PREGUNTAS DE INVESTIGACIÓN
¿Quiénes eran las lavanderas?, ¿De dónde provienen?, ¿Qué hacían las
lavanderas?
¿Cómo realizaban su labor las lavanderas en los riachos?
¿Cuál es el valor de las lavanderas en la sociedad en el ámbito económico?
OBJETIVO GENERAL
Analizar y demostrar la labor de las lavanderas del riacho Caracará del barrio
Chacarita Asunción Paraguay, a principios del siglo XX Post. Guerra.
OBJETIVOS ESPECÍFICOS
Identificar el origen y posición social, forma de vida de las lavanderas en el barrio
Chacarita del siglo XX. Post guerra del Chaco.
Dramatizar y demostrar coreográficamente la labor de las lavanderas del riacho
Caracará a principios del siglo XX
Apreciar la labor y el valor de las lavanderas del riacho Caracará a principios del
siglo XX en el barrio Chacarita de Asunción.
JUSTIFICACIÓN
El papel de las mujeres en la historia del Paraguay está necesariamente ligado a
las peripecias de esa historia. Ellas desempeñaron un papel preponderante en el
nacimiento de la nación paraguaya.
La parte más dura de la tarea de resucitar al Paraguay, devastado y diezmado, en
la postguerra recayó sobre las mujeres. Desde la multiplicación de los hijos que permitió
reponer paulatinamente la población hasta su participación en las tareas hogareñas,
agrícolas y económicas
A falta de hombres, las mujeres paraguayas debieron cultivar la tierra, recoger la
cosecha, venderlas, administrar la hacienda familiar. Se hicieron, comerciantes,
lavanderas, enfermeras. Y cuidaron la educación de sus hijos haciéndolos acceder a los
centros educaciones que poco a poco fueron restableciendo al país.
Como educadores y artistas nos interesa demostrar la labor de la mujer
paraguaya como reconstructora del país, enfocándonos en el oficio de lavandera,
describiendo su rutina y destacando su valor económico-social, ya que las mismas se
dedicaban a la tarea de lavar ropas, no solo propias, sino también de otras personas, que
las contrataban para dicho fin.
MARCO TEÓRICO
CAPITULO I
1. LAS DOS GRANDES GUERRAS
La Guerra de la Triple Alianza (1864-1870) fue la contienda más sangrienta de
América del Sur. Comenzó en diciembre de 1864, como una lucha armada entre el
Paraguay y el Brasil. Pero en mayo de 1865, se aliaron al Brasil el Uruguay y la
Argentina, y así quedó formada la Triple Alianza.
La guerra del Chaco, entre Paraguay y Bolivia, se libró desde el 9 de septiembre
de 1932 hasta el 14 de junio de 1935, por el control del Chaco Boreal. Fue la guerra más
importante en Sudamérica durante el siglo XX.
Estado del Paraguay. La guerra del 70 devastó al Paraguay en una medida
desconocida en los tiempos modernos. De la nación floreciente de la época de los López
sólo restaron ruinas y escasos sobrevivientes.
Destruida la riqueza pública y privada, desaparecidos los organismos jurídicos y
culturales, reducida la población a su mínima expresión, todo había que hacer nacer de
nuevo.
La inmensa desgracia paraguaya despertó la compasión mundial, pero esta no se
tradujo en ningún socorro al infortunio. El pueblo paraguayo quedó entregado a sus
propias y decaídas fuerzas, y para peor, los vencedores le abrumaron con una fabulosa
deuda de guerra.
La parte más dura de la gigantesca empresa de resucitar a la patria recayó sobre
las mujeres. Se hicieron agricultoras, comerciantes, industriales, y crearon un género de
sociedad poligámica, revivencia forzada de las costas del Paraguay en el siglo XVI, que
permitió al Paraguay reponer rápidamente sus pérdidas demográficas. (Efraím Cardozo).
La guerra del Chaco no fue ciertamente una guerra entre republiquetas como
algunos sugirieron, sino un conflicto de verdad, que marcaba el fin de un estilo de
conducción clásico representado por la Primera Guerra Mundial, y que permitía
vislumbrar el que sería aplicado en la próxima.
