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Reseña de "Abuso Mutuo" de Medina

Este documento presenta una reseña del libro "Abuso mutuo" de Cuauhtémoc Medina. En 3 oraciones: El resumen analiza las categorías subyacentes en el libro a lo largo de más de 20 años de ensayos e intervenciones de Medina. Se enfoca en los conceptos de "desnacionalización" y "modernizado" presentados en los dos ensayos que dan nombre al libro. Además, traza una lectura cronológica de los textos para mostrar la sintomatología de lo que podría ser una "teoría
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Reseña de "Abuso Mutuo" de Medina

Este documento presenta una reseña del libro "Abuso mutuo" de Cuauhtémoc Medina. En 3 oraciones: El resumen analiza las categorías subyacentes en el libro a lo largo de más de 20 años de ensayos e intervenciones de Medina. Se enfoca en los conceptos de "desnacionalización" y "modernizado" presentados en los dos ensayos que dan nombre al libro. Además, traza una lectura cronológica de los textos para mostrar la sintomatología de lo que podría ser una "teoría
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Reseña: Crónicas materiales sobre el desasosiego.

(A propósito del libro Abuso mutuo de Cuauhtémoc Medina) -


José Luis Barrios Lara
AURA. Revista de Historia y Teoría del Arte – Nº7 – Septiembre 2018 – ISSN: 2347-0135 – Pp. 186-198
htp://ojs.arte.unicen.edu.ar/index.php/aura

Crónicas materiales sobre el desasosiego.


A propósito del libro Abuso mutuo de Cuauhtémoc MEDINA1)

José Luis Barrios Lara


Universidad Iberoamericana, México
[email protected]

“Hay en cada obra una compleja dialéctica entre, al me-


nos, el decir y no decir, y la producción de dichos ambi-
guos, entre mostrar y ocultar y hacer sin mostrar, así
como entre definir y trazar indefiniciones. Todo ello haría
que las obras de arte fueran objetos de una lectura ende-
moniada (vean ustedes a los historiadores y críticos de
arte sufriendo por establecer su lectura de las obras), si no
fuera que esos encuentran efectos y afectos en el terreno
social, lo que Duchamp llama `lo expresado no intencio-
nalmente´”

Cuautémoc Medina, Abuso Mutuo, p. 416.

Podría empezar esta presentación con el gesto retórico de agradecerle a Cuauhtémoc el que por fin
haya publicado, sino todos sus textos, sí una buena parte de ellos. Al menos una buena parte de los
que involucran más de veinte años, veintiuno para ser exactos, de conferencias, trabajos de crítica
de arte, cartas y demás despliegues de su pluma en todo este tiempo. Podría también comenzar di-
ciendo que me honra profundamente que los editores me invitaran a esta presentación… En reali -
dad, no voy hacer nada de eso, lo que haré es más bien una suerte de análisis de segundo orden
donde lo que quiero es mostrar las categorías que se subtienden a lo largo y lo ancho de esta publi-
cación.

En términos de tiempo histórico, los veinte años que transcurren desde 1992 hasta 2013, abarcan lo
que podría yo definir como el ascenso y la caída del proyecto económico de la modernidad globali-
zada y sus derivas artísticas. Años más, años menos; si pensamos que el evento que marca el fin de
la Guerra Fría y la emergencia de la hegemonía global del mercado es la caída del Muro de Berlín,

1 MEDINA, Cuauhtémoc. Abuso mutuo. Ensayos e intervenciones sobre arte postmexicano (1992-2013).
Ciudad de México, Promotora Cultural Cubo Blanco+RM, 2017. ISBN 978-84-170047-12-2. 472 p.

Departamento de Historia y Teoría del Arte – Facultad de Arte


Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires
Este trabajo se encuentra bajo la licencia Creative Commons Atribution 3.0.

Recibido: 07/02/2018 – Aceptado: 31/08/2018


Reseña: Crónicas materiales sobre el desasosiego. Barrios Lara

de igual manera si el corte que hacemos lo colocamos en 2013, lo que obtendremos es la instalación
del estado de crisis del modelo del capitalismo globalizado que resulta en la liberación de diversas
fuerzas, que, producidas por el capitalismo hegemónico, sin embargo no pueden ser contenidas por
éste. Como sea, lo cierto es que lo que acompaña a la escritura de estos textos es una transforma-
ción precipitada y caótica del orden social mundial, o más bien, tendría que decir que lo que se con -
figura como orden de lo sensible y por tanto del arte, está dialécticamente vinculado con esta preci-
pitación estructural al caos que lo social ha conocido en las últimas décadas.

