Estadísticas de Divorcios en España 2020
Estadísticas de Divorcios en España 2020
SEGUNDO PARCIAL
A partir de 2005 apenas hay separaciones y la gente empieza a divorciarse. Esto se debe al
divorcio exprés, previo a esto, la realidad del divorcio era otra, el proceso de divorcio era
mucho más largo. Aquí se está midiendo las separaciones y los divorcios. En 2005 todo el
mundo tira hacia el divorcio y lo que acontece es lo que se denomina el “divorcio exprés”. Hay
que ver que acontece en este momento y lo que aconteció antes. Antes para divorciarse era un
proceso bastante largo y tedioso, por eso solo llegaban a separarse. En 2005 hay ajuste y
nueva normativa en cuanto al divorcio y a partir de este momento todo cambia.
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Conceptos
Divorcio exprés: divorcio normal. En muy poco tiempo va a estar todo resuelto. Antes
había que solicitarlo y era un proceso muy largo.
La crisis frenó de forma significativa las separaciones, ya que afectó a muchos hogares y eso
ha hecho que al principio las parejas no rompan porque no tienen forma de “desglosar” ese
hogar.
La crisis económica generó muchas rupturas, debida a la presión que generó en muchos
hogares. La presión económica puede empeorar las relaciones parentofiliales. Tenemos que
priorizar para que no se produzcan estos problemas.
La ruptura y la reconstitución familiar cada vez va a ser más frecuente. Canarias siempre está
entre las 4 comunidades con más número de rupturas.
El que tiene la custodia es el que tiene la máxima responsabilidad sobre los hijos. Hay que
diferencias dos cosas:
Ante una ruptura se habla de custodia, es decir, se decide quién será el responsable de cuidar al
niño día a día. Puede ser en solitario, se le puede dar a la madre o al padre. A partir de 2005 se
entiende que puede existir la custodia compartida, pero eso antes no era así. En Canarias esto no
es así, el nivel de custodia compartida es muy baja y normalmente la custodia la tiene la madre.
Hoy por hoy, con el tema de las manutenciones, si el hijo muestra empeño en seguir
formándose académicamente, por defecto se entiende que la pensión alimenticia se
prolonga, porque nadie con 18 años está preparado para salir al mundo laboral. Lo
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normal es que se prolonguen los estudios a una carrera universitaria. Si el hijo a partir de
los 18 años no hace nada se le retira esa manutención.
Cerca de 80.015 rupturas, especialmente divorcios (Tasa del 1,7 por cada 1.000 habitantes).
15,8% menos de divorcios y 22,7% menos de separaciones, que en el 2019.
El 81,3% de los divorcios han sido de mutuo acuerdo, y el 18,7% restante por la vía
contenciosa; y en las separaciones, solo el 11% por vía contenciosa.
El 1,4% del total fueron divorcios entre personas del mismo sexo (545 entre hombres y 551
entre mujeres). Además, hubo 4 separaciones (0,1% del total).
La duración media de los matrimonios hasta la fecha de la resolución fue de 16,3 años en
los divorcios, y de 22,5 en las separaciones.
La duración de los procedimientos de mutuo acuerdo fue entre 3 y 5 meses y los
contenciosos entre 3 y 12 (o más meses).
La edad media de los que se divorciaron o se separaron oscila entre los 40 y 49 años (en
ambos sexos), y el 82% eran ambos españoles.
El 58,5% de los casos de parejas heterosexuales se asignó una pensión alimenticia, que
En parejas heterosexuales, la custodia de los hijos menores fue otorgada a las madres en un
54,5%, a los padres en un 3,9%, compartida en un 41,4% y un 0,3% a instituciones o
familiares. En parejas homosexuales: 45,5% en solitario y 53,4% compartida.
En el 8,5% de los casos se fijó una pensión compensatoria (91,9% normalmente asignada al
esposo).
En el 71,6% de los casos de separación y divorcio (cónyuges de diferente sexo) fue
presentada por ambos cónyuges, en el 18,3% por la esposa y en el 10,1% por el esposo.
