Martin Heidegger
Martin Heidegger
Biografía
Primeros años
En 1915 pronuncia la conferencia El concepto de verdad en la filosofía moderna. Tuvo una breve tentativa
de regresar al sacerdocio, aunque decidió abandonar definitivamente la religión al afirmar que es
incompatible con la filosofía.31
El 31 de julio de 1915 adquiere la capacitación para enseñar, después de haber presentado su tesis de
habilitación dirigida por el profesor neokantiano Heinrich Rickert. Dicha tesis llevó por título Tratado de
las categorías y de la significación en Juan Duns Escoto.32 Su lección inaugural lleva por título El
concepto de tiempo en la ciencia histórica. En otoño de 1916 Heidegger se convierte en asistente personal
de Edmund Husserl y ambos profundizan en la investigación fenomenológica. Sin embargo, entre 1923 y
1927 se aleja de los nuevos trabajos de su maestro, que considera obsoletos tras su giro hacia el
cartesianismo; no obstante sigue admirando las Investigaciones lógicas.33
Reclutado en 1917, es destinado al servicio meteorológico del ejército en Verdún. A partir de 1919 reanudó
sus estudios en Friburgo. Adquirió reputación durante estos años mientras realizaba una crítica a la tradición
filosófica en un trabajo para el profesor Paul Natorp. Es especialmente severo con lo que él denomina
metafísica de la presencia, atribuida a Aristóteles en su Física.34
Este periodo en Friburgo es considerado clave para entender la
filosofía del siglo XX, pues aquí se reunieron como alumnos de
Heidegger figuras tan importantes como Hannah Arendt, Hans-
Georg Gadamer, Max Horkheimer, Hans Jonas, Karl Löwith o
Gerhard Krüger.35
Esta estancia en Marburgo y el contacto con sus nuevos compañeros fueron particularmente positivos para
el joven profesor Heidegger. Allí comenzó a desarrollar su nueva problemática acerca de la pregunta por el
sentido de ser a partir de sus lecturas de Aristóteles. Por otra parte, su trabajo sobre la fenomenología de la
vida religiosa a partir del estudio de Agustín de Hipona, Pablo de Tarso o Martín Lutero le orientará hacia
una concepción del ser humano en la que primará la existencia sobre la esencia.
Entre 1925 y 1930 mantiene una relación secreta con Hannah Arendt, una de sus estudiantes y futura
filósofa de gran reconocimiento.37 38
39
1926 fue el año en el que Heidegger le muestra a Edmund Husserl su manuscrito de Ser y tiempo, su gran
trabajo y que sería publicado al año siguiente.
En 1929 Heidegger tuvo el llamado Debate de Davos con el filósofo neokantiano Ernst Cassirer. Dicha
controversia acabó resultando célebre entre los círculos filosóficos.
En el año 1931 le es ofrecido a Heidegger un puesto en la Universidad de Berlín, que rechazó tras una
discusión. A pesar de que tuvo numerosas ofertas de otras universidades para dar clases a lo largo de su
vida, Heidegger llevó a cabo toda su vida docente en la Universidad de Friburgo. En esta se contaron entre
sus estudiantes más célebres filósofos como Hannah Arendt, Emmanuel Levinas, Günther Anders, Karl
Löwith, Charles Malik, Herbert Marcuse, Ernst Nolte o Hans Jonas.
Los años transcurridos entre 1933 y 1945 fueron para Heidegger también los más prolíficos, tanto en lo que
se refiere a obra publicada como a aquellos textos que no fueron publicados. Además, es durante este
período donde se sitúa el Giro (Kehre) en su filosofía.
La simpatía de Heidegger con el nazimo se empezó a producir a partir de 1930.40 En las elecciones de
1932 votó al partido nazi y se adhirió al mismo al año siguiente. El 21 de abril de 1933 fue elegido rector
de la Universidad de Friburgo, tres meses después de la llegada de Adolf Hitler a la cancillería del Reich.
En una entrevista a Der Spiegel tomada en 1966, Heidegger afirmó que su toma de posesión del rectorado
se produjo tras la salida del antiguo rector Wilhelm von Möllendorf, un socialdemócrata obligado a dimitir y
que le pidió, junto a otros colegas universitarios, que se presentara al cargo para evitar el nombramiento de
algún funcionario nazi.41
Para los historiadores Hugo Ott,42 Bernd Martin,43 y Guillaume Payen44 , así como para otros,
Heidegger trabajó en la reforma que pretendía implementar el Führerprinzip en la universidad alemana.
Formaría así junto con otros como Alfred Bäumler o Ernst Krieck la vanguardia de esta reforma. Karl
Löwitz sostiene por su parte que Heidegger nunca trató de ocultar su fe en Hitler. A pesar de ello, el
filósofo de Messkirch afirmó en la entrevista a Der Spiegel que prohibió los carteles antisemitas que
intentaban colocar algunos estudiantes nazis, así como las manifestaciones contra un profesor judío de la
universidad. De todas formas, según el testimonio de Ernesto Grassi, la quema de libros judíos y marxistas
tuvo lugar en la universidad de Friburgo durante el rectorado de Heidegger, cuando «el fuego crepitó frente
a la biblioteca de la universidad».45 El historiador Raul Hilberg detectó que en 1933 y siguiendo
instrucciones del Ministerio prusiano de Educación, Heidegger puso fin a los subsidios a estudiantes
becados «no arios» en su universidad. Asimismo, extendió el alcance de la ley para la destitución de
funcionarios judíos.46
Heidegger presentó su dimisión como rector el 21 de abril de 1934, un año después de haber accedido al
cargo. Según Ott, esto habría sido tras el desprecio por parte del Ministerio de Educación.47 En uno de sus
Cuadernos negros, Heidegger explica: «Dejo mi cargo a disposición porque ya no es posible ninguna
responsabilidad. ¡Vivan la mediocridad y el ruido!». Tras esta fecha, deja de ser miembro activo de la
administración nacionalsocialista y abandona el partido nazi.48
Los relatos de los estudiantes durante esta época son contradictorios. Algunos ven en Heidegger a un
admirador del nazismo que continúa su propia «revolución espiritual». Mientras tanto, otros lo ven en sus
cursos como una de las pocas escapatorias al pensamiento totalitario nazi. Continuó con la enseñanza hasta
1944, cuando fue requerido como «profesor no indispensable» para los trabajos de excavación a lo largo
del río Rin.48 Durante este período se ocupó de estudiar la filosofía de Nietzsche.
La postguerra (1945-1976)
Orígenes de su pensamiento
Precursores
Martin Heidegger y Jean Beaufret.
