MEDITACIONES Y AFIRMACIONES
Todo lo que pidieres
se consumará en ti,
y la luz resplandecerá en tus caminos.
Job 22: 28.
Para asentarse y dejar que fluya la energía
Se trata de una sencilla técnica de visualización especialmente útil al principio de cada meditación.
Su objete
es mantener el flujo de su energía, disolver cualquier bloqueo y mantenerle firmemente asentado
y conectado
con el plano físico para que no «flote» durante la meditación.
Siéntese cómodamente manteniendo erguida la espalda, en
una silla o en el suelo con las piernas cruzadas. Cierre los
ojos y respire lenta y profundamente a la vez que cuenta
de diez a uno hasta sentirse completamente relajado.
Imagine que hay una larga cuerda atada a la base de
su espina dorsal y que atraviesa el suelo hasta llegar al
interior de la tierra. Si quiere, también puede imaginar que
es como la raíz de un árbol que penetra profundamente en
el subsuelo. A esto le llamamos «cuerda de anclaje».
Imagine entonces que la energía de la tierra fluye hacia arriba a través de la cuerda (subiendo a
través de la
planta de sus pies si está sentado en una silla) y que discurre por todo su cuerpo. Siga pensando en
esto hasta
que sienta que la energía del cosmos fluye por usted penetrando por su cabeza, atravesando todo
su cuerpo
hasta los pies y canalizándose por su «cuerda de anclaje» hasta el interior de la tierra. Sienta
ambas corrientes
fluyendo en los dos sentidos y mezclándose armoniosamente en su cuerpo.
Esta meditación le mantiene equilibrado entre la energía cósmica de la ensoñación, la fantasía y la
imaginación, y la estable energía terrestre del plano físico; un equilibrio que aumentará su
sensación de
bienestar y su poder de evocación.
Para abrir los centros de energía
Se trata de una meditación para curar y purificar su cuerpo y hacer que fluya su energía. Es
excelente para
realizarla por la mañana al despertarse, al empezar cualquier meditación o siempre que desee
relajarse y
despejarse:
Túmbese boca arriba, con los brazos extendidos a los lados o con las manos cruzadas sobre el
estómago.
Cierre los ojos, relájese y respire lenta, profunda y suavemente. Imagínese que ve una esfera
resplandeciente
de dorados rayos coronando su cabeza. Respire profunda y lentamente cinco veces mientras
mantiene su
atención fija en la esfera, sintiendo cómo irradia luz desde su cabeza. Deje entonces que su
atención se
desplace un momento hacia su cuello, e imagine que otra esfera irradia desde su garganta. Respire
cinco
veces con la atención puesta en esta esfera.
Ahora traslade su atención hacia su pecho, y nuevamente, imagine la esfera de luz difundiendo
energía en él.
Haga otras cinco respiraciones sintiendo que la energía se expande cada vez más. Luego fije su
atención en su
plexo solar y visualice la esfera de luz abarcando todo el tronco. Respire lentamente cinco veces.
Ahora visualice la luz que resplandece en su zona pélvica. Respire otras cinco veces sintiendo que
la energía
de la luz se irradia y se expande. Finalmente, imagine la esfera de luz resplandeciente alrededor de
sus pies y
respire otras cinco veces. Concéntrese ahora en las seis esferas y véalas resplandecer todas a un
tiempo
como si todo su cuerpo fuese un cofre lleno de joyas que despidiesen energía. Respire
profundamente, y a
cada espiración, imagine la energía fluyendo por el lado izquierdo de su cuerpo desde los pies a la
cabeza, y a
cada inspiración, imagínela fluyendo por el lado derecho de su cuerpo desde la cabeza a los pies.
Hágalo tres
veces. Visualice entonces la corriente de energía discurriendo desde su cabeza, pasando por el
centro de su
cuerpo y llegando hasta los pies a la vez que exhala lentamente el aire. Y, en cada inspiración,
sienta la
corriente volviendo hasta su cabeza. Haga circular el flujo en esa dirección tres veces.28
Entonces, imagine que la energía se concentra en sus pies y déjela fluir lentamente hacia arriba,
atravesando
el centro de su cuerpo, desde los pies a la cabeza y extendiéndose desde ella como una fuente de
luz para
refluir luego por el exterior de su cuerpo hasta los pies. Repítalo tantas veces como lo desee.
Cuando haya terminado esta meditación, se encontrará profundamente relajado, pero exultante y
lleno de
energía.
