Arquitectura Histórica CDMX: Siglos XVI-XX
Temas abordados
Arquitectura Histórica CDMX: Siglos XVI-XX
Temas abordados
U
íAA
festival
centro
histórico
méxico
kilómetro cero. NOTICIAS DEL CENTRO HISTÓRICO DE LA CIUDAD DE MÉXICO Marzo 2014 / No. 68
ESPECIAL
LOS
ARQUITECTOS
Pasiones estéticas diversas,
personalidades que revolu-
cionaron la historia de la
del centro
arquitectura en el continente.
La mayoría de los nombres
imprescindibles, están aquí.
E D ITORI A L
los arquitectos
E
n el Centro Histórico podemos apreciar algunos de los mejores ejem-
plos de las corrientes arquitectónicas más importantes, desde la Colo-
nia hasta nuestros días. Aquí se alzan obras de los genios que trazaron la
silueta actual de la zona sobreponiendo capas estéticas, artísticas, de materiales y
también de técnicas constructivas.
Animados por la realización del Primer Festival Internacional de Arquitectura
y Ciudad —del 22 al 26 de marzo, organizado por la revista Arquine, con apoyo del
Gobierno de la Ciudad de México—, nos propusimos seguir las huellas de estos
arquitectos y abordar por fin un tema al que le teníamos reservada mucha energía.
Cuando planeamos la entrega, partimos de la hipótesis de que el Centro His-
tórico bien puede funcionar como un compendio de lo mejor de la arquitectura
Km. cero publicación mensual editada por el fideicomiso centro histórico de la ciudad de méxico.
sandra ortega responsable de la publicación / patricia ruvalcaba y sandra ortega editoras responsables / roberto marmolejo y patricia ruvalcaba reporteros
liliana contreras coordinación de fotógrafos / rigoberto de la rocha diseño original
igloo diseño y formación / eikon fotografía / patricia ruvalcaba corrección de estilo
omar aguilar y rafael facio apoyo a la edición
impresión: comisa, gral. victoriano zepeda 22, col. observatorio, c.p. 11840, www.centrohistorico.df.gob
redacción: república de brasil 74, 2o piso, plaza de sta. catarina, colonia centro. méxico, d.f. teléfono 5709-8005, 6974, 8115 o 9664. [email protected]
número de certificado de reserva otorgado por el instituto nacional de los derechos de autor: 04-2008-0630ı3ıı0300-ı0ı
Certificado de licitud de contenido: No. 11716, Certificado de licitud de título: No. 14143.
Marzo 2014 núm 68 Km.cero 3
siglos XVI-XVIII
patio central del antiguo colegio de san ildefonso. Portada de la iglesia de la Profesa, obra de Pedro de Arrieta.
En el plano secular, la gran obra de la Iglesia católica fue la Catedral Metropoli- la apertura de la Academia de San Carlos, en 1781, la cual proscribió ese movi-
tana, inmueble que a lo largo de la Colonia compendiaría lo mejor de los estilos y miento, en favor del neoclásico.
técnicas constructivas. La posibilidad de construir bóvedas —en lugar de techar con madera— fue
En el arranque de la actividad arquitectónica y urbanística novohispana, el un avance tecnológico de mediados del xvii que revolucionó la arquitectura.
patrocinio de la Corona y la disposición libre de mano de obra indígena fueron Además de numerosos templos y conventos patrocinados por los nuevos nobles,
cruciales; la huella de los indígenas dirigidos por los españoles se nota en la deco- ellos mismos se construyeron suntuosas casas señoriales. El gremio de los “maes-
ración de varios edificios del Centro. tros de arquitectura” creció enormemente.
Las primeras edificaciones se hicieron con los despojos de tezontle y basaltos Para fines del siglo xvii, solo en infraestructura religiosa había, además de la
de Tenochtitlan; ya para el siglo xvii, se había asimilado una nueva manera de Catedral, “ocho templos parroquiales, seis para indígenas y dos para españoles,
tallar el tezontle, y se le empezó a decorar con chiluca.Los constructores pronto junto con numerosas capillas” más de 30 conventos entre femeninos y masculi-
supieron que tendrían que lidiar con la “flaqueza y debilidad” del subsuelo de la nos; 11 hospitales, seis colegios y una universidad, todos con sus propias capillas,
antigua Tenochtitlan, sísmico, lodoso y susceptible a las inundaciones. informa Antonio Rubial en su libro La plaza, el palacio y el convento.
La inundación de 1629-1634 no dejó casi nada de la ciudad del siglo xvi. Pero cuan- En el terreno urbanístico, la ciudad tenía calles rectas y una escala ordenada,
do la urbe se secó, la actividad constructiva se volvió casi frenética. lo que le daba esas prolongadas perspectivas elogiadas por los viajeros.
El manierismo, llegado a mediados del siglo xvi, empezaba a dejar paso al El repudio hacia el barroco y sus artífices por parte de la Academia, la con-
barroco, que para los arquitectos jóvenes fue un terreno de libertad. La llegada de versión de la arquitectura en una carrera, y la imposición de un nuevo orden
columna salomónica desató un furor decorativo que no se detendría sino hasta neoclásico influido por la Ilustración, marcaron el final del periodo virreinal.
4 Km.cero núm 68 Marzo 2014
Genios de la Catedral sino otros encargados a Juan Miguel de Agüero, quien en lugar de un techo de ma-
dera propuso “cubiertas de bóvedas y cúpula en el crucero”. Agüero había “cerra-
do” en 1598 la catedral de Mérida, cuyos casetones renacentistas constituyen un
de arciniega a tolsá refinado traspaso tecnológico de la bóveda de cantería de España, a Nueva España.
Padre e hijo
Juan Gómez de Trasmonte (Extremadura, 1595-Ciudad de México, 1647) también
dedicaría casi toda su vida al edificio, del que sería Maestro Mayor de 1632 a 1647.
A ese esfuerzo se sumaría su hijo.
Inscrito en el manierismo clasicista, Gómez de Trasmonte sería el responsable,
explica el doctor Xavier Cortés Rocha, de un salto tecnológico. “Él propone y logra
(mandó imprimir un folleto explicativo, incluso), que las bóvedas ya no se hagan
de cantería, sino de tezontle, y que luego ya se adornen con yesería y demás. Eso
hace avanzar mucho más rápidamente la Catedral de México”. El cierre definitivo
de las bóvedas tuvo lugar en 1667, y le correspondió a Luis Gómez de Trasmonte
fotografía: EIKON.COM.MX
(Ciudad de México, ?-1684), quien a su vez era Maestro Mayor de Catedral desde
1656. Es decir, concluyó lo iniciado por su padre. También realizó el primer cuerpo
de la fachada principal —“un ejemplo del más extraordinario y fino clasicismo
que tenemos”— e inició el segundo cuerpo.
En medio de esas tareas, Gómez de Trasmonte hijo tuvo que defender su pues-
La construcción duró 240 años, participaron 21 arquitectos.
to como Maestro Mayor ante otro arquitecto, Cristóbal de Medina y Vargas (?- Ciu-
“L
dad de México, 1699). De Medina y Vargas impulsaría el barroco, al introducir la
a Catedral de México resume en sí misma todo el arte de la Colonia. columna salomónica.