El pensamiento de Heidegger es fruto de diversas fuentes: «se trata
de un pensamiento elaborado en gran parte en diálogo con los
antiguos griegos, el pensamiento cristiano, el existencialismo de Kierkegaard y la fenomenología
husserliana, pero también con sus predecesores inmediatos: Dilthey, Brentano, Bergson; las escuelas neo-
kantianas de Bade y de Marburgo así como bebe de algunos de sus contemporáneos como Jaspers o
Scheler y de los avances de la lógica matemática (Russell y Frege)».51
Para las personas interesadas en los trabajos y conferencias del joven Heidegger, la principal dificultad
radica en su contextualización, es decir, en cómo entenderlo desde las discusiones intelectuales de su
tiempo sin leer estos trabajos a la luz de obras posteriores.52
Heidegger rechazó la filosofía dominante de su tiempo, el neokantismo, aparecido a mediados del siglo
XIX y al que reprocha su enorme abstracción. La controversia más célebre en este sentido fue la mantenida
con Ernst Cassirer y que recibió el nombre de Controversia de Davos. Junto al kantismo, Heidegger
también rechazó el cartesianismo y todas las filosofías basadas en las ciencias positivas o subyugadas por
sus métodos: la antropología filosófica, el psicoanálisis y las filosofías de la vida. Además, rechazó de
Husserl la ambición científica de su fenomenología, optando por una fenomenología más orientada hacia la
Hermenéutica y la experiencia concreta de la vida humana, que él denomina facticidad.
Por otra parte, Heidegger fue crítico con los principios de la antropología moderna, especialmente con las
nociones de sujeto, de vida y de persona. A lo largo de su obra posterior, el filósofo alemán mantuvo su
crítica hacia el cogito cartesiano, que según él habría olvidado el sentido de ser del «yo soy».53
El problema de la historia
Al comienzo del siglo XX, los debates más vivos enfrentaban las tesis del neo-kantismo (Heinrich Rickert),
la sociología (Georg Simmel), los filósofos vitalistas (Wilhelm Dilthey, Karl Jaspers) e historiadores
(Oswald Spengler) acerca de la objetividad de las ciencias históricas. Heidegger vuelve la espalda a estas
cuestiones, encontrando superficiales estas disputas, pues las ideas de la sucesión de generaciones, la
compatibilidad o no entre las culturas, los ciclos históricos o el sentido de progreso carecían para él de una
justificación de base. Así, para Heidegger estas ideas se basaban en el prejuicio que suponía que hay una
realidad originaria dada, que se da como una base coherente de hechos históricos. Incluso si esta realidad
fuera suficientemente estable y determinada como para constituir el objeto de una ciencia, él estimó que la
cuestión filosófica principal relativa a todas ellas seguía en suspenso.54
El problema de la teología
La filosofía ella misma en tanto que tal es atea cuando se entiende de forma radical, pues ella
misma tiene por objeto de su cuestión la vida en su facticidad, en tanto que ella se comprende
a sí misma a partir de sus propias posibilidades de hacer.
Heidegger55
Esta afirmación intenta explicar el hecho de que el pensamiento filosófico en sí mismo es ya de por sí un
esfuerzo intelectual humano contrario a conceder autoridad total a lo divino como propósito superior que
supedita al individuo a éste; ya que su esfuerzo es conocer el sentido último de la vida del hombre; su
facticidad en tanto que es, por evidencia, la realidad del ser humano y su existencia en los hechos per se,
con independencia de la razón que suponga defender una doctrina filosófica en particular.
Heidegger reintrodujo la problemática teológica en la filosofía como una forma de crítica a un aspecto
particular de la Metafísica, que él denominó onto-teología. Esta manera de pensar trata la relación entre el
Ser y Dios (como primer principio). Para él, la teología dogmática descansa sobre un fundamento y un
sistema filosófico que no se derivan directamente de los problemas de la creencia.
Para el filósofo Hans-Georg Gadamer, «al comienzo de los años 20 estaba claro que la crítica de Heidegger
a la Teología oficial de la Iglesia católica y romana le llevó a preguntarse cómo una interpretación adecuada
de la fe cristiana era posible. En otros términos, cómo era posible defenderse de la deformación del mensaje
cristiano en la filosofía griega, que se encontraba en la base de la neo-escolástica del siglo XX y de la
Escolástica clásica medieval. El cristianismo primitivo», prosigue Gadamer, «hará que se le muestre la
metafísica como una suerte de ignorancia de la temporalidad y la historicidad originarias que se manifiestan
a través de la fe cristiana»56 ; lo anterior, ya que para el cristianismo la vida natural es sólo una parte de un
entramado que va mucho más allá, y cuyo resultado final es el cumplimiento del propósito divino y en ello,
una vida eterna totalmente trascendente; evidentemente más allá del ámbito de la filosofía general y griega,
específicamente. De ahí que para Heidegger el cristianismo primitivo sea visto como un testimonio
privilegiado contra todas las visiones «tranquilizadoras» de inspiración religiosa católica y filosófica.
Jean-Claude Gens nota que «Heidegger encuentra en la religiosidad cristiana un acceso hacia lo que él
denominó ciencia originaria de la vida fáctica». El reencuentro con los conceptos primitivos de la fe
cristiana, según Gens, «nutrirá la analítica de Ser y tiempo».57
Además, durante los años que pasó en Marburgo, Heidegger sostuvo un diálogo con la teología dialéctica
protestante, especialmente con el teólogo Rudolf Bultmann. Bajo el impulso de una nueva lectura de las
epístolas de Pablo de Tarso, así como de las obras de Lutero y Søren Kierkegaard, Heidegger ejerció a
través de la analítica de Ser y Tiempo una influencia «decisiva» sobre la teología protestante, cuyos
alcances tendrían que ser objeto de estudio aparte.
Fuentes de inspiración
Será necesario, para Heidegger, poner en evidencia el lazo común entre la teoría y la praxis, tarea que
realiza a partir de la concepción del Dasein como cuidado (en alemán, Sorge). El filósofo alemán se apoyó
en el mismo Aristóteles, quien habría en cierto modo delineado esta concepción a través del concepto de la
prudencia o Phronesis.60
Por otro lado, con el apoyo del legado aristotélico,nota 3 el joven profesor en Marburgo pudo innovar en su
interpretación sistemática de los fenómenos fundamentales de la vida fáctica (las maneras de comportarse
del Dasein), que habían sido despreciadas anteriormente. Heidegger traslada estas cuestiones al nivel de
determinaciones categoriales, que serán la base de los futuros existenciales o categorías de la existencia en
Ser y Tiempo.
