Modelo de Jakobson
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Para la Lingüística Funcional (de la cuál Jakobson es uno de sus exponentes) la lengua es
un sistema funcional producto de la actividad humana y la finalidad de la lengua consiste
en la realización de la intención del sujeto de expresar y comunicar.
El aporte que realiza Roman Jakobson desde la lingüística y las funciones del lenguaje
que desarrolla pone de manifiesto la riqueza comunicativa del lenguaje en si mismo.
Cualquier discurso dice muchas más cosas de las que parece enunciar en primera instancia.
Con el lenguaje persuadimos, establecemos lazos sociales, construimos nuestras propias
realidades, etc. Su enfoque da cuenta de las coincidencias y convergencias entre las más
recientes etapas de la metodología del análisis lingüístico y la forma en que se considera el
lenguaje en la Teoría Matemática de la Información a partir del análisis de una serie de
conceptos compartidos: Redundancia, Información, Código, Ruido Semántico.
Sin embargo, a pesar de esta mutua colaboración, el estudio de la comunicación desde la
lingüística tiene además otros objetivos entre los cuales está el considerar a la lengua como
fundamento de la cultura y como instrumento de comunicación.
La contribución de Jakobson a los modelos de la comunicación se concreta en su conocido
artículo “Lingüística y Poética” publicado en 1960 en la obra Style in Language, dirigida
por T. A. Sebeok y editada por la MIT Press.
A decir verdad, toda conducta verbal se orienta a un fin, por más que los fines
sean diferentes y la conformidad de los medios empleados con el efecto
buscado sea un problema que preocupa cada día más a los investigadores de
los diversos tipos de comunicación verbal [...] (Jakobson, 1975, pp. 348-
349).
Allí Jakobson se plantea investigar las funciones del lenguaje y el primer paso antes de
establecerlas es concretar un modelo de la comunicación y por eso lo llama “Sobre los
Factores de Comunicación y las Funciones del Lenguaje” (Ver Gráfico): el destinador
transmite un mensaje al destinatario. Este mensaje tiene un contexto de referencia, un refe-
rente que el destinatario puede captar.
También es necesario que destinador y destinatario posean un código común, mediante el
cual el primero codifica y el segundo decodifica el mensaje. El último elemento es el
contacto, que para Jakobson es un canal físico y una conexión psicológica entre el
destinador y el destinatario, que permite tanto al uno como al otro establecer y mantener
una comunicación.
La importancia del modelo de Jakobson está, a pesar de la influencia de la teoría
matemática de la comunicación, en que el mensaje ya no se considera como una mera
transmisión de información.
Autores: Roman Jakobson.
Referencia:
Jakobson, R. (1975). Ensayos de lingüística general. Barcelona: Seix Barral S.A.
Bloom (1993) argumenta de modo similar a favor de una función
expresiva antes que instrumental para el desarrollo del lenguaje. De este
modo, lo que dirige a los niños hacia el lenguaje es un deseo de expresarse
ellos mismos. Los niños están motivados a compartir los contenidos de
sus experiencias de un modo que va más allá de las muestras de afecto
únicamente. Estas posiciones, como señala Reddy, son de algún modo
consistentes con la posición innatista de Treverthen (…) y con el
interaccionismo social.
Saussure (2004) – Escritos
sobre lingüística general
(p. 25)
Se falta a la verdad si se dice: un hecho de lenguaje exige ser examinado desde
varios puntos de vista; incluso si se dice: este hecho de lenguaje será realmente
dos cosas diferentes según el punto de vista. Pues se empieza por suponer que el
hecho de lenguaje nos es dado fuera del punto de vista.
Hay que decir: primordialmente existen puntos de vista; si no, es sencillamente
imposible captar un hecho de lenguaje.
La identidad que hemos comenzado a establecer, ya sea en nombre de tal
consideración o de tal otra, entre dos términos que a su vez son de naturaleza
variable, es, absolutamente, el único hecho primero, el único hecho simple del
que parte la investigación lingüística.
30 marzo, 2010Christian Peñaloza Castillo Ferdinand de Saussure Deja un comentario
Jakobson (1979/1988) – El
siglo XX en la lingüística
europea y norteamericana:
movimientos y continuidad
(pp. 70 – 71)
La frase final en cursiva del Cours –“la linguistique a pour unique et véritable objet la
langue envisagée en elle-même et pour elle-même” –, aunque no fue pronunciada nunca por
el desaparecido maestro, fue añadida al libro póstumo por los editores-restauradores de las
conferencias de Saussure como “l’idée fondamentale de ce cours”. Conforme a las notas
genuinas de Saussure y a sus conferencias, la lengua no debe enfocarse aisladamente, sino
como un caso particular entre otros sistemas de signos en el marco de una ciencia general
de los signos que él llama sémiologie.
14 abril, 2009Christian Peñaloza Castillo Albert Sechehaye, Charles Bally, Ferdinand de
Saussure, Roman Jakobson Deja un comentario
Jakobson (1970/1988) – Una
ojeada al desarrollo de la
semiología (p. 22)
La idea vital de la invariancia semiológica que queda siendo válida a través de
todas las variaciones circunstanciales e individuales queda aclarada por Saussure
gracias a una feliz comparación de lengua con la sinfonía: la obra musical es una
realidad que existe independientemente de la variedad de ejecuciones que hagan
de ella: “las ejecuciones no tocan el estatuto de la obra misma”. “La ejecución de
un signo no es su característica esencial”, como señala Saussure, “la ejecución de
una sonata de Beethoven no es la sonata misma”. Nos encontramos frente a la
relación entre langua y parole y frente al nexo análogo entre la “univocidad” de
la obra y la multiplicidad de sus interpretaciones inidividuales. Erróneamente, en
el texto arreglado por Bally y Sechehaye, estas interpretaciones se presentan
como “errores que (los ejecutantes) pueden cometer”. Saussure debe de haber
pensado que en semiología los signos “arbitrarios” iban a ocupar un lugar
fundamental, pero sería inútil buscar en las notas de sus estudiantes la afirmación
que da el texto de Bally-Sechehaye, a saber: “los signos que son enteramente
arbitrarios actualizan el ideal del proceso semiológico mejor que otros signos”
14 abril, 2009Christian Peñaloza Castillo Albert Sechehaye, Charles Bally, Ferdinand de
Saussure, Roman Jakobson Deja un comentario
Jakobson (1979/1988) – El
siglo XX en la lingüística
europea y norteamericana:
movimientos y continuidad
(p. 73)
Originalmente, la mayoría de los especialistas en Europa Occidental, fuera de su
nativa Suiza, se mostraron desconfiados ante la concepción de Saussure y, cosa
más extraña, Francia fue uno de los países particularmente lentos en asimilar su
teoría. Uno de los primeros apreciadores de criterio amplio y partidario
del Cours fue un estudioso norteamericano. Las dos primeras ediciones de la
obra fueron comentadas por Bloomfield no sólo en la reseña separada
del Cours para el Modern Language Journal (1923-24), sino también en las
críticas de Bloomfield al Language de Sapir (1922) y a la Philosophy of
Grammar de Jespersen (1927).
[Hermann Collitz, primer presidente de la LSA, en el discurso inaugural de 1924] habló del
rápido mejoramiento de las condiciones para un nuevo adelanto de la “gramática general o
‘filosófica’” que durante algún tiempo “tuvo que satisfacerse con un asiento en las filas de
atrás de la lingüística”. Collitz hacía hincapié en los problemas principales de la lingüística
general, una de cuyas preocupaciones es la “relación entre las formas gramaticales y las
categorías mentales” […] La otra preocupación de la lingüística general era definida por
Collitz como “las uniformidades y las condiciones permanentes o constantemente
recurrentes del discurso humano general”. El último punto se convirtió poco después en
tema de controversia en las reuniones y publicaciones de la LSA: los escépticos se
inclinaban a negar la existencia de categorías generales, mientras ningún lingüista pueda
saber cuáles de ellas, si es que hay algunas, existen en todas las lenguas del mundo,
mientras que Sapir, con creciente persistencia, trabajaba en una serie de preliminares a
sus Foundations of Language, un programa de gran envergadura de gramática general que
le fue querido hasta el final de su vida
14 abril, 2009Christian Peñaloza Castillo Edward Sapir, Ferdinand de Saussure, Hermann
Collitz, Leonard Bloomfield, Otto Jespersen, Sociedad Lingüística de América 1 comentario
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Galeote (2002) – Adquisición
del lenguaje. Problemas,
investigación, perspectivas
(pp. 208 – 212)
La cuestión de la intencionalidad en la comunicación es inevitable. Gran parte
del debate en los años setenta, debate que aún continúa en la actualidad, se centró
en torno a la cuestión de si los niños estaban adoptando un papel intencional en
las interacciones y, por ello, si esas interacciones podían calificarse de
comunicativas.
