0 calificaciones0% encontró este documento útil (0 votos) 417 vistas40 páginasPRS8
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido,
reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF o lee en línea desde Scribd
AVISO A LOS
TRABAJADORES
YA EXISTE LA BOLSA
DE VIVIENDA
{4 8 LA ROLSA DE VIVIENDA DEL BORAT?
INFONAVIT
necuraot
YAN ANAINAI ANNAN
DEPARTAMENTO DE CREDITO aneAten DEL ERTO 20 wEICO, OF.presagio
CONTENIDO
Pag. No.
gQUIEN MATO A LOAIZA’ 4
Por José Maria Figueroa Diaz
EL CARNAVAL ASESINO......... acne
Por Manuel Lazeano y Ochoa
LUCILA MEDRANO
jLOAIZA ME HIZO REINAI.
Entrevista del Director
id
CARMINA DE RUEDA:
IYO VI MORIR A LOAIZAL,.scuessstnsnstntnnenees
Entrevista del Director
CARLOS MC GREGOR:
i¥O ME TIRE AL SUELO!
Entrevista del Direcvor
218:
RODOLFO T. LOAIZA:
“LUCHAREMOS CONTRA EL PRESIDENTE”
Por Juan Macedo Lpez
7
UNA PERLA QUE DIO SENORIO
AL CARNAVAL DE MAZATLAN.
Por Carmen Aida Guerra Miguel
ALBERTO LOAIZA:
iNO SE QUIEN MATO A MI PADRE!. 24
Entrevista del Direcor
CARNAVALES MAZATLECOS.
Por Filiberto Patifio Escamilla
“EL CHACHO" GONZALEZ....
Por Alfonso L. Paliza
AQUEL 30-20.
Por Reinaldo Gonzéiez Jr.
33
DE NUESTRA POFTADA.
Solo Editorial Le, Bancisce Higuore Lopes © Ing, Roselle de te Vopa ®. Lic. Ret! Rand
Soo Eetoriak Le. ° oe fe teh
Hoses €.'8" Manuel Farrer y romero, © Director Técnico: Cals Saleser
{or Arti Arzuo Mover Vigna Téoiegroiografcs: vgue Guadara Sorano 6
PRESAGIO @ Francisco Villa No. 290 Ot Culiacén, Sin. @ (Tel. 281-96) @ Revista
imonsto. © Infresay hoch oles taloras ge oft de Rearee No, 2270, Colonia nce.
ta, México 14, D.F. @ Circula por suscrincién @ $500.00 por afio @ No se devuelven origina-
{as © No.8 Epoca! Fobroro de 1978|
'
|
éQuién
Mato
a Loaiza?
Por José Maria Figueroa Diaz
Hace 34 afios que victimaron en Mazatlén, en pleno carnaval, al coronel
Rodolfo 7. Loaiza. El tiempo no ha podido borrar este negro pasaje de la historia
| politica de Sinaloa.
PRESAGIO presenta en este mimero una ser
| articulos que fratan de despejar un poco la marafa y el misterio que todavia
El reloj de oro Elgin del
coronel Rodolfo T. Loaiza se pa-
76 exactamente alas 2 de la ma-
Rana menos 10 minutos del 21 de
febrero de 1944. A esa hora i-
pe dejé de vivir. Marca-
4 el tiempo de su proditorio ase-
sinato.
Apenas se iniciaba el lu-
nes de ese trdgico carnaval de
Mazailan. “Patio Andaluz”
del famoso y tradicional Hotel
Belmar del bello puerto, como
todos los afios, se encontraba lle-
no a reventar de entusiastas car-
navaleros. Lugarefos, turistas
nacionales y extranjeros gozaban
de la gran fiesta del rey Momo.
Las notas bonitas y ale-
gres de “Fl Quelite” —pieza pre-
dilecta del gobernador Loaiza—
Se mezclaron con los disparos de
las armas de fuego. Un hombre
chorreando sangre por la cabeza
¥-con un ojo por fuera, cata des-
plomado, muerto de certeros ba-
lazos.
Habjan acabado con la
existencia del gobernador const
tucional de Sinaloa, en esa pagi-
na_negra de nuestra tierra que
quienes se preocupan de !a histo-
ria no terminan atin de descifrar.
4
Este sangriento suceso cobré caracteres de sersacionalismo porque en él
resultaron involucrados altos personajes de la vida piiblica nacional
| enveiven el homicidio del gobernador sinaloense.
Coronel Rodolfo . Loaiza
le reportajes, entrevistas y
Al célebre “Patio Anda-
luz” se lo. tragé la transforma~
cién_que le hicieron los nuevos
duerios a! Belmar. Se encontraba
entrando a la derecha, Era el
escenario mas concurrido y cono-
cido de los antigiios carnavales
mnazatlecos.
Esa noche el coronel Ro-
dolfo T, Loaiza era el centro de
atraccién de todas las miradas de
Ta concurrencia. Invitado de ho-
nor de los organizadores del Co-
mité de Carnaval —dicen que se
habian hecho intentos para di-
suadirlo con el fin de que no asis-
tiese a Mazatlan porque habian
corrido rumores de que se aten-
taria contra su vida— el gober-
nador disfrutaba de la gran fies-
ta. Convento, feliz, despreocupa-
do, departia en una mesa con
amigos y colaboradores de su go-
bierno.
Sentados junto a él se ha-
aban el tesorero general del Es
tado, Alfredo Gil Michel y su se-
fiora esposa; la poetisa Graziela
Garbalose y su hia ta declama-
dora Grazielita.
Increiblemente Jestis 1.
Escober “El Chaca”, presidente
Municipal de Mazailin, no a-
companié a Loaiza, Le fueron a
avisar a su casa gue el gober
dor estaba en el Belmar y_ dijo
que no podia ir, que se sentia in-
dispuesto. ;Sabria algo de lo que
ibq a acontecer?... iQuien sa-
Los detalles de la trama
estaban debida y cuidadosamen-
te preparados. Los autores y los
actores conocian al dedillo el
script del drama que iba a desa-
rrollarse.
Loaiza estaba marcado
por el destino y por sus asesinos.
000
Los testigos y las crénicas
reriodisticas de esa épdca — a
los cuales nos acercamos y aso-
mamos— senalan que los crimi-
nales le dispararon_ por atras a
Loaiza. ¢O fué de frente?
“El asesino se le aproxi-
mé por la espalda y @ guemarro-
pa le descerrajé win tiro y varios
mas en la cabeza. De todos solo
un proyectil hizo blanco, salién-
dole poy el ojo iquierdo, EI co-
ronel Loaiza cays. hacia atrés
quedando con una mano metida
en la bolsa del pantalén y las
piernas entrecruzadas””
Asi describié el periédico
“El Correo de la Tarde”, en su
edicion del dia 24 de febrero de
1944, los hechos de ese infausto
acontecimiento.
Tres 0 cuatro hombres,
con los sombreros de palma cala-
dos —también mencionaron que
iban encapuchados— y las pisto-
las 38 humeantes en las manos,
salieron corriendo por la puerta
principal del establecimiento, -
haciendo fuego a diestra y sinies-
tra.
Eran los crueles homici
das materiales del politico oriun-
do de San Javier, San Ignacio, y
{que al través de los aftos también
pagaron tributo a la madre tie-
ra, unos bajo la vieja sentencia
de, ajo por ao y diente por dien-
te”’y otros de muerte natural.
000
En la reconstruccion de
Jos hechos que tratamos de hacer
de este negro pasaje de la histo-
ria de Sinaloa, nos encontramos
con muchas cosas que todavia nose esclarecen a pesar del tiempo
transcurrido. Muchas toneladas
de polvo cubren estas paginas
sangrientas.
Pero volvamos al lugar de
Tos sucesos: al “Patio Andaluz”.
Loaiza platicaba animadamente
con los invitados a su mesa: las
Garbalosa, Gil Michel y su seno-
ra. Ningiin ayudante se encon-
traba a su lado. Otra de las situa-
ciones raras que se presentaron
en esos momentos.
Tres de los guardaespal-
das que siempre acompatiaban al
‘obernador no estaban con él.
juan Lopez Portillo se habia que-
dado en Culiacan. Miguel Gé-
mez Llanos y Alfredo "El Cha-
to" Duarte habian ido a cumplir
“mandados” de Loaiza.
Duarte, segiin declar -
después, se habia ausentado pa-
ra atender una orden de su jefe.
Una dama de las que asistian al
baile suplicd a Loaiza le pidiera a
la orquesta que tocara “El Coyo-
te" para que la sefiorita Carmina
de Rueda, reina de los Juegos
Florales, danzara un zapateado
con un joven,
“Yo —dijo el ayudante—
al estrado donde estaba
la musica para que ejecutara di-
cha pieza. En un estrecho corre-
dor tropecé con un indiciduo del
que solo recuerdo que vestia un
traje gris. Al encontrarlo se llevo
la mano a la frente con despreo-
cupacion, exclamando (Ah que
ch...! Segundos después escuché
apagadas detonaciones en el sa-
lon de baile.
“Apresurando el paso -
sigue “diciendo "EL Chato”
Duarte— llegué donde se encon-
traba el jefe, a quien vi, con pro™
funda consternacién, como len-
tamente se iba inclinando sobre
la silla en que descansaba, hasta
caer pesadamente sobre el costa-
do izquierdo con la mano en el
bolsillo, quedando en el pavi-
mento ligeramente encogido.
“Las declamadoras Gar-
balosa, —agrego— con quien el
gobernador departia alegremen-
te, sufrieron un ataque de ner-
vios. Oi como las mujeres y hom-
bres gritaban aterrorizados: ;Fue
“il Gitano’! jFue Rodolfo Val-
dés el asesino!”.
Hosta aqui la version que
dié.a conccer Alfredo Duarte an-
te [a Agencia del Ministerio Pii-
blico del Fuero Comin.
iE Gitano” habia que-
dado senalado para siempre co-
mo el verc'ugo del coronel Rodol-
fo T. Lovizal
000
El escandalo en El Bel-
mar fue mayiisculo. La gente, al.
ver que el gobernador Loaiza
caia acribillado a balazos, grité
asustada; corrié, se tird al piso
bajo las mesas; y las damas, va-
rias de elias, con el pénico refle-
Jado en sus rostros, cayeron des-
mayadas, presas del histerismo.
Mas todavia cuando las luces se
apagaron. Se armé un pandems-
nium.
Y con el tropel de perso-
nas que desesperadas buicaban
donde rejugiarse, los maleantes
huian desaforados, con el gesto y
la mirada fiera, 'pisoteando a
quien encontraban y vomitando
alas de sus poderosas armas.
Hubo varias vietimas ino-
contes en esa trégica noche. El
joven Rubén Brooks que venia
del Club Muralla —dicen que
Rodolfo Valdés fué el que lo ma-
t6— con el fin de divertirse en El
Belmar, recibio un tiro en el ab-
démen al bajar del automdvil.
Asi mismo el piloto avia-
dor Waiter V. Cotchel, origina-
rio de Arizona, recibid dos pro-
yectiles er el corazén y en la fren-
te, Posteriormente su padre del
mismo nombre, [Link] impresion
que recibié al recibir la noticia
que se le transmitid por teléfono
@ su casa en Estados Unidos,
murié de un sincope cardiaco.
Los maleantes, al salir del
hotel, fueron protegidos por sus
cémplices con las 38 y 45 en las
manos y a bordo de dos vehiculos
huyeron por las transitadas calles
de Mazatlan, saliendo por la an-
tigiia Garita de Granados.
Los dos choferes Juan He-
redia y Francisco Diaz, de “ne-
gro historial” segiin dice la pren-
sa de aquella época, fueron loca-
lizados y aprehendidos 24 horas
después, “Exisie la sospecha de
gue ambos sujetos no fueron sim-
plemente alquilados én sus servi-
ios, sino que son cémplices di-
rectos de los criminale”.
000
Hace aproximadamente
unos tres afios murié Alfredo “El
Chato” Duarte. Después de que
hizo aquellas primeras declara-
ciones en el sentido de que las
Garbalosa habian dicho que “El
Gitano” Valdés era el que habla
disparado, cambié totalmente el
contenido de su version. ¢Mie~
do? ¢Precaucin? Vaya usted a
saber.
Duarte, en la refriega, sa-
lié herido de la pierna izquierda
y en sedal en el cuello. Refirié
que al ver a los facinerosos ma-
Sacrar a Loaiza, sacé su pistola y
les hizo frente. Otros testigos lo
desmintieron.
Sefalan que Duarte se
barrié bajo la mesa més proxima
y que hasta ahi lo persiguieron
‘as balas de los matones. Que el
tinico que repelié la agresion fue
Antonio Cejas, en ese entonces
Jefe de grupo de la policia judi-
cial del Estado y quien se encon-traba de servicio en El Belmar.
De este encuentro resulté
herido uno de los pistoleros. Era
Manuel Echeagaray, quien ayu-
dado por sus cémplices, con un
balazo en la espalda que le salié
por el hombro derecho —asi nos
Jo fue contado por uno de los tes
tigos oculares y cuyo nombre nos
lo reservamos—, y apenas soste-
niéndose en pie, abordé uno, de
los autos, gue enfiléy legs a “La
Palma Sola”.
Iba en muy malas condi-
ciones, agonizando. Quizé para
evitar que hablara y como lo con-
sideraban al borde de la tumba,
sus secuaces lo remataron y lo
Hevaron a enterrar junto al sepul-
ero de Alfonso Tirado, localiza-
do también en el mismo poblado
de “La Palma”.
Cinco afios después los
restos de Echeagaray fueron Ile-
tudos por su hermano Adolfo, a
su tiltima morada en el panteén
de Potrerillos, Rosario, de donde
eran orivinarios.
Pero volviendo con Alfre-
do Duarte, personaje importante
en este relato, al corregir sus de-
claraciones, iniciales, dijo que
“El Gitano” no fue quien jalo el
gatillo de la pistola que maté a
aiza, sino que fueron Felipe
Gil, Manuel’ Echeagaray y José
‘El Giierillo” Salcido. Los tres
eran gente del “monte”, aveza-
dos en el uso de las armas y cabe-
cillas pagados de ese movimiento
que tantas vidas inocentes cobré
en el sur de Sinaloa.
Sin embargo, otros dicen
que el verdadero ‘asesino fue
Rodolfo “El Gitano” Valdé
iyo no maté a Loaiza.
Mamiel Echeagaray. La incogn
ta sigue en pie.
Duarte, también conto ~
ue Valdés se encontraba toman-
do una copas en la barra del Ho-
tel Belmar, y que por lo tanto no
fué él el autor del crimen. De que
fue complice nadie ni Duarte lo
‘pudieron negar, Los hechos y la
istoria asi lo consignan.
000
Rodolfo “El Gitano” Val-
dés era uno de los capitanes de
“Los Dorados", grupo de gente
que habian armado los terrate-
nientes del sur del Estado para
defender la accién del reparto
agrario que el Presidente Lizaro
“ardenas, a nivel nacional, ha-
Bia iniciado en esos aios en Sina-
loa.
Se citaba a Silvano Pérez
Ramos (a) “El Bananas" como
uno de los mas fuertes instigado-
res en este movimiento y dicen
que lleg6 a traer armas alemanas
desconocidas en aquel entonces,
y que eran de “muy alto poder
No hacia mucho tiempo
que Alfonso “La Onza” Leyzaola
habia asesinado en la cantina del
Hotel Rosales, de Culiacan,a Al;
fonso “Poncho” Tirado, hombre
muy quertdo desde Mazatlén
hasta Escuinapa y quien habia
sido precandidato (sin llegar a
jugar’) al gobierno de Sinaloa
junto con el coronel Rodolfo T.
Loaiza.
Las pretensiones guber-
namentales de Tirado estaban
fuertemente apoyadas por la cla-
‘se pudiente del puerto mazatle-
co, en especial por el grupo de vi-
nateros, al cual él pertenecia.
Existian odios, resquemo-
res y deseos de venganza. El cr
men de Alfonso Tirado se le atv
buiaa Loaiza, cosa que nunca se
legs a aclarar. Dicen que ésto
puede haber sido el motivo prin-
cipal del complot que se incubd
para quitarle la vida al goberna-
dor del Estado en esa trégica ma-
.drugada del carnaval de 1944,
_ También culparon del ho-
io de Loaiza al general Ma-
ximino Avila Camacho y a don
Pablo Macias Valenzuela, los
dos enemigos politicos del piax-
tlefio.