(…) desde las bóvedas ojivales de sus primeros tiempos, el severo he- Esas fricciones que se daban en el terreno, y en lo estético, simbolizaban el
rreriano de sus portadas del lado del norte, de las de la sala capitular cambio de paradigma. De hecho, según Cortés Rocha, “con la muerte de Gómez de
y la sacristía, hasta el neoclásico de Ortiz de Castro y el Luis xvi de Tolsá, pasando Trasmonte, el gran defensor del clasicismo, empieza el barroco, pero a todo”.
por el barroco de las demás portadas y el churrigueresco coruscante del altar de los
Reyes”, escribe Manuel Toussaint en La Catedral de México y el Sagrario Metropolita- Un desafío descomunal
no. Su historia, su tesoro, su arte. Otro genio de la arquitectura que dejó su propio edificio en la Catedral, es José
También se puede afirmar que es un conjunto de edificios ejemplares cuya Damián Ortiz de Castro (1750-1793), el audaz artífice de las torres. Su desafío fue
creación y unificación requirió 240 años y la creatividad de 21 maestros mayores descomunal. Se trataba de diseñar unas torres muy altas —una estaba empeza-
de la Catedral (la cifra varía según la fuente). Muchos de ellos fueron geniales. da— sobre una estructura ya de por sí elevada, que resistieran la sismicidad, cuyo
Claudio de Arciniega es el nombre ligado a la traza de la segunda Catedral, y funcionamiento quedara garantizado a pesar de los vientos, y que se incorporasen
la entrada del manierismo a Nueva España, dos hitos arquitectónicos del siglo xvi. estilísticamente al inmueble. El encargo incluía, además, terminar la fachada y re-
Una primera Catedral había sido construida entre 1524 y 1532, en lo que ahora plantear la cúpula. Las obras se inciaron en 1786.
es el atrio. Aunque pronto resultó pequeña para la importancia de la ciudad, fue Ortiz de Castro resolvió de manera magistral el tema estilístico al rematar
demolida hasta 1626. las torres con un elemento en forma de campana, y las dotó de una gran firmeza
En tanto, los astros se acomodaron y Arciniega (Burgos, ca. 1527-Ciudad de Mé- al darles una planta interna elíptica. Por fuera son prismas cuadrangulares; por
xico, 1593), que figuró en España “como arquitecto-entallador”, es decir, haciendo dentro, son elípticas. Esa composición, que implicó un trabajo incomparable de
decoración arquitectónica y labrado de retablos, llegó a México en 1554. estereotomía —estudio de la manera en que debe descomponerse una forma a
Pasó cuatro años en Puebla, como maestro de cantería, y en 1558 se trasladó a construir, y la configuración de las piezas que la forman—, permitió a las torres
la Ciudad de México, a instancias del virrey De Velasco; en ese año fue nombrado asentarse firmemente y desafiar la altura: miden entre 64 y 67m.
“obrero mayor de la Nueva España”. A Arciniega se le atribuyen, entre otros —y a Para llevar los pesados materiales a las alturas, y colocar las campanas confor-
lo largo de su carrera—, los muros de lo que sería el Palacio Virreinal, el claustro me avanzaba la obra, a fin de ir cerrando los vanos, el artista inventó un conjunto
de Santo Domingo, los patios y la escalera monumental del Hospital de Jesús, así de grúas. Unas pequeñas para el arrastre de materiales, y otra —“un gran carro
como los planos iniciales de la universidad. compuesto de tres bastidores y cuatro
Pero fue una obra efímera de madera, el Túmulo Imperial para las honras fú- ruedas”— para las piedras de grandes di-
nebres de Carlos V (1559), lo que dejó estupefactos a los capitalinos y lo volvió una mensiones. En esta grúa fue transportada
celebridad. La pieza inició el vuelco manierista en la arquitectura del siglo xvi, y le la campana mayor, llamada Santa María
valió el nombramiento de Maestro Mayor de la Catedral, la posición más elevada a de Guadalupe, que pesa 13 toneladas. Un
que podía aspirar un arquitecto. informe de entonces dice que el artefacto
En esa calidad, Arciniega restauró el edificio viejo e hizo la traza del nuevo, to- funcionaba “sin estrépito ni ruido” y con la
mando como modelo probablemente la catedral de Jaén, España. La construcción fuerza de solo ocho hombres. Ortiz de Cas-
se inició en 1573, y Arciniega dedicó el resto de su vida a ese edificio. tro se enorgullecía de algo más: no hubo
Luis Javier Cuesta, un experto en esa etapa de la arquitectura novohispana un solo trabajador muerto.
fotografía: EIKON.COM.MX
opina, junto con el historiador Jorge Alberto Manrique, que durante su carrera en Las torres se terminaron en 1791, aun-
Nueva España este artista evolucionó de entallador plateresco a “arquitecto ma- que aún faltaba colocarles las esculturas
nierista culto”, y concuerda en que Arciniega “se constituiría en eje sobre el cual que las decorarían, diseño de Tolsá. Ortiz
rotaría el cambio estilístico que se produce en la segunda mitad del siglo xvi”. de Castro murió en 1793, y fue sustituido
Sin embargo, para la Catedral, se decidió no utilizar los alzados de Arciniega, por su hermano Francisco de 1793 a 1802,
La cúpula, obra de Tolsá.
E
temblor en 1973, y daños en las bóvedas provocados por asentamientos
diferenciales acumulados por décadas, la habían deshauciado: se calcula- n 1691, un joven provinciano presentó ante los maestros “Veedores del Arte de
ba que se desplomaría hacia el año 2032. Entre 1974 y 1985 se llevó a cabo Arquitectura” el examen para acreditarse como arquitecto. Los examinadores lo
un colosal programa de recimentación, consolidación estructural, cam- hallaron apto para ejecutar solo “lo tosco” de una construcción, lo que hoy llama-
bios de instalaciones y restauración de las obras de arte. Era tal la comple- mos obra negra. Cuatro años después, Pedro de Arrieta (Real de Minas, Hidalgo, ?-Ciudad
jidad técnica de la intervención que se requería de los mejores expertos y de México, 1738) sería considerado uno de los arquitectos más brillantes de su generación.
la opinión de especialistas extranjeros. Participaron en el proyecto, entre La investigadora Martha Fernández cuenta la historia en un artículo. Debido a sus
muchos otros, los arquitectos Agustín Salgado (Ciudad de México, 1937- méritos, en 1695 Arrieta “fue nombrado maestro mayor del Santo Tribunal de la Inqui-
2012), Jaime Ortiz Lajous y Sergio Saldívar —más tarde, Xavier Cortés sición. Además, en 1695, 1696 y 1700 fue veedor del gremio de arquitectos”, y en 1720 se
Rocha y Julio Valencia—, y los ingenieros Manuel González Flores, En- convirtió en “maestro mayor de la Catedral y del Real Palacio de México”.
rique Santoyo Villa, Fernando López Carmona, Roberto Meli y Roberto La obra de Arrieta abarca retablos, puentes, reparaciones y, desde luego, construc-
Sánchez. Los trabajos, observados en todo el mundo, permitieron recupe- ciones. En una larga lista de obras que presentó para obtener aquel cargo, se le nota
rar los atributos estilísticos y la estabilidad del inmueble. Las acciones de consciente de sus habilidades: “(…) metí cimientos en las paredes de la capilla del Señor
monitoreo y conservación de esta joya son permanentes. San Joseph en San Francisco, sin derribar las paredes”, declara, por ejemplo.
La Catedral Metropolitana es el edificio más sobresaliente y com- Arrieta era “prolífico e imaginativo”, destaca Cortés Rocha.
plejo de América, una obra maestra colectiva que nunca se podrá con- Ya como encargado de la edificación de la Basílica de Guadalupe (1695) mostró su ta-
siderar terminada. lento. Luego, en el Centro Histórico, diseñó el templo de Santa Teresa la Nueva, la Casa
Profesa, la capilla de Ánimas de la Catedral y la iglesia de Corpus Christi.
Así como la obra que, para Cortés Rocha, lo encumbra como “gran maestro”: entre
1732 y 1736 transformó el insípido Tribunal de la Santa Inquisición en el portentoso edifi-
cio que vemos hoy (Palacio de la Escuela de Medicina) en la esquina de Brasil y Venezuela.
En esa obra, Arrieta “hace gala de una gran imaginación y maestría, al solucionar
el acceso en la esquina”. Al darle forma “ochavada” a la portada, permitió que las ce-
remonias públicas del Tribunal desembocaran en la Plaza de Santo Domingo; no solo
engarzó el edificio en la plaza y aumentó su protagonismo, sino que de paso, realzó la
plaza. Otro acierto fue “eliminar las columnas de las esquinas del patio principal, para
no entrar (al inmueble) contra una columna, sino entrar franco”, resalta el experto.
Los arcos con bellos remates en pinjante que Arrieta ideó para sustituir las colum-
nas eliminadas, la cuadratura perfecta del espacio, la escalera monumental y las armo-
niosas arcadas, son otras cualidades de ese patio.
Aunque la fulgurante carrera de Arrieta se dio en pleno florecimiento del barroco,
su estilo fue “moderado”, aclara Cortés Rocha.
Fernández concuerda: Arrieta lideró una vertiente “que produjo monumentos de
gran barroquismo, pero con un sentido más tectónico que decorativo, más apegado al
rescate del claroscuro, pero sobre todo del movimiento”.
No solo eso. Junto a otros colegas fue autor, en 1735, de un proyecto de Ordenanzas
Fotografía: Eloy Valtierra/EIKON.COM.MX
del Gremio de Arquitectos —las anteriores, de 1599, eran un cadáver—; con ellas bus-
caba elevar la calidad del oficio mediante la aplicación de exámenes más rigurosos. Bajo
su liderazgo, el mismo grupo elaboró un plano actualizado de la Ciudad de México, una
herramienta elemental para la construcción.