Qizá lo primero que vale la pena comentar es el título, que en el mejor estilo de su autor, es una
provocación. Abuso mutuo entre los muchos desplazamientos que puede tener -me ocuparé más
adelante de alguno de ellos- bien pudiera ser, más allá de la ironía que indudablemente trae consigo:
1. La instrumentalización que el arte hace de la crítica o a la inversa; 2. Una fórmula retórica que tie-
ne la función de emplazar una categoría sobre la que se despliegan buena parte de las ideas que so-
bre el arte ha desarrollado Cuauhtémoc Medina durante todos estos años; 3. Podría ser también el
nombre del guión de algún melodrama nacional. Sin duda este libro puede ser un poco todo esto. Lo
cierto es que su título, allende de que refiere a dos de los ensayos que forman parte de la totalidad
de la publicación, sin duda lo menos que puedo decir es que es un acierto. Y lo es no por lo dicho
apenas, sino porque también sugiere una suerte de “violación consentida” entre el arte y la crítica.

Deleuze estaba convencido de que la condición de posibilidad radical de la filosofía estaba en la ca-
pacidad de que un cierto un discurso filosófico violara, abusara, sodomizara a otro. En la medida en
que eso sucediera, lo que se producía era un tercero, generalmente monstruoso. Un informe como
eterno comienzo de la filosofía, que no es otra cosa que la invención infinita del concepto. Estoy
convencido de que el libro que hoy comentamos no es un libro de filosofía ni pretende serlo, pero
también estoy convencido de que lo que se lee aquí a través de todos los textos que lo componen, es
una sintomatología, una latencia, de lo que bien podría ser una “teoría crítica de la historia del tiem -
po presente” –sobre este concepto volveré más adelante–.

El libro no está pensado por los distintos temas o problemas que trata (crítica de arte, crítica institu -
cional, crítica cultural, conferencias), antes bien se despliega cronológicamente. Sin embargo, la lec-
tura que yo decidí hacer fue en clave de “rayuela”; las dos las reglas del juego que me impuse son: 1.
Empezar por los dos ensayos de los que toma el libro su nombre y 2. Trazar una trama a partir de lo
que el título de los distintos ensayos me sugirió en función del significante flotante que se adivina
en ellos, así como del suplemento que se va operando a través de éstos en términos de su diferi -
miento histórico-material, es decir en función de atender el enclave temporal de los textos. En este
sentido la lectura que aquí presento se construye sobre la condición diacrónica, es decir de los tiem -

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pos paralelos, que se distienden entre los textos; dicho en términos lacanianos, entre la conden -
sación y el desplazamiento.

1. Proemio a mitad de la acción: De abusos mutuos

En lo que bien podría ser leído como un entramado entre subjetividad, espacio, estética y régimen
localizado pero desidentificado de historicidad, lo que se tiende entre los dos textos y se enuncia
como el título general del libro -“abuso mutuo”- define, lo que visto en la totalidad del libro, es el
campo discursivo cuasi-universal-distópico o si se quiere de la arena de lucha en Naucalpan, donde
se emplaza la práctica del arte en México. En estos dos ensayos, uno para el catálogo: Mexico City:
About the Exchanges Rates of Bodies and Values (Ciudad de México: una exposición sobre el valor de
cambio de cuerpos y valores) y el otro para el catálogo de la exposición Eco: arte contemporáneo mexi-
cano, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía 2005; CM enuncia o, si se quiere, articula dos cate-
gorías que de distintas maneras se van construyendo a lo largo de todos sus trabajos y que se suple-
mentan más tarde en las derivas que va tomando la globalización en México. En concreto me refiero
los conceptos de “desnacionalización” y “modernizado”.

El artista de la periferia, y por extensión sus compañeros de ruta, debían efectuar un acto de
malabarismo consistente en desidentificarse, abusar, distorsionar, parodiar y en ocasiones
[…] incluso construir su inscripción como funcionarios virtuales de sus Estados-nación, y al
mismo tiempo renegociar el control simbólico del ‘centro’ como punto de referencia de la his-
toria del arte. El placer que planteaba ese juego no puede menospreciarse: por un tiempo es -
cribir y actuar en el arte contemporáneo en México supuso aventurarse en una particular
desnacionalización y relocalización, que dependía de operar en una trama desigual de inter-
cambios. (p. 268)

En el texto de “Notas para una estética del modernizado (Abuso mutuo II)”, CM afirma: “No es en
absoluto sorprendente que el arte se haya convertido en la arena de una cierta experimentación con
la economía, pues transforma al objeto de reestructuración capitalista (el espectador) en sujeto de
una sensibilidad refinada incluso hasta su enrarecimiento. El modernizado, así visto, no es una vícti-
ma, sino un agente simbólico que transforma en sensibilidad los cambios históricos” (p.373). Algo
que, si nos regresamos unas páginas atrás, en palabras del autor significa: “La estética del moder-
nizado consistió en el establecimiento de atisbos reflexivos de relaciones económicas y culturales
desiguales en diálogo con los lenguajes del arte contemporáneo global. […] Ese despliegue de un
mal gusto sublimado es probablemente el único punto de coincidencia de prácticas y proyecto enor-
memente diferenciados” (p.273).