Canarias suele estar entre las cuatro comunidades autónomas que registran un mayor
número de rupturas (un poco más de rupturas consensuadas que no consensuadas).
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CAMBIOS QUE SUFRE LA PAREJA TRAS LA RUPTURA (Cantón et al., 2007; Triana,
2003; González y Triana, 1998)
Euforia. Esta emoción es efímera y la suele tener la persona que pone fin a la
relación porque está deseando acabarla.
Apego. Pero no apego como afecto, nos referimos a apego a la rutina. Este puede
ser tanto positivo como negativo. Si mantengo mi vida en la añoranza de aquella
rutina no puedo seguir adelante. El apego a mi pareja es negativo en caso de que sea
muy grande, pero un poco de cariño favorece el proceso.
- Cambio económico. ¿Domicilio? ¿Trabajo? A partir de una ruptura, si hay hijos (que
es cuando realmente hay cambio, porque si no los hay cada uno se va por su lado, hay
reparto de bienes y ala) hay problemas, son los hijos quienes acaban pagando los
problemas. Por tanto, el cambio económico es altamente significativo. Los de nivel
medio son los que sufren un cambio más significativo. Los de nivel bajo no porque si
no tienen nada, nada tienen que repartir, nada pierden. Los de nivel alto como tienen
mucho da igual tener que repartirlo porque van a seguir con su nivel de vida. La persona
que se va es la que cambia su vida radical porque cambian sus derechos con los hijos y
sus derechos en ese hogar. El domicilio es importante porque si me voy dejo mi
historia, mi vida.
- Cambio en las responsabilidades para con los hijos. El que tiene la custodia tiene la
máxima responsabilidad del día a día. No se pierde la patria potestad a no ser que te la
quiten. Si se asigna la custodia a un apersona es porque se considera que tiene más
tiempo y más capacidad para cuidar al niño, pero eso no quiere decir que la otra persona
no sea válida. El día a día es muchísimo estrés para un monoparental, sobre todo si esa
persona tiene que trabajar, además de cuidar a los hijos.
- Cambio de rutinas. Son las rutinas de antes + las rutinas que hacia su pareja. Esto para
la persona que tiene la custodia, sin embargo, para el no custodio implica mucha
soledad. Esto tiene consecuencias en lo social, la soledad pesa muchísimo y el no
custodio tendrá posibilidad de rehacer más rápido su vida.
- Cambio en las relaciones con sus hijos ¿pautas educativas? ¿relación afectiva?
Las pautas educativas cambian. Lo normal es que cuando hay rivalidad entre la pareja y
lo que queremos es ganar el afecto de los hijos se suele seguir el patrón de
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permisivismo y si esto se mantiene en el tiempo hay mucho trabajo que hacer. Hay
gente que se va al extremo contrario, al autoritarismo, porque piensan que sus hijos se
van a descontrolar. Afecto, disciplina y comunicación es lo más importante que tiene
que haber siempre, y en el caso de una ruptura también deben estar estos tres, pero la
disciplina un poquito en menor medida y un poco más de afecto. Otra de las cosas que
se suele ver es un exceso de proteccionismo.
Otro aspecto a nivel educativo que falla en el 80% de las condiciones es incoherencia
interparental. Ya la intraparental a veces la vemos en una madre muy estresada, esto se ve con
cada progenitor de forma individual. Lo más habitual que vamos a encontrar es la incoherencia
interparental porque el niño con el padre tiene unas normas, pero con la madre otra. Por tanto, la
vivencia del niño de la ruptura es diferente cuando está con el padre o con la madre, lo que es un
problema. Es muy difícil que encontremos contraparentalidad, que es cuando ambos
progenitores se ponen de acuerdo.
Cuando cada una de las dos partes empiezan a rehacer su vida por separado se
rompe por completo la relación con la familia política anterior.