Muchos investigadores han tratado de especificar una serie de criterios para
determinar si una conducta concreta puede ser considerada intencional. Los
criterios establecidos por Bates (1979), por ejemplo, son ya clásicos y suelen ser
tomados como referencia (véase también Bruner, 1984). Sin embargo, el debate
es más profundo. Se trata de determinar qué se entiende por intencionalidad.
Reddy (1999) (…) distingue, en el momento actual, tres aproximaciones
principales a la hora de definir la intencionalidad en la comunicación.
1) Aproximación cognitiva
Según esta aproximación, la comunicación supone el traspaso de información de
un agente a otro, donde el agente A es consciente de la información que desea
enviar y de que el agente B puede recibir y comprender la información, así como
también puede comprender la intención del agente A para enviarla (Camaioni,
1993). Esa visión es consistente con la de Piaget, quien definía la intención
como dirigida a un objeto. Esto requiere la conciencia por parte del individuo de
(y, por consiguiente, una representación mental de) un objetivo como algo
separado de los medios para lograr dicho objetivo antes de que se pueda
demostrar una intención (…) De este modo, las intenciones comunicativas, al
igual que otras intenciones, son concepciones o representaciones individuales y
mentales de objetos específicos.
2) Aproximación del interaccionismo social
Esta aproximación considera la comunicación temprana como un proceso de
interacción a partir del cual surge la intencionalidad. Un socio comunicativo
puede manifestar actos de comunicación sin intencionalidad, pero estos actos son
recibidos y tratados como intencionales por otros socios comunicativos. Este
proceso de atribución y construcción del significado es el que crea la
comunicación intencional. De este modo, la comunicación intencional surge de
un complejo sistema de apoyo social de atribución de la intencionalidad. Esta
aproximación, por tanto, asume que en sus inicios el niño no está actuando hacia
los otros con una intencionalidad; las acciones son dirigidas por otros motivos.
Es el adulto quien transforma los actos del niño en comunicativos desde el punto
de vista intencional. Como señala Reddy (1999), esta aproximación difiere de la
anterior al no establecer como prerrequisito para la comunicación intencional una
conciencia de la información que se va a transferir y de la capacidad del otro para
recibir la información que se pretende comnunicar (…).
3) Aproximación innatista
Esta aproximación asume que los niños nacen con intenciones para diversas
acciones, una de las cuales es comunicarse con otros (Trevarthen, 1982). Se
argumenta que desde el comienzo de la vida humana las acciones de los niños
que se encaminan hacia otros son dirigidas intencionalmente como simples
intentos de implicarse en las expresiones emocionales y acciones de esos otros.
También se reconoce que la habilidad para comunicarse se desarrolla en
complejidad, incluyendo la complejidad de las intenciones, pero la
intencionalidad comunicativa es algo que en sí viene dado.
(…)
Como plantea Reddy, el problema es el de decidir qué tipo de aproximación
adoptar (…). Una forma de distinguir entre ellas podría ser analizar los motivos
por los que surge la comunicación.
(…)
Sin duda, una de las razones es que la comunicación permite lograr algún tipo de
objetivo para el organismo que se comunica. Aunque nadie pone esto en duda,
existe un importante debate sobre la naturaleza de este objetivo.
(…)
1) Hipótesis del uso de herramientas
Esta hipótesis se basa en Piaget, para quien el lenguaje es un tipo de herramienta
como otra y que surge como resultado de un cambio importante en la inteligencia
sensoriomotora.
Más concretamente, la intención comunicativa aparece a lo largo del período
sensoriomotor cuando el bebé es capaz de coordinar secuencias de conductas
dirigidas hacia una meta, es decir, cuando puede tomar conciencia de uin objetivo
y establecer un plan para conseguirlo.
Esta habilidad para separar los medios (herramientas) de los fines y el desarrollo
de la intencionalidad permiten al niño tolerar desviaciones a la hora de conseguir
un fin. Esto significa que pueden usarse distintos tipos de herramientas para
lograr un objetivo. Pero esta habilidad de usar un objeto A para obtener un objeto
B también se aplica a las personas. De este modo, los niños pueden usar una
persona A para obtener un objeto B [por ejemplo, la aparición de los
protoimperativos y protodeclarativos demostraría esa asociación].
(…)
Existe en la actualidad bastante evidencia proveniente de diveros ámbitos que
pone en cuestión la existencia de una asociación desde el punto de vista evolutivo
entre las conductas en las que un objeto es usado para obtener un objeto, las
producciones protoimperativas y las protodeclarativas. En otras palabras, estas
conductas pueden no depender del mismo mecanismo cognitivo, lo que arroja
serias dudas sobre la hipótesis del uso de herramientas para explicar el
surgimiento de la comunicación.
Un primer tipo de evidencia proviene del hecho de que los gestos
protoimperativos y protodeclarativos no surgen simultáneamente, sino que los
primeros surgen un mes o dos antes que los segundos (…).
Otro tipo de evidencia proviene de la discusión sobre los orígenes de la
intencionaldad comunicativa en el marco de una «teoría de la mente». Baron-
Cohen (1989, 1991), por ejemplo, encontró que que los niños con autismo
producen y comprenden el gesto protoimperativo, sin dificultad, pero no
comprenden ni producen el protodeclarativo.
(…)
Camaioni (1993) argumenta que la comunicación tiene una función motivacional
diferente del uso de herramientas, así como posiblemente una base cognitiva
diferente también. De hecho, Camaioni considera que las producciones
protoimperativas no evidencian, en sentido estricto, intenciones comunicativas.
Dichas intenciones deben relacionarse con las producciones protodeclarativas. En
concreto, afirma que las producciones protoimperativas dependen de tres
habilidades: 1) Coordinar la orientación hacia un objeto o evento con la
orientación hacia otra persona, 2) Percibir a los seres humanos como agentes
autónomos y, a la vez, anticipar las acciones que pueden realizar en relación con
ciertos objetos, 3) Utilizar modos distales de interacción (vocalizaciones, gesto,
etc.) para influir sobre la conducta de los otros.
Según Camaioni, ninguna de estas condiciones ni de sus combinaciones muestra
la existencia de intenciones comunicativas, ya que no implican una
representación de los demás como capaces de tener intenciones y de entender las
intenciones del otro. La intención comunicativa requiere de una nueva habilidad:
la construcción del otro como una persona capaz de atender selectivamente y de
poseer estados psicológicos independientes.
(…)
Los hablantes necesitan tener al menos una emergente teoría de la mente, un
conocimiento de qué van a pensar otras personas en distintos contextos para
conformar sus producciones de acuerdo con las expectativas de los oyentes.
2) Hipótesis de la intersubjetividad
Camaioni (…) entiende que las conductas protodeclarativas representan una clara
evidencia de un deseo de compartir las experiencias con los otros relevando,
además, un conocimiento más complejo, más concretamente sobre la naturaleza
de la mente de los otros, del que es requerido para el uso de herramientas o
protoimperativos. (…).
Bloom (1993) argumenta de modo similar a favor de una función expresiva antes
que instrumental para el desarrollo del lenguaje. De este modo, lo que dirige a los
niños hacia el lenguaje es un deseo de expresarse ellos mismos. Los niños están
motivados a compartir los contenidos de sus experiencias de un modo que va más
allá de las muestras de afecto únicamente. Estas posiciones, como señala Reddy,
son de algún modo consistentes con la posición innatista de Treverthen (…) y
con el interaccionismo social.
5 febrero, 2013Christian Peñaloza Castillo Colwyn Trevarthen, Elizabeth Bates, Jean Piaget, Jerome
Bruner, Lois Bloom, Luigia Camaioni, Miguel Ángel Galeote, Simon Baron-Cohen, Vasudevi
Reddy Deja un comentario
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Noam Chomsky
Avram Noam Chomsky es un lingüista, filósofo, politólogo y activista estadounidense de origen
judío. Es profesor emérito de lingüística en el Instituto Tecnológico de Massachusetts y una de
las figuras más destacadas de la lingüística del siglo XX, gracias a sus trabajos en teoría
lingüística y ciencia cognitiva.
¿Quién es Noam Chomsky y que estableció?
Con sus trabajos desde finales de los 50 hasta los años 80, Noam
Chomsky (Filadelfia, 1928) reveló cómo la adquisición del lenguaje depende de la
facultad innata de la mente humana que permite comprender y generar oraciones
basadas en los principios formales de la “gramática universal”.
¿Cuál es el objetivo de la teoría de Chomsky?
La teoría de Chomsky sobre el origen del lenguaje se apoya en la homogeneidad
del genoma humano, lo que explica el desarrollo lingüístico de los niños solamente
por exposición a la lengua sin ningún tipo de instrucción.