Aunque el final de su vida fue amargo —murió en la pobreza en 1738, y más tarde
parte de su obra fue calificada de “ridícula” por la Academia de San Carlos—, ahora es, con
justicia, reverenciado. Para Cortés Rocha, no hay duda: Arrieta fue “el campeón de la arqui-
tectura de la primera mitad del siglo xviii”.
Las bóvedas son obra de Juan y Luis Gómez de Trasmonte.
6 Km.cero núm 68 Marzo 2014
S C
i en el barroco tempra- on una producción fulgurante que incluye varias de las casas señoria-
no el juguete nuevo les más hermosas de la capital, el arquitecto Francisco Antonio Gue-
que desató la imagi- rrero y Torres (Villa de Guadalupe, 1727-Ciudad de México, 1792) selló
nación de los arquitectos fue la fastuosamente el periodo barroco.
columna salomónica (con fus- Alumno de Lorenzo Rodríguez, este prolífico arquitecto “se examinó” en
te o cuerpo torcido), más tarde 1767, y en solo 25 años de carrera construyó varios de los edificios que impac-
lo sería la columna estípite, en taron al viajero Charles Latrobe, quien acuñaría la frase Ciudad de los palacios
la que el capitel y el fuste, éste como apelativo para la capital novohispana.
con dos pirámides invertidas, Entre ellos, la casa de los condes de Santiago de Calimaya (hoy Museo de la
asimilan la silueta humana: Ciudad de México, en Pino Suárez y El Salvador); la casa de los condes de San
cabeza, torso, cadera y piernas. Mateo de Valparaíso (Isabel La Católica y Venustiano Carranza); la casa de los
El estípite es el elemento fun- marqueses de Jaral de Berrio (Palacio de Iturbide); la casa de los condes de Heras
dacional de una modalidad del Soto (Chile y Donceles); la gigantesca Casa Borda (Madero y Bolívar), así como las
Manuel Tolsá
el más seductor
Q
uizás el más popular de los grandes arquitectos del periodo novohis-
pano sea Manuel Tolsá Sarrión (Elguera, Valencia, España, 1757-Ciu-
dad de México, 1816).
¿Cómo se forjó esta personalidad tan seductora? Después de estudiar con el
escultor José Puchol, a los 23 años Tolsá se mudó a Madrid e ingresó a la Academia
de San Fernando, donde estudió varias disciplinas artísticas. Fue escultor de la
corte e independiente, en 1789 fue nombrado académico de mérito en escultura,
de su alma mater, y luego, de la Academia de San Carlos.
En 1790, “se le designó académico director de escultura de la Academia de
San Carlos de México, cargo solicitado por él, el año anterior. Para tal fin embarcó
76 cajones con copias en yeso de las principales obras españolas y vaticanas con
destino a la Nueva España”, según la investigadora María Elisa García Barragán
en su libro Manuel Tolsá. Nostalgia de lo “antiguo” y arte ilustrado. México-Valencia.
Llegó a la ciudad a mediados de 1791, y pronto se relacionó con la aristocracia,
el alto clero y la élite política, lo que le aseguró siempre encargos. Como corres-
pondía a un miembro de la Academia, arremetió “contra los excesos barrocos”
y propagó los cánones neoclásicos. Por su popularidad, el neoclásico llegó a ser
denominado “estilo Tolsá”, informa García Barragán.
En el Centro Histórico, la marca de Tolsá está por todos lados y en variadas
expresiones, desde la soberbia escultura ecuestre de Carlos iv, El Caballito en la
plaza Tolsá, hasta la fuente de la plaza de Loreto, o el busto de Hernán Cortés
(réplica) en el Hospital de Jesús en 20 de Noviembre y República de El Salvador.
Es curioso que un artista cuyo fuerte era la escultura, destacara en el ámbito
arquitectónico al grado de opacar a arquitectos de pura cepa como Ortiz de Castro.
fotografía: EIKON.COM.MX
Pero el Real Colegio de Minas (hoy Palacio de Minería, en Tacuba), el palacio
de Buenavista (Museo Nacional de San Carlos, en Puente de Alvarado), la Casa
del Apartado, así como su papel en la Catedral Metropolitana —sin contar los
proyectos no realizados ni los de otras ciudades— probaron no solo su destreza,
sino su conciencia acerca de la tensión del momento histórico que vivía.
Patio del Palacio de Minería.
ésta es la centuria de la
guerra de Independencia, de Su sino fue la inestabilidad política y económica, lo que necesariamente repercu-
tió en un descenso de la actividad arquitectónica.
los mandatos de Santa Anna, “Para mediados del siglo, México contaba con 65 mil 178 empleados en dis-
de la guerra de Reforma tintos ramos de la milicia; (...) 146,174 eran comerciantes, había 896 músicos,
y de las invasiones 106 actores líricos y dramáticos y solo 14 arquitectos y 9 ingenieros civiles”,
informa el investigador Carlos Lira en su libro Para una historia de la Arquitectu-
francesa y norteamericana. ra Mexicana.
javier cavallari
SOBRECALIFICADO
J
avier Cavallari tenía 48 años cuando llegó al puerto de Veracruz en enero
de 1857. Bajo el brazo traía un contrato por cinco años para dirigir el área
de arquitectura de la Academia de San Carlos.
Hasta Milán lo había ido a buscar una comisión. La Academia estaba decidida
a dar con un arquitecto reconocido que —dadas las nuevas necesidades de desa-
rrollar infraestructura— “estuviera al corriente de los adelantos en la ingeniería” y
que enseñara desde “los órdenes clásicos hasta caminos y puentes de hierro”, señala
Francisco Vidargas en el artículo “Dos arquitectos de transición: Cavallari y Boari”.
Cavallari (Palermo 1809-1896), formado en Alemania, estaba sobrecalificado,
Fotografía: EIKON.COM.MX
como se diría hoy. Había sido profesor en las academias de artes de Milán y Pa-
lermo, tenía distinciones académicas y nobiliarias, había publicado textos sobre
historia del arte y la arquitectura y era además un arqueólogo en activo.
Instalado en una habitación de la Academia, empezó sus encargos. Un mes
después, presentó el nuevo plan de estudios. La formación pasó de cuatro a siete Cavallari dio al edificio de la Academia su fachada actual.
años e incorporó materias como física, química inorgánica, mecánica aplicada y
construcción de puentes, canales y obras hidráulicas. Elevó el nivel de las mate-
máticas hasta cálculo diferencial e integral, e instauró la enseñanza de historia fue la remodelación de la propia Academia. La fachada es neo renacentista, con
de la arquitectura. muros almohadillados, y tiene adosados seis medallones con relieves con los per-
files de Carlos iii, J. Mangino, Rafael, Miguel Ángel, Jerónimo Antonio Gil y Ma-
Arquitecto, arqueólogo e historiador, nuel Tolsá. La entrada está flanqueada por dos pares de columnas con capiteles
javier Cavallari fue también un gran maestro. corintios. También proyectó el salón de actos y la galería de pintura.
Su contrato se prorrogó dos años más, pero Cavallari salió del país en 1863
porque al igual que los pintores Pelegrín Clavé y Eugenio Landesio, se negó a
“Los estudiantes recibían una muy completa preparación que les permitía, al firmar una condena en contra de la intervención francesa.
final de la carrera, ejercer por igual la arquitectura, la ingeniería y la agrimensu- Según su biógrafo y alumno Manuel Francisco Álvarez —citado por Vidar-
ra”, señala Vidargas. gas— Cavallari se preocupó “por la superación de los alumnos, ayudando en par-
Cavallari hizo traer de Europa colecciones de yesos, de fotografías de monu- ticular, con gran discreción a aquellos cuya penosa situación económica podía
mentos y libros de los arquitectos más innovadores de Europa, como Durand, detener su carrera”. Fue “digno compañero de los demás profesores (…) cariñoso
Reynaud y Rondelet. con sus discípulos (…) juicioso en sus consejos, y sobre todo enérgico en su con-
Concentrado en sus tareas como director, su única obra relevante en México ducta como director”.
La Academia de San Carlos, que había articulado el quehacer arquitectónico cios que hoy llamamos de “recreación” cubrieron una función importante como
desde fines del siglo xviii, dejó de percibir recursos de la corona en 1811 y en catalizadores del descontento económico y social de la capital”, continúa Lira.
