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AVISO A LOS TRABAJADORES YA EXISTE LA BOLSA DE VIVIENDA {4 8 LA ROLSA DE VIVIENDA DEL BORAT? INFONAVIT necuraot YAN ANAINAI ANNAN DEPARTAMENTO DE CREDITO aneAten DEL ERTO 20 wEICO, OF. presagio CONTENIDO Pag. No. gQUIEN MATO A LOAIZA’ 4 Por José Maria Figueroa Diaz EL CARNAVAL ASESINO......... acne Por Manuel Lazeano y Ochoa LUCILA MEDRANO jLOAIZA ME HIZO REINAI. Entrevista del Director id CARMINA DE RUEDA: IYO VI MORIR A LOAIZAL,.scuessstnsnstntnnenees Entrevista del Director CARLOS MC GREGOR: i¥O ME TIRE AL SUELO! Entrevista del Direcvor 218: RODOLFO T. LOAIZA: “LUCHAREMOS CONTRA EL PRESIDENTE” Por Juan Macedo Lpez 7 UNA PERLA QUE DIO SENORIO AL CARNAVAL DE MAZATLAN. Por Carmen Aida Guerra Miguel ALBERTO LOAIZA: iNO SE QUIEN MATO A MI PADRE!. 24 Entrevista del Direcor CARNAVALES MAZATLECOS. Por Filiberto Patifio Escamilla “EL CHACHO" GONZALEZ.... Por Alfonso L. Paliza AQUEL 30-20. Por Reinaldo Gonzéiez Jr. 33 DE NUESTRA POFTADA. Solo Editorial Le, Bancisce Higuore Lopes © Ing, Roselle de te Vopa ®. Lic. Ret! Rand Soo Eetoriak Le. ° oe fe teh Hoses €.'8" Manuel Farrer y romero, © Director Técnico: Cals Saleser {or Arti Arzuo Mover Vigna Téoiegroiografcs: vgue Guadara Sorano 6 PRESAGIO @ Francisco Villa No. 290 Ot Culiacén, Sin. @ (Tel. 281-96) @ Revista imonsto. © Infresay hoch oles taloras ge oft de Rearee No, 2270, Colonia nce. ta, México 14, D.F. @ Circula por suscrincién @ $500.00 por afio @ No se devuelven origina- {as © No.8 Epoca! Fobroro de 1978 | ' | éQuién Mato a Loaiza? Por José Maria Figueroa Diaz Hace 34 afios que victimaron en Mazatlén, en pleno carnaval, al coronel Rodolfo 7. Loaiza. El tiempo no ha podido borrar este negro pasaje de la historia | politica de Sinaloa. PRESAGIO presenta en este mimero una ser | articulos que fratan de despejar un poco la marafa y el misterio que todavia El reloj de oro Elgin del coronel Rodolfo T. Loaiza se pa- 76 exactamente alas 2 de la ma- Rana menos 10 minutos del 21 de febrero de 1944. A esa hora i- pe dejé de vivir. Marca- 4 el tiempo de su proditorio ase- sinato. Apenas se iniciaba el lu- nes de ese trdgico carnaval de Mazailan. “Patio Andaluz” del famoso y tradicional Hotel Belmar del bello puerto, como todos los afios, se encontraba lle- no a reventar de entusiastas car- navaleros. Lugarefos, turistas nacionales y extranjeros gozaban de la gran fiesta del rey Momo. Las notas bonitas y ale- gres de “Fl Quelite” —pieza pre- dilecta del gobernador Loaiza— Se mezclaron con los disparos de las armas de fuego. Un hombre chorreando sangre por la cabeza ¥-con un ojo por fuera, cata des- plomado, muerto de certeros ba- lazos. Habjan acabado con la existencia del gobernador const tucional de Sinaloa, en esa pagi- na_negra de nuestra tierra que quienes se preocupan de !a histo- ria no terminan atin de descifrar. 4 Este sangriento suceso cobré caracteres de sersacionalismo porque en él resultaron involucrados altos personajes de la vida piiblica nacional | enveiven el homicidio del gobernador sinaloense. Coronel Rodolfo . Loaiza le reportajes, entrevistas y Al célebre “Patio Anda- luz” se lo. tragé la transforma~ cién_que le hicieron los nuevos duerios a! Belmar. Se encontraba entrando a la derecha, Era el escenario mas concurrido y cono- cido de los antigiios carnavales mnazatlecos. Esa noche el coronel Ro- dolfo T, Loaiza era el centro de atraccién de todas las miradas de Ta concurrencia. Invitado de ho- nor de los organizadores del Co- mité de Carnaval —dicen que se habian hecho intentos para di- suadirlo con el fin de que no asis- tiese a Mazatlan porque habian corrido rumores de que se aten- taria contra su vida— el gober- nador disfrutaba de la gran fies- ta. Convento, feliz, despreocupa- do, departia en una mesa con amigos y colaboradores de su go- bierno. Sentados junto a él se ha- aban el tesorero general del Es tado, Alfredo Gil Michel y su se- fiora esposa; la poetisa Graziela Garbalose y su hia ta declama- dora Grazielita. Increiblemente Jestis 1. Escober “El Chaca”, presidente Municipal de Mazailin, no a- companié a Loaiza, Le fueron a avisar a su casa gue el gober dor estaba en el Belmar y_ dijo que no podia ir, que se sentia in- dispuesto. ;Sabria algo de lo que ibq a acontecer?... iQuien sa- Los detalles de la trama estaban debida y cuidadosamen- te preparados. Los autores y los actores conocian al dedillo el script del drama que iba a desa- rrollarse. Loaiza estaba marcado por el destino y por sus asesinos. 000 Los testigos y las crénicas reriodisticas de esa épdca — a los cuales nos acercamos y aso- mamos— senalan que los crimi- nales le dispararon_ por atras a Loaiza. ¢O fué de frente? “El asesino se le aproxi- mé por la espalda y @ guemarro- pa le descerrajé win tiro y varios mas en la cabeza. De todos solo un proyectil hizo blanco, salién- dole poy el ojo iquierdo, EI co- ronel Loaiza cays. hacia atrés quedando con una mano metida en la bolsa del pantalén y las piernas entrecruzadas”” Asi describié el periédico “El Correo de la Tarde”, en su edicion del dia 24 de febrero de 1944, los hechos de ese infausto acontecimiento. Tres 0 cuatro hombres, con los sombreros de palma cala- dos —también mencionaron que iban encapuchados— y las pisto- las 38 humeantes en las manos, salieron corriendo por la puerta principal del establecimiento, - haciendo fuego a diestra y sinies- tra. Eran los crueles homici das materiales del politico oriun- do de San Javier, San Ignacio, y {que al través de los aftos también pagaron tributo a la madre tie- ra, unos bajo la vieja sentencia de, ajo por ao y diente por dien- te”’y otros de muerte natural. 000 En la reconstruccion de Jos hechos que tratamos de hacer de este negro pasaje de la histo- ria de Sinaloa, nos encontramos con muchas cosas que todavia no se esclarecen a pesar del tiempo transcurrido. Muchas toneladas de polvo cubren estas paginas sangrientas. Pero volvamos al lugar de Tos sucesos: al “Patio Andaluz”. Loaiza platicaba animadamente con los invitados a su mesa: las Garbalosa, Gil Michel y su seno- ra. Ningiin ayudante se encon- traba a su lado. Otra de las situa- ciones raras que se presentaron en esos momentos. Tres de los guardaespal- das que siempre acompatiaban al ‘obernador no estaban con él. juan Lopez Portillo se habia que- dado en Culiacan. Miguel Gé- mez Llanos y Alfredo "El Cha- to" Duarte habian ido a cumplir “mandados” de Loaiza. Duarte, segiin declar - después, se habia ausentado pa- ra atender una orden de su jefe. Una dama de las que asistian al baile suplicd a Loaiza le pidiera a la orquesta que tocara “El Coyo- te" para que la sefiorita Carmina de Rueda, reina de los Juegos Florales, danzara un zapateado con un joven, “Yo —dijo el ayudante— al estrado donde estaba la musica para que ejecutara di- cha pieza. En un estrecho corre- dor tropecé con un indiciduo del que solo recuerdo que vestia un traje gris. Al encontrarlo se llevo la mano a la frente con despreo- cupacion, exclamando (Ah que ch...! Segundos después escuché apagadas detonaciones en el sa- lon de baile. “Apresurando el paso - sigue “diciendo "EL Chato” Duarte— llegué donde se encon- traba el jefe, a quien vi, con pro™ funda consternacién, como len- tamente se iba inclinando sobre la silla en que descansaba, hasta caer pesadamente sobre el costa- do izquierdo con la mano en el bolsillo, quedando en el pavi- mento ligeramente encogido. “Las declamadoras Gar- balosa, —agrego— con quien el gobernador departia alegremen- te, sufrieron un ataque de ner- vios. Oi como las mujeres y hom- bres gritaban aterrorizados: ;Fue “il Gitano’! jFue Rodolfo Val- dés el asesino!”. Hosta aqui la version que dié.a conccer Alfredo Duarte an- te [a Agencia del Ministerio Pii- blico del Fuero Comin. iE Gitano” habia que- dado senalado para siempre co- mo el verc'ugo del coronel Rodol- fo T. Lovizal 000 El escandalo en El Bel- mar fue mayiisculo. La gente, al. ver que el gobernador Loaiza caia acribillado a balazos, grité asustada; corrié, se tird al piso bajo las mesas; y las damas, va- rias de elias, con el pénico refle- Jado en sus rostros, cayeron des- mayadas, presas del histerismo. Mas todavia cuando las luces se apagaron. Se armé un pandems- nium. Y con el tropel de perso- nas que desesperadas buicaban donde rejugiarse, los maleantes huian desaforados, con el gesto y la mirada fiera, 'pisoteando a quien encontraban y vomitando alas de sus poderosas armas. Hubo varias vietimas ino- contes en esa trégica noche. El joven Rubén Brooks que venia del Club Muralla —dicen que Rodolfo Valdés fué el que lo ma- t6— con el fin de divertirse en El Belmar, recibio un tiro en el ab- démen al bajar del automdvil. Asi mismo el piloto avia- dor Waiter V. Cotchel, origina- rio de Arizona, recibid dos pro- yectiles er el corazén y en la fren- te, Posteriormente su padre del mismo nombre, [Link] impresion que recibié al recibir la noticia que se le transmitid por teléfono @ su casa en Estados Unidos, murié de un sincope cardiaco. Los maleantes, al salir del hotel, fueron protegidos por sus cémplices con las 38 y 45 en las manos y a bordo de dos vehiculos huyeron por las transitadas calles de Mazatlan, saliendo por la an- tigiia Garita de Granados. Los dos choferes Juan He- redia y Francisco Diaz, de “ne- gro historial” segiin dice la pren- sa de aquella época, fueron loca- lizados y aprehendidos 24 horas después, “Exisie la sospecha de gue ambos sujetos no fueron sim- plemente alquilados én sus servi- ios, sino que son cémplices di- rectos de los criminale”. 000 Hace aproximadamente unos tres afios murié Alfredo “El Chato” Duarte. Después de que hizo aquellas primeras declara- ciones en el sentido de que las Garbalosa habian dicho que “El Gitano” Valdés era el que habla disparado, cambié totalmente el contenido de su version. ¢Mie~ do? ¢Precaucin? Vaya usted a saber. Duarte, en la refriega, sa- lié herido de la pierna izquierda y en sedal en el cuello. Refirié que al ver a los facinerosos ma- Sacrar a Loaiza, sacé su pistola y les hizo frente. Otros testigos lo desmintieron. Sefalan que Duarte se barrié bajo la mesa més proxima y que hasta ahi lo persiguieron ‘as balas de los matones. Que el tinico que repelié la agresion fue Antonio Cejas, en ese entonces Jefe de grupo de la policia judi- cial del Estado y quien se encon- traba de servicio en El Belmar. De este encuentro resulté herido uno de los pistoleros. Era Manuel Echeagaray, quien ayu- dado por sus cémplices, con un balazo en la espalda que le salié por el hombro derecho —asi nos Jo fue contado por uno de los tes tigos oculares y cuyo nombre nos lo reservamos—, y apenas soste- niéndose en pie, abordé uno, de los autos, gue enfiléy legs a “La Palma Sola”. Iba en muy malas condi- ciones, agonizando. Quizé para evitar que hablara y como lo con- sideraban al borde de la tumba, sus secuaces lo remataron y lo Hevaron a enterrar junto al sepul- ero de Alfonso Tirado, localiza- do también en el mismo poblado de “La Palma”. Cinco afios después los restos de Echeagaray fueron Ile- tudos por su hermano Adolfo, a su tiltima morada en el panteén de Potrerillos, Rosario, de donde eran orivinarios. Pero volviendo con Alfre- do Duarte, personaje importante en este relato, al corregir sus de- claraciones, iniciales, dijo que “El Gitano” no fue quien jalo el gatillo de la pistola que maté a aiza, sino que fueron Felipe Gil, Manuel’ Echeagaray y José ‘El Giierillo” Salcido. Los tres eran gente del “monte”, aveza- dos en el uso de las armas y cabe- cillas pagados de ese movimiento que tantas vidas inocentes cobré en el sur de Sinaloa. Sin embargo, otros dicen que el verdadero ‘asesino fue Rodolfo “El Gitano” Valdé iyo no maté a Loaiza. Mamiel Echeagaray. La incogn ta sigue en pie. Duarte, también conto ~ ue Valdés se encontraba toman- do una copas en la barra del Ho- tel Belmar, y que por lo tanto no fué él el autor del crimen. De que fue complice nadie ni Duarte lo ‘pudieron negar, Los hechos y la istoria asi lo consignan. 000 Rodolfo “El Gitano” Val- dés era uno de los capitanes de “Los Dorados", grupo de gente que habian armado los terrate- nientes del sur del Estado para defender la accién del reparto agrario que el Presidente Lizaro “ardenas, a nivel nacional, ha- Bia iniciado en esos aios en Sina- loa. Se citaba a Silvano Pérez Ramos (a) “El Bananas" como uno de los mas fuertes instigado- res en este movimiento y dicen que lleg6 a traer armas alemanas desconocidas en aquel entonces, y que eran de “muy alto poder No hacia mucho tiempo que Alfonso “La Onza” Leyzaola habia asesinado en la cantina del Hotel Rosales, de Culiacan,a Al; fonso “Poncho” Tirado, hombre muy quertdo desde Mazatlén hasta Escuinapa y quien habia sido precandidato (sin llegar a jugar’) al gobierno de Sinaloa junto con el coronel Rodolfo T. Loaiza. Las pretensiones guber- namentales de Tirado estaban fuertemente apoyadas por la cla- ‘se pudiente del puerto mazatle- co, en especial por el grupo de vi- nateros, al cual él pertenecia. Existian odios, resquemo- res y deseos de venganza. El cr men de Alfonso Tirado se le atv buiaa Loaiza, cosa que nunca se legs a aclarar. Dicen que ésto puede haber sido el motivo prin- cipal del complot que se incubd para quitarle la vida al goberna- dor del Estado en esa trégica ma- .drugada del carnaval de 1944, _ También culparon del ho- io de Loaiza al general Ma- ximino Avila Camacho y a don Pablo Macias Valenzuela, los dos enemigos politicos del piax- tlefio. Fueron muchas las versio- nes que se corrieron en torno a este sonado crimen, pero la ver- dad nunca aflors. Permanece to- dayia por abi sepultada en el pantano de la historia. ‘ooo firman que Rodolfo - Valdés llevaba muy buenas rela- ciones con el coronel Rodolfo T. Loaiza. Incluso que seguido lo recibia en la Casa de Gobierno de Mazatlin y que le hacia sus “regalitos”. Por esos dias previos al carnaval el gobérnador le entre- 446 10 mil pesos. "Son para que te diviertas en el carnaval y te tomes unas a mi salud”, le dijo Loaiza a Rodolfo. Cuentan que ese domingo 20 de febrero desde temprano Valdés se encontraba echandose unos tragos en conocido bar de Mazatlin, gastando el dinero jue “su amigo el gobernador” le habia obsequiado con ese objeto. Hasta él legaron los emi- sarios para invitarlo a que parti- cipara en el homicidio que pocas horas después se consumaria. “iNo! —dicen que contesté. "El itano”. ;Loaiza es mi amigo y no puedo atentar contra él!”