Fuentes religiosas
Varios autores han señalado la importancia de la religión católica en la gestación del pensamiento
heideggeriano. Para Jean Greisch, la sensibilidad católica de Heidegger le abrió al carácter trágico y
precario de la existencia.62 Gadamer insistió igualmente en la importancia de los orígenes religiosos de su
[Link] 4 Marlène Zarader revela en Heidegger una herencia hebraica que constituiría un lugar
impensado en su filosofía. El privilegio que el filósofo de Messkirch dio en sus primeros cursos a la
fenomenología de la vida religiosa de los primeros cristianos, sugiere Zarader, tuvo como resultado la
ocultación del legado propiamente judío en el pensamiento
occidental.64 A estas fuentes religiosas antiguas se suma la
influencia más contemporánea de Kierkegaard, poniendo el acento
en las tonalidades afectivas y en la comprensión heideggeriana de
los conceptos de angustia, existencia e instante.65
Impulso fenomenológico
El lenguaje y la lógica
«El lenguaje no existe más que allí donde es hablado, es decir, entre los hombres», observa Heidegger
siguiendo a Jean Greisch. Además, añade que el filósofo alemán toma la primera decisión importante al
pasar del lenguaje, cerrado sobre sí mismo, a la palabra viva que se intercambia. La relación del lenguaje
con la existencia es para Heidegger más importante que su confinamiento en las reglas de la Lógica y de la
Gramática. Esto es así hasta el punto de que «la definición de una «esencia del lenguaje» sería tan
problemática como la definición de una "esencia del hombre"».67
Heidegger abandona en este periodo la pretensión husserliana de desarrollar la Fenomenología como una
ciencia rigurosa apoyada en la lógica. Esta pérdida de su carácter científico, en cambio, lleva a la filosofía
en tanto que auto-comprensión de la vida a su rasgo original en tanto que saber preteórico.69
A través de algunos conceptos griegos antiguos como Logos, Aletheia y physis y de la nueva interpretación
de algunos conceptos aristotélicos, Heidegger expone su [Link] 6 Por otra parte, en su
interpretación del pensamiento griego, Heidegger se apropia de ciertas determinaciones conceptuales
aristotélicas y las transforma e integra en el marco de su analítica de la existencia.71
Innovación semántica
Heidegger, para volcar mejor su pensamiento en palabras, innova notoriamente con el lenguaje. De este
modo, en sus textos tiende a desviar palabras comunes de su significado habitual, desplaza el sentido de
algunas etimologías (como Alétheia o Dasein), o fuerza algunas construcciones gramaticales para formar
neologismos.
Esta innovación, que constituye por otro lado un freno para su comprensión, ha causado diversas
polémicas. En todos los idiomas, la traducción implica tomar una decisión entre usar un término común
para explicar el concepto, utilizar una traducción literal de la palabra alemana o inventar un neologismo. En
Francia, la traducción de Ser y tiempo de Vezin generó una intensa polémica. En España, también ha sido
extensa la cuestión acerca de la traducción. Así, mientras que en general se puede decir que la traducción de
José Gaos se ciñe más al texto literal, se ha mencionado también que eso la hace especialmente difícil de
comprender frente a la de Jorge Eduardo Rivera C.72 73
Pensar y no filosofar
El propio Heidegger insistió varias veces en que «no hay filosofía de Heidegger», expresando a menudo su
preferencia por el nombre de «camino del pensamiento» (en alemán, Denkweg).
Heidegger se opone al pensamiento tradicional que trata de explicar las cosas a través de causas. En su
lugar, opta por el «venir y dar la bienvenida», el «dejar ser» (Sein-lassen). Hadrien France-Lanord señala
que cuando trata con el concepto de metafísica, el trabajo de Heidegger «puede comprenderse como una
larga labor de abandono» con el fin de dejar que el fenómeno se muestre en su manera singular.74 A
diferencia de sus predecesores, él dio, bajo el nombre de Erörterung, un lugar concreto para aquello
informulado que siempre se reserva y funda la unidad del texto o del pensamiento.75 Heidegger también
destaca de sus predecesores en que él formula una «verdadera búsqueda de lo no pensado» a lo largo de
sus estudios.
Por otro lado, el mismo Heidegger consideró que «el filosofar es el extraordinario preguntar por lo
extraordinario». De esta manera, la filosofía «no se halla en el camino que transitamos» y «tampoco reside
en el círculo de los modos del cuidar o satisfacer necesidades dominantes. Está fuera de lo ordinario».76
De ahí que Heidegger recurra a otra frase de Nietzsche: «El filósofo es un hombre que constantemente
vive, ve, oye, sospecha, espera y sueña... cosas extraordinarias».77
La deconstrucción
Si, tal como dice Heidegger, la pregunta por el «sentido de ser» fue olvidada después de los griegos, queda
por desentrañar otra cuestión relativa a la naturaleza y la solidez de fondo de las afirmaciones ontológicas
que dominan el pensamiento filosófico desde entonces. Así, ¿en qué tipo de evidencia se basa la idea de
«ser» cuando se determina como «presencia subyacente permanente»? Para Heidegger, siguiendo a
Christian Dubois, «este olvido significa la permanencia incuestionada de un fondo de conceptos
ontológicos». Todo preguntar filosófico posterior a este olvido dejará entonces una filosofía subterránea,
orientada previamente por un sentido que parece evidente y que no lo es en absoluto. De ahí que sea
necesario sacar a la luz este fundamento que en el fondo poco tiene de evidente. Este es entonces el trabajo
de deconstrucción (en alemán, Destruktion) de la tradición, que Heidegger entiende como un desmontaje
de piezas.78
Ser y tiempo
Ser y tiempo es el primer resultado del pensamiento de Heidegger y es considerada como una de las
mayores obras de la Filosofía, hasta el punto de que ha sido comparado con la Metafísica de
Aristó[Link] 7 Sin embargo, es solamente la primera parte de un proyecto que no llegó a terminarse.
Este proyecto partía como la búsqueda del sentido temporal del Ser. Se trataba de buscar un fundamento
sólido para la exploración del sentido unitario del Ser que Aristóteles había eludido al concluir que la
polisemia del concepto era inabarcable. Heidegger trata de desvelar este sentido unitario a partir de la
temporalidad del ser en cuestión, el Dasein. Ya no se define al ser humano como una naturaleza, una
esencia invariable y universal, sino como un poder-ser. La existencia demuestra su prioridad sobre la
esencia con la célebre fórmula del §9 de Ser y tiempo: «la esencia del Dasein reside en su existencia».80
Pero tal como indicó el propio autor, este intento resultó en un fracaso.81 La tercera sección de la primera
parte, Tiempo y ser, y toda la segunda parte de la obra nunca llegaron a escribirse. De este fracaso obtiene
Heidegger la convicción de que la metafísica es incapaz de atender a su propia verdad, a saber, la diferencia
entre ente y [Link] 8
No obstante, según fue entregada y leída esta obra, marcó por su novedad un importante giro en la filosofía
occidental, según Lévinas. Se encuentran en él varios conceptos nuevos relevantes para la historia de la
filosofía, tales como Dasein, con sus respectivos modos o formas bajo los cuales aparece este Dasein en lo
cotidiano: Mundo y mundaneidad, ser-en-el-mundo, ser-para-la-muerte, ser-eyectado.
El problema de la conjunción del ser y el tiempo fue abordado de nuevo por Heidegger posteriormente, en
su conferencia de 1962 Tiempo y ser. Ahí «Heidegger ya no parte de una aclaración del sentido de ser [···]
sino simplemente de la caracterización del ser como Anwesen, presencia que atraviesa toda la tradición
occidental».83
De su lectura de la tesis de Brentano, Sobre la múltiple significación del ente en Aristóteles, el joven
Heidegger había retenido el hecho de que para Aristóteles «el ser se dice de muchas maneras», aunque
Brentano habría olvidado que, aparte de su sentido categorial, también estaban los de la posilidad,
actualidad, propiedad y posibilidad.84
Alain Boutot ha señalado que «la obra heideggeriana está atravesada por entero por una sola y misma
cuestión que le confiere su unidad fundamental: la pregunta por el ser», la Seinsfrage en alemán.85 En
efecto, subraya Boutot, si el ser, como dice Aristóteles, se dice de muchas maneras, ¿cuál es la
determinación «unitaria» del ser que rige todas sus significaciones? ¿qué significa ser? Esta pregunta
todavía había guiado las obras de Platón y de Aristóteles, pero con ellos se extinguió toda investigación real
acerca de la misma. Los filósofos posteriores habrían proseguido en la línea de las determinaciones
ontológicas que estos dos pensadores habrían descubierto.
A partir de entonces, la historia de la filosofía occidental aparece
como historia de la metafísica, como la historia del olvido del ser y
de la diferencia entre el ser y el ente.86
La cuestión de la existencia
Tal como explica Marlène Zarader, «el Dasein no puede ser definido ni por aquello que es, ni por su
naturaleza ni por su manera de ser. Tiene una manera específica de ser que es llamada existencia».92 Por lo
tanto, el lugar de la llamada ontología fundamental será ocupado por el análisis de la existencia del Dasein
o, dicho de otro modo, la vida de los seres humanos. En este análisis espera Heidegger encontrar la base
metafísica buscada, «preparatoria para la pregunta por el sentido de ser» y le llevará a desarrollar un nuevo
concepto, el de ser-en-el-mundo.93
El ser-en-el-mundo se presenta como una estructura compleja en movimiento. En efecto, siempre que se
trata de buscar una caracterización del ser humano se busca su relación con una exterioridad. Pero dado que
el ser humano es un ser-en-el-mundo, no es posible pensarlo sin el mundo.94 nota 9 Así pues, Heidegger
intenta unificar estos múltiples momentos en lo que él denomina cuidado (en alemán, Sorge).
Con el concepto de Dasein, Heidegger trata de tematizar al ser humano que somos nosotros mismos, a
través de la determinación más esencial, a saber, «el ser que comprende al ser».98 El ser de este ente va
revelando su creciente complejidad a lo largo de la analítica existencial que se realiza en Ser y tiempo. En el
núcleo de este análisis se expone en un comienzo la estructura fundamental del ser-en-el-mundo en sus
diferentes modos: ser-arrojado, ser-para-la-muerte, etc.
A partir de Ser y tiempo Heidegger rechaza la noción del mundo como totalidad objetiva de entes o
contenedor en el que están todos los objetos. En cambio, el mundo es entendido como la manera de ser que
es propia del ser humano como Dasein, como mundaneidad. Esta mundaneidad expresa, para Heidegger,
aquella característica que hace que el mundo sea mundo.
Ya desde Ser y tiempo Heidegger interroga acerca de un concepto clave de la historia de la metafísica, la
verdad. En los textos de Aristóteles esta era definida como una adecuación entre la idea y la cosa. Esta
definición se prestó a lo largo de la historia de la filosofía occidental a distintas variaciones, pero siempre en
torno a la misma relación. Sin embargo, Heidegger empieza a llevar a cabo un análisis de los textos de la
filosofía presocrática. Concretamente, se centra en el concepto de alétheia (αλήθεια), término usado por
estos filósofos para referirse a la verdad. Encuentra que este concepto no hacía entonces referencia a una
relación, sino a la expresión del surgimiento de una privación. En efecto, en griego clásico, el término
«alétheia» se forma al añadir una «a» privativa al término «lethé».99 Una mutación de esta concepción de
la verdad se produjo con la determinación platónica del ser como idea, tildada por Heidegger como
«catástrofe».100
Tras el fracaso que supuso Ser y tiempo y el episodio del rectorado de 1933, se afirma de nuevo la
necesidad de ir «más allá de la metafísica».nota 11 La problemática del sentido de ser va a ir dejando lugar
al problema de la «verdad del ser», cuyo desvelo irá acaparando cada vez más los esfuerzos del filósofo.
En cuanto a la idea del «nuevo comienzo», no hay que entenderla en el sentido cronológico o como un
comienzo que sucede a otros comienzos en una cadena causal. Heidegger no apunta hacia una filosofía de
la historia que pueda señalar algún progreso ni algún declive, pues todo eso pertenece a la metafísica y su
necesidad de «calculabilidad».103 El nuevo comienzo tendría su origen en el origen mismo, permitiendo
escuchar la dinámica oculta en la historia del ser. Se trata de dar la vuelta para poder encontrar otros
caminos posibles del pensamiento a partir de la repetición.
En sus últimos trabajos, Heidegger se impuso la tarea de descubrir los fundamentos metafísicos de la
modernidad. El estudio de estos fundamentos implicaba «abordar el recuerdo interrogativo de la larga
historia de la metafísica» y dar un paso por debajo de la técnica, que sería para Heidegger una «figura de la
metafísica que rige nuestro presente y planifica nuestro futuro».104
Tal como explica Alain Boutot, «el fenómeno fundamental de los tiempos modernos no es para Heidegger
la ciencia, sino la técnica, para la cual la ciencia no es sino una de sus múltiples facetas». Para Heidegger, la
técnica moderna no se limita a su sentido trivial, que sería la puesta en marcha de procedimientos para
obtener un resultado determinado. Más aún, la técnica sería un desvelamiento en virtud del cual la
naturaleza se pone en marcha para liberar una energía.105 La técnica iría en paralelo a la universalización
del pensamiento calculador, «que planifica todo lo que es y que desde el principio concibió a la naturaleza
como un gran mecanismo».101 De esta manera, la técnica entonces no tiene un sentido solo tecnológico,
sino que posee también una significación ontológica, que caracteriza el tipo de relación que se establece
entre el ser humano moderno y el mundo de su entorno.105
Un humanismo extraño
En sus obras de madurez, Heidegger inaugura un humanismo del habitar, en una especie de retorno al
ethos clásico (en griego, ἦθος) que opone al humanismo tradicional que pregunta por la esencia del
hombre. En cambio, la pregunta por el ser humano «va a brillar por su ausencia». El propio Heidegger
calificó este humanismo como «una extraña suerte de humanismo»
(en alemán, ein Humanismus seltsamer Art). 107
El hombre errante
En su libro Introducción a la Metafísica, publicado en 1953, Heidegger sostiene que el ser humano se
encuentra por esencia Unheimlich, es decir, sin hogar o sin abrigo, indefenso y arrojado a las inclemencias
del ser.110 Heidegger habría llegado a esta tesis tras haber leído a Sófocles, en especial Edipo rey. Esta
interpretación es retomada con fuerza en la Carta sobre el humanismo.108 Boutot por su parte indica que,
para Heidegger, «el errar no puede atribuirse a la falibilidad humana o a la carencia de atención [···] la
ocultación pertenece a la esencia originaria de la verdad».111
En El origen de la obra de arte (en alemán, Der Ursprung des Kunstwerkes), Heidegger relaciona la
esencia del arte a la del ser. Heidegger le da la vuelta al enfoque tradicional de la Estética que se centra en
el gusto, que «no aparece más que con la metafísica y precisamente con Platón».112 También insiste
Heidegger en la necesidad de «deshacernos [···] de los conceptos platónicos y aristotélicos que, desde el
fondo de una larga historia, dirigen el acercamiento a las obras y su precomprensión».113 La destrucción
de los presupuestos de la Estética, que trata de acceder a la obra de arte para considerarla desde ella misma,
es parte de la destrucción de la historia de la ontología.
Para Heidegger, «la ciencia estética no atiende a lo propio del arte, porque [···] la obra de arte nunca
presenta nada, por la simple razón de que no tiene nada que presentar».114 Así, el filósofo alemán propone
una nueva forma de abrir lo artístico. La obra de arte se convierte de este modo en un poder que instala un
mundo. La verdad del ser que se expresa allí ya no es producido por el conocimiento humano, sino por la
alétheia, por la revelación.
La poesía de Hölderlin
A partir de los años 1930 y hasta el final de su vida, Heidegger dedicó numerosos estudios y trabajos a la
poesía y, en concreto, a la obra de Friedrich Hölderlin. El filósofo considera al poeta alemán como «el
poeta de los poetas y de la poesía» («der Dichter des Dichters und der Dichtung», en alemán) e incluso «el
poeta de los alemanes». Además, como resulta «difícil» y «arcano» («Verborgene»), su poder no se ha
convertido en el poder del pueblo alemán y «como no lo es, debe llegar a serlo».115
Hablar de Hölderlin es para Heidegger hablar de política en su significado más alto, porque «los poetas
crean el lenguaje».116
A este reproche, Heidegger responderá que el ego trascendental de su maestro no es más que un
«subjetivismo trascendental» y que solamente él, al retomar la pregunta por el ser que llevaba tanto tiempo
abandonada, pudo salir de la perspectiva antropológica que impregna todo el pensamiento filosófico desde
Descartes. Heidegger utilizará este mismo argumento frente a quienes quieran situarlo junto a la filosofía de
la existencia (die Existenzphilosophie) al lado de Kierkegaard, Jaspers y Sartre.120
Por otra parte, Heidegger recalcó en una carta a Husserl las diferencias filosóficas que lo separaron del
pensamiento de su maestro a partir de 1927:
Dicho de otro modo y siguiendo a Heidegger, la investigación fenomenológica no debería tratar tanto de las
experiencias de la conciencia como del ser para el que se puede hablar de tales experiencias, y que por lo
tanto es capaz de fenomenalizar lo existente.
Ya desde 1928 en su libro Los grados de lo orgánico y el hombre, Helmuth Plessner se desmarcó
explícitamente de la analítica del Dasein propuesta por Heidegger, al considerar que esta excluía la vida en
favor de la existencia.121 La raíz de la polémica procedía del debate dado a principios del siglo XX en
torno a la posibilidad de la existencia de una «antropología científica» que pudiera aclarar todas las
determinaciones de la existencia humana. Plessner, basándose en los trabajos de la biología de su época,
considera que hay naturalidad en la capacidad del hombre para transformar su entorno en un entorno
cultural. Plessner argumenta que «la vida contiene una de sus posibilidades, la existencia», y que no hay un
profundo desacuerdo en el análisis del Dasein sobre este punto dado por sentado de la primacía de la vida.
Plessner amplía posteriormente su crítica y subraya el carácter ahistórico de la analítica existencial, con las
consecuencias que esto conlleva. Para Plessner, Heidegger solo estaría proponiendo definiciones
«neutrales» de la existencia humana, a partir de las cuales no se puede elaborar ningún análisis político ni
tomar ninguna decisión respecto a una coyuntura histórica o política. Añade Plessner que la esencia del
hombre no existe ni cabe en ninguna definición, porque está llamado a determinarse a sí mismo en la
historia, históricamente y según las situaciones en las que se convierte en lo que ha decidido ser. Siguiendo
con este razonamiento, el ser humano no podría estar contenido en «ninguna definición neutral de una
situación neutral». En 1931 y tras el avance de los nacionalsocialistas en las elecciones de 1930 escribe
Poder y naturaleza humana. En esta obra, insta a la filosofía a despertar de su sueño y a dejar de creer que
puede captar el «fundamento» del hombre. Aplica un concepto de historicidad que le lleva a creer que hay
que aventurarse en el ámbito de la política y asumir la responsabilidad de enfrentar sus peligros.
Según Plessner, la política funciona de una forma «maquiavélica» como «el arte del momento favorable, de
la oportunidad favorable», aquello que los griegos llamaban kairós. Por lo tanto, en 1931 el imperativo del
filósofo sería captar la dimensión política que construye al ser humano, con la pertenencia a un pueblo
como rasgo distintivo y con la respectiva importancia de la nacionalidad (Volkstum, en alemán). Otra crítica
dirigida por Plessner a Heidegger es que queda descuidada la nacionalidad, base de todos los problemas
políticos de un pueblo. El hombre solo existiría en el horizonte de su pueblo. Según Plessner, la filosofía de
la autenticidad no hace más que ampliar la brecha, tradicional en Alemania, entre «una esfera privada de
salvación del alma y una esfera pública de poder». Heidegger estaría promoviendo así la indiferencia en la
política.
Ernst Cassirer tuvo la intención de darle otra vuelta de tuerca al enfoque kantiano. El filósofo de
Königsberg estaba especialmente interesado en la capacidad y los límites de la «razón pura». Sin embargo,
nuestro conocimiento proviene también de otras formas como el lenguaje, el mito o el arte, que Cassirer
agrupa bajo la denominación de «formas simbólicas». Por ejemplo, para el ser humano, el agua es también
una idea y un término que remite a otras palabras: la frescura, la pureza, el mar, la vida, etc. A su vez,
mientras que la serpiente es para el ratón una amenaza mortal, para el ser humano pone en juego más
elementos que esos. Evoca también el veneno o la tentación, por ejemplo. Según Cassirer, es a través de
estos juegos y correspondencias como los mitos y la poesía funcionan. El símbolo, según el filósofo
neokantiano, abre el pensamiento humano a la creatividad y a la libertad sin fin, estableciendo así la
frontera entre el ser humano y el animal.