Chomsky, científico lingüista y activista sociopolítico
Si hubiera que hacer un elenco de los más notables científicos cuya obra haya
abarcado los siglos XX y XXI, no cabe la menor duda que debería incluir a
Noam Chomsky (1928, Filadelfia, Estados Unidos). El New York Times lo
califica como "el intelectual más importante en la actualidad" y es el más citado
en publicaciones académicas. Se puede decir que Chomsky es el responsable de
la llamada "revolución cognitiva" de los años 50, con la elevación del lenguaje,
entendido como innata capacidad humana, a ciencia cognitiva, susceptible de
estudiarse utilizando el método científico. Sus predecesores, los fundadores del
Estructuralismo lingüístico europeo y americano, concebían la lingüística como
una ciencia taxonómica, de estudio, clasificación y comparación de las distintas
lenguas, que eran consideradas arbitrariamente distintas y descriptibles por medio
de reglas formales a distintos niveles (respecto a los sonidos, unidades léxicas y
oraciones). Sin embargo, nunca se propusieron caracterizar esa capacidad innata
que posibilita que cualquier ser humano desarrolle una (o más) lengua(s) y, en
general, no se plantearon el origen de la adquisición del lenguaje o la asimilaron
al aprendizaje genérico de una serie de hábitos, lingüísticos en este caso.
Chomsky adelantó la brillante e ingeniosa propuesta de que el lenguaje es un
sistema mental específico, no simplemente una constelación de capacidades
cognitivas generales, recursivamente generador de reglas lingüísticas, que podía
explicar por qué los hablantes de una lengua pueden, en teoría, entender y
producir un número infinito de oraciones gramaticales originales.
Chomsky es el pionero de la distinción entre la gramática mental, de contenido
subconsciente, que se desarrolla en el cerebro al modo de un sistema
computacional, como resultado de la exposición a los datos de la lengua
ambiente; y la descriptiva, por medio de la cuál los lingüistas intentan
caracterizar formalmente aquélla. Se impone la existencia de un componente
genético, dice Chomsky, y lo denomina Gramática Universal, porque solamente
así se explica que un niño identifique estímulos lingüísticos en su hábitat de
modo más o menos consciente y desarrolle la capacidad que todos usamos (tarea
ésta nada fácil de replicar, apunta), mientras que otros animales no son capaces ni
de reconocer la especificidad del estímulo lingüístico aun expuestos a los mismos
datos. Opina que es una realidad que explica por qué los infantes de cualquier
raza trasplantados de su lugar de origen a otro país desarrollan sin problemas la
nueva lengua. El problema y programa de investigación consiste precisamente en
formalizar en qué consiste esa impronta genética, lo que va evolucionando con la
ciencia lingüística, y para llevarlo a cabo sirven todas las lenguas pues todas son
una manifestación de la misma capacidad, independientemente de los conceptos
y categorías culturales que codifiquen por haberse desarrollado en un
determinado espacio físico y social.
El activista socio-político
Chomsky es, además, autor de una treintena de libros sobre temas de filosofía
política desde una perspectiva sui generis de la izquierda igualitaria. Se le
considera uno de los disidentes políticos más activos y comprometidos de nuestro
tiempo, con un manejo documentado, exhaustivo y riguroso de los temas que
trata. Sus tendencias anarco-sindicalistas le hacen ser muy crítico con el gobierno
de su país, del que piensa en general que ha contribuido al mantenimiento y
explotación de situaciones injustas en muchos lugares. De hecho, la derecha
estadounidense lo suele tachar de "anti-americano" (de "perdedor" no puede). Se
caracteriza a sí mismo como "socialista liberal", términos antitéticos en Estados
Unidos, donde, remarca Chomsky, el concepto "liberal" ha sufrido una deriva
cultural hacia la entrega del poder a tiranías privadas como, por ejemplo, las
grandes empresas y las aseguradoras sanitarias, de las que los candidatos
políticos no serían más que marionetas. Desde el comienzo de su laboriosa
actividad en este sentido, ha criticado prácticamente a todos sus presidentes,
incluido el actual, Barack Obama.
Ha denunciado a menudo que el enemigo más peligroso de la libertad lo
constituye la explotación económica y la esclavitud socio-política perpetrada más
a menudo por las empresas multinacionales que por los gobiernos estatales pues
éstos, al menos, han de dar cuenta a su electorado, mientras que aquéllas no
tienen control externo alguno y poseen más recursos que muchos estados.
Reconoce Chomsky que, a veces, proporcionan empleo e incluso un nivel de vida
razonable a sus trabajadores en los países en que operan pero su tendencia a la
explotación es innegable, como revela el frecuente traslado de las plantas de
producción a lugares donde los salarios son mínimos. Cita con frecuencia a
Adam Smith, cuya obra conoce muy bien, y su advertencia al estado para evitar
el enajenamiento humano de los trabajadores cuando se convierten en meros
eslabones de una cadena de producción.
En este sentido, Chomsky es verdaderamente original porque su crítica del orden
económico capitalista proviene de los pensadores liberales de la Ilustración,
cuyas auténticas ideas sobre el mercado libre han sido desatendidas, propiciando
la colisión entre el estado y los intereses privados. Repite a menudo que las
grandes multinacionales son el gran enemigo tanto de la democracia como del
Mercado y denuncia –también con Smith- que los ricos predican a los pobres los
beneficios de la disciplina del mercado mientras que ellos se quedan con el
derecho de ser rescatados por el estado cuando la cosa se pone dura y así el
Mercado libre acaba convirtiéndose en el socialismo de los ricos.
Conoce muy bien el contenido diario de la llamada prensa libre occidental y de
los medios de comunicación en general, de los que es un ávido seguidor, y que
tampoco escapan a sus críticas. Ataca Chomsky su aureola de independiente,
progresiva, abierta y subversiva y la corresponsabiliza del avance y promoción de
las agendas económicas y socio-políticas de los grupos de poder que dominan al
estado y a la sociedad civil. Manifiesta su preferencia por medios de
comunicación más independientes, que también conoce bien, incluso algunos que
podrían llamarse marginales
Al mismo tiempo, desdeñando toda etiqueta ideológica y aborreciendo de la
corrección política reinante, se considera a sí mismo conservador por su adhesión
a valores tradicionales, tales como la familia, el amor y la vida. Aunque rechaza
el aborto como método anticonceptivo, piensa que es ésta una cuestión sobre la
que no se puede generalizar en abstracto, lo que podría aparecer incoherente
respecto a su contundente posición respecto a la naturaleza humana.
Chomsky y la naturaleza humana
Chomsky siempre ha sido un acérrimo defensor de una naturaleza derivada por
evolución del genoma que hemos heredado y sin la cual no seríamos humanos.
La concibe en términos puramente biológicos, resultante de las distintas
funciones vitales correspondientes a una serie de capacidades mentales comunes.
Esta concepción se alimenta de las ideas de la Ilustración y sus doctrinas
filosóficas sobre nuestras intuiciones, esperanzas y experiencias y de un examen
de la historia de las distintas culturas, que nos muestran que el ser humano
necesita vivir libremente en comunidad, sin cortapisas a sus capacidades. Se
pueden descubrir aspectos universales de esa naturaleza, por ejemplo, en el
campo de la moral, y pone como ejemplo el mutuo entendimiento al conversar
con diversos miembros de pueblos remotos al dar por supuesto la misma idea
implícita sobre el bien y el mal de sus situaciones concretas.
Aunque para investigar a fondo nuestra naturaleza habría que someternos a
experimentación, lo que no es éticamente viable, rechaza Chomsky la
comparación con otros animales por nuestra radical diferencia con ellos. Apunta
al lenguaje como fuente privilegiada de indagación en este sentido puesto que es
una propiedad exclusivamente humana sin parangón en el reino animal,
unánimemente reconocida como tal en el mundo científico, y su observación no
plantea problemas éticos.
Chomsky critica tanto a marxistas como Gramsci como a pragmatistas como
Foucault o Rorty, para quienes no existe tal naturaleza, sino solamente historia,
en perpetuo cambio. Particularmente le sorprende su negación al referirse a las
funciones mentales superiores, específicamente humanas. Admite la variedad en
sus realizaciones, pero difiere radicalmente de los marxistas leninistas, que
rechazan la idea por reaccionaria. Alerta de que esta postura es la panacea de la
clase dirigente pues si no hay naturaleza humana cabe más fácilmente la
manipulación social. No queda así lugar a la libertad y a la capacidad creativa,
implanteables si la naturaleza no puede ser objetiva y racionalmente investigada.
Apunta que Marx creía firmemente en la naturaleza humana, de la que derivaba
la necesidad innata de poder ejercer un trabajo personal y creativo por el bien de
la comunidad y sin estar sometido al control del estado. En este sentido, la
concepción chomskiana es tributaria de Rousseau y su idea del "buen salvaje".
Las instituciones sociales, y el capitalismo en particular, anulan esta tendencia
natural a crear y cooperar desinteresadamente con otros y generan una alienación
que impide la creación de comunidades armónicas. De modo paralelo, su idea del
lenguaje como sistema endógeno para externalizar y explicitar el pensamiento, es
un paradigma de creatividad y productividad utilizando medios finitos. Chomsky
no concibe el lenguaje primariamente como un instrumento diseñado para la
comunicación, a modo de ventaja evolutiva que se selecciona para ser transmitida
a la especie, sino como manifestación de un impulso creador innato.