La creación de su santuario
Una de las primeras cosas que debe hacer al iniciarse en la visualización creativa es crear un
santuario en su
interior, un lugar absolutamente personal al que pueda acudir siempre que quiera. Debe ser un
lugar que le
parezca idóneo para relajarse, para estar tranquilo, sin que nadie le moleste y que pueda usted
crear a la
medida de sus deseos.
Póngase cómodo, cierre los ojos y relájese. Imagínese en un hermoso entorno natural. Puede ser
cualquier
lugar que le atraiga: un prado, la cumbre de una montaña, un bosque o una playa. Puede ser
incluso en el
fondo del mar o en otro planeta. Pero, dondequiera que sea, debe usted sentirse cómodo, y ha de
ser un lugar
agradable y apacible para usted. Explore ese entorno, fijándose en los detalles visuales, los sonidos
y olores, y
en cualquier sentimiento o impresión que le produzca. Ahora, haga lo que desee para hacerlo más
acogedor y
cómodo. A lo mejor quiere construirse allí una casa o refugio, o acaso sólo rodear toda la zona con
una luz
resplandeciente que le dé protección y seguridad; o crear cosas y disponerlas del modo mejor para
disfrutar de
ellas, o hacer algún tipo de ritual para consagrar el lugar como su santuario.
A partir de entonces ése será su santuario interior, al que podrá volver siempre que quiera con
sólo cerrar los
ojos y desearlo. Siempre le parecerá saludable y relajante estar en él, porque es también un lugar
que tiene un
especial poder sobre usted y en el que podrá penetrar siempre que haga la visualización creativa.
Advertirá que su santuario cambia espontáneamente de vez en cuando, o que quiere usted
introducir
reformas o ampliaciones. Puede mostrarse muy creativo en su santuario y además pasarlo bien. Lo
único que
ha de tener siempre presente es que debe reunir las caracterís-ticas imprescindibles para ser un
lugar apacible
y tranquilo,
en el que se sienta absolutamente seguro.
Para encontrarse con su guía
Cada uno de nosotros tiene en su interior toda la sabiduría y los conocimientos que necesita, y
podemos
utilizarlos a través de nuestra mente intuitiva, que es nuestro nexo con la mente universal. Sin
embargo, a
veces puede resultarnos difícil conectar con nuestra sabiduría superior. Una de las mejores
maneras de
hacerlo es entrar en contacto con nuestro guía interior y llegar a conocerlo a fondo.
Al guía interior se le conoce con nombres muy diferentes, tales como consejero, guía espiritual,
amigo
imaginario o maestro. Es como una parte superior de nosotros mismos, que puede revelársenos
de muy
distintas maneras, pero que, por lo general, llega en forma de una persona o un ser con quien
hablamos o nos
relacionamos como un amigo sabio y afectuoso.
A continuación transcribo un ejercicio para ayudarle a encontrar a su guía espiritual. Si quiere,
puede hacer
que un amigo se lo lea mientras usted hace la meditación. Y, si lo prefiere, léalo todo usted mismo
y después
cierre los ojos y hágalo.
Cierre los ojos y relájese profundamente. Vaya a su santuario interior y pase en él unos minutos,
relajándose
y orientándose. Luego imagine que dentro de su santuario se halla usted de pie frente a un
sendero que va
estrechándose hasta perderse en la distancia. Empiece a caminar por él, y a medida que avanza,
vea cómo a
lo lejos una forma empieza a acercarse irradiando una luz clara y brillante. Conforme la distancia
se va
acortando, empiece a distinguir si se trata de un hombre o una mujer, qué aspecto tiene, qué
edad, y cómo va
vestida la persona en cuestión. Cuanto más cerca esté, más detalles podrá distinguir de su rostro y
de su
aspecto general.
Salude a ese ser al encontrarse con él y pregúntele cuál es su nombre. Acepte el primer nombre
que se le
ocurra sin importarle cuál sea.
Luego enséñele a su guía el santuario y paseen juntos por él como si lo explorasen. Puede que su
guía le
descubra cosas en las que nunca había reparado. También puede ocurrir que les baste a ambos el
simple
hecho de estar juntos.
Pregúntele a su guía si hay algo que quisiera decirle, o si querría darle algún consejo en ese
momento. Si lo
desea, puede hacer algunas preguntas concretas. Puede que obtenga respuestas inmediatas, pero
si no es así
no se desanime, porque, de alguna manera, las respuestas le llegarán más adelante.
Cuando sienta que la experiencia de estar juntos ya se ha completado, déle las gracias a su guía y
exprésele
su estima, y pídale que vuelva otra vez a encontrarse con usted en el santuario.