. Deben haberlo conven do los argumentos que esgrimi on los complices en este asesina~ to, pues Valdés st estuvo presen- te ‘en el escenario de los hechos. Jalé 0 no jalé el gatillo asesino, es una cosa que no esta totalmente clarificada. Rodolfo se llevé a la tum- ba este negro secreto. Siempre nego haber sido la mano crimi- nal. Pero otros gatilleros que an- duvieron cerca de él lo desmien- ten y lo condenan. 000 Rodolfo Valdés era un in- dividuo aito, de color blanco, bien parecido. Tenia mucho as- cendiente con su gente y con las mujeres. Era muy bueno para ti- rar con pistola. Donde ponia el ojo ponia ia bala, Su fama de perdonavidas y de enamorado habia traspasa- do las fronteras de Aguacaliente, su lugar de nacimiento y asiento principal de sus correrias. Después de la muerte de Loaiza se I'bré orden de aprehen- sin contro él. El ejército y la po- licéa judicial lo persiguieron. Al tiempo lograron apresarlo y lo confinaron en la cércel militar de Mazatlan. De aki se fugé espec- tacularmente. Dicen gue tuvo va- ios cémplices “gordos” en esta evasion. Pasé el tiempo y “El Gita- no” andaba libre como maripo- sa. Parecta que las cosas se ha- bian olvidado. Seguido se le veia en Aguacaliente y en Mazatlén. Seguia participando en hechos de sangre muy comentados en aquella época. Pero todo tiene su princi- pio y su final. La buena suerte le dio ‘la espalda al aventurero hi- drocdlido, Se cred enemistades con su misma gente y un dia en Aguacaliente, en el’ interior de una cantina de su propiedad, dos de sus lugartenientes Pablo “El Payo"” Osuna y Edmundo “Mun- dillo” Mota, le dispararon una andanada de perdigones con es- copeta, Cayé herido de muerte. Escupia postas por la boca. Ahi lo aprehendié Ia justicia y se lo evo a Mazatlan, donde fue atendido médicamente. Después que se restable~ cid se le condujo a la ciudad de éxico y se le internd en la peni- tenciaria de Lecumberri. En su largo cautiverio contrajo una se- ria enfermedad que finalmente lo Uevé a la sepultura. Pero la pregunta todavia flota en el aire: ;Quiénes fueron Tos asesinos inteleetuales mate- riales del coronel Loaiza’... De nuevo José Maria Figueroa Diaz me pide una colaboracién para PRESAGIO. Me niego. No tengo tiempo. Ni se me ocurre algo sobre que escribir. Acepta mi excusa y cambia de tema. Estd preparando el numero de febrero, mes en el que se cumple un afio mas del asesinato del coro- nel Rodolfo T. Loaiza, gobernador constitucional de Sinaloa. EI personalmente hace un articulo, una especie de impresion del lugar del sangriento y cobarde crimen —reconstruccién de hechos, diria yo. Juan Macedo L6pez sobre Loaiza, pero otra cosa, de distinta for- ma, me dice. Se hilvana la platica. Cuando acuerdo ya le estoy diciendo que yo fui quien le dio al sefior general de divisién Pablo E. Macias Valenzuela, La muerte de Loaiza EL CARNAVAL ASESINO Por Manuel Lazcano y Ochoa la noticia de la muerte de Loaiza Me interrumpe, interesado en el tema, y me dice: “como fue eso, dimelo”. Y asi fué... Eran como las dos y me- dia de la mafiana de ese 21 de febrero y la casa donde vivia temblaba al impacto de los fuertes golpes que descargaban sobre la puerta el profesor Enri- que “El Guacho” Félix y el ca~ pitan Jestis Vazquez Castillo iManuel!... ;Manuel! idespierta!..._jlevantate! imataron a Loaiza! Cerca de las 22 horas de un dia anterior, me habia acos- tado tranquilamente. Hacia - tiempo mi madre, mis herma- nos y yo teniamos rentada una modesta casa por la calle Fran- cisco Cafiedo —hoy Francisco Villa— precisamente frente al Parque Revolucion Los agudos gritos de mis visitantes tempraneros, a que- rer y no, me despertaron. Al principio supuse que se les ha-, bian pasado las copas cele— brando el Carnaval de ese ya lejano afio de 1944. Sabia, porque antes me lo dijeron asi, que “El Guacho” Félix y Chuy Vazquez —los dos cercanos colaboradores y ami- gos de mi general Macias Va- lenzuela, en su campafia como candidato al gobierno de Sina- loa— andaban de picos pardos en el Club Atlético Humaya, que tenia su, concurrido y bu- Hanguero local en la esquina de Escobedo y Obregon. Primero uno, dos, tres, cuatro aldabonazos, dados con verdaderas ganas, rompieron el silencio de la noche y escuché ami madre que me dijo: ihay te hablan Manuell.... No les ha- gas caso, le contesté. Estén ahogados. Diles que no estoy. Los toquidos y llama- dos, buenos hasta para un sor- do tapiado, prosiguieron insis- tentemente. Fue cuando oi lo del asesinato del coronel Ro- dolfo T. Loaiza. De pronto no lo crei. Pensé que era un ardid para dos, nerviosos, como pudieron —ya el efecto del alcohol se les habia bajado a los pies— me informaron como habian cono- cido los sucesos que conmo- cionaron a los sinaloenses. Fue Enrique el que me dio la version: “Nos encontra- bamos bailando y bebiendo en el Atlético Humaya, cuando se me acercé Ruperto Orrantia —en esa €poca era un modesto telegrafista— y me dijo: hace un rato mataron en Mazatlan al coronel Loaiza. “No es posible, le res- pondi. ;Cémo lo supiste? O- rrantia asegur que la noticia Loaiza rindiendo su primer informe de gobierno. Miguel Aleman que me levantara y los acom- pafiara en la tomada. Ellos in-» sistieron: “jAsesinaron a Loai- za, lo supimos en “el Atleti— col” Inmediatamente me i- maginé las implicaciones y transtornos que ese crimen traeria aparejados para todo Si- naloa, como asi sucedié des- pues. Medio me vesti a la ca- tera y sali a recibir a los porta- dores de esa mala noticia. Los con la representacién presidencial era cierta que se acababa de recibir por telégrafo. Se lo par- ticipé a Chuy Vazquez y quisi- mos que tu la supieras para que juntos se la comuniquemos a don Pablo”. Pero Orrantia —padre de Oscar Orrantia, hoy director de Telégrafos Nacionales— no fue el Gnico que sabia de la in- fausta nueva. Juan Lopez Porti- llo, ayudante de Loaiza y quien también andaba en el baile del Atlético, (nunca supe porque no estuvo en el puerto acom- pahando al gobernador) ya es- taba enterado del homicidio de su patron y asi se lo expres6 a “EL Guacho" Félix, iESE OTHON ESTA. BORRACHO! El capitan Jestis Vaz- quez Castillo manejaba una ca- mioneta coior verde perico propiedad de don Pablo y en ella nos trasladamos los tres a su casa. Residia él por la calle Hidalgo frente al mercado Gar- mendia enseguida del Remate Azul de Farji “el barato”, Dicha casa pertenecia a don Jestis Tamayo, quien se ha- bia cambiado a otro domicilio, para que el general Macias Va- lenzuela viviera y despachara en ella mientras transcurria su campaiia politica. Llegamos como a las tres de la mafiana. La calle Hi: dalgo parecia una’ boca de lo- bo. Sola, desierta, excepto uno que otro gato y perro famélico que esperaban abrieran el mer- cado “para hacer sus compras diarias”. Los tres no las traiamos todas con nosotros. Era una ho- ra indispuesta y sabiamos co- mo se las gastaba don Pablo, pero la noticia era gorda y ca- liente. No podia esperar. La te- nia que conocer de inmediato. Asi que hicimos de tripas cora- z6n y tocamos el zaguan de la casa © .4Quién es...2”, nos pre- gunté entre dormido y despier- to el sargento Marcelino Rios, asistente del militar y politico de Las Cabras, municipio de El Fuerte, “Somos nosotros: Ma- nuel Lazcano, Enrique Félix y Chuy Vazquez”, le contesta~ mos. “Ya voy, ya voy”, nos re- plicd. ‘ El gobernador Pablo Macias Valen Abrié la puerta y le pe- dimos que le hablara al general Macias. Su negativa no se hizo esperar. “Yo no le hablo”, nos dijo. “Esta dormido. Yo no lo despierto. Hablenle ustedes’, afadié. Ni Enrique, ni Chuy, ni yo abrimos la boca para nada. Nos consultamos con la mirada y ami me tocé perder. Pode- mos decir que agarrados de la mano, en fila india, nos intro- dujimos a la casa con pasos cautelosos, llegamos a su reca- mara y “este valiente” le tocé la puerta. Ya se estaba hacien- do una costumbre tocar puer- tas, esa vieja, fria y triste ma- drugada. “Don Pablo, don Pablo, le dije. Levantese. Se trata de un asunto muy importante. Acaban de matar en Mazatlan al coronel Loaiza”. Escuchamos el roce de las sabanas y los movimientos 10 uela ofrece una comida a Roberto Barrios: lo acompafian colaboradores y amigos que hacia don Pablo para ves- tirse y calzarse. Después el rui- do que hizo la pesada tranca de amapa al quitarla de la puerta Todo amodorrado, res- tregandose los ojos, aparecié con su blanco calzén estilo ca- chorér “A ver Manuel como es- ta és0”, me interpel6. Dio dos © tres pasos y se dirigié al am- plio portal. Nosotros lo segui- mos y parados —desatento, no nos invit a sentarnos— le in- formamos de lo poco que sa- biamos. Serio, imperturbable, - con un semblante de pocos amigos, escuché la incompleta version que habia partido ini- cialmente de Orrantia Estabamos _contandole los hechos cuando soné el telé- fono. Fue tan imprevisto el re- Piqueteo que nos sobresalta- mos. El momento, las ‘circuns; tancias, no eran para menos. El capitan Vazquez Cas- tillo fue a contestarlo. “Le Ila- ma Othon Herrera y Cairo des- de Mazatlan, mi general”, le dijo Jestis. “Se oye mucha gua- sanga”, comento luego el fiel ayudante EI aparato telefonico - —era uno de esos antigiiitos, de manivela— se encontraba ampotrado, colgado en Ia pa- ted del mismo portal en que nos encontrabamos.- Macias - Valenzuela lo tomé y por espa- cio de unos segundos, que pa- recieron siglos, nadie hablé, ni él tampoco. Luego lo colgé con fuerza “iEsta borracho ese ca- brén!, dijo a manera de res- puesta a las curiosas miradas que le dirigiamos. Me conté lo mismo que ustedes, que mata- ron a Loaiza en el “Patio Anda- luz” del Hotel Belmar. Pero no es de creerse porque esta bo- rracho Othén”, nos volvié a re- petir. El pajaro cucti del reloj de pared, propiedad de mi ge- neral, alegremente dio las 4 de lamafiana. Nos despedimos de 41, citandonos para las 9 Llegué a mi casa otra vez a bordo del vehictilo que conducia Chuy Vazquez. Me acosté pero no pude conciliar el suefio pensando en todo lo sucedido. La imagen de Loai- za, muerto, me perseguia en la cabeza, obsesionado seguro - por los serios acontecimientos EL SEPELIO DE LOAIZA Ya cuando llegué pun- tualmente al domicilio de don Pablo habia un mar de gente en su interior y en las afueras. La mala nueva se habia esparcido por todos los ambitos de Culia~ can y de la entidad. Gente del pueblo, poli- ticos de diversas estaturas, for- maban corrillos platicando, co- mentado, en una y mil versio- nes, el crimen de ese rojo car- naval de Mazatlan. Don Pablo me recibié al instante al igual que a mis des- velados compaieros Enrique y Jestis. El fue el que nos informé de que el cadaver de Loaiza lle- garia en el tren de esa misma mafana y que sera velado con los honores de rigor en el salén central del Palacio de Gobier- no Su representacién pe sonal para este acto luctuoso nos la dio a Saill Aguilar Pico y a mi. Fuimos a la estacién del ferrocarril y después al edificio de Rosales, donde hicimos - guardias de honor. En una y otra parte ha- bia una multitud de hombres y mujeres. Confusién, curiosidad y consternacién se reflejaban en las caras de los sinaloenses. La muerte de Loaiza, la forma mes el Congreso del Estado se Lic. Teodoro Cruz artera en que se le acribillé a balazos, caus6 indignacion. - Fue una pagina negra en los anales de |a historia politica de Sinaloa, En esos dias Macias Va- lenzuela casi habia concluido su gira como candidato unico del PRI al gobierno del Estado. Yo habia participado en ella y estaba interiorizado de los pro- legomenos de la candidatura de don Pablo y de la secuela politica, cue lo Hlevaria final- mente al poder. Loaiza y él ya habian cambiado impresiones y lima- do diferencias. Estaban en los mejores términos. El dia 25 de ese mismo reunid y nombré al licenciado Teodoro Cruz, quien venia fun- giendo como secretario general de gobierno, encargado del Po- der. Ejecutivo. “El Mayo” Cruz termin6 el periodo que le co- © ‘rrespondia al hombre de San Javier, San Ignacio. El_cuerpo del coronel Rodolfo T. Loaiza, después de sei velado, fue llevado de vuel- ta al puerto de Mazatlan para ser sepultado en el pante6n ci- vil Regresaba al sitio donde fue victimado cobardemente. Habia sido su altima voluntad. 