1815, de sus principales benefactores, como la Academia de Minas. Entre 1821 y La promulgación de las Leyes de Reforma marcó el destino de muchos edi-
1824 tuvo que cerrar sus puertas. Fue hasta 1843 que bajo el gobierno de Santa ficios del Centro. La desamortización de los bienes de la iglesia trajo consigo la
Anna recibió nuevamente recursos de manera regular y pudo retomar su papel fragmentación y el cambio de uso de predios de gran extensión que ocuparon
protagónico en la arquitectura y las artes de la nueva nación. conventos como los de la Concepción, Santo Domingo, San Bernardo o Capu-
“Durante la época de Santa Ana se construyeron teatros, cafés, asilos y escasas chinas. Algunas construcciones se convirtieron en colegios, otras en vivienda
fábricas; se reformaron iglesias y conventos que la guerra de Independencia había y unas más fueron destruidas y lotificadas. Muchos arquitectos fungieron más
destruido y se terminaron algunas obras que habían sido interrumpidas por la bien como ingenieros y fortalecieron esa rama del conocimiento.
misma. Si bien muchos de estos edificios fueron solo adaptaciones de espacios Durante la segunda mitad del xix la arquitectura transitó del neoclásico he-
construidos con anterioridad, casi todos se remozaron siguiendo esquemas for- redado del siglo anterior al eclecticismo porfiriano, con una fuerte influencia de
males basados en el neoclásico. Para una época de tanta inestabilidad, los edifi- la arquitectura europea.
LORENZO DE
LA HIDALGA
CON MALA SUERTE
L
orenzo de la Hidalga (Álava, España, 1810-Ciudad de México, 1872) fue
sin duda el arquitecto más reconocido del siglo xix en México. Uno los
pocos que lograron construir obras de gran magnitud, el primero en
debatir públicamente su obra, y un pionero de lo que más adelante se llamaría
funcionalismo. Su capacidad de adaptación le hizo consentido tanto de Santa
Anna como de Maximiliano.
Formado en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, De la
Hidalga estudió luego en París. Entre sus mentores estuvieron Henri Labroaus-
te y Louis Durand, con quienes consolidó su formación clasicista e integró los
nuevos principios de “solidez, salubridad y comodidad” para las edificaciones,
de acuerdo con Elisa García Barragán, estudiosa de la arquitectura del siglo xix.
A México llegó en 1838 para atender asuntos familiares. Pronto conoció a
Ana García Icazbalceta, hermana de Joaquín, un renombrado historiador. Las
buenas relaciones de su familia política le facilitaron entrar al círculo de Santa
Anna y empezar con pie derecho su carrera en México.
La construcción del Mercado de El Volador se inició en 1841, donde hoy se
halla la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Era un inmueble de gran magnitud, de inspiración renacentista, diseñado para
que la actividad comercial se desarrollara con higiene y comodidad. De planta rec-
tangular, tenía dos pasillos centrales que formaban una cruz, así como numerosas
Fotografía: EIKON.COM.MX
puertas. Fue inaugurado por Santa Anna el 13 de junio de 1844.
Cuando algunos críticos calificaron de “pobre” la segunda planta, De la Hidal-
ga escribió: “La grandeza, la magnificencia, la variedad, el efecto y el carácter se
encuentran en un edificio cuando se dispone de la manera más conveniente al uso
a que está destinado”. En 1870, el inmueble fue consumido por un incendio.
esta es la única de las grandes obras de De la Hidalga que se conserva.
Unos meses antes de la apertura
del Mercado, se inauguró el Gran
Teatro Santa Anna, en lo que hoy es Lorenzo de la hidalga fue el arquitecto más
5 de Mayo, cerrando esa vía a la altu- sobresaliente del agitado siglo xix.
ra de Bolívar.
La obra fue financiada por el
empresario Francisco Arbeu, quien nado por seis esculturas, un “amplio vestíbulo y bien proporcionado y suntuoso
quiso construir un recinto especial salón de espectáculos constituyen sus principales méritos”, continúa G. Revilla.
para ópera, a semejanza de la Scala El Teatro cambió de nombre a lo largo de los años, de acuerdo con los vaivenes
de Milán. políticos. En 1901 se inició su demolición con el objetivo de prolongar 5 de Mayo
En opinión del historiador del hasta el Zócalo y construir un nuevo teatro acorde con la estética porfiriana.
arte Manuel G. Revilla, el teatro Entre 1842 y 1844, mientras trabajaba en el mercado y el teatro, De la Hidalga
fue “el único edificio del México también realizó un diseño —que resultó ganador— para una columna de la In-
independiente que por su magni- dependencia que se colocaría en la Plaza Mayor. Solo se construyó el basamento,
tud e importancia, por la rara per- el zócalo que terminó dando nombre a la plaza.
fección con que llegó a ejecutarse, El 3 de abril de 1845, un sismo derrumbó la cúpula —dañada por su propia
pudo competir con los admirables linternilla— de Santa Teresa la Antigua, y dio pie a la única obra de De la Hidalga
templos y palacios debidos a la que se conserva: la reconstrucción de la cúpula, el templo y la capilla. Duró 13
Fotografía: eikon.com.mx
Fotografía: EIKON.COM.MX
Conquista”. años, y se concluyó en 1858. Toda una hazaña de ingeniería, la linternilla fue di-
La fachada, un pórtico con seis señada de tal modo que ante un sismo de importancia, se separe y explote hacia
columnas corintias que abarcaban fuera, sin dañar la cúpula.
dos pisos y remataban en un baran- De la Hidalga, trabajador incansable, murió a los 62 años, sin saber que el
dal de hierro, un tercer nivel coro- Gran Teatro Santa Anna corrió una suerte similar a la del Mercado de El Volador.
Santa Teresa la antigua.
10 Km.cero núm 68 Marzo 2014
“Orden y progreso” fue El periodo se caracterizó por la apertura al capital extranjero, el desarrollo de la
infraestructura industrial y de transportes, así como el crecimiento de una bur-
la máxima bajo la cual el guesía con nuevas exigencias estéticas y urbanas.
general Porfirio Díaz go- La Ciudad de México se extendió de 8.6 km2 en 1858, a 40 km2 a principios
bernó durante 30 años. del siglo xx.
La creación arquitectónica fue modelada por la situación económica boyante
y la estabilidad política; “la influencia de los nuevos estilos europeos, la xenofi-
lia, el europeísmo —principalmente el afrancesamiento— que fueron interpre-
E
l sueño urbanístico de Porfirio Díaz fue hacer de Boari aún no terminaba Correos, cuando Díaz le enco-
la Ciudad de México el París de América. Median- mendó la restauración del Teatro Santa Anna, de Lorenzo
te concursos internacionales o por otorgamiento de la Hidalga. Poco después se decidió demolerlo para pro-
directo de contratos, el general se las arregló para traer a longar la calle 5 de Mayo, entonces el encargo fue proyectar
arquitectos extranjeros, especialmente europeos, para que un gran teatro nacional. Boari se entusiasmó tanto que pasó
diseñaran y realizaran los grandes proyectos. cuatro meses visitando los mejores teatros en Europa y Es-
tados como símbolos de status, de distinción y de modernidad”, y la introducción Como talentos locales, destacó Antonio Rivas Mercado (Tepic, 1853-Ciudad
de revolucionarias técnicas constructivas, según Carlos Lira en su libro Arquitec- de México, 1927), quien se formó en París, dirigió la Academia de San Carlos
tura mexicana. por 10 años y construyó la columna de la Independencia. Así como el ingeniero
En cuanto a estilos, el sello distintivo fue el eclecticismo, entendido como “la li- Miguel Ángel de Quevedo (Guadalajara Jalisco 1862- Ciudad de México 1946),
bre combinatoria de los lenguajes que caracterizaron a los diversos estilos artísticos, autor del edificio del Banco de Londres y México, la iglesia del Buen Tono, los
confiando de una manera creciente en la capacidad profesional de los arquitectos inmuebles de la cigarrera El Buen Tono en la Plaza de San Juan y el conjunto La
extranjeros”. La reproducción de modelos académicos europeos fue la consigna. Mascota, primer multifamiliar de la Ciudad.