El nuevo estilo de conducción se ensayó en el Chaco y no, como creen algunos,
en la Revolución Española, que fue hecha con restos de armas usadas en el Chaco.
(Julio José Chiavenato - La guerra del Chaco)
1.2. HEROINAS ANÓNIMAS – MUJERES PARAGUAYAS
La donación de joyas es apenas uno de los tantos roles que asumieron las
mujeres paraguayas durante la Guerra de la Triple Alianza. "Los primeros registros de
mujeres luchando son de diciembre de 1868", le cuenta a BBC Mundo el historiador
paraguayo Fabián Chamorro.
Pero desde un principio, agrega Monte de López Moreira, las mujeres trabajaron
la tierra para suministrar el alimento a los soldados y participaron como enfermeras,
lavanderas y cocineras en los campos de batalla.
"Encontré registros de algunas mujeres que iban hasta el campo enemigo, le
sacaban los uniformes a los caídos, los lavaban y adaptaban para los soldados
paraguayos", explica la historiadora.
Por su parte, Arrúa Ávalos afirma que, "a pesar de que la donación de joyas
resuena como la máxima expresión de patriotismo", además hicieron cuantiosas entregas
de comida, ropa y aguardiente, por citar algunos ejemplos.
También fueron ellas las que tuvieron la difícil tarea de reconstruir el país al
terminar la guerra, en 1870. Según los registros historiográficos más aceptados, 80% de
los paraguayos que murieron durante el conflicto eran hombres. Ellas, entonces, se
encargaron de plantar la tierra y faenar, pero también de otras tareas como comercializar
y estivar en el puerto.
Y, por supuesto, debieron repoblar el país en tiempos en que había cuatro
mujeres por cada varón y hasta la pareja se compartía. Incluso, en algunas regiones de
Paraguay, la proporción llegaría a ser de 20 a uno, lo cual provocó el apodo coloquial del
"país de las mujeres".
No obstante, estas mujeres permanecen como heroínas anónimas. Para ellas no
hay estatuas con sus rostros ni calles o plazas con sus nombres y apellidos. En palabras
de Chamorro: "En un país reconstruido por mujeres, nuestra historia no las recuerda".
CAPITULO II
2. LAS LAVANDERAS.
Las lavanderas del río Paraná y de arroyos cristalinos, quienes tenían como
clientas a las amas de casa. Estas humildes lavanderas que oficiaban también de
planchadoras, retiraban de las casas de familia los atados de ropa que colgaban en el
brazo, envueltos en pedazos de telas o sábanas. Cobraban a “tantos pesos la docena”.
Con lo recaudado, mantenían una numerosa prole. Honradas al máximo, nunca faltaba ni
una sola prenda, ni dejaban nada descosido: ellas se encargaban de hacerlo todo a la
perfección.
Había otras costumbres, como las que tenían las señoras y señoritas de alta
alcurnia. La mayoría se confeccionaba sus propias prendas de vestir. Usaban coquetos y
finos sombreros, y en invierno los infaltables guantes. Coleccionaban sus clásicas
carteras, que podía ser chicas o grandes, haciendo juego con los zapatos. Muchas
acostumbraban usar peinetas o peinetones.
En los acontecimientos sociales asistían con ropas de lujo, largos vestidos de
finas telas, que podían ser de encaje, terciopelo y un sinfín de variedades y modelos,
para lucir más “paquetas”. Mercedes “Mecha”Villalba
1.1 LAS LAVANDERAS DE ASUNCIÓN
Asunción quedó con sus costumbres coloniales, por mucho tiempo. Una de esas
costumbres, fueron sus lavanderas. No todos tenían corriente eléctrica y menos,
lavarropas, como se conoce hoy. Pero, estaban en Lambaré, muchas mujeres guapas,
que con su trajinar de todos los días, salían de sus casas muy temprano y se dirigían a
una casa específica a retirar la ropa de la familia para lavar.
Eran muchas mujeres, que abarcaban toda la capital caminando. La ropa la
llevaban a un arroyo muy famoso en ese tiempo, el arroyo Ferreira. Ese arroyo tenía la
característica que corría sobre piedra roja, y tenía cierto caudal. Era justo para que las
mujeres se pusieran a su vera, y así comenzaran el lavado. Corrían los chismes, y era
muy divertido verlas riendo y golpeando la ropa contra la piedra.