000 Asi fue como le informé al general Pablo Macias Valen- zuela de la muerte del coronel Rodolfo T. Loaiza, le dije a José Maria, queriendo dar tér- mino a la conversacién y “co- mote dije al principio: no pue- do darte la colaboracién que me pides pero para otro nime- ro te la ofrezco” Se le ponen los ojos co- mo platos y me contesta: iMagnifico!, pero por la cola- boraci6n que te estoy pidiendo no te preocupes, ya la tengo. En esta grabadora he tomado toda la conversacién. Que tu secretaria la saque a maquina, la corriges y la pules y iya es- ta! Lic, Manuel Lazcdno y Ochoa n LUCILA MEDRANO: \Loaiza me Hizo Reina/ Entrevista del Director ~Iba llegando al Circu- lo “Benito Juarez” cuando me avisaron que habian asesinado a Loaiza —me refirié Lucila Medrano, la hermosa reina del carnaval de Mazatlan de aquel lejano afio de 1944 Lucila tiene su residen- cia en la capital de la Republi- ca. Vive seis meses en esta abi- garrada metrépoli y el resto en el cada dia mas esplendoroso puerto mazatleco. Aqui, frente al mar azul, vive su hija Rayito. En otros domicilios sus herma- nos Camilo y Guillermo. Me liga una vieja y afec- tuosa amistad con la familia Medrano, que data de la déca- da del cuarenta en que trabajé como oficinista en la merceria entonces propiedad de don Fe- derico y don José. Kiko, el ma- yor de los hermanos de Lucila, estimado amigo mio, igual que su progenitor, fallecieron hace Pocos aiios. Durante el reciente car- naval de Mazatlan, Camilo me proporcioné el teléfono de Lu- cila, en México. Ella me con- testa cuando le hablo y hace- mos reminiscencias de lo acon- 2 Luc tecido en ese funesto 1944. —Primero el goberna- dor Rodolfo T. Loaiza me habia acompafiado al Belmar, donde estuve un rato. Ahi lo deié y habia quedado de reunirse - conmigo en el Circulo. Eran al- rededor de las doce y media de la mafana. Hay confusién en la ho- ra precisa en que mataron al coronel Loaiza. La prensa de esas fechas sefiala las dos me- nos diez minutos, 0 sea cuando se pard el reloj Elguin de bolsi- lo que traia el politico sanja- vierefio. Lucila, sin embargo, dice que era mas temprano. Pero continuemos con la entrevista que le hice a la ex- reina del carnaval: —jYo- fui reina porque Loaiza me lo pi-~ di! —me dijo. —Y escogi a mi amiga Carmina de Rueda — —hoy sefiora de Patrén— para que fuese la reina de los Juegos Florales. Ella si estuvo presente cuando balacearon al goberna- dor Loaiza, como te digo habia quedado de reunirse - conmigo en el Circulo, para (centro) con su prima Conchita, a la izquierda después acompafiarme al Club Morelos y a la Unién de Carga- dores y Carreteros. (Estos eran los centros de baile tradiciona- les y Gnicos de aquella época, ademas del Belmar y el Circu- lo, ya los que acudia su Gra- ciosa Majestad para que le rin- dieran pleitesia y homenaje) —Para mi fue un impac- to tremendo el conocer la de- sagradable noticia. Nunca me imaginé que acabara mi reina- do tan repentina y tragicamen- te —me comenta Lucila con voz nostalgica —Loaiza, pocas horas antes de morir, me habia dicho que queria que ese carnaval fuera el mas bonito de todos —jMala suerte! —me dice. —Ve con Rayito y le pi- des las fotografias mias que me solicitas. Deferentemente me in- vita a su casa cuando yo quie- ra. La recuerdo en mis moce- dades. Era Lucila una mujer que destacaba por su belleza y por su sefiorio U.M.F.D.) CARMINA DE RUEDA: i¥O Ul MORIR A LOAIZA! Entrevista del Director —iUna de las balas que dispararon los asesinos contra Loaiza me quemé el vestido! A punto estuvo de que me hiriera 0 me matara —me conté Carmina de Rueda, que en aque! carnaval de 1944 efimeramente lucid su belleza y donaire como reina de os Juegos Florales. Las mujeres tienen esa gran virtud de recordar todo, hasta el més minimo detalle, de los pasajes de su vida. Muchos millones de olas marinas, desde aquel entonces, se han estrellado en las arenas de las playas del sin igual puerto del Pacifico. Sin embargo, Carmina, como si fuese ayer, me relata los acontecimientos de esa tragica madrugada del 22 de febrero, que ella vivi6 tan intensamente. —Estaba como a un me- tro de distancia de la mesa en que estaba sentado el se ener | Por la tarde del domingo de carnaval, habia departido, en Carmina con Loaiza sogundos antes de morir dor. La misica inicié ta tanda con la pieza de “El Quelite”, que eta la_predilecta del politico piaxtlefio. Apenas dos pasos ha- bia dado bailando con mi amigo Guillermo orm oe cuando Mazatlén, con mazatlocos y gente de su gobierno empezaron a sonar los balazos y vi como Loaiza, con el rostro lle- no de sangre, caia de frente, Iue- go sobre un costado y finalmente hasta el piso. Tal como lo dice Carmina asi se desarrollé esta escena abo- minable. Los chacales se habian acercado a Loaiza por atras y le habian descargado los revdlveres an el craneo. —Una bala me atravesd el vestido largo que traia esa no- che. Miré a los hombres cuando dispararon. No les distingui 1a cara. Y no supe si habia sido “El Gitano” el homicida. Yo lo cono- cia en fotografia. —Todo fue tan momenta- neo, tan répido, que me quedé muda, temblando en los brazos de mi compafiero de baile. Im- presionados, corrimos, como lo 8 hicieron todos, a refugiarnos no sé donde, temerosos de que los pistolerés nos dispararan. Hasta después me di cuenta de la cha- muscada de la bala en mi ropa. —me dice la hoy sefiora de Pa- tron. Me narra también que en la mesa de Loaiza, acompafidn- dolo, se hallaban las declamado- ras y poetisas Garbalosa, madre e hija, el tesorero del Estado Gil Michel y su esposa. No recuerda exactamente si se encontraba Juan F. Huerta, que durante mu- cchos afios fue agente de la Lote- ria Nacional en Mazatlan. Refiere que en una mesa atras se encontraban sentadas las amistades intimas del goberna- dor, varios matrimonios maza- tlecos y “El Chacho” y Ana Ma+ ria Rueda. —"El Patio Andaluz” - del Hotel Belmar —dice Carmi- na— estaba dividido por unos te- Jones para que no entrara toda la gente. Las cortinas quedaban atras precisamente de donde es- taba la mesa que ocupaba Loai- za. Y por ahi Ilegaron los mato- nes y le dispararon a mansalva. Yo me impresioné m cho! Habia sido Loaiza tan ami go de mi papa y de mi mama. Me conocia a mi y a todos mis her- manos. Seguido iba a mi casa a visitarnos. El susto que llevé fue muy grande y la pena mucho mis. Enseguida Carmina nos menciona el hecho de que cono- cia muy bien a todos los ayudan- tes del gobernador. Momentos antes habia visto a dos de ellos junto a él. Uno se habia ido a ce- nar yel otro, “El Chato” Duarte, se habfe separado para ordenar una pieza de miisica, “El Coyo- te” que ella misma iba a bailar con un joven, a peticién de algu- nos amigos. --Via Duarte cuando re- sresaba. Estaban empezando a tocar y el ayudante, al oir los ba- lazos y ver caer a Loaiza, se tird al suelo, sacando la pistola. Igual lo hizo Gil Michel. Duarte tenia una rodilla sobre el piso. Desde que platiqué con Lucila Medrano me quedé con el pendiente de conocer en qué for- ma, en esa época, se realizaba la eleccin de las reinas de carna- he Extraordinaria foto tomada durante su asesinato val y de los juegos florales. Car- mina nos hace luz en estas cues- tiones de la gran fiesta del rey Momo. —Ni Lucila ni yo tuvimos que hacer nada. Loaiza, amigo de nuestras mutuas familias, nos Pidi6 a las dos que fuéramos las reinas. Le puso un impuesto a la Cerveceria del Pacifico. Lastima, Porque fue el carnaval en el que mas dinero se ha sacado. —A escondidas de mis padres acepté. No me dejaban en Ia casa hasta que se vino mi rei- nado y entonces tuvieron que do- blar las manos. Vuelve su mente al pasa- do y nos cuenta que la corona- cién se celebré en el cine “Ro- yal” el viernes 18 de febrero de 1944. “Fue de lo mas bonito que haya visto y sentido" —me dice Carmina con gran nostalgia. Y me comenta, al pedirle una foto suya de esa vez, que ex trafiamente no permitieron el acceso de fotdgrafos. Por eso, no conserva ninguna imagen suya de aquellos momentos tan gratos para ella. (.M.F.D) Carmina fue por Carlos Me Gregor poeta laureado en ese carnaval. Al dirigirse a Su Graciosa Ma- jestad le ‘gual que un cuento de milagreria, de ti, Carmina, la gentil prestancia, tiene efluvios de lirica fragancia y ritmicos acentos de armonia, De tu tierra la real policromia circundando de sierras la distancia, se azore ante la herdldica elegancia de tu porte, rindiendo pleitesta. (Carmina, Soberana del poema! Yo quiero los matices de tw gema para hacerle un crisol a mis querellas, donde se fundan, para siempre ilesos, Ja trémula frescura de los besos y el cailido fulgor de las estrellas. El Crimen de Loaiza Corlos Mc Gregor: \V¥O ME TIRE AL SUELO! Entrevista del Director —iYo también me tiré al piso cuando oi los balazos que mataron a Loaiza —me dijo Carlos Mc Gregor Giacinti, - poeta Jaureado en los Juegos Florales de 1944, Localizamos al bardo - “casi casi sinaloense” al través de su hijo Lorenzo Octubre, que trabaja en el INFONAVIT en Morelia. El me dio su teléfo- no y domicilio en el puerto de Veracruz —Hace aiios que radicé aqui —me expreso. Carlos Mc Gregor, gran amigo del general Gabriel Ley- va Velazquez y de Tofio Toledo Corro, residié mucho tiempo en Sinaloa, principalmente en Mazatlan. Participé y gané seis flores naturales, un accesit, cinco segundos lugares y cinco menciones honorificas en los concursos del gay saber cele- brados hace décadas en los carnavales mazatlecos. = Desde México, por larga distancia, fue la platica que sostuvimos. Le preguntamos sobre las incidencias de aque- lla tragica madrugada en que alevosamente asesinaron al go- bernador Rodolfo T. Loaiza. —Habia triunfado en - ese certamen de 1944 con mi trabajo “Cuatro Romances Ma- rinos” y el viernes anterior los habia dicho en el cine “Royal”, donde tuvo lugar la noche de gala en que se coroné a su Gra- ciosa Majestad Carmina | — —Srita, Carmina de Rueda—, reina de los Juegos Florales; y el coronel Loaiza, en el “Patio Andaluz” del Hotel Belmar, pocos minutos antes de que ca- yera muerto bajo el impacto de las balas, me llamé y me pidi6 que dijera otra vez mis poesias premiades. —me cont6 don Carlos —Le expresé al coronel que eran muy extensas y que llevaria mucho rato en decir- las. Convenimos en que sdlo diria una de ellas. Estaba dispo- niéndome a tomar el micréfo- no cuando sonaron los bala- zos. Inmediatamente vi como se desplomaba sin vida el go- bernador. —Al igual que lo hizo todo mundo, yo también me barri bajo una mesa. No era pa- ra menos. Los hombres que acribillaron a Loaiza —y a quienes no reconoci— con su mirada torva y las pistolas en las manos, amenazaban con seguir disparando. Todo trans- currid en un segundo pero este tiempo lo vivi intensamente. Esta fue la versién que de esos hechos sangrientos re- gistrados en el carnaval de Ma- zatlin de 1944, me dio a cono- cer el tantas veces galardonea- do poeta Carlos Mc Gregor Giacinti 000 Rusia Me Gregor, hija de don Carlos y quien reside y trabaja en la ciudad de Mexico, me hizo el favor de hacerme llegar el libro de su padre “Lau- reles y Poesia”, que contienen parte de su extensa produccién poética y en la que se encuen- j pine or AEH (ee ‘Mc Gregor Gordnando a $.G.M. Alma Rosa Valadés 6 tran muchos hermosos trabajos dedicados a exaltar las bellezas de Sinaloa y las virtudes de sus hombres: Mi amigo el periodista Manuel Ferreiro y Ferreiro, en noviembre de 1959, prologé la obra anteriormente menciona- da, en la forma siguiente: “La tierra sinaloense ha recibido a Carlos Mc Gregor Giacinti y se estremece de or- gullo, al ganar un hijo, en el poeta de espiritu libre, pensa- dor sentimental y cantor de la naturaleza (la tierra, el mar y el cielo), con una inspiracién fan- tastica, sonoras estrofas y ar- monia universal Su clara, limpia y singu- lar categoria espiritual, resalta valientemente en toda su obra Triunfador nato, es un cam- peén de la belleza poética, plasmada en la idea libre y su verso irreprochable. No soy, desde luego, el més idoneo para lograr una correcta descripcion de su - obra. De ella hablan elocuen- temente los laureles conquista- dos en los certamenes poéticos en que ha participado. “Laureles y Poesia”, es anfora broncinea, que encierra los versos mejor cincelados del poeta, grandes por la forma y por el concepto. = Su acta de nacimiento, para mi, fue firmada en la cum- bre del Monte Olimpico y trae el sello de las nueve hijas de Apolo”. PRESAGIO tiene mucho gusto en publicar esta vez uno de los Cuatro Romances Mari- nos, trabajo que merecio para el poeta Mc Gregor la Flor Na- tural en ese afio del deceso de Loaiza, que tan extensamente narramos en éste numero 8 16 Loa ‘en Palacio Nacional, en una coremonia ROMANCE DE BRONCE Y PLAYA Por Carlos Mc Gregor Giacinti Cauda de luz, un romance, —romance de bronce y playa— cubre de piel la ribera con carne de sus entrafias: En la linea de su costa se duermen cuatro distancias, como cenefas prendidas con broches de espuma y agua... iTienen cuerpo de mujer sus marinas asonancias. Carne ce sol, el romance, de bronce por la mafiana, carne de sol, por la noche, la luna lo vuelve plata. iTu vida es una mujer, romance de bronce y plata. No se bordan lentejuelas, morena, si vas descalza, camino de las marismas paseando tus arrogancias, la arena pringa de luces la rose de tus pisadas, y alternativos cocuyos sobre tus pies despedazan,.. —haz de colores—, un iris, que matiza tus sandalias. iCémo circunda el romance, —romance de bronce y playa—, tus formas de costa virgen contra’ el aire acaneladas! Yes que lo mismo eres tu, morena de piel tostada, que el relumbre de Ia arena + cuando sofoca sus ansias con tibio calor de agosto templada de madrugada. Quemas un cuerpo de tierra con el fuego de tus plantas, mientras tus plantas se quema al contacto de sus llamas. Y esté tu cuerpo desnudo, en las arenas mojadas, calcinando con tus senos tu propia sombra salada... Tu vida es una mujer, romance de bronce y playa, piel de tu piel, para siempre, en tu ribera plasmada: Carne de sol en el dia, carne de luna y de plata en el silencio maduro de cuatro ausencias lejanas. jHombros de arena tendidos en éxtasis de distancias...! iPelo lacio desflecado con desdén y extravagancias. .. iPerfil de formas nocturnas sobre el tapete del alba...! iTropicales senos combos de juventudes tempranas, impregnando los espacios de redondez y fragancia...! Tu vida es una mujer, romance de bronce y playa, cuerpo de costa perdido, en cuatro pupilas de agua U.M.F.D.) Hace treinta y tres afios que tu- ve una larga plética con el coronel Ro- dolfo T. Loaiza, entonces primer man- datario del Estado. Seria absurdo afi mar que transcribo fielmente lo que conversamos, pero el espiritu de nues- tra charla es digna de fe. Me reservo otros datos, porque considero que ain ‘no es tiempo de darlos a la luz pabli- ca, La luz de la lampara inundaba el pequefio despacho del gobernador Loaiza y algunos de sus reflejos des- tellaban sobre su incipiente calvicie. Craneo macizo, que delataba ‘su ascendencia vasca, pequefios los ojos que parecian esconderse en su rostro ancho que lucia una nariz pe- quefia que se ensanchaba timidamen- te al aproximarse al labio superior. Su estatura, mediana, como que se hacia mas baja por la robustez de su cuerpo. Examinaba un legajo de docu- mentos, mientras, desde nuestro a- siento, mirabamos a aquel hombre a quien habiamos conocido en Colima, hacia 1933, cuando era diputado fede- ral y formaba parte de la comitiva del candidato presidencial Lazaro