Por su parte, Heidegger mantenía una concepción más ruda del ser del hombre, en tanto que lo entendía
como un ser-arrojado y un ser-para-la-muerte inmerso en el tiempo, luchando con su libertad, su finitud y
su muerte. De ahí que se diera este debate sobre la naturaleza del ser humano, sobre si el pensamiento
puede reducirse al lenguaje y a las formas simbólicas de Cassirer; o si más bien está anclado en la imagen y
percepción del tiempo, tal como pensaba Heidegger.123
En 1931, Rudolf Carnap tomó las ideas desarrolladas por Wittgenstein en su Tractatus logico-philosophicus
para examinar Ser y tiempo. Desde esta óptica, llegó a la conclusión de que en muchos casos se trataba de
afirmaciones sin sentido, una pseudopropuesta «que sólo contiene palabras con significado, pero dispuestas
de tal manera que no resulta de ellas ningún significado». Esta polémica dará lugar a una oposición
duradera entre Heidegger y Carnap. Hasta 1964, Heidegger todavía hablaba de «dos posiciones de
antagonismo extremo» en la filosofía contemporánea.124
Finalmente, desde la prioridad que le otorga a la ética sobre la ontología fundamental, Lévinas atribuye a lo
que él llama «responsabilidad por los demás» el papel impulsor en la constitución del sujeto autónomo y en
el nacimiento de la conciencia de sí mismo que está desde el principio «en deuda». Heidegger habría
confiado este papel en primer lugar a la anticipación de su muerte por el Dasein.
Michel Henry le recriminó a Heidegger la manera en que utilizó el pensamiento de Descartes. Para Henry,
el filósofo alemán habría distorsionado en Nietzsche II el significado del cogito al asimilar el cogitare y el
percipere, reduciendo lo representado a un ser disponible frente a uno mismo. Esta reducción habría
permitido a Heidegger continuar su argumento sobre el camino de la metafísica hacia la primacía absoluta
de la subjetividad.128
Hans-Georg Gadamer
Hans-Georg Gadamer fue un filósofo célebre, discípulo y amigo
personal de Heidegger. En Los caminos de Heidegger ofrece un
testimonio excepcional sobre el pensamiento de su maestro, así
como un diálogo con el mismo lleno de dudas y con
confrontaciones de alto nivel.
Paul Ricoeur
Notoriedad e influencia
A propósito de Heidegger, Gadamer hablará de una sucesión de pensamientos y caminos nuevos,
ejerciendo una influencia «sofocante» sobre la filosofía europea del siglo XX.131 Además, entre el
alumnado de Martin Heidegger se incluyeron personalidades tan relevantes en la filosofía como Hannah
Arendt, Leo Strauss, Emmanuel Levinas, Jean Wahl, Hans Jonas, Herbert Marcuse, Max Horkheimer,
Oscar Becker, Walter Biemel, Karl Löwith, Hans-Georg Gadamer, Eugen Fink, Jan Patočka o Peter
Sloterdijk.
Ha sido ampliamente reconocida la importancia que tuvo Heidegger en corrientes como la Fenomenología
o la Filosofía posmoderna. Numerosos filósofos y filósofas de renombre en Europa recibieron la influencia
del pensamiento y la obra de Heidegger. En Italia es el caso de Giorgio Agamben, Gianni Vattimo,
Massimo Cacciari y Ernesto Grassi entre otros. En Alemania, Ernst Tugendhat y Peter Sloterdijk; en
España se encuentran José Ortega y Gasset, Xavier Zubiri y Julián Marías; en Grecia Kostas Axelos; en
Rumanía Alexandru Dragomir. En los Estados Unidos y Canadá son igualmente numerosos los pensadores
que, como Stanley Cavell, Richard Rorty y Charles Taylor, se han referido a Heidegger y han reconocido
su influencia. Emmanuel Lévinas hablaba en este sentido de que todo investigador contemporáneo tiene
con Heidegger «una deuda que se le reconoce, en muchas ocasiones, a disgusto».132 En otro sentido, la
«presencia permanente de Heidegger en la filosofía contemporánea es», para Rodríguez García, «uno de
los rasgos más admirables y enigmáticos de su figura».133
La recepción de la obra heideggeriana en la filosofía analítica ha sido, sin embargo, diferente. Los
contemporáneos analíticos de Heidegger consideraron que tanto el contenido como el estilo de Ser y tiempo
como la peor manera de hacer filosofí[Link] 14 No obstante, también hubo algunos filósofos analíticos que
mostraron una opinión favorable acerca de Heidegger. Es el caso de Gilbert Ryle, quien afirmó que
Por otro lado, algunos de los grandes nombres de esta corriente han sido influenciados por Heidegger,
como por ejemplo Richard Rorty.
A las traducciones e influencias de los exiliados, pudieron sumarse las de jóvenes hispanoamericanos que
pudieron asistir a los cursos de Heidegger en Alemania. Entre estos se produjeron principalmente dos
lecturas de la obra del filósofo alemán. La primera de ellas era la lectura existencialista, pregnante entre
Carlos Astrada, José Salas Subirat, Leopoldo Zea o Humberto Piñera Llera. Un segundo tipo de lectura
estaba constituida por un mayor eclecticismo, aceptando algunas ideas y rechazando otras. Esto derivó en
dos vertientes, entre quienes tomaron a Heidegger para «reelaborar un pensamiento católico», como
Wagner de Reyna u Oswaldo Robles; y quienes quisieron comenzar una filosofía del «ser
latinoamericano», como Samuel Ramos o José Romano Muñoz.139
También existió cierto rechazo a las ideas del filósofo alemán. Parte de este rechazo se sustentó en la actitud
política de Heidegger durante los años 30. Este rechazo se plasmó en trabajos como los de José
Vasconcelos o Víctor Farías. También se produjo cierto rechazo a partir de argumentos filosóficos de corte
neokantiano, presentes en filósofos como Francisco Romero, Francisco Larroyo o Antonio Gómez
Robledo.140
Por otro lado, a su llegada y recepción en España, la obra de Heidegger encontró una crítica feroz entre los
filósofos de corte marxista, sobre todo a través de la figura de Manuel Sacristán. Este dedicó una tesis
doctoral a la crítica de Heidegger, considerando al filósofo de Messkirch y su obra como sendos ataques al
racionalismo.141 En paralelo en la filosofía latinoamericana, a partir de los años 1950 el efecto de la
Revolución cubana se hizo notar con el auge del marxismo. Este pregnó aquí sobre todo en la llamada
Filosofía de la Liberación que, en general y junto con el neomarxismo, rechazó las filosofías de Heidegger
y el joven Sartre como filosofías burguesas. No obstante, esta tendencia fue declinando posteriormente.142
En Japón la obra de Heidegger era ya conocida en 1924, cuando se realizan los primeros comentarios
acerca de sus trabajos. Muchos estudiantes de Kitarō Nishida y de la Escuela de Kioto acudieron en esta
época a Alemania para formarse, llegando a conocer así la fenomenología, ya sea trabajando con Husserl o
directamente con Heidegger. Este fue el caso de Tokuryu Yamanouchi, que en 1921 tras volver a Japón fue
el primero en introducir el concepto de fenomenología en su país.
Hajime Tanabe, por su parte, llegó a Alemania en 1922 y, tras
haber trabajado con Alois Riehl, se unió a Husserl en Friburgo y
allí conoció a Heidegger, a quien consideró hasta el final de su vida
como el mayor filósofo desde Hegel. Kiyoshi Miki, quién también
acudió al país germánico en 1922, investigó primero junto a
Heinrich Rickert y se trasladó a Marburgo en 1924. Allí compartió
numerosas conversaciones con Heidegger. El primer libro de
Hiyoshi Miki, publicado en Japón un año antes que Ser y tiempo,
ya contiene muchas nociones de la idea del Dasein y de los análisis
de Heidegger del ser-para-la-muerte. Otro de los filósofos
japoneses influidos por los trabajos y los diálogos con Heidegger es
Keiji Nishitani.