Ahora abra los ojos y vuelva al mundo exterior.29
Cada persona vive la experiencia de encontrarse con su guía de un modo muy distinto, y por lo
tanto, es
difícil generalizar. Básicamente, lo importante es que la experiencia le sea agradable. Si no es así,
sea creativo
e introduzca los cambios que considere necesarios para que le satisfaga.
Si no ha conseguido percibir a su guía con claridad y nitidez, no se preocupe. A veces se
manifiestan en
forma de un resplandor luminoso o como una figura irreconocible y borrosa. Lo importante es que
sienta su
poder, su presencia y su amor.
Si se le presenta un guía bajo la forma de alguien conocido, no hay ningún problema salvo en el
caso de que
no se sienta muy bien con esa persona. En tal caso, repita el ejercicio y pida que su guía se
presente bajo una
forma con la que le sea cómodo y agradable relacionarse.
No se sorprenda si su guía le parece en algún aspecto excéntrico e insólito, porque la forma en que
se nos
muestran procede de nuestra propia mente creadora, que es ilimitada. Así, por ejemplo, un guía
puede tener un
sorprendente e insólito sentido del humor, un nombre exótico o una especial afición por la
gesticulación. A
veces, no usan palabras para comunicarse con nosotros, sino la transmisión directa de impresiones
e
intuiciones.
Puede suceder también que su guía cambie de forma e incluso de nombre; o que sea el mismo
durante años.
También puede ocurrir que tenga más de un guía al mismo tiempo.
Su guía estará siempre ahí para que usted lo llame siempre que quiera o necesite mayor
orientación,
sabiduría, conocimientos, apoyo, inspiración creativa, amor o compañerismo. Muchas personas
que han
establecido una relación con su guía se encuentran con él diariamente en sus meditaciones.
La técnica de la burbuja rosa
Esta meditación es tan sencilla como maravillosamente eficaz.
Haga lo siguiente:
Siéntese o échese cómodamente. Cierre los ojos y respire lenta, profundamente y con naturalidad.
Vaya relajándose cada vez más profundamente. Imagine algo que le gustaría que se manifestase.
Suponga que ya ha ocurrido y dibújelo en su mente con tanta claridad como pueda.
Luego, con el ojo de su mente, rodee su fantasía con una burbuja de color de rosa y
coloque su objetivo dentro de la burbuja. El color rosa es el que se asocia al corazón, y si las
vibraciones de este color rodean cualquier cosa que se visualice, ésta le aportará sólo aquello
que esté en perfecta armonía con su ser. El tercer paso consiste en desprenderse de la burbuja e
imaginársela flotando en el universo, sin dejar de contener el objetivo visualizado.
Esto significa que «se libera» emocionalmente de él para que sea libre y flote en el universo
atrayendo y concentrando energía para lograr que se haga realidad.
No necesita hacer nada más.
Meditaciones curativas
A continuación les presento algunas técnicas que pueden resultar muy eficaces para curarnos a
nosotros
mismos y curar a los demás.
Para curarnos solos
Esta meditación puede ayudarnos a descubrir la causa subyacente de alguna enfermedad y a
empezar a
liberarnos de ella hasta sanar por completo.
Siéntese o túmbese. Respire y relájese profundamente. Empiece por los dedos de los pies y vaya
subiendo,
concentrando su atención en cada parte de su cuerpo, ordenándole que se relaje y se libere de
toda tensión.
Sienta cómo se disuelven todas las tensiones y cómo se alejan de usted.
Si lo desea, haga la meditación especifica para abrir los centros de energía y lograr que ésta fluya
realmente.
Imagine ahora que una dorada luz de energía curativa rodea su cuerpo y siéntala, note su
contacto, gócela. Si
hay alguna parte concreta de su cuerpo que haya pasado por una enfermedad o dolor, pregúntele
a esa parte
de su cuerpo si tiene algún mensaje para usted. Pregúntele si hay algo que deba comprender o
hacer, ya sea
en ese mismo momento o en su vida en general. Permanezca relajado durante unos minutos y
note si le llegan
palabras, imágenes o sentimientos como respuesta a sus preguntas.
Si obtiene una respuesta, haga todo lo posible por comprenderla y seguirla. Si no la obtiene,
continúe con el
proceso de la meditación. Es probable que dicha respuesta le llegue más adelante, y quizás, de una
forma
distinta a la que esperaba.
Luego, envíe una energía especialmente afectuosa y curativa a cualquier parte de usted que la
necesite y
véala o siéntala curada. Puede hacer que le ayuden a alcanzar la curación su guía, su maestro o su
curandero
evocando su presencia.30
Vea el problema diluyéndose y liberando energía o manifestando su solución del modo que le
parezca mejor.