Fueron muchas las versio-
nes que se corrieron en torno a
este sonado crimen, pero la ver-
dad nunca aflors. Permanece to-
dayia por abi sepultada en el
pantano de la historia.‘ooo
firman que Rodolfo -
Valdés llevaba muy buenas rela-
ciones con el coronel Rodolfo T.
Loaiza. Incluso que seguido lo
recibia en la Casa de Gobierno
de Mazatlin y que le hacia sus
“regalitos”.
Por esos dias previos al
carnaval el gobérnador le entre-
446 10 mil pesos. "Son para que te
diviertas en el carnaval y te tomes
unas a mi salud”, le dijo Loaiza a
Rodolfo.
Cuentan que ese domingo
20 de febrero desde temprano
Valdés se encontraba echandose
unos tragos en conocido bar de
Mazatlin, gastando el dinero
jue “su amigo el gobernador” le
habia obsequiado con ese objeto.
Hasta él legaron los emi-
sarios para invitarlo a que parti-
cipara en el homicidio que pocas
horas después se consumaria.
“iNo! —dicen que contesté. "El
itano”. ;Loaiza es mi amigo y
no puedo atentar contra él!”.
Deben haberlo conven
do los argumentos que esgrimi
on los complices en este asesina~
to, pues Valdés st estuvo presen-
te ‘en el escenario de los hechos.
Jalé 0 no jalé el gatillo asesino, es
una cosa que no esta totalmente
clarificada.
Rodolfo se llevé a la tum-
ba este negro secreto. Siempre
nego haber sido la mano crimi-
nal. Pero otros gatilleros que an-
duvieron cerca de él lo desmien-
ten y lo condenan.
000
Rodolfo Valdés era un in-
dividuo aito, de color blanco,
bien parecido. Tenia mucho as-
cendiente con su gente y con las
mujeres. Era muy bueno para ti-
rar con pistola. Donde ponia el
ojo ponia ia bala,
Su fama de perdonavidas
y de enamorado habia traspasa-
do las fronteras de Aguacaliente,
su lugar de nacimiento y asiento
principal de sus correrias.
Después de la muerte de
Loaiza se I'bré orden de aprehen-
sin contro él. El ejército y la po-
licéa judicial lo persiguieron. Al
tiempo lograron apresarlo y lo
confinaron en la cércel militar de
Mazatlan. De aki se fugé espec-
tacularmente. Dicen gue tuvo va-
ios cémplices “gordos” en esta
evasion.
Pasé el tiempo y “El Gita-
no” andaba libre como maripo-
sa. Parecta que las cosas se ha-
bian olvidado. Seguido se le veia
en Aguacaliente y en Mazatlén.
Seguia participando en hechos
de sangre muy comentados en
aquella época.
Pero todo tiene su princi-
pio y su final. La buena suerte le
dio ‘la espalda al aventurero hi-
drocdlido, Se cred enemistades
con su misma gente y un dia en
Aguacaliente, en el’ interior de
una cantina de su propiedad, dos
de sus lugartenientes Pablo “El
Payo"” Osuna y Edmundo “Mun-
dillo” Mota, le dispararon una
andanada de perdigones con es-
copeta,
Cayé herido de muerte.
Escupia postas por la boca. Ahi
lo aprehendié Ia justicia y se lo
evo a Mazatlan, donde fue
atendido médicamente.
Después que se restable~
cid se le condujo a la ciudad de
éxico y se le internd en la peni-
tenciaria de Lecumberri. En su
largo cautiverio contrajo una se-
ria enfermedad que finalmente lo
Uevé a la sepultura.
Pero la pregunta todavia
flota en el aire: ;Quiénes fueron
Tos asesinos inteleetuales mate-
riales del coronel Loaiza’...De nuevo José Maria Figueroa Diaz me pide una colaboracién
para PRESAGIO. Me niego. No tengo tiempo. Ni se me ocurre algo sobre
que escribir.
Acepta mi excusa y cambia de tema. Estd preparando el numero
de febrero, mes en el que se cumple un afio mas del asesinato del coro-
nel Rodolfo T. Loaiza, gobernador constitucional de Sinaloa.
EI personalmente hace un articulo, una especie de impresion del
lugar del sangriento y cobarde crimen —reconstruccién de hechos, diria
yo. Juan Macedo L6pez sobre Loaiza, pero otra cosa, de distinta for-
ma, me dice.
Se hilvana la platica. Cuando acuerdo ya le estoy diciendo que yo
fui quien le dio al sefior general de divisién Pablo E. Macias Valenzuela,
La muerte de Loaiza
EL CARNAVAL ASESINO
Por Manuel Lazcano y Ochoa
la noticia de la muerte de Loaiza
Me interrumpe, interesado en el tema, y me dice: “como fue eso,
dimelo”. Y asi fué...
Eran como las dos y me-
dia de la mafiana de ese 21 de
febrero y la casa donde vivia
temblaba al impacto de los
fuertes golpes que descargaban
sobre la puerta el profesor Enri-
que “El Guacho” Félix y el ca~
pitan Jestis Vazquez Castillo
iManuel!... ;Manuel!
idespierta!..._jlevantate!
imataron a Loaiza!
Cerca de las 22 horas de
un dia anterior, me habia acos-
tado tranquilamente. Hacia -
tiempo mi madre, mis herma-
nos y yo teniamos rentada una
modesta casa por la calle Fran-
cisco Cafiedo —hoy Francisco
Villa— precisamente frente al
Parque Revolucion
Los agudos gritos de mis
visitantes tempraneros, a que-
rer y no, me despertaron. Al
principio supuse que se les ha-,
bian pasado las copas cele—
brando el Carnaval de ese ya
lejano afio de 1944.
Sabia, porque antes me
lo dijeron asi, que “El Guacho”
Félix y Chuy Vazquez —los dos
cercanos colaboradores y ami-
gos de mi general Macias Va-
lenzuela, en su campafia como
candidato al gobierno de Sina-
loa— andaban de picos pardos
en el Club Atlético Humaya,
que tenia su, concurrido y bu-
Hanguero local en la esquinade Escobedo y Obregon.
Primero uno, dos, tres,
cuatro aldabonazos, dados con
verdaderas ganas, rompieron el
silencio de la noche y escuché
ami madre que me dijo: ihay
te hablan Manuell.... No les ha-
gas caso, le contesté. Estén
ahogados. Diles que no estoy.
Los toquidos y llama-
dos, buenos hasta para un sor-
do tapiado, prosiguieron insis-
tentemente. Fue cuando oi lo
del asesinato del coronel Ro-
dolfo T. Loaiza.
De pronto no lo crei.
Pensé que era un ardid para
dos, nerviosos, como pudieron
—ya el efecto del alcohol se les
habia bajado a los pies— me
informaron como habian cono-
cido los sucesos que conmo-
cionaron a los sinaloenses.
Fue Enrique el que me
dio la version: “Nos encontra-
bamos bailando y bebiendo en
el Atlético Humaya, cuando se
me acercé Ruperto Orrantia
—en esa €poca era un modesto
telegrafista— y me dijo: hace
un rato mataron en Mazatlan al
coronel Loaiza.
“No es posible, le res-
pondi. ;Cémo lo supiste? O-
rrantia asegur que la noticia
Loaiza rindiendo su primer informe de gobierno. Miguel Aleman
que me levantara y los acom-
pafiara en la tomada. Ellos in-»
sistieron: “jAsesinaron a Loai-
za, lo supimos en “el Atleti—
col”
Inmediatamente me i-
maginé las implicaciones y
transtornos que ese crimen
traeria aparejados para todo Si-
naloa, como asi sucedié des-
pues.
Medio me vesti a la ca-
tera y sali a recibir a los porta-
dores de esa mala noticia. Los
con la representacién presidencial
era cierta que se acababa de
recibir por telégrafo. Se lo par-
ticipé a Chuy Vazquez y quisi-
mos que tu la supieras para que
juntos se la comuniquemos a
don Pablo”.
Pero Orrantia —padre
de Oscar Orrantia, hoy director
de Telégrafos Nacionales— no
fue el Gnico que sabia de la in-
fausta nueva. Juan Lopez Porti-
llo, ayudante de Loaiza y quien
también andaba en el baile del
Atlético, (nunca supe porque
no estuvo en el puerto acom-
pahando al gobernador) ya es-
taba enterado del homicidio de
su patron y asi se lo expres6 a
“EL Guacho" Félix,
iESE OTHON ESTA.
BORRACHO!
El capitan Jestis Vaz-
quez Castillo manejaba una ca-
mioneta coior verde perico
propiedad de don Pablo y en
ella nos trasladamos los tres a
su casa. Residia él por la calle
Hidalgo frente al mercado Gar-
mendia enseguida del Remate
Azul de Farji “el barato”,
Dicha casa pertenecia a
don Jestis Tamayo, quien se ha-
bia cambiado a otro domicilio,
para que el general Macias Va-
lenzuela viviera y despachara
en ella mientras transcurria su
campaiia politica.
Llegamos como a las
tres de la mafiana. La calle Hi:
dalgo parecia una’ boca de lo-
bo. Sola, desierta, excepto uno
que otro gato y perro famélico
que esperaban abrieran el mer-
cado “para hacer sus compras
diarias”.
Los tres no las traiamos
todas con nosotros. Era una ho-
ra indispuesta y sabiamos co-
mo se las gastaba don Pablo,
pero la noticia era gorda y ca-
liente. No podia esperar. La te-
nia que conocer de inmediato.
Asi que hicimos de tripas cora-
z6n y tocamos el zaguan de la
casa
© .4Quién es...2”, nos pre-
gunté entre dormido y despier-
to el sargento Marcelino Rios,
asistente del militar y politico
de Las Cabras, municipio de El
Fuerte,
“Somos nosotros: Ma-
nuel Lazcano, Enrique Félix y
Chuy Vazquez”, le contesta~
mos. “Ya voy, ya voy”, nos re-
plicd. ‘El gobernador Pablo Macias Valen
Abrié la puerta y le pe-
dimos que le hablara al general
Macias. Su negativa no se hizo
esperar. “Yo no le hablo”, nos
dijo. “Esta dormido. Yo no lo
despierto. Hablenle ustedes’,
afadié.
Ni Enrique, ni Chuy, ni
yo abrimos la boca para nada.
Nos consultamos con la mirada
y ami me tocé perder. Pode-
mos decir que agarrados de la
mano, en fila india, nos intro-
dujimos a la casa con pasos
cautelosos, llegamos a su reca-
mara y “este valiente” le tocé
la puerta. Ya se estaba hacien-
do una costumbre tocar puer-
tas, esa vieja, fria y triste ma-
drugada.
“Don Pablo, don Pablo,
le dije. Levantese. Se trata de
un asunto muy importante.
Acaban de matar en Mazatlan
al coronel Loaiza”.
Escuchamos el roce de
las sabanas y los movimientos
10
uela ofrece una comida a Roberto Barrios: lo acompafian colaboradores y amigos
que hacia don Pablo para ves-
tirse y calzarse. Después el rui-
do que hizo la pesada tranca
de amapa al quitarla de la
puerta Todo amodorrado, res-
tregandose los ojos, aparecié
con su blanco calzén estilo ca-
chorér
“A ver Manuel como es-
ta és0”, me interpel6. Dio dos
© tres pasos y se dirigié al am-
plio portal. Nosotros lo segui-
mos y parados —desatento, no
nos invit a sentarnos— le in-
formamos de lo poco que sa-
biamos.
Serio, imperturbable, -
con un semblante de pocos
amigos, escuché la incompleta
version que habia partido ini-
cialmente de Orrantia
Estabamos _contandole
los hechos cuando soné el telé-
fono. Fue tan imprevisto el re-
Piqueteo que nos sobresalta-
mos. El momento, las ‘circuns;
tancias, no eran para menos.
El capitan Vazquez Cas-
tillo fue a contestarlo. “Le Ila-
ma Othon Herrera y Cairo des-
de Mazatlan, mi general”, le
dijo Jestis. “Se oye mucha gua-
sanga”, comento luego el fiel
ayudante
EI aparato telefonico -
—era uno de esos antigiiitos,
de manivela— se encontraba
ampotrado, colgado en Ia pa-
ted del mismo portal en que
nos encontrabamos.- Macias -
Valenzuela lo tomé y por espa-
cio de unos segundos, que pa-
recieron siglos, nadie hablé, ni
él tampoco. Luego lo colgé
con fuerza
“iEsta borracho ese ca-
brén!, dijo a manera de res-
puesta a las curiosas miradas
que le dirigiamos. Me conté lo
mismo que ustedes, que mata-
ron a Loaiza en el “Patio Anda-
luz” del Hotel Belmar. Pero no
es de creerse porque esta bo-
rracho Othén”, nos volvié a re-
petir.El pajaro cucti del reloj
de pared, propiedad de mi ge-
neral, alegremente dio las 4 de
lamafiana. Nos despedimos de
41, citandonos para las 9
Llegué a mi casa otra
vez a bordo del vehictilo que
conducia Chuy Vazquez. Me
acosté pero no pude conciliar
el suefio pensando en todo lo
sucedido. La imagen de Loai-
za, muerto, me perseguia en la
cabeza, obsesionado seguro -
por los serios acontecimientos
EL SEPELIO DE LOAIZA
Ya cuando llegué pun-
tualmente al domicilio de don
Pablo habia un mar de gente en
su interior y en las afueras. La
mala nueva se habia esparcido
por todos los ambitos de Culia~
can y de la entidad.
Gente del pueblo, poli-
ticos de diversas estaturas, for-
maban corrillos platicando, co-
mentado, en una y mil versio-
nes, el crimen de ese rojo car-
naval de Mazatlan.
Don Pablo me recibié al
instante al igual que a mis des-
velados compaieros Enrique y
Jestis. El fue el que nos informé
de que el cadaver de Loaiza lle-
garia en el tren de esa misma
mafana y que sera velado con
los honores de rigor en el salén
central del Palacio de Gobier-
no
Su representacién pe
sonal para este acto luctuoso
nos la dio a Saill Aguilar Pico y
a mi. Fuimos a la estacién del
ferrocarril y después al edificio
de Rosales, donde hicimos -
guardias de honor.
En una y otra parte ha-
bia una multitud de hombres y
mujeres. Confusién, curiosidad
y consternacién se reflejaban
en las caras de los sinaloenses.
La muerte de Loaiza, la forma
mes el Congreso del Estado se
Lic. Teodoro Cruz
artera en que se le acribillé a
balazos, caus6 indignacion. -
Fue una pagina negra en los
anales de |a historia politica de
Sinaloa,
En esos dias Macias Va-
lenzuela casi habia concluido
su gira como candidato unico
del PRI al gobierno del Estado.
Yo habia participado en ella y
estaba interiorizado de los pro-
legomenos de la candidatura
de don Pablo y de la secuela
politica, cue lo Hlevaria final-
mente al poder.
Loaiza y él ya habian
cambiado impresiones y lima-
do diferencias. Estaban en los
mejores términos.
El dia 25 de ese mismo
reunid y nombré al licenciado
Teodoro Cruz, quien venia fun-
giendo como secretario general
de gobierno, encargado del Po-
der. Ejecutivo. “El Mayo” Cruz
termin6 el periodo que le co-
© ‘rrespondia al hombre de San
Javier, San Ignacio.
El_cuerpo del coronel
Rodolfo T. Loaiza, después de
sei velado, fue llevado de vuel-
ta al puerto de Mazatlan para
ser sepultado en el pante6n ci-
vil
Regresaba al sitio donde
fue victimado cobardemente.
Habia sido su altima voluntad.
000
Asi fue como le informé
al general Pablo Macias Valen-
zuela de la muerte del coronel
Rodolfo T. Loaiza, le dije a
José Maria, queriendo dar tér-
mino a la conversacién y “co-
mote dije al principio: no pue-
do darte la colaboracién que
me pides pero para otro nime-
ro te la ofrezco”
Se le ponen los ojos co-
mo platos y me contesta:
iMagnifico!, pero por la cola-
boraci6n que te estoy pidiendo
no te preocupes, ya la tengo.
En esta grabadora he tomado
toda la conversacién. Que tu
secretaria la saque a maquina,
la corriges y la pules y iya es-
ta!