Carde- nas, RODOLFO T. LOAIZA; “Luchoremos Contra el Presidente” Por Juan MACEDO LOPEZ Recordabamos su sapiencia de gourmet _y su bonhomia. Eramos aprendices del periodismo y Luciano Kubli, agregado de prensa de la comi- tiva, nos present6 al legislador sina- Estabamos frente al coronel & Avila camacho, en Los Mochis, durante su gira como candidato a a Presidencia de la Repablica, poco antes de que los contingentes se onfrentardn a balazos ' 7 Loaiza atendiendo a su llamado. No es = ‘exagerado afirmar que entonces el go- bernador de Sinaloa era uno de los po- liticos mas habiles del pais. En tales menesteres poseia una extraordinaria sensibilidad, Su amistad con el licenciado Emilio Portes Gil, sus ligas intimas con el general Cardenas y sus relacio- es con el alto mundo politico que Predomind en los afios cuarentas, ha- ian del coronel Loaiza una figura de relieve, ___Gustaba cantar, pero mas lo se- ducia el poder publico. Era gobernan- te de una sola palabra, virtud que ig- oran muchos de los que andan en las correrias politicas, que no en la politi ca auténtica, El si o el nd. del coronel Loaiza eran definitivos, pero razonados. Sa- bia escuchar, mas reclamaba conci sién, claridad en el peticionario 0 ex- ponente. Su capacidad de trabajo era ex- traordinaria, De espiritu sociable, so- lia asistir a fiestas que organizaban Sus amigos 0 colaboradores mas cer- canos; se retiraba, en ocasiones, en lena madrugada, se daba un duchazo yen bata de casa, en su despacho pri- vado, sobre el escritorio se amontona- ban montafias de documentos que ha- bia que revisar, examinar, estudiar y resolver las cuestiones 0 problemas en ellos contenidos. Trabajaba cinco 0 seis horas consecutivas. Su poder de captacion era asombroso, como si una Kodak reco- giera y grabara sobre su memoria ‘aquellos complicados o intrascenden- tes documentos. Un segundo duchazo, el desa- yuno y luego aatender los asuntos pi- 308 en el palacio de gobierno. Nun- ca lo oimes lamentarse del exceso de No era un hombre de letras, pe- ro tampoco un politico inculto. Su sa- biduria |a habia bebido del conoci— miento de la naturaleza humana. Y su virtud cardinal fue, indiscutiblemente, la lealtad No tenia amigos sexenales, si no para toda la vida. Creemos que no Supo ociar, pero si despreciar. Fue el gobernente mas calumniado de su @poca y tal vez de la historia contem- Poranee de Sinaloa. Si los méritos del hombre pa- blico se ponderan por el nimero de ‘Sus oriticos protervos, no hay duda de que el coronel Loaiza era un politico de méritos. El gobernador Loaiza terminé el ‘examen de los papeles que guardé en una caipeta. Me miré con tranquilidad @ inesperadamente mealanced con — una pregunta sorpresiva: —zEsta usted dispuesto 2 Iu- char contra el Presidente Manuel Avila Camacho?... Senti que mi cuerpo se cimbra- ba interiormente me pregunté si el goberniador bromeaba. Y a su pregun- ta respondi con otra: :Se trata de un lanzamiento armado?... Loaiza sonri6, El gobernador Loaiza en reunién con su gabineto recargése sobre la silla giratoria y lue- go rid. —No es un alzamiento armado. Es una lucha politica que vamos a ini- ciar los revolucionarios contra los conservadores que estan en el Palacio Nacional. Digame: zdurante el actual eriodo presidencial han mejorado los sueldos del magisterio? Movi negati- vamente la cabeza y comenté: para no- sotros no hay mejoria en nuestros ‘emolumentos porque estamos en gue- rra contra las potencias del Ej Loaiza guardé silencio por un momento y luego, bajando el tono de Su voz y aproximandose al asiento que ‘ocupaba, puesto de pie, me hablo no recuerdo si treinta minutos 0 una ho- ra. —Al magisterio nacional lo ha fraccionado el sefior Presidente para debilitarlo, me dijo entre otras cosas Ustedes y’el pais necesitan un sindi- cato de maestros unificado, vigoroso, auténomo, para que sea una fuerza poderosa dentro del Ambito de la pol tica nacional. Usted sabe que el sindi ccalismo mexicano posee la fuerza que le da el gobierno. Es una realidad que no podemos negar porque jugariamos al tonto. Un grupo: de_gobernadores hemos tenido reuniones y decidimos organizar una federacion nacional de maestros y mis compaferos me dis- tinguieron con el encargo de consti- tuirla. Yo seré el iniciador, pero quien dirija las tareas principales sera el ge- neral Miguel F. Henriquez, que es ato a la Presidencia. —2Quiere usted colaborar con- migo? Hago hincapi@ en que si es pre- ciso lucharemos contra el propio Pre- sidente de la Republica, hasta sus dl- timas consecuencias. Reflexioné un momento y mi- randolo cara a cara, ledije: acepto, se- fior gobernador, si el posible sindica- tono sera apéndice del poder pitlico. —Procuraré —agregé Loaiza— que la Secretaria de Educacién Publi: ca conceda a usted un permiso con 0 ssin goce de sueldo, con el pretexto de que usted recorrerd e! pais para estu- diar las leyes y reglamentos que rigen en todos los Estados, en todos los ni- veles de la educacién. —E! sostenimiento de su fami- lia no debe preocuparie. Entregaremos © a su esposa, en un solo desembolso, cincuenta mil pesos y usted firmara un ‘seguro de vida por cien mil pesos. Via Jara usted con holgura econdmica, sin gue tenga necesidad de solicitar ayu- da de los gobernadores amigos. Su re- Corrido por todo el pals se iniciara después del carnaval, més o menos en los primeros dias de'mayo (era el afio de 1944). —Se presentara usted en Gue- Galajara con el general Henriquez con una carta que yo suscribiré y de 4! re- cibira instrucciones que debe acater fielmente. Nuestro amigo tiene una lista confidencial de los lideres magis- teriales de cada entidad que gozan de prestigio y apoyo de sus compafieros. —Una vez que termine su reco- rrido, cuyo propésito no es otro que el de efectuar un congreso nacional, ou- ya sede sera Culiacan, para elegir la alta dirigencia de a futura federacion, ‘De naesraedicén de ayer a las das de i 0fT2cida por el coronel Loaiza para el iEXTRA! - iEx ‘L ASESINO ESTA IDENTIFICAD! A CIUDAD; PERSEGUIDO MU ‘onda coatereacén st Masala; (efmen condenade a plications en su ‘dernotciarsbe el volveré a Sinaloa. —Sea discreto. No le pido ac- tos heroicos; le exijo tacto, agudeza y diserecién. Ni su esposa ni sus com- pafieros de’ sindicato magisterial co- oceran, por ningdn motivo, estos planes. ‘Se corrieron los trémites del se- guro de vica, cuyo documento debia entregar a mi compafiera horas antes de mi partida, lo mismo que la sums Protestando en uno de sus miltiples cargos sostenimiento-de mi familia, El sébado de malhumor ful tla mado por el coronel Loaiza a su resi- dencia particular. Me mostré los libra- mientos, el seguro de vida y al despe- dirme me informé que ese dia saldria a Mazatlan @ disfrutar del carnaval. "Veame el miércoles préximo, porque oreo que vamos & epresurer $u rebo- rrido” El lunes de carnaval de 1944 ballabamos mi esposa y yo en un can- tro social; en mi intimidad, la nostal- gia parecia anticiparse. En horas de la ‘madrugada, el maestro de ceremonias se acercd demudado al micréfono y con voz temblorosa se dirigid a los contertulios: ..."sefioras y sefiores, tenemos la pana de informar a ustedes que hace unos minutos el sefior go- bernador Loaiza fue asesinado en el #7 | Hotel Belmar. Damos por suspendida festa reunién por razones obvias” La angustia se prendio a mi espiritu como una flecha que me ha- cla sangrar. No era la frustracién de un plan _minuciosamente elaborado que ‘me hublera dado cierta relevancia. Era al dolor, la indignacién por el asesina- to del amigo y del gobernante. Mi compafera, despues del tré- gico suceso, me hizo un sefialamien- to: "andas tan decaido como si tu pa- pa hubiera muerte, jLevanta ty ani— mol", El licenciado Teodoro Cruz sus- tituyé en el mando supremo al coronel Loaiza. Dirigia ain el sindicato de maestros y un dia fui llamado por ‘aque! socarrén, malhablado, pero ex- celente corazén, designado secretario general de gobierno por érdenes del Presidente Avila Camacho, cuya ani- mosidad contra el extinto gobernador era publica y notoria. El licenciado Cruz me espetd preguntas a granel: :Oye, td, diploma- tico —asi solia motejarme— que dia blos significan estos libramiientos y ‘este seguro que sélo a tiy a tu familia favorecen?... Qué hay o qué habia detras de todo esto?... Conteniendo mi nerviosismo respondi al nuevo gobernador: si yo le informara lo que hay detras de esos papeles, me despreciaria 2 mi mismo y usted también me despreciaria a mi ‘mismo y usted también me desprecia- ria, Permitame el derecho de ser leal al amigo muerto tragicamente. No dire una sola palabra, licenciado. Clavo sus ojos en mi rostro, . pronuncié dos 0 tres palabrotas y ter- mind diciidome: —Pinche diplomé- tico, tienes toda la raz6n. Y sonriendo, orden6: largate y vete al este y al otro, dicho con su peculiar lenguaje. 19 | | ! MUJERES SINALOENSES | | Una Perla Que Dio Sefiorio | al Carnaval de Mazatlan —{Nos permite pasar? Vamos a entrevistar a Perla Gonzalez. Es alli, a media cuadra, no encontramos lugar para estacionarnos en todo el contorno. —iA quién dice que va a entre- vistar? —nos dice el agente de trénsito. —A Perla Gonzélez. La rvina del carnaval que vive alli —y le sefialamos ellugar, que se encuentra precisamente ‘a unos pasos del paseo Olas Altas, de Mazatlin, casi vecino al monumento ‘que muesira el hermoso escudo de Sina- loa, Ya en casa de la familia Gonzalez Garcia, nos recibe la verja abierta “de par en’par” y un niflo que sale por la pesada puerta de cedro. {Se encuentra la reina en ca: No, no se, yo solamente vine a arreglo floral —respondié el pequefio, titubeante Una sefiora de porte distinguido, ojos claros, espigada figura y trato sen- cillo, nos da la bienvenida y nos conduce por ja escalinata de mérmol hacia la planta alta. Es la mamé de Perla, La reina se encuentra en sus ha- bitaciones, en donde las hébiles manos de estilistas proceden a dar el toque fi- al a su peinado y maquillaje. Perla nos da una primicia para los lectores: —Creo que me presentaré al con- curso de Sefiorita Sinaloa en mayo. para entonces tendré la edad requeri- da, porque en abril cumplo mis 17 afios. 2 Alcanza a escuchar sus palabras Rodolfo Ganzélez Burguefio, su progeni- tor, quier en esos momentos se presen- ta ena habitacién. Se enfrascan en un ere una perla no escondida entre los encantos del agua del Por Carmen Aida Guerra Miguel ar azul. didlogo familiar, en el que nos coloca- mos como simples espectadores. Habla el justificadamente satisfecho papé: sus ojos a veces del color —De verdad hija te gustaria concursar para Sefiorita Sinaloa? Y Perla, la muchacha accesible, cuya voz de inflexiones suaves acorde ‘con sus gestos, se pone de pie, transfor- mada de nifia a mujer por sus galas so- beranas y va hacia su padre con una ca- ricia en las manos ““pues...", murmura, Ya ese pues, encontramos un signitica do: el de la hija que escuchs la orienta- ccién paterna para determinar el camino a seguir. Ya queda dicho, Perla es una mu- chacha joven, en plona formacién, Estu- dia el segundo afo de preparatoria, “No he faltado a clases... solamente estos uil- timos dias", dice, para ensoguida ha- cernos una’ descripcién, a sugerencia nuestra, sobre su persona: {Mis medidas?, no las #6 con precisién —pero los estilistas en u tante resuelven la incégnita: y cinta en mano llegan en su auxilio para enterar- nos: “Perla tiene excelentes medidas, 89—58—89, Su figura es la clasica de la mujer sinaloense: talle esbelto y hermo- sas piernas”. La reina sonrie y agrega: “Mido 1.70 metros y peso 55 kilogramos. No hago dietas de ninguna especie; pe- ro, si practico deportes como el tenis y la natacién”. Miontras habla contemplamos su cabellera. "Es dorado natural”, nos in- forman. Sus ojos azules a veces del color del cielo o dal mar mazatlecos, reflejo de su cardcter apacible, y s6lo'se tornan verdosos cuando se altera; pero zreal- mente se altera Perla Gonzélez?: —Noes precisamente alteracién, sino que me conmueve que existe pobro- za, injusticia. Creo que todos podemos hacer algo para remediar esta situacién fen la que hay pocos ricos y muchos po- bres. Yo, por ejemplo, quiero ser quimi- cca farmacobidloga para ir a los pueblos, alas rancherfas, para hacer algo por la salud de los que sufren y no tienen me- dios econdmicos al servicio de los més nocesitados Perla ha vivide redeada de como- didades. Su padre, horticultor muy esti- mado en el bello puerto, nos cuenta que se gradué primeramente como contador privado yfuncionario bancario en la Es- uela Bancaria y Comercial de la ciudad ddo México y posteriormente cursé la ca~ rrera de contador piblico en la Univer- dad Nacional de México. En la actua~ lidad funge como residente de la Junta de Agua Potable de la SARH en Maza- {én y ha formado una familia bonita, con su esposa Elia Garcfa Magatia. Per: laces la primogénita y de ella siguen Ira- sema de 15 aiios, Jéssica de 14, Rodolfo de 10 y la pequefia de la casa, Paloma de 3. Elnombre de sus hijas lo eligicron porque les parecfan bonitos, pero el de fue en honor a Palomo Linares, nn aplaudieron en una corrida en Madrid. Elia iba ombarazada y ambos decidioron que si era nifia, le darian ol nombre del famoso diestro espafol Mientras nos enteramos de estos retazos de la vida privada de los Gonzé- Jez Garcia, Perla escucha atenta; una de sus notables cualidades jsabe escu char! Luego nos entera que su triunfo fue con un gran margen, ya que obtuvo 901,650 votos. Su padre comenta con franqueza: “Gana, la que aporta mayor cantidad de votos, que a su vex significa ‘mayor cantidad de dinero”. Y, hace his- toria: “Por ocho ailos consecutivos he si- en su carro alégorico paseando su belleza.. a —_ Lorena Xibillé reina de los Juegos Florales do prosidente del Comité de le candida- ta quo ha logrado el triunfo —para lue- 0 poner énfasis on sus palabras— ji ‘maginese si podia dojar do hichar hasta el Gltimo momento porque ganara mi hi- ja. Era cuestién de honor!” Y... Perla triunfé, como ha que- dado escrito en las paginas més bellas que se han logrado en un Carnaval In- ternacional de Mazatlan. Su reinado no significa, sin embargo, el hecho solitario do haber atesorado mayor nimero de votos, sino un jhermosisimo canto a la amistad!, ese sentimiento que Rodolfo Gonzalez Burguefio y su familia evan como doctrina intrinseca, leémoslo: “Efectivamente, Porla gan6 por el apoyo que nos dieron nuestros ami- gos. Considero que los tenemos. Yo, en lo particular —habla el sefior Gonzalez Burguefio, “Popo” para sus amigos y co- nocidos— he procurado siempre hacer amigos y con grande satisfaccién de mi parte, he hecho de aquellos que on de- ferminadas circunstancias pudieran — sontirso mis enemigos, mis mejores amigos! Estas onsefianzas’ y otras, son” parte modular en la vida de los Gonzélez Garcia, emanadas del jefe de la familia. Porla, ia reina, las define asi, en forma simple: —Que nos superemos en todos Jos érdenos, que ostudiemos mucho para estar preparados para el porvenir, son Jas orientaciones cotidianas que nos da nuestro pap. Algunes dicen que fisica- nente soy “igualita” a mamé y que tam- bién heredé los rasgos mas sobresalien- tes de su cardcter. Intervienen algunos de los pre- sentes: “Obsérvalas, son igualmente ac- cesibles, diéfanas y lucen una calma tal, que nadie diria que tienen por el mo- ‘mento los minutos contados para acudir 1 todos los compromisos del reinado”. 