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La máscara de la muerte roja
Por Edgar Allan Poe
1842
Edgar Allan Poe (1809-1849) fue un escritor, editor y crítico literario estadounidense; es mejor conocido por su
poesía y cuentos cortos, que suelen involucrar lo misterioso y macabro. En esta historia corta, un príncipe rico
celebra una fiesta para sus amigos dentro de la seguridad de su fortaleza, ya que una enfermedad devasta el
resto del país. Mientras lees, toma notas sobre cómo describe el narrador el escenario de la historia.
[1] La “Muerte Roja” había devastado el país durante
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mucho tiempo. Ninguna plaga había sido tan fatal, o
tan horrible. Su sello era la sangre: el rojo y el horror
de la sangre. La enfermedad producía dolores agudos
y mareos repentinos, y luego sangrado profuso por
los poros y finalmente la disolución del ser. Las
manchas escarlata en el cuerpo y especialmente en la
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cara, segregaban a la víctima de la humanidad y la
excluían de la ayuda y de la compasión de los demás.
El contagio, el progreso y la terminación de la
enfermedad se daban en cuestión de media hora.
3 "VSPC Assignment: Light" por hgiugno utilizada bajo
Pero el príncipe Próspero era feliz, intrépido y sagaz.
licencia CC BY-NC-ND 2.0.
Cuando sus dominios perdieron la mitad de su
población, convocó a su presencia a un millar de amigos sanos, fuertes y alegres elegidos de entre los
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caballeros y damas de su corte, y con éstos se retiró a la profunda reclusión de una de sus abadías
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fortificadas. Era una construcción extensa y magnífica, creación del propio príncipe, de gusto excéntrico, pero
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grandiosa. Un muro fuerte y elevado la rodeaba. Ese muro tenía puertas de hierro. Los cortesanos, una vez
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que entraron, usaron hornillos y martillos para soldar los cerrojos. Decidieron atrincherarse contra los
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impulsos súbitos de desesperación del exterior y cerrar toda salida a los frenesíes del interior. La abadía
estaba ampliamente abastecida. Con tales precauciones, los cortesanos podrían evitar el contagio. El mundo
exterior podría cuidarse de sí mismo. Mientras tanto, era una locura llorar o pensar. El príncipe había provisto a
la abadía de todos los medios de placer. Había bufones, improvisadores, bailarines, músicos, belleza en todas
sus formas y, también vino. Dentro había todo eso y seguridad. Afuera la “Muerte Roja”.
1. daño o desgracia que afecta a gran parte de una población y que causa graves efectos
2. Segregar (verbo) marginar a un grupo de personas por considerarlas diferentes
3. Sagaz (adjetivo) que tiene facilidad para comprender las cosas y para percibir con claridad lo que significan
4. edificio o conjunto de edificios en una área apartada que normalmente proporciona alojamiento para los
religiosos
5. Excéntrico (adjetivo) que se comporta de forma rara o poco común, por lo que llama la atención
6. Un cortesano es un compañero de un miembro de la familia real, parte de la corte real.
7. colocar barreras u obstáculos para protegerse de algún peligro
8. Frenesí (sustantivo) exaltación violenta del ánimo, especialmente de una pasión
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Fue hacia el final del quinto o sexto mes de su reclusión, y mientras en el exterior la plaga provocaba los más
terribles estragos, que el príncipe Próspero ofreció a sus mil amigos un baile de máscaras de la más inusual
magnificencia.