La existencia de la naturaleza humana es para Chomsky un punto de partida no
negociable. Se podrá aducir que sus propiedades exactas no son evidentes, pero
es imposible demostrar que no existe una naturaleza intrínseca y sustancial que
constituye la esencia humana. Por eso ridiculiza la negación de efecto alguno de
dicha naturaleza en nuestra constitución mental y en nuestros valores y
necesidades por parte de buena parte del posmodernismo. Acepta que un niño de
Nueva York se diferencie de otro de la Amazonia en la concreción de sus
categorías mentales. Sin embargo, hay que preguntarse cómo ambos llegan a
desarrollar la autoconciencia en cualquier ambiente en que se encuentren, y a
asimilar una cultura determinada tan rica y compleja en virtud de los fenómenos
tan dispersos como limitados a los que están expuestos. Es decir, previo a todo
tipo de cultura ha de existir un componente interno, directivo y organizativo de la
mente.
Con este panorama, no solamente el lenguaje aparece como una especialización
cerebral sino que detrás de la gran mayoría de las actividades humanas asoma
una base innata, de modo que la mente humana está ricamente estructurada para
regular la percepción de la realidad social, el razonamiento científico, el análisis
de la personalidad y los juicios estéticos y morales. Respecto a estos últimos,
Chomsky subraya su generalidad, profundidad y sutileza así como el gran
denominador común a todos los sistemas morales. Todo sistema complejo y
especializado, uniformemente adquirido en base a una acción limitada del
ambiente, tiene detrás un fuerte componente innato altamente estructurado; es
decir, en este caso, ha de existir una base biológica que posibilite el desarrollo de
un sistema de juicios morales y de una teoría de lo que es justo. Añade que
nuestros esquemas morales podrán ser más o menos complejos u homogéneos,
pero existen estándares objetivos que se reflejan en el vocabulario, como por
ejemplo en la distinción entre "matar" y "asesinar" o entre "derechos" y
"deberes". La omnipresencia de tales términos en todas las lenguas del mundo
apunta a una propiedad humana profunda y genéticamente determinada.
Asimismo, piensa Chomsky que toda postura en cuestiones políticas, sociales o
incluso personales se apoya en último término en alguna concepción de la
naturaleza humana, de lo que favorece las necesidades y capacidades humanas.
Por esta razón todo el mundo siente la necesidad de justificar la propia actuación
con motivos altruistas, en beneficio de la humanidad, incluso en los casos de
mayor depravación, y nadie admite que lo que pretende es maximizar su
beneficio personal a costa de otros.
En definitiva, Chomsky defiende una naturaleza fundamentalmente biológica que
nos identifica como humanos al configurar una serie de capacidades mentales
universales que posibilitan la adquisición del lenguaje, la cultura y la ética. Este
aferrarse a la naturaleza humana, por un lado, y su clara visión política de
izquierdas, por otro, hace de Chomsky una figura polémica e incómoda, porque
si bien el mundo académico estadounidense, especialmente el de las ciencias
sociales, tiende claramente hacia la izquierda política, no admite en general la
existencia de una naturaleza humana estable.
Las limitaciones de la ciencia
A pesar de su visión naturalista, que él mismo reconoce como hija de la tradición
educativa que ha recibido, Chomsky no es un científico fundamentalista.
Frecuentemente ha manifestado que hay muchas cuestiones que la ciencia está
muy lejos de llegar a explicar o que, incluso, nunca podrá hacerlo, en particular
aquellas más interesantes desde una perspectiva humanista de la vida.
Por ejemplo, apunta Chomsky que todas las posibilidades visuales de examinar la
actividad cerebral no pueden explicar el contenido y la razón de nuestras
decisiones. Ni siquiera entendemos la neurofisiología de las actividades más
corrientes de la naturaleza, como por ejemplo, la explicación de los mecanismos
neuronales de la percepción o el ejercicio de la voluntad libre, consciente y
creativamente, la variedad de las lenguas o el amor.
Señala Chomsky que la ciencia apenas resuelve las cuestiones que nos hacen
verdaderamente humanos y las hipótesis y respuestas de la psicología evolutiva
son muy limitadas. Ha declarado a menudo que se aprende más sobre la vida y la
personalidad humana de las grandes novelas que de la psicología científica
puesto que ésta se queda en la periferia de la profunda comprensión del mundo.
Alineándose con Newton o Locke, Chomsky acepta que hay auténticos
"misterios", cuestiones intelectualmente insuperables o que incluso no llegamos
ni a plantearnos, distintos de los "problemas", que se mantienen dentro de los
límites de nuestro entendimiento, aunque sigan sin resolverse. Entre aquéllos
señala cuestiones clásicas como la voluntad libre o nuestro sentido estético y
musical, aspectos de la conducta humana opacos a la racionalización. Opina que
carecemos de una auténtica aprehensión de la realidad porque nuestras
capacidades científico-intelectivas son limitadas, probablemente por falta de
especificación genética.
Los mismos conocimientos sobre el uso del lenguaje para referirnos al mundo
son muy limitados. Según Chomsky, el estudio de lo que él llama
intencionalidad, la referencia de los procesos mentales al mundo exterior, puede
constituir un misterio que nos supere intelectualmente. Es decir, el que una
palabra como rata designe a ratas en el mundo exterior, en vez de perros o ríos, es
porque hay un vínculo causal entre ejemplos de una palabra y ejemplares del
animal correspondiente. Sin embargo, decir que rata selecciona ratas no aclara
nada la naturaleza de la significación, que es algo dependiente de nuestra
percepción, de nuestra naturaleza, y que dan por supuesto los diccionarios, no
derivado del mundo físico exterior, que es en gran parte irrelevante a la
descripción lingüística.
Asimismo, lo más interesante del lenguaje tampoco escapa al misterio: cómo
somos capaces de conversar, de producir libremente expresiones nuevas y
adecuadas a la situación concreta o formular y comprender ideas que nunca antes
se han expresado y que entendemos conforme nos las transmiten. Podemos
estudiar los posibles mecanismos computacionales del lenguaje y su interfaz con
los sistemas motores de análisis y articulación del mismo pero hay multitud de
cuestiones lingüísticas e intelectivas que ni siquiera sabemos plantearnos.
Es decir, Chomsky sostiene, con Galileo, Descartes, Locke y Hume, por nombrar
algunos de los autores ilustrados que más cita y en cuya tradición se inscribe, que
las cuestiones cognitivas mas importantes y mas interesantes de la vida se dan
por supuesto pero están muy lejos de ser explicadas e incluso desconfía de que
sean científicamente justificables.
Origen del lenguaje
La teoría de Chomsky sobre el origen del lenguaje se apoya en la homogeneidad
del genoma humano, lo que explica el desarrollo lingüístico de los niños
solamente por exposición a la lengua sin ningún tipo de instrucción. Esta
homogeneidad se explica, según los datos de la paleontología y la genética
comparada, por lo reciente del proceso de hominización ya que la variación
genética ha sido mínima en los últimos doscientos mil años. No ha habido ningún
cambio evolutivo significativo en la capacidad del lenguaje desde que un
pequeño grupo de nuestros ancestros dejaron Africa alrededor de hace cincuenta
o sesenta mil años. De hecho esas mismas migraciones terminaron también en
Nueva Guinea y Australia, donde los "pueblos primitivos" que allí habitan son
semejantes a nosotros a todos los niveles, sin diferencia cognitiva alguna.
Anteriormente no hay evidencia indirecta alguna del lenguaje, así que en este
cortísimo tiempo en términos evolutivos (incluso si el límite superior se
anticipara unos cientos de miles de años) parece haber ocurrido una explosión
repentina de actividad creadora, compleja organización social, actividad
simbólica y artística y anotaciones sobre sucesos astronómicos y meteorológicos,
indicadores coetáneos de la aparición del lenguaje.
Según Chomsky, dicha actividad pudo responder a un big bang cognitivo
resultado de una reorganización de los circuitos neuro-cerebrales de nuestros
antecesores en la que algún principio natural inespecífico de eficacia
computacional interaccionaría con una pequeña mutación genética dando lugar a
la Gramática Universal (capacidad innata para el lenguaje). Su programa
científico investiga si los principios del lenguaje son en realidad el resultado de
aplicar unos principios generales de computación, comunes incluso a otras
especies, a esa mutación capacitadora de enumeración recursiva, transición de lo
finito a lo infinito al tomar dos objetos mentales y dar lugar a uno nuevo en un
proceso recursivo ilimitado, y en cuyo origen puede estar también el de las
matemáticas. A dicha transición no se puede llegar, según Chomsky, a base de
pequeñas y progresivas adaptaciones dictadas por la selección natural sino que
supone un salto brusco.