Me gustaría llamar la atención sobre los énfasis que en estos dos textos se hace sobre “trama
desigual de intercambios” y “sujeto modernizado”. Allende las genealogías althusserianas, foucaul-

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tianas y marxistas que se pueden leer detrás de estos conceptos, lo que sin duda es interesante es
que, al menos desde mi perspectiva, son síntesis conceptuales (juicios sintéticos a priori, por traer a
cuenta una deuda común que tenemos con Kant) que CM deriva, por un lado; de la triple operación
que opera a lo largo de su trabajo de crítica del arte: un conocimiento fuerte de la teoría del arte,
una comprensión compleja del concepto de estilo de la historia del arte y una capacidad analítica de
los procesos y producciones artísticas diferenciadas. Por el otro, las categorías de “trama desigual de
intercambios” y “sujeto modernizado” no son adjetivaciones ni meras figuras retóricas, que sacadas
de contexto podrían ser fácilmente susceptibles de ser leídas así; antes bien considero que son con-
diciones de posibilidad sobre las que se suplementan nociones más inmediatas como local, nacional,
centro, periferia y que vistas en su inmediatez pueden ser apropiadas por ciertos discursos oportu -
nistas que se han dado en torno al arte contemporáneo en el contexto del subdesarrollo o de las
“economías (eternamente, SIC) emergentes”. Antes bien, pienso que vistas en la genealogía que se
lee detrás de los múltiples ensayos de Abuso mutuo es el trazo de una tensión histórica que CM
diagnóstica como crisis connatural de la globalización.

Pero más allá de lo que dicen estas categorías, parafraseando la fórmula que Medina utiliza para
aproximarse a Cantos cívicos de Miguel Ventura, está lo que éstas dicen cuando no dicen. Algunas
breves consideraciones. Detrás del concepto “trama desigual de intercambios” lo que se tiende es
una apropiación y suplementación del concepto de división social del tiempo y la forma en que en la
globalización dicha división distribuye el espacio, los cuerpos y en general define una condición on-
tológica de la vida; a esta consideración se une el concepto, más original desde mi perspectiva, de
“sujeto modernizado”. En este enunciado lo que late es la figura de sujeto de enunciado tal y como
lo postula Foucault. El sujeto de enunciado, modernizado, es aquel que es dicho por el sujeto de
enunciación, el cual para el filósofo consiste en las relaciones entre poder, saber y deseo. De acuer -
do; y aquí sólo tengo tiempo para formularlo como pregunta. ¿Si aceptamos esta genealogía, enton-
ces, qué configuración tienen el saber, el poder y el deseo en el sujeto de enunciado que en su es -
tructura gramatical se lee en la figura del “sujeto modernizado”, y cómo entender entonces la lógica
desigual del intercambio?

Más allá de lo discutibles que pueden ser estos dos conceptos suplementados por CM, sin duda en
su discurso lo que se lee es una suspensión dialéctica que produce un lugar enunciación diferencia-
do, un interregno sobre el que me gustaría abundar.

2. La crítica de arte o las escrituras del interregno

El interregno es un término político que consiste en la ausencia espacio-temporal de un poder sobe -


rano. En la tradición occidental, el del rey. Se trata del espacio que se abre como indefinición y que

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según se vea, configura condiciones de posibilidad diferenciadas en torno al ejercicio del poder. Una
de las mayores audacias, pero también aciertos que se leen a través de los treinta y un ensayos es -
critos a lo largo de veintiún años –y esto con la sospecha de mayoría de edad que se podría deducir
de ese tiempo. Abuso mutuo en su conjunto, al tiempo que analizan las prácticas artísticas produci-
das de México durante tres décadas, construye diacrónicamente una suerte de teoría crítica de la
historia de lo que está en falta. Algo así como un matema lacaniano que rezaría: (ACm= sm/h ⇾LI) 2.

Lo que este matema intenta formular es algo que me parece, y permítanme el error estilístico, se
está “distendiendo” a través del libro. Se trata de un significante latente puesto en juego, creo sin de-
masiada conciencia discursiva por parte del autor en los primeros trabajos, pero que se aclara hacia
el final del mismo. Algo que sin duda llega a su evidencia enunciativa en los tres últimos ensayos;
sobre éstos insistiré más adelante. Como sea, lo cierto es que como totalidad en Abuso mutuo se
hace manifiesta la construcción de una cierta teoría del arte, algo que sin duda es uno de los princi-
pales aportes de esta publicación.

Para explicarme mejor introduzco algunos cortes que harían reconocible, desde mi perspectiva, dos
registros respecto a esta “teoría del arte en construcción”. El primero referido a la poética del arte
contemporáneo producido en México en las tres últimas décadas. El segundo referido a las políticas
estéticas que se desprenden de las prácticas artísticas analizadas. Dejo para el final y como un asun-
to diferente lo que, después de la lectura del libro en su conjunto, deduzco como una teoría crítica
de la historia del tiempo presente.