Las amistades también se ven afectadas, por ejemplo: yo tengo la custodia de los
niños y empiezo a salir con otras madres que están en la misma situación que yo
porque son las madres de los amigos de mi hijo. Una vez que rompe la pareja si las
amistades son compartidas a la larga los amigos también tienden a posicionarse,
pero al principio nadie se posiciona a favor de uno o de otro.
Principales condicionantes
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La residencia principal del menor. Normalmente quien se queda con la custodia del
hijo es quien suele quedarse con la casa.
La custodia de los hijos. El que no tiene la custodia se pierde muchísimo de los hijos,
pero también está la custodia compartida, que quiere decir que los dos son custodio y
los dos tienen capacidad de decidir sobre los hijos (pero esta custodia no es siempre 50-
50). Si los padres no son capaces de tomar un acuerdo quien decide es el juez, que será
el que determine el régimen de custodia.
La división de bienes.
La duración del matrimonio. A más tiempo más se dificulta la ruptura. Hay muchas
parejas que como llevan tanto tiempo juntas, luego si se separan no saben cómo volver a
establecer una relación nueva. En definitiva, la duración de la unión produce cambios
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La calidad de la relación post-marital. Es una de las variables que está muy vinculada
al grado de adaptación. En este sentido, si me va mal, si hay mucha carga de hostilidad
peor será la adaptación. Al principio es conveniente una relación cordial pero no
extremadamente positiva porque esto puede confundir a los hijos. A los adolescentes no
les afecta tanto porque lo entienden (por ejemplo: piensa que sus padres se llevan muy
bien, pero entiende que no quieren volver a estar juntos), pero los niños pequeños no
van a comprenderlo (los pequeños van a pensar, por ejemplo, si mis padres se llevan tan
bien por qué no están juntos).
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Conducta sexual anticipada y frecuente. Las chicas tienden a comunicarse más con
las madres. Si la madre se queda con la custodia se va a intensificar esa relación. Padre
no es amigo, madre no es amiga, son apoyos.
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supone una solución adecuada para los conflictos que hay en la pareja, todo esto es una
realidad, va a darse.
- Cambio en la relación con los progenitores. Las pautas educativas suelen irse a los
extremos y eso se debe regular. Si el contacto con alguno de los progenitores disminuye
se va a enfriar la relación, al igual que si el contacto con el custodio se intensifica pues
mayor será la relación. Sin embargo, cuando el niño llega a la adolescencia, eso puede
cambiar, por mucho que yo viva con mi madre porque tiene ella mi custodia, puede ser
que la relación se enfríe.
- Dificultades económicas.
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El temperamento de los hijos. Es una de las variables más importantes. Los niños
temperamentales (en comparación con los sosegados) son los que peor van a llevar la
separación de los padres, sufren más los cambios y las presiones externas. Puedo tener
dos hijos y cada uno puede sufrirlo de manera diferente.
El género de los hijos. Datos muy variados, pero algunos estudios destacan:
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otro. Se puede intuir que la compartida es la mejor, pero hay que entrar a
analizar.
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Informar sobre por qué surgen determinadas dinámicas y experiencias, fomentando así
el perspectivismo.
Enseñar estrategias para ayudar a los hijos a superar la separación de sus progenitores.
Tener previsto e informar sobre los cambios que se van a producir en la vida de los
hijos, resolviendo todas las dudas que les surjan.
Permitir y alentar que los hijos expresen sus sentimientos, aceptando su posible
enfado, y animando a analizarlos. Ellos tienen derecho a enfadarse, a externalizar sus
emociones y si no lo hacen son los padres los que tienen que ayudarles a hacerlo (por
ejemplo, preguntarles que cómo se sienten con la ruptura, etc.)
Nunca pedir a los hijos que tomen partido por algún progenitor. Esto es importante,
pero a veces en casos críticos para tomar una solución se llama a los hijos para
preguntarles cosas (no se le pregunta directamente que si quieren irse con papá o mamá)
y ver con quién se posicionan.
Dejar claro que los progenitores son los que se separan, porque no desean vivir
juntos, pero que el afecto hacia los hijos se mantiene inalterable. Hay que
convencerlos de esto. A un niño pequeño solo se le convence con los hechos, por
ejemplo: si se le dice que el niño se queda con la madre pero que el padre va a buscarlo
para merendar los miércoles hay que cumplirlo, hay que demostrarles que es verdad lo
que le decimos.
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actuación para ayudar a resolver disputas entre excónyuges, educándoles respecto a las
necesidades de sus hijos, y previo consentimiento de las partes o del juzgado, tomando
decisiones en base a los términos y condiciones establecidos por resolución judicial.
Situaciones: Cuando existen importantes incumplimientos, numerosas denuncias
judiciales, riesgo de ruptura del vínculo parento-filial, etc. En España se deriva
judicialmente.
Objetivo: el beneficio de los hijos, pero también, para ayudar a favorecer el vínculo con
el no custodio.
Cómo: se establece un contrato.
Duración: depende del caso (posibilidad hasta dos años).
: Sobre la dinámica familiar, pero también sobre las medidas judiciales
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Con alguna frecuencia, tras la separación o el divorcio las familias dan un paso más allá en su
evolución: los progenitores divorciados vuelven a emparejarse, iniciando una nueva
convivencia, con o sin vínculo matrimonial. Estas familias, en las que al menos uno de los
miembros de la pareja proviene de una unión anterior, reciben el calificativo de reconstituidas*,
y su composición puede tener distinto grado de complejidad, dependiendo de que ninguno, uno,
o ambos integrantes de la nueva pareja aporte hijos o hijas de uniones previas, que residan
habitualmente con ellos o no, y que tengan o no hijos comunes. En las páginas que siguen
vamos a ocuparnos preferentemente de aquellas familias en las que hay al menos algún hijo o
hija de una pareja anterior.
En nuestro país, las familias reconstituidas a partir de un divorcio son un fenómeno reciente y
relativamente infrecuente, ya que, a nuestras moderadas tasas de divorcio se une nuestra menor
tendencia a volvernos a emparejar, comparados con otros países (véase capítulo 4). Esta escasa
tradición hace que las familias reconstituidas carezcan de experiencia de la que aprender, o a
partir de la cual efectuar predicciones o crear expectativas. Por ello, corren el riesgo de ser
asimiladas a las primeras uniones, dada su estructura aparentemente semejante: una pareja de
adultos que convive con niños y/o niñas.
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Sin embargo, las familias reconstituidas presentan una serie de características particulares: la
relación paterno o materno-filial es anterior a la relación de pareja; algunos o todos sus
integrantes tienen experiencia previa de familia y, por tanto, tradiciones y expectativas acerca de
la vida en común; los hijos e hijas habitualmente integran dos familias diferentes, con las
inevitables disparidades, así como cambios en la composición del hogar; por último, no está
clara ni establecida cuál es o ha de ser la relación entre los niños o niñas y la nueva pareja del
progenitor (Visher y Visher, 1993).
Todo ello las singulariza, las dota de problemas particulares y justifica que se analice su
evolución desde parámetros propios, que abordaremos en el siguiente apartado. Permítasenos
antes referirnos a que la literatura científica contempla a estas familias como contextos
inherentemente problemáticos y patógenos (véase, p. ej., Popenoe, 1994), pero análisis más
sistemáticos y menos sesgados informan de que hay una amplia diversidad tanto en su dinámica
como en los perfiles evolutivos de los adultos y niños que viven en ellas (Amato, 1994; Kurdek,
1994; Hetherington y Jodl, 1994). Por tanto, lo que de nuevo parece revestir interés es analizar
las variables influyentes en que la evolución de estas familias resulte más o menos armónica.