El agua que al principio era cristalina, se tornaba blanca por el jabón. Era un
trajinar inmenso. Lavanderas que se cruzaban de un lado a otro. Siempre con una
sonrisa. Era un gran bullicio.
De pronto, en un momento, todas se callaban. Y en silencio, se levantan. Todas
con su tacho cargado de ropa recién lavada se dirigían a las ramas de los yuyos del
lugar. Allí extendían sus ropas al sol. Ese sol generoso del mediodía. Luego, paraban
para a comer algo. Llegaban viandas con chicos. Se reunían en grupo. Algunas se
recostaban un poco. La calma del trabajo. Después de un rato se desperezaban.
Agarraban su tacho y se iban a recoger la ropa seca. Luego, a doblarla con mucha
paciencia y yo diría con mucho amor. Poco a poco toda la ropa iban recogiendo.
Preparaban el atado. Las contaban. Cuantas piezas tenían cada uno.
Preparaban su, acangyta, y comenzaban a retornar a las casas de los patrones.
Las patronas, les esperan en sus casas. Buenas, doña Chiquita, le traigo su ropa
limpia bien dobladita. Son veinte piezas en total. Y les pagaban con pequeñas monedas
de esa época, los centavos. Miserias que en esa época servía para llevar un plato de
comida para su familia. Luego, emprendían el retorno a la casa. Siempre caminando. El
encuentro de todas las lavanderas era en la calle Quinta y Félix Bogado. Y como siempre
en fila india, caminaban hasta Lambaré nuevamente.
Las lavanderas de Asunción, ya no reían. Estaban cansadas. Todas añorando
llegar a las casas y reunirse con sus afectos. Que mañana, las lavanderas de Asunción
seguirán lavando la ropa sucia. Agustín Gamarra.
13 de marzo de 2015. Fernando de la Mora. Paraguay.
1.1. EL PATRIMONIO AMBIENTAL Y ARQUITECTÓNICO DE CHACARITA.
La Chacarita cuenta con un acervo patrimonial histórico, ambiental y
arquitectónico –aunque modesto– que bien puede convertirse en un barrio turístico.
Existen planes para la parte llamada “Alta”, no así la “Baja”, que también reclama
atención de las autoridades. Un barrio bohemio lleno de leyendas.
“El pintoresco barrio de la Chacarita, sobre la alta ribera que mira al riacho
Caracará, es un ejemplo vivo de esa constante disgregación de tierras. Trepado a la
reducida cúspide de picachos inverosímiles hay un rancherío misérrimo y bullanguero.
Resulta, a veces, inexplicable su equilibrio, porque ocurre que el rancho, con ser tan
pequeño, es mayor que la tierra que lo sostiene. Y entre casa y casa, abismos de tosca
roja, con plateados hilos de agua en el fondo”. Así describe Carlos Zubizarreta en sus
“Acuarelas Paraguayas” a la Chacarita.
“Este colorido barrio de lavanderas tuvo auge y fama hasta principios del presente
siglo (XX). A él acudía la juventud dorada y calavera buscando lances de amor y de
aventura. En aquellos regocijados bailongos, tan abundantes bajo la enramada de los
ranchos, entre raidapotî de faja y bordada camisa, era tan fácil ganarse el corazón de las
mozas como una puñalada”, remata.
Los pobladores más antiguos recuerdan que era el barrio de las lavanderas que
fregaban la ropa sobre tablones en sus cristalinos manantiales que fluían desde lo alto
del Parque Caballero y hasta formaban un chorro donde se bañaba el Gral. Bernardino
Caballero, hecho que la gente recita como una leyenda. Allí habrá conocido a muchas de
las mujeres a las que ha dado varios hijos.
La Chacarita “es un barrio de connotaciones ambientales muy peculiares en sus
aspectos urbanísticos, socioculturales, arquitectónicos, históricos y físicos”, dicen Mabel
Causarano y Beatriz Chase en el libro “Asunción, Análisis histórico-ambiental de su
imagen urbana”.
Después del Centro Histórico –continúan–, es una de las zonas pobladas más
antiguas de la ciudad conocida como “Ticu-Tuya”, que en guaraní significa “Francisco
viejo”, por la cercanía al Convento de San Francisco que estuvo en la zona hasta 1748,
aproximadamente.