¡Ese baile de máscaras era una escena voluptuosa! Pero primero permítanme hablar de las salas en las que se
celebró. Había siete; una hilera imperial. En muchos palacios, sin embargo, estas salas forman largas
perspectivas en línea recta cuando las puertas plegables se abren de par en par, de modo que la vista de toda
la extensión no se ve obstaculizada. Aquí el caso era muy diferente; tal y como era de esperarse de parte del
duque y de su gusto por lo extraño. Las salas estaban dispuestas tan irregularmente que la mirada no podía
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abarcar más que una sola a la vez. Al cabo de un espacio de veinte o treinta yardas, se presentaba un brusco
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recodo, y en cada una de estas vueltas un aspecto diferente. A la derecha y a la izquierda, en medio de cada
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pared, una ventana gótica alta y estrecha daba a un pasillo cerrado que seguía el recorrido hacia el
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aposento. Estas ventanas eran de vidrieras cuyo color variaba de acuerdo con el tono predominante de las
decoraciones de la sala que se abría. La que ocupaba el extremo oriental, por ejemplo, estaba decorada en
azul, y sus ventanas eran azul vivo. La segunda sala era púrpura en sus adornos y tapices, y aquí los paneles
eran de color púrpura. La tercera era verde, al igual que las ventanas. La cuarta estaba amueblada e iluminada
con naranja. La quinta con blanco, la sexta con violeta. La séptima sala estaba rigurosamente forrada con
tapices de terciopelo negro que revestían todo el techo y las paredes, cayendo en pesados pliegues sobre una
alfombra del mismo material y tono. Pero solo en esta sala, el color de las ventanas no correspondía con las
decoraciones. Los cristales aquí eran escarlata, de color sangre intenso. Ahora bien, en ninguna de las siete
salas había lámparas o candelabros entre los adornos dorados que yacían dispersos de un lado a otro o
pendían del techo. No había luz de ningún tipo que emanara de lámparas o de velas dentro de las salas. Pero
en los pasillos que las rodeaban, se encontraba, frente a cada ventana, un pesado trípode, portando un
brasero de fuego que protegía sus rayos a través del vidrio tintado e iluminaba con gran claridad la habitación.
Y así se producían una multitud de apariencias llamativas y fantásticas. Pero en la cámara occidental o negra, el
efecto de la luz de fuego que fluía sobre las cortinas oscuras a través de los cristales teñidos de sangre era
espantoso, y producía una mirada tan salvaje sobre los rostros de los que entraban, que había pocos lo
suficientemente audaces como para poner un pie dentro de ese recinto.
[5] También, en esta sala estaba apoyado contra la pared occidental, un gigantesco reloj de ébano. Su péndulo se
balanceaba de un lado a otro con un ruido sordo, lastimoso y monótono; y cuando la manecilla diminuta hacía
el recorrido del cuadrante y la hora iba a sonar, salía de los pulmones de bronce del reloj un sonido claro,
fuerte, profundo y extremadamente musical, pero de tan peculiar nota y énfasis que, a cada lapso de una hora,
los músicos de la orquesta se veían obligados a pausar momentáneamente en su actuación para escuchar el
sonido; y así las parejas que bailaban se veían obligadas a cesar sus evoluciones. Una perturbación
momentánea recorría a toda aquella alegre multitud y, mientras sonaban las campanas del reloj, podía notarse
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que palidecían hasta los más vehementes, y los más sensatos y los ancianos que pasaban sus manos sobre
sus frentes como si se hundieran en una confusión o meditación. Pero cuando los ecos cesaban por completo,
una ligera risa a la vez invadía a la concurrencia; los músicos se miraban unos a otros y sonreían de su propio
nerviosismo y locura, y se juraban en voz baja entre ellos que el siguiente timbre del reloj no les produciría
9. 20 yardas equivalen a 18.28 metros y 30 yardas a 27.43 metros
10. esquina
11. El arte gótico es un estilo artístico que se desarrolló en Europa Occidental durante la Edad Media.
12. habitación grande y lujosa
13. Vehemente (adjetivo) que se manifiesta con ímpetu, viveza o pasión
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ninguna emoción similar; y luego, después de un lapso de sesenta minutos que abrazan tres mil seiscientos
segundos del tiempo que vuela, llegaba otra campanada del reloj y se producían el mismo desconcierto,
temblor y meditación que antes.
Pero, a pesar de estas cosas, el deleite continuaba alegre y magnífico. Los gustos del duque eran peculiares.
Tenía un ojo fino para los colores y efectos. Hizo caso omiso de la decoración de la mera moda. Sus planes eran
audaces y ardientes, y sus concepciones brillaban con un esplendor bárbaro. Hay algunos que lo habrían
pensado loco. Sus seguidores sentían que no lo era. Era necesario escucharlo, verlo y tocarlo para asegurarse
de que no lo era.