Según su hipótesis "saltacionista" de la evolución del lenguaje, esa mutación se
dio en una sola persona con una serie de categorías mentales susceptibles de ser
explotadas por la lengua. La evolución a millones de años vista, aboca a una gran
complejidad (por ejemplo, el desarrollo de los miembros locomotores), mientras
que un salto repentino de este estilo tiende a dar lugar a una sencilla solución de
los problemas de diseño impuestos por el ambiente y las estructuras morfo-
anatómicas para la percepción y producción de la lengua, que no han cambiado
en cientos de miles de años (incluido el aparato fonador). Ese pequeño cambio en
el cerebro permitió que el lenguaje floreciera de repente y, al poco, los humanos
partieron del continente africano, con un pequeño grupo que desarrolló este
sistema con ventaja evolutiva, probable nueva especialización de otras
capacidades cognitivas y cuyas reglas y constituyentes no están sujetos a
introspección sicológica.
Aunque el lenguaje es único (un observador extraterrestre en distintas partes del
mundo diría que todos hacemos lo mismo al hablar), paradójicamente para
Chomsky, existe una diversificación inesperada en la concreción de esta
capacidad mental entre las lenguas, que tienen su propio sistema de reglas
computacionales de externalización, distintas entre sí. Su programa de
investigación todos estos años, que ha cristalizado en diversos modelos
lingüísticos, ha tratado de compaginar la variedad de las lenguas en su
externalización y su unidad en la Gramática Universal, en un sistema
computacional innato.
El lenguaje no es para Chomsky en absoluto el producto de unas circunstancias
culturales y sociopolíticas mudables, que predecirían una variabilidad inmensa en
las lenguas del mundo, que no se da de fondo, tal como erróneamente creían hace
un siglo los científicos respecto a la morfo-fisiología del reino animal en general.
En este sentido, no hay que confundir la evolución del lenguaje con la de la
comunicación humana, como hacen muchos autores ahora.
Chomsky defiende, pues, una teoría de la discontinuidad evolutiva del lenguaje,
no como capacidad originada a modo de ventaja evolutiva en la socialización,
comunicación y cooperación social, sino surgida repentinamente y facilitadora de
aquéllas. Su tesis se enfrenta a la de los biólogos darwinistas, para quienes toda
evolución comporta cambios graduales, incluida la del lenguaje, que aparecería
gradualmente después de nuestra separación de los simios y las especies
intermedias con capacidades lingüísticas se habrían extinguido.
******
Resumiendo todo lo visto, Chomsky aboga por la existencia de una naturaleza
humana e inmutada desde que el hombre actual existe (homo sapiens sapiens),
desconfía de la ciencia como la panacea resolutoria de las cuestiones más
importantes, que no llegamos casi ni a concebirlas, y afirma que lo que nos hace
verdaderamente humanos no es susceptible de investigación científica. A la vez
mantiene, como todos sus predecesores ilustrados, que el mundo es
(limitadamente) inteligible y racional, porque de la irracionalidad no puede salir
esa naturaleza susceptible al análisis científico, y que hay presupuestos
indiscutibles tales como la voluntad libre. Asimismo sostiene que el mundo esta
constituido por procesos y entes que no podemos explicar y que una visión
puramente mecanicista o fisicalista del mundo es inviable.
En la segunda parte de este artículo, y basándonos en algunos textos de C. S.
Lewis, famoso escritor y profesor de literatura comparada en Oxford,
intentaremos realizar una propuesta compatible y complementaria con las tesis
humanistas reseñadas de Noam Chomsky.
Una propuesta liberadora, racional y complementaria
A pesar de señalar las limitaciones de la ciencia, piensa Chomsky que remitir la
cuestión de la autoconciencia a Dios es rehuir el problema porque considera
acientífica e irrelevante la idea de un alma racional infundida por Dios, lo cual es
cierto si se somete al restrictivo método experimental de las ciencias naturales y
en esto parecería contradecir su propia crítica a la inviabilidad de la visión
puramente cientifista. Por otro lado, y sin entrar más a fondo al tema, habría que
decir que si el método empírico es el único viable, lo es por pura fe en su
autoridad, pues habría que demostrar en sus propios términos, es decir,
experimentalmente, que dicho método es la única vía hacia la verdad.
Chomsky es agnóstico pero no anti-religioso militante, como lo son los
representantes del fundamentalismo científico, pues, aunque sostenga que (lo que
entiende por) creencias religiosas son irracionales y las evita conscientemente,
reconoce que muchos de los más eficaces agentes del bien en el mundo lo hacen
movidos por la religión, aunque también haya muchas excepciones. Simpatiza
con el hecho de que la religión constituya algo muy importante en la vida de
mucha gente porque, además servir de autoayuda, crea vínculos de solidaridad y
responde a la necesidad de expresión de elementos muy valiosos de la propia
personalidad. Además, apunta Chomsky, la religión ha jugado a menudo un papel
muy positivo: señala por ejemplo, que en la civilización occidental, la Iglesia
Católica ha favorecido siempre a los necesitados. Preguntado específicamente
sobre el posible papel negativo de la religión en los conflictos y sufrimientos
humanos del último milenio y su responsabilidad de los actuales lo ha negado
rotundamente, en contra, de nuevo, de los fundamentalistas científicos.
No obstante, su concepción de la religión como algo irracional por no ser
susceptible a la verificación empírica se revela reduccionista. Recurrir a un
concepto como el alma, que nos aporta la autoridad de un Dios que revela (el
soplo divino que infunde el espíritu del hombre y le hace semejante a Dios) y que
explicaría ese salto cualitativo entre el hombre y otras especies, que Chomsky
mismo apuntala y ha estudiado particularmente para el caso del lenguaje, no tiene
por qué ser un recurso irracional sino que es acudir a una fuente alternativa e
internamente lógica que nos inspira confianza y cuyo objeto está inscrito en la
naturaleza humana (como lo muestran distintas culturas y civilizaciones desde
tiempo inmemorial, por lo menos, desde el comienzo del homo sapiens).
Ese soplo del espíritu podría dar cuenta de esos procesos y entes inexplicables a
los que él mismo alude, entre los que sin duda está el innato imperativo
categórico de la conciencia, cuya autoridad consideramos absoluta para cada uno
(no por demostración científica sino por conocimiento intuitivo) y que llega a
unos juicios sobre nuestra actuación desligados de estímulos sensoriales; y el
misterio del amor desinteresado, inexplicable por la combinación de elementos
químicos o el mero instinto animal, que ve siempre el valor intrínseco de las
personas y alcanza a los enemigos. Ante todo esto –y más- quedan demasiado
cortos fenómenos como la iluminación del sistema límbico cerebral en una
resonancia magnética durante los episodios amorosos o ciertas hipótesis de la
Psicología Evolutiva divulgadas como teorías comprobadas, y que el propio
Chomsky tacha de "ciencia pop", como, por ejemplo, el altruismo recíproco,
mera solidaridad biológica adaptativa para la supervivencia y reproducción. Éstos
fenómenos estarán posiblemente relacionados con la evolución de los instintos
inconscientes que el hombre posee, como cualquier otro animal, aunque no es
determinado por ellos, como el resto.
Ese amor desinteresado, que Chomsky valora como lo más importante en la vida
y que no sabe explicar, podría ser signo de la actividad espiritual de un alma
racional infusa, íntimamente unida al cuerpo. También daría razón de verdades
innatas de las que partimos –esa intuición de la que habla Chomsky, que condena
la utilización de los demás como medios para nuestros fines por su dignidad
intrínseca derivada de su condición racional y libre. Aunque el cientifismo
apriorista une causalmente la autoconciencia a la actividad encefálica, esta
causalidad puede interpretarse en la otra dirección, de la mente al cuerpo, al
cerebro, sin ser necesariamente un tipo de experiencia oculta, del "fantasma de la
máquina", pues guarda un paralelismo con la experiencia común y
psicológicamente real de sentir al cuerpo como instrumento de nuestra mente o a
un bolígrafo como instrumento de la mano, que no deja de estar viva cuando lo
suelta. Incluso, señala el propio Chomsky, esa actividad que se ha detectado en el
cerebro antes de decidirse por una acción concreta, como si el cerebro material
precediera y causara la mente, no sirve en absoluto para indicar cómo se toman
decisiones, sino que la mayoría ocurren inconscientemente y ya están formadas
cuando se tornan conscientes.
Esta alma posee la capacidad de trascender los instintos: no en balde
distinguimos entre el sentir instintivo –relacionado con elementos orgánicos
como las hormonas, feromonas, la amígdala y los ganglios basales cerebrales,…-
y el consentir intelectivo, misión reguladora localizada en los lóbulos frontales
del cerebro. Estos dos niveles que podemos distinguir conceptualmente y a los
que corresponden sus propios términos especializados están íntimamente unidos
en el ser humano y son manifestación de su unidad esencial.