3. Poéticas del arte contemporáneo en México a modo adorniano

Una constante acompaña los argumentos en Abuso mutuo en torno a la producción del arte contem-
poráneo de los noventa y la primera década del siglo XXI en México. A saber, el modo específico en
que se desdibujan las relaciones entre sujeto creador y objeto artístico. Aquí habría que insistir en la
especificidad del modo de este desdibujamiento. Nada hay más fácil en la crítica del arte contempo-
ráneo y contemporánea, a parte del lirismo de los literatos ocupándose de ésta, que los brincos en el
vacío que se dan entre marcos conceptuales y teóricos, y la materialidad y la singularidad de las
obras. Si algo está claro en todos los textos de esta publicación es que su autor no trabaja bajo nin-
guno de los modus operandi enunciados.

Desde el ensayo con el que abre el libro “Instalación y museos en México” hasta los últimos que re-
coge la publicación, algo que parece funcionar como una petición de principio es el entendido de

2 ACm (arte contemporáneo en México), sm (sujeto modernizado); h (lo que falta en la historia), LI (Lugar de
indefinición).

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que el arte contemporáneo se concibe como una práctica, una estrategia y una producción material
de conocimiento que tiene que ver con las formas de negociar su función en lo social, lo político y lo
cultural.

Escrito en el contexto de la exposición Si Colón supiera… 11 instalaciones efímeras, CM afirma:

“…la instalación irrumpe como cosa cotidiana en instituciones de la galería y el museo…” (p.
11). Y más adelante afirma: “La instalación puede ser una excelente alternativa de arte públi-
co, en la más pura tradición de los carros alegóricos […]. No digo que esa sea su única di-
mensión, sino que por ser efímeras –y por su compleja lectura– resulta mil veces mejor
perspectiva que el obelisco o la estatua […] En fin, no se convierte en monumentos. (p. 17).

En otro ensayo (“Porque lo social no nos está dado. Comentarios a la Constitución del Arte Contem -
poráneo en México”) que refiere a las prácticas de Silvia Grüner, afirma:

Silvia Grüner ha venido tratando de lograr lo que parecía imposible: restaurar contacto y
sentido con el repertorio histórico y popular que la retórica del mexicanismo había vuelto
inoperantes. Sus estrategias han sido, precisamente los métodos de fetichismo y contacto
erotizado o intrusivo de fornicar: el tocar, oler, saborear […]. En Grüner las ironías siempre
son cómplices, niegan la narrativa falsificada, pero al hacerlo destilan la melancolía de quien
desearía reestablecer el deseo de un violento contacto. (p. 128)

Como en estas dos aproximaciones, el libro abunda sobre lo que visto a posteriori podría ser una sin-
tomatología de la práctica artística de al menos los años noventa en México. Lo que leído a la dis-
tancia es sugerente, es el modo en que los abordajes que se hacen sobre la producción del arte con -
temporáneo en México como práctica, CM las entiende como una poética compartida que marcha
sobre las pulsiones de lo social (lo cotidiano) y sobre el artista como agenciamiento perverso y anu -
damiento erótico con el espacio social, entendidos éstos como una suerte de gasto improductivo o
aristocrático a la manera de Bataille. Aquí importa no perder de vista que la condición de la moder -
nidad en el subdesarrollo está en falta, tal y como lo intenté expresar en el matema que referí más
arriba; algo que aún colocado en cierto entusiasmo global del que pocos fuimos ajenos en los años
noventa, permite replantear la pregunta que Cuauhtémoc se plantea en “El regreso de los mutan-
tes”:

¿Cóó mó desalójar esta dependencia, ¿cóó mó hacer estallar la red que identifica el deseó cón
el próductó? ¿Cóó mó imaginar cóndiciónes para que el próductó pudiera ser extranñ adó, y
el deseó rescatadó de su dependencia frente a las mercancíóas? ¿Cóó mó inaugurar necesida-
des que el sistema sócial capitalista nó pudiera absórber, y derivar hacia esós deseós las
energíóas vertidas en nuestras póluciónes interminables? (p.76).

Yo añadiría: ¿se puede superar el momento especular y fantasmagórico del capital o le es es -


tructural operar hasta el punto de administrar el deseo como lógica del imaginario social, ya no en

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los objetos, sino en la pulsión deseante del capital?

No lo sé, pero lo que está claro es que una constante que articula los argumentos en torno a la prác -
tica artística en los textos de CM es la cifra adorniana-brecthiana a partir de la cual el extrañamien-
to y la negatividad funcionan como bisagras conceptuales de su discurso. En todo caso lo que me
parece francamente sugerente es el modo en que se deduce de estos argumentos una constante poé-
tica del arte contemporáneo en México: la que forcluye la ley del falo; es decir sugieren un registro
político-estético radical donde se deconstruyen las lógicas de lo nacional, lo identitario, lo popular a
través de lo abyecto, la pornografía, el cinismo, el humor, la ironía y el narcisismo; al menos en esos
años donde la pulsión de arte tiene que ver con el erotismo.