Lic, Manuel Lazcdno y Ochoa
nLUCILA MEDRANO:
\Loaiza
me Hizo Reina/
Entrevista del Director
~Iba llegando al Circu-
lo “Benito Juarez” cuando me
avisaron que habian asesinado
a Loaiza —me refirié Lucila
Medrano, la hermosa reina del
carnaval de Mazatlan de aquel
lejano afio de 1944
Lucila tiene su residen-
cia en la capital de la Republi-
ca. Vive seis meses en esta abi-
garrada metrépoli y el resto en
el cada dia mas esplendoroso
puerto mazatleco. Aqui, frente
al mar azul, vive su hija Rayito.
En otros domicilios sus herma-
nos Camilo y Guillermo.
Me liga una vieja y afec-
tuosa amistad con la familia
Medrano, que data de la déca-
da del cuarenta en que trabajé
como oficinista en la merceria
entonces propiedad de don Fe-
derico y don José. Kiko, el ma-
yor de los hermanos de Lucila,
estimado amigo mio, igual que
su progenitor, fallecieron hace
Pocos aiios.
Durante el reciente car-
naval de Mazatlan, Camilo me
proporcioné el teléfono de Lu-
cila, en México. Ella me con-
testa cuando le hablo y hace-
mos reminiscencias de lo acon-
2
Luc
tecido en ese funesto 1944.
—Primero el goberna-
dor Rodolfo T. Loaiza me habia
acompafiado al Belmar, donde
estuve un rato. Ahi lo deié y
habia quedado de reunirse -
conmigo en el Circulo. Eran al-
rededor de las doce y media de
la mafana.
Hay confusién en la ho-
ra precisa en que mataron al
coronel Loaiza. La prensa de
esas fechas sefiala las dos me-
nos diez minutos, 0 sea cuando
se pard el reloj Elguin de bolsi-
lo que traia el politico sanja-
vierefio. Lucila, sin embargo,
dice que era mas temprano.
Pero continuemos con
la entrevista que le hice a la ex-
reina del carnaval: —jYo- fui
reina porque Loaiza me lo pi-~
di! —me dijo. —Y escogi a mi
amiga Carmina de Rueda —
—hoy sefiora de Patrén— para
que fuese la reina de los Juegos
Florales. Ella si estuvo presente
cuando balacearon al goberna-
dor
Loaiza, como te digo
habia quedado de reunirse -
conmigo en el Circulo, para
(centro) con su prima Conchita,
a la izquierda
después acompafiarme al Club
Morelos y a la Unién de Carga-
dores y Carreteros. (Estos eran
los centros de baile tradiciona-
les y Gnicos de aquella época,
ademas del Belmar y el Circu-
lo, ya los que acudia su Gra-
ciosa Majestad para que le rin-
dieran pleitesia y homenaje)
—Para mi fue un impac-
to tremendo el conocer la de-
sagradable noticia. Nunca me
imaginé que acabara mi reina-
do tan repentina y tragicamen-
te —me comenta Lucila con
voz nostalgica
—Loaiza, pocas horas
antes de morir, me habia dicho
que queria que ese carnaval
fuera el mas bonito de todos
—jMala suerte! —me
dice. —Ve con Rayito y le pi-
des las fotografias mias que me
solicitas.
Deferentemente me in-
vita a su casa cuando yo quie-
ra. La recuerdo en mis moce-
dades. Era Lucila una mujer
que destacaba por su belleza y
por su sefiorio
U.M.F.D.)CARMINA DE RUEDA:
i¥O Ul MORIR A LOAIZA!
Entrevista del Director
—iUna de las balas que
dispararon los asesinos contra
Loaiza me quemé el vestido! A
punto estuvo de que me hiriera 0
me matara —me conté Carmina
de Rueda, que en aque! carnaval
de 1944 efimeramente lucid su
belleza y donaire como reina de
os Juegos Florales.
Las mujeres tienen esa
gran virtud de recordar todo,
hasta el més minimo detalle, de
los pasajes de su vida. Muchos
millones de olas marinas, desde
aquel entonces, se han estrellado
en las arenas de las playas del sin
igual puerto del Pacifico.
Sin embargo, Carmina,
como si fuese ayer, me relata los
acontecimientos de esa tragica
madrugada del 22 de febrero,
que ella vivi6 tan intensamente.
—Estaba como a un me-
tro de distancia de la mesa en
que estaba sentado el se
ener |
Por la tarde del domingo de carnaval, habia departido, en
Carmina con Loaiza sogundos antes de morir
dor. La misica inicié ta tanda
con la pieza de “El Quelite”, que
eta la_predilecta del politico
piaxtlefio. Apenas dos pasos ha-
bia dado bailando con mi amigo
Guillermo orm oe cuando
Mazatlén, con mazatlocos y gente de su gobierno
empezaron a sonar los balazos y
vi como Loaiza, con el rostro lle-
no de sangre, caia de frente, Iue-
go sobre un costado y finalmente
hasta el piso.
Tal como lo dice Carmina
asi se desarrollé esta escena abo-
minable. Los chacales se habian
acercado a Loaiza por atras y le
habian descargado los revdlveres
an el craneo.
—Una bala me atravesd
el vestido largo que traia esa no-
che. Miré a los hombres cuando
dispararon. No les distingui 1a
cara. Y no supe si habia sido “El
Gitano” el homicida. Yo lo cono-
cia en fotografia.
—Todo fue tan momenta-
neo, tan répido, que me quedé
muda, temblando en los brazos
de mi compafiero de baile. Im-
presionados, corrimos, como lo
8hicieron todos, a refugiarnos no
sé donde, temerosos de que los
pistolerés nos dispararan. Hasta
después me di cuenta de la cha-
muscada de la bala en mi ropa.
—me dice la hoy sefiora de Pa-
tron.
Me narra también que en
la mesa de Loaiza, acompafidn-
dolo, se hallaban las declamado-
ras y poetisas Garbalosa, madre
e hija, el tesorero del Estado Gil
Michel y su esposa. No recuerda
exactamente si se encontraba
Juan F. Huerta, que durante mu-
cchos afios fue agente de la Lote-
ria Nacional en Mazatlan.
Refiere que en una mesa
atras se encontraban sentadas las
amistades intimas del goberna-
dor, varios matrimonios maza-
tlecos y “El Chacho” y Ana Ma+
ria Rueda.
—"El Patio Andaluz” -
del Hotel Belmar —dice Carmi-
na— estaba dividido por unos te-
Jones para que no entrara toda la
gente. Las cortinas quedaban
atras precisamente de donde es-
taba la mesa que ocupaba Loai-
za. Y por ahi Ilegaron los mato-
nes y le dispararon a mansalva.
Yo me impresioné m
cho! Habia sido Loaiza tan ami
go de mi papa y de mi mama. Me
conocia a mi y a todos mis her-
manos. Seguido iba a mi casa a
visitarnos. El susto que llevé fue
muy grande y la pena mucho
mis.
Enseguida Carmina nos
menciona el hecho de que cono-
cia muy bien a todos los ayudan-
tes del gobernador. Momentos
antes habia visto a dos de ellos
junto a él. Uno se habia ido a ce-
nar yel otro, “El Chato” Duarte,
se habfe separado para ordenar
una pieza de miisica, “El Coyo-
te” que ella misma iba a bailar
con un joven, a peticién de algu-
nos amigos.
--Via Duarte cuando re-
sresaba. Estaban empezando a
tocar y el ayudante, al oir los ba-
lazos y ver caer a Loaiza, se tird
al suelo, sacando la pistola. Igual
lo hizo Gil Michel. Duarte tenia
una rodilla sobre el piso.
Desde que platiqué con
Lucila Medrano me quedé con el
pendiente de conocer en qué for-
ma, en esa época, se realizaba la
eleccin de las reinas de carna-
he
Extraordinaria foto tomada durante su asesinato
val y de los juegos florales. Car-
mina nos hace luz en estas cues-
tiones de la gran fiesta del rey
Momo.
—Ni Lucila ni yo tuvimos
que hacer nada. Loaiza, amigo
de nuestras mutuas familias, nos
Pidi6 a las dos que fuéramos las
reinas. Le puso un impuesto a la
Cerveceria del Pacifico. Lastima,
Porque fue el carnaval en el que
mas dinero se ha sacado.
—A escondidas de mis
padres acepté. No me dejaban en
Ia casa hasta que se vino mi rei-
nado y entonces tuvieron que do-
blar las manos.
Vuelve su mente al pasa-
do y nos cuenta que la corona-
cién se celebré en el cine “Ro-
yal” el viernes 18 de febrero de
1944. “Fue de lo mas bonito que
haya visto y sentido" —me dice
Carmina con gran nostalgia.
Y me comenta, al pedirle
una foto suya de esa vez, que ex
trafiamente no permitieron el
acceso de fotdgrafos. Por eso, no
conserva ninguna imagen suya
de aquellos momentos tan gratos
para ella.
(.M.F.D)
Carmina fue
por Carlos Me Gregor
poeta laureado en ese carnaval.
Al dirigirse a Su Graciosa Ma-
jestad le
‘gual que un cuento de milagreria,
de ti, Carmina, la gentil prestancia,
tiene efluvios de lirica fragancia
y ritmicos acentos de armonia,
De tu tierra la real policromia
circundando de sierras la distancia,
se azore ante la herdldica elegancia
de tu porte, rindiendo pleitesta.
(Carmina, Soberana del poema!
Yo quiero los matices de tw gema
para hacerle un crisol a mis querellas,
donde se fundan, para siempre ilesos,
Ja trémula frescura de los besos
y el cailido fulgor de las estrellas.El Crimen de Loaiza
Corlos Mc Gregor:
\V¥O ME TIRE AL SUELO!
Entrevista del Director
—iYo también me tiré al
piso cuando oi los balazos que
mataron a Loaiza —me dijo
Carlos Mc Gregor Giacinti, -
poeta Jaureado en los Juegos
Florales de 1944,
Localizamos al bardo -
“casi casi sinaloense” al través
de su hijo Lorenzo Octubre,
que trabaja en el INFONAVIT
en Morelia. El me dio su teléfo-
no y domicilio en el puerto de
Veracruz
—Hace aiios que radicé
aqui —me expreso.
Carlos Mc Gregor, gran
amigo del general Gabriel Ley-
va Velazquez y de Tofio Toledo
Corro, residié mucho tiempo
en Sinaloa, principalmente en
Mazatlan. Participé y gané seis
flores naturales, un accesit,
cinco segundos lugares y cinco
menciones honorificas en los
concursos del gay saber cele-
brados hace décadas en los
carnavales mazatlecos.
=
Desde México, por larga
distancia, fue la platica que
sostuvimos. Le preguntamos
sobre las incidencias de aque-
lla tragica madrugada en que
alevosamente asesinaron al go-
bernador Rodolfo T. Loaiza.
—Habia triunfado en -
ese certamen de 1944 con mi
trabajo “Cuatro Romances Ma-
rinos” y el viernes anterior los
habia dicho en el cine “Royal”,
donde tuvo lugar la noche de
gala en que se coroné a su Gra-
ciosa Majestad Carmina | —
—Srita, Carmina de Rueda—,
reina de los Juegos Florales; y
el coronel Loaiza, en el “Patio
Andaluz” del Hotel Belmar,
pocos minutos antes de que ca-
yera muerto bajo el impacto de
las balas, me llamé y me pidi6
que dijera otra vez mis poesias
premiades. —me cont6 don
Carlos
—Le expresé al coronel
que eran muy extensas y que
llevaria mucho rato en decir-
las. Convenimos en que sdlo
diria una de ellas. Estaba dispo-
niéndome a tomar el micréfo-
no cuando sonaron los bala-
zos. Inmediatamente vi como
se desplomaba sin vida el go-
bernador.
—Al igual que lo hizo
todo mundo, yo también me
barri bajo una mesa. No era pa-
ra menos. Los hombres que
acribillaron a Loaiza —y a
quienes no reconoci— con su
mirada torva y las pistolas en
las manos, amenazaban con
seguir disparando. Todo trans-
currid en un segundo pero este
tiempo lo vivi intensamente.
Esta fue la versién que
de esos hechos sangrientos re-
gistrados en el carnaval de Ma-
zatlin de 1944, me dio a cono-
cer el tantas veces galardonea-
do poeta Carlos Mc Gregor
Giacinti
000
Rusia Me Gregor, hija
de don Carlos y quien reside y
trabaja en la ciudad de Mexico,
me hizo el favor de hacerme
llegar el libro de su padre “Lau-
reles y Poesia”, que contienen
parte de su extensa produccién
poética y en la que se encuen-
j pine
or
AEH
(ee
‘Mc Gregor Gordnando a $.G.M.
Alma Rosa Valadés
6tran muchos hermosos trabajos
dedicados a exaltar las bellezas
de Sinaloa y las virtudes de sus
hombres:
Mi amigo el periodista
Manuel Ferreiro y Ferreiro, en
noviembre de 1959, prologé la
obra anteriormente menciona-
da, en la forma siguiente:
“La tierra sinaloense ha
recibido a Carlos Mc Gregor
Giacinti y se estremece de or-
gullo, al ganar un hijo, en el
poeta de espiritu libre, pensa-
dor sentimental y cantor de la
naturaleza (la tierra, el mar y el
cielo), con una inspiracién fan-
tastica, sonoras estrofas y ar-
monia universal
Su clara, limpia y singu-
lar categoria espiritual, resalta
valientemente en toda su obra
Triunfador nato, es un cam-
peén de la belleza poética,
plasmada en la idea libre y su
verso irreprochable.
No soy, desde luego, el
més idoneo para lograr una
correcta descripcion de su -
obra. De ella hablan elocuen-
temente los laureles conquista-
dos en los certamenes poéticos
en que ha participado.
“Laureles y Poesia”, es
anfora broncinea, que encierra
los versos mejor cincelados del
poeta, grandes por la forma y
por el concepto. =
Su acta de nacimiento,
para mi, fue firmada en la cum-
bre del Monte Olimpico y trae
el sello de las nueve hijas de
Apolo”.
PRESAGIO tiene mucho
gusto en publicar esta vez uno
de los Cuatro Romances Mari-
nos, trabajo que merecio para
el poeta Mc Gregor la Flor Na-
tural en ese afio del deceso de
Loaiza, que tan extensamente
narramos en éste numero 8
16
Loa
‘en Palacio Nacional, en una coremonia
ROMANCE DE BRONCE Y PLAYA
Por Carlos Mc Gregor Giacinti
Cauda de luz, un romance,
—romance de bronce y playa—
cubre de piel la ribera
con carne de sus entrafias:
En la linea de su costa
se duermen cuatro distancias,
como cenefas prendidas
con broches de espuma y agua...
iTienen cuerpo de mujer
sus marinas asonancias.
Carne ce sol, el romance,
de bronce por la mafiana,
carne de sol, por la noche,
la luna lo vuelve plata.
iTu vida es una mujer,
romance de bronce y plata.
No se bordan lentejuelas,
morena, si vas descalza,
camino de las marismas
paseando tus arrogancias,
la arena pringa de luces
la rose de tus pisadas,
y alternativos cocuyos
sobre tus pies despedazan,..
—haz de colores—, un iris,
que matiza tus sandalias.
iCémo circunda el romance,
—romance de bronce y playa—,
tus formas de costa virgen
contra’ el aire acaneladas!
Yes que lo mismo eres tu,
morena de piel tostada,
que el relumbre de Ia arena +
cuando sofoca sus ansias
con tibio calor de agosto
templada de madrugada.
Quemas un cuerpo de tierra
con el fuego de tus plantas,
mientras tus plantas se quema
al contacto de sus llamas.
Y esté tu cuerpo desnudo,
en las arenas mojadas,
calcinando con tus senos
tu propia sombra salada...
Tu vida es una mujer,
romance de bronce y playa,
piel de tu piel, para siempre,
en tu ribera plasmada:
Carne de sol en el dia,
carne de luna y de plata
en el silencio maduro
de cuatro ausencias lejanas.
jHombros de arena tendidos
en éxtasis de distancias...!
iPelo lacio desflecado
con desdén y extravagancias. ..
iPerfil de formas nocturnas
sobre el tapete del alba...!
iTropicales senos combos
de juventudes tempranas,
impregnando los espacios
de redondez y fragancia...!