El surgimiento del espíritu
Vamos a introducir ahora una hipótesis sobre esa infusión del alma y sus efectos,
popularmente conocidos. Lo haremos siguiendo la propuesta informal que hace
C. S. Lewis en El Problema del Dolor, muy cercanamente al texto original, para
mejor mantener su fuerza narrativa, pero con modificaciones. Es una recreación
perfectamente compatible con los insuficientes datos que sobre el tema nos han
aportado hasta ahora las investigaciones científicas. Partiendo del dato de la
existencia de Dios, conclusión razonada y no dependiente de religión o
revelación divina alguna (que aquí no desarrollaremos por falta de espacio y no
ser lugar para ello), se podría concebir el escenario que planteamos a
continuación que deriva Lewis de la revelación bíblica abstrayendo lo que hay
detrás de las imágenes.
Durante mucho tiempo, Dios perfeccionó –digamos que sirviéndose de una
evolución natural distinta de la casualidad irracional (N. del A.)- la forma animal
que llegaría a ser vehículo de la humanidad e imagen de Él mismo. Desarrolló
manos con pulgares oponibles, un aparato fonador capaz de movimientos
articulatorios, y un cerebro suficientemente complejo, responsable de los
mecanismos orgánicos que posibilitan el pensamiento racional.
La creatura puede haber existido largamente en ese estado, evolucionando,
probablemente entre otros, porque siguen existiendo eslabones perdidos, en los
distintos tipos de homínidos cuyos restos hemos encontrado hasta ahora, antes de
llegar a ser hombre; puede incluso haber sido lo suficientemente inteligente como
para fabricar objetos que un arqueólogo moderno aceptaría como prueba de su
humanidad. Sin embargo seguiría siendo un animal más, porque todos sus
procesos físicos y psíquicos se dirigían a fines puramente materiales y naturales
aunque probablemente mas sofisticados que los del resto de sus congéneres.
En un determinado momento, Dios infunde en este organismo, tanto en su
psicología como en su fisiología, una nueva forma de conciencia capaz de
reconocerse a sí mismo como objeto de propio conocimiento, de conocer a Dios,
y de emitir juicios sobre la verdad, la belleza y la bondad, y que, sin salirse de la
temporalidad, percibe el paso del tiempo.
A juzgar por sus utensilios, e incluso quizá por su lenguaje, esta creatura sería
muy primitiva. Aún no habría adquirido suficiente práctica ni conocimiento; su
talla de piedras sería aun muy torpe y quizá fuera incapaz de expresar su
experiencia por medio de conceptos. Sin embargo, basándonos en nuestra propia
niñez, recordaremos que antes de que nuestros mayores nos creyeran capaces de
"entender" algo, ya teníamos experiencias espirituales tan decisivas como
cualquier otra que hayamos experimentado desde entonces, aunque no tan ricas,
por falta de experiencia previa.
Hasta aquí Lewis.
No sabemos cuántas de estas creaturas hizo Dios. Ateniéndose al posible
surgimiento del lenguaje, coetáneo a la presencia de un alma espiritual y
principal característica diferenciadora de otros animales, la mutación originaria
responsable de la presencia del mismo en la mente, según Chomsky, ocurriría en
algún individuo dentro de un pequeño grupo, que lo transmitiría a su prole. Al
llevar a una cooperación mayor y más refinada de los que gozaran de dicha
ventaja, acabarían sobreviviendo los individuos que la incorporaran a su genoma.
Esta hipótesis es perfectamente compatible con los datos bíblicos sobre los
primeros humanos comunicando entre sí, siendo conscientes de sí mismos y
admiradores de su entorno. De hecho, señala Chomsky, que el lenguaje es la
piedra de toque de la autoconsciencia explícita ya que sin él no podemos
gestionar ni darnos cuenta de nuestras ideas y pensamientos, ni de hacer juicios,
esa capacidad tan humana, que necesitan de articulación lingüística para ello. En
este sentido, lenguaje y autoconsciencia pueden ser coetáneos y deben de haber
surgido a la vez. Esta autoconsciencia nos separa radicalmente de los otros
animales y nos permite hasta pensar cosmológicamente, por ejemplo, en el
concepto de bien en general, en la propia extinción de nuestra raza, en la mirada
retrospectiva al pasado, o en intentar dejar un mundo mejor a las futuras
generaciones.
Evidentemente, no estamos proponiendo aquí que la inherencia del alma haya
causado la mutación y reorganización genético-cognitiva de la que habla
Chomsky –es más, también sería compatible con una evolución continuista- sino
que puede haber sido concomitante a ella y a la aparición de las primeras
manifestaciones representacionales y artísticas que ha descubierto la arqueología,
coincidentes con la salida de nuestros antecesores del este de África alrededor de
hace unos cien mil años. Tampoco pensamos que Chomsky respaldaría esta
propuesta, sino que es compatible con la suya.
Por otro lado, una de las objeciones a la hipótesis saltacionista de Chomsky es
explicar cómo a partir de una sola mutación poseen todos los humanos idéntica
capacidad lingüística pues no parece que haya habido suficiente tiempo para
tamaña dispersión. Un "barrido selectivo" así constituye una excepción en la
evolución humana, algo prácticamente inexplicable sin una intervención especial,
pero no ahondaremos más en esta línea. Habrá que esperar al progreso de la
investigación genética.
La caída del espíritu
Sin embargo, vamos a dar un paso más allá, que nos llevaría a enmendar la plana
a Chomsky en su confianza en una naturaleza humana como la del "buen
salvaje". Aunque no dudamos ni un instante de la perspicacia y superior
inteligencia del gran lingüista y de que no solamente descubre el mal en el
mundo, sino que se compromete en su denuncia altruísta y pública, parece que al
tratarse de la naturaleza humana es solamente el ambiente el que corrompe a la
persona como si fuera naturalmente buena. Basta asomarse al patio de un colegio
de niños pequeños para darse cuenta de que no es así. Por eso, de nuevo con
Lewis, continuamos algo más la historia para ver qué pudo pasar después de
empezar a hablar.
Esos antecesores nuestros tarde o temprano cayeron. Se les susurró que podían
volverse como dioses, dejando de dirigir sus vidas hacia su Creador, y deleitarse
en una creación originalmente ordenada a la adoración de Dios. Deseaban
sentirse dueños de sí mismos, lo que significa vivir una mentira, porque nuestras
almas de hecho no son nuestras. No sabemos en qué acto o serie de actos se
concretó ese deseo imposible y contradictorio. Puede haberse tratado literalmente
de haber comido una fruta, pero eso es lo de menos: lo que importa es que esa
obstinación es el único pecado que puede concebirse en un ser libre de las
tentaciones del hombre caído que conocemos.
La autoconciencia incluye, desde el principio, el peligro de la idolatría del yo.
Hay que renunciar a la propia voluntad para vivir para Dios en lugar de uno
mismo. Es éste el talón de Aquiles de la naturaleza misma de la creación, el
riesgo que aparentemente Dios decide correr. No obstante, el pecado fue grave
porque el hombre del Paraíso carecía de esa resistencia natural a ser sometido
(éste sí que era el "buen salvaje" de Rousseau, N. del A.). Su organismo
psicofísico estaba completamente sujeto a una voluntad ordenada, aunque no
forzada, hacia Dios. El abandono de sí que practicaba antes de la caída era
solamente la deliciosa superación de un ínfimo apegamiento a sí mismo,
gustosamente superado y semejante a la extasiada entrega mutua de los
enamorados. No existía en la naturaleza humana pasión o tendencia alguna que lo
inclinara a tal rebeldía, excepto la propia afirmación.
Desde ese momento perdió su perfecto autocontrol puesto que su autoridad sobre
el propio cuerpo era delegada. Dios comenzó a gobernar su organismo de manera
más externa, no mediante las leyes del espíritu sino mediante las de la naturaleza
biológica: sus órganos, ya no regulados por la propia voluntad, cayeron bajo el
control de las leyes bioquímicas, experimentando así el dolor, la senectud, la
muerte y distintos tipos de deseos causados por la propia biología y la interacción
con el ambiente. La mente misma se sustrajo a las leyes de la asociación y
analogía, propias de la psicología de los antropoides superiores; y la voluntad,
aprisionada en el vaivén de la mera naturaleza, no pudo sino rechazar algunos de
los nuevos pensamientos y deseos, y estos inquietos rebeldes pasaron a ser el
subconsciente.
No fue simplemente un deterioro sino un descenso en su estatuto especial, la
pérdida de su naturaleza específica original, tan bien expresada en las palabras
del Génesis: "Polvo eres, y al polvo volverás". A un organismo que había sido
elevado a la vida espiritual se le degradó a su mera condición natural y el espíritu
humano, de ser señor de su naturaleza se convirtió en simple inquilino en su
propia casa; la autoconciencia pasó a ser un foco intermitente que se apoya en
una pequeña parte de los mecanismos cerebrales. Pero esta limitación de los
poderes del espíritu fue un mal menor que la corrupción del espíritu mismo. Se
había apartado de Dios y al sustraerse a su ley correspondiente acabó
obedeciendo a una ley de rango inferior, tal como ocurre, por ejemplo, cuando al
caminar en pavimento resbaladizo, descuidando la ley de la prudencia, termina
uno obedeciendo la ley de la gravedad.
