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Inconstitucionalidad Art. 127 Ley 600/2000

Este documento presenta la Sentencia C-152/04 de la Corte Constitucional de Colombia. Resuelve una demanda de inconstitucionalidad contra parte del Artículo 127 de la Ley 600 de 2000, que permite a un sindicado que sea abogado ejercer su propia defensa técnica sin necesidad de un apoderado. La Corte analiza la demanda, intervenciones a favor y en contra, y el concepto del Procurador General, y decide declarar la norma exequible condicionada, requiriendo asistencia de abogado cuando el sindicado esté de

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Inconstitucionalidad Art. 127 Ley 600/2000

Este documento presenta la Sentencia C-152/04 de la Corte Constitucional de Colombia. Resuelve una demanda de inconstitucionalidad contra parte del Artículo 127 de la Ley 600 de 2000, que permite a un sindicado que sea abogado ejercer su propia defensa técnica sin necesidad de un apoderado. La Corte analiza la demanda, intervenciones a favor y en contra, y el concepto del Procurador General, y decide declarar la norma exequible condicionada, requiriendo asistencia de abogado cuando el sindicado esté de

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Sentencia C-152/04

Referencia: expediente D-4863

Demanda de inconstitucionalidad contra el


Art. 127 (parcial) de la Ley 600 de 2000

Demandante: Jaime Alberto Nanclares


Quintero

Magistrado ponente:
Dr. JAIME ARAÚJO RENTERÍA

Bogotá, D. C., veinticuatro (24) de febrero de dos mil cuatro (2004).

La Sala Plena de la Corte Constitucional, en cumplimiento de sus atribuciones


constitucionales y de los requisitos y trámite establecidos en el Decreto 2067
de 1991, ha proferido la siguiente

SENTENCIA

I. ANTECEDENTES

En ejercicio de la acción pública de inconstitucionalidad, el ciudadano Jaime


Alberto Nanclares Quintero presentó demanda contra el Art. 127 (parcial) de
la Ley 600 de 2000.

Cumplidos los trámites constitucionales y legales propios de los procesos de


constitucionalidad, la Corte Constitucional procede a decidir acerca de la
demanda de la referencia.

II. NORMA ACUSADA

A continuación se transcribe el texto de la disposición demandada, conforme a


su publicación en el Diario Oficial No 44.097 de 24 de julio del 2000,
subrayando el aparte acusado.

Ley 600 de 2000


Por la cual se expide el Código de Procedimiento Penal
El Congreso de Colombia,

DECRETA:

(...)

ARTICULO 127. FACULTADES. Para los fines de su defensa el


sindicado deberá contar con la asistencia de un abogado escogido por
él o de oficio. Cuando la defensa se ejerza de manera simultánea por el
sindicado y su defensor, prevalecerán las peticiones de este último.

En todo caso si el sindicado fuere abogado titulado y estuviere


autorizado legalmente para ejercer la profesión, podrá de manera
expresa aceptar y ejercer su propia defensa sin necesidad de
apoderado. Sin embargo, en la versión libre y en la indagatoria deberá
estar acompañado por un abogado.

III. DEMANDA

El demandante considera que la disposición parcialmente acusada vulnera el


Art. 29 de la Constitución Política, por las siguientes razones:

Señala que según la citada norma constitucional todo sindicado tiene derecho
a la asistencia de un abogado escogido por él, o de oficio, durante la
investigación y el juzgamiento.

Expresa que la misma norma consagra el derecho fundamental a la defensa en


las actuaciones penales, el cual “se desdobla en defensa material o personal,
de un lado, y defensa técnica, profesional o letrada, del otro”. Agrega que si
bien, en términos generales, el derecho a la defensa no ostenta carácter
absoluto o ilimitado, como lo ha sostenido la Corte Constitucional, cuando se
trata del derecho específico a la defensa técnica, profesional o letrada en las
actuaciones penales sí tiene dicho carácter, en el sentido de que el procesado o
sindicado debe estar asistido en todas las etapas del proceso por un defensor,
sin excepción alguna, siendo dicho derecho indisponible e irrenunciable.

