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Evolución de la Sociología Moderna

El documento discute la evolución de la sociología como disciplina científica. Explica que la sociología se ha vuelto más universal en las últimas décadas, con el surgimiento de una "sociología mundial" en oposición a las "sociologías nacionales" del pasado. También destaca que el enfoque en la observación empírica y el uso de técnicas cuantitativas se ha vuelto más común. Finalmente, señala que los institutos de investigación social ahora juegan un papel importante en la sociología,

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Evolución de la Sociología Moderna

El documento discute la evolución de la sociología como disciplina científica. Explica que la sociología se ha vuelto más universal en las últimas décadas, con el surgimiento de una "sociología mundial" en oposición a las "sociologías nacionales" del pasado. También destaca que el enfoque en la observación empírica y el uso de técnicas cuantitativas se ha vuelto más común. Finalmente, señala que los institutos de investigación social ahora juegan un papel importante en la sociología,

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RESUMEN

La traducción de un libro implica algo más que un mero problema lingüístico. La


máxima comunicabilidad la encontramos obviamente en la ciencia, sobre todo
a través del lenguaje universal de la matemática. Pero aun aquí hallamos
notables diferencias, pues la comunicabilidad podrá variar en razón de la
universalidad del contenido, de la problemática y conceptualización de cada
disciplina en particular. La Sociología se halla a este respecto en una fase de
comunicabilidad por cierto menor de la que existe, por ejemplo, en
Economía, para quedar en el ámbito de las Ciencias Sociales.

Debe reconocerse que en las últimas décadas se ha ido acentuando un


proceso de universalización de esta disciplina y que está emergiendo lo que
podríamos llamar una Sociología «mundial» en oposición a las Sociologías
«nacionales» tan características de una etapa previa de su desarrollo, con su
estrecha vinculación a las tradiciones intelectuales y a las peculiaridades
culturales de cada país. Análogamente, es muy difícil, por no decir
imposible, encontrar hoy quien defienda el carácter «culturalista» o
«espiritualista» de la Sociología en los términos tan propios del pensamiento
alemán de fines del siglo pasado y comienzos del actual y que tanta difusión y
aceptación encontró en el mundo de habla hispana. La observación sobre el
terreno apoyada en el uso de una gran variedad de técnicas se ha
transformado ahora en una práctica habitual del investigador social, y de este
modo el alcance de la observación se está extendiendo cada vez más, y
sectores del comportamiento humano, una vez del todo inaccesibles, pueden
ahora ser objeto de un estudio perfectamente ajustado a los más ortodoxos
cánones de la metodología científica. La experimentación stricto sensu que
siempre pareció vedada al sociólogo es ahora posible, por lo menos en ciertas
esferas.

Mientras que en el pasado la regla era el investigador aislado y su


biblioteca, en la actualidad lo normal es el Instituto, con su compleja
organización humana y material, con una concentración considerable de
recursos económicos, y, también, con todas las consecuencias malas y buenas
de la burocratización. El hecho de que ahora este proceso empieza a afectar el
campo de lo que en un tiempo se incluía en las «humanidades», en particular la
Antropología Cultural o Social, la Psicología y la Sociología, sólo pone de
relieve de manera más dramática aún los problemas y los dilemas que el
hombre de ciencia moderno está llamado a enfrentar, cualquiera que sea el
campo específico de su quehacer científico. El libro de Mills refleja los
problemas teóricos, prácticos y morales del proceso de transición que hemos
tratado de sintetizar en las páginas precedentes. Lo hace sobre todo con
respecto a la situación norteamericana y esta circunstancia está lejos de limitar
su validez, pues la Sociología de ese país ofrece un caso que es o puede ser
singularmente sintomático o predictivo del desarrollo de la disciplina en los
demás países.