Tu vida es una mujer,
romance de bronce y playa,
cuerpo de costa perdido,
en cuatro pupilas de agua
U.M.F.D.)Hace treinta y tres afios que tu-
ve una larga plética con el coronel Ro-
dolfo T. Loaiza, entonces primer man-
datario del Estado. Seria absurdo afi
mar que transcribo fielmente lo que
conversamos, pero el espiritu de nues-
tra charla es digna de fe. Me reservo
otros datos, porque considero que ain
‘no es tiempo de darlos a la luz pabli-
ca,
La luz de la lampara inundaba
el pequefio despacho del gobernador
Loaiza y algunos de sus reflejos des-
tellaban sobre su incipiente calvicie.
Craneo macizo, que delataba
‘su ascendencia vasca, pequefios los
ojos que parecian esconderse en su
rostro ancho que lucia una nariz pe-
quefia que se ensanchaba timidamen-
te al aproximarse al labio superior. Su
estatura, mediana, como que se hacia
mas baja por la robustez de su cuerpo.
Examinaba un legajo de docu-
mentos, mientras, desde nuestro a-
siento, mirabamos a aquel hombre a
quien habiamos conocido en Colima,
hacia 1933, cuando era diputado fede-
ral y formaba parte de la comitiva del
candidato presidencial Lazaro Carde-
nas,
RODOLFO T. LOAIZA;
“Luchoremos
Contra el Presidente”
Por Juan MACEDO LOPEZ
Recordabamos su sapiencia de
gourmet _y su bonhomia. Eramos
aprendices del periodismo y Luciano
Kubli, agregado de prensa de la comi-
tiva, nos present6 al legislador sina-
Estabamos frente al coronel
&
Avila
camacho, en Los Mochis, durante su gira como candidato a
a Presidencia de la Repablica, poco antes de que los contingentes
se onfrentardn a balazos '
7Loaiza atendiendo a su llamado. No es =
‘exagerado afirmar que entonces el go-
bernador de Sinaloa era uno de los po-
liticos mas habiles del pais. En tales
menesteres poseia una extraordinaria
sensibilidad,
Su amistad con el licenciado
Emilio Portes Gil, sus ligas intimas
con el general Cardenas y sus relacio-
es con el alto mundo politico que
Predomind en los afios cuarentas, ha-
ian del coronel Loaiza una figura de
relieve,
___Gustaba cantar, pero mas lo se-
ducia el poder publico. Era gobernan-
te de una sola palabra, virtud que ig-
oran muchos de los que andan en las
correrias politicas, que no en la politi
ca auténtica,
El si o el nd. del coronel Loaiza
eran definitivos, pero razonados. Sa-
bia escuchar, mas reclamaba conci
sién, claridad en el peticionario 0 ex-
ponente.
Su capacidad de trabajo era ex-
traordinaria, De espiritu sociable, so-
lia asistir a fiestas que organizaban
Sus amigos 0 colaboradores mas cer-
canos; se retiraba, en ocasiones, en
lena madrugada, se daba un duchazo
yen bata de casa, en su despacho pri-
vado, sobre el escritorio se amontona-
ban montafias de documentos que ha-
bia que revisar, examinar, estudiar y
resolver las cuestiones 0 problemas
en ellos contenidos. Trabajaba cinco 0
seis horas consecutivas.
Su poder de captacion era
asombroso, como si una Kodak reco-
giera y grabara sobre su memoria
‘aquellos complicados o intrascenden-
tes documentos.
Un segundo duchazo, el desa-
yuno y luego aatender los asuntos pi-
308 en el palacio de gobierno. Nun-
ca lo oimes lamentarse del exceso de
No era un hombre de letras, pe-
ro tampoco un politico inculto. Su sa-
biduria |a habia bebido del conoci—
miento de la naturaleza humana. Y su
virtud cardinal fue, indiscutiblemente,
la lealtad
No tenia amigos sexenales, si
no para toda la vida. Creemos que no
Supo ociar, pero si despreciar. Fue el
gobernente mas calumniado de su
@poca y tal vez de la historia contem-
Poranee de Sinaloa.
Si los méritos del hombre pa-
blico se ponderan por el nimero de
‘Sus oriticos protervos, no hay duda de
que el coronel Loaiza era un politico
de méritos.
El gobernador Loaiza terminé el
‘examen de los papeles que guardé en
una caipeta. Me miré con tranquilidad
@ inesperadamente mealanced con —
una pregunta sorpresiva:
—zEsta usted dispuesto 2 Iu-
char contra el Presidente Manuel Avila
Camacho?...
Senti que mi cuerpo se cimbra-
ba interiormente me pregunté si el
goberniador bromeaba. Y a su pregun-
ta respondi con otra: :Se trata de un
lanzamiento armado?... Loaiza sonri6,
El gobernador Loaiza en reunién con su gabineto
recargése sobre la silla giratoria y lue-
go rid.
—No es un alzamiento armado.
Es una lucha politica que vamos a ini-
ciar los revolucionarios contra los
conservadores que estan en el Palacio
Nacional. Digame: zdurante el actual
eriodo presidencial han mejorado los
sueldos del magisterio? Movi negati-
vamente la cabeza y comenté: para no-
sotros no hay mejoria en nuestros
‘emolumentos porque estamos en gue-
rra contra las potencias del Ej
Loaiza guardé silencio por un
momento y luego, bajando el tono de
Su voz y aproximandose al asiento que
‘ocupaba, puesto de pie, me hablo no
recuerdo si treinta minutos 0 una ho-
ra.
—Al magisterio nacional lo ha
fraccionado el sefior Presidente para
debilitarlo, me dijo entre otras cosas
Ustedes y’el pais necesitan un sindi-
cato de maestros unificado, vigoroso,
auténomo, para que sea una fuerza
poderosa dentro del Ambito de la pol
tica nacional. Usted sabe que el sindi
ccalismo mexicano posee la fuerza que
le da el gobierno. Es una realidad que
no podemos negar porque jugariamos
al tonto.
Un grupo: de_gobernadores
hemos tenido reuniones y decidimos
organizar una federacion nacional de
maestros y mis compaferos me dis-
tinguieron con el encargo de consti-
tuirla. Yo seré el iniciador, pero quien
dirija las tareas principales sera el ge-
neral Miguel F. Henriquez, que es
ato a la Presidencia.—2Quiere usted colaborar con-
migo? Hago hincapi@ en que si es pre-
ciso lucharemos contra el propio Pre-
sidente de la Republica, hasta sus dl-
timas consecuencias.
Reflexioné un momento y mi-
randolo cara a cara, ledije: acepto, se-
fior gobernador, si el posible sindica-
tono sera apéndice del poder pitlico.
—Procuraré —agregé Loaiza—
que la Secretaria de Educacién Publi:
ca conceda a usted un permiso con 0
ssin goce de sueldo, con el pretexto de
que usted recorrerd e! pais para estu-
diar las leyes y reglamentos que rigen
en todos los Estados, en todos los ni-
veles de la educacién.
—E! sostenimiento de su fami-
lia no debe preocuparie. Entregaremos ©
a su esposa, en un solo desembolso,
cincuenta mil pesos y usted firmara un
‘seguro de vida por cien mil pesos. Via
Jara usted con holgura econdmica, sin
gue tenga necesidad de solicitar ayu-
da de los gobernadores amigos. Su re-
Corrido por todo el pals se iniciara
después del carnaval, més o menos en
los primeros dias de'mayo (era el afio
de 1944).
—Se presentara usted en Gue-
Galajara con el general Henriquez con
una carta que yo suscribiré y de 4! re-
cibira instrucciones que debe acater
fielmente. Nuestro amigo tiene una
lista confidencial de los lideres magis-
teriales de cada entidad que gozan de
prestigio y apoyo de sus compafieros.
—Una vez que termine su reco-
rrido, cuyo propésito no es otro que el
de efectuar un congreso nacional, ou-
ya sede sera Culiacan, para elegir la
alta dirigencia de a futura federacion,
‘De naesraedicén de ayer a las das de i 0fT2cida por el coronel Loaiza para el
iEXTRA! - iEx
‘L ASESINO ESTA IDENTIFICAD!
A CIUDAD; PERSEGUIDO MU
‘onda coatereacén
st Masala;
(efmen condenade
a plications en su
‘dernotciarsbe el
volveré a Sinaloa.
—Sea discreto. No le pido ac-
tos heroicos; le exijo tacto, agudeza y
diserecién. Ni su esposa ni sus com-
pafieros de’ sindicato magisterial co-
oceran, por ningdn motivo, estos
planes.
‘Se corrieron los trémites del se-
guro de vica, cuyo documento debia
entregar a mi compafiera horas antes
de mi partida, lo mismo que la sums
Protestando en uno de sus miltiples cargos
sostenimiento-de mi familia,
El sébado de malhumor ful tla
mado por el coronel Loaiza a su resi-
dencia particular. Me mostré los libra-
mientos, el seguro de vida y al despe-
dirme me informé que ese dia saldria a
Mazatlan @ disfrutar del carnaval.
"Veame el miércoles préximo, porque
oreo que vamos & epresurer $u rebo-
rrido”
El lunes de carnaval de 1944
ballabamos mi esposa y yo en un can-
tro social; en mi intimidad, la nostal-
gia parecia anticiparse. En horas de la
‘madrugada, el maestro de ceremonias
se acercd demudado al micréfono y
con voz temblorosa se dirigid a los
contertulios: ..."sefioras y sefiores,
tenemos la pana de informar a ustedes
que hace unos minutos el sefior go-
bernador Loaiza fue asesinado en el
#7 | Hotel Belmar. Damos por suspendida
festa reunién por razones obvias”
La angustia se prendio a mi
espiritu como una flecha que me ha-
cla sangrar. No era la frustracién de un
plan _minuciosamente elaborado que
‘me hublera dado cierta relevancia. Era
al dolor, la indignacién por el asesina-
to del amigo y del gobernante.
Mi compafera, despues del tré-
gico suceso, me hizo un sefialamien-
to: "andas tan decaido como si tu pa-
pa hubiera muerte, jLevanta ty ani—
mol",
El licenciado Teodoro Cruz sus-
tituyé en el mando supremo al coronel
Loaiza. Dirigia ain el sindicato de
maestros y un dia fui llamado por
‘aque! socarrén, malhablado, pero ex-
celente corazén, designado secretario
general de gobierno por érdenes del
Presidente Avila Camacho, cuya ani-
mosidad contra el extinto gobernador
era publica y notoria.
El licenciado Cruz me espetd
preguntas a granel: :Oye, td, diploma-
tico —asi solia motejarme— que dia
blos significan estos libramiientos y
‘este seguro que sélo a tiy a tu familia
favorecen?... Qué hay o qué habia
detras de todo esto?...
Conteniendo mi nerviosismo
respondi al nuevo gobernador: si yo le
informara lo que hay detras de esos
papeles, me despreciaria 2 mi mismo
y usted también me despreciaria a mi
‘mismo y usted también me desprecia-
ria, Permitame el derecho de ser leal al
amigo muerto tragicamente. No dire
una sola palabra, licenciado.
Clavo sus ojos en mi rostro,
. pronuncié dos 0 tres palabrotas y ter-
mind diciidome: —Pinche diplomé-
tico, tienes toda la raz6n. Y sonriendo,
orden6: largate y vete al este y al otro,
dicho con su peculiar lenguaje.
19|
|
! MUJERES SINALOENSES
|
|
Una Perla Que Dio Sefiorio
| al Carnaval de Mazatlan
—{Nos permite pasar? Vamos a
entrevistar a Perla Gonzalez. Es alli, a
media cuadra, no encontramos lugar
para estacionarnos en todo el contorno.
—iA quién dice que va a entre-
vistar? —nos dice el agente de trénsito.
—A Perla Gonzélez. La rvina del
carnaval que vive alli —y le sefialamos
ellugar, que se encuentra precisamente
‘a unos pasos del paseo Olas Altas, de
Mazatlin, casi vecino al monumento
‘que muesira el hermoso escudo de Sina-
loa,
Ya en casa de la familia Gonzalez
Garcia, nos recibe la verja abierta “de
par en’par” y un niflo que sale por la
pesada puerta de cedro.
{Se encuentra la reina en ca:
No, no se, yo solamente vine a
arreglo floral —respondié el
pequefio, titubeante
Una sefiora de porte distinguido,
ojos claros, espigada figura y trato sen-
cillo, nos da la bienvenida y nos conduce
por ja escalinata de mérmol hacia la
planta alta. Es la mamé de Perla,
La reina se encuentra en sus ha-
bitaciones, en donde las hébiles manos
de estilistas proceden a dar el toque fi-
al a su peinado y maquillaje. Perla nos
da una primicia para los lectores:
—Creo que me presentaré al con-
curso de Sefiorita Sinaloa en mayo.
para entonces tendré la edad requeri-
da, porque en abril cumplo mis 17 afios.
2
Alcanza a escuchar sus palabras
Rodolfo Ganzélez Burguefio, su progeni-
tor, quier en esos momentos se presen-
ta ena habitacién. Se enfrascan en un
ere una perla no escondida entre los encantos del agua del
Por Carmen Aida Guerra Miguel
ar azul.
didlogo familiar, en el que nos coloca-
mos como simples espectadores. Habla
el justificadamente satisfecho papé:sus ojos a veces del color
—De verdad hija te gustaria
concursar para Sefiorita Sinaloa?
Y Perla, la muchacha accesible,
cuya voz de inflexiones suaves acorde
‘con sus gestos, se pone de pie, transfor-
mada de nifia a mujer por sus galas so-
beranas y va hacia su padre con una ca-
ricia en las manos ““pues...", murmura,
Ya ese pues, encontramos un signitica
do: el de la hija que escuchs la orienta-
ccién paterna para determinar el camino
a seguir.
Ya queda dicho, Perla es una mu-
chacha joven, en plona formacién, Estu-
dia el segundo afo de preparatoria, “No
he faltado a clases... solamente estos uil-
timos dias", dice, para ensoguida ha-
cernos una’ descripcién, a sugerencia
nuestra, sobre su persona:
{Mis medidas?, no las #6 con
precisién —pero los estilistas en u
tante resuelven la incégnita: y cinta en
mano llegan en su auxilio para enterar-
nos: “Perla tiene excelentes medidas,
89—58—89, Su figura es la clasica de la
mujer sinaloense: talle esbelto y hermo-
sas piernas”. La reina sonrie y agrega:
“Mido 1.70 metros y peso 55 kilogramos.
No hago dietas de ninguna especie; pe-
ro, si practico deportes como el tenis y
la natacién”.
Miontras habla contemplamos su
cabellera. "Es dorado natural”, nos in-
forman. Sus ojos azules a veces del color
del cielo o dal mar mazatlecos, reflejo de
su cardcter apacible, y s6lo'se tornan
verdosos cuando se altera; pero zreal-
mente se altera Perla Gonzélez?:
—Noes precisamente alteracién,
sino que me conmueve que existe pobro-
za, injusticia. Creo que todos podemos
hacer algo para remediar esta situacién
fen la que hay pocos ricos y muchos po-
bres. Yo, por ejemplo, quiero ser quimi-
cca farmacobidloga para ir a los pueblos,
alas rancherfas, para hacer algo por la
salud de los que sufren y no tienen me-
dios econdmicos al servicio de los més
nocesitados
Perla ha vivide redeada de como-
didades. Su padre, horticultor muy esti-
mado en el bello puerto, nos cuenta que
se gradué primeramente como contador
privado yfuncionario bancario en la Es-
uela Bancaria y Comercial de la ciudad
ddo México y posteriormente cursé la ca~
rrera de contador piblico en la Univer-
dad Nacional de México. En la actua~
lidad funge como residente de la Junta
de Agua Potable de la SARH en Maza-
{én y ha formado una familia bonita,
con su esposa Elia Garcfa Magatia. Per:
laces la primogénita y de ella siguen Ira-
sema de 15 aiios, Jéssica de 14, Rodolfo
de 10 y la pequefia de la casa, Paloma
de 3. Elnombre de sus hijas lo eligicron
porque les parecfan bonitos, pero el de
fue en honor a Palomo Linares,
nn aplaudieron en una corrida en
Madrid. Elia iba ombarazada y ambos
decidioron que si era nifia, le darian ol
nombre del famoso diestro espafol
Mientras nos enteramos de estos
retazos de la vida privada de los Gonzé-
Jez Garcia, Perla escucha atenta; una
de sus notables cualidades jsabe escu
char!