Indica que, por tanto, un sujeto procesal no puede ejercer la defensa material y
la defensa técnica en la misma actuación, como sería el caso del sindicado
abogado titulado, quien no podría ejercer la defensa técnica por sí mismo y
requiere ineludiblemente la asistencia de un defensor designado por él o en
forma oficiosa.

Manifiesta que la eventualidad de que el sindicado sea privado de la libertad


preventivamente le impide adelantar con amplitud, libertad, movilidad y
eficiencia su defensa técnica cuando tiene la calidad de abogado titulado, y
que el mismo no se encuentra en condiciones espirituales y emocionales
normales para afrontar con serenidad su autodefensa. Añade que así como la
misma disposición demandada exige la asistencia de un abogado en la versión
libre y la indagatoria, en las cuales el defensor tiene una posición pasiva, con
mayor razón debe exigirse dicha asistencia en los demás actos del proceso, en
los cuales se requiere una defensa activa.

IV. INTERVENCIONES

1. Intervención de la Universidad Santo Tomás

Mediante escrito recibido el 16 de Octubre de 2003, el ciudadano Diego


Corredor Beltrán, obrando en representación de la Universidad Santo
Tomás, conceptúa que la norma acusada debe ser declarada inexequible,
con fundamento en lo siguiente:

Afirma que en el proceso penal se reconoce el derecho de defensa desde dos


perspectivas avaladas por el Art. 29 de la Constitución Política: la defensa
material, radicada en cabeza del procesado, con la cual se le garantiza la
posibilidad de utilizar los medios de prueba pertinentes, no declarar contra
sí mismo o contra sus parientes ni declararse culpable, y la defensa técnica,
que exige la intervención de abogado, se toma como un refuerzo de aquella
y tiene como finalidad asegurar la realización de los principios de igualdad
de las partes y de contradicción.

Citando a un autor extranjero plantea que el defensor no es sólo un asistente


técnico del sindicado sino también un verdadero sujeto del procedimiento
penal que, por lo general, ejerce facultades autónomas, sin depender de la
voluntad del sindicado, y cuya actividad responde siempre a un interés
parcial que es la defensa del mismo.

Asevera que el defensor es un sujeto procesal diferente del sindicado y que


si bien ambos tienen un cometido común, no pueden llegar a confundirse en
un solo sujeto procesal. Añade que el defensor y el sindicado son dos
individualidades constitutivas de una parte única, representada en dos
órganos que articulan la parte defendida, y que el sindicado no puede ser
privado de su derecho a la defensa, por ser éste fundamental e inalienable.

Expresa que el ordenamiento constitucional considera conveniente que


existan ambas defensas para que la combinación de sus esfuerzos permita
una defensa beneficiosa y adecuada del sindicado y que, en consecuencia,
coadyuva la pretensión de inconstitucionalidad formulada en la demanda.
Señala también que debe distinguirse el derecho de defensa en asuntos
penales del mismo derecho en otros asuntos, pues el Art. 29 superior
consagra expresamente la defensa técnica en los primeros.

2. Intervención de la Academia Colombiana de Jurisprudencia

Por medio de escrito radicado el 21 de Octubre de 2003, el ciudadano Juan


Carlos Prías Bernal, actuando en nombre de la Academia Colombiana de
Jurisprudencia, pide a la Corte que declare la exequibilidad condicionada de
la disposición acusada, en el sentido de que la facultad que tiene el
sindicado de ejercer su derecho a la defensa técnica cuando ostenta la
calidad de abogado no se aplique cuando se encuentre afectado por la
medida de detención preventiva, con base en las siguientes razones:

Manifiesta que conforme a lo dispuesto en el Art. 29 superior el derecho a


la defensa, especialmente en materia penal, es irrenunciable y comprende la
defensa material y la defensa técnica.

Indica que la defensa material se predica estrictamente del sindicado,


consiste en la facultad que tiene de controvertir los hechos que se le
imputan dentro del proceso penal y se ejerce en la totalidad de éste pero
principalmente en las diligencias de versión libre e indagatoria. Transcribe
apartes de sentencias de la Corte Constitucional sobre el tema.

Señala que la defensa técnica implica la asesoría y acompañamiento de un


abogado en el desarrollo del proceso y tiene fundamento en la garantía del
derecho de igualdad, ya que el sindicado debe tener la posibilidad de
controvertir las razones jurídicas que plantee el funcionario judicial
respectivo. Por ello, nada impide permitir al sindicado que es abogado
titulado que ejerza su propia defensa técnica.

Enuncia que disiente de la posición del demandante según la cual no pueden


concurrir la defensa material y la defensa técnica en una sola persona, con
el argumento de la dualidad de sujetos procesales, puesto que la primera
busca preservar la posibilidad de que el sindicado presente sus argumentos
sobre los hechos y circunstancias que son materia del proceso y la segunda
persigue una defensa profesional e ilustrada de carácter jurídico, tanto
sustancial como procesal, y transcribe algunos segmentos de sentencias de
la Corte Constitucional sobre la defensa técnica.

Manifiesta que, sin embargo, como se expone en la demanda, la defensa


técnica del sindicado que es abogado titulado resulta desconocida cuando el
mismo está afectado por la medida de detención preventiva, en cuanto no
puede hacer el necesario y continuo seguimiento del proceso y, en
particular, no puede desarrollar la labor de allegar y controvertir las
pruebas.

3. Intervención del Ministerio del Interior y de Justicia

El día 22 de Octubre de 2003 fue radicado escrito firmado por el ciudadano


Luis Fernando Marín Molina, obrando en nombre del Ministerio del Interior y
de Justicia, el cual no será tenido en cuenta por ser extemporáneo.

V. CONCEPTO DEL PROCURADOR GENERAL DE LA NACIÓN

El Procurador General de la Nación, Edgardo José Maya Villazón, en


Concepto No. 3420 presentado el 20 de noviembre de 2003, solicita a la Corte
que declare exequible la expresión demandada, con las siguientes
consideraciones:

Plantea que el aparte impugnado tiene como sustento lo establecido en el Art.


229 de la Constitución, en cuanto éste autoriza al legislador para indicar los
casos en que las personas pueden ejercer su derecho de acceder a la
administración de justicia sin representación de abogado. Agrega que dicha
potestad debe ser utilizada por aquel con un criterio de razonabilidad.

Señala que la defensa técnica, por parte de un profesional del Derecho, es un


elemento básico del debido proceso penal y que cuando el sindicado que es
abogado titulado y está autorizado legalmente para ejercer su profesión asume
su propia defensa, se cumple la garantía constitucional de la defensa técnica.

Dictamina que la norma acusada sólo faculta al sindicado para ejercer su


defensa, pero no lo obliga a ello, por lo cual aquel puede otorgar poder a otro
abogado para que la ejerza en su nombre. Añade que el sindicado puede hacer
uso de esta opción cuando perturbaciones de ánimo no le permitan asumir su
defensa con la lucidez requerida, por lo que resulta sin fundamento el
argumento del demandante en el sentido de que en ese evento se vulnera el
derecho de defensa del sindicado.

Cita un segmento de la Sentencia C-025 de 1998, mediante la cual la Corte


Constitucional declaró exequible el Art. 33 del Decreto ley 196 de 1971
(Estatuto del Ejercicio de la Abogacía), que dispone que en materia penal los
procesados pueden, sin necesidad de apoderado, adelantar todas las
actuaciones que les autoriza el Código de Procedimiento Penal. Agrega que la
facultad otorgada al sindicado en el aparte normativo objeto de la presente
demanda no es aplicable a todas las actuaciones procesales, pues no
comprende la versión libre y la indagatoria, en las cuales es necesaria la
asistencia de un apoderado para garantizar el derecho de defensa, y que la
potestad legislativa de permitir el acceso a la administración de justicia sin
representación de abogado agiliza la prestación de aquella y favorece el interés
general.

VI. CONSIDERACIONES Y FUNDAMENTOS DE LA CORTE

Competencia

1. Esta corporación es competente para decidir sobre la constitucionalidad de


la norma parcialmente acusada, de conformidad con lo dispuesto en el artículo
241, Num. 4, de la Constitución, por estar contenida en una ley.

Problema jurídico planteado

2. Corresponde a la Corte determinar si la facultad otorgada por el aparte


normativo acusado al sindicado que fuere abogado titulado y estuviere
autorizado legalmente para ejercer la profesión, de aceptar y adelantar su
propia defensa en el proceso penal, sin necesidad de apoderado, es contraria al
principio del debido proceso consagrado en el Art. 29 de la Constitución
Política.

La defensa técnica en materia penal

3. De conformidad con lo previsto en el Art. 29 superior, el debido proceso


debe aplicarse a toda clase de actuaciones judiciales y administrativas.

Uno de los componentes esenciales del debido proceso es el derecho de


defensa, que consiste en el poder de voluntad de controvertir las pretensiones,
pruebas y argumentos de la contraparte o del Estado, según sea el caso,
solicitar y allegar pruebas, formular solicitudes e interponer recursos.

Dicho derecho adquiere una relevancia especial en materia penal, por estar en
juego la libertad de las personas, tan cara en un Estado democrático, lo cual
explica que el citado artículo constitucional se refiera expresamente a él, al
consagrar que “[q]uien sea sindicado tiene derecho a la defensa y a la
asistencia de un abogado escogido por él, o de oficio, durante la investigación
y el juzgamiento; a un debido proceso público sin dilaciones injustificadas; a
presentar pruebas y a controvertir las que se alleguen en su contra; a
impugnar la sentencia condenatoria, y a no ser juzgado dos veces por el
mismo hecho”.

A su vez, el Art. 14, Num. 3, Lit. d), del Pacto Internacional de Derechos
Civiles y Políticos, aprobado por la Ley 74 de 1968, establece que “[d]urante
el proceso, toda persona acusada de un delito tendrá derecho, en plena
igualdad, a las siguientes garantías mínimas: (...) d) A hallarse presente en
el proceso y a defenderse personalmente o ser asistida por un defensor de su
elección; a ser informada, si no tuviera defensor, del derecho que le asiste a
tenerlo, y, siempre que el interés de la justicia lo exija, a que se le nombre
defensor de oficio, gratuitamente, si careciere de medios suficientes para
pagarlo”.

Igualmente, el Art. 8º, Num. 2, Lits. d) y e), de la Convención Americana de


Derechos Humanos, aprobada por la Ley 16 de 1972, estatuye que “(...)
[d]urante el proceso, toda persona tiene derecho, en plena igualdad, a las
siguientes garantías mínimas: (...) d) derecho del inculpado de defenderse
personalmente o de ser asistido por un defensor de su elección y de
comunicarse libre y privadamente con su defensor; e) derecho irrenunciable
de ser asistido por un defensor proporcionado por el Estado, remunerado o
no según la legislación interna, si el inculpado no se defendiere por sí mismo
ni nombrare defensor dentro del plazo establecido por la ley”.
La doctrina penal distingue entre la defensa material, que corresponde ejercer
al sindicado mismo, y la defensa técnica o profesional, que puede ejercer en
nombre de aquel un abogado legalmente autorizado para ejercer su profesión,
en virtud de designación por parte del sindicado o en virtud de nombramiento
oficioso por parte del funcionario judicial respectivo.

La segunda modalidad busca una defensa especializada idónea y plena del


sindicado, a través de un profesional del Derecho, de quien se presume que
tiene los conocimientos y la experiencia suficientes para controvertir los
cargos del Estado y participar en el desarrollo del proceso, frente a
funcionarios judiciales que por la naturaleza de sus funciones y por exigencia
legal tienen dicho rango profesional.

La Corte Constitucional se ha referido en numerosas oportunidades a este


tema, sobre el cual ha expresado:

“5. El Constituyente dejó plasmada en la Carta la voluntad de


asegurar el respeto pleno al derecho a la defensa técnica en el ámbito
penal, mediante una “regulación categórica y expresa de carácter
normativo y de rango superior”, que “compromete, con carácter
imperativo y general, al legislador, a la ley y a los jueces”. 1

6. Lo anterior significa que “dichas funciones de defensa del sindicado


en las etapas de investigación y juzgamiento no pueden ser
adelantadas por una persona que no se encuentre científica y
técnicamente habilitada como profesional del derecho, so pena de la
configuración de una situación de anulabilidad de lo actuado en el
estrado judicial por razones constitucionales, o de inconstitucionalidad
de la regulación legal o reglamentaria que lo permita”.2” 3

En otra ocasión manifestó:

“Además, para la Corte no cabe duda de que el Constituyente con el


fin de asegurar la garantía del debido proceso expresamente señaló la
necesidad, salvo las excepciones legales, de concurrir al proceso
judicial como parte procesal con el patrocinio o la asistencia de
abogado, como se deduce de una interpretación sistemática y unitaria
de las disposiciones contenidas en los artículos 26, 29, 95-7 y 229 de la
Constitución. Particularmente, en materia penal, se exige la presencia
de abogado, con las salvedades ya consignadas, con el fin de asegurar
la adecuada defensa técnica del procesado; por ello, se estima que el
mandato del art. 29 es de imperativo cumplimiento, en el sentido de
que el imputado tiene el derecho a ser defendido por un abogado
escogido por él; si no lo hace, le debe ser designado por el juez un

1
Cf. Corte Constitucional. Sala Plena. Sentencia No. C-592 de 1993. M.P. Dr. Fabio Morón Díaz.
2
Ibídem.
3
Sentencia C-025 de 1998. M. P. Fabio Morón Díaz
defensor de oficio. En consecuencia, no le es permitido hacer su propia
defensa, salvo que tenga la calidad de abogado.”4

Por su parte, la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia ha señalado:

“La concepción o entendimiento del proceso penal como contradictorio


hace que su desarrollo deba ser asumido dentro de una dinámica
controversial, un continuo enfrentamiento de tesis, de posturas
dialécticas, un permanente avanzar hacia la investigación y búsqueda de
la verdad basada en el conflicto de partes contendientes. Sin
oportunidades que posibiliten esta contradicción, no es posible concebir
legítimo hoy día el proceso.

“En un sistema como el nuestro, donde la función de acusación está en


cabeza del Estado, este entrabamiento solo es posible si al procesado se
le ofrecen las garantías e instrumentos necesarios para su ejercicio, y se
le brinda la oportunidad de enfrentar en condiciones de igualdad a su
contraparte.

“A partir de este principio, surge el derecho a la defensa técnica como


garantía fundamental y presupuesto esencial de validez en la relación
adversarial que a través del proceso penal se constituye, consistente en la
prerrogativa que el imputado tiene de estar asistido permanentemente
por un abogado que le asesore y represente, y que en términos de
equilibrio e idoneidad, pueda enfrentar el órgano represivo.

“Esta posibilidad de oposición y refutación de la pretensión punitiva del


Estado debe ser real, continua y unitaria, características que se oponen a
lo formal, lo temporal y lo soluble. No es, ni se trata, de llenar una
exigencia de carácter normativo, sino de velar porque este derecho logre
material y efectiva realización, obligación por cuyo cumplimiento debe
propender el funcionario judicial encargado de la dirección del proceso.

“El derecho a la defensa técnica o profesional es una prerrogativa


intangible. El imputado no puede renunciar a ella, ni el Estado a su
obligación de garantizarla. Si el procesado no quiere o no está en
condiciones de designar un abogado que lo asista en el trámite
procedimental, el órgano judicial tiene la obligación de proveérselo, y de
estar atento a su desempeño, asegurándose que su gestión se cumpla
dentro los marcos de diligencia debida y ética profesional, propósito que
por igual debe buscar en tratándose de abogados de confianza,
designados a instancia del propio implicado.

