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Testamento Espiritual de María Doménica

La Madre María Doménica Brun Barbantini le escribe a sus hijas espirituales en su testamento espiritual, dándoles sus últimos consejos antes de morir. Les pide que no se aflijan demasiado por su muerte, sino que piensen que todos deben morir para vivir eternamente en el cielo. Les aconseja seguir el ejemplo de Jesús sufriendo virtuosamente y amando a Dios y a los demás. Les pide que recen por su alma después de morir para que pueda alcanzar la salvación.

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Testamento Espiritual de María Doménica

La Madre María Doménica Brun Barbantini le escribe a sus hijas espirituales en su testamento espiritual, dándoles sus últimos consejos antes de morir. Les pide que no se aflijan demasiado por su muerte, sino que piensen que todos deben morir para vivir eternamente en el cielo. Les aconseja seguir el ejemplo de Jesús sufriendo virtuosamente y amando a Dios y a los demás. Les pide que recen por su alma después de morir para que pueda alcanzar la salvación.

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TESTAMENTO ESPIRITUAL DE LA MADRE MARÍA DOMÉNICA BRUN BARBANTINI

“ ¡A mis queridas hermanas e hijas amadísimas en Jesús Cristo! - Alejándome de ustedes, aún sólo por
pocos días en ocasión de un viaje, o por otro motivo, de todas formas vi su pena y su preocupación que
se reflejaba en mi corazón ya bastante enternecido y emocionado, por una breve separación. Ahora que
se avecina el momento en que tengo que separarme de ustedes no por días, sino por todo aquel tiempo
que Dios sólo conoce, en el cual no nos veremos más en esta tierra... ¿cuál será mi aflicción, cuál será
la de ustedes? Yo, que me veo cerca de dejarlas, trato con la ayuda de Dios de prepararme con
resignación, cuanto más pueda, pensando más en el dolor de ustedes que en el mío, y es por esto que
les envío estos, mis deseos, estos últimos consejos. Deseos, míos, que son de una madre que tanto las
ama, consejos de un alma que les desea todo el bien.
No se aflijan demasiado, mis queridas Hijas, por mi alejamiento de ustedes; piensen que la muerte es
un tributo que todos tenemos que pagar, que mis días han sido bastante largos... Aún así, ¡hube de
saber aprovecharme para santificar mi alma, para satisfacer con perfección las obligaciones graves que
había asumido por voluntad de Dios! ¡ Hay que morir, queridas hijas mías, pero para volver a vivir
eternamente en el cielo! Si el Señor me trata con misericordia, allá nos encontraremos, donde la muerte
no puede llegar, donde estaremos siempre felices en Dios y sin temor de alejarnos nunca más de él,
único amor nuestro.
No se olviden nunca de que la vida se nos ha dado únicamente para que nos ganemos el Cielo; que
debemos sufrir y sufrir virtuosamente para ser dignas de Él, conviene seguir su divino ejemplo
caminando no por un camino de rosas, sino cubierto de espinas tras las huellas de nuestro Maestro
Redentor Jesús. Él ha sufrido y ha amado en todo el arco de su vida mortal: ha sufrido únicamente
porque nos ha amado... Todo lo que padeció es comprensible por quienes piensan en su pasión
dolorosa, en su ignominiosa muerte. Pero ¿quien podría llegar a comprender y penetrar la extensión, la
profundidad, la inmensidad del amor que nos ha mostrado en la institución del Santísimo Sacramento?.
Es que la mente humana no es capaz de concebir una idea exacta y se pierde en este mar infinito de
excesivo amor; amor efectivo a toda prueba, afectivo en todas las circunstancias.
Ustedes, mis queridas hijas, sigan estos generosos, divinos ejemplos; sufran de buen grado; amen a
Dios con todo corazón; amen a las criaturas, y especialmente a las necesitadas, enfermas y moribundas,
en éstas reconozcan a Jesús, que espera sus servicios, sus cuidados, sus sacrificios. Acuérdense de que
en el juicio divino no sólo se revisarán todas sus obras, sino que también sus pensamientos y hasta sus
deseos, por lo cual no se den por satisfechas haciendo las cosas, sino que tienen que hacer todo con la
mayor perfección posible, y con la recta intención de complacer a Dios. Y para que todo esto les
resulte, antes que nada, tienen que pedirlo con gran confianza a Dios, dispensador generoso de toda
gracia, sin el cual no podríamos hacer nada con nuestras puras fuerzas.
Para facilitarles el camino a la perfección y el ingreso al Cielo, mediten a los sagrados pies de Jesús
Crucificado y estúdiense ustedes mismas, sus inclinaciones, sus tendencias, sus pasiones. Si se
encuentran defectuosas, no pierdan el ánimo, recurran con filial confianza a Jesús, a nuestra amorosa
Madre María [Link], a S. Camilo nuestro protector; pidan ayuda, fuerza y perseverancia para combatir
y ganar a ustedes mismas, contra Ustedes mismas. ¡Felices ustedes, queridas mías, muy felices ustedes