Él había dirigido, en gran parte, la decoración y mobiliario de las siete salas con ocasión de esta gran fiesta; y
fue su propio gusto el que dirigió el estilo de los disfraces, asegurándose de que fueran grotescos. Había
mucho resplandor y brillo, había cosas chocantes, fantásticas; mucho de lo que se ha visto desde entonces en
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“Hernani”. Había figuras arabescas con siluetas y ropajes incongruentes; fantasías monstruosas y
delirantes. Había mucho de lo bello, de lo absurdo, gran parte de lo extraño, algo de lo terrible, y no poco de lo
que podría haber producido repugnancia. De aquí para allá, en las siete salas se mostraban, de hecho, una
multitud de sueños. Y estos sueños se retorcían en todos sentidos tomando el tono de las habitaciones y
haciendo que la música salvaje de la orquesta pareciera el eco de sus pasos. Y, de tiempo en tiempo, golpea el
reloj de ébano que se encuentra en la sala del terciopelo negro. Y entonces, por un momento, todo se detiene,
y todo está en silencio salvo la voz del reloj. Los sueños se quedan helados, paralizados en sus posturas. Pero
los ecos de la campana desaparecen —sólo han durado un instante— y una risa ligera y media fría flota tras
ellos cuando se van. Y ahora de nuevo la música suena, y los sueños reviven, y se retuercen de un lado a otro
más alegremente que nunca, tomando matiz de las muchas ventanas tintadas a través de las cuales fluyen los
rayos de los trípodes. Pero a la sala que se encuentra más al oeste de las siete, no hay ninguno que se
aventure; porque la noche se desvanece, y fluye una luz más ruda a través de los cristales de color sangre; y la
negrura de las cortinas es aterradora, y para aquél cuyo pie se ponga sobre la negra alfombra, brota desde el
reloj de ébano un resonar más pesado, más solemnemente enfático que cualquiera que llega a los oídos que se
complacen en las alegrías más remotas de las otras salas.
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Pero estas otras salas estaban densamente abarrotadas, y en ellas latía febrilmente el corazón de la vida. Y la
fiesta seguía girando, hasta que al fin comenzó el sonido de medianoche sobre el reloj. Y luego cesó la música,
como he dicho; y las evoluciones de los valses se calmaron; y hubo un cese inquieto de todas las cosas como
antes. Pero ahora había doce golpes para ser sonados por la campana del reloj; por eso fue tal vez que, al tener
más tiempo se insinúo una mayor cantidad de pensamientos en las meditaciones entre los que se divertían. Y
así, también sucedió, tal vez, que antes de que los últimos ecos de la última campana se hubieran hundido
completamente en el silencio, había muchos individuos en la multitud que habían encontrado el ocio para
darse cuenta de la presencia de una figura enmascarada que no había tenido la atención de ningún individuo
antes. Y el rumor de esta nueva presencia se propagó con susurros alrededor, surgió largamente de toda la
concurrencia un murmullo de asombro y desaprobación, luego, finalmente, de terror, de horror y de disgusto.
En una reunión de fantasmas como la que he descrito, se puede suponer que ninguna apariencia ordinaria
podría haber causado tal sensación. En verdad, la licencia de disfraces de la noche era casi ilimitada; pero la
14. “Hernani” es una obra teatral de Victor Hugo estrenada en París en 1830 con un vestuario fascinante.
15. patrones de diseño intrincados y fluidos
16. repletas
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figura en cuestión había sobrepasado la extravagancia de un Herodes y había ido más allá de los límites del
decoro impuesto por el príncipe. Hay acordes en los corazones de los más temerarios que no pueden ser
tocados sin emoción. Incluso con los completamente perdidos, a quienes la vida y la muerte son igualmente
bromas, hay asuntos de los que no se puede hacer ninguna broma. Toda la concurrencia, de hecho, parecía
ahora sentir profundamente que en el traje y el porte del extraño no existía ni ingenio, ni propiedad. La figura
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era alta y delgada, y estaba envuelta de pies a cabeza en un sudario. La máscara que ocultaba el rostro
representaba tan bien el semblante de un cadáver endurecido que el análisis más minucioso difícilmente
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podría detectar el artificio. Y sin embargo, todo esto podría haber sido soportado, si no aprobado, por los
locos alegres del lugar. Pero la máscara había llegado tan lejos como para adoptar el tipo de la Muerte Roja. Su
vestidura estaba manchada de sangre y su amplia frente, lo mismo que los rasgos de su rostro, estaban
salpicados con el horror escarlata.
