El Imperio Romano (27 a.C. - 476 d.C.
¿Quién fue jamás soldado a sus propias expensas? ¿Quién planta viña y no come de su fruto? ¿O
quién apacienta el rebaño y no toma de la leche del rebaño?
1 Corintios 9:7
Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo.
2 Timoteo 2:3
Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por
soldado.
2 Timoteo 2:4
Para nadie es un misterio que el imperio romano es uno de los imperios más extensos de la
historia, desarrollando su soberanía en países de Europa, Asia y África, y en un espacio de
tiempo que abarca entre los años 27 a.C. al 476 d.C. Precisamente en el desarrollo de la vida de
Saulo de Tarso, quién creemos que haya sido el más grande apóstol que Dios haya levantado,
vemos la supremacía de este imperio en torno a la vida de este gran hombre de Dios. Cuando el
Señor Jesucristo llamó al apóstol Pablo a predicar el evangelio, fue para enviarlo a ciudades y
países qué se encontraban en ese momento bajo el dominio de Roma. Y el apóstol recibió el
desafío que Dios le imponía y obedeció y predicó el Evangelio de buena gana y lo revela en el
siguiente verso; "... de manera que desde Jerusalén, y por los alrededores hasta Ilírico, todo lo he
llenado del evangelio de Cristo". (Romanos 15:19). Lo lamentable es que el apóstol Pablo
muchas veces se vio enfrentado a las autoridades de turno, quienes incitados por judíos
intolerantes, no le permitían enseñar y predicar libremente el evangelio de Cristo. Por esta razón
entendemos que el roce cercano del apóstol Pablo con los soldados romanos era algo inevitable.
El hecho de estar siempre defendiendo su correcta forma de actuar en la predicación de esta
nueva doctrina ante magistrados, gobernadores y tribunos, dónde a veces alcanzaba libertad y
otras veces era encarcelado y privado de libertad, no le impedía comunicarse con las iglesias y
alentarlas a través de cartas para seguir adelante sin desmayar en el bendito Evangelio.
Seguramente este roce constante frente al efectivo desempeño de las guardias que lo custodiaban,
fue lo que inspiró al apóstol Pablo a decirle a la iglesia que debemos de actuar como verdaderos
soldados de Jesucristo. Fueron muchas las veces que el apóstol Pablo usó la figura de un soldado
para graficar el comportamiento de un cristiano frente a la batalla contra el enemigo de nuestras
almas. Se lo dijo a la iglesia de Corinto, y también se lo dijo a Timoteo, "Tú, pues, sufre
penalidades como buen soldado de Jesucristo. Ninguno que milita se enreda en los negocios de la
vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado" (2 Timoteo 2:4). Pero quizás el pasaje
más importante que veremos en esta oportunidad y qué será nuestra base para la enseñanza de
este libro, es el pasaje de efesios capítulo 6 donde se nos habla no solamente que somos soldados
del ejército de Cristo, sino que además debemos de usar una armadura para presentarnos a la
batalla. leamos; "Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su
fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas
del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra
potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de
maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis
resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos
vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el
apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar
todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del
Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el
Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos;" (Efesios 6:10-
18).