Es en los Estados Unidos, en efecto, donde la Sociología ha alcanzado su


mayor desarrollo y es también en ese país donde han aparecido los rasgos
señalados. Desde allí y con singular rapidez se los ha visto difundir a muchos
países de Europa occidental, a la mayoría de las nuevas naciones de
África, Oceanía y Asia, para llegar a penetrar por fin en el mundo
socialista, donde hasta hace poco, la Sociología era violentamente rechazada
como «ciencia burguesa». Esta rápida difusión no es fruto del azar, o del
prestigio que acompaña el poder político , sino de manera mucho más
esencial, del hecho que mientras por un lado la emergente sociedad industrial
requiere en todas partes el desarrollo de la investigación científica de la
realidad social, por el otro es precisamente en los Estados Unidos donde se ha
alcanzado el más alto nivel en el campo de la metodología y de las técnicas de
investigación a la vez que el acervo del pensamiento sociológico universal
recibía una elaboración particularmente adecuada para el análisis de la
moderna sociedad industrial. La aguda crítica de Mills al estado actual de la
Sociología en los Estados Unidos debe ser examinada a la luz de las
consideraciones que se acaban de formular. Su significado para el desarrollo
de la Sociología en general, y en particular sus implicaciones para América
Latina pueden acaso sintetizarse en tres preguntas.

¿En qué medida el análisis de Mills es relevante para la situación de la


Sociología en América Latina?

Una postura análoga lo ha llevado acaso a una posición heterodoxa con


respecto a las tendencias imperantes en la Sociología de ese país. Pero resulta
igualmente claro para quien conozca la sociedad norteamericana y a la vez
haya examinado con alguna atención el desarrollo, estado actual y tendencias
visibles que la Sociología presenta en sus centros más avanzados en otros
países que no se trata realmente de defectos inherentes a las nuevas
orientaciones metodológicas y a las exigencias organizativas, sino que reflejan
sobre todo ciertos rasgos de la sociedad norteamericana, rasgos que han
conducido a desarrollos unilaterales y extremos, a la exasperación de actitudes
que, en su expresión más moderada, lejos de resultar perjudiciales o
«deformantes» constituyen un avance necesario en la evolución de la
Sociología como disciplina científica.

Pero los necesarios cambios organizativos pueden llevarse a cabo sin una
pérdida de la indispensable autonomía del científico. Por lo demás, en los
mismos Estados Unidos abundan ejemplos de libertad y autonomía intelectual
y científica en el contexto de estructuras burocráticas, y el hecho que el apoyo
de las fundaciones y de las organizaciones internacionales o del Estado puede
utilizarse sin menoscabo de aquellos valores esenciales para la tarea científica
está siendo comprobado diariamente en países tan distintos como Polonia o
Yugoslavia , Francia, Inglaterra, Alemania y otras naciones europeas. Debe
reconocerse, sin embargo, que el peligro de deformación ideológica que Mills
denuncia con tanto vigor constituye una amenaza constante en el campo del
conocer social en todas partes y no solamente en los Estados Unidos. Las
tendencias especulativas y el irracionalismo filosófico florecido en la estructura
tradicional de la universidad en Alemania constituyó sin duda uno de los
ejemplos más típicos de deformación ideológica, tal como se hizo patente
cuando gran parte de la Sociología alemana se puso desembozadamente al
servicio de la ideología totalitaria.