Luego, véase en un estado perfecto, radiante de salud. Visualícese en distintas situaciones
encontrándose
perfectamente, activo y saludable. Véase con una hermosura divina y radiante.
Afirmaciones que puede hacer:
Me estoy amando y curando a todos los niveles: espiritual, mental, emocional y físicamente.
Puedo satisfacer mis necesidades sin tener que caer enfermo.
Estoy aprendiendo a cuidarme bien.
Me merezco gozar de una buena salud y sentirme bien.
Sentirse bien es algo natural.
Ya he superado todas las formas de enfermedad. Me siento liberado y sano.
Estoy rebosante de salud y energía.
Amo y acepto mi cuerpo totalmente.
Soy bueno para con mi cuerpo y mi cuerpo es bueno conmigo.
Soy enérgico y lleno de vitalidad.
Mi cuerpo está equilibrado, en perfecta armonía con el universo.
Doy gracias por mi creciente vitalidad, belleza y salud.
A partir de ahora, siempre que haga esta meditación, no se imagine más que gozando de buena
salud,
bañado por una dorada luz curativa que le rodea.
Para curar a los demás
Esta meditación hay que hacerla a solas, no en presencia de la otra persona a quien se desee
curar. Puede
optar entre decírselo o no a esa persona, en función de cómo vaya a aceptar esa idea de acuerdo
con su
personalidad.
He aquí lo que debe hacer:
Relájese profundamente y haga cualquier tipo de preparativos para entrar en un estado mental
sereno y
profundo. Piense en sí mismo como en un canal despejado por el que discurre la energía curativa
del universo.
Esta energía no procede personalmente de usted, sino de una fuente más elevada y usted es el
medio para
canalizarla y dirigirla.
Luego visualice a la persona en cuestión tan claramente como pueda. Pregúntele si hay algo en
especial que
quisiera que hiciese por ella en su meditación. Si es así, hágalo lo mejor que pueda si le parece
adecuado. Si
siente el impulso de curar una parte específica de su cuerpo o un problema concreto, hágalo. Vea
todos los
problemas diluyéndose, que todo se cura y funciona perfectamente.
Luego, imagine a esa persona bañada en una dorada luz curativa, con un aspecto radiante de salud
y de
felicidad. Háblele directamente (con el pensamiento). Recuérdele que es en realidad un ser
perfecto y divino y
que ninguna enfermedad o padecimiento deben tener ningún poder sobre ella. Dígale que usted le
ayudará a
ser totalmente feliz saludable y que seguirá transmitiéndole su energía y su afectuoso apoyo.
Cuando crea
haber terminado, abra los ojos y vuelva al mundo exterior sintiéndose despejado, reconfortado,
saludable
y revitalizado.
A partir de ahora, vea siempre a esa persona en sus meditaciones en perfecto estado de salud. No
conceda
a la enfermedad más poder o energía mental. Limítese a ver a esa persona completamente
curada.
El hecho de enviar energía a otra persona no tiene por qué hacer que se sienta usted agotado,
dado que no
es su propia energía personal la que está enviando, sino la fuerza vital del universo canalizada a
través de
usted. Si siente que se está quedando sin fuerzas, es probable que la carga emocional sea tan
elevada que
haga que esté poniendo demasiado empeño en ello. En tal caso, puede servirle de ayuda imaginar
que deja la
curación de esta persona en manos del poder superior del universo y afirmar que todo lo que
suceda será en
provecho suyo. Recuerde que no siempre sabemos de antemano cuál es el bien más preciado para
nosotros o
los demás.
La curación en grupo
Cuando se realizan en grupo, las curaciones son muy eficaces.
Si la persona que ha de curarse se encuentra presente, por ejemplo, en una habitación, háganla
tumbarse en
el centro o sentarse en una silla (como esté más cómoda) y siéntense todos los demás formando
un círculo a
su alrededor.
Todos deben cerrar los ojos, guardar silencio y relajarse profundamente, y luego, empezar a
imaginar que
transmiten energía curativa a la persona que está en el centro. Recuerde que es la energía curativa
del
universo la que fluye a través de los presentes. Vean a esa persona rodeada de una luz dorada,
sintiéndose
bien y en perfecto estado de salud.
Si lo desean pueden levantar todos las manos, con las palmas mirando hacia la persona que está
en el
centro, y sentir cómo a través de las manos de todos los presentes fluye la energía hacia ella. Tiene
un 31
especial poder que todos canten «OM» durante unos minutos mientras se hace la cura, porque se
añade la
vibración curativa del sonido a todo el proceso. Cantar «OM» consiste en entonar esta sílaba con
gran
resonancia y solemnidad, desgranándola así: