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Primer Peronismo: Contexto y Movilizaciones

El documento analiza el surgimiento del peronismo en la Argentina en 1945. Resume que Juan Perón se acercó a los trabajadores a través de medidas laborales que mejoraron sus derechos. Esto generó apoyo popular pero también rechazo de los empresarios y la oposición política. El 17 de octubre de 1945, una masiva movilización obrera exigió el regreso de Perón al gobierno, marcando el punto de quiebre del surgimiento del movimiento peronista.

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Primer Peronismo: Contexto y Movilizaciones

El documento analiza el surgimiento del peronismo en la Argentina en 1945. Resume que Juan Perón se acercó a los trabajadores a través de medidas laborales que mejoraron sus derechos. Esto generó apoyo popular pero también rechazo de los empresarios y la oposición política. El 17 de octubre de 1945, una masiva movilización obrera exigió el regreso de Perón al gobierno, marcando el punto de quiebre del surgimiento del movimiento peronista.

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Historia de la Sociedad y de la Cultura

Argentina Contemporánea

Clase 03. En torno al primer peronismo

Continuamos, estimadas y estimados colegas, con esta clase que trata sobre un
acontecimiento que significó un punto de quiebre en el siglo XX argentino. Punto de
quiebre decimos, por enmarcar una experiencia colectiva de características particulares:
el 17 de octubre de 1945. Como en las clases previas, el acontecimiento abarca distintas
entradas que permiten asomarnos a algunos aspectos de la década que va de 1945 a
1955.

Acontecimiento

Del golpe del 43 al 17 de octubre

Apenas un repaso de algunas cuestiones que anteceden al surgimiento del peronismo


hacia 1945.

La primera es la participación del coronel Perón en el golpe de Estado del 4 de junio de


1943. Otra, reponer que esta asonada militar, a diferencia de la de 1930, no tuvo como
parte constitutiva a la oposición política organizada. En 1943, la participación fue
exclusiva de los miembros de las fuerzas armadas que buscaron hacerse cargo del
control total del aparato estatal. Si aquella había sido contra un gobierno validado por
el voto masivo y popular, no era este el caso: el gobierno de Castillo era efecto del fraude
y la represión política. Eso, quizás, influyó en las altas expectativas que –en sus
comienzos– el golpe generó en no pocas franjas de la población. Incluso en los partidos
políticos opositores. El grupo de militares que encabezó la sublevación tenía cierta
cohesión interna y una coincidencia básica: derrocar a Castillo y frenar la candidatura –
fraude mediante– del candidato conservador Patrón Costas, impulsado por el ex
presidente. Es sabido también que la acción ideológica de un grupo de oficiales de
rangos medios y bajos (más tarde conocido como GOU, Grupo de Oficiales Unidos)
estuvo tras el golpe de Estado. Lo integraban hombres de la fuerza que se pensaban
como un equipo de “profesionales y técnicos” capaces de encarar el proceso político
abierto desde mediados de 1943. En un mundo en guerra, las ideas sustentadas en la
defensa nacional y en la intervención del Estado en la vida económica se volvían
1
rectoras. Para el fortalecimiento del sector industrial la preeminencia de los Estados
Unidos en el mundo era un problema, pero menos peligroso para la jerarquía y la
oficialidad del Ejército que la amenaza que cobró cuerpo en algunos países: la lucha de
clases y la inminencia del antiguo fantasma del comunismo.

Desde octubre de 1943, el coronel Perón se hace cargo del Departamento de Trabajo,
pronto convertido en Secretaría de Trabajo y Previsión Social. Su estratégico planteo era
que, en un contexto cercano a la posguerra, Argentina enfrentaba dos conjuntos de
problemas que requerirían una inminente solución. Por un lado, los conflictos derivados
de la relación entre capital y trabajo, consecuencia del proceso de industrialización en
marcha y, por el otro, la falta de legitimidad del régimen político, siempre impugnado y
por tanto débil para garantizar el orden necesario para la defensa de la nación en el
contexto de un mundo todavía beligerante.

El acercamiento a los trabajadores se basó en un conjunto de medidas que dejaron su


marca profunda en la política argentina: convenios laborales pautados con acuerdo
entre sindicatos y empresarios, permiso oficial para el funcionamiento de comisiones
gremiales en empresas, establecimiento de tribunales para dirimir cuestiones de
trabajo; garantías en el cumplimiento de la duración de las jornadas laborales, extensión
del régimen de jubilaciones, sanción del estatuto de trabajo del peón rural (léase:
derechos para los trabajadores del campo y capacidad del Estado para intervenir en las
relaciones laborales del sector); vacaciones pagas, aguinaldo y condiciones de
estabilidad para los trabajadores.

Hacia 1945, el plan de Perón –describe el historiador Juan Carlos Torre– consistía en
fortalecer un fuerte liderazgo que asegurara la conciliación de clases y permitiera desde
el Estado un tránsito ordenado hacia una sociedad industrial de masas. En la lógica del
plan, las medidas tomadas por la Secretaría de Trabajo y Previsión conjuraban el ascenso
del comunismo. Y esto sucedía no sólo porque se atendían las demandas del mundo del
trabajo siempre al borde del estallido, sino también porque disciplinaban al capital,
invitando a los empresarios a sacrificar una pequeña parte de su omnímodo poder y así,
conjuntamente, evitar la agudización de la lucha de clases. Dice Torre:

Así concebido, el de Perón será un intento fracasado. A este respecto, señalemos, en


primer lugar, que su apertura laboral fue recibida, a poco de andar, con frialdad y,
después, con la hostilidad de las clases patronales. En verdad, las iniciativas del
secretario de Trabajo no fueron al encuentro de unos empresarios atemorizados por
una revolución social inminente. (...) En todo caso, la fuente de las preocupaciones de
los empresarios estaba, más bien, en la propia gestión de Perón que, en nombre de la
concordia, alentaba la movilización de las masas obreras y exasperaba las tensiones
sociales: no era necesaria demasiada sagacidad para advertir en ella la tentativa de
convertirse en árbitro de la paz social y de forzarlos a delegar en él todo el poder
político.(Torre, 1995: 11-12)

La amenaza concreta de los trabajadores movilizados atemorizó más a los empresarios


que el futuro e improbable éxito del comunismo en la Argentina. La variopinta oposición
política, desde conservadores a socialistas, veía que el gobierno militar, que había
2
contado con una facción adherente al fascismo en sus inicios y luego parcialmente
desplazada, tenía sus días contados.

Dos marchas en contrapunto

Dos masivas movilizaciones del período se contraponen. Comencemos por la Marcha de


la Constitución y la Libertad, del 19 de septiembre de 1945. Allí todo el arco opositor al
gobierno del general Farrell –aunque con la mira puesta en el vicepresidente Perón, a la
vez ministro de Guerra y secretario de Trabajo– se manifestó en una concentración de
alrededor de 200 mil personas; del Congreso hasta la Recoleta: el centro de la ciudad de
Buenos Aires.

Acto de la Unión Democrática frente al Congreso (Fuente: [Link])

Todas las fuerzas políticas de la oposición (radicales, conservadores, demócratas


cristianos, demócratas progresistas, comunistas y socialistas), con apoyo de los
principales diarios y fuerte participación de los universitarios, se unían bajo una misma
consigna: abajo la dictadura –a la que consideraban una variante local del fascismo–,
gobierno a la Corte Suprema, llamado a elecciones (dado que suponían ganarlas si
lograban traducir ese ímpetu en un frente electoral).

Su impacto fue inmediato: el Gobierno repuso el estado de sitio, ordenó la ocupación


policial de las universidades y abrió el camino represivo. El descontento social y la
presión de algunos sectores internos del Gobierno provocaron la renuncia de Perón. La
victoria contra el régimen estaba al alcance de la mano.

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¿Era un error esa creencia? Motivos para entusiasmarse no faltaban. Es interesante leer
el testimonio de un participante de aquella marcha que, de manera retrospectiva,
reconoce no haber sabido leer los signos que indicaban que la historia podría tomar otro
rumbo.

No voy a pretender entonces que, cuando al participar el 19 de septiembre en la


ceremonia en la que por centenares de miles juramos ante Reissig (quien como
secretario del Colegio Libre presidía el comité organizador de la Marcha), derramar
hasta la última gota de nuestra sangre en defensa de la Constitución y la libertad, me
pareció percibir que había algo de irreal en ella, estaba desplegando una clarividencia
que me había faltado sólo un rato antes, cuando había celebrado junto con los demás
participantes en el evento que la huelga decretada por la Unión Tranviaria no hubiera
alcanzado a empañar su brillo, sin advertir lo que tenía de ominoso que esta vez el
obstáculo superado no proviniera de la policía, sino de una medida sindical que nada
invitaba a concluir que hubiera sido impuesta desde fuera” (Halperin Donghi, 2008: 154).

El historiador reconoce su equívoca lectura de aquella coyuntura. O mejor aún, la


imposibilidad de considerar todas las variables en juego cuando la historia está
ocurriendo. ¿Qué hecho no consideraba Halperin Donghi? Que el obstáculo que debía
vencer junto a sus compañeros para llegar a la marcha no era un retén policial sino una
medida de fuerza de los trabajadores organizados. A esa falta de lucidez Halperin la
llamará “ominosa”; es decir: siendo evidente el apoyo popular a Perón será, no
obstante, negado abstractamente por sus opositores.

Quizás por ello, cuando un mes más tarde la multitud irrumpe en el centro de la capital,
no es reconocida como sujeto político: será una murga, será una turba sin nombre pero
no un pueblo. Tampoco “auténtico proletariado”, aunque bien se sepa la importancia
decisiva que tuvieron los sindicatos nucleados en la CGT en el reclamo de la libertad a
Perón. Un día antes del 17 de octubre, se reúne el Confederal de la central obrera para
decidir una medida que, todos estiman, será el llamado a un paro general.

…si este cuerpo no resuelve la huelga general les puedo asegurar que será
impotente para contener la huelga que se producirá lo mismo por el estado
emotivo de los trabajadores. (…) El coronel Perón no sólo está en el corazón de
los obreros sino en el de todo el pueblo honrado. (Actas del Confederal de la CGT
del 16 de octubre de 1945)

¿Quiénes eran esos trabajadores movilizados que reclamaban el retorno de Perón? De


dónde procedían esos personajes exóticos en su presencia y en sus manifestaciones?
Al analizar los acontecimientos del 17 y 18 de octubre, el historiador Daniel James dice:

Si bien (…) pusieron en evidencia que la clase obrera tenía conciencia de la


necesidad de defender sus intereses económicos y sociales, expresaron también
un cuestionamiento social más difuso a las formas aceptadas de la jerarquía
social y a los símbolos de la autoridad. Los sucesos de octubre representaron el
levantamiento durante un breve lapso del velo que oculta generalmente la
esencia de las relaciones sociales y culturales. En ese extraño interludio
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provocado por la singular coyuntura de octubre de 1945, tales relaciones –y las
luchas que ellas implicaban– quedaron expuestas con mayor transparencia.
(James, en Torre, 1995:128-129)

Para seguir profundizando en el modo en qué fue interpretado el


vínculo entre los trabajadores y Perón, los invitamos a leer: “Los
trabajadores como sujetos políticos. Notas sobre una vieja
polémica”.

Imágenes

Contreras, humor gráfico y radial

Durante los años en que el peronismo fue gobierno hubo


cambios en casi todos los aspectos (sociales, culturales, Si querés ampliar la
políticos, educativos). Uno, poco abordado, es la información sobre los cambios
incorporación o resignificación de vocablos al léxico político que ocurrieron durante este
local: justicialismo, cegetista, descamisado, gorila, conductor, período y que mencionamos
contrera, entre muchos otros. Apelar a la etimología nos en la clase, te sugerimos las
permitiría seguir su evolución diacrónica, pero nos siguientes lecturas:
abocaremos a repasar uno de esos términos en relación con
su contexto histórico. Es sabido que con el paso del tiempo Vivimos como reyes
las palabras resplandecen o caducan y que los cambios y
transformaciones hacen mella en el habla cotidiana de una De zoológicos y carnales
sociedad. La palabra en cuestión es contrera. Oscar Conde
arriesga una definición:

"Opositor, contra (Por juego paronomástico: entre contra y el apellido Contreras,


probablemente a partir del personaje de una historieta que aparecía en la revista
Mundo Argentino en los primeros años de la década de 1950: Serapio Contreras,
aunque no tiene relación con el contenido de dicha historieta; en su origen
designó a los opositores al régimen peronista)". (2004)

El personaje, creado por el autor de El conventillo de la paloma y dibujado por Pedro


Seguí, se destacaba por llevar la contra sobre hechos cotidianos, casi banales, sin

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relación con la política. Otro origen del término encuentra Bonifacio del Carril al analizar
el estilo de Perón y las formas oratorias que le permitían identificarse con las masas.

Una de las prácticas que definía al mandatario, sostiene, era apelar a un “recurso
dialéctico primario: inventaba la existencia de un adversario o una idea contraria para
tener a quien atacar y refutar como base de la argumentación que desarrollaba. Utilizó
con este fin la figura del oligarca y después, la del contrera, palabra que inventó y define
claramente esta peculiaridad” (del Carril, 2005: 20). No es llamativo que así haya sido:
la política, más aún si busca el sesgo de las masas, constituye un contrincante con el cual
poder diferenciarse. En una publicación oficial, el poeta y escritor Carlos Abregú Virreira
analiza cómo Perón retoma la voz popular de giros, frases proverbiales, refranes en su
lenguaje verbal. Uno de los ejemplos que da, precisamente, es la palabra contra. Por
ejemplo, cuando dice:

Es un proceso que debe cumplirse. Observen ustedes que cuando me hice cargo
del gobierno, toda la administración era contra. (Abregú Virreira, 1952:191)

Viñeta de Medrano publicada en la Viñeta de Medrano publicada en la


revista PBT revista PBT

La figura del contrera tendría una clara representación gráfica en las láminas a color
realizadas por el ilustrador Luis Medrano durante 1951 y 1952 para la revista PBT.

Formado como autodidacta en el mundo de la publicidad, Medrano desarrolló en el


diario La Nación desde la década del ‘40 dibujos costumbristas y humorísticos que él
mismo bautizó como “grafodramas” y que cosecharon gran éxito entre los lectores. Por
otro lado, entre 1946 y 1947, Medrano fue convocado para realizar algunos de los
célebres almanaques de la firma Alpargatas, en los que aparecen cuidadosamente
representados desde el viaje de los migrantes a la gran ciudad hasta el mundo del tango,
pasando por el fútbol, el café o las vacaciones populares en Mar del Plata. En gran parte,
la observación cotidiana y la técnica usada en esas láminas se replicarían en los dibujos
sobre el “contrera” antiperonista. En estos dibujos la composición temática es siempre

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similar: un hombre de elegante traje, sombrero y guantes, casi siempre con los ojos casi
cerrados o apenas entreabiertos, pasa un tanto altivo al lado de alguna manifestación
de las obras peronistas. Solitario y yendo siempre en dirección contraria,
el contrera baja la escalera mecánica cuando una multitud se dirige hacia la Plaza de
Mayo, se retira solo de la sala cuando aparece una imagen de Perón en un cine repleto
o camina por la vereda de enfrente cuando pasa por un hospital-escuela en construcción
bajo el cartel “Perón cumple” que capta la curiosidad de todos los demás transeúntes.
Esta altivez del “bacán” o “señor bien” está caricaturizada en un tono amable, “casi
sobreactuada”, dice Tomás Sanz en un prefacio sobre su obra. También los
simpatizantes peronistas están representados sin ningún recurso gráfico que parezca
ridiculizarlos o adjetivarlos (como aparecerá en otras caricaturas de la época y que
veremos a continuación).

De esta manera, la galería del “contrera” de Medrano goza de cierta ambivalencia


ideológica, pasible de ser disfrutada por peronistas y anti-peronistas. (En línea con esto,
debe señalarse que el dibujante trabajó durante más de treinta años para el diario La
Nación pero también publicó en el mensuario Argentina, de sesgo oficialista).

Lejos de la sutileza descriptiva de Medrano y


con una clara inscripción ideológica en los
tópicos más repetidos del socialismo, otro
dibujante representaría el clivaje peronismo-
antiperonismo. Nos referimos a José Antonio
Ginzo, más conocido como Tristán. “El XXXVI
Congreso Nacional del Partido Socialista
resuelve tributar un caluroso voto de aplauso a
Tristán, el eficaz artista que ha sabido traducir
con habilidad inigualable a través de las
caricaturas aparecidas en La Vanguardia la
esencia de la realidad política que vivimos.” En
1948 el Partido Socialista festejaba así sus
viñetas en blanco y negro. Al verlas parece ser
cierto que funcionaron como una traducción
bastante literal del antiperonismo de ese
partido. “Aspiro a que estas caricaturas
antidictatoriales –antirrosistas, antifranquistas
y antiperonistas– provoquen algo más que una Epígrafe: Caricatura realizada por
sonrisa. Ojalá provoquen algunas reflexiones. Tristán para La Vanguardia (1948)
Porque son éstas, caricaturas terriblemente
serias. Como que vienen de la entraña misma del drama de un pueblo crédulo, sufrido
y generoso”, decía el propio Tristán en el prólogo de la compilación de sus caricaturas
aparecida en diciembre de 1955. A diferencia de Medrano, los dibujos de Tristán
“subrayan”, “explican”, “señalan”, “adjetivan”, “denuncian” el fenómeno peronista. Así,
aparece una Evita que es reina, un Perón que es un César romano rodeado de esvásticas
y a menudo espejado en la figura de Rosas, Gobierno del que sería continuación (en una
ilustración se llega a preguntar: “Pero… ¿se dio realmente la batalla de Caseros?”), un
pueblo trabajador con orejas de burro y que no sabe escribir porque prefiere las
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alpargatas (“¡biba Rosas!”); seguidores con la cabeza hueca que son representados
como verdaderos autómatas que caen en la trampa del “régimen”… Una galería de
arquetipos que, sin duda, ilustró la interpretación que el socialismo hizo del peronismo
por aquellos años.

Caricatura realizada por Tristán para La Vanguardia (1948)

La figura del contrera fue retomada también en la radio. En junio de 1951, Enrique
Santos Discépolo fue invitado a sumarse a un micro radial titulado “Pienso y digo lo que
pienso”, en el que distintos actores mostraban su adhesión al gobierno. Tras dudarlo,
Discépolo aceptó a condición de escribir sus propios libretos. El 11 de julio de 1951, en
el marco de la campaña por la reelección presidencial, Discépolo inicia su micro radial
donde compone a Mordisquito, el interlocutor sin voz de sus alocuciones: un personaje
que representaba al opositor sistemático, reflejo de un pasado histórico.

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Les proponemos ingresar a este link y mirar el Programa de Canal
Encuentro Soy del pueblo, especialmente desde el minuto 25:52 al
minuto 27:06. Se trata de la voz de Mordisquito en el programa
radial Pienso y digo lo que pienso.

[Link]

Discépolo fue hostigado por ciertos sectores de la sociedad con amenazas, insultos y
desprecios. Lo hostigan en los lugares públicos y, hasta Ricardo Balbín –candidato
presidencial de la UCR– lo agrede en un discurso. Discépolo le contesta el día siguiente
con su famoso monólogo “...yo no lo inventé a Perón, ni a Eva Perón”. El peronismo
triunfó en las elecciones y su líder valoró el trabajo del artista: “Ganamos gracias al voto
femenino y a Mordisquito”. (Discépolo, 2009: 99)

Ideas y escritos

En busca del fundamento metafísico: el Congreso de Filosofía de 1949 y La


comunidad organizada

El Primer Congreso Nacional de Filosofía, realizado del 30 de marzo al 9 de abril de 1949


en Mendoza, se inscribe en la enorme disputa material y simbólica por los sentidos de
la vida en común que tiene lugar en esos primeros años del peronismo. El Congreso fue
importante por dos razones: por un lado, contó con la presencia de las más importantes
figuras del pensamiento nacional e internacional del momento; por otro lado, entre los
discursos hubo uno que estuvo a cargo de Perón: una larga intervención filosófico-
política que luego se conoció y difundió bajo el nombre de La comunidad organizada.

Entre las ponencias nacionales es necesario destacar los trabajos de dos grandes
filósofos argentinos. Nos referimos a Carlos Astrada y Luis Juan Guerrero. Si los
mencionamos es porque no sólo han sido dos de nuestros mayores filósofos sino porque
fueron muy importantes en la organización de un Congreso que primariamente estuvo
pensado para moverse con el apoyo oficial en las tranquilas aguas del neoescolasticismo
y que, a partir de sus intervenciones, tomó otra dirección.

La tarea de Carlos Astrada constituyó, en cierto modo, una de las apuestas más
importantes del período para hacer efectiva otra configuración del campo intelectual
nacional. Se encargó de invitar a los más destacados filósofos europeos, casi todos ellos
formados en el ambiente cultural de la fenomenología y el existencialismo y, además,
de desplegar una severa crítica contra el tomismo local, muy influyente por entonces en
las instituciones educativas de nuestro país. En ese sentido evidenció que en nuestro
país había filósofos formados que, lejos de ahogarse en el sagrado éxtasis del fervor
religioso, podían discutir al nivel de los últimos avatares de la filosofía europea.
9
Sin embargo, Astrada no tuvo tanto éxito con el aporte de sus ideas a la fundamentación
filosófica del peronismo. A pesar de su adhesión a las políticas del gobierno en curso, en
esta “batalla intelectual” su versión del existencialismo heideggeriano no podrá definir
las líneas maestras del texto fundacional de la filosofía peronista. Fue muy difícil para
Astrada influir lo suficiente en el discurso de clausura del Congreso, cuyo ecléctico
contenido fue advertido por los más diversos intérpretes.

Perón inicia esa conferencia con las siguientes palabras:

Alejandro, el más grande general, tuvo por maestro a Aristóteles. Siempre he


pensado entonces que mi oficio tenía algo que ver con la filosofía. El destino me
ha convertido en hombre público. (…) Nuestra acción de gobierno no representa
un partido político, sino un gran movimiento nacional con una doctrina propia,
nueva en el campo político mundial. He querido entonces ofrecerles a los señores
que nos honran con su visita, una idea sintética de base filosófica, sobre lo que
representa sociológicamente nuestra tercera posición. (Perón, 1949)

El presidente argentino se ubica a sí mismo no como filósofo puro sino como pensador
práctico que entiende que está realizando una novedad en el campo político mundial.
¿Qué es lo nuevo que tiene el justicialismo para ofrecer al mundo? Su tercera posición:
entre los imperialismos capitalista y socialista triunfantes hay una perspectiva política
que realiza de otro modo las relaciones entre individuos, Estado y comunidad. Es preciso
exponer entonces los fundamentos que sostienen esa pretendida y compleja relación.

Los primeros apartados del discurso de Perón están dedicados a efectuar


un diagnóstico: se vive el tiempo de una crisis civilizatoria que tiene su origen en la
distancia existente entre el progreso técnico y el moral. A partir de este diagnóstico
general, la conferencia especifica aún más los males a superar pero también propone
algunas orientaciones. Al egoísmo material y al individualismo incontrolado es preciso
oponer individuos virtuosos, pero para ello es preciso realizar la máxima de la educación
moral sobre la que alertaba Rousseau, sólo realizable si se repiensan las relaciones entre
los individuos, la comunidad y el Estado.

Es aquí donde comienza la tercera y decisiva parte de la Conferencia que pone de relieve
la propuesta filosófica del justicialismo. Lo que intenta llevar a cabo esta fuerza política,
dice Perón, es un programa que ni el capitalismo liberal, ni el comunismo de Estado
están en condiciones de proponer y efectuar. Mientras el capitalismo fracasa al pensar
las relaciones antes mentadas -en tanto promueve un individualismo amoral regido por
un materialismo utilitarista y hedonista que profundiza el abismo entre progreso
material y moral- el comunismo le ha dado tal importancia a lo colectivo que ha
“insectificado” a los individuos y ha transformado al Estado en una máquina que
sobredetermina negativamente las relaciones comunitarias.

¿Y qué sucede con el clima existencialista de la época, clima del que formaba parte el
propio Carlos Astrada? De la lectura se desprende que tiene poco lugar en este “mundo
peronista” y que no representa para Perón más que el síntoma nihilista de una

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impotencia individual que renuncia a toda transformación colectiva de la vida en común.
Sólo la tercera posición justicialista ofrece una vía de salida a los males de la posguerra.

Pero ¿qué Nación imagina la utopía justicialista? Se trata de un nosotros nuevo, de una
composición virtuosa entre individuos que trabajan y producen, y un Estado que está al
servicio del trabajo y la producción con un sentido normativo claro: organizar la
experiencia de lo común a partir de la composición de un nosotros que se singulariza en
cada yo trabajador. Un Estado-nación benefactor que se ponga al servicio de los anhelos
individuales y colectivos. ¿Cómo ser algo más que una fuerza política lanzada a las calles?
¿Cómo perdurar más allá de leyes sociales consagradas constitucionalmente? ¿Cómo
vencer, pues, al tiempo? Que lo haya logrado es materia por lo demás opinable.

Los muchachos peronistas

El historiador inglés –ya citado– Daniel James reutilizó el término “iconoclasia”, propio
de la antropología, para hacer una lúcida interpretación de las bases de legitimación del
nuevo movimiento político encabezado por el entonces coronel Perón. Para James, el
rasgo distintivo de las jornadas de octubre en distintas ciudades del país fue la
manifestación de desaprobación hacia los símbolos evidentes de una “desigual
distribución del poder cultural”: la universidad, el Jockey Club, algunos comercios de
mercancías inalcanzables fueron, entre otros, blancos de ataque y ridiculización. El
peronismo se legitimaba como movimiento de masas al desconocer, esas mismas
masas, la autoridad de una cultura que fijaba un canon sensible que las negaba como
sujetos políticos. Con el peronismo hay una afirmación de los cuerpos hasta entonces
excluidos de un orden que no les permitía afirmarse más que de un modo esperable,
ajustado a las normas de lo que debería ser el comportamiento colectivo. Como se
afirmó más arriba, el “pueblo” es, en palabras del diario La Nación, el que asistió a la
“Marcha de la Constitución y de la Libertad”. En cambio, la “multitud” movilizada el 17
de octubre será “murga”, según el órgano del Partido Comunista, Orientación, o “turba
histérica”, según la escritora Silvina Ocampo.

Quizás sea arriesgado decirlo pero el 17 de octubre no sólo es la fecha fundacional de


un nuevo movimiento político sino el bautismo de fuego del sujeto que lo soporta: “los
muchachos peronistas”. Si hasta la canción emblema del movimiento, estrenada en su
versión oficial el 17 de octubre de 1949, amén de ser un panegírico de ritmo carnavalero,
los eternizó en su primer verso y en la voz inconfundible de Hugo del Carril.

La historia de la Marcha es terreno cenagoso y forma parte de los mitos del peronismo.
De una larga secuencia de adaptaciones de una murga, precisamente, proviene su letra
y su música. Algunos datos son plausibles. Las diferentes investigaciones sobre el tema
(Cabrera-Nudler y Llistosella) no concuerdan, por lo que todo lo que podamos decir
sobre el origen de la Marcha es provisorio.

Su música parece provenir de una marcha del club Barracas Juniors compuesta por un
músico autodidacta llamado Juan Streiff en 1931. La letra de la canción, que identificaba
a la institución deportiva, fue escrita por un tal Juan Mufarrich y, en sus primeros versos,

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decía: “Vengan muchachos, y unidos, / todos juntos cantaremos / y al mismo tiempo
daremos / un hurra de corazón”.

Otra hipótesis sostiene que el bandoneonista llamado Vicente Coppola había ya


compuesto una murga con esa misma música en 1928 para la comparsa “El Rosedal”,
también del barrio de Barracas. Según testimonios fotográficos, Streiff y Coppola
compartieron la línea de bandoneones de la “Agrupación Recreativa El Rosedal”. Así, si
bien es cierto que Streiff figura como autor de la música de la marcha de Barracas
Juniors, es probable, también, que esa música ya la hubiera escuchado antes en algún
lado y, entonces, le fuera familiar. Coppola, como autor de la música de “Los muchachos
peronistas”, parece ser lo más cercano a la verdad. Pero entre tantas confusiones llegó
a atribuírsele a Rodolfo Sciamarella, autor de tangos exitosos y de la marcha “Por cuatro
días locos”, y a los hermanos Lomuto, compositores muy próximos a los militares del
‘43. Mientras tanto, la letra de aquel himno deportivo compuesta por Mufarri en 1931
tendrá una serie de adaptaciones, todas ellas carnavalescas o para repertorio popular,
hasta que, finalmente, en 1948 se transformará gracias a la pluma de Rafael Lauría en la
marcha de la Federación Gráfica Bonaerense, estrenándose públicamente el 2 de mayo
de 1948 en el Teatro Colón en homenaje a Eva Perón.

Los gráficos peronistas (1948)

Los gráficos peronistas / todos unidos triunfaremos / y al mismo tiempo


daremos / un hurra de corazón / ¡viva Perón! ¡Viva Perón!
Por ese gran argentino / que se supo conquistar / a la gran masa del pueblo /
combatiendo al capital / Perón, Perón, qué grande sos / mi general, cuánto valés.
/ Perón, Perón, que grande sos, / sos el primer trabajador.

Se dirá que la labor de adaptación entre una marcha y la otra no ha sido de una gran
elaboración. Pero, al menos, Lauría incorporó una estrofa que contiene el enigmático
verso “combatiendo al capital”. Menos sutil quizás haya sido la adaptación del
controversial ministro de Educación de Perón, el médico Oscar Ivanissevich, registrado
como autor –finalmente– de la famosa Marcha.

A modo de cierre

En esta clase nos propusimos pensar algunos objetos e ideas alrededor del primer
peronismo, conscientes de que se trata de un fenómeno histórico de enorme significado
y, por eso, imposible de agotar o desarrollar en tan poco espacio. Hemos optado,
entonces, por ingresar a la cuestión a través de elementos quizás menos desarrollados
o menos conocidos, como excusa para estimular indagaciones más profundas o más
extensas. Así, hicimos hincapié en el arco que va del Golpe de 1943 a un acontecimiento
fundador como el 17 de octubre, pero recuperando en el camino otra manifestación, no
siempre mencionada, como la Marcha de la Constitución y de la Libertad realizada unas
semanas antes. Indagamos también en las formas que el humor gráfico y radial procesó
los años peronistas y el modo en que trabajó sobre sus significantes centrales, y en la
12
historia de la “Marcha peronista” (tema central pero no único de la banda de sonido de
aquella época). Por otro lado, dedicamos también un espacio a desarrollar algunas ideas
en torno a la relación (tensa) entre pensamiento filosófico y peronismo, encarnada
sobre todo en la figura de Carlos Astrada y en el discurso pronunciado por Perón en el
cierre del Congreso de Filosofía de 1949.

Para saber más

Para ampliar la información de la clase les proponemos la lectura de estos archivos:

• Ciclo de enseñanza de las Ciencias Sociales, “Los trabajadores como sujetos políticos.
Notas sobre una vieja polémica”, Instituto Nacional de Formación Docente, 2014.

• Ciclo de enseñanza de las Ciencias Sociales, “«Vivimos como reyes»: la Fundación Eva
Perón”, Instituto Nacional de Formación Docente, 2014.

• Pablo Pineau, “De zoológicos y carnavales: las interpretaciones sobre la Universidad


Obrera Nacional”, en Héctor Rubén Cucuzza (dir.), Estudios de historia de la educación
durante el primer peronismo, Los libros del Riel, Buenos Aires, 1997.

Bibliografía citada en la clase

• Aniceto Alpuy, N., Álvarez, B., Arpesella, A.,Andreotti F., Blanco, F., Bustamante, R.,
Carballido, D., Caprara, J., Conditi, C., D´Alesio, N., Ferrari, L., Griffo, J., Larrosa, P.,
Lombardia, R., Píccolo, M., Pérez, B., Perazzolo, J., Parrilli, A., Pautasso, B., Platas, A.,
Pontieri, S., Manso, J., Mendez, J., Malvicini, A., Nazca, F., Nigrelli, J., Seijo, E. y Tejada,
R.(1973) Acta de la reunión del Comité Central Confederal del 16 de octubre de 1945,
en Pasado y Presente, Nº 2/3, Nueva serie.
• [Link].,(1949) Actas del Primer Congreso Nacional de Filosofía, Universidad Nacional de
Cuyo, Mendoza, Argentina, Marzo 30-Abril 9, Tomos I-II-III.
• Abregú Virreira, Carlos “El lenguaje popular de Perón”, en AAVV, Una nación recobrada.
Enfoques parciales de la Nueva Argentina, Presidencia de la Nación, Buenos Aires, 1952.
• Baschetti, Roberto (2005) “El primer congreso nacional de filosofía en la Argentina”, La
Biblioteca, ¿Existe la filosofía argentina?, Argentina, Nº 2-3, pp. 360-367.
• Cabrera, Hilda y Nudler, Darío, La Marcha: los muchachos peronistas, Buenos Aires,
Ejercitar la Memoria Editores, 2010.
• Conde, Pedro Diccionario etimológico del lunfardo, Buenos Aires, Taurus, 2004.
• David, Guillermo. Carlos Astrada. La filosofía argentina, Buenos Aires, El cielo por asalto,
2004.
• Del Carril, Bonifacio Juan D. Perón: ascenso y caída, Buenos Aires, Emecé, 2005.
• D’Iorio, Gabriel. “El rugoso ser de lo común. Perón, Astrada, y el Primer Congreso de
Filosofía” en Guillermo Korn (comp.) El peronismo clásico (1945-1955). Descamisados,
gorilas y contreras, Buenos Aires, Paradiso, 2007
• Halperin Donghi, Tulio. Son memorias, Buenos Aires, Siglo XXI, 2008.

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• James, Daniel “El 17 y 18 de octubre de 1945: el peronismo, la protesta de masas y la
clase obrera argentina”, en Juan Carlos Torre (comp.), El 17 de Octubre de 1945, Ariel,
Buenos Aires, 1995. (previamente publicado en Desarrollo económico, Nº 107, 1987)
• Llistosella, Jorge La marcha peronista, Buenos Aires, Sudamericana, 2008.
• Medrano, Luis Grafovida, Buenos Aires, La Nación Libros, 2004.
• Santos Discépolo, Enrique ¿A mí me la vas a contar? Discursos a Mordisquito, La Plata,
Terramar, 2009.
• Torre, Juan Carlos “La CGT en el 17 de octubre de 1945”, en Juan Carlos Torre (comp.),
El 17 de Octubre de 1945, Buenos Aires, Ariel, 1995.
• Tristán, 150 caricaturas, Buenos Aires, Gure, 1955.

Bibliografía complementaria

• Bernetti, Jorge y Puiggrós, Adriana Peronismo: cultura política y educación (1945-


1955), Buenos Aires, Galerna, 1993.
• Del Campo, Hugo Sindicalismo y peronismo, Buenos Aires, Siglo XXI, 2012.
• Gené, Marcela Un mundo feliz. Imágenes de los trabajadores en el primer peronismo.
1946-1955, Buenos Aires, FCE, 2005.
• Ghioldi, Américo Alpargatas y libros en la historia argentina, Buenos Aires, La
Vanguardia, 1946.
• James, Daniel Doña María. Historia de vida, memoria e identidad política, Buenos
Aires, Manantial, 2004.
• Rapoport, Mario y Spiguel, Claudio Relaciones tumultuosas. Estados Unidos y el primer
peronismo, Buenos Aires, Emecé, 2009.
• Rougier, Marcelo La economía del peronismo, Buenos Aires, Sudamericana, 2012.

Actividad

Foro “En torno al Peronismo”

Luego de leer la clase les proponemos que elijan un tema (o una imagen, o un concepto,
o una cita) que remita al primer peronismo con el objeto de compartir con los colegas
de qué modos lo transmitirían a sus estudiantes desde su campo de saber específico.
Hecha la elección les proponemos que compartan brevemente cómo presentarían el
tema en cuestión (o la imagen, el concepto, la cita), qué materiales utilizarían, qué
actividades, preguntas, recursos, o, de otro modo, qué secuencia de trabajo en el aula
propondrían, etc.

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Créditos
Autor/es: INFD

Cómo citar este texto:

INFD (2020). Clase Nro. 3: En torno al primer peronismo. Curso: Historia de la Sociedad
y de la Cultura Argentina Contemporánea. Buenos Aires: Ministerio de Educación de la
Nación.

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