Entre los japoneses que han estudiado de cerca la obra del filósofo
de Messkirch se encuentra Tetsurō Watsuji, quien en 1930 publicó
una crítica del Dasein en la que reprochaba a Heidegger haber
Heidegger fue una gran influencia en
considerado solo el tiempo, dejando de lado el espacio. Puede
la filosofía japonesa. Filósofos
explicarse la receptividad de la filosofía japonesa a la obra de japoneses como Hajime Tanabe y
Heidegger debido a que este último siempre se mostró abierto a
Keiji Nishitani estudiaron con él
modelos de pensamiento distintos de los de la filosofía occidental, durante varios años. La obra
que consideraba eurocéntrica.146 conmemorativa de la ciudad de
Messkirch Japón y Heidegger recoge
importantes documentos sobre esta
Recepción en los Estados Unidos relación.
La primera traducción al inglés de Ser y tiempo data de 1962. En su guía de lectura del libro, William
Blattner sostiene que los primeros lectores anglófonos descubrieron a Heidegger tras la Segunda Guerra
Mundial a través de la lectura de Sartre, cuando era fuerte en su obra la influencia de Ser y tiempo; solo
mucho más tarde harían una lectura autónoma de este libro, lo que llevaría a los lectores estadounidenses a
analizar el contenido de Ser y tiempo de forma diferente.148
Heidegger y el nazismo
Heidegger fue miembro del Partido nazi entre 1933 y 1944, aunque al
cabo de apenas unos meses se retiró de toda actividad política.150 El
grado de implicación de Heidegger en el Tercer Reich y la influencia de
las teorías nazis en su pensamiento fueron objeto de numerosos debates y
polémicas. Estos marcaron la importancia atribuida al pensador alemán
dentro de la Filosofía. Por otro lado, entre los especialistas, la relación de
Heidegger con el nazismo ha sido un tema de discusión en el cual no
existe el consenso. Se formaron dos grupos opuestos en estos debates:
La filósofa alemana Hannah
sus defensores: Hannah Arendt, Walter Biemel, Otto Pöggeler,
Arendt.
Jan Patočka, Jean Beaufret, Marcel Conche, Jean-Luc Nancy,
Julian Young, Jean-Claude Gens, Silvio Vietta, François
Fédier o Pascal David;
sus detractores:Jürgen Habermas, Theodor W. Adorno, Hans Jonas, Karl Löwith, Michel
Onfray, Pierre Bourdieu, Maurice Blanchot, Emmanuel Levinas, Richard Rorty, Luc Ferry,
Alain Renaut, Víctor Farías, Emmanuel Faye, Dionys Mascolo, Jacques Derrida, Jean-
François Lyotard, Philippe Lacoue-Labarthe, Walter Benjamin, Mehdi Belhaj Kacem o
François Guéry.
También ha habido historiadores que, sin querer atacarlo o defenderlo directamente, han estado interesados
en la relación de Heidegger con el nazismo. Es el caso de Raul Hilberg,151 Hugo Ott,152 Bernd
Martin,153 Domenico Losurdo154 o Guillaume Payen.155 Para este último, «el mayor problema
historiográfico» no es si Heidegger era nazi, sino más bien qué es aquello que el nazismo de este filósofo
nos permite entender sobre el nazismo en general. Heidegger es interesante para estudiar la fuerza de
adhesión del NSDAP y sus resortes, partiendo de una aparente paradoja: ¿por qué un filósofo tan sutil y
exigente fue subyugado por un movimiento populista y anti-intelectualista que no se dirigía a sus
semejantes sino a los plebeyos intelectuales?156
Creía que Hitler, después de asumir la responsabilidad de todo el pueblo en 1933, se atrevería a
romper con el Partido y su doctrina, y que todo se reuniría en el campo de la renovación y de la
responsabilidad de Occidente. Esta convicción fue un error del que me percaté con los eventos del
30 de junio de 1934. En 1933 yo había intervenido para decir sí a lo nacional y social (y no al
nacionalismo) y no a los fundamentos intelectuales y metafísicos en los que se basaba la biología
de la doctrina del Partido, porque lo social y lo nacional, tal como yo los veía, no estaban
esencialmente ligados a una ideología biologicista y racista.
—Heideggernota 16
En 2005 se publica el ensayo de Emmanuel Faye Heidegger: la introducción del nazismo en la filosofía,
donde pretende abrir nuevas perspectivas de investigación que permitan cuestionar las explicaciones de
Heidegger sobre su implicación política. Faye utiliza numerosos extractos de sus seminarios inéditos entre
1933 y 1935 para intentar demostrar el nazismo de Heidegger. Este trabajo generó una intensa polémica y
numerosos artículos de respuesta. Para Faye, la visión humanista y existencialista de Heidegger habría
contribuido a enmascarar la ideología política de Heidegger que, de manera críptica, estaría impregnando
toda su filosofía.150
Por su parte, los defensores de Heidegger denunciaron estos análisis como interpretaciones erróneas y
sesgadas de su filosofía, que habría llegado incluso a constituir una forma de «resistencia espiritual» al
nazismo.157
Para Donatella Di Cesare «la novedad en los Cuadernos negros es que el antisemitismo posee relevancia
filosófica y se inscribe en la historia del Ser».159 Del mismo modo, para Juan José Garrido Periñán, desde
la publicación de los cuadernos se hace «imposible pensar a Heidegger como alguien ajeno al nazismo y la
ideología antisemita».160 Para Santiago Navajas, en «los Cuadernos negros, [se] decanta finalmente la
balanza del lado de los que argumentaban que lo peor del nazismo estaba en el núcleo de la filosofía de
Heidegger»,161 agregando que además existe una «dimensión antisemita» en la metafísica alemana.162
Los pasajes explícitamente racistas de los Cuadernos negros de Heidegger se presentan como
descuidos en el interior de un discurso totalmente codificado, pero que sin embargo son
susceptibles de ser comprendidos a la luz del contexto histórico. En este sentido, un punto de
vista que atienda al contexto histórico en su vertiente cultural e ideológica, pone de manifiesto
hasta qué punto es insostenible la tesis según la cual Heidegger se habría distanciado
paulatinamente del nacionalsocialismo.163
Sidonie Kellerer, 2014
En estos pasajes, el judaísmo (Judentum) es caracterizado por «un don particularmente acentuado para el
cálculo», así como por la «ausencia de suelo» (Bodenlosigkeit). Peter Trawny, editor de los Cuadernos, ve
estas observaciones como «un tipo de antisemitismo» al que Heidegger da «una interpretación filosófica
terriblemente avanzada», con el judío apareciendo como «el sujeto calculador, sin mundo, dominado por la
maquinación».164 .
Dos en concreto son las frases que han sido utilizadas para señalar la postura antisemita de Heidegger.