Convertido en su propio ídolo pero aún capaz de retornar a Dios, sólo podía
hacerlo mediante un esfuerzo doloroso, venciendo su tendencia hacia sí mismo.
De ahí que el orgullo y la ambición, la autocomplacencia, el deseo de oprimir y
humillar a los rivales, la envidia y la incansable búsqueda de mayor seguridad,
fueran ahora sus actitudes naturales. No se trataba sólo de un rey sin suficiente
mando sobre su propia naturaleza, sino de uno corrupto: el espíritu engendró en
su organismo psicofísico deseos peores que los meramente instintivos.
Este estado de cosas fue heredado por las generaciones siguientes, pues no se
trataba solamente de una variación adquirida sino el surgimiento de una nueva
clase de hombre, una nueva especie que se había re-creado en el pecado. El
cambio que había sufrido no era semejante al desarrollo de un nuevo órgano o
hábito: era una alteración radical de su constitución, un desorden entre sus
componentes, y la perversión interna de uno de ellos.
De nuevo, hasta aquí, Lewis.
Esta descripción de nuestra naturaleza parece más cercana a la realidad que la del
buen salvaje porque da mejor cuenta de la miseria que sembramos, causamos,
recogemos y acarreamos todos los humanos diariamente. De este modo, en el
origen tanto del desarrollo del lenguaje como de la condición moral actual del
hombre habría una doble mutación, un desorden en el estado de las cosas,
respectivamente: la primera, apuntada por Chomsky, genética, que reorganizaría
el cerebro y le permitiría conectar su estructura conceptual con unos instrumentos
receptivos y expresivos formados por evolución y manifestarlo en la lengua con
los límites impuestos por la propia computación y los medios de externalizarla; la
segunda, fruto de una libertad mal utilizada, que desorganizaría nuestra
capacidad de autocontrol colocando al yo autoconsciente por delante de todos y
de todo.
Conclusión
Chomsky nos ha enseñado algo tan intuitivamente evidente como que no hace
falta examinar a fondo muchas lenguas naturales para estudiar la capacidad
innata del lenguaje. Basta con una, pues todas son manifestación de la misma
facultad (excluyendo todos aquellos aspectos de su uso relacionados con el
conocimiento del mundo, la cultura y la sociedad, aunque sean muchos y muy
interesantes), del mismo modo que no hacen falta ojos de distintas razas para
examinar la visión ocular. Desde una perspectiva chomskiana tampoco parece
necesario examinar multitud de culturas para saber que hay un fondo natural,
humano, sobre la ley moral que sustenta los distintos códigos éticos aunque sus
manifestaciones externas sean distintas: utilizando otro ejemplo de Lewis, en
ninguna cultura se admira la traición, el egoísmo (aunque pueda variar su
alcance) o el apropiarse por capricho de la primera mujer que uno encuentre
(aunque una determinada sociedad acepte la poligamia), por no citar ejemplos
mas evidentes.
Es razonable pensar que Chomsky estaría de acuerdo con que, del mismo modo
que existen restricciones en la forma del lenguaje humano, que no tienen nada
que ver con las de la gramática prescriptiva (la diferencia, por ejemplo, entre los
"errores" de una la escribí carta y la escribí una carta, donde la primera es
imposible y la segunda rompe una norma de prestigio del español estándar en el
laísmo que exhibe), también las hay en cuanto a las posibles formas que un
código ético adopte en una sociedad, y ambos casos dependen crucialmente de la
existencia de la naturaleza humana, que nuestro autor tanto defiende.
Nada nuevo bajo el sol en nuestra exposición. En el fondo es lo que le ha servido
a tantas generaciones anteriores para darles un sentido vital y hacerles sentir
especiales, al ser conscientes de ser creaturas de Dios, "sacándole partido" a esa
herramienta tan poco económica en términos evolutivos que es la autoconciencia.
Y es que, como dice Chomsky, el científico honrado y agnóstico, la ciencia tiene
mucho por delante por descubrir y necesita mucha humildad ante el misterio
porque no puede dar razón de los interrogantes que más nos interesan. Hace unos
meses, preguntado este gran lingüista por un joven sobre la relación entre la
ciencia y la felicidad al final de una conferencia contestó que la ciencia
solamente puede ocuparse a fondo de cosas simples y no podrá contestar nunca a
las grandes cuestiones sobre la vida, cuyas respuestas le animó a buscar por otro
lado. Era una pregunta, proveniente, en el fondo, del deseo innato de lo absoluto
y que, como tal, ha de encontrar su satisfacción en alguna realidad concreta,
aunque a veces no dé con ella. Su respuesta es un gran consuelo y consejo a la
vez para tantos que nunca llegaremos a ser suficientemente ilustrados, sobre
todo, procediendo de alguien que verdaderamente lo es.
Obras consultadas
Chomsky, N. (1975). Reflections on language. New York: Pantheon.
Chomsky, N. (1992): Chronicles of Dissent. Interviews with David Barsamian.
Monroe, Common Courage Press.
Chomsky, N. (2012): The Science of Language: Interviews with James McGilvray.
Cambridge. CUP. Disponible enhttp://www.amazon.com/The-Science-of-
Language-ebook/dp/B007JUKSW4
Chomsky, N.: "Grammar, mind and body: a personal view". Conferencia en la
Universidad de Maryland, College of Arts and Humanities. Enero 2012. Disponible
en http://www.youtube.com/watch?v=wMQS3klG3N0
Chomsky, N.: "Language and Other Cognitive Systems: What is Special about
Language?" Conferencia en la Universidad de Colonia. Junio 2011. Disponible
en http://www.youtube.com/watch?v=6i_W6Afed2k
Chomsky, N.: "The machine, the ghost, and the limits of understanding: Newton's
contributions to the study of mind". Conferencia en la Universidad de Oslo.
Septiembre 2011. Disponible en http://www.youtube.com/watch?v=D5in5EdjhD0
Chomsky, N. (2010): The Chomsky Sessions. Interview with Michael
Albert (vídeos). Disponibles
enhttp://www.zcommunications.org/zstore/products/114
Chomsky, N. Science, Religion and Human Nature, Part I (Chomsky Sessions II,
Interview with Michael Albert, 2011). Transcripción disponible
en http://www.zcommunications.org/chomsky-sessions-ii-science-religion-and-
human-nature-part-i-by-noam-chomsky
Lewis, C. S. (1962). The Problem of Pain. The Macmillan Company. New York.
Smith, N. (1999, 2004): Chomsky's ideas and Ideals. Cambridge, CUP.
https://www.unav.edu/web/ciencia-razon-y-fe/chomsky-la-naturaleza-humana-el-lenguaje-y-las-
limitaciones-de-la-ciencia
Jean Piaget
Jean William Fritz Piaget (Neuchâtel, 9 de agosto de 1896-Ginebra, 16 de
septiembre de 1980), conocido como Jean Piaget, fue
un psicólogo, epistemólogo y biólogo suizo, considerado el padre de la epistemología
genética (relativa a la generación de nuevos conocimientos, fruto del desarrollo de estructuras
y a partir de mecanismos funcionales que se mantienen a lo largo de todo el desarrollo; véase
también psicología genética), reconocido por sus aportes al estudio de la infancia y por su
teoría cognitiva constructivista del desarrollo de la inteligencia, a partir de una propuesta
evolutiva de interacción entre el sujeto y objeto.
¿Cuáles son los principales aportes de Piaget a la educación?
La teoría de Jean Piaget afirma que los niños aprenden y desarrollan su
conocimiento en 4 etapas claramente definidas. Es una visión específica sobre
cómo estos obtienen saberes del mundo que les rodea. También ofrece una
imagen clara respecto al desarrollo de la inteligencia humana.
¿Cómo se llama la teoría de Piaget?
teoría del desarrollo cognitivo
La teoría del desarrollo cognitivo se la debemos a Jean Piaget (1896-1980). Tras años de
investigación empírica, el psicólogo suizo formuló un modelo explicativo sobre el aprendizaje
basado en el concepto de la “acción”, de la experiencia.
https://es.wikipedia.org/wiki/Jean_Piaget
Jerome Bruner
Jerome Seymour Bruner fue un psicólogo, profesor y pedagogo estadounidense que hizo
importantes contribuciones a la psicología cognitiva y a las teorías del aprendizaje dentro del
campo de la psicología educativa.
Jerome Seymour Bruner (Nueva York, EE. UU. 1 de octubre de 1915-5 de junio de 2016)23
fue un psicólogo, profesor y pedagogo estadounidense que hizo importantes contribuciones a
la psicología cognitiva y a las teorías del aprendizaje dentro del campo de la psicología
educativa. Sus estudios estuvieron enfocados en generar cambios en la enseñanza que
permitieran superar los modelos reduccionistas, mecanicistas del aprendizaje
memorístico centrado en la figura del docente, y que impedían el desarrollo de las
potencialidades intelectuales de los estudiantes. Estos modelos estaban fuertemente ligados a
las teorías conductistas, que concebían a los estudiantes como receptores pasivos de
conocimiento. En cambio, para el constructivismo de Jerome Bruner los estudiantes son
constructores activos de significados.