“No es que el órgano judicial pueda interferir en la estrategia defensiva


del abogado; ni más faltaba.. Mucho menos que pueda imponerle unos
determinados derroteros a su gestión controversial. De lo que se trata es
4
Sentencia C-069 de 1996. M. P. Antonio Barrera Carbonell. Aclaración de Voto de Carlos Gaviria Díaz y
Alejandro Martínez Caballero.
de evitar que el abandono de la gestión encomendada, entendida no como
inactividad contenciosa, sino como ausencia absoluta de presencia
procesal, desquicie la estructura básica del proceso.

“En cumplimiento de su función el defensor puede, por su parte, ejercitar


de manera amplia el derecho de contradicción mediante una activa
controversia conceptual o probatoria, u optar por un silencio expectante
dentro de los límites de la racionalidad, como estrategia defensiva,
susceptible de ser determinada a través de actos procesales que permitan
inequívocamente establecerla.

“Esta maniobra de simple supervisión del trámite procedimental,


caracterizada por la ausencia de actos positivos de gestión, debe
diferenciarse de la situación de abandono de la función encomendada,
que se presenta cuando el defensor, además de renunciar a los actos de
contradicción probatoria e impugnación, no hace presencia procesal
alguna, ni asume posturas de las cuales pueda deducirse una mínima
actividad vigilante”.5

En posterior oportunidad esta última corporación señaló:

“La concepción doctrinaria y jurisprudencial de acuerdo con la cual el


ejercicio de la defensa técnica experimentaba tres momentos: prohibida
en la fase prejudicial, permitida en la investigación y obligatoria en el
juicio, dejó de tener vigencia en nuestro medio con la entrada en
vigencia de la Constitución de 1991, al haber sido establecido en ella
que el procesado debe contar con la asistencia de un profesional del
derecho durante la investigación y el juzgamiento, quedando claro que
dicha garantía fundamental no es exclusiva del juicio, sino también de
la fase de la instrucción, y que su efectivo ejercicio en uno cualquiera
de estos estadios procesales no suple su desconocimiento en el otro.

“Lo anotado no significa que si en un determinado momento de estas


etapas del proceso el sindicado ha carecido de asistencia profesional,
la actuación así cumplida, o la subsiguiente, advengan por ese solo
motivo ineficaces. La Corte ha sostenido que si esto acontece, habrá de
determinarse, en cada caso concreto, si el derecho de defensa resultó
realmente comprometido por razón de la informalidad, puesto que si no
lo ha sido porque en dicho lapso no se presentó por ejemplo actividad
probatoria importante, o porque el vicio fue oportunamente corregido
permitiendo una adecuada controversia al interior de la respectiva
etapa procesal, ningún motivo existiría para invalidad el proceso”. 6
(las negrillas forman parte del texto original)

5
Corte Suprema de Justicia. Sala de Casación Penal. Sentencia de 22 de Septiembre de 1998. Radicación
No. 10771. M.P. Fernando Arboleda Ripoll.
6
Corte Suprema de Justicia. Sala de Casación Penal. Sentencia de 22 de Octubre de 1999. Radicación No.
9906. M. P. Fernando Arboleda Ripoll.
Examen del problema jurídico planteado

4. El demandante considera que el aparte acusado, en virtud del cual el


sindicado que fuere abogado titulado y estuviere autorizado legalmente para
ejercer la profesión puede ejercer su propia defensa en el proceso penal,
quebranta el derecho a la defensa técnica consagrado en el Art. 29 de la
Constitución, por exigir éste que el sindicado tiene derecho a la defensa y a la
asistencia de un abogado escogido por él, o de oficio, durante la investigación
y el juzgamiento.

El cargo formulado por el demandante se funda en un entendimiento literal y


errado de la disposición constitucional citada, la cual contempla expresamente
que el sindicado puede designar un apoderado y, en caso de que no lo haga, el
funcionario judicial deberá designarle uno oficiosamente, alternativa que
aparentemente no incluye la hipótesis prevista en la norma legal impugnada,
en la que el sindicado fuere abogado titulado, estuviere autorizado legalmente
para ejercer la profesión y decidiere ejercer su propia defensa.