La cara del Centro cambió con obras tan emblemáticas como los palacios de En esta etapa también se construyeron las primeras tiendas departamentales,
Bellas Artes y el de Correos, ambos con proyectos iniciales del italiano Adamo como Liverpool, el Palacio de Hierro y el Centro Mercantil (actualmente el Gran
Boari, y la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, hoy Munal, diseñado Hotel de la Ciudad de México), con sus columnas de hierro forjado, techos altos y
por su paisano Silvio Contri. amplios vestíbulos para satisfacer las nuevas formas de consumo.
concluirla. “Todavía en 1928 (vino) a México, pero otra vez se topó con las caren-
cias del país, regresó a Europa y meses después murió”, escribe Mussacchio.
En los años treinta, la cúpula se aprovechó para construir algo muy diferente
de lo que Bénard soñó: el Monumento a la Revolución, que nunca fue inaugurado.
Otros edificios de arquitectos extranjeros son Casa Boker (1900) y La Mutua
(1905), de los neoyorquinos De Lemos y Cordes, el Casino español (1905), del ca-
talán Emilio González del Campo, y la magnífica decoración del entonces Centro
Mercantil, hoy Gran Hotel de la Ciudad de México, a cargo del francés Paul Dubois.
El edificio que ocupa hoy el Munal, obra de Silvio Contri.
El fenómeno de los arquitectos extranjeros se dio en todo el país.
rentino y cantera de Tlaxcala.
colonial se destruye, y se transforma Nacional, se construye un edificio • Con motivo de los Juegos Olímpicos • A partir del año 2000, se desarro-
su dinámica, debido a la lotificación, para el Ayuntamiento y se arreglan en México (1968) el arquitecto Luis llan obras y políticas públicas que
demolición o adecuación para otros las fachadas de los inmuebles que Ortiz Macedo, director del INAH, buscan restituir al Centro sus fun-
fines de inmuebles que habían sido circundan el Zócalo; todo se armo- emprende la rehabilitación de las ciones urbanas integrales. Esa vi-
conventos o templos. niza en estilo neocolonial. El Zócalo plazas de la Ciudad. Entre ellas, las sión remonta la anterior, de ciudad-
se despeja de árboles, para que sea de Santo Domingo, Regina Coeli, museo; sus ejes son la renovación
• Maximiliano de Habsburgo ordena posible apreciar el entorno. Santa Catarina, Santa Veracruz y de la infraestructura y el mejora-
la construcción del Paseo de la Em- Loreto, así como del cementerio de miento del espacio público. La re-
peratriz, hoy de la Reforma (1864- • Para 1936 se abre la avenida 20 de San Fernando. habilitación de plazas y jardines, la
1865) uniendo el Castillo de Chapul- Noviembre, a costa de edificios co- peatonalización de calles y el reor-
tepec con el actual Palacio Nacional. loniales como el convento de San • Los daños causados por los sis- denamiento de la movilidad son al-
Bernardo, que se mueve piedra por mos de 1985 se aprovechan para gunas de las acciones destacables.
• En los años veinte del siglo pasado, piedra hacia la esquina de República devolver a la ciudad histórica su También, la reinserción del Centro
a los urbanistas les preocupa sobre de El Salvador. altura dieciochesca. Se emparejan en el tejido metropolitano, median-
todo la vialidad y el transporte de paños, se restauran fachadas con te la rehabilitación del eje Plaza de
una ciudad que crecía. En el Cen- • En los años sesenta se consolida la materiales originales y se intervie- la República-Alameda-Juárez-Ma-
tro aparecen las primeras calles de expansión de la urbe. En el Centro nen edificios para adaptarlos, con dero-Zócalo. Bajo esa misma visión
un solo sentido, los semáforos y el se inicia un proceso de despobla- respeto a su historia y su entorno integral, se intervendrá en el curso
tranvía. Se agrega un piso al Palacio miento y deterioro. arquitectónico. de 16 años el barrio de La Merced.
12 Km.cero núm 68 Marzo 2014
con la revolución de 1910 surgió Su primera expresión fue el estilo neocolonial, que venía
desde el Porfiriato y cobró fuerza durante el gobierno de
un movimiento cultural encami- Carranza (1917-1920). Una obra muy representativa de esta
nado a encontrar la identidad corriente es la ampliación del Antiguo Colegio de San Ilde-
nacional. Fue “el verdadero inicio fonso, que llevó a cabo Samuel Chávez, en 1907.
El Estado que resultó de la Revolución Mexicana fue un
de la moderna arquitectura mexi- constructor afanoso —instituciones estatales, escuelas, vivien-
cana”, según Enrique X. de Anda. da, etc.—, y los inversionistas privados acompañaron el esfuer-
zo. El ambiente vibraba de entusiasmo, empuje y esperanza.
F B
ederico Mariscal (Querétaro, 1881- Ciudad de México, 1971) empezó isnieto de Benito Juárez por
su vida profesional antes de la Revolución. Se dice que fue uno de los vía materna, Carlos Obregón
alumnos favoritos de Adamo Boari. Tenía 22 años y acababa de egresar Santacilia (Ciudad de Méxi-
de San Carlos, cuando recibió su primer encargo: el diseño de la entrada del Bos- co, 1896-1961) es uno de los titanes de
que de Chapultepec, en 1903. la arquitectura mexicana moderna, y
Su tercer proyecto, obtenido mediante concurso, fue la inspección de policía autor de uno de los edificios que com-
de la Ciudad de México (1908), en la calle de Victoria. Es un edificio de estilo ponen la silueta de la Ciudad: el Monu-
neogótico con ojivales y finos elementos de piedra. mento a la Revolución.
Fue miembro del impetuoso y fructífero Ateneo de la Juventud, fundado en En 1922, siendo aún estudiante en
1909. Con su hermano Nicolás, trasladó “al terreno de la arquitectura los ideales San Carlos, causó cierto revuelo con
culturales expresados por filósofos, historiadores y literatos”, desarrollando la su diseño de un pabellón mexicano
propuesta neocolonial “como imagen de identidad cultural”, escribe Enrique X. neocolonial para la Exposición Uni-
Fotografía: EIKON.COM.MX
de Anda en su libro Arquitectura de la Revolución Mexicana. versal de Río de Janeiro (desaparecido).
Entre 1916 y 1917 Mariscal construyó el edificio Sostres y Dosal en las calles En el Centro Histórico, el inquieto
de Correo Mayor y Venustiano Carranza. Con locales comerciales y viviendas, arquitecto —egresado en 1924—, apli-
fue uno de los primeros inmuebles con todas las características del estilo neoco- có sus ideas renovadoras primero en
lonial. Su ornamentación barroca en los elementos decorativos, contrasta con el edificio del Banco de México (5 de
los recursos constructivos modernos. Es una de las obras que marcaron la pauta Mayo y Eje Central Lázaro Cárdenas). el monumento a la revolución.
una vez que el presidente Carranza decretó, en 1919, exenciones de impuestos Construido en 1905 y conocido como
la Mutua, remodeló parte del exterior y su interior entre 1926 y 1928, con elementos
del art déco: reemplazó las cariátides por estatuas en la fachada; en el interior aplicó
“Un pueblo sin arquitectura es como un
mármoles italianos rojos y amarillos, que contrastaron con el mármol negro origi-
hombre sin voz”, decía Mariscal. nal; decoró con figuras femeninas y masculinas de trazo muy geométrico y espigas
de trigo y dotó el vestíbulo de un plafón ambarino, soportado por seis columnas de
para quienes construyeran en ese estilo. Le siguieron el Teatro Esperanza Iris mármol negro, que “modernizaron” el porfirista Banco de México, describe Norma
(1918), hoy Teatro de la Ciudad, y los talleres Tostado (1923). Susana Ortega, especialista de la Universidad Autónoma Metropolitana.
En 1929 Mariscal organizó las Comisiones de inventario, para registrar y ca-
talogar inmuebles coloniales del país, lo que supuso un parteaguas en las tareas
Obregón Santacilia fue de un “neocolonial aus-
de conservación del patrimonio. Historiador, crítico y catedrático por más de 50
años, Mariscal difundió sus ideas
tero a un modernismo derivado del art déco”
sobre arquitectura en periódicos y
revistas. Fue fundador y colaborador Para 1932, la obra del inconcluso Palacio Legislativo estaba siendo saqueada: se
de la sección de arquitectura del pe- sustraían pedazos de la estructura metálica para venderlos por tonelada. Obregón
riódico Excélsior entre 1922 y 1931, Santacilia se acercó al ingeniero Alberto J. Pani, secretario de Hacienda de Abelardo
informan Fernanda Canales y Ale- Rodríguez, y le propuso rescatarlo. “El argumento (…) fue contundente: su enorme
jandro Hernández Gálvez, autores de cúpula era parte del perfil de la Ciudad de México, por lo que elaborando un nuevo
100x100 Arquitectos del siglo XX. diseño podría ser el monumento conmemorativo de la Revolución”, explica Ortega.
En 1932 se le encargó concluir el En ese inmueble Obregón Santacilia logró armonizar los extremos. “De geo-
vestíbulo del Palacio de Bellas Artes. metría elemental, las líneas sencillas de su decoración son el contrapunto de lo
Su finísima intervención es conside- masivo de su estructura. (…) el conjunto es una composición de gran fuerza, por
rada uno de los ejemplos más acaba- su escala y por los materiales empleados: fierro, piedra y lámina de cobre”, señala
dos del art déco nacional. la especialista.
Los mascarones estilizados del dios Nunca dejó de experimentar. “Su sello va de un estilo neocolonial austero a un
maya Chaac, remate de pilares-lám- modernismo derivado del art déco”, describen por su parte Canales y Hernández.
Fotografía: EIKON.COM.MX
paras que corren del primero al tercer La última gran obra de Obregón Santacilia en el Centro fue el edificio Guar-
nivel, son solo uno de los detalles. El diola (1941), un anexo del Banco de México. Tiene rasgos déco, pero se acerca al
Palacio se inauguró en 1934. funcionalismo, que fue la nueva tendencia en los años cuarenta.
“Un pueblo sin arquitectura”, de- Amigo de escritores e intelectuales, cuando murió, el poeta chileno Pablo Neru-
cía Mariscal en sus cátedras, “es como da le dedicó un poema que lo perfila en un par de líneas: “…tenía la bondad del buen
Vestíbulo, Palacio de Bellas Artes.
un hombre sin voz”. pan en la mesa/ y un aire melancólico de caballero herido…”.
Marzo 2014 núm 68 Km.cero 13
A partir de la Exposición de Artes Decorativas de París de 1925, una propuesta mercado, en Venezuela 72, fue decorado con una vasta obra mural de 11 artistas.
estética fresca se expandió por el mundo: el art déco. Los arquitectos mexicanos la Casi simultáneamente al auge del art déco, en la Escuela de Arquitectura el pro-
vieron muy en sintonía con su búsqueda de lenguajes contemporáneos. Durante fesor de teoría arquitectónica José Villagrán enseñaba un modo novedoso de con-
una década, experimentaron con la geometría del art déco, y le agregaron elemen- cebir los espacios, el funcionalismo, que puso la función por encima del adorno.
tos decorativos como esculturas, máscaras o relieves con motivos mexicanizantes. En el Centro, un excelente ejemplo es el edificio donde se fundó la Escuela Técnica
Con este impulso estético y las nuevas técnicas constructivas basadas en el uso Industrial (1934), después Vocacional 2, en el cruce de Tresguerras y Tolsá. Es obra
del concreto, en el Centro Histórico se levantaron los primeros “rascacielos” del de Juan O’Gorman, un alumno aplicado de Villagrán.
país, con el edificio de La Nacional (1932) como pionero. Un funcionalismo con estética déco dejó también algunos ejemplares, como el
En los años treinta se construyeron, asimismo, edificios que pueden considerar- edificio de la Suprema Corte de Justicia (1936), de Antonio Muñoz.
se una declaración de principios pos revolucionaria. Por ejemplo, el conjunto Abe- En este periodo los arquitectos amalgamaron el pasado prehispánico y el colo-
lardo L. Rodríguez (1934): además de un mercado con 355 locales, tenía una guarde- nial con las tendencias internacionales en boga. Fue la última vez que el quehacer
ría, dispensarios médicos, escuela, biblioteca y un centro cívico con un teatro. El arquitectónico respondió a un proyecto político y cultural nacional.
Vicente Mendiola y
Manuel Ortiz Monasterio
Culminación del art déco
L
a prensa nacional hizo mucho ruido cuando se alzó el “primer rascacie-
los” de la Ciudad de México. Por primera vez la tecnología de la cons-
trucción mexicana lograba “desplazar una masa de hierro y concreto de
cincuenta y cinco metros de altura en una superficie de 735 metros cuadrados,
y en un subsuelo tan frágil como el constituido por el lecho del lago de México”,
apunta Enrique X. de Anda en Arquitectura de la Revolución Mexicana.
Obra de Manuel Ortiz Monasterio (Ciudad de México, 1887-1967), el edificio
La Nacional (1932) es un inmueble hermosamente resuelto, y un hito del art déco
que transformó el paisaje del Centro Histórico.
Como casi todos los arquitectos mexicanos del siglo pasado, Ortiz Monaste-
rio transitó por diferentes corrientes estilísticas. Los edificios, como una vez dijo,
“antes de tener la pretensión de ser expresivos, deben ser cómodos y bien equipa-
dos, en una palabra: funcionales”.
de evocación olmeca.
Tanto Mendiola como Ortiz
Monasterio transformaron la si-
lueta del Centro y dejaron en ella
la marca de su tiempo.
edificio La Nacional, el primer rascacielo.
antigua estación de bomberos, hoy MAP, sobresaliente ejemplo del déco.
14 Km.cero núm 68 Marzo 2014
en la segunda mitad del siglo xx, A medidos del siglo, casi todo el espacio del Centro es-
taba ocupado, y concentraba los principales referentes
“hay menos construcción, y más de la vida urbana; pero se inició un despoblamiento que
intervención y restauración en arrastró a las instituciones fuera del primer cuadro, lo que
el patrimonio arquitectónico causó su deterioro.
La suerte del Centro empezó a cambiar el 21 de febrero
del centro histórico”, apunta el de 1978, cuando trabajadores de la Compañía de Luz y Fuer-
doctor xavier cortés rocha. za descubrieron en el subsuelo un espectacular monolito: la Coyolxauhqui, la diosa
lunar de los aztecas. El hallazgo detonó un proyecto arqueológico y cultural de gran
D
espués del recuento de los daños, tocaba reconstruir. El terremoto del
19 de septiembre de 1985 había herido de gravedad el corazón de la
Ciudad de México. José Luis Benlliure, proyectista principal de la Di-
Benlliure optó una vez más por la sobriedad y la discreción. Con cantera gris
y una geometría sencilla y rectilínea, levantó un edificio que muestra su estética
contemporánea, sin tocar el balance de la increíble fachada del Museo sobre Puen-
te de Alvarado. Para el doctor Cortés Rocha, “esta intervención es quizá una de las
más atrevidas, pero más afortunadas en el Centro Histórico”.
Benlliure murió tres años después de haber concluido esa obra. biblioteca de el colegio nacional, intervenido por gonzález de León en 1993.
Marzo 2014 núm 68 Km.cero 15
calado —la excavación de Templo Mayor— y atrajo la atención gubernamental y “En todas estas intervenciones no hay un mismo ‘estilo’, ni siquiera una manera
social hacia el patrimonio del Centro. En 1980, se promulgó el decreto que creó una similar de proponer soluciones. El común denominador es la actitud. Esto es, una
zona de monumentos llamada “Centro Histórico de la Ciudad de México”. lectura cuidadosa del contexto, los edificios contiguos y los edificios referenciales
El sismo de 1985 fue un parteaguas. De los cerca de tres mil edificios colap- de la calle o de la zona, para a partir de ella, entablar el diálogo”, escribe Rodolfo
sados o dañados, 90 por ciento estaban en el área. Ante el desastre, se elaboró un Santa María en Arquitectura del siglo XX en el Centro Histórico de la Ciudad de México.
plan para rescatar edificaciones valiosas, levantar nuevas que armonizaran con En las 668 manzanas que comprende el Centro Histórico hay cerca de mil 800
el entorno, y devolverle al Centro su escala histórica. edificios con valor patrimonial. La mayoría han sido intervenidos, o están en obra.
En 1987, la unesco incluyó al Centro la Lista del Patrimonio de la Humanidad. En 2000 se desató, además, un proceso de rehabilitación urbana que incluye
Ejemplos magníficos de esas intervenciones son la ampliación de El Colegio la renovación de la infraestructura y del transporte, la creación de un Plan de
Nacional (1993-1994), la obra que convirtió una ruinosa casona dieciochesca en Manejo y la promoción del valor cultural del sitio. Aunque pocas, también hay
la calle de República de Guatemala en el Centro Cultural de España en México construcciones recientes, y se espera que la recuperación de la vivienda propicie
(terminada en 2002), y el espectacular rescate del Convento y Hospital de los más intervenciones. En todo este proceso, caracterizado por la acometida multi-
Bethlemitas, hoy Museo Interactivo de Economía (1993-2005). disciplinaria, también abundan nombres de arquitectos notables.