Luego nos entera que su triunfo
fue con un gran margen, ya que obtuvo
901,650 votos. Su padre comenta con
franqueza: “Gana, la que aporta mayor
cantidad de votos, que a su vex significa
‘mayor cantidad de dinero”. Y, hace his-
toria: “Por ocho ailos consecutivos he si-
en su carro alégorico paseando su belleza..
a—_
Lorena Xibillé
reina de los Juegos Florales
do prosidente del Comité de le candida-
ta quo ha logrado el triunfo —para lue-
0 poner énfasis on sus palabras— ji
‘maginese si podia dojar do hichar hasta
el Gltimo momento porque ganara mi hi-
ja. Era cuestién de honor!”
Y... Perla triunfé, como ha que-
dado escrito en las paginas més bellas
que se han logrado en un Carnaval In-
ternacional de Mazatlan. Su reinado no
significa, sin embargo, el hecho solitario
do haber atesorado mayor nimero de
votos, sino un jhermosisimo canto a la
amistad!, ese sentimiento que Rodolfo
Gonzalez Burguefio y su familia evan
como doctrina intrinseca, leémoslo:
“Efectivamente, Porla gan6 por
el apoyo que nos dieron nuestros ami-
gos. Considero que los tenemos. Yo, en
lo particular —habla el sefior Gonzalez
Burguefio, “Popo” para sus amigos y co-
nocidos— he procurado siempre hacer
amigos y con grande satisfaccién de mi
parte, he hecho de aquellos que on de-
ferminadas circunstancias pudieran —
sontirso mis enemigos, mis mejores
amigos!
Estas onsefianzas’ y otras, son”
parte modular en la vida de los Gonzélez
Garcia, emanadas del jefe de la familia.
Porla, ia reina, las define asi, en forma
simple:
—Que nos superemos en todos
Jos érdenos, que ostudiemos mucho para
estar preparados para el porvenir, son
Jas orientaciones cotidianas que nos da
nuestro pap. Algunes dicen que fisica-
nente soy “igualita” a mamé y que tam-
bién heredé los rasgos mas sobresalien-
tes de su cardcter.
Intervienen algunos de los pre-
sentes: “Obsérvalas, son igualmente ac-
cesibles, diéfanas y lucen una calma
tal, que nadie diria que tienen por el mo-
‘mento los minutos contados para acudir
1 todos los compromisos del reinado”.
2
En tanto Perla continia de pie,
con las manos quicias, observando el
arreglo de sus damas de honor, su her-
mana Irasema y su prima Yuriria Robles
Quintero, impresionante en su soberbio
traje con reminiscencias de Isabel 1, la
reina de Inglaterra que por vez primera
gurcé los mares para legar a los Esta~
dos Unidos de Norteamérica. Ast vos
da, en un rutilante color dorado que
simula wn poco sus facciones anifiadas,
ccon su tez aterciopelads, su talle juncal,
sonrisa juguetona cue entreabre sus la-
bios carnosos realzadas, como sus ojos,
con afeites que poren de relieve sus na~
‘turales encantos, 1a reina del carnaval
de Mazatlan 1978 confiesa:
No piensc casarme pronto. Es-
toy de novia, sf, porque he encontrado
al hombre que supo llegarme al corazén
con inteligencia. Porque —define—, la
inteligencia bien empleada es uno de los
valores que mas ‘ae impresionan y que
més admiro. Un
—resume—, no puede ser un pata.
Resalina Habiff,
reina de la Serie del Caribe
Atrés cle nosotros, clavado en la
pared, presid endo la recémara, un her-
‘moso bajo relieve tallado en madera de
més de un metro cuadrado de dimen-
sién, nos hace voltear varias veces, y
luego, cuando Perla empieza a alhajar-
se, precisamante con perlas, zarcillos y
anillo de mecias perlas y brillantes, pe-
ro sobre todo, un collar antigiio de pe--
quefias porlas engarzadas en filigrana
de oro, nos vercatamos en el gusto que
tione la familia por los objetos antigiios:
Bate os un collar rogelo de mi
papé, come recuerdo de mi reinado,
Pooiiala ¥ mentalmonte aceptamos la
idea de esia efimera soberania sobre
més de cien-mil almas que horas mas
tarde la viloroaron a su paso por el ma-
locén, maiestuosa y serena, de pie en la
parte alta del simbélico galeén de esa
gran reine inglesa Isabel I, que no se
distinguié orecisamente por su belleza,
pero spor su gran vision internacional
¥. de esta reina sinaloense que profiere
hombre inteligente ,
el color blanco porque dice que “es pu-
ta ol tema sobre la virgi-
“pienso que es el punto de
partida de le mujer mexicana para con-
Server sus valores”, que suefla en reme-
diar los males socisles y por eso “quise
compartir los bailes populares”.
La encontramos la noche del do-
mingo —caso insélito en una reina del
carnaval—, regalando su presencia a la
‘gente del pueblo, no desde lo alto de un
carro alégorico, sino escuchando junto
a sus ofdos, al pasar por las Olas Altas,
a pie, los gritos de jébilo [VIVA LA REI-
NAL
Perla I, la reina que también por
ver primera asiste, sin lamar la aten-
Gién, a la coremonia en la que se coroné
f Lorena Xibillé como reina de los Jue~
{08 Florales (declarados destertos en es-
ta ver, por respeto a la poosia, dicho por
Ios miembros del jurado), a la mujer que
reind durante cinco dias en el corazén
zo solamente de los mazatlecos, sino de
todos quienes llegaron alende las fron-
{eras para asistir al carnaval y a la So-
rie del Caribe, jah!, y @ Ja reina que
Cuando nos hablo de Rosalina Habiff Sa
rabia, la reina de la Serie del Caribe, y
do Lorena I, reina de los Juegos Flore-
les, do las bellisimas embajadoras y de
todos los visitantes que adoptaron en
‘e808 dias el localismo de mazatlocos, ex-
tendié los brazos para luego encerrarlos
frente a si en un abrazo fraterno, con
una gran alegria de vivir, con un gran
sentido de humanidad.
Junto con su reinado, Perla gané
un viaje a Houston para donde saldra en
breve acompafiada por su mamé. Vol-
vera pronto porque su. meta actual es
terminar sus estudios de bachillerato ¢
ir en junio a Suiza: “Gincbra, o tal vez
Lucerna —comenta entusiasmada con
Ja idea— para estudiar historia del ar-
te, perfeccionar los idiomas francés e
inglés y algunas otras “cosillas" que me
den bases para adquirir una cultura ge-
neral, Ya estuve en Europa ol aflo pasa-
Irma Leticta Sandoval,
perdi6 pero no en bellezado en un viaje muy interesante que hice
en compaitia de mi prima Yuriria —y
vuelve su rostro hacia su prima engala-
nada ya con suntuosos arreos. Conozco,
‘ademés, algunos lugares de mi pais y me
interosa muchisimo todo lo que se rele-
ciona con les cultures prehispsinicas,
siempre y cuando estas den luces para
"ng mejor convivencia presente y futura
de las goneraciones”
Alguien la Heme desde la sala.
Han llegado los miembros del patronato
carnavalero y con ellos el novio de Per-
Es 61, lo que las mujeres solemos
lificar como “un ejemplar masculino’
Aprovechamos los minutos en que la
reina y su cortejo intercambian saludos
ccon los recién legados, para preguntar
a Emosto Urquijo.
—2Qué opinas de tu novia?
Hs fabulosa, Puedo asegurar
que es una muchacha. positiva ciento
por ciento, Hable cuando debe hablar y
talla cuando debe calla. Can eso queda
dicho todo verdad?, —asogura y son-
rfe, sonrisa que encuentra eco en la son-
risa real de Perle I.
Fue idea de Perla ofrecer estos
coctoles. s la primera vez que una rei-
1a del carnaval tiene tal deferencia con
las embajadoras, cortejo e invitados os-
peciales del patroneto; surge el comen-
tario de ontre los presentes, a lo que la
sel earnaval do Mazatlan alcan:
Fee ie
‘al desfile de carros alégoricos.
reina afiade:
Es una manera de que todo sal-
ga con la puntualided requerida. Nos
reunimos en el coctel y de alli salimos
para estar a tiempo en el desfile como lo
hemos hecho en los demés actos.
Bs otra de sus cualidades —
—Menciona el novio y agrega: Perla es
‘muy puntual, precisamente porque tie-
re un gran respeto por los demés. Ella
interviene para afirmar: “Nadie es due-
fo del tiempo de su préjimo”.
su apogeo durante
an culto a la amistad ha hecho el padre de Perla...
Antes de despedirse, la reina del
carnaval de Mazatlén por partida doble
(hace 10 afios result6 triunfadora como
reina infantil), nos habla de los sistemas
sociales:
Estoy de acuerdo con todos
aquellos sistemas que tiendan a golucio-
nar ol hambre, la insalubridad y a igno-
rancia, siempre y cuendo 9 piense que
Jo més importante de! hombre 2s su me-
ta final, su encuontro con Dios. Que se
ccuide la parte material del hombre, pe-
ro primordialmente su ser espirituaALBERTO LOAIZA:
\NO SE QUIEN MATO
A MI PADRE!
Para Alberto Loaiza, el hijo va-
én tinico del gobernador Rodolfo 7.
Loaiza, el crimen de su padre permane-
ce sin castigo.
No sabe en realidad quiénes fue-
Entrevista del Director
ron los auteres intelectuales de ese ho-
micidio.
Lo entrevisté en la ciudad de Mé-
xico, donde vive y trabaja hace varios
‘afios. Ha procreado una hermosa fami-
lia. Tiene tras hijos con su esposa Yolan-
da Lépez Infante de Loaiza. Residen en
Ta casa que heredé de su progenitor: en
Manzanillo 187, de la colonia Roma Sur.
El misterio sobre quién o quiénes
Jraguaron el crimen del “Patio Anda-
luz” del Hotel Belmar, sigue latente.
La familia Loaiza: Dofa Julieta, Olga y Alberto *
‘aie=2Quién fué? —Ie preguntamos.
—No sé, porque estuvo tanta
gente involucrada, que nadie, hasta la
fecha, ha descubierto esta interrogante
=me contesta el hay jefe de transportes
de Servicios Sociales del Departamento
dal Distrito Federal.
—Ei tiempo no ha logrado cicatri-
zar-esa herida y esa pena que nos caus6
Ia muerte de mi padre. Pudiera decirte
quo fué Maximino Avila Camacho, Pablo
Macias Valenzuela, los familiares de Al-
fonso Tirado, los terratenientes del sur
dal Estado a los narcotraficantes, todos
ellos mencionados como presuntos res-
ponsables, pero, en verdad, no puedo
sefialar a ninguno como é1 o Ios culpa-
bles directos de este homicidio.
Alberto Loaiza expuso_asf_ su
ccriterio y su postura en torno al asesina-
to de su padre. La historia tampoce se
hha puesto de acuerdo. Un espeso velo
cubre la cara del asesino intelectual.
000
Esa mafiona en que mataron a
Loaiza, su hijo Alberto, venfa en tren
procedente de California. “Estudiaba en
Ia Universidad de Berkeley, me dice con
cierta nostalgia, la carrera de ingeniero
mecénico electricista. Cursaba el se-
gundo alto de profesional. Ya no pude
continuar estudiando"” —agregé,
La trunqué porque no me reva-
lidaron ningin estudio. Tuve que aten-
der el asunta del intestado y fueron muy
argos los trémites. Ademés, la condi-
cin evonémica de la familia no era muy
bonancible,
Loaiza presente cuando Cérdonas firm6 el decreto dela expropiacién petrolera
Bra rico tu padre? jLes deié
dinero? Mira, me dijo, mi padre, no
obstante tantos afios que duré en la poli-
tica, no hizo capital. No robé. Si vivia~
‘mos cémodamente pero sin lujos.
'Y me onumera el legado que reci
bieron su madre done Julieta Gomez Lla-
nos Vda. do Loaiza, su hermana Olga y
41. La herencia consistié en 100 hecté-
reas de ter“eno en el valle de Culiacén,
una casa en Manzanillo 187, en México,
D.F., de la cual Alberto pag una hipo-
toca de 25 mil pesos, y por dtimo, 60 mil
‘pesos que el coronel dejé en efectivo en
tuna cuento bancaria.
Roaimente, el coronel Loaiza, en
comparacion con otros politicos sina-
oonses, eva pobre. Cierto que eran
‘otros tiempos y el dinero no abundaba
en las arces del gobierno, pero es muy
poco el capital que logré reanir en tanto
tiempo que dur6 sirviendo a Sinaloe.
—2¥ cémo supiste Ja mala nue-
vo? —Ie progunto, “Hl tren se detuvo en
laestacion de Culiacdn. Ahi estaban es-
perdndome mi tio el profesor Domingo
Gémez Llaros y Ramén “El Gordo” Fran
co. Yo iba umbo a Mazatlén a las fies-
tas del carnaval y a reunirme con mi pa:
dro, sin saver que para esas horas ha?
bia dojado de vivir".
—Ya no me dejaron continuar el
viaje. Mi tio Domingo, al verme bajar a
Ja estacién, corrié o'abrazarme y con
voz entreccrtada me dijo: jasesinaron a
tu padre hace horas en el carnaval de
Mazatlén!
=Yo tenia 19 aos y queria mu-
‘cho ami podre. Lloré como nunca lo ha-
bia hecho, Era una pérdida muy grande
para mimadre, mi hermana Olga y para
—4Cudl fue tu reacoién de inme-
diato? —le pregunté. —Primero estu-
por, incredulidad y después una furia
incontenible contra Rodolfo “l Gitano”
‘Valdés, pues ya me habfan comunicado
quo él habia sido el asesino de mi proge-
nitor.
Y nos relata que por la tarde I
‘garon a Culiacén con el cadaver del co-
ronel Loaiza. Acompafténdolo vena Ol-
‘gq, quien se encontraba en Mazatién.
Ella estaba esperando en el baile del
Girculo a su padre. Ahi le dieron la no-
ticka.
Doha Julieta, que se hallaba en Ja
ciudad de México, ilegs por avién al dia
siguiente y acompafié los restos del com-
pafiero de su vida a ser sepultados en el
antebn nimero 3 en Mazatlén.
En Culiacdn —nos narra Alber-
to— se le rindieron honores al goberna-
dor en el Palacio de Gobierno y el dia 22
junto con todos mis familiares, nos lleva
‘mos ol,cuerpo al puerto para acatar
Ultima voluntad: ser enterrado en ia ciu-
‘dad que tanto quiso... Loaiza asf abofe-
teaba el rostto de sus asesines.
ooo
Alberto Loaiza quiso tomar ven-
‘ganza con su propia mano. Pretendié
encabezar un grupo de hombres arma-
dos para ir hasta el cubil de la fiera:
Aguacaliente, y matar a Rodolfo “EI Gi-
tano”” Valdés. Joven, impetuoso, veia
muy facil en aquel entonces despachar
sal otro mundo al que consideraba el ase-
Bsino de su padre.
Pero dejemos a Loaiza Gémez
Llanes relatar este episodio de su vida:
En un principio cabia 1a certeza de
que el autor material habia sido “El Gi-
tano”. Llevado por las ansios de ven-
gonzo, invitado por Manuel Quintero
Luna, diputado local, reunf armas para
75 hombres, con el fin de arrasar el po-
lado de Aguacaliente en busca de Ro-
dolfo Valdés
Manuel Quintero Luna —todavia
vive— es un viejo lider campesino rosa
Tense, de Cacalotén. Fue secretario ge-
neral de la Liga de Comunidades Agra-
rias y hombre de pelea. Fue diputado lo-
cal y federal.
—Fue descubierta por mis fami-
liares Ia aventura en que me iba a em-
barcar. Me hicieron un gran escéndalo
y me obligaron a venir a México, No sé
fen que hubiera terminado todo ésto, Po-
siblemente no te lo estuviera contando
—me dijo.
Y Io que son las coincidencias de
1a vida, Estdbamos en plena entrevista
enel restaurant del Hotel Estoril, donde
‘me hospedo, cuando llegé a saludarme
Manuel Quintero, hijo del hombre que
trat6 de ayudar a Alberto para que co
brase venganza.
—Estando en México —agregé
Loaiza Gomez Llanos— me llevaron con
el general Lézaro Cardenes. En su ofici-
na me dijeron que no habia sido “El Gi
tano” ol autor material y la “Esfinge”” de
Jiquilpan personalmento me prokibid, en
forma terminante, que interviniese en
los planes que se estaban Ievando a ca-
bo para hacer justicia en el caso del cri-
‘men de mi padre:
—Cérdenas me tildé de insensa-
to. Y tenia raz6n. Era una misién impo-
General Maximino Avila Camacho
‘queria que fuera Rojo Cémoz.
sible atacar con 75 hombres a todo un
puoblo y lograr el objetivo que perse-
guia: matar a Rodolfo.