La evolución que siguen estas familias fue descrita por Papernow (1993) en siete estadios,
agrupados en tres grandes fases: los estadios iniciales, intermedios y finales. A continuación
recogemos su descripción brevemente resumida y la complementamos con la que desarrollaran
Visher y Visher (1993) respecto de las tareas imprescindibles a desarrollar por este tipo de
familias.
a. Con respecto a los estadios tempranos, los miembros de estas familias pasan
frecuentemente por un estadio inicial de fantasía, en el que sostienen expectativas
irreales acerca de su desenvolvimiento: los adultos suponen el surgimiento del «amor
instantáneo» entre sus hijos o hijas y las nuevas personas que llegan a su vida, o
imaginan que «las familias reconstituidas son como las primeras uniones», pero sin sus
errores; en paralelo, niños y niñas aportan sus propios mitos: el del padrastro o la
madrastra malvada*, alimentado por la literatura infantil (y con frecuencia su único
referente acerca de la figura de la nueva pareja de su progenitor), así como la «fantasía
de la reconciliación» de sus progenitores. A este estadio le sucede la inmersión: pronto
surgen los problemas de ajuste y los rechazos explícitos, apareciendo el grupo familiar
frecuentemente dividido en subsistemas, a menudo biológicos, con los sentimientos de
exclusión subsiguientes en los otros miembros. El padre o la madre se ve
frecuentemente en medio de un conflicto abierto entre sus hijos o hijas y su nueva
pareja, en el que le piden tomar partido. Por último, llega la conciencia de los problemas
existentes, el rechazo de las fantasías iniciales y la aceptación de los propios
sentimientos de decepción, de pérdida o de exclusión, todo lo cual lleva a los adultos a
valorar la necesidad de cambiar la dinámica interna.
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La construcción de una sólida relación de pareja es una prioridad básica: un vínculo fuerte y
estable entre sus miembros es una fuente de apoyo imprescindible para poder afrontar los
problemas que inevitablemente surgen en el período de integración de la nueva familia. Para los
niños y niñas tiene ventajas indudables, además, porque les da seguridad, reduce su ansiedad
acerca de una nueva ruptura, crea una buena atmósfera para el establecimiento de relaciones
estrechas con la nueva pareja de su progenitor, amén de proporcionarles un modelo feliz de
pareja (Visher y Visher, 1993).
En cuanto a las relaciones entre los niños o niñas y la nueva pareja de su padre o madre, es uno
de los aspectos más singulares, y al tiempo más cruciales, para el buen desenvolvimiento de
estas familias. El rol de la nueva pareja del progenitor no es alcanzado automáticamente con el
emparejamiento formal, sino que ha de ser «ganado» paulatinamente. La secuencia ideal pasa
por ser inicialmente una «persona adulta amiga y cariñosa», que está involucrada en la vida de
niños y niñas y apoya la labor del progenitor, pero no asume el ejercicio de la autoridad. En la
medida en que aquellos lo/a van aceptando en su vida, se va abriendo hueco para la intimidad y
el contacto estrecho en estas relaciones, que podrán irse definiendo de un modo más cercano al
paterno o materno-filial, o más bien como un confidente, amigo/a y apoyo, un «extraño íntimo»
en el que confiar y con el que poder compartir preocupaciones, libre de la responsabilidad de la
paternidad o la maternidad. Como es lógico, la edad de los chicos y chicas será una variable
relevante: cuanto más pequeños, más probable es que se defina como un rol paterno-materno;
según avancen en edad, mayor tendencia hacia el otro polo (Hetherington y Stanley-Hagan,
1995; Visher y Visher, 1993).
Por último, el padre o la madre biológicos y sus hijos o hijas también han de preservar una
relación estrecha y especial, con tiempo propio y exclusivo. Esta atención especial es
particularmente necesaria porque chicos y chicas pueden sentirse desplazados por la nueva
relación de pareja de su padre o madre y también por la existencia de otros niños y niñas en el
hogar, particularmente si son también hijos biológicos del progenitor. En este caso, pueden
sentirse relegados a un segundo plano, incrementándose así la rivalidad entre ellos.
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Esta que hemos relatado era la evolución «ideal», que de hecho suele llevar un mínimo de
cuatro a cinco años. El que una familia encuentre mayores o menores dificultades para ajustarse
a este patrón finalmente armónico va a depender de una serie de variables que iremos
desgranando. Algunas de éstas son similares a las que ya delineamos en apartados anteriores al
describir la evolución de las familias tras el divorcio, por lo que nos centraremos en las más
específicas.