No pocos atribuyen el nombre de Chacarita a las “chácaras” o chacras de los
religiosos. Sin embargo, esto “no parece ser tan cierto porque el suelo no era apto para el
cultivo”, dice el historiador José A. Galeano.
La heterogénea zona bien marcada entre la parte Alta y Baja conserva varios hitos
que enriquecen su historia como barrio. En la parte Alta se encuentran el antiguo Hotel
Terraza, la casa del Gral. Stephan Vysokolán (que perteneciera al presidente Liberato M.
Rojas), el Museo José A. Flores, el Parque Caballero.
Los pobladores más antiguos de zona baja se dedicaban a la pesca, cuenta Óscar
Fariña, presidente de la Asociación de Pescadores de la Chacarita. Sin embargo, la
actividad ha mermado bastante tras la construcción de la Costanera y la contaminación,
tanto de la Bahía como de los cauces hídricos que atraviesan el barrio. En esta zona está
el legendario club Resistencia, cuyo nombre tiene que ver con la Revolución Bolchevique
de 1917 y no precisamente con la resistencia a las inundaciones. Se inició en 1915 como
el Club “Criollo”.
Fue fundado y presidido por Sandalio Riveros, un descendiente de payaguáes,
poeta y docente fallecido en 1968. Músico y anarquista, ha mantenido su casa como un
bello jardín que hoy es el Museo del Barrio sobre la calle Mompox.
pgomez@[Link]
Mar Marín
Pilar (Paraguay) 28 mar (EFE).- Lavanderas, jangaderas, naranjeras e incluso
guerreras... las "mujeres de agua" de los litorales argentino y paraguayo aprendieron a
convivir y a trabajar con el río, una tradición que se ha perdido con la desaparición de sus
viejos oficios y el abandono de la costa.
"La interpretación de los ríos es masculina porque hombres fueron los
pescadores, los marineros, los conquistadores... pero poco a poco se impuso la
presencia de la mujer", explica la socióloga paraguaya Milda Rivarola.
En las tierras bañadas por los ríos de La Plata, Paraná y Paraguay no se adoptó
la antigua creencia de que las mujeres traían maldiciones a los navegantes, pero durante
siglos fueron los hombres quienes dominaron las aguas.
Las mujeres, recuerda Rivarola en una entrevista con Efe, sólo se acercaban al río
para lavar y, desde Buenos Aires hasta Asunción del Paraguay, las lavanderas saludaban
el paso de los barcos.
Junto a ellas, las "aguateras" se encargaban de conseguir el agua para abastecer
a sus familias y a sus comunidades, tanto en los ríos, como en el interior, buscando
lagunas o arroyos, apunta la investigadora, miembro de la Academia Paraguaya de la
Historia, que recorre en estos días los ríos Paraná y Paraguay en la expedición científico-
cultural Paraná Ra'anga.
Lavanderas y aguateras dejaron de ser las únicas mujeres del río cuando se
generalizó el transporte de maderas por el Paraná en "jangadas", troncos atados
arrastrados por la corriente río abajo, desde Asunción a Buenos Aires.
Encaramadas en las "jangadas" se desplazaban familias enteras que sobrevivían
con la comida que cocinaban las "jangaderas", las mujeres que acompañaban a sus
maridos y sus hijos en el viaje, señala Rivarola.
El desarrollo de las misiones jesuitas se tradujo en la proliferación de naranjales
en las riberas de los ríos y en la aparición de una nueva ocupación para las mujeres.
Durante décadas, las "naranjeras" fueron las encargadas de organizar y cargar en
los puertos paraguayos las naranjas destinadas a Buenos Aires.
Las mujeres tuvieron también un importante papel en la guerra de la Triple
Alianza, la "Gran Guerra", que enfrentó a Paraguay con Brasil, Argentina y Uruguay
(1864-1870).
Alejadas de los frentes de batalla y separadas durante años de guerra de sus
maridos, sus hijos y sus hermanos, miles de paraguayas aprovecharon la primera
autorización del Gobierno para visitar a sus familiares y se trasladaron a Humaitá, donde
Paraguay mantuvo su principal centro defensivo para impedir el paso del enemigo por el
río.
