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Caparros

En su nueva novela Sarmiento, el autor Martín Caparrós se centra en la vida del expresidente argentino Domingo Faustino Sarmiento y su intento de forjar una nación a través de sus logros y fracasos políticos. La novela presenta a un Sarmiento anciano que reflexiona sobre su vida y carrera política mientras se encuentra en su refugio en Tigre. A través de las memorias de Sarmiento, Caparrós examina cuestiones políticas sobre el poder, la democracia y la justicia que siguen siendo relevantes
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Caparros

En su nueva novela Sarmiento, el autor Martín Caparrós se centra en la vida del expresidente argentino Domingo Faustino Sarmiento y su intento de forjar una nación a través de sus logros y fracasos políticos. La novela presenta a un Sarmiento anciano que reflexiona sobre su vida y carrera política mientras se encuentra en su refugio en Tigre. A través de las memorias de Sarmiento, Caparrós examina cuestiones políticas sobre el poder, la democracia y la justicia que siguen siendo relevantes
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Sarmiento, de Martín Caparrós.

Las
ilusiones y los desencantos del poder
En su última novela, Caparrós se centra en la vida del
autor de Facundo, quien en retrospectiva repasa sus
logros y fracasos en su intento de forjar una nación, y
aborda asuntos y problemas todavía vigentes
1 de octubre de 202200:03
Nicolás Mavrakis
PARA LA NACION
0

El Domingo Faustino Sarmiento que Martín Caparrós (Buenos Aires, 1957)


noveliza en Sarmiento aprovecha los pocos días libres entre 1868 y 1874, los
años de su propia presidencia, para ir al delta de Tigre. “Ya que no conseguía
modelar la Argentina como habría querido, al menos podría modelar ese refugio
de barro y camalotes para que se volvieran, al fin, un lugar mío”, piensa.

Al borde del río y en compañía de Aurelia Vélez Sársfield, que eligió primero ser
su amante y ahora su biógrafa secreta, Sarmiento repasa entonces sus logros y
sus fracasos. Sin embargo, al considerar los caminos recorridos a lo largo de
tantas facetas, la tarea no es fácil. Pensar y actuar como político, soldado y
literato resultaba en muchos casos la combinación inseparable para un
auténtico hombre de Estado del siglo XIX, pero Sarmiento está viejo y duda.
¿Cómo es conveniente hacer memoria, una vez más, sobre su vida? ¿Cómo
reconstruir una existencia dedicada a forjar una nación?

En esta línea, Sarmiento puede leerse como una prolongación, al menos


cronológica, de Echeverría, la novela en la que Caparrós también recrea la vida
pública y los conflictos íntimos del otro gran escritor e ideólogo unitario del
siglo XIX, Esteban Echeverría.

Cuarenta años antes y “desterrado en un tiempo de espera”, cuenta Echeverría,


el autor del poema “La cautiva” y el cuento “El matadero” no solamente imaginó
con sus candorosas ilusiones europeas los cimientos de una nación
sudamericana todavía controlada por Juan Manuel de Rosas, sino que fundó
también su literatura, quizás tan ensangrentada como sus campos de batalla.
Por su lado, en Sarmiento, se escucha una confesión. “Yo quería ser
Echeverría”, le cuenta Sarmiento a Aurelia Vélez. La excusa es el recuerdo de la
composición de su célebre Facundo, libro todavía inclasificable pero destinado
a encandilar para siempre a quien busque entender la mezcla de civilización y
barbarie en la tierra y la idiosincrasia argentinas.
En tal caso, en las memorias episódicas que Sarmiento ambienta entre San
Juan, Buenos Aires y Entre Ríos, Tigre es poco más que un punto
suplementario. Aun así, Caparrós acierta al describir la relación entre su
protagonista y ese particular espacio bonaerense como la elección más obvia del
hombre que, aunque elige algo por lo que es, al mismo tiempo quiere que sea
diferente. “Es lo mismo que me había pasado con mi país”, aclara Sarmiento en
momentos en que lo único que todavía le gusta de la Argentina es un futuro que
no llegará a ver.

Con la impronta que Caparrós le ha dado a su propia prosa, hecha de un estilo


reconocible por sus muchos retruécanos, citas escondidas y
anáforas, Sarmiento es una novela escrita en un tono que pretende combinar
un lenguaje contemporáneo y la voz privada de Sarmiento tal como la recuerda
(imaginariamente) Aurelia Vélez. Este es un rasgo literario importante, ya que a
medida que la trama sigue a Sarmiento por la Guerra de la Triple Alianza
(donde perdió a su hijo Dominguito), la epidemia de fiebre amarilla o el intento
de magnicidio del que se salvó en 1873 porque el trabuco con el que le
dispararon explotó en la mano del asesino (al que primero se consideró un
desquiciado solitario hasta que se descubrió que detrás estaba el caudillo
entrerriano Ricardo López Jordán) le permite al libro no agotarse en la pura
historia o la época.

Contra las convenciones típicas de la novela histórica, por lo


tanto, Sarmiento trata en realidad acerca de la voz de un hombre (oída y
reescrita por una mujer) en tratativas directas con las ilusiones y las
desilusiones del poder. “La Argentina es un país que debería ser rico: todos lo
sabemos, argentinos y extranjeros, modestos y ambiciosos”, dice Sarmiento con
las mejores intenciones. Pero alcanzada la presidencia, parece obligado a
agregar: “Yo no sabía si podría pero sabía que, sin duda, debía proclamarlo: si
había algo que podía unir y galvanizar a mis compatriotas era la ilusión de que
por fin lo lograríamos”.

Sarmiento salta así por encima de la biografía privada o política del auténtico


prócer y esquiva, incluso, escenas tan novelizables como las que pudieron
llevarlo a registrar en su diario de gastos de 1846, durante una visita a Mainville,
en Francia, los famosos 13,5 francos invertidos bajo el ítem “orgía”. En cambio,
se constituye como una novela política.

Esto significa que aquello capaz de “unir y galvanizar” a los argentinos será
puesto en discusión ya no desde el mero pasado, sino desde las inquietudes del
presente. Y esta es una discusión que Caparrós, como uno de los pocos
escritores todavía dispuestos a debatir razones ideológicas en su obra, ejecuta
más allá de lo que pueda juzgarse como virtud o error sin esconderse entre los
temas de moda ni en las sutilezas de los preciosismos teóricos.

Al igual que en Los Living, otra novela de Caparrós donde estas mismas
cuestiones son ancladas a una singular historia del peronismo,
en Sarmiento las angustias frente a un poder anhelado durante toda una
existencia son la puerta de entrada a debates de tenor histórico que resultan, al
mismo tiempo, absolutamente actuales.

De hecho, tanto la epidemia de fiebre amarilla como el intento de magnicidio


durante la presidencia de Sarmiento demuestran que basta cambiar apenas las
circunstancias, las fechas y uno o dos nombres propios para reingresar a
preguntas tan vigentes y sensibles como aquellas que, hoy mismo, siguen
interrogando qué es la justicia, qué es la democracia, qué es un enemigo político
y para qué sirven la voluntad y la conquista del poder.

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