~Cérdenas era muy amigo de mi
padre. Me exigié que me mantuviera al
margen de ia campafa que se organizd
para que se hiciera justicia en la muerte
del autor de mis dias. EI grupo de ami-
‘gos que se formé con tal fin, secundado
yalientemente* por el periédico ‘La
znsa”, lo ancabezaban los licenciados
Luis Garcia Carrillo, secretario particu-
lar de mi pedre, y Ramiro Botello Medi-
nna, asi como por Félix M. Lopez, "El Giie~
ro", Antonio Jacobo “El Ronco”, ayu-
dante y Manuel Solis, secretario priva-
do del gobe-nador Loaiza.
También ol periodista Manuel
Ratner —afadié mi entrevistado— que
{fuese gran amigo del politico de San Ja~
vier, en las columnas de "Excélsior
mucho colaboré en esta tarea justiciera,
=Se logré que el general Bablo
Macias Valenzuela, siendo gobernador
de Sinaloa, viniera a declarar a México.
El divisionario fortense venia por tren
desde Culiacén. En Guadalajara se en-
‘contraban autoridades militares espe-
réndolo para detenerlo, pero fue avisa-
do, Se bajé del ferrocarril en Tequila y
se Tegres6 «i Sinaloa, volviendo a escu-
darse en su fuero.
—Ahf fracasé la campana y que-
6 la incdgnita sobre la identidad del
asesino intelectual —afiade Alberto.
Coma es histérico a don Pablo
‘Macias Volenzuela se le inculpé compli-
cidad en ei crimen del coronel Rodolfo
TT. Loaiza. Nunca se le lleg6 a compro-
bar nada.
‘También se involucré al general
Maximino Avila Camacho, pero nunca
ticipacién en este sensacional caso.
ooo
Alberto Loaiza me habla sobre
este asunto. Me dice que muchos afios
después el periodista Manuel Solis, que
{fuese seoretario privado de toda la vida
del coronel Loaiza, le relaté que un ano
‘antes de morir su padre recibié un tele-
fonazo en sus oficinas que estaban en la
‘avenida Juirez 104, de esta ciudad de
México, personalmente del general Ma-
ximino Avila Camacho, citéndolo en las
fueras de! edificio de la Secretarfa de
Salubridad y Asistencia, por las calles
de Lieja.
Loaiza acudié a Ja cita. Al llegar
xya encontrs el Packard negro propiedad
del genera’ Avila Camacho, a la sazén
Secretario de Comunicaciones, quien in-
mediatamente se pasé al automévil del
gobernador de Sinaloa.
Al iniciarse la conversacién en
tre ambos —cuenta Alberto que le dijo
a don Pablo se le trajo en vueltas...
‘Manuel Solis— Maximino le pregunté a
Loaiza que silas personas que lo acom-
pafiaban —"El Chino”, su chofer. y So-
lis— eran de confianza. “Mi padre se
dirigié al chofer y le pidié Gue se retira-
tra. Yo te toco el claxon cuando te hece-
site. ¥ en cuanto a Solis le dijo a Avila
Camacho que se iba a quedar con ellos,
pues era gente de toca su confianza’
Avila Camacho Ie pidié a Loaiza
que respaldara la precandidatura del li-
cenciado Javier Rojo Gémez a la Presi-
dencia de la Reptiblica. “Mi hermano
‘Manuel y yo estamos interesados en que
Javier lo suceda” —lo expresé Maximi-
—Mipadre le respondié que dar-
Je una respuesta inmediata era imposi-
ble porque tenia que consultar "con
quien usted ya sabe" 0 sea con el gene-
ral Lizaro Cardenas, que era su amiga y
a quien consideraba su jefe politico.
Loaiza, como se supo en aquel
tiempo, era partidario de la candidatu-
ra del ‘general Miguel Henriquez Guz~
mén.
Después de aque! incidente
—segiin loque me narr6 Manuel Solis—
si abian sido dificiles las relaciones y
las gestiones gubernamentales de mi pa-
dre con el régimen de Avila Camacho,
después se volvieron imposibles. Cuanto
proyecto se sometia al gobierno federal,
era rechazado autométicamente
=Sin embargo, mi padre logré
construir el palacio federal de Mazatlin
y terminé los planos del palacio federal
que se pensaba levantar en Guliacén,
donde se encontraba anteriormente la
Cruz Roja, por lo avenida Alvaro Obre-
gén.
Esta confidencia de Manuel Solis
al hijo de su jefe v amigo el coronel Re
dolfo T, Loaiza, segin me apunta Albi
to, Ie fue hecha cuando estaba agoni-
zando, a los diez afas de que el gober-
nnador sinaloense bajé a la tumba.000
Alrededor del crimen de Loaiza
se formaron muchas conjeturas y ver-
siones. Su hijo Alberto tampoco sabe en
realidad quién acabé con la vida de su
padre.
Y me relata una de ellas. El rico
ganadero mazatleco, don Federico Ke-
liy, insistia en que el asesinato del go-
bernador Loaiza habfa sido consecuen-
cia dela muerte de Poncho Tirado a ma-
nos de Alfonso “La Onza” Leyzaola, por
‘mandato de Loaiza, acatando fa orden
que le dio para asesinarlo el coranel Al-
fredo Delgado, quien fue gobernador det
Estado de 1936 @ 1940,
—Fsta fue una acusacién injusta
—comenta Alberto Loaiza. Mi padre ja-
més atenté contra Ia vida de nadie me-
nos contra la de Alfonso Tirado, que era
su amigo.
—Yo hice amistad con Alberto H.
Tirado “EI Mocho”, quien estuvo pre-
sente la tarde del homicidio de Poncho
Tirado, que tuvo lugar en Ia cantina del
Hotel Rosales, y me dijo que el incidente
jeurrié cuando él iba al mingitoro y que
las cosas sucedieran asi:
— “La Onza” heyzaola era un
hombre muy nervioso y desconfiado,
Mal interpreté la accién de Poncho de
sacarse el pafiuelo de la bolsa trasera
para secarse el sudor, creyendo que iba
8 desonfundar una pistola,y le dsparé
@ mansalva,
“EI Macho" —dice Alberto— era
primo hermano de Poncho Tirado, Este y
Leyzaola se habfan enfrascado en una
discusién sin “chiste”. El vinatero ma-
zatleco tenia aspiraciones para ser
gobernador. Las" gentes de Mazallén
ensaron que Loaiza lo habia mandado
‘asesinar para quitarse ese estarbo en su
camino a la gubernatura de Sinaloa,
Y volviendo a don Federico Kelly
me cuenta Alberto— que al poco tiem-
po de muerto el coronel Loaiza, su suce-
sor en el gobierna, Teodoro “El Mayo”
Cruz, gente de Avila Camacho, le ven-
did el edificio de la Casa de Gobierno de
Mazatlén, conocido como la “Casa de la
Amistad” y que Rodolfo T. Loaiza habia
construido para que los gobernadores
tuvieran donde llegar en el puerto.
La enérgica campafa contra el
trafico de drogas emprendida por el go-
bernador Loaiza —otra conjetura —
‘mds— puede haber sido el origen de su
‘levosa muerte,
Asi lo estima su hijo. “Por otra
parte —me refiore— el gobierno de mi
Padre se significé por una campafa te-
naz e implacable contra la siembra de
‘amapola, campafia que se llevé a cabo
‘con la ayuda material del gobernador de
aos b
En Lecummerri, “EI Gitano”
‘Valdés es “careado”
ccon el capitén Jesis Vazquez
Castillo, ayudante de Macias Valenzuela, en torno al crimen de Loaiza
Arizona, Sidney P. Osborn, muy amigo
de mi padre.
Pruebas de la misma son las
peliculas que todavia conservo y que se
tomaron er plena accién de la quema de
sembradios de la hierba, y que encabe-
zaba el enionces jefe de la judicial, Mo-
desto Castro.
Loaiza dirigia personalmente es-
ta cruzada. Modesto tenia que reportar-
se permanentemente con él. Al gober-
nador le gustaba estar enterado de to-
to. Era muy acucioso en las cosas del go-
bierno.
El surde Sinaloa, en aquella 6po-
a, ardia en llamas. Las gentes del
“monte” a diario masacraban campesi-
nos. Era el grupo de choque pagado por
Jos latifundistas surefios para evitar el
reparto de sus tierras. Era una situa-
cin dificil e intolerable.
Alberto Loaiza me habla sobre
estos hechos, que también pudieron ser
causa y efecto en el crimen que comen-
tamos.
—En materia agraria mi padre
habia logrado una pacificacién del. sur
sobre la base de unir a los cabecillas del
movimiento en contra de la reforma
agraria o sean las gentes del “monte”
je habia rounido con Manuel Sandoval
“El Culichi ’, Juan Pérez, Manuel Echea-
garay y otros mds. “Se ponen en paz, los
‘amnistio o les echo el ejército federal
encima"” —les dijo el coronel Loaiza.
—[Link] logré _mantenerlos
més 0 menos bajo control.
Pero los fuertes intereses esta-
ban en juego. Los terratenientes no qui-
taban el dedo del renglén. No querfan la
intervencicn de Loaiza en estos asuntos
do la tierra. Y menos que inmovilizaran
@ sus testaferros, dejdndolos inexmes,
Los gatilleros les eran indispensables
para defender sus propiedades.
Y Loaiza les estorbaba..
ooo
Rodolfo “El Gitano” Valdés tenia
que ser parte de esta entrevista. Fue
personaje central en el crimen del “
tio Andaluz”.del Hotel Belmar. Y Alber-
to Loaiza narra lo siguiente:
Alfredo Calleros era el cantinero
del Hotel Belmar. Poco después puso su
negocio en Culicén. Hoy se encuentra
retirado. “Ehme dijo que “El Gitano” se
encontraba esa noche del asesinato to-
‘mando en el bar del Belmar. Al sonar los
printeros balazos, Rodolfo sacé la pisto-
a, salié al pasilfo, mismo que daba al
“Patio Andalu2”. y del mismo emergié ol
‘grupo de asesinos, y de inmediato se
uni6 a ellos. Por eso, cuando pasé por el
lobby del hotel rumbo a la salida con la
pistola en la mano, no le cupo la menor
duda a “El Chacho” Rueda, gerente del
Belmar, de que “EI Gitano” habla sido el
‘autor material”
Al huir Valdés, divisa al nortea-
moricano Brooks, que'no era mas que un
Curioso, entrar corriendo al hotel y cre-
yyendo que era un guardicn del orden, Io
dispara y lo mata.
Alberto Loaiza dice que ese do-
rmingo 20 de febrero su padre no sola-
mente ie regalé 10 mil pesos a “El Gita-
10”, sino que le dio un permiso para sa-
Car un furgén de maiz del Estado, “para
ayudarlo en su situacién econémica
puesto que lo consideraba su amigo”.
Un permiso de esos era muy valioso, Ha-
ba una escasez tremenda de ese grano.
4... Naldés asi pagé los favores reci-
bbidos del gobernador Loaiza,
aCarnavales
Mazatlecos
Mazatlan se asomaba al
vésper cansado del siglo pasa-
do. Era el postrer balance de
glorias y fracasos y, —sensibi-
lizado por el extranjerismo trai-
do por las naves de europa y
oriente que surtian de sedas y
maquinaria al noroeste del -
pais— daba rienda suelta al go-
zo de las modas de ultramar.
Apenas eran unas veinte fami-
lias de pro, rodeadas de obre-
ros y cargadores que amaban el
verso, el canto, la musica y la
alegria. Una alegria innata que
sdlo se lleva con la influencia
de las brisas salobres que i—
rrumpen en el ambiente al re-
ventar de las olas contra los pe-
fiascos que se acuestan sobre la
playa.
No hay alternativa toda-
ia, 0 se muere 0 se respira el
algodén encaje de las olas. Y
esa vivencia de espiritu alegre
y bromista, de carcajada y de
recuerdos maternos, se mantie-
ne en el aire que rellena los re-
covecos ce las viejas callesr
Sonaban, pues, las doce
del siglo cue se iba. Don Porfi-
tio Diaz seguia firme en el go-
bierno y con Francisco Cafedo
se levantaba a diario muy tem-
prano a obligar a las mujeres a
que barrieran los frentes de sus
casas. Los mazatlecos, bajo el
amparo de esa beatitud recto-
riana, iniciaban un carnaval a
pedradas que casi siempre ter-
minaba en tragedia. Eran dos
bandos. Los cargadores de los
muelles y los del abasto que i-
niciaban el domingo de carna-
.quellos viejos carnavales mezatleco:
val y seguian el lunes y el mar-
tes, combates fieros con pie-
dras que a veces alcanzaban a
otras personas “no combatien-
tes”
La chusma de los mue-
lles se reunian en la calle Faro
(hoy 21 de Marzo) con un arse-
nal nutrido y las camisas re-
mangadas. Los del abasto reu-
nian sus huestes frente a dicha
calle y se extendian hasta lo
que hoy se llama calle Zarago-
za y que entonces eran los su-
burbios de Mazatlan (entre las
calles Rosales y Zitniga estaba
el astro). Las turbas parrande-
ras “tomaban valor” desde muy
temprano del domingo y para
medio dia las pedradas se es-
trellaban en las espaldas y, en
las puertas de las casas. Las fa-
milias se encerraban a “lodo y
cal”; pero las risas y los gritos
de contento se oian en cada es-
quina, mezcladas con el taco-
near de carreras y encuentros
sorpresivos. ;Era el carnaval y
todo se valia!
De las pedradas se paso
a la “moda francesa” que con-
sistia en aventar cascarones re-
llenos de harina, ceniza, ne-
grumo, afil y otros colores. Y
las familias seguian encerra-
das, pues la turba gozaba en
embadurnar los rostros y la ro-
pa de las gentes con grasa y los
polvos de colores. Las autori-
dades no intervenian porque
“todo estaba permitido por ser
carnaval”. Los carruajes de si-
tio, las arafias y los “bogues” se
protegian con lonas de las a-
menazas de algunas damas que
ya empezaban a tomar parte en
la trifulca desde las azoteas
De los polvos de color
se paso al uso del confeti, aun-
que los tradicionalistas se dis-
gustaron por la prohibicion de
la pedradas y los polvos. |Viva
el Rastro! jVivan los Muelles! Y
el ambito portefio se estreme-
cfa cada ano cori las risas y lasnotas bravias de la tambora. |7 2 La crinolina en las da-
Las trompetas, los clarinetes, mas esponjaba la elegancia en
las tarolas y los platillos atrona- las plazuelas y en los bailes. El
ban el espacio para hacer bro- - PS Sie labanico plegadizo, el pafiuelo
tar el grito del mazatleco y Bie bordado a mano y'la flor en la
acompasar el vaiven de las pal- loreja hacian resollar fuerte a
meras de “los Choza”. Las ca- ee i los galanes de “carrete” y de
les eran pistas de baile donde : = |baston. Mazatlan y México
se perdian las parejas alsonde =) ) eran franceses en el vestir. Era
los “papaquis”, y las coplas pi- d | _lavoluntad de don Porfi y la in-
carescas se desmadejaban en a &
las voces aguardentosas,.. “A| gallos debajo del balcén borda-
donde vas Isabel con tamaia ae a ido de bugambilias se escucha-
ban en silencio, como se escu-
na de don Placido Vega...” — cha una misa. S6lo el compas
Carnaval de Mazatlan, una - ae de los cascos de los caballos
fiesta del pueblo. Tres dias de|Mwen 7 sobre el empedrado de las ca-
desenfreno alegre para irse ala - } J Ailes, distorcionaba el embeleso
“tiznada” el miércoles de ceni-| ‘Wade fa novia que atisbaba entre
za. (Amado Gonzalez Davila le § | las cortinas.
en su diccionario geografico)
Dice don Amado Gon-
El doctor Martiniano - zalez Davila: “En 1899, subi6é al
Carvajal, recién llegado de — trono carnavalero una majes-
Guadalajara donde fue a titu- tad masculina, el archisimpati-
larse, fue victima de los “abas- co Ahuja; con el nuevo siglo
teros” al dejarlo como arco iris | empezaron los reinados mix-
Atos, siendo el primero el de
Wilfrida Farmer y Teodoro —
Maldonado; en 1900, Adela
Abasolo y Enrique Coppel Ri-
vas; en 1902 Guadalupe Mal-
y con su tremendo disgusto;
pero fue él quien inicid una
campafia para cambiar los mé-
todos de la fiesta. Convencid a comercio. Corria el afio de
los regidores del Ayuntamiento 1898 y los mazatlecos cambia-
para que se constituyeran en ban las piedras por los confetis. donado y Demetrio Sotom;
Junta Patriética y organizaran Se inicizban unas fiestas ro— yor; en 1904 Francisco Gonz:
el carnaval. Se cité. a gentes de manticas lez y Reina; en 1905 Maria del
los muelles y del abasto y se
acordé el uso de confeti, flores
y papel y la aceptacién del
pueblo para que en la fiesta to-
maran parte las demas clases
sociales.