Así, y comenzando por los vinculados a los propios chicos o chicas, también aquí la edad parece
ser variable relevante: el inicio de la adolescencia parece ser la peor edad para ajustarse al nuevo
emparejamiento del padre o la madre biológicos, probablemente porque a las tensiones ligadas a
la pubertad y las demandas de mayor autonomía se unen las propias de la transición familiar y la
aceptación de una nueva figura adulta en su vida. Incluso en familias ya formadas y
estabilizadas, la llegada de la adolescencia puede reverberar problemas de relación no resueltos
del todo (Hetherington y Jodl, 1994).
En cuanto al género, si veíamos que los chicos parecían ajustarse peor a la situación
monoparental, las chicas, sin embargo, presentan más problemas en las familias reconstituidas.
Cuando viven con la madre biológica y su nueva pareja, los chicos pueden ganar el contacto
cotidiano con una figura masculina, mientras las chicas, que tenían generalmente una relación
bastante satisfactoria con sus madres, pierden parte de esa complicidad y ese estatus
privilegiado con la llegada del nuevo compañero de éstas. Además, parecen tener también más
problemas para aceptar una figura masculina en sus vidas, especialmente si esto ocurre en torno
a la pubertad, por las inseguridades y confusiones que provoca en cuanto al grado de intimidad
y contacto físico que ha de haber entre ellos. Cuando conviven con el padre biológico y su
pareja, las chicas parecen tener también más dificultades, que han sido interpretadas por el
hecho de que ellas son animadas a asumir roles de cuidado del hogar en la situación
monoparental, y pueden vivir la llegada de otra figura femenina desde una cierta rivalidad
(Brand et al., 1988; Vuchinich et al., 1991).
Por otra parte, parecen tener más problemas de ajuste las familias reconstituidas de estructura
más compleja, aquellas en las que ambos miembros de la pareja aportan hijos o hijas de
anteriores uniones. Según recogen Visher y Visher (1993), corren más riesgo de divorciarse, de
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Por lo que respecta al efecto de la llegada de un hijo o una hija común, parece contribuir
positivamente a la integración de la familia, siempre y cuando la pareja hubiese establecido
previamente una relación sólida y se hubiesen sentado unas ciertas bases para el funcionamiento
fluido de la familia. Si no es así, puede ejercer el efecto opuesto, como demostró el estudio de
Bernstein (1989, cit. en Visher y Visher, 1993).
Tras los nuevos emparejamientos, parece ser igualmente necesario mantener y potenciar la
cooperación con el progenitor no presente en la nueva familia. En primer lugar, porque los
hijos tendrán menos problemas de lealtades, y se verán menos envueltos en disputas, por las que
sufrir o de las que extraer beneficios espúreos (amenazas con irse a vivir con el otro progenitor,
etc). En segundo lugar, porque todas las personas adultas implicadas pueden sentirse más
relajadas, menos discutidas en su rol. La clave está en funcionar como dos hogares
independientes, pero conectados a propósito de los hijos e hijas comunes (Visher y Visher,
1993).
Evitar el contacto de los hijos con la nueva pareja cuando la separación de los
progenitores haya sido recientemente.
Los primeros encuentros deben realizarse de manera informal, y a ser posible, con más
gente alrededor, para que poco a poco se vaya desarrollando una amistad natural entre
los hijos del progenitor y su nueva pareja.
En estos encuentros el progenitor debe evitar que sus hijos puedan sentirse desplazados.
Los hijos no deben conocer a todos los adultos con los que se relaciona el progenitor,
especialmente si son relaciones pasajeras.
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Informar acerca del funcionamiento habitual de las familias reconstituidas, sus fases y
sus problemas particulares.
- Informar acerca de las expectativas no realistas y los mitos habituales en torno a las
familias reconstituidas.