4. Las políticas estéticas del entusiasmo: el sublime social

Es preciso empezar con un comentario sobre la fascinación adorniana, por no decir kantiana, que
observo en algunos de los supuestos conceptuales sobre los que opera el discurso crítico de Medina.
Innegable la precisión y lo sugerente que resultan a lo largo del libro las aproximaciones al arte con -
temporáneo en México a partir de hiato entre lo social y la poiesis artística que el autor logra detec-
tar como un síntoma de la producción de esos años. Innegable también el desplazamiento y el suple-
mento que lleva a cabo respecto a las estructuras sintácticas sobre las que opera su lectura sobre la
economía-política del arte contemporáneo, sobre todo que ésta se sostiene sobre la propia operación
artística, es decir, se emplaza a partir de la “taxidermia” que hace de los artistas y sus obras. Todo
esto tiene que ver con el interregno que se produce como suspensión de la soberanía (de la hegemo -
nía, podríamos decir) del discurso y la producción del arte tal y como había sucedido en México has-
ta bien entrado el siglo XX. Esto en el sentido de que el arte que se produce en este país desde la Es-
cuela Mexicana –si no es que desde la Independencia– es una eterna y doble mascarada que oculta
al sujeto del poder y el imaginario de la sujeción y otorga a la creación artística el lugar de produc-
ción imaginaria de lo identitario y lo nacional. Sin duda en esto, todos los argumentos en torno a lo
pospictórico, lo posnacional, lo poscolonial –puestos en el horizonte de la dialéctica en suspensión,
que resulta de la tensión entre “lo cotidiano” y la poética del distanciamiento–, no sólo dan cuenta
del modo de operar del arte de los noventas y tempranos dos mil, sino que también funcionan como
crítica a la poéticas, a la crítica e incluso a la historiografía del arte que se resolvía en la pugna en-
tre nacionalismo e internacionalismo o incluso aquella otra en torno al arte latinoamericano y las
vanguardias y las posvanguardias europea y estadounidense. El diferencial que opera al interior de
los textos de CM radica en el modo en que introduce el concepto del “sublime social”.

Lo social como potencia e interregno donde el arte reconoce la pulsión material de su poética es por
mucho el diferencial que Medina diagnostica fuera de cualquier programa figurativo y por tanto

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ideológico. Lo que observa en artistas como Vicente Razo, Francis Alÿs, Rubén Ortiz sin duda le
permite afirmar que : “… lo verdaderamente interesante no está del lado del arte, sino [más bien] donde
ocurren las estéticas significativas y donde las parodias son verdaderamente eficaces” (p. 130).

Pero avancemos en un punto para mí nodal que sólo en un par de ocasiones CM articula como cate-
goría estética. Me refiero al concepto de lo sublime social/mal gusto sublimado. Una cita larga pero
que considero pertinente:

La apróximacióó n a la subcultura, la desigualdad sócial, el ridíóculó televisadó ó la viólencia


que llevan a cabó estós y ótrós artistas (Melanie Smith, Thómas Glassfórd, Miguel Calde-
róó n, Daniella Róssel, Jónathan Hernaó ndez) nó invólucraba la viólencia ni la denuncia ni la
ópósicióó n. En la medida en que el paisaje y lós tiempós que experimentaban eran próba-
blemente inclementes, incompresibles e inhumanos, apóstarón pór desprender de ellós un
encantó residual […]. Esas y ótras óbras transfórmaban, pór una variedad de óperaciónes,
ló brutal, ló infundadó en un sublime social: la apertura sóbre un caós sócial y cultural-
mente inabarcable (Kant dixit), la apróximacióó n respetuósa y distante de póderes ó es-
tructuras sóciales espóntaó neas muy pór encima de cualquier mecanismó de aprehensióó n,
la transfiguracióó n de la módernizacióó n en sófisticacióó n esteó tica. […] Esta delectacióó n
amarga/endulcórada del subdesarrólló latinóamericanó cómó yacimientó inagótable de
ló brutal-maravilloso se insertaba próbablemente en una divisióó n simbóó lica del trabajó: al
própónerse un aprópiadó (ab) usó esteó ticó del desarrólló, […] se sabíóa próveyendó al cir -
cuitó glóbal del arte de un ciertó gradó de intensidad sóciólóó gica, impureza entróó pica y
urgencia cultural que nó eran factibles desde lós paíóses que se benefician de la cóncentra-
cióó n de lós capitales bajó la glóbalizacióó n. (p. 274)

En esta cita se anudan o se enredan un sinfín de registros analíticos que merecerían un tratamiento
más amplio, el cual aquí no puedo hacer. Sin embargo, es importante llamar la atención sobre algo
que me parece complicado sustraer de las derivas exotizantes de la modernidad en cualquiera de sus
versiones. Qizá el concepto ultramoderno por antonomasia es el de lo sublime estético, tan ultra -
moderno que creo que es la única solución “trascendental” que el filósofo alemán encuentra para
salir del escollo de las aporías que la relación entre vida y sujeto le producían desde su segunda crí-
tica. Asunto complejo, del que aquí me interesa destacar el diferencial conceptual que CM busca in-
troducir a partir de la idea del sublime social, el cual, a reserva de discutirlo más ampliamente con el
autor, me parece que encalla en el mismo punto en que lo hace la tercera crítica. A saber: si lo subli -
me no es estético, entonces deviene en una instrumentalización de los afectos por los regímenes de
representación vigentes. Lo cual, en términos absolutos, si no clausura la condición de posibilidad
crítica del arte, al menos redimensiona de manera harto problemática muchos de los argumentos
con los que el signante de Abuso mutuo aborda la práctica del arte contemporáneo en el México de
los noventa y principios del siglo XX.