2 En tanto Perla continia de pie, con las manos quicias, observando el arreglo de sus damas de honor, su her- mana Irasema y su prima Yuriria Robles Quintero, impresionante en su soberbio traje con reminiscencias de Isabel 1, la reina de Inglaterra que por vez primera gurcé los mares para legar a los Esta~ dos Unidos de Norteamérica. Ast vos da, en un rutilante color dorado que simula wn poco sus facciones anifiadas, ccon su tez aterciopelads, su talle juncal, sonrisa juguetona cue entreabre sus la- bios carnosos realzadas, como sus ojos, con afeites que poren de relieve sus na~ ‘turales encantos, 1a reina del carnaval de Mazatlan 1978 confiesa: No piensc casarme pronto. Es- toy de novia, sf, porque he encontrado al hombre que supo llegarme al corazén con inteligencia. Porque —define—, la inteligencia bien empleada es uno de los valores que mas ‘ae impresionan y que més admiro. Un —resume—, no puede ser un pata. Resalina Habiff, reina de la Serie del Caribe Atrés cle nosotros, clavado en la pared, presid endo la recémara, un her- ‘moso bajo relieve tallado en madera de més de un metro cuadrado de dimen- sién, nos hace voltear varias veces, y luego, cuando Perla empieza a alhajar- se, precisamante con perlas, zarcillos y anillo de mecias perlas y brillantes, pe- ro sobre todo, un collar antigiio de pe-- quefias porlas engarzadas en filigrana de oro, nos vercatamos en el gusto que tione la familia por los objetos antigiios: Bate os un collar rogelo de mi papé, come recuerdo de mi reinado, Pooiiala ¥ mentalmonte aceptamos la idea de esia efimera soberania sobre més de cien-mil almas que horas mas tarde la viloroaron a su paso por el ma- locén, maiestuosa y serena, de pie en la parte alta del simbélico galeén de esa gran reine inglesa Isabel I, que no se distinguié orecisamente por su belleza, pero spor su gran vision internacional ¥. de esta reina sinaloense que profiere hombre inteligente , el color blanco porque dice que “es pu- ta ol tema sobre la virgi- “pienso que es el punto de partida de le mujer mexicana para con- Server sus valores”, que suefla en reme- diar los males socisles y por eso “quise compartir los bailes populares”. La encontramos la noche del do- mingo —caso insélito en una reina del carnaval—, regalando su presencia a la ‘gente del pueblo, no desde lo alto de un carro alégorico, sino escuchando junto a sus ofdos, al pasar por las Olas Altas, a pie, los gritos de jébilo [VIVA LA REI- NAL Perla I, la reina que también por ver primera asiste, sin lamar la aten- Gién, a la coremonia en la que se coroné f Lorena Xibillé como reina de los Jue~ {08 Florales (declarados destertos en es- ta ver, por respeto a la poosia, dicho por Ios miembros del jurado), a la mujer que reind durante cinco dias en el corazén zo solamente de los mazatlecos, sino de todos quienes llegaron alende las fron- {eras para asistir al carnaval y a la So- rie del Caribe, jah!, y @ Ja reina que Cuando nos hablo de Rosalina Habiff Sa rabia, la reina de la Serie del Caribe, y do Lorena I, reina de los Juegos Flore- les, do las bellisimas embajadoras y de todos los visitantes que adoptaron en ‘e808 dias el localismo de mazatlocos, ex- tendié los brazos para luego encerrarlos frente a si en un abrazo fraterno, con una gran alegria de vivir, con un gran sentido de humanidad. Junto con su reinado, Perla gané un viaje a Houston para donde saldra en breve acompafiada por su mamé. Vol- vera pronto porque su. meta actual es terminar sus estudios de bachillerato ¢ ir en junio a Suiza: “Gincbra, o tal vez Lucerna —comenta entusiasmada con Ja idea— para estudiar historia del ar- te, perfeccionar los idiomas francés e inglés y algunas otras “cosillas" que me den bases para adquirir una cultura ge- neral, Ya estuve en Europa ol aflo pasa- Irma Leticta Sandoval, perdi6 pero no en belleza do en un viaje muy interesante que hice en compaitia de mi prima Yuriria —y vuelve su rostro hacia su prima engala- nada ya con suntuosos arreos. Conozco, ‘ademés, algunos lugares de mi pais y me interosa muchisimo todo lo que se rele- ciona con les cultures prehispsinicas, siempre y cuando estas den luces para "ng mejor convivencia presente y futura de las goneraciones” Alguien la Heme desde la sala. Han llegado los miembros del patronato carnavalero y con ellos el novio de Per- Es 61, lo que las mujeres solemos lificar como “un ejemplar masculino’ Aprovechamos los minutos en que la reina y su cortejo intercambian saludos ccon los recién legados, para preguntar a Emosto Urquijo. —2Qué opinas de tu novia? Hs fabulosa, Puedo asegurar que es una muchacha. positiva ciento por ciento, Hable cuando debe hablar y talla cuando debe calla. Can eso queda dicho todo verdad?, —asogura y son- rfe, sonrisa que encuentra eco en la son- risa real de Perle I. Fue idea de Perla ofrecer estos coctoles. s la primera vez que una rei- 1a del carnaval tiene tal deferencia con las embajadoras, cortejo e invitados os- peciales del patroneto; surge el comen- tario de ontre los presentes, a lo que la sel earnaval do Mazatlan alcan: Fee ie ‘al desfile de carros alégoricos. reina afiade: Es una manera de que todo sal- ga con la puntualided requerida. Nos reunimos en el coctel y de alli salimos para estar a tiempo en el desfile como lo hemos hecho en los demés actos. Bs otra de sus cualidades — —Menciona el novio y agrega: Perla es ‘muy puntual, precisamente porque tie- re un gran respeto por los demés. Ella interviene para afirmar: “Nadie es due- fo del tiempo de su préjimo”. su apogeo durante an culto a la amistad ha hecho el padre de Perla... Antes de despedirse, la reina del carnaval de Mazatlén por partida doble (hace 10 afios result6 triunfadora como reina infantil), nos habla de los sistemas sociales: Estoy de acuerdo con todos aquellos sistemas que tiendan a golucio- nar ol hambre, la insalubridad y a igno- rancia, siempre y cuendo 9 piense que Jo més importante de! hombre 2s su me- ta final, su encuontro con Dios. Que se ccuide la parte material del hombre, pe- ro primordialmente su ser espiritua ALBERTO LOAIZA: \NO SE QUIEN MATO A MI PADRE! Para Alberto Loaiza, el hijo va- én tinico del gobernador Rodolfo 7. Loaiza, el crimen de su padre permane- ce sin castigo. No sabe en realidad quiénes fue- Entrevista del Director ron los auteres intelectuales de ese ho- micidio. Lo entrevisté en la ciudad de Mé- xico, donde vive y trabaja hace varios ‘afios. Ha procreado una hermosa fami- lia. Tiene tras hijos con su esposa Yolan- da Lépez Infante de Loaiza. Residen en Ta casa que heredé de su progenitor: en Manzanillo 187, de la colonia Roma Sur. El misterio sobre quién o quiénes Jraguaron el crimen del “Patio Anda- luz” del Hotel Belmar, sigue latente. La familia Loaiza: Dofa Julieta, Olga y Alberto * ‘aie =2Quién fué? —Ie preguntamos. —No sé, porque estuvo tanta gente involucrada, que nadie, hasta la fecha, ha descubierto esta interrogante =me contesta el hay jefe de transportes de Servicios Sociales del Departamento dal Distrito Federal. —Ei tiempo no ha logrado cicatri- zar-esa herida y esa pena que nos caus6 Ia muerte de mi padre. Pudiera decirte quo fué Maximino Avila Camacho, Pablo Macias Valenzuela, los familiares de Al- fonso Tirado, los terratenientes del sur dal Estado a los narcotraficantes, todos ellos mencionados como presuntos res- ponsables, pero, en verdad, no puedo sefialar a ninguno como é1 o Ios culpa- bles directos de este homicidio. Alberto Loaiza expuso_asf_ su ccriterio y su postura en torno al asesina- to de su padre. La historia tampoce se hha puesto de acuerdo. Un espeso velo cubre la cara del asesino intelectual. 000 Esa mafiona en que mataron a Loaiza, su hijo Alberto, venfa en tren procedente de California. “Estudiaba en Ia Universidad de Berkeley, me dice con cierta nostalgia, la carrera de ingeniero mecénico electricista. Cursaba el se- gundo alto de profesional. Ya no pude continuar estudiando"” —agregé, La trunqué porque no me reva- lidaron ningin estudio. Tuve que aten- der el asunta del intestado y fueron muy argos los trémites. Ademés, la condi- cin evonémica de la familia no era muy bonancible, Loaiza presente cuando Cérdonas firm6 el decreto dela expropiacién petrolera Bra rico tu padre? jLes deié dinero? Mira, me dijo, mi padre, no obstante tantos afios que duré en la poli- tica, no hizo capital. No robé. Si vivia~ ‘mos cémodamente pero sin lujos. 'Y me onumera el legado que reci bieron su madre done Julieta Gomez Lla- nos Vda. do Loaiza, su hermana Olga y 41. La herencia consistié en 100 hecté- reas de ter“eno en el valle de Culiacén, una casa en Manzanillo 187, en México, D.F., de la cual Alberto pag una hipo- toca de 25 mil pesos, y por dtimo, 60 mil ‘pesos que el coronel dejé en efectivo en tuna cuento bancaria. Roaimente, el coronel Loaiza, en comparacion con otros politicos sina- oonses, eva pobre. Cierto que eran ‘otros tiempos y el dinero no abundaba en las arces del gobierno, pero es muy poco el capital que logré reanir en tanto tiempo que dur6 sirviendo a Sinaloe. —2¥ cémo supiste Ja mala nue- vo? —Ie progunto, “Hl tren se detuvo en laestacion de Culiacdn. Ahi estaban es- perdndome mi tio el profesor Domingo Gémez Llaros y Ramén “El Gordo” Fran co. Yo iba umbo a Mazatlén a las fies- tas del carnaval y a reunirme con mi pa: dro, sin saver que para esas horas ha? bia dojado de vivir". —Ya no me dejaron continuar el viaje. Mi tio Domingo, al verme bajar a Ja estacién, corrié o'abrazarme y con voz entreccrtada me dijo: jasesinaron a tu padre hace horas en el carnaval de Mazatlén! =Yo tenia 19 aos y queria mu- ‘cho ami podre. Lloré como nunca lo ha- bia hecho, Era una pérdida muy grande para mimadre, mi hermana Olga y para —4Cudl fue tu reacoién de inme- diato? —le pregunté. —Primero estu- por, incredulidad y después una furia incontenible contra Rodolfo “l Gitano” ‘Valdés, pues ya me habfan comunicado quo él habia sido el asesino de mi proge- nitor. Y nos relata que por la tarde I ‘garon a Culiacén con el cadaver del co- ronel Loaiza. Acompafténdolo vena Ol- ‘gq, quien se encontraba en Mazatién. Ella estaba esperando en el baile del Girculo a su padre. Ahi le dieron la no- ticka. Doha Julieta, que se hallaba en Ja ciudad de México, ilegs por avién al dia siguiente y acompafié los restos del com- pafiero de su vida a ser sepultados en el antebn nimero 3 en Mazatlén. En Culiacdn —nos narra Alber- to— se le rindieron honores al goberna- dor en el Palacio de Gobierno y el dia 22 junto con todos mis familiares, nos lleva ‘mos ol,cuerpo al puerto para acatar Ultima voluntad: ser enterrado en ia ciu- ‘dad que tanto quiso... Loaiza asf abofe- teaba el rostto de sus asesines. ooo Alberto Loaiza quiso tomar ven- ‘ganza con su propia mano. Pretendié encabezar un grupo de hombres arma- dos para ir hasta el cubil de la fiera: Aguacaliente, y matar a Rodolfo “EI Gi- tano”” Valdés. Joven, impetuoso, veia muy facil en aquel entonces despachar sal otro mundo al que consideraba el ase- B sino de su padre. Pero dejemos a Loaiza Gémez Llanes relatar este episodio de su vida: En un principio cabia 1a certeza de que el autor material habia sido “El Gi- tano”. Llevado por las ansios de ven- gonzo, invitado por Manuel Quintero Luna, diputado local, reunf armas para 75 hombres, con el fin de arrasar el po- lado de Aguacaliente en busca de Ro- dolfo Valdés Manuel Quintero Luna —todavia vive— es un viejo lider campesino rosa Tense, de Cacalotén. Fue secretario ge- neral de la Liga de Comunidades Agra- rias y hombre de pelea. Fue diputado lo- cal y federal. —Fue descubierta por mis fami- liares Ia aventura en que me iba a em- barcar. Me hicieron un gran escéndalo y me obligaron a venir a México, No sé fen que hubiera terminado todo ésto, Po- siblemente no te lo estuviera contando —me dijo. Y Io que son las coincidencias de 1a vida, Estdbamos en plena entrevista enel restaurant del Hotel Estoril, donde ‘me hospedo, cuando llegé a saludarme Manuel Quintero, hijo del hombre que trat6 de ayudar a Alberto para que co brase venganza. —Estando en México —agregé Loaiza Gomez Llanos— me llevaron con el general Lézaro Cardenes. En su ofici- na me dijeron que no habia sido “El Gi tano” ol autor material y la “Esfinge”” de Jiquilpan personalmento me prokibid, en forma terminante, que interviniese en los planes que se estaban Ievando a ca- bo para hacer justicia en el caso del cri- ‘men de mi padre: —Cérdenas me tildé de insensa- to. Y tenia raz6n. Era una misién impo- General Maximino Avila Camacho ‘queria que fuera Rojo Cémoz. sible atacar con 75 hombres a todo un puoblo y lograr el objetivo que perse- guia: matar a Rodolfo. ~Cérdenas era muy amigo de mi padre. Me exigié que me mantuviera al margen de ia campafa que se organizd para que se hiciera justicia en la muerte del autor de mis dias. EI grupo de ami- ‘gos que se formé con tal fin, secundado yalientemente* por el periédico ‘La znsa”, lo ancabezaban los licenciados Luis Garcia Carrillo, secretario particu- lar de mi pedre, y Ramiro Botello Medi- nna, asi como por Félix M. Lopez, "El Giie~ ro", Antonio Jacobo “El Ronco”, ayu- dante y Manuel Solis, secretario priva- do del gobe-nador Loaiza. También ol periodista Manuel Ratner —afadié mi entrevistado— que {fuese gran amigo del politico de San Ja~ vier, en las columnas de "Excélsior mucho colaboré en esta tarea justiciera, =Se logré que el general Bablo Macias Valenzuela, siendo gobernador de Sinaloa, viniera a declarar a México. El divisionario fortense venia por tren desde Culiacén. En Guadalajara se en- ‘contraban autoridades militares espe- réndolo para detenerlo, pero fue avisa- do, Se bajé del ferrocarril en Tequila y se Tegres6 «i Sinaloa, volviendo a escu- darse en su fuero. —Ahf fracasé la campana y que- 6 la incdgnita sobre la identidad del asesino intelectual —afiade Alberto. Coma es histérico a don Pablo ‘Macias Volenzuela se le inculpé compli- cidad en ei crimen del coronel Rodolfo TT. Loaiza. Nunca se le lleg6 a compro- bar nada. ‘También se involucré al general Maximino Avila Camacho, pero nunca ticipacién en este sensacional caso. ooo Alberto Loaiza me habla sobre este asunto. Me dice que muchos afios después el periodista Manuel Solis, que {fuese seoretario privado de toda la vida del coronel Loaiza, le relaté que un ano ‘antes de morir su padre recibié un tele- fonazo en sus oficinas que estaban en la ‘avenida Juirez 104, de esta ciudad de México, personalmente del general Ma- ximino Avila Camacho, citéndolo en las fueras de! edificio de la Secretarfa de Salubridad y Asistencia, por las calles de Lieja. Loaiza acudié a Ja cita. Al llegar xya encontrs el Packard negro propiedad del genera’ Avila Camacho, a la sazén Secretario de Comunicaciones, quien in- mediatamente se pasé al automévil del gobernador de Sinaloa. Al iniciarse la conversacién en tre ambos —cuenta Alberto que le dijo a don Pablo se le trajo en vueltas... ‘Manuel Solis— Maximino le pregunté a Loaiza que silas personas que lo acom- pafiaban —"El Chino”, su chofer. y So- lis— eran de confianza. “Mi padre se dirigié al chofer y le pidié Gue se retira- tra. Yo te toco el claxon cuando te hece- site. ¥ en cuanto a Solis le dijo a Avila Camacho que se iba a quedar con ellos, pues era gente de toca su confianza’ Avila Camacho Ie pidié a Loaiza que respaldara la precandidatura del li- cenciado Javier Rojo Gémez a la Presi- dencia de la Reptiblica. “Mi hermano ‘Manuel y yo estamos interesados en que Javier lo suceda” —lo expresé Maximi- —Mipadre le respondié que dar- Je una respuesta inmediata era imposi- ble porque tenia que consultar "con quien usted ya sabe" 0 sea con el gene- ral Lizaro Cardenas, que era su amiga y a quien consideraba su jefe politico. Loaiza, como se supo en aquel tiempo, era partidario de la candidatu- ra del ‘general Miguel Henriquez Guz~ mén. Después de aque! incidente —segiin loque me narr6 Manuel Solis— si abian sido dificiles las relaciones y las gestiones gubernamentales de mi pa- dre con el régimen de Avila Camacho, después se volvieron imposibles. Cuanto proyecto se sometia al gobierno federal, era rechazado autométicamente =Sin embargo, mi padre logré construir el palacio federal de Mazatlin y terminé los planos del palacio federal que se pensaba levantar en Guliacén, donde se encontraba anteriormente la Cruz Roja, por lo avenida Alvaro Obre- gén. Esta confidencia de Manuel Solis al hijo de su jefe v amigo el coronel Re dolfo T, Loaiza, segin me apunta Albi to, Ie fue hecha cuando estaba agoni- zando, a los diez afas de que el gober- nnador sinaloense bajé a la tumba. 000 Alrededor del crimen de Loaiza se formaron muchas conjeturas y ver- siones. Su hijo Alberto tampoco sabe en realidad quién acabé con la vida de su padre. Y me relata una de ellas. El rico ganadero mazatleco, don Federico Ke- liy, insistia en que el asesinato del go- bernador Loaiza habfa sido consecuen- cia dela muerte de Poncho Tirado a ma- nos de Alfonso “La Onza” Leyzaola, por ‘mandato de Loaiza, acatando fa orden que le dio para asesinarlo el coranel Al- fredo Delgado, quien fue gobernador det Estado de 1936 @ 1940, —Fsta fue una acusacién injusta —comenta Alberto Loaiza. Mi padre ja- més atenté contra Ia vida de nadie me- nos contra la de Alfonso Tirado, que era su amigo. —Yo hice amistad con Alberto H. Tirado “EI Mocho”, quien estuvo pre- sente la tarde del homicidio de Poncho Tirado, que tuvo lugar en Ia cantina del Hotel Rosales, y me dijo que el incidente jeurrié cuando él iba al mingitoro y que las cosas sucedieran asi: — “La Onza” heyzaola era un hombre muy nervioso y desconfiado, Mal interpreté la accién de Poncho de sacarse el pafiuelo de la bolsa trasera para secarse el sudor, creyendo que iba 8 desonfundar una pistola,y le dsparé @ mansalva, “EI Macho" —dice Alberto— era primo hermano de Poncho Tirado, Este y Leyzaola se habfan enfrascado en una discusién sin “chiste”. El vinatero ma- zatleco tenia aspiraciones para ser gobernador. Las" gentes de Mazallén ensaron que Loaiza lo habia mandado ‘asesinar para quitarse ese estarbo en su camino a la gubernatura de Sinaloa, Y volviendo a don Federico Kelly me cuenta Alberto— que al poco tiem- po de muerto el coronel Loaiza, su suce- sor en el gobierna, Teodoro “El Mayo” Cruz, gente de Avila Camacho, le ven- did el edificio de la Casa de Gobierno de Mazatlén, conocido como la “Casa de la Amistad” y que Rodolfo T. Loaiza habia construido para que los gobernadores tuvieran donde llegar en el puerto. La enérgica campafa contra el trafico de drogas emprendida por el go- bernador Loaiza —otra conjetura — ‘mds— puede haber sido el origen de su ‘levosa muerte, Asi lo estima su hijo. “Por otra parte —me refiore— el gobierno de mi Padre se significé por una campafa te- naz e implacable contra la siembra de ‘amapola, campafia que se llevé a cabo ‘con la ayuda material del gobernador de aos b En Lecummerri, “EI Gitano” ‘Valdés es “careado” ccon el capitén Jesis Vazquez Castillo, ayudante de Macias Valenzuela, en torno al crimen de Loaiza Arizona, Sidney P. Osborn, muy amigo de mi padre. Pruebas de la misma son las peliculas que todavia conservo y que se tomaron er plena accién de la quema de sembradios de la hierba, y que encabe- zaba el enionces jefe de la judicial, Mo- desto Castro. Loaiza dirigia personalmente es- ta cruzada. Modesto tenia que reportar- se permanentemente con él. Al gober- nador le gustaba estar enterado de to- to. Era muy acucioso en las cosas del go- bierno. El surde Sinaloa, en aquella 6po- a, ardia en llamas. Las gentes del “monte” a diario masacraban campesi- nos. Era el grupo de choque pagado por Jos latifundistas surefios para evitar el reparto de sus tierras. Era una situa- cin dificil e intolerable. Alberto Loaiza me habla sobre estos hechos, que también pudieron ser causa y efecto en el crimen que comen- tamos. —En materia agraria mi padre habia logrado una pacificacién del. sur sobre la base de unir a los cabecillas del movimiento en contra de la reforma agraria o sean las gentes del “monte” je habia rounido con Manuel Sandoval “El Culichi ’, Juan Pérez, Manuel Echea- garay y otros mds. “Se ponen en paz, los ‘amnistio o les echo el ejército federal encima"” —les dijo el coronel Loaiza. —[Link] logré _mantenerlos més 0 menos bajo control. Pero los fuertes intereses esta- ban en juego. Los terratenientes no qui- taban el dedo del renglén. No querfan la intervencicn de Loaiza en estos asuntos do la tierra. Y menos que inmovilizaran @ sus testaferros, dejdndolos inexmes, Los gatilleros les eran indispensables para defender sus propiedades. Y Loaiza les estorbaba.. ooo Rodolfo “El Gitano” Valdés tenia que ser parte de esta entrevista. Fue personaje central en el crimen del “ tio Andaluz”.del Hotel Belmar. Y Alber- to Loaiza narra lo siguiente: Alfredo Calleros era el cantinero del Hotel Belmar. Poco después puso su negocio en Culicén. Hoy se encuentra retirado. “Ehme dijo que “El Gitano” se encontraba esa noche del asesinato to- ‘mando en el bar del Belmar. Al sonar los printeros balazos, Rodolfo sacé la pisto- a, salié al pasilfo, mismo que daba al “Patio Andalu2”. y del mismo emergié ol ‘grupo de asesinos, y de inmediato se uni6 a ellos. Por eso, cuando pasé por el lobby del hotel rumbo a la salida con la pistola en la mano, no le cupo la menor duda a “El Chacho” Rueda, gerente del Belmar, de que “EI Gitano” habla sido el ‘autor material” Al huir Valdés, divisa al nortea- moricano Brooks, que'no era mas que un Curioso, entrar corriendo al hotel y cre- yyendo que era un guardicn del orden, Io dispara y lo mata. Alberto Loaiza dice que ese do- rmingo 20 de febrero su padre no sola- mente ie regalé 10 mil pesos a “El Gita- 10”, sino que le dio un permiso para sa- Car un furgén de maiz del Estado, “para ayudarlo en su situacién econémica puesto que lo consideraba su amigo”. Un permiso de esos era muy valioso, Ha- ba una escasez tremenda de ese grano. 4... Naldés asi pagé los favores reci- bbidos del gobernador Loaiza, a Carnavales Mazatlecos Mazatlan se asomaba al vésper cansado del siglo pasa- do. Era el postrer balance de glorias y fracasos y, —sensibi- lizado por el extranjerismo trai- do por las naves de europa y oriente que surtian de sedas y maquinaria al noroeste del - pais— daba rienda suelta al go- zo de las modas de ultramar. Apenas eran unas veinte fami- lias de pro, rodeadas de obre- ros y cargadores que amaban el verso, el canto, la musica y la alegria. Una alegria innata que sdlo se lleva con la influencia de las brisas salobres que i— rrumpen en el ambiente al re- ventar de las olas contra los pe- fiascos que se acuestan sobre la playa. No hay alternativa toda- ia, 0 se muere 0 se respira el algodén encaje de las olas. Y esa vivencia de espiritu alegre y bromista, de carcajada y de recuerdos maternos, se mantie- ne en el aire que rellena los re- covecos ce las viejas callesr Sonaban, pues, las doce del siglo cue se iba. Don Porfi- tio Diaz seguia firme en el go- bierno y con Francisco Cafedo se levantaba a diario muy tem- prano a obligar a las mujeres a que barrieran los frentes de sus casas. Los mazatlecos, bajo el amparo de esa beatitud recto- riana, iniciaban un carnaval a pedradas que casi siempre ter- minaba en tragedia. Eran dos bandos. Los cargadores de los muelles y los del abasto que i- niciaban el domingo de carna- .quellos viejos carnavales mezatleco: val y seguian el lunes y el mar- tes, combates fieros con pie- dras que a veces alcanzaban a otras personas “no combatien- tes” La chusma de los mue- lles se reunian en la calle Faro (hoy 21 de Marzo) con un arse- nal nutrido y las camisas re- mangadas. Los del abasto reu- nian sus huestes frente a dicha calle y se extendian hasta lo que hoy se llama calle Zarago- za y que entonces eran los su- burbios de Mazatlan (entre las calles Rosales y Zitniga estaba el astro). Las turbas parrande- ras “tomaban valor” desde muy temprano del domingo y para medio dia las pedradas se es- trellaban en las espaldas y, en las puertas de las casas. Las fa- milias se encerraban a “lodo y cal”; pero las risas y los gritos de contento se oian en cada es- quina, mezcladas con el taco- near de carreras y encuentros sorpresivos. ;Era el carnaval y todo se valia! De las pedradas se paso a la “moda francesa” que con- sistia en aventar cascarones re- llenos de harina, ceniza, ne- grumo, afil y otros colores. Y las familias seguian encerra- das, pues la turba gozaba en embadurnar los rostros y la ro- pa de las gentes con grasa y los polvos de colores. Las autori- dades no intervenian porque “todo estaba permitido por ser carnaval”. Los carruajes de si- tio, las arafias y los “bogues” se protegian con lonas de las a- menazas de algunas damas que ya empezaban a tomar parte en la trifulca desde las azoteas De los polvos de color se paso al uso del confeti, aun- que los tradicionalistas se dis- gustaron por la prohibicion de la pedradas y los polvos. |Viva el Rastro! jVivan los Muelles! Y el ambito portefio se estreme- cfa cada ano cori las risas y las notas bravias de la tambora. |7 2 La crinolina en las da- Las trompetas, los clarinetes, mas esponjaba la elegancia en las tarolas y los platillos atrona- las plazuelas y en los bailes. El ban el espacio para hacer bro- - PS Sie labanico plegadizo, el pafiuelo tar el grito del mazatleco y Bie bordado a mano y'la flor en la acompasar el vaiven de las pal- loreja hacian resollar fuerte a meras de “los Choza”. Las ca- ee i los galanes de “carrete” y de les eran pistas de baile donde : = |baston. Mazatlan y México se perdian las parejas alsonde =) ) eran franceses en el vestir. Era los “papaquis”, y las coplas pi- d | _lavoluntad de don Porfi y la in- carescas se desmadejaban en a & las voces aguardentosas,.. “A| gallos debajo del balcén borda- donde vas Isabel con tamaia ae a ido de bugambilias se escucha- ban en silencio, como se escu- na de don Placido Vega...” — cha una misa. S6lo el compas Carnaval de Mazatlan, una - ae de los cascos de los caballos fiesta del pueblo. Tres dias de|Mwen 7 sobre el empedrado de las ca- desenfreno alegre para irse ala - } J Ailes, distorcionaba el embeleso “tiznada” el miércoles de ceni-| ‘Wade fa novia que atisbaba entre za. (Amado Gonzalez Davila le § | las cortinas. en su diccionario geografico) Dice don Amado Gon- El doctor Martiniano - zalez Davila: “En 1899, subi6é al Carvajal, recién llegado de — trono carnavalero una majes- Guadalajara donde fue a titu- tad masculina, el archisimpati- larse, fue victima de los “abas- co Ahuja; con el nuevo siglo teros” al dejarlo como arco iris | empezaron los reinados mix- Atos, siendo el primero el de Wilfrida Farmer y Teodoro — Maldonado; en 1900, Adela Abasolo y Enrique Coppel Ri- vas; en 1902 Guadalupe Mal- y con su tremendo disgusto; pero fue él quien inicid una campafia para cambiar los mé- todos de