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Dios Griego Primigenio DEMIURGO

El documento describe al demiurgo, una entidad filosófica y mitológica que crea o impulsa el universo. En la filosofía platónica y neoplatónica, el demiurgo es considerado como un dios creador del mundo o impulsor del universo. Posteriormente en la filosofía gnóstica, el demiurgo derivó en la entidad que da forma al universo sin necesariamente ser su creador. El demiurgo se presenta como un artesano que da forma al universo físico según

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Dios Griego Primigenio DEMIURGO

El documento describe al demiurgo, una entidad filosófica y mitológica que crea o impulsa el universo. En la filosofía platónica y neoplatónica, el demiurgo es considerado como un dios creador del mundo o impulsor del universo. Posteriormente en la filosofía gnóstica, el demiurgo derivó en la entidad que da forma al universo sin necesariamente ser su creador. El demiurgo se presenta como un artesano que da forma al universo físico según

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Dios Griego Primigenio DEMIURGO

Demiurgo

Una de las representaciones del demiurgo es la cara de león: una deidad con cabeza
de león encontrada en una gema gnóstica, en «La Antigüedad explicada y representada en
figuras», de Bernard de Montfaucon, la cual puede tratarse de una representación de un
demiurgo.

Nombre Griego: Δημιουργός (Dēmiurgós)


Dominio: El Orden del Caos
Familia
Hijos/as: Eurínome, Ofión, Hydros, Thesis y Fusis
Demiurgo es una deidad primordial que se encargó de ordenar la masa caótica.

Etimología
Demiurgo significa maestro, supremo artesano, pero más literal del griego significaría creador.

Iconografía
Una de las representaciones del demiurgo es de una deidad con cabeza de león y cuerpo
serpentino.

Nacimiento
No nació, él ya estaba ahí junto al Caos.

Mitos
Cosmogonía:
Al principio en el universo no había nada, salvo un basto y oscuro vacío. Y también estaba el
genio ordenandor Demiurgo, que quería ordenar el Caos, y dijo «¿qué puedo hacer con ella?
No sé lo que voy a hacer, pero haga lo que haga lo voy a hacer bien». Después ideó una a una
las cosas que iba a hacer y de acuerdo con su idea las fue haciendo. creando así a la hermosa
Eurínome. Eurínome no hallaba dónde posar sus pies, entonces Demiurgo hizo a Hydros y
Thesis, mares primigenios. Y así continuó ordenando la masa caótica. Creó a la serpiente
Ofión, que se unió a Eurínome, y ésta, transformada en paloma, puso un Huevo, en el cual se
enroscó Ofión para darle calor. De los mares Hydros y Thesis surgieron Chronos y Ananké, que
se entrelazaron también al rededor del huevo para darle estabilidad a lo que saldría de ahí.
Entonces el huevo se abrió, y de él salió la Tierra con el averno y las montañas en ella. Era un
lugar muy árido, así que Demiurgo creó a Fusis para darle vida a la Tierra.

///////
Demiurgo
entidad filosófica y mitológica que crea o impulsa al universo
El demiurgo (en griego: Δημιουργός, dēmiurgós) es la descripción de una deidad que, en la
filosofía idealista de Platón y en la mística de los neoplatónicos, era considerado un dios
creador del mundo y autor del universo; y el cual posteriormente en la filosofía gnóstica derivó
en la entidad que, sin ser necesariamente creadora, es impulsora del universo.[1]«Demiurgo»
significa, literalmente, 'maestro', 'supremo artesano', 'hacedor'.

En las escuelas de filosofía platónica, neopitagórica, platónica media y neoplatónica, el


demiurgo es una figura similar a la de un artesano, responsable de dar forma y mantener al
universo físico. Los gnósticos adoptaron posteriormente el término «demiurgo». Si bien el
demiurgo da forma al universo físico, esto no lo hace necesariamente igual a la figura del
creador en el sentido monoteísta, en tanto el demiurgo en sí mismo, así como el material a
partir del cual le da forma al universo, se consideran ambos como consecuencias de algo más.
Dependiendo del sistema, el demiurgo puede ser considerado increado y eterno o producto de
alguna otra entidad.

La palabra «demiurgo» deriva de demiurgus, una forma latinizada del griego δημιουργός o
dēmiurgós. Originalmente era un sustantivo común que significaba 'artesano', pero
gradualmente pasó a significar 'productor' y finalmente 'creador'. Su uso filosófico y su uso
como un nombre propio derivan ambos del Timeo de Platón, escrito alrededor de 360 a. C., en
donde el demiurgo es presentado como el creador del universo. El demiurgo también se
describe como un creador en las tradiciones filosóficas platónicas (c. 310 a. C.-390 a. C.) y
platónica media (c. 90 a. C.-300). En las diversas ramas de la escuela neoplatónica (siglo iii en
adelante), el demiurgo es el que da forma al mundo real y perceptible según el modelo de las
Ideas, si bien (en la mayoría de los sistemas neoplatónicos) todavía no es en sí mismo el Uno.
En la ideología archidualista de los diversos sistemas gnósticos, el universo material es malo,
mientras que el mundo inmaterial es bueno. Según algunas corrientes del gnosticismo, el
demiurgo es malévolo, ya que está vinculado al mundo material. En otros, entre los que se
incluyen las enseñanzas de Valentino, se considera que el demiurgo es simplemente un ser
ignorante o confundido.

Platonismo y neoplatonismo
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Platón
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Las alusiones al demiurgo se encuentran en numerosos diálogos platónicos, a partir del
Gorgias hasta llegar al Filebo, pasando por el Crátilo, la República y el Sofista.[2] En particular,
Platón se refiere al demiurgo frecuentemente en el diálogo socrático Timeo (28a y sigs.), escrito
aldedor de 360 a. C. El personaje principal se refiere al demiurgo como la entidad que "diseñó y
dio forma" al mundo material. Timeo describe al demiurgo como enteramente benévolo y que,
por tanto, desea un mundo lo mejor posible. Esta obra de Platón es una reconciliación filosófica
de la cosmología de Hesíodo en su Teogonía, reconciliando a Hesíodo con Homero
sincréticamente.[3][4][5]
Según el mito de Platón expuesto en el Timeo —obra en la que describe la disposición, a partir
de razonamientos fundados en la teoría de las ideas y del cosmos—, al principio en el universo
solo había

materia informe y caos;


ideas, que son perfectas;
el demiurgo, una divinidad;
espacio.
Platón nos cuenta que el demiurgo se compadece de la materia y copia en ella las ideas,
obteniendo con ello los objetos que conforman nuestra realidad. De esta forma explicaba la
separación entre el mundo de las ideas que son perfectas y el mundo real (material) que,
siendo imperfecto, participa como una copia de la perfección.

Platonismo medio
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En la cosmogonía neopitagórica y platónica media de Numenio, el demiurgo es el segundo
Dios como el nous o pensamiento de los inteligibles y sensibles.[6]

Neoplatonismo
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Plotino y los platónicos posteriores trabajaron para clarificar la noción de demiurgo. Para
Plotino, la segunda emanación representa una segunda causa no creada (compárese con la
Díada de Pitágoras). Plotino buscaba reconciliar la energeia de Aristóteles con el demiurgo de
Platón,[7] que, como demiurgo y mente (nous), es un componente crítico en el constructo
ontológico de la conciencia humana que se utiliza para explicar y aclarar la teoría de la
sustancia dentro del realismo platónico (también llamado idealismo). Para reconciliar la filosofía
aristotélica con la platónica,[7]Plotino identificó metafóricamente al demiurgo (o nous) dentro
del panteón de los dioses griegos como Zeus.[8]

Henología
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Platón describe el primer y más alto aspecto de Dios como el Uno (Τὸ Ἕν), la fuente o la
Mónada.[9] Este es el Dios por encima del demiurgo y se manifiesta a través de las acciones
del demiurgo. La Mónada emanó al demiurgo o Nous (conciencia) de su vitalidad
"indeterminada" debido a que la mónada era tan abundante que se desbordaba sobre sí
misma, causando autorreflexión.[10] Plotino se refería a esta autorreflexión de la vitalidad
indeterminada como el "demiurgo" o creador. El segundo principio es la organización en su
reflexión de la fuerza no sensible o dynamis, también llamada el uno o la Mónada. La díada es
energeia emanada por el uno que es luego el trabajo, proceso o actividad llamado nous,
demiurgo, mente, conciencia que organiza la vitalidad indeterminada en la experiencia llamada
mundo material, universo, cosmos. Plotino también esclarece la ecuación de la materia con la
nada o el no ser en Las Enéadas[11] que se refiere más correctamente a expresar el concepto
de idealismo o el que no hay nada ni en ningún lugar fuera de la "mente" o el nous (cf.
panteísmo).

La forma de Plotino del idealismo platónico es tratar al demiurgo, nous como la facultad
contemplativa (ergon) dentro del hombre que ordena la fuerza (dynamis) en la realidad
consciente.[12] En esto, afirmó revelar el verdadero significado de Platón: una doctrina que
aprendió de la tradición platónica y que no apareció fuera de la academia o en el texto de
Platón. Esta tradición del Dios creador como nous (la manifestación de la conciencia), puede
validarse en las obras de filósofos anteriores a Plotino como Numenio, así como una conexión
entre la cosmología hebrea y platónica (véase también Filón).[13]

El Demiurgo del platonismo es el Nous (mente de Dios), y es uno de los tres principios de
ordenamiento:

Arché (gr. 'comienzo') - la fuente de todas las cosas,


Logos (gr. 'razón', 'causa') - el orden subyacente que se esconde bajo las apariencias,
Harmonia (gr. 'armonía') - proporciones numéricas en matemáticas.
Antes de Numenio de Apamea y las Enéadas de Plotino, ninguna obra platónica aclaraba
ontológicamente al demiurgo de la alegoría del Timeo de Platón. Sin embargo, la idea de
demiurgo se abordó antes que Plotino en las obras del escritor cristiano Justino Mártir, quien
construyó su comprensión del demiurgo sobre las obras de Numenio.

Jámblico
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Véase también: Panenteísmo
Más tarde, el neoplatónico Jámblico cambió el papel del Uno, alterando efectivamente el papel
del demiurgo como segunda causa o díada, una de las razones por las que Jámblico y su
maestro Porfirio entraron en conflicto.

La figura del demiurgo surge en la teoría de Jámblico, que conjuga el trascendente,


incomunicable Uno o Fuente. Aquí, en la cima de este sistema, la Fuente y el Demiurgo (reino
material) coexisten a través del proceso de hénosis.[14] Jámblico describe al Uno como una
mónada cuyo primer principio o emanación es el intelecto (nous), mientras que entre "los
muchos" que le siguen hay un segundo Uno superexistente que es el productor de intelecto o
alma (psique).

El Uno se divide además en esferas de inteligencia: la primera y superior esfera es la de los


objetos de pensamiento, mientras que la última esfera es el dominio del pensamiento. Así, se
forma una tríada del nous inteligible, el nous intelectivo y la psique para reconciliar aún más las
diversas escuelas filosóficas helenísticas del actus y potentia (actualidad y potencialidad) de
Aristóteles del motor inmóvil y el demiurgo de Platón. Luego, dentro de esta tríada intelectual,
Jámblico asigna el tercer rango al demiurgo, identificándolo con el nous perfecto o divino con la
tríada intelectual siendo ascendida a una hebdómada (intelecto puro). En la teoría de Plotino, el
nous produce la naturaleza a través de la mediación intelectual, por lo que los dioses
intelectualizadores son seguidos por una tríada de dioses psíquicos.

Dibujo de leontocephaline encontrado en un Mitreo del 190 dC en Ostia Antica, Italia

Mitología
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El demiurgo es un genio ordenador. En el principio había una masa caótica, desordenada,
informe, indeterminada, etc., y también estaba el demiurgo, el cual miró esta masa y pensó:
«¿qué puedo hacer con ella? No sé lo que voy a hacer, pero haga lo que haga lo voy a hacer
bien». Después ideó una a una las cosas que iba a hacer y de acuerdo con su idea las fue
haciendo.

El mito del demiurgo implica lo siguiente:

La idea del bien es la primera de todas las ideas.


Las ideas son anteriores a las cosas y son causa de ellas.
Las ideas son la única verdad.
Gnosticismo
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El concepto platónico del demiurgo es retomado por el gnosticismo. Lo que en el platonismo
era imperfección, en el gnosticismo se transforma en maldad. El Universo era para los
gnósticos una gradación, desde lo más sutil (Dios) hasta lo más bajo (la materia). Así el
demiurgo como creador y ordenador del mundo material, se convierte en encarnación del mal,
aprisionando a los hombres y encadenándolos a las pasiones materiales.

El espíritu es la única parte de divinidad que le corresponde al ser humano, librando este una
"batalla" permanente frente al cuerpo y lo material, transformando así la tierra en el infierno,
entendiendo por infierno no el concepto del Hades o del inframundo, sino, simplemente, el lugar
más alejado de Dios. Tan solo la sophia, la sabiduría, la gnosis, llega por amor, desde lo sutil
hasta la tierra para librar al ser humano de la esclavitud de la materia. La salvación no es una
cuestión de creencia o de piedad divina, sino que se convierte en una revelación, sólo posible
para aquellos que aún no han perdido del todo lo poco de divinidad que todos los seres
humanos poseen.

Referencias
1 Nicola Abbagnano, Diccionario de Filosofía, Fondo de Cultura Económica, 1986. ISBN 968-
16-1189-6
2 Ferrari, Franco. «El “mito” del demiurgo y la interpretación del Timeo». Cuadernos de filosofía
(Universidad de Salerno (Italia)). ISSN 0590-1901.
3 Fontenrose, Joseph (1974). Python: A Study of Delphic Myth and Its Origin. Biblo & Tannen
Publishers. p. 226. ISBN 978-0-8196-0285-5.
4 Sallis, John (1999). Chorology: On Beginning in Plato's Timaeus. Indiana University Press. p.
86. ISBN 0-253-21308-8.
5 Keightley, Thomas (1838). The mythology of ancient Greece and Italy. Oxford University. p.
44. «theogony timaeus. »
6 Kahn, Charles (2001). Pythagoras and the Pythagoreans. Indianapolis: Hacket Publishing. pp.
124. ISBN 978-0-872205758.
7 Karamanolis, George (2006). Plato and Aristotle in Agreement?: Platonists on Aristotle from
Antiochus to Porphyry. Oxford University Press. p. 240. ISBN 0-19-926456-2.
8 El principio de ordenamiento es doble; hay un principio conocido como el Demiurgo, y está el
Alma del Todo; la denominación "Zeus" se aplica a veces al Demiurgo y, a veces, al principio
que conduce el universo. [cita requerida]
9 Wear, Sarah; Dillon, John (2013). Dionysius the Areopagite and the Neoplatonist Tradition:
Despoiling the Hellenes. Burlington, VT: Ashgate Publishing, Ltd. p. 15. ISBN 9780754603856.
10. Wallis, Richard T.; Bregman, Jay, eds. (1992). Neoplatonism and Gnosticism. International
Society for Neoplatonic Studies. SUNY Press. ISBN 978-0-7914-1337-1.
11. "La materia es, por tanto, inexistente"; Plotino, Enéada 2, Tratado 4 Sección 16.
12. Schopenhauer escribió sobre este filósofo neoplatónico: "Con Plotino incluso aparece,
probablemente por primera vez en la filosofía occidental, el idealismo que había sido corriente
en Oriente incluso en ese momento, pues enseñaba (Enéadas, iii, lib. vii, c.10) que el alma ha
hecho el mundo al pasar de la eternidad al tiempo, con la explicación: 'Pues no hay para este
universo otro lugar que el alma o la mente' (neque est alter hujus universi locus quam anima),
de hecho la idealidad del tiempo se expresa en las palabras: 'No debemos aceptar el tiempo
fuera del alma o de la mente' (oportet autem nequaquam extra animam tempus accipere)."
(Parerga and Paralipomena, Volumen I, "Fragments for the history of philosophy", § & nbsp; 7)
De manera similar, el profesor Ludwig Noiré escribió: "Por primera vez en la filosofía occidental
encontramos idealismo propiamente dicho en Plotino (Enéadas, iii, 7, 10), donde dice: 'El único
espacio o lugar del mundo es el alma', y 'No debe asumirse que el tiempo exista fuera del
alma'”. [5] Sin embargo, vale la pena señalar que, al igual que Platón, pero a diferencia de
Schopenhauer y otros filósofos modernos, Plotino no se preocupa por si podemos ir más allá
de nuestras ideas para conocer los objetos externos o cómo podemos hacerlo.
13. Se reportó que Numenio de Apamea preguntó: "¿Qué otra cosa es Platón si no Moisés
hablando griego?" P. 8 Des Places.
14. Véase Theurgy, Iamblichus and henosis Archivado el 11 de junio de 2008 en Wayback
Machine..
15. ISBN 978-84-7808-663-4
16. Meyrink, G. (octubre del 2010), introducción a "Tratado de la piedra filosofal" y "Tratado
sobre el arte de la alquimia", de Santo Tomás de Aquino, 3a. ed. Málaga: Sirio.
17. Ich war freimaurer, Entrevista de Burkhardt Gorissen por Manfred Ferrari, Montasola, p.3

//))))))
Cardiomorfosis

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Demiurgo
La palabra significa literalmente un trabajador público, demioergós, demiourgós, y fue usada
originalmente para designar a cualquier artesano que ejercía su oficio o comercio para el uso
del público. Sin embargo, pronto se comenzó a usar technítes y otras palabras para designar al
artesano común, mientras que demiurgo se separó para el Gran Artífice o Fabricador, el
Arquitecto del universo. Al principio se añadieron las palabras toû kósmou para distinguir al
gran Hacedor de los demás, pero gradualmente demiourgós se convirtió en el término técnico
para el Hacedor del cielo y la tierra. En este sentido lo usó frecuentemente Platón en su
“Timæus”. Aunque a menudo fue usado libremente por los Padres y otros para indicar al
Creador, la palabra nunca se usó estrictamente para denotar “al que produce a partir de la
nada” (para esto los griegos usaron ktístes), pero sólo “uno que forja, forma y modela”. El
creador en el sentido de la teología cristiana no tiene lugar en la filosofía pagana, la cual
siempre presupone la existencia de la materia. Además, según la filosofía griega el creador no
es necesariamente idéntico con Dios, como fuente primera y suprema de todas las cosas;
puede ser distinto de e inferior al espíritu supremo, aunque puede ser también la expresión
práctica de la razón de Dios, el Logos como operativo en la armonía del universo.

En este sentido, es decir, aquel de un hacedor distinto al Dios Supremo, Demiurge se convirtió
en un término común en el gnosticismo. Sin embargo, los gnósticos no estaban satisfechos con
meramente enfatizar la distinción entre el dios supremo, o dios padre, y el demiurgo, sino que
en muchos de sus sistemas concebían la relación del demiurgo con el dios supremo como una
de real antagonismo, y el demiurgo se convertía en la personificación del poder del mal, el
Satanás del gnosticismo, con quien los fieles tenían que librar la guerra hasta el final para
poder complacer al Dios bueno. Entonces el demiurgo gnóstico asume una similitud asombrosa
al Ahrimán, el destructor malo de Ormuz en la filosofía mazdeísta El carácter del demiurgo
gnóstico se volvió más complicado cuando en algunos sistemas se le identificó con Yahveh, el
Dios de los judíos del Antiguo Testamento, y fue puesto en oposición a Cristo en el Nuevo
Testamento, el Hijo Unigénito del Dios supremo y bueno. El propósito de la venida de Cristo
como salvador y redentor fue rescatarnos del poder del demiurgo, el señor del mundo de la
oscuridad, y traernos a la luz del Dios bueno, su Padre en los cielos. El último desarrollo en el
carácter del demiurgo fue debido a que originalmente se consideraba a Yahveh como el que
dio la Ley en el Monte Sinaí, y de ahí como el originador de toda restricción a la voluntad
humana. Como el demiurgo era esencialmente malo, toda su obra también lo era; en
consecuencia toda ley era intrínsecamente mala y el deber de los hijos del dios bueno era
transgredir esa ley y pisotear sus preceptos. Esto llevó a las más salvajes orgías del
gnosticismo antinomiano.