Exergo: por una teoría crítico política de la historia del tiempo presente, sobre un cierto
giro benjaminiano en Abuso mutuo

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Tengo claro que un trabajo como el que CM ha elaborado durante todos estos años no tiene nada de
ingenuo, menos aún de gratuito e infundado. Antes bien creo que entre las muchas aportaciones
que nos deja esta recopilación de años de escritura es la oportunidad de reconocer, pero sobre todo
de comprender, que el ejercicio de la crítica del arte contemporáneo, al menos como ha sucedido
desde hace ya algunos años en México, no se resuelve en los discursos adjetivados de literatos y pe-
riodistas. Esos ya son territorios domesticados por la conciencia bien pensante del espíritu claseme-
diero y pretencioso de la sociedad mexicana y de la mediocre lectura que se puede hacer del arte en
una sociedad que ya lo domesticó al punto de pensar que es radical un “remake” de una tienda de
ocasión. Creo que el discurso del cinismo, el humor, la ironía y el presentismo heterotópico del ter-
cer mundo están agotados como materia prima del arte actual.

Es bajo este tenor que me parece que no es intencional, aunque así pudiera parecer, que los tres últi -
mos ensayos del libro Abuso mutuo funcionen como un quiebre o un hiato a la cierta poética-políti-
ca de la historia o si se quiere simplemente como una capa más profunda del pathos social y político
del arte y del México contemporáneos.

Antes de entrar a esto sólo quisiera llamar la atención sobre el título del ensayo que precede los tres
últimos a los que me referiré en seguida. “Vampirismo retroactivo: en torno a la Era de la Discrepan -
cia”, paráfrasis que evoca la canónica-contracanónica exposición exhibida en el MUCA- Campus en
2007, texto que fue presentado ese mismo año en el Instituto de Investigaciones Estéticas. No voy a
entrar aquí en las discusiones, por lo demás siempre de capilla, con las que se elaboraron las críticas
a esa exposición, me interesa más llamar la atención sobre algo que en el ensayo funciona como una
afirmación de principio. A la letra dice: “…entendimos el proyecto como una intervención curatorial so-
bre la textura de la memoria cultural y no como una exposición sin más”. (p. 405)

Qé puede significar textura de la memoria cultural en el contexto de esa exposición, pero sobre
todo en el contexto del libro que nos convoca. La textura de la memoria habla más de un cierto ca -
rácter del pasado y del recuerdo que por principio intenta diferenciarse de las visiones historicistas
de la historia del arte. La textura de la memoria, allende de que epistemológicamente tiene una serie
de implicaciones instaladas en las diversas formas de la subjetividad, sobre todo supone un cierto
pathos del pasado sobre el presente que opera de una distinta manera sobre las lógicas y las formas
de enunciación. En todo caso el contexto de esta exposición y del texto que la secunda tiene que ver
con el corte temporal que ya estaba anunciado desde el título de la mentada exposición: 1968-1967.
Dejo a la suspicacia histórica de los lectores sacar a la luz la estrategia de producción de presencia
que late detrás de las fechas, aquí más bien quiero llamar la atención sobre una curiosidad semánti-
ca, si no es que numerológica y cabalística, que se adivina detrás de la fascinación por los números

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impares que tiene nuestro autor….

Como sea, lo cierto es que la fascinación por el tercero excluido/incluido parece ser la operación ló -
gica que funciona todo el tiempo en el trabajo de Cuauhtémoc Medina. Cuando anotaba el concep-
to del “interregno”como categoría estético-política que encuentro a lo largo de todos los textos de
esta publicación, era y es con la finalidad de mostrar la condición epistemológica inestable, que por
lo demás comparto con Medina, respecto a las condiciones de posibilidad de la crítica de arte del
arte contemporáneo, no sólo en México, sino en contextos de efectuación más amplios de la globali-
zación en sus afueras/adentro.

Lo cierto es que, si el arte producido en México en los años noventa y durante los primeros años del
siglo XXI produjo condiciones estéticas que le permitieron insertarse en los flujos deseantes del ca-
pital, inscritos como alteridad cultural, sexual, social e incluso vital, etc.; también es cierto que ese
sublime social dejó de ser condición de posibilidad de esta producción.