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[10] Cuando los ojos del príncipe Próspero se posaron sobre esta imagen espectral (que con un movimiento lento
y solemne, como si fuera más para mantener su papel, acechaba de un lado a otro entre los valses) se vio
conmovido en el primer momento con un fuerte temblor de terror y desagrado; pero, en el siguiente, su frente
se enrojeció de rabia.
—¿Quién se atreve? —exigió acaloradamente respuesta a los cortesanos que estaban cerca de él. —¿Quién se
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atreve a insultarnos con esta burla blasfema? ¡Atrápenlo y desenmascárenlo! ¡Para que sepamos a quién
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tenemos que colgar de las almenas al amanecer!
Fue en la cámara oriental o azul en la que estaba el príncipe Próspero mientras pronunció estas palabras.
Sonaron en las siete salas con voz alta y claridad, porque el príncipe era un hombre audaz y robusto, y la
música se había silenciado al movimiento de su mano.
Era en la sala azul donde estaba el príncipe, con un grupo de cortesanos pálidos a su lado. Al principio,
mientras hablaba, hubo un ligero movimiento apresurado de este grupo en dirección al intruso, quien en ese
momento también estaba cerca, y que ahora, con paso deliberado y majestuoso, se acercaba más y más al
príncipe. Pero, por cierto terror indefinible que la audacia insensata de la máscara había inspirado en todos los
allí reunidos, no hubo nadie que pusiera la mano en ella; de tal manera que, sin impedimentos, llegó a dos
pasos de la persona del príncipe; y mientras, la gran concurrencia, como si obedeciera a un solo impulso,
retrocedió del centro de la sala a las paredes, el enmascarado continuó su camino sin interrupción, con el
mismo paso solemne y medido que le había distinguido desde el principio, de la cámara azul a la púrpura, de la
púrpura a la verde, de la verde a la naranja, de ésta a la blanca e incluso de allí a la violeta, antes de que nadie
hiciera un movimiento decidido para detenerlo. Fue entonces, cuando el príncipe Próspero, enloquecido por la
rabia y la vergüenza de su propia cobardía momentánea, corrió apresuradamente por las seis cámaras,
mientras que ninguno lo seguía a causa de un terror mortal que se había apoderado de todos. Llevaba en alto
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una daga y se había acercado, en rápida impetuosidad a menos de tres o cuatro pies de la figura que se
17. lienzo o pañuelo que sirve para cubrirle el rostro o el cuerpo a las personas muertas
18. Artificio (sustantivo) procedimiento o medio ingenioso para conseguir, encubrir o simular algo
19. Espectral (adjetivo) parecido a un fantasma
20. palabra ofensiva o injuriosa
21. bloque o prisma de piedra que, junto con otros, remata la parte superior de una muralla
22. 3 pies equivalen a 91 centímetros
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retiraba, cuando ésta, habiendo alcanzado el extremo de la sala de terciopelo negro se volvió repentinamente y
se enfrentó a su perseguidor. Hubo un fuerte grito y la daga cayó brillando sobre la alfombra negra, sobre la
cual, inmediatamente después, cayó postrado en la muerte el príncipe Próspero. Luego, invocando el coraje
salvaje de la desesperación, una multitud de máscaras se arrojó inmediatamente a la sala negra y,
apoderándose del desconocido, cuya figura alta estaba erguida e inmóvil a la sombra del reloj de ébano, se
sintieron sofocados por un terror sin nombre, al ver que no había ninguna forma palpable bajo el sudario y la
máscara.
[15] Todos reconocieron entonces la presencia de la Muerte Roja. Había venido como un ladrón en la noche. Y uno
a uno los invitados cayeron en las salas cubiertas de sangre y cada uno murió en la postura desesperada de su
caída y la vida del reloj de ébano se apagó con la del último de los asistentes.