Según Valentino el demiurgo era el vástago de la unión de Achamoth (he káta sophía o
sabiduría inferior) con la materia. Y como Achamoth misma era sólo la hija de Sophía, la última
de los treinta eones, el demiurgo estaba distante por muchas emanaciones del Propator, o dios
supremo. Al crear este mundo a partir del caos, el demiurgo fue inconscientemente influenciado
para siempre por Jesús Soter; y el universo, para sorpresa incluso de su Creador, se volvió casi
perfecto. El demiurgo deploró incluso su más leve imperfección, y como él se creía el dios
supremo, intentó remediar esto enviando al Mesías. Sin embargo, dicho Mesías se unió
realmente a Jesús el Salvador, quien redimió a los hombres. Estos son hulikoí o pneumatikoí.
El primero, u hombre carnal, regresará a la tosquedad de la materia y finalmente será
consumido por el fuego; el segundo, u hombre psíquico, junto con el demiurgo como su
maestro, entrará en un estado intermedio, ni cielo (pleroma), ni infierno (hyle); los hombres
puramente espirituales será liberados completamente de la influencia del demiurgo y junto con
el Salvador y Acamoth, su esposa, entrarán el pleroma desposeídos del cuerpo (húle) y alma
(psuché). En esta forma más común de gnosticismo el demiurgo tenía una función inferior
aunque no intrínsecamente mala en el universo como cabeza del mundo psíquico.

Según Marción, el demiurgo se debía distinguir claramente del dios bueno; el primero era
díkaios, severamente justo, el último agathós, o bondad infinita; el primero era el dios de los
judíos, el último el verdadero Dios de los cristianos. Cristo, aunque en realidad es el Hijo del
Dios bueno, pretendía ser el Mesías del demiurgo, lo mejor para difundir la verdad respecto a
su Padre celestial. El verdadero creyente en Cristo entraba al Reino de Dios, el no creyente
permanecía para siempre como esclavo del demiurgo. En esta forma de gnosticismo, el
demiurgo ya había asumido un aspecto más maligno. Según los naasenos el Dios de los judíos
no es meramente dikaios, sino que es el gran tirano Jaldabaoth, o hijo del caos. Él es el
demiurgo y hacedor del hombre, pero como un rayo de luz entra desde arriba al cuerpo del
hombre y le da un alma; Jaldabaoth está lleno de envidia; trata de limitar el conocimiento del
hombre prohibiéndole la fruta del conocimiento en el Paraíso terrenal. El demiurgo, temiendo
que Jesús, a quien había tratado como su Mesías, pudiera difundir el conocimiento del dios
supremo, mandó a los judíos a crucificarlo.

En la consumación de todas las cosas toda la luz volverá al pleroma; pero Jaldabaoth, el
demiurgo, con el mundo material será arrojado a las profundidades. Algunos de los ofitas o
naasenos veneraban a todos los réprobos del Antiguo Testamento, tales como Caín, o la gente
de Sodoma, como valientes resistentes al demiurgo. En estos sistemas fantásticos la idea del
creador fue degradada al máximo. Entre los gnósticos, sin embargo, quienes por regla ponían
diferencia entre el demiurgo y el dios supremo, había una excepción; pues según los ebionitas,
cuyas opiniones nos han llegado a través la literatura pseudo-clementina, no hay diferencia
entre el Dios Supremo y el demiurgo. Son idénticos, y el dios que hizo el cielo y la tierra es
digno de la adoración por parte del hombre. Por otro lado, el sistema gnóstico está coloreado
de panteísmo, y su demiurgo no es un creador sino sólo un constructor del mundo. (Vea
gnosticismo, Valentino y valentinianos; marcionitas.)

Fuente: Arendzen, John. "Demiurge." The Catholic Encyclopedia. Vol. 4. New York: Robert
Appleton Company, 1908. <[Link]

Traducido por Luz María Hernández Medina

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