100% encontró este documento útil (1 voto)
202 vistas9 páginas

Discipulado

El documento describe los principios fundamentales del discipulado cristiano según las enseñanzas de Jesús. Jesús enseñó que para ser su discípulo, uno debe negarse a sí mismo, tomar su cruz diariamente y seguirlo. Esto implica participar en un proceso de muerte de la vieja naturaleza pecaminosa y el desarrollo de una nueva naturaleza espiritual. El discipulado incluye tanto la negación del pecado como la operatoria de la cruz para transformar al creyente.

Cargado por

victor
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
100% encontró este documento útil (1 voto)
202 vistas9 páginas

Discipulado

El documento describe los principios fundamentales del discipulado cristiano según las enseñanzas de Jesús. Jesús enseñó que para ser su discípulo, uno debe negarse a sí mismo, tomar su cruz diariamente y seguirlo. Esto implica participar en un proceso de muerte de la vieja naturaleza pecaminosa y el desarrollo de una nueva naturaleza espiritual. El discipulado incluye tanto la negación del pecado como la operatoria de la cruz para transformar al creyente.

Cargado por

victor
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Discipulado Cristiano

Mateo 10:38-39  y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí.  El que halla su vida, la
perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará.

Mateo 16:24-25 Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí
mismo, y tome su cruz, y sígame.  Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su
vida por causa de mí, la hallará.

Marcos 8:34-35 Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese
a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda
su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará.

Lucas 9:23 Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día,
y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste
la salvará.

Lucas 14:27 Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.

El Señor Jesús por medio de la predicación del evangelio del reino, nos reveló en que
consiste el discipulado cristiano. Siendo esta una de las verdades fundamentales del
evangelio que predicó y el corazón mismo de su revelación. Para convertirnos en súbditos del
reino de los cielos, es indispensable entender y luego practicar el discipulado cristiano en toda
nuestra existencia terrenal una vez convertidos. Los que no practiquen el discipulado nunca
podrán aprender a obedecer de corazón a Dios y por lo tanto no avanzarán en su posición
experimental en el reino.

Mateo 28: 19-20 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y
del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo
estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén. (Fundamentos de fe y obediencia)

El discipulado tiene dos componentes fundamentales, uno de ellos es el consejo de Dios, el


otro es la operatoria de la cruz. Para su mejor eficacia ambos componentes deben trabajar
complementándose. El consejo de Dios es la labor de los que guían (ellos lo transmiten) y en
forma personal la responsabilidad de cada creyente de la continua lectura de la palabra. La
operatoria de la cruz (proceso divino transformador de nuestro ser) es la labor de Dios. Sin el
consejo, Dios puede igual operar en los discípulos, sin la operatoria de la cruz es imposible,
de acuerdo a lo que enseña el Señor, avanzar un milímetro hacia Cristo. Lo ideal es que
exista, en los ministros de Cristo, claridad del proceso, para de esa manera orientar a los
discípulos en el mejor aprovechamiento de estos dos elementos de la gracia de Dios.

Cristo nos invita (más bien nos demanda) a tomar la cruz y a negarnos a nosotros mismos, y
eso implica participar en un proceso de muerte de nuestro viejo hombre (la antigua creación,
la vida natural, nuestra carnalidad). El tomar la cruz y dirigirse al calvario era tomar el camino
hacia el Gólgota que implicaba la muerte, eso consistía en la cesación de nuestra vida natural.
Por lo que la cruz es un proceso de muerte de nuestra vieja creación.

“El Evangelio según lo que se predica hoy, parece que no es extraído de los cuatro Evangelios, sino que parece
que existiese otro, el evangelio según “san yo”. Esto ocurre cuando a la gente sólo se le ofrece salud, dinero y
amor; felicidad sin compromiso ninguno con el Señor, sin que esté presente la cruz de Cristo” (Apóstol Cristian
Romo).

“Dios jamás improvisó a sus hombres, no lo veo en el Antiguo ni en el Nuevo Testamento que aparezca un
hombre de un día para otro como profeta ni como pastor. Todo hombre de Dios tiene que ser tratado, tiene que
pasar por el agua y por el fuego para que sea templado, porque Dios está corriendo un riesgo con nosotros”
(Apóstol Cristian Romo).

“Él quiere formar en nosotros “el mayor bien” que es formar en nosotros la imagen de Jesús. Todos queremos el
producto acabado, lo que nos cuesta es el proceso. ¿Quién quiere ser como Jesús?, bien Acá tenés una
cruz” (Apóstol Jorge Himitian).

“Demos gracias a Dios por la prueba, démosle gracias por los tiempos difíciles, por el desierto, por las tormentas;
porque está produciendo en nosotros aprobación, gloria y honor delante de Dios. A veces, no es sabio pedirle a
Dios que se termine una prueba. Hay momentos en que lo más sabio es pedirle sabiduría para saber vivirla,
porque los caminos del Señor, definitivamente, no son los nuestros” (Apóstol Jarold Keeling).

Sin embargo la demanda del Señor no solo incluye la cruz, sino que también la negación. La
negación es nuestro aporte responsable en el proceso diseñado por Dios, consiste en decirle
que no, a lo que le desagrada a Dios. La negación por sí misma no genera la muerte del viejo
hombre, solo lo detiene de hacer lo que no agrada a nuestro Señor. No podemos decir que
por el hecho que ya no hacemos algo que hacíamos anteriormente hemos cambiado, eso es
muy importante aclararlo, algunos creyentes creen equivocadamente que porque no hacen
cosas malas (pecado), no necesitan pasar por la cruz. Eso es una conclusión equivocada, ya
que al no pasar por la cruz el resultado será, a lo más, solo una vida natural benevolente, pero
no una vida espiritual como nos quiere transmitir el Señor.

Un cristiano no es una persona que debe ser buena naturalmente, es una persona espiritual
con características espirituales. Sino entendemos eso, en nuestra vida manifestaremos
buenas obras no espirituales sino buenas obras de la carne (las malas obras de la carne son
el pecado, las buenas obras de la carne son cosas buenas pero que tienen origen en la
antigua creación que fue juzgada y condenada en la cruz del calvario), que es lo que ocurre
con la mayoría de los cristianos que asisten a la iglesia.

Por lo que la negación solo se constituye en un control para no dar oportunidad a lo que es
malo, no una muerte a eso malo. Es una aprensión nuestra a no avanzar en el dominio sobre
nosotros de lo que no agrada al Creador, pero no verifica un cambio en nuestro interior. Lo
que realiza el cambio es la cruz, la cruz acaba con el ser natural y forja al ser espiritual. Es por
esto que a la negación le sigue, una vez que el Señor lo determine necesario, la operatoria de
la cruz, para que a eso, a lo que nos estábamos negando y que no es natural en nosotros
hacerlo, se convierta en natural en nuestro ser. La negación entonces es nuestro aporte al
proceso, sin embargo, para que Dios cumpla su objetivo en nosotros, Dios tendrá que
confrontar nuestro Yo (vida natural) para así llevarlo a la muerte. La muerte de la vida natural
(la carne) produce vida resucitada. La vida resucitada es vida espiritual, es la vida de Cristo
que como resultado del proceso es liberada de nuestro ser.

¿Cuál es el objetivo del Señor en esta era? es la de desarrollar la naturaleza divina (fuimos
partícipe de ella según al apóstol Pedro) o espiritual que nos transmitió su Espíritu Santo en el
nuevo nacimiento. No busca que nosotros nos preocupemos por cumplir con sus ordenanzas
como prioritario, sino que nuestra prioridad sea el que nos dispongamos a cambiar de
naturaleza en cada experiencia vivida. Para de esta manera una vez cambiado, sea natural el
cumplir con su voluntad. No estamos en la dispensación de la ley, sino en la de la gracia. No
está puesta ante nosotros la ley para que la cumplamos, sino que está puesta adelante
nuestro su gracia, para que utilizándola responsablemente desarrollemos una naturaleza
mejor que nos permita cumplir con su voluntad naturalmente.

Mateo 5:20-22 Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio.
Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga:
Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno
de fuego.

Mateo 5:27-28 Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una
mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.

Cristo, en el sermón del monte, aumentó sus exigencias con respecto al cumplimiento de su
voluntad. En la actualidad no solo demanda el cumplimiento externo, sino que también el de la
motivación interior. Lo anterior es ahora así, porque antes no teníamos la naturaleza espiritual
que nos fue entregada, antes teníamos una naturaleza carnal que era opositora a la voluntad
de Dios y que por lo tanto aunque se esforzara no podía cumplirla como lo exige el Señor. Por
lo que debemos ir en pos de su desarrollo (naturaleza espiritual) ya que en este nuevo pacto,
Cristo nos entregó todo lo necesario para alcanzar una alta estatura espiritual en la tierra, nos
dio todo lo necesario para liberarnos de la carne. El espera que nosotros alcancemos en la
tierra su victoria.

Hermano dime que es mejor, el preocuparnos de hacer su voluntad o preocuparnos por


adquirir cada día más una naturaleza mejor que haga su voluntad naturalmente. Que es
mejor, mantener en nuestro ser la naturaleza que es opositora a la voluntad del Señor, o
llevarla día a día a la muerte. Que es mejor mantener la naturaleza que fue condenada por
Cristo en la cruz del calvario o liberarnos de su condena.

El nuevo pacto, nos permite liberarnos del viejo hombre en la tierra y caminar con una
naturaleza espiritual. Ese camino nos asegura el cielo.
Un discípulo de Cristo debe estar atento a aprender de su Señor, debe reconocer y descubrir
las situaciones creativas que el Espíritu Santo construye para que una vez entradas a ellas, el
discípulo crezca, no evitarlas. Debe entender que el Señor, en su amor, dispuso todas las
circunstancias con las cuales interactuará en su vida desde su conversión, para cumplir con el
propósito de que Cristo sea esculpido en nuestro corazón.

Nos cuesta asumir que todos los sufrimientos e inconvenientes que cada día tenemos, en cualquier contexto; es
el amor de Dios en nuestra vida. Es Dios con su amor trabajando para quitar de ti lo que te hace daño, lo que
impide que puedas disfrutar la vida que Cristo ganó para ti en la cruz. (Pastor Lito Farias).

Hermanos y hermanas, es inútil y contraproducente valerse de la energía humana para tratar de derribar todo
aquello que somos por naturaleza. Debemos comprender desde el principio que todo lo viejo se debe demoler.
Sin embargo, no lo podemos hacer por nosotros mismos. Los esfuerzos del hombre por derribarse a sí mismo
solamente producirán un adorno exterior y se convertirán en un estorbo para el crecimiento de la vida espiritual.
No necesitamos demolernos a nosotros mismos; Dios se encargará de hacerlo. (Watchman Nee)

El discipulado cristiano es caminar por el camino que trazó Cristo para llegar a dónde está él.
El discipulado entonces realmente lo hace Cristo nosotros solo ayudamos a que otros lo
entiendan, y con el objetivo de aportar, observamos lo que está haciendo Cristo con el
discípulo para encauzarlo. Nosotros somos un instrumento más que Dios puede utilizar para
conseguir sus propósitos con alguno de sus hijos, nuestras cosas buenas y nuestras
imperfecciones son consideradas por el Señor para construir en otros su imagen. Por lo que
nosotros realmente no somos los que discipulamos, eso es obra de Cristo, nosotros
aportamos en el proceso a través de lo que también vivimos y aprendimos en el mismo
proceso con el Señor. Aportamos con la experiencia de como logramos obtener vida
resucitada que nos valida de que estuvimos insertos en el proceso y salimos victoriosos de él.
Es nuestra vida espiritual que se forjó en la negación y la cruz la que nos permite aportar, no
nuestra sabiduría humana o lo que hayamos aprendido de los hombres sin haber pasado por
la cruz.

Sino hemos estado en la cruz es muy poco lo que podemos aportar en otros, esto es, en el
proceso divino. El cual se fundamenta en nuestra fidelidad por ser consecuentes con lo que
enseñó Cristo en el evangelio del reino, a la espera de que el mismo Cristo venga a convertir
esa intención en una nueva naturaleza en nuestro ser. Es enseñar al discípulo que quiere ser
fiel, el cómo lograr que esa fidelidad se convierta en vida espiritual en su ser. Es enseñar a los
comprometidos con su causa de cómo mantenerse hasta que Dios opere la cruz en sus vidas.

El discipulado necesita la disposición del discípulo para que tenga mayor efectividad y ahí es
posible ayudar, enseñando como lo vivimos nosotros en la experiencia. Esto lo logramos
explicando al discípulo detrás de que viene Cristo y cómo es que lo logra en la experiencia.
Cuales son las maneras en las que opera y lo que consigue con dicha operación. El
discipulado es una transmisión de vida, pero no vida natural sino espiritual. No se trata de
enseñar disciplina y orden al discípulo como quizás equivocadamente lo hemos hecho
algunas veces, aunque eso es importante también, sino transmitir vida resucitada del Señor.
El orden también es importante pero no podemos confundirlo con la vida espiritual, el orden lo
podemos lograr nosotros, solo Cristo puede forjar su imagen en nuestro interior. La
transmisión de la vida espiritual la permite solo Cristo, cuando libera la vida de nuestro interior
para compartirla con los demás. Y esa liberación se realiza en el que guía por medio del
quebrantamiento de la vida natural. El que aporta en el discipulado entonces debe tener vida
resucitada en su ser que puede transmitir, no solo orden y disciplina del alma, sino vida de
Cristo en su corazón.

A veces sin darnos cuenta dejamos en responsabilidad de otros a hombres que aplican
métodos de hombre a los discípulos, hombres que no conocen realmente a Cristo porque no
han sido confrontados cara a cara por él, hombres que no han pasado por la muerte y la
resurrección. Recordemos las palabras de Job una vez salido de la terrible prueba que tuvo
que enfrentar en la antigüedad, sus palabras fueron de oídas te había oído más ahora mis
ojos te ven. Job antes de la experiencia que sufrió, solo conocía a Dios teóricamente, por lo
que vivió y sufrió, lo conoció experimentalmente y eso permitió que conociera realmente a
Dios, por eso debemos tener cuidado con aquellos que solo de oídas han oído a Dios.
Personas que no conocen la palabra del Señor y sus consecuencias en nuestra humanidad, y
que por lo tanto no están preparados para guiar y menos aportar en el proceso.

Sabemos que nadie puede aportar en la operatoria de cruz, pero a lo menos los que guían
deben tener lo necesario para aportar en el cómo debe ser entendida y aceptada la cruz y la
negación, con su ejemplo de vida.

El Señor al discipular utiliza todo lo otro que no tiene que ver directamente con el que guía,
para el Señor el discipular no se centra en solo nuestras reuniones, sino que en toda la vida
del discípulo. En sus relaciones en el trabajo, con los vecinos, con sus familiares y en la
iglesia. Cristo todo lo anterior lo utiliza para hacer crecer espiritualmente al discípulo. Por eso
todas las cosas (circunstancias) ayudan a bien a los que fueron llamados con propósito y
aman al Señor. Cristo desde nuestra conversión ha dispuesto todas las circunstancias para
que al interactuar con el discípulo forme la imagen del Señor en su corazón. Por eso nuestras
reuniones, son solo para reflexionar y entender en que va Cristo en cada discípulo. Son para
encauzar lo que el discípulo no está entendiendo de lo vivido y a que le está haciendo el quite
sin saber que es Cristo.

Para los cristianos es difícil ver a Cristo en todas las situaciones que viven, y más difícil aun
es ver a Cristo en las situaciones adversas a su ser. Por eso se hace tan necesario el
acompañamiento y orientación de quienes ha vivido el proceso, ya que ellos se encuentran
acostumbrados a reconocer detrás de las circunstancias más negativas el rostro de nuestro
Señor. Cristo es soberano y controla todas las situaciones y circunstancias, por lo que estará
detrás de lo que se encuentra viviendo el que aprende. El buen discípulo es aquel que
aprende de todo lo que enfrenta, el que siempre encuentra algo constructivo de lo que
pareciera totalmente destructivo. Sino aprende a tener esa filosofía de vida el discípulo,
siempre estará descalificando las situaciones que viva y a las personas que encuentre. Para
él serán situaciones desagradables con personas desagradables. Y no podrá aprovechar la
enseñanza que le quiere entregar su Señor.

Las situaciones adversa y sumamente negativas tienen dos forma de ser entendidas por los
que la viven, la primera de ellas es rechazándolas y culpando a los hombres de ellas, la
segunda, es tratando de ver el rostro de Dios detrás de ellas. Lo primero no construirá nada
en su vida, y lo más posible es que lo estancará en su crecimiento espiritual, entrara al
Getsemaní y nunca saldrá de ahí. Lo segundo será constructivo para su vida, le permitirá
entrar a una esfera de mayor conocimiento de Dios y crecerá espiritualmente. Habrá
encontrado la salida del Getsemaní y estará dispuesto aceptar los designios de su Creador.
Ahora transitar por este sendero les será más difícil a aquellos que no entienden y no tienen
quién los ayude para avanzar en el camino al Señor.

Reiteramos que Cristo igual procesará a los que han creído, no importando que tengan ellos
asesoría o no, igual lo hará. Pero muchos de ellos no entenderán y desperdiciarán la
oportunidad de alcanzar una mayor estatura espiritual que les quiere conceder el Señor. Por
eso es importante que exista entendimiento en los que lideran de cómo actúa Dios en sus
hijos, ya que eso ayudaría a aprovechar eficazmente el proceso. Lo que Cristo está intentando
hacer con sus hijos debe ser entendido por el discípulo para no errar oponiéndose a lo que
desea de él el Señor. Los ministros de Cristo son necesarios entonces en la iglesia, los
ministros son los que ministran de lo que falta de Cristo a la iglesia. Los ministros del Señor
saben de aquello que necesitan saber los que están dispuestos a crecer. Ellos ministran a
Cristo a la iglesia, los otros que no han tenido mucha pérdida de su vida natural solo enseñan
métodos naturales, que hacen parecer que los discípulos han crecido, porque están
ordenados y disciplinados. Hay una gran diferencia entre estos dos tipos de hombres, ambos
aman al Señor, pero solo uno de ellos pagó el precio de conocerlo experimentalmente. Solo
uno de ellos ministra a Cristo, y lo que necesita el discípulo es que le ministren al Señor. El
otro enseña métodos humanos que dan la apariencia de vida pero que no son vida espiritual.

Recordemos que esto es lo que quiere el Señor, que se le enseñe lo correcto a sus hijos para
que cuando venga la confrontación, algo que ocurrirá en algún momento, lo encuentre
dispuesto y entendido de lo que el Señor desea hacer en su vida. De esta manera la
aproximación de Dios tendrá mejores resultados, y no se perderá el intento de aquello que
desea eliminar o colocar en nuestro ser el Señor.

Recordemos también que para construir primero hay que demoler lo que había anteriormente
en ese lugar. No se puede construir sobre algo que se encuentra ocupando el lugar donde se
desea construir, ya que eso no nos permitiría hacerlo adecuadamente. En toda construcción
primero debemos demoler lo que existía antes y limpiar antes de construir. El Señor actúa
igual, antes de construir al nuevo hombre, tendrá que demoler al antiguo hombre. Primero
demolerá antes de construir o irá demoliendo y construyendo a la par. Sea como sea habrá
una demolición del ser natural y habrá una construcción de la imagen de Cristo en nuestro
corazón (ser espiritual). Y eso le puede costar aprender y aceptar al discípulo del Señor, sino
hay alguien que se lo vaya enseñando a medida que ocurra en su vida. Por lo que si tenemos
claridad del proceso, podemos ser muy útiles al Señor y útiles también a los que serán
beneficiados con la bendición espiritual en sus vidas.

La experiencia nos enseña que Cristo ha estado aplicando este proceso en todos los lugares
donde hay hijos suyos y en todo tiempo, pero que a pesar de eso, no logra obtener los
resultados esperados. La mayoría de las veces, sus esfuerzos se pierden y solo en algunos
logra obtener lo que buscaba. Lo anterior ocurre porque no hay luz en la iglesia para entender
lo que se encuentra realizando con tanto amor el Señor. Esa falta de luz hace que los
discípulos rechacen aquello que no conocen que procede de Dios y es para su bien espiritual,
y no se dispongan a aprovechar la bendición que le quiere compartir el Señor en sus
personas. Cristo levanta a sus ministros para que le ministren a la iglesia de lo que le falta de
Cristo y para que la iglesia entienda que es lo que hay que cuidar y resaltar en el seno de ella.

Nos referimos a la vida espiritual, no a la vida natural. La iglesia debe reconocer y cuidar la
vida espiritual, esa que nace del quebrantamiento del cuerpo y alma, del quebrantamiento de
la vida natural. Y no destaque y exalte lo que es propio de nuestra humanidad, la vida natural,
la vida del alma, esa que se opone al espíritu. La iglesia estará viva en la medida que
defienda y reconozca la vida espiritual, y no las muchas actividades en la que se encuentra
involucrada y que la hacen parecer que está viva, por el ruido que hace, por las distintas
actividades que involucra vida natural.

Las muchas actividades naturales no se constituyen en vida espiritual, el quebrantamiento de


la vida natural se constituye en vida espiritual en la iglesia. Si queremos una iglesia viva ella
debe estar llena de vida espiritual no de vida natural. La vida natural es muerte espiritual y por
lo tanto iglesia muerta. La vida resucitada es vida espiritual, y por lo tanto iglesia viva para el
Señor.

Por lo que el proceso que dejó Cristo para crecer espiritualmente es el discipulado cristiano
que se fundamenta en la operatoria de la cruz y la negación. Y que luego nos demandó que lo
practicáramos cada día de nuestra existencia en la tierra. Esta práctica genera el cambio
interior, es la operatoria de la cruz y la negación lo que permite que Cristo sea forjado en
nuestro ser. Cristo demandó de sus discípulos que experimentaran la operatoria de la cruz
todos los días de sus existencias, porque el dispuso las circunstancias para que en la
operatoria de la cruz nosotros alcancemos su imagen. Si le hicimos caso, y lo hemos
practicado durante 20 o 30 años, se debió haber producido una transformación en nuestro
corazón. Sino obedecimos seremos los mismos hombres que empezamos pero con fe.
Habremos desperdiciado el tiempo del Señor, no habremos crecido y tampoco habremos
aportado con nuestras personas en engrandecer su iglesia. Estaremos salvos pero sin
cambios en nuestro corazón, seguiremos vivo a nuestra vida natural y nos será dificultoso
entrar al reino que nos espera.

El evangelio del reino es a lo que le dedicó más tiempo el Señor en su ministerio, era en lo
que más Cristo insistía, no tanto así en nuestra salvación. Lo anterior era porque nuestra
salvación estaba concretada, el Señor lo logró con su muerte en la cruz, por lo que no era eso
lo que le interesaba enfatizar al Señor en su ministerio terrenal, era la otra parte, aquella
donde nuestra naturaleza era transformada para hacerla apta para la entrada al reino. Ese es
el evangelio del reino, es el proceso donde somos trasformados en vida para hacernos aptos
para ser parte, con el Señor, del reino que espera a los que son espirituales.

El reino es para los discípulos, no para los creyentes sin compromiso, ya que para entrar en el
reino Cristo pone condiciones, nuestra justicia debe ser mayor a la de los fariseos, debemos
parecernos a un niño, debemos sufrir persecución, vivir tribulaciones, etc. Y todo lo anterior
nos lo enseña para que entendamos que la entrada al reino debe ser con una vida espiritual
desarrollada en la tierra. Por eso de la cruz y la negación proceso que debemos practicar
cada día de nuestras existencias. Por eso también de transitar por el sedero angosto (que
solo tiene cabida para lo espiritual) y la puerta estrecha, ya que con eso Cristo se aseguraba
que seríamos limpiados de todo lo natural en nuestro ser quedando solo lo espiritual.

El evangelio del reino es la solución de Cristo para volvernos a lo que éramos al principio de
nuestra creación, a esa naturaleza espiritual que teníamos al comienzo antes de la caída. Es
por medio del evangelio del reino que Cristo nos limpia de la contaminación natural adquirida
en nuestro ser. Con este proceso Cristo libera lo espiritual y destruye lo natural en nuestro ser.

Entonces nadie puede ir en pos de Cristo sino toma su cruz y se niega a sí mismo. Este es el
único camino que nos rebeló el Señor que nos permite crecer en su imagen. Y nadie puede
ser su discípulo sino toma su cruz y se niega así mismo cada día, porque si no lo hace no
podrá hacer efectiva la gracia dispuesta por Cristo para su persona. Cristo nos prometió que
nos guardaría sin caída y nos presentaría sin mancha ante su gloria (Judas 1:24) pero para
que se cumpla eso está considerando nuestra disposición a reconocer todas las
circunstancias como provisionadas por él para nuestras existencias y generadoras de un
cambio efectivo en nuestro interior. Esa es la gracia que nos enseña Pablo, la que denomina
verdadera gracia. Aquella que está diseñada para destruir nuestra vida natural para dejar solo
vida espiritual.

Qué pasará con aquellos que no obedecieron este mandamiento crucial dado a sus
discípulos, primero no podrán considerarse sus discípulos, y segundo habrán hecho perder el
tiempo al Señor. Dios no habrá alcanzado lo que se proponía con ellos en su crecimiento
personal y en la iglesia. Al final de su vida se presentarán ante Él incompletos. ¿Cristo los
felicitará por su disposición a su voluntad o los confrontará por su disolución? Será lo segundo
y el Señor se encontrará obligado a hacer lo que ellos no hicieron en la tierra por
incompetencia. Creo que nadie querrá estar en esa situación llegado el momento, ya que la
imagen de Cristo que debió aparecer en el proceso terrenal, tendrá que aparecer en ese
momento.

La imagen de Cristo no aparece por milagro, aparece por un proceso dificultoso que tendrá
que implementar Cristo en esa instancia. Les aseguro que nadie cuerdo querrá estar en esa
condición.

Al final deberemos confrontar al Señor por lo que hicimos o no hicimos en la tierra, de su


voluntad. Algunos serán recibidos con honores otros no tanto y otros los que no se
incomodaron en su vida terrenal, llegarán con su naturalidad carnal intacta y Cristo tendrá que
corregir eso. Por eso debemos obedecer las demandas del Señor, y de ellas, la más crucial es
aquella donde nos ordena tomar la cruz y negarnos a nosotros mismos. El que hizo caso a
este mandamiento tendrá entrada segura al reino de los cielos, los que no lo hicieron o lo
hicieron a veces, creemos que no han alcanzado la espiritualidad que se les había concedido,
y por lo tanto tendrán que dar cuenta ante el Señor.

Hasta ahí conocemos claramente, lo que ocurrirá luego no lo conocemos, lo que sigue cae en
el ámbito de la incertidumbre. Al terminar nuestra vida, la paz que tengamos en nuestro
corazón radicará en que hayamos hecho todo lo humanamente posible en pos de alcanzar su
imagen, sino hicimos así, no querremos enfrentar lo que vendrá. Por eso debemos corregirnos
ahora que aún es tiempo de hacerlo. Tomemos la cruz y neguémonos cada día de lo que aún
nos quede de vida, para no despertar confundidos y angustiados en la otra vida.

También podría gustarte