No obstante, es evidente que en la norma superior sí está comprendida la


mencionada hipótesis, en cuanto aquella persigue que el sindicado cuente con
una defensa técnica o profesional en el proceso penal, y es lógico que si el
sindicado tiene las condiciones para ejercerla por sí mismo, sin necesidad de
acudir a otro profesional del Derecho, pueda hacerlo, caso en cual no procede,
por otra parte, por sustracción de materia, el nombramiento de un defensor de
oficio. Puede agregarse que si se negara tal facultad al sindicado, se le estaría
impidiendo el ejercicio de la profesión por él escogida, en igualdad de
condiciones con los demás abogados, sin una justificación razonable, lo cual
no se ciñe a los mandatos constitucionales.

De otro lado, debe señalarse que la disposición legal consagra claramente una
facultad para el sindicado, y no le impone que adelante su propia defensa
jurídica, así como tampoco le prohibe que designe apoderado, eventos éstos en
los cuales aquella sí sería contraria a la disposición constitucional.

En este sentido, la Corte comparte el criterio expresado por el señor


Procurador General de la Nación, conforme al cual carece de validez el
argumento de que la perturbación anímica del sindicado podría impedirle que
ejerza su propia defensa en forma idónea y plena, ya que en esa eventualidad
aquel tiene la posibilidad de designar un apoderado que lo haga en su
representación.

Por esta misma razón, no procede acoger el criterio de uno de los


intervinientes en el sentido de que en el supuesto de que el sindicado esté
afectado por la medida de detención preventiva y ejerza su propia defensa
jurídica se vulneraría el derecho a la defensa técnica, por estar físicamente
limitado para hacer el seguimiento del proceso y, en particular, para pedir y
controvertir las pruebas, puesto que en esa situación puede hacer uso de la
opción de designar un defensor o no hacerlo y en este último evento pedir que
le sea nombrado uno de oficio. Siempre que el sindicado considere que no
puede hacerlo efectivamente, puede exigir al juez que le nombre un defensor
de oficio.

Por lo anterior, el cargo resulta sin fundamento y la Corte declarará la


exequibilidad de la expresión demandada, por el cargo examinado en esta
sentencia.

VII. DECISIÓN

En mérito de lo expuesto, la Sala Plena de la Corte Constitucional,


administrando justicia en nombre del pueblo y por mandato de la Constitución,

RESUELVE:

Declarar EXEQUIBLE la expresión acusada, contenida en el artículo


127 de la Ley 600 de 2000, por el cargo examinado en esta sentencia.

Notifíquese, comuníquese, insértese en la Gaceta de la Corte Constitucional,


cúmplase y archívese el expediente.

CLARA INES VARGAS HERNANDEZ


Presidenta

JAIME ARAUJO RENTERIA


Magistrado

ALFREDO BELTRAN SIERRA


Magistrado

MANUEL JOSE CEPEDA ESPINOSA


Magistrado
JAIME CORDOBA TRIVIÑO
Magistrado

RODRIGO ESCOBAR GIL


Magistrado

MARCO GERARDO MONROY CABRA


Magistrado

EDUARDO MONTEALEGRE LYNETT


Magistrado

ALVARO TAFUR GALVIS


Magistrado

IVAN HUMBERTO ESCRUCERIA MAYOLO


Secretario General (E)

EL SUSCRITO SECRETARIO GENERAL (E)


DE LA CORTE CONSTITUCIONAL

HACE CONSTAR:

Que la señora Presidenta doctora CLARA INES VARGAS HERNANDEZ, no


firma la presente sentencia por encontrarse en comisión en el exterior
debidamente autorizada por la Sala Plena de esta Corporación.

IVAN HUMBERTO ESCRUCERIA MAYOLO


Secretaria General (e)
EL SUSCRITO SECRETARIO GENERAL (E)
DE LA CORTE CONSTITUCIONAL

HACE CONSTAR:

Que el H. Magistrado doctor JAIME CORDOBA TRIVIÑO, no firma la


presente sentencia por cuanto en la fecha le fue aceptado impedimento para
intervenir en la presente decisión.

IVAN HUMBERTO ESCRUCERIA MAYOLO


Secretario General (e)

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