Apenas algunas líneas arriba afirmaba que los últimos tres textos funcionan como un afuera del dis -
curso que se emplaza a lo largo de buena parte del libro. Qiero sugerir la cifra que me parece que
late detrás de éstos. Aquí las fechas, los títulos y el orden de aparición sí son relevantes: “La a-Ventu-
ra” de marzo de 2009, “Viendo rojo” del 3 de marzo de 2012 y “Llevando la peste a Venecia: la bienal
como intervención” de 2013.

Más allá del obvio ordenamiento cronológico, en estos textos CM traza lo que desde un principio he
enunciado como condiciones de posibilidad de una teoría crítica del tiempo presente.

En el ensayo dedicado a Cantos Cívicos, el título “La a-Ventura” funciona como una figura poestruc-
turalista a partir de la cual el autor desarrollará una serie de argumentos a favor de la radicalidad de
la instalación que se presentara en el MUAC dentro de su ciclo inaugural. El dispositivo diacrónico
con el que el artista emplaza la obra es leído por Medina en función de la lógica perversa del capital
y de los discursos hegemónicos y totalitarios que este ha producido. Este es uno de los textos que
me es imprescindible en la lectura del libro: el desmontaje de la lógica de la representación normali-
zada de la víctima, la equivalencia entre cotidianidad y banalización del mal y ésta como la opera-
ción perversa que subyace, no sólo el nazismo y sus producciones de terror, sino en el régimen del
capitalismo en cualquiera de sus etapas. Todo esto a través de la operación de abyectar el lenguaje,
elementos todos detectados por CM, al punto de que el título “La a-Ventura” es un juego de lengua-
je que enuncia la copertenencia entre sistema del arte y perversión como pulsión de muerte o lo
Real en sentido lacaniano. Sin duda la a (minúscula) en el título del ensayo funciona como objeto
causa de deseo tal y como lo introduce Lacan, lo que en términos de enunciación produce una afir-

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mación del plus de goce como pulsión perversa del sistema del arte y que en este ensayo queda ra-
dicalmente esclarecida.

El otro lado de esta reocupación del interregno tiene que ver con el ensayo “Viendo rojo”. En un giro
que no deja de ser sorpresivo, el ensayo desarrolla su argumento en torno a lo que podríamos definir
como una dialéctica entre la estetización de la política y la politización de la estética de lo singular.
En lo que se antoja como un giro geolocalizado, este trabajo aborda los diferenciales intensivos de la
dialéctica del poder en la modernidad globalizada. Se trata de la puesta en tensión entre una obra
pública mandada hacer ex profeso por el ex presidente Calderón y la práctica artística de Edgardo
Aragón.

Una breve descripción. La obra comisionada por el ex presidente es un mural, construido con el ma-
terial que resulta de la destrucción de armas ilegales decomisadas por la policía y las fuerzas arma-
das de México. Se trata de una obra que desde el decir de Cuauhtémoc, “…bien podríamos llamar
posconceptualismo oficialista del Estado-nación” (p. 427) o en mis palabras una estrategia deslavada
de la alternancia del poder en México, que ante su debilidad, instaura la guerra como violencia prác-
tica cotidiana del poder. Dígase como se quiera, este mural a es una forma “novedosa” de interpela-
ción diplomática que raya en la conversión del arte en estupidez. Por su parte, la constante que en-
fatiza el autor respecto a la obra de Edgardo Aragón es la relación entre memoria e historia que
pone en juego “…la oleada sacrificial que ocurre actualmente en México, como la aplicación de un de-
seo de muerte circular que parece inscrito en el tiempo social”, nos dice Medina. (p. 436). Sin duda la
pertinencia de estos argumentos es contundente.

Lo sorprendente está unas líneas adelante. Escribe el autor respecto a Aragón: “Se trata de la crónica
interna de un drama histórico enormemente importante: la completa transformación del campo, que
pasa a ser el sitio de las utopías revolucionarias, a plantearse como la distopía concentrada del presen-
te” (p. 436). Algo que en otro ensayo CM refiere respecto al TLC como nuestro retorno al llano en
llamas, me autoriza a leer este giro como una suerte de retorno de lo Real. En lo que el autor define
como el “nuevo sur”, traza lo que bien puede ser la primera línea de un nuevo mapa del arte mexi-
cano, trazo que ya no tiene que ver tan sólo con el arte como superficie intensiva y como producción
de diferencial del flujo del capital, sino con las polvaredas de la ruina del presente. “ Contra los este-
reotipos dominantes que tienden a observar los cambios producidos en términos de la aparición de nue-
vas intensidades urbanas, Aragón no avisa de la compleja inestabilidad de campo, al tiempo que el cam-
po sus fronteras son puestas en cuestión” (p. 438). A la manera de un murmullo rulfiano remasteriza-
do pareciera que el fantasma de la nacional retorna como pulsión de muerte, como violencia. “… por
intermedio de la brutalidad de la autodestrucción de nuestra globalización genocida específica, tienen

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ustedes encarnados un arte nacional. Esta visualidad de seres desechables y vidas banalizadas es lo úni-
co que hoy por hoy puede y deber ser llamado nacional” (p. 441).