si, actuando de esta forma, es decir, combatiendo y ganando cada día, llegan a triunfar sobre ustedes
mismas, a ser dueñas de sus corazones, de sus pasiones, para dirigirlas todas al servicio de Dios, en
beneficio de sus almas! Esta práctica utilísima para vosotras, se las recomienda aquella Madre quien
tanto les ama y que ustedes aman, y se las recomienda como su último consejo. ¡No se lo olviden,
queridas mías!
Sé que todo pasa y se desvanece. Dios, por su misericordia, me ha concedido una larga vida, en la que
podía cosechar muchos méritos. ¡Muchos años han pasado!....Pero, ¿cómo? Ustedes lo saben, ¡Oh, mi
Dios! Y... ¿cuánto me queda aún para vivir en esta tierra? ¡Poco, por lo que ya he vivido! Y.¿qué haré
para reparar el mal hecho, para reparar los malos ejemplos que les he dado, a ustedes, a quienes yo
estaba obligada a dar el mejor ejemplo con una vida pura y santa?
¡Perdón, mi Dios! Estas líneas que escribo para mis queridísimas Hijas, cuyo perdón suplico por no
haberles dado un buen ejemplo con la santidad de la vida, sirvan también, ante Usted, para lograr
misericordia y perdón, y para llenar mi espíritu de firme esperanza para que pueda ser perdonado y
quede en Su gracia. Que lo poco que me queda de vida sea una reparación y un tributo de sincera
penitencia, y las penas que acompañarán mi última enfermedad y mi muerte, se las ofrezco ya desde
este momento, unidas a los méritos y a la pasión y muerte de Jesús, en expiación de mis pecados.
¿Dónde estaré yo cuando mis Hijas lean estas páginas? Espero, en la divina misericordia, en los méritos
infinitos de Jesús, en la protección de la amorosa, nuestra Madre común, María [Link] Dolorosa, de
San Camilo De Lelis, de San José y de todos los Santos y Santas, de mi Ángel Custodio, que mi alma
esté en un lugar de salvación. ¿Pero quién puede saber cuanto tendrá que quedarse para purificarse en
el Purgatorio, para expiar tantas culpas? El Purgatorio, aún si por largo tiempo, será siempre una
misericordia de Dios para quien, como yo, ha merecido el infierno. Pero, el estar retenida e impedida
de unirme a mi Dios, a mi Divino Redentor y Padre amoroso, impedida también de poder abrazar a mi
amorosa Madre, María [Link].... sólo pensándolo... me estremezco y tiemblo!
Estoy consciente que estas palabras angustian los corazones de mis Hijas afectuosas...Oh, no lloren, les
suplico. Este pensamiento les sirva para que no derramen lágrimas inútiles por mi muerte, sino para que
se comprometan a rezar por mi alma. Pueden estar seguras de que yo no las olvidaré, que las amaré en
aquel entonces con mayor perfección, y rezaré por todas mis queridas hijas con más eficacia que lo que
he o habría podido hacer viviendo con ustedes en esta tierra.
Leyendo esta hoja, cada una de ustedes imagínese que su Madre les habla con su propia voz,
manifestándoles su última voluntad, en la forma que desea que se le quede en sus mentes y en sus
corazones. La última voluntad, los últimos consejos y las últimas recomendaciones expresados por los
padres han sido siempre sagradas para los hijos.... No dudo y me consuela la certeza de que mis deseos
y mis más fervientes votos serán cumplidos por ustedes, mis queridas hijas.
Amen a Dios sobre todas las cosas; prefieran la muerte antes que desagradarle. Amen el estado en el
cual Dios las ha puesto, cumpliendo con ahínco y prontitud todos los deberes. Ámense las unas a las
otras soportando con caridad los defectos de las demás.
Sean humildes, pacientes, mesuradas, obedientes y así vivirán una vida tranquila, morirán la muerte del
justo y gozarán en el Cielo del premio prometido a los verdaderos seguidores de Jesús Cristo, los que lo
han imitado en su humildad, caridad, obediencia al Eterno Padre, hasta morir como un malvado sobre
de una cruz.
Este modelo de perfección -se los repito con gusto- que esté siempre bajo sus ojos y, más aún,
esculpido en sus corazones, y no teman, su misericordia estará siempre lista para ayudarles en todas sus
necesidades espirituales y materiales.
¡Adiós, mis amadísimas Hijas! El más ardiente deseo, mi último voto es aquel de volver a verlas a
todas, unidas en la Eternidad beata: lo espero por la misericordia de Dios, por los méritos de Jesús y
con la protección de María [Link] Dolorosa.
Las bendiga el Eterno Padre, el divino Hijo, el Santo Espíritu, Dios Uno y Trino. Las bendiga y las
proteja y consuele la [Link] Madre de Jesús y Madre nuestra afectuosísima; nuestro Protector San
Camilo De Lelis las bendiga también y dirija sus pasos. Reciban y agradezcan el último adiós y una
lágrima que pensando en alejarme de ustedes, se escapa de los ojos, y más todavía del corazón de su
aficionadísima Hermana y Madre en Jesús Cristo”

M. Doménica Brun Barbantini.

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