Detrás de su uso está siempre la necesidad de saber el significado social e


histórico del individuo en la sociedad y el periodo en que tiene su cualidad y su
ser. En suma, a esto se debe que los hombres esperen ahora captar, por
medio de la imaginación sociológica, lo que está ocurriendo en el mundo y
comprender lo que está pasando en ellos mismos como puntos diminutos de
las intersecciones de la biografía y de la historia dentro de la sociedad. En gran
parte, la conciencia que de sí mismo tiene el hombre contemporáneo como de
un extraño por lo menos, si no como de un extranjero permanente, descansa
sobre la comprensión absorta de la relatividad social y del poder transformador
de la historia. La imaginación sociológica es la forma más fértil de esa
conciencia de sí mismo. Por su uso, hombres cuyas mentalidades sólo han
recomido una serie de órbitas limitadas, con frecuencia llegan a tener la
sensación de despertar en una casa con la cual sólo habían supuesto estar
familiarizados. Correcta o incorrectamente, llegan a creer con frecuencia que
ahora pueden proporcionarse a sí mismos recapitulaciones
adecuadas, estimaciones coherentes, orientaciones amplias. La distinción más
fructuosa con que opera la imaginación sociológica es quizás la que hace entre
«las inquietudes personales del medio» y «los problemas públicos de la
estructura social». Esta distinción es un instrumento esencial de la imaginación
sociológica y una característica de toda obra clásica en ciencia social.

Los problemas se relacionan con materias que trascienden del ambiente local
del individuo y del ámbito de su vida interior. Tienen que ver con la
organización de muchos ambientes dentro de las instituciones de una sociedad
histórica en su conjunto, con las maneras en que diferentes medios se imbrican
e interpenetran para formar la estructura más amplia de la vida social e
histórica. Este debate carece con frecuencia de enfoque, porque está en la
naturaleza misma de un problema, a diferencia de lo que ocurre con la
inquietud aún más generalizada, el que no se le pueda definir bien de acuerdo
con los ambientes inmediatos y cotidianos de los hombres corrientes. En
realidad, un problema implica muchas veces una crisis en los dispositivos
institucionales, y con frecuencia implica también lo que los marxistas llaman
«contradicciones» o «antagonismos». Cuando en una ciudad de 100 000
habitantes sólo carece de trabajo un hombre, eso constituye su inquietud
personal, y para aliviarla atendemos propiamente al carácter de aquel
hombre, a sus capacidades y a sus oportunidades inmediatas. Pero cuando en
una nación de 50 millones de trabajadores 15 millones carecen de trabajo, eso
constituye un problema, y no podemos esperar encontrarle solución dentro del
margen de oportunidades abiertas a un solo individuo. Se ha venido abajo la
estructura misma de oportunidades. Tanto el enunciado correcto del problema
como el margen de soluciones posibles nos obliga a considerar las
instituciones económicas y políticas de la sociedad, y no meramente la
situación y el carácter personales de individuos sueltos.

Grandes Teóricos, las concepciones se han convertido verdaderamente en


conceptos. El ejemplo contemporáneo más importante en la sociología
norteamericana es la obra de Talcott Parsons. Aunque Comte y Spencer fueron
los soportes de la ciencia social norteamericana hasta 1914
aproximadamente, y la influencia teórica alemana fue grande, la actitud
empírica fue fundamental en los Estados Unidos desde tiempos tempranos. En
parte se debió esto a haber sido anterior la consagración académica de la
economía y de la ciencia política. Dado esto, en la medida en que es definida
como el estudio de algún sector especial de la sociedad, la sociología se
convierte fácilmente en una especie de trabajador suelto entre las ciencias
sociales ocupado en estudios misceláneos de sobrantes académicos. Hay
estudios de ciudades y de familias, de relaciones raciales y étnicas, y, desde
luego, de «pequeños grupos». El estudio de los hechos contemporáneos
fácilmente puede convertirse en una serie de datos de ambiente sin relación
entre sí y con frecuencia insignificantes. Por otra parte, los sociólogos han
tendido a hacerse especialistas en la técnica de la investigación de casi todo.
Las peculiaridades de la sociología pueden entenderse como deformaciones de
una o más de sus tendencias tradicionales. Pero también sus promesas
pueden entenderse en relación con esas tendencias. En los Estados Unidos se
ha producido actualmente una especie de amalgama helenística que incorpora
diversos elementos y finalidades de las sociologías de las diferentes
sociedades occidentales. El peligro está en que, en medio de tanta abundancia
sociológica, otros científicos sociales se impacienten tanto, y que los
sociólogos.

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