Este retorno de lo real hacia el final del libro está referido a manera de cronológico epistolar por el
significado que tuvo para el autor y para el poder político, no sólo en turno, la intervención De qué
otra cosa podemos hablar que Teresa Margolles realizara en 2009 en el Pabellón Nacional de México
en Venecia. No voy aquí a repetir la crónica de un desencuentro. Más bien me interesa resaltar el
modo en que Medina, en el contexto de la guerra contra el narco, introduce este texto escrito en
2013 y sobre todo traer a escena la voz de Margolles que en este ensayo funciona como una interpe-
lación radical:

Dice Margolles:

La idea partióó de la pregunta: ¿quieó n limpia las calles de la sangre que deja una persóna
asesinada? Cuandó es una persóna, pódríóa ser la familia ó alguó n vecinó, peró cuaó ndó són
miles, ¿quieó n limpia la ciudad? La pieza cónsiste en limpiar cón una tela huó meda el espa -
ció dónde cayóó el cuerpó de una persóna asesinada y se traslada a Venecia, dónde vuelva a
ser hidratada cón agua para despueó s ser usada en la limpieza del sueló. La pieza són las
capas que se fórmaraó n pór el cónstante trapeadó…

En un acto de iconoclastia, y eso se ha comentado mucho, la intervención de Margolles en Venecia


significa la profanación de la idea misma de “pabellón nacional”.

Llegado a este punto, sin duda y en el contexto de la economía del discurso que se va construyendo
a lo largo de las cuatrocientos setenta páginas de Abuso mutuo, los tres últimos ensayos suponen un
cambio radical en el pensamiento de su autor. Un cambio que tiene que ver con la urgencia de refor-
mular las condiciones de la crítica a partir de lugares de enunciación del arte donde el interregno ya
no tiene que ver con el lugar ni con una cierta desviación “monstruosa” de lo sublime, sino con la
pregunta más radical por las relaciones entre historia, memoria y presente.

*****

En dos textos tempranos, uno de 1919 y otro de 1921, Walter Benjamin planteaba dos asuntos que
me parece pertinente traer a cuenta. En Hacia una crítica de la violencia (1921), el filósofo traza una
de las ideas que atravesarán toda su obra, me refiero a la idea misma de la violencia divina. La otra
tiene que ver con el dilema de si hay una correspondencia entre el destino y el carácter. En el prime-
ro el filósofo afirma: “…la violencia divina no puede definirse […] sino por los momentos de consu-
mación incruenta, consumación fulminante y redentora”. Del mismo modo en el texto Destino y ca-
rácter afirma que contra lo que suele pensarse, no existe correspondencia entre destino y carácter.

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Mientras que la supuesta relación entre uno y otro resulta en la vinculación necesaria entre tragedia
e Historia y en la correspondencia de lo ético con lo sagrado, encarnadas todas en la figura del hy-
bris del héroe trágico. En este mismo texto Benjamin propone más bien pensar las incorresponden-
cias entre el acontecimiento y la acción. En ésta podemos encontrar las condiciones críticas al nudo
supuestamente indisoluble entre carácter y destino. Dicha incorrespondencia, a los ojos del filósofo,
quien la efectúa es el personaje cómico. Éste funciona por desproporción o si se quiere por infrasig-
nifación de la correspondencia entre lo moral y lo sagrado, algo que lleva a cabo sistemáticamente el
personaje cómico, una desproporción, que como lo muestra Molière consiste en hacer del cuerpo el
lugar de la desproporción entre deber y culpa, entre sueño y despertar 3 o si se quiere entre arte e
historia.

En el punto donde el pacto discursivo entre la crítica y el arte ya no se encuentra en la afección del
“sublime social” o del “mal gusto sublimado” irrumpe la sonrisa melancólica de Dionisio para recor-
dar que el llano sigue en llamas y que la historia siempre es la de la violencia. Aquí es donde quizá
habrá que pensar a partir del punto provisional de llegada que nos propone Abuso Mutuo. Pensar,
como lo afirma Cuauhtémoc Medina, a partir del “…arribo aciago de los mensajeros del desastre”.
Asumir la pulsión de muerte que habita la historia y al presente, quizá nos conduzca a considerar
que los “abusos mutuos” son en alguna medida “perversiones compartidas”. Algo se ganó con el arte
de los noventa y tempranos dos mil: descubrir que la condición crítica del arte es mantener el sínto-
ma; cuál sea éste en el nuevo des(orden) mundial… habría que preguntárselo al desasosiego.

En todo caso, no me queda sino felicitarme por haber leído un libro que me produce más preguntas
que respuestas y que en su escritura convoca a juegos de agudeza intelectual.

3 Véase: Walter Benjamin, “Destino y carácter” en: Obras, Libro II/Vol. 1, Madrid: Abada, 2007, pp. 175-182

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