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Liturgia del II Domingo de Pascua

Este documento presenta la liturgia para el II Domingo de Pascua según el rito católico. Incluye oraciones, lecturas y el evangelio para la misa. Las lecturas describen a los apóstoles realizando milagros y curaciones en Jerusalén después de la resurrección de Jesús, y la visión de Juan en Patmos. El evangelio relata la aparición de Jesús resucitado a los discípulos y cómo convenció a Tomás de creer sin haber visto.
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Liturgia del II Domingo de Pascua

Este documento presenta la liturgia para el II Domingo de Pascua según el rito católico. Incluye oraciones, lecturas y el evangelio para la misa. Las lecturas describen a los apóstoles realizando milagros y curaciones en Jerusalén después de la resurrección de Jesús, y la visión de Juan en Patmos. El evangelio relata la aparición de Jesús resucitado a los discípulos y cómo convenció a Tomás de creer sin haber visto.
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II Domingo de Pascua

RITOS INICIALES
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
R/. Amén.
La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con
todos ustedes.
R/. Y con tu espíritu.

ACTO PENITENCIAL
Primera Fórmula

Hermanos: para celebrar dignamente estos sagrados misterios, reconozcamos nuestros pecados.

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de
pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego
a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos, que intercedáis
por mí ante Dios, nuestro Señor.
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la
vida eterna.
R/. Amén.
KYRIE (a cantar)
ORACIÓN COLECTA
Dios de eterna misericordia, que en la celebración anual de las fiestas pascuales reavivas la fe del
Pueblo santo, acrecienta en nosotros los dones de tu gracia para comprender, verdaderamente, la
inestimable grandeza del bautismo que nos purificó, del Espíritu que nos regeneró y de la sangre
que nos redimió. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del
Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Primera Lectura
Hch 5, 12-16
En aquellos días, los apóstoles realizaban muchas señales milagrosas y prodigios en
medio del pueblo. Todos los creyentes solían reunirse, por común acuerdo, en el
pórtico de Salomón. Los demás no se atrevían a juntárseles, aunque la gente los
tenía en gran estima.
El número de hombres y mujeres que creían en el Señor iba creciendo de día en día,
hasta el punto de que tenían que sacar en literas y camillas a los enfermos y
ponerlos en las plazas, para que, cuando Pedro pasara, al menos su sombra cayera
sobre alguno de ellos.
Mucha gente de los alrededores acudía a Jerusalén y llevaba a los enfermos y a los
atormentados por espíritus malignos, y todos quedaban curados.
Salmo Responsorial
Salmo 117, 1-2. 16ab-17. 22-23
R. (24) Éste es el día del triunfo del Señor. Aleluya.
Te damos gracias, Señor, porque eres bueno,
porque tu misericordia es eterna.
Diga la casa de Israel:
“Su misericordia es eterna”.
R. Éste es el día del triunfo del Señor. Aleluya.
La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es nuestro orgullo.
No moriré, continuaré viviendo
para contar lo que el Señor ha hecho.
R. Éste es el día del triunfo del Señor. Aleluya.
La piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular.
Esto es obra de la mano del Señor,
es un milagro patente.
R. Éste es el día del triunfo del Señor. Aleluya.

Segunda Lectura
Apoc 1, 9-11a. 12-13. 17-19
Yo, Juan, hermano y compañero de ustedes en la tribulación, en el Reino y en la
perseverancia en Jesús, estaba desterrado en la isla de Patmos, por haber predicado
la palabra de Dios y haber dado testimonio de Jesús.

Un domingo caí en éxtasis y oí a mis espaldas una voz potente, como de trompeta,
que decía: “Escribe en un libro lo que veas y envíalo a las siete comunidades
cristianas de Asia”. Me volví para ver quién me hablaba, y al volverme, vi siete
lámparas de oro, y en medio de ellas, un hombre vestido de larga túnica, ceñida a la
altura del pecho, con una franja de oro.

Al contemplarlo, caí a sus pies como muerto; pero él, poniendo sobre mí la mano
derecha, me dijo: “No temas. Yo soy el primero y el último; yo soy el que vive.
Estuve muerto y ahora, como ves, estoy vivo por los siglos de los siglos. Yo tengo las
llaves de la muerte y del más allá. Escribe lo que has visto, tanto sobre las cosas que
están sucediendo, como sobre las que sucederán después”.