Gloria Arregui y Ernesto Coppel,
reyes en 1942...
Amado Gonzalez Davila
dice en su obra que entre los
Ryan que publicaba un periddi-
co pequefio muy leido, el coro-
nel Mass, don Francisco Morte-
ro (hijo de Francisco Picaluga
el que vendid a Vicente Gue-
rrero), el Dr. José Maria Davila,
don Genaro Noris los sefiores
Farber, Coppel, Hidalgo, Esco-
bar y Sierra. Estas personas ha-
blaron con los obreros de las : .
fabricas de tabaco, zapatos, bullicio carnavalesco on la plezuela Machado
cerillos, fundicién, muelles y Stprhaipioe de aed éRefugio Munguia y Carlos Ro-
driguez; en 1908 Adela Abaso-
loy Antonio Rivera; en 1909 El-
vira Rivas y Julio César; en 1910
Guadalupe Servin, sin rey; en
1911 Teresa Lewels, sin rey; en
1913 Elena Coppel Rivas y To-
mas De Rueda; en 1914 Marga-
rita Labastida y Enrique Puig
Casaurand, en Carnaval priva-
do; en 1917 Susana Beltran y
Angel Damy; en 1918 Maria
Luisa Coppel y Roberto De Ci-
ma; en 1919 Maria Urrolagoitia
y Miguel Angel Beltran; en
1920 Ernestina Vargas y Clau-
dio Beltran; en 1921 Laura Ar-
celuz y Roberto Coppel; en
1922 Adelaida Ortega y Ed—
mundo Avendafio; en 1923
Carmen Sarabia y Leopoldo Fa-
rias; en 1924 Conchita Vega
Millan y Eduardo Pérez Valdez
En 1925 Martha De Ci-
ma y Martin Patron; en 1926
Julieta Gonzalez y Arturo Or-
tiz; en 1927 Carmen Gibsome
Hidalgo y Bernardo Corbera;
en 1928 Maria Alvarado y Ma-
nuel Cano; en 1929. Julieta
Gonzalez, sin rey; en 1930 Ber-
soda tambora, alma de la alegria en la gran fiesta.
tha Urrolagoitia; en 1931 Maria
Emilia Millan; en 1932 Josefina
Laveaga; en 1933 Maria Teresa
Tirado; en 1934 Beatriz Blan-
carte; en 1935 Bertha Rufo; en
1936 Adela Bonner; en 1937
Venancia Arregui; en 1938 A-
melia Ernestina Duhagén; en
1939 Alicia Hass; en 1940 Isa-
bel Coppel; en 1941 Gloria Ma
rin; en 1942 Gloria Arregui y Er-
nesto Coppel Campafia; en
1943 Laura Elena Venegas y Mi-
guel Estavillo; en 1944 Lucila
Medrano; en 1945 Gloria Pérez
Echegaray; en 1946 Gloria Osu-
na; en 1947 Rosa Maria Olme-
da; en 1948 Cuquita Cruz; en
1949 Anita Osuna; en 1950 Ol-
ga Otafiez; en 1951 Chavita Ba-
raza; en 1952 Dora Gonzalez
Gtierefia; en 1953 Emilia Ca-
rre6n Cornejo; en 1954 Olga
Osuna Riguetti; en 1955 Teresa
Gomez Milan; en 1956 Lupita
Rosa Bastidas del Carnaval y
Jeanette Collard de los Juegos
Florales.”
Y siguen corriendo los
desfiles de cartos alegoricos. A
las tamboras regionales se han
sumado los _matiachis y_ las
redovas. En Olas Altas nadie se
llama como se Hama. Los co-
dos se entrelazan y los ojos se
atmugan con las “espantasue-
gras” y las serpentinas y los
confetis. Alli se desborda el
pueblo y rebasa la Cueva del
Diablo hasta la Jaboneria. Ya
no hay carruajes, ni arafias, ni
canciones romanticas, pero -
queda el empuje y Ia tradicio-
nal alegria del mazatleco que
no olvida lo suyo. Que es tra-
dicién y raz6n de ser de su
esencia :VOTVNIS NA
"x
we SSS NOISVWYOSNI 3a
wo. Sua” yaa Odldvd A oldiny SVN
i A , ~ ~ ‘VWALSIS 1
™ ovina @ ALS,
PD
wont @ /
Se ow shvseslo e
\ \ A ‘
aX WZ3X MOaX ~SHAX ax ae aun
Wwe AZ Er e/ yy
Olavu 3q Ivivisa x
VLOsAYIG VANIT
OWRIDILON“EL CHACHO” GONZALEZ
Por Alfonso L. Paliza
Un derrame cerebral lo ti-
16 al suelo, envuelto en Ia incon-
ciencia de la que jamais se recu-
peré, y sus funerales se efectua-
ton casi al final de octubre de
1963.
Culmin6 asi una vida lu-
minosa, entregada al estudio y a
la docencia de alto nivel, desta-
cando como una de las inteligen-
cias mas admirables de su tiem-
Po.
Reinaldo Gonzélez Diaz,
para sus contempordneos el —
“Chacho” Gonzélez, jugaba a
Roynaldo Gonzilez Jr:
los volados con sus penas intimas
que jams externé a nadie, y que
encubria sus estados de 4nimo
con los més ingeniosos relatos;
cuentos breves que decia con ese
su donaire de quien fue también
un magnifico orador y escritor
conocedor de las flaquezas y mi-
serias humanas.
De cuna liberal, hijo de
otro emérito educador de origen
2
poblano Reinaldo Gonzalez. Lé-
pez, y corapafiero del entonces
maestro rural Plutarco Elias Ca-
lies, en Guaymas lleg6 al mundo
“Chacho" Gonzalez en marzo de
1914.
EI movimiento armado -
trajo ala familia a Culiacén, fun-
dando don Reinaldo el “Institu-
to Sinaloense”, de donde salie-
ron lo mejor de las generaciones
estudiantiles que luego hicieron
carrera en el antigiio Colegio Ci-
vil Rosales; en su progenitor tuvo
a su mejor maestro y consejero,
al paciente modelador que lo
valor incomprendido...
condujo al magisterio, donde
ocupé la cétedra y la tribuna en-
tre la admiracién de sus aluinnos
y compaiieros maestros.
Corria 1941. El reportero
ingres6 como alumno de secun-
daria en la entonces Universidad
Socialista del Noroeste, y con
don Reinaldo Senior llev6, entre
otras materias, literatura espa-
fiola primer curso, raices griegas
y latinas y geografia econémica.
Tiempos aquellos de pro-
vinciana Universidad donde se
impartian en sus aulas, (coloca-
das a lo largo de los corredores
refrescantes, en los que mas de
algiin fugaz enamoramiento se
ineubé y se registrara también
Pasajera querella entre “chilu-
queros” y desmemoriados api
cos) las distintas asignaturas co-
rrespondientes a las escuelas de
secundaria, preparatoria y nor-
mal, amén de la de Quimico Far-
macéutico, Leyes e Ingenieria,
La poblacién estudiantil
a por centenas, debido
ios de las familias que
veian en aquella Universidad So-
cialista del Noroeste, a una incu-
badora de jévenes comunizantes,
afiorando las rigidas normas im-
perantes en su antecesora el Co-
legio Civil Rosales.
Porque todo estaba den-
tro del mismo edificio y lo mismo
se podian escuchar las disertacio-
nes de José Alvarez, de la profe-
sora Emilia Obeso, del doctor
Otilio Castafieda Torres,- del —
POF José Ma. Cota y Cota, del
ingeniero Matias Ayala; los gri-
tos coléricos de Ernesto Radke 0
la cétedra a media voz que im-
[Link] profesor Amado Blan-
carte, el estudiante tenia oportu-
nidad de asistir de oyente, 0 co-
mo dicen nuestras gentes, a bo-
bear en los demas salones de cla-
se, y abrevar anticipos de cono-
cimientos que luego vendrian.
Me gustaba acudir a las
del “Chacho” Gonzalez Jr., —
quien tenia a su cargo la materia
de literatura espafiola segundocurso, que mas que ensefiar ape-
gado al libro de texto; eran pe-
quefias joyas de oratoria que nos
Ievaba a la biblioteca a consul-
tar las obras de que nos hablaba.
Siendo su alumno hubo
mis directa afinidad, que se pro-
ongé en la redaccién de “La Voz
de Sinaloa”, para después acom-
pafiarme en la aventura del se-
manario “El Bichi”.
Pero ya Reinaldo Gonza-
Jez Diaz tenia publicados mu-
chos trabajos; habia ayudado a
bienparir la revista “Letras de Si-
naloa”’, cuyos padres fueron Car-
los Manuel Aguirre, Rafael Vi-
dales Tamayo y Roberto Hernan-
dez Rodriguez.
Cultivador del buen decir,
hurgé en el lenguaje del pueblo,
recogié sus genuinas voces y las
recopilé en una serie de trabajos
periodisticos que titulé “Calei-
doscopio Sinaloense”, que el
“Chacho” Gonzalez aspiré a
convertirlo en libro, pero le falté
financiamiento.
Se inicié en la carrera de
leyes, y a ese conocimiento se de-
bi6 que algunos abogados postu-
lantes pudieran llegar al examen
recepcional presentando tesis -
que no eran producto de investi-
gaciones, conocimientos juristas
y exposicién de nuevas ideas,
pues tales tesis habian sido escri-
tas por Reinaldo Junior, quien,
impulsado por la amistad, el rue-
go 0 la conmiseracién hacia el
peticionario, se dedicaba a escri-
bir cuartillas que después otros
firmaban y ahora pasan por ser
profesionistas de cultivada sa-
piencia, cuando apenas llegan a
rabulas,
Participé en campafias -
politicas, cuando ese quehacer se
apoyaba en el uso de las sinrazo-
nes y en las pistolas siempre faja-
das al cinto, como supremo argu-
mento para conquistar el apoyo y
voto del pueblo.
Para el “‘Chacho" Gon:
lez su orgullo fue la de estar al la-
do del general Macario Gaxiola
al postularse candidato del PRI
al Senado de Ia Reptiblica, sien-
do su orador en campafia, su se-
cretario particular y confidente.
E\ senador Gaxiola se lo
Ilevé a México y volvié de la capi-
tal acompafiando los restos de
aquel militar revolucionario que
hasta su minuto final carg6 preo-
cupaciones por la suerte de los
desposeidos.
Ya no volvié el “Chacho”
a la catedra y su vivir cada dia
exhibia su desenfado, su antici
parse a la muerte, encontrando
en el calor de la bebida fuerte, la
ocasién para soltar su inagotable
venero de ingeni
Se le recuerda mas en la
anéedota bohemia que en su ver-
dadera personalidad de maestro,
periodista autor de articulos de
fondo y editoriales, pero también
sabroso relator de la vida y per-
sonajes de Culiacan, habiendo
publicado una serie de articulos
sobre el “Gitilo” Arredondo, in-
dividuo de la picaresca de esta
capital de los afios 30, que lo -
mismo servia para un barrido
que para un fregado, pues el tal
“Gililo”, adorador de los mezca-
les y carnavalero como ninguno,
profesionista de la alcahueteria,
no desdefiaba ninguna actividad
con tal de obtener ganacia.
Reinaldo Gonzalez Diaz
fue un valor incomprendido, y
pese al tiempo transcurrido de su
fallecimiento, todavia no merece
el reconocimiento de quienes fue-
ron sus compaiieros, discipulos y
condiscipulos, y en saldar esa
deuda andamos comprometidos
todos.
A su viuda dofia Armida
Espinoza y a sus hijos, el respeto
de quien se atreve a ensayar un
remedo de biografia de hombre
tan notable.
violéceo del silente cerro de San Nico-
és, El comento de la placita de Cosalé
el techo que muy pronto empez6 a go-
tearse, en tanto que continuamente
‘nos deslumbraba el flash intermitente
de los relémpagos.
De codos en la mesa, y frente al
0 lugar, —un hombre todavia jo-
ven, con nieves en las sienes, barba
descuidada al igual que su traje—, aspi-
raba con fruici6n el humo de su cigarri-
Tio, y sus ojos tenfan un no s6 qué de
expresién nipnética sobre todos noso-
ros.
Anoshecia y
caserio, produciendo un ruido
fero y molesto. La conversacién
‘animada y alegre se habia ido termi—
nando y cortos monosilabos indicaban
AQUEL 30—30
Por Reinaldo Gonzélez Jr.
su fin proximo. Un aire hamedo, —olor
fra mojada—, nos besaba con fina
yeello acicateaba I deseo de re-
tirarnos todos al hotel y descansar de
una buena vez.
De repente y como algo inusita-
do, la conversacién dio un viraje, cuan-
do no se qué platicaba sobre un médico
‘amigo de aqui de Culiacén, quele habla
pasado un dificil caso en su profesion y
fue ello, sega creo, lo que hizo que el
,galeno principiara a hablar con voz en
Bpena referir.
Era més © menos como a esta
hora, Ya habla terminado de cenar y
viendo que la lluvia arreciaba, me dis-
ponia a leer mis dos o tres periédicos
que me llegan, cuando mi mujer desde
la puerta me habl6: —Ricardo, aqui te
buscan..
—Creanme que— y de esto son
testigos todos los vecinos de aqui—
siempre estoy dispuesto a salir y aten:
der al cliente que sea:
sin algo me hablaba en toque de que.
da al coraz6n, de que no debia hacer
aso y no salir mucho menos. Mi mujer
volvid a decirme: —Ricardo, aqui te
buscan y parece que se trata de algo
serio.
“Ful a donde estaba mi mujer pa-
rada entre defendiendo la entrada y
cumpliendo con el
ude al fin ver la cara de quien ne
‘taba mis servicios a esa hora y con un
tiempo como el de esta noche.
—4Qué desea? Para qué me ne-
cosita...?
—"Doitor”, —of que me hablaba
tuna voz en tono suplicante—, no deje
de venir conmigo por su santa madreci-
‘ta. Mi mujercita se muere... esté muy
mala... ande.
{Qué tiene?
—Esté pariendo y es “prims
za", ande vaémonos en caridad de Dios,
aqui esté cerquita, aqui només en “La
Cholula”, ande...
“Y con todo, muy a pesar de que
‘algo me decia que no fuera, eché en
maletin lo que crei més indispensabl
“Chapoteando lodo, arreciando
més y més la lluvia, ensopados y yo
tras el individuo aquel que desconocia,
muy @ pesar de haber ido muchas
veces a ese lugar, para atender ent
mos mios, la cara de aquel hombre
apenas si pude divisar algo de sus ra
gos ala luz azul—plata de los relémpa-
gos,
“Llegamos. Un perro nos ladré y
bien claro percibf por sus grufidos que
mi presencia, por desconocido, no le
‘era grata. En el interior del jacal, y tira-
da enel suelo sobre un petate y cubier
ta con una sébana mugrosa, ahi estaba
la primeri
sordamente. A un lado, una vieja le so-
baba la frente y no sé qué le decia tra-
tando de calmarla,
“Abi la tiene “doitor”...
“Antes no crela en eso que lla-
‘man las corazonadas. Ahora s{ las creo
ylas creo como que esté lloviendo. Lo
4
ae SR
“El Chacho": gran bohemio,
que sufri esa noche fue algo inolvida-
ble. La parturienta, ademés de ser un
‘caso dificil, —se trataba del adveni
miento a ests mundo de unos cuates—,
amén de que necesitaba
que no los tenia a la mano ps
tiempo qué perder, estaba grave, y mi
deber me imponia maniobrar répida-
mente pasase lo que pasase.