Y las llamas de los trípodes se extinguieron. Y las tinieblas, y la ruina y la Muerte Roja tuvieron un dominio
ilimitado sobre todo aquello.
"La máscara de la muerte roja" (1842) es de dominio público.
A menos que se indique lo contrario, este contenido está licenciado bajo CC BY-NC-SA 4.0
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Preguntas de Evaluación
Instrucciones: Lee las siguientes preguntas y subraya la respuesta correcta or responde utilizando oraciones
completas.
1. ¿Qué afirmación describe mejor el tema principal de la historia?
A. La muerte es más poderosa que la vida o el éxito.
B. La muerte es inevitable, independientemente de la riqueza o del poder de cada uno.
C. Las personas deben enfrentar sus problemas en lugar de tratar de esconderse de
ellos.
D. Las personas que tienen miedo son más vulnerables a ser influenciadas por los líderes.
2. ¿Cuáles son los símbolos que utiliza el autor en el párrafo 4 para referirse a la "Muerte Roja"?
A. La forma en que se distribuyen las siete salas en corredores oscuros simboliza la
muerte con cristales y al romperse simbolizan a la sangre.
B. El lujo y la elegancia con que están decoradas las salas simbolizan el poder del príncipe
que finalmente no pudo escapar de la Muerte Roja.
C. Los colores de la sala número siete que es la última en el corredor: el negro
corresponde a la muerte y el escarlata corresponde a la sangre.
D. Las grandes ventanas góticas ubicadas a lo largo del corredor representan la luz que
ilumina el camino de las personas en su recorrido hacia la muerte.
3. ¿Qué sugiere acerca del intruso la frase "no había ninguna forma palpable bajo el sudario y la
máscara" en el párrafo 14?
A. La frase transmite la extrema violencia con la que los cortesanos tratan al intruso que
parece quedar sin cuerpo.
B. El intruso no tiene forma física y, por tanto, no puede ser retenido, lo cual lo asemeja a
la muerte y a la enfermedad.
C. El intruso es capaz de volverse invisible cuando es atacado, lo que implica que viene de
otro mundo, posiblemente de otro planeta.
D. El cuerpo del intruso está formado por vapores cargados de enfermedades, que el
príncipe y los cortesanos liberan involuntariamente al atacarlo.
4. El narrador describe a los cortesanos como decididos a "atrincherarse contra los impulsos súbitos
de desesperación del exterior y cerrar toda salida a los frenesíes del interior" en el párrafo 2. ¿Qué
revela esta descripción sobre la actitud de los cortesanos?
A. Los cortesanos creen que la plaga nunca llegará a la abadía y su arrogancia no les deja
ninguna opción para escapar.
B. Los cortesanos no desean volver a relacionarse con el mundo exterior y desean
construir una nueva sociedad en completo aislamiento.
C. Los cortesanos se aprovechan de la regla de que todas las casas sean cerradas en
tiempos de la plaga porque les da una excusa para ignorar el sufrimiento del pueblo.
D. Los cortesanos deciden permitir que la gente salga de la abadía pero no vuelva a
entrar y eso muestra que valoran la seguridad colectiva por encima de la libertad
individual.
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5. ¿Cómo contribuye la descripción del reloj al desarrollo del tema de la historia? Utiliza fragmentos
del texto para respaldar tu respuesta.
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Preguntas de Discusión
Instrucciones: Responde las siguientes preguntas. Prepárate para compartir tus opiniones en el grupo
1. ¿Qué significado tiene el tiempo en esta historia? ¿En qué momentos menciona el narrador el
tiempo, y cómo contribuyen estas referencias al efecto general de la historia?
2. En el contexto de esta historia, ¿las personas tienen control sobre sus propios destinos?, ¿por qué?
Cita evidencias de este texto, de tu propia experiencia o de otra literatura, arte o historia en tu
respuesta.
3. En tu opinión, ¿la forma en que actuó el príncipe ante la plaga que azotaba a su pueblo fue la
correcta?, ¿por qué?