En Humaitá se quedaron, primero como acompañantes y después con un papel
que se tornó más activo a medida que aumentaba la presión de los ejércitos de la Triple
Alianza.
Trabajaron como enfermeras, se ocuparon del transporte de heridos, de la
intendencia y algunas llegaron a vestir uniformes militares y a portar armas.
Tras la derrota paraguaya, sostiene Rivarola, la población quedó diezmada e
integrada en su mayoría por mujeres, niños y ancianos que tuvieron que sobrevivir en un
país devastado.
La ocupación de Paraguay por parte de Brasil y Argentina derivó en la fundación
de familias mixtas y miles de paraguayas abandonaron el país cuando los ejércitos
volvieron a sus lugares de origen.
"Es un capítulo del que no se quiere hablar en Paraguay, pero muchas de estas
mujeres recorrieron el río en sentido inverso, para repoblar el Mato Grosso brasileño y la
zona correntina de Argentina", apunta la socióloga.
También en la Guerra de Chaco (1932-1935) que enfrentó a Paraguay y Bolivia
jugaron un papel fundamental, hasta el punto de que en algunas zonas se las reconoció
como "madrinas de guerra".
Incluso todavía circulan leyendas sobre capítulos poco estudiados de la guerra,
como el de "Puerto Yepepí", que, relata Rivarola, se refiere a grupos de mujeres que se
encaramaban a un cerro para despedir a los barcos de soldados paraguayos destinados
a la Guerra del Chaco y alzaban sus polleras (faldas) dejando su sexo al descubierto para
alegrarles la partida.
Los ríos Paraná y Paraguay no son ya escenario de luchas territoriales sino vías
por la que circulan decenas de cargueros a diario, en su mayoría con toneladas de sojas
procedentes de Asunción y destinadas al puerto argentino de Rosario para su
exportación.
Ya no hay en sus orillas "mujeres de agua", pero los marineros del Crucero
Paraguay, una vieja nave de guerra estadounidense reformada imitando a los barcos que
surcaron el Misisipi y convertida en hotel flotante de la expedición Paraná Ra'anga,
todavía temen a la Anaconda, figura femenina al fin, dueña de las aguas el río.
CAPÍTULO III
3. LAS LAVANDERAS EN LA ACTUALIDAD
Una abuela de Concepción, que se desempeñó como lavandera durante la Guerra
del Chaco, celebró ayer sus 106 años de vida. Nunca recibió reconocimiento de parte del
Estado paraguayo.
Se trata de doña Cipriana Deleón, que vive con sus familiares en el barrio Sanja
León de la ciudad de Concepción. Nació el 26 de setiembre de 1909.
Pese a que la mujer ya tiene dificultades para caminar, aún puede conversar,
notándosele mucha alegría con el acercamiento de sus familiares.
La Guerra del Chaco le había tomado muy joven y tuvo la ocasión de servir a la
patria, actuando como lavandera de las ropas de los soldados heridos y trasladados al
hospital Nanawa por órdenes del Mons. Heriberto Agüero.
Dijo que el trabajo lo hacían en el río Paraguay lavando las ropas manchadas en
sangre de los soldados heridos que iban llegando.
Sin embargo, según sus familiares, lamentablemente nunca pudo acceder al
beneficio del Estado paraguayo en reconocimiento al trabajo voluntario realizado durante
la contienda chaqueña entre Paraguay y Bolivia.
Por tal motivo vive con el apoyo exclusivo de sus familiares, ya que no recibe
ningún subsidio estatal.
Doña Cipriana compartió un sencillo festejo de sus 106 años con sus dos hijas,
nietos y bisnietos que se congregaron junto ella por el día de su cumpleaños. Recibió la
serenata de la Banda de Músicos de la 4ª División de Infantería.
3.1. LA LAVANDERA MÁS ANTIGUA AÚN TIENE GANAS DE TRABAJAR
18 DE SEPTIEMBRE DE 2011
Entre jabones y lavarropas, la más antigua de las lavanderas del Hospital de
Clínicas, Dionisia Gamarra, relata cómo ha mejorado la condición laboral de las
lavanderas gracias a la lucha que emprenden día a día.