la fiesta. Convencid a comercio. Corria el afio de los regidores del Ayuntamiento 1898 y los mazatlecos cambia- para que se constituyeran en ban las piedras por los confetis. donado y Demetrio Sotom; Junta Patriética y organizaran Se inicizban unas fiestas ro— yor; en 1904 Francisco Gonz: el carnaval. Se cité. a gentes de manticas lez y Reina; en 1905 Maria del los muelles y del abasto y se acordé el uso de confeti, flores y papel y la aceptacién del pueblo para que en la fiesta to- maran parte las demas clases sociales. Gloria Arregui y Ernesto Coppel, reyes en 1942... Amado Gonzalez Davila dice en su obra que entre los Ryan que publicaba un periddi- co pequefio muy leido, el coro- nel Mass, don Francisco Morte- ro (hijo de Francisco Picaluga el que vendid a Vicente Gue- rrero), el Dr. José Maria Davila, don Genaro Noris los sefiores Farber, Coppel, Hidalgo, Esco- bar y Sierra. Estas personas ha- blaron con los obreros de las : . fabricas de tabaco, zapatos, bullicio carnavalesco on la plezuela Machado cerillos, fundicién, muelles y Stprhaipioe de aed é Refugio Munguia y Carlos Ro- driguez; en 1908 Adela Abaso- loy Antonio Rivera; en 1909 El- vira Rivas y Julio César; en 1910 Guadalupe Servin, sin rey; en 1911 Teresa Lewels, sin rey; en 1913 Elena Coppel Rivas y To- mas De Rueda; en 1914 Marga- rita Labastida y Enrique Puig Casaurand, en Carnaval priva- do; en 1917 Susana Beltran y Angel Damy; en 1918 Maria Luisa Coppel y Roberto De Ci- ma; en 1919 Maria Urrolagoitia y Miguel Angel Beltran; en 1920 Ernestina Vargas y Clau- dio Beltran; en 1921 Laura Ar- celuz y Roberto Coppel; en 1922 Adelaida Ortega y Ed— mundo Avendafio; en 1923 Carmen Sarabia y Leopoldo Fa- rias; en 1924 Conchita Vega Millan y Eduardo Pérez Valdez En 1925 Martha De Ci- ma y Martin Patron; en 1926 Julieta Gonzalez y Arturo Or- tiz; en 1927 Carmen Gibsome Hidalgo y Bernardo Corbera; en 1928 Maria Alvarado y Ma- nuel Cano; en 1929. Julieta Gonzalez, sin rey; en 1930 Ber- soda tambora, alma de la alegria en la gran fiesta. tha Urrolagoitia; en 1931 Maria Emilia Millan; en 1932 Josefina Laveaga; en 1933 Maria Teresa Tirado; en 1934 Beatriz Blan- carte; en 1935 Bertha Rufo; en 1936 Adela Bonner; en 1937 Venancia Arregui; en 1938 A- melia Ernestina Duhagén; en 1939 Alicia Hass; en 1940 Isa- bel Coppel; en 1941 Gloria Ma rin; en 1942 Gloria Arregui y Er- nesto Coppel Campafia; en 1943 Laura Elena Venegas y Mi- guel Estavillo; en 1944 Lucila Medrano; en 1945 Gloria Pérez Echegaray; en 1946 Gloria Osu- na; en 1947 Rosa Maria Olme- da; en 1948 Cuquita Cruz; en 1949 Anita Osuna; en 1950 Ol- ga Otafiez; en 1951 Chavita Ba- raza; en 1952 Dora Gonzalez Gtierefia; en 1953 Emilia Ca- rre6n Cornejo; en 1954 Olga Osuna Riguetti; en 1955 Teresa Gomez Milan; en 1956 Lupita Rosa Bastidas del Carnaval y Jeanette Collard de los Juegos Florales.” Y siguen corriendo los desfiles de cartos alegoricos. A las tamboras regionales se han sumado los _matiachis y_ las redovas. En Olas Altas nadie se llama como se Hama. Los co- dos se entrelazan y los ojos se atmugan con las “espantasue- gras” y las serpentinas y los confetis. Alli se desborda el pueblo y rebasa la Cueva del Diablo hasta la Jaboneria. Ya no hay carruajes, ni arafias, ni canciones romanticas, pero - queda el empuje y Ia tradicio- nal alegria del mazatleco que no olvida lo suyo. Que es tra- dicién y raz6n de ser de su esencia : VOTVNIS NA "x we SSS NOISVWYOSNI 3a wo. Sua” yaa Odldvd A oldiny SVN i A , ~ ~ ‘VWALSIS 1 ™ ovina @ ALS, PD wont @ / Se ow shvseslo e \ \ A ‘ aX WZ3X MOaX ~SHAX ax ae aun Wwe AZ Er e/ yy Olavu 3q Ivivisa x VLOsAYIG VANIT OWRIDILON “EL CHACHO” GONZALEZ Por Alfonso L. Paliza Un derrame cerebral lo ti- 16 al suelo, envuelto en Ia incon- ciencia de la que jamais se recu- peré, y sus funerales se efectua- ton casi al final de octubre de 1963. Culmin6 asi una vida lu- minosa, entregada al estudio y a la docencia de alto nivel, desta- cando como una de las inteligen- cias mas admirables de su tiem- Po. Reinaldo Gonzélez Diaz, para sus contempordneos el — “Chacho” Gonzélez, jugaba a Roynaldo Gonzilez Jr: los volados con sus penas intimas que jams externé a nadie, y que encubria sus estados de 4nimo con los més ingeniosos relatos; cuentos breves que decia con ese su donaire de quien fue también un magnifico orador y escritor conocedor de las flaquezas y mi- serias humanas. De cuna liberal, hijo de otro emérito educador de origen 2 poblano Reinaldo Gonzalez. Lé- pez, y corapafiero del entonces maestro rural Plutarco Elias Ca- lies, en Guaymas lleg6 al mundo “Chacho" Gonzalez en marzo de 1914. EI movimiento armado - trajo ala familia a Culiacén, fun- dando don Reinaldo el “Institu- to Sinaloense”, de donde salie- ron lo mejor de las generaciones estudiantiles que luego hicieron carrera en el antigiio Colegio Ci- vil Rosales; en su progenitor tuvo a su mejor maestro y consejero, al paciente modelador que lo valor incomprendido... condujo al magisterio, donde ocupé la cétedra y la tribuna en- tre la admiracién de sus aluinnos y compaiieros maestros. Corria 1941. El reportero ingres6 como alumno de secun- daria en la entonces Universidad Socialista del Noroeste, y con don Reinaldo Senior llev6, entre otras materias, literatura espa- fiola primer curso, raices griegas y latinas y geografia econémica. Tiempos aquellos de pro- vinciana Universidad donde se impartian en sus aulas, (coloca- das a lo largo de los corredores refrescantes, en los que mas de algiin fugaz enamoramiento se ineubé y se registrara también Pasajera querella entre “chilu- queros” y desmemoriados api cos) las distintas asignaturas co- rrespondientes a las escuelas de secundaria, preparatoria y nor- mal, amén de la de Quimico Far- macéutico, Leyes e Ingenieria, La poblacién estudiantil a por centenas, debido ios de las familias que veian en aquella Universidad So- cialista del Noroeste, a una incu- badora de jévenes comunizantes, afiorando las rigidas normas im- perantes en su antecesora el Co- legio Civil Rosales. Porque todo estaba den- tro del mismo edificio y lo mismo se podian escuchar las disertacio- nes de José Alvarez, de la profe- sora Emilia Obeso, del doctor Otilio Castafieda Torres,- del — POF José Ma. Cota y Cota, del ingeniero Matias Ayala; los gri- tos coléricos de Ernesto Radke 0 la cétedra a media voz que im- [Link] profesor Amado Blan- carte, el estudiante tenia oportu- nidad de asistir de oyente, 0 co- mo dicen nuestras gentes, a bo- bear en los demas salones de cla- se, y abrevar anticipos de cono- cimientos que luego vendrian. Me gustaba acudir a las del “Chacho” Gonzalez Jr., — quien tenia a su cargo la materia de literatura espafiola segundo curso, que mas que ensefiar ape- gado al libro de texto; eran pe- quefias joyas de oratoria que nos Ievaba a la biblioteca a consul- tar las obras de que nos hablaba. Siendo su alumno hubo mis directa afinidad, que se pro- ongé en la redaccién de “La Voz de Sinaloa”, para después acom- pafiarme en la aventura del se- manario “El Bichi”. Pero ya Reinaldo Gonza- Jez Diaz tenia publicados mu- chos trabajos; habia ayudado a bienparir la revista “Letras de Si- naloa”’, cuyos padres fueron Car- los Manuel Aguirre, Rafael Vi- dales Tamayo y Roberto Hernan- dez Rodriguez. Cultivador del buen decir, hurgé en el lenguaje del pueblo, recogié sus genuinas voces y las recopilé en una serie de trabajos periodisticos que titulé “Calei- doscopio Sinaloense”, que el “Chacho” Gonzalez aspiré a convertirlo en libro, pero le falté financiamiento. Se inicié en la carrera de leyes, y a ese conocimiento se de- bi6 que algunos abogados postu- lantes pudieran llegar al examen recepcional presentando tesis - que no eran producto de investi- gaciones, conocimientos juristas y exposicién de nuevas ideas, pues tales tesis habian sido escri- tas por Reinaldo Junior, quien, impulsado por la amistad, el rue- go 0 la conmiseracién hacia el peticionario, se dedicaba a escri- bir cuartillas que después otros firmaban y ahora pasan por ser profesionistas de cultivada sa- piencia, cuando apenas llegan a rabulas, Participé en campafias - politicas, cuando ese quehacer se apoyaba en el uso de las sinrazo- nes y en las pistolas siempre faja- das al cinto, como supremo argu- mento para conquistar el apoyo y voto del pueblo. Para el “‘Chacho" Gon: lez su orgullo fue la de estar al la- do del general Macario Gaxiola al postularse candidato del PRI al Senado de Ia Reptiblica, sien- do su orador en campafia, su se- cretario particular y confidente. E\ senador Gaxiola se lo Ilevé a México y volvié de la capi- tal acompafiando los restos de aquel militar revolucionario que hasta su minuto final carg6 preo- cupaciones por la suerte de los desposeidos. Ya no volvié el “Chacho” a la catedra y su vivir cada dia exhibia su desenfado, su antici parse a la muerte, encontrando en el calor de la bebida fuerte, la ocasién para soltar su inagotable venero de ingeni Se le recuerda mas en la anéedota bohemia que en su ver- dadera personalidad de maestro, periodista autor de articulos de fondo y editoriales, pero también sabroso relator de la vida y per- sonajes de Culiacan, habiendo publicado una serie de articulos sobre el “Gitilo” Arredondo, in- dividuo de la picaresca de esta capital de los afios 30, que lo - mismo servia para un barrido que para un fregado, pues el tal “Gililo”, adorador de los mezca- les y carnavalero como ninguno, profesionista de la alcahueteria, no desdefiaba ninguna actividad con tal de obtener ganacia. Reinaldo Gonzalez Diaz fue un valor incomprendido, y pese al tiempo transcurrido de su fallecimiento, todavia no merece el reconocimiento de quienes fue- ron sus compaiieros, discipulos y condiscipulos, y en saldar esa deuda andamos comprometidos todos. A su viuda dofia Armida Espinoza y a sus hijos, el respeto de quien se atreve a ensayar un remedo de biografia de hombre tan notable. violéceo del silente cerro de San Nico- és, El comento de la placita de Cosalé el techo que muy pronto empez6 a go- tearse, en tanto que continuamente ‘nos deslumbraba el flash intermitente de los relémpagos. De codos en la mesa, y frente al 0 lugar, —un hombre todavia jo- ven, con nieves en las sienes, barba descuidada al igual que su traje—, aspi- raba con fruici6n el humo de su cigarri- Tio, y sus ojos tenfan un no s6 qué de expresién nipnética sobre todos noso- ros. Anoshecia y caserio, produciendo un ruido fero y molesto. La conversacién ‘animada y alegre se habia ido termi— nando y cortos monosilabos indicaban AQUEL 30—30 Por Reinaldo Gonzélez Jr. su fin proximo. Un aire hamedo, —olor fra mojada—, nos besaba con fina yeello acicateaba I deseo de re- tirarnos todos al hotel y descansar de una buena vez. De repente y como algo inusita- do, la conversacién dio un viraje, cuan- do no se qué platicaba sobre un médico ‘amigo de aqui de Culiacén, quele habla pasado un dificil caso en su profesion y fue ello, sega creo, lo que hizo que el ,galeno principiara a hablar con voz en B pena referir. Era més © menos como a esta hora, Ya habla terminado de cenar y viendo que la lluvia arreciaba, me dis- ponia a leer mis dos o tres periédicos que me llegan, cuando mi mujer desde la puerta me habl6: —Ricardo, aqui te buscan.. —Creanme que— y de esto son testigos todos los vecinos de aqui— siempre estoy dispuesto a salir y aten: der al cliente que sea: sin algo me hablaba en toque de que. da al coraz6n, de que no debia hacer aso y no salir mucho menos. Mi mujer volvid a decirme: —Ricardo, aqui te buscan y parece que se trata de algo serio. “Ful a donde estaba mi mujer pa- rada entre defendiendo la entrada y cumpliendo con el ude al fin ver la cara de quien ne ‘taba mis servicios a esa hora y con un tiempo como el de esta noche. —4Qué desea? Para qué me ne- cosita...? —"Doitor”, —of que me hablaba tuna voz en tono suplicante—, no deje de venir conmigo por su santa madreci- ‘ta. Mi mujercita se muere... esté muy mala... ande. {Qué tiene? —Esté pariendo y es “prims za", ande vaémonos en caridad de Dios, aqui esté cerquita, aqui només en “La Cholula”, ande... “Y con todo, muy a pesar de que ‘algo me decia que no fuera, eché en maletin lo que crei més indispensabl “Chapoteando lodo, arreciando més y més la lluvia, ensopados y yo tras el individuo aquel que desconocia, muy @ pesar de haber ido muchas veces a ese lugar, para atender ent mos mios, la cara de aquel hombre apenas si pude divisar algo de sus ra gos ala luz azul—plata de los relémpa- gos, “Llegamos. Un perro nos ladré y bien claro percibf por sus grufidos que mi presencia, por desconocido, no le ‘era grata. En el interior del jacal, y tira- da enel suelo sobre un petate y cubier ta con una sébana mugrosa, ahi estaba la primeri sordamente. A un lado, una vieja le so- baba la frente y no sé qué le decia tra- tando de calmarla, “Abi la tiene “doitor”... “Antes no crela en eso que lla- ‘man las corazonadas. Ahora s{ las creo ylas creo como que esté lloviendo. Lo 4 ae SR “El Chacho": gran bohemio, que sufri esa noche fue algo inolvida- ble. La parturienta, ademés de ser un ‘caso dificil, —se trataba del adveni miento a ests mundo de unos cuates—, amén de que necesitaba que no los tenia a la mano ps tiempo qué perder, estaba grave, y mi deber me imponia maniobrar répida- mente pasase lo que pasase. “Ayudado, —si ayuda puedo Ila- mar a la vieja que me asistia con el agua hervida, los pocos algodones y vio y triunfo. Ahora a continuar con el segundo. tras que la parturienta ya sin quejarse fa una masa inerme, una masa y nada mas. Le tomé el pulso, —zera pulso realmente aquello?