Bruner nació ciego a causa de profundas cataratas, pero a la edad de dos años se le realizó
un procedimiento quirúrgico que le devolvió la visión. Y a lo largo de su vida reconoció que
ese hecho guio sus trabajos sobre percepción y pensamiento.
¿Qué estudio Bruner?
Prosiguió sus estudios en la Universidad de Harvard donde se doctoró en
Psicología en 1941. Durante la segunda guerra mundial se alistó en el ejército,
trabajando en el departamento de psicología del cuartel.
¿Qué aportes hizo Jerome Bruner a la educación?
El psicólogo y pedagogo estadounidense Jerome Bruner desarrolló en la década
de los 60 una teoría del aprendizaje de índole constructivista, conocida como
aprendizaje por descubrimiento o aprendizaje heurístico.
¿Cuáles fueron los trabajos de Jerome Bruner?
(Jerome Seymour Bruner; Nueva York, 1915 - 2016) Psicólogo y pedagogo
estadounidense. Ejerció su cátedra de Psicología Cognitiva en la Universidad de
Harvard y, junto con George Miller, fundó el Center for Cognitive Studies,
considerado el primer centro de psicología cognitiva.
¿Quién fue Jerome Bruner y en qué consiste su teoría cognitiva?
Según la teoría cognitiva de Bruner, en el proceso de conocer y aprender el ser
humano intenta categorizar los sucesos y elementos de la realidad en conjuntos
de ítems equivalentes. Así, experimentamos las vivencias y la realidad percibida
creando conceptos a partir de la discriminación de los diferentes estímulos.
¿Cómo aplicar el metodo de Bruner?
Para fomentar el aprendizaje por descubrimiento, según Bruner, debemos
estimular a los niños a que sean ellos, por medio del descubrimiento guiado, los
que descubran la estructura de la asignatura, del conocimiento o tarea en
cuestión, etc.
Burrhus Skinner
https://es.wikipedia.org/wiki/Jerome_Bruner
Skinner (1904-1990), psicólogo estadounidense, es considerado el principal divulgador del
conductismo. Centrándose en el estudio del aprendizaje, planteó un nuevo tipo de
condicionamiento llamado operante o instrumental, diferente al condicionamiento clásico o
de respuesta.
SKINNER, BURRHUS FREDERICK
B. Skinner (1904-1990), psicólogo estadounidense, es considerado el principal divulgador del
conductismo. Centrándose en el estudio del aprendizaje, planteó un nuevo tipo de
condicionamiento llamado operante o instrumental, diferente al condicionamiento clásico o de
respuesta. Propuso que la psicología debía estudiar la conducta observable sin hacer
suposiciones acerca de los procesos internos, inobservables, de los que hablan los
“mentalistas”.
¿Que estudió Frederick Skinner?
Después de algunos viajes, decidió volver a la universidad; esta vez a Harvard.
Consiguió su licenciatura en psicología en 1930 y su doctorado en 1931; y se
quedó allí para hacer investigación hasta 1936. También en este año, se mudó a
Mineápolis para enseñar en la Universidad de Minesota.
¿Qué animales estudio Skinner?
En los años 30, el Psicólogo Estadounidense Burrhus Frederic Skinner, comenzó
una serie de experimentos con palomas, con las que entendió como las
consecuencias positivas y negativas moldean la conducta, a este proceso le dio el
nombre de condicionamiento operante.
¿Que aporte dio Skinner a la psicología?
Aportaciones fundamentales de Skinner como el moldeamiento de la conducta,
la conducta operante como unidad funcional y la selección por las consecuencias
siguen perentorias para la psicología actual en su persistente deriva dualista,
neurocéntrica y esencialista.
¿Qué hizo Skinner con las palomas?
En 1950 B.F. Skinner realizó un experimento con palomas: cada
vez que oprimieran un botón, les daría alimento. Por un tiempo,
las palomas siguieron un patrón regular, hasta que Skinner cambió el método:
sólo les daría comida aleatoriamente por cada botón presionado. La
respuesta que obtuvo fue fascinante.
¿Cuál fue el experimento de Skinner con las ratas?
Uno de los inventos más famosos en la historia del estudio de la conducta y el
comportamiento es la llamada caja de Skinner. El famoso psicólogo
estadounidense que le da nombre introducía en ella ratones y palomas que al
presionar una palanca obtenían comida. De esta manera estudiaba sus procesos
de aprendizaje.
¿Que quería demostrar Skinner?
Skinner pudo demostrar que los organismos aprenden a manipular y a controlar
su entorno por sus respuestas ante el mismo y denominó a este comportamiento
condicionamiento operante.
¿Cuál es el método de estudio del conductismo?
El conductismo se basa en el empleo de procedimientos estrictamente
experimentales para estudiar el comportamiento observable, es decir, la conducta,
teniendo en cuenta como variables el conjunto de estímulos y repuestas que
conforman el entorno.
¿Qué aporto Skinner en la educación?
El aporte de Skinner en el ámbito educativo fue transformar el simple
condicionamiento en un “condicionamiento operante” de tal forma que puede llegar
a explicar el aprendizaje y a utilizarlo para potenciar aprendizajes específicos que
la escuela, o cualquier otra institución educacional, enseñanza programada.
¿Qué es la caja negra de Skinner?
La caja negra es una metáfora para designar aquel elemento estructural de un
modelo abstracto sobre el funcionamiento de un sistema que se halla entre la
entrada (input) y la salida (output). Se utiliza en psicología para señalar aquel
componente que se encuentra entre el estímulo y la respuesta (conducta).
Lev Vigotsky
¿Cuál fue el aporte de Vigotsky?
Lev Vigotsky (Rusia, 1896-1934) sostenía que los niños desarrollan
paulatinamente su aprendizaje mediante la interacción social: adquieren nuevas y
mejores habilidades cognoscitivas como proceso lógico de su inmersión a un
modo de vida rutinario y familiar.
¿Quién fue Vygotsky y cuál es su aporte?
Vigotsky fue un filósofo y abogado ruso, hizo aportaciones significativas a la
psicología y a la lingüística. A la primera incorporó el análisis didáctico marxista,
lo que tuvo grandes repercusiones en la educación y en la medicina. Es el
fundador de la teoría socio cultural en psicología.
¿Qué aporto Vigotsky a la educación?
Vigotsky consideraba que el medio social es crucial para el aprendizaje, pensaba
que lo produce la integración de los factores sociales y personales. El fenómeno
de la actividad social ayuda a explicar los cambios en la conciencia y fundamenta
una teoría psicológica que unifica el comportamiento y la mente.
¿Qué hizo Lev Vygotsky en la psicología educativa?
La labor intelectual psicoeducativa de Lev Vigotsky (1896-1943), aporta un
significado teórico socio-histórico que permite ver desde una visión
contextualizada las formas superiores, de autorregulación, control consciente y
formas de auto gobernación.
¿Quién fue Vygotsky y cuál es su aporte?
Vigotsky fue un filósofo y abogado ruso, hizo aportaciones significativas a la
psicología y a la lingüística. A la primera incorporó el análisis didáctico marxista,
lo que tuvo grandes repercusiones en la educación y en la medicina. Es el
fundador de la teoría socio cultural en psicología.
Lev Semiónovich Vygotsky (según la transliteración del cirílico en bielorruso, Леў
Сямёнавіч Выго́цкі, en ruso, Лев Семёнович Выго́тский) (17 de
noviembre de 1896, Orsha, Imperio ruso, actual Bielorrusia-10 de junio de 1934, Moscú, Unión
Soviética) o Lev Vygotski fue un psicólogo y epistemólogo ruso de origen judío, uno de los
más destacados teóricos de la psicología del desarrollo, fundador de la psicología histórico-
cultural y claro precursor de la neuropsicología soviética, de la que sería máximo exponente el
médico ruso Aleksandr Lúriya.1 Su obra fue reconocida y divulgada por los medios
académicos del mundo occidental en la década de 1960.
Lev Semiónovich Vygotsky [1896-1934], fue un psicólogo pionero ruso, más conocido
por su teoría sociocultural del desarrollo cognitivo, defendió la idea que la interacción
social juega un papel crítico en el aprendizaje infantil. A través de la interacción social
los niños atraviesan un proceso continuo de aprendizaje, Vygotsky que observó cómo
la cultura influye profundamente en este proceso, la imitación, el aprendizaje guiado y
el aprendizaje colaborativo desempeñan un papel crítico en su teoría.
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Asistió a la Universidad Estatal de Moscú, donde se graduó como licenciado en
derecho en 1917, sin embargo, estudió una variedad de asignaturas mientras asistía a
la universidad, incluyendo sociología, lingüística, psicología y filosofía.