“Ayudado, —si ayuda puedo Ila-
mar a la vieja que me asistia con el
agua hervida, los pocos algodones y
vio y triunfo. Ahora a continuar con el
segundo.
tras que la parturienta ya sin quejarse
fa una masa inerme, una masa y nada
mas. Le tomé el pulso, —zera pulso
realmente aquello?— y de pronto me
atemoricé... no era posible continuar
fen esas condiciones y fue entonces
‘cuando me volvi inconscientemente,
para ver al hombre que me habia llama.
do, que sentado y con los dedos de las
‘manos apretados, me contemplaba co-
‘mo un idiota y tenia firme los ojos
puestos en mi. Casi puedo decir que si
alguna vez he visto el odio reflejado en
tun ser humano eso fue abi.
—"Doitor”, no deje que mi mu-
jercita se me muera, es lo Gnico que
‘tengo, no me la deje morir, no me la de-
ie mori
“Tragué saliva como se dice, ©
iba a continuar en mi tarea cuando of
que mi cliente me hablaba con la frial-
dad de la hoja de un cuchillo:
"No me la deje morir, “doitor”,
. ¥ dio un grito
|sise muere, “doitor”,
luego continua
si se muere..
“No pude contenerme, me puse
en pie y mire atrés. Atrés de él, alld en
la semi—oscuridad de la otra cachim-
ba, un 30-30 descansaba arrimado a la
pared y pude distinguir perfectamente
bien todas sus piezas: desde su culata,
su largo cafién, hasta el gatillo aue
parecia burlarse de mi...
gasas que milagrosamente levabi
el maletin—, empecé digo, a trabajar
‘en el caso. Sudaba copiosamente, y
con la manga de la camisa me quitaba
el sudor en tanto que no me habla dado
‘cuenta que a mis espaldas callado, si-
‘me miraba el esposo de
Por fin una forma humana, pe-
quefia y ensangrentada me sirvi6 de ali-
“Han pasado los afios. Uno de
los cuates muri6 a las poces horas de
nacido. La mujer aquella se salvé de
puro milagro y el hombre que nece:
‘atroz noche, todos los afios me envi
desde el mineral de “Nuestra Sefiora’
jonde ahi trabaja, ya la cesta con
blanquillos”, la carga de elotes o Io
que sea... pero nunca, nunca, créan-
melo ustedes, olvidaré aquel 30—30"El comedor de la casa del general
RAMON F. ITURBE no mostraba al Ile-
gar nosotros esa noche nada del apara-
to tan comiin en las grandes ocasiones.
Claro vi, con sélo entrar, que el jefe de
Jas tropas revolucionarias de Sinaloa
era hombre sencillo y sobrio.
Le cons de bienvenida se nos
ofrecta en una habitactén notable por su
limpieza, arreglada con esmero, pero en
Ja cual todo se declaraba ajeno a la os-
tentacion y al Iujo.
Una mesa ampli y blanca ocupa-
ala mayor parte del espacio de la sala
=limitado por cuatro paredes casi des-
audas— y recogia, lanzéndolas después
‘con mayor nitidez, los rayos de la kim-
para pendiente del tocko.
Sobre el mantel los brillos humil-
dos do una vaiilla pobre y las transpa-
rencias desiguales de vasos do diversas
formas alternaban con las manchas os-
cures, como de palos de boliche en de-
sorden, de las botellas de cerveza.
Hl tinico ornato especial que sé
discernia entre todo aquello lo forma-
‘ban varios ramos de flores puestos en
jarritos bajos v dos hermoses granadas
de 75 milimetros —dos de las ‘itima—
mente quitadas a las fuerzas huertis-
tas—., emhiestas, como pequefias colum-
nas, én los focas ideales del eclipse en
‘cuyo contorno nes ibamos a sentar.
1a luz de la lémpara brufia lar-
03 reflejos en los dos enarmes casq
ligs de cobre v abrillantaba la superficie
roja de los proyectiles debajo de los fa-
10s diminutos que los rayos luminosos
encendian sobre los anillos de las espo-
letas. jLucesites menores todas ellas,
pero simbélicas de la lucha y del triun-
fo! Su presencia nutria ali el sliento de
la victoria —penetrante y contagioso co-
mo el desaliento de la derrota—y, sobre
todo, nos hermanaba,
De las veinte a veinticinco porso-
nas que estébamos a la mesa, Ramén F.
Tturbe era —ésto se comprendia desde
Iuego— el de mayor importancia intrin-
seca, el dotado de més fuerte persona-
lidad. Diéguez, Hay, Riveros, Alessio, yo:
¥ todos los otros entrébamos en el con-
junto como reflejos o sombras, como ele-
‘menos parciales del fondo de claroscu-
ro, Iturbe figuraba integro. Y figuraba
no fuerza de querer hacerse notar,
noal revés contra todo empeiio por inhi
birse.
Iturbe hablaba poco y con caute-
la. Su frase, resuolia a alcanzar el matiz
de los pensamientos, soguia un trazo
lento y sinuoso, tan sinuoso que al pron-
to se hubiese crefdo que buscaba distra-
zar u ocultar el fondo de las ideas.
La cultura de Iturbe, pobrisima
centonces, tenia la ventaje de presentar-
lolibre de la salsa de repugnantes luga-
Sinaloa en Plena Revolucion
ANDANZAS
DE UN
REBELDE
Por Martin Luis Guzmin
Gral. Ramén F. Iturbe
res comunes en que nadaban los revolu-
cionarios semileidos y farsantes. Se ex-
presaba ademas, con cierta timidez, con
al aire de humildad sincera de quien
creyese facil caer en error y de antema-
no estuviese de acuerdo on que se le en-
comendaba le plana. Todo lo cual pro
ducia en su cardcter un raro contraste
con otras cualidades: contraste entre su
inseguridad juvenil y su aplomo adquiti-
do ya en la vida; entre su adolescencia
espiritual y su madurez precoz de alma,
acentuando por su fé en sf mismo, por su
profunda e intima conviccién de estar
fundamentalmente, en lo cierto y lo jus-
to.
Porque Iturbe era uno de los po-
108 revolucionarios que habian
pensado por su cuenta el problema mo-
Tal de la Revolucién y que habian venido
a ésta con la conciencia limpia. Aunque
muy joven, su impulso revolucionario
arrancaba més de la conviccién que del
entusiasmo. Y en él la conviccién no se
reducia, como en otros —los principa-
les, los guicdores—, al ansia de crear
un estado de cosas décil al imperia pro-
pio, sino al imperativo de obrar bien, de
obrar moraimente, religiosamente. No
en balde ere Iturbe el tinico general re-
volucionaric que crefa en Dios y que
afirmaba sus croencias en voz alta, ya
que no en tono de estarse disculpando,
Y eso sélo, croer en Dios, lo levantaba a
gran altura sobre todos sus compafieros
de armas, casi siempre descrefdos @ ig-
norantes, barbaros, audaces, sin nin-
‘gin sentido de los valores humanos y
dosconectados do todas les fuentes ori-
ginadoras de los impulsos hacia la vir-
tud.
Su extrema juventud y lo muy
dosmodrado de su cusrpo hacian de 61,
al principio, un personaje de poco relie-
ve. El, por otra parte, acusaba con el
desalifo de su trajo un descuido tan
ponténeo, una tan auténtica inatenci
por lo iamediatamente material y corp6-
reo, que se requeria mirar dos o tres ve-
cesilatotalidad de su persona para con-
vencerse de que aquello, lejos de ser de-
fecto, era disposicion de énimo supe-
rior, indiferencia por lo quo en el fondo
no representa velor definitivo, de igual
manera que en los generalos sonorenses
era temprana manifestacién de defec-
tos, y no de virtud, el inquebrantable
pogo a los arreos militares més milita-
ristas, Pero una vez bajo la mirada es-
crutadora, Iturbe crecia répidamente ¢
iba dejando entrever por qué perienecta
al corto nimero de los que mandaban
hasta cuando practicaba la obediencia.
Su temperamento refloxivo y ma
duro constitufa la base de su personali-
dad, apuntaba en los detalles mas ni-
nnios. Esa noche, por falta de abridores,
hhubo que destapar las botellas de cerve-
za al modo revolucionario; haciendo en-
Cajar el borde de la corcholata en el
martilo de la pistola y apoyando ésta
después contra el cuello do le botella
hasta que el tapén saltara de su sitio.
Quién més, quién menos, todos
los presentes efectuamos la operacién
con dejos de temeridad ostentosa cual si
los revélveres (ol cartucho 38 0 44 fren-
te Ia agua) fueran instrumontosino-
Y¥ es que entre nosotros no habia
quien no se creyera muy valionte ni se
sintiose ya muy hecho a jugarse la vida
minuto a minuto. Iturbe no lo hizo asf.
Desenfundé Ja pistola con sencillez; la
volvié culata arriba cuidadosamente;
tom6 la botella con le mano izquierda,
atento a que el cafién del arma apunt
[Link] direccién del piso, o de la pared
qué le quedaba a la espalda. la hizo des-
cribir la curva supletoria de las funcio-
nos del abridor.
Vigndole tal aspecto, no se ha-
bria creido que se tratara’ del mismo
hombre que a la hora del combate, y
siempre que ol arriesgar la vida tenia un
sentido, se olvidaba de ponerle cortapi-
ssas al valor, segin acababa de demos-
{rarlo durante el ataque y toma do Cu-
*+*Tomado de la revista “Letras de Si-
* naloa”, del 15 dé diciembre de 1953.
ESPRESUPUESTO
DE EGRESOS
DE LA
FEDERACION
PARA 1978COMO SE DISTRIBUYE
sector atone
a pesos)
wl
"7 Ycomunicaciones
am
SAU comencio ooze
IPESCA oan
JASENTAMIENTOS —¢ —y4uaa
BUMANOS. 0 ses
‘coNvENOS
Gxicos Oe
JCOORDINAGION — [—Tsyea 59
A ‘TuRIsMO i 223 as
Pe] LABORAL —2 102
ae ee suMA: See
‘Gabtemo Feder y de Orgwromcey Empesae 50a
Parbetpasos do renee Federals Suis rd
Tora.
rogama de
Gest Contos
foe] Se pracy BI
/ QUEN LO ADMINSTRA
Gobierno Federal
ewrionp rus Patt
cams,
ee
Lego ew
ee Bm 8
BEng oe retcn Be
eee a
(ety SPs ou
2estney tn rte ae 8
Cae es Yai se 8
Seats cae
ieee er
Flees ek
feo 16a o4
FSwamcmugenpmin aa
‘eewomieron Fmanos y Obras Pubes 13803
ions ee
Pegesin y rede a
‘sume: * 176453, 408
| iene ess ao
Peso RS, extcrasonmy
Sia Seo rea 3
et Pabien dl Gobo Feder we
| sm ae
| Torat ae
Organismos y Empresas
ENTIDAD Preapueso Parenti
Sore en Teal
(ones
epee)
Petaion Moveanes mae as
onlin Pera oc Ect Wee 162
Sonparin se uryfuccs cel Cowo Ran 2
Diese ncn tos 28
Seoermto Rabon vt 02
foros gm oF
Shores Lato Cirdogs “tas Tachse” 3502 OT
Hoadeacimoscrsaeresis ae See | SB
Prosice Persies Wencanse we ot
Firat eet Sooner mS
Forester hncoms Mazco amo
IRgresee¥ Seracice Conant 2m os
Sperry Serece hires i 08
Feral Paci bes 8
Fetter Chrno tact ou (02
Ferrosaile Uns dt Suse Se oe
Fecal Sarna Coa art
‘Cem ata Nocona de Suogstencins Populares 98808 7
Freitte Wiccno cet ote fae 28
Bata Nevin de Conmcc Exeror Ge
Inti Reto para ef Dear dela
arin or Seo ier Poet 2 oa
Iti ae Sepuicagy Senin Soden
(ts raja dal ets age 83
Ears eco rain Aesierea Pinkca “alee AF
TOTAL we 00
TOTAL ma
También podría gustarte
PRS4
Aún no hay calificaciones
PRS4
40 páginas
B14
Aún no hay calificaciones
B14
41 páginas
PRS 62
Aún no hay calificaciones
PRS 62
52 páginas
B42
Aún no hay calificaciones
B42
37 páginas
LCDS3
Aún no hay calificaciones
LCDS3
120 páginas
PRS 11
Aún no hay calificaciones
PRS 11
48 páginas
JFDM
Aún no hay calificaciones
JFDM
158 páginas
PRS 73
Aún no hay calificaciones
PRS 73
52 páginas
LDS59
Aún no hay calificaciones
LDS59
82 páginas
ECLHG2
Aún no hay calificaciones
ECLHG2
116 páginas
PRDS6
Aún no hay calificaciones
PRDS6
40 páginas
PRS 85
Aún no hay calificaciones
PRS 85
52 páginas
LDL
Aún no hay calificaciones
LDL
116 páginas
A1
Aún no hay calificaciones
A1
34 páginas
Presagio
Aún no hay calificaciones
Presagio
48 páginas
CCS
Aún no hay calificaciones
CCS
14 páginas
PRS 95
Aún no hay calificaciones
PRS 95
68 páginas
B35
Aún no hay calificaciones
B35
64 páginas
LSCELN
Aún no hay calificaciones
LSCELN
271 páginas
PRS 49
Aún no hay calificaciones
PRS 49
52 páginas
LRESEA
Aún no hay calificaciones
LRESEA
25 páginas
LDS57
Aún no hay calificaciones
LDS57
68 páginas
E3
Aún no hay calificaciones
E3
20 páginas
PRS 77
Aún no hay calificaciones
PRS 77
52 páginas
LFMEADC
Aún no hay calificaciones
LFMEADC
211 páginas
B11
Aún no hay calificaciones
B11
39 páginas
EA1
Aún no hay calificaciones
EA1
36 páginas
BDP9
Aún no hay calificaciones
BDP9
16 páginas
18ECLHC2
Aún no hay calificaciones
18ECLHC2
138 páginas
CYR
Aún no hay calificaciones
CYR
179 páginas
LDS12
Aún no hay calificaciones
LDS12
62 páginas
MGI40A
Aún no hay calificaciones
MGI40A
105 páginas
PRS 30
Aún no hay calificaciones
PRS 30
47 páginas
RP103
Aún no hay calificaciones
RP103
64 páginas
UMAP
Aún no hay calificaciones
UMAP
130 páginas
CPPVOLBRELCR
Aún no hay calificaciones
CPPVOLBRELCR
16 páginas
ML1
Aún no hay calificaciones
ML1
70 páginas
PRS 31
Aún no hay calificaciones
PRS 31
48 páginas
IDGES1971
Aún no hay calificaciones
IDGES1971
29 páginas
ECDL
Aún no hay calificaciones
ECDL
66 páginas
El Gitano
Aún no hay calificaciones
El Gitano
39 páginas
Umes
Aún no hay calificaciones
Umes
27 páginas
PRYVCEC
Aún no hay calificaciones
PRYVCEC
33 páginas
RP123
Aún no hay calificaciones
RP123
76 páginas
RP122
Aún no hay calificaciones
RP122
90 páginas
GDHADCYSS
Aún no hay calificaciones
GDHADCYSS
74 páginas
HDLSDIYST
Aún no hay calificaciones
HDLSDIYST
48 páginas
BDP14
Aún no hay calificaciones
BDP14
12 páginas
BDP15
Aún no hay calificaciones
BDP15
9 páginas
BDP12
Aún no hay calificaciones
BDP12
12 páginas
BDP13
Aún no hay calificaciones
BDP13
16 páginas
APLHDCCC
Aún no hay calificaciones
APLHDCCC
60 páginas
LLDLP
Aún no hay calificaciones
LLDLP
40 páginas
LAVEENDM
Aún no hay calificaciones
LAVEENDM
228 páginas
BDP01
Aún no hay calificaciones
BDP01
16 páginas
BDP10
Aún no hay calificaciones
BDP10
16 páginas
BDP8
Aún no hay calificaciones
BDP8
12 páginas
BDP07
Aún no hay calificaciones
BDP07
16 páginas
DDLSCDCYQ
Aún no hay calificaciones
DDLSCDCYQ
56 páginas
BDP6
Aún no hay calificaciones
BDP6
16 páginas
BDP03
Aún no hay calificaciones
BDP03
16 páginas
BDP04
Aún no hay calificaciones
BDP04
12 páginas
SHYD
Aún no hay calificaciones
SHYD
708 páginas
RP119
Aún no hay calificaciones
RP119
35 páginas