A “H
rquitecto prolífico, autor de más de 20 proyectos en todo el mundo, ay que hacerlo con valentía…”, dijo Teodoro González de León
Ricardo Legorreta (Ciudad de México, 1931-2011) es una rara avis en el (Ciudad de México, 1926) al referirse a la intervención de in-
Centro Histórico: una de sus obras mayores, el Conjunto Juárez (2003- muebles históricos. Lo dijo en su discurso de ingreso a El Cole-
2005) representó “la última gran construcción e intervención en el Centro His- gio Nacional, en 1989.
tórico”, de acuerdo con Cortés Rocha. Es que en ese año, el arquitecto concluyó la rehabilitación de un inmueble
dañado por los sismos de 1985, situado en la esquina de Palma y Venustiano Ca-
En la Plaza Juárez Legorreta armonizó rranza, y propiedad de Banamex.
151 mil m2 de arquitectura contemporánea El edificio es contiguo a la casa de los condes de San Mateo Valparaíso, una
joya del barroco mexicano construida en el siglo xviii por Francisco Guerrero y
con una joya barroca del siglo XVIII.
Torres, así que reponerlo era una operación delicada.
La obra causó polémica, pero para Miquel Adrià, autor de Teodoro González
Ubicada frente a la Alameda Central, la Plaza Juárez —como también se le co- de León. Obra reunida, el resultado es “un ejercicio de integración y diálogo entre
noce— se proyectó en 2003 para detonar la regeneración del barrio de San Juan, dos arquitecturas: la fachada completa la cuadra con el mismo paño y altura del
deteriorado desde el sismo de 1985. Así lo explica el catálogo de la exposición edificio colonial, como en la antigua tradición urbana, y remata la esquina con
Legorreta, poeta mexicano de muros y color, que se presentó en el Antiguo Colegio un cuerpo alto en forma similar. La forma en ‘H’ de las ventanas, típica de la ar-
de San Ildefonso en el otoño de 2005: “El conjunto contempló la restauración quitectura civil del siglo xviii de la Ciudad de México, se interpreta con el mismo
del templo de Corpus Christi y la edificación de dos edificios gubernamentales: ritmo, en forma contemporánea…”.
una torre para la Secretaría de Relaciones Exteriores y otra para los tribunales En los acabados, se añadió al concreto grano de mármol y arena de tezontle
Familiares del Distrito Federal (...) Las dos torres son volúmenes prismáticos con rojo, para armonizar con el monumento en color y textura. Esa textura granulosa
perforaciones que jerarquizan algunos espacios interiores”. es parte del vocabulario de este arquitecto graduado en 1947 de la Escuela Nacio-
Pero Legorreta no se quedó allí. Proyectó para el conjunto una plaza con un nal de Arquitectura de la unam, como se aprecia también en el Auditorio Nacional,
espejo de agua —elemento constante en su obra— cuyo lecho a base de pirámides que remodeló en 1988-1991 con Abraham Zabludovsky.
triangulares es una escultura del artista plástico Vicente Rojo. También incorporó En 1993 González de León se volvió a armar de valor. Esta vez para rehabili-
un esculto-mural de David Alfaro Siqueiros. Así armonizó 151 mil 500 metros cua- tar el antiguo convento de la Enseñanza —siglo xviii, de Ignacio Castera— en la
drados de arquitectura contemporánea con una joya barroca del siglo xviii. calle de Luis González Obregón 23. El Colegio Nacional se había alojado en una
Egresado el 1952 de la Escuela Nacional de Arquitectura de la unam, que tenía sección en 1943, y en 1988 lo había ocupado totalmente.
sede en la Academia de San Carlos, Legorreta conocía de cerca el Centro Histórico.
Exactamente 20 años después hizo una de sus primeras y afortunadas restau- Intervenir edificios históricos es “una tarea
raciones en un edificio colonial: Banamex le encargó la recuperación y adaptación similar a la de un escritor que traduce
del Palacio de Iturbide (1780), que había albergado oficinas del banco, para conver- un poema de otra época”.
tirlo en recinto cultural. Legorreta optó por acercarse “lo más posible a su forma
original” y mantener la atmósfera de tranquilidad y esplendor novohispano de González de León lo encontró sombrío y “muy alterado”. Había que “adaptar
este edificio, ubicado en Madero 17. el viejo edificio a la vida de El Colegio. No somos del siglo xviii (…) Requerimos
Bajo un encargo parecido, en 1993 terminó la adaptación del Antiguo Colegio para realizar nuestras actividades un entorno más luminoso y transparente (…).
de San Ildefonso como museo. El criterio “fue liberar al edificio de todos los agre- Fue necesario, en las dos crujías centrales que separaran los tres patios, instalar
gados y modificaciones anteriores habilitándolo con galería y espacios para exhi- tragaluces y abrir huecos para inundar de luz a la planta baja”, escribe en su en-
bición. Los elementos nuevos se trataron con discreción, sin pretender imponer sayo “El edificio de El Colegio Nacional”.
nuevas formas, supeditándose La doble altura de lo que fuera la cocina conventual se aprovechó para reali-
al edificio existente”, se lee en el zar una de las bibliotecas más acogedoras del Centro. La corrección del trabajo
Fotografía: Eloy Valtierra/EIKON.COM.MX
catálogo citado. de las estructuras se hizo “con formas y materiales contemporáneos, y en diálogo
Legorreta plasmó su credo con las canteras y maderas originales”.
como arquitecto en unas líneas: Entre 2001 y 2006, González de León adaptó el antiguo edificio de Bomberos
“Hay que descubrir los espa- (1928), en Revillagigedo 11, para instalar allí el Museo de Arte Popular. La interven-
cios/ poco a poco, verlos cada ción dejó espacios amplios y luminosos para exposiciones, y un gran patio cubierto.
vez de/ manera diferente, y así Esas tres actuaciones en el Centro ilustran la creencia de González de León de
recibir de/ ellos lo que el alma que intervenir edificios históricos es dialogar con el pasado: “una tarea compleja
necesita”. y excitante, similar a la de un escritor que traduce un poema de otra época”.
escultura de vicente rojo. plaza juárez.
16 Km.cero núm 68 Marzo 2014
de oficio a profesión
Hoy la llamamos arquitectura, el “arte de proyectar
y construir edificios”. En sus orígenes compartió el
rango de los artesanos, y antes de convertirse en una
profesión, fue casi un título nobiliario.
A
lonso García Bravo, un soldado de Cortés que era “geómetra y alarife”, te tipo, levantar distintos géneros de capillas, bóvedas, escaleras, tejados, realizar
trazó la que sería la nueva ciudad, en 1523. Ese acto inauguró la prác- mezclas; proporcionar y dar buenas medidas a las portadas, disponer en un lugar
tica arquitectónica occidental en el continente. salubre un edificio”.
La demolición de la urbe prehispánica concluiría hasta 1538. Mientras, se Debían, explica Cortés Rocha, “solucionar una casa común y corriente, una
levantaban las primeras edificaciones: las “atarazanas” —fortalezas—, las casas casa noble, un palacio real, una cuestión militar, un puente, instalaciones de ma-
de cabildo, una carnicería, una cárcel, tiendas para mercaderes y una plaza para nejo de agua… ¡no existía la ingeniería, (todo) lo hacían los arquitectos!”.
la horca y la picota. Se distinguían dos niveles de conocimiento, aclara Terán: “lo primo” (o “blan-
Los españoles tuvieron que aprender a usar los materiales locales y, lo que se- co”), es decir, el aspirante era apto para realizar “tasaciones, obras en lo tocante
ría un eterno dolor de cabeza, asentar edificios en un suelo inestable. Las órdenes a arquitectura, mampostería y cantería, hacer arcos, manejar los cinco órdenes
religiosas, en tanto, construían conventos y templos. (toscano, dórico, jónico, corintio y compuesto)”, lo que implicaba el estudio de
La mano de obra calificada durante ese periodo no era abundante. Entre 1525 los tratados, la legislación, etc.; y “lo tosco” (“bastardo” o “prieto)”, para “ejercer
y 1540, “sólo unos cuantos canteros y albañiles españoles estuvieron aquí, los ar- obras con ladrillo, adobe y tapia”, lo que no requería leer ni escribir.
tistas connotados aún no llegaban”, informa María del Carmen Romano en “Arte Si en los inicios del siglo xvii la construcción estuvo en manos de los albañi-
tequitqui en el siglo xvi novohispano”. Los frailes se auxiliaron de los indios can- les, y para la segunda mitad compartían esas labores con los arquitectos, en el
teros más experimentados para erigir las primeras construcciones. xviii “el arquitecto realizaba el diseño, trazo y dirección de las obras mientras que
el albañil y el cantero sólo se dedicaron a la ejecución”.
De aprendices a maestros Fue una etapa de gran ebullición, los maestros de arquitectura —españoles y
De hecho, a mediados del siglo xvi, señala el doctor Xavier Cortés Rocha en entre- criollos— se habían multiplicado, competían por los encargos del alto clero —ser
vista, el virrey Luis de Velasco (1550-1564) se quejó ante la Corona de la falta de Maestro Mayor de la Catedral era estar en la cima—, del poder civil, y de los mine-
arquitectos “competentes” en la Nueva España. ros y comerciantes poderosos.
Con la llegada de Claudio de Arciniega, en 1555, se inició una vertiente ar-
quitectónica culta, urbana y basada en el estudio de los tratadistas clásicos, que
durante casi toda la colonia, el gremio fue la
daría pie a la evolución estilística manierismo-barroco-neoclásico.
institución formativa de los constructores.
Paralelamente, los gremios de artesanos y sus ordenanzas estaban en forma-
ción. En 1568 se redactaron “las de herreros, albañiles, plateros y (…) carpinte-
ros”, informa José María Lorenzo. Las ordenanzas regulaban el funcionamiento El zarpazo de la Academia
“de cada gremio, tanto interno como externo”, entre otras cosas. Con la apertura de la Academia de San Carlos en 1781, la enseñanza y la práctica
El gremio fue la institución formativa de los constructores hasta 1781. El apren- de la arquitectura cambiaron de un zarpazo.
dizaje se daba “de manera empírica”, y era teórico y práctico, entre el taller y la obra, “Entonces sí, al arquitecto ya se le llama arquitecto”, apunta Cortés Rocha,
informa el investigador José Antonio Terán. “y se tenía que formar de acuerdo con un currículum académico”.
Usualmente, el aprendiz, un niño de entre 14 y 18 años, “de La Academia tuvo una doble función: formar a los ar-
preferencia” español, criollo o mestizo, se instalaba en casa quitectos, escultores y pintores en los cánones neoclá-
de un maestro, quien firmaba un contrato con el padre sicos, y regular la actividad profesional para que se
del niño. El maestro se comprometía a enseñar un ofi- sujetara a esos cánones. Todo proyecto requería su
cio al aprendiz, y éste, a cumplir sus indicaciones y aprobación, tenía garras y dientes, como se diría
encargos. hoy.
Siguiendo a Terán, cuando el maestro consi- De la noche a la mañana, carreras brillantes
deraba que el muchacho estaba suficientemen- de arquitectos barrocos como Francisco Guerre-
te calificado, se le daba una “carta de ro y Torres, se vinieron abajo. Otros se adaptaron
aprendizaje y se le registraba en el Li- y, con el tiempo, obtuvieron diplomas “de méri-
bro de Oficiales”. to” para poder trabajar.
Transcurridos, en promedio, otros La Academia expedía un diploma de aca-
seis años de trabajo, el oficial podía démico, lo que elevaba al graduado a un nivel
aspirar a presentar un examen para social de casi noble. “Tenían privilegios de hi-
acreditarse como maestro de arquitec- dalguía, estaban exentos de ciertos impuestos
tura. Los exámenes los practicaban el y demás”, explica Cortés Rocha. Los arquitectos
Cabildo y representantes del gremio. no solo se habían separado de de los artesanos,
Eran “de palabra y obra”, podían durar estaban más allá.
varios días, y la parte práctica se lleva- Pero en el curso del siglo xix la inestabilidad
ba a cabo en obra, con la presencia de política se reflejaría en la Academia. La carrera
un padrino. de arquitectura se fusionó con la de ingeniería
Las Ordenanzas de la Ciudad de Mé- en 1857, lo que se mantuvo, confusamente, has-
xico disponían que un maestro de arqui- ta el Porfiriato, cuando se separaron. En 1910,
tectura “supiera formar casas, danzas de al fundarse la Universidad Nacional de México,
arcos y diversos tipos de arcos, estribos, se le incorporó la Academia. En 1929, ésta fue
gruesos y fondos de paredes; hacer re- dividida en Escuela Nacional de Arquitectura y
vocados y soleras; atar portales, forrar Escuela Central de Artes Plásticas.
de azulejo, efectuar pilares de diferen-
El estilo neocolonial resurgió después de la Revolución Mexicana debido a un movimiento cultural que buscaba una identidad nacional. Fue incentivado por exenciones fiscales decretadas por Carranza, promoviendo su uso en instituciones públicas y privadas. Este estilo simbolizaba el esfuerzo por consolidar una arquitectura mexicana distintiva, integrando elementos coloniales con modernidad .
La urbanización impulsada por Porfirio Díaz tuvo implicaciones socioeconómicas significativas para el México del siglo XIX. Buscando transformarlo en el 'París de América', Díaz trajo arquitectos extranjeros para diseñar grandes proyectos públicos, lo que modernizó la infraestructura urbana, pero también reflejó una dependencia en talento extranjero y un enfoque en embellecimiento urbano en lugar de satisfacción de necesidades básicas .
La cosmogonía mexica influyó significativamente en el diseño arquitectónico de Tenochtitlán, reflejándose en la orientación, forma y decoración de templos y adoratorios, que tenían explicaciones religiosas. Los templos gemelos con doble escalinata, como el Templo Mayor, que alojó los templos dedicados a los dioses Huitzilopochtli y Tláloc, son ejemplos de estructuras que simbolizaban la dualidad y la importancia religiosa en la cultura mexica .
Las políticas gubernamentales desempeñaron un papel crucial en la preservación del patrimonio arquitectónico mexicano. Mariscal, por ejemplo, organizó las Comisiones de Inventario en 1929, lo que representó un punto de inflexión en la conservación del patrimonio nacional, asegurando que los inmuebles coloniales fueran catalogados y preservados adecuadamente .
Adamo Boari enfrentó desafíos como la integración de estilos arquitectónicos variados y las dificultades del suelo al diseñar el Palacio de Bellas Artes. Superó estos desafíos usando técnicas modernas de cimentación ligera y creando una mezcla ecléctica de proporciones clásicas rejuvenecidas con elementos de art nouveau, reflejando tanto influencias europeas como mexicanas en la decoración .
Carlos Obregón Santacilia abordó la modernización arquitectónica en México posrevolucionario mezclando funcionalismo y estética art déco. Su enfoque se aprecia en obras como el Banco de México, donde introdujo elementos geométricos y decorativos innovadores que modernizaron estructuras existentes, convirtiéndolo en un ícono de la arquitectura moderna mexicana .
El movimiento cultural post-revolucionario influyó en la arquitectura de la Ciudad de México mediante un impulso hacia la identidad nacional, resultando en la adopción del estilo neocolonial y el funcionalismo art déco. Estas tendencias se vieron reflejadas en la construcción de edificios que incorporaban motivos mexicanos, revolucionando la estética arquitectónica en sintonía con la búsqueda de un lenguaje contemporáneo propio .
La prohibición del barroco en el siglo XVIII tuvo un grave impacto en la carrera de arquitectos como Guerrero y Torres, ya que el estilo fue desacreditado y los proyectos arquitectónicos importantes tuvieron que pasar por el examen de la Academia. Esto dificultó considerablemente su carrera, y él pasó sus últimos años en dificultad después de que su estilo fuera proscrito .
Pedro de Arrieta introdujo varias innovaciones arquitectónicas como la técnica de meter cimientos sin derribar paredes, lo que demostró su habilidad en proyectos complejos. Diseñó importantes obras como la Basílica de Guadalupe y la iglesia de Corpus Christi, consolidando así su reputación de maestro en arquitectura mexicana del siglo XVIII .
Manuel Tolsá manejó la transición entre barroco y neoclásico utilizando sus habilidades escultóricas para compensar la falta de ornamentos con juegos volumétricos. Por ejemplo, el Palacio de Buenavista combina una fachada barroca con un patio oval y una escalera de diseño geométrico puro neoclásico, resultando en un estilo visual estéticamente cohesivo que muestra la tensión y fusión de ambos estilos .