— y de pronto me atemoricé... no era posible continuar fen esas condiciones y fue entonces ‘cuando me volvi inconscientemente, para ver al hombre que me habia llama. do, que sentado y con los dedos de las ‘manos apretados, me contemplaba co- ‘mo un idiota y tenia firme los ojos puestos en mi. Casi puedo decir que si alguna vez he visto el odio reflejado en tun ser humano eso fue abi. —"Doitor”, no deje que mi mu- jercita se me muera, es lo Gnico que ‘tengo, no me la deje morir, no me la de- ie mori “Tragué saliva como se dice, © iba a continuar en mi tarea cuando of que mi cliente me hablaba con la frial- dad de la hoja de un cuchillo: "No me la deje morir, “doitor”, . ¥ dio un grito |sise muere, “doitor”, luego continua si se muere.. “No pude contenerme, me puse en pie y mire atrés. Atrés de él, alld en la semi—oscuridad de la otra cachim- ba, un 30-30 descansaba arrimado a la pared y pude distinguir perfectamente bien todas sus piezas: desde su culata, su largo cafién, hasta el gatillo aue parecia burlarse de mi... gasas que milagrosamente levabi el maletin—, empecé digo, a trabajar ‘en el caso. Sudaba copiosamente, y con la manga de la camisa me quitaba el sudor en tanto que no me habla dado ‘cuenta que a mis espaldas callado, si- ‘me miraba el esposo de Por fin una forma humana, pe- quefia y ensangrentada me sirvi6 de ali- “Han pasado los afios. Uno de los cuates muri6 a las poces horas de nacido. La mujer aquella se salvé de puro milagro y el hombre que nece: ‘atroz noche, todos los afios me envi desde el mineral de “Nuestra Sefiora’ jonde ahi trabaja, ya la cesta con blanquillos”, la carga de elotes o Io que sea... pero nunca, nunca, créan- melo ustedes, olvidaré aquel 30—30" El comedor de la casa del general RAMON F. ITURBE no mostraba al Ile- gar nosotros esa noche nada del apara- to tan comiin en las grandes ocasiones. Claro vi, con sélo entrar, que el jefe de Jas tropas revolucionarias de Sinaloa era hombre sencillo y sobrio. Le cons de bienvenida se nos ofrecta en una habitactén notable por su limpieza, arreglada con esmero, pero en Ja cual todo se declaraba ajeno a la os- tentacion y al Iujo. Una mesa ampli y blanca ocupa- ala mayor parte del espacio de la sala =limitado por cuatro paredes casi des- audas— y recogia, lanzéndolas después ‘con mayor nitidez, los rayos de la kim- para pendiente del tocko. Sobre el mantel los brillos humil- dos do una vaiilla pobre y las transpa- rencias desiguales de vasos do diversas formas alternaban con las manchas os- cures, como de palos de boliche en de- sorden, de las botellas de cerveza. Hl tinico ornato especial que sé discernia entre todo aquello lo forma- ‘ban varios ramos de flores puestos en jarritos bajos v dos hermoses granadas de 75 milimetros —dos de las ‘itima— mente quitadas a las fuerzas huertis- tas—., emhiestas, como pequefias colum- nas, én los focas ideales del eclipse en ‘cuyo contorno nes ibamos a sentar. 1a luz de la lémpara brufia lar- 03 reflejos en los dos enarmes casq ligs de cobre v abrillantaba la superficie roja de los proyectiles debajo de los fa- 10s diminutos que los rayos luminosos encendian sobre los anillos de las espo- letas. jLucesites menores todas ellas, pero simbélicas de la lucha y del triun- fo! Su presencia nutria ali el sliento de la victoria —penetrante y contagioso co- mo el desaliento de la derrota—y, sobre todo, nos hermanaba, De las veinte a veinticinco porso- nas que estébamos a la mesa, Ramén F. Tturbe era —ésto se comprendia desde Iuego— el de mayor importancia intrin- seca, el dotado de més fuerte persona- lidad. Diéguez, Hay, Riveros, Alessio, yo: ¥ todos los otros entrébamos en el con- junto como reflejos o sombras, como ele- ‘menos parciales del fondo de claroscu- ro, Iturbe figuraba integro. Y figuraba no fuerza de querer hacerse notar, noal revés contra todo empeiio por inhi birse. Iturbe hablaba poco y con caute- la. Su frase, resuolia a alcanzar el matiz de los pensamientos, soguia un trazo lento y sinuoso, tan sinuoso que al pron- to se hubiese crefdo que buscaba distra- zar u ocultar el fondo de las ideas. La cultura de Iturbe, pobrisima centonces, tenia la ventaje de presentar- lolibre de la salsa de repugnantes luga- Sinaloa en Plena Revolucion ANDANZAS DE UN REBELDE Por Martin Luis Guzmin Gral. Ramén F. Iturbe res comunes en que nadaban los revolu- cionarios semileidos y farsantes. Se ex- presaba ademas, con cierta timidez, con al aire de humildad sincera de quien creyese facil caer en error y de antema- no estuviese de acuerdo on que se le en- comendaba le plana. Todo lo cual pro ducia en su cardcter un raro contraste con otras cualidades: contraste entre su inseguridad juvenil y su aplomo adquiti- do ya en la vida; entre su adolescencia espiritual y su madurez precoz de alma, acentuando por su fé en sf mismo, por su profunda e intima conviccién de estar fundamentalmente, en lo cierto y lo jus- to. Porque Iturbe era uno de los po- 108 revolucionarios que habian pensado por su cuenta el problema mo- Tal de la Revolucién y que habian venido a ésta con la conciencia limpia. Aunque muy joven, su impulso revolucionario arrancaba més de la conviccién que del entusiasmo. Y en él la conviccién no se reducia, como en otros —los principa- les, los guicdores—, al ansia de crear un estado de cosas décil al imperia pro- pio, sino al imperativo de obrar bien, de obrar moraimente, religiosamente. No en balde ere Iturbe el tinico general re- volucionaric que crefa en Dios y que afirmaba sus croencias en voz alta, ya que no en tono de estarse disculpando, Y eso sélo, croer en Dios, lo levantaba a gran altura sobre todos sus compafieros de armas, casi siempre descrefdos @ ig- norantes, barbaros, audaces, sin nin- ‘gin sentido de los valores humanos y dosconectados do todas les fuentes ori- ginadoras de los impulsos hacia la vir- tud. Su extrema juventud y lo muy dosmodrado de su cusrpo hacian de 61, al principio, un personaje de poco relie- ve. El, por otra parte, acusaba con el desalifo de su trajo un descuido tan ponténeo, una tan auténtica inatenci por lo iamediatamente material y corp6- reo, que se requeria mirar dos o tres ve- cesilatotalidad de su persona para con- vencerse de que aquello, lejos de ser de- fecto, era disposicion de énimo supe- rior, indiferencia por lo quo en el fondo no representa velor definitivo, de igual manera que en los generalos sonorenses era temprana manifestacién de defec- tos, y no de virtud, el inquebrantable pogo a los arreos militares més milita- ristas, Pero una vez bajo la mirada es- crutadora, Iturbe crecia répidamente ¢ iba dejando entrever por qué perienecta al corto nimero de los que mandaban hasta cuando practicaba la obediencia. Su temperamento refloxivo y ma duro constitufa la base de su personali- dad, apuntaba en los detalles mas ni- nnios. Esa noche, por falta de abridores, hhubo que destapar las botellas de cerve- za al modo revolucionario; haciendo en- Cajar el borde de la corcholata en el martilo de la pistola y apoyando ésta después contra el cuello do le botella hasta que el tapén saltara de su sitio. Quién més, quién menos, todos los presentes efectuamos la operacién con dejos de temeridad ostentosa cual si los revélveres (ol cartucho 38 0 44 fren- te Ia agua) fueran instrumontosino- Y¥ es que entre nosotros no habia quien no se creyera muy valionte ni se sintiose ya muy hecho a jugarse la vida minuto a minuto. Iturbe no lo hizo asf. Desenfundé Ja pistola con sencillez; la volvié culata arriba cuidadosamente; tom6 la botella con le mano izquierda, atento a que el cafién del arma apunt [Link] direccién del piso, o de la pared qué le quedaba a la espalda. la hizo des- cribir la curva supletoria de las funcio- nos del abridor. Vigndole tal aspecto, no se ha- bria creido que se tratara’ del mismo hombre que a la hora del combate, y siempre que ol arriesgar la vida tenia un sentido, se olvidaba de ponerle cortapi- ssas al valor, segin acababa de demos- {rarlo durante el ataque y toma do Cu- *+*Tomado de la revista “Letras de Si- * naloa”, del 15 dé diciembre de 1953. ES PRESUPUESTO DE EGRESOS DE LA FEDERACION PARA 1978 COMO SE DISTRIBUYE sector atone a pesos) wl "7 Ycomunicaciones am SAU comencio ooze IPESCA oan JASENTAMIENTOS —¢ —y4uaa BUMANOS. 0 ses ‘coNvENOS Gxicos Oe JCOORDINAGION — [—Tsyea 59 A ‘TuRIsMO i 223 as Pe] LABORAL —2 102 ae ee suMA: See ‘Gabtemo Feder y de Orgwromcey Empesae 50a Parbetpasos do renee Federals Suis rd Tora. rogama de Gest Contos foe] Se pracy BI / QUEN LO ADMINSTRA Gobierno Federal ewrionp rus Patt cams, ee Lego ew ee Bm 8 BEng oe retcn Be eee a (ety SPs ou 2estney tn rte ae 8 Cae es Yai se 8 Seats cae ieee er Flees ek feo 16a o4 FSwamcmugenpmin aa ‘eewomieron Fmanos y Obras Pubes 13803 ions ee Pegesin y rede a ‘sume: * 176453, 408 | iene ess ao Peso RS, extcrasonmy Sia Seo rea 3 et Pabien dl Gobo Feder we | sm ae | Torat ae Organismos y Empresas ENTIDAD Preapueso Parenti Sore en Teal (ones epee) Petaion Moveanes mae as onlin Pera oc Ect Wee 162 Sonparin se uryfuccs cel Cowo Ran 2 Diese ncn tos 28 Seoermto Rabon vt 02 foros gm oF Shores Lato Cirdogs “tas Tachse” 3502 OT Hoadeacimoscrsaeresis ae See | SB Prosice Persies Wencanse we ot Firat eet Sooner mS Forester hncoms Mazco amo IRgresee¥ Seracice Conant 2m os Sperry Serece hires i 08 Feral Paci bes 8 Fetter Chrno tact ou (02 Ferrosaile Uns dt Suse Se oe Fecal Sarna Coa art ‘Cem ata Nocona de Suogstencins Populares 98808 7 Freitte Wiccno cet ote fae 28 Bata Nevin de Conmcc Exeror Ge Inti Reto para ef Dear dela arin or Seo ier Poet 2 oa Iti ae Sepuicagy Senin Soden (ts raja dal ets age 83 Ears eco rain Aesierea Pinkca “alee AF TOTAL we 00 TOTAL ma

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    18ECLHC2
    138 páginas
  • Informe Gubernamental Sinaloa 1945
    100% (1)
    Informe Gubernamental Sinaloa 1945
    172 páginas
  • CYR
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    CYR
    179 páginas
  • LGDSALHII
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    LGDSALHII
    424 páginas
  • MGDLAP
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    MGDLAP
    299 páginas
  • LDS12
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    LDS12
    62 páginas
  • IDGS1947
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    IDGS1947
    87 páginas
  • MGI40A
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    MGI40A
    105 páginas
  • PRS 86
    100% (1)
    PRS 86
    52 páginas
  • PRS 30
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    PRS 30
    47 páginas
  • RP103
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    RP103
    64 páginas
  • URDLMYPEC
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    URDLMYPEC
    92 páginas
  • UMAP
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    UMAP
    130 páginas
  • CGDCR
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    CGDCR
    124 páginas
  • MGDLAP
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    MGDLAP
    418 páginas
  • CPPVOLBRELCR
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    CPPVOLBRELCR
    16 páginas
  • ML1
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    ML1
    70 páginas
  • PRS 31
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    PRS 31
    48 páginas
  • IGES1962
    100% (1)
    IGES1962
    71 páginas
  • IDGES1971
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    IDGES1971
    29 páginas
  • ECDL
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    ECDL
    66 páginas
  • IDGES1968
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    IDGES1968
    87 páginas
  • La Prosa y La Historia en Sinaloa Durante El Siglo XIX
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    La Prosa y La Historia en Sinaloa Durante El Siglo XIX
    18 páginas
  • El Gitano
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    El Gitano
    39 páginas
  • Umes
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    Umes
    27 páginas
  • RP121
    0% (1)
    RP121
    76 páginas
  • PRYVCEC
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    PRYVCEC
    33 páginas
  • RP123
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    RP123
    76 páginas
  • RP122
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    RP122
    90 páginas
  • GDHADCYSS
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    GDHADCYSS
    74 páginas
  • La Banda Sinaloense: en La Encrucijada Del Modernismo
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    La Banda Sinaloense: en La Encrucijada Del Modernismo
    23 páginas
  • HDLSDIYST
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    HDLSDIYST
    48 páginas
  • BDP14
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    BDP14
    12 páginas
  • Jesús G. Andrade: Reminiscencias Del Bohemio Alucinado
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    Jesús G. Andrade: Reminiscencias Del Bohemio Alucinado
    40 páginas
  • BDP15
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    BDP15
    9 páginas
  • BDP12
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    12 páginas
  • BDP13
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    BDP13
    16 páginas
  • APLHDCCC
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    APLHDCCC
    60 páginas
  • LLDLP
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    LLDLP
    40 páginas
  • LAVEENDM
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    LAVEENDM
    228 páginas
  • BDP01
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    BDP01
    16 páginas
  • BDP10
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    BDP10
    16 páginas
  • BDP8
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    BDP8
    12 páginas
  • BDP07
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    16 páginas
  • DDLSCDCYQ
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    56 páginas
  • BDP6
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    16 páginas
  • BDP03
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    16 páginas
  • Bibliografias Sinaloenses I
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    Bibliografias Sinaloenses I
    436 páginas
  • BDP04
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    BDP04
    12 páginas
  • SHYD
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    SHYD
    708 páginas
  • Bibliografias Sinaloenses II
    100% (1)
    Bibliografias Sinaloenses II
    460 páginas
  • RP119
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    RP119
    35 páginas