, el dios para quien el pájaro conocido como
ibis es sagrado, y cuyo nombre era Thot. Él fue quien inventó los números y
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el cálculo, la geometría y la astronomía, por no hablar del juego de las damas
y los dados y sobre todo, la escritura. En ese momento, el rey de todo el país
era Tamo, que moraba en la Gran Ciudad del Alto Egipto que los griegos
llamaban la Tebas egipcia, y que Tamo llamaba Amón. Ante él llegó Thot y
reveló sus artes, diciendo que debían transmitirse a todos los egipcios. Tamo
preguntó cuál era la utilidad de todas ellas, y cuando Thot se lo explicó,
condenó lo que pensaba que eran malas cualidades y elogió las que
consideraba las buenas. En cada arte, según nos han contado, Tamo tenía
multitud de opiniones, tanto a favor como en contra; pero cuando llegó a la
escritura Thot dijo: «Aquí, oh Rey, se encuentra una rama del aprendizaje que
hará sabia a la gente de Egipto y mejorará su memoria; mi descubrimiento
proporciona una receta para la memoria y la sabiduría». Pero el Rey respondió
y dijo: «Oh, hombre colmado de artes, a uno se le ha concedido el crear la
cuestión del arte y a otro el juzgar la medida de perjuicio y de beneficio que
tienen éstas sobre aquellos que las emplearán. Y así, es para ti, debido a tu
delicado respeto por la escritura que es tu descendencia, han declarado su
oposición a su verdadero efecto. Si los hombres aprenden esto, crecerá el
olvido en sus almas; dejarán de ejercitar la memoria porque dependerán de lo
que está escrito, llamando a las cosas para recordarías no por lo que son en sí
mismas, sino por medio de marcas externas. Lo que has descubierto es una
receta no para la memoria sino para el recuerdo. Y lo que ofreces a tus
discípulos no es auténtica sabiduría, sino sólo su apariencia, ya que al decirles
muchas cosas sin enseñarles les harás parecer que saben mucho, mientras que
la mayoría de ellos no saben nada, y como hombres desprovistos de sabiduría,
pero con la presunción de sabiduría, serán una carga para sus alumnos…».[34]
El lenguaje jeroglífico que Hermes-Thot había inventado era, de hecho, una
conversión del silencioso «lenguaje de los dioses» en un sistema de signos y
símbolos que podían almacenarse fácilmente en la memoria, pudiéndose liberar luego
a voluntad. Sin embargo el «rey Tamo» también temía que este sistema fuera mal
empleado, y que pudiera caer en manos de perversos manipuladores. Un buen
ejemplo de esto es cómo en los años treinta los alemanes eruditos y de gran talento
fueron convertidos en masa a las ideologías nazis a través de la manipulación de
símbolos y de eslóganes.
Con el fin de emplear los símbolos del modo más efectivo, en primer lugar es
importante darse cuenta de que un símbolo está cargado de connotaciones
primordiales o arquetípicas, así como de connotaciones basadas en la cultura.
Tomemos, por ejemplo, el símbolo de la Cruz Roja. El elemento primordial es el
propio color rojo, que evoca la sustancia más poderosa y mágica de la naturaleza: la
sangre humana. Ésta posee poderosas connotaciones de vida, muerte, dolor,
sufrimiento, rejuvenecimiento, sacrificio, identidad individual, vínculos familiares,
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castas raciales, etcétera. Cuanto más alto es el grado de conocimiento de este símbolo
en particular, se convierte en algo más efectivo. Por ejemplo, saber que la Cruz Roja
fue una vez el emblema de las cruzadas y de los caballeros templarios, y también que
es un símbolo de la Orden Rosacruz y que estaba pintada en las velas de los barcos
con los que Colón descubrió el Nuevo Mundo, aumenta el poder del símbolo, así
como las ideologías que puede evocar. No obstante, para los individuos que no sean
cristianos y no pertenezcan a la cultura occidental, como los árabes, la Cruz Roja
puede sugerir fuertes percepciones negativas. Es por esta razón por la que, por
ejemplo, las autoridades de Arabia Saudí se opusieron a la organización de la Cruz
Roja y a la Swissair, así como la utilización de sus logotipos en el país[35]. En
realidad, como ya veremos, las cosas pueden ir todavía más lejos.
LOS RECURSOS DE LA HERMÉTICA
Mientras estaba trabajando en Arabia Saudí en 1982, sucedió un incidente
curiosísimo. Había enviado a mi secretario sudanés, Abu Bakr, a recogerme un billete
de avión a la oficina de las líneas aéreas sauditas (Saudia) en el centro de Riyadh.
Volvió con una extraña noticia: la oficina de Saudia, según le habían informado,
estaba cerrada temporalmente y todos los vuelos de esta compañía en todo el mundo
se habían cancelado. El rumor que rápidamente se extendió por toda la ciudad era que
le había ocurrido algo dramático al rey Khaled, esa misma mañana, cuando estaba a
punto de embarcar en su avión privado en Riyadh. El rey estaba acompañado, como
era costumbre, por un Mutawa, un santón que de pronto, al ver el avión, comenzó a
rezar y a pedir al rey que no subiera a él. El problema, al parecer, era que el Mutawa
había visto una cruz cristiana en el fuselaje del aparato, un mal presagio por aquellos
días. Mirando tan fijamente como podían, ni el rey ni su séquito alcanzaron a ver
dicha «cruz». ¿Dónde estaba? El Mutawa había sido víctima dé un fenómeno
conocido como «efecto de imagen de fondo». Sus ojos, así de simple, habían
enfocado el fondo blanco entre la letra «s» y la «a» (sa) del logotipo de la compañía
Saudia, lo que formó en su mente una cruz blanca. En el momento en que lo explicó,
todos comenzaron a «ver» esta cruz en todas partes: en los billetes, en los uniformes
de la compañía, en las oficinas, en los agentes de viajes, en los pósters, etcétera. Era
como si el país entero hubiera sido atacado súbitamente por un virus maligno que
había propagado su infección por todos los sitios. La «cruz» se extendía igual que un
incendio. Por supuesto qué era imposible saber si había sido un truco deliberado o
una mera coincidencia. Ahora se trataba de algo académico. El «mecanismo», ya
fuera puesto intencionadamente o por azar, había sido detonado por el Mutawa y todo
el país estaba ahora inundado de cruces blancas «cristianas». Empezaron a circular
rumores de complots y conspiraciones contra el islam. Si se les dejaba, contaminarían
la psique de la nación como una plaga. Así, se promulgó un decreto real para cambiar
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todos los logotipos de la Saudia.
Gracias a los autores Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln en 1982,
en su libro de gran éxito, El Enigma Sagrado, salió a la luz otro «recurso hermético»
colocado de forma intencionada. Estaba relacionado con un cuadro del artista francés
del siglo XVII Nicolas Poussin, conocido como Les Bergers D’Arcadie (Los pastores
de la Arcadia). En esta pintura, que representa una escena pastoril en la tierra
inventada de la Arcadia[36], un grupo de pastores están agachados frente a un
sarcófago en el que están inscritas las palabras latinas ET IN ARCADIA EGO («y en
la Arcadia yo»). Los autores sospechan que esta frase, aparentemente incompleta, se
trata de una especie de anagrama. Cuando reordenan las letras en una frase coherente
en latín, consiguen crear la frase I TEGO ARCANA DEI que se traduce como «yo
escondo los secretos de Dios»[37]. El perfil de los picos de la montañas y otras
características de la pintura fueron equiparados con un paisaje actual en el sur de
Francia donde una vez existió un sarcófago similar. Otras pistas les condujeron
gradualmente a una sociedad ultrasecreta conocida como el Priorato de Sión y, a
través de ellos, emergió todo un misterio que vinculaba la línea sucesoria de Jesús
con el linaje de la monarquía francesa[38]. El recurso «mágico» de Poussin o el
recurso «hermético» había funcionado. Aunque permaneció inactivo durante casi
cuatro siglos, fue rescatado inevitablemente, como se pretendía, por mentes curiosas
e iniciadas que persiguieron su mensaje hasta su total comprensión. Hay esparcidos
por todo el globo cientos, quizás miles, de recursos herméticos de este tipo,
poderosamente mágicos. La gran pregunta es, lógicamente, si fueron concebidos de
forma deliberada para desatar las ideologías herméticas en algún momento del futuro
o si, por el contrario, se pusieron con fines meramente artísticos, decorativos o
funcionales.
Tomemos como ejemplo la pirámide de cristal que fue construida en 1984 en el
patio del Palacio del Louvre de París por el arquitecto Ming Pei[39]. Elegir un ángulo
de 52 grados para la pendiente de sus caras, que son los mismos que tienen las de la
Gran Pirámide de Gizeh, es un fuerte indicador de que el arquitecto, o aquellos que se
la encargaron, tenían una ideología determinada en mente que se refería a Egipto o a
su tradición esotérica. Esta línea de pensamiento se sustenta por el hecho de que al
otro extremo del Louvre se encuentra el famoso obelisco egipcio que fue llevado a
París desde el Templo de Luxor en el Alto Egipto en 1836, y del que se sabe que tuvo
connotaciones masónicas en la época[40]. El director de la Commission Des Grandes
Travaux (Comisión de las Grandes Obras) que encargó la pirámide de cristal en el
Louvre era el presidente francés François Miterrand, cuyo hermano era en ese
momento Gran Maestro del Gran Oriente, el grupo que controlaba la francmasonería
en Francia[41]. De hecho, la pirámide de cristal iba a ser un monumento
conmemorativo por el bicentenario de la Revolución Francesa. Ahora es bien sabido
por los historiadores franceses que uno de los temas filosóficos fundamentales de la
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Revolución Francesa fue la instalación del llamado Etre Supreme o «Ser Supremo»
como el nuevo dios principal para Francia. Este «dios» estaba asociado con el
llamado «Ojo de la Vigilancia» colocado en un triángulo o pirámide resplandeciente.
Dicho emblema es claramente masónico, un recuerdo del hecho de que muchos de los
líderes revolucionarios, incluyendo a Danton, Robespierre y Murat, estaban ligados a
logias masónicas. Aunque parezca extraño, en el reinado de Luis XIV, el Rey Sol, el
artista François Dubois propuso levantar una pirámide gigante en el patio del Louvre
que sería coronada con una «llama eterna» para la gloria del Roi Soleil, el Rey Sol[42].
Se ría relevante decir que a François Miterrand los medios de comunicación le
apodaron el «nuevo Rey Sol», una comparación con Luis XIV, lo que no sería del
todo una broma. Varios arquitectos durante la Revolución Francesa, por razones que
todavía desconocemos, propusieron el alzamiento de numerosas pirámides «egipcias»
en la ciudad de París, sobre todo Etienne Louis Boullée, que estaba a cargo de la
demolición sumamente simbólica de la Bastilla en 1789. Sugirió emplear las piedras
de la Bastilla para erigir su pirámide gigante, y de haber sido construida, estaría hoy
dominando el corazón de París[43]. Puede que no fuera una coincidencia, por lo tanto,
que cuando el compositor francés Jean Michel Jarre fue llamado por François
Miterrand para organizar las celebraciones del bicentenario en 1989, el músico
escogiera levantar una enorme pirámide metálica en frente del Gran Arco de la
Défense, conocido como el Arco de la Hermandad: un nombre que, no es necesario
apuntar, huele a connotaciones masónicas. Volveremos a estos asuntos más tarde,
cuando analicemos la ceremonia del milenio planeada por Jean Michel Jarre para
Gizeh y la Gran Pirámide.
Mientras tanto, esperamos que al lector le resulte obvio que la pirámide de cristal
del Louvre es muy posiblemente otro de esos recursos herméticos, de forma que, si se
investigaran su simbolismo y sus relaciones, revelarían los elevados ideales de la
Revolución Francesa, su conexión esotérica con tos ideales masones sobre un nuevo
orden mundial y, por extensión, sus orígenes en el antiguo culto de iniciación egipcio.
Resumiendo, el recurso pretende «reclutar» al individuo adecuado cuya mente esté
predispuesta a someterse al proceso del camino de iniciación masón-egipcio.
Monumentos como la pirámide del Louvre o el obelisco de la Concordia son
aparentemente bastante simples, pero en realidad son mucho más ingeniosos ya que
hacen las veces de artefactos que se autoactivan para atraer a su terreno al individuo
confiado y presuntuoso, en un intento de autoiniciarle a él (o a ella) en lo que puede
calificarse como ideales masónicos. Sin importar si Ming Pei pretendió o no que
ocurriera esto, la estructura que él creó es, debido a su forma, diseño y localización,
un mecanismo sumamente cargado de hermetismo.
Los «libros» de Hermes-Thot, los manuales de este último sistema hermético de
conocimiento, se encuentran escondidos, si aceptamos las profecías antiguas, en
algún lugar de Egipto, en algún lugar llamado Monte Líbico, en algún lugar cercano
a, o incluso dentro de, la Gran Pirámide de Gizeh.
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Encontrarlos, por tanto, puede ser la recompensa final, o un arma de doble filo.
EL «NÚMERO» DE LAS CÁMARAS SECRETAS
A finales de octubre de 1925, el mundo de la egiptología celebraba el setenta
cumpleaños de Adolf Erman, el famoso filólogo alemán. Erman fue quien hizo en
1890 la primera traducción completa del Papiro Westcar, una tarea que por lo visto le
había llevado cinco años terminar. Como es costumbre en los círculos egiptológicos,
el acontecimiento del cumpleaños de Erman ocasionó una edición especial de una
revista académica, en este caso el Zeitschrift für Ägyptische Sprache (ZAS), en donde
una variedad de eminentes compañeros presentaron artículos en honor de su anciano
colega. Fue así como el conocido egiptólogo británico Atan H. Gardiner, experto
además en la gramática de los jeroglíficos del Reino Medio, publicó un artículo del
Papiro Westcar titulado «La Cámara Secreta del santuario de Thot», que apareció en
la prestigiosa publicación académica Journal of Egyptian Archaelogy[44]. Este
artículo se publicó en su totalidad como un apéndice en mi libro El misterio de Orión,
pero no proporcioné ningún comentario u opinión debido a la falta de espacio.
El Papiro Westcar, que ya ha sido analizado al comienzo de este capítulo, está
considerado por los egiptólogos como una especie de versión en papiro de la piedra
Rosetta, lo que quiere decir que de ésta se ha derivado la mayor parte de nuestro
conocimiento actual de la gramática y sintaxis egipcias. Durante muchos años
después de la excepcional traducción de Erman no se extrajo de ella ninguna nueva
evidencia sustancial, y se consideró como ficción la excitante referencia a una cámara
secreta y el misterioso botín que podía contener. No obstante, Gardiner creyó que
había averiguado en ese momento, en 1925, «la solución a una vieja crux interpretum
en el papiro Westcar[45]. Esta crux interpretum, o interpretación crucial, se refería a
las palabras jeroglíficas ipwt y wnt que, según Gardiner, significaban «cámaras
secretas» y «santuario», respectivamente. En la historia del mago Djedi del Papiro
Westcar, éste informa al rey Keops (Cheops), el constructor de la Gran Pirámide de
Gizeh, que él, Djedi, sabe «el número de ipwt y de wnt de Thot», y que Keops había
buscado durante tanto tiempo para «hacer lo mismo en su pirámide[46]. La afirmación
que hace el rey Keops, que por cierto es una de las pocas atribuidas a este enigmático
faraón, dice en su totalidad: «Entonces su majestad el rey Keops dijo: “Se dice
incluso que (tú, Djedi) sabes el número de cámaras secretas del santuario de Thot”. A
lo que Djedi respondió: “Por favor, desconozco el número, oh Rey, mi Señor, pero sé
el lugar en el que está”». Después de una cuidadosa reflexión sobre las palabras y la
afirmación del rey Keops, Gardiner concluyó que el «carácter de las ipwt y de la wnt
mencionadas en este pasaje presentaban un problema», ya que la palabra wnt contenía
el determinativo que representaba una especie de «edificio» o «estructura». Gardiner
por lo tanto argumentó que…
[Link] - Página 89
el parecido de este nombre (wnt) con el nombre de la ciudad en la que a Thot
se le veneraba, llamada Wnw (Hermópolis Magna, también conocida por los
árabes como Ashmunein) parecía indicar que era el santuario primitivo de
Thot, o bien su tumba.[47]
Adolf Erman no tardó en concluir que la similitud entre los dos nombres era
«fortuita», pero Gardiner no pensaba lo mismo. Para él estaba claro que wnt tenía que
ser visto como un edificio especial dedicado a Thot, y que bien podía ser el santuario
de Hermópolis Magna u otro que se sabe que hubo en la región del Delta, al norte de
El Cairo moderno. Gardiner también afirmaba que el rey Keops en realidad no estaba
buscando el santuario mismo, sino más bien las ipwt, es decir las «cámaras» de la
wnt, a saber, el «santuario» de Thot. Esto sugiere que las «cámaras» ya no estaban en
el santuario de Thot, sino que de alguna forma se habían trasladado y escondido en
otro lugar. Lo que Keops esperaba encontrar no era otra cosa que estas «cámaras»
para poder hacer lo mismo dentro de su pirámide en Gizeh. Obviamente aquí se
produce una situación ilógica: ¿por qué se trasladaron las «cámaras» del santuario?
Quizás no fueran cámaras del todo, sino capillas portátiles, similares a las halladas en
la tumba de Tutankhamón. En el sepulcro de este rey se encontraron cuatro
«cámaras» de madera chapadas en oro. Éstas fueron trasladadas en 1922 y ahora se
encuentran en el Museo de El Cairo, junto con el resto de las reliquias de
Tutankhamón. ¿Pudieron ser tales artilugios las «cámaras secretas»? ¿Eran éstas las
«cámaras» que Keops quería encontrar para usarlas en su pirárnide?
Si leemos las frases de Keops y de Djedi más detenidamente, veremos que queda
claro que el rey pregunta en concreto por el «número» de «cámaras secretas», y no
por las cámaras en sí mismas. A este respecto Djedi afirma que no sabe el «número»,
sino que lo que sabe es dónde pueden encontrarse. «Hay un cofre de piedra en el
edificio llamado “Inventarios” en Heliópolis. Es en él…» ¿Qué era esa misteriosa
caja negra? ¿Y cuál es el todavía más misterioso «número» que hay en ella? ¿Por qué
estaba Keops tan ansioso de conseguirlo hasta el punto de que el rey «llevaba tiempo
buscándolo»? Al examinar la sintaxis de la palabra sipty, que significa «revisión» o
«inventario», Gardiner apunta que también puede traducirse como «contar las
existencias» de las propiedades de un templo, y así concluye que la wnt fue una
especie de habitación de los archivos, una «sala de los archivos» si queréis, que
contenía, entre otras cosas, el «número» que tan desesperadamente necesitaba Keops
para su pirámide con el fin de construir «cámaras secretas» dentro de ella[48].
LA SALA DEL INVENTARIO
Siguiendo la interpretación de Gardiner sobre el Papiro Westcar, otro egiptólogo
británico, E W. Green, planteó una interpretación nueva y radical que nos
[Link] - Página 90
proporciona una sugestiva idea de lo que pudo haber sido la naturaleza del
enigmático «número» que tan preciado era para el constructor de la Gran Pirámide.
En un artículo titulado «Las Cámaras Secretas del Santuario de Thot»[49]. Green
descarta la idea de Gardiner de que todo lo que deseaba el rey era simplemente saber
el número de las cámaras secretas del santuario de Thot, sólo por el mero hecho de
diseñar su pirámide del mismo modo. Green creyó que se debería analizar con más
atención la historia propiamente dicha, y no sólo su parte filológica. En primer lugar
propuso que en la historia el escritor parecía confundir dos palabras, pdwt (“algo que
se extiende», como una soga o una cuerda) e iptw («informes», «archivos» o
«planes”), que, como dice Green, tienen «un sonido similar, lo que podría haberle
llevado a asimilar, de alguna forma, la idea de extender una cuerda para hacer una
pared con la de una sucesión de líneas en una lista». Así, Green aventura que la
«habitación» llamada «Inventarios» (archivos) «puede que sea una “habitación de
mapas” o quizás una “habitación de dibujo”, donde se hacían los planos y se
almacenaban»[50]. Green vuelve después al resto de la historia donde Djedi el mago
informa al rey Keops de que él, Djedi, no es quien puede traer el «cofre de piedra}) o
su misterioso y preciado contenido al rey, sino que lo hará uno de los tres hijos de una
alta sacerdotisa llamada Ruddedet, el cual está destinado a convertirse en faraón, Se
dice que Ruddedet es la esposa de un alto sacerdote de Heliópolis, donde se guarda el
«cofre de piedra». En la actualidad se sabe que la V dinastía que sucedió a Keops y a
su hijo, Kefrén, y a su nieto, Micerinos, constructores de las otras dos pirámides de
Gizeh, fueron tres hermanos nacidos de la unión de un sacerdote y una sacerdotisa de
Heliópoiis. I. E. S. Edwards, en su clásico The Pyramids of Egypt, los nombra de la
siguiente forma:
Hay un papiro en el Museo de Berlín, conocido como el Papiro Westcar, en el
que se conserva una leyenda acerca de los orígenes de la V dinastía y que tiene
visos de ser cierta. El propio papiro data probablemente del Segundo Período
Intermedio, pero es, desde luego, una copia de un documento mucho más
antiguo. Según esta leyenda, los primeros tres reyes de la dinastía —Userkaf,
Sahure y Neferikare— fueron trillizos engendrados por Ra (el dios Sol) y
nacidos de la esposa de un sacerdote de Ra. Userkaf muy bien pudo surgir de
una estirpe sacerdotal, y parece probable que él mismo ocupara el cargo de
alto sacerdote de Heliópolis antes de ascender al trono… Sahure y Neferikare
posiblemente fueron hermanos…[51]
Estos tres primeros reyes y tres de sus sucesores construyeron pirámides en
Abusir y Sakkara; el último rey de esta dinastía, Unas, erigió su pirámide al sur de la
pirámide escalonada de Zoser. Es en este último sepulcro en el que de repente se
rompe con la tradición de mantener el interior de las pirámides desprovisto de
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cualquier inscripción. En las paredes de las salas y pasillos principales de la pirámide
de Unas, hay textos inscritos, los llamados Textos de las Pirámides, que se consideran
el grupo de inscripciones religiosas más antiguo de la historia[52]. Los Textos de las
Pirámides ya fueron analizados en profundidad en mis libros anteriores, El Misterio
de Orión y Guardián del Génesis. Hasta su redescubrimiento en 1881 por Gaston
Maspero, estos textos habían permanecido en secreto durante casi 5.000 años. En
resumen, los Textos de las Pirámides, a lo que habría que llamar en realidad textos
mágicos, pretendían de algún modo causar la transformación de los faraones muertos
en seres astrales del reino celestial de Osiris, cerca o dentro de la constelación de
Orión. Al descifrarlos recientemente[53] han demostrado ser la llave para
desenmarañar los misteriosos propósitos y funciones de las grandes pirámides de
Gizeh[54]. Volveremos a este asunto en un capítulo posterior. Mientras tanto, Green,
en su análisis del Papiro Westcar, se dio cuenta de que era bastante probable"que la
profecía que hizo el mago Djedi sobre que las iptw serían «traídas» a Keops de algún
modo por un futuro rey de la V dinastía, puede que realmente estuviera relacionada
con la presencia de textos en las cámaras de las pirámides reales, en un intento de
reproducir las «cámaras secretas» de Thot. Green señala que los cientos de líneas que
constituyen el bloque de los Textos de las Pirámides están ordenados de acuerdo a un
sistema fijo y sagrado. Green también sugiere que este sistema sagrado de líneas —
que se conoce también como «declaraciones»— y no el diseño de las propias
cámaras, constituía, en realidad, las misteriosas iptw:
Estas extensas líneas de textos religiosos, dispuestas en un orden determinado,
fueron algo que se salía bastante de lo habitual y hablar de ellos y de su valor
mágico debió de impresionar a aquellos que vivían en el momento en que se
realizaron. De esa forma al recopilador del texto Westcar le transmitieron
detalles un poco confusos. Él no pudo ver los Textos de las Pirámides por sí
mismo, ya que éstas se encontraban cerradas…[55]
Green después continúa asumiendo «que Keops no embelleció su “Horizonte” (es
decir, su pirámide) con estas fórmulas mágicas, lo que seguramente habría hecho» de
haber encontrado el «cofre de piedra» sellado y su contenido. Pero ¿y si lo hubiera
hecho? ¿Y si el misterioso cofre negro con su preciado contenido hubiera terminado,
en realidad, dentro de la Gran Pirámide? ¿Dónde podría estar?
En marzo de 1993, como ya hemos visto, un equipo alemán exploró los estrechos
conductos que partían de la llamada Cámara de la Reina. Al final de ellos, a unos 65
metros dentro de la pirámide, el robot miniatura descubrió una misteriosa puerta
cerrada con dos pomos de cobre en el exterior. ¿Pudo haberse escondido el
enigmático cofre negro de Heliópolis en una pequeña cámara detrás de esa puerta?
Resulta decepcionante que desde entonces, y como ya hemos visto, las
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autoridades egipcias hayan puesto freno a cualquier exploración más allá de esa
puerta. Volveremos a este suceso y a sus serias implicaciones. Por el momento,
déjennos echar un vistazo a la evidencia textual de otra posible «cámara secreta» en
Gizeh, esta vez no dentro de la Gran Pirámide, sino un poco más dentro de la roca
natural de la meseta, bajo el vientre de la Gran Esfinge.
[Link] - Página 93
4
LA TUMBA DE OSIRIS
«Éste es el lugar… el enterramiento de Osiris en la Casa de Sokar…».
—Teología menfita, hacia 2000 a. C. Piedra de Shabaka, Museo Británico.
EL SECRETARIO DE OSIRIS
Además de sus atributos como mago supremo e inventor de la ciencia sagrada, Thot
fue, sobre todo, el mensajero de los dioses. Como tal, su palabra, al igual que su
sabiduría, jamás fue puesta en duda. Fue tanto así que los antiguos egipcios otorgaron
a Thot el papel de «secretario» de Osiris, el legendario fundador de la civilización
faraónica y dios después de la vida. De acuerdo con Diodoro, un historiador romano
que vivió en el siglo primero antes de Cristo:
Osiris tenía a Hermes (Thot) en alta estima debido a su ingenio y capacidad
de ágil discernimiento. Hermes enseñó a los hombres a hablar con elocuencia,
dio nombre a las cosas que no lo tenían antes, inventó las letras, e instituyó la
adoración de los magos, inventó la aritmética, la música, y la escultura, y
formuló un sistema de astronomía. Fue el escriba de confianza de Osiris,
quien invariablemente aceptaba su consejo sobre cualquier asunto.[1]
[Link] - Página 94
Figura 4. El dios Thoth.
Pero ¿quién fue realmente Osiris, este dios-hombre a quien Thot servía tan
diligentemente? ¿Podría haber existido realmente una figura tal?
Cuando el egiptólogo Sir Wallis Budge se puso a confeccionar un estudio sobre
Osiris, acabó con una tesis de 800 páginas que tituló Osiris y la resurrección
egipcia[2]. A pesar de ello, Budge tuvo que reconocer que su estudio no era
exhaustivo[3]. No hay que buscar mucho para saber la razón del porqué. El culto de
Osiris precedió al cristianismo al menos en 3.000 años y, lo que es más, sobrevivió
junto a él como un serio oponente durante otros tres siglos. Incluso, el culto de Osiris
habría sobrevivido mucho más si la Iglesia no hubiera destruido sistemáticamente sus
templos y perseguido su práctica en el 391 d. C.[4] (Más tarde veremos, sin embargo,
de qué manera el culto de Osiris incluso podría haber pervivido hasta nuestros días,
no sólo a través de las sociedades secretas y los grupos esotéricos que evocan su
nombre cada día, sino realmente en el seno de la propia religión cristiana.) A pesar
del dilatado marco temporal que hay para estudiar, el poco espacio nos permite
solamente una breve incursión en esta divinidad tremendamente antigua y
todopoderosa. Literal mente hay miles y miles de textos antiguos escritos en templos
y pirámides, sobre los muros de las tumbas y sarcófagos, sobre papiros, tablas,
estelas, y amuletos que hablan de Osiris y la trinidad que formó con su hermana y
esposa, Isis, y su hijo divino, Horus. Sin embargo, a pesar de tal cantidad de textos, es
bien conocido por la egiptología el hecho de que nunca se ha encontrado en las
antiguas fuentes egipcias ninguna narración completa de su vida, mítica o histórica.
Sin embargo, a través de varias versiones apócrifas de fuentes griegas y romanas, así
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como de los textos egipcios disponibles, ha sido posible reconstruir una versión
aceptable del mito de Osiris. En resumen es como sigue:
Figura 5. Sokar-Osiris.
Osiris fue el hijo mayor de la diosa del cielo, Nut, y del dios de la tierra, Geb.
Nació el primero de los llamados «días epagomenales», que se celebra cinco
días antes del solsticio de verano. Su nacimiento fue seguido del de su
hermano, Set, y del de sus dos hermanas, Neftis e Isis. Osiris e Isis se casaron
y llegaron a ser, de hecho, la primera pareja faraónica que gobernó Egipto.
Establecieron bajo la ley divina un reino del Tiempo Primigenio en el área de
Menfis (cerca de El Cairo moderno). Se decía que Osiris había introducido la
civilización a los habitantes de Egipto y que trajo un sistema de orden
cósmico y leyes. Su hermano, Set, que tenía envidia de Osiris, asesinó a este
último, cortando su cuerpo en catorce trozos que arrojó a todas las partes de la
tierra de Egipto. Isis, después de una búsqueda épica, unió las partes (excepto
el falo que no pudo encontrar) y revivió a Osiris gracias a los ritos mágicos
que había aprendido del dios Thot. Colocó entonces un falo artificial en el
cuerpo de Osiris, y así consiguió quedarse embarazada con su semilla.
Mientras tanto, Osiris partió hacia el cielo para establecer un reinado cósmico
del Primer Tiempo (el Duat) entre las estrellas de Orión en los marjales del
Nilo celeste, es decir, la Vía Láctea. Isis dio a luz a un niño, Horus, en las
riveras del Delta. Horus creció y retó a su malvado tío Set a un duelo.
Después de que la gran batalla tuviera lugar en una región de Menfis (en el
legendario Kher-Aha, «Lugar de la Batalla»), Horus derrotó a Set y ganó, con
la ayuda de Thot, el trono de Egipto. Todos los reyes siguientes de Egipto
[Link] - Página 96
fueron considerados la reencarnación de Horus. Cuando el Horus-rey fallecía,
él también regresaba a la vida gracias a los rituales mágicos de Isis y, al igual
que Osiris, impregnaba el útero de la diosa (la reina o una alta sacerdotisa)
con su simiente. Sólo entonces podría partir hacia el cielo para unirse a Osiris
en la constelación de Orión (el Duat).
Aunque los egiptólogos son tajantes al decir que Osiris es una invención mítica,
los propios antiguos egipcios no tenían duda en afirmar que Osiris había vivido
realmente sobre la tierra en una remota edad de oro, y que había establecido la
civilización en su país. Incluso todo el sistema de la teocracia faraónica, sus festivales
religiosos, sus calendarios, sus leyes y también sus códigos de comportamiento
social, se apoyaban en esta creencia.
Si Osiris existió de verdad, entonces seguramente tal rey a quien, como veremos
después, los antiguos egipcios le atribuyeron virtudes mesiánicas, habría sido
enterrado en un sepulcro magnífico, tal y como lo fueron los siguientes reyes de
Egipto. Déjennos, entonces, satisfacer por un momento tal hipótesis preguntando,
¿dónde puede estar la tumba de Osiris?
LA CASA DE SOKAR
Cuando el escritor e historiador griego Heródoto visitó Egipto en el siglo V antes de
Cristo, fue llevado por un sacerdote egipcio hasta la necrópolis de Gizeh[5]. Es
posible que en esta época la Gran Esfinge estuviera totalmente cubierta por la arena,
ya que Heródoto no hace mención alguna de este monumento. De lo contrario,
hubiera sido una omisión imperdonable para alguien que ha sido mundialmente
conocido como «Padre de la Historia»[6]. Heródoto, por otro lado, menciona de forma
muy detallada la Gran Pirámide, y hace también este tentador comentario:
Las cámaras subterráneas de la colina sobre la que se alzan las pirámides,
cámaras que, para que le sirvieran de sepultura, Keops se hizo construir,
conduciendo hasta allí un canal con agua procedente del Nilo…[7]
Generalmente los egiptólogos descartan la historia de Heródoto, como si fuera el
resultado de un chisme que el ingenuo griego pudiera haber picado de un sacerdote o
intérprete desinformado. El investigador de las pirámides e ingeniero francés Jean
Kerisel, sin embargo, no está de acuerdo con esta interpretación. Kerisel es un
ingeniero ya mayor, de más de 80 años y presidente de la Sociedad Francoegipcia de
París. Ha sido condecorado con la Cruz de Guerra y la Legión de Honor, el mayor
reconocimiento de Francia por los servicios realizados a su nación. Kerisel ha sido
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elegido recientemente asesor ingeniero para el Proyecto de Restauración de la Torre
de Pisa en Italia[8]. En 1991, después de participar como asesor en el proyecto del
Metro de El Cairo, Kerisel se interesó por el antiguo Egipto y la Gran Pirámide.
Convencido de que había un trasfondo en el relato de Heródoto sobre la «tumba isla»
debajo de la Gran Pirámide, Kerisel pidió a las autoridades egipcias un permiso para
investigar la llamada cámara subterránea de la Gran Pirámide. Esta cámara,
abandonada según los egiptólogos durante el proyecto de construcción, se encuentra a
unos 125 metros bajo la pirámide y se llega hasta ella por un túnel bajo, excavado en
la roca natural, que tiene una pendiente con un ángulo continuo de algo más de 26
grados y que se mantiene con la precisión de un cañón de escopeta. Normalmente
estos permisos, como el pedido por Kerisel, se obtienen con grandes dificultades.
Kerisel, a pesar de sus impresionantes credenciales académicas y civiles, tuvo que
esperar hasta 1996, antes de tener la oportunidad de verificar su teoría. Los cálculos
de ingeniería habían convencido a Kerisel de que podría existir una cámara secreta
bajo el lecho rocoso de la cámara subterránea de la Gran Pirámide, tal y como
Heródoto había contado. Su objetivo, entonces, era realizar una pequeña perforación
en una marca específica en el túnel horizontal que lleva a la cámara subterránea,
donde él pensó que había detectado una «anomalía». La exploración de Kerisel,
desafortunadamente, no alcanzó ninguna evidencia concluyente para defender su
teoría, y ha abandonado, debido a su edad y salud, la esperanza de alguna exploración
futura. En cualquier caso, permanece inflexible ante la posibilidad de que en algún
lugar bajo la Gran Pirámide o bajo el lecho rocoso de la meseta de Gizeh pueda
encontrarse algún día la misteriosa «tumba de Keops» descrita por Heródoto[9].
Conozco a lean Kerisel desde 1993, cuando los dos participamos en un documental
sobre la Gran Pirámide para la BBC[10]. En julio de 1999 me encontré de nuevo con
Kerisel en París, donde participamos en un nuevo documental que la BBC estaba
preparando para el Discovery Channel[11]. Kerisel me reiteró sus suposiciones, y
estaba más convencido que nunca de que algún día se descubriría una cámara secreta
bajo el lecho rocoso de Gizeh. Todos sus instintos de ingeniero y su vasta experiencia
en proyectos subterráneos[12] le habían convertido en el mejor experto para avanzar
una teoría posible sobre este asunto. No pude dejar de sentir que este cualificado y
experimentado ingeniero tenía razón. Sin embargo, el tiempo diría la última palabra.
Mientras, el escritor Andrew Collins, en su libro The Gods of Eden, ha presentado
hace poco otra teoría interesante, algo parecida a la de Kerisel[13]. Collins señala que
la necrópolis de Gizeh, que es de hecho una gigantesca «montaña» rocosa, pudo
haber representado el «Montículo de la Creación» mencionado con frecuencia en los
textos egipcios. En algunas narraciones este «Montículo» se decía que había sido la
primera masa de tierra sólida en emerger de las aguas, después del gran «diluvio», o
del «océano primordial» de la creación, según otros[14]. CoIlins declara que la
necrópolis de Gizeh, en su totalidad, pudo haber sido transformada de forma original,
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de manera que fue rodeada por agua traída por canales desde el Nilo, como si se
tratara de un gigantesco foso, con el fin de imitar el «Montículo de la Creación»[15].
Regresaremos más tarde a este misterioso «Montículo» y a lo que de verdad pudo
haber representado para los antiguos egipcios. Mientras, vamos examinar otra
intrigante teoría presentada por el investigador escocés Stewart Campbell.
Refiriéndose al egiptólogo francés Alexander Lenoir, Campbell escribe:
… En un artículo del FMR («Una disertación sobre las pirámides de Egipto»
núm. 39, 1989) (Lenoir) declara de forma abierta que los viajeros y
anticuarios preparados, generalmente están de acuerdo en la naturaleza de la
Gran Pirámide: «Todos la consideraron como la tumba de Osiris… que fue su
cenotafio, como lo son todas las tumbas que se han levantado en honor de
personajes mitológicos»… una creencia esencial de la religión, especialmente
el culto de Osiris, fue que aquel hombre consistía en cuerpo y espíritu, y que
este último vivía después de la muerte. Incluso se creía que uno podría
proveerse una «tumba» (realmente un cenotafio) para el espíritu… de forma
similar la Gran Pirámide pudo haber sido entendida como el lugar de duelo
para el espíritu de Osiris…[16]
La idea de Campbell, basada en la tesis de Alexander Lenoir, no es tan fantástica
como pueda parecer en un principio. Es bien sabido que, incluso, varios faraones se
hicieron numerosos cenotafios, es decir, tumbas «falsas» para sus «espíritus»,
construidas en lugares diferentes y lejos de su verdadero lugar de reposo. Buen
ejemplo de esta extraña práctica son las numerosas tumbas y cenotafios de los
primeros reyes dinásticos, donde los restos físicos de estos soberanos fueron
enterrados en mastabas en el Bajo Egipto cerca de Menfis, mientras que sus
cenotafios se encontraban en Abydos en el Alto Egipto, 550 kilómetros al sur[17].
También en la Época de las Pirámides el faraón Esnofru, por ejemplo, tuvo al menos
una pirámide-cenotafio erigida en honor de su «espíritu» en la región de Dashur, en la
necrópolis menfita, y probablemente otra más en Meidum[18].
El escritor e investigador Simon Cox[19] ha apuntado también la idea de la
existencia de una «cámara secreta» a modo de cenotafio bajo la necrópolis de Gizeh,
aunque en esta ocasión no bajo la pirámide misma sino en un lugar al que él se refiere
como la «pieza perdida de Gizeh». Cox especula, sin embargo, que es realmente la
tumba del dios Sokar (a quien Cox considera como el arquetipo o modelo de Osiris)
la que debería buscarse, y no la del propio Osiris. La teoría de Cox tiene mucho
mérito, por lo que le he pedido que la ex ponga aquí con sus propias palabras:
En la campaña arqueológica de 1906-1907, Petrie estaba excavando en el
desierto entre Gizeh y Zawiyet el-Aryan, como a 2,3 kilómetros al sur de la
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meseta, cuando descubrió un escondrijo de figuras ushebti. El punto exacto es
difícil de decir, ya que Petrie solamente señala que descubrió las figuras en
una llanura entre el risco rocoso que se alza a 900 metros al sur de la Gran
Pirámide. Las figuras ushebti aparecieron en pozos de unos 3 metros de
profundidad que fueron rellenados con arena y escombros. Todo parece
indicar que estas figuras pertenecían a las conocidas como ushebtis
extrasepulcrales, en otras palabras, fueron dejadas allí por peregrinos y
estaban descontextualizadas de cualquier tumba o enterramiento original. La
mayoría de escas figuras fueron excavadas en 1919 por un inspector del
Servicio de Antigüedades llamado Tewfik Boulos, sobre una pequeña colina
que estaba a unos 5,5 o 6 kilómetros al sur del hallazgo de Petrie. Algunos de
los ushebtis encontrados por Petrie pertenecían a un individuo llamado
Khamwaset, un hijo de Ramsés II. Sin embargo, no encontró tal tumba, sino
que halló algunos edificios hechos con bloques de caliza que no pudo
explicar. ¿Por qué se dejaron los ushebtis extrasepulcrales en Gizeh? ¿Hay
alguna relación entre estas figuras y los hallazgos extrasepulcrales de
Abydos? ¿Hubo una «tumba de Osiris» en Gizeh/Rostau? Para responder a
estas preguntas debemos mirar atentamente a la divinidad que precedió a
Osiris, con quien fue asociada al final del Reino Antiguo. Esta divinidad es
Sokar.
El dios Sokar, con cabeza de halcón, es muy conocido gracias a su
intervención en la Cuarta y Quinta horas en el Duat. Numerosos autores e
investigadores de este tema han destacado la Cuarta y Quinta horas, en donde
se encuentra su reino, sin comprender del todo el papel de la divinidad.
Muchos han asumido que esta figura es sólo otra cara de Osiris, ignorándolos
en su conjunto. Sokar, sin embargo, merece algo más. En nuestra opinión,
Sokar fue la divinidad más antigua conocida en Egipto, mucho más que
Osiris, y responsable de muchas divinidades posteriores de la época dinástica.
Por desgracia, las evidencias documentales y arqueológicas para el culto de
Sokar son escasas, pero con lo que tenemos podemos confeccionar un perfil
de cómo este dios fue venerado y adorado no solamente en el período arcaico
y dinástico, sino también, muy probablemente, en tiempos predinásticos. En
la época del Reino Nuevo, el culto de Sokar se había apropiado de muchos de
los elementos rituales, mitológicos e ideológicos del culto de Osiris. ¿Pero,
quién fue Sokar?
Sokar en un principio fue un dios de la necrópolis medica, incluso su
nombre está reflejado en el lugar que hoy se llama Sakkara. Su santuario
estuvo en Rostau que, como demostraremos, se encontraba al sur de Gizeh,
donde se celebraban cierras partes de su festival. Los primeros objetos de su
culto fueron el montículo y su barca sagrada, la barca Henu, que transporta al
rey muerto hasta el cielo. Durante el Reino Antiguo, Sokar es visto como el
[Link] - Página 100
patrón de los artesanos, especialmente de los trabajadores del metal. En el
libro del Am-Duat, Sokar habita una tierra extraña de los muertos, una tierra a
la que ni siquiera Ra tiene acceso. Sokar aparece en las representaciones de la
Cuarta y Quinta horas del Duat colocado sobre su montículo que asemeja ser
una colina culminada por un símbolo cónico negro fabricado con algún
material, posiblemente, pétreo. En este lugar, la barca del dios sol Ra adopta
la forma de una serpiente con el fin de reptar por la arena y así cruzar sin
peligro el mundo de Sokar; mientras, a su alrededor, las almas de los difuntos
gritan desde la oscuridad. El mundo de Sokar es guardado por dos leones
Aker y por una plétora de serpientes y seres extraños.
Sokar es el dios de la muerte, como Osiris es después el dios de la muerte
y de la resurrección. En los Textos de las Pirámides hay una conexión muy
clara entre estas dos divinidades, de cal manera que sus acciones y sus papeles
normalmente se intercambian, indicando que había una tradición antigua para
el papel de Sokar en el Más Allá. Incluso en la fórmula 532, pasaje 1.256,
leemos, «… han encontrado a Osiris, su hermano Set lo ha colocado bajo
Nedil cuando Osiris dijo “Sal de mí”, cuando su nombre se convirtió en
Sokar…» Parece claro con esta referencia que los egipcios, tan pronto como
en los Textos de las Pirámides, justificaban la asimilación de Sokar por Osiris.
Mirando el momento de los textos, debemos concluir que Sokar ya en esta
época era una divinidad arcaica. Creemos que desde la evidencia textual e
iconográfica, Sokar fue visto como algo más «real» que divinidades
posteriores. Como demostraremos, Sokar fue también el arquetipo original del
dios Horus y creemos que los legendarios «Seguidores de Horus» deberían de
llamarse en realidad los «Seguidores de Sokar», destacando el posible origen
oriental de estos personajes, los más antiguos.
[Link] - Página 101
Figura 6. La barca de Sokar sobre la espalda del león Aker.
Debajo del Aker se encuentra el dios Osiris y debajo, la montaña-
pirámide formada por el recorrido diario del sol.
Esto significa que es necesario evaluar de nuevo la idea de que había una
tumba de Osiris en Gizeh como un reflejo de la tumba de Osiris de Abydos.
Seguramente, nuestras referencias deben estar en la tumba de Sokar. En el
Reino Antiguo Sokar también estaba vinculado con el dios de Menfis, Ptah,
por lo que durante un tiempo debió de darse la asimilación de estas dos
divinidades. Pueden verse más evidencias de su asimilación con Osiris en
cierras semejanzas entre algunos de las ceremonias vinculadas al festival de
Sokar y algunos episodios en el festival Khoiak de Osiris en Abydos. Como
hemos visto, el perfil de Sokar está íntimamente asociado con su barca Henu,
posiblemente recordada por varios enterramientos de embarcaciones
encontrados en los campos de pirámides. En el festival de Sokar había, en
algún momento del décimo día, las ceremonias dentro de la tumba de Sokar-
Osiris, conocida como Shetayet, en la necrópolis menfita, especialmente en
Rostau.
El egiptólogo francés C. M. Zivie, cree que Rostau se encuentra en la
región de Gebl Gibli, a unos 800 metros al sur de la Gran Pirámide, en el
lugar de la llamada colina sur de Gizeh. Esta elevación prominente es el único
punto de la meseta desde el cual se pueden ver las nueve pirámides y donde,
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en mi opinión, puede encontrarse la Quinta División. Es interesante señalar
que es en esta zona donde Petrie descubrió «muchas piezas de granito rojo, y
algunas otras piedras dispersas en la cara oeste del saliente rocoso, como si
hubiera existido en esta región un edificio precioso».
Esto ubicaría una posible estructura justo al oeste de la colina sur, en línea
recta con otro lugar de la meseta, aún más intrigante, el Muro del Cuervo.
¿Estaba en lo cierto Howard Vyse cuando pensó que el muro era realmente
una calzada que partía de una estructura por entonces desconocida? Si no se
trata de una calzada, entonces puede ser el muro de cierre del Shetayet de
Sokar y el santuario de la barca Henu. El egiptólogo Mark Lehner ha
propuesto que muy posiblemente el Muro del Cuervo puede ser la estructura
más antigua de la meseta. Una inspección minuciosa de este hallazgo
demuestra que es una construcción ciclópea, con enormes bloques de piedra
empleados en el cuerpo del muro y tres bloques de caliza verdaderamente
gigantescos usados para formar el techo de un túnel que discurre de norte a
sur (o viceversa). También es interesante apuntar que el nombre de Rostau fue
empleado en una ciudad antigua, más tarde conocida como Busiris, y que se
encontraba aproximadamente en el lugar en donde hoy está Nazlet-batran. Fue
en el desierto al oeste de esta ciudad donde Petrie descubrió los ushebtis
extrasepulcrales mencionados más arriba. Todo ello da pie a especular que
estas piezas de granito podrían haber pertenecido al santuario de Sokar de la
barca Henu. Si así fuera, entonces la tumba de Sokar (Osiris) no estaría lejos
de allí. El eminente egiptólogo inglés I. E. S. Edwards señaló que el Shetayet
debió de ser un edificio separado, aunque indudablemente muy cerca del
santuario de la barca Henu.[20]
La idea de que la Gran Pirámide, o incluso toda la necrópolis de Gizeh, pueda
haber sido considerada como el «lugar de la morada» para el alma o el espíritu de
Osiris (o la divinidad combinada de Osiris-Sokar) está más que de sobra respaldada
por los textos antiguos. Como señaló el egiptólogo Selim Hassan, hay numerosos
pasajes realizados a tal efecto en el llamado Libro de los Dos Caminos, datado hacia
el 2000 a. C.[21] Por ejemplo, existe una referencia a la «Altiplanicie de Aker que es
el lugar de morada de Osiris», y también de «Osiris, que es la Altiplanicie de Aker…
[22]. Aker, como acabamos de ver, fue una deidad ancestral que tenía la forma de un
enorme león o esfinge, en el cual, según Hassan y otros[23], podía estar representada
la Gran Esfinge de Gizeh[24]. Hassan, en consecuencia, concluyó que la «Altiplanicie
de Aker» debió ser, obligatoriamente, la elevada meseta de Gizeh; el «Monte Líbico»
de los textos herméticos[25], A finales de 1997, como acabamos de mencionar de
forma breve, el Dr. Hawass anunció el descubrimiento de una gran tumba subterránea
a unas 200 metros detrás de la Esfinge, es decir en la «Altiplanicie de Aker». Esta
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tumba, que se encontraba totalmente sumergida en el agua cuando Hawass la
encontró, se adecuaba en algunos aspectos a la descripción de Heródoto. Tenía, por
ejemplo, un gran sarcófago rodeado de agua, dando la impresión de que simulaba
estar en medio de una pequeña isla. El Dr. Hawass sobrentendió que algunas
inscripciones descubiertas en la tumba mostraban que este sepulcro no pertenecía a
Keops, como había contado Heródoto, sino que se trataba de una tumba de Osiris; en
resumen, un cenotafio, tal y como habían postulado anteriormente Alexandre Lenoir
y Stewart Campbell. Después de un examen minucioso de la tumba, sin embargo, el
Dr. Hawass concluyó que debía de datarse en el período Saíta, hacia el 665-525 a. C.,
es decir, unos dos mil años después de la construcción de la Gran Pirámide.
Volveremos con más detalle a esta misteriosa tumba en el Capítulo Doce.
Mientras, hay preguntas sin respuesta en lo que respecta a este nuevo hallazgo y
su supuesto propósito simbólico. En primer lugar, ¿por qué construir una tumba
«simbólica» a tanta profundidad en la roca? Entonces, ¿por qué se sumergió en agua
donde posiblemente nadie podría visitarla? ¿Acaso esto no niega la verdadera
finalidad de un cenotafio o capilla, donde realmente los peregrinos y visitantes están
destinados a rendir homenaje? ¿Es posible que Hawass se equivocara en sus
conclusiones, y que el pozo y la «tumba» sean, de hecho, mucho más antiguas de lo
que ahora cree? ¿No es también posible que lo que tenemos aquí no es ni una
«tumba» ni un «cenotafio» sino algo más? ¿Podría ser, por ejemplo, una antecámara
o la entrada a una especie de camino hacia otro lugar, quizás hacia la verdadera
ubicación de la «tumba de Osiris»? ¿Qué evidencias hay en los textos antiguos para
defender tal idea?
EL LUGAR DEL ENTERRAMIENTO DE OSIRIS
En los textos del antiguo Egipto nos encontramos con numerosas indicaciones
sugerentes que señalan que en la región cercana a las pirámides de Gizeh hubo algo
que los antiguos interpretaban, no sólo como una «puerta al Más Allá», sino como el
lugar que había servido de enterramiento de Osiris[26]. Uno de los documentos más
antiguos que hace referencia directa al lugar de enterramiento de Osiris y al entorno
de Gizeh, es el llamado texto de Shabaka, fechado hacia el 750 a. C. y que hoy se
conserva en el Museo Británico en una losa de granito negro. Como en el caso de la
piedra Rosetta, la piedra de Shabaka fue adquirida en extrañas circunstancias, Parece
que durante mucho tiempo estuvo en manos de agricultores árabes quienes, sin saber
lo que era, la usaron como piedra de molino sobre la que trituraban trigo y otros
cereales. Debido a este y a otros motivos, la parte central del texto se ha borrado
completamente. Después, la piedra fue a parar a manos del conde Spencer quien, en
1805, la «donó» al Museo Británico[27]. Hoy se exhibe en el salón egipcio principal
en el piso de abajo, fijada con grapas metálicas al muro oriental. La importancia de la
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piedra de Shabaka, en mi opinión, sobrepasa en mucho a la de la piedra Rosetta, no
sólo por su condición de antigua, sino por las revelaciones trascendentales que
contiene. Está marcada simplemente con el número de catálogo 498, y por desgracia
muchos visitantes pasan delante de ella sin darse cuenta de su valor. En el contenido
de esta descuidada piedra negra, podría estar la clave del verdadero lugar de
enterramiento de Osiris.
La piedra de Shabaka mide aproximadamente 1 por 1,4 metros. Tiene dos líneas
de texto principales horizontales escritas en la parte superior, que re corren la anchura
total de la losa, y sesenta y dos columnas de texto que recorren hacia abajo su altura,
lo que significa que se debe leer de izquierda a derecha. Curiosamente el escriba que
grabó estos jeroglíficos hacia el 700 a. C., nos dio la razón de por qué lo hizo y, por lo
tanto, no sabernos si deliberadamente o no, ha derramado un débil rayo de luz sobre
la posible mayor antigüedad e importancia del material del texto:
Este escrito fue copiado de nuevo por su majestad (el rey Shabaka) en la casa
de su padre Ptah Sur de su Muro (Menfis), porque su majestad encontró en él
un trabajo de los ancestros que fue devorado por los gusanos[28] y que así
pudiera ser entendido desde el principio hasta el fin. Su majestad lo copió de
nuevo para que fuera mejor que lo había sido antes…[29]
No sabemos cuánto reinó el rey Shabaka después de estos misteriosos
«ancestros», pero Miriam Lichtheim, la filóloga americana de UCLA, que estudió las
inscripciones de la piedra de Shabaka, es de la opinión de que la versión original
podría retrasarse incluso a la Época de las Pirámides[30]. La piedra de Shabaka ha
sufrido la misma suerte que el Papiro Westcar, a saber, que los egiptólogos han
entendido que su contenido literario era ficticio. Así pues, de acuerdo con el filólogo
alemán Kurt Sethe, por ejemplo, el texto de Shabaka no es más que una «obra
dramática»; lo que implica que la narración no posee en absoluto ningún valor
histórico[31]. Por desgracia, este tipo de comentarios rotundos y precisos son muy
comunes en la egiptología, y aunque quizás son válidos en algunos casos, en otros
tienden a poner trabas a interpretaciones posteriores. Graham Hancock y yo hemos
discutido en nuestros libros anteriores y de forma minuciosa los contenidos de los
textos de Shabaka, conocidos también como la Teología Menfita, así que ahora no
vamos a redundar en ello[32]. Sin embargo, el pasaje que nos concierne en esta
investigación, se encuentra entre las líneas horizontales quince y veintitrés, y dice
como sigue:
Ésta es la tierra [del] enterramiento de Osiris en la casa de Sokar. [Llegaron]
Isis y Neftis sin retraso, por Osiris que se ha ahogado en su agua [el Nilo]. Isis
y Neftis miraron, contemplaron a Osiris y le atendieron. Horus habla a Isis y
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Neftis: Daos prisa, sujetadlo… Isis y Neftis hablan a Osiris: Hemos venido, te
llevamos [al lugar]. Hicieron caso a tiempo, y lo llevaron [a tierra]. Osiris
cruzó las puertas escondidas… así vino Osiris a la tierra… al norte de la tierra
de donde él había venido…[33]
Si es correcta la conclusión de Miriam Lichtheim de que el texto de Shabaka
podría haber tenido su origen en la Época de las Pirámides, como yo también creo,
entonces lo que tenemos aquí es una alusión tan clara como un cristal a que en la
época en la que se desarrolló la necrópolis de Gizeh, existía la creencia de que el
«cuerpo de Osiris» había sido enterrado en un lugar misterioso llamado «la casa de
Sokar». Del mismo modo, el egiptólogo Selim Hassan, en su estudio de los textos
egipcios antiguos[34], señala que hay varias menciones a un lugar llamado Rostau que
era «el reino de Osiris en la Tumba»[35]. Mientras Adolf Erman, el filólogo alemán,
demostró que
… la celebrada capilla de Rostau, las puertas de los caminos, lleva
directamente al Más Allá [de Osiris]… [y] es posible que parte de esta capilla
haya sobrevivido en el templo de la Esfinge…[36]
¿Hay alguna conexión entre esta «Casa de Sokar» y la «Capilla de Rostau»?[37]
¿Pudieron ser los dos sitios lo mismo? ¿Se trata del lugar en donde, como dicen los
textos antiguos, algún día se encontrará el «cuerpo de Osiris»?
Figura 7. La estela de la Esfinge. Nótese el «Santuario bajo las esfinges
Aker».
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El CAMINO FLUVIAL HACIA ROSTAU
En la pirámide de Unas, donde se ha encontrado la mayor parte de los Textos de las
Pirámides, hay un pasaje contundente marcado como la línea 445, que contiene el
estado de partida del rey Osiris: «Soy Sokar de Rostau…»[38]. Además también hay
otro pasaje que recuerda a los textos de Shabaka cuando afirma: «Ellas [Isis y Neftis]
han encontrado a Osiris… cuando su nombre se convirtió en Sokar…»[39].
Sólo con estos dos fragmentos, no tendríamos que tener dudas de que la llamada
«Casa de Sokar» se encuentra en un lugar llamado Rostau, y que fue allí donde
supuestamente se colocó al difunto Osiris para reposar. Ahora tenemos que recordar
que en nuestra exposición sobre la profecía hermética del Monte Líbico, ya
demostramos que Rostau era, de hecho, la necrópolis de Gizeh y que sería allí, de
acuerdo con la profecía, donde tendría lugar un día el «regreso de los dioses». Esta
conclusión, a la que también llegó Selim Hassan, añade seguridad a la teoría de Adolf
Erman de que la «Capilla» o la «Casa» de Sokar, en el lugar llamado Rostau, se
encuentra muy cerca de la Gran Esfinge de Gizeh. También en su estudio de los
textos egipcios antiguos, Miriam Lichtheim tenía pruebas para concluir que Rostau
era, realmente, la propia «Necrópolis de Gizeh»[40]. Más tarde el filólogo R. O.
Faulkner añadió nuevos da tos a esta conexión escribiendo que «Rostau era otro
nombre de la necrópolis de Gizeh, así como de las (puertas) del Más Allá[41] (es decir
el Duat de Osiris)»[42]. El experto en mitología R. T. Rundle Clark va más allá al
decir que no sólo era Rostau la moderna Gizeh, sino que específicamente era: «El
hogar de una forma de Osiris conocida como Sokar»[43]. También hay evidencias
textuales que todavía perviven cerca de la Esfinge, como en la inscripción de la estela
del Reino Nuevo que se encuentra entre las patas delanteras de esta estatua. Allí, en la
línea siete de la estela, aparece muy claro que la Esfinge se encontraba «… cerca de
la Casa de Sokar… en Rostau…»[44]
Figura 8. Sokar-Osiris de Busiris. Templo de Dendera.
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Otra confirmación procedente de una fuente antigua la hallamos en los llamados
Textos de los Sarcófagos fechados hacia el 1800 a. C.[45] En estos textos no solamente
existe una conexión clara entre el denominado «efluvio» o restos físicos de Osiris y la
región de Rostau, sino que también aquí se nos da una clave intrigante de lo que
puede encontrarse en este extraño y misterioso lugar:
Esta es la cosa sellada que está en la oscuridad, con fuego a su alrededor, que
contiene el efluvio de Osiris, y que fue puesto en Rostau. Ha sido escondido
allí desde que cayó de él, y es lo que bajó de él a la arena del desierto; esto
significa que lo que pertenece a él (su cuerpo) fue puesto en Rostau…[46]
En este contexto, el «efluvio» significa lo que es expelido del cuerpo vivo. El
efluvio fue visto por los egipcios como algo que tenía la vida de uno mismo; incluso
vieron algo que era descargado del cuerpo vivo como si tuviera vida. Parece que
efluvio, en oposición al Ka (doble espiritual), o al Ba (el alma), fue entendido como
una realidad física del ser espiritual. Por ejemplo, en el pasaje 32 de los Textos de las
Pirámides leemos:
Ésta tu agua fría, Oh Osiris, ésta tu agua Ería, Oh Rey, se ha convenido en tu
hijo, se ha convertido en Horus. He venido y te traigo el ojo de Horus, ¡que tu
corazón pueda refrescarse poseyéndolo!: lo he traído para ti bajo tus
sandalias. Toma el efluvio el cual deriva de ti; tu corazón no estará inerte, en
su posesión…
Y en el pasaje 33 podemos ver:
Oh rey, toma esta agua fría tuya, tú tienes frescura con Horus en tu nombre de
Él quien derivó de agua fría; toma el efluvio el cual derivó de ti…
Osiris fue el gobernador de la «Tierra» o «Reino» de la muerte, un lugar que fue
conocido por los antiguos egipcios como el Duat[47]. Acabamos de ver cómo, durante
la Época de las Pirámides, la región menfita donde se encuentran los grandes campos
de pirámides era como el homónimo terrestre del Duat, y que Gizeh es la correlación
de la «Quinta División» o «Quinta Casa» del Duat, conocida como «Casa de Sokar»
en Rostau[48]. Según nos informan la piedra de Shabaka y los Textos de las
Pirámides, se suponía que este misterioso lugar contenía el cuerpo de Osiris. Así
pues, vamos a echar una mirada a la Quinta División o Casa del Duat y ver qué más
puede revelamos.
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Figura 9. El dios Thot escribiendo el pesaje del corazón.
EL LUGAR DE LA TRANSFIGURACIÓN
La literatura funeraria conocida como Shat-ent-Am-Duat, que libremente se traduce
como Libro de lo que está en el Duat, se encuentra escrita en papiro y también
grabada sobre los muros y techos de tumbas del Reino Nuevo (hacia el 1500 a. C.).
Wallis Budge publicó en 1905 una trilogía titulada The Egyptian Heaven and Hell en
la que aparecía este extraño trabajo, acompañado de viñetas e ilustraciones. En esta
obra Budge proporcionó una descripción excelente de la Quinta División o Casa del
Duat, acompañada de ilustraciones extraídas de una de las tumbas ramésidas de
Tebas[49]. Señala, al igual que hizo Selim Hassan[50], que la apoteosis del ritual de la
transfiguración total del muerto durante su traumática jornada a través del Duat tiene
lugar en la parte más profunda y central de la topografía del Más Allá, es decir en la
Quinta División, conocida como la Casa de Sokar en Rostau. En el dibujo de la
Quinta «División» (véase Figura 10), se nos muestra un túnel lleno de agua que corre
de este a oeste y asciende cuesta arriba, hasta una gran esfinge que posee parte del
cuerpo cubierto por la arena. Esta esfinge, conocida como «Aker», parece estar
protegiendo la entrada a una curiosa cámara elíptica en la que se encuentra Sokar,
aquí representado como un hombre con cabeza de halcón asiendo un par de grandes
alas que pertenecen a una inmensa serpiente de dos cabezas. Detrás y encima de esta
escena hay una «pirámide» enorme o montículo sobre cuyo vértice hay una cabeza de
diosa, aparentemente la de Isis, y sobre la cabeza hay una especie de objeto con
forma de campana flanqueado por dos halcones (véase figura 11). De acuerdo con el
historiador y matemático Livio Stechini[51], este objeto con forma de campana es un
ónfalos, una especie de piedra sagrada con forma de ombligo similar al que hay en
Delfos (y en el oráculo de Zeus Amón en el oasis egipcio de Siwa). Como expuso en
su fascinante libro El Misterio de Sirio, el orientalista y escritor Robert Temple, estas
piedras normalmente fueron usadas por los antiguos para señalar importantes centros
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geodésicos[52]. Muchos egiptólogos, incluyendo a Selim Hassan como hemos visto
hace poco, se han dado cuenta de la insólita semejanza de la Quinta División del Duat
con la necrópolis de Gizeh, cuando la vemos desde el lado sur de la Esfinge[53].
Figura 10. La «Quinta división» del Duat, es decir la Casa de Sokar en el
centro del Duat. Nótese la gigantesca forma de esfinge Aker que guarda la
entrada de la cápsula herméticamente cerrada localizada bajo el «montículo
piramidal». Compárese esta imagen simbólica con el perfil de la Gran
Esfinge y la Gran Pirámide vistas desde el sudeste.
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Figura 11. La Casa de Sokar en la Quinta hora del Duat. Nótese el
onfalos sobre el vértice de la pirámide, flanqueado por dos pájaros. El dios
Sokar con cabeza de halcón permanece en la habitación cerrada de forma
hermética, expandiendo las alas de la serpiente de múltiples cabezas. La
habitación sellada está protegida por los leones Aker enfrentados al este y al
oeste.
Hemos visto cómo la figura del león Aker es identificada con la Gran Esfinge de
Gizeh y también cómo en el Libro de las Dos Caminos[54] se dice que «la altiplanicie
de Aker» (la meseta de Gizeh) es el «Lugar de la Morada de Osiris»[55]. Es evidente
que hay un vínculo inseparable entre la «Casa de Sokar», la «Morada o lugar de
Enterramiento de Osiris» y la región de «Rostau». También es evidente que todas
estas supuestas localizaciones míticas estuvieron, por alguna razón misteriosa,
asociadas con la necrópolis de Gizeh en una horquilla cronológica conocida como el
«Primer Tiempo» y que, curiosamente, se entendió también como el «Tiempo de
Osiris»[56], En un estudio detallado del Libro de los Dos Caminos, la egiptóloga y
arqueoastrónoma Jane B. Sellers, además, comenta otro aspecto importante de
Rostau, y señala el hecho de que ciertos pasajes de los textos indicaban de forma
contundente que «Rostau», de alguna manera, debía verse en el cielo nocturno:
He viajado por los caminos de Rostau sobre agua y sobre tierra… estos son
los caminos de Osiris y están en el cielo…[57]
Como indica el pasaje anterior, los caminos de Rostau deben imaginarse en el
cielo y también sobre el «agua» y sobre «tierra». Por ejemplo, en los Textos de los
Sarcófagos (hacia el 2000 a. C.) leemos:
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No volveré a las puertas del Duat. Asciendo al cielo con Orión… soy uno
que recoge de sí mismo su efluvio enfrente de Rostau…[58]
Soy Osiris, he venido a Rostau con el fin de saber el secreto del Duat… he
venido provisto de magia, he saciado mi sed con ella, vivo sobre trigo blanco,
completando la Vía de Agua Sinuosa[59]
En el día en que se ocultan los misterios del profundo lugar de Rostau…
soy él (Osiris), el que ve las cosas secretas en Rostau… Oh tú que abres los
caminos y abres los senderos para las almas perfectas en la Casa de Osiris…
[60]
… Sokar (está) feliz y contento cuando (él) ve que esta mansión mía está
fundada entre las aguas… mientras Sokar pertenece a Rostau…[61]
Recitaré las palabras de aquellos cuyos lugares son secretos, quienes están
en Rostau…[62]
He pasado sobre los caminos de Rostau, ya sea sobre agua o sobre tierra, y
éstos son los caminos de Osiris; están al límite del cielo…[63]
Los caminos están en confusión… son aquellos que los conocen los que
encontrarán (su camino) su sendero; están en lo alto, en los muros de piedra
que están en Rostau, que están sobre agua y sobre tierra…[64]
Quizás la referencia más misteriosa, evocadora y reveladora de lo que significaba
Rostau para los antiguos egipcios, se encuentra en el pasaje 1.087 de los Textos de los
Sarcófagos:
Ésta es la palabra que está en la oscuridad. Cualquier espíritu que la conozca,
vivirá entre los vivos. El fuego está sobre él, el cual contiene el efluvio de
Osiris. Cualquier hombre que lo sepa, nunca morirá allí, ya que él sabe que
estará en Rostau. Rostau está escondido ya que cayó allí, es uno que ha caído
procedente del desierto, y posee material escrito… Rostau es (otro nombre) de
Osiris. Cualquier hombre que esté allí, verá a Osiris cada día, su aliento estará
en su nariz, y nunca morirá…
Regresemos ahora a la tesis de Jane Sellers sobre Rostau. Con el fin de dar
sentido a la noción de que hay un lugar llamado Rostau en el paisaje del cielo, Sellers
propuso que la explicación más lógica a tal viaje celeste para alcanzar Rostau sobre el
«agua», era que los antiguos sacerdotes que compusieron los textos estaban
refiriéndose a la región del cielo que hoy conocemos como la Vía Láctea. De hecho,
hay muchas alusiones en los Textos de las Pirámides, así como en los Textos de los
Sarcófagos y en el Libro de los Muertos, a una gran vía celeste llamada siempre la
«Vía de Agua Sinuosa» o, simplemente, la «Vía de Agua». Previamente hemos
mostrado en El Misterio de Orión cómo se pensaba que esto era una especie de
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«Nilo» celestial, que se identificaba con la banda reluciente de estrellas que llamamos
la Vía Láctea[65]. Se pensaba, entonces, que el Rostau celeste se encontraba en algún
lugar cerca de la Vía Láctea. Pero ¿dónde exactamente?
Gizeh, la Rostau terrestre, se encuentra en el lado occidental de la rivera del Nilo.
De esta manera, por superposición, podemos deducir que el Rostau celeste es una
región del cielo estrellado en el «lado» occidental de la Vía Láctea. Gizeh, como se
expuso en El Misterio de Orión y en Guardián del Génesis, es el homónimo de una
porción del cielo cerca de la Vía Láctea que alberga a Orión, Sirio y la constelación
de Tauro y Leo[66]. Todo esto apunta con fuerza a la idea de que debemos considerar
esta región celeste como una especie de «mapa guía», que quizás pueda llevarnos a la
«tumba» de Osiris o a su «lugar de enterramiento». ¿Pudo estar marcada en este
«mapa estelar» la misteriosa «Casa de Sokar», la cual, según se dice, contenía el
«efluvio» de Osiris?
ESTRELLAS Y SEÑALES
Existe en la egiptología una paradoja que todavía no ha sido explicada de forma
satisfactoria. Aunque la referencia más antigua a Osiris se encuentra en los Textos de
las Pirámides, datados hacia el 2300 a. C., un estudio rápido revela que la mitología,
doctrina, liturgia y rituales que contiene no pudieron haberse desarrollado de la noche
a la mañana, sino que necesitaron un largo proceso de evolución intelectual y
religiosa anterior a esa fecha. Aunque todos los egiptólogos parecen estar de acuerdo
en esto, sin embargo, nadie lo está en cuánto antes a esta fecha habría comenzado este
proceso. Jane B. Sellers sugirió una alternativa cronológica apoyada en bases
astronómicas entorno al 6000 a. C. Pero, en mi opinión, es más probable una fecha
más antigua, hacia el 10500 a. C., también basada en consideraciones
astronómicas[67]. Sin embargo, los egiptólogos todavía no saben qué hacer para
explicar por qué en tal cantidad de inscripciones anteriores a los Textos de las
Pirámides, no se ha encontrado una sola mención de Osiris[68]. Es como si el culto de
Osiris, con sus rituales, doctrinas, liturgias y mitología, se hubiera materializado
súbitamente de la nada y, casi de la noche a la mañana, fuera rápidamente adoptada
como la principal religión del estado faraónico. Enfrentándose a esta paradoja, el Dr.
I. E.S. Edwards argumenta:
En la Antigüedad remota, antes de la unión del Alto y Bajo Egipto por Menes
(es decir antes del 3000 a. C.), probablemente Osiris había sido primero rey y
luego dios local del noveno nomo del Bajo Egipto, con su capital en Busiris.
Consecuentemente, su influencia no se expande hasta que se convierte en el
dios jefe de un grupo de nomos en el Delta oriental… Horus, después
interpretado como el hijo de Osiris, fue en este momento un dios
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completamente independiente, que gobernaba un grupo de nomos en el Delta
occidental. Isis, que figura en la Época de las Pirámides como la esposa de
Osiris, parece también haber sido una diosa del Delta, pero nada se conoce
con certeza sobre su origen. Después de que el culto de Osiris llegara a unirse
con el de Horus, su influencia comenzó a extenderse hacia el sur hasta que, en
la Época de las Pirámides, Osiris se identificara con Sokar (la cursiva es mía),
el dios de la necrópolis menfita…[69]
Incluso si se aceptan estos puntos de vista, tampoco explican cómo pudo
integrarse el culto de Osiris de forma tan rápida en la religión del Estado.
Seguramente algo debió de suceder para que los reyes de las pirámides lo adoptaran
con tanta convicción y fidelidad. Quizás pueda dibujarse un paralelismo con los
sucesos que exaltaron a los hebreos en Palestina durante la época de Jesús. Hacia el
final del primer siglo antes de Cristo, había una expectación creciente y fervorosa por
la venida del Mesías, tal y como se anunciaba en las Escrituras. Apareció una nueva
«estrella» en Oriente que fue interpretada como la señal de un nacimiento divino.
Profetas como Juan el Bautista empezaron a proclamar la venida inminente del
Mesías. Finalmente, la aparición de Jesús durante un bautismo ritual realizado por
Juan el Bautista en el río Jordán disparó la creencia de que las profecías se habían
cumplido, preparando así el camino para los cristianos.
¿Fue la repentina introducción del culto a Osiris el resultado de una manifestación
«mesiánica» de estrellas similar?
EL SÍMBOLO DEL MESÍAS QUE REGRESA
Los egiptólogos tienden a estar de acuerdo en que lo que lanzó a los egipcios del
Reino Antiguo al furor por construir pirámides, fuera lo que fuera, tenía mucho que
ver con una misteriosa reliquia que se guardaba en un pequeño templo de
Heliópolis[70]. Conocida originalmente como Onnu o Aun (la On de la Biblia),
Heliópolis fue el mayor centro religioso de Egipto —y probablemente del mundo—
durante la Época de las Pirámides. Aunque normalmente se acepta que Heliópolis es
anterior a la Época de las Pirámides, cuántos años antes es el tema de debate entre los
investigadores[71]. Los egiptólogos han deducido de varios textos antiguos que en la
ciudad de Heliópolis existió un templo pequeño llamado «el templo del Fénix», en
donde se alojaba un objeto de culto conocido como el «Benben». La referencia más
antigua a este misterioso objeto se encuentra en los Textos de las Pirámides:
Oh Atum-Khoper (el sol naciente), tú serás alto en las alturas, te alzarás como
la piedra Benben en la mansión (templo) del «Fénix» (Bennu) en On
(Heliópolis)… Oh Atum, coloca tus brazos (los rayos del sol) sobre este rey
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(el muerto, el rey momificado), sobre esta construcción, sobre esta pirámide…
que la esencia del rey pueda estar en ella, que persista para siempre… Oh
Atum, coloca tu protección sobre este rey, sobre su pirámide, sobre su
construcción, cuídalo para siempre de cualquier cosa que acarree mal contra
él… Oh Horus (el hijo del rey), este rey es Osiris, esta pirámide del rey es
Osiris, esta construcción de él es Osiris, ve por u mismo hacia ella…[72]
El Fénix, llamado «Bennu» por los antiguos egipcios, se dice que era un pájaro de
fuego mágico que había ardido sobre el «montículo primigenio de la creación» en el
comienzo de los tiempos. Por medio de la pronunciación del primer grito o
«Palabra», el Fénix había colocado en movimiento el «tiempo» y la «nueva era».
Como explica R. T. Rundle Clark:
En toda especulación egipcia subyace la creencia de que el tiempo se
compone de ciclos repetidos que son marcados por los dioses: el día, la
semana de diez días, el mes, el año —incluso los períodos largos—,
establecidos de acuerdo con las conjunciones del sol, la luna, las estrellas y la
inundación. En esencia cuando el Fénix manifestó el grito primigenio, inició
todos los ciclos, de manera que es el patrón de todas las divisiones de tiempo,
y su templo en Heliópolis llegó a ser el centro donde se regulaba el
calendario. Como heraldo de cada ciclo nuevo, el Fénix llegó a ser el
mensajero de buenas nuevas. Durante el Reino Medio el pájaro Bennu llegó a
ser el «alma» de Osiris…[73]
Clark también habla del lugar de origen del Bennu-Fénix y su extraña conexión
con Heka, la «esencia vital» de los dioses[74]:
Los egipcios tuvieron dos ideas sobre el origen de la vida. La primera era que
emergió de un dios, fuera de las Aguas Primordiales; la otra era que la esencia
vital, Heka, fue traída desde una fuente mágica lejana. Esta última se refiere a
la «Isla de Fuego», el lugar de luz infinita más allá de los límites del mundo,
donde nacieron los dioses, recibieron la vida y fueron enviados al mundo. El
Fénix es el mensajero principal de esta tierra inaccesible de dioses… Así
pues, el Fénix vino de un mundo tan lejano de vida eterna… para aterrizar, al
final, en Heliópolis, el centro simbólico de la tierra, donde anunciaría una
nueva era…[75]
El «grito» del Fénix para «anunciar la nueva era» se realizaba por medio del
poder de Heka[76] y este «grito» o «palabra» era lo que trajo la luz y vida al mundo.
Primero fue la «palabra», luego la «Luz» y finalmente la «vida». Curiosamente, hay
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un pasaje en los Textos de los Sarcófagos en el que el alma del difunto proclama:
Yo vengo de la Isla del Fuego, habiendo llenado mi cuerpo con Heka, como el
pájaro (el Bennu-Fénix) quien vino y llenó la palabra con aquello (Heka-
magia) lo cual no había conocido…[77]
Así es cómo la «magia» vino desde la «Isla del Fuego», «traída» hasta nosotros
gracias al pájaro Bennu-Fénix[78]. Pero ¿qué es lo que trajo exactamente al mundo el
Bennu-Fénix en el momento de la creación? ¿Qué pudo haber sido su preciosa carga?
Quizás podemos encontrar una clave en la Historia de Heródoto:
Y cuentan (los sacerdotes de Heliópolis): aunque a mi juicio el relato es
increíble, que este pájaro lleva a cabo la siguiente proeza: partiendo de
Arabia, transporta al templo del sol (Heliópolis) el cuerpo de su padre
envuelto en mirra y lo sepulta en dicho templo. Lo transporta del siguiente
modo: primeramente da forma a una bola de mirra todo lo grande que pueda
llevar y luego prueba a volar con ella; una vez realizada la prueba, entonces
hace un agujero en la bola y mete en ella a su padre, emplastando con la mirra
extraída el agujero por el que al hacer el agujero en la bola, introdujera el
cuerpo (con su padre dentro el peso vuelve a ser el mismo) y, una vez
emplastado el agujero, transporta la bola al templo del sol…[79]
Aunque el relato de Heródoto probablemente es una versión algo oscurecida del
mito original egipcio, muy probablemente podría seguir su esencia a grandes rasgos.
Además, de este relato, así como de fragmentos de los Textos de las Pirámides, los
Textos de los Sarcófagos y otros escritos religiosos egipcios, podríamos confeccionar
un perfil del pájaro mágico —Bennu o Fénix— así como su papel en el mito de la
creación del Antiguo Egipto. La «bola» que el Fénix «deposita en el templo del sol»
de Heliópolis que cuenta Heródoto, es casi una alusión directa a la sustancia mágica,
el heka, que el Bennu trajo a Egipto desde la lejana tierra mítica de [os dioses,
conocida como la «Isla de Fuego» (es decir, la Arabia de Heródoto, que es la tierra
que está en Oriente). La colocación del «padre muerto» dentro de la «bola» seguido
del sellado con mirra, también es una clara reminiscencia del sellado del
revestimiento o del sarcófago de una momia envuelta (el padre muerto) con
sustancias resinosas. En los textos antiguos egipcios también hay muchos datos que
implican que la piedra Benben fue entendida como si fuera una «huevo cósmico»
traído a Egipto en ciclos por el Fénix, después de largos períodos de ausencia, con el
propósito de «incubar» un era cósmica nueva[80]. En cualquier caso, cuando
asimilamos todo esto al «montículo de la creación» sobre el cual refulgía el Fénix,
estamos ante un simbolismo incluso más complejo y poderoso, que necesita una
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interpretación cuidadosa, Por ello R. T. Rundle Clark señala:
La aparición de Atum… sobre el Montículo Primigenio no fue la única forma
de expresar el primer suceso (de la Creación), incluso en Heliópolis. Desde
que las aguas (del mar primordial) se encontraban en la más absoluta
oscuridad, el emerger del dios anuncia la llegada de la luz, el primer
amanecer. En Heliópolis la mañana se marcaba con el brillo de la luz sobre un
pilar o piramidión erigido sobre una base que podía reflejar los rayos del sol.
En el comienzo, un pájaro de luz, el Fénix, ardió sobre el pedestal sagrado. Se
le conoció como Benben, y señalaba el inicio de la gran edad del Dios visible
(el sol). El ascenso del montículo y la aparición del Fénix no son hechos
sucesivos sino paralelos, dos aspectos del momento supremo de la Creación…
La Creación también se repetía en el renacimiento del alma (de Osiris)
después de morir, dándose de nuevo en las ceremonias de instalación de los
reyes. De hecho, el poder y la autoridad de los ritos religiosos más solemnes
derivaban de la pretensión de que significaban, de alguna manera, una vuelta
al momento original de la creación. El templo que cerraba la piedra Benben
fue el centro de los ritos de los calendarios, así como la escena del alzamiento
del Gran Dios. Fue el lugar donde los misterios de la creación se repitieron de
forma ceremonial…[81]
Como veremos ahora, todas estas poderosas ideologías unidas por el símbolo de
la piedra del Benben están íntimamente relacionados con la idea de una pirámide
monumental o, para ser más precisos, al hecho de colocar un piramidión de oro sobre
su vértice. Es entonces cuando apreciamos totalmente el hecho de que el verdadero
significado del Benben y su relación con el «Montículo de la Creación» se vuelve
claro. Pero ¿hasta dónde pueden relacionarse los atributos cósmicos del Fénix y la
apertura de una nueva era, con el Benben y la pirámide?
LA «PIRÁMIDE» QUE CAYÓ DEL CIELO
En 1989 publiqué un artículo en la revista Discussions in Egyptology de Oxford, en el
que revisaba la naturaleza y el origen de la piedra Benben, así como su poderosa
conexión con el culto de tas pirámides[82]. Era consciente de que varias
representaciones de la piedra Benben vistas en muchas viñetas del Libro de los
Muertos mostraban que este objeto tenía forma de cono o pirámide[83]. También
había habido alusiones por parte de los egiptólogos Wallis Budge y Jean Philippe
Lauer a que la piedra Benben probablemente hubiera sido un meteorito similar a la
llamada «Piedra Negra» de los musulmanes guardada con celo en un muro de la
capilla de la Kaba en La Meca, en Arabia Saudí[84]. Estas claves me proporcionaron
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las bases de mi propia investigación sobre este extraño objeto. Descubrí que la
mayoría de los meteoritos están compuestos casi de hierro puro, con un porcentaje
pequeño de níquel y casi trazas imperceptibles de otros elementos como el zinc y el
carbono. Sin embargo, hay una variedad muy extraña de grandes meteoritos
conocidos como «meteoritos orientados», que me llamaron la atención: ¡tenían forma
de pirámides! Esto se debía a que tales meteoritos, debido a la dirección uniforme del
vuelo que llevan al atravesar la atmósfera terrestre, tienen la zona frontal moldeada
debido a la abrasión producida por la fricción, lo cual les otorga la forma de un cono
o pirámide. Un ejemplo excelente de tal meteorito es el conocido como «Willamette»
conservado en el Instituto Smithsonian de Nueva York. Otro ejemplo muy bueno es
«Morito», conservado en el Instituto de Metalurgia de la Ciudad de México[85].
Teniendo esto en cuenta, además de la composición de hierro de estos meteoritos, no
es extraño que me intrigara al descubrir que en los Textos de las Pirámides había
numerosas referencias a los «huesos» de los reyes muertos que estaban hechos de una
sustancia llamada bja, que los egiptólogos traducen como «hierro»:
Yo soy puro, llevo mis huesos de hierro, extiendo mis miembros
imperecederos…[86]
Mis huesos son hierro y mis miembros son las estrellas imperecederas…
[87]
Los huesos del rey (muerto) son hierro, y sus miembros son las estrellas
imperecederas…[88]
La sola identificación de los «huesos» de los reyes muertos con el «hierro» no
tiene mucho sentido, si uno no se da cuenta de que el cuerpo transfigurado del
monarca fallecido era identificado con el hecho de llegar a ser una «estrella»:
El rey es una estrella…[89]
El rey aparece como una estrella…[90]
¡Mira!, el rey se alza como una estrella…[91]
[Oh rey]… sé un alma como una estrella viviente…[92]
Yo [el rey] soy un alma… Yo soy una estrella de oro…[93]
Ya volveremos a este significado al final de este Capítulo.
Incluso hoy, la línea de un meteorito a través del cielo oscuro se interpreta
normalmente como una «estrella que cae». El Fénix, y por extensión la piedra
Benben, normalmente fue identificado con el «alma» de Osiris y, a su vez, el «alma»
de Osiris fue identificada con la constelación de Orión[94]. Por lo tanto, es razonable
deducir que la piedra Benben fue, entre otras cosas, un símbolo del «alma-estrella» de
Osiris y, quizás más en concreto, la vuelta cíclica de Osiris como el «Fénix», para
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señalar la apertura de una nueva era. Curiosamente, los egiptólogos también están de
acuerdo en que fue probablemente la forma piramidal de la piedra Benben lo que
inspiró el diseño actual de las monumentales pirámides, así como la forma del
piramidión que normalmente se colocaba sobre su vértice[95]. Por extensión,
entonces, estos piramidiones pudieron haber sido entendidos como símbolos de la
estrella «alma» de Osiris. Además, en los Textos de las Pirámides parece que no hay
distinción entre el rey difunto y el dios Osiris. Es como si estas dos entidades se
unieran en una sola. Así, por ejemplo, en los textos aparecidos en las pirámides de los
faraones Unas, Pepi o Teti, sus nombres siempre están compuestos con el de Osiris,
como «este rey Osiris-Unas», «este rey Osiris-Pepi» y así sucesivamente. Incluso, el
nombre compuesto de Osiris con el del faraón muerto se combinaba con el propio
nombre de la pirámide, como si los antiguos egipcios nos estuvieran diciendo que las
tres entidades deben ser entendidas como una misma cosa:
… este rey (Unas) es Osiris, esta pirámide del rey (Unas) es Osiris, esta
construcción del este rey (Unas) es Osiris…[96]
La conclusión era inevitable: los piramidiones, una vez colocados sobre el vértice
de las monumentales pirámides, eran considerados no solamente como una
representación de la piedra Benben y del Fénix, sino que también significaban, en un
nivel de simbolismo más profundo, la evocación de la idea del «alma» astral de Osiris
y su vuelta cíclica al mundo para anunciar un nueva era. Egiptólogos como I. E. S.
Edwards han deducido que estos misteriosos piramidiones, con toda seguridad,
estuvieron cubiertos de láminas de oro. En su libro The Pyramids of Egypt, el Dr.
Edwards nos llama la atención sobre una inscripción encontrada por el egiptólogo
francés Gustave Jequier en la pirámide de la reina Udjebten que «habla del
piramidión dorado de su pirámide»[97]. De esto se deduce, escribió Edwards, «que
estas piedras estaban, al menos en ocasiones, cubiertas con oro[98]. No nos debe
sorprender que los Textos de las Pirámides no solamente señalen que los «huesos»
del rey astral estuvieran hechos de hierro, sino que su carne era de «oro», es decir,
estaba cubierta de oro:
Oh rey, emerge sobre tus huesos de hierro y miembros dorados, tu cuerpo
pertenece al de un dios; no crecerá enmohecido, no será destruido, no se
pudrirá…[99]
Esta descripción es una metáfora clara del aspecto de una momia real envuelta en
un sarcófago dorado antropomorfo. Un ejemplo excelente de uno de estos reyes con
«carne de oro» es, por supuesto, el del faraón niño Tutankhamón que todavía puede
verse hoy en el Museo de Antigüedades Egipcias de El Cairo. Adornando de esta
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manera el cuerpo del faraón niño se pretendía su transfiguración en un dios[100]. Si
igualamos este simbolismo al pasaje de los Textos de las Pirámides en donde se lee
«Yo soy un alma… una estrella de oro»[101] entonces se puede deducir que la
reaparición o «vuelta» del «alma de Osiris», es decir, el Fénix, estuvo representada
por la colocación de un piramidión de oro sobre el «Montículo de la Creación» —
esto último se refiere realmente, creo, al montículo de Heliópolis o la Gran Pirámide
de Gizeh.
Figura 12. Dibujo alegórico que muestra a Osiris en su trono en la
Cámara del Rey y el canal sur de la Cámara de la Reina atravesando los
muslos de Isis.
Uno de los mejores ejemplos que ha sobrevivido de este símbolo es el piramidión
de Amenemhat III (hacia el 1880 a. C.) que todavía se conserva hoy en el salón
central del Museo de El Cairo. Este piramidión fue destinado para la pirámide de
Amenemhat en Dashur, localidad que se encuentra a unos 50 kilómetros al sur de
Gizeh. Fue descubierto en 1902 por Gaston Maspero[102]. Cortado de forma tan
perfecta como un diamante en un solo bloque de granito negro, pesa 4 toneladas. En
abril de 1995 tuve la oportunidad de llevarme conmigo al Museo de El Cairo a Robert
Mckenty, un investigador canadiense[103]. Robert se había traído consigo una regla de
acero de alta precisión capaz de marcar errores en planos o superficies, por debajo de
una fracción de milímetro. Cuando colocamos la regla sobre toda la escultura, apenas
se grabó ninguna variación: la piedra, sorprendentemente, parecía haber sido «pulida
con una máquina» hasta la perfección[104]. Este trabajo de artesanos tan meticuloso,
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casi obsesivo, sugería que la piedra había sido preparada con el fin de recibir una
delgada capa de metal sobre su superficie, en este caso particular probablemente
láminas de oro. Curiosamente, el «Benben» de Amenemhat III posee dos grandes
«ojos» grabados en una de sus caras. Las inscripciones que hay bajo estos «ojos» y en
la parte superior del piramidión no dejan claro si hay que entenderlos como los
«ojos» del dios sol Ra, o los de Osiris[105]. Los egiptólogos normalmente son de la
opinión de que pertenecen a Ra[106]. Esto, desde mi punto de vista, seguramente no es
correcto. Hay muchas otras razones, como veremos, para mostrar que los «ojos» que
aparecen sobre el Benben deberían identificarse no con Ra sino con Osiris o, para ser
más concretos, al «alma de Osiris».
EL OJO Y EL TRONO DE HIERRO DE OSIRIS
Existe un polémico debate en tomo a la etimología del nombre de Osiris y los
misteriosos símbolos que se le atribuyen. Puede sorprender al lector el conocer que el
nombre no es egipcio sino griego. El nombre original y verdadero del dios en su
forma más antigua era As-Ar o Ausar, compuesto por dos signos jeroglíficos de un
«trono» y de un «ojo». Solamente es mucho después, hacia 500 a. C. o así, cuando
los griegos dieron su pronunciación clásica. El «trono» simboliza casi con seguridad
el «trono de Osiris» o, de forma más genérica, «el trono del reinado divino». Y en su
connotación funeraria, puede entenderse como «el trono de Osiris en el Duat». Tal
conclusión se basa en el papel y la función de Osiris como «Señor del Duat» y, en
todo caso, se confirma por las numerosas representaciones en el arte funerario que
muestran a Osiris sentado en un trono en la llamada «Escena del Juicio», donde el
dios despacha su veredicto sobre las almas de los muertos. Sin embargo, hay una
curiosa variante de esta representación en la que se ve a Osiris sentado en su trono,
colocado sobre el vértice de una pirámide o montículo (véase Figura 13)[107]. Sobre
esto último, Rundle Clark dice que:
En esta versión (representación) el objeto central es un montículo al que se
accede por escalones. Dentro se encuentra la figura tumbada de Osiris o una
figura que le representa, iluminado por el sol de la noche durante su viaje por
el Inframundo. La colina escalonada es, por su puesto, el Montículo
Primigenio, pero en esta ocasión está orientado. Las diosas del norte y del sur,
y en ocasiones señales del este y del oeste, decoran la parte exterior de los
escalones… Sobre el montículo está Osiris entronizado, protegido a veces por
una diosa, y muy de cerca por Horus, Thot y un ser peculiar que lleva dos
serpientes rígidas que forman una X. El dios (Horus), más cercano a Osiris, le
presenta el ojo de Horus —el viejo diseño para recuperar a Osiris y que es tan
antiguo como los Textos de las Pirámides… La figura con las serpientes
[Link] - Página 121
cruzadas probablemente sea la Palabra Divina…[108]
Figura 13. Osiris en su trono recibe el Ojo de Horus sobre la montaña-
pirámide de la Creación. El dios Sokar yace dentro de la montaña-pirámide
mientras recibe la energía solar que parten del vértice. Los símbolos del norte
y del sur flanquean la montaña.
Uno de los símbolos más potentes del antiguo Egipto es el Udjet, que se
representa por un «ojo». Tuvo tanto éxito este símbolo que ha sobrevivido hasta
nuestros días, usado generalmente como talismán para expulsar la maldad y el
peligro[109]. Aunque el término Udjet es del género femenino, el «ojo" es el de un
halcón y puede identificarse fácilmente con los dioses halcones primitivos como
Horus o Sokar[110]. En su detallado estudio sobre el símbolo Udjet, R. T. Rundle
Clark muestra que el «ojo» también fue asociado con el sol y la luna, que
representaban los dos ojos del halcón cósmico[111]. Desde que uno de estos “ojos”, la
luna, mengua y crece en el ciclo de un mes, los antiguos usaron fracciones numéricas
del valor uno para diseñar el símbolo Udjet; el acto de «poner junto» el ojo Udjet
simbolizaba el retomo de la luna llena que, de acuerdo con Clark, señalaba la idea de
que «todo está bien» y que «Maat», el orden cósmico, es imperturbable[112].
Yo estoy buscando el ojo de Horus, para que pueda traerlo de vuelta y
contarlo… Yo soy Thot el que trae de vuelta a Maat… Yo soy el que devuelve
el ojo Udjet, yo soy el que elimina su oscuridad, cuando su brillo está
dañado… en la Casa de la Luna…[113]
La literatura egipcia está llena de referencias a la «vuelta del Ojo». Este extraño
motivo, por ejemplo, se repite no menos de cuatrocientas veces en las fórmulas y
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encantamientos de los Textos de las Pirámides, y muchas más a través del todo el
corpus de estos textos antiguos. El mito temático asociado al «Ojo de Horus» gira en
tomo a una batalla épica que supuestamente tuvo lugar entre Horus y su tío Set,
cuando estas dos divinidades luchaban por el trono de Osiris. Después de una dura
batalla que duró varios días, Horus perdió su ojo izquierdo y Set sus testículos[114].
La batalla finalmente acabó cuando Thot intervino y persuadió a los contendientes
para que dejaran su caso al arbitrio del consejo de los dioses, conocido a veces como
la «Gran Enéada»[115]. El veredicto es en favor de Horus, que es coronado como el
primer rey divino legítimo del reino de Osiris. Tan pronto como acaba su coronación,
Horus viaja al reino del Inframundo-Duat en busca del «cuerpo» de su padre, Osiris.
Entonces presenta al cuerpo inanimado de Osiris el «ojo» y, automáticamente, Osiris
revive:
Oh Osiris el rey, yo te traigo el ojo de Horus… Oh Osiris el rey, Horus ha
puesto su Ojo sobre tu frente en su nombre de Grande de la Magia… Vive, Oh
mi padre Osiris el rey, ya que te he puesto el Ojo de Horus sobre ti…[116]
Oh Horus quien (también) es Osiris el rey, lleva tu Ojo de Horus sano. Oh
Horus que es Osiris el rey, lo dibujo sobre tu rostro, porque Horus dibujó su
Ojo sano. Oh rey, coloco tus ojos en tu rostro para que esté intacto y así
puedas ver con ellos…[117]
Oh mi padre el rey, las puertas del cielo están abiertas para ti… levántate y
míralo, levántate y escucha lo que ha hecho tu hijo Horus por ti: él le golpea
(a Set), quien te ha golpeado…[118]…haz que te desplaces hasta el cielo en tu
trono de hierro…[119]
Levántate por mí, Oh Padre mío; levántate por mí, Oh Osiris el rey,
porque yo soy tu hijo, soy Horus… te he instalado sobre el trono, el de mi
padre Osiris el rey…[120]
En estos pasajes de los Textos de las Pirámides se nos presenta un fuerte vínculo
entre los símbolos del «ojo» y del «Trono», emergiendo los dos con la re surrección o
el levantamiento de Osiris en su tumba. Conservemos esta extraña imagen en mente
mientras volvemos a la representación de la figura 10, que muestra el Montículo
Primigenio y la Casa de Sokar. En esta descripción es obvio que el trono es entendido
como una representación del símbolo del «Benben», ya que fue este último el que
depositó el Bennu-Fénix en el vértice del Montículo Primigenio original cuando fue
anunciada la nueva era. Y esta imagen, por supuesto, nos lleva a las propias grandes
pirámides, ya que, como hemos señalado por medio del testimonio de numerosos
investigadores como I. E. S. Edwards, las pirámides escalonadas de la III dinastía
eran, casi con Seguridad, representaciones del Montículo Primigenio[121]. Incluso, el
signo jeroglífico de una pirámide escalonada se usaba con frecuencia para indicar
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este lugar[122]. También se sabe que las pirámides verdaderas, las de caras lisas de la
IV dinastía, incluyendo el grupo de Gizeh, incorporaron en la estructura de su núcleo
una pirámide escalonada, un detalle que es bastante expresivo de que ellas también
eran entendidas como un símbolo del Montículo Primigenio[123]. En la figura 13 que
muestra el Montículo Primigenio sobre el que Osiris está sentado en el trono, el
propio montículo está orientado según las cuatro direcciones astronómicas; de nuevo
una clave firme de que es un medio para representar un monumento piramidal
clásico, cuyas cuatro caras estaban siempre alineadas hacia los cuatro puntos
astronómicos o cardinales. Esta idea se consolidaba aún más gracias al análisis hecho
por Edwards de la palabra Mr, que se entiende como «pirámide». Esta palabra está
formada por tres símbolos, un símbolo en «forma de ojo», un «búho» y un
«estandarte o poste». Todos forman la palabra fonética M(e)r. Edwards señaló que el
determinativo para la palabra r, que significa «ascender», es, de hecho, el signo para
indicar una pirámide escalonada o el Montículo Primigenjo[124]. Entonces apuntó que
el signo «m», que significa «lugar», le había llevado a pensar que la palabra Met por
lo tanto, podría significar «el lugar de Ascensión»[125]. Es incuestionable que los
únicos objetos físicos que literalmente pueden «ascender» al vértice de las grandes
pirámides, lógicamente fueron los piramidiones Benben; los símbolos del «alma»
astral del rey Osiris transfigurado. Así, en la figura 13 tenemos los símbolos de Osiris
(o su «alma»), el «ojo» y el «trono», todos juntos en el vértice del Montículo
Primigenio o pirámide. Por un lado, esto ya nos debería dejar claro que el símbolo de
una piedra Benben con el ojo, especialmente cuando está colocado en el vértice del
«Montículo Primigenio» o Pirámide, es completamente intercambiable, por otro lado,
con el símbolo del «trono con el ojo». Este último formaría el nombre de Osiris; si lo
expresamos de forma algebraica, entonces, el Benben con el Ojo = Trono con Ojo =
Osiris.
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Figura 14. Textos de las Pirámides. Nótense las estrellas de cinco puntas.
Ahora hay que preguntar al lector si recuerda que en los Textos de las Pirámides
se decía que la piedra Benben original estaba hecha de hierro (materia de la
«estrella», es decir, hierro meteórico). No deja de ser curioso que en estos Textos se
dice con frecuencia que el «trono» de Osiris está hecho de «hierro», el mismo
material cósmico del que también estaban hechos los «huesos» de las almas astrales:
Yo [el rey Osiris] asciendo al cielo… estoy sentado en mi trono…[126] Haz
que tu [el rey Osiris] salgas al cielo sobre tu trono de hierro…[127]
Tú ascenderás hasta el cielo… estarás sentado en tu trono de hierro… tú
has atravesado como una estrella la Vía de Agua Sinuosa en el norte del
cielo… el Duat ha cogido tu mano en el lugar donde está Orión… (¿el Gizeh
celestial?)[128]
Aquí está la consecuencia de todo: la idea del retomo del Fénix al «lugar donde
está Orión» (es decir, el Gizeh celestial)[129] con el fin de anunciar una nueva era
mesiánica, mediante la colocación de un piramidión sobre el vértice de una gran
pirámide. Una idea, por supuesto, que también es aplicable al regreso de una figura
mesiánica al comienzo de una nueva era, la cual, en la tradición cristiana, sugiere
semejanzas con la «Segunda Venida» de Cristo.
El lector se dará cuenta, sin embargo, de que en la figura 13, dentro de la propia
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Pirámide/Montículo hay otra figura; la de un hombre momificado yacente con cabeza
de halcón. Rundle Clark describió esta misteriosa entidad como la «figura rumbada
de Osiris o un símbolo que lo representa». Pero ¿qué símbolo podría ser? Wallis
Budge proporciona una clave en su descripción del dios Osiris-Sokar «en el cual él
aparece como una momia con cabeza de halcón»[130]. También hay una figura
yacente con cabeza de halcón casi idéntica representada sobre el muro del templo de
Dendera, en el Alto Egipto, a la que también se refieren como Osiris-Sokar de
Busiris[131] (véase figura 8). Aquí vemos a Osiris-Sokar yaciendo sobre un catafalco
o cama, cuya base tiene forma de un león Aker; en un lado de la cama está la diosa
Isis, y en el otro, Neftis[132]. Está claro que si comparamos estas imágenes al pasaje
relatado en la piedra de Shabaka que hemos visto anteriormente, obtenemos, de
hecho, las mismas imágenes en palabras.
Figura 15. Textos de las Pirámides. Nótese «Trono y Ojo», el nombre de
Osiris compuesto por el nombre del faraón Unas (en el cartucho).
Sin olvidarnos de esto, vamos ahora a comparar la figura 1, que muestra la Quinta
División y la Casa de Sokar, con la figura 10, que muestra la Pirámide/Montículo
escalonada y Osiris en su trono. En la figura 13 vemos al dios Sokar portando las
plumas de la serpiente gigante en la Casa de Sokar, con una Pirámide/Montículo
encima, y en la figura 13 vemos a la misma entidad yaciendo dentro o sobre una
Pirámide/Montículo escalonada. El «Montículo» de la figura 13 es, como señaló
Rundle Clark, una representación del «Montículo de la Creación». Pero ¿qué sucede
con el «Montículo» de la figura 10? Vamos a examinar este «Montículo» más de
cerca. En el vértice del «Montículo» de la figura 10 hay dos símbolos, uno es una
cabeza humana y el otro, un objeto con forma de campana (identificado, como ya
hemos visto antes, con un ónfalos o con una marca geodésica sagrada) que está
flanqueado por dos milanos[133]. Estos dos milanos, según el egiptólogo George Hart,
[Link] - Página 126
simbolizan a las diosas Isis y Neftis[134] —de nuevo una representación pictórica de
lo que hay en el texto de Shabaka. Rundle Clark va más allá al decir que el objeto en
forma de ónfalos es otro símbolo jeroglífico para indicar el Montículo
Primigenio[135]. Para la cabeza humana que corona la Pirámide/Montículo, los textos
jeroglíficos que la acompañan señalan que es «la carne de Isis quien está sobre la
arena de la tierra de Sokar»[136]. El nombre de Isis, como el de Osiris, es una
derivación griega. El verdadero nombre de la diosa en la lengua del antiguo Egipto es
Ast, que en su forma más antigua estaba escrito con dos signos, uno de los cuales era
un «trono». Podemos ver ahora que el «trono» de Isis, el objeto con forma de ónfalo
y el «trono» y el “ojo” de Osiris, todos se unen en el complejo simbolismo del
Montículo Primigenio y, por extensión, también del piramidión original del Benben.
La estrella Sirio, como veremos después, representa de igual manera a Isis, y puede
intercambiarse con estos símbolos en el vértice del «Montículo». Pero hay más. De
nuevo según George Hart, la Pirámide/Montículo es representativa de la «tumba de
Osiris» del desierto, es decir, el «lugar de enterramiento de Osiris» en la «casa de
Sokar» en Rostau (léase, Gizeh)[137]. A esto sigue que la Pirámide/Montículo
escalonada en la cual yace la figura tendida con cabeza de halcón, representa la
«tumba de Osiris-Sokar» en Gizeh, Para las enormes esfinges llamadas Aker que
protegen esta «tumba», acabamos de ver que con toda seguridad representan la Gran
Esfinge de Gizeh (es decir, Rostau). La conclusión general es inevitable: los egipcios,
desde los primeros tiempos, creían que en algún lugar bajo el lecho rocoso de Gizeh,
y más en concreto algún lugar bajo el área en donde se encuentra la Esfinge, se
encontraba la «tumba de Osiris».
Curiosamente, sin embargo, todas estas representaciones y símbolos
intercambiables sugieren de forma evidente que esta tumba tiene la forma de una
estructura piramidal o de un «Montículo». ¿No podría ser que las diferentes
conexiones entre el «trono de Isis», la idea de una «estrella» y el símbolo del Benben
puedan también señalar otra cámara secreta escondida en el corazón de la Gran
Pirámide o en el «Montículo» del que hablaba Simon Cox? Más adelante revisaremos
las evidencias que nos llevan a tan excitante conclusión en el caso de la Gran
Pirámide. Mientras tanto, el lector no debe olvidar algo que también veremos más
tarde: [1] ¿por qué la propia diosa Isis fue identificada con la estrella Sirio, cuyo
nombre jeroglífico, «Sepdt», está compuesto por los signos que significan un Benben
y una «estrella de cinco puntas»?; [2] ¿por qué el Benben y la estrella de cinco puntas
se encuentran en el piramidión «perdido» de la Gran Pirámide de Gizeh?, y [3] ¿por
qué el canal sur de la Cámara de la Reina en la misma pirámide, no solamente estaba
dirigido a Sirio, sino que al final del mismo, 65 metros en el corazón del monumento,
se encuentra una pequeña «puerta» que, según creen muchos, puede llevar a una
cámara secreta?
Mientras, me estaba enfrentando a un red de ideas tormentosas y complejas que,
aunque flotaban en mi mente unas cerca de otras, sin embargo, carecía de un
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catalizador que me ayudara a hacerlas encajar. Al mismo tiempo, no podía sacudirme
el fuerte sentimiento de que aquí, en esta poderosa poción de símbolos, estaban los
rudimentos de un «mensaje» arcano, el cual, como la proverbial X de un mapa del
tesoro, parecía señalar la localización de la Quinta División del «Duat» en algún
lugar en la necrópolis de Gizeh, es decir, la Casa de Sokar. Parecía muy extraño. Era
como si estuviera siendo «guiado» por la estrella Sirio, cuyos rayos iluminaban los
profundos y latentes vacíos de mi mente. Pero ¿cómo podía ser esto? ¿Por qué
atormentaban mi cabeza estas ideas extrañas y «peregrinas»? Y, ¿por qué, también,
estaba haciendo una asociación casi inconsciente de esta estrella con el piramidión
«perdido» de la Gran Pirámide? No tenía ningún sentido. Sin embargo, en otro lugar
de mi cabeza, el lado que respondía no con la limitación del proceso racional, sino
con las facultades intuitivas y creativas, todo parecía tener «sentido». ¿Estaba quizás
percibiendo, de una manera extraña e inexplicable, un poderoso mensaje subliminal
que había estado oculto en el conocimiento simbólico estelar de los antiguos
constructores de pirámides y en sus imágenes de culto? ¿Un mensaje que no había
sido tenido en cuenta en un principio ni por mí ni por nadie, pero fue apuntado hace
mucho tiempo a los primeros iniciados del culto heliopolitano? ¿Era yo la inesperada
víctima —o benefactor— de un dispositivo hermético devastadoramente poderoso?
Estaba en este callejón sin salida en mi investigación cuando, de repente, recordé
el «vasto plan» de la teoría de la correlación estelar que presenté en mi primer libro
El Misterio de Orión. En un apartado de aquel libro, titulado «¿Dónde está la piedra
Benben?», mostraba cómo la extensa región que abrazaba la necrópolis de Gizeh, el
templo de Heliópolis y un tercer sitio conocido como Khem (la Letópolis de los
griegos)[138], juntos, definían sobre el terreno un enorme triángulo rectángulo
«pitagórico» (véanse figuras 16 y 19)[139]. Haciendo un inciso, hay que señalar que el
nombre de Khem es una dará reminiscencia del nombre «Khemmis», un lugar que
está sobre el lado occidental del Nilo en la región del Delta donde, de acuerdo con la
mitología egipcia, Isis dio a luz a Horus[140]. También sugería que las tres esquinas de
este triángulo «pitagórico» probablemente estaban marcadas a propósito por [1] el
vértice de la Gran Pirámide; [2] el vértice del «Montículo» heliopolitano (el Benben);
y [3] el vértice de una torre que aparentemente existió en Khem-Letópolis[141].
Muchos elementos de este curioso diseño geométrico sugerían que el vínculo entre
estos tres lugares, proporcionaba una especie de «marca» gigante que conducía a la
entrada de la Gran Pirámide y, a la larga, llevaba, a través de los estrechos canales
que miraban al cielo, hacia «el lugar en donde está Orión» en el que, según nos
cuentan los Textos de las Pirámides, se podrían encontrar «las puertas del Duat», es
decir, Rostau[142].
No regresaré a las puertas del Duat. Ascenderé hasta el cielo con Orión…
Yo soy uno de los que recoge para él su efluvio en frente de Rostau…[143]
[Link] - Página 128
Ascenderás hasta el cielo… te sentarás sobre cu trono de hierro… tú has
atravesado como una estrella la Vía de Agua Sinuosa del norte del cielo… el
Duat ha asido tu mana en el lugar en donde está Orión…[144]
[Link] - Página 129
[Link] - Página 130
En este mapa terrestre había demostrado de qué manera la propia Gran Pirámide
representaba una estrella del cinturón de Orión, Zeta Orionis, y cómo Khem-
Letópolis probablemente representaba la posición correspondiente a la estrella Sirio
cerca de la margen occidental de la Vía Láctea[145]. Con estos pensamientos en
mente, también recordé un texto de un egiptólogo francés, George Goyon, en
conexión con la Gran Pirámide que ahora, a la luz de lo que se acaba de decir,
adquiría un significado nuevo e inquietante. «El monumento», escribió Goyon, «fue
colocado bajo la protección estelar del dios Horus…»[146]. Veremos más adelante que
la «estrella» de Horus era, realmente, la estrella Sirio. Baste en este estadio el
mencionar que en los antiguos Textos de las Pirámides, así como en toda la otra
literatura religiosa del antiguo Egipto, se decía que el Horus estelar había nacido del
«útero de Sothis», el nombre dado por los griegos de Egipto ala diosa Isis-Sirio[147].
En el libro El Misterio de Orión hay un apéndice titulado «La supervivencia de la
religión estelar» donde presentaba un detallado análisis sobre cómo en los antiguos
textos egipcios —tales como el papiro Carlsberg I, por ejemplo— el ciclo aparente de
Sirio de nueve meses (273 días), medido desde su paso por el meridiano, estaba unido
al ciclo de gestación de un feto humano. Esto me llevó a concluir que la «semilla del
útero de la diosa Isis-Sirio» mencionada en los Textos de las Pirámides,
probablemente se pensó que iba a tener lugar cuando Sirio fuera observado en el
meridiano sur al amanecer[148]. Durante la Época de las Pirámides este evento
importante ocurría, incidentalmente, unos veinte días antes del equinoccio de otoño,
cuando el sol se encontraba justo sobre la parte alta de los «platillos» de la
constelación zodiacal de Libra[149]. Esta constelación fue asociada, casi con
seguridad, con los «platillos» cósmicos vistos con frecuencia en las viñetas funerarias
que representan la llamada escena del Juicio del «Pesaje del Alma» y donde Osiris
aparece sentado sobre su trono flanqueado por Isis y Neftis[150]. La alineación de
Sirio con el eje meridional de la Gran Pirámide y también el canal sur de la Cámara
de la Reina, creaban un poderoso escenario ritual celeste y terrestre, para la unión
«semilla del útero de Isis» con el embrión del futuro rey Horus[151]. Defendí que se
trataba de un eficaz ritual para fabricar reyes que, durante la Época de las Pirámides,
bien podría haber sido celebrado dentro de la Cámara de la Reina de la Gran Pirámide
con una estatua itifálica del rey (o quizás incluso su momia), colocada en frente de la
apertura del canal sur[152]. Y fue este canal, como hemos dicho, el que llevó a la
recóndita «puerta» que había en el corazón de la pirámide…
La probabilidad de la existencia de una cámara secreta, e incluso de una segunda
cámara en Gizeh, bajo la Esfinge o dentro de la Gran Pirámide es, por lo tanto,
bastante alta. Pero, aun así, si asumimos que en Gizeh realmente existen cámaras
secretas, escondidas por los constructores originales del lugar, ¿cuál sería entonces su
finalidad? ¿Qué contenido podría ser tan precioso, tan obsesivamente importante de
preservar, que podría inducir a la gente a lievar a cabo una empresa constructora tan
[Link] - Página 131
vasta y desconcertante? ¿Qué pudo haber sido considerado tan valioso, tan
significativo, tan vitalmente necesario para evolucionar, que se tuvo guardado en tan
poderoso monumento?
Me viene a la cabeza una palabra «conocimiento». El conocimiento de Thot.
De acuerdo con las estimaciones más conservadoras, nos separan 4.500 años de la
supuesta construcción de la necrópolis de Gizeh. ¿Pudo el sistema de conocimiento
de aquellos antiguos que planearon Gizeh, haber sobrevivido de alguna manera a
través de este inmenso período de tiempo? ¿Fue grabado, como sugieren todos los
textos antiguos, sobre tablas y estelas por la mano del propio dios Thot? ¿Están
conservadas a salvo en habitaciones herméticamente selladas? Y, lo más importante,
¿hay alguna evidencia tangible o científica que verifique tal hipótesis? ¿Lo ha
intentado alguien? Y, si lo ha hecho ¿qué es lo que encontró?
Antes de hacer frente a estas cuestiones tan interesantes, necesitamos ver qué
parte substancial de este «conocimiento» legendario pudo haberse transmitido a
través de los tiempos por medio de otra ruta; una tan bien escondida que ha escapado
hasta ahora de la atención de todos los egiptólogos e historiadores. Oculto en un lugar
al que nadie puede alcanzar con una pala, un escalpelo o un radar, sino solamente a
través de un proceso de iniciación para el que fue designado el «conocimiento».
Porque no todos los conocimientos, como bien sabían los antiguos maestros de la
iniciación, son algo que uno graba sin más en libros e inscripciones; sino que el
verdadero conocimiento era «depositado» a su disposición en un vasto crisol y un
instrumento mucho más sofisticado: la memoria del hombre. Como veremos ahora,
tales ideas incluso pueden haber persistido al insertarlas profundamente, como si
fuera un microchip intelectual arcaico, en el cuerpo de sistemas de nuevas creencias,
religiones prometedoras y movimientos intelectuales, con el fin de que pudieran
superar períodos de peligro y pesadumbre. Y cuando «el momento fuera adecuado y
bueno», estas antiguas ideas podrían ser despertadas de su descanso milenario.
[Link] - Página 132
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5
EL CONOCIMIENTO
«El Reino de los Cielos está dentro de ti…».
«La base de este conocimiento (gnosis), los principios fundamentales
sobre los que descansan todas las enseñanzas, era la naturaleza divina
inherente en el hombre, y la consecuente posibilidad de convenirse en un ser
divino gracias al propio conocimiento…».
—WILLIAM KINGSLAND[1]
EN EL PRINCIPIO
Todos los dogmas, doctrinas, leyes, creencias, rituales, ceremonias, templos,
pirámides, tumbas, en resumen, cada fundación y edificio sobre el que descansaba el
Estado faraónico y su teocracia, se basaban en la convicción inmutable de que el rey
estaba unido de forma permanente, por medio de su linaje divino, a la lejana edad de
oro de los dioses, llamada Zep Tepi, el Tiempo Primigenio[2].
La noción de este Tiempo Primigenio es algo compleja. Hasta donde podía
alcanzar la imaginación de los egipcios, se creía que el Tiempo Primigenio fue en
verdad un momento histórico durante el cual los dioses habían vivido sobre la tierra,
cuando tuvo lugar la vida y la muerte de Osiris, y cuando el nacimiento milagroso de
Horus instigó el linaje divino de la dinastía de reyes faraónica. De esta manera,
siempre se conoció al Tiempo Primigenio como el «Tiempo de Osiris» o el «Tiempo
de Horus». Los principales dogmas del antiguo culto de los templos y del Estado
faraónico que lo administraba, eran que durante esta edad de oro de los dioses, se
había establecido por medio de Osiris un sistema de «ley cósmica» denominado
Maat. El deber y la función de su hijo Horus y de todos lo sucesivos reyes-Horus eran
asegurar que Maat fuera sostenida y guardada sin cambios a través de los tiempos.
Como proclaman los textos antiguos:
Maat es Grande, resistente es su efectividad, ya que no ha sido cambiada
desde el Tiempo de Osiris (es decir, el Tiempo Primigenio)…[3]
Se ha especulado mucho entre los expertos en religión y filosofía sobre qué era
exactamente Maat para los antiguos egipcios. Maat estaba personificada por una
diosa alada sobre cuya cabeza reposaba una gran pluma que, de acuerdo con muchos
investigadores, simbolizaba la «verdad» o la «claridad» de un corazón veraz y justo.
Wallis Budge describe a la diosa Maat como
[Link] - Página 134
…la personificación de la ley, el orden, la regla, la verdad, lo correcto, lo
justo, el derecho, la justicia, la franqueza, la integridad, la rectitud y los
conceptos más altos de la ley física y moral conocidos por los egipcios.[4]
Figura 18. El Faro de Alejandría (asociado con el monumento masónico
de George Washington en Alejandría, Washington D.C.).
Quizás la mejor manera para comprender el concepto de Maat, sea combinar
todas estas cosas que se aglutinan en el principio de «verdad divina», o simplemente
«verdad». En resumen, Maat es el «código de trabajo» de los dioses que el ser
humano incorpora a su corazón, con el fin de progresar hacia un estado divino. Maat
es ese «microchip divino» que desde dentro de nuestro corazón nos dice qué es lo que
está bien y lo que está mal, y nos guía a través de la vida de acuerdo con la voluntad
divina. Obedece a Maat, y pisarás los caminos de la devoción; ignóralo u obedece
otras «leyes» que tú sabes por tu corazón que no son correctas, y te desviarás del
camino divino. Sin embargo, Maat en sí misma no bastaba para lograr la inmortalidad
del alma. Solamente era un requisito previo esencial para obtener el derecho de entrar
en el reino celeste de Osiris. En primer lugar el difunto debía vencer con éxito todas
las pruebas y trabas a las que se tenía que enfrentar durante su espantoso viaje a
través del Duat, y el camino que lleva al reino de Osiris. Con el fin de conseguirlo, el
muerto debía estar iniciado en el sistema de conocimiento mágico de Thot, llamado
Heka. Heka es el que lleva al difunto a través de Duat y Maat la que asegura su
entrada en el reino celeste de Osiris. Ambos, Heka y Maat van de la mano, y juntos
proporcionan al individuo el don natural y el conocimiento para lograr la
inmortalidad. Por ello no es extraño que habitualmente se diga que la diosa Maat era
[Link] - Página 135
la compañera o esposa de Thot[5].
El momento culminante del viaje del alma a través de la vida y la muerte se
alcanza en la llamada Sala del Juicio de Osiris. Aquí, sentado en su trono cósmico, se
representa a Osiris junto al difunto después de su viaje a través del Duat. Esta
dramática escena, también conocida como la ceremonia del «pesaje del alma»,
aparece bellamente dibujada en el famoso Papiro Ani del Museo Británico (véase
figura 19)[6]. En el extremo derecho de la escena aparece Osiris en su trono dentro en
el interior de una capilla abierta. Porta la corona blanca de los reyes con las «dos
plumas» de la «gran magia», y el flagelo y el cetro, símbolos de la realeza faraónica.
Detrás de él, en posición de protección y adoración, se encuentran las diosas Isis y
Neftis. Frente a Osiris hay una flor de loto abierta de la cual emergen los llamados
«cuatro hijos de Horus», la personificación de los puntos cardinales y que, en los
Textos de las Pirámides, ayudan a Osiris en su ascensión hacia el mundo de las
estrellas con sus «dedos de hierro»[7]. Afuera, Horus acerca hacia la capilla de Osiris
al difunto, que ha pasado con éxito la última prueba del «pesaje del corazón» y,
consecuentemente, está ahora destinado a encontrarse con el dios y entrar en el
reinado celeste. A la izquierda de la escena aparece de pie el dios Thot, llevando en
sus manos una paleta y un instrumento para escribir, dispuesto a dejar grabado el
resultado de la lectura de una balanza de platillos manejados por un sacerdote que
lleva una máscara de chacal. Los platillos simbolizan a Maat, cuya imagen se puede
ver en la parte superior del brazo vertical del instrumento. En un plato se encuentra la
pluma de la Verdad, y en el otro el corazón o la esencia del difunto. Llevando el signo
de la vida y del renacimiento en su mano, el dios Anubis o Upuaut, «El Abridor de
Caminos», trae al nuevo difunto, cuyo corazón está listo para el pesaje. Sobre la
escena hay una fila de divinidades que representan a los cuarenta y dos jueces que
ayudan a Osiris en su veredicto final sobre quién es y quién no es digno de entrar en
el reino del cielo.
[Link] - Página 136
Figura 19. El pasaje del corazón en el salón de juicios de Osiris. Papiro
de Ani, Museo Británico.
Los estudiosos de las religiones comparadas, como es natural, han puesto su
atención en la sorprendente similitud de este proceso para lograr la inmortalidad del
alma con las doctrinas y dogmas del cristianismo. En la Biblia, por ejemplo, en los
Diez Mandamientos dados a Moisés sobre el monte Sinaí, se recoge un concepto y un
sistema de orden cósmico y ley divina similares. Supuestamente son los dogmas
justos a los que un individuo se debe atener, con el fin de ganar la aprobación de Dios
y, al final, el acceso a la inmortalidad celestial. En los evangelios canónicos Jesús se
refiere a esto en el llamado Sermón de la Montaña[8]. Pero para explicar su propia
intervención en la Ley Divina, Jesús va más allá en su explicación al grupo de
seguidores con estas palabras:
No creáis que vine a abolir la Ley o los profetas: no vine a abolir sino a
perfeccionados. En verdad os digo: antes de que pasen el cielo y la tierra no se
pasará ni una letra ni una coma de la Ley, mientras no se cumpla todo. Por lo
tanto el que quebrantare uno sólo de los más pequeños de estos mandatos y se
lo enseñe así a los hombres, éste será el más pequeño en el Reino de los
Cielos. Pero quien los cumpla y enseñe, ése será grande en el Reino de los
Cielos. Porque os digo que si no es más abundante la justicia vuestra que la de
los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos.[9]
Sin embargo, existe una marcada distinción entre el cristianismo esotérico
moderno y la religión de Osiris. En ésta, atenerse a la Ley Divina no es todo lo que se
requiere del individuo; este último también debe adquirir el «conocimiento» que se
logra a través del proceso de iniciación establecido por Thot y que presenta en sus
«libros» mágicos. El cristianismo no exige «conocimiento» sino «fe». Esto es lo que
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establece la diferencia fundamental entre la Iglesia y la antigua religión de Osiris, así
como con la temprana forma del cristianismo conocida como gnosticismo.
La palabra «gnosis» en griego, la lengua de los primeros fundadores de la Iglesia,
significa simplemente «conocimiento» o, en el contexto en que aquí se aplica,
«conocimiento de lo Divino»[10]. A este respecto es extremadamente relevante para
nuestra línea de investigación darse cuenta de que el gnosticismo nació en Egipto, en
aquellos años de formación en los que el cristianismo daba sus primeros pasos
después de 3.000 años de existencia de la religión de Osiris, la cual todavía
prevaleció en esa tierra hasta el siglo V d. C. No es el propósito de este libro
profundizar en la compleja erudición de los estudios gnósticos, pero para nuestra
investigación tenemos que exponer una visión general. Sin embargo, empecemos
diciendo que los últimos estudios muestran que esta temprana forma de cristianismo
estaba enraizada en las antiguas religiones mistéricas y de iniciación de Egipto,
Grecia y Oriente. Estos antiguos sistemas se mantuvieron a través de los tiempos
gracias al gnosticismo para reavivarse finalmente, a pesar de los cambios y
transformaciones, en las escuelas mistéricas modernas de los rosacruces y la
francmasonería. El experto William Kingsland en su extenso y atrevido ensayo, The
Gnosis or Ancient Wisdom in the Christian Scriptures («La gnosis o el antiguo
conocimiento en las Sagradas Escrituras cristianas»), argumenta que:
… las Sagradas Escrituras (cristianas) no siempre han de tomarse literalmente
como biografías de la vida de Cristo, sino que también contienen niveles de
significado alegóricos y simbólicos. La figura de Cristo que aparece no es la
de un sufrido salvador que ofrece la sangre de su vida por la redención del
mundo, sino la de un guía para la «gnosis» esencial que «se encuentra dentro
del reino de los cielos»…[11]
Lo más destacable de la tesis de Kingsland es que las enseñanzas de Jesús tienen
mucho en común con otras religiones mistéricas asociadas a maestros como Hermes
Trismegisto, Buda y Zoroastro y que también forman parte de un sistema de
iluminación que incluye la iniciación en los llamados Misterios. Además, según
Kingsland, las bases primitivas de estas ceremonias secretas han sobrevivido hasta
hoy en los rituales de las modernas sociedades de iniciación, como los
francmasones[12]. En palabras del propio autor:
La existencia de los antiguos Misterios en Egipto, Grecia y otros lugares es,
por supuesto, bien conocida desde el punto de vista de la historia. La mayoría
de las ceremonias esotéricas conectadas con estos misterios, han sobrevivido
hasta la actualidad en los rituales de la francmasonería y la propia Iglesia…
En todas las épocas de las que tenemos algún texto escrito, encontramos la
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tradición de un conocimiento recóndito que no puede revelarse a aquellos que
no habían sido sometidos a las pruebas más duras sin que fueran merecedores
de ello. Este conocimiento fue conocido generalmente bajo el término de
Misterios, y tenía que ver con los hechos más profundos del origen del
hombre, la naturaleza y la conexión con los mundos que hay por encima de
los sentidos de todos los seres, así como las leyes «naturales» del mundo
físico. No era mera especulación; era un conocimiento verdadero, gnosis, un
conocimiento de «las cosas que son», un conocimiento de la Realidad, un
conocimiento que otorgaba a su poseedor unos poderes que en un momento u
otro se había considerado que sólo tenían los dioses… La base de este
conocimiento, el principio fundamental sobre el que descansan todas las
enseñanzas, era la naturaleza divina del Hombre y, en consecuencia, la
posibilidad de convertirse, mediante el propio conocimiento, en un ser divino.
La meta final, el objetivo último de todos estos Misterios era que el iniciado
comprendiera completamente su naturaleza divina mediante la unión con el
Ser Supremo…[13]
¿Qué es exactamente el gnosticismo? ¿Dónde se desarrolló? ¿Por qué
desapareció? ¿Y qué conexión puede tener con nuestra búsqueda de la cámara secreta
de Gizeh?
EL HIJO DE DIOS
En el invierno del 332 a. C., en una explanada de piedra caliza cerca de la aldea
pesquera de Rakhotis, en la costa mediterránea de Egipto, el agotado ejército de
Alejandro Magno montó su campamento. Aquí, el macedonio había decidido levantar
una ciudad en honor de los dioses. Apenas dos años antes, él y sus intrépidos
compañeros de armas se habían enfrentado al «invencible» ejército persa en el
estrecho litoral de Issus, en Siria y, contra todo pronóstico y contra las reglas de la
estrategia militar, Alejandro se proclamó vencedor.
Se dice que los dos ejércitos se habían pasado el uno al otro como barcos en la
noche, y que a la mañana siguiente Alejandro se dio cuenta de que estaba en el lado
erróneo de la estrecha franja de tierra, sin opción de retirarse y con su línea de
suministros cortada. No le quedaba otra solución que la de atacar de frente al ejército
persa. Se calcula que la proporción era de diez a uno (40.000 en el lado de Alejandro,
600.000 en el de los persas), por lo que Alejandro tuvo que improvisar una estrategia
osada. Lideró personalmente la carga directa hacia el rey persa. Marchando a pleno
galope sobre su caballo negro Bucéfalo, lanzando feroces gritos de guerra junto a sus
compañeros, Alejandro cruzó el estrecho río que le separaba del ala izquierda del
ejército persa, irrumpiendo entre los arqueros y la infantería, encaminándose hacia el
[Link] - Página 139
carro de Darlo. En un momento de pánico, el «Rey de Reyes» de los persas aban
donó el lugar en su carro y huyó hacia las colinas. Al conocer la noticia, el ejército
persa perdió su moral de combate, y fue literalmente aniquilado. Si no hubiera
ocurrido todo esto durante el anochecer. Darlo también habría sido muerto o hecho
prisionero. Cuando Darlo dio la vuelta, abandonó su pesado carro, lanzó su pesada
armadura, saltó a un caballo y escapó. La victoria fue total para Alejandro. En aquel
momento, sólo tenía veintitrés años.
Por todas partes comenzó a extenderse la noticia de que este joven héroe, de
mechones dorados y ojos negros penetrantes, se había convertido en el dueño y señor
del mundo conocido. Probablemente entonces Alejandro comenzó a considerarse
invencible y, lo más importante, a creer en su propia divinidad. De acuerdo con
Plutarco, que escribió la biografía de Alejandro[14], Olimpia, la madre del futuro
conquistador, fue una princesa del Epiro que había trazado su descendencia desde
Aquiles, el héroe homérico. Mujer aguerrida y mística por naturaleza, Olimpia fue
elegida por su padre para ser princesa del oráculo del templo de Zeus en Dodona,
tomando parte con frecuencia en las ceremonias orgiásticas de Dioniso, y donde
usaban serpientes en unos extraños rituales sexuales. Dioniso (en griego, literalmente,
«el hijo de dios») era un héroe-divinidad nacido de la unión de Zeus con una mortal,
Sémele. Fue criado por las ninfas de las montañas de Nysa, y cuando alcanzó la edad
adulta viajó a Siria, Egipto, Asia y recorrió todo el camino hasta la India, enseñando
los secretos del cultivo del vino y llevando la civilización a estas regiones del mundo.
En esta época el oráculo de Zeus en Dodona tenía una extraña conexión con Egipto.
Se decía que en tiempos remotos, dos pájaros negros habían volado del templo de
Karnak en el Alto Egipto; uno llegó ardiendo al oasis de Siwa en el gran desierto
occidental de Egipto y Libia, y el otro alcanzó Dodona en Grecia. Allí se fundaron los
oráculos gemelos de Zeus y Amón. Plutarco señala que, en su noche de bodas,
Olimpia soñó que el rayo de Zeus-Amón había penetrado en su seno, dejándola
embarazada del futuro rey macedonio. Esto debió de impresionar bastante a
Alejandro, quien, se dice, había heredado de su madre su naturaleza extraña y
mística. Tras la muerte de su padre, Filipo, en el 336 a. C., Alejandro ascendió al
trono a los veintiún años. Doce después, cuando murió de unas extrañas fiebres en
Babilonia, había conquistado todo el mundo conocido en su época, cambiando el
curso de la historia como no lo hizo ningún hombre, ni antes ni después. Criado y
educado por el mismísimo Aristóteles, Alejandro estaba preparado para convertirse
en el arquetipo de rey heroico y filósofo a quien después muchos admirarían e
intentarían imitar, incluyendo Julio César, Luis XIV e incluso Napoleón.
Plutarco, que consultó la obra de autores más antiguos, dijo que Eratóstenes, el
famoso astrónomo alejandrino que fue el primer hombre en calcular la circunferencia
de la Tierra hacia el 255 a. C.[15], señalaba que cuando Olimpia mandó a Alejandro
hacia lo que sería su expedición épica, le reveló los secretos de su nacimiento divino,
de cómo él era la semilla de Zeus-Amón, cuyo oráculo se encontraba en Siwa.
[Link] - Página 140
Dos años después de la batalla de Issus, Alejandro hizo su entrada triunfal en la
tierra de los faraones. Las noticias de su llegada se extendieron por los templos de
Egipto, especialmente entre los sacerdotes de Amón en el templo del oráculo en
Siwa. Tras dejar a su ejército en el lugar que en un futuro sería Alejandría, confiando
los planos de su nueva ciudad al arquitecto Dinócrates, Alejandro reunió un pequeño
grupo de amigos y se puso en marcha hacia el oasis de Siwa. Aquel viaje estaba
destinado a entrar en la historia como uno de los peregrinajes más misteriosos y
mágicos de todos los tiempos. Entre quienes fueron a Siwa con Alejandro estaban
Ptolomeo, futuro rey de Egipto y fundador de la ilustre dinastía ptolemaica, y
Calístenes, el sobrino de Aristóteles. El viaje suponía navegar hacia el oeste
siguiendo la línea de la costa mediterránea durante 350 kilómetros, hasta detenerse en
Paraetonium, la moderna Marsa Matruh. Desde allí descendieron hacia el sur durante
otros 350 kilómetros hasta Siwa; lo que les llevaría al menos dos semanas. Este
último tramo de desierto era tan árido y estéril que se dice que en este lugar en el 525
a. C. el rey persa Cambises perdió un ejército completo de 50.000 hombres en una
tormenta de arena[16].
En la primavera de 1999 por fin hice un viaje hasta el fabuloso oasis de Siwa.
Desde niño, cuando vivía en Alejandría, siempre había querido ir a visitar Siwa. En
aquella época, a comienzos de los sesenta, era muy común que los jóvenes de la
comunidad cosmopolita de Alejandría fueran en los meses de verano a Marsa Matruh,
una pequeña playa a 350 kilómetros al oeste de Alejandría. En este lugar se levantaba
la antigua Paraetonium donde Cleopatra y Marco Antonio se bañaron en las
maravillosas lagunas azules que distinguen a este encantador lugar. Allí
acamparíamos con los boys scouts y las chicas guías de los colegios ingleses,
franceses, italianos y armenios de Alejandría, y algunos de nosotros soñaríamos con
ir tierra adentro hasta el oasis de Siwa, otras cuatro horas de coche hacia el sur a
través del vacío desierto occidental. La falta de dinero y la peligrosa pista que llevaba
hasta Siwa nos impedía ir. Ahora, en aquella calurosa semana de abril, todo estaba
preparado para el viaje.
Permanecí en Alejandría desde noviembre de 1998 con el fin de investigar y
escribir este libro. Michele, mi esposa, y mis hijos, Candice y Jonathan, que habían
venido en sus vacaciones de Pascua, tenían muchas ganas de ver otra vez el paisaje
del desierto. Los lectores de El Misterio de Orión recordarán que mi familia me
acompañó en Arabia Saudí en 1982, cuando estaba esbozando los bases de la teoría
de la correlación estelar. Candice tenía tres años y Jonathan todavía no había nacido.
Desde entonces habíamos vivido pequeñas temporadas en España y Australia, para
asentarnos finalmente en Inglaterra en 1989, en Buckinghamshire. Allí, en
colaboración con Adrian Gilbert y Graham Hancock escribí El Misterio de Orión
(1994) y Guardián del Génesis (1996). Para La Cámara Secreta, el último de esta
trilogía sobre Gizeh, decidí escribir el libro in situ, en Egipto. Alquilé un apartamento
cerca de la playa en Agami, un pequeño lugar de vacaciones justo a las afueras de
[Link] - Página 141
Alejandría, adopté dos perros mongrel de la zona, Coco y Macedonia[17], dos conejos,
tres tortugas y me compré un ordenador nuevo; un Pentium II con el Word 97. Envié
por barco desde Inglaterra todos los libros y la información que pudiera necesitar, un
viejo Mercedes Benz 300 E de 1987 para el transporte, y me autodeclaré un recluso, o
casi, hasta julio del año siguiente, cuando el manuscrito completo estuvo listo para
ser entregado. Debido al intenso trabajo de escribir, necesitaba un parón, por lo que
decidí que en abril viniera mi familia durante unas dos semanas. Con el Mercedes
cargado hasta los topes, y con un buen suministro de agua y fruta para el viaje,
marchamos por la mañana temprano hacia Marsa Matruh. Después de parar sólo para
comer, nos encaminamos al sur sobre la recién asfaltada carretera de Siwa, hacia lo
desconocido. Después de conducir unas tres horas sobre una carretera casi recta y
llana, en la que los ojos solamente podían ver desierto y alguna colina esporádica,
empezamos a preguntarnos si realmente el oasis existía o no. Unos 22 kilómetros
antes de que alcanzáramos el oasis, cuando la noche empezaba a caer sobre nosotros,
la rueda delantera hizo saltar una piedrecita que dañó la bomba de gasolina.
Perdiendo combustible como si se tratara de un Spitfire de la Segunda Guerra
Mundial, apenas pudimos llegar a la pequeña aldea de Siwa. Cansados y confundidos,
nos instalamos en uno de los pequeños hoteles del pueblo y dormimos hasta el
amanecer.
Decidimos deambular por el bullicioso centro de la aldea. Después de un
desayuno rápido con habas y té dulce, subimos a una pequeña loma que está rodeada
por la aldea, para tener una mejor vista del lugar; nada te dispone mejor para disfrutar
de toda la magia y la belleza de este oasis: un enorme valle llano con palmerales y
bordeado de montículos, llanuras y dunas. Dos lagos enormes, que relucían oro y azul
a la luz de la mañana, flanqueaban el este y el oeste del oasis. Hacia el este, en la
lejanía, en la cumbre de otra montaña rocosa, se divisa templo del oráculo de Zeus-
Amón.
Cuando Alejandro Magno y su pequeño séquito llegaron al oasis, inmediatamente
emprendieron el camino hacia el templo. Hasta allí había viajado un contingente de
griegos de Cirene (próxima a la moderna Trípoli en Libia), para unirse al cortejo de
Alejandro. Al acercarse al oráculo fueron recibidos por los sacerdotes, las
sacerdotisas y las bailarinas del templo, que lanzaban pétalos y perfumes sobre
Alejandro y su séquito, cantando y gritando oraciones y dando la bienvenida al joven
héroe. Al pie del monte sobre el que se levantaba el templo del oráculo, los
hierofantes y los sumos sacerdotes recibieron a Alejandro con gritos de «¡Dioniso!
¡Dioniso!», literalmente, «¡Hijo de Dios! ¡Hijo de Dios!», Estaba naciendo un rey-
mesías.
Cuando el eminente experto Ulrich Wilcken escribió que «el consecuente curso
de la historia, la política, la economía y la vida cultural que vino después, no se puede
entender sin tener en cuenta la carrera de Alejandro», no exageraba en absoluto[18]. El
historiador francés Paul Faure fue mucho más lejos. En su biografía de Alejandro,
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Faure demostraba cómo el joven macedonio, o el mito que se creó en tomo a su
figura, había preparado el terreno y dispuso la escena para que tres siglos después
viniera un nuevo «Hijo de Dios», un Fillius Dei; uno cuya modesta madre nazarena,
de manera similar a Olimpia antes que ella, también defendía haberse quedado
embarazada por medio de la intervención divina[19].
Después de su muerte, durante siglos, su cuerpo embalsamado, momificado según
la antigua tradición egipcia y guardado en un sarcófago de oro, fue venerado en la
ciudad de Alejandría. Entre los nobles que rindieron un homenaje ante su capilla
estuvieron Julio César, Octavio y Adriano. Incluso durante los primeros años del
cristianismo, cuando ya el cuerpo había sido cambiado a un sarcófago de cristal,
multitud de devotos desfilarían por su capilla durante la conmemoración de su
nacimiento (septiembre) y muerte (junio), celebrando su «resurrección» como el dios
Dioniso[20]. Al parecer, Alejandro también es mencionado en el Corán como Iskander
Dul El Qamein, Alejandro «el de los dos cuernos», es decir los cuernos del dios
carnero Amén. Se cuenta que en el legendario lugar donde se encontraba la tumba de
Alejandro, hoy la agitada calle de Nebi Daniel[21], los musulmanes piadosos venían a
orar al «rey-profeta», «instrumento del deseo divino» y que más tarde, en el siglo XV,
aproximadamente en el mismo lugar, se levantó la mezquita del profeta Daniel, el
fundador legendario de la ciudad árabe de Alejandría[22].
¿LA «SEGUNDA» SALA DE LOS ARCHIVOS?
En el siglo I a. C., el legado de la conquista de Alejandro había alcanzado su punto
culminante. La ciudad de Alejandría, una metrópolis enorme que rivalizaba con
Roma o Atenas, era el centro cultural del mundo conocido, así como el lugar donde
se encontraba la famosa biblioteca donde sabios de todas partes del imperio
grecorromano venían a aprender, enseñar y a intercambiar ideas. Michael Baigent y
Richard Leigh, señalan en su reciente estudio sobre la tradición de la magia y la
alquimia, The Elixir and the Stone («El elixir y la piedra»), que la ciudad de
Alejandría fue el núcleo donde se desarrollaron y florecieron el gnosticismo y el
hermetismo. También afirman que fue en Alejandría donde los antiguos principios de
la alquimia y la magia fueron absorbidos e inyectados en la cultura occidental para
encontrar su camino hasta Europa y el Renacimiento y, finalmente, el mundo
moderno[23]. En su apartado sobre Alejandría, estos autores proporcionan una imagen
viva y colorista de la ciudad, tal y como debió de haber sido en el siglo después de
Cristo:
Si Egipto prosperó (bajo los ptolomeos) la manifestación suprema de este
bienestar eta la ciudad de Alejandría… Durante el primer siglo de la Era
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Cristiana, Alejandría fue la ciudad más rica, más urbana, más cosmopolita,
culta y civilizada del mundo grecorromano, y el centro sin parangón del
mercado mundial. Se ha estimado que su población era de unas 500.000
personas, muy por delante de cualquier metrópolis mediterránea. La ciudad
fue muy conocida por su arquitectura. Entre sus atracciones principales estaba
el famoso Faro, que se encontraba entre las Siete Maravillas de la
Antigüedad… Según un recuento, la ciudad poseía más de 800 tabernas, más
de 150 casas de baño, más de 2.400 templos y más de 24.000 casas. También
había teatros, un estadio para los juegos, un foro, un mercado grande, un
gimnasio inmenso, numerosos parques públicos y bosques sagrados. Tenía
innumerables monumentos. A la entrada del templo de Augusto se levantaban
dos columnas (obeliscos) conocidas más tarde como «la agujas de Cleopatra»,
una de las cuales ahora se encuentra en el dique de Londres, y el otro en el
Central Park de Nueva York. En todas estas construcciones, era tan común el
uso del mármol blanco que se decía que los ojos se deslumbraban a la luz del
sol.[24]
Como ya he dicho, una de las atracciones principales de la ciudad era el sarcófago
de oro de Alejandro Magno. Permaneció en su capilla dórica hasta bien entrado el
siglo III d. C. y su última aparición en la historia escrita fue durante la visita del
emperador romano Caracalla en el 215 d. C.[25] Pero la Biblioteca de Alejandría
superaba con creces la fama de todos los monumentos, templos y construcciones de
esta ciudad; su fabulosa colección de libros y textos antiguos ha disparado la
imaginación y los sueños de expertos e investigadores a través de los tiempos, y cuya
incomprensible destrucción privó a la Humanidad del mayor y más precioso tesoro
intelectual de la historia. «A fuerza de sus colecciones bibliográficas», escriben
Baigent y Leigh, «la ciudad dejó atrás otros centros de estudio, como Atenas y
Corinto, emergiendo como el foco supremo de aprendizaje del mundo clásico». La
Biblioteca de Alejandría, conocida como el «Museo», es decir «el templo de las
musas», fue la Oxford y Cambridge, la Harvard y Yale, la Sorbona y la Academia de
Bellas Artes del mundo antiguo; todo en una misma cosa. Realmente fue uno de los
primeros focos «universales» de aprendizaje, donde los sabios recibían de forma
gratuita el alojamiento y la comida, y estaban exentos de pagar impuestos. El Museo
original fue fundado por el primer «faraón» de los ptolomeos, Ptolomeo Soter, el
«Sabio», hacia el 295 a. C. Ordenó que todos los libros encontrados en los barcos que
arribaran a Alejandría fueran copiados, y que los originales se guardaran en el Museo.
También mandó hacer copias de otras bibliotecas de todo el mundo. En el momento
culminante de su gloria la Biblioteca de Alejandría contenía unos 500.000 libros o
rollos, todos guardados con esmero en estanterías y hornacinas, cuidadosamente
catalogados y etiquetados. Fue en la Biblioteca de Alejandría donde Eratóstenes
calculó las dimensiones de la Tierra; donde Euclides escribió libros sobre geometría
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que todavía eran usados en las escuelas hasta hace bien poco; donde Hiparco predijo
la creación de las estrellas, resolvió el movimiento de la precesión estelar y donde
elaboró los primeros catálogos de magnitudes de estrellas y coordenadas; y fue aquí
donde Galeno escribió libros sobre medicina y salud que todavía eran empleados en
la Europa del siglo XVI.
Hubo muchos otros que vinieron a estudiar a la Biblioteca y que, de forma
colectiva, «establecieron los fundamentos para el estudio sistemático de las
matemáticas, la física, la astronomía, la literatura, la geografía y la medicina»[26]. Sin
embargo, nos sorprende cuán rápido se desencadenó esta «edad de erudición» en
Egipto. La respuesta parece estar enraizada en el contexto y en la localización de la
propia Biblioteca. Aunque la mayor parte del material almacenado en su interior
estaba escrito en griego, había, casi con seguridad, muchos trabajos provenientes de
fuentes egipcias antiguas escritas en copto y en jeroglífico. No hay que olvidar que en
Egipto, antes de que llegaran los ptolomeos, durante sus últimos tres mil años, había
habido una increíble riqueza de material escrito basada en miles y miles de textos que
fueron recopilados en papiros, tablas, estelas, paletas, muros de tumbas y templos,
palacios, capillas y pirámides: una especie de «Sala de los Archivos» gigante
sembrada por todo Egipto. De acuerdo con San Clemente de Alejandría (150-215 d.
C.), quien acuñó la frase «Egipto fue la madre de los magos», los egipcios tenían
cuarenta y dos libros de conocimiento que, según dicen, fueron escritos por el dios
Thot y que estaban almacenados en las cámaras secretas de los templos[27]. Estos
libros tenían fama de ser revelaciones divinas que trataban de ternas tales como leyes,
astronomía, medicina y geografía. Esto se deduce de las numerosas afirmaciones
hechas por los propios griegos con res pecto al conocimiento superior de los antiguos
sacerdotes egipcios y los hombres sabios. Estrabón, el gran erudito e historiador que
escribió hacia el año 25 a. C., hizo, por ejemplo, esta afirmación esclarecedora
durante su estancia en Egipto:
Los sacerdotes egipcios son superiores en su conocimiento de los cielos.
Misteriosos y reticentes a comunicarse con los extraños, aunque algunas veces
ellos mismos se dejan persuadir, a largo plazo y después de muchas súplicas,
para revelar algunos de sus conocimientos; sin embargo, se guardan para sí
mismos el grueso de sus secretos. Revelaron a los griegos el secreto del año
completo —el cual los griegos ignoraban como muchas otras cosas—, hasta
que los modernos astrónomos conocieron de ellos gracias a los que tradujeron
al griego el conocimiento de los sacerdotes egipcios…[28]
Sin embargo, los sacerdotes egipcios eran sobre todo los guardianes de un sistema
extraordinariamente antiguo de magia, iniciaciones secretas y rituales que, a falta de
una mejor definición, hemos llamado «la ciencia de la inmortalidad»[29]. San
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Clemente de Alejandría que, como primer presidente de la Escuela Cristiana
Catequética de Alejandría y jefe de la comunidad cristiana en Egipto, estaba en una
posición excelente para saber tales cosas, escribió: «Los egipcios confiaban sus
Misterios de Iniciación a los futuros reyes y a los sacerdotes elegidos por su
educación, aprendizaje y antecedentes»[30]. Plutarco, que fue testigo presencial de lo
que escribía, dijo: «Los sacerdotes de Isis que morían eran ataviados con vestidos
sagrados que simbolizaban los diferentes aspectos de la diosa, los cuales fueron los
mismos vestidos colocados en estatuas para mostrar que la palabra divina, el discurso
sagrado, las iniciaciones, están con ellos y que están cruzando hacia la vida del más
allá llevando nada más que su palabra»[31]. Mientras, Sinesio simplemente decía sin
titubeo: «Los doctos sacerdotes egipcios son los guardianes del más alto
conocimiento y saber»[32]. En cualquier caso, es evidente que la Biblioteca de
Alejandría se había convertido en la depositaria no solamente de libros de todo el
mundo conocido, sino quizás más importante, en un almacén, al menos en papiro, de
los antiguos textos egipcios y muy posiblemente de una colección de copias de los
míticos libros de Thot.
Estos últimos, actuando como un potente catalizador intelectual y espiritual, no
sólo permitieron que los sabios griegos alcanzaran varios «descubrimientos» en las
astronomía, matemáticas y geografía (aunque sería más lógico decir
redescubrimientos), sino que creó la reacción alquímica en la mente de algunas
personas eruditas, que llegó a consolidarse en las enseñanzas secretas que hemos
denominado, libremente, gnosticismo y hermetismo.
HERMES CONOCE A JESÚS
A mediados del primer siglo de nuestra era, las condiciones intelectuales y
espirituales de Alejandría eran absolutamente adecuadas para que germinara y
floreciera la semilla del cristianismo. Durante tres milenios o más, Egipto había
practicado una misteriosa religión que estaba basada, tal y como hemos visto antes,
en la figura de Osiris, quien tras sufrir la muerte, resucitó y continuó para establecer
un «reino celeste» en el mundo del más allá. Osiris era el «Hijo de Dios» por
excelencia, un dios hombre enviado por el Creador a la tierra con el fin de enseñar a
los hombres la ley divina y, lo más importante, proveerles de los medios para lograr
la salvación y la inmortalidad del alma. Durante generaciones, se creyó a pies
juntillas que los faraones de Egipto eran los «hijos» encarnados de Osiris. Cada año,
su «nacimiento divino» era celebrado con el levantamiento de la estrella Sirio, la
estrella de la Madre Divina, Isis, circunstancia que ocurría alrededor del solsticio de
verano[33]. Durante el período ptolemaico, bajo los faraones griegos ilustrados,
Alejandría se convirtió en un semillero de religiones de todas clases. Un gran número
de judíos se asentó en Alejandría, y la ciudad se llenó de «predicadores» y
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«maestros» que exponían esta o aquella religión o culto. Los griegos, como es
natural, habían importado la religión olímpica y los cultos mistéricos, especialmente
los de Dioniso y los de Démeter. Sobre todas ellas tuvo especial prominencia el culto
de Serapis, la religión oficial de los ptolomeos. Se dice que Ptolomeo I Soter pidió a
sus teólogos egipcios y griegos la creación de una divinidad ideal para Alejandría,
resultando el dios Serapis basado en Ausar-Hapi, «Osiris del Nilo». La idea general
era mezclar tos antiguos misterios de Osiris con los de los griegos, un proceso que
técnicamente se conoce como «sincretismo». Cuando Egipto se convirtió en una
provincia romana en el año 30 d. C., se importaron nuevos cultos, especialmente el
culto de Mitra, otro «Hijo de Dios» que había muerto y resucitado, y cuyo nacimiento
se celebraba el día 25 de diciembre, cerca del solsticio de invierno[34]. De manera
práctica los romanos, y los griegos antes que ellos, fueron bastante abiertos a todos
los cultos, y este sincretismo, resultó ser el proceso natural de mutación e integración
que tuvo lugar en el crisol de Alejandría.
Cuando llegó a Egipto el primero de aquellos emigrantes judíos que se llamaban a
sí mismos «seguidores de Jesús»[35], todavía no se había asentado ninguna de las
doctrinas o de los dogmas de la Iglesia. Incluso no había tal Iglesia, o al menos algo
tan elaborado como lo conocemos hoy. La leyenda dice que el apóstol y evangelista
San Marcos fue a Egipto y fundó la primera iglesia en Alejandría. En la actualidad se
dice que el lugar de su martirio a manos de los romanos estaba donde hoy se
encuentra la iglesia protestante de San Marcos en la plaza de Mohamed Alí[36]. La
llegada de San Marcos está acompañada de una curiosa historia que probablemente
proporciona las bases del movimiento gnóstico que le siguió. Según una carta
supuestamente escrita por Clemente de Alejandría a una persona desconocida, San
Marcos también escribió en Alejandría, además del evangelio canónico que hoy día le
atribuimos, un «evangelio secreto» que parecía estar dirigido a los adeptos de los
Misterios. Clemente cuenta que después de que San Pedro fuera martirizado en Roma
… Marcos llegó a Alejandría trayendo sus propias notas y las de Pedro (sobre
las enseñanzas de Jesús), de las cuales traspasó a su libro anterior (el
evangelio canónico) las cosas que el creía convenientes para hacer cualquier
progreso hacia la gnosis (el conocimiento divino). (De esta manera) compuso
un evangelio más espiritual para el uso de aquellos que estaban siendo
perfeccionados…[37]
Como es de esperar, esta historia levanta una cuestión crucial relacionada con las
verdaderas enseñanzas de Jesús y, más en concreto, si estas enseñanzas «secretas»
sólo eran destinadas a «aquellos que estaban siendo perfeccionados». Esta curiosa
terminología, empleada por San Clemente de Alejandría, da entender de una forma
clara que estaba pensando en los «sumos iniciados», es decir, aquellos que estaban
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preparados y capacitados para recibir la gnosis de Cristo. Esta suposición es
confirmada un poco más adelante en la carta de Clemente cuando escribe que antes
de que Marcos muriera
… dejó su composición a la iglesia de Alejandría, donde todavía se guarda
con sumo cuidado, siendo leída solamente por aquellos que están iniciados en
los Misterios…[38]
¿Pero qué «iglesia»? San Clemente afirma que Marcos llegó a Alejandría después
del martirio de Pedro, que ocurrió, según la mayor parte de los historiadores, en
Roma en el año 64 d. C., bajo el emperador Nerón. Este último ha pasado a la historia
como un demente que persiguió a los cristianos. Sin embargo, aunque nadie puede
negar la inestabilidad mental de Nerón (asesinó a su madre y a su esposa, y era
propenso a las depresiones debido a su escaso éxito como poeta y auriga), es un
hecho histórico que en Roma, en aquella época, había muy pocos «cristianos». San
Pablo acababa de llegar a la ciudad, y en todas las fuentes se habla de cómo todos los
esclavos judíos de Roma estaban «ansiosos de aprender de él la naturaleza de su
nueva secta», dando a entender que hasta entonces nadie había oído hablar de ella. En
lo que respecta al papel de Nerón como el anticristo por antonomasia, como
defienden numerosos historiadores, todo debió de ser una estratagema
propagandística de la Iglesia, aireados después de la llegada de Constantino el
Grande[39].
Tampoco es seguro que la «Cristiandad» tuviera algún asentamiento serio en
Egipto, Además, aquellos que siguieron las enseñanzas de Jesús lo hicieron en
pequeños grupos sin «iglesia». Cuando Marcos llegó a Alejandría, debió de
encontrarse entre la mayoría de sus conversos a griegos-egipcios o egipcios-griegos
que durante los últimos tres siglos habían seguido el culto de Serapis, la divinidad
que venía del propio sincretismo de la ciudad. Parece obvio que cualquiera que
quisiera promover en Egipto la religión de «Jesús», cuya imagen era la de un pobre
carpintero de Nazaret que había sido crucificado como un esclavo por el procurador
romano de Jerusalén, debía de ser presentado como algo superior a lo que ya tenían,
algo que al menos fuera igual a la categoría de Serapis o incluso mejor, su prototipo,
Osiris. Como hemos visto, para los alejandrinos la idea de un «Hijo de Dios», no era
nada nuevo. Los faraones Horus-Osiris habían desempeñado este papel durante varios
miles de años, y desde el 320 a. C. Dioniso-Alejandro había dado a los alejandrinos la
efigie de oro de su propio «Hijo de Dios». También la promesa de salvación o
resurrección ya era algo anticuado para los oriundos de Egipto, ya fueran egipcios o
griegos. Para los seguidores de Serapis, Osiris o Dionisos habría sido impensable que
tal salvación pudiera ser garantizada solamente por la «fe», y que no se requiriese
ninguna iniciación en los Misterios.
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La carta de la que antes hemos hablado de San Clemente de Alejandría quien, no
olvidamos, fue el líder de la comunidad cristiana de la ciudad unos dos siglos después
de la supuesta llegada de San Marcos a Egipto, lo deja bastante claro, y de esta
manera habla de un «evangelio secreto» de Marcos que estaba destinado a los adeptos
de los misterios. ¿Existieron realmente esas enseñanzas de Jesús, que pudieron
elaborarse como parte de un proceso de iniciación hacia la gnosis? Y si lo fueron
¿dónde están? Antes de abordar esta intrigante cuestión, también hay algo más sobre
San Marcos en la mencionada carta de Clemente, que sugiere un sistema de
iniciación conocido por el evangelista, y que podría estar relacionado con los que se
practicaban en los Misterios paganos. Los escritores e investigadores Robert Lomas y
Christopher Knight, en su gran éxito de ventas The Hiram Key («La clave de Hiram»)
analizaban el contenido de la carta de San Clemente, llamando la atención sobre la
curiosa referencia a Jesús, mientras éste celebraba un ritual sobre un hombre joven
que, según estos autores, recordaba de una manera extraordinaria a los rituales de la
francmasonería[40]. El hermano de una mujer había fallecido mientras Jesús estaba en
el vecindario, por lo que ella le suplicó su ayuda:
Y Jesús… fue junto a ella al jardín donde se encontraba la tumba.
Seguidamente se pudo escuchar un gran grito que venía de la tumba.
Acercándose, Jesús movió rodando la piedra de la puerta de la tumba. Y en
seguida, se adentró hacia donde se encontraba el joven, le estrechó con fuerza
su mano y lo levantó, asiendo su mano. Pero el joven, mirándole, lo amó y
comenzó a suplicarle si podía estar con él. Y saliendo de la rumba fueron a la
casa de la joven… Y después de seis días Jesús le dijo qué debía hacer y en
aquella tarde el joven vino a él, llevando una túnica de lino sobre su cuerpo
desnudo. Continuó con él esa noche, y Jesús le enseñó el misterio del reino de
dios…[41]
Lomas y Knight han dirigido su atención al hecho de que en los rituales masones,
de los que también han encontrado fuertes semejanzas con los que practicaban los
primeros cristianos de sectas «gnósticas», el llamado Tercer Grado de la Hermandad
trata del «alzamiento» de un candidato que lleva una ropa de lino blanca, después de
una «muerte» simbólica. También señalan que «el manto de los templarios (que
realizaban un ritual similar) fue originalmente de lino blanco sencillo»[42]. Este
detalle recordó a Lomas y Knight que un «jo ven desnudo con lino blanco» parecido
al anterior, también se menciona en el evangelio de Marcos. La escena se desarrolla
en el jardín de Getsemaní cuando Jesús está a punto de ser arrestado por los soldados
romanos:
Un cierto joven le seguía envuelto en una sábana sobre el cuerpo desnudo y
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trataron de apoderarse de él; más él, dejando la sábana, huyó desnudo…[43]
Todo esto sugiere a Lomas y Knight «que había una tradición secreta» escondida
en algunas parábolas del Nuevo Testamento que solamente pueden entender aquellos
que han sido iniciados en los Misterios[44], y que esta «tradición», por otro lado, fue
ampliamente manifestada en los escritos gnósticos. Como han mostrado muchos
autores antes que ellos, incluidos eminente expertos como Elaine Pagels, este
gnosticismo supuso una seria amenaza a las Iglesias ortodoxa y católica, ya que daba
a entender a los seguidores de Jesús que la iluminación y el camino hacia la salvación
y la vida espiritual perpetua podía conseguirse sin la necesidad de sacerdotes y
obispos. Incluso los gnósticos fueron más allá: en uno de los códices mejor
conocidos, el llamado Apocalipsis de Pedro, presentan al propio Jesús señalando a la
Iglesia ortodoxa como «una iglesia de imitación»:
Y habrá otros que están fuera de nuestros miembros que se llaman a sí
mismos obispos y también diáconos, como si hubieran recibido su autoridad
de Dios. Estas personas son como canales secos. Hacen negocio con mi
palabra. Elogian a los hombres que propagan la falsedad…[45]
Tal «herejía» no solamente era peligrosa para la Iglesia, sino que también
proporcionaba una imagen de Jesús como si fuera un sabio o maestro «pagano» de
los misterios. Desde el final del siglo II d. C. comenzó a lanzarse de forma sistemática
una campaña de calumnias contra los gnósticos y los «paganos» de Egipto. A finales
del siglo IV, el asunto llegó a su punto crítico. Las antiguas capillas se violaron y se
destruyeron, otras se convirtieron en iglesias cristianas, y «se apitaron juntos
innumerables libros, muchos montones de volúmenes… para que fueran quemados
ante los ojos de los jueces, ya que eran algo prohibido»[46]. En Alejandría, el
momento final de la destrucción llegó cuando en 391 el emperador Teodosio mandó
elaborar un decreto para que se cerraran todos los templos paganos. Alentados por
este respaldo imperial que venía de Constantinopla, los cristianos de Alejandría
continuaron la salvaje persecución. Iniciada por el patriarca local Teófilo, un grupo
de cristianos asaltó el gran templo de Serapis en Karmuz, arrasándolo. Todo lo que
queda de él en la actualidad son dos pequeñas esfinges sobre pedestales y la base del
templo. Más tarde, se volvieron contra otros templos y capillas de la ciudad, para
finalmente decidir hacer lo mismo con el resto de templos egipcios antiguos en todo
el Valle del Nilo. Entonces, Teófilo encabezó personalmente las tropas para destruir
los monasterios del desierto, habitados por monjes cristianos «heréticos», Por todo
ello, fue hecho santo por las iglesias copta y siria. A Teófilo le sucedido su sobrino,
San Cirilo, que continuó la limpieza étnica y religiosa que había iniciado su tío. Todo
este horror tuvo un abominable final en el año 415 en Alejandría, durante un día de
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sol radiante. La bella Hipatia, hija del sabio Teón, la primera mujer matemática y
adalid de la Escuela Neoplatónica de Filosofía de Alejandría, fue acechada por los
monjes nitrianos de Cirilo, una especie de banda de las juventudes nazis. La
arrastraron de su carro hasta una iglesia cercana, allí la desnudaron y desollaron.
Luego, sus huesos fueron raspados con conchas rotas. Su crimen: ser matemática
(algo que la Iglesia igualaba con el «paganismo»). Este acto violento sin sentido y de
extrema crueldad, trajo a colación la determinación de la Iglesia de acabar con las
facciones no cristianas. Desde entonces Alejandría rápidamente dejó de ser el centro
de aprendizaje más importante[47].
Quizás el peor acto de vandalismo cometido por la Iglesia en Alejandría fue la
destrucción deliberada de la famosa Biblioteca y del Museo, un hecho que todavía
hoy se describe como el mayor crimen contra el desarrollo intelectual de la
Humanidad. Carl Sagan, el eminente científico americano, la mentaba que «aquello
fue como si la civilización entera hubiera sufrido una operación en el cerebro
realizada por sí misma, y que la mayor parte de sus recuerdos, descubrimientos, ideas
y pasiones, fueran extinguidas de forma irrevocable. La pérdida fue incalculable»[48].
Con la pizarra de la historia en blanco, la Iglesia comenzó a escribir de nuevo su
propia historia y con ella la propia historia del mundo. Sin embargo, el gnosticismo
no fue totalmente extirpado, al menos no en espíritu. Por ejemplo, resurgió en el
siglo XII, aunque con un perfil muy diferente, con los cátaros del sur de Francia, que
también fueron erradicados por un ejército papal enviado a su baluarte de
Montsegur[49]. En este sentido, a comienzos del siglo XIV la eliminación del conjunto
principal de la Orden de los Caballeros Templarios por la Iglesia también fue un
genocidio contra una forma de gnosticismo; se decía que los templarios eran
cristianos pero que practicaban ritos de iniciación similares a los de los antiguos
Misterios[50]. También se puede argumentar que los sufíes del islam fueron, en
numerosas formas, los portadores y salvaguardas del hermetismo, del pensamiento
gnóstico y, más en concreto, de la alquimia. Se ha demostrado que «muchos textos
sufíes iban perfectamente paralelos a los del corpus hermético»[51]. Incluso, de
acuerdo con los autores Michael Baigent y Richard Leigh: «El hermetismo puede
verse ahora como una tendencia que ha subrayado, si no establecido, muchos puntos
claves de contacto entre el islam y el judaísmo; tal y como lo veían los profetas del
Antiguo Testamento»[52]. Además, encontraremos en el siguiente capítulo a los
misteriosos Sabios del Harran y las primeras tradiciones entre los árabes de un
conocimiento antiguo que se ha preservado en los Libros de Hermes, en un lugar que
nos recuerda a la Sala de los Archivos. Y también veremos cómo, en el siglo X, los
árabes de Andalucía no solamente practicaban una forma híbrida de hermetismo, sino
que también lo desarrollaron dentro de una forma de «magia astral» muy similar a la
de los antiguos egipcios. Mientras tanto, hay muchos que han argumentado, y no sin
justificación, que hoy en día las sectas más cercanas al gnosticismo son la Orden
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Masónica y la orden AMORC de los rosacruces[53]. Es bien sabido, por ejemplo, que
estas organizaciones tienen sistemas de grados que incluyen una mezcla de rituales
pseudoegipcios y de otras culturas paganas, así como que mantienen un fuerte sentido
de la mística bíblica. Pero ya daremos más información más adelante.
¿LA «SALA» DE LOS ARCHIVOS GNÓSTICA?
En 1947 la herejía gnóstica volvería para vengarse. Rodeado de una historia que tiene
la huella inconfundible como para inspirar una película de Indiana Jones, en el
invierno de 1945 en el Alto Egipto cerca de la pequeña aldea de Nag Hammadi, se
descubrió un botín secreto formado por escritos gnósticos. Un joven egipcio llamado
Mohamed Alí Al Samman y su hermano Khalifa estaban excavando por casualidad
en un suelo blando cerca de un gran pedrusco en el límite del Jabal El Tarif. El
pedrusco, que «tenía forma de algo parecido a una estalagmita»[54], se había partido
en la prehistoria. Fue allí donde, hacia el 350 d. C., un sacerdote gnóstico anónimo
enterró una gran vasija de barro en la que fueron cuidadosamente almacenados,
«libros» fabricados con rollos de papiro. Allí permaneció la jarra sin que nadie la
tocara durante unos 1.500 años. Por una de esas extrañas sincronicidades de la
historia, Mohamed y su hermano habían ido, como lo habían hecho otros lugareños
desde tiempo inmemorial, para recolectar del pie de la montaña, tierra rica en nitrato
para usarlo como fertilizante y, en aquel día propicio, excavaron precisamente donde
había sido enterrada la antigua vasija. Los muchachos rompieron el recipiente, y
envolvieron los preciosos libros en sus chilabas[55]. Luego llevaron la carga a su aldea
de Al Kasr.
Existía el problema de que en los meses anteriores había surgido una terrible
hostilidad entre la familia Al Samman y la de Hawara, perteneciente a una aldea
cercana. La policía local decidió realizar visitas sin avisar a la casa de Mohamed y de
Khalifa en busca de armas ilegales. Temiendo que la policía pudiera confiscar los
libros antiguos, y dándose cuenta de que podrían interesar al sacerdote copto del
lugar, Basilius Al Messihi, Mohamed le pidió a éste que se los guardara para él. La
Biblioteca de Nag Hammadi, tal y como se la conoce hoy, comprende trece libros o
«códices» (plural de codex, un nombre antiguo para denominar al fajo de documentos
que forman un «libro»), todos ellos muy mal conservados y con numerosas lagunas.
Cada codex incluye varios tratados, de tal manera que el total de la Biblioteca incluye
52 de estos tratados. Después de una enrevesada historia en la que uno de los libros
acabó convertido en combustible para la cocina, por la esposa del sacerdote copto, y
otros acabaron siendo vendidos en el mercado negro de El Cairo, en 1949 el Codex I
fue sacado de Egipto por un anticuario belga llamado Albert Eid, quien primero
intentó venderlo en una subasta en Nueva York. En 1952 la viuda de Eid presentó
este Codex I al Jung Institute de Zurich. Allí el profesor Gilles Quispel rápidamente
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se dio cuenta de la importancia del hallazgo. Después de examinar los otros códices,
que mientras tanto habían sido recogidos por las autoridades egipcias y guardados en
el Museo Copto de El Cairo, Quispel se percató de que la mayoría de los documentos
que estaba viendo pertenecían a textos totalmente desconocidos y que cubrían un
período vital para el entendimiento de la formación de la Iglesia cristiana.
Finalmente, el Codex I, ahora llamado «Codex Jung», fue devuelto a Egipto. En 1960
el Ministerio de Cultura de Egipto en colaboración con la Unesco formó el llamado
Proyecto de la Biblioteca de Nag Hammadi y hacia 1979 ya existía una traducción
inglesa en el mercado.
En el otoño de 1995, el escritor Graham Hancock[56] y yo tuvimos la oportunidad
de conocer al profesor Quispel en Amsterdam. Después de que en 1994 se pasara en
Holanda un documental de la BBC titulado: The Great Pyramid: Gateway to the
Stars («La Gran Pirámide: Una puerta a las estrellas») contacté con Joseph Ritman,
propietario y fundador de la célebre Bibliotheca Philosophica Hermética en
Amsterdam. Ritman estaba impresionado por la teoría de la correlación entre Orión y
Gizeh, y sentía que era una clave vital en la comprensión de los misterios y orígenes
de la Hermética y del pensamiento gnóstico[57]. Después de visitar la biblioteca, que
realmente es una cueva de Ají Baba de libros sobre hermetismo, gnosticismo,
misticismo, alquimia, la francmasonería y los rosacruces, por la mañana fuimos
pronto, junto con Mr. Ritman, a la casa del profesor Quispel en la encantadora calle
de Bloemstraat, donde nos lo presentó, También estaban presentes el profesor F.
Janssen, la señora Ritman y su hija. En la comida discutimos la terrible pérdida de la
Biblioteca de Alejandría y, por supuesto, la espectacular recuperación de la Biblioteca
Gnóstica de Nag Hammadi. ¿Puede existir en las arenas Egipto otro tesoro compuesto
por textos antiguos, quizás más antiguos que los de Nag Hammadi, a la espera de ser
descubiertos por el golpe fortuito de una pala? En aquel momento Graham Hancock y
yo estábamos trabajando en el manuscrito de Guardián del Génesis, e informamos a
nuestros anfitriones que sospechábamos que en algún lugar bajo el lecho rocoso de
Gizeh podría haber un escondite parecido, Hablamos de la legendaria «Sala de los
Archivos» y el resultado del reciente trabajo sismográfico de John Anthony West y
del Dr. Robert Schoch cerca de la Esfinge, y de cómo fue detectada una posible
cámara secreta en algún lugar bajo las patas delanteras de la estatua, gracias a sus
instrumentos[58]. Los textos gnósticos de Nag Hammadi, que inmediatamente
tuvieron un efecto inmenso en nuestra percepción del cristianismo y sus vínculos con
los antiguos misterios, estaban ofreciendo una sorprendente visión de lo que podían
revelar escritos mucho más antiguos y desconocidos.
Pero la Biblioteca de Nag Hammadi no era sólo la última «Sala de los Archivos»
que se había abierto camino desde la antigua Alejandría hasta hoy. Otra colección de
códices había sido «desterrada» en 1460 por los Médicis de Florencia; códices que,
además, parecían haber sido escritos por la mano del propio dios Thot.
[Link] - Página 153
6
EL REGRESO DE LOS MAGOS
«Es probable que Hermes Trismegisto sea la figura más importante del
Renacimiento en el resurgimiento de la magia…».
—FRANCES YATES, Giordano Bruno and the Hermetic Tradition, pág.
18.
«En cierta ocasión, cuando yo había comenzado a pensar sobre las cosas
que son, y mis pensamientos se habían remontado bien alto, mientras los
sentidos de mi cuerpo habían sido frenados por el sueño —no el sueño de los
hombres pesados que han comido en exceso o por cansancio del cuerpo— me
pareció que venía a mí un Ser de magnitud grande e ilimitada, que me llamó
por mi nombre y me dijo «¿Qué deseas escuchar y ver, y aprender y llegar a
saber por el pensamiento?». «¿Quién eres?» Dije. «Soy Poimandrés», dijo él,
«la Mente de la Soberanía».
—Corpus Hermeticum, Libellus I - 1-2.
EL POIMANDRÉS
A través de la Edad Media y, más en concreto, a principios del Renacimiento
europeo, los hombres eruditos continuaron estando fascinados por la idea de que el
antiguo Egipto había estado en posesión de un sistema secreto de conocimiento que
les fue entregado por el Creador. La Iglesia, por supuesto, entendió esta creencia
como una herejía, y como tal era un crimen que podía ser castigado con la muerte. Se
puede entender el poder de esta creencia si decimos que no ha sobrevivido ni un solo
escrito que trate de este asunto. Y aun así lo hicieron. Iban a cambiar el curso de la
historia intelectual del mundo.
En 1460 el duque de Florencia, Cosme de Médicis (cfr. cap. 2) el fundador de la
famosa familia que gobernó Florencia hasta 1537, un hombre apodado como el
«Padre de su Patria», tenía setenta y un años y muy mala salud[1]. Entusiasta defensor
de la Academia de Atenas, una de las pasiones más vehementes de Cosme era la
colección de manuscritos antiguos. En parte, esta afición estaba destinada a mejorar
la Biblioteca de los Médicis que Cosme había creado para el beneficio de los sabios y
del público[2]. Cosme había oído hablar de los legendarios libros de Hermes
Trismegisto (Thot) en los escritos de San Clemente de Alejandría, y se obsesionó en
adquirir una copia para su Biblioteca[3]. Su sueño se hizo realidad cuando un monje
descubrió una copia casi completa, escrita en griego, en Macedonia, trayéndola desde
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allí a la corte florentina. El Corpus Hermeticum que consiguió Cosme de Médicis
estaba compuesto por catorce volúmenes. El décimo quinto había desaparecido.
Hacía poco que el sabio florentino Marsilio Ficino había sido nombrado «sumo
sacerdote» de la Academia Platónica de Cosme, basada en la Academia Ateniense de
Platón. Se habían reunido decenas de manuscritos de este filósofo griego en espera,
ahora, de ser traducidos, pero Ficino recibió la orden de Cosme de dejar estos
trabajos a un lado y dedicar su tiempo y energía a la traducción del Corpus
Hermeticum. ¿Por qué? ¿Qué pudo haber obligado al duque de Florencia a ordenar
este encargo tan extraño? Después de todo, la Academia Platónica de Cosme fue
creada en honor del gran Platón, sin mencionar que los sabios de toda Europa habían
estado esperando casi 700 años por una traducción de las grandes obras de este
hombre, desde que la Iglesia cerrara la Academia de Atenas en el 589 d. C. Este
comportamiento insólito de Cosme es tratado por la eminente experta en el
Renacimiento, Dame Frances Yates (1899-1981), quien en su libro Giordano Bruno
and the Hermetic Tradition («Giordano Bruno y la tradición hermética»), verdadera
referencia obligada, afirma:
Es una situación extraordinaria. Están las obras completas de Platón y deben
esperar a que Ficino traduzca rápidamente a Hermes, probablemente porque
Cosme quiere leerlo antes de morir. ¡Cómo puede justificarse esto desde el
punto de vista de la misteriosa reputación de [Hermes] el Tres Veces Grande!
…[4]
El motivo que subyace detrás de la decisión de Cosme parece estar relacionado
con su rápida pérdida de salud. Era bien sabido por los eruditos del Renacimiento, y
Cosme era uno de ellos, que los antiguos egipcios tenían fama de haber gozado del
secreto de la inmortalidad y que estos secretos habían sido puestos a salvo en los
llamados Libros de Thot-Hermes. Cosme, como hemos dicho, estaba instruido en los
trabajos de Clemente de Alejandría. Seguramente estuvo familiarizado con sus
Stromata, en los cuales Clemente habla de un templo-biblioteca sagrado, y donde
también proporciona un detallado repaso de una llamativa procesión de sacerdotes
egipcios durante la que los legendarios 42 libros de Thot eran mostrados al pueblo[5].
También se creía que Platón, y antes que él Solón y Pitágoras, habían pasado muchos
años con los sacerdotes de Egipto y que allí fueron iniciados en sus Misterios[6].
Efectivamente, en el Critias, Platón señala lo mismo sobre Solón. El deseo de Cosme
fue concedido. Ficino se dedicó a completar la traducción del primer libro del
Corpus, clasificado como Libellus I y titulado Poimandrés.
El Corpus Hermeticum esencialmente es una serie de «discursos» y debates entre
un profesor y su alumno o, para ser precisos, entre un maestro que ha adquirido la
gnosis y un neófito que está siendo guiado o iniciado en este sistema místico de
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conocimiento divino. Normalmente, el profesor es Hermes, pero otros tratados
también presentan a la diosa Isis instruyendo a su hijo, Horus. El primero de los
tratados herméticos, el Libellus I, sin embargo, comienza con el propio Hermes
recibiendo en primer lugar el conocimiento de una entidad llamada Poimandrés, y
mientras está en estado de trance o semihipnótico. Se ha debatido mucho entre los
círculos de expertos sobre quién o qué es Poimandrés. La identificación más factible
es la que dice que Poimandrés es en origen un egipcio que representa «el
conocimiento de Ra», es decir, el conocimiento que el Creador pasó a Thot[7]. En
cualquier caso, en el propio texto está claro que esta entidad debe ser entendida como
la «Mente Suprema», es decir, la Mente de Dios, y que de la unión o la fusión con su
Mente, uno puede adquirir la gnosis. Mientras se encontraba en aquel estado de
trance o sueño, Poimandrés pregunta a Hermes qué desea «escuchar y ver, y aprender
y llegar a saber por el pensamiento», a lo que éste contesta:
Me encantaría aprender las cosas que son, y entender su naturaleza, y obtener
el conocimiento de Dios. Éstas son las cosas que deseo escuchar.
Entonces Poimandrés responde:
Sé lo que deseas, ya que incluso yo estoy contigo en todas partes; guarda en
menee todo lo que deseas aprender, y te enseñaré.
Entonces Hermes tiene una visión de éxtasis en la que una luz llena todo el
espacio que hay a su alrededor. Una parte de este espacio se convierte en un abismo
de oscuridad en forma de espiral que se transforma en una substancia acuosa de fuego
y humo, y desde la que se puede escuchar «el sonido de una lamentación
indescriptible». Finalmente, de la luz se presentó «una Palabra sagrada que se colocó
sobre la substancia acuosa, y me pareció que esta Palabra era la voz de la Luz».
Seguramente, esta escena que Poimandrés dice a Hermes después de su experiencia
de éxtasis, debió de tranquilizar a Cosme cuando leyó la traducción de Ficino en el
lecho de muerte:
Esta Luz soy yo, incluso la Mente, el primer Dios, el que fue antes de la
substancia acuosa que aparece tuera de la oscuridad; y la Palabra que viene de
la Luz es el Hijo de Dios…[8]
Tanto para Ficino como para Cosme, la similitud de este pasaje con el encontrado
en el Libro del Génesis de la Biblia debió de resultar llamativa. ¿Acaso no vio
Moisés, al igual que Hermes, «una oscuridad sobre la cara del abismo y al Espíritu de
Dios girando en espiral sobre las aguas»? ¿O acaso tampoco anunció la creación de la
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poderosa Palabra de Dios? En el momento en que Ficino y Cosme estuvieran
familiarizados con el mito egipcio de la creación también habrían detectado algunas
similitudes extrañas, ya que, como acabamos de ver, este mito de la creación habla de
la «palabra» que Thot trajo de los dioses en la época de Atum-Ra, el dios sol, es
decir, el dios de la «luz» que aparece sobre el oscuro abismo acuoso[9]. En otras
partes del Poimandrés, Ficino descubrió más semejanzas con el Libro del Génesis: el
hombre está hecho a imagen de Dios; Hermes, como Moisés, es «el que da la Ley»; y
en el Libellus I el autor «realmente casi usa las mismas palabras como Moisés cuando
describe el mandato de Dios a la Humanidad para que crezca y se multiplique[10]. Y
todavía Hermes es mejor que Moisés, ya que él realmente afirma que la «palabra»,
que ilumina todas las cosas es, de hecho, el «Hijo de Dios». En las creencias de los
sabios del Renacimiento, este término no podía significar otra cosa que Jesucristo.
¿Pero cómo puede ser que este hecho pasara desapercibido en los textos antiguos,
cuya reputación les hacía ser más antiguos en varios siglos a los evangelios? De
forma lenta pero segura, la idea de que Hermes debió de haber recibido revelaciones
divinas, de la misma forma que lo hizo el profeta Moisés en el Monte Sinaí, comenzó
a asentarse en las creencias de los sabios renacentistas. Por lo tanto, Hermes, al igual
que Moisés, fue identificado como un profeta de la Cristiandad[11]. De la misma
manera que los textos de Nag Hammadi condicionaron la percepción colectiva de
aquellos que los leyeron en la época moderna, lo mismo sucedió con los textos
herméticos en los sabios del Renacimiento y con todo aquel que tuviera contacto con
ellos. Y como sucedió con los textos de Nag Hammadi, el efecto global de los
escritos herméticos fue seriamente puesto en cuestión por la autoridad romana de la
Iglesia católica. Como han señalado Baigent y Leigh:
El hermetismo es una tradición mística, un cuerpo de enseñanzas místicas, un
modo de pensamiento místico. Como en otras tradiciones parecidas, cuerpos
de enseñanzas y modos de pensamiento, rechaza la simple creencia en una fe
ciega. Rechaza el dogma codificado y la necesidad interpretativa y autoridad
de los sacerdotes. También repudia aceptar el intelecto racional como el
medio supremo de conocimiento, el árbitro supremo de la realidad. En su
lugar enfatiza y ensalza la experiencia mística y divina, la apreciación directa
y de primera mano de lo sagrado, el conocimiento directo de lo absoluto.[12]
Sin embargo, a pesar de los textos gnósticos, los vínculos de los textos herméticos
con la antigua religión egipcia son claros. Por ejemplo, todas las figuras y divinidades
que se representan en los textos herméticos tienen un origen egipcio: Thot-Hermes,
Osiris, Isis, Horus, Tat[13], Amón-Amún y Asclepio-Imhotep. Aunque ha habido en
círculos académicos y escolásticos interminables debates sobre el grado de influencia
directa de las ideas místicas egipcias y su sistema de creencias en la Hermética,
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también ha habido otros expertos que han negado con rotundidad la existencia de
alguna conexión[14]. La egiptóloga Geraldine Pinch propone la mejor manera para
conocer el contenido de la Hermética:
Muchas de las ideas de estos textos (herméticos) pudieron ser desarrollos de
la religión egipcia, pero probablemente están mezclados con elementos de
Persia, el gnosticismo y quizás la mitología judía; todo traducido por la
filosofía helenística…[15]
Como hemos visto, tal sincretismo se dio en la ciudad de Alejandría durante los
dos primeros siglos de la Cristiandad. Además, es precisamente este sincretismo
alejandrino el que actuó, después del redescubrimiento de la Hermética por los sabios
italianos, como un poderoso dispositivo intelectual que significó un gran
resurgimiento o Renacimiento en la exquisita mentalidad de la Academia Platónica:
el resurgimiento de la magia «natural» y «simpática»[16], el resurgimiento de la
búsqueda de la gnosis y, finalmente, el resurgimiento de la alquimia y de la búsqueda
de las «palabras de poder» que, como en el antiguo Egipto, podían ser vinculadas y
cargadas con ideas fuertes y de significado profundo:
En el Hermetismo, como en el hebreo y en la última Cábala judía, los
sonidos, las palabras, e incluso las letras por sí solas pueden ser el equivalente
de celdas de almacenaje, depósitos cargados con una especie de poder divino
o mágico como si fuera una batería cargada con energía eléctrica…[17]
En Alejandría… los cultos, las sectas, las religiones, las escuelas
filosóficas y los sistemas se codeaban unos con otros, conteniéndose unos a
otros, enriqueciéndose unos a otros, alimentándose unos a otros con una
bouillabaisee intelectual, dinámica, que mutaba constantemente. Los modos
de pensamiento que resultaban de esta interacción son todavía conocidos en la
actualidad por todos como «sincretismo» El sincretismo alejandrino ejerció
una influencia clave en la evolución y el desarrollo de la conciencia
occidental, las actitudes occidentales, y los valores occidentales. Y entre los
sincretismos más importantes de Alejandría se encontraba la amalgama que,
consecuentemente, se une a la tradición mágica de occidente… Esta tradición
puede ser perfectamente llamada hermetismo, o pensamiento hermético.[18]
¿Una «magia» para qué propósito? ¿Y cómo puede estar relacionada esta
«magia» con la Gran Pirámide y la Esfinge, o con la creencia de la «Segunda
Venida»? ¿Cómo puede llevar todo esto a los buscadores de la gnosis hasta una
cámara secreta o a la «Sala de los Archivos» en Gizeh?
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UNA RELIGIÓN MÁGICA
Más o menos un siglo después de que se descubriera el Corpus Hermeticum, tuvo
lugar en la cultura occidental una extraña regeneración del misticismo «egipcio». La
Hermética estaba circulando entre los sabios, las clases acomodadas e incluso la
realeza[19]. Empezó a surgir una nueva estirpe de filósofos «herméticos», cabalistas,
alquimistas, magos, videntes y brujos de todas clases[20]. En el Capítulo dos vimos la
insólita relación del Papado con el hermetismo y cómo algunos sabios mal
aconsejados, intentaron convencer a la Iglesia no solamente de que Hermes-Thot era
un profeta de la Cristiandad, sino también de que sus «libros» debían ser canonizados
y aceptados como «evangelios» de la Iglesia católica romana. Otros, más radicales en
sus demandas, fueron tan lejos que llegaron a pedir la vuelta de la religión «egipcia»
como la verdadera religión del mundo. Entre los activistas herméticos más fuertes e
influyentes, estaba un misterioso sabio italiano de la región de Nolan llamado
Giordano Bruno.
Hasta finales de los años sesenta muy poca gente, excepto un círculo académico
muy reducido, había oído hablar de Giordano Bruno[21]. La imagen de la insólita
misión de Bruno no comenzó a surgir hasta que la estudiosa británica Frances A.
Yates se encargara del trabajo de entender el papel y los motivos que Bruno tuvo en
el Renacimiento italiano y, lo más importante, sus extraños contactos en las cortes de
Francia e Inglaterra. En su decisivo trabajo, Giordano Bruno and the Hermetic
Tradition («Giordano Bruno y la tradición hermética», publicado por primera vez en
Londres en 1962) Yates realizó una especie de proeza intelectual y arqueológica al
descubrir las bases de una poderosa tradición esotérica que hasta entonces había
pasado desapercibida. Se puede decir de esta tradición, como veremos más adelante,
que casi originó la formación de movimientos especulativos francmasones y
rosacruces y, como también demostraré, a la larga dispuso las condiciones que
guiaron a los buscadores a perseguir la legendaria «Sala de los Archivos» en Gizeh.
Para dar un nombre a esta misteriosa «tradición» Yates acuñó la frase de «la tradición
hermética»[22].
La misión de Giordano Bruno comenzó en 1581, cuando él mismo se marcó el
objetivo de persuadir a los monarcas europeos para instalar nada menos que la
religión mágica de los egipcios como la nueva religión de mundo. Aquel año, Bruno
había llegado a la ciudad de París después de deambular por Italia y Europa durante
varios meses. En París dio charlas públicas que finalmente llegaron a oídos del rey de
Francia, Enrique III. Por entonces, Bruno había desarrollado un extraordinario nivel
de habilidad en el arte clásico de la memoria, llamado mnemotecnia y acababa de
publicar dos libros sobre este tema, Yates escribe:
Este arce clásico, normalmente entendido como algo puramente
mnemotécnico, tiene una larga historia en la Edad Media… En el
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Renacimiento se convirtió en algo de moda entre los neoplatónicos y los
herméticos. Ahora se entiende como un método de impresión en la memoria
de imágenes básicas arquetípicas… una especie de camino interior para
conocer el universo… La experiencia hermética de reflejar el universo en la
mente, creo, está en la raíz de la memoria mágica del Renacimiento, en la que
la mnemotecnia clásica con lugares e imágenes ahora se entiende o aplica
como un método para lograr esta experiencia por medio de la impresión o
activación de forma mágica de imágenes arquetípicas en la memoria.
Mediante el uso de imágenes mágicas o talismánicas como las imágenes de la
memoria, el Magus (mago) esperaba adquirir un conocimiento Universal, y
también unos poderes, obtenidos a través de la organización mágica de la
imaginación; una personalidad mágica poderosa, equilibrada con el poder del
cosmos. En el Renacimiento esta sorprendente transformación o adaptación
del arte clásico de la memoria, es anterior a Bruno, aunque con él alcanza su
culminación. El De Umbris Idearum y el Cantus Circaeus… son sus dos
primeros trabajos sobre la magia de la memoria. Todo ello lo convirtió en un
mago.[23]
La memoria humana tiene un sistema natural de selección de imágenes, colores,
esencias o sonidos, genera ideas, sentimientos y sensaciones con el fin de almacenar
grandes cantidades de información. Imagine un día en la playa con los amigos y la
familia, lleno de actividades, lleno de diversión y de sensaciones maravillosas. Sin
embargo, en aquel día sucede algo inusual. Le pica una medusa. Años después
mientras visita un acuario en algún sitio del mundo, ve que en una de las vitrinas flota
una pequeña medusa azul. De repente, esa «imagen» desencadena los recuerdos de
aquel día en la playa. La medusa azul es el «icono» o «imagen arquetípica» en la que
están almacenados los recuerdos de aquel día especial. Casi seguro, su mente
averiguará por qué salió a la superficie el recuerdo, al relacionar a la medusa con los
hechos recordados. Pero podría haber pasado de una forma más sutil. Podría haber
visto algo sin ninguna relación, por ejemplo, un sello de correos, cuyo color es muy
parecido al de la medusa azul. El subconsciente hace la asociación y los recuerdos de
aquel día salen otra vez a la superficie. Excepto en estos ca sos, es posible que no esté
capacitado para conocer por qué ha sucedido, es decir su mente consciente puede que
no registre qué fue lo que exactamente disparó la memoria. Este fenómeno es lo que
los sabios herméticos habrían denominado la «lengua del silencio» y que los antiguos
egipcios habrían llamado la «lengua de los dioses».
El arte clásico de la mnemotecnia consiste en aprender cómo crear por uno mismo
tales iconos, almacenarlos en la memoria y, más tarde, liberarlo y traer el recuerdo
deseado que se había almacenado en la memoria. Un ejemplo muy simple es cuando
uno se ata una cuerda en el dedo para acordarse más tarde de algo. Esto funciona si la
circunstancia que se quiere recordar es simple y sencilla. Pero ¿qué sucede si el
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asunto que se quiere recordar supo ne una complicada cadena de acontecimientos
como por ejemplo una obra de Shakespeare o una conferencia sobre física atómica?
Entonces, se necesitará un método mucho más sofisticado, en el que se puede aplicar
el arte de la mnemotecnia. Una de las técnicas es imaginar una casa con la que uno
está familiarizado, y colocar en orden cronológico el recuerdo de cada suceso en una
habitación u objeto de esa casa. Después se puede visualizar a uno mismo andando
por la casa, siguiendo una ruta predeterminada y entrando en las habitaciones.
Entonces, al encontrarse con cada objeto o «icono», el recuerdo que lo «almacena»
comienza a abrirse. El convertirse en un maestro del arte de la memoria lleva muchos
años de práctica y aquellos pocos que tienen la habilidad y el intelecto de
conseguirlo, desarrollarán una capacidad de percepción tremenda, que en definitiva
puede convertirse en un enorme poder de influencia y manipulación. Una memoria
inmensa controlable, como la de un potente ordenador, se traduce en vastas reservas
de conocimiento, El conocimiento, como sabemos todos, es poderoso. Cuanto la
memoria es más gran de y los medios para almacenar y controlar son más refinados,
mayor es el poder del mago.
Reconociendo tales habilidades en Giordano Bruno, Enrique III lo nombró espía
de la corte francesa, una especie de versión renacentista de James Bond, y lo envió a
la corte inglesa de Isabel I. Fue en el año 1583. Comentando esta misión, Frances
Yates escribe que…
Enrique III, mediante el envío de Bruno a Inglaterra en alguna misión…
cambió el curso de su vida consiguiendo de un mago deambulante, una
especie extraña de misionero…[24]
La «especie extraña» de misión que Bruno llevó a cabo fue la extraordinaria tarea
de persuadir a la corte isabelina, y a través de ella finalmente a toda Europa, para que
adoptara la «verdadera religión del mundo». Esta intención de Bruno está confirmada
en una carta escrita por el embajador de Inglaterra en París, Sir Henry Cobham, a
Francis Walsingham en Inglaterra para avisarle de los motivos encubiertos de Bruno:
«El Doctor Giordano Bruno Nolano, profesor de filosofía, tiene intención de pasar a
Inglaterra una religión que yo no puedo recomendar»[25]. Se trata de una maravillosa
declaración de los ingleses, ya que la religión que Cobham «no puede recomendar» y
que Bruno lleva a Inglaterra, como veremos, no es otra que la religión de los antiguos
egipcios o, para ser precisos, la religión mágica que él, Bruno, había descubierto en
los textos herméticos[26]. Bruno, en esta misión ambiciosa y osada, intenta implantar
por sí sólo la idea de una reforma general y total del mundo, una especie de «Segunda
Venida» intelectual y espiritual que él cree que puede traerse por medio de la antigua
religión mágica de los egipcios. Para conseguirlo, Bruno aplica sus propios poderes
mágicos, como son las «palabras de poder» que se convierten en devastadoras si se
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unen a talismanes e imágenes arquetípicas[27]. Haciendo uso de una mezcla de
técnicas alquímicas y cabalísticas, la clase de magia de Bruno, usando palabras e
imágenes, es claramente de un estilo «egipcio». Esto se hace evidente cuando escribe:
… las letras sagradas empleadas entre los egipcios fueron llamadas
jeroglíficos… las cuales eran imágenes… tomadas de cosas de la naturaleza, o
de sus panes. Mediante el uso de esta escritura y sus voces, los egipcios solían
capturar con maravillosa habilidad la lengua de los dioses (la cursiva es mía).
Después, cuando se inventaron las letras del tipo que conocemos… trajeron
una gran desavenencia a los recuerdos y a las ciencias divinas y mágicas.[28]
Esta afirmación por sí sola demuestra la sorprendente habilidad de percepción que
tenía este mago del siglo XVI. Debemos recordar que Bruno escribió estas palabras
unos tres siglos antes de que el francés Champollion descifrara los jeroglíficos[29]. En
la época en que él visitó Inglaterra, en 1583, Giordano Bruno iba de un sitio a otro
proclamando el inminente regreso de la religión mágica de Egipto. Como señaló
Frances Yates:
Las obras en forma de diálogos escritas en italiano que Bruno publicó en
Inglaterra normalmente se clasificaban como morales y filosóficas… En
ambas, la reforma propuesta por Bruno y su filosofía, están relacionadas con
su misión religiosa hermética… una misión [que]… llegará a expandirse a un
proyecto global de restauración de la religión mágica de los pseduegipcios del
Asclepios (el mayor tratado sobre la Hermética)…[30]
Sin embargo, Bruno no era un loco de la Nueva Era. En Bruno tenemos el
ejemplo perfecto de cómo una intuición poderosa puede saber qué mentes científicas
tienen dificultades de percepción. Bruno fue, por ejemplo, el que introdujo a los
sabios de Oxford las ideas de Copérnico sobre el heliocentrismo, mediante el uso de
su propia visión intuitiva de los planetas y del sol[31]. También Bruno estuvo entre los
primeros que imaginaron un cosmos poblado de innumerables mundos[32]. Y
seguiremos maravillándonos con su extra ordinaria intuición si un día se demuestra
que tenía razón cuando él hablaba de un resurgimiento en el mundo occidental de la
«religión mágica egipcia». En su obra más importante Spaccio della Bestia
Trionfante, que escribió en Inglaterra en 1584, el tema central de Bruno es «la
glorificación de la religión mágica de los egipcios»[33]. En este trabajo Bruno detecta
de forma correcta en este sistema religioso antiguo, que la veneración de los egipcios
era la adoración de «Dios en las cosas», y que la comunicación con la divinidad podía
lograrse a través de todos los elementos de la naturaleza, mediante la aplicación de
una magia especial de la que los sacerdotes egipcios fueran los maestros:
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… ya que como la divinidad desciende, en cierto modo, en la medida que ella
misma se comunica con la naturaleza, por lo tanto se puede ascender a la
divinidad a través de la naturaleza. Así, a través de la luz que brilla en las
cosas naturales uno se sube a la vida que gobierna por encima de ellas… Y en
verdad veo cómo los hombres sabios (de Egipto) por estos medios tuvieron
poder para hacer dioses familiares, afables y domésticos, que, a través de las
voces que salían de las estatuas, daban consejos, doctrinas, adivinaciones y
enseñanzas sobrehumanas. Al principio, con las leyes mágicas y sagradas
ascendieron a la altura de la divinidad por la misma escalera de la naturaleza
por la que la divinidad desciende a las cosas más pequeñas mediante su
comunicación… Aquellos hombres sabios, entonces, con el fin de obtener
ciertos beneficios y regalos de los dioses, por medio de la magia profunda,
hicieron uso de ciertas cosas naturales en las que estaba latente la divinidad, y
a través de las que la divinidad podía y estaba dispuesta a comunicarse para
ciertos propósitos. Al principio aquellas ceremonias no eran caprichos vanos,
sino voces vivientes que llegaron a oídos de los dioses…[34]
Bruno vivió en una época de gran expectación por alguna reforma religiosa
importante. En las masas europeas tuvo lugar una especie de frenesí por la «Segunda
Venida». Se esperaban señales en los cielos de forma impaciente. Corrieron los
rumores de que pronto una especie de niño-mesías nacería y unificaría Europa y el
mundo bajo una Cristiandad totalmente reformada. El hermetismo, de acuerdo con
muchos, fue la herramienta ideal para intentar activar esta reforma religiosa[35].
Como señaló el experto parisino J. Dagens, «el fin del siglo XVI y el comienzo del
siglo XVII han sido la edad de oro del hermetismo religioso»[36]. Empleando
complicados cálculos matemáticos, algunos astrónomos y reformadores religiosos
descubrieron que la venida de este «niño» mesiánico tendría lugar al final del siglo
XVI[37], y que se manifestaría con señales en los cielos. Sorprendentemente, los cielos
se vieron agraciados con la repentina aparición de una estrella supernova en 1604[38].
Este espectacular fenómeno tuvo lugar en la constelación del Cisne. El suceso,
entre otros, disparó en Europa un singular movimiento de reforma religiosa, conocido
como el Rosacrucianismo, y que estaba encabezado por una extraña figura llamada
Christian Rosecroix[39]. Ya volveremos al movimiento rosacruz más tarde. Mientras,
vamos a ver hasta qué punto el Corpus Hermeticum relacionaba las estrellas y la
habilidad de los magos egipcios para atraer su poder hacia la Tierra. Este principio se
recoge en el famoso aserto hermético «Así como es arriba, es abajo» y que se recoge
en el libro de Asclepio en un extenso pasaje conocido como el «lamento». El
«lamento» comienza con una evocadora afirmación sobre la relación entre el cosmos
y Egipto:
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¿No sabes, Asclepio, que Egipto está hecho a imagen del cielo, o que para
hablar más exactamente, en Egipto todas las operaciones de los poderes que
gobiernan y trabajan en el cielo han sido traídos a la Tierra? Mejor dicho;
debería decirse que todo el cosmos habita en nuestra tierra y en sus templos…
[40]
Entonces el texto describe el regreso de los dioses desde Egipto al cielo, y las
grandes calamidades que esto causará a Egipto:
… es conveniente que los hombres sabios deban tener conocimiento de todos
los sucesos antes de que pasen, y sin embargo, no debes caer en la ignorancia
por esto: llegará el tiempo cuando se verá que los egipcios han adorado a los
dioses en vano, con piedad sincera y servicio asiduo; y toda nuestra
veneración sagrada se encontrará sin fondo e inútil. Ya que los dioses
volverán de la Tierra al Cielo; Egipto será abandonado y esta tierra que una
vez fue el hogar de la religión estará desolada, privada de la presencia de sus
deidades. Esta tierra se llenará de extranjeros… Oh Egipto, Egipto, nada
quedará de tu religión salvo un relato vacío, que no podrán creer ni tus
propios hijos que han de venir; nada quedará salvo palabras serias, y
solamente las piedras hablarán de tu piedad… nadie levantará sus ojos al
cielo, el pío lo considerará insano y el sabio, impío; se pensará que el hombre
loco es cuerdo, y el malvado, bueno. Tanto el alma y la creencia de que es
inmortal por naturaleza, o que puede esperar alcanzar la inmortalidad, como
lo que yo te he enseñado, todo esto será ridiculizado e incluso se creerán que
es falso…
Entonces, como hemos visto, con sorprendente premonición[41], aparece la gran
profecía hermética que cuenta que los dioses volverán a Egipto en un futuro lejano:
Pero cuando todo esto haya ocurrido, Asclepio, entonces el Maestro y el
Padre, Dios, el primero ante todo, el hacedor de aquel dios que primero
devino en el ser, mirará todo lo que ha venido pasando y permanecerá e)
desorden por la aplicación de su Deseo… Serán llamados a regresar al camino
correcto aquellos que se han extraviado, limpiarán la maldad del mundo…
Aquellos dioses que gobernaban la tierra serán repuestos, y serán instalados
en una ciudad en el borde más lejano de Egipto (in summo initio Augypti) que
será fundada junto al sol y a la que todo ser humano podrá ir rápidamente por
tierra o por mar…[42]
Acabamos de ver en el Capítulo Dos cómo la «ciudad en el borde más lejano de
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Egipto» era llamada en la Hermética Monte Líbico, que más tarde se convertiría en la
meseta sobre el borde del desierto libio que hoy denominamos Gizeh, donde se
encuentran las tres grandes pirámides y la Esfinge. Aunque esta conclusión puede que
no fuera conocida por Giordano Bruno en el siglo XVI, sin embargo, se vio a sí mismo
como el heraldo de la «restauración sagrada y respetada» de la religión mágica de
Egipto, por medio de la proclamación de su retorno triunfante de una «ciudad del sol»
mágica, tal y como se mencionaba en los textos. Bruno, de una forma curiosa, con su
percepción altamente aguzada, parece haber encontrado de manera intuitiva que uno
de los aspectos más importantes de la gnosis egipcia estaba relacionado con un
profundo entendimiento de las estrellas, y de cómo éstas podrían haber sido
empleadas para crear poderosos talismanes y mecanismos de memoria en la mente.
Su libro, Spaccio della Bestia Trionfante, está lleno de alusiones y explicaciones de
estos sistemas de «memoria astral» que, de acuerdo con Bruno, fueron vitales en el
cultivo de la supermemoria y de unos medios para conectar por uno mismo con la
Mente Universal o Cosmos. A este respecto, Bruno estaba muy cerca de algunos
sistemas similares de iniciación que fueron incluso utilizados realmente por el
sacerdocio de Heliópolis en la Época de las Pirámides, junto con los monumentos de
la meseta de Gizeh, con el fin de inducir o despertar la «memoria astral»[43]. Ya
volveremos a su debido tiempo a este extraño mecanismo de memoria de los antiguos
constructores de pirámides de Egipto. Mientras tanto vamos a averiguar qué «ciudad»
tenía en mente Bruno y cuándo y dónde haría su regreso la esperada religión mágica
egipcia.
LA CIUDAD DEL SOL HERMÉTICA
Existe un oscuro manuscrito medieval cuya relación con la misión religiosa y
hermética de Bruno ha pasado desapercibida. Este manuscrito, del que se guardan
copias en varias bibliotecas de Europa, se conoce generalmente como el
«Picatrix»[44]. Sin embargo, el título es erróneo. Parece que los sabios del
Renacimiento tradujeron mal el nombre del autor árabe y lo utilizaron como título[45].
El Picatrix fue escrito, casi con seguridad, a mediados del siglo XI por un sabio árabe
que vivía en Andalucía. Su título original era Ghayat El Hakim, que significa «La
Meta del Sabio»[46]. El Picatrix primero fue escrito en árabe, usando como referencia
una colección de «doscientos veinticuatro libros» sobre hermetismo, astrología,
magia y alquimia[47]. Aunque se sabe que circuló entre sabios de la época medieval y
durante el Renacimiento, no fue hasta 1933 cuando los académicos modernos
dispusieron de una versión árabe. Ello se debió gracias a los esfuerzos del especialista
alemán Hellmut Ritter. Además, hasta 1962 no se hizo una traducción al alemán. Fue
esta última traducción la que Frances Yates estudió en el Instituto Warburg de
Londres. El estudioso americano David Pingree, trabajando muy de cerca con el
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manuscrito del Warburg, escribió una traducción al latín en 1986. En la actualidad J.
B. Trapp está realizando una traducción al inglés, partiendo también del manuscrito
del Warburg[48].
Esencialmente el Picatrix trata de una forma de magia hermética conocida por los
expertos como «magia celestial» o «magia astrológica»[49]. Como hemos visto, esta
clase de magia intenta «atraer» a la tierra el poder y la influencia de las estrellas y los
planetas. La idea consiste en seleccionar un objeto especial o un monumento al que se
le denomina talismán, y a través de rituales, ceremonias y encantamientos mágicos
inducir las energías astrales de «espíritus y ángeles» para que moren dentro de él[50].
David Pingree, un renombrado experto en el Picatrix, explica las bases de esta
todavía extraña forma de magia:
… todos los actos mágicos… están autorizados e incluso efectuados por el
poder de Dios al actuar a través de sus ángeles y espíritus que moran en el
mundo sublunar, el cual se encuentra en las esferas celestiales; estos ángeles y
espíritus son los seres más altos a los que el hombre puede alcanzar y que
pueden intervenir en la tierra. En esta purificación celestial se encuentra la
principal diferencia conceptual entre la magia clásica y la del Ghayat
(Picatrix). El objetivo aparente de una rama de la magia celestial es hacer que
estos espíritus celestiales bajen a la tierra e inducirlos a entrar en el objeto
material (un talismán) y que en seguida pasa a tener poderes mágicos bien
definidos… Normalmente el ritual es realizado en un momento determinado
por la astrología; en su forma más avanzada, la teoría es que solamente en
tales momentos el rayo del cuerpo celestial penetra directamente en el
talismán, permitiendo viajar junto con él al poder celestial…[51]
El Picatrix es una especie de manual de cómo pueden crearse estos talismanes.
Sin embargo, al final acaba con un concepto un tanto ingenuo sobre el diseño de un
mega o supertalismán. El autor del Picatrix propone, nada menos, que el diseño de
una ciudad a modo de «talismán», una especie de ciudad mágica colocada junto a
alineamientos especiales astronómicos y astrológicos, con monumentos, estatuas,
capillas y edificios cuidadosamente diseñados con esquemas sagrados y geométricos
e «imágenes de las estrellas»[52]. En la versión latina del Picatrix se dice que esta
ciudad-talismán mágica fue diseñada por Hermes-Thot y que se llamaba Adocentyn.
Estaba situada cerca de «abundante agua» en la que Hermes también construyó «un
templo al sol»[53]. Se levantó al «este de Egipto» y sorprendentemente tenía «23
kilómetros de largo», con figuras de leones, un águila o halcón, un toro y un perro
colocados en cada una de sus cuatro puertas que estaban orientadas directamente a los
cuatro puntos cardinales del horizonte[54]. En la versión árabe original del Picatrix,
sin embargo, la ciudad es llamada Al Ashmunain, que es el nombre árabe de
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Hermópolis Magna, donde una vez estuvo la capilla más importante de Thot[55]. Sin
embargo, la mención de una ciudad de 23 kilómetros de largo sugiere algo más; algo
que también se correspondía con el sistema de magia astronómico y astrológico que
fue practicado en Egipto por el legendario Hermes-Thot. Esto, según pretendo, no es
otra cosa que el vasto desierto de 23 kilómetros que hay cerca de El Cairo en el que
se encuentran los campos de pirámides de la necrópolis menfita. Para sustentar esta
hipótesis presento los siguientes comentarios de la investigadora Frances Yates en su
estudio de la ciudad mágica de Adocentyn en el Picatrix:
Particularmente, entre los árabes de Hartan hubo una influencia extraordinaria
de la literatura hermética y gnóstica y de las ideas del mundo árabe. La magia
de los talismanes fue practicada por estos árabes, y la influencia vino a través
de los sabaenos que estaban inmersos en el hermetismo, tanto en la filosofía
como en la religión, y en sus aspectos mágicos. El Picatrix está escrito por un
árabe que se encuentra bajo una fuerte influencia de los sabaenos, es decir la
Hermética… La ciudad de Adocentyn en la que la virtud está forzada en los
habitantes por medio de la magia, ayuda a explicar por qué, cuando decayó la
religión egipcia mágica, se destruyeron las costumbres y la moral, tal y como
se describe en el «lamento». En la profecía de la restauración final de la
religión egipcia, en el Asclepio, después del «lamento», se dice: «Los dioses
que ejercen su dominio sobre la tierra un día serán repuestos e instalados en
una ciudad en el límite de Egipto, una ciudad que será fundada junto al sol y
a la que todo ser humano podrá ir rápidamente por tierra o por mar…» En el
contexto del Asclepio, la ciudad de Adocentyn puede verse así como el
esquema ideal de su restauración futura y universal.[56]
Hemos visto en el Capítulo Dos cómo en el libro de Asclepio la localización de
esta ciudad mágica es la llamada «Monte Líbico» que identificados con la necrópolis
menfita, de la que su núcleo central es la meseta de Gizeh[57]. Encontramos una
nueva clave en la mención de los «sabaenos» en conexión con la «ciudad» mágica.
¿Quiénes fueron los misteriosos sabaenos, o sabianos, de quienes el autor del Picatrix
tomó sus ideas? ¿Y cómo pueden llevarnos estos sabios hacia la meseta de Gizeh?
EL PEREGRINAJE DE LOS SABIANOS
Aunque Bruno y sus contemporáneos lo desconocieran, existió una vez en otra parte
del mundo una secta religiosa que, de hecho, había adoptado la misma religión
hermética o mágica de los egipcios que pretendían restaurar en todo el orbe. Esta
secta era conocida como los sabianos, cuya fortaleza era la mítica ciudad de Harran al
sureste de Turquía. Harran es mencionada en el Libro del Génesis donde tiene la
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distinción de ser el lugar donde primero habló Dios al patriarca Abraham[58]. La
ciudad de Harran aparentemente estaba consagrada al dios de la luna Sin, una
tradición que todavía se sostenía en la época cristiana[59]. Hay una historia extraña de
un árabe, Am Nadim, escrita en el 987 d. C., en la que se cita lo siguiente de un libro
titulado La revelación de la doctrina de los karranianos, quienes en nuestra época
son conocidos como los sabiahos[60]:
… en el año 830 d. C. (el califa) cuando Al Mamun salía de Bagdad, su
capital, pasó por Hartan en una campaña contra los bizantinos. Se percató de
que, entre aquellos que allí estaban presentes ante él, había una gente vestida
de forma extraña, y les preguntó: «¿A cuál de los pueblos protegidos por la
ley (pueblo de las Sagradas Escrituras) pertenecéis vosotros?». Ellos
contestaron, «Somos harranianos». «¿Sois cristianos?» «No». «¿Judíos?»
«No». «¿Magos?» «No». «¿Tenéis una escritura sagrada o un profeta?». Y a
esto dieron una respuesta evasiva. «Entonces sois infieles e idólatras». Dijo el
Califa, «y está permitido derramar vuestra sangre. Si cuando yo vuelva de mi
campaña no os habéis convertido en musulmanes u os habéis adherido a una
de las religiones reconocidas en el Corán, os quitaré un hombre».
Bajo esta amenaza, muchos de ellos, al menos para salvar las apariencias, se
unieron al islam y otros al cristianismo. Pero algunos de ellos se resistieron y
consultaron a un juez musulmán, quien, a cambio de una gran suma de dinero, les dio
este consejo:
Cuando regrese Al Mamun decidle: «Nosotros somos sabianos»; ya que este
es el nombre de un religión de la que Dios habla en el Corán.
El califa Al Mamun nunca volvió. De hecho, antes de este encuentro con los
sabianos, Al Mamun había estado durante diez años en Egipto. Se trata de una
persona conocida en la historia de la exploración de las pirámides al haber sido el
primero en entrar en la Gran Pirámide en los tiempos modernos[61]. De acuerdo con
el experto Walter Scott, los harranianos, ahora llamados «sabianos», tuvieron que
hacer buena su demanda al exponer de forma oficial a las autoridades musulmanas
que el «libro» al que ellos pertenecían era el «libro de Hermes» y que su profeta era
Hermes Trismegisto[62]. Scott argumenta que algunos de los sabios harranianos
debieron de haber estado al corriente de la Hermética y de otras obras neoplatónicas.
Por ello, en vistas de la supuesta gran antigüedad de los escritos herméticos los
eligieron como escrituras admisibles por las autoridades musulmanas.
Sin embargo, hay otra explicación. Al Masudi, el historiador árabe del siglo X,
señaló que «bajo Omar, hijo de Abdel Aziz (705-710), había sido transferido desde
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Alejandría hasta Antioquía el principal lugar de conocimiento, y que después, durante
el reinado de Al Mutawaqil, fue trasladado a Harran…»[63]. Al Mutawaqil reinó
desde 847 hasta 861. Esto significa que la reputación de Harran como «el principal
lugar de conocimiento», emparejado con Alejandría y Antioquía, precedió a su
supuesta conversión engañosa al hermetismo. La verdad puede ser que los
harranianos no solamente fueran considerados hombres sabios y eruditos desde los
tiempos más antiguos, sino que probablemente habían adoptado la religión hermética
mucho antes de la visita del califa Al Mamun en 830. Una posibilidad es que la
divinidad tutelar de Harran fuera el primitivo dios-luna Sin, que fácilmente pudo
transferirse al dios-luna Thot (Hermes) de los antiguos egipcios. Aunque la ciudad en
sí estuvo dedicada a la luna, el autor del Picatrix señalaba de forma concisa que los
sabianos de Harran eran esencialmente magos que practicaban una magia especial
celeste o astrológica, que se había inventado en el antiguo Egipto. Esta forma de
magia se asoció específicamente con las estrellas, y como señaló Frances Yates, el
nombre más adecuado sería el de «magia astral»[64] o «religión estelar»[65] debido a
que los sabianos fueron, en efecto, adoradores de estrellas[66]. En 1946 el egiptólogo
Selim Hassan, mientras estudiaba la religión estelar de los antiguos egipcios, observó
un pasaje en el Diccionario Geográfico recopilado por el historiador y geógrafo árabe
del siglo XI, Yakut El Hamawi, donde se mencionaban las pirámides de Gizeh.
Perplejo por lo que veía, Hassan escribió:
La asociación de las pirámides de Gizeh con el culto estelar ha sido
mantenido desde hace tiempo por la tradición, y las pirámides de Keops y
Kefrén sustentan la reputación desde la época árabe de estar conectadas a la
veneración estelar. En el Diccionario Geográfico (llamado el) Mo’agam El
Buldan de Yakut El Hamawi[67], se dice, después de dar las medidas de las
dos pirámides más grandes de Gizeh: «Hasta estas dos peregrinaban los
sabianos»[68].
Hassan señala que el nombre árabe de los «sabianos» era Al Sabi’a, que significa
el «pueblo de Sab’a». Hassan era consciente de la tradición que asociaba a los
sabianos con la adoración de las estrellas, y esto le llevó a realizar esta interesante
conexión con el antiguo Egipto:
Ahora, por supuesto, los sabianos eran adoradores de las estrellas, y si no me
equivoco derivaron su nombre de la palabra egipcia S’ba…[69]
En la antigua lengua jeroglífica de los egipcios, la palabra S’ba significa
«estrella»[70]. En jeroglífico no hay vocales; generalmente es difícil saber cómo se
pronunciaba una palabra. En el caso de la palabra S’ba, es posible que se pronunciara
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«saba»[71]. Hay que recordar que los harranianos, de acuerdo con la tradición árabe,
asociaron su nombre con el «pueblo del libro», es decir, de las Sagradas Escrituras o
de la Biblia[72]. De esta manera, Hassan señalaba que el nombre elegido por los
harranianos daba a entender una «estrella» que también se encuentra en la Biblia,
donde la palabra «saba» significa «anfitriones», utilizada normalmente para hablar de
«los cuerpos celestes», es decir, las estrellas[73]. Varios autores árabes que, ya en el
670, cuentan la leyenda de que la Gran Pirámide de Gizeh fue construida por Hermes
«antes de la inundación», con el fin de salvaguardar un antiguo sistema de
conocimiento, proporcionan otra clave de por qué los sabianos pudieron haber
realizado su peregrinaje a las pirámides de Gizeh[74] y[75]. En el Picatrix hay una
pista para saber qué pudieron haber estado buscando los sabianos en Gizeh, algo que,
sospechosa mente, recuerda a una cámara secreta subterránea. En uno de los pasajes
un adepto de la magia astral talismánica hace esta espeluznante declaración:
Cuando deseé sacar a la luz la ciencia del misterio y la naturaleza de la
Creación, di con un enterramiento subterráneo lleno de oscuridad y vientos…
[76]
En cualquier caso, todo esto implica, si no de forma clara, que la ciudad mágica
propuesta por Giordano Bruno es una y la misma que [1] la ciudad Adocentyn del
Picatrix; [2] la ciudad hermética fundada «junto al sol» en el Asclepio; [3] y la
«ciudad» piramidal mágica del «Monte Líbico», es decir, la necrópolis menfita de
Menfis en Gizeh. Más tarde volveremos a Gizeh y a su extraña conexión con la
magia astral. Mientras tanto, vamos a investigar un poco más los textos herméticos
para descubrir más claves.
LA SEÑAL DE LA CRUZ
En 1591 Bruno cometió el fatal error de regresar a Italia. Cegado por sus propias
convicciones y por el profundo sentido de su misión, ingenuamente creyó poder
convencer a los obispos de Roma de un gran plan de reforma para la Cristiandad, a
través del retomo a la religión hermética egipcia. En mayo de 1592 fue arrestado por
la Inquisición Papal y llevado a una mazmorra de Roma. Tras un largo juicio y varias
oportunidades para retractarse de su «herejía», la mañana del 17 de febrero de 1600
fue llevado a Campo dei Fiori (Campo de las Flores), amordazado para evitar que
hablara, atado a un mástil y allí fue quemado vivo. De esta manera el último de los
magos «egipcios» murió en silencio, apartando la mirada del crucifijo que un monje
dominico le colocó frente a su rostro.
Durante el simulacro de juicio que tuvo en el Vaticano, un obispo pidió a Bruno
que explicara su afirmación de que los antiguos egipcios conocían el signo de la cruz
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mucho antes que los cristianos. De forma cautelosa, Bruno explicó que había llegado
a esta conclusión a través de la traducción de la Hermética de Ficino. Pero entonces,
en un extraordinario acto de desafió, enfureció a sus inquisidores al hablar de la señal
de la cruz en conexión con la magia astral:
… y que los planetas (y las estrellas) y sus influencias tienen más eficacia…
cuando están al comienzo de los puntos cardinales, que es cuando los coluros
cortan la eclíptica o el zodiaco en un punto de la línea directa, o cuando dos
círculos se cortan, de esta manera se produce la forma de este símbolo (es
decir, la cruz)…[77]
Desde el punto de vista de la astronomía, la afirmación de Bruno es
completamente exacta. Realmente, el fenómeno se da dos veces al día, aunque en
momentos diferentes a medida que cambia la estación. Esta señal de la cruz se
produce cuando el primer meridiano se encuentra justo encima del observador, de
manera que la línea del meridiano forma una brazo de la cruz y la línea de latitud el
otro. Como afirmó Bruno en su juicio, los momentos «astrológicos» ideales a lo largo
del año para que la influencia de la magia astral sea de una eficacia óptima, se daban
durante los solsticios o lo equinoccios, es decir, en los coluros. La «cruz» que se
forma sobre el suelo en estos momentos del año, se da bien al amanecer o al
anochecer, o bien al mediodía o en la medianoche. Ficino, que tradujo la Hermética
para Cosme de Médicis en 1463, comentaba que la cruz egipcia formada por los
coluros, no solamente era un «testimonio al «regalo de las estrellas» (es decir, la
magia astral) sino que también era una especie de presagio de la venida de Cristo[78].
Estos alegatos realizados por Bruno y Ficino con respecto a la cruz y los coluros,
están tomados de hecho de la Hermética, de un tratado conocido como el Kore
Kosmou[79]. En este tratado la diosa Isis habla con su hijo, Horus, quien pregunta a su
madre por qué los hombres que han nacido fuera de Egipto carecen de la inteligencia
refinada de los egipcios. A lo que Isis responde:
La tierra yace en el centro del Universo, estirada sobre su espalda como lo
pueda hacer un humano… su cabeza se encuentra hacia el sur, su hombro
derecho hacia el este, su hombro izquierdo hacia el oeste y sus pies están bajo
la constelación de la Osa Mayor (es decir, el norte)… pero el verdadero país
sagrado de nuestros ancestros (Egipto) yace en medio de la Tierra; y la mitad
del cuerpo humano es el santuario del corazón, y el corazón es el centro
principal del alma, y ésta, hijo mío, es la razón de por qué los hombres de este
país… son más inteligentes…[80]
De esta manera, el enorme crucifijo que se forma sobre la Tierra, cuando los
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coluros cruzan la eclíptica y están en el horizonte, tiene en «Egipto» su epicentro,
donde se cortan los ejes de la Tierra este-oeste y norte-sur. Así en Egipto, los adeptos
a la Hermética imaginaban que el meridiano principal y la latitud principal pasaban
por el epicentro o «el centro principal del alma», un lugar que ellos denominan «el
santuario del corazón». Desde 1860 varios investigadores han argumentado que el
principal meridiano de Egipto, así como de todo el planeta, debería pasar a través del
vértice de la Gran Pirámide[81]. El razonamiento que hay detrás de esta hipótesis es
que no solamente se encuentra la Gran Pirámide en el centro de las masas terrestres
de la Tierra, sino que también está alineada a los cuatro punto cardinales con un
precisión tan asombrosa que un astrónomo francés, por ejemplo, la llamó el
«instrumento meridional perfecto»[82]. Incluso cuando en 1884 el International
Meridian Committee (Comité Internacional del Meridiano) se reunió en Washington
D. C. para decidir por dónde debería pasar el primer meridiano del mundo, el
Astrónomo Real de Escocia «opinaba que si tenía que haber un primer meridiano,
entonces éste debería ser colocado sobre la Gran Pirámide de Egipto»[83].
Recordaremos que la medianoche del 31 de diciembre de 1999, las autoridades
egipcias tenían previsto colocar un piramidión dorado sobre el vértice de la Gran
Pirámide, un evento que iba a ser televisado en directo para todo el mundo. Cerca de
la medianoche de aquel día los coluros estaban perfectamente colocados, ya que el
coluro del equinoccio de primavera (a través de Leo) estaba en el este, el coluro del
equinoccio de otoño (a través de Acuario) en el oeste, el coluro del solsticio de
invierno (a través de Orión) en el sur y el coluro del solsticio de verano (a través del
Dragón) estaba en el norte. En Guardián del Génesis, ya señalábamos que cuando se
dio esta conjunción de forma más exacta fue cuando estaban la meseta de Gizeh y el
cielo en perfecta correlación[84]. A su debido tiempo daremos más información.
Mientras, la muerte de Giordano Bruno en la hoguera había extendido a través de
Europa un gesto horrible de intolerancia. La tradición hermética, tal y como había
hecho antes, cayó en picado, sumergiéndose en la clandestinidad. Resurgiría
finalmente con un extraño disfraz, que sería descubierto por Frances Yates en los
años sesenta. Después de revisar el imprudente llamamiento de Bruno en favor de la
tolerancia religiosa, su filantropía y su llamada para la reforma de la Cristiandad a
través del resurgimiento de la Gnosis egipcia, Yates se preguntaba a sí misma
«¿Dónde se encuentra la combinación de todo esto?»:
La única respuesta que puedo pensar para esta pregunta… es la
francmasonería, con sus vínculos míticos con los masones medievales, su
tolerancia, su filantropía y su simbolismo egipcio.[85]
Por supuesto, Yates pudo añadir algunas otras semejanzas: los sistemas de
iniciación de la francmasonería basados en los antiguos misterios; su preocupación
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con la arquitectura simbólica y la geometría sagrada en los planes de desarrollo de las
ciudades; y finalmente su épica enemistad con la Iglesia católica romana. Aunque la
francmasonería no emerge en Inglaterra como una organización secreta antes de
comienzos del siglo XVII, Frances Yates se sentía obligada a lanzar esta «bomba de
relojería»:
Debido a la insatisfacción espiritual del país, uno no puede dejar de
preguntarse si en Inglaterra se escuchó el mensaje «egipcio» de Bruno,
respirando así por primera vez las filtraciones de la Flauta Mágica (un
sinónimo de la francmasonería), como una insinuación de alivio… Se nos ha
dicho que la Flauta Mágica de Mozart transmite algunas de sus creencias
como francmasón. Si es así, puede que nos encontremos con una ópera que
viene en imágenes poéticas y musicales el tema de la buena religión de los
egipcios, de los misterios de Isis y Osiris en los que son iniciados los buenos,
de la atmósfera mágica a través de la cual las almas humanas crean su camino
hacia la salvación de la Hermética egipcia… Por supuesto Mozart estuvo en
contacto con la francmasonería continental. Pero toda la francmasonería
continental derivaba en último lugar de Inglaterra; y fue en la Inglaterra de la
reina Isabel donde Giordano Bruno había predicado fervientemente la religión
de los egipcios…[86]
Pero había algo más, algo bastante más sutil y sorprendentemente ingenioso, que
se estaba tramando en la mente de algunos sabios «herméticos» justo después de la
muerte de Bruno…
LA APERTURA DE LA TUMBA
En la última década del siglo XVI Europa estaba sumergida en la efervescencia del
ambiente del milenio. Manifestaba gran expectación por una nueva era que traería
consigo una reforma radical de la Cristiandad y que unificaría un continente
desgarrado por las guerras bajo una especie de príncipe mesiánico[87]. Los astrólogos,
empleando varios cálculos y cartas, habían marcado el 1604 como el año más
propicio para que se manifestaran en el cielo las señales del nuevo orden mundial
anunciado desde hacía tiempo[88]. Como si fuera por intervención divina, 1604 vio la
aparición de dos nuevas estrellas: una en la constelación de la Serpiente y la otra en la
del Cisne[89]. El experto de Oxford, Christopher McIntosh, que estudió el efecto de
estos fenómenos extraños, escribió:
En el momento en que aparecieron las nuevas estrellas en el cielo, Júpiter y
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Saturno estaban en conjunción en la Novena Casa (del Zodiaco). Como
Júpiter era considerado un buen planeta y Saturno era maligno, se especuló
sobre cuál de los dos predominaba. El consenso general, sin embargo, fue que
como la Novena Casa es la casa de Júpiter y Júpiter gobierna sobre Piscis, el
signo que estaba en el ascendente en el momento de la observación, Júpiter
era el planeta dominante. También los dos planetas estaban colocados de
forma favorable en relación a los otros planetas. Cuando Saturno está bien
ubicado trae hombres atentos y serios. Consecuentemente, la combinación
prometía el advenimiento de uno o varios profetas que serían sabios, justos y
honrados. También se creyó que estas posiciones astrológicas se
correspondían con la posición de la Creación… de esta manera los signos y la
aparición de nuevas estrellas en 1604 eran los mismos que los que se dieron
en el comienzo del mundo, probando que 1604 también vería un nuevo y gran
comienzo…[90]
Hacia 1604, tuvo lugar en Alemania un encuentro de sabios herméticos.
Aprovechando la fiebre mesiánica, tramaron en pleno corazón de Europa una especie
de coup d’etat intelectual, maquinando un poderoso «mecanismo hermético», uno
que implicara de forma engañosa una especie de enorme truco publicitario mesiánico.
Este misterioso grupo[91] decía pertenecer a una sociedad secreta e «invisible»
conocida como la Orden de la Cruz Rosada de los Meritorios; para abreviar, los
rosacruces[92]. McIntosh escribió: «El movimiento rosacruz es parte de una forma de
pensamiento cuyas raíces se hunden en la más lejana antigüedad y que puede
describirse como la tradición esotérica de Occidente»[93]. Lógicamente, la «tradición»
a la que se refiere McIntosh, no es otra que la tradición gnóstica y hermética de la
antigua Alejandría, de los sabianos, de Ficino y de Bruno. Como explicó Frances
Yates, una misteriosa y «nueva forma de pensamiento»:
… de alguna forma los rosacruces representan la tradición hermética y
cabalística del Renacimiento… Por lo tanto puede decirse que las aspiraciones
de los rosacruces después de una reforma universal en un contexto hermético
pueden perfectamente deber algo a Bruno… (pero)… ¿hay o no hay alguna
conexión entre los rosacruces y los orígenes de la francmasonería? Algunas
personas piensan que lo hay… No es imposible que la influencia de la
importación de las ideas rosacruces hasta Inglaterra (en 1614)… pudiera
haberse cruzado Con una prematura corriente cortesana, quizás ya
influenciada por Bruno, para generar la francmasonería…[94]
Es casi seguro que el engaño de los rosacruces de 1604 fuera dirigido por un
pastor instruido en la ciudad de Tubingen, al suroeste de Alemania. Trabajando en
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secreto con un grupo reducido de correligionarios[95], de manera anónima se hizo un
libro que fue distribuido por toda Alemania y otras partes de Europa. Bajo el
ostentoso título de Un descubrimiento de la fraternidad de la orden más noble de la
Cruz Rosada, también conocido como el Fama Fraternatis o simplemente el
Manifiesto Rosacruz, este libro anunciaba el descubrimiento de la tumba de un sabio
y mago, llamado Christian Rosencreutz, y la llegada de una nueva era espiritual para
la humanidad.
En el libro se nos informa de que esta persona había adquirido un conocimiento
secreto durante sus viajes al Oriente Medio. Este conocimiento, o gnosis, estaba
destinado a ser empleado para crear una gran reforma religiosa. Con este fin, se dijo a
Christian Rosencreutz que reclutara tres ayudantes a los que llamaría «hermanos» y,
de esta manera, dice el autor del libro, nació la Fraternidad de la Cruz Rosada. Pronto
su número creció. La principal ocupación de los «hermanos» era curar a los enfermos
y otros actos de filantropía similares, así como expandir el conocimiento por todo el
mundo. Los «hermanos» tenían la obligación de reunirse una vez al año en su sede
principal, conocida como la Casa del Espíritu Sagrado. Al parecer, el primero en
morir de la fraternidad original fue enterrado en Inglaterra. Se nos dice que cuando el
propio Christian Rosencreutz murió, se le enterró en un sepulcro subterráneo. El
encontrar y abrir este sepulcro, 120 años después de su muerte, marca el comienzo de
una nueva era y la anhelada reforma del mundo. Se dedujo que la fecha de la apertura
de la tumba iba a ser el 1604[96]. La mayor parte del misticismo del Manifiesto
Rosacruz gira en torno a la apertura de esta misteriosa tumba. El engaño fue
destinado de forma específica para que se percibiera como el último crepúsculo antes
del primer amanecer en la nueva era. Como pro clama el Manifiesto Rosacruz:
Sabemos… que no habrá un reforma general, de las cosas humanas y divinas,
de acuerdo con nuestro deseo y las expectativas de otros; ya que es apropiado
que antes del alzamiento del Sol debería salir la Aurora, o algún destello de
luz divina en el cielo.[97]
Christopher McIntosh escribió: «La apertura de la tumba de Christian
Rosencreutz, ya fuera un acontecimiento moderno o algo simbólico, enviaba a
Europa un fantasma cuya aparición fue casi tan persistente como la del fantasma del
comunismo, dos siglos y medio después[98]. Este truco o «mecanismo hermético»
funcionó más allá de cualquier expectativa. El rumor de una fraternidad ultrasecreta
que trabajaba subrepticiamente para traer una reforma general a Europa, se extendió
como el fuego entre los eruditos de Alemania, Francia, Holanda e Inglaterra. Como
una especie de virus intelectual, el «pensamiento» rosacruz comenzó a afectar a los
mejores intelectuales del siglo XVII. Es casi seguro que en Inglaterra personajes como
Francis Bacon, Robert Fludd, Robert Boyles, Elias Ashmole y Sir Christopher Wren,
[Link] - Página 175
se vieran involucrados, de una forma u otra, en el movimiento rosacruz[99]. Incluso
parece que Isaac Newton en Gran Bretaña y René Descartes en Francia, cayeron bajo
su encanto mágico[100]. Asombrosamente, muchos historiadores de hoy parecen estar
de acuerdo en que no solamente el movimiento rosacruz ha proporcionado la
filtración esotérica que generó en Inglaterra la francmasonería «especulativa», sino
que también de forma indirecta es responsable de la fundación de la Sociedad Real en
Inglaterra en 1660[101]. Veremos más adelante cómo finalmente la misma «filtración»
esotérica desempeñó un papel más importante en la formación de la Egypt
Exploration Society (Sociedad para la Exploración de Egipto) en 1882 y la creación
de la prestigiosa cátedra de Egiptología «Petrie» en el University College de Londres.
También veremos cómo los rosacruces modernos, curiosamente, han estado
impulsando, desde comienzos de 1930, la búsqueda de un enterramiento subterráneo
secreto en Gizeh, similar o incluso basado en los conceptos de la legendaria Sala de
los Archivos.
En 1798, Napoleón invadió Egipto. Fue entonces cuando se instaló en Egipto la
primera logia masónica. Conocida como la Logia de Isis, fue inaugurada por el
general Kleber, jefe de la ocupación militar francesa[102]. A lo largo del siglo XIX, se
instalaron logias por todo Egipto bajo los auspicios de los cuerpos masónicos
centrales de Europa, como el Gran Oriente de Francia o la Gran Logia Unida de
Inglaterra. En 1876, se fundó la Gran Logia Nacional de Egipto, alardeando de tener
entre sus miembros al jedive Tewfik Pasha, que había recibido su iniciación masónica
en Londres. En 1882, Gran Bretaña desembarcó su flota naval en Alejandría,
invadiendo Egipto y levantando un Alto Comisionado, teniendo a Tewfik en el poder
como si fuera una marioneta. En 1883, se formó la Gran Logia Unida de Egipto y del
Sudán.
Desde entonces han sucedido cosas extrañas en la Gran Pirámide.
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7
EL PAÍS DE LOS ANCESTROS
«De acuerdo con Platón, la primera característica del filósofo es que debe
estar preparado para seguir las respuestas allí a donde van los argumentos…».
—ANNE FREEMANTLE, The Age of Belief.
LA LOGIA DE ISIS
Los historiadores masones han debatido extensamente sobre el origen de la
francmasonería. Hay pocas dudas de que, como institución, esta sociedad secreta
naciera a comienzos del siglo XVII en Inglaterra y Escocia. Además se cree que con el
exilio de la monarquía de los Estuardo a Francia y Holanda, se enraizó en el
continente europeo[1]. Al principio fue una fraternidad elitista que interesaba
particularmente a la aristocracia y a la monarquía. Muchos reyes británicos, príncipes
y nobles fueron iniciados en la hermandad y así ha sucedido hasta nuestros días[2]. Lo
mismo ocurrió en Europa, donde fue especialmente importante en Francia y
Alemania[3]. La francmasonería «especulativa», que simplemente significa la
francmasonería como una sociedad mística y esotérica, no apareció en un sitio en
concreto. Hay numerosos intentos que reclaman su origen en los antiguos misterios
de las religiones griegas y de Oriente, en especial, la religión del antiguo Egipto y el
culto de Osiris[4]. En su controvertido Inside the Brotherhood («Dentro de la
hermandad»), el escritor Martin Short escribe:
Hoy día los francmasones no pueden negar que parte de su culto debe mucho
a los dioses paganos del Nilo. Todavía en el Salón de los francmasones, en
Dublín, hogar de la segunda Gran Logia más antigua del mundo, el Salón del
Arca Sagrada contiene dos grandes esfinges y otras esculturas que imitan el
antiguo Egipto. En Filadelfia, Estados Unidos, el Templo Masón presumen
del «más fino ejemplo de decoración egipcia fuera de Egipto». Incluso el
Great Eastern Hotel en la estación londinense de Liverpool Street, posee un
magnífico templo egipcio para alquilar a las logias para sus rituales nocturnos.
[5]
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Figura 20. Napoleón dentro de la Gran Pirámide, ca. 1798.
He visitado el templo masón «egipcio» de Filadelfia en varias ocasiones. Fue
acabado en 1889. Mide 16 por 13 metros, y hay doce enormes columnas que sujetan
los cuatro extremos del templo. Cada columna, aparentemente, es una réplica de un
original egipcio. Sobre el muro oriental puede verse el «ojo de Horus que todo lo ve»,
con paneles en color que representan a Osiris, Isis y otras divinidades egipcias
diferentes. En griego, Filadelfia significa «Amor Fraternal» o «Amor de la
Hermandad». Además, Filadelfia es, con mucho, el centro de la francmasonería
americana[6]. Presume, por ejemplo, de haber sido el lugar donde Benjamín Franklin
instaló una de las primeras logias masónicas en los Estados Unidos[7], y la
universidad que porta su nombre tiene una fraternidad llamada «Esfinge», a lo que
hay que añadir el folclore y el simbolismo «egipcianizado»[8]. Curiosamente, como
ya vimos en el Prólogo, fue en esta universidad donde la Fundación Edgar Cayce
arregló supuestamente la formación del Dr. Hawass, director generad de las
Pirámides de Gizeh[9]. Pero ahí no queda la cosa. Filadelfia es, sin ninguna duda, la
única ciudad masónica que muestra un templo descaradamente egipcio. Washington
D. C., la «capital masónica» por excelencia[10], fue supuestamente planeada bajo
principios masónicos[11] y en la actualidad posee un enorme monumento masónico en
el popular suburbio de Alejandría, cuyo diseño recuerda el Faro de Alejandría en
Egipto[12]. Se trata del conocido monumento masónico nacional en honor de George
Washington, que fue levantado en el punto donde una vez se encontró la legendaria
logia masónica núm. 22 y donde al parecer en 1753 el propio George Washington fue
iniciado en la hermandad[13]. La construcción del monumento masónico alejandrino
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llevó 52 años. Cuando se completó en 1923, el edificio fue consagrado con la bien
conocida ceremonia masónica de «colocar la piedra angular», un acontecimiento que
fue realizado por numerosos notables y presidido por el jefe de Justicia William
Howard Taft, un destacado francmasón y presidente de los Estados Unidos desde
1909 a 1913. Taft, antiguo alumno de Yale y por entonces catedrático de derecho, fue
también un miembro destacado de la fraternidad Skull & Bones[14]. El edificio fue
inaugurado en 1931 por el presidente Herbert Hoover[15].
El monumento alejandrino en honor de George Washington tiene un piso
dedicado a una de las sociedades francmasonas más extrañas y de abolengo, la
conocida como Orden Noble de la Capilla Mística del Antiguo Egipto Árabe.
Conocidos simplemente como los «capilleros», la orden es gobernada por un Consejo
Imperial y presume de tener aproximadamente unos 55.000 miembros, sólo en los
Estados Unidos. Tiene la peculiaridad entre las fraternidades masónicas de permitir la
presencia de mujeres en sus logias. Los hombres llevan el fez o gorro rojo (de ahí su
apodo, los «capilleros rojos») y los miembros femeninos son mencionadas como las
«hijas de Isis»[16]. Como la mayoría de estos grupos masones, su papel oficial se
presenta como algo puramente filantrópico, aunque está lejos de saberse por qué los
capilleros abrigan tal fascinación obsesiva por el antiguo Egipto y sus misterios. Sin
embargo, son, sin lugar a dudas, la única orden masónica con este curioso rasgo.
Una de las órdenes masónicas más antiguas y más misteriosas se conoció como
los Arquitectos Africanos. Fue fundada en Alemania en 1767 por Frederick Von
Koppen, un oficial del ejército prusiano[17]. Normalmente se dice que Von Koppen
fue el autor de un extraño trabajo conocido como el Crata Repoa, que pretendía ser
una reproducción auténtica de los rituales de iniciación llevados a cabo en el interior
de la Gran Pirámide por los sacerdotes del antiguo Egipto[18]. Aunque nos parezca
insólito, esta extraña sociedad secreta «egipcia» recibió el mecenazgo de Federico II
de Prusia, quien había construido para sus miembros una magnífica biblioteca en la
región de Silesia al sur de Polonia[19]. Pese a todo, las órdenes masónicas más
«egipcias» se crearon en Francia. La más grande y activa es la llamada Orden
Masónica de Menfis y Misraim, cuya sede central se encuentra en la ciudad de París.
Esta orden es una fusión de otras dos órdenes masónicas, la de Menfis y la de
Misraim. Misraim es el nombre egipcio antiguo de Egipto, y Menfis es el nombre de
la capital faraónica más antigua, cerca de la necrópolis de pirámides menfitas[20].
Presidida por una «Gran Hierofante», la orden Menfis y Misraim fue en su origen
muy elitista. En la actualidad ha disminuido a unos 8.500 miembros en todo el
mundo, de los cuales la mayoría están, por una razón desconocida, en Sudamérica[21].
La chispa y el ímpetu que hay detrás de estas órdenes masónicas «egipcias» francesas
fue la campaña de Napoleón en Egipto, la cual no solamente supuso el disparar la
imaginación del movimiento esotérico popular en Europa, sino que también importó
la semilla de la francmasonería hacia Egipto y al resto del mundo árabe[22].
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Figura 21. Apertura de una logia masónica de Menfis-Misraim en
Bélgica.
En 1798 Napoleón Bonaparte invadió Egipto con una fuerza de 40.000 hombres.
Se ha dicho mucho sobre los verdaderos motivos de la «expedición» de Napoleón a
Egipto; unas teorías tienen un fondo de verdad, otras caen en el mundo de la ficción.
Pero no hay duda de que la «expedición» tenía cierto tufillo a connotaciones míticas
y arquetípicas. Como apuntó el historiador masón francés Gerard Galtier, Napoleón
fue entendido, al igual que lo fueron Alejandro Magno y César Augusto antes que él,
como el «rey guerrero y pacifista que estaba recreando el imperio universal, llevando
a la unión al conocimiento de Oriente con la ciencia de Occidente»[23]. Parece casi
cierto que Napoleón fue guiado por una visión más allá del expansionismo militar[24].
A este respecto, normalmente sus motivos se han vinculado con la firme posibilidad
de que Napoleón fuera francmasón, y que también pudo haberse iniciado durante su
«expedición» a Egipto, bien en Malta, donde su flota ancló, o bien, como algunos la
tendrían, en Egipto mismo e incluso dentro de la Gran Pirámide de Gizeh[25].
También hay alguna evidencia, aunque circunstancial, de que Napoleón perteneció a
una logia llamada el Hermes Egipcio[26]. A pesar de que no se puede probar con
certeza que Napoleón fuera francmasón, no obstante es algo probado el que tuviera
una relación muy cercana con la hermandad. Varios miembros de su familia fueron
iniciados en la orden masónica, incluido su padre y su hermano José; éste último
llegó a ser Gran Maestro de la Orden en 1805[27]. Incluso su esposa Josefina fue Gran
Maestra de las llamadas Logias de Adopción, establecidas por mujeres de la
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aristocracia que usaban rituales pseudoegipcios traídos a Francia en 1784 por el
enigmático conde Cagliostro[28]. Muchos de los oficiales del ejército de Napoleón
fueron francmasones incluyendo algunos de sus más altos generales como Murat,
Kebler, Augereau, Kellermann, Massena y Macdonald[29]. Incluso se dice que Kleber,
como acabo de mencionar, fundó la primera logia masónica en Egipto[30]. En 1798 el
almirante Horacio Nelson, también francmasón, se encontró a la prístina tropa de
Napoleón en Abukir, una bahía al este de Alejandría, y la destruyó[31], dejando a las
fuerzas francesas atrapadas en tierra. En 1801 el ejército francés de Egipto se rindió a
una expedición militar británica encabezada por el general Ralph Abercromby, quien
también era francmasón[32].
En 1805, en colaboración con el sultán de Turquía, los británicos instalaron a un
albanés, Mohamed Alí, como gobernador de Egipto. En aquél tiempo los oficiales
franceses ya habían formado en Alejandría algunas logias masónicas[33]. El
historiador masón Gerald Galtier relata la existencia de un documento secreto
encontrado por la policía austriaca en 1818, el cual implicaba a Mohamed Alí con un
grupo masón conocido como la Sociedad Secreta Egipcia[34]. A primera vista, esta
sociedad, «que profesaba una gran veneración por Napoleón»[35], difería de la
francmasonería tradicional en que permitía incluir a las mujeres. Tenía bases en
varios puertos del Mediterráneo, particularmente en Italia y Grecia. Es probable que
Mathieu de Lesseps (padre del famoso Ferdinand de Lesseps, que construyó el Canal
de Suez) estuviese relacionado con esta sociedad secreta[36]. Mathieu había sido
cónsul de Francia en Alejandría desde 1803 a 1806, y fue amigo personal de
Mohamed Alí. De otro ex cónsul de Francia en Egipto, Domenico Drovetti, se
contaba que fue el líder de la Sociedad Secreta Egipcia, llevando el título del «Gran
Copto»[37]. Fue entonces cuando el jedive Mohamed Alí ofreció como «regalo» a los
ingleses y a los americanos, los dos obeliscos antiguos que habían estado, desde los
días de Cleopatra, cerca del puerto oriental de Alejandría.
LOS PILARES DE SAN MIGUEL
Los dos obeliscos de Alejandría, llamados las Agujas de Cleopatra por las fuerzas
británicas, en efecto, estuvieron originalmente en el gran templo del sol de
Heliópolis, cerca de El Cairo. También allí durante la Era de las Pirámides, había
estado el santuario del Fénix, el mismo que albergaba la sagrada piedra Benben[38].
Cleopatra transportó los obeliscos Nilo abajo hacia Alejandría y los colocó fuera del
templo, el Cesarión, que había sido construido en honor de su hijo, Eruto de su
relación con Julio César[39]. En la época cristiana el templo fue convertido en iglesia
y dedicado al arcángel Miguel, y probablemente se colocó en el vértice de uno de los
obeliscos una efigie dorada con alas de San Miguel (similar a Hermes)[40]. Según
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Aubrey Noakes, autor de Cleopatra’s Needles («Las agujas de Cleopatra») el par de
obeliscos fue descubierto primero por Sir John Moore, un francmasón, mientras
estaba paseando a lo largo de la costa después de la batalla de Alejandría[41]. En el
transcurso de 1801 y 1802, su sucesor, el conde de Cavan, organizó la recuperación
de uno de los obeliscos para que fuera embarcado hacia Inglaterra. Pero la tarea se
abandonó cuando el conde recibió órdenes de Londres para detener todas las
actividades, porque, al parecer, el jedive Mohamed Alí no había dado el permiso
formal para su recuperación[42]. Mohamed Alí había ofrecido el obelisco como un
«regalo» a Jorge IV en 1820, unos 15 años después de la derrota de Napoleón en
Egipto, circunstancia confirmada por una carta escrita a The Times por Sir James
Bloomfield, uno de los ministros del rey Jorge IV[43]. Curiosamente, este monarca
también era francmasón[44]. Entonces el «regalo» se extendió en 1831 al rey
Guillermo IV, también francmasón[45]. El asunto, sin embargo, permaneció en el
olvido hasta 1868, cuando otro destacado masón, Sir James Alexander, comenzó la
campaña en Inglaterra para traer el obelisco hasta Londres[46].
Alrededor de esta época, varias logias masónicas estaban instalándose en
Alejandría. La primera logia en obtener la autorización de la Gran Logia Unida de
Inglaterra fue la logia de San Juan núm. 919 de Alejandría[47]. Fue seguida por la
logia de Hyde Clark de Alejandría, establecida en 1865[48]. Este mismo año se creó la
primera logia en El Cairo, la logia Bulwer núm. 1068, en el palacio Kasr El Noozah
en la carretera Shoubra[49]. Fue en esta logia donde se inició uno de los hijos del
jedive Mohamed Alí, el príncipe Halim Pasha. Halim fue hecho entonces Gran
Maestro Masón para el Distrito de Egipto, su iniciación tuvo lugar durante una breve
visita a Inglaterra[50]. También se dice que Halim Pasha llegó a ser Gran Maestre de
la Orden de Menfis en 1867[51]. En 1875, Sir Alexander fue a Alejandría para ver los
obeliscos por sí mismo y solicitar el permiso del jedive, Ismail Pasha, con el fin de
exportarlo hasta Londres. Ismail, nieto de Mohamed Alí, también había sido iniciado
en las órdenes masónicas, incluyendo la de Menfis[52]. El jedive reconfirmó
inmediatamente el deseo de su abuelo de ver que aquel obelisco fuera transportado
hasta Gran Bretaña.
Fue durante esta visita a Egipto cuando Sir Alexander conoció a Waynman
Dixon, un ingeniero que trabajaba en El Cairo. Dixon dibujó los planos de cómo
transportar el obelisco en un contenedor metálico, especialmente diseñado para que
pudiera flotar, una idea de ingeniería que llamaría mucho la atención de Sir
Alexander. De vuelta a Inglaterra, Sir Alexander se encontró con el hermano mayor
de Waynman Dixon. Este último era francmasón y, muy probablemente, también lo
fuera el propio Waynman[53]. Fue entonces cuando Sir Alexander conoció a Sir
Erasmus Wilson, un rico dermatólogo y perspicaz francmasón[54]. Wilson ofreció
poner 20.000 libras para cubrir el coste de traer el obelisco hasta Londres y, bajo la
recomendación de Sir Alexander, firmó un contrato a tal efecto con John Dixon. El
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primer encuentro entre los dos hombres es descrito por Sir Erasmus Wilson en una
carta, en la que el propio Wilson realiza este comentario esclarecedor: «… pronto me
di cuenta de que Mr. Dixon era francmasón, por lo que sobraba toda formalidad y
ceremonia»[55]. Después de acceder a trabajar juntos en este proyecto, Wilson pidió
entonces a Dixon un «favor»:
… que es conceder una entrevista a mi hermano, H. P. Stephenson, que es
ingeniero civil y está cerca de su opinión; también (es) francmasón…[56]
Desde 1871, cuatro años antes de que conocieran a Sir Alexander, los hermanos
Dixon habían estado implicados en otro asunto en Egipto, incluso más intrigante. En
esta ocasión no solamente estaba relacionado con la francmasonería sino con otra
fraternidad británica, los llamados anglo-israelitas[57]. En resumen, los anglo-
israelitas, fundados en los 1840, creían que el pueblo anglosajón era descendiente
biológico directo de los antiguos israelitas y, por definición, el pueblo elegido de
Dios[58]. Conocido también como el «Movimiento de Identidad», la teoría que
subyace detrás del movimiento anglo-israelita fue formulada por primera vez a
comienzos del siglo XIX por Richard Brothers, un canadiense trastornado que acabó
en un asilo. La misión de Brothers fue realizada por un hombre llamado John Wilson
que publicó en 1840 un libro, Our Israelitish Origin («Nuestro origen israelita»). Esta
publicación adquirió pronto un respaldo inmenso en grupos evangélicos y bíblicos de
Gran Bretaña y también en los Estados Unidos. Entre éstos se encontraban los
llamados Adventistas, la Iglesia de Dios y los Testigos de Jehová[59].
Una extraña ramificación del movimiento anglo-israelita fue el de la
piramidología[60]. Esta peculiar pseudociencia da a entender que la Gran Pirámide de
Gizeh es un monumento profético, y que en las dimensiones de su sistema interno de
pasadizos se dan las fechas para el cumplimiento de las profecías bíblicas
encabezadas por la Segunda Venida de Cristo[61]. Curiosamente, se cuenta que el
fundador del movimiento de los Testigos de Jehová, Charles Taze Russel (1852-
1916), era piramidólogo[62]. Al parecer, su sucesor, Judge Rutherford, aconsejó a los
Testigos para que rechazaran estas ideas, causando una profunda división dentro de la
organización[63]. La piramidología también se infiltró en la Iglesia Mundial de Dios
(WCG). Esta «iglesia» se formó en los años treinta, y uno de sus dogmas
fundamentales, basado en doctrinas proféticas, era la inminente Segunda Venida de
Cristo. Sus enseñanzas se basaban en las visiones de Herbert Armstrong, un
anunciante de periódicos y firme defensor de los anglo-israelitas[64]. En su apogeo,
durante la década de los cuarenta, la WCG tenía unos 100.000 afiliados, hacían un
programa de televisión y eran los dueños de una revista que tiraba 8 millones de
ejemplares. Sin embargo, en la actualidad sus afiliados son cada vez menos[65]. La
piramidología de Armstrong estaba en gran parte influenciada por los trabajos de
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Charles Piazzi Smyth (1819-1900), Real Astrónomo de Escocia y autor de Our
Inheritance in the Great Pyramid («Nuestra herencia en la Gran Pirámide»)[66]. A
pesar de ser un consumado astrónomo del mayor calibre, Smyth sucumbió a los
argumentos del movimiento anglo-israelita. Su libro, respaldado por su inmensa
reputación científica, no solamente confirmaba todas sus teorías, sino que fue la
causa principal que lanzó este falso movimiento a grandes cotas en todo el mundo[67].
El movimiento, como el de los Adventistas o de los Testigos de Jehová, es
esencialmente milenarista, sobre todo en aquello que advoca la inminente Segunda
Venida de Cristo y el comienzo de su reinado de 1.000 años[68].
El profesor Herman Brück, real astrónomo de Escocia retirado, y su esposa, la
Dra. Mary Brück, profesora adjunta de astronomía en la Universidad de Edimburgo,
son expertos en la vida y las obras de Charles Piazzi Smyth[69]. Conocí a los Brücks
en 1993, pocos meses antes de la publicación de mi libro El Misterio de Orión. Los
Brücks viven en el Estado de Penicuik, a las afueras de Edimburgo, y en la actualidad
están retirados. Mary me estaba ayudando en una investigación que llevaba a cabo
para seguir la pista de unas piezas antiguas, que habían sido cogidas de los canales de
la Cámara de la Reina en la Gran Pirámide por John y Waynman Dixon, allá por
1872[70]. Sabía que estas reliquias habían salido para Escocia, donde fueron
examinadas por Piazzi Smyth[71]. Mary tuvo acceso a las cartas privadas de Smyth así
como a su diario. En los archivos del Observatorio Real de Edimburgo, Mary Brück
encontró más correspondencia privada de Piazzi Smyth, con la cual pudo averiguar
que los hermanos Dixon ya habían estado trabajando con Piazzi Smyth en 1871 y
que, en 1872, habían estado actuando a favor de Smyth en una exploración muy
extraña dentro de la Gran Pirámide[72]. Waynman Dixon, quien se había asentado en
El Cairo, pasó varios meses explorando la Gran Pirámide con la esperanza de
encontrar una cámara secreta y los «archivos de los antiguos fundadores»[73]. Por
ejemplo, en una carta enviada a Piazzi Smyth, fechada el 25 de noviembre de 1871,
John Dixon escribió:
Más que nunca estoy convencido de la posibilidad de la existencia de un
pasaje y probablemente de una cámara que contenga los archivos de los
antiguos fundadores… tan pronto como tenga un plano dibujado decente se lo
mandaré…[74]
Fue Waynman quien, en septiembre de 1872, descubrió los dos misteriosos
canales que salían de la Cámara de la Reina[75]. También en estos canales se
descubrieron dos pequeñas piezas que, después de haber estado desaparecidas durante
120 años, causaron una enorme controversia cuando, en 1993, Mary Brück y yo,
finalmente, las encontramos en el Museo Británico de Londres[76]. En su edición de
1880 de Our Inheritance in the Great Pyramid, el significado de estos canales es
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debatido en el contexto de las profecías bíblicas Smyth proponía que estos canales
podrían ser símbolos de la Segunda Venida y que su apertura tendría lugar en «el
tiempo final»[77].
Volviendo a los obeliscos, la idea de traer el obelisco de Alejandría hasta Londres,
primero se le ocurrió a los hermanos Dixon, mucho antes de que conocieran a Sir
James Alexander y a Sir Erasmus Wilson. Así lo explicó Waynman Dixon en una
carta abierta al Newcastle Daily Chronicle, poco después de que el obelisco llegara a
Inglaterra en enero de 1878 y que fuera erigido en el Victoria Thames Embankment
de Londres:
El origen del diseño cilíndrico (para el transporte del obelisco) se basaba en
este razonamiento. My hermano, Mr. John Dixon C. E., salió hacia Egipto en
octubre de 1872 para la inauguración del puente de Gizeh, cerca de El Cairo
(un proyecto supervisado por los Dixon), y que acababa de terminar. Cuando
estábamos en Alejandría, fuimos una mañana a inspeccionar el lugar del
obelisco caído. Debatimos juntos los posibles medios de transporte; allí y
entonces le sugerí la idea de cubrirlo como si estuviera recostado dentro de un
pontón cilíndrico de hierro…[78]
Mientras, en Egipto, John Dixon recibió una caja de cigarros que le había enviado
Waynmann, en la que estaban guardadas las piezas encontradas en los canales de la
Cámara de la Reina de la Gran Pirámide. Al final, estas piezas fueron enviadas a
Piazzi Smyth en noviembre de 1872 por paquete pos tal[79]. También fue en esa época
cuando los hermanos Dixon mandaron extraer un fragmento del recubrimiento
original de la Gran Pirámide, enviándola a Smyth en Edimburgo. Este fragmento
serviría de evidencia a la teoría «profética» de Smyth y a la conexión anglo-
israelita[80]. La esencia de la profecía bíblica de Smyth se basaba en dos factores, uno
era que la pirámide contenía en su diseño el valor de «p»; y el otro que la unidad de
medida empleada era la llamada «pulgada piramidal» y el «codo sagrado»[81]. Así la
piedra de recubrimiento sirvió de evidencia para respaldar los cálculos y conclusiones
de Smyth, a saber, que la Gran Pirámide había sido construida bajo el designio divino
por los israelitas, durante su cautiverio en Egipto. Por esto, Piazzi Smyth dedujo que
debido a la semejanza entre esta pulgada piramidal «primitiva» y la pulgada británica,
la raza anglosajona debía ser descendiente directo de los israelitas, quienes, según él,
habían construido la Gran Pirámide[82].
Aunque parezca asombroso, esta teoría extravagante, o al menos algunos aspectos
de ella, cautivó el interés de los egiptólogos del Museo Británico, incluyendo al
conservador, Samuel Birch[83]. Smyth fue invitado por Birch para que se uniera a la
Sociedad de la Arqueología Bíblica, que también estaba conectada a la Fundación
para la Exploración de Palestina[84]. Esta última fue formada en 1865 bajo el
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patronazgo de la reina Victoria, estando dirigida por el arzobispo de York. Estas
organizaciones tenían, como objetivo principal, buscar la validación de la historia
bíblica. En un principio, en su mayor parte el trabajo fue llevado a cabo por los
Ingenieros Reales, muchos de los cuales eran destacados francmasones[85]. Uno de
los miembros fundadores de la Sociedad de la Arqueología Bíblica, y también amigo
íntimo de Birch y Fiazzi Smyth[86], fue William Simpson, artista y periodista. En
1871, Simpson se inició en la francmasonería y se unió en 1886 a la famosa logia de
Quatuor Coronati, convirtiéndose a la larga en Consejero Superior[87]. El fundador de
esta logia tan poderosa fue Sir Charles Warren quien, también como miembro activo
de la Fundación para la Exploración de Palestina, causó conmoción en 1884 al
afirmar haber localizado los restos del templo de Salomón en Jerusalén[88].
Otro destacado francmasón, relacionado con la Fundación para la Exploración de
Palestina, fue Lord Kitchener, quien llegó a ser Gran Consejero Superior de la Gran
Logia Nacional de Egipto en 1895[89]. Sir Charles Wilson fue socio cercano de
Warren y Kitchener, y también miembro y explorador con la Fundación para la
Exploración de Palestina. Éste se encargaba de inspeccionar la Montaña del Templo
en Jerusalén en 1865[90]. Wilson y Warren decidieron asociar sus nombres al entorno
de la Montaña del Templo, con dos hallazgos arquitectónicos: la llamada «Puerta de
Warren» y el «Arco de Elson», encontrados en una galería subterránea de este lugar.
Curiosamente, Sir Charles Wilson, que también había sido coronel con los Ingenieros
Reales, llegó después a ser uno de los miembros fundadores de la Fundación para la
Exploración de Egipto, bajo la presidencia de Sir Erasmus Wilson[91]. En su primer
encuentro anual en julio de 1883, M. Naville, uno de los primeros egiptólogos que
trabajaron en la Fundación para la Exploración de Egipto, presentó un documento
sobre la ciudad bíblica de Pithom, que las Escrituras asociaban con la estancia de los
israelitas durante su cautiverio en Egipto. Toda la presentación tenía un tufillo a
israelismo bíblico, El conde de Whamcliffe, que se encontraba en la reunión,
comentó con entusiasmo los progresos de los trabajos de Naville «y la gran
importancia de sus resultados para ilustrar la historia de la Biblia»[92]. Entre los
directores estaba Amelia Edwards, una rica e intrépida dama británica que había
viajado en numerosas ocasiones a Egipto, y que hacía las funciones de secretaria
honorífica junto con Reginald Poole, del Museo Británico[93]. Según el biógrafo
oficial de Erasmus Wilson, el Dr. R. M. Hadley, «que se fundara una cátedra de
egiptología en el University College (de Londres) se debía enteramente a él»[94].
Cuando en 1892, después de su muerte, Amelia Edwards creó la cátedra, eligió el
viejo college de Wilson de entre todos los colleges de Londres[95]. En 1869, Erasmus
Wilson había acumulado una gran fortuna gracias a sus inversiones en gas y a las
acciones del ferrocarril. Con una donación de 5.000 libras, que entregó al Colegio
Real de Dermatología, se creó la primera cátedra de dermatología en la que Wilson se
convirtió en su primer catedrático. Otras donaciones y su propio importante estatus le
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aseguraron con el tiempo la presidencia del college, así como que la reina le
nombrara Caballero en 1881[96]. Después de la muerte de la viuda de Wilson, el total
de su fortuna, unas 209.000 libras, fueron al Royal College de Surgeons, que la
empleó para aumentar su edificio[97].
Frente al Royal College de Surgeons, en el lado sur de los Lincoln’s Inn Fields, se
encuentra el famoso museo de Sir John Soane, que alberga una cíe las colecciones
privadas de objetos del antiguo Egipto más grande. Cuando el obelisco de Alejandría
(La Aguja de Cleopatra) se estaba levantando en Londres, el director del museo,
Joseph Bonomi, hacía de asesor de Eramus Wilson y de los hermanos Dixon[98]. Sin
olvidarse de esto, así como del intenso ambiente «masónico» de la operación, existe
una correspondencia muy curiosa entre Bonomi y Piazzi Smyth, en la que se comenta
el insólito detalle de que la superficie de los Lincoln’s Inn Fields es aproximadamente
la misma que la base de la Gran Pirámide[99]. Esta extraña coincidencia podría ser
solamente eso, una coincidencia, si no fuera porque la esquina noroeste de los
Lincoln’s Inn Fields va a dar a la calle Great Queen (Gran Reina) en la que se
encuentra el Salón Francmasón, el asentamiento de la Gran Logia Unida de
Inglaterra. El Salón Francmasón está diseñado como una réplica del templo de
Salomón. Su eje principal está dirigido hacia el este, conmemorando así la llamada
«Estrella de Oriente», y su extraña asociada tanto con la estrella de Belén, la de los
Reyes Magos, como con la estrella del antiguo Egipto, Sirio, personificada por al
diosa Isis, esposa de Osiris[100].
En la pseudociencia de la piramidología, promovida por Piazzi Smyth, se habla
mucho del llamado «ángulo de Belén» de unos 26 grados, que se extiende desde la
Gran Pirámide hasta Belén en Oriente[101]. También se señala con frecuencia que este
ángulo multiplicado por dos, es decir, 52 grados, proporciona la latitud de Londres,
así como el ángulo de inclinación de la Gran Pirámide[102]. Curiosamente, la Estrella
de Oriente era también el nombre que se empleaba en una importante logia masónica
de Egipto, en la que Lord Kitchener fue iniciado en 1883[103]. La logia de la «Estrella
de Oriente» fue fundada en 1871, y con el tiempo llegó a ser una de las cuatro logias
más antiguas de Egipto[104]. Las otras tres eran la logia Bulwer, la logia Grecia y la
logia Zetland[105]. La logia de la «Estrella de Oriente» tuvo en un principio la
peculiaridad de «trabajar» en árabe. Conocida como Kawkab Al Sahrq[106], estaba
reservada principalmente a la élite egipcia[107]. En 1908, tomó posesión un oficial
inglés, Bro. P. Delanoy, y se instaló en el edificio principal de la Gran Logia del
Distrito de Egipto y Sudán. Delanoy fue un ilustre francmasón de Egipto y, en aquella
época, Guardián del Distrito de Egipto y Sudán. En 1905, presidió el acto de la
ceremonia de consagración del nuevo Salón Masón de Alejandría[108]. En un discurso
con tufillo de angloisraelismo y pseudohistoria masónica, Delanoy realizó ciertos
apuntes notorios que ofrecían una visión interior sobre la clase de ideas que
circulaban en los ámbitos masónicos de Egipto en aquella época. Después de alabar
[Link] - Página 187
las virtudes de la francmasonería y de cómo se practicaba en el antiguo Egipto a
través de los linajes de los patriarcas bíblicos Abraham, Jacob, José y «nuestro Gran
Maestro Moisés», Delanoy comentó en la ilustre reunión de masones que estaba
presente, y que incluía a Sir Reginald Wingate, el Alto Comisionado Británico:
… Su cuantiosa presencia esta noche, y el interés que tienen en nuestra
fascinante ciencia, me convencen de que están implantando principios
masones en tan segura y sólida fundación, y de que debe predicarse por
nuestro trabajo una nueva era, que durante Siglos ha permanecido olvidada en
este maravilloso país y tierra de los ancestros de la francmasonería… Casi
parece que la francmasonería abandonó Egipto por el camino del Delta (con
Moisés y los israelitas), pero desde la educación e instrucción dadas por
Moisés, adquiridas después por Pitágoras y otros, nuestra ciencia se conservó
felizmente y pasó a los dignos representantes de Palestina, y… por el propio
Pitágoras hasta Inglaterra. Curiosamente, desde Inglaterra vuelve otra vez a su
antiguo baluarte, la tierra de Goshem (Egipto). Gracias a estos hombres, como
a aquellos que acabo de mencionar de esta logia… al Gran Maestro del
Distrito, el general Sir Reginald Wingate, cuyo interés en este distrito es
realmente sincero, ayudado por su subdirector, Crookshank Pasha, creo
firmemente, que ha llegado el momento de la francmasonería…[109]
De hecho la francmasonería permaneció en Egipto hasta 1964. No está claro hasta
qué punto la orden se infiltró en la sociedad egipcia, pero de acuerdo con el
investigador masón Gerard Galtier, la francmasonería, y en especial la orden de
Menfis y Misraim, disfrutó de «un inmenso éxito» hasta la época del rey Faruk en
1952, entre la alta sociedad de diferentes nacionalidades y los grupos religiosos.
Después de que en 1952 los oficiales egipcios suprimieran la monarquía manipulada
por los británicos, las logias masónicas fueron vistas con recelo y comenzaron a
desaparecer lentamente. Tras la Guerra de Suez, en 1956, el primer presidente
egipcio, Gamal Abdel Nasser, expulsó a numerosos residentes extranjeros, muchos de
los cuales eran francmasones, y las logias comenzaron a perder miembros que tenían
miedo de que la gente creyera que estaban en contra del nuevo régimen. En 1964,
después de un enorme escándalo relacionado con el maestro y espía israelí Eli Cohen,
que había pertenecido a una logia masónica en Egipto[110], el gobierno egipcio
prohibió completamente a la masonería pisar suelo egipcio[111]. Algunos periodistas e
investigadores egipcios, como el escritor Samir Raafat, por ejemplo[112], han
cuestionado recientemente si la francmasonería no se habría disfrazado meramente en
los Rotary Club y Lions Club, que todavía operan en Egipto[113]. Sin embargo, esto
parece altamente improbable. Es bien sabido que Susan Mubarak, la esposa del
último presidente, es una defensora incondicional de los Rotary y que desempeña un
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papel importante en las actividades internacionales de la sociedad[114]. A pesar de
todo, el reciente ataque de acusaciones masónicas en Egipto refleja la extremada
sensibilidad y el recelo con que se ve a la hermandad en el mundo árabe[115].
En un amplio estudio de la francmasonería en Egipto y, más en concreto, sobre su
influencia durante los años de formación del Estado egipcio moderno, el escritor e
investigador Karim Wissa, un funcionario importante del Ministerio de Asuntos
Exteriores, sacó a la luz algunas implicaciones extraordinarias que hasta ahora habían
permanecido ignoradas o encubiertas[116]. En 1986 Wissa se quedó fascinado con el
asunto de la francmasonería y sus curiosos vínculos con Egipto. Después de algunos
años de investigación en archivos de periódicos egipcios y logias masónicas de
Francia e Inglaterra, presentó sus hallazgos al prestigioso Centre Nationale de
Reserches Scientifiques (CNRS) (Centro Nacional de Investigaciones Científicas) de
París. Su trabajo se publicó en la revista del CNRS, Turcica, en un artículo detallado
que llevaba por título «La Francmasonería en Egipto: de Bonaparte a Zaghíoul»[117].
En este estudio, Wissa propone la interesante hipótesis de que muchos de los
primeros partidos políticos que se formaron en el cambio de siglo, que sirvieron de
espina dorsal del movimiento revolucionario de 1952 en Egipto y como prototipo de
formación de una república independiente, fueron también organizaciones
paramasónicas o, al menos, altamente influenciadas por los principios e ideales
masónicos. Wissa reconoce claramente en tal influencia masónica la fuerte rivalidad
entre los grupos de Francia y Gran Bretaña. La rama británica de la francmasonería,
regulada en Egipto por la Gran Logia Unida de Londres, era de un estilo mucho más
tradicional, con tolerancia religiosa y sin ningún tono político. La rama francesa,
regulada por el Gran Oriente de París (y en menor medida por las órdenes de Menfis
y Misraim), era directamente «anticlerical» y «antimonárquica», con tonos
extremadamente políticos, especialmente en la difusión de ideales revolucionarios y
republicanos[118].
Bajo el espíritu revolucionario francés, el eslogan tricolor cuasimasónico de
«Libertad, Igualdad y Fraternidad», la nueva élite egipcia y sus intelectuales vieron
en la francmasonería francesa y en sus logias de Egipto un ideal de expansión, así
como el lugar de encuentro para el movimiento revolucionario que lentamente estaba
creciendo en Egipto. Debido al contexto político y militar de la nación, este
movimiento fue necesariamente antimonárquico y antibritánico[119]. Wissa señala una
increíble variedad de personalidades egipcias importantes que estaban directamente
relacionadas con las logias masónicas de Egipto, antes de su prohibición en 1964.
Éstas incluían algunos miembros desde la familia real de Ismail Pasha (conocida en
Occidente como el «jedive»), hasta el último monarca de Egipto, el rey exiliado
Faruk[120]. Curiosamente, Wissa también señala las afiliaciones masónicas de líderes
políticos egipcios como Ahmed Orabi, que encabezó el frustrado coup d’etat contra
Tewfik Pasha en 1882, y Mohamed Farid y Saad Zaghloul, que lideraban el poderoso
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partido nacionalista Wafd que inició el alzamiento popular contra el imperialismo
británico en Egipto. Después de la revolución de 1952, organizada por el movimiento
de oficiales «libres», liderado por Gamal Abdel Nasser y Mohamed Naguib, la
tendencia se volvió contra las logias masónicas en Egipto. Comenzaron a verse con
recelo, acusándolas de abrigar «fuertes afiliaciones sionistas…[121].
En Israel, un extraño movimiento judeosionista había surgido con el nombre de
B’nai B’irth, y que se parecía al movimiento masónico al tener logias, élite, y
miembros secretos[122]. Aunque las logias de B’nai B’irth de El Cairo y Alejandría
desaparecieron después de la Segunda Guerra Mundial, se sospechaba que sus
miembros se hubieran instalado en las logias masónicas más tradicionales de estas
mismas ciudades. Con el importante papel que desempeñó Gran Bretaña en el
establecimiento del Estado judío de Israel en 1948, con la denominada Declaración
de Balfour[123] (Lord Balfour también fue un destacado masón)[124] la desconfianza
se convirtió en algo incontrolable y las logias masónicas empezaron a replegarse o,
empleando una expresión de ellos mismos, fueron puestas «en hibernación». En abril
de 1964, el Ministerio de Asuntos Sociales de Egipto ordenó el cierre de la logia más
grande, la del Templo Masónico, en el número 1 de la calle Toussoun, ya que das
asociaciones con programas no declarados eran incompatibles con las leyes que
envolvían a las organizaciones sin ánimo de lucro»[125]. La alarma corrió por todas
las logias de Egipto, y en pocas semanas todas habían desaparecido, la
documentación fue destruida y toda la parafernalia masónica también destruida o
escondida[126]. A pesar de esta disolución, hay muchos que creen, como acabamos de
ver, que en Egipto la hermandad todavía permanece activa a través de su infiltración
en la élite de la sociedad y en «clubs» como los Rotary y los Lion[127].
Recientemente, en una conocida publicación egipcia de papel satinado, el
periodista independiente Samir Rafaat publicó un provocativo artículo titulado «La
Francmasonería en Egipto: ¿existe todavía?»[128]. En la dramática apertura de un
párrafo, Rafaat habla sobre los distintos rumores de que muchos ex presidentes de los
Estados Unidos, incluido George Bush, asistieron al funeral del rey Hussein de
Jordania porque el fallecido ostentaba el destacado título masón de Príncipe de
Jerusalén. El autor también presenta una revisión completa de la influencia de la
masonería en Egipto, del pasado y del presente[129]. A comienzos de agosto de 1999
pude contactar con Samir Rafaat y Karim Wissa, y acordamos encontrarnos en El
Cairo para intercambiar notas e ideas. La reunión tuvo lugar en el elegante salón de
café al aire libre del hotel Nile Hilton, una de las guaridas favoritas de la alta
sociedad egipcia. Me quedé muy sorprendido de la erudición y del alto nivel de
cultura que mostraban estos dos hombres. Ambos hablaban un inglés y francés
perfectos, así como otras lenguas europeas, siguiendo la costumbre entre los egipcios
de formación elevada. Tenía interés en contar a estos hombres la conexión entre la
Fundación Edgar Cayce y las antigüedades egipcias de Gizeh, pero resultó que Samir
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Rafaat era un conocido cercano del Dr. Zahi Hawass, por lo que la conversación se
convirtió en algo convenido y tenso. Rafaat, que era el más comunicativo de los dos
hombres a los que me enfrentaba, comentó que estaba «harto de teorías
conspiranoicas» y que sencillamente no quería saber nada de ellas. Después de su
artículo «masónico» en la prensa, dijo que estaba siendo bombardeado por correos
electrónicos de todo Egipto y del resto del mundo, muchos de los cuales realzaban el
asunto del Templo de Salomón y su conexión con el mito masónico. No veía nada
anómalo en la decisión de las autoridades egipcias de celebrar el milenio con el
piramidión dorado sobre la Gran Pirámide, aunque reconocía el fuerte simbolismo
masónico de este emblema. Abandoné a los dos hombres con la impresión inequívoca
de que estuve tocando un tema demasiado tabú en El Cairo.
Samir Rafaat es copto. Normalmente se cree, aunque de forma errónea, que los
coptos son los verdaderos descendientes de los faraones. Pero esto no es correcto en
absoluto. Cuando Alejandro Magno invadió Egipto en el 332 a. C., todos aquellos
egipcios nativos que vivían a lo largo de los bancales del Nilo eran, como es obvio,
los descendientes del antiguo pueblo faraónico. Incluso después de que su origen
genético permaneciera virtualmente estable, pocos nativos se mezclaron con los
griegos y otros extranjeros que, por otra parte, se encontraban en su mayoría en
Alejandría. En el año 30 a. C. Egipto se convirtió en una provincia de Roma, llegando
a ser el cristianismo católico romano la religión oficial en el siglo IV d. C. De hecho,
el cristianismo se había arraigado en Egipto desde al menos el siglo II d. C., pero
debido al gran número de griegos existente, al principio fue aderezado con ideas,
rituales y especialmente iconografía helenísticas. Esta rama «griega» del cristianismo
llegó a conocerse como cristianismo griego ortodoxo. Hacia los siglos V y VI la
mayoría de los egipcios nativos se convirtieron a la fe cristiana. Sin embargo, en el
siglo VII los musulmanes invadieron el país y muchos cristianos se convirtieron
entonces al islam, la gran mayoría por la fuerza. Aquellos pocos que permanecieron
cristianos fueron conocidos como «coptos». En la actualidad el número de coptos es
de unos 8 millones, contra los 58 millones de población musulmana.
Cuando la francmasonería se introdujo en Egipto a comienzos del siglo XIX, no
está claro si los adeptos venían de las poblaciones locales, que eran en su mayoría
coptos y musulmanes. Samir Rafaat me dijo entre risas, que después de que
comenzara a investigar los orígenes de la francmasonería egipcia, su madre le
informó casualmente de que su propio abuelo había sido francmasón. Incluso Samir
sintió que cuanto más investigaba este tema, parecía que todo el mundo en Egipto
tenía un abuelo o un tío abuelo que había estado involucrado, de una forma u otra en
las logias masónica[130]. Ciertamente, los coptos, a través de sus orígenes religiosos y
étnicos, recuerdan las raíces gnósticas del cristianismo (una época con muchas
influencias de la Hermética y de la religión ptolemaica de Serapis). También
mostraban, literalmente, un ideal fácilmente aceptable por cualquier movimiento
masón de Egipto, ya fuera nuevo o residual. En la actualidad los objetivos sincretistas
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de la francmasonería son todavía percibidos de forma incorrecta en Egipto —y
también en otros lugares—, como algo antirreligioso, detalle que, por supuesto, es
totalmente falso[131]. Sin embargo, este concepto erróneo, junto a otras
consideraciones culturales harían imposible a la francmasonería, desde mi punto de
vista, operar en Egipto, al menos no de forma abierta. Todavía quedan algunas
paradojas. ¿Cómo se puede explicar el gran influjo de los socios antes de 1952 en las
logias de oficiales egipcios, notables e incluso monarcas, si todos ellos eran o
musulmanes o coptos? ¿Puede haber alguna validez en las acusaciones,
independientes, según dicen, que en ocasiones aparecen en la prensa egipcia, de que
la hermandad francmasona todavía permanece activa en Egipto a través de
organizaciones del tipo a los Rotary Clubs o los Lion Clubs? Es improbable, pero no
imposible. Sin embargo, y por desgracia, la investigación detallada de este fascinante
tema, se encuentra más allá del alcance de este libro[132].
Curiosamente, aunque en Egipto la francmasonería es un tema claramente tabú, la
Orden Rosacruz, que tiene muchos de los aspectos «especulativos» de la
francmasonería[133] es decir, una especie de híbrido con enseñanzas, simbolismo y
rituales sacados de la Hermética y del Gnosticismo, en la actualidad está muy bien
tolerada. Incluso está permitido celebrar rituales y ceremonias dentro de templos
antiguos y en la propia Gran Pirámide[134]. La Orden Rosacruz moderna (en
oposición a la fraternidad original «antigua», que emergió en Alemania en el
siglo XVII), conocida como la AMORC[135], tiene sus raíces en América. El experto
Christopher McIntosh, que escribió en profundidad sobre el tema de los rosacruces,
sitúa los orígenes de la AMORC americana en un hombre llamado H. Spencer Lewis.
El espacio no nos permite dar aquí una visión completa del trabajo de Lewis y el
subsiguiente desarrollo de la AMORC como una organización mundial, cuya sede
americana se encuentra en San lose de California y la europea en Tremblay, Francia,
además de tener numerosas bases y logias en toda Europa, también Gran Bretaña, e
incluso en lugares tan lejanos como la India y Sudáfrica. En resumen, en 1921
Spencer Lewis recibió una «carta» de Theodore Reuss, el cabeza de una organización
ocultista de Alemania, que había fundado en 1906 la famosa OTO, la Ordo Templi
Orientis. Esta «carta» daba permiso a Spencer para crear la AMORC, que
primeramente tuvo su sede principal en Florida y que luego se trasladaría a
California. Sus enseñanzas, de acuerdo con McIntosh, incorporan elementos de la
Golden Dawn (Amanecer Dorado) del ocultista Aleister Crowley[136], así como de
otros hallados en la alquimia, la Cábala y la Hermética[137]. En 1993, AMORC se
fusionó con FUDOSI (Fédération Universelle Des Ordres Initiatiques) (Federación
Universal de las Órdenes Iniciáticas), combinando una cadena completa de órdenes
iniciáticas de Europa. Especialmente activas en Bélgica, AMORC y FUDOSI
recalcaban que el origen y la fuente verdadera de la ideología rosacruz era el antiguo
Egipto[138]. Según AMORC:
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El movimiento Rosacruz, del que la Orden Rosacruz, AMORC, es la
representante moderna más significativa, tiene sus raíces en el misterio, la
tradición, la filosofía y los mitos del antiguo Egipto, que datan de
aproximadamente del 1500 a. C. En la Antigüedad la palabra «misterio»
estaba referida a una gnosis especial, un conocimiento secreto. Hace miles de
años, en el antiguo Egipto se formaban instituciones selectas o escuelas para
explorar los misterios de la vida y aprender los secretos de este conocimiento
oculto. Solamente los estudiantes sinceros, los que mostraban un deseo por el
conocimiento y eran capaces de enfrentarse a ciertas pruebas, eran
considerados dignos de ser introducidos en estos misterios. Con el paso de los
siglos, estas escuelas de misterios añadieron una dimensión de iniciación al
conocimiento transmitido… La tradición rosacruz relata que las grandes
pirámides de Gizeh fueron más sagradas a los ojos de los iniciados. Al
contrario de lo que afirman los historiadores, nuestra tradición afirma que las
pirámides no fueron construidas para ser tumbas de faraones, sino que
realmente eran lugares de estudio e iniciación mística… El faraón Tutmosis
III, que gobernó Egipto desde el 1500 a. C., hasta el 1477 a. C., organizó la
primera hermandad esotérica de iniciados, fundada bajo principios y métodos
similares a aquellos que se emplean hoy por la orden Rosacruz, AMORC.
Décadas después, el faraón Amenofis IV fue iniciado en la hermandad
secreta…[139].
Esta historia, mítica o falsa, conocida como una historia «tradicional», es típica de
estas escuelas esotéricas. Y tiene un efecto tan fuerte en la mente de sus miembros
que ningún razonamiento o lógica les disuade. Sin embargo, nuestro interés en los
rosacruces es su ferviente creencia en la Sala de los Ar chivos de Gizeh. Incluso, esta
organización afirma estar en posesión de mapas antiguos que muestran el trabajo
subterráneo de una red de túneles y cámaras bajo la Esfinge, como reveló en 1936 su
fundador, H. Spencer Lewis[140]. Estos «mapas antiguos», que normalmente
reproducen en dibujos elementales e infantiles muchos psíquicos y clarividentes,
como el místico popular H. C. Randall-Stevens, perteneciente a los conocidos
Caballeros Templarios de Acuario, con base en Channel Islands[141], muestran
generalmente una serie de peldaños descendentes frente la Esfinge que van a dar a
una salón de entrada que se abre a una gran habitación o «templo» circular bajo el
lecho rocoso, unos 27 metros por detrás de la Esfinge[142]. Más atrás, a unos 165
metros al oeste de la Esfinge, hay un pozo profundo que también sirve de entrada al
«templo circular» y del que parten túneles que van directos a las tres pirámides, en el
extremo oriental del lugar[143]. Solamente por tener una extraña semejanza con el
asunto que se está tratando en la actualidad, estos mapas son dignos de mención.
Como veremos en la Segunda Parte y en el Epílogo, equipamientos de radar y
[Link] - Página 193
sismógrafos, así como excavaciones recientes detrás de la Esfiinge, han demostrado
que posiblemente podría existir tal esquema subterráneo[144]. Curiosamente, Randal-
Stevens se refiere a este esquema subterráneo de Gizeh como «El Centro Masónico»,
alegando que los ritos de iniciación del tipo masónico eran realizados allí y,
especialmente, en la Gran Pirámidel[145].
Quizás no hay otra organización esotérica que abrigue y promueva creencias
similares con más espíritu fervoroso y actividad que la Fundación Edgar Cayce de los
Estados Unidos. Es la organización que, en los últimos años, ha llevado al dominio
público la idea de una Sala de los Archivos, fomentándola a través de los medios de
comunicación internacionales. También es esta organización y sus destacados
miembros los que han estado a punto de encontrar una cámara secreta bajo la Esfinge.
Y, en el momento de escribir esto, su búsqueda continúa.
¿Quién o qué es exactamente la Fundación Edgar Cayce? ¿Cuál es la fuerza que
hay detrás de ella? Y ¿cómo fue posible que si quiera se atrevieran a incluir en el
proyecto, al lugar arqueológico más protegido y susceptible del mundo?
[Link] - Página 194
8
LA SALA DE LOS ARCHIVOS
«Es un legado que se descubrirá pronto, y llevará consigo un profundo
cambio, no solamente de la historia del Egipto dinástico, sino de toda la épica
física y espiritual de nuestra evolución en este planeta, hasta nuestros días, y
por los años que están por venir…».
—DR. MARK LEHNER, The Egyptian Heritage, pág. VIII.
«La Sala de los Archivos… ¡es una fantasía! ¡Imaginación y
alucinación…!».
—DR. ZAHI HAWASS, Carte Blanche M-Net TV, septiembre 1996.
EL PROFETA DURMIENTE
Edgar Cayce nació en una granja el 18 de marzo de 1877, cerca de la pequeña
población de Hopkinsville en el estado de Kentucky, Estados Unidos. Su padre,
Leslie B. Cayce, era un hombre de negocios de poca categoría, que arras traba una
dilatada ristra de fracasos. Su madre, Carrie Majors, provenía de una buena familia de
granjeros, de la que heredó tres de las mayores granjas de Kentucky[1]. Por desgracia,
Leslie derrochó la mayor parte de la herencia de su mujer, adquiriendo grandes
deudas al emplear estas propiedades como avales para construir almacenes.
Finalmente, acabó vendiendo seguros de vida de puerta, en puerta, destinados
específicamente para francmasones[2].
Criado en el corazón cristiano de la comarca, a la temprana edad de diez años,
Edgar Cayce sirvió como sacristán en la iglesia del pueblo. Con dieciséis ya se había
leído la Biblia unas doce veces[3]. Desde muy pequeño Edgar Cayce fue propenso a
visiones y apariciones. De niño fue testigo de la muerte de su abuelo, al ser pisoteado
por un caballo. Después afirmaba haber experimentado con frecuencia apariciones de
su abuelo quien, además, le hablaba[4]. En 1890, a la edad de trece años, tuvo la
visión de una entidad «de luz radiante» que le prometió que su deseo de ayudar a los
demás se vería cumplido[5]. De forma inmediata, Cayce desarrolló una habilidad para
memorizar libros con el simple hecho de quedarse dormido encima de ellos, una
proeza que consecuentemente le permitió sobresalir en su trabajo escolar e
impresionar a sus hermanos mayores[6]. En 1892, debido a la herida causada por un
golpe en la cabeza mientras jugaba al béisbol, Cayce cayó en coma y entonces, como
si estuviera en una especie de trance, «dictó» a sus padres informaciones al azar sobre
varios asuntos, incluyendo tendencias de la escena financiera y política[7]. Al año
[Link] - Página 195
siguiente Cayce comenzó a trabajar en una librería local. Algunos años después, en
1898, impresionó al dueño de una librería de venta al por mayor al memorizar,
palabra por palabra, su catálogo; un don por el que consiguió un nuevo trabajo en la
librería. Dos años después, ahora tenía veintitrés, Cayce se vio atacado de repente por
violentos dolores de cabeza y lapsos «de estar poco tiempo fuera de su cabeza» y,
misteriosamente, perdió la voz[8]. Durante meses no pudo hablar. Los especialistas le
examinaron pero no pudieron encontrar un remedio a su mal. Entonces, el 31 de
marzo de 1901, Cayce fue animado por un hipnólogo local, Al Layne, a intentar la
autohipnosis, como había hecho con su experiencia en la memorización de libros, en
un intento desesperado para curar su enfermedad[9]. Funcionó y así comenzó la
extraña carrera de Edgar Cayce como sanador.
En 1902 trabajó en otra librería en Bowling Green, Kentucky. El mismo año,
mientras se encontraba en estado de trance inducido, prescribió una cura para la
desesperada enfermedad de la hija de seis años de un respetado superintendente de las
escuelas locales de Hopkinsville[10]. La noticia de su recuperación milagrosa se
extendió y, unos días después, un artículo en el periódico local comenzó la
divulgación mundial de la vida pública del extraño don de Cayce[11]. El 9 de octubre
de 1910, Edgar Cayce fue catapultado a la fama nacional por un espectacular artículo
publicado en el New York Times. Wesley Ketchum, un doctor de Hopkinsville, se
quedó impresionado por las habilidades psíquicas de Cayce, enviando una carta a la
Asociación Americana de Investigación Clínica. Hubo una reacción inmediata y
entusiasta de la prensa del resto del país, incluyendo el Boston Herald y el prestigioso
New York Times, que dedicó una página entera a un artículo con fotografías. Aquí
adjunto algunos de los fragmentos:
UN HOMBRE ILETRADO SE CONVIERTE EN MÉDICO TRAS SER
HIPNOTIZADO
Los extraños poderes de Edgar Cayce desconciertan a los
médicos:
La agrupación de médicos del país está siguiendo con vivo
interés los extraños poderes que, según se dice, posee Edgar
Cayce de Hopkinsville, Kentucky, para diagnosticar
enfermedades complicadas mientras se encuentra en estado
semiconsciente, a pesar de que no tiene el mínimo
conocimiento de la medicina cuando no se encuentra bajo este
estado... Su presentación (la carta de Ketchum) creó sensación,
y casi antes de que el Dr. KeKhum supiera que la carta había
sido entregada a la prensa, le llovieron cartas y telegramas
interesándose por el extraño suceso. Hay que añadir que el
[Link] - Página 196
Dr. Wesky H. Ketchum es un prestigioso médico en la escuela
homeopática de medicina, donde desarrolla su trabajo con
éxito... El Dr. Ketchum no es el único médico que ha tenido la
oportunidad de observar los trabajos de la mente
subconsciente de Mr. Cayce. Durante unos diez años, sus
extraños poderes han sido conocidos por los médicos locales
de todas las escuelas importantes… En todas días, el joven
Cayce ha proporcionado más de 1.000 diagnósticos, pero nunca
ha usado sus maravillosos poderes para obtener dinero, a
pesar de que muchas personas han recuperado la salud al
seguir el tratamiento prescrito en sus interpretaciones,
obtenidas mientras estaba en estado hipnótico. El presidente
James Hylsop de la Asociación Americana de Medicina ha
proporcionado varias sugerencias siguiendo el desarrollo de
los poderes del sujeto. Otros psicólogos de América y Europa
están buscando información. El proyecto del doctor Ketchum
es hacer venir a Hopkinsville un comité de científicos de
alto nivel e investigar de una manera firme, para hacer un
documento sobre esta verdad que se manifiesta pero no se
entiende...[12]
Comenzaron a llegar miles de solicitudes de gente desesperada que buscaba
remedios para enfermedades incurables. La situación se volvió incontrolada.
Abrumado, Cayce decidió dejar sus «interpretaciones» y abrir un estudio fotográfico
en Selma, Alabama. Después de una serie de devaneos empresariales, Uño de los
cuales supuso la bancarrota de una compañía de prospecciones petrolíferas creada por
el propio Cayce y una pareja de empresarios neoyorquinos, en 1925 se asentó con su
mujer, Gertrude, y sus dos hijos, Hugh Lynn y Edgar Evans, en una pequeña
población de Virginia Beach en la región de Norfolk, Virginia. Allí construyó un
hospital con la ayuda de amigos e inversores, pero esta aventura también falló y el
hospital se cerró en 1931. Cayce contaba ahora con cincuenta y cuatro años de edad.
LA ASOCIACIÓN DE LA INVESTIGACIÓN Y LA ILUMINACIÓN
Ese mismo año de 1931, Edgar Cayce y su hijo mayor, Hugh Lynn, de veinticuatro
años, junto con un grup