Aclamación antes del Evangelio
Jn 20, 29
R. Aleluya, aleluya.
Tomás, tú crees porque me has visto;
dichosos los que creen sin haberme visto, dice el Señor.
R. Aleluya.

Evangelio
Jn 20, 19-31
Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa
donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio
de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Dicho esto, les mostró las manos y el
costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría.

De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así
también los envío yo”. Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban el
Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los
que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”.

Tomás, uno de los Doce, a quien llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando
vino Jesús, y los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”. Pero él les
contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los
agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré”.

Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás estaba
con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con
ustedes”. Luego le dijo a Tomás: “Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu
mano, métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree”. Tomás le respondió:
“¡Señor mío y Dios mío!” Jesús añadió: “Tú crees porque me has visto; dichosos los
que creen sin haber visto”.

Otras muchas señales hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero no están
escritos en este libro. Se escribieron éstos para que ustedes crean que Jesús es el
Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre

PLEGARIA EUCARÍSTICA, II

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS


Recibe, Señor, las ofrendas que te presentamos (junto con los recién bautizados), y haz que,
renovados por la confesión de tu nombre y por el bautismo, lleguemos a la felicidad eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor.

V/. El Señor esté con ustedes


R/. Y con tu espíritu.
V/. Levantemos el corazón.
R/. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V/. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R/. Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias, Padre santo, siempre y en todo
lugar, por Jesucristo, tu Hijo amado. Por él, que es tu Palabra, hiciste todas las cosas; tú nos lo enviaste
para que, hecho hombre por obra del Espíritu Santo y nacido de María, la Virgen, fuera nuestro Salvador
y Redentor.
Él, en cumplimiento de tu voluntad, para destruir la muerte y manifestar la resurrección, extendió sus
brazos en la cruz, y así adquirió para ti un pueblo santo. Por eso, con los ángeles y los santos,
proclamamos tu gloria, diciendo:
Santo, Santo, Santo…
Santo eres en verdad, Señor, fuente de toda santidad; por eso te pedimos que santifiques estos dones
con la efusión de tu Espíritu, de manera que se conviertan para nosotros en el Cuerpo y la Sangre de
Jesucristo, nuestro Señor.
Él mismo, cuando iba a ser entregado a su pasión, voluntariamente aceptada, tomó pan, dándote gracias,
lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:

TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL, PORQUE ESTO ES MI CUERPO, QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.
Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz, y, dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos,
diciendo:

TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL, PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE, SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA
Y ETERNA, QUE SERÁ DERRAMADA POR USTEDES Y POR MUCHOS PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS.
HAGAN ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.

1. Éste es el Misterio de la fe.

Así, Padre, al celebrar ahora el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, te ofrecemos el


pan de vida y el cáliz de salvación, y te damos gracias porque nos haces dignos de servirte en tu
presencia.

Te pedimos humildemente que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos


del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra; y con
el Papa N., con nuestro Obispo N. y todos los pastores que cuidan de tu pueblo, llévala a su
perfección por la caridad.

Acuérdate también de nuestros hermanos que se durmieron en la esperanza de la resurrección, y


de todos los que han muerto en tu misericordia; admítelos a contemplar la luz de tu rostro. Ten
misericordia de todos nosotros, y así, con María, la Virgen Madre de Dios, los apóstoles y cuantos
vivieron en tu amistad a través de los tiempos, merezcamos, por tu Hijo Jesucristo, compartir la
vida eterna y cantar tus alabanzas.

Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor
y toda gloria por los siglos de los siglos.
R/. Amén.

RITO DE LA COMUNIÓN
Llenos de alegría por ser hijos de Dios, digamos confiadamente la oración que Cristo nos enseñó:

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu
voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos
del mal.

Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu
misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos
la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
R/. Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas en cuenta
nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que
vives y reinas por los siglos de los siglos.
R/. Amén.

La paz del Señor esté siempre con ustedes.


R/. Y con tu espíritu.

Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del
Señor.
R/. Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.
El Cuerpo de Cristo.
R/. Amén.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN


Dios todopoderoso, concédenos que los frutos del sacramento pascual que hemos recibido,
permanezcan siempre en nuestros corazones. Por Jesucristo, nuestro Señor.

RITO DE CONCLUSIÓN
El Señor esté con ustedes.
R/. Y con tu espíritu.
La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes.
R/. Amén.

Pueden ir en paz.
R/. Demos gracias a Dios.

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