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Drama y emociones en un hogar caótico

El documento presenta la historia de una pareja de alfas, Yoonie y Sayumi, que viven juntos. Un día, Yoonie llama a Sayumi alarmado porque los niños a los que enseña tuvieron un accidente en una excursión. Más tarde, la historia se centra en JiMin, un omega que pasó su celo solo en un refugio. Ahora ha regresado a la casa donde vive con otros omegas y una niña pequeña. JiMin se siente culpable por odiar a la niña debido a su padre.

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Drama y emociones en un hogar caótico

El documento presenta la historia de una pareja de alfas, Yoonie y Sayumi, que viven juntos. Un día, Yoonie llama a Sayumi alarmado porque los niños a los que enseña tuvieron un accidente en una excursión. Más tarde, la historia se centra en JiMin, un omega que pasó su celo solo en un refugio. Ahora ha regresado a la casa donde vive con otros omegas y una niña pequeña. JiMin se siente culpable por odiar a la niña debido a su padre.

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—¿Yoonie?

Despierta, cariño —lo sacudió suavemente intentando que


despertara.

—¿Ah, Sayumi? Aún es temprano, vuelve a la cama —refunfuñó


tapándose hasta la cabeza.

—Alfa, son las siete y cua…—no pudo terminar de hablar cuando el chico
había saltado de la cama.

Vio con una sonrisa vacilona como su novio corría directo al baño para
darse su ducha matutina. Era feliz, cada día despertaba junto al hombre
dueño de su corazón, este donde este, mientras que sea con él, siempre se
encontraría en su hogar.

Se desperezó lentamente, sintiéndose la persona más afortunada del mundo


se vistió con una sudadera rosa con conejitos y un pantalón de pijama a
juego. Caminó hasta el tocador donde intentó acomodar el nido de pájaros
que se formaba en su extenso cabello negro.

Era una mañana especialmente fría, el invierno estaba cerca y se hacía


notar cada vez más. Ya en la cocina, Sayumi preparó un desayuno rápido;
café y tostadas con mermelada, su favorito. Se aproximó a la ventana para
cerciorarse del clima, estaba nublado y tal vez llovería más tarde, chasqueo
la lengua molesta pues se notaba que no sería un buen día.

El amor de su vida se sentó momentos después en una de las sillas de la


cocina mientras ella seguía en su labor, encendió la televisión sólo para
encontrarse lo que ambos más odiaban sangre, violencia y muerte, no pasó
mucho hasta que la apagó.

—Come rápido, llegarás tarde alfa dormilón —lo regañó con falso enojo.
—¡Eh! Yo no soy el único que me dormí, Hana estará muy enojada —rió
despreocupado como si no estuviera llegando tarde al trabajo.

—Hoy los niños tenían una excursión a la planta de energía nuclear Mikro
con la señorita Mina-shi —aclaró —Así que hoy entro a la once en punto.

—Entiendo —tomó su taza y la lavó —Ya voy tarde, adiós, te amo.

Le dio un tierno beso y casi sale corriendo de la casa, Sayumi suspiró


fastidiada al recordar que no había corregido los exámenes de los niños de
quinto, así que limpió el poco desorden que quedaba y se dispuso a
terminar con sus propios deberes. Casi dos horas después, cuando la chica
se preparaba para ir al trabajo un llamado la alertó.

—¿Yoonnie, mi vida, que sucede?

—¡Yumi, es una emergencia pon las noticias! —unos sollozos se


escucharon desde el otro lado de la línea.

—¿Alfa, que sucede? Me estás asustando —se quedó quieta sin saber muy
bien que hacer.

—Los niños, Yumi… ellos están… están…

Lo siguiente que escuchó Yoongi fue un estruendo, Sayumi había tirado el


celular antes de empezar a correr directo a la sala, prendió la televisión lo
más rápido que los nervios se lo permitieron.

Todos han muerto…


Despertó sintiendo una intensa tristeza, durante esos días que el omega
había dormido junto a él pudo darles un nombre a todo aquellos
sentimientos que lo golpeaban, nombres que con el pasar del tiempo había
olvidado y ahora volvían a él como un torbellino.

—No falta mucho para que termine mi celo, debería irme… Oh,
¿despertaste? —observó como el ser de piel gris empezaba a moverse y
gruñir.

JiMin olfateo el aire intentando encontrar un poco de la fragancia del alfa


que tanto lo había tranquilizado esos días, refunfuño al sólo olfatear sus
hormonas y el olor a podrido.

—Me gustaría que vinieras conmigo, que conocieras a mis amigos.

El lobito que había permanecido con las orejitas abajo las alzó para
prestarle atención al pequeño, el rubio sonrió internamente, aún no sabía
cómo lo hacía pero podía sentir al contrario como si estuviera marcado.

—En casa me espera Jin-hyung —escuchó al alfa gruñir —Es un omega, al


igual que Kookie, y también está Yang Mi ella es… la cachorra de Jin.

—¿Cachorro? —preguntó curioso.

—Sí, MiMi tiene cinco apenas, es muy cariñosa, pequeña y… preciosa.

—Alfa querer cachorros.

—No digas eso, haces que Minnie se altere, así nunca terminará mi celo —
rió.
JiMin escuchó un gruñido que lo hizo volver a la cruda realidad, Yoonie
podía ser catalogado como una aberración a la naturaleza y aunque le
molestara aquello no podía negar que era un completo enigma. No era un
zombie, ni un zombificado, mucho menos un humano, ¿qué se supone que
eres?

—Es nuestro alfa.

—Lo sé, por eso debo arreglarlo.

☣Tres días después…☣

Entró silenciosamente a la casita, era de noche y no quería despertar a


quién estuviese durmiendo, las velas estaban apagadas cosa que agradeció
por que nadie le haría preguntas. Pero hay una cosa que JiMin no sabe y es
“no hables demasiado pronto", su cuerpo impactó con una de las paredes de
la sala y sólo pudo pedirle a la luna para que no lo descuarticen.

—¡Tio Chimin malo! —empezó a gritar Yang Mi.

—¡Pedazo de caca! —le siguió Jin.

—¡¿Dónde estabas, no preocupaste un montón?! —terminó Jungkook.

—Si siguen gritando alguien nos encontrará, idiotas —los cortó JiMin.
—¡Mala palaba, mala palaba, papi el tío Chimin dijo una mala palaba! —
acusó la pequeña.

—¡JiMin! —regañó el mayor.

El rubio rodó los ojos y soltó un poco de su aroma picante, los mayores
empezaron a toser mientras que a la niña se le pararon los pelitos y salió
corriendo.

—Lo diré rápido por que me quiero bañar y tengo muchísima hambre, entré
en celo fuera de aquí —los chicos dejaron de toser para quedar mudos —
Pero me quedé en un refugio y no me pasó nada, así que no hagan un
maldito escándalo de todo esto, ¿si?.

No los dejó procesar esa información cuando ya se había ido, no mentía


tenía suciedad hasta en lugares que no suele dar el sol. Se encerró en su
cuarto mientras suspiraba, el sólo pensar en lo que tenía oculto en la granja
abandonada que llamaba refugio lo ponía nervioso, ¿Cuándo será el día
que pueda traerte a casa? Rogaba para que fuera pronto al menos.

Estaba aterrado de un día tener que verlo morir, que alguien lo confundiese
con una de esas cosas que deambulan sin rumbo alguno y de un disparo le
arrebatara la única razón que le quedaba para vivir.

Salió unos treinta minutos después, agradecido de poder sentirse limpio


después de tantos días, pues eran escasas las veces que se podía bañar tan
tranquilamente sin sentir que estaba desperdiciando el preciado líquido.
Pero un peculiar aroma en el ambiente lo hizo observar la habitación con
detenimiento.

—Yang Mi, sal ahora —dictaminó.


—P-pedón-peldón-perdón tío Jiminie —una pequeña figura salió de debajo
de la cama.

—¿Qué te he dicho de meterte a mi habitación? Niña tonta.

—¡Tonta, no me gusta tu olor, vete. Enchusias mi habitation con tu olor!~


—imitó la voz del mayor.

Jimin pudo sentir una punzada en su corazón, se sentía culpable por tratarla
mal pues ella no tenía la culpa de su olor, al fin y al cabo, la tenía su…
padre.

—Sí, yo dije eso. Eh, ¿puedes irte, por favor?

—Bueno, perdón —la niña aspiró un poco de aquel fuerte olor que la
calmaba —Oh, eso huele feo.

MiMi se acercó sin avisar al rubio, sosteniéndolo para que no se alejara de


ella, olfateando directamente en su estómago. Jimin odió la sensación de
calidez que lo inundaba, él no quería sentir esas cosas pero un fuerte
gruñido evitó que la separara.

—No me gusta, ¡huele feo! —miró al omega —¡Hueles feo, báñate!

—¿Qué? ¡No, acabo de salir!

Un llanto desolador inundó la habitación, alertando al omega mayor de la


casa.
—¿MiMi, qué sucede? —la voz de SeokJin se escuchó en el pasillo.

—¡Aléjate, niña! —susurró Jimin.

—¡Báñate, hueles feo, báñate!

—¡¿Jimin, que le hiciste?! —gritó SeokJin.

—¡No le hice nada, lo prometo! —levantó las manos en señal de inocencia.

—¡Papi, tío Chimin huele feo, dile que se bañe!

—¿Eh, feo? —preguntó confundido a la cachorra y aspiró —Uh, yo no


huelo nada.

—¡No, él apesta, tío apesta! —sollozó mientras se refregaba en el rubio.

—¡Suéltame, pequeña alimaña! ¡No me vuelvas a tocar! ¿Acaso no puedes


entender que te odio? ¡Aborrezco tu existencia! —gritó aterrorizando a la
niña.

—Ji…Ji-jimin… no, ¡Basta, deja de tratarla así! —entró a la habitación y


tomó a Yang Mi del brazo —¡Deja de culparla de todo lo que te pasa,
madura de una vez pedazo de mierda!

El único sonido que podía captarse eran los leves sollozos de miedo de la
pequeña por ver a su familia discutir y unos pasos aproximándose por el
pasillo. Jimin no sabía que decir, ni que hacer, donde ir o si quería seguir
viviendo.
—Por sus estupideces, tenemos compañía.

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