- Permitir y alentar que todos los miembros expresen sus sentimientos (positivos y
negativos).
- Dedicar tiempo a analizar las pérdidas y cambios que se han ido experimentando.
- Los adultos deben aceptar y respetar los anteriores vínculos de la nueva pareja.
Establecer claros límites dentro de la familia, alentando el respeto y el espacio para cada
subsistema de relaciones.
- Ayudar a clarificar los roles de cada miembro de la familia, animando a la pareja del
progenitor a ejercer de apoyo, amigo y confidente de los chicos y chicas, más que de
padre o madre.
- Los adultos de la nueva familia deben preparar con tacto la llegada de un nuevo
hermano.
- Los diferentes menores del nuevo hogar deben recibir un trato similar.
- El adulto que se incorpora a la nueva familia debe evitar las críticas sobre el estilo
educativo que utiliza su nueva pareja, tan sólo debe orientar.
- El adulto que se incorpora debe evitar dictar normas rígidas para sus nuevos hijos.
- El adulto que se incorpora, si hubiera conflicto con los nuevos hijos, debe intentar
resolverlos con ellos, evitando en lo posible que su pareja actúe como intermediaria
- Hay que animarles para que se tomen el tiempo que necesiten para ajustarse como
familia (3-5 años), puesto que se trata de un proceso evolutivo. Alentar la paciencia, el
buen humor, la flexibilidad y el compromiso.
- Si la relación se vuelve muy conflictiva, la pareja debe buscar ayuda externa con algún
profesional.
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El origen biológico del menor. Ese niño trae historial, procede de una familia
biológica, no podemos hacer borrón y cuenta nueva.
La historia del menor previo a la adopción y sus consecuencias. Saber que los niños
tienen una historia que les ha podido causar algún daño, problema neurológico…
cuantos más abandonos, más alteraciones en la parte afectiva, porque hay niños que
zona adoptados, pero luego vuelven al centro, cambian de nuevo de familia…
Tener que compartir la parentalidad con otras personas. Esto tiene relevancia sobre
todo cuando adoptamos niño que no son de nuestra raza.
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Si se da el caso, la revelación del origen. Hay que preparar a los niños si hay que
contarles que son adoptados.
o Los hijos adoptados suelen presentar más problemas que los biológicos
o Las familias biológicas de los menores dados en adopción suelen ser un lastre
social
Escasos apoyos, alto estrés y estilo de vida poco adaptado al menor. Por ejemplo: en
familias monoparentales en las que no hay apoyo externo porque el padre se tiene que ir
a trabajar.
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Expectativas erróneas y bajo grado de aceptación ante las diferencias y los retos de
la parentalidad adoptiva.
Por parte de los hijos: Edad elevada en el momento de la adopción, acompañado de los
siguientes factores:
Institucionalización prolongada.
Periodo escolar (entre los 6/7 y 11/12 años): Comienza a entender que pueden existir
dos madres diferentes. Definen a la familia como personas unidas por lazos de sangre.
Cobra especial relevancia el término de abandono y pérdida duelo, ambivalencia
comportamental, no siempre quiere hablar del tema.
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Periodo adulto: Empieza a comprender que conocer sus orígenes es algo importante
para él. Luego, en ocasiones, algunos comienzan la búsqueda de sus ancestros.
Finalmente, se puede llegar a aceptar su propia realidad.
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Gays y lesbianas son personas insanas, inestables, incapaces de formar una familia y
carentes de habilidades parentales.
Estas familias viven aisladas, sin redes sociales de apoyo.
Los niños y niñas que crecen en familias homoparentales muestran un desarrollo
psicológico alterado por carecer de los necesarios referentes masculino y femenino.
Los niños y niñas que crecen en familias homoparentales van a tener muchos problemas
porque sufren el rechazo social.
Los niños y niñas que crecen en familias homoparentales van a acabar siendo también
homosexuales o muestran un desarrollo atípico del género.
Los niños y niñas que crecen en familias homoparentales tienen muchas probabilidades
de sufrir abusos sexuales
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