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San Ignacio de Antioquía: Fe y Resurrección

Este documento es una carta de San Ignacio de Antioquía a la iglesia de Esmirna. San Ignacio agradece a Dios por la gran sabiduría y fe que la iglesia de Esmirna ha alcanzado, manteniéndose firme en su fe incluso cuando enfrentan dificultades. También expresa su creencia en la encarnación, pasión, muerte y resurrección corporal de Jesucristo, ocurridas para salvarnos, y en que Jesús tuvo un cuerpo real después de su resurrección, como lo sigue teniendo

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Este documento es una carta de San Ignacio de Antioquía a la iglesia de Esmirna. San Ignacio agradece a Dios por la gran sabiduría y fe que la iglesia de Esmirna ha alcanzado, manteniéndose firme en su fe incluso cuando enfrentan dificultades. También expresa su creencia en la encarnación, pasión, muerte y resurrección corporal de Jesucristo, ocurridas para salvarnos, y en que Jesús tuvo un cuerpo real después de su resurrección, como lo sigue teniendo

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San Ignacio de Antioquía

Esmirniotas 1 -4,1

Ignacio, por sobrenombre Teóforo, es decir, Portador de Dios, a la


Iglesia de Dios Padre y del amado Jesucristo establecida en Esmirna de Asia, la
que ha alcanzado toda clase de dones por la misericordia de Dios, la que está
colmada de fe y de caridad y a la cual no falta gracia alguna, la que es
amadísima de Dios y portadora de santidad: mi más cordial saludo en espíritu
irreprochable y en la palabra de Dios.

Doy gracias a Jesucristo Dios, por haberos otorgado tan gran


sabiduría; he podido ver, en efecto, cómo os mantenéis estables e inconmovibles
en vuestra fe, como si estuvierais clavados en cuerpo y alma a la cruz del
Señor Jesucristo, y cómo os mantenéis firmes en la caridad por la sangre de
Cristo, creyendo con fe plena y firme en nuestro Señor, el cual procede
verdaderamente de la estirpe de David, según la carne, es Hijo
de Dios por la voluntad y el poder del mismo Dios, nació verdaderamente de la
Virgen, fue bautizado por Juan para cumplir así todo lo que Dios
quiere; finalmente, su cuerpo fue verdaderamente crucificado bajo el
poder de Poncio Pilato y del tetrarca Herodes (y de su divina y bienaventurada
pasión somos fruto nosotros), para, mediante su resurrección, elevar su
estandarte
para siempre en favor de sus santos y fieles, tanto judíos como gentiles,
reunidos todos en el único cuerpo de su Iglesia.

Todo esto lo sufrió por nosotros, para que alcanzáramos la


salvación; y sufrió verdaderamente, como también se resucitó a sí mismo
verdaderamente.

Yo sé que después de su resurrección tuvo un cuerpo verdadero,


como sigue aún teniéndolo. Por esto, cuando se apareció a Pedro y a sus
compañeros, les dijo: Tocadme y palpadme, y daos cuenta de que no soy
un ser fantasmal e incorpóreo. Y, al punto, lo tocaron y creyeron,
adhiriéndose a la realidad de su carne y de su espíritu. Esta fe les hizo
capaces de despreciar y vencer la misma muerte. Después de su resurrección, el
Señor comió y bebió con ellos como cualquier otro hombre de carne y hueso,
aunque espiritualmente estaba unido al Padre.
Quiero insistir acerca de estas cosas, queridos hermanos, aunque ya sé que las
creéis.

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