Extraídas de la traducción al inglés, son las siguientes:165
“One of the most secret forms of the gigantic, and perhaps the oldest, is the tenacious
skillfulness in calculating, hustling, and intermingling through which the worldlessness of
Jewry is grounded” “To appropriate ‘culture’ as a means of power and thus to assert oneself
and affect a superiority is at bottom Jewish behavior. What follows from this for cultural
politics as such?”nota 17
Sin embargo, el traductor del texto al inglés, Richard Polt, mencionó que la traducción de dichas frases es
muy ambigua y que no hay que tomarlas, por lo tanto, como «palabra sagrada», pues es complicado
determinar lo que quieran decir. Por su parte, el filósofo francés Jean Baudrillard, afirmó que es improbable
que nadie llegue nunca a tener claro qué quiso decir Heidegger.165
Contra la lectura de Trawny, François Fédier responde que «se equivoca al considerar el análisis de
Heidegger como antisemita», así como que Heidegger solo vería al judaísmo «como la primera víctima».
Según Fédier, lo que se hace pasar como «declaraciones antisemitas» de Heidegger ni siquiera tratarían
sobre los judíos. Más bien servirían de denuncia encubierta de la ideología nazi.166
Hadrien France-Lanord cree que en otros pasajes de los mismos Cuadernos negros Heidegger «condena
sin equívoco el antisemitismo», que a su vez considera «estúpido y reprobable». No obstante, también tiene
en cuenta que «los antiguos prejuicios antisemitas se mezclan en los Cuadernos negros con una escasez de
pensamiento y deben ser cuestionados; pero no pueden, sin una deshonestidad indecente, transformarse en
lo que no son: declaraciones discriminatorias por motivos raciales».158 Según Étienne Pinat, la
descontextualización de estos pasajes abre un debate entre la negación absoluta del antisemitismo de
Heidegger y la reducción de su pensamiento a dicho antisemitismo, posturas en las que se encontrarían
respectivamente François Fédier y Emmanuel Faye. Ante esto, podría evitarse el maniqueísmo que no
suponga que toda la historia del ser sea antisemita como tal, en busca de un camino intermedio entre ambas
posturas.167
Obras
Bibliografía heideggeriana
Notas
o, en otros términos, cómo era posible
1. Aunque nunca citó a Heidegger, el mismo defenderse contra la deformación del
Foucault declaró poco antes de su muerte
mensaje cristiano por la filosofía griega».63
que su lectura había tenido una influencia
5. En esto Heidegger había sido precedido
decisiva para él.12
por Dilthey, historiador y sociólogo «quien
2. Lacan se interesó por Heidegger. Los dos él mismo había tratado de refundar las
se habían encontrado ya antes en Friburgo ciencias del espíritu reconduciendo la
junto con Beaufret. Lacan acogió en su pluralidad de las producciones espirituales
casa de campo a Heidegger y a su esposa hacia la unidad viviente de donde ellas
Elfriede, así como a Kostas Alexos y al
proceden».68
mismo Jean Beaufret.50
6. Marlène Zarader ha considerado estos
3. Heidegger concebió su programa de conceptos de logos, physis y aletheia como
comprensión rigurosa de la vida humana «palabras fundamentales» en la obra de
tomando como paradigma a Aristóteles y, Heidegger. Estas palabras «tienen un
más concretamente, su filosofía práctica doble estatuto: al mismo tiempo que abren
Siguiendo este modelo, Heidegger guardó el comienzo, ocultan el origen», de tal
distancias tanto con el irracionalismo de manera que mientras dan un origen a la
las filosofías de la vida como con las historia manifiesta del pensamiento,
abstracciones teóricas del neo-kantismo y
permanecen ocultos.70
las filosofías de los valores.61
7. Incluso se ha dicho que «Ser y tiempo es
4. Está claro que «su crítica a la teología una catedral fenomenológica única que
oficial de la Iglesia católica y romana de su sigue la estela de sus hermanas góticas,
tiempo le fue obligando a preguntarse [bajo que son la Crítica de la razón pura y la
qué condición] era posible una
Fenomenología del espíritu».79
interpretación adecuada de la fe cristiana
8. «La metafísica piensa el ente como tal y en representaciones, juzgando, sintiendo,
su todo a partir de la retirada en sí del ser y queriendo.
de su verdad».82 14. Rudolf Carnap fue uno de los que más
9. Como señalan dos investigadoras, Annie insistió en esta tesis. En concreto, en su
Larivée y Alexandra Leduc, el Dasein no artículo La superación de la metafísica
está primero dentro de sí mismo en una mediante el análisis lógico del
lenguaje. 134
esfera de consideraciones teóricas para
luego caer en el mundo y tener que 15. La obra considerada de referencia para el
ponerse al día consigo mismo, sino que estudio de la recepción del pensamiento
siempre está ya absorto por su de Heidegger en Francia es Heidegger en
preocupación de cualquier tipo.95 France de Dominique Janicaud.144
10. Como señala Marlène Zarader, para 16. Escrito en una carta dirigida en noviembre
Heidegger el ser-auténtico que descubre la de 1945 al rectorado de la Universidad
angustia se caracteriza como lo que sólo Albert-Ludwig. Es citada por Jacques
puede ser de sí mismo, solo y aislado (en Derrida en La main de Heidegger ([Link]
alemán, in der Vereinzelung).97 [Link]/descarga/articulo/437073
11. Este tema ocupa un lugar cardinal en el [Link]), conferencia pronunciada en marzo
pensamiento heideggeriano de la historia. de 1985 en Chicago (Universidad de
Sirve de eje para interpretar el paso de la Loyola); actas en Deconstrucción y
era dominada por la metafísica a la época Filosofía, The University of Chicago Press,
en que esta se desvanece como doctrina a 1987.
cambio de la realización concreta de sus 17. Las traducciones, respectivamente, serían:
principios, a saber, la era de la Técnica.102 «Una de las características más ocultas del
gigante, y tal vez la más antigua, es la
12. El término Gestell no tiene una traducción
tenaz habilidad de calcular y empujar y
clara. A veces es traducido como
saltar, fundando así la falta de mundo del
«dispositivo». Sin embargo, no existe una
forma precisa de traducir el concepto. judaísmo». Por otro lado, «La apropiación
de la "cultura" como medio de poder y por
13. En Fenomenología, se entiende por actitud lo tanto la afirmación de uno mismo y la
natural el punto de vista que se expresa a pretensión de superioridad es básicamente
través de lo que el ser humano percibe, un modo de vida judío. ¿Qué significa esto
como lo ve naturalmente, formando para la política cultural como tal?».
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Enlaces externos
Wikimedia Commons alberga una categoría multimedia sobre Martin Heidegger.
Wikiquote alberga frases célebres de o sobre Martin Heidegger.
Jorge Eduardo Rivera (Chile), traductor de Ser y Tiempo, y Alberto Rosales (Venezuela)
reciben el Premio Internacional Franco Volpi de parte de la Sociedad Iberoamericana de
Estudios Heideggerianos ([Link]
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