Hasta dejar las sábanas manchadas de sangre tan blancas como sus manos, la
lavandera Dionisia Gamarra no para. Con solo un delantal y jabón en pan en mano, inició
en el año 1980 su labor como lavandera del Hospital de Clínicas, rememora de su primer
día laboral en la lavandería.
En las largas piletas se disponía a ganar el pan de cada día junto a sus antiguas
compañeras fregando los trapos del nosocomio para que todo aquel enfermo que pase
por las camas del hospital se sienta como en casa. Con la lucha emprendida a diario por
el bloque de lavanderas resalta que mejoró la calidad de trabajo.
"Antes no teníamos guantes, ni tapabocas ni qué decir botas, como ahora, solo un
delantal nos daban para trabajar. Teníamos mucho trabajo en ese tiempo, más cansador
era en la época en que había pocos lavarropas y en el que casi todo se hacía a mano.
Cuando hace calor el trabajo se hace más difícil. Acá una señora casi murió porque sufría
presión alta. Por suerte, las cosas cambiaron", comenta.
Aunque ahora ya no trabaja de 7.00 a 16.30 para criar a sus hijos, ahora lo hace
solo de 7.00 a 12.00 de lunes a viernes. Con los cambios en el hospital de los pobres,
como es conocido el Hospital de Clínicas de Sajonia, en el que ya no funciona el Materno
Infantil que se trasladó al nuevo Clínicas, las sábanas disminuyeron.
Entre todas las lavanderas, diariamente se lavan 400 a 500 kilos de ropas, pero
todo se incrementa cuando suman las cirugías. Aun así, según Dionisia, en estos tiempos
se trabaja más holgadamente. Gracias a los aparatos de lavar, la torcedora y la
centrífuga el cansancio es menor. "Me cansa, pero no tanto como antes cuando
funcionaban solo cuatro lavarropas semiindustriales, creo que ya estamos
acostumbradas".
ESFUERZO. Esta madre de cinco hijos dice amar cada día más su oficio de
lavandera, porque gracias a él sus hijos crecieron y se formaron.
De origen humilde, esta mujer santaniana se propuso trabajar en la capital y al
poco tiempo ingresó al plantel hospitalario. Para ella, Clínicas tiene un significado
especial, en este lugar nacieron todos sus hijos y en él pasó gran parte de su vida, pasó
por las innumerables huelgas y protestas durante las tres décadas de labor.
La que más fresca mantiene en sus recuerdos es la protesta de 1984, cuando
varios frentes del Hospital se unieron para manifestarse para mejorar sus salarios.
"Ganábamos G. 10.800 en aquel tiempo, después subió y empezamos a formar nuestro
sindicato", resalta doña Dionisia.
En aquella manifestación la policía Stronista los reprimió camino al ministerio de
hacienda y algunos de los dirigentes cayeron presos.
En esos tiempos de huelga, los agentes policiales y los dirigentes del régimen
Stronista, como Ramón Aquino, tomaron el hospital y varios trabajadores no pudieron
ingresar. Con sus compañeras a pesar del desorden reinante no faltaban un solo día en
su lugar de trabajo.
"Nunca dejamos de trabajar porque había mucha ropa y no podíamos dejarle a la
gente enferma sin sábanas limpias", comenta la trabajadora. A sus 51 años, está
consciente de que todavía le resta mucho tiempo para seguir trabajando a pesar de la
treintena de años que lleva en la institución.
La lavandera más añosa entre las 24 personas que trabajan en el plantel de
lavado y planchado ya se prepara para mudarse al nuevo Clínicas donde se trasladará la
lavandería hospitalaria.
"Todavía tengo ganas, hasta que pueda voy a trabajar. Soy más o menos guapa,
según dicen... solamente que no me hagan planchar, porque eso sí que no me gusta para
nada", confiesa entre risas.
CONCLUSIÓN
La presencia de las mujeres en la formación y en el desarrollo de la sociedad
paraguaya es innegable. Ella ha variado de acuerdo a los procesos particulares de esa
sociedad, las guerras contra la Triple Alianza Grande -la Guerra Grande- y del Chaco, en
las diferentes crisis, logrando levantar al